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La corrupción en el Instituto Mexicano del Seguro Social

Estudio de la corrupción en la mayor institución de seguridad social de México La corrupción en el Instituto Mexicano del Seguro Social a fines del siglo XX y principios del XXI.

Por Alvaro Marín Marín, mayo del 2005


En los últimos años se ha debatido mucho en la prensa sobre la posibilidad de privatizar el Instituto Mexicano del Seguro Social. Normalmente, quienes inciden en la discusión son periodistas políticos o políticos profesionales que fundamentan sus opiniones en ideas preconcebidas, y no con base en datos técnicos o análisis científicos de una realidad bastante compleja y sumamente costosa para los contribuyentes.

La supuesta “defensa” que se hace del Seguro Social, para presionar en el sentido de que las cosas sigan como hasta ahora, es a partir de una posición simplista y cada vez menos sostenible porque no es comprobable empíricamente: si el Estado maneja la seguridad social es correcto; si lo hacen los particulares es incorrecto.

Lo que nadie se pregunta es: ¿por qué el Estado mexicano es a la vez el que paga el servicio de la seguridad social y el único autorizado para prestarlo? La seguridad social seguiría siendo pública si el Estado pagara y los particulares la prestaran; esta es una fórmula que permitiría hacer más eficiente un servicio que presenta fugas, desperdicios y abusos por todos lados, aunque el Estado lo presta y es el responsable de su calidad. Los estatistas parecen muy numerosos en los periódicos y otros medios de comunicación pero, ¿se habrán puesto a analizar los costos de mantener el sistema como hasta hoy?

Con la intención de aportar datos reales al debate y tener la posibilidad de proponer alternativas no ideológicas que contribuyan a solucionar, aunque sea parcialmente algunos de estos problemas, inicié hace ya casi un año una investigación que se basa en el método de entrevista a profundidad de los diversos actores dentro de la institución; esto es, personal de confianza y sindicalizado; médicos, administradores, enfermeras, trabajadores de intendencia.

Mis informantes me exigieron total discreción respecto de sus identidades, porque temen ser objeto de represalias por parte de sus compañeros o jefes; por supuesto que les garantizo que sus nombres no serán conocidos ni incorporados en ninguno de los reportes o registros.
Al mismo tiempo, para que la muestra fuera significativa, trabajé con la gente de varias clínicas ubicadas en toda la zona metropolitana del valle de México, tanto dentro del Distrito Federal como en el Estado de México; por lo que ahora puedo presentar este resumen del trabajo mayor que pienso publicar en cuanto esté listo.







La privatización de los servicios médicos

No se puede establecer con certeza el porcentaje de médicos del total que prestan sus servicios en las clínicas del Seguro Social que ya privatizaron sus servicios; sin embargo, es una práctica muy común que se manifiesta de dos maneras: cuando un médico familiar detecta que alguno de sus pacientes tiene el suficiente nivel económico para pagar un servicio privado, lo canaliza a su consultorio ya que, por lo general, la mayoría de los médicos entrevistados declararon tener consulta privada en un horario diferente al del que cubren en el IMSS, ya bien sea mediante un consultorio propio o en sociedad con otros compañeros, la cual puede evolucionar desde un consultorio colectivo entre dos o más médicos generales; la combinación de dos servicios como el de consulta médica y odontológica, medicina general y psicología, o el establecimiento de pequeñas clínicas generalmente de maternidad y urgencias no muy graves.

El mecanismo es simple pero eficiente: se dice a la persona en cuestión “si no quiere usted tomarse la molestia de formarse y hacer antesalas, yo podría atender(lo)(la) en mi consultorio y no paga usted más de ciento cincuenta pesos”. Si el paciente no protesta y acepta, abrumado por el burocratismo exagerado de la institución, el médico tiene otro cliente cautivo que atender.

El siguiente paso es darle al nuevo cliente –antiguo paciente- una atención muy personalizada ofreciéndole el número de teléfono y la dirección particular del médico, haciéndole saber que es un caso muy especial, que se hace por amistad o simpatía y que no existe ningún problema burocrático ni limitaciones de horario como en el IMSS. Un atractivo adicional para el establecimiento de este servicio, que generalmente da buenos resultados, es ofrecer como gancho la entrega gratuita de medicinas del Seguro en el consultorio privado, más o menos con este tono: “de las medicinas no se preocupe, yo se las consigo de la farmacia de la clínica y son absolutamente gratuitas”.

El otro procedimiento es inverso y producto de la primera relación: el paciente agradecido con el médico lo recomienda entre sus amigos y parientes, la mayoría de los cuales no están asegurados, no tienen vigentes sus derechos o viven lejos de la casa del profesionista. No obstante, los problemas se allanan; normalmente el médico aludido dice: “Mándeme a su amigo a mi consultorio en tal horario y que diga que viene de su parte, en el momento en que llegue lo atiendo, nada más no olvide los ciento cincuenta pesos”.

