Chitagá bicentenaria
DE VIACRUCIS en Chitagá bicentenaria
DE VIACRUCIS
Con la venia y autorización expresa de mi querido y admirado hermano Cheo he subido su recién editado libro "De Viacrucis"
CARATULA
Eliseo Villamizar Antolinez
DE VIACRUCIS Y OTROS CUENTOS
PUENTE REAL (CHITAGA)
CORPOCHITAGA 200 AÑOS
TAPA TRACERA
"Sorprende en Eliseo Villamizar su condición innata de narrador, su relato fluye con naturalidad y frescura, sin mayores sobresaltos; el ritmo que acarrean sus frases lo acercan, incluso, a momentos felices. Tal vez este don de contar historias con la fluidez de un torrente de montaña pueda amenazar con cierta falta de rigor, un escape del tema central que puede desequilibrar un tanto la proporción que exigen las partes de la materia tratada; pero algunos de estos riesgos son obviados por el buen uso de la gracia y del humor, la divertida utilización de algunos elementos emparentados con el lenguaje cinematográfico: acotaciones, secuencias, claroscuros, esfumados; y también por el uso del lenguaje vivo de su entorno, que no escamotea presuntuosamente en aras de un sospechoso "buen decir". Consiente de que en literatura no hay aldea que no sea susceptible de acceder a un lugar en el universo, el autor cuenta las pequeñas historias de su tierra natal con desparpajo, sin complejos de inferioridad ni timidez. Los personajes principales se dibujan con precisión y aun los secundarios alcanzan sólida presencia por su fuerza descriptiva, por el acertado uso del detalle."
( Guillermo Maldonado Pérez, Premio Casa de las Américas)
PESTAÑA
EL AUTOR
Nació en Chitagá (N-S), cursó los estudios primarios en Chitagá, bachillerato en el Colegio Carmelitano de Pamplona, Economista en la Universidad nacional de Bogotá y postgrado en la Escuela Superior de Administración Pública "ESAP". Profesor de las Universidades Nacional, Autónoma de Colombia, Jorge Tadeo Lozano, Cooperativa de Colombia durante mas de veinticuatro años. Ha sido representante de los profesores al Consejo Directivo y a la Asamblea General de la Universidad Autónoma de Colombia durante 4 años, miembro del Consejo Académico de la Universidad Cooperativa en 1981.
Ha trabajado en el Fondo Rotatorio del Ministerio de Justicia y en el Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario. Fundador y presidente de la Fundación Arte y Cárcel, organización dedicada a la promoción y desarrollo de las capacidades creativas de los reclusos. Director de la revista literaria Arte y Cárcel y coautor de tres libros de cuentos publicados bajo el titulo "Cuentos desde la Cárcel". Fundador de la Corporación para el Desarrollo Académico y Social "CORPOAUTONOMA" y de La Corporación para el Desarrollo de Chitagá, "CORPOCHITAGA 200 AÑOS"
Ha publicado una serie de cuentos dentro de los cuales se destacan De Regreso y "El Fusil de Queso (1.989), Aurelio (1.990), Pacho Guebo (1.990), Y Nos Vieron Pasar (1.991), El Virus y Fausto (1.992) Nube Rosada (1.993), próximamente publicará la novela El Aguila y Margarita.
ELISEO VILLAMIZAR ANTOLINEZ
DE VIACRUCIS Y OTROS CUENTOS
CORPOCHITAGA 200 AÑOS
Para: Fausto, Ilich Sebastián, Tania Juanita y Camilo Ernesto, raíz y ramas del terruño.
INDICE
1. PRESENTACION
2. PROLOGO
3. DE VIACRUCIS
* La Audición
* Las caídas del Mono Camargo
* Nasario y sus treinta monedas
* El Centurión y sus falsetes
* Poncio el guardameta
* Los traspiés de la Verónica
* El cura Gildardo
* Las películas
4. LA VOZ DEL CONTENTO
* El deportista
* El carpintero
* El músico
* El encuentro
* 30 años atrás
5. ENTRE CAMUFLADOS
CHITAGÁ,
DOS CENTURIAS.
Antes de la creación oficial de Chitagá, el territorio de las hoyas hidrográficas de los ríos Chitagá, Cáraba, Valegrá y Rotambría había sido ocupado parcialmente por grupos indígenas chitareros de la familia Chibcha, desde algunos milenios antes.
Los Chitareros, vocablo relacionado con el sentido de agua corriente y, además, con los recipientes (calabazos) utilizados para transportar el agua y otros líquidos, habían ocupado también el espacio que luego se llamaría el "Valle del Arrayanal", nombre anterior del sitio de Chitagá. Es a partir de los pobladores indígenas, que junto con el evento colonial español, especialmente del siglo XVI, empezó a conformarse lo que hoy podemos entender como Chitagá y ser Chitaguense.
Más allá del nombre administrativo del municipio, nos referimos al sentido de comunidad y de pertenencia a un territorio que se construye lentamente a partir de unos elementos naturales con los que los grupos humanos interactúan para dar forma y función a aquello que podríamos llamar paisaje, terruño, patria chica, la tierra, u otras denominaciones que de una u otra manera nos identifican en el proceso de construcción social del espacio Chitaguense.
- QUÉ CELEBRAMOS ?.
Puesto que la creación oficial (administrativa) de Chitagá ocurrió en el diciembre del año 1804, recordaremos ese acto en diciembre de 2004. Dos centurias después, pero sin olvidar la formación social-territorial de los milenios anteriores a partir de nuestros ancestros chitareros.
Celebramos pues, ese sentido de comunidad, pertenencia y por lo tanto de identidad social que nos liga indisolublemente a Chitagá. Chitagá, allí donde nacimos y /o vivimos, donde está la herencia cultural forjada por nuestros mayores, allí donde radican nuestros primeros recuerdos, allí donde tejimos esos lazos de parentesco, amistad, amor, ilusiones . . .
Y claro, queremos celebrar todo ese tiempo o transcurrir que nos explica lo que somos, nuestros logros y lo que esperamos lograr, tiempo con un sentido mucho más amplio que aquellos doscientos años.
COMPROMISOS.
El compromiso aquí, no es solamente la celebración de los doscientos, es con Chitagá, en su sentido integral.
claro está, para la celebración bicentenaria los Chitaguenses nos estamos movilizando con el propósito de desarrollar actividades varias, tanto las colonias residentes en otras tierras del territorio nacional como los residentes en el territorio municipal mismo.
Para el caso de la obra que aquí se presenta, es obvio y necesario destacar el trabajo organizacional de la colonia residente en Bogotá, con un claro liderazgo de Eliseo Villamizar, quien además se propuso escribir este anecdotario para ofrecerlo a Chitagá.
A la pluma y dedicación de Eliseo Villamizar, o "Cheo" como le conocemos más familiar y coloquialmente, le debemos esta amena y bien organizada colección escrita de vivencias pueblerinas con personajes y situaciones que se entretejen para recordarnos el transcurrir cotidiano en la vida de Chitagá.
En esta obra de Cheo encontramos varios elementos de aquellos que nos identifican con Chitagá. Se destaca una rica toponimia que resalta lugares de grata recordación: desde el monte El Gallo, pasando por los ríos Chitagá y Cáraba, para luego ubicar sus personajes en el páramo, o en la vereda El Alizal, el camino a Pantanitos, sin olvidar, desde luego, algunos hitos internos del casco urbano como nuestro recordado parque, o algunos barrios como La Amapola, El Puerto o El Contento.
Las anécdotas fluyen girando en torno a personajes y situaciones disímiles con las que Cheo recoge esa cotidianeidad soportada a veces en el bienamado chisme, la intriga, la comadrería y la camaradería, los amigotes y sin olvidar, claro está, las adversidades relacionadas con los conflictos sociales y políticos. Excelente comiendo de compilación de algunas vivencias del transcurrir Chitaguense.
Y como compromiso, en medio de la celebración del 2004, no olvidemos el más importante, el de celebrar la alegría de
nacer y vivir en y por Chitagá.
ANTONIO FLOREZ1
PROLOGO
Los relatos de Eliseo Villamizar, reunidos bajo el titulo general de De viacrucis, han venido en buena hora a suplir otro vacío literario regional: los cuentos de Chitagá, la querida comarca Nortesantandereano del autor, que ahora se apresta a celebrar los doscientos años de su fundación: 1804-2004.
Chitagá es una pintoresca población que se encuentra cerca de Pamplona, a orillas de la Carretera Central del Norte, vía que parte desde Bogotá y recorre centenas de kilómetros, hoy todavía sin pavimentar; en el verano los buses y camiones que por allí transitan levantan a su paso inmensas polvaredas, y en el invierno se atascan entre las masas de lodo; a lado y lado de la primitiva calzada se abren escalofriantes abismos, que a primera vista hacen presumir que un vuelco allí asume las características de un verdadero accidente aéreo; díganlo si no los precipicios insondables de las Peñas de Pulido, donde ya se ha hecho vasta la crónica de accidentes, como lo atestiguan las cruces rústicas de camino: casi siempre transportes campesinos, que avanzan sobre el lomo de la cuesta bamboleándose con el exceso de carga y pasajeros, trepidando sus motores y chirriando sus frenos atados con alambres; allí no hay más protección que la que depare la Virgen del Carmen, patrona del transporte y de la mecánica nacional.
(A la entrada de Chitagá, se puede ver el Puente Real, antigua construcción de techo de teja de dos aguas; mucho agua ha visto pasar este puente bajo su sombra; su maderamen de buque inmóvil podría contar la historia de un viaje de doscientos años; toda la historia del poblado; sin duda el puente es una joya del paisaje, el orgullo legitimo de sus habitantes; por allí debió atravesar muchas veces, siendo niño de alpargatas, Ramón González Valencia, el personaje más conspicuo del lugar: general de la guerra de los Mil Días, presidente de Colombia).
Pero esta carretera central, que podría acortar en gran medida la distancia entre el centro del país y la frontera con Venezuela, se ha convertido en una especie de cenicienta de las obras públicas nacionales: desde su construcción, hace más o menos setenta años, ha permanecido en el mismo estado precario, ante la imposibilidad de vencer intereses de otras regiones que se verían excluidas de esa ruta, más expedita a la frontera. En realidad, excluido se encuentra del resto el país de un paisaje singular, grandioso, digno de mejores destinos: la verde campiña de Málaga, la belleza mística del páramo del Almorzadero, las aldeas silenciosas y blancas que aparecen a cada trecho del camino. Todo un país desconocido, misterioso, oculto tras la cordillera oriental, que durante muchos ha sobrevivido azotado sin piedad por una violencia que se ha vuelto endémica.
Para los Chitaguenses, sin embargo, gentes orgullosas y altivas, la Carretera Central del Norte no pasa por su pueblo: allí termina: y también allí comienza; termina para quienes regresan a sus lares, empieza para los que parten, seguramente para siempre. Pero "el mejor camino de regreso es el recuerdo", dice el autor de De viacrucis. Y, ciertamente, el regreso, a través de la memoria, es lei motiv de sus paginas.
Apoyándose en una técnica fragmentada, muy en boga en la narrativa actual, el autor parte de un episodio central ( la representación en vivo de una semana santa - tradición anual de la parroquia -), para abrir las historias de cada uno de los personajes que participan en la celebración teatral. Son adolescentes de la generación de los años sesentas, aislados en aquel apartado medio rural, que abrigan sueños de triunfos y éxitos, para cuya realización implica inevitablemente un día partir - casi siempre hacia la capital -, lo sabemos porque el narrador quiebra la estructura lineal del tiempo y de este modo conocemos de sus vidas posteriores: allí asistimos a la inevitable demolición de muchos de sus sueños de juventud, años pasados entre pequeñas aventuras picarescas, entre monótonas consejas, lances clandestinos de amor o de venganza, siempre alrededor de la mesa de la tienda del pueblo donde bebían ingentes torrentes de licor, mientras adobaban su charla con los últimos chismes ( historias de cuernos, de partidas, de muertes, de amores furtivos) y a falta de mayores novedades no escaseaban fantasiosos relatos inventados sobre la marcha, hasta que los doblara el sueño con la ultima copa de una borrachera infinita, pues al día siguiente la libación continuaría, estimulada por las voces de Miguel Aceves Mejía y José Alfredo Jiménez que entonces lloraban en las 70 revoluciones de los discos de antaño.
Pero quizá la metáfora central de la historia es la filmación, en 16 mm, que el cura párroco promete hacer de la representación para aquel año.
Entonces cada uno de los personajes ya se imagina actor de las pantallas de cine, tal vez en los estudios Churubusco Azteca, si acaso los hados lo permiten. Pasan los años y un grupo de estos, otrora jóvenes, deciden rescatar para la historia del pueblo la película; inician la pesquisa que los lleva por lugares insólitos; sin embargo cada vez que están a punto de echar mano a los rollos, estos se le escapan repentinamente como bajo el efecto de un maleficio burlón. Finalmente, después de múltiples peripecias, recupera la película, pero esta vez un apagón imprevisto les impide ver la anhelada proyección; comprende la broma del tiempo, el signo de un pretérito que se resiste a retornar.
El ultimo relato, Entre camuflados, se sale del corpus descrito anteriormente y aborda la situación actual del pueblo, sumido en los avatares de la guerra presente; aquí el personaje dice una frase que cierra el libro como lapida, y también, quizá, como resuma de la intención mas honda del autor; "el pasado ya no volverá a molestarlo". Ha sido exorcizado.
Sorprende en Eliseo Villamizar su condición innata de narrador, su relato fluye con naturalidad y frescura, sin mayores sobresaltos; el ritmo que acarrean sus frases lo acercan, incluso, a momentos felices. Tal vez este don de contar historias con la fluidez de un torrente de montaña pueda amenazar con cierta falta de rigor, un escape del tema central que puede desequilibrar un tanto la proporción que exigen las partes de la materia tratada; pero algunos de estos riesgos son obviados por el buen uso de la gracia y del humor, la divertida utilización de algunos elementos emparentados con el lenguaje cinematográfico: acotaciones, secuencias, claroscuros, esfumados; y también por el uso del lenguaje vivo de su entorno, que no escamotea presuntuosamente en aras de un sospechoso "buen decir". Consiente de que en literatura no hay aldea que no sea susceptible de acceder a un lugar en el universo, el autor cuenta las pequeñas historias de su tierra natal con desparpajo, sin complejos de inferioridad ni timidez. Los personajes principales se dibujan con precisión y aun los secundarios alcanzan sólida presencia por su fuerza descriptiva, por el acertado uso del detalle. Las acciones se articulan en concordancia con la personalidad que corresponde a cada uno de sus protagonistas. Uno de ellos, quizás el mas logrado - el Mono Camargo, que representa a Jesucristo -, revela con astucia, viveza e hipocresía, mucho de la psicología que caracteriza a aquel retablo adolescente. Llama la atención que Villamizar hace de los curas del poblado, en "esa región con fama de ateos y matacuras"; en este tema elude el clisé maniqueo y reviste a los párrocos de su condición humana, su miseria y su virtud, su mezquindad y a veces su grandeza; de modo original, con conocimiento del asunto, muestra los mecanismos económicos personales que se mueven, inevitablemente, tras los hábitos talares.
