Sociedad Mexicana, Universidades y Cultura
El anarquismo en México en Sociedad Mexicana, Universidades y Cultura
El anarquismo en México
Historia del anarquismo nativo, descendiente del español y del griego
El anarquismo en México
Por Alvaro Marín Marín, julio del 2005
El anarquismo no es una teoría ajena y extraña a los mexicanos, por el contrario, entre 1860 y 1920 tuvo gran influencia en nuestro país gracias a los esfuerzos de propagandistas y organizadores entusiastas como el griego Plotino Rhodakanaty, quien llegó a México en febrero de 1861; o a causa de la emigración de españoles desde Cuba, particularmente intensa entre 1887 y 1900.
Cabe recordar que muchos de los inmigrantes peninsulares se quedaron a vivir en la ciudad y el estado de Veracruz, dedicándose a la enseñanza primaria, al trabajo artesanal y a la organización de grupos obreros, cuya importancia como antecedentes de la Revolución Mexicana aún no se ha valorado suficiente. En su obra, José Mancisidor caracteriza a su padre como anarquista militante, lo que reforzaría mi hipótesis del “anarquismo heredado familiarmente”.
Regresando a Rhodakanaty, es sabido que fue el autor del primer texto anarquista escrito en nuestro país, la famosa Cartilla Socialista, publicada el mismo año en que llegó. Al mismo tiempo, enseñó su doctrina a los primeros anarquistas nacionales como Francisco Zalacosta, Santiago Villanueva y Hermenegildo Villavicencio. Publicó numerosos artículos en periódicos obreros como El Socialista y El Hijo del Trabajo, escribió en 1864 el ensayo titulado Neopanteísmo y diez años después un periódico filosófico llamado El Craneoscopio. Las ideas de Rhodakanaty eran afines a las de Proudhon y Bakunin, además de anticiparse a Kropotkin.
Aunque el griego regresó a Europa en 1886, sus alumnos mexicanos organizaron la Sociedad Agrícola Oriental y la Escuela del Rayo y el Socialismo, mediante las cuales adoctrinaron en las ideas ácratas a los campesinos del oriente de la capital del país. Su importancia no fue menor ni pasajera; ahora la colonia más grande de América Latina se llama Agrícola Oriental, está ubicada en la delegación de Iztacalco y dos de sus escuelas, una primaria y otra secundaria, llevan el nombre de José Mancisidor Ortiz.
Desde Chalco y Texcoco, las ideas ácratas nacionalizadas se extendieron en los medios campesinos de Puebla, Hidalgo y Veracruz, tanto a través de manifiestos como por el ejemplo de la acción directa agrarista, tan cara a los libertarios que invadían haciendas como una forma de lucha campesina contra la oligarquía. López Chávez fue aprehendido y fusilado en 1869, pero su ejemplo quedó vivo en la mente de los campesinos del centro del país, que lo revivieron de nuevo con motivo de la sublevación zapatista de 1910. El mismo lema, presuntamente zapatista de Tierra y Libertad era el nombre de un periódico anarquista español que se publicaba alrededor de 1889, distribuyéndose por toda Europa.
El anarquismo fue la teoría política más próspera entre los campesinos y obreros mexicanos, cuando menos hasta la segunda década de este siglo, como lo demuestran las primeras organizaciones obreras, sus periódicos, sus cajas de ahorro y ayuda mutua, así como la trayectoria de los hermanos Flores Magón.
Creo necesario caracterizar el anarquismo de origen español nítidamente, porque a mi parecer los políticos de esta nacionalidad emigrados desde Cuba hacia México, se asentaron en Veracruz y fueron determinantes en la adopción por parte de los mexicanos de una versión peninsular de esta teoría política, que se fundió con la corriente nacional de origen griego mencionada antes; también, es indispensable para evitar confusiones de tipo político o ideológico cuando haga yo referencia a esta doctrina, además de que tenemos que distinguirla de las otras tendencias radicales. Seguiré de cerca el libro de Alvarez Junco mencionado en la nota seis.
En cualquier doctrina política, los autores afines no tratan todos los temas, sino que se dedican a exponer los principios doctrinarios aplicándolos a los problemas que les preocupan, por lo que debe revisarse a varios para tener una idea comprensiva y global.
