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El General Ramón Gonzalez Valencia en Chitagá bicentenaria

El General Ramón Gonzalez Valencia

En este apartado irán apareciendo datos, anecdotas, biografias y semblanzas de nuestro paisano, tan desconocido para todos nosotros y que no obstante fue un prestigioso patriota Con la venia de Don Antonio Ramírez Merchán tomamos este archivo alusivo a la vida del General Ramón Gonzalez Valencia para que familiares, paisanos, conocidos y demás interesados se informen acerca de nustro ilustre coterráneo.


RAMON GONZÁLEZ VALENCIA
Por: Antonio Ramírez Merchán
Leída en la finca "La Primavera" el 8 de octubre de 1979.
(Publicada en la Gaceta Histórica No. 100 1984-1985, Academia de Historia
de Norte de Santander)

Sin presumir de historiógrafo, deseo trazar en breves rasgos la semblanza
del señor General Ramón González Valencia, con motivo de conmemorarse el
cincuentenario de su muerte, acaecida en la ciudad de Pamplona, el 3 de
octubre de 1928.

Por cuanto unas de las principales fuentes de la historia, son los
documentos que transcritos de una generación a otra, dan plena fe y como
el deber del investigador, es el de descubrir la verdad, me voy a permitir
aclarar algunos aspectos relacionados con la fecha y lugar de nacimiento
del egregio patricio nortesantandereano, y que se desprende de los
siguientes testimonios:

"En la parroquia de Chitagá a ocho de junio de mil ochocientos cincuenta y
uno yo, el Cura propio puse óleo y crisma a José Rafael Ramón Eufracio de
Jesús González que nació el veinticuatro de mayo del mismo año, legitimo
del doctor Rafael González y Susana Valencia. Abuelos paternos: Francisco
y Mariana Rodríguez. Maternos: José y María Gertrudis Bautista. Padrinos:
Pedro León Canal y Gabina González. Doy fe. Nepomuceno Landazábal. Pbro".
Libro 4 Bautizos - Folio 32 No. 119.

Esta partida de nacimiento viene a confirmar, precisamente lo dicho por el
mismo General en carta al señor Nemesio Parra, fechada el 20 de septiembre
de 1911, en cuyos apartes principales relacionados con su nacimiento,
dice:
"Cuántas veces después he pasado por Casa de Teja y no he podido menos de
revivir aquella estrofa de Gutiérrez González:

Hoy todavía de ese techo se levanta, blanco, azulado el humo del hogar; ya
ese fuego lo prende mano extraña, ya es ajena la casa paternal.

Sigue el texto de la carta que es un valioso documento, escrito de puño y
letra del General; y en un párrafo donde vuelve a hacer reminiscencias de
la tierra solariega, dice "En tiempo en que no tenía tantos gastos como
ahora y cuando todavía tenía la fortuna que perdí en la empresa de
Tamalameque, pensé comprar la casa en que vila primera luz y
reconstruirla".

El genearca de los González, fue don Francisco González, oriundo de
Sevilla, en España. Vino a la América de oficial Real del Tesoro, cuyo
destino en aquellos tiempos tenía grande importancia y no se confería sino
a los Notables del Reino.

A su muerte dejó cuantiosos bienes, que fueron rico patrimonio de dilatada
descendencia. Casó con doña María Antonia Cote, oriunda de Pamplona y
descendiente de Notables familias españolas.

De este matrimonio nació Manuel Francisco González Cote, quien se casó con
doña Mariana Rodríguez Terán, natural de Ocaña, hija de don Antonio
Rodríguez Terán y doña María Francisca Valencia, natural de Pamplona.
Del anterior matrimonio nacieron 13 hijos, que fueron Nicolás Andrés,
Vicente (éste fue prócer de la independencia), Víctor, Ambrosia, Raimunda,
Carmen, Eustaquio, Juan, Francisco, Rafael, Manuel María y Manuel.
De los 13 hijos anteriores. Rafael González Rodríguez casó con doña Susana
Valencia y Bautista, de este matrimonio nacieron 6 hijos que fueron:
Ramón, Mariana, muerta en agosto de 1902, Luis Eusebio, José María,
Cecilia y Gertrudis.

Ramón González Valencia casó en Pamplona, con dona Amontonia Ferrero. "En
la Iglesia parroquial de Nuestra Señora del Carmen de Pamplona, a diez de
mayo de mil ochocientos ochenta y ocho, presencié el matrimonio de in
facie eclesiae contrajo Ramón González natural de Chitagá y vecino de
Chinácota: hijo legítimo de Rafael González y Susana Valencia con Antonia
Ferrero, natural de Cúcuta y vecina de esta parroquia; hija legítima de
Carlos Ferrero y Carmen Atalaya. Testigos Trinidad Perrero, Tulia Ferrero
y Gertrudis González. No hubo impedimento, Domiciano A. Valderrama".
Archivo parroquial del Carmen Libro 7 Folio 182.

Hijos del General González Valencia fueron: Alicia, esposa de don Gustavo
Canal González; Carmen, casada con don Fernando Daza Alvarez; Susanita,
muerta en Chinácota en 1917; Rafael, casado con doña Gertrudis Camargo
Daza, cuyo matrimonio se efectuó en Chinácota el 26 de abril de 1923:
Margot, monja del Sagrado Corazón de Jesús; Carlos, esposo de doña Cecilia
González Berti y Matilde casada con don Miguel Serrano.

La historia no se ha de contemplar como un simple juego de ciegas fuerzas
y pasiones, desatadas con resultados librados siempre al albur; por el
contrario en ella debe reconocer la magistral ejecución de los designios
de la Providencia. En este especial caso hemos de ver con claridad el
surgimiento de un espíritu recto, noble, levantado, encargado de un
menester público de suma trascendencia por los momentos tremendos en los
cuales le correspondió actuar.

Verdad que la historia es testigo del pasado, modeladora del presente y
atalaya de donde vemos todo cuanto es representado en el famoso escenario
del mundo, y por ello, esta evocación que hoy hacemos, ha de
caracterizarse por el consuelo de la contemplación de una honorabilidad
que dejó hondo surco en los espíritus observadores y amantes del
engrandecimiento de la nación. Ramón González Valencia, de familia
honorable, pues su padre don Rafael González perteneció a esa cuna que
diojefes conspicuos a la revolución de la Independencia, donde se
depuraron las escorias de una oscura tradición colonialista cuyos
descendientes son: por una parte nuestro prócer, y por otra la familia que
en Guayaquil lleva con orgullo su apellido. Su madre doña Susana Valencia
y Bautista, heredera de una tradición para quienes la llevan. No es la
vanidad la que afirma sus ascendentes; la significación, biológica que
refleja en los hijos las excelencias de la sangre, un Caldas, nunca pudo
venir de una india quichua, ni un Camilo Torres de una ñapanga, ni mucho
menos en nuestro Gran Padre Libertador bulló en sus venas sangre de
esclavos.