Villamizar, en las ultimas partes de su libro parece evolucionar vertiginosamente en su escritura; esta vez, en La voz del Contento, consigue una atmósfera difusa, irreal, para narrar una historia que de otro modo resultaría una anécdota banal, intrascendente. Son muchas, en fin, las posibilidades para señalar en este libro; quizá la mas notable sea su aporte al enriquecimiento de las letras regionales, y el haber conseguido que Chitagá, después de doscientos años, tenga en De viacrucis su novela; gracias a la voluntad de su escritura, su pueblo, sus gentes, han ingresado a la existencia que trasciende en la ficción. El lector de cualquier ámbito, aunque nunca halla caminado por aquellas calles empinadas, ni jamas haya penetrado en sus casas que a la distancia parecen abandonadas, herméticas, imposibles, puede decir ahora, después de leer el libro, que alguna vez estuvo allí, y lo conoce.
GUILLERMO MALDONADO PEREZ2
DE VIACRUCIS Y OTROS CUENTOS
I. LA AUDICION
Gildardo Builes, el cura paisa de Chitagá, pueblo Nortesantandereano enclavado en las estribaciones del páramo del Almorzadero, se encuentra ensimismado, tratando de resolver que personas deben encarnar las figuras bíblicas en la celebración de la próxima semana santa. Para él es muy importante que los dramatizados salgan muy bien, pues por primera vez utilizará la cámara filmadora de 16 milímetros adquirida en su ultimo viaje a Italia y aplicará los conocimientos recibidos sobre su manejo. En ello se juega parte del prestigio adquirido dentro de los clérigos de la arquidiócesis de la Nueva Pamplona, que han visto, como las innovaciones introducidas en la parroquia, llevan mas y mas creyentes a la iglesia en esa región con fama de ateos y matacuras.
Tiene ya una experiencia en eso de la celebrar en vivo la muerte de Jesucristo y sabe que en esta ocasión deberá hilar un poco mas delgado para que el acontecimiento sea un total éxito. Se sonríe de pensar en la cara que pondrán sus colegas cuando los invite a la premier y les exhiba la película, clara demostración de su dedicación y del proceso de concientización de los feligreses, que sin duda se materializará, en las multitudes que acompañarán una por una las procesiones en actitud de religioso recogimiento que la lente de la cámara registrará.
Ya decidió quienes deben encarnar a Jesucristo y a Judas Iscariote, pues tanto el Mono Camargo, como Nasario, se han ganado el derecho a hacerlo, en parte, por sus características físicas y porque son actores naturales. El primero encaja perfectamente dentro de la idea popularmente reconocida de Jesús: hombre blanco de ojos claros, nariz aguileña; el segundo pequeño, rechoncho, con las cicatrices que la sarna le ha dejado en la piel, mirada huidiza que genera desconfianza y además coincidente en eso de vender a sus benefactores, pues es vox populi que la fortuna de que dispone, la adquirió con la practica del cajoneo en los negocios de doña Felipa. La milicia romana y Poncio Pilatos, ya están asignados: el comandante en jefe se lo ha ganado Centurión, joven garboso y de porte militar, famoso en el lugar por sus lances musicales y su fortuna con las mujeres. A Pilatos lo representará el guardameta del equipo de fútbol, pues es el único que puede exhibir, una frondosa barba y una figura gruesa que le ha generado el apodo del "Gordo". El problema que tienen los dos actores, es su inclinación al aguardiente, que puede interrumpir las sesiones de ensayo, pero a la larga, con ellos no hay que ser muy exigentes, pues el libreto es definitivamente muy corto, Centurión solo debe hacer acto de presencia, participará solo con una frase que va a repetir en dos ocasiones: "ave Cesar" y con el futbolista el asunto es mas complicado, porque aparecerá en varias escenas y su libreto es mas largo, pero después de 3 años de repetirlo, imposible que no se lo sepa de memoria.
Lo trasnochan los otros personajes principales sobre los cuales poco ha podido avanzar. No ha encontrado un bello muchacho de modales suaves para entregarle el papel de San Juan, el apóstol preferido de Jesús. tampoco ha podido reemplazar la Magdalena, que en los últimos años ha sido todo un acontecimiento al ser interpretada por Rosalbina, mujer voluptuosa que enardece el espíritu con los movimientos de su cuerpo y cuyas características físicas despierta pasiones por doquier. Bueno, en este caso la solución esta, en enfocarla lo menos posible para que pase desapercibida. Pero, si le hubiera gustado ver los ojos morbosos de los colegas, recorriendo ese cuerpo torneado y verlos detenerse en la contemplación de sus exuberantes senos, para mamarles gallo por las manifestaciones de impudor y falta de santidad.
Pocos días antes de la celebración tomó la decisión. Citó todos los candidatos a la casa cural para hacer la ultima prueba, el casting diríamos ahora, les observó el desempeño, evaluó sus capacidades histriónicas, desecho a Heriberto por el empecinamiento del joven en aparecer vestido de charro mejicano y pronunciar sus parlamentos con entonación azteca, a Carecuca por su incapacidad memoristica pues después de 10 días no había logrado aprenderse un párrafo de cinco reglones y a Jesús Macabeo, porque no le perdonaba las embarradas cuando le dio la responsabilidad de representar a Cristo. Luego distribuyó los papeles, dejando expresamente para el final el encargo que tenia reservado para ella y dirigiéndose a Doña Isabel, quien lo miraba inquisidoramente, averiguando el porque de su presencia, le comunicó que seria la Verónica y que la requería por su experiencia comprobada en organización de obras dramáticas en los centros literarios, actos de examen final en la escuela de Tapurcua y por su gran creatividad, en la redacción de los parlamentos.
Terminando la reunión, fijó las horas de ensayo, recordándoles el cumplimiento estricto, la disciplina y puntualidad, les encargo la búsqueda de la utileria necesaria, la confección de los trajes y les prometio una fiesta de celebración si la semana santa se convertía en un éxito completo.
II. LAS CAIDAS DEL MONO CAMARGO
El Mono se siente tranquilo, considera que el personaje es de él. Bien duro le ha tocado trabajar para asegurarlo en esos dos años largos de permanente disimulo y de vida clandestina. Tiene la certeza que el cura no puede echar por la borda sus representaciones, cuando cargado con una verdadera y pesada cruz de madera de eucalipto al hombro, corona de tallos de mora silvestre con espinas incluidas en su frente, aterrizando en el pavimento cuando aparecían las estaciones, gotas de sangre en su frente, moretones en sus rodillas, dándole realismo a la actuación, para vender la idea de un hombre que sufre en pos de su salvación. No se los podían desconocer.
Todos sus actos del pasado han estado dirigidos a mostrar una careta de santidad. Administra óptimamente la fama que le han construido las beatas y personas del pueblo y para incrementarla, astutamente se ha rodeando de una aureola de pureza y dedicación al señor, por eso en aplicación de ese bien trazado plan, desaparece por periodos de tiempo prolongados de la vista de los habitantes del pueblo. Cuando parte, lo hace precisamente al termino de la reunión periódica de las Hijas de María y sabiendo que todas ellas se dirigen en grupo hacia la tienda de Alfonso Pedraza a consumir las delicias azucaradas que allí se ofrecen. El cargado de un costal, donde sobresale la imagen de María Magdalena y un lazo de fique delgado, lleno de nudos con residuos de sangre coagulada (obviamente con un propósito), descalzo, una mueca de humildad en su rostro, arrastrando cansinamente los pies, pasa frente a ellas y se despide con toda suerte de oraciones y amenes.
Toma el camino de la Amapola, en medio de los comentarios de la multitud, sobre el nuevo periodo de penitencia y flagelaciones para pedir perdón a Dios por todos los pecados de la humanidad, lentamente desfila por frente al colegio nacional, perdiéndose rumbo a los tanques del acueducto, por el camino serpenteante de Morro Negro.
Cuando esta totalmente seguro de que ninguna mirada lo sigue, descansa el costal en el piso, busca dentro de el los zapatos y los calza, transporta hacia una cueva, la enorme cruz de madera y el lazo ensangrentado, luego extrae una botella (que para los observadores era de agua bendita) y bebe de ella largos sorbos de aguardiente, esperando la llegada de su amante Graciela la beata mas joven de las hijas de María, con la cual comparte el licor y los corceles del sexo en crecimiento, cabalgando desenfrenadamente hasta el amanecer, cuando el concierto de gallos parloteando a todo pulmón, les anuncia la llegada de la luz matutina y el momento de la separación.
Con la salida del astro rey, listas ya sus pertenencias, continua su camino hacia la finca de sus padres, dispuesto a descansar de su ardua jornada, esperando recuperar las fuerzas perdidas en su encuentro amoroso.
El descanso lo fortifica, lo llena de ánimos y al amanecer del cuarto día, aun en plena oscuridad, cargando sobre sus hombros cuidadosamente las trampas, se adentra sigilosamente en la espesura del Monte del Gallo, donde las esparce por todos los rincones. Luego, se tiende sobre la mullida alfombra de musgo, enciende un cigarrillo, escancia un buen chorro de aguardiente en la totumita atada a su cuello herencia de las ultimas fiestas patronales de Cácota y pacientemente espera que vayan cayendo los copetones y lo sarnicalos.
Cuando calcula, a partir de la posición del sol, que son las ocho de la mañana, saca de la vieja mochila un pedazo de arepa de pelao y un trozo de carne oreada, mordiéndola nerviosamente acompañadola de largos sorbos de guarapo. Consumido el desayuno, se tiende nuevamente sobre el musgo esperando la llegada de la modorra producida por la sensación de llenura y por los efectos del alcohol penetrando en su corriente sanguínea. A ratos la somnolencia se ve alterada por el ruido de alas de un nuevo animalito en lucha por escapar de la trampa enmallada.
Cerca ya del mediodía, revisa las trampas, saca de ellas los copetones y sarnicalos, los mete en una bolsa, suelta el resto de especies que han caído y con ellos al hombro, desciende por los peñascos hacia el pequeño valle donde esta la casa.
Con cara de satisfacción, penetra en el patio, abre la boca del saco y suelta la bandada de pájaros aterrorizados, que en su atolondramiento chocan contra las paredes enmalladas una y otra vez, hasta que cansados se posan en las ramas de los duraznos llenos de frutas. Ese es el momento elegido, para sacar el alimento y los miles de insectos capturados que esparce por encima de su ruana, permaneciendo inmóvil, esperando que la tentación de la comida venza el miedo natural que le tienen los pájaros silvestres. Con el paso del tiempo su táctica se ve recompensada pues las avecillas temerosas se acercan y terminan por posarse en sus hombros consumiendo el banquete, sin importarles la presencia del humano.
Días después los animales no solo se acercan, sino que a su llegada, desatan una fiesta celebrando su presencia y semanas mas tarde no solo lo festejan sino que lo siguen, revoloteando a su alrededor, a la cocina, al ordeño de las vacas paridas, al cultivo de papa y en las noches no buscan las ramas de los arboles, sino que descansan en las repisas y la cama de su dormitorio.
Ha preparado su plan concienzudamente, no ha ahorrado ningún detalle, ya sabe que el momento para emprender la segunda fase de su estrategia, se ha cumplido y dando rienda suelta a su creatividad, se pone en la tarea de construir los muñecos de sombrero y ruana dotados de movimiento, instala los altavoces que le simularan el murmullo de una multitud, siempre con las aves revoloteando a su alrededor.
Todo a punto, enciende la pequeña planta eléctrica y conecta los mecanismos de los rústicos robots y altavoces. El horror que se desata entre las aves cuando el movimiento y los nuevos y extraños sonidos se esparcen por el lugar, es inimaginable. Espantadas, enloquecidas, surcan el aire en todas direcciones chocando entre si, algunas caen al piso y se revuelcan como estuvieran a punto de morir, las otras, tratan de buscar una salida que las libere de ese infierno.
El penetra en la inmensa jaula y se mantiene inmóvil, estático, en todo su centro y poco a poco la algarabía va disminuyendo, hasta que las aves empiezan a danzar nuevamente a su alrededor. Durante una semana les repite el proceso cada dos horas hasta que se acostumbran, ya les ha condicionado su instinto: ratos de silencio y maremagnun de hombres mecánicos y estridencia de gritos.
Solo altera su rutina cuando Graciela coloca el signo convenido, que indica que el esposo a partido hacia Cúcuta a negociar la cosecha de papa con alguno de los comerciantes del mercado de la sexta, entonces se baña, perfuma y sale a cumplir la cita de pasión.
Los días pasan y se acerca la semana santa y con ella la demostración. Siente que ha cumplido con parte importante de su cometido, tiene que incorporarse a la vida pueblerina y abandonar el retiro. Graciela ya le ha comentado, en el ultimo encuentro, la citación a los aspirantes para el fin de ese mes y se prepara para su reincorporación a la vida social.
Tiene un luenga barba con destellos cobrizos, pues no se afeita hace ya tres meses, su cabellera larga le cae sobre los hombros, aumentando el parecido con la imagen del Señor de los Caídos que reposa en el centro de la iglesia conocido en la provincia por milagroso, ha perfeccionado sus ademanes y al caminar da la impresión de que estuviera levitando.
El día señalado, a eso de las 9 de la mañana, emprende el descenso por el camino de herradura hacia el poblado. Empequeñeciendo los ojos trata de identificar los lugares y escasamente distingue la cancha de fútbol y el campanario de la iglesia. La hora de llegada, como todo en su vida reciente, esta calculada para producir el máximo impacto, debe coincidir con la salida de los estudiantes, de los miembros de la congregación de nazarenos e hijas de María a almorzar.
Al llegar a la cueva donde quedaron los elementos, se dedica durante un momento a acomodarlos en el costal de fique, luego se baña en el riachuelo de aguas cristalinas y frías, para aparecer con el aura resplandeciente, se maquilla rostro y cuerpo para que se noten los moretones y las gotas de sangre en su frente. Se coloca la camisa límpidamente blanca, dos tallas mas grande y con los flecos volando por encima del también blanco pantalón lleno de salpicaduras de barro en la parte baja, a pesar del verano calcinante que no cede.