Anselmo Lorenzo estudió la relación individuo / sociedad, criticó al darwinismo, al poder, al antipoliticismo y, al final de su vida, el sindicalismo; Mella, la organización económica de la sociedad futura, el antipoliticismo y la crítica del sistema democrático; Prat el análisis de las clases sociales, el antirreformismo, el antipoliticismo, y el sindicalismo; Salvochea ataca el militarismo y el patriotismo; López Montenegro escribe sobre el anticlericalismo y la huelga general; Francisco Ferrer Guardia está interesado en la enseñanza, el sindicalismo, el anticlericalismo y el antimilitarismo, Salvador Suñé escribe sobre el comunismo y el espontaneísmo organizativo; José Martínez Ruiz (Azorín), se interesa por el antimilitarismo y la criminología; Teresa Claramunt, por el antipoliticismo y el feminismo; Soledad Gustavo, la enseñanza y el feminismo; Tárrida de Mármol, el enfoque científico de la “cuestión social”, la crítica al poder y el antipoliticismo; Federico Urales (Montseny) la crítica moral, la violencia y la enseñanza; Bakunin (el gran maestro ruso de todos los demás) el espontaneísmo, la crítica a la autoridad, el antipoliticismo y la insurrección; Kropotkin (otro de los padres fundadores de la doctrina) la cuestión social, la moral solidaria, el comunismo y la crítica a Darwin...”
El anarquismo es difícil de definir por su tendencia a apoyar cualquier reivindicación popular sin rigideces doctrinarias, así como por su repulsa a los intelectuales y sus disputas escolásticas; es en suma, una corriente política que se caracterizó en buena medida por ser más una actitud que una doctrina, en la que los gestos y símbolos son a veces más importantes que las palabras.
El anarquismo se basa en un individualismo extremo, radical defensor de la libertad; entendida ésta como el derecho de cada ser humano a actuar conforme a los dictados de su conciencia y voluntad, por creer que cada personalidad es única e insustituible.
Según Bakunin, para los libertarios, el individuo es la única realidad existente. Alvarez Junco encuentra profundas afinidades entre el anarquismo y la ideología liberal por su valoración positiva de la libertad y los derechos del individuo como el cuidado de la infancia, la instrucción, el trabajo y el goce de los productos del mismo. Ácratas más sofisticados defendieron el derecho al placer y trataron de abrir el camino hacia la moral del placer.
La idea del hombre libre y plenamente desarrollado chocaba con la autoridad religiosa y civil, por lo que las diatribas anticlericales fueron comunes en las publicaciones ácratas, empezando con el libro de Bakunin Dios y el Estado. Los anarquistas eliminan teóricamente a Dios y al deísmo, pero lo substituyen con otras abstracciones como el hombre, la justicia, la naturaleza, la razón y la ciencia, con lo que satisfacen las necesidades metafísicas de sus seguidores, la mayoría de ellos católicos por nacimiento.
Los libertarios toman el concepto de naturaleza de Rousseau y lo contraponen al orden social autoritario, principalmente debido a que este filósofo calificaba como natural a lo subjetivo y sentimental, en oposición al racionalismo de la cultura. Esta actitud favorece la “evasión del mundo” y el particularismo romántico, sentimental o moralizante de escritores como Volney o Sue, quienes sirvieron de enlace entre la ilustración y el socialismo. Por cierto, todos ellos fueron leídos con atención y entusiasmo por el adolescente José Mancisidor.
La justicia para los anarquistas se identifica con el principio de igualdad o reciprocidad de derechos entre los individuos. “Los resultados de todo nuestro recorrido por la idea de naturaleza no pueden, pues, ser más clásicos: existen unas “leyes naturales”, un orden eterno y con validez universal, a la vez científica y moral, cuya perturbación es causa de males de todo tipo. ...Los atributos del orden natural (o de la anarquía) son fáciles de descubrir: igualdad, libertad, solidaridad, fuerza, armonía y, por consiguiente, ausencia de autoridad.”
El anarquismo participa en la gran corriente racionalizadora y secularizante que se había iniciado en la Edad Media y culminó con la Ilustración; cree en la razón y apoya la difusión de la ciencia en todos los campos de la sociedad, porque con ellas se liberará al ser humano del trabajo y se superará el “reinado de la necesidad.