Parte de su juventud la pasó en Chitagá; a la edad de 16 años se
matriculaba en el Colegio de Nuestra Señora del Rosario, el famoso, que
tantos hombres útiles ha dado a1 país; y que estaba bajo la dirección de
su rector el doctor Francisco Eustaquio Alvarez y estudiaba de 7 a 10 de
la mañana y por la noche de 7 a 10. Para continuar sus estudios dirigió la
siguiente comunicación: Señor Rector y Claustro:
"Ramón González ante Ud. con el debido respeto expone:

Que deseando continuar sus estudios en el establecimiento que Ud.
dignamente preside, solicita se sirva poner en conocimiento de la
comunidad, mi deseo a fin de que me dé el pase respectivo, y pueda en
consecuencia, practicar las diligencias ulteriores que la constitución del
establecimiento exige. Recibido hijo del Colegio el 25 de julio de 1860".

En Pamplona, la ciudad de sus mayores, también estudió y concurría al
colegio de San José en unión de su hermano José María, más tarde el famoso
civilista. Al salir del colegio, empezó a trabajar, para atender a sus
necesidades y las de su familia. En el Colegio de Pamplona, estuvo dos
años, y luego por sucesos políticos se trasladó con su familia a
Cundinamarca. Cumpliendo la ley, como había de llevarla por siempre, pues
en todas ocasiones cuando la patria no lo llamaba de la selva de Chane, o
de Iscalá para que defendiera sus fueros, todos los momentos de su
existencia estuvieron destinados al cultivo de la madre tierra, a la
atención de los animales de labor, y fue de los primeros que en el país,
se preocupó por el mejoramiento de las razas de ganado, caballar y ovino.

Muy joven desempeñó el primer puesto público, como maestro de escuela, de
la aldea del antiguo Chopo, hoy Pamplonita. Luego de este tiempo cuando la
familia se traslado a Cundinamarca, y viviendo en Villeta, estuvo
trabajando en diversas actividades, tales como la industria panelera en la
región de Cundinamarca hasta Facatativa, por entonces mercado de primer
orden en este artículo.

En 1876, cuando el clarín de la guerra sonó, el General González Valencia
se alistó en Mutiscua con el General Leonardo Canal, en las fuerzas
gobiernistas, y sostuvieron en Alto Grande, un combate donde el General
Canal fue herido y tornado prisionero, liberado por el valeroso joven
teniente, quien lo amparó y lo libró de la muerte. Terminada esta
contienda vuelve él a sus faenas de trabajo, y cual nuevo Cincinato, toma
en sus manos el arado y la azada del trabajo como hombre de empresa y de
intuición, concibió el proyecto de un camino al río Magdalena, y de un
ferrocarril de Cúcuta a Tamalameque, supremo anhelo de estas regiones,
comunicarse con la gran arteria, fundó una compañía cuyo principal socio
fue él, y que operaba con el nombre de Leal González y Compañía. En el año
de 1894 se estableció por dicha trocha el tránsito de ganado de la costa
con la ciudad de Cúcuta. Mas sobrevinieron las guerras de 1895 y 1899,
poniendo fin a tan laudables trabajos, pues los labriegos fueron
reclutados y obligados a abandonar sus fundaciones. La compañía empresaria
se vio obligada a cancelar dicha obra en la cual había invertido cerca de
$ 400.000 pesos, y la guerra consumió la ruina de la empresa.

A propósito de este proyecto sus enemigos lo atacaron en la prensa, y el
General le comentaba a un amigo: "He sabido también con suma extrañeza que
el señor Caro se opone al proyecto sobre el camino de herradura a
Tamalameque, y que lo hace especialmente porque supone que yo soy el
principal agraciado en esta empresa. Fuera de que esta es nueva y de que
en la que yo tenía parte ya caducó. Es cierto que en la primitiva empresa
y por puro patriotismo, en asocio de siete amigos más, tengo invertida una
fortuna".

Políticamente empezó a actuar como dirigente, merced a las actuaciones
militares y sobre todo por la popularidad que su generosidad le atrajo, ya
para 1895 fue elegido por primera vez representante a la Cámara, a la que
concurrió en los años 1897 y 1898. Después fue elegido en muchas ocasiones
para la Cámara y el Senado, sin que volviera a concurrir.

En la vida del General Ramón González Valencia, se conjugan sucesos
inolvidables para el pueblo y para la historia nacional, y especialmente
la Nortesantandereana: haber sido un gran guerrero de aquilatadas virtudes
patrióticas que le merecieron el dictado del "Bayardo Colombiano" en una
de sus alocuciones expresaba: "En el acervo de las glorias de Colombia
corresponde porción muy señalada a nuestro Departamento. En Santander, se
lanzó el primer grito de independencia, y aquí se escribió con sangre la
primera página de nuestra historia; de aquí surgieron en la guerra magna
luchadores y adalides esforzados; aquí vieron la luz Santander, el primer
hombre público de la Nueva Granada; García Rovira, el mártir del
acrisolado patriotismo; Antonia Santos, la heroína incomparable, y
Mercedes Ábrego, la víctima de genuina exaltación republicana; aquí se
levantaron patíbulos, se libraren sangrientos combates, se ejercitó en
distintas formas la saña de los pacificadores; pero nada pudo nunca
quebrantar la virilidad santandereana, que fue entonces sostén del
patriotismo y es hoy prenda de victoria en el campo del progreso".

Del General Ramón González Valencia puede decirse que sus amigos y
correligionarios le raparon de sus manos los instrumentos agrícolas para
obligarlo a empuñar la espada, que como extraordinario guerrero esgrimió
siempre victoriosa y lo invistieron con la toga de la primera magistratura
de la República. Asistió a la mayor parte de nuestras contiendas civiles.
Sus actuaciones militares, fuera de las guerras del 76, 85, y 95, en
realidad fueron las de la guerra de los mil días. En el combate de
Peralonso, en donde actuó como comandante en jefe, siguió las peripecias
de esa larga y cruenta guerra hasta que vino la gran batalla de Palonegro,
en donde su actuación al frente de la tercera división fue definitiva,
según el parecer del General Próspero Pinzón. Con heroicos soldados del
Norte del país, y con el valor heredado de sus antepasados, después de
esta victoria la tercera división se traslada para rescatar a Cúcuta,
fuerte de la revolución, y por allí el General González Valencia cumplió
con el deber de humanidad, impidiendo se cortara el agua a los sitiados.
Luego tuvo que marchar al centro del país, amenazado por el ejército y
bien organizado por el sin igual jefe General Rafael Uribe Uribe, quien
tuvo la concepción de marchar por las llanuras orientales, y llegar al
corazón de la nación, más allí estaba el insomne jefe, y en el combate de
San Miguel, triunfó nuevamente.

Después de este combate y en oficio dirigido al General Juan Francisco
Mantilla, fechado en Fómeque el 27 de marzo de 1902, le comentaba "Heme
visto precisado a hacer algunos ascensos; pero por el momento sólo han
salido en la orden general los de los Coroneles Manuel María Valdivieso,
Pedro Mantilla y Pedro Eduardo Díaz a Generales de Brigada y que fueron
aclamados corno tales por el Ejército en el campo de batalla". En la misma
orden general en su artículo 439 ordenaba:

"Con pena degrada esta a soldado al subteniente Lorenzo Ríos, del batallón
Ospina, por el acto cobarde y salvaje de asesinar un prisionero, ya cuando
éste se encontraba en las filas de nuestros soldados y perfectamente
indefenso". Si su espada fue rayo luminoso que guiaba a sus compañeros a
la victoria o a la muerte, también censuraba y castigaba todo acto
indebido, jamás conoció la venganza, ni la murmuración, ni los odios se
abrigaron en su pecho, ni la ingratitud en su alma.