Cuando suena la campana anunciándole a la muchachada la salida del colegio y atropelladamente, en tumulto, buscan la gigantesca puerta del garaje, ya llega a la esquina del centro educativo y se los encuentra de sopetón. La cabeza inclinada en signo de sumisión, los ojos perdidos en la distancia, el andar lento, demasiado lento y las palabras soltadas al aire, inconexas, sobre el sonido de trompetas, ángeles, hecatombes finales y el regreso resplandeciente del hijo del hombre, recitando los hechos de los apóstoles y produciendo sobrecogimiento en la masa que juguetonamente se encuentra.
La sola figura llama la atención de los adolescentes que rodean al inmutable personaje y lo van acompañando en su entrada triunfal. El se sonríe de las coincidencias de la vida, cuando le llega a su cerebro la idea del único detalle faltante: los ramos tendidos a sus pies en señal de tributo y que en la multitud este su propia Magdalena. En procesión se va acercando al parque, a cada paso que da, se le van agregando mas y mas imberbes, hasta que se convierte en una muchedumbre girando a su alrededor, luego salen las hijas de María y aparece su Graciela que al verlo en tal actitud, no puede contener la sonrisa que por el disimulo mas parece una mueca. Sin detenerse, de rodillas, sube los escalones que lo separan de la iglesia y penetra en ella, seguido por la multitud, llega hasta el altar mayor y ora inclinado, después se dirige hasta su casa y desaparece en el largo zaguán.
La noticia de su llegada es el acontecimiento mas importante de ese día, de boca en boca, prontamente llega a los oídos de Gildardo, quien se siente tranquilizado porque el principal actor se ha hecho presente, y, sin profundizar en los intríngulis del asunto, ve con buenos ojos las expectativas que se han propagado en los fieles, concluyendo que esa semana santa será un completo éxito.
El viernes de dolores se deja ver por entre los riscos de las lejanas montañas, con el astro rey saliendo tímidamente. Parece que en su ascenso, por el camino cuesta arriba desde Chucarima, hubiera agotado su resplandor y que al llegar a la cima, apareciendo por el Monte del Gallo, a eso de las nueve de la mañana, recobrara la respiración, lanzando con fuerza sus rayos, para golpear los blancos rostros de los hombres enruanados, que no encuentran otra forma de evadir el sofoco, sino colgándolas de los hombros.
Del barrio el Contento le llega el sonido del bocinazo del bus del loco Julio, anunciando la pronta partida para Cácota a las fiestas tradicionales de la Virgen de los Dolores, donde la gente campirana tendrá unas horas de solaz y diversión. Los observa por el resquicio de la ventana y se lamenta por no poder salir a abordar el vehículo con toda la patota y, como dándose contentillo, murmura que la hora de su desquite esta próxima. Tarde, cuando ya a las luces del día se las engulle la noche, nuevamente la estridente sirena del vehículo le anuncia el regreso.
El sábado, es día de preparativos para los actores de semana santa, cada uno busca y acomoda los ropajes e indumentaria, el Mono lava el burro blanco y lo llena de aromas, tijeras en mano se arregla la barba, saca del baúl de madera la túnica nívea y se tiende en el canapé de la sala a escuchar las canciones de José Alfredo Jiménez y Antonio Aguilar. Acompañado de una botella de aguardiente, departe con sus mas cercanos compinches hasta muy entrada la madrugada, no le preocupa el guayabo y tiene toda la razón. Ya ha cimentado su reputación.
Llega el domingo de ramos, día de debut, hora de definiciones y de resultados exitosos. Toma el ajado maletín de cuero en sus manos donde están sus vestiduras, mientras entrega a sus fieles compinches la inmensa bolsa de plástico, enumerándoles cada una de las instrucciones. llega a la casa cural, donde Gildardo los ha citado para las ultimas recomendaciones que va repitiendo una y otra vez, deteniéndose solo para colocar las gotas en su nariz, cuando la congestionate sinusitis que lo aqueja, no lo deja pronunciar palabra.
El, con un guayabo en pleno furor, trata de concentrarse en las recomendaciones del cura pero no lo logra, al fin y al cabo, conoce de memoria su papel y las palabras de ultima hora no tiene ninguna importancia, su plan maduro esta próximo a concretarse.
Son las nueve de la mañana, la gente se agolpa en las calles por donde pasará la procesión. Han llegado de todos los rincones del Municipio, enruanados y con los ramos de palma fuertemente sostenidos. Optan en su distribución, de acuerdo a sus preferencias; frente a la casa de Olegario están los de la Copa, mas allá, donde Martina los del Roble, en el Contento los de Presidente, Piedras y Samaria y en el parque los de la Honda, Chucarima y Tapurcua. Sumados son unos tres mil, todos unidos por el fervor religioso y la novedad de la semana actuada, cuya fama ya traspaso las fronteras, esperan impacientes su inicio.
El rumor rápidamente se desperdiga en la multitud: ya se dio la seña para el comienzo de la semana y el desfile empieza por la entrada de Pantanitos con la algarabía de las señoras de multicolores túnicas y mas atrás el Mono ataviado a la usanza judía de la época, montado sobre el burro blanco, acompañado de los apóstoles, avanza lentamente hacia el parque en medio de las aclamaciones de la multitud, el gesto de su cara es extraño como si un acontecimiento inesperado pudiera ocurrir, sus ojos no están entrecerrados y su cabeza se mantiene recta, en actitud retadora.
Algunos se empiezan a preocuparse por el abrupto cambio producido en él, pero los sucesos vertiginosos no les da tiempo para interiorizarlos, súbitamente resuenan las exclamaciones de admiración en el gentío y se dejan escuchar sonoramente los gritos de milagro, milagro, que recorre las calles del pueblo y que generan una desbandada para observar tan extraordinario acontecimiento.
Impávido, calculadamente escogido el instante preciso para el acto cumbre de su personaje, cuando la concentración de personas era la mas grande posible, dio la señal a sus compinches para que abrieran la bolsa blanca y de ella, como de un avispero golpeado con una rama, salieron las aves desordenadamente se desperdigaron por el aire, para luego dirigirse a su objetivo.
Se ve rodeado de una nube de copetones y sarnicalos que revolotean a su alrededor y que lo acompañan por doquier, en todas las apariciones, hasta su muerte ese trágico viernes santo, cuando sin consultarle al cura, cargado con la cruz de eucalipto, ascendió hasta la loma de la cruz, para crucificarse, precisamente a las tres y treinta de la tarde, cuando sonaban las descargas de pólvora preparadas por el herrero Pedraza y temblaban los velos que ocultaban la trastienda del altar mayor.
EPILOGO
Muchos años después lo volví a ver en Cúcuta atendiendo una bomba de gasolina, lo invite a departir y con el pasar de las cervezas, sus carcajadas resonaron al recordar los acontecimientos: Aunque Gildardo nunca le perdonó lo de la crucifixión en la Loma de la Cruz, el Mono fue santificado por el populacho que solamente se podía explicar lo de los pájaros, como una señal divina. Durante mucho tiempo recibió de los campesinos tributos y con ellos la solicitud de favores, que por efecto de la fe, terminaron produciendo "sanaciones" extraordinarias, la fama de hacedor de milagros disparó su popularidad hasta los confines de Venezuela de donde llegaban romerías completas, unos a donde él, otros a donde Nato el echador de rezos contra toda enfermedad. El dinero llegó como ríos y la cuenta corriente en la Caja Agraria, creció como nunca jamas lo hubiera imaginado. Pero, lo bueno dura muy poco, y, los tiempos de las vacas gordas terminaron, cuando se descubrió la relación furtiva sostenida con Graciela.
Aquel día se le apareció con un mundo conspirando en contra suya. Los hechos y signos no eran por cierto los mas halagüeños y unos tras otros se fueron sucediendo. Aun en el lecho y cuando apenas abría los ojos, un malestar profundo lo recibió, con los hilillos de luz que se filtraban por las rendijas de la ventana, a él, que los guayabos lo dejaban intacto, la resaca de muy madre y señor mío le sacudió todo su cuerpo, se levanto moviéndose torpemente, bajó de la cama sin la rutina precavida de poner primero el pie derecho en el suelo, al hacerlo sintió que algo le rozaba levemente la nuca, pero el dolor de cabeza que le trasformaba el cerebro en una caja de herramientas en desorden, no lo dejo prestar atención. Siguió con destino al baño y casi se desploma cuando un gato negro, pasó despavorido por entre sus piernas, renació el leve roce en su nuca. Abrió la llave del agua caliente y un chorro gélido lo empapo por completo hasta el punto de infarto. No encontró la crema dental, el jabón, ni el papel higiénico y por tercera vez la sensación que lo venia persiguiendo se hizo presente. Se miró al espejo y vio la grieta que lo atravesaba de lado a lado, como una premonición.
Vestido, hurgó entre los bolsillos de su saco, tratando de encontrar en ese laberinto, las llaves de la casa, y, al sacarlas, descubrió la desaparición de la patica de conejo, su amuleto contra todas las desgracias. Eran muchos los signos desfavorables que habían aparecido, unos tras otros, muchas las complicaciones, no era normal lo que le estaba ocurriendo y con clarividencia total intuyó el negro porvenir que como una nube de mosquitos lo acompañaría en ese día.
Salió demacrado de su casa y cuando apenas asomaba a la esquina del parque, un pequeño mensajero deposito en su mano un trozo de papel. Precavido, miro para todas las direcciones, cerciorándose que nadie estuviera cerca. Lo desplegó frente a sus ojos y descubrió la letra ordenada y simétrica de Graciela. En ella, fuera de los reglamentarios juramentos de amor eterno, le decía que la hora esperada había llegado, pues Ernesto su marido había partido hacia Cúcuta a adelantar unos negocios. Para sus adentros pensó: no todo esta tan mal, definitivamente me ha cambiado la suerte y se preparo para la noche de pasión. Por la tarde se dio una vuelta por la feria, aceptó algunas invitaciones y finalmente, en el momento de mayor confluencia de publico entró a la iglesia para, desarrollando las artes del fingimiento, caer en estasis ante la presencia de la virgen del Carmen.
Tensionado por el esfuerzo, saludo a las hijas de María, intercambio unas breves palabras con el seminarista llegado de Pamplona y se perdió en la oscuridad de la noche, sigilosamente, hacia la casa de su amante Graciela. Salto la tapia y por entre los arboles de durazno llegó finalmente a los brazos amorosos que lo recibieron con pasión.
Los años de relación no habían logrado enfriar las apetencias y Graciela lo esperaba con una ropa interior diminuta de color rojo intenso, los amantes retozaron durante varias hora, combinado el sexo, el alcohol y la música de Diomedes Díaz. Confiados, no lograron distinguir el sonido de la puerta que se abrió, ni los pasos por el extenso corredor, solo lo descubrieron, cuando el rostro de Ernesto les desgajo una mirada primero de asombro y luego de profunda rabia.
Lo que siguió fue de película, solo la velocidad y destreza adquirida en sus viajes al Monte del Gallo, salvaron al Mono del cornudo marido, que cuchillo en mano lo persiguió inmisericordemente por la casa y luego cuando el ofensor logró ganar la calle, lo siguió implacable hasta que la policía logró detenerlo. El Mono pulverizando marcas, en plena carrera y totalmente desnudo, atravesó el parque, se monto en la tarima donde una orquesta de Bucaramanga hacia las delicias de miles de personas que danzaban a su ritmo, en plenas fiestas de agosto y luego se perdió en la oscuridad de la noche. Algunas personas el día siguiente narraban que a la hora precisa de la escapada, un aleteo se sintió estremecedor y el cántico de las aves se dejo escuchar por breves momentos.
III. NASARIO Y SUS TREINTA MONEDAS
Ya, el cura Builes cuando montó el proyecto de la semana santa en vivo, automáticamente sabia, que Judas Iscariote lo tenia que representar Nasario. La figura del hombrecillo de cuerpo pequeño, rechoncho y mirada huidiza, era la reencarnación de la traición y con solo mirarlo producía la sensación de estar tocando la piel de un reptil. No existía ningún otro tan similar, a la figura despreciable del vendedor de Cristo.
Para convencerlo hizo acopio de todas sus argucias, pues ni siquiera Nasario, quien interiormente tenia gran admiración por Iscariote, se aventuraba a tal escarnio. Una a una, de la manga de su sotana, fue sacando las cartas marcadas que le asegurarían ganar esa partida. Lo fue llevando por el camino del perdón de dios para todos los pecadores, argumentó de la fortuna de Iscariote al ser uno de los apóstoles, y demostró como Pedro a pesar de la traición, de la negación, llegó a ser el príncipe de la iglesia. Le enrrostró la historia de la Magdalena que había pasado la vida transitando por bares y antros de perdición, ejerciendo la profesión mas vieja del mundo y había recibido con creces el perdón. Divagó sobre la persecución de los emperadores romanos, el incendio de Roma y los fieros leones. Le contó la historia del hereje Lutero y hasta le mencionó el origen del Opus Dei. Recordó la predica del Obispo Builes en la época de la violencia del 48 y como los conservadores habían empezado por cuotas, a ganarse la entrada al reino de los cielos. Le hablo de lo divino y lo humano, del infierno y el limbo, de Nerón y Atila, lo paso por la muralla China y los jardines colgantes de Babilonia, hasta que recibió la señal de aceptación de Nasario.
Esa noche, mientras daba vueltas en la cama tratando de conciliar el sueño, sintiendo el frío penetrante que se colaba por entre las rendijas del techo, Nasario caviló sobre su conversación con el sacerdote y fueron apareciendo las coincidencias de su vida con la de Iscariote, sonriente, entendió el porque de su empatía. Los dos habían vagado por las calles pidiendo limosna con raídos vestidos llenos de remiendos de variados colores, los dos portaron olores de largos meses sin acudir al baño espantando hasta las moscas. Eran incomprendidos por la sociedad que se empeñaba en considerar anormal la inclinación a hacer el mal, los llamaban envidiosos porque solo se preocupaban por sus propios asuntos y, cuando sus semejantes triunfaban, de una vez argumentaban miles de peros, en fin, coincidían en remar contra de la furia de la corriente.
Durante horas se soslasó en los miles de detalles de aquella reunión, hasta que el sueño lo sorprendió ya de madrugada, y, el inconsciente lo llevó al rato a escuchar una música extraña, desconocida, con un titulo de algo así como Juanito Alimaña, luego fue engullido por un remolino de estrellas fulgurantes, jardines majestuosos e inmensos tesoros de piedras preciosas, que lo encarnó en Iscariote.