El cientificismo anarquista supone la unidad fundamental de todas las ramas del saber y de toda la realidad, por lo que es muy parecido a una especie de “positivismo de izquierda” que confía en resolver los problemas sociales mediante la aplicación de las leyes físicas. Además, tanto los libertarios como la “ciencia”, persiguen la “felicidad humana”.
El anarquista español J. Prat desea una revolución futura que hará surgir al “hombre nuevo”, una especie de obrero culto y con iniciativa que José Mancisidor creyó encontrar en su primer viaje a la Unión Soviética. Como para los libertarios la cultura es la base de la revolución, porque tiene la virtud de resolver pacíficamente la cuestión social, su obtención por las masas populares es un logro y un objetivo por si mismo. No es por tanto difícil de entender que muchos anarquistas siguieran la profesión docente como otra manera de extender sus ideas entre las nuevas generaciones. Muchos anarquistas consideraron que la pluma era la mejor arma para el combate político y la lucha social; en esto coincidían con Mancisidor quien a lo largo de toda su vida participó en diversas empresas culturales.
Para que un autor fuera aceptado y recomendado por los libertarios, no era necesario que reflejara una doctrina inflexible, sólo requería simpatizar de alguna manera con el pueblo, coincidir con algunos conceptos genéricos de ellos y ser de fácil y amena lectura. Así se difundió el libro de Kropotkin, La conquista del pan; las obras de Réclus, Büchner, Haeckel, Darwin, Ibsen, Tolstoi, Mirbeau, Zola, Gorki; Ibsen con su obra Un enemigo del pueblo; Volney, con Las ruinas de Palmira; o Eugenio Sue con El judío errante. La mayoría de estos autores y obras estaban en la pequeña biblioteca del padre de Mancisidor, un obrero anarquista de la industria del tabaco relativamente culto, que fue contratado por sus compañeros para que les leyera mientras ellos trabajaban, cuando su patrón lo despidió por negarse a apoyar la construcción de una iglesia. José Mancisidor nos dice que su padre empezó a leerle sus libros a los nueve años, y que le permitió el acceso directo a ellos en su adolescencia.
La teoría libertaria del arte coincide ampliamente con las tesis de los grupos en los que militó Mancisidor y que suscribe con gusto: el artista debe contribuir con su producción al progreso humano; la vida tiene que reflejarse en el arte si no quiere hacerse arte muerto; el arte es un fenómeno social, por lo que el “arte nuevo” será capaz de expresar las aspiraciones de la sociedad contemporánea; el arte es la expresión de la libertad y la rebeldía; el arte y la literatura deben ser antidogmáticos, críticos... anarquistas.
El arte debe ser realista, por conectarse con la realidad social de la que surge;sus temas “populares”, no lleno de personajes “nobiliarios”, y el tratamiento debe ser ”auténtico”, no falseado para halagar a la clase dominante. Se habla de un arte fuerte y viril, en contraposición al arte de los cenáculos y a los libros para especialistas. Los escritores y los artistas plásticos se sintieron atraídos por las tesis ácratas a causa de la rebeldía emocional que transmitían, el individualismo exaltado que defienden, la libertad que proclaman y la defensa de “lo popular” en sentido de espontáneo y auténtico.
Otro principio libertario heredado del optimismo racionalista del siglo XVIII, es la confianza en el progreso ilimitado del ser humano mediante el avance técnico y el perfeccionamiento moral. Los anarquistas creían, al igual que los ilustrados, que el avance de la humanidad consiste en el triunfo progresivo de la razón y la libertad sobre la ignorancia, los prejuicios, el egoísmo y la tiranía.
El progreso para los ácratas es obtener cada vez más ilustración, más libertades y más goces. Creen por tanto en el progreso y en la superioridad del presente sobre el pasado, por el “natural” desarrollo humano en sentido ascendente. De este modo coinciden con el pensamiento ilustrado, al equiparar el “estado de naturaleza”, con lo racional o eterno que de ninguna manera se contrapone al progreso, sino que lo estimula y orienta. La ciencia y la revolución se unen y complementan en el pensamiento libertario, al pugnar ambas por un orden social perfecto que hay que descubrir al modo medieval.