Fue el militar generoso y moderado de la guerra civi], que ya aproximaba a
una duración de tres años, y a la urgencia de que por humanidad y por
patriotismo se llegase a un acuerdo pacífico.

El doctor Foción Soto, subdirector de la revolución de Santander, le
dirigía comunicación fechada en Gachalá el 27 de marzo de 1902, entre
otras cosas le decía:

"Ignoro cuál es mi campamento", dijo Ud... según me informaron cuando
empezó la guerra. Y aún cuando esa frase no fuese suya, es lo cierto que
ella tradujo y traduce todavía el estado de ánimo de muchos conservadores:
tan visible así es y ha sido la justicia de nuestro alzamiento… Pues ¿que es lo que reclama el partido liberal?: garantías individuales y
políticas... El partido liberal, por su parte, hará cesar la guerra tan
pronto como se le oiga, y se le haga justicia, o se declare siquiera la
intención de hacerla, y se garantice suficientemente la promesa. En mérito
de lo expuesto, lo invito a Ud. para que interponga su influencia a fin de
formar una comisión compuesta de liberales y conservadores, con el objeto
de estudiar bases para un arreglo que evitará mayor efusión de sangre y el
total aniquilamiento de la riqueza nacional;

La guerra parecía inacabable y el país seguía desangrándose y
empobreciéndose. La guerra de los tres años causó daños incalculables: en
los campos de batalla perdieron la vida cien mil o más hombres; muchos
quedaron con lesiones e imposibilitados para el trabajo; el comercio
estaba arruinado; las comunicaciones eran muy difíciles; la producción
casi nula. El General Ramón González Valencia, firmaba el tratado de paz
el mismo día que se firmó el famoso tratado de Wisconsin con el General
Benjamín Herrera el 21 de noviembre de 1502: "Los infrascritos, a saber:
Ramón González Valencia, Gobernador, Jefe Civil y Militar del Departamento
y Comandante en Jefe del Ejército de Santander, ampliamente autorizado por
el Gobierno Nacional, por una parte; y por otra Ricardo Jaramillo y
Ricardo Tirado Macías, en representación del Sub-director de la Guerra,
señor doctor Foción Soto, autorizado éste también debidamente por el señor
General Gabriel Vargas Santos, Director General de la guerra y del Partido
Liberal, con el objeto de poner término definitivo a la actual contienda
armada en todo el territorio de Colombia, hemos convenido, después de
canjeados y hallados bastantes los poderes respectivos, en celebrar un
Tratado de paz en los términos y cláusulas siguientes: la) Los
revolucionarios depondrán las armas y las entregarán al Gobierno, lo mismo
que todos los elementos de guerra de cualquier especie que tengan en su
poder. 2a) El Gobierno expedirá Decreto de carácter provisional
legislativo por el cual se conceda amplia amnistía a cuántos directa o
indirectamente hayan tomado parte en la revolución".

Cuando se quiso juzgar en un Consejo de Guerra al General Rafael Uribe
Uribe, el General Ramón González Valencia, se opuso a ese acto, fruto de
las pasiones políticas, he aquí su famoso telegrama:

"Pamplona 4 de noviembre de 1902. Urgentísimo. General Juan B. Tovar.
Barranquilla. El ministro de guerra, en telegrama de fecha 30 del pasado,
te ordena el inmediato juzgamiento de Uribe Uribe en consejo verbal de
guerra, y el cumplimiento inflexible de la respectiva sentencia. Demasiado
sé que tú, militar pundonoroso y hombre de honor, que has pactado con
aquel jefe revolucionario un tratado de paz, no echarás sobre ti en ningún
caso y por ningún motivo, la afrentosa responsabilidad del cumplimiento de
semejante orden que implica una monstruosa perfidia de que, para honra de
la patria colombiana, no hay ejemplo en nuestra historia política. Hoy
mismo dirijo al Excelentísimo señor Vicepresidente de la República
enérgica protesta en nombre del ejército y pueblo de Santander. Por mi
parte, haré todo esfuerzo para evitar que sobre el partido conservador
caiga tan poderosa responsabilidad. Abrázote. Afectísimo amigo".

Cumplió estoicamente con su deber para consigo mismo, lo cumplió para con
su familia, conservó la serenidad, la gallardía, la ecuanimidad, la
rectitud, la paz inalterable del hombre que no tiene sino un sólo ideal:
el bien de la patria; un sólo criterio: la rectitud; y un sólo juez: la
conciencia.

Podemos afirmar hoy lo que Cantú dijo de Bolívar: "Feliz el hombre a quien
no se puede juzgar mal de sus hechos, sino cuando más de sus intenciones".


Verdaderamente se le puede titular el caballero sin tacha. Firme y
sencillo como un prócer del Lacio Antiguo, amó la tierra nutricia, de
cuyos senos fecundos apenas pudo apartarlo el servicio desinteresado de
los grandes ideales ciudadanos, en las horas de confusión y de peligro
para volver a ella, tras la brega, con las manos limpias y el corazón sin
contumelia y sin rencor. El prestigio de su espada, que arrebataba tras sí
las muchedumbres en las batallas por la República, no se usó nunca en
azares oscuros y tortuosos, sino que fue siempre sostén angular de las
tradiciones civiles de Colombia.

Cuando los vientos de la paz, soplaron sobre el país, él pensaba dejar las
armas y volver a sus faenas agrícolas; sobrevino entonces, otro hecho que
causó a ]a patria daño irreparable: la secesión de Panamá. Y con su
tercera división se alistó para dominar a los sublevados.

La consagración al bien público es una virtud eminentemente patriótica; es
una disposición constante a consagrar nuestras fuerzas y nuestra actividad
al bienestar y a la honra de la patria, a sacrificar nuestras personales
ventajas a utilidad común; es el sacrificio desinteresado y espontáneo de
nuestro tiempo, de nuestra fortuna, de nuestra tranquilidad individual, es
la ofrenda voluntaria que se deposita en el altar de la patria; y cuando
ésta se halla en peligro, cuando los enemigos la amenazan, exige grandes y
costosos esfuerzos; el verdadero patriota, el amante del bien público, se
sacrifica sin murmuración y sin quejarse de los males que la guerra trae
consigo; ve en dónde está el peligro y corre a vencerlo y dominarlo; sabe
en dónde está el mal y vuelve a impedirlo, y todo lo demás le importa
poco. En Ramón González Valencia es innato el amor a la patria, y el amor
al bien público en todas sus diferentes manifestaciones.