Salió de la bruma caminando por Palestina, entre estiércol de cabra y los pedruscos del desierto. Observó su haraposa vestimenta y el turbante que lo protegía de la arremetida de la arena; tenia cinco años y ya empezaba a ser un perseguido sin razón. Se sintió sorprendido socorriendo un corderillo, que por costumbre quería seguir a su madre, él, con la intención de compartir su experiencia de vagamundo, se tomó el trabajo de abrirle los ojos para facilitarle su vida futura, le murmuró al oído las reglas de la independencia: tomar sus propias decisiones y emprender su camino, pero... el terco animal no le hizo caso y persistiendo en su ayuda, le atravesó su cuerpo, le torció una pierna, lo apedreó, se interpuso entre el y la madre, utilizó todas las tretas conocidas. Pero, la estrella que desde nacido lo perseguía, brotó en la figura de su padre quien garrote en mano, le acomodó una de las primeras zurras. Vaya suerte, se dijo, y repitió: eso me pasa por ser calabaza.
Otro día, sin quererlo, escuchó la encomienda que le hacían a Juan el Bautista, muchacho mayor que él, de llevarle la comida a quienes cuidaban el rebaño de ovejas y cabras en el lejano monte, en su mente pura, surgió un plan para evitar el abuso que con el infante estaban cometiendo, corriendo, se le acerco metiéndole una zancadilla, para detenerlo y convencerlo, con tan mala fortuna que las ollas de barro terminaron esparcidas en pedazos por el pedregal, y claro, igual que siempre, termino golpeado y convertido en el malo del paseo.
No podía explicarse el desprecio que sentían por él, el porque todos le sacaban el cuerpo, lo eludían, si siempre estaba buscando ayudar a sus congéneres para que no se aprovecharan de ellos. Lo que para la humanidad era malo, para él era bueno, siempre en reversa y siempre salía lacrado. Por eso decidió que lo imperativo era su propio bienestar y enfiló todas las acciones para su propio beneficio, se volvió un tramposo, pedigüeño, tracalero, cochino, desfachatado, un coño de madre.
Adquirió fama en galilea como el viviente mas perverso de la comarca y cuando llegaba a cualquier aldea, desaparecían como por encanto, humanos, fieras salvajes, animales domésticos, las plantas adormecían sus hojas, los pájaros dejaban de trinar y el sol ordenaba a las nubes cubrirlo para que su luz radiante se convirtiera en penumbra, los ríos y quebradas dejaban de entonar sus sonidos y hasta los mas pérfidos maleantes corrían despavoridos.
En una de sus muchas caminatas, se acercó al lago Tiberiades con el propósito de bañarse y refrescar su garganta con algunos sorbos del cristalino liquido. Pero una serie de sucesos extraordinarios se presentaron, trastornando su rutinaria vida. Estaba acostumbrado a caminar en la sempiterna penumbra, por todos los lugares y, ahora, ese hecho se interrumpía bruscamente.
Sus ojos recibieron el impacto de los rayos del sol, golpeándolos implacable; el silencio quedó hecho añicos, pues resonaba como un cañón, el trinar de las aves, el mugidos del ganado y el balar de las ovejas ensordeciendo sus oídos.
Extrañamente, la multitud de personas que se agolpaban alrededor de ese flaco y desgarbado personaje, hipnotizadas, pendientes de sus mas leves movimientos, ni siquiera lo voltearon a mirar, no huyeron al sentirlo y el rítmico golpear de las rizadas olas contra el borde, lo acompaño en el descenso por el pequeño camino que conducía desde lo alto de la loma hasta el lago.
Dubitativo, sin saber que hacer frente a las cosas raras que ocurrían; se dedico a contemplar el rostro del predicador y esa fue su perdición, porque cuanto mas lo contemplaba, mas lo atraía la fuerza que irradiaban de sus palabras. No entendía en absoluto la argumentación, su cerebro solo se había acostumbrado a divagar entre una o dos ideas y las construcciones metafísica lo embotaban, le hacían retumbar las neuronas, lo alelaban y aprisionaban, pero no podía desprenderse de ese laso invisible. La magia del predicador había producido su efecto y a partir del momento fue convirtiéndose en el mas radical seguidor, en el perro fiel y abnegado, casi en el confidente mas cercano.
Nasa en diminutivo, despertó con un enredijo en su cabeza, la combinación de personajes en su interior, sus múltiples conflictos y contradicciones, tratando cada uno de dominar al otro y de imponer sus condiciones, le fueron dando el aspecto de un iluminado. Siempre lucia febril e inquieto, con sus correcorres permanentes: de la esquina a la panadería de doña Felipa, al Puerto frente a la puerta de la casa de Pacho cuba, de allí, hasta donde el tuerto Genaro, haciendo una estación donde José mosco, luego en pleno trote, a la Tenería donde los Amados y vuelta al centro del parque.
Tal actitud origino el comentario de Alfonso Pedraza, hombre que se preciaba de conocer a los hombres, que Nasa era un maníaco depresivo, posiblemente onanista y lo mas seguro boyerista, mejor dicho aseguró, tiene síntomas de locura. El dictamen al pasar de boca en boca, desató una ola de desconfianza hasta el punto que las madres asustaban a los hijos inquietos, con la amenaza de entregárselos a Nasa.
Nasario permanecía horas enteras en plena contemplación, traslucido, con aspecto de alienígena, su piel transparente, brillando y produciendo destellos que se disparaban en el aire; y, cuando la picazón en la piel lo obligaba a rascarse, las costras danzaban en su viaje hacia el piso, como un caleidoscopio.
Siguiendo el dictamen de Pedraza, otros mas, elucubraron sobre otras disimiles teorías y al final, en consenso, el diagnostico fue unánime: es un caso perdido. Algún recién llegado se aventuró a decir, que el culpable era Baldomero, que a él le constaba como lo había iniciado en los ritos de la magia blanca, otros, mas radicales, que en los de la magia negra.
Por esos días, como enviado por Dios, llegó un predicador que recorría el mundo descalzo, vestido con costales, en permanente penitencia, anunciando el fin del planeta, era la oportunidad que estaban esperando y en concilio decidieron hacerle la recomendación para que tuviera en cuenta a Nasario en sus oraciones y sirviera de emisario frente al altísimo.
Las nuevas situaciones le transformaron el destino, paso de ser discriminado a ser sujeto de lastima, ahora, las almas caritativas lo alimentaban, lo vestían, le recetaban pomadas y aguas de yerbas, pagaban las consulta del medico que de ocasión, había aterrizado por equivocación en el pueblo, un viernes en la noche.
De emisario del diablo lo encarnaron en el buen ladrón perdonado en la cruz, en la figura del arrepentimiento, y, dejaron de tomarlo por loco; su aspecto lo convirtió en un candidato a la santidad y, llovieron las ayudas. Al poco tiempo lucia sano, bien vestido, prospero. Consiguió trabajo en la panadería de doña Felipa, transportando las petacas repletas de pan de agua y mojicones y sin haber superado el periodo de prueba, recibió la confianza al convertirse en el vendedor estrella de la casa principal.
Con el paso del tiempo no la podía ocultar la abundancia, disponía en sus bolsillos de fajos de billetes. Fácilmente prestaba a interés del 5, sumas importantes de dinero; no hacia mandados y se molestaba cuando alguna persona le insinuaba tal actividad. Perdió las costras de la sarna pero no las cicatrices y se vistió de paño como las personas mas encumbradas del poblado. Decidió que no podía depender exclusivamente de su salario y de los intereses del dinero y entró al mercado de los juegos de azar. Tramitó los permisos en la alcaldía y apareció un domingo con su juego de cacha3, que instaló frente al monumento del Libertador en el parque principal.
Una de las cosas que hace a una persona importante en cualquier sociedad, es la riqueza y Nasario ya se podía dar el lujo de que lo reconocieran por lo holgado de su vida, por eso a nadie le extrañó que con la expansión de los negocios de su protectora fuera ascendido a administrador de la primera sucursal, con personal de vendedores a cargo.
Mientras el progreso económico se hacia evidente, en su interior se desencadenaba una lucha a muerte entre la formación recibida, los agradecimientos por los muchos favores y la personalidad del Iscariote traidor. Era una batalla de la cual se conocía perfectamente el final, pues los rasgos se hicieron evidentes. Nasa se dio a la tarea de golpear los perros con una vara de cañaguate, que le encargo a Pedro Ratón, personaje famoso por los múltiples trabajos; su lado oscuro se estremecía, cuando las monedas tintineaban en la gaveta y la tentación le hacia brillar los ojos, lo inquietaba. Solo pasaba el desespero, cuando un buen porcentaje quedaba depositado en su bolsillo.
Con el paso de los días el hurto de monedas dio paso al de billetes de banco, sin saberlo, se convirtió en un experto para falsear la contabilidad del negocio cuando tenia que rendir cuentas, incluso, se podía recibir de contador público juramentado por la practica de la doble contabilidad.
El pan de cada día eran los argumentos de nuevas inversiones que significaban erogaciones mayores de dinero, las perdidas por daño de los productos llenaron los informes, los hurtos de los perros que penetraban el establecimiento, las deudas de personas inexistentes, en fin, toda una colección de triquiñuelas.
Mes tras mes, incrementaba el dinero que subrepticiamente sacaba del negocio, la sucursal se fue desvaneciendo, los escaparates vacíos, pero los pedidos de panes y colaciones en vez de disminuir aumentaban, mientras que un nuevo argumento se fue abriendo paso: los clientes empezaron a desaparecer.
La noticia de estas irregularidades le llegó por fin a oídos de la dueña del negocio, cuando se preparaba a celebrar la fiesta de la Virgen del Perpetuo Socorro, pero poca atención le presto. Primero estaba el asunto de la salvación de su alma y de cumplirle los compromisos a Gildardo, luego los problemas terrenales. Así que la noticia solo saco de sus labios alguno pequeños comentarios, sobre las habladurías y la envidia que carcome a la gente, y, nada mas, pues su atención, se centró en la necesidad de contratar la Banda de Chinácota, conseguir las flores para el altar, la pólvora para la alborada y los miles de detalles, que harían de esa fiesta la mas recordada de todas y que la acercaría unos peldaños mas a la gloria del señor.
Todas la circunstancias eran benéficas para Nasa. La suerte, esquiva en casi toda su vida lo acompañaba, el dinero fluía del supermercado a sus bolsillo y lucia un recién comprado vestido de paño de color negro y una corbata azul, una talla mas grande, pues le descolgaban mangas y hombreras por encima de sus manos y brazos. Las personas lo saludaban en la calle diciéndole don Nasa y averiguándole por sus familiares, incluso algunos se acercaban a solicitarle consejos financieros y él, haciendo el favor, se detenía dedicándoles algunos minutos, mostrando la mejor manera de aumentar sus ingresos. Solo le faltaban dos detalles para su realización total: una tienda propia y una mujer que lo acompañara.
Pasadas las fiestas de agosto, decidió que ya era hora de la completa independencia, ya no soportaba la creciente vigilancia que los hijos de su benefactora ejercían sobre la sucursal que administraba; y de otra parte, ya se le estaban agotando todas las tretas y artimañas para justificar las perdidas.
Los días anteriores había tenido que acudir al baúl de la improvisación, para salir airoso frente a la persecución de los familiares y de los empleados adictos a ellos, incluso se jugo la ultima carta, pagándoles algunas monedas a los pilluelos del poblado, para que llevarán sus perros a comer las sobras del pan que había venido acumulando juiciosamente desde hacia meses, pues conocía que doña Felipa, harta ya de tantos comentarios, se disponía a hacerle una visita de auditoria.
Cuando ella llego, encontró una avalancha de perros que furiosamente se disputaban el gran banquete y solo quedaban algunas sobras y a Nasa furioso atacando la jauría con la vara de cañaguate, repartiendo leño a diestra y siniestra logrando que los canes se dispersaran en todas las direcciones y vociferando contra los empleados por ese descuido imperdonable, los amenaza con descontarle de los sueldos, el valor de todo el pan perdido a lo largo del ultimo mes.
Al notar que la patrona lo estaba viendo, arrecio sus ataque, se desplazó de derecha a izquierda, vara en mano, increpándolos y haciéndolos responsables por todas las perdidas y para terminar su pantomima, como si la viera en ese momento, termino su representación con la renuncia irrevocable frente a la dueña, porque él no podía responder por la pereza y la falta de compromiso de los demás. La confusión en la escena fue total, los empleados se defendían y lo acusaban de robo, el les devolvía las acusaciones, hasta llegaron a encararlo pero la mirada severa de la matrona los dejo inmóviles. Todo pasó y al final después de valorar inventarios y deudas cerraron el negocio por perdida total.
Feliz y radiante, Nasa salió ileso del impase. Ahora a dedicar el tiempo para actividades mas rentables. Era dueño de un nada despreciable capital y su proyecto se materializó muy pronto, cuando instaló la tienda de sus sueños.
El local escogido, estaba situado en plena calle real, en una casa de pisos, signo de prosperidad de los propietarios, una familia conservadora, que contaba entre sus haberes con el único cura nacido en el poblado. La casa deshabitada después de la muerte del jefe de familia, tenia todas las condiciones que posibilitaban su prosperidad: un amplio local otrora almacén de paños, escaparate de madera hasta el techo, vitrinas a lo ancho, dos puertas de ingreso y amplia zona para los compradores.
Nasa que tenia ya elaborada la estrategia, la arrendó y pronto vio el sueño convertido en realidad. Adquirió en Pamplona, de contado, amplio surtido de licores, galletería y demás elementos novedosos, fiel a su sentido de la gratitud y con ella a flor de piel, había decidido montarle competencia a su benefactora, surtió el pan y las colaciones desde Pamplona, para no verse en la obligación de explicar el origen de su dinero.
La novedad impactó el mercado y una buena cantidad de clientes se acercaron para adquirir los bienes que se exhibían en la estantería y en los mostradores. Vinos de todas las clases, champañas, brandy, aguardiente, ron, cerveza, gaseosas Hipinto y cola la Favorita, kumis y masato. Por el lado de las colaciones pandeyucas, almojabanas, pasteles de gloria, mantecada y toda suerte de panecillos (cemas, mojicones, pandeagua, pan tostado).
Don Nasa, así le decían ahora, completó su negocio, colocando en una esquina de la tienda la cacha y unas cuantas mesas, donde los compradores podían degustar el surtido. Para que hablar, el hombrecillo se la jugaba toda en la ardua competencia.
Todo caminaba sobre ruedas, las ganancias aumentaban y la clientela también, engordó unos cuantos kilos y se compro un inmenso anillo de oro que lucia sobre su mano derecha. Se mando enchapar unos cuantos dientes en oro y solicitó el ingreso a la congregación de los nazarenos, quienes lo recibieron gustosos. Pero aun no se materializaba su segundo deseo, todavía tenían que pasar muchos días hasta que el destino esquivo le diera esa oportunidad y escogiera el momento preciso para cumplirlo.