“Los anarquistas comulgaban con la creencia, actualmente apropiada por grupos tecnócratas conservadores, en el progreso científico unilineal y en sus efectos políticos beneficiosos, porque, al aumentar los bienes materiales, produce automáticamente la libertad y la felicidad.”
El progreso anarquista es ideal, lineal, armónico e inevitable aunque no mecánico ni determinista, sino producto de la voluntad y actividad humanas; por lo que la evolución histórica, según estos principios presenta tres etapas:
1.- Surgimiento de nuevas ideas producto del genio individual;
2.- Rebelión minoritaria aplastada inútilmente por el poder;
3.- Sublevación y triunfo de las masas.
En la mejor tradición ilustrada, los anarquistas consideran a la imprenta como “la redentora de la humanidad”.
Los anarquistas se planteaban como objetivo construir una sociedad “mejor” (tomando como modelo y base la suya en el momento en que escribían) con lo que hacían la crítica moral a las instituciones políticas y religiosas vigentes, por lo cual buscaron una alternativa en la moral reflexiva utilitaria, que los satisfizo por su materialismo básico, su racionalismo optimista, su evolucionismo y su confianza en la expansión de la personalidad dentro del organismo social, como puede observarse en las obras de Fourier, Proudhon, Spencer y Kropotkin.
Los principios morales básicos del anarquismo se difundieron mediante obras como la del conde de Volney, Principios físicos de la moral, o Las ruinas de Palmira, atentamente leídas por Mancisidor en su juventud, ya que Volney era uno de sus autores favoritos.
Tanto Proudhon en su libro La moral anarquista, como Volney colocan a la justicia como virtud y principio social básico complementario de las inclinaciones morales individuales; le sigue el solidarismo, heredero del antiguo altruísmo y la medieval caridad cristiana. Aunque se establecen diferencias evidentes: la caridad en la guerra es curar heridos voluntariamente; la fraternidad consiste en acabar con la guerra.
El tercer principio moral anarquista es el vitalismo, o la defensa de la satisfacción de las necesidades orgánicas como base de la conducta moral: cuanto daña a la vida es inmoral, lo que contribuye a ella es moral. De este modo se justifica a la revolución social como el “gran acto moral”, porque defiende la libertad y la dignidad humanas. Los ácratas también idealizan las bondades del trabajo y la solidaridad humana básica. Alvarez Junco distingue dos ramas de la moral libertaria: la solidaria, de la que tomamos los enunciados anteriores, y la puritana, de clara inspiración cristiana, que denuncia la hipocresía de las clases dominantes por no respetar los principios morales que declaran tener. En esta vertiente parece ubicarse la moralidad de Mancisidor.
José Mancisidor en consonancia con los anarquistas cree que el pueblo trabajador oprimido es el depositario de los máximos valores éticos y políticos, por estar menos corrompido por la maldad de la sociedad burguesa y porque se pensaba que el trabajo era fuente de virtudes morales, que habrían de servir de base a la organización de la sociedad futura.
Quienes no compartimos esta ideología, observamos en la moral anarquista algunas contradicciones como la legitimación del robo y la simpatía con los delincuentes, quienes son vistos como una especie de luchadores sociales que reparan el daño hecho por la burguesía al usurpar el patrimonio común de la humanidad. Por tanto, no es raro que Mancisidor narre con alegría y añoranza sus aventuras infantiles y juveniles en un medio donde las prostitutas y los delincuentes de todo tipo pululaban libremente.
“...el movimiento libertario, por fuerza en el límite de la legalidad constantemente, habiendo recibido la herencia del bandolerismo social e inclinado siempre a apoyar toda “rebeldía” -no necesariamente política- contra cualquier norma, estuvo en contacto práctico frecuente con el mundo de la delincuencia común.” Los anarquistas creen que todo delito es político, sin diferenciarlos de los comunes.
Los ácratas tienen una perspectiva naturalista del ser humano por lo que aceptan la teoría darwinista sin sus conclusiones conservadoras, ya que la burguesía no es para ellos la clase social más apta, sino que compite desde una posición privilegiada conforme lo afirma Anselmo Lorenzo, otro escritor respetado por Mancisidor.
