Documentos en Sociedad Mexicana, Universidades y Cultura

Sociedad

Geomundos

Sociedad Mexicana, Universidades y Cultura

El profesor José Mancisidor Ortiz en Sociedad Mexicana, Universidades y Cultura

El profesor José Mancisidor Ortiz

Biografía de un notable profesor veracruzano EL PROFESOR JOSE MANCISIDOR ORTIZ



Alvaro Marín Marín
Marzo de 2005

En el último tercio del siglo pasado, nuestro país sufría importantes transformaciones bajo la égida autoritaria del general Porfirio Díaz y su equipo político. La población aumentaba lenta pero sostenidamente, se tendían vías férreas, se construían obras públicas que mejoraban la apariencia y la calidad de vida de las ciudades y se fundaban empresas industriales productoras de acero, petróleo, cerveza, hilados y tejidos, electricidad, etc.

Veracruz por su parte, era una de las regiones más progresistas de México pues, además de haber sido la tradicional entrada a nuestro país, había albergado a las tropas liberales y desde allí se dictaron las leyes de Reforma en 1859, fue el primer puerto enlazado con la capital mediante el Ferrocarril Mexicano en 1873 y era un crisol donde se fundían innumerables influencias caribeñas como la de los cubanos exiliados por buscar la independencia de su país, quienes se establecieron en el puerto y el estado dedicándose en su mayoría a la enseñanza. Con ellos llegaron las ideas pedagógicas renovadoras de educadores antillanos como Eugenio María de Hostos, Enrique José Varona y José Martí.

Con los cubanos llegaron también las guayaberas y el danzón, que se nacionalizó mexicano en el salón de baile de Villa del Mar y en los patios del barrio de la Huaca:

Patio de alegres rumbatas
donde se bailó el danzón
con finura y precisión
por arrogantes mulatas,
patio de gran tradición
y jarocha contextura,
rango de añil y almidón
cuna de la sabrosura
del timbal y del pistón.

Allí brilló la blancura
de la ropa almidonada
y la blanca dentadura
de la negra mulatada;
hembras oliendo a jabón
y de enagua remangada,
con la cadera boleada
abriendo paso al danzón.1



Por lo que se refiere a la educación, Veracruz también era escenario de importantes experimentos, como la fundación de la Escuela Modelo de Orizaba en 1883 a inicitiva del profesor Enrique Laubscher, quien introdujo con acierto los principios de la enseñanza objetiva y diseñó un plan de estudios para la primaria que supera ampliamente a los actuales, pues comprendía materias como lenguaje, cálculo, geometría, dibujo, geografía, historia, ciencias naturales, inglés, francés, moral, música y gimnasia. Además de que, con la ayuda del profesor Enrique C. Rébsamen, la Escuela Modelo de Orizaba pronto tuvo una Academia Normal, cuyos alumnos eran los profesores en activo de las escuelas circunvecinas apoyados económicamente por sus municipios.2

Así las cosas, el primero de diciembre de 1884 tomó posesión del gobierno veracruzano el general Juan de la Luz Enríquez, quien dió un fuerte impulso al progreso material y cultural del estado empezando con la creación de la Escuela Normal Veracruzana de Xalapa, inaugurada el primero de diciembre de 1886 cuya dirección se encargó al eminente maestro suizo Enrique C. Rébsamen que tan buen desempeño había tenido en Orizaba.
Enríquez creó también las llamadas Escuelas Cantonales o Escuelas primarias tipo establecidas en lo que entonces se llamaba las cabezas de los cantones y ahora se conoce como municipios.