Adicionalmente, los médicos aumentan sus ingresos de manera substancial negociando las incapacidades con personas interesadas en faltar a su trabajo por diferentes motivos; no necesariamente relacionados con la salud o la enfermedad. Fui informado de alguien que deseaba irse de vacaciones con su esposa pero no coincidían sus períodos de descanso por trabajar en dos diferentes empresas; la solución fue hablar con el médico familiar de uno de ellos, quien le vendió cinco días de incapacidad legalmente registrados y aparte les solicitó que le “trajeran un recuerdito”.




El desperdicio de recursos desde la perspectiva de las enfermeras

Las enfermeras también tienen opiniones valiosas sobre el uso de los recursos materiales dentro del IMSS y su visión generalizada es que se desperdician constantemente sin que nadie haga nada por evitarlo. Coinciden en afirmar que la luz y el agua se usan abusivamente por dos motivos: por negligencia de los trabajadores que no se ocupan en cosas tan fáciles como usar el apagador y mantener obscura un área de poco tránsito; o cerrar los grifos que no sólo gotean, sino que chorrean raudales de agua potable que se van al drenaje día y noche. O también, que los encargados de mantenimiento dicen que usan refacciones nuevas en las instalaciones y sólo ponen parches con materiales de desecho, lo que no resuelve los problemas.

De los materiales de consumo para curación es muy usual el desperdicio del metrised, un equipo que se puede utilizar durante 24 horas para pasar soluciones o medicamentos a los enfermos pero que, por ignorancia o mala fe se desecha constantemente. Otros materiales muy desperdiciados son las soluciones para inyectar por vía intravenosa a los enfermos: de cada frasco de 250 mililitros se usan sólo ochenta o cien, por lo que se tiran 150 mililitros por paciente, ya que ninguna enfermera acepta el material de un frasco abierto.

Muchas veces las enfermeras se equivocan respecto de las soluciones: si son salinas y abren una glucosada no la guardan para otro paciente; simple y sencillamente la tiran a la basura. En medicina interna y gineco obstetricia se usan mucho este tipo de soluciones, por lo que al menos cincuenta frascos diarios por clínica van a la basura con más de la mitad de su contenido útil adentro.

Traducido esto a pesos y centavos sumando todos los desperdicios a nivel nacional, puede observarse que se trata de cantidades millonarias que nadie se preocupa por ahorrar, con el simple recurso de ser más atentos en el buen uso de los materiales. Se nos informó que también se desperdician sondas de oxígeno y de recolección de orina.

Respecto de las comidas que se sirven a los enfermos en los hospitales, aunque actualmente las raciones son más pequeñas que antes (se me informó que antes se servía a los pacientes hospitalizados pierna y muslo de pollo como plato fuerte y ahora sólo se da una pierna o un muslo a cada persona), los desperdicios continúan a causa de la ignorancia y malas costumbres alimenticias de los pacientes, ya que estos sólo consumen el guisado y desechan la fruta, las verduras y los panes, sin que hasta ahora nadie haya investigado una manera de economizar en este rubro, puesto que toneladas de alimentos en buen estado se van a la basura todos los días.









Los desperdicios causados por los pacientes

Los pacientes también tienen mucho que ver en el debilitamiento financiero del IMSS pues acuden en busca de medicinas que no usan sino que entregan en forma gratuita a parientes o amigos para que se automediquen; también, las regalan a dispensarios públicos, botiquines escolares o enfermerías de primeros auxilios de los mercados de la zona metropolitana. Actúan así porque no tienen conciencia del valor de las medicinas y servicios que se les proporcionan y porque tienen la idea de obtener el máximo beneficio posible con el mínimo costo para ellos; es decir, están maximizando su ganancia en sus relaciones con el IMSS.

Entre los medicamentos que más exigen –y se les proporcionan- están la penicilina procaínica de 800,000 unidades; la ampicilina, el metronidazol y el paracetamol o acetaminofen. Además de que los pacientes son dados a hurtar, sin que nadie lo impida, toallas femeninas, cómodos y riñones de acero inoxidable, así como urinarios masculinos verticales y sillas de ruedas.

Las fugas de materiales en la administración

En las oficinas se nos reportó el robo hormiga de artículos de papelería como hojas, lápices, plumas, cuadernos, cintas para máquina de escribir, etcétera; los de intendencia por su parte reportan la desaparición constante de cantidades substanciales de cloro, jergas, detergentes, desodorantes y aromatizantes como el pinol y papel sanitario. Es evidente que los trabajadores, protegidos por su sindicato están apropiándose indebidamente de bienes públicos con fines privados.