Kropotkin habla de la deformación burguesa de la teoría darwinista; Prat afirma que la lucha debe complementarse con la solidaridad como factor de progreso y sostiene que los más aptos no son los más fuertes en lo físico, sino los que mejor aprenden a unirse y sostenerse mutuamente, al tiempo que defendía un fuerte individualismo y la transformación social y económica sobre una base igualitaria. El anarquismo era un movimiento democrático y fraternal.
La introducción de las ideas de Kropotkin en la sociedad hispánica del último tercio del siglo XIX, condujo a la condena moral de la sociedad capitalista y a enfocar el problema económico a partir de la satisfacción de las necesidades y no de la producción de bienes. Parece que estas tendencias llegaron pronto a México pues se encuentran en la retórica política de las organizaciones obreras de principios del siglo XX, en el Programa del Partido Liberal Mexicano de 1906, en las proclamas y artículos del periódico Regeneración y otras obras de los Flores Magón. Mancisidor las refleja desde su primera novela.
Los anarquistas analizaban la cuestión social de manera muy pobre, pues recurrían a razonamientos abstractos y moralizantes, partiendo de principios abstractos como la armonía natural, la justicia o las clases sociales entendidas como entidades suprahistóricas. Critican la miseria moral y la hipocresía de la clase dominante que encubre problemas sociales como la prostitución o los abusos contra los obreros; denuncia la “moralidad burguesa” narrando los escándalos de la alta sociedad, los fraudes, la corrupción, el suicidio o las farsas en el reparto de honores militares o sociales. A la Iglesia se le acusa de oponerse al progreso humano, de aliarse a los poderes terrenales y acumular riquezas.
Los anarquistas critican al poder político y al poder religioso porque su ideología rebelde y libertaria se opone a la autoridad que limita el libre examen y actuación humanas. Consideran que la sociedad es buena y humana, mientras que el Estado es artificial, malo ineficiente e ineficaz. La autoridad es el símbolo del mal y la perversidad, porque introduce el desorden en la armonía natural.
Al introducir el desorden y la maldad en el orden y la bondad naturales, el principio autoritario se erige en creador de violencia; el Estado contemporáneo es perverso entre otras cosas dicen los ácratas, porque colabora con la burguesía en el mantenimiento de la explotación del pueblo y la desigualdad social. De este modo, los anarquistas se alejan del liberalismo para inspirarse en fuentes socialistas. Por su parte, Anselmo Lorenzo define al pueblo como “los trabajadores asalariados, privados de los medios de instrucción y de medios de subsistencia.” Es pertinente esta definición ácrata de pueblo porque Mancisidor la siguió en sus obras.
Los libertarios critican a la democracia por la desigualdad económica del sistema social vigente; así como por la imposibilidad de un auténtico gobierno del pueblo. Anteponen la dignidad del individuo a la del ciudadano pues según una fórmula de Lorenzo “el hombre es anterior al ciudadano.”
Respecto del patriotismo, los anarquistas opinan que es un egoísmo nacionalizado, y que la verdadera patria del obrero es el taller y el mundo. Los únicos extranjeros son los opresores y los tiranos. “El pobre no tiene patria”, es el estribillo internacionalista repetidos por los bakuninistas españoles. La patria es la de “los satisfechos, la de los privilegiados, la de los explotadores.”
Creen algunos ideólogos que el ejército es la institución que encarna la idea de patria y garantiza la explotación capitalista, por lo que los ácratas repudian las guerras y cualquier tipo de militarismo, contraponiendo la figura del soldado a la del obrero que es el símbolo de la futura vida del trabajo y la producción.
Como portavoces de una ideología progresista, los libertarios reconocieron muy tempranamente la igualdad biológica y legal de la mujer y el hombre, criticando a la sociedad por brindar a las mujeres muy pocos elementos culturales para educar a sus propios hijos.
Condenan a la familia burguesa porque se basa en la propiedad, la autoridad y la inmoralidad, pero defienden a la familia proletaria como preservadora del amor y de la pureza en medio de la depravación y del egoísmo imperantes. Proclaman el “amor libre” o sin matrimonio, respondiendo que de los niños nacidos en este tipo de uniones, se encargará “la sociedad”. Llaman a las prostitutas “hijas del pueblo”, equiparándolas con las obreras.