Corría el mes de junio y como siempre una llovizna pertinaz mojaba inclemente las calles empedradas y los andenes construidos en ladrillos de barro cocido se cubrían con una lama verde oscura. Era un domingo gris y frío, la cortinilla de agua que completaba cinco días seguidos, espantaba hasta los mozuelos juguetones de las calle y el local rebosaba de campesinos enruanados que solicitaban mas y mas cerveza, entre la algarabía y los juepuercas. Nasario no daba abasto para atender la concurrencia, hacer las cuentas y afinar el ojo por si acaso algún cliente atrevido se pensaba escapar. Sus escasos metro y medio y su redondo cuerpo apenas se notaban en medio de la multitud que, con el licor empezaba a envalentonarse. Los gritos y alegatos iban subiendo de tono y ya algunos atrevidos, empezaban a lanzar injurias, haciendo amagues de sacar los filosos cuchillos que tenían en sus pretinas, con el licor corriendo por sus venas la tendencia violenta se volvió incontenible y la gresca no dio espera. Las botellas lanzadas giraban en el aire y el brillo de las hojas metálicas buscaban atravesaban la carne, las imprecaciones completaban la sinfonía desenfrenada y Nasario no podía hacer nada, nadie le prestaba atención y optó por colocarse en lo mas alto de la estantería, para escapar de la furia de quienes se enfrentaban en batalla campal.
De pronto, una mujer alta, acuerpada, vestida de negro, a quien algunos llamaban María, ingresó al local y sin mediar palabra, de unos cuantos empellones, saco parte de los conflictivos parroquianos, increpando a los demás quienes agacharon la cabeza y aceptaron los dictados de ella, el zafarrancho había terminado, pero en el corazón de Nasa la huella imborrable de aquella figura había sido tallada con estiletes. Desde ese instante solo vivió para perseguir su recuerdo.
Le cambio nuevamente la vida y en las mañanas se lo veía penetrar en la iglesia, con destino al nicho donde estaba la virgen de las Parritas. Arrodillado, permanecía largas horas contemplando el retablo y murmurando en voz queda la repetida petición y las promesas que pagaría si le concedían el deseo. Virgen, vos que escogiste la morada de esa familia de solteronas para quedarte en ella, vos que cual flor en crecimiento, fuiste apareciendo lentamente en el lienzo, te ruego postrado que me des la gloria de conocer a María, la fortachona María, que se metió en mi corazón e hizo su nido en el. Si tengo la fortuna de ser merecedor de tus bendiciones, me volveré honrado, jamas estafare a la gente, nunca perseguiré los perros ni los golpeare con la vara de cañaguate, es mas, la echare a la lumbre del fogón para que se convierta en cenizas. Hazlo por tu hijo unigénito, dame la oportunidad de verla nuevamente, de conocer de donde es, de acercarme, de hablarle, así y solo así, podré descansar de esta desazón que me persigue y que me espanta el sueño.
Fueron muchos meses de ruegos y oraciones, mucho el cambio que se produjo en Nasario, muchas las veces donde en su interior se libró la batalla entre devolver o no las vueltas a los mozalbetes que tenían por misión comprar el pan del desayuno, llegó hasta el extremo de prometer devolver los dineros robados a doña Felipa y por fin fueron oídos sus ruegos.
Ella apareció vestida nuevamente de negro en la celebración del aguinaldo del Contento, la divisó bajándose del bus del chueco Isidro, que hacia la línea con Bucaramanga. Venia acompañada de los conflictivos enruanados con los que charlaba animadamente y a los que de vez en vez les propinaba algunos empujones. Al pasar por la tienda, alcanzó a escuchar un retazo de la conversación, se referían a la fama que ese aguinaldo había adquirido en Babega y con un esfuerzo sobrehumano concluyo que su amada era de esa población. Como el grupo paso sin detenerse, Nasario decidió que en aquel momento lo principal era poder acercarse a María y entablar conversación, así que resuelto cerró por primera vez su negocio y les siguió los pasos, con el trotecito corto que lo caracterizaba. Que iban de jolgorio, se les notaba a la legua; bien pronto lo comprobó al verlos desaparecer por la puerta de la cantina de los "papapicha", él los imitó y como quien no quiere la cosa, fingió fisgonear los preparativos que en el camión de Julio Vicente adelantaban los vecinos al mando del popular Campanilla, líder del barrio, tratando de armar una carroza, mientras de reojo se regodeaba observando la mujer de sus sueños. En mas de una ocasión intentó acercarse pero en igual cantidad de ocasiones se arrepintió, sabia que no podía dejar pasar esa oportunidad, pero igual, la timidez y el miedo lo tenían como si estuviera jugando a los aguinaldos en la modalidad de estatua. Tal vez lo mejor sería ayudar la voluntad con unos cuantos tragos, pero tenia claro que debía impresionar, pues el refrán popular le señalaba el camino "el que pega primero pega dos veces", así que levantando la voz solicitó: media de brandy, pero no del veneco sino del francés.
Por primera vez, notó el interés que despertaba en la mujerona y ese detalle lo reafirmó en su propósito. Empacó uno tras otro los tragos de licor y por sus venas y arterias, como una autopista, fluyo una sensación de bienestar y de seguridad que nuca había tenido, por eso, en el máximo del atrevimiento, pidió una ronda para los forasteros y otras mas, sin detenerse a pensar en el crecimiento de la cuenta, definitivamente era otra persona.
A pesar de su tendencia a ser malo, jamas se había distinguido por el consumo de alcohol, por el contrario, en esa materia era un puritano, tal vez porque Iscariote le había cogido fobia al viejo Noé, por eso de estar haciéndose el santurrón, cuando en realidad era un borracho empedernido, al cual hasta sus propios hijos le mamaban gallo. Pero ese día, bendecia a Bacus y a Noé, por la sustancia descubierta, que le permitía acercarse a la María de su corazón.
Como intuyendo su futuro, María miraba continuamente al pequeño hombrecillo. Al principio con un dejo de compasión, mas luego, con cierto aprecio y finalmente con mucho detenimiento, descubriendo las "cualidades" que lo adornaban, lo buen mozo que era, las pequeñas arrugas que le cubrían el rostro y los brazos descubiertos, los ojos de lechón en trance que a ella le parecían mas brillantes que toda una constelación, el fajo de billetes que de rato en rato Nasario mostraba y los comentarios que otros borrachines hacían sobre su situación económica holgada. En el cerebro de la mujer se entrelazaron dos aspectos: el efecto embellecedor con que el licor cubría los ojos y el interés malsano de asegurarse un futuro lleno de abundancia.
Sin vacilar dio el paso decisivo y abordo al hombrecillo. Lo saludó, le agradeció las invitaciones, le dejo ver sus enormes senos con un movimiento rápido de su ruana agachando su cuerpo, le rozo la cara con el pezón derecho y distraídamente simulando un paso en falso, le tomo la entrepierna y subió su mano hasta tocar insinuante las partes, que la falsa moral, denomina nobles.
Nasa, a pesar de los tragos no fue capas de dar el siguiente paso frente a tamaña insinuación, solo alcanzo a balbucear algunas palabras de las que solo se entendió, al cabo de dos horas y en una beodez total, la hora y sitio de la cita.
El noviazgo fue breve, en muy pocos días tenían planeada la fecha del matrimonio, que se convirtió en el acontecimiento del año. Nasario logró que le prestaran la casa de don Crisanto para celebrar el acontecimiento, contrató la elaboración de la comida, donde el plato fuerte debía ser la gallina criolla. Para amenizar la fiesta, un conjunto vallenato de Pamplona y elaboró la lista de invitados encabezados por el cura, el alcalde y los principales del poblado.
Para el acontecimiento adquirió un flux negro con chaleco, adornó su solapa con un ramito de siemprevivas y a María, como obsequio de bodas la vistió con un traje de novia blanco, que adquirió en una tienda de segundas en el mercado de la Sexta en la capital del Departamento.
La entrada del sitio de reunión estaba precedida por un recepcionista que exigía la tarjeta de invitación y muy pronto la mesa dispuesta, se fue llenando de regalos. El conjunto a la moda con los acordes de los sabanales de Calixto Ochoa hizo las delicias de los asistentes que bailaron hasta las cinco de la mañana.
Ahora Nasario esta de pie en el patio de la casa cural, esperando que Isabel lo maquille, se siente inquieto por el turbante que le han construido en su cabeza y por el gigante arete dorado que pende de su oreja derecha. Tiene en su mano izquierda la bolsa de cuero que fabrico con gran empeño donde tintinean las 30 monedas que le han suministrado con la inscripción de un nombre desconocido y una inmensa mano que soporta el mundo y las cuales constato una por una. Sospecha del resto de los actores y los mide con el mismo rasero, no son mas que una manada de aprovechados que a hurtadillas se consumen el vino de consagrar o que llevan en los odres no el agua cristalina, sino licor. Esta seguro de su papel, pues ensayó con el posta de su casa el beso que tiene que darle a Jesús, la carrera para esconderse de los soldados romanos y el como colgarse en la palmera del parque, cuando así se lo indiquen.
Sospecha del Mono, pues entre malandrines se conocen sus gustos, sus tretas, por eso, dedico días y noches en su seguimiento, hasta que lo pescó dando un paso en falso. Ahora tenía claro parte del juego y lo conservó como un as que sacaría en el momento preciso. Nadie mas en el pueblo sabia de los amores clandestinos que sostenía con la joven integrante de las hijas de María.
Pero, cuando en la procesión se produjo el acontecimiento de los pájaros, empezó en secreto a rezarle al Mono Camargo para que acrecentara su fortuna, le diera suerte con las mujeres y le permitiera jugar con ventaja en todas las contiendas.
EPILOGO
La profunda fe depositada en los milagros que producía el Mono, lo llevaron a incursionar en nuevas actividades financiera; se dedicó a prestar plata a intereses exorbitantes y a incrementar los precios de los productos de panadería, aprovechando que la competencia había quebrado. Pero su santo no le concedió los beneficios y el negocio de Nasario paso de la prosperidad a la quiebra. Al cabo de los años termino en un cuartucho del barrio que lo vio nacer. En la estantería apenas se dejaban ver algunas botellas cubiertas de polvo y en el mostrador un viejo mueble de cristal, con un bombillo cubierto de excremento de moscas, que contiene empanadas trasnochadas de mico de alverja, algunas morcillas en descomposición y papas chorreadas; a su derecha un frasco de ají, del cual escapa un fuerte olor de vinagre en descomposición y una bandeja llena de cucas enmohecidas que ni siquiera el perro hambriento se atreve a consumir.
IV. EL CENTURION Y SUS FALSETES
Fiel a su vocación, Centurión se encuentra en la puerta de la cárcel de Ubate de donde es director, tarareando una de las canciones de su ídolo Miguel Aceves Mejía y, mientras espera la llegada del director de las prisiones, rememora las reuniones con su compañero de andanzas el Jicaro, admirador de Antonio Aguilar, con quien alternaba la cantada en las interminables borracheras.
Tiene a su cargo el establecimiento ubicado en pleno parque municipal, 10 guardianes mañosos y corruptos y 60 presos, la mayoría campesinos. Cuando le llegó el nombramiento, gestionado por su mecenas, no tenia idea alguna de el trabajo a desempeñar, pero, el, era un hombre resuelto que sabia enfrentar los mas duros retos y, sin vacilación había aceptado, con el propósito de aprender haciendo y bien que lo ha conseguido, pues a punta de sesiones de canto tiene a los detenidos en su bolsillo.
Nervioso, ensaya mentalmente la forma de subir la voz para imitar el falsete, y, la letra de la melodía se despliega verso tras verso, tratando de encontrar las notas mas altas y de llevar su esfuerzo al máximo: Por la lejana montaña va cabalgando un jinete, vaga sólito en el mundo..., repite, esperando que la comitiva irrumpa por la calle central.
Conoce de oídas, los gustos del director de prisiones, un viejo oficial retirado de la policía y ha instruido durante una semana a los guardianes en la rutina de formación, saludo, rendición del "parte". también ha encargado en el mejor restaurante de Ubate, el ágape, donde ha incluido lo mejor de lo mejor de los platos de la región y unas cuantas botella de escocés.
Por la importancia de la visita ha advertido a las autoridades municipales, quienes están también alerta por la llegada del personaje, por eso, cuando mira hacia el balcón del Palacio Municipal, divisa al alcalde, quien haciéndole señas le indica que se acerque, para ultimar los últimos detalles de la recepción. Centurión dudando entre permanecer vigilante o acceder a la petición del burgomaestre, por ese titubeo, no se da cuenta de la caravana de carros que súbitamente aparece frente al establecimiento, de los cuales descienden los altos directivos, quienes proceden a golpear violentamente la vieja gruesa puerta construida en madera.
Por fin los identifica y presuroso trata de proceder a los saludos de rigor, pero ya el asistente, un hombre barrigón, ha descargado por lo menos una docena de golpes en la pesada puerta, y, el viejo policía entrado en cólera, vocifera enfurecido al punto que cuando Centurión logra que lo escuchen, solo recibe calificativos de inepto, ineficiente, bueno para nada y toda suerte de apelativos que terminan con la amenaza de destitución fulminante.
De ahí en adelante solo escucha reparos sobre la administración de la cárcel. Como es posible que no exista un jardín?, le espeta el superior, y él, tratando de explicarle que es imposible construirlo sobre el pavimento, ya que no existe un espacio donde sembrar siquiera una pequeña mata, y luego, sobre el desaseo de la carpintería, los uniformes descoloridos de la guardia, la falta de marcialidad, la inexistencia de armamento, la falta de pintura en las paredes de ladrillo y Centurión, explicando que a los guardianes hace 5 años que no los dotan de vestimenta, que cuando trabajan la madera salen residuos, que solamente existen esos fusiles de la segunda guerra mundial y que las paredes de ladrillo no necesitan pintura.
Después, la cantaleta continua en el ágape cuando le dice que no esta acostumbrado a comer fritanga, que nunca mas le ofrezca licor de tan baja calidad, en definitiva, que esa ofensa se paga con destitución fulminante. Ebrio le dicta a su obeso ayudante, la resolución de insubsistencia y le ordena a Centurión su presentación a tempranas horas en su despacho de Bogotá, para decidir de una vez por todas su situación. Luego aborda el Mercedes Benz que como una estampida, desaparece en la distancia.
Centurión jamas ha recibido humillación tan grande e injustificada, él, que ha invertido todo el sueldo del mes, en banquete y agasajo, para impresionar al superior y obtiene esa recompensa?, definitivamente debe hablar con su mecenas, antes de acercarse al despacho del jefe.