En una concentración patriótica en Pamplona, pronunciaba entre otras las
siguientes palabras:

"Por mi parte, señores, no obstante la fatiga y el cansancio que me
abruman, no obstante las esperanzas que abrigaba de retiro completo a
alguno de mis campos en pos de apetecido descanso, aquí me tenéis, a
vuestras órdenes; dispuesto estoy a todo y me sacrificaré gustoso si antes
puedo ver cómo mis compañeros continúan la lucha, y alcanzo a contemplar
siquiera allá a lo lejos, la empresa de nuestra redención. Me siento, como
os he dicho, fatigado, y sólo habían sido mis anhelos el descanso; puedo,
si vosotros me lo permitís, comparar mi situación a la del que termina
largo y penosísimo viaje, cuando las pisadas de mi caballo revelaban a los
queridísimos miembros de mi hogar mi llegada, cuando estos amantes seres
sollozaban con tan fausta noticia y palpitante de gozo abrían los brazos
para recibirme: cuando yo impulsado también por los mismos sentimientos
estimulaba mi corcel y alborozado y feliz me preparaba a rendir la que yo
creía mi última jornada para entregarme a los deberes de mi familia y
disfrutar del único bien a que aspiro en la vida, siento de repente que
alguien me alcanza un pliego que contiene orden perentoria de
contramarcha, y antes, pues, de recibir la sombra, bienhechora del techo
que abriga los encantos de mi existencia; antes de traspasar aquel umbral
del amor y la amistad; antes de ver y acariciar tan caros seres, vuelvo la
brida para lanzarme presuroso a cumplir deberes más sagrados, los deberes
que la Patria impone.

Después de aquel desastre se advertían síntomas de bonanza con el
apaciguamiento de los odios, deja las armas y regresa a sus faenas
agrícolas de Iscalá; encontró todo en el más completo abandono, la
desolación apoderada de sus antes fértiles campos; mas su energía y su
voluntad vencieron pronto estos obstáculos, y nuevamente hizo florecer su
haber. Alejado por completo de la milicia y aún de la política.

Allí lo sorprendió su elección para Vicepresidente de la República, su
popularidad en este último cargo alarmó al Presidente General Rafael
Reyes, quien puso en juego diversas influencias para obtener su renuncia.
El General González Valencia tuvo una entrevista en Duitama con el
Delegado Apostólico Monseñor Ragonessi y el doctor Luis Martínez Silva.
Luego de largas conversaciones Monseñor logró obtener las medidas
oficiales por parte del general González Valencia. La presentación de ésta
en aras de la paz es timbre de su patriotismo, y desde Duitama pasó el
siguiente telegrama:

"Por la tranquilidad de la patria y por las altas conveniencias del
partido, me despojo hoy espontáneamente ante la nación, de la dignidad con
que ésta, sin merecimiento de mi parte, me invistió".

Veamos lo que le comentaba el General Rafael Reyes a un amigo:

"Sucedió un hecho en el que tuve que desarrollar mis inclinaciones al
maniobrerismo. El general González Valencia, que tenía más prestigio que
yo, dentro del ejército y en las filas conservadoras, se negaba a
presentar renuncia de su cargo, de vicepresidente. Esa actitud de González
Valencia me impedía cerrar el círculo de mis programas. Me limitaba, para
ser franco. Ordené el sondeo del general y de esa encuesta resultó, que si
yo lo presionaba demasiado, el general se me retacaba, y entonces sí, se
armaba la grande. Los clérigos, cuando tienen las franjas rojas del
obispado, son dignos sucesores de los más avezados intrigantes de la
cristiandad. Monseñor Ragonessi, nuncio de su santidad, era un italiano
enchapado con las finuras y las exquisiteces mentales de su patria y con
más labia y recovecos que las catacumbas. Ragonessi, desde que llegó a
Bogotá se hizo mi amigo. Y no veía la hora de servirme. Lo llamé y con ese
lenguaje, que ya debe haberse vuelto internacional, de puro usado, es
decir, el de las medias palabras, lo puse en conocimiento de la situación.
El tonsurado me pidió que le diera a un civil de escolta y de colaborador.
Agregué a Carlos Martínez Silva a la campaña para convencer sin estruendo
al general González Valencia para que, en rapto de generosidad partidista,
me dejara las manos libres, con su renuncia. A monseñor, le insinué con
mucho tino que si veía la batalla perdida, recurriera al instrumento de
los afectos y sin ser muy enfático, le puse el argumento más elemental: si
González no deja la vicepresidencia, me veré en la penosa necesidad de
recurrir al liberalismo, para alcanzar la realización de mis proyectos. La
cita fue en Duitama. González Valencia, muy protocolario y conocedor de su
gran prestigio, se dejó consentir como la favorita de un harén. Dos días
después de la reunión González persistía en no dejar el cargo, Ragonessi
tuvo el talento de lanzar el arpón cuando el pez se le escapaba y lo
pescó. González anunció: renuncio para seguir sirviendo al gran partido
conservador. El telegrama me llegó a la media noche. Lo abrí y me eché la
bendición. Santa Rita de Casia, vencedora de imposibles, me había salvado
una vez más".

Lejos estaba del ánimo del gran caudillo tal idea; él era amigo de la paz
y la legalidad, tampoco su carácter se melló. De sus derechos nada se
lesionó. Así demostró entenderlo el mismo Reyes cuando años más tarde,
sintiéndose sin el respaldo de la opinión pública, citó a González
Valencia a una conferencia en Gamarra, a donde concurrió acompañado del
doctor Emilio Ferrero, y de don Agustín Berti. En esta histórica
conferencia Reyes ofreció a González Valencia el ministerio de gobierno
con carácter de designado para ejercer el poder ejecutivo. González
Valencia rechazó de plano, y regresó nuevamente a su hacienda de Iscalá.

El general Reyes, simulando una excursión a Santa Marta iba camino de
Europa, y el 13 de junio de 1909, abandonó el país. El Congreso se reunió
el 20 de junio y el 3 de agosto eligió al General Ramón González Valencia,
Presidente de la República para el resto del sexenio que terminaba el 7 de
agosto de 1910.

En las difíciles circunstancias en que se hallaba el país, le correspondió
dirigir el retorno del régimen constitucional, devolviendo la tranquilidad
a todos los hogares y su saludable actividad a la vida ciudadana y,
consiguientemente, dio amplias garantías al adversario, constituyó un
Ministerio con ciudadanos notables de los partidos Conservador y Liberal
pertenecientes a la llamada unión republicana. Restableció el Ministerio
del Tesoro, que centralizó la ordenación de los gastos nacionales;
determinó las rentas nacionales y los gastos del servicio público que
debía hacer la nación; restableció la división territorial que existía en
1905 de los Departamentos; creación del Departamento Norte de Santander,
con su capital en San José de Cúcuta y señaló las condiciones para crear
nuevos Departamentos.

Grande esfuerzo costó a la corta administración de González Valencia
mantener los servicios públicos mediante economías y sacrificios; la labor
era ingrata por falta de medios, con un presupuesto desequilibrado,
mermadas notoriamente algunas rentas, comprometidas otras y aumentados los
gastos con exceso debido a la situación militar creada con motivo de la
guerra. Se vio obligado a licenciar tropas y a reducir el personal del
Cuartel General y de los Estados Mayores, la medida se acometió con
firmeza. Del ejército regular se licenciaron diez mil hombres y se redujo
en gran manera el personal de empleados de las altas asignaciones; de
éstas reducciones que se hicieron arrojaban una economía, según el mensaje
del Presidente a la Asamblea por un total de $ 45.000 pesos oro mensuales.
Convocó una Asamblea Nacional Constituyente, las principales reformas
constitucionales fueron:

"Abolición de la pena de muerte; prohibición de toda nueva emisión de
papel moneda; reunión anual del Congreso; elección anual de dos designados
hecha por el Congreso; elección popular del Presidente de la República,
para un período de cuatro años; el Presidente no es reelegible para el
período inmediato; prohibición al Presidente o a quien hiciere sus veces,
de salir del territorio nacional durante el ejercicio del gobierno y un
año después, sin permiso del Senado; la alternabilidad presidencial,
impidiendo la reelección para el período inmediato; mayor precisión de las
facultades del presidente en caso de guerra exterior o de conmoción
interior.