En estas escuelas se pretendía evitar que los alumnos recargaran la memoria con detalles inútiles, teniendo presente que debía enseñarse no para la escuela sino para la vida. El sistema de enseñanza debía ser el "objetivo" y su método, perfeccionado por pedagogos como Pestalozzi, Froebel y Calkins intentaba dar "... un paso avanzado en el ramo de la enseñanza popular sustituyendo el empirismo y las rutinas de las escuelas con aquél método que había merecido la aprobación y aplauso universal".3

Fue en este ambiente cultural y social que nació el niño José Mancisidor en la ciudad de Veracruz el 20 de abril de 1894, en una humilde vecindad de madera ubicada en el Paseo de los Cocos, de la pareja formada por don Jorge Tomás Mancisidor Oyarzábal, descendiente de vascos pero nacido ya en el puerto, y doña Catalina Ortiz Alpuche, posiblemente mulata de quien nuestro escritor heredó la tez morena y el pelo crespo. Esta pareja procreó once hijos quienes, de mayor a menor fueron: Jorge, Rodolfo, Catalina, Esperanza, José, Anselmo, Carmela, Raimundo, María, Emilio y Francisco.4

Hijo intermedio de una familia pobre y numerosa, el pequeño José vivió su infancia en un ambiente donde las influencias negativas eran comunes: pescadores de chinchorro, prostitutas, bailarinas de cantina, fogoneros, ladrones, vendedores de "chueco", y todo ese variopinto humano que tan bien retrata Alberto Leduc en su libro Fragatita.

Aunque el pequeño José aprendió sus primeras letras de manera particular en la casa de la señora Rosario Arizmendi, fue admitido para realizar sus estudios primarios en la Escuela Cantonal Francisco Javier Clavijero, que entonces dirigía el célebre profesor don Delfino Valenzuela.

Mancisidor recuerda en una de sus novelas5 que, su maestro de tercer año de primaria comenzó a presionarlo con bajas calificaciones, por lo que su mamá le prohibió salir a la calle y pidió a su marido -lector en una fábrica de puros- que leyera al muchacho en voz alta todas las tardes para estimular su imaginación.

Don Javier, su maestro de cuarto grado, le transmitió su amor por la historia de México, su admiración por Juárez y la idea de que era necesario trabajar muy duro para obtener resultados óptimos, idea traducida en hechos cuando el chico ganó el primer premio al finalizar el curso.

El profesor de quinto grado, don Florencio, era un apasionado de la historia universal pero, su maestro más admirado, fue don Delfino Valenzuela, director de la escuela y profesor de sexto año, quien le creó hábitos de disciplina y trabajo, además de orientarlo en sus lecturas y gestionarle un permiso especial para que le permitieran el acceso a la biblioteca municipal, cuando los libros de su padre fueron insuficientes.

Aunque el joven José demostró aptitud para el estudio y clara inteligencia, la miseria en que vivía su familia le impidió continuar su educación y, a sus doce años, entró a trabajar de mozo en la agencia aduanal del señor Dionisio Lostau y Compañía.6 Cumplidos los trece, su padre lo obligó a trabajar también de noche con un empresario de cine de películas fijas.7

A sus quince años, su padrino Félix lo ayudó a emplearse en el ferrocarril por lo que, al ver aumentados sus ingresos, decidió estudiar música por las noches con el profesor Delfino Torres que dirigía la banda municipal. Como a casi todos los muchachos, al Mancisidor adolescente le gustaba bailar, inclinación que aprovechó para participar en los maratones de baile que se organizaban en el puerto disputándose con Adolfo Ruiz Cortines los premios en metálico que se otorgaban a los triunfadores.8

Impelido por sus padres, por la necesidad y por su afán de saber, José Mancisidor decidió estudiar un oficio en la Escuela de Maestranza de la Secretaría de Marina, ubicada entonces en la prisión de San Juan de Ulúa. Mancisidor avanzó en sus estudios llegando al tercer año con el grado de sargento cuando, en abril de 1914, la infantería de marina estadounidense invadió el puerto de Veracruz.

El otrora dócil y obediente aprendiz de mecánico se niega a entregar el puerto a los norteamericanos, se insubordina y secuestra a un oficial para escapar con la intención de unirse a las fuerzas del general Cándido Aguilar quien lo incorpora al primer cuerpo de artillería de la primera División de Oriente con el grado de teniente.