Al día siguiente se presenta, de acuerdo a la orden recibida, en la dirección de prisiones, y, para sorpresa suya, las puertas se abren con facilidad, las frases amables dispensadas por las mujeres hermosas que trabajan como recepcionistas y quienes comunican de su presencia en el despacho. Inmediatamente es recibido y cuando entra a la oficina del director, lo ve sentado en el extremo de una mesa gigantesca. Va preparado para mandarlo al carajo, es cierto que necesita el empleo pero no a tan alto precio, por eso la sorpresa es mayúscula cuando el viejo policía, se levanta del sillón y lo saluda con un fuerte abrazo. Lo invita a departir un café, le habla de las preocupaciones del cargo, de la reciente fuga de un barón de la droga centroamericano y mas de una confidencia de las que solo se hacen a los amigos y finalmente se disculpa de su comportamiento.
Se despide con una sonrisa de oreja a oreja, sabe que sus quejas han sido escuchadas, que su mecenas interpuso sus buenos oficios y con la frente en alto franquea la puerta de salida, pensando que en este país cada cual recibe su merecido. Ensimismado en sus pensamientos tropieza violentamente con el guardia que custodia la oficina y por el porte del hombre lo relaciona inmediatamente con un centurión romano, transportándose a las celebraciones de semana santa de su pueblo.
El cura lo contactó desde la primera representación, seguramente fue referenciado por su fama de bohemio y porque prestó servicio militar a comienzos de los años 60 en la zona de operación del Tolima contra los famosos bandoleros Sangre Negra y Desquite. El clérigo tal vez observó, en una de las visitas familiares, los albunes donde aparece en uniforme de gala, o quizás por su fama de galán y el éxito con el sexo femenino, lo había movido para su contratación.
De pronto hasta escucharía la historia de amor prohibido de la cual fue protagonista, cuando de serenata en serenata, al mas claro estilo mejicano, pretendió ganar el amor de Roberta.
Al recordar el episodio, Centurión no deja de sentir una profunda nostalgia, pues en esa época y por vacaciones escolares, ella llegaba a alegrarle el frío ambiente del pueblo. Sabían que sus amores estaban prohibidos y que la familia la enclaustraba detrás de la ventana de su cuarto, en el segundo piso de la casa situada en plena calle real, tratando de evitar que entre los dos jóvenes existiera la mínima posibilidad de comunicación. Creían que de esta forma evitarían que la atracción que sentían, se convirtiera en amor y que éste, los llevará a buscar el escape para acceder al matrimonio clandestino en cualquiera de los pueblos cercanos.
Soportó impávido todas las amenazas que el hermano mayor de su pretendida le prodigaba, cuando en gavilla con los marraneros lo atalayaban en el parque, o, en la esquina menos prevista, abordándolo con groserías y exhibiendo armas corto punzantes o revólveres de fisto. No protestó cuando por los canales del chismorreo popular, le llegó la descalificación por no tener fortuna. Siempre estuvo dispuesto a persistir en el intento y a buscar las mas variadas formas para los encuentros clandestinos con la amada. Llegó hasta a organizar su propia gavilla con los coreanos, muchachos exilados por la violencia de su pueblo natal y que tuvieron que salir de sus orígenes cuando el manto de la noche los perseguía con una muerte segura por el simple hecho de manifestar sus inclinaciones por el color rojo.
Se valió de los buenos servicios de Catapilo quien le sirvió de correo, pues todos los días recogía las masaguas en la casa del su amada y las transportaba a las cocheras que los padres de Roberta tenían en una finca cercana, manteniendo un contacto permanente.
Centurión recuerda como si lo estuviera viviendo en el instante, los acontecimientos que rodearon la decisión de dejar de persistir en esa relación y al hacerlo siente un hormigueo en el dedo anular.
Fue un sábado por la noche del mes de diciembre, la música que salía del altavoz del teatro anunciando la proximidad de la hora de ingreso para ver la ultima película de Pedro Infante, sonaba estridentemente. El, oculto en los arboles del parque, esperaba impaciente, el paso del hermano mayor, quien como todos los sábados, se dirigía a la sala de cine. Previamente por intermedio de Catapilo, había concertado la hora de la cita. Roberta, sabia que sus padres, a esa hora, estarían recogidos en su alcoba y que, desde la ventana, podrían hablar, jurarse nuevamente amor eterno y deleitarse, así fuera en la distancia, con la presencia y la fuerza de la mirada.
Efectivamente muy a las ocho de la noche, pasó el cuñado con sus eternos escoltas, rumbo al teatro. Centurión calculó el tiempo que demorarían en ingresar al recinto y emocionado se dirigió al encuentro. Ella, lo esperaba nerviosa, recostada sobre la puerta de la ventana de la sala, fisgoneando la calle por entre las rendijas, sobresaltándose cuando una sombra se recostaba contra la calle empedrada, el corazón a punto de salirse del pecho y, las manos sudorosas por efectos de la tensión que generaba incurrir en un hecho prohibido por su familia. Le parecía que habían transcurrido horas enteras, cuando escucho la señal convenida y la silueta familiar se descubrió contra el fondo de la semioscuridad que proyectaba el pequeño bombillo del poste del frente.
Las manos de la pareja se entrelazaron y casi en el delirio, sus bocas se fundieron en un tierno y apasionado beso, luego, se miraron en silencio por un largo rato, para después en un torrente embravecido de palabras, declarar su amor y reiterar el compromiso de estar unidos para siempre. Centurión, con la tentación de entonar una de las canciones preferidas del charro mejicano especializado en huapangos, como la mejor forma para expresar lo que en su alocado corazón sucedía y, ella, suplicando que no lo hiciera, que entendía lo que sentía pues igual le ocurría. La sangre corría vertiginosa por el cuerpo de los dos y el deseo natural trataba de desbordarse, pero, tenían la certeza de la necesidad de reprimirlo, porque ella debía que llegar pura e intacta al matrimonio.
Embelesados, dejaron que el entorno desapareciera, olvidaron las precauciones tomadas y el instinto vigilante dio paso a la mas grande despreocupación por la vigilante asechanza. Bajaron la guardia, hasta el punto de no importarles los sonidos que desde las otras casas se sentían, cuando abrían las ventanas para espiarlos, o, cuando algún transeúnte desprevenido, pasaba ante ellos.
En su arrobamiento, no se percataron del tropel de cuerpos que avanzaban, ni escucharon los sonidos del calzado sobre el empedrado, solamente tomaron conciencia, cuando un torrente de furia, expresado en palabras, detonó en la calle con enardecida furia. Era el cuñado y su gavilla, pretendiendo echarle mano a su ruana de lana virgen.
Centurión, con agilidad felina, se revolvió, encaró los oponentes y con un esguince de su cuerpo, rápidamente los evadió. Emprendiendo una veloz carrera, dobló por la calle de Cuatro Esquinas; buscando el refugio cómplice de las sombras del callejón de Caño Sucio, para poder salir, por la vía del cementerio, seguro que su excelente estado físico le permitiría tomar la delantera y refugiarse en algún lugar seguro.
Mientras despavorido trotaba, se preguntaba que había ocurrido para que se enteraran del encuentro furtivo, quien los había delatado y las deducciones no le permitían identificar al entrometido. Cuando creyó que sus perseguidores estaban confundidos detuvo la carrera y con tranquilidad se encamino hacia su casa. No logró intuir que el grupo dividido, trataba de cerrarle las salidas y que los golpes de los zapatos contra el empedrado eran menos que antes. La mala suerte lo seguía, de sopetón se encontró con los perseguidores y en el atortole emprendió carrera para desandar lo recorrido. Solo se dio cuenta de su equivocación, cuando de la profunda oscuridad, surgió el hermano de Roberta. Como una prolongación de su mano aparecía una pistola y en milésimas de segundo identificó un párrafo de una canción: "pistola en mano se le echaron en montón" y se sintió como el Juan Churrasqueado.
Le apuntaron con un pequeño revolver negro como la misma noche, mientras los demás lo rodearon, impidiéndole cualquier posibilidad de escape. Centurión, sopesó la situación, buscando alguna alternativa para salir airoso del percance, raudo trato de aprisionarle la mano al oponente con la intención de desarmarlo, pero, infortunadamente, el disparo resonó como un trueno. Le alcanzó a ver el rostro al cuñado y lo vio demudado, atónito, confundido y asustado.
Sintiendo una leve punzada se miró la mano, notando que un liquido caliente brotaba de ella, atolondrado, la levantó para observarla, y en la semioscuridad descubrió que el dedo anular había desaparecido.
Lo que siguió fue un pandemonio, en un instante se vio rodeado por una multitud que gritaba, algunos le palpaban el pecho, buscando una posible herida al ver la camisa manchada de sangre, otros, con mas lucidez, lo condujeron hacia la tienda de los Angaritas y lo obligaron a embutirse medio litro de aguardiente, para calmar el dolor, tal cual ocurría en las películas mejicanas.
La noticia se esparció por todo el pueblo y de todos los rincones surgió una turba de fisgones que siguieron a Centurión en su paseo hacia la casa de Juanita, la única enfermera de toda la región. Beodo, por efecto del licor absorbido, al pasar por la casa de su pretendida, entonó una nueva ranchera que recreaba la muerte de un hombre por el amor de una mujer, reiterándole que solo la presencia de la parca seria lo único que podría separarlos.
El recuerdo de ese episodio le lleva a enarbolar una sonrisa, cuando piensa en los avatares de la vida, en los imponderables del destino en su origen y desenlace. Pocos días después, mientras convalecía de la amputación del dedo por efectos del "disparo", fue visitado por Catapilo quien le narró los acontecimientos previos al fatal desenlace: No fue mi culpa le dijo, yo he sido siempre leal y fiel, pero la noche de los acontecimientos y gracias al dinero que me diste para la boleta, estaba en cine, en la banca donde estaba tu cuñado y los marraneros departiendo, no habían apagado aun la luz cuando algunos rezagados tomaron también asiento y empezaron a conversar sobre el encuentro del par de enamorados en la calle real. No bien escucharon el chisme, tus ofensores se percataron de mi presencia, me atarzanaron con una navaja, para que les dijera la verdad. Yo sintiendo el filo del metal en mi barriga y asustado por la enfurecida reacción, no tuve otra alternativa que contarles lo de la cita. Ellos jurando venganzas y maldiciones salieron intempestivamente de la sala y el resto ya lo sabes.
El final del episodio fue sencillo: los policías al escuchar el estampido del disparo, velozmente se dirigieron al sitio de los acontecimientos y atraparon al agresor, quien consternado había quedado inmóvil en el sitio de los insucesos, le decomisaron el arma "homicida" y lo condujeron hacia los calabozos del palacio municipal; luego procedieron a llenar los informes, que al día siguiente, el juez costeño tenia en su despacho, junto con la prueba reina que lo inculpaba, en el, una recomendación de procedimiento: hacer un guantelete y cotejar las huellas dactilares de la pistola con las del agresor. Al final del informe y en mayúsculas le insinuaban a la autoridad judicial, que esa era prueba suficiente para condenarlo por intento de asesinato agravado, premeditado y por asociación para delinquir.
El Juez encontró informe, prueba y recomendación. Atendió a los padres del detenido, quienes le solicitaron su libertad, les prometió completa imparcialidad y pronta decisión, después, llamo los peritos para que emitieran los conceptos de rigor, quienes al salir del despacho, planearon sus tareas, establecieron los pasos a seguir para presentar el informe que el señor Juez les pedía y con la bolsa, en donde estaba guardada la prueba reina, en su poder, se prepararon para hacer el diagnostico.
Exigieron la presencia de algunos agentes de la policía para que les sirvieran de testigos, porque, como el reo era hijo de familia influyente, no los acusarán mas tarde de desaparecer los elementos que lo implicaban en tan horrendo crimen.
Cuando desempacaron el arma casi homicida, no se pudieron contener y estallaron en sonoras carcajadas que se escucharon, por su intensidad, hasta en el centro del parque. Los uniformados se miraban perplejos e incómodos, cuando los peritos elegidos, les informaron que el instrumento del crimen era un juguete con un proyectil de salva, el cual podían adquirir libremente los niños de la escuela. Poco después el inculpado quedó en libertad y el alcalde emitió un decreto prohibiendo la venta y porte de pistolas de juguete.
Mirándose la mano, rememora la mala suerte que el destino le tenia programada aquella noche de sábado, un poco antes de terminar la película en el teatro de don Alfonso Bautista y el final de sus amoríos con Roberta.
Su pensamiento regresa a los acontecimientos del día y ve al director de prisiones que presuroso le repite las excusas. Sabe que debe llamar a su mecenas, para agradecerle los buenos oficios, concertar una cita para llevarle los quesos que ha traído desde Ubate, charlar sobre los últimos acontecimientos de Chitagá y responder por las averiguaciones sobre la hacienda "Chorro Colorado".
Luego, insistentemente reaparece la figura del centurión, que lo meten a la fuerza en las representaciones de semana santa. Con nitidez, se ve en el espejo del pasado, preparando cuidadosamente el atuendo de su personaje, sabe que tiene que recurrir al guardarropa familiar, inspeccionar los inventarios del colegio, construir el casco y yelmo, conseguir el correaje y las banderas, adecuar el arma, escoger la cabalgadura y prepararse para las horas posteriores del ensayo, cuando en compañía de el eterno portero de la selección municipal de fútbol, se dediquen a consumir ingentes cantidades de aguardiente.
La ventaja que tiene con respecto al resto de actores principales, es que no requiere aprenderse libreto alguno. Su actuación es toda acción, golpear con el látigo, empujar multitudes, colocarle la corona de espinas al Mono Camargo, montar a caballo y eso si, demostrar una marcialidad mayor que la de los guardias del palacio real en Londres.
Ahora, como las escenas quedarán registradas en cinta cinematográfica, sabe que debe esmerarse en todos los aspectos: vestuario llamativo con los colores de los patricios romanos (blanco y rojo), casco dorado refulgente ante la luz solar, yelmo plateado brillante, botas hasta la pantorrilla y falda plisada terminando en la rodilla. La cabalgadura tiene que ser espectacular: de color blanco, las crines del cuello trenzadas y cepillado constante, para que la piel se note reluciente.
Ese jueves santo todo ocurría dentro de la normalidad. El elenco se encontraba en la salida del camino de Pantanitos, esperando el inicio de la celebración. Centurión y el resto de militares romanos, preparados en el solar de la casa cural para el desfile en el parque, cuando la multitud llegara. Los caballos nerviosos se encabritaban por segundos y los jinetes tenían que tirar de las riendas para controlarlos. Atento a la señal de salida, alcanzó a percibir la algarabía de la multitud que ensordeció el ambiente. Debe ser, penso, la curiosidad de observar la cámara de cine y se concentró en la rutina que debía realizar. Al rato, reflexionando se dijo, la novedad no es tanta como para atrasar la programación.