"Tengo el honor, decía el Presidente González Valencia a la Asamblea, de
haber contribuido a echar los cimientos de la reorganización militar, la
cual tiene por objeto el hacer del ejército una verdadera institución
nacional, orgullo del pueblo colombiano y égida de libertades, derechos y
deberes. Importante para esta labor ha sido el concurso de la Misión
Chilena".

Su administración brilló por su probidad y tolerancia, y enrrumbó
suavemente el carro de la República, por su desprendimiento y amor a la
paz.

Su último cargo como funcionario, fue el de Embajador Extraordinario de
Colombia ante el gobierno de Venezuela; en la administración de Carlos E.
Restrepo, regresando al país el 29 de julio de 1911, fijando su residencia
en Pamplona, sin abandonar su hacienda de Iscalá que estaba tan ligada a
sus afectos familiares, a sus campañas de armas y a sus faenas de trabajo
de la tierra.

Concluida y normalizada la vida civil de la República, el General Ramón
González Valencia quiso regresar a sus fincas de "La Selva" y "Orope" en
Bochalema, pero encontró que uno de sus arrendatarios se apoderó de dicha
hacienda tocándole entablar un juicio para poderla recuperar, además la
prensa de aquella época y sus enemigos le atacaban en toda forma: "Se me
hacen cargos y acusaciones monstruosamente injustos que paso a contestar.
Treinta años hará aproximadamente que, en asocio de mí finado tío, el
doctor Antonio Valencia, compre a los señores Gabriel Mendoza y Nicomedes
Villamizar, los extensos y fértiles terrenos de "Orope", incultos en su
mayor parte hasta entonces, y convertidos hoy merced a una labor no
interrumpida, sino por nuestras frecuentes y desastrosas guerras civiles,
en una de las haciendas más valiosas y florecientes de la provincia de
Cúcuta. Allí vivía en completa armonía conmigo hasta la época de la guerra
que acaba de pasar, durante la cual determinado jefe revolucionario, cuyo
nombre callo por respeto a su tumba por animosidad contra mí, hizo creer a
Méndez que si la revolución triunfaba, él sería el dueño de mi propiedad.

Ese es el crimen que se me imputa, ese el escándalo de que se ha querido
hacer arma política contra mí; y no me ocuparía en contestar, si no fuera
porque se trata de mancillar mi honra, que, a Dios gracias, he podido
salvar y que debo traspasar ilesa a mis hijos. Aprovecho la ocasión para
decir algo de mi hermano Luis Eusebio: si yo le hubiese procurado en
alguna vez algún contrato productivo; si le hubiese dado algún destino de
gran sueldo de manejo en tiempo de paz, quizá tendrían razón para
criticármelo. Pero confiarle un empleo militar como el muy honorífico de
Inspector General de la línea de batalla en Palonegro que le diera el
General Pinzón, el buen desempeño del cual le valió el ascenso que tan
eximio General le concediera... Hacerlo yo jefe de operaciones en alguno
de tantos combates como Altoviento y Valladolid en donde entró de los
primeros para comprometer así a los demás y tomar como tomaron a fuego y
sangre formidables trincheras, es bien digno de censura, por cierto.
Criticar cosas como éstas es cometer la mayor de las injusticias. Así
podría decir de todos mis parientes, cuya sangre corrió en la Amarilla,
Palonegro, Sitio de Cúcuta y Panamá, y si mis hijos hubieran tenido edad
de acompañarme, hubieran sido mis ayudantes, como lo fueron, con
abnegación y valor, mis sobrinos, mis primos y demás allegados de mi
numerosa familia". Y en carta dirigida a su amigo el General José Joaquín
Villamizar le decía: "La prensa comienza a maltratarme: era lo que me
faltaba y ya sabe Dios las demás pruebas que se me esperan por los
sacrificios que he hecho, hasta el extremo de ver amenazada mi familia de
hambre porque mi ruina es perfecta".

De los últimos actos de su gobierno, como gobernador de Santander,
construyó el Palacio de la Gobernación, conocido como la "Cúpula Chata".

Además desarrolló otras actividades, todas en beneficio de la sociedad en
que actuara. El doctor e historiador Martín Carvajal, comenta: "Hizo venir
a su costa la comunidad de hermanitas de los Ancianos desamparados, desde
Valencia, en España hasta Pamplona, y tengo precisamente en mi poder el
detalle de esa gran obra que aún está produciendo sus buenos efectos
sociales, y que se ha extendido por el país, merced a la intervención de
tan generoso bienhechor de la humanidad".

Fue también fundador de la Compañía Eléctrica de Chinácota, en el año de
1911, como lo reza la Escritura pública No. 340 agosto 28 y cuyo capital
fue de $ 10.000 de diez décimos figurando como socios los señores: José
Joaquín Camargo. General David Conde, General Espíritu Santos Morales,
José Canal, José Antonio Valero Romero y Manuel Waldo Carrero. "Honorables
miembros del Concejo Municipal. Yo, Ramón González Valencia, mayor de
edad, vecino de este municipio, en mi carácter de Presidente de la Junta
Directiva de la Sociedad denominada "Compañía del Alumbrado Eléctrico de
Chinácota", que tiene su domicilio en esta ciudad, represento
respetuosamente: Por escritura No. 0.340 otorgada ante el notario de este
Circuito el 28 del pasado agosto, se fundó dicha Compañía, entre otros
fines para instalar, administrar y explotar el alumbrado eléctrico de esta
ciudad y establecer y explotar otras empresas de interés público... de la
cual se me hizo el honor de elegirme Presidente. Entre las atribuciones
está… la de acometer el establecimiento en la ciudad de agua potable
suficiente para el abasto de la ciudad... Sin causar daño a terceros, así
como aumentar a su costo la corriente de agua de la quebrada de Iscalá. El
7 de agosto de 1914 la ciudad de Chinácota inauguraba su planta eléctrica.

En las elecciones que se realizaron el 18 de enero de 1914, fue elegido
Concejal de Chinácota y lo fue durante varios años. De igual manera
participó y salió elegido en las efectuadas el 12 de junio de 1919.