De este modo empezó una carrera militar dentro de los ejércitos revolucionarios que duró hasta 1920 y en la que alcanzó el grado de teniente coronel de artillería y el nombramiento de comandante militar y gobernador de Quintana Roo.9 En 1917, Mancisidor se había casado en Xalapa con la señorita Dolores Varela con quien vivió hasta el fin de sus días procreando cinco hijos que de mayor a menor fueron: Orlando, Arnaldo, Kolda, Elvia y Yolanda.10

Por un tiempo, Mancisidor fue un político exitoso: de 1920 a 1922 ocupó un cargo de síndico municipal en la ciudad de Xalapa, bajo la administración estatal del teniente coronel Adalberto Tejeda, con quien lo ligaba una profunda amistad. En 1923, organizó la defensa civil contra la sublevación delahuertista del 8 de diciembre, por lo que no tuvo ningún problema para ser postulado diputado local para el trienio 1926-1929 por el distrito de Xalapa.

Por desgracia, el diputado se equivocó de partido y se opuso al callismo apoyando la sublevación de Arnulfo R. Gómez en su estado bajo las órdenes del general Miguel Alemán. Con el fusilamiento de Gómez el 4 de noviembre de 1927, Mancisidor y sus amigos se acogen a la amnistía ofrecida por el gobierno y regresan a sus casas derrotados pero vivos.

Durante un año y tres meses Mancisidor y su familia viven de milagro; apartados de la élite político militar del sureste de México de la cual habían formado parte por un breve tiempo, perdida la comunicación con amigos que un día antes de la asonada eran íntimos y entrañables, don José no encuentra más remedio que unirse, el 3 de marzo de 1929 a la sublevación del general veracruzano Jesús M. Aguirre, quien decía secundar los propósitos del general José Gonzalo Escobar. Fracasada esta nueva intentona, Mancisidor estuvo marginado tres años más.

Cerradas sus posibilidades políticas y militares, Mancisidor es nombrado director de la imprenta del gobierno de Veracruz por el gobernador Adalberto Tejeda, quien se había distanciado de Jefe Máximo. En 1932, ascendió al poder estatal Gonzalo Vázquez Vela, por lo que Mancisidor empezó en enero a dar clases de historia de México en la Escuela Normal Veracruzana Enrique C. Rébsamen.

A sus treinta y ocho años de edad, con una gran experiencia vital y sólo con sus estudios de primaria, don José empezaba una nueva profesión de la que viviría hasta el fin de sus días, con la que se comprometió totalmente, ejerciéndola desde el nivel secundario, normalista y superior.

Uno de sus alumnos recuerda la impresión que causó Mancisidor en sus jóvenes oyentes normalistas:

"Aquella mañana se presentó ante nosotros en un
amplio salón de clases, vestido impecablemente,
jovial y dueño de una sonrisa permanente. En
esa hora José Mancisidor se iniciaba en el
magisterio, algo nervioso, impartiendo la cátedra
de historia de México; asimismo penetraba por
primera vez en las arduas tareas pedagógicas del
sistema nacional.

... Desde los comienzos de la clase quiso hacerse
amigo de sus alumnos y lo logró: cuando sonó la
vieja campana rebsamiana dando fin a la hora, un
aplauso inusitado llenó las cuatro paredes del
salón y trascendió colmando las frondas de las
araucarias y las palmeras que se erguían hermosamente altaneras en el patio".11

Mancisidor ejerció la docencia normalista en Xalapa entre 1932 y 1935, aprovechando ampliamente la decisión de cerrar la Normal desde el 2 de diciembre de 1934 hasta el 2 de julio de 1935, que tomó el gobernador Vázquez Vela para construir otro edificio y reformar los programas y planes de estudio en sentido "socialista",
para viajar cada vez con mayor frecuencia a la ciudad de México en donde contribuyó a fundar la LEAR (Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios) en 1934.

Siendo Mancisidor un hombre sumamente inquieto y creativo, supo combinar sus labores docentes en Xalapa con la publicación de sus dos primeras novelas -La Asonada, La Ciudad Roja- algunos apuntes de tema histórico, colaborar en la revista Simiente, dirigir el grupo "Noviembre", comenzar a editar la primera época de su revista favorita Ruta y organizar una editorial de su propiedad denominada "Integrales".