A veces, los robos ya son en escala mayor y se utilizan hasta camionetas para sacar los bienes y equipos del Instituto, como sucedió en la clínica Troncoso hace unos meses, cuando una banda perfectamente organizada de trabajadores desleales introdujo una camioneta de dos toneladas a la clínica para saquearla. El atraco se evitó por la denuncia de uno de ellos, inconforme con la parte que le habían asignado sus compañeros.

Los abusos de los administradores nacionales

Si empezamos el análisis de los abusos y desperdicios desde la base del sistema del Instituto Mexicano del Seguro Social, fue por una simple cuestión metodológica, lo que no significa que las altas esferas de la administración estén libres de responsabilidades en este sentido.
La prensa nacional divulgó que Tomás Peñaloza Webb, ex tesorero del IMSS fue condenado a cinco años de prisión por cohecho y ejercicio abusivo de funciones, debido a que entregó al empresario bursátil José Luis Sánchez Pizzini acciones bursátiles del IMSS por debajo de su precio, lo que le redituó una ganancia de casi novecientos noventa mil dólares (El Universal, primera sección, página 2, viernes 15 de mayo de 1998).
Este evento ya documentado por la prensa y dirimido ante la justicia mexicana, demuestra los peligros de la administración no supervisada ni sujeta a control democrático por ningún organismo independiente. Prácticamente no existe ninguna garantía de que estos abusos no se repetirán en esta misma posición administrativa o en varias otras de las muchas que existen en la estructura institucional del IMSS a nivel nacional.

Desde esta perspectiva, el Instituto Mexicano del Seguro Social parece responder al modelo administrativo de las anarquías organizadas, siendo en apariencia un sistema flojamente acoplado, donde las decisiones se toman a partir del modelo del Cesto de la basura.
Las entidades e instituciones conocidas como de anarquía organizada se caracterizan por perseguir objetivos ambiguos e inconsistentes, no consensuados y, tan generales, que no pueden ser medibles.
Se consideraría a esta institución un sistema flojamente acoplado a causa de los numerosos
grupos de interés que lo conforman y participan en la toma de decisiones, lo que genera un ambiente de incertidumbre e indeterminación porque nadie sabe con claridad quién o quiénes son los responsables.
Finalmente el proceso decisorio del cesto de la basura responde a la metáfora ideal, porque todos los participantes arrojan problemas y soluciones de diferente tipo, que se canalizan por los conductos internos. Si imaginamos a las unidades administrativas y a los diferentes medios de comunicación del sistema como cestos de basura diferentes y separados; el número de cestos, las mezclas de problemas y soluciones que contengan; así como la cantidad de tiempo para responder de que dispongan los actores, determinará que los participantes se queden con un cesto o lo cambien por otro.

Conclusiones:

Como puede observarse, el que el gobierno mexicano administre el Instituto Mexicano del Seguro Social no significa que lo haga con eficacia, eficiencia ni probidad.
De hecho no existe ninguna garantía de que el servicio tenga mejor calidad si en el futuro la institución sigue operando con estas rutinas tan costosas y está controlada por un sindicato que no piensa en el bienestar de la sociedad y en el de los derecho habientes, sino en la defensa de los intereses de grupos muy localizados en todos los niveles de la institución.

Además, tenemos una mala noticia para los opositores de la privatización del IMSS: el Instituto ya ha sido privatizado de la peor manera posible por sus propios empleados en toda la estructura institucional, proporcionando una escala doble de servicios, una menos mala que otra, pero las dos producto de la corrupción y la ineficiencia: al que paga se le trata bien y al que no lo hace se le margina. En este sentido funciona de manera similar a los reclusorios con la diferencia de que aquí a veces llegan enfermos reales que demandan atención.

Por tanto propongo que el Estado siga controlando los recursos financieros del IMSS bajo la supervisión de un Comité Nacional compuesto por empresarios y líderes de los partidos políticos, así como de las Cámaras de Diputados y Senadores; mientras que se entregue la administración de las clínicas y hospitales a sus propios trabajadores integrados en cooperativas o sociedades anónimas, quienes recibirían sus presupuestos de acuerdo con la atención que presten a sus clientes y la satisfacción que estos demuestren respecto del servicio. Los abusos y desperdicios son inaceptables y se pueden corregir.

Si comenzamos a pagar a los trabajadores del IMSS conforme a los cánones de productividad, probidad y eficiencia en el servicio que se estilan en el sector privado, seguramente numerosos médicos burocratizados tendrían que abandonar la institución; muchos empleados desleales irían a la cárcel, bastantes secretarias, trabajadoras sociales y enfermeras malhumoradas serían despedidas o rechazadas por los pacientes, y tendríamos una seguridad social menos costosa en términos económicos y más humana en términos de convivencia.



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Creado por leon3135 | 0 comentarios | 27/02/05 21:50

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