Larga sería la historia detallada de su vida, que está íntimamente ligada
con la patria, durante tantos años tan fecundos en cambios y en sucesos
para Colombia. Desde muy temprana edad, empezó el trabajo cotidiano, y
cuando fue necesario luchar, peleó en primera fila y como bueno, hasta
alcanzar y obtener las charreteras de General. Pertenecía a esa clase de
hombres que ha visto Colombia, hábiles en la Magistratura y en el campo de
batalla. Valeroso hasta la temeridad, afrontaba el peligro sin medirlo, y
no hubo humana consideración que lo hiciese vacilar cuando su conciencia
lo gritaba ¡Adelante! Su entusiasmo fue siempre intenso, siempre igual, y
si el desaliento paralizaba todos los corazones, el suyo sabía mantenerse
ardoroso, y a él se arrimaban los abatidos para calentarse al fuego de su
energía. La moderación de sus principios y de su carácter lo mantuvo
siempre alejado de los extremos partidistas, aún en las épocas más
calamitosas, en aquellas en que los rencores políticos desconocen los más
elementales principios de humanidad y de justicia. El General González
Valencia, se mantuvo dentro de los límites de la equidad y de la
moderación; ajeno a todo sentimiento de rencor, jamás se dejó llevar de
las pasiones políticas; y siempre fue el primero en combatir enérgicamente
las medidas violentas o de persecución que se proponían, pues fue su mayor
anhelo propender porque la bandera nacional cubriera por igual a todos los
colombianos. No conoció el cansancio ni la fatiga, y andaba a pié y
montaba a caballo con agilidad enteramente juvenil; pues entre tantas
cualidades tuvo la de una gran presencia, honor y orgullo de la raza, pues
fue la réplica de un emir árabe, con su apostura elegantísima, su
fisonomía de perfecto morisco, su barba nazarena, su mirada tranquila pero
penetrante, sus maneras dignísimas, su afabilidad sin igual.

Encontrándose enfermo en Pamplona le decía a un amigo:

"Ya no tengo sino dos misiones sobre la tierra: disponer debidamente les
negocios de familia y preparar mi alma para la muerte". Y Dios lo condujo
de la mano a esa preparación; ese hombre que vivió días tan agitados y
difíciles, soltó los remos de su barca en una bonanza apacible. Larga y
pecosa fue su enfermedad la que soportó con resignación como verdadero
cristiano, y fue vencido en el último combate de la vida, ante ese enemigo
aterrador "La muerte"; en su lecho de enfermo recibía las atenciones de su
compañera esposa, hijos y demás familiares, que lo consolaban ya que para
mayor amargura había quedado ciego.

Hace cincuenta años que en la ciudad mitrada ye apagó apaciblemente a la
luz terrena la noble vida de Ramón González Valencia, varón consular en
quien se encarnaron de modo excelente las grandes virtudes de la
democracia cristiana.

"En la parroquia de Las Nieves a cuatro de octubre de mil novecientos
veintiocho, se dio sepultura eclesiástica al cadáver del General Ramón
González Valencia -Expresidente de Colombia, casado con la señora Antonia
Perrero, hijo legítimo de Rafael González R. y Susana Valencia. Murió ayer
a la edad de setenta y siete años- nació en Chitagá el veinticuatro de
mayo de mil ochocientos cincuenta y uno. Fue Uremia la causa de su muerte.
Recibió los sacramentos de penitencia. Comunión y Extremaunción. Doy fe,
Justo Pastor Patino. Pbro.".

La figura severa, caballeresca y pura de Ramón González Valencia, se
perfila en los anales colombianos como un hito que marca los días
gloriosos y memorables para la Patria, a la cual ofrendó esa su ardorosa
valentía comparable sólo c la de los paladines de antaño, de vieja
estampa. Caudillo guerrero, bello modelo de soldado, ser magnánimo y
generoso, vertiendo el ánfora de su alma como bálsamo cordial aún en medio
de las más crudas contiendas.

Llega para el General la última hora de su vida. En SU lecho de muerte, el
pecho que cubrió la banda presidencial estaba agitado por el estertor de
la muerte; o la mano que empuñó la vencedora espada en muchos combates,
asía el Crucifijo de los hijos del Salvador, y así se presentó a Dios
aquel varón insigne que nunca cometió una injusticia.




Este articulo se tomó de la página de www.chinácota.com
CENTRO DE HISTORIA DE CHINÁCOTA
Semblanza del general Ramón González Valencia
Coronel (r) Manuel Darío Sosa Camargo

El General conservador Ramón González Valencia (1851-1928) nació en Chitagá y murió a la edad de 77 años en Pamplona.

Denominado por sus heroicas actuaciones en el campo de batalla el Bayardo Colombiano, adelantó estudios en el Colegio Mayor del Rosario en Bogotá y ejerció el poder como Primer Mandatario de la nación entre 1909-1910 para terminar el período presidencial del general Rafael Reyes.

Participó como soldado raso en las batallas de La Humareda y en el combate de Hatogrande durante la revolución de 1876. Ayudante de campo del general Leonardo Canal salvó su vida al norte de Pamplona, en el camino de Silos, en el Alto de Canuto.

Combatió en las batallas de La Amarilla, Peralonso, Palonegro y el Sitio
de Cúcuta. Se distinguió por su fortaleza humana y el arrojo y valor en
las refriegas, dadas sus condiciones de experto jinete y valeroso soldado.

Organizó un ejército le 20.000 hombres, distribuido en cinco cuerpos: En
Panamá, el litoral Atlántico, Santander, Boyacá y Cundinamarca.

Prestó invaluables servicios a la República en defensa de su
institucionalidad y ocupó importantes cargos como ministro de Guerra, Jefe civil y Militar de Santander, Representante y Senador, Vicepresidente,

Primer Designado y Presidente. Embajador en Venezuela, se distinguió por
el decoroso ejercicio de los elevados cargos con que fuera distinguido.

Durante su corto período presidencial gobernó con los dos partidos
tradicionales, contribuyó a la reforma constitucional de 1910 la cual
abolió la pena de muerte y redujo el período presidencial de seis a cuatro años. Con Reyes contribuyó a la reforma militar de 1907 y a la creación inicial de un ejército profesional. Se opuso abiertamente al juzgamiento del general Rafael Uribe Uribe, y al efecto hizo llegar al señor José Joaquín Casas, ministro del presidente Marroquín, el siguiente telegrama:

"He conocido la injustificada orden de usted para el general Tovar,
relativa al juzgamiento del general Uribe en el consejo verbal de guerra.

Al ser preciso mi espada y mi ejército se hallan listos a impedir que
tamaño baldón caiga sobre el partido conservador y la República".

Generoso con los vencidos patrocinó la repatriación de los asilados en Venezuela.

Casó con doña Antonia Ferrero Atalaya, el 10 de mayo de 1880 en Chinácota
y de su unión hubo siete hijos. Para honrar su memoria fue bautizada con
su sigla la población nortesantandereana de Ragonvalia. El parque
principal de Chinácota así como el hospital Ramón González Valencia, en la ciudad de Bucaramanga, llevan su nombre. Fundador del departamento de
Norte de Santander. Paradigma de la paz y el orden se recordará siempre
por sus altísimas ejecutorias, propias de su estirpe y abolengo.

El periódico El Tiempo de mayo 4 de 1828, y con motivo de su muerte,
encabezó un brillante escrito a su memoria con las siguientes palabras:

"El señor general Ramón González Valencia, fallecido ayer en su residencia de Pamplona, fue uno de los valores más auténticos y respetables de que pueda ufanarse la República y uno de los ciudadanos que con mayor dignidad han desempeñado la Presidencia de Colombia.
(ACORE No. 408 - Diciembre 2001)


TRATADO DE PAZ DE CHINACOTA - www.chinacota.com General Ramón González
Valencia Tratado de Paz, versiones y Comisión Preparatoria/2001
Informe de la visita Presidencial con motivo del Centenario del Tratado de Paz

RAMÓN GONZÁLEZ VALENCIA PROTAGONISTA DEL TRATADO DE PAZ DE CHINÁCOTA

21 de noviembre de 2002 Por: Guido Pérez Arévalo

24 de mayo de 1851. En una casona colonial de Chitagá, en el hogar formado por Rafael González Rodríguez y Susana Valencia Bautista, nace Ramón González Valencia.