Cuando el gobernador Vázquez Vela fue llamado a la ciudad de México para hacerse cargo de la Secretaría de Educación Pública en junio de 1935, llevó entre la gente de su equipo a un grupo de intelectuales radicales amigos también de Mancisidor, entre los que se encontraban los hermanos Lizt Arzubide, Luis Chávez Orozco y Rafael Ramos Pedrueza.12 Así, entre las obligaciones que le imponía la presidencia de la LEAR, y el establecimiento de sus amigos en la capital, hicieron casi natural su decisión de cambiar su residencia permanente a la ciudad de México.

En mayo de 1935, Mancisidor realizó su primer viaje al extranjero con motivo del Primer Congreso de Escritores Norteamericanos en Nueva York a donde asistió en su calidad de Presidente de la LEAR acompañado por Juan de la Cabada, Miguel Rubio, Germán Lizt Arzubide y Renato Molina Enríquez, junto con una exposición de grabados y carteles producidos por artistas agremiados a su organización.13

A sus cuarenta y un años de edad, el profesor Mancisidor conoció muchas cosas por primera vez: un país extranjero del que desconfía pero no puede dejar de admirar, un viaje en avión donde lo sorprende el trato gentil de la azafata, trasladarse en metro, observar a los gigantescos policías norteamericanos, mirar de cerca mujeres feministas, artistas marginales, líderes religiosos no católicos, pacifistas de extraños atuendos.

Para octubre de 1935 Mancisidor ya estaba de regreso en el Distrito Federal, enriquecido con las experiencias de los intelectuales radicales neoyorkinos, participó el día 19 en el paro organizado por el Comité Nacional de Defensa Proletaria contra la guerra, el fascismo, el imperialismo y por la paz del mundo. El 7 de noviembre habló en el mítin que conmemoró el aniversario de la Revolución Rusa y el 23 de diciembre participó en la manifestación contra Calles, Morones y la reacción callista.14

En 1936 José Mancisidor viaja por primera vez a la Unión Soviética en donde conoce a destacadas personalidades del momento, como el minero estrella del régimen stalinista Alexis Stajanov, al presidente ruso Mijail Kalinin, al presidente azerí "camarada Effendiev", a la embajadora Alejandra Kollontai y a varios funcionarios soviéticos de segundo nivel. Antes de regresar a México tuvo oportunidad de asistir al Teatro Verde para ver la primera película rusa en color, poéticamente titulada "Ruiseñor, ruiseñorcito", con una trama romántica que le pareció inadmisible.15

Asimismo, asistió a los funerales del escritor Máximo Gorki, observó las manifestaciones oficiales de duelo y estuvo a tiempo para enterarse de los debates que condujeron a la publicación de la Constitución Soviética de ese mismo año. Como despedida, sus amigos lo invitaron a una reunión del Club de Escritores en donde se leyeron poemas en diferentes lenguas, además de servirse una cena y organizarse un baile. Mancisidor, aunque ya tenía varios trabajos publicados, se avergonzó de su "esterilidad".

A estas alturas de su vida, don José Mancisidor había entrado por mérito propio, a lo que don Luis González denomina "la minoría rectora de la etapa 1935-1958"16, por lo que comenzó a viajar constantemente y a convivir en un plano de igualdad con los intelectuales de más fuste en su momento, tanto nacionales como extranjeros. De este modo, viajó a Valencia en 1937 al Segundo Congreso de Escritores Antifascistas, custodiando una colección de grabados de la LEAR en compañía de Fernando Gamboa, José Chávez Morado, Silvestre Revueltas, Juan de la Cabada, Octavio Paz, Carlos Pellicer, David Alfaro Siqueiros y Elena Garro.

De regreso a México, Mancisidor aprovechó sus vivencias como espectador de la guerra civil para escribir su novela De una madre española, en un estilo muy similar a la de Gorki, que fue publicada por la editorial México Nuevo en 1938. Además, organizó su propio Congreso de Escritores en Bellas Artes, invitando a participar a personajes neoyorkinos y europeos.17

Entre 1938 y 1941, Mancisidor vivió una etapa más de su carrera magisterial al ser nombrado Jefe del Departamento de Secundarias Nocturnas del Distrito Federal, responsabilidad que le permitió viajar a la Habana como representante del gobierno mexicano al Congreso Educativo de 1938, y en 1939 a Washington, donde asistió al Congreso Científico como delegado ofical especializado en educación.