La realidad familiar libertaria aparentemente fue de relaciones monogámicas dominadas por el varón, sin ceremonia civil o religiosa de ningún tipo pero con absoluta fidelidad del hombre hacia su mujer, para establecer una diferencia real de los tradicionales concubinatos machistas.
Respecto al tema de la felicidad en la sociedad futura, los teóricos anarquistas no son muy explícitos y sólo mencionan que “el paraíso” está adelante en el tiempo y no atrás; así como la posibilidad de realizarlo en este mundo. Los anarquistas desearon destruir la sociedad y abolir el Estado, pero no se molestaron en delinear con precisión los contornos de lo que vendría después; aunque se menciona al productor como la célula fundamental de la sociedad ácrata y a sus agrupaciones “naturales” como las colectividades sociales básicas.
El federalismo anarquista será la última forma de gobierno y la economía de la futura sociedad estaría regulada por la libre competencia de los productores, lo que les hace paradójicamente afines a los modernos neoliberales. En la práctica española del siglo pasado, los anarquistas fundaron cooperativas de producción y consumo bastante exitosas en lo económico.
Los anarquistas participaban en la lucha política y social pero preferían el espontaneísmo y criticaban la tendencia dirigista de los marxistas. Esto es, su inclinación a tratar de controlar, dominar y dirigir las luchas sociales en su propio beneficio y no en el del pueblo trabajador. “El dirigismo es la acusación más grave y constante que se lanza contra los marxistas...”
Los anarquistas se negaban a participar del poder y las alianzas, por considerar que iban a ser coptados por la burguesía. Por tanto, propusieron a sus seguidores alejarse de los procesos electorales y practicar el abstencionismo en vista de que la democracia burguesa no era una verdadera democracia, según lo entendían ellos.
Su método político era la famosa e incomprendida “acción directa”, que no consistía únicamente en lanzar bombas y cometer atentados, la mayoría de ellos ejecutados por la policía para desprestigiarlos, como en la Rusia zarista. Para los ácratas, “acción directa” implicaba luchar dentro de las empresas para obtener la contratación colectiva; hacer presión para lograr jornadas de trabajo más cortas, organizar actos políticos de propaganda o, en última instancia, recurrir a la huelga. Todas estas tácticas conformaron lo que se llamó lucha económica o agitación permanente.
Para concluir señalaré que el anarquismo tuvo entre otras más de sus contradicciones la tendencia a un cierto “obrerismo” como salida “políticamente correcta” a sus principios éticos favorables al trabajo, al hombre nuevo y a la reforma social. Sin embargo, los partidarios de las manos callosas no quedaron muy satisfechos, pues en los diferentes congresos ácratas se dio una definición tan amplia de lo que significaba ser “obrero”, como un productor de objetos socialmente necesarios, que cabían en ella con toda comodidad los artistas, intelectuales, aristócratas o terratenientes. Esto fue posible gracias a que el anarquismo dejó de ser una ideología obrera para convertirse en una concepción moral, dirigida a todas las clases sociales.
Creado por leon3135 | 0 comentarios | 27/02/05 22:06
Comentarios
Más en Mundo Sociedad
Servicios Recomendados
¿Conoces el chat con perfiles?
Ahora puedes ver la cara de con quién hablas, agregarlos a tu agenda y enviarles mensajes incluso cuando no están conectados.
¿Te aburres? Los juegos online de Geomundos se actualizan constantemente, y también te los puedes descargar a tu PC para jugar offline.
¿Conoces los puntos Geomundos? Gana puntos por jugar, hacer encuestas, registrarte, comprar online... ¡Y canjéalos por cualquiera de los más de 100 regalos disponibles!
¿Tienes algo que contar? Publica tus textos, fotos, enlaces… Es fácil y divertido. ¡Disfruta viendo subir tu contador de visitas!
¿Qué pasa en el mundo ahora mismo? Consulta los titulares de los principales medios de comunicación de un vistazo.
¡Consíguelo gratis!
Pack+ de PrizeeConsigue ya tu Pack+ de Prizee para jugar un montón de partidas gratis a tus...
Gana regalos por jugar, hacer encuestas, registrarte en portales y con tus compras online...