10 de mayo de 1888. Ramón González Valencia contrae matrimonio con doña
Antonia Ferrero Atalaya, nacida en Cúcuta pero residente en la Hacienda El Caney.
De su unión nacen ocho hijos: Alicia, Susana, Carmen, Matilde (muere a
temprana edad), Rafael, Margot, Carlos y Matilde. Ya es un militar de
prestigio. Inició su carrera en la batalla de Altogrande.

17 de octubre de 1899. Comienza la Guerra de los Mil Días. Los liberales
se levantan contra el régimen conservador. Los movimientos revoluciona-rios se inician en Bucaramanga, Estado Soberano de Santander, bajo la
orientación de los generales Pablo Emilio Villar, Rafael Uribe Uribe,
Benjamín Herrera y Justo L. Durán.

20 de agosto de 1900. Ramón González Valencia toma posesión en Cúcuta de
la Gobernación de Santander. A mediados de septiembre llega a Bucaramanga
a organizar su gobierno.

6 de abril de 1901. El General González Valencia se posesiona como
Ministro de Guerra. En agosto vuelve al cargo de Jefe Civil y Militar de
Santander.

7 de septiembre de 1902. Dice La Unidad Católica No. 349, de Pamplona:
"Para manifestar al general González una adhesión franca y un voto de
aplauso a los grandes esfuerzos que se ha tomado para llevar a cabo la
pacificación del interior de la República y de Santander, se reunieron el
7 del presente casi todos los conservadores de la ciudad, y se colocaron
en la calle frente a su casa de habitación, acompañados de banda militar.
Como voceros de aquel comicio verdaderamente popular, llevaron la palabra
D. José Beatriz Camargo, D. Julio Pérez F., Generales Valdivieso y Parra y el doctor Habacuc Otálora, cuyos discursos creemos serán publicados en el Bien Público".
El General González contestó conmovido a tales manifestaciones, las
cuales supo atribuir a los jefes, oficiales y soldados que componen su
ejército, a quienes atribuye todos los méritos y buenos resultados de la
campaña. El lunes en la noche hicieron también acto de presencia las
señoras y señoritas conservadoras dentro de la casa del General González,
y manifestaron por medio de dos señoritas: Herminia Peralta y Ana Mercedes Bautista, su tributo de gratitud y admiración por las prendas católicas que le adornan en todas sus evoluciones militares. También a ellas contestó patéticas frases, haciendo el recuento de los sacrificios que, como hombre de negocios, de partido, de hogar y de profundos afectos, tuvo que imponer a su corazón para lanzarse al campo de Marte".

15 de septiembre de 1902. La Unidad Católica, en su número 349, registra
la siguiente información: "Después de una larga ausencia a causa de la
expedición al Sur, con motivo de las complicaciones del interior,
originadas por Mc Allister, Soto y por la invasión venezolana de los
Llanos, el ejército de Santander ha llegado íntegro con su benemérito
General D. Ramón González V. La significación que entrañan los esfuerzos
de esta expedición la vendrán a valorar, en su enorme magnitud, el tiempo
y el desenlace de la guerra. Las jornadas de San Miguel, El Guavio y
Medina, vinieron a coronar el resultado de esta expedición. No
acostumbrada la revolución del interior a resistir el empuje del soldado
santandereano, tuvo que retroceder a los primeros golpes y desbandarse.
Bendito sea Dios que concedió a la totalidad de dicha expedición el
regresar a sus hogares, después de haberse exhibido valerosa, triunfante y tenaz en la prolongada campaña. A tanto llegan la firmeza y abnegación de un solo jefe cuando por la fe y por el amor patrio, deja los demás
intereses con heroico desprendimiento. Damos, pues, la bienvenida a los
recién llegados, y la enhorabuena a todas sus familias. Insólita fue por
lo mismo la alegría de la ciudad, gigantesco el entusiasmo; y las vivas,
la música y los cohetes no eran si no un débil símbolo de las palpitaciones del corazón. Quiera Dios que la suerte voltaria de la guerra no los obligue a alejarse de nuevo de los hogares nativos.

1º de octubre de 1902. La Unidad Católica, en su número 350, informa: "El
Sr. General Ramón González V. se encargó de nuevo de la Gobernación de
Santander, desde principios de este mes, con el fin de dar más unidad a
los trabajos de pacificación del Departamento. Accidentalmente funciona
como Gobernador en esta ciudad, mientras que, dominados los temores que
parten de la frontera venezolana, puede trasladarse a la capital del
Departamento. Conocidos sus antecedentes y sus meritísimos servicios,
cuánto no se puede aguardar de la labor administrativa del Sr. Gobernador, aún en medio de la aflictiva situación en que nos hallamos, y cercado como se encuentra de problemas arduos cuya solución se impone..."

21 de noviembre de 1902. El 21 de noviembre de 1902, el General firma con
Ricardo Jaramillo y Ricardo Tirado Macías el Tratado de Paz de Chinácota,
uno de los tres tratados que puso fin a la "Guerra de los Mil Días".
16 de diciembre de 1902. La Unidad Católica, segunda edición de diciembre, dice: "El General D. Ramón González V. Gobernador del Departamento, después de una larga permanencia en su Cuartel General de Pamplona, se dirigió a la Capital el 16 de diciembre para empezar ya la labor de reconstrucción y reorganización del gobierno civil hoy que parece establecida de nuevo la paz en Colombia, después de los Tratados de Neerlandia, Panamá y Chinácota.
Pedimos al Cielo abundantes gracias para el Sr. Gobernador a fin de que
logre salir victorioso en las complicadas luchas de la paz, tal como lo
alcanzó en las en las campañas militares".

4 de julio de 1904. El Gran Consejo Electoral formado por representantes
de las Asambleas Electorales de cada departamento elige como Presidente de la República al General Rafael Reyes y como Vicepresidente al General
Ramón González Valencia. El Presidente fue elegido con 994 votos y el
Vicepresidente con 1907.

9 de marzo de 1905. Renuncia de la Vicepresidencia. La Unidad Católica, en su número 408, informa: "En la población de Duitama, después de cinco días de conferencias con el Excelentísimo Delegado Apostólico, Ilustrísimo Ragonessi y movido por altas razones políticas, hizo su renuncia de la Vicepresidencia de la República el General D. Ramón González Valencia. Nos inclinamos reverentes ante el ilustre ejemplo de civismo y de abnegación que ha dado este benemérito paladín de la Nación". El Nuncio había notificado al general González Valencia que el cargo sería suprimido si se negaba a renunciar. El gallardo General redactó, entonces, un mensaje dirigido a la Nación, que finaliza con las siguientes palabras: "Por la tranquilidad de la Patria y por las altas conveniencias del partido, me despojo hoy espontáneamente, ante la Nación, de la dignidad con que ésta, sin merecimientos de mi parte, me invistió por voto casi unánime y con la cual me he considerado tanto más honrado cuanto menos lo ambicioné".

4 de febrero de 1907. Monseñor Francisco Ragonessi, Delegado Apostólico,
visitó al General Ramón González Valencia, en Iscalá. Así lo registra un
número extraordinario de Unidad Católica, publicado con motivo de la
visita del Prelado a la Diócesis de Pamplona, efectuada entre el 31 de
enero y el 16 de febrero de 1907.