Fue también en 1938 cuando don José inició la cuarta etapa de su antigua revista Ruta, de la que salieron doce números de 64 páginas con forros de cartoncillo grueso color gris, el último con fecha 15 de mayo de 1939. En la nómina de colaboradores incluía por supuesto a sus antiguos amigos de Xalapa, pero incorporaba también a personalidades como Adolfo López Mateos, Leopoldo Méndez, José Chávez Morado, Martín Luis Guzmán, Alfonso Reyes, Octavio Paz, Rufino Tamayo, Pablo OHiggins y Arqueles Vela.18

Desde este momento y hasta el fin de sus días, el profesor Mancisidor tuvo oportunidad de participar en las mejores revistas culturales de México y América Latina, ya bien sea como colaborador directo con artículos o reseñas de libros, o formando parte de los comités editoriales. Así, trabajos muy importantes de don José pueden encontrarse en Cuadernos Americanos, Crisol, Letras de México, El hijo pródigo y en la revista Educación y Cultura excelentemente trabajada en un libro de reciente aparición por la profesora Valentina Cantón Arjona.

Con el cambio de sexenio y la nueva política de unidad nacional implantada por el presidente Manuel Avila Camacho, quien se declaró creyente en su toma de posesión, era previsible que el grupo de funcionarios radicales entre los que se hallaba Mancisidor, no duraría mucho tiempo en sus cargos dentro de la SEP, menos aún cuando el periódico Excélsior emprendió una campaña anticomunista de tintes claramente difamatorios contra estas personalidades, subrayando no sólo sus inclinaciones ideológicas, sino también acusándolos de corrupción y lucro indebido.19

En los últimos dieciseis años de su vida, el profesor Mancisidor ejerció la docencia de manera permanente en la Escuela Nacional de Maestros, la Escuela Normal Superior, la Secundaria para Señoritas número ocho, así como en la Universidad Obrera de México, impartiendo siempre todas las materias de carácter histórico pero con especial énfasis en la historia de México desde la independencia.

También, continuó con su trabajo de escritor corrigiendo y publicando sus obras más importantes como la Antología de cuentistas mexicanos del siglo XX; La historia de las luchas sociales en México, publicada como epílogo a la obra de Max Behr sobre la historia del socialismo; así como Zolá, soñador y hombre, Editorial Dialéctica, 1940; la Antología de cuentistas contemporáneos, y En la rosa de los vientos, Ediapsa, 1941; "en 1942 escribió los capítulos de la literatura contemporánea rusa para agregarse a la Historia de la Literatura rusa de Vasiliensky. El trabajo de Mancisidor puso al día este tratado, continuando con el estudio de autores posteriores a Andreiev, y el examen de la lucha de grupos literarios durante la revolución soviética".20
Su carrera de escritor continuó en ascenso con la publicación de Henri Barbusse, ingeniero de almas, Editorial Botas, 1945; Balzac, el sentido humano de su obra, Imprenta Universitaria, 1952; Frontera junto al mar, F.C.E., 1953; El alba en las simas, América Nueva, 1955; Me lo dijo María Káimlova, Litoral, 1956; Sobre literatura y filosofía, Litoral, 1956; Hidalgo, Morelos, Guerrero, Litoral, 1956; Máximo Gorki, su filosofía y su religión, Instituto de Intercambio Cultural Mexicano Ruso, 1956.

Sus herederos y amigos promovieron después de su muerte la publicación de sus últimos escritos: Historia de la Revolución Mexicana, Libro-Mex Editores, 1957; Se llamaba Catalina, Universidad Veracruzana, 1958; y "El espalda mojada", Revista Xalapa, abril de 1965.