Por fin recibieron la señal de salida y se dirigieron hacia el encuentro de la procesión y ahora si, admirados, se explicaron la demora al ver la nube de pájaros revoloteando alrededor del Mono Camargo. La inusual situación encabritó las cabalgaduras que trataron de buscar las salidas y en la estampida, mas de uno fueron pisoteados o empujados bruscamente, lo cual terminó por completar el marco de confusión de ese domingo de Ramos.
El jueves santo, fiel a la tradición, Centurión se encontró con los amigos, muy a las diez de la mañana en la tienda de doña Gilma. En esa fecha la celebración profana debía ser con vino dulce, bebida de la cual se había aprovisionado copiosamente la propietaria del negocio. En la estantería podían escoger de una amplia gama de marcas y orígenes: los había de uva como el cinzano y sansón, de naranja oroviejo y otra serie de menjurjes.
El grupo fue escanciando "copa tras copa, botella tras botella" como en la canción, la conversación variada abordó los últimos chismes sobre los pecados de las damas, el fútbol, el ultimo gol de Walter Sosa con el Cúcuta Deportivo y finalmente devino sobre los pájaros del Mono Camargo. Algunos creían que los acontecimientos eran sobrenaturales, otros consideraban que la bendición para el pueblo era producto de la presencia del cura y Centurión, siempre prevenido, dejaba insinuar la duda, pues le parecía extraño, que el Mono con lo dañado y mujeriego, fuera el instrumento elegido por Dios, para manifestarse con el extraordinario hecho.
A las doce del día, después de despellejar a la mitad del pueblo, se levantaron de la mesa, ebrios de vino y se dispusieron a cumplir con la otra tradición del jueves santo: los siete potajes4.
Centurión llegó a su casa en donde le esperaba el suculento banquete. La familia se había esmerado en la preparación de las viandas y toda la mañana la utilizaron en el correcorre de su preparación. Tenían sobre la mesa del comedor carnes variadas, ensaladas, mute, angú5, consomé con galletas de soda, dulces de higo, zapira, durazno, vaso de vino y sorbete de moras silvestres. Los siete potajes se habían convertido como en trece. Con almuerzo tan abundante, desapareció la borrachera, por eso cuando nuevamente se encontró con sus compinches, pudieron reanudar la tarea momentáneamente aplazada y a las tres de la tarde, mas prendidos que arbolito de Navidad, se dirigieron a la casa cural para incorporarse al elenco y continuar con la representación.
Su actuación fue éxito total. La admiración por el corcel y su ropaje de centurión romano le atrajo mas admiradoras y mas motivos para dar serenatas en las frías noches, cuando de huapango en huapango, al calor del licor y las exclamaciones de cocula, se decidió a ingresar al colegio del pueblo.
EPILOGO
Al año siguiente Centurión, ingresó al primer año de en la Normal de Varones y el hecho fue todo un acontecimiento. Los imberbes adolescentes, lo miraban como a un ser extraterrestre, era mucho mayor que ellos y la fama que lo precedía lo hacia objeto de múltiples y disimiles consultas, desde como entrarle a una muchacha, hasta la indagación de cómo subir los falsetes sin temor a perder las cuerdas bucales, se podía predicar de él el titulo de la canción de José Alfredo: El Rey, porque efectivamente lo era en esas circunstancias.
Per no solamente impactó a sus compañeros sino también a los profesores; uno de los cuales lo admiraba hasta la plena adoración, este era el profesor de español a quien apodaban "Lógica", por su manía de repetir la palabra continuamente, un hombrecillo tímido y apocado, de baja estatura, voz gangosa y gruesos lentes de miope, originario del altiplano cundiboyacense, quien veía en Centurión la personificación del hombre de mundo, maestro en las lides de la conquista del sexo opuesto, audaz y arrojado y quien permanentemente lo consultaba sobre el que hacer frente al método que debía utilizar para conquistar a la mujer que lo desvelaba. De alumno se convertía en maestro y esa situación le daba grandes ventajas que se materializaban en las notas mensuales de la materia.
Donde no tenia esas ventajas era en el curso de matemáticas, la materia era su mayor dolor de cabeza, desde que llegó al colegio siempre había notado la mirada fría que desprendían los ojos del maestro, era algo así como una advertencia sobre la imposibilidad de aplicar con él la misma medicina que le suministraba al de español. Se soñaba haciendo reglas de tres, dividiendo quebrados y aterrorizado se despertaba bañado en sudor cuando en el delirio aparecía el maestro botando fuego por lo ojos, entregando los parciales calificados con color rojo y siempre con unos números grandes y reteñidos que se repetían monótonamente: cero ocho; en esos momentos, esperaba que el suelo se abriera y que la tierra lo engullera, por eso empezó a implementar la táctica de copiarse del Turco Camargo, un compañero de los aventajados y aprovechando la cortedad de vista del maestro, empezó a subir las notas; pero, el problema seguía presentándose cuando lo sacaba al tablero para resolver los problemas, porque él, el duro, el mas experimentado de los miembros del colegio, balbuceaba, se atortolaba y no daba pie con bola, en esos momentos le daban ganas de llorar como un chiquilluelo.
Había pasado la mitad del año cuando llegaron unos practicante de la Normal de Pamplona, eran alumnos de ultimo año y su presencia produjo grandes transformaciones por lo novedoso de sus métodos de enseñanza. Dentro de ellos se notaba particularmente un practicante que se ganó el corazón de los jóvenes del curso de Centurión. Basado en las motivaciones que producía en los sentidos de los imberbes la relación de la teoría con la practica; les leía novelas de Julio Verne, con tal entusiasmo y maestría, que se transportaban al lugar de los acontecimientos y formaban parte espiritual de los sucesos allí narrados; la hora de clase la esperaban con ansiedad y el desencanto hacia presa del salón cuando decidía aplazar para nueva oportunidad la lectura, era igualitico que las radionovelas, cuando estaba a punto de resolverse uno de los múltiples problemas, aparecía el fin del capitulo y anunciaba su continuación en un próximo día. Pero no solo les aportó el interés por la lectura; también lo hizo de manera practica con la percepción de la música. El Nobel maestro, fue capaz de desarrollarles el oído y las posibilidades de recrear la mente, escuchando música clásica; cuando en un viejo tocadiscos colocaba los acetatos de Vivaldi o cualquier otro compositor, apasionadamente, en palabras les iba indicando el enorme parecido entre los acordes y el sonido de las quebradas, o el susurro del viento al rozar las hojas de los robles y arrayanes, el batir de las alas de los sarnicalos y copetones, el estallido de los truenos y la luminosidad de los rayos en noches de tormenta. Hasta Centurión se metió en la corriente y estuvo presto a sumarle a sus gustos por la música mejicana, algún sabor de violines, violas, violonchelos, los sonidos armoniosos de los cornos y el grácil acorde de los oboes que cantaban tiernamente las gracias por la existencia del amor, o los sonoros y penetrantes estallidos de los trombones, imitando las guerras del infierno.
Al ser de los mayores formó parte del equipo de fútbol junto con los Parada y los Gómez, estudiantes cucutillanos que llegaron becados a la Normal; Centurión tenia facilidades para dicha practica y se ganó la titular en la defensa del equipo del colegio. El maestro de cooperativismo, un cucuteño que le encantaba el fútbol y que tenia especiales dotes para manejar el medio campo, era el entrenador de los muchachos. Cada vez que Centurión bartoleaba el balón le gritaba Pamplona, por la fama de los jugadores de dicha localidad en levantar el esférico a patadas y su negación para acariciarlo, posibilitando la creación de jugadas que según él, convertían ese deporte en la antesala del cielo. La complicidad de profesor y alumno fue completa, pues fuera de tener empatía con el fútbol, Centurión se había ido convirtiendo en el receptor de las confidencias, lo aconsejaba sobre como debía acercarse a la chica que le atormentaba los sueños y le servia de correo para concertar las citas amorosas, al poco tiempo adquirió una bella ruana de lana de oveja y en la población se empezó a rumorar la pronta boda del maestro y la bella lugareña. El profe había caído en una de las trampas que la población le tendía a los extraños: quien adquiría la prenda para defenderse del viento frío y penetrante que el páramo del Almorzadero le enviaba a los residentes y al hacerlo, terminaba siendo parte indisoluble del poblado, miembro casi natural del mismo, pues no podía escapar a la celada matrimonial. Dos meses después celebraron las nupcias y Centurión fue el invitado de honor, no lo nombraron padrino de matrimonio porque no era bien visto que fuese un estudiante menor, pero el reconocimiento publico lo hizo el cura Concho en las palabras que dirigió a los consortes después de leído el evangelio, donde le expreso la gratitud de la Familia por ser el cupido de aquella unión matrimonial.
Ahora, cada vez que se encuentra con Marco Tulio, uno de los pocos compañeros de curso que aun habitan en el lugar, la memoria se le refresca con las imágenes de aquellos años de estudiante, cuando no se tenían los compromisos y las limitantes de una vida de responsabilidades. Se mira al espejo y el pelo blanco, tan blanco como el del desaparecido abogado Humberto Montañés y los golpes en su cuerpo producto de una caída en la ultima visita a Cornejo, donde casi deja su existencia en este mundo, le muestran la realidad llena de cosas buenas, tan buenas como sus años de matrimonio, sus hijos profesionales que enfrentan por si mismos los desafíos de sus propias responsabilidades, algunas veces se convierte en el abuelo bonachón meciendo los nietos que lo llenan de ternura y que otras veces lo aterrizan inconscientemente, señalándole que los años pasaron volando y que ya no se es joven, pero, a pesar de eso sigue entonando huapangos y produciendo falsetes, repitiendo las letras de su cantor preferido: Miguel Aceves Mejía, en las contadas ocasiones en que junto a su compañero inseparable de bohemias "Jicaro" liban una que otra copa de licor.
V. PONCIO EL GUARDAMETA
Poncio se prepara para iniciar su habitual jornada de juerga, meticulosamente desarrolla el ritual de preparación para enfrentar el "trabajo" con todas las ventajas y nuevamente confirmar, que él, es, el campeón, el hombre que mas aguanta el consumo de aguardiente en toda la región. Toma asiento en la mesa del comedor, donde esta servido un abundante almuerzo, compuesto por carnes grasosas y abundante porción de papas y lo consume, frunciendo el ceño con deleite. Saca de la alacena el frasco con aceite de oliva y escancia medio vaso del liquido, bebiendo lentamente, sin que su rostro indique repulsión alguna. Luego se coloca la chaqueta de jean azul que alisa maquinalmente, mientras mira el brillo de sus botas vaqueras, peina la barba oscura que cubre su barbilla, se coloca el sombrero tejano y sale de su casa.
Llega al Palacio Municipal aguzando la vista, distingue las personas que se encuentran en la cantina de Noemí. Comprueba que su grupo de amigos departen animadamente y feliz se dirige hacia el lugar caminado despreocupadamente, como quien no quiere la cosa, haciéndose el caregallina, esperando que alguno de ellos lo llame a gritos. Pero sus amigos que han observado sus movimientos, bromean sobre su supuesta indiferencia y organizan rápidamente un plan: hay que castigarlo, dejemos que pase y cuando este doblando la esquina, lo llamamos. Arrecho, por la jugada que le han hecho, les responde con la misma moneda y continua su camino indiferente a la invitación; pero, la canción que se desprende del lugar en la voz de Vicente Fernández, le hacen titubear y arrepentido desanda el camino, penetrando donde Noemí.
El jolgorio por la broma y la continuación de la mamadera de gallo, lo convierten en el momentáneo centro de atracción, Poncio, le dicen, usted no fue capaz de resistir la tentación, pudo mas el espíritu de sinvergüenza que el falso pudor y, premiándolo, le sirven un trago doble de aguardiente que desaparece al instante en su garganta. El, automáticamente escancia el siguiente, para alcanzarlos y al final opta por beber a pico de botella, consumiendo en su totalidad el licor que aun queda en ella.
Puesto a tono con sus compañeros de francachela, la conversación aborda múltiples aspectos, primero el chismorreo del momento donde se explayan en comentarios sobre la reciente fuga de la niña con el profesor del colegio, luego, se meten a determinar cuantas veces en el mes, el profesor Castro ha ido a visitar a Paloma, mujer de carnes prietas y disipada en el amor, después, el escándalo de la ultima borrachera del alcalde Marcos Castro y la historia de los muchachos enlocados, que en una noche de parranda, se echaron al hombro el Jeep del farmaceuta del pueblo, econdiedoselo en el potrero del molino.
Tres horas mas tarde, han pasado por todas las familias y espulgado los acontecimientos del lugar, ya casaron a los fugados, incluso le pusieron nombre al niño de la recién embarazada, repararon el Jeep y santificaron a Marcos Castro.
Cuando la conversación declina y los chismes frescos se agotan, a Poncio se le ocurre rememorar los días de escuela. Interiormente se cuestiona su tendencia masoquista, pues, precisamente el lado fuerte de su personalidad nunca fue el estudio. A duras penas llegó a primero de bachillerato, repitiendo cada año de primaria por lo menos una vez, su dolor de cabeza siempre fueron todas las materias, excepto educación física.
Definitivamente lo mío era la buena vida, jugar a policías y ladrones, la lleva, el runcho, cristálas, botones y en los recreos largos, organizar los equipos para jugar al bate6 con un palo y una pelota de caucho. Pero cuando me llamaban a presentar las tareas o a recitar una lección, el asunto se ponía color de hormiga, me tocaba preparar la mano y aguantar los golpes que la maestra descargaba en ella. Era la vieja practica de "la letra con sangre entra", la verdad sea dicha es que la educación no era para mi, pues a pesar de los esfuerzos y de repetir y repetir la lectura, siempre terminaba con un enrredijo en mi cabeza y no daba pie con bola al momento de dar la lección, por eso nunca pase de primero de bachillerato y a la larga con o sin estudio, he podido trabajar hasta con el Estado. Escuchen claramente, lo que vale en este país es la palanca que se tenga y no cuanto sabes, fíjense, mis primos congresistas logran cualquier cosa. Remata la intervención dirigiéndose a Noemi, a quien ordena el segundo litro de Extra.
La mención de los primos, le da materia para una nueva conversación. Todos ustedes saben quienes era ellos?, pues los dueños de este pueblo, desde Chucarima hasta donde la vista se pierde en las lomas circundantes, miles de hectáreas y miles de agregados, en sus tierras se producía desde caña de azúcar, café, hasta fraylejon. Doctores, en una época en que la mayoría solo llegaba a tener unos tres años de primaria, dirigentes políticos y congresistas, ellos mandaban electoralmente, cuando los votos de Chitagá ponían un representante a la cámara, en el Norte de Santander. Los mas ricos de la región y quienes montaban los mejores caballos, lo que ellos decidían se hacia en este pueblo, nada mas cuando ellos se metieron en el MRL, aquí ganaron las elecciones. Ni una hoja se movía sin que ellos lo autorizaran, a las buenas o a las malas. Cuando alguien se les rebelaba, lo metían en cintura a punta de fuete y si eran muy arrechitos, pues a punta de plomo. Esos si que eran unos machos berracos, mas berracos que los de Guaca, unos hombretones de uno noventa que de un coñaso, derribaban un toro.