3 de agosto de 1909. El Congreso elige al General González Valencia como
Presidente de la República para terminar el período del General Rafael
Reyes, quien dejó el Poder. Su gobierno concluyó el 7 de agosto de 1910.

Durante su mandato se creó el Departamento Norte de Santander y se
adelantó una reforma constitucional a través de la Asamblea Nacional
Constituyente, convocada el 25 de febrero de 1910.

3 de octubre de 1928. A la edad de 77 años, el General Ramón González
Valencia muere en Pamplona.

21 de agosto de 1952. La Gobernación del Norte de Santander expide el
Decreto No. 688 de 1952, para conmemorar los cincuenta años del Tratado de Paz de Chinácota, con los siguientes artículos:

Artículo Primero: Declárase día cívico en el Departamento el 21 de
noviembre del corriente año como un homenaje a la ciudad de Chinácota por
la conmemoración de tan importante acontecimiento en la vida de la
República.
Artículo Segundo: Destínase la suma de diez mil pesos ($10.000.oo) como
aporte del Gobierno Departamental para la construcción del Palacio
Municipal de la ciudad de Chinácota.
Parágrafo: El Palacio Municipal de Chinácota llevará el nombre de Ramón
González Valencia.
Artículo Tercero: El Gobierno del Departamento continuará en breve tiempo
los trabajos de la carretera Chinácota - Toledo hasta su terminación.
Artículo Cuarto: La Dirección de Educación elaborará en su oportunidad los programas con que todos los colegios y escuelas del Departamento se
asociarán a tan magna recordación histórica.
Artículo Quinto: El Gobierno Departamental se hará presente en todos los
actos conmemorativos que se verifiquen en la ilustre ciudad de Chinácota.
Comuníquese, publíquese y cúmplase. Expedido en San José de Cúcuta, a los
veintiún días del mes de agosto de mil novecientos cincuenta y dos.
Oscar Vergel Pacheco, Gobernador
Carlos Valencia, Secretario General
Rafael Canal Sorzano, Secretario de Hacienda Departamental
Carlos Hernández Yaruro, Secretario de Educación
Pascual Castro Arciniegas, Secretario de Obras Públicas
Nicodemus Rangel Acevedo, Secretario de Agricultura y Ganadería.
21 de noviembre de 1952. Don Guillermo Solano Benítez, autor de Cincuenta
años de vida nortesantandereana, en la página 236 del tomo V, dice:
"Los siguientes fueron los actos principales de esta efeméride:
A las nueve de la mañana, Misa Solemne oficiada por Monseñor Forero con
oración patriótica de Monseñor Pedro José Ortiz.
A las diez, copa de champaña en el Club de Chinácota como homenaje a
Rafael González Valencia. Hizo el ofrecimiento el Director de Educación
Carlos Hernández Yaruro.
A las once, colocación de una placa recordatoria en la casa donde fue
firmado este tratado, con discurso de Luis Gabriel Castro.
A las doce del día almuerzo en el Colegio de la Presentación en homenaje a los asistentes, ofrecido por el hijo de Chinácota Nicodemus Rangel
Acevedo. Entre los asistentes además de los nombrados estaban los doctores Alvaro Luna Gómez y Manuel Coronado, en representación del municipio de Cúcuta, y por el Directorio Departamental Conservador los doctores Miguel García-Herreros, Darío Marín Vanegas y Eusebio Cabrales".

"Con motivo del cincuentenario anterior -dice el señor Solano Benítez- el
alcalde de Chinácota Rafael Leal Lozano inició el 4 de diciembre de 1951
la construcción del Parque Ricaurte, el cual sería inaugurado el 21 de
noviembre de 1952 en homenaje al General Ramón González Valencia... Los
planos del parque habían sido elaborados por los ingenieros Gonzalo
Castellanos, Marino Arce y Luis A. Ordóñez".

21 de noviembre de 2001. Actos preparatorios del Centenario. Por
iniciativa del Doctor Jorge Muñoz Jaimes, entre el 20 y 21 de noviembre de 2001, se realizaron los actos preparatorios del centenario de la firma del Tratado de Paz de Chinácota. Se trataba, de acuerdo con el deseo del señor Muñoz, de iniciar una pedagogía nacional para exaltar los más
significativos actos de paz en el territorio nacional.
La organización contó con la participación de la Comisión de Paz de la
Cámara de Representantes, cuyo Secretario es el doctor Jesús Alfonso
Rodríguez.
El señor Anders Kompass, director de la Oficina del Alto Comisionado de
Naciones Unidas para los derechos humanos, asistió a los actos y fue
galardonado con la primera condecoración "Ramón González Valencia". El
artista Yesid Rodríguez le obsequió un Cristo, tallado en madera.
Iguamente, estuvieron presentes, el Doctor Cifuentes, Defensor del Pueblo, el Gobernador del Norte de Santander, Juan Alcides Santaella, los
Representante a la Cámara, Juan Manuel Corzo y Antonio Navarro Wolf;
Igualmente, los doctores Eustorgio Colmenares, Director de La Opinión,
Carlos Darío Gómez, Presidente de la Academia de Historia de Norte de
Santander, Ramiro Luna Conde, Diputado a la Asamblea, Edgar Díaz, Concejal de Cúcuta, Marco Tulio Márquez Rozo, Alcalde Municipal, con todo su equipo de gobierno y distinguidas personalidades de la región.
La Alcaldía Municipal, mediante decreto, declaró día cívico.

21 de noviembre de 2002 . Con la presencia del Señor Presidente de la
República, Doctor Álvaro Uribe Vélez, la Ministra de Comunicaciones,
doctora Martha Pinto de Hart; el General Carreño; el Director General de
Adpostal, Dr. Armando Serrano Mantilla y otras distinguidas personalidades de toda la Nación, se conmemoraron los cien años de la firma de Tratado de Paz de Chinácota.
Se destaca, igualmente, la presencia del Señor Gobernador, Dr. Juan
Alcides Santaella, el Alcalde de Cúcuta, Dr. Manuel Guillermo Mora, el
Director de La Opinión, Dr. Eustorgio Comenares, los alcaldes de la región
Suroriental, el Alcalde Municipal, Dr. Marco Tulio Márquez, el Presidente
de la Academia de Historia del Norte de Santander, Dr. Carlos Darío Gómez, el Párroco, R.P. Luis Jesús Albarracín, y el Presidente del Centro de Historia de Chinácota, Dr. Mario Mejía Díaz. El Dr. Jorge Muñoz Jaimes fue el gestor y Coordinador General de los actos.
Este documento fue distribuido entre los integrantes de la Comitiva
Presidencial, así como una preciosa cerámica con el texto del Tratado. Se
distribuyó, igualmente, el sobre con la estampilla conmemorativa del
Centenario.
Investigación y comentarios: Guido Pérez Arévalo
Bibliografía:
- Cincuenta Años de Vida Nortesantandereana
- Unidad Católica, de Pamplona
- Gaceta Departamental
- Fotografías: Muestra Museo Nacional, Leopoldo Mantilla
www.chinacota.com


Creado por perico200 | 0 comentarios | 23/10/04 01:03

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