Analizando sus obras podemos observar que el profesor Mancisidor hizo suyo el esquema de las tres revoluciones para explicar la historia de México, utilizado también por Cué Cánovas: las de Independencia, Reforma y Revolución; que se preocupó por escribir una historia didáctica y moralizante de la que los lectores pudieran extraer ejemplos aplicables a su propia vida; que creyó necesario exaltar a los héroes resaltando únicamente sus rasgos positivos, al tiempo que ocultaba sus humanas debilidades.

Los valores que expresa Mancisidor en sus obras son claros e inmediatamente perceptibles: nacionalismo, patriotismo, antiimperialismo, antinorteamericanismo, rechazo a la institución

eclesiástica y a sus dogmas; valoración positiva del "pueblo" entendiendo a éste como una masa anónima compuesta por los marginados, la gente miserable, los trabajadores asalariados del campo y la ciudad, los soldados rasos, las prostitutas, los ladrones.

Precisamente por expresar y defender estas ideas, el profesor Mancisidor fue acusado de comunista por sus adversarios políticos, quedando esta idea errónea arraigada incluso hasta la fecha entre personas que se dedican al estudio de la historiografía mexicana en forma profesional y sistemática. Sin embargo, Mancisidor no fue comunista pues nunca militó oficialmente en ese partido, como nos lo declaró su hijo José Arnaldo recientemente21, tampoco fue socialista de ningún tipo porque en ninguna de sus obras literarias o históricas utilizó para su contruccióon o análisis las categorías de la dialéctica materialista, del materialismo histórico o el lenguaje del anarquismo, por sólo poner algunos ejemplos.

El radicalismo del profesor Mancisidor tiene orígenes literarios y se remonta a sus lecturas infantiles en la biblioteca de su padre, este si obrero anarquista de la industria cigarrera, que le hizo leer Germinal de Emilio Zolá, escritor naturalista por excelencia; así como las obras de Pérez Galdós, Víctor Hugo, Alejandro Dumas, Inclán, Altamirano y Salado Alvarez, románticos todos que incendiaron la imaginación de su joven lector22.

A partir de 1940, el profesor Mancisidor presidió la Federación de Organizaciones de Ayuda a la República Española (FOARE), la Sociedad de Amigos de la URSS, así como el Instituto de Intercambio Cultural Mexicano Ruso. En cumplimiento de las obligaciones que estos cargos le imponían, viajó en 1947 por toda Europa Oriental y la Unión Soviética, país al que volvió cinco años después. Estuvo en Santiago de Chile en 1953 donde asistió al Congreso de Cultura, para después visitar La Paz, Buenos Aires y Río de Janeiro. Meses más tarde viajó nuevamente a Europa y llegó a la URSS por última vez.

Don José murió como buen profesor: con el gis en la mano. Estaba impartiendo una conferencia en la Universidad Autónoma de Nuevo León sobre el tema "La Reforma, La Intervención y el Imperio" cuando se desmayó y tuvo que ser llevado de urgencia al hospital universitario. De las causas de su muerte existen dos versiones que pueden ser complementarias: Leonardo Pasquel afirma que lo atacó un tremendo cólico de la vesícula biliar23, mientras Alfonso Berrios dice que "murió de un corazón que dejó de trabajar después de haber tenido una operación de emergencia"24.

Al fallecer el escritor, don Adolfo Ruiz Cortines, presidente de la República y amigo suyo desde la juventud, envió un avión especial para traer sus restos a la capital. El funeral se efectuó en el Panteón Jardín a partir de las 17 horas del día 22 de agosto de 1956, interviniendo como oradores el poeta Efraín Huerta, el licenciado Vicente Lombardo Toledano, el doctor José Giral a nombre de los republicanos españoles y los profesores Pablo Sáenz y Juan Ramón Solís.

N O T A S
. Benitez, Fernando y José Emilio Pacheco. Crónica del Puerto de Veracruz, Xalapa, Gobierno del Estado de Veracruz, s/f. p. 241.

2. Larroyo, Francisco. Historia comparada de la educación en México, México. Porrúa, 16a. ed., 1981, pp. 318-319.

3. Trens, Manuel B. Historia de Veracruz, citado por Romana Falcón en: La semilla en el surco, Adalberto Tejeda y el radicalismo en Veracruz (1883-1960). México, El Colegio de México, 1986, p. 39.

4. Bustos Cerecedo, Miguel. José Mancisidor, el hombre. en: Obras Completas de José Mancisidor, Tomo I, p. 230.

5. Mancisidor, Jose. Se llamaba Catalina. Obras Completas, Tomo II, pp. 520-521.

6. León Carazo, Susana Flora. Las novelas de José Mancisidor, Tesis de Maestría en Letras, Facultad de Filosofía y Letras, UNAM, México, 1965, p. 28.

7. León Carazo, Susana Flora. Op. Cit., p. 30.

8. Bustos Cerecedo, Miguel. Op. Cit., p. 243.

9. Lizt Arzubide, Germán. La vida militar de José Mancisidor, en: José Mancisidor, Obras Completas, Tomo I, p. 313.

10. Bustos Cerecedo Miguel. Op. Cit., p. 283.

11. Idem., p. 271.

12. Lerner, Victoria. La educación socialista. Historia de la Revolución Mexicana 1934-1940. México, El Colegio de México, 1982, p. 65.

13. Gutiérrez, Juana, et. al. "La época de oro del grabado en México", en: Historia del Arte Mexicano, México, Salvat, 1985, p. 2020.

14. Bustos Cerecedo, Miguel. Op. Cit., p. 265.

15. Mancisidor, Jose. Cinto veinte días. México, Editorial México Nuevo, 1937, p. 189.

16. González, Luis. La ronda de las generaciones, México, SEP, Colección Foro 2000, 1984, p. 127.
17. Bustos Cerecedo, Miguel. Op. Cit., p. 266.

18. Ruta, reedición de revistas mexicanas literarias. México, Fondo de Cultura Económica, 1982, 2 v.

19. "Las raigambres del comunismo en México a cargo de maestros", en Excélsior, 24 de septiembre de 1941, p. 1.

"Corrupción stalinista en la Secretaría de Educación", en Excélsior, 25 de septiembre de 1941, p. 1.

"Casos concretos sobre las actividades comunizantes de directores de educación", en Excélsior, 26 de septiembre de 1941, p. 1.

"Nuevos rumbos educativos", en Jueves de Excélsior, 2 de octubre de 1941.

20. Puga, Mario, "La última entrevista", en: México en la Cultura, No. 389, Novedades, 2 de septiembre de 1956.

21. Entrevista concedida al autor por el señor José Arnaldo Mancisidor Varela en su domicilio particular, mayo de 1994.

22. Mancisidor, José. Se llamaba Catalina. Loc. cit., pp. 520-521.

23. Pasquel, Leonardo. Vida de José Mancisidor. en: José Mancisidor, Obras Completas, Tomo I, p. 297.

24. Barrios, Alfonso. Vida y Obras de José Mancisidor. en José Mancisidor, Obras Completas, Tomo I, p. 37.

Creado por leon3135 | 0 comentarios | 27/02/05 20:19

Ir a secciones de documentos

Ir a Historia Mexicana

Comentarios

Servicios Recomendados

¿Conoces el chat con perfiles?

Ahora puedes ver la cara de con quién hablas, agregarlos a tu agenda y enviarles mensajes incluso cuando no están conectados.

Juegos gratis online

¿Te aburres? Los juegos online de Geomundos se actualizan constantemente, y también te los puedes descargar a tu PC para jugar offline.

Gana regalos directos

¿Conoces los puntos Geomundos? Gana puntos por jugar, hacer encuestas, registrarte, comprar online... ¡Y canjéalos por cualquiera de los más de 100 regalos disponibles!

Crea tu propia comunidad

¿Tienes algo que contar? Publica tus textos, fotos, enlaces… Es fácil y divertido. ¡Disfruta viendo subir tu contador de visitas!

Titulares de prensa

¿Qué pasa en el mundo ahora mismo? Consulta los titulares de los principales medios de comunicación de un vistazo.

¡Consíguelo gratis!

Nintendo WiiLa consola Wii y su revolucionario mando con sensores de movimiento (el Mando de...

Gana regalos por jugar, hacer encuestas, registrarte en portales y con tus compras online...

Acceso al Club

Recomendados