Precisamente, el deporte en este pueblo se lo debemos, como tantas otras cosas, a ellos. Organizaban los equipos de baloncesto y todo el pueblo asistía a los partidos en el colegio nacional, que por aquella época se llamaba escuela vocacional agrícola. Tal vez por herencia, nuestra familia se interesó siempre por el deporte, hemos sido los impulsores número uno de ellos y como una muestra, cuando quieran los llevo a que contemplen los trofeos que ha ganado el pueblo, tenemos de fútbol y baloncesto, camisetas, pantalonetas y medias al por mayor.
En este punto de la disertación, Poncio se ve interrumpido por uno de los compañeros de farra, que manoteando lo contradice. Mano, yo no puedo estar de acuerdo como usted en la forma que nos hecha la historia del pueblo, las cosas no son como usted las pinta, a ver, dígame si no es cierto, que este pueblo a lo largo de los mas de ciento cincuenta años no ha sido poblado por migrantes de Silos y de Pamplona?, saben porque hay tanto Villamizar?, conocen la historia de ese apellido?. Pues bien yo voy a empezar por contarles el origen del apellido mas extendido en la provincia, el departamento e incluso del Tachira en Venezuela.
Como bien lo escribe Eduardo Angel Mogollón, miembro de la academia Colombiana de Historia, "la palabra "MIZAR" es de origen árabe que en astronomía dio nombre a una estrella notable en la constelación de la Osa Mayor. De ella se tomó la denominación para un lugar el cual con el tiempo vino a tener categoría de pueblo y después se le otorgó el título de "villa", dando como resultado la denominación de la "Villa de Mizar", toponímico este que apocopado dio como resultado la palabra VILLAMIZAR, villa tal cuya ubicación la encontramos en España en la Provincia de León, a unos sesenta Kilómetros al Occidente de la ciudad de León, entre Villamartín de Don Sancho y Villacintor, zona donde curiosamente casi todos los pueblos comienzan su nombre por la palabra "Villa", y en efecto tuvieron y tienen ese carácter jurídico administrativo.
La palabra MIZAR, en árabe significa Velo, es decir tela translúcida. El velo con que se cubren el rostro las mujeres árabes, y que a través del cual se ven los objeto difuminados.También significa la capa de los caballeros. Se le dio el nombre Mizar a una estrella de la Osa Mayor, recurriendo al significado árabe de la palabra Mizar, por ser una estrella que aparecía velada, difuminada, y que muy posteriormente los astrónomos descubrieron que no era una estrella solitaria sino dos estrellas, una superpuesta a la otra, de lo cual venía su aspecto difuminado o velado.
El apellido Villamizar lo encontramos fuertemente asentado en América en una extensa área que comprende los actuales territorios de los dos Santanderes en la República de Colombia, y los actuales estados Táchira y Mérida en la República de Venezuela, pudiéndose pensar que es tal ves de los apellidos más extendidos en las escalas social y geográfica referidas. Explica esto último el hecho de que los VILLAMIZAR tuvieron desde la temprana colonia una gran importancia como encomenderos, diezmeros, cabildantes, testaferros del poder peninsular, clérigos, leguleyos, esclavistas y por esto mismo sus esclavos en el referido periodo llevaban ellos y también sus descendientes el apellido de sus amos, así como los indígenas el de sus encomenderos y patronos, amén de las consecuencias naturales del mestizaje, prueba de ello la encontramos en los antiguos archivos eclesiásticos y de protocolos. En conclusión en dicha zona, por la izquierda o por la derecha, antes o ahora, todos o casi todos son VILLAMIZAR a la postre, por decir lo menos.
Fray Pedro de Aguado en el Libro Undécimo, Capítulo Décimo Séptimo de su obra "Recopilación Historial" nos refiere que el tercer corregidor de ella nombrado por el Presidente de la Real Audiencia de Santafé de Bogotá Don Andrés Díaz Venero de Leyva "Proveyó por corregidor de este pueblo (Mérida) y de la Villa de San Cristóbal a BERNARDINO DE VILLAMIZAR, al cual los vecinos de este pueblo no quisieron recibir ni admitir en el cargo, pareciéndoles que se les había hecho agravio y ofensa en darles por corregidor a este soldado, que además de ser muy mal acondicionado, había cobrado mala fama por haber vivido ociosamente en el Reino""7.
A este punto de la disertación, Poncio lo interrumpe preguntando sobre cuales son las cosas que contradicen su versión?, el ahora conferencista, lo mira con lastima, se sirve un largo trago y lo bebe. Luego limpiándose la conmisura de los labios con el canto de la mano, reinicia la disertación: empecemos pues por su argumento mas sólido, el latifundio. La historia nos dice que Santander fue una tierra donde el latifundio y las costumbres serviles tuvieron poca importancia, porque aquí llegaron españoles pobres y tuvieron que dedicarse a trabajar directamente la tierra y las artesanías. Precisamente los comuneros era una tropa de pequeños cultivadores de tabaco y otros productos.
Está el disertante tratando de meterlos en la argumentación, cuando Poncio, aburrido ya por tanta teoría, coge la botella y se la bebe completamente, después lo interrumpe bruscamente, diciéndole, hombre si no pasamos de primero, como quiere, que ahora, después de viejos, aprendamos esas cosas?, mejor les sigo contando cosas mas interesantes.
Y acto seguido le quitó la palabra. Se acuerdan cuando llegó el fútbol al pueblo?, quienes lo trajeron?, donde jugaba la gente?, cual fue la primera cancha de fútbol?, quienes eran los integrantes de la selección municipal?, que se hizo para construir la nueva?, quien dirigió los trabajos?. Pues hermanos, este pecho les puede responder todos los interrogantes, porque yo formé parte de todos estos acontecimientos y conocí a los otros actores.
La mayoría de quienes departían esos tragos, descansaron con la interrupción y hasta el historiador, bromeando, pidió una nueva botella mientras les decía: claro, mucho lo toche, tratando de culturizar esta manada de analfabetas, eso es como el titulo de la película: misión imposible, y finalizó solicitándole a Poncio que les contara sobre esos sucesos.
Buena por la botella cansón, pero ahora si les voy a contar cosas interesantes parranda de pingos; pues el fútbol llegó por intermedio de los jóvenes que por los años cincuenta estudiaban en Bucaramanga y en Pamplona; ellos trajeron los primeros balones de cuero y como no existía un lugar para su practica, escogían unos potreros en la hacienda Villa Carmen. Al principio eran unos cuantos, pero después la afición se fue incrementando hasta conseguir la conformación de dos equipos, en otras ocasiones, porque el potrero no era muy propicio, nos íbamos de paseo hasta las Plazas donde la extensión era mas grande, plana y cubierta de mejor pasto. Realmente la gran afición por el deporte se encontraba en el baloncesto y el bolo criollo8, porque para el caso del primero, existían una cancha para practicarlo y en el segundo, en casi todas las tiendas de camino, se encontraba una disponible.
Por los años sesenta, el gusto por el fútbol se masifico porque fundaron la Normal Rural de Varones, a la cual llegaron estudiantes becados hasta del Cauca, pero teníamos un inconveniente: no había balones disponibles y la persona que tenia uno debía ser incluido en el equipo, así fuera un tronco. Afortunadamente, en la parte baja de la cuadra de la eucaliptera, existía un lugar, que aunque pequeño, permitía que lo jugáramos en equipos de 8 personas. La mayoría de goles se hacían de arco a arco y las porterías eran dos piedras grandes. Mientras tanto, en la parte alta de esa cuadra, se empezaron a aserrar los arboles y quedó finalmente un potrero amplio, cuyo propietario era don Trino García, persona muy rica que tenia almacenes en Bogotá. No me acuerdo si con autorización o no del propietario, pocos meses después, las maquinas que construían la carretera a Babega, empezaron trabajos y al cabo de un tiempo, teníamos una cancha mas grande, con cascajo.
Para esta época, se jugaban algunos campeonatos: los del colegio y el de diciembre, entre los tres barrios mas importantes del pueblo. Esto me hace recordar que en la selección del pueblo estaban todos los de mi familia: mis tíos, primos, hermanos, que sumados, hacíamos un equipo con sus suplentes, los otros eran de varias familias. En las fiestas de agosto y como parte del programa, siempre invitábamos a algún pueblo vecino: Toledo, Labateca, Cerrito o Málaga y el partido se amenizaba con la banda de Chinacota. Hasta para eso servia el deporte en aquellas épocas.
Cansado de su disgreción, sirve una nueva tanda de tragos, le pide a Noemi un nuevo disco de José Alfredo Jiménez y la conversación deviene por nuevos temas. A esa altura, ya mas de uno esta borracho y al grupo se le han sumado nuevos integrantes, que animan la velada. La conversación se dispersa en muchos temas, al principio se ocuparon de los chusmeros en la violencia, que se movían como pez en el agua, por toda la cordillera y especialmente en el páramo del Almorzadero,
Después alguien narra la historia del alcalde, que en una noche de licor, en la tienda de doña Paula, a eso de las dos de la mañana, acompañado con 5 amigos, con hambre y sin posibilidad de conseguir comida, decidió llamar a Víctor Gata, hombre que había pagado cana por ser experto en el hurto de gallinas, para que los proveyera de algunas gordas aves de corto vuelo, y, Víctor, sin vacilar, se había comprometido, con la condición de que en esa ocasión, si era acusado, el alcalde anulara todo el juicio. Lograda la promesa, pocos minutos después, llegó con tres gallinotas que doña Paula sacrificó, para elaborar el sancocho que consumieron con deleite. A la mañana siguiente, cuando la dueña del negocio fue al solar a recoger los huevos, descubrió que había cocinado sus propias gallinas. Las risotadas y el alborozo, fueron el mejor premio para el cuentero, y hasta Noemí, persignándose, estalló en carcajadas.
Todavía llorando de la risa, intervino uno nuevo, ambientando la anécdota de la Turra, mujer de diminuta estatura, que desvirgo a mas de la mitad de todos los hombres del pueblo. Cuando La Turra vivía por el camino de Villanueva, alguna vez yo pasaba por enfrente del rancho, en las rutinarias labores de pesca, cuando escuche una conversación que me llamó la atención. Cautamente me fui deslizando por la cerca de piedra acercándome los que mas pude y cuando ya estaba acomodado, levante mi cabeza para descubrir quien era el interlocutor de la Turra. La escena que contemple me produjo tal risa que casi me delato, con el pañuelo me tape la boca para evitar las carcajadas y luego si, totalmente a cubierto, pase mi mirada por ese paisaje. En el centro del patio estaba Pedrito, espulgando unos cueros de oveja, con cada pulga que encontraba, le recordaba a la mujer que se aproximaba la hora del sexo y con cada nueva, que espichaba entre sus uñas, le sacaba en cara el cambio en las reglas de juego, mira, le decía, yo cumplí con traerle las dos panelas que pactamos, pero usted me tiene aquí, todo emparolado, matando pulgas, no hay derecho y la mujer le respondía, Pedrito, que prefieres, matar las pulgas antes de, o, estar rascándote el culo, después de. Y dirigiéndose a Poncio, lo espetó. Acaso usted no paso por donde ella pagándole en especie con lo que se robaba en la alacena de la casa?.
Otra canción de Cornelio Reina, Noemí, pidieron a una y otra de aguardiente. Al oír dicha solicitud, nuevamente Poncio se anima, se levanta y llega hasta la puerta de la calle, fisgonea un segundo y regresa observando que a esa altura de la tarde, algunos han doblado la cabeza y dormitan contra el mostrador.
Llevan cinco horas seguidas de beba y media docena de botellas en sus cuerpos, sin embargo permanecen algunos absolutamente enteros que con la llegada del refuerzo de morcilla y pasteles, quedan como nuevos. Poncio solícito despierta a los dormilones, uno por uno, para que con unos buenos pedazos recuperen las fuerzas. El por su parte se deleita con la rellena, mientras comenta: como dice doña Paula, aunque el marrano sea blanco siempre la morcilla es negra.
Recuperados en parte por la comilona, renacen las historias. Custodio, impaciente desde hace, rato relata algún suceso que vivió de niño. Ahora tenemos muchas posibilidades de pasar ratos agradables, pero antes, cuando nuestros padres estaban en la edad propicia, eran muy las pocas posibilidades de diversión, así que, don David Solano, se inventó "el desfilito", una formula para mamar gallo y poner contenta la gente. Generalmente ocurría cuando desarrollaban una reunión como esta, y el brandy empezaba a hacerles efecto, a cualquiera se le ocurría que era la mejor hora para hacer el desfilito, entonces, con el primer chino que pasara por la calle, mandaban a comprar en la tienda de Clodovaldo, unas pacas de papel, de esas que antes usaban para llevar el pan. Como las pacas eran grandes, les abrían unos huecos para los ojos y se la colocaban en la cabeza, luego se volteaban los sacos al revés y arremangaban los pantalones, adquirían voladores y empezaban el desfile por toda la calle real, prendiendo voladores y armando tal algarabía, que lograban con la payasada, que los vecinos salieran de sus casas y que las beatas se santiguaran a su paso, luego retornaban al lugar de reunión a comentar el suceso y las reacciones de la gente.
Una nueva ronda y otra descripción. Ustedes no se han pasado en las noches, por el billar de don Eli?, no se han sentado en la banca de madera a contemplar las partidas que allí juegan Natico, Luis Zuñiga, Andrés Vera y don Pacho?, generalmente discuten casi media hora para ver como queda repartido el chico y siempre se van los mismos, luego desarrollan el ritual de echarle tiza blanca a los tacos, para que pierdan la humedad, llaman a don Elí a quien le insinúan que le cambie los casquillos pues están muy desgastados y empieza la partida. La carambola de salida nunca la hacen y de ahí en adelante cada grupo se vuelve experto en cartilla. Cuando le toca a Natico, todo el resto de jugadores busca resguardo detrás de las columnas, porque al tacar, mueve el taco en todas las direcciones y puede uno recibir un buen golpe, luego con el cuerpo y taco, va siguiendo la dirección de las bolas, bufando de un modo terrible y cuando se detienen, ya la pieza ha quedado a oscuras, pues Natico por enésima vez le ha apuntado al bombillo. Al momento aparece el dueño, con un nuevo bombillo. Es tan bueno el negocio que don Elí casi siempre le rebaja el costo del tiempo. Después le toca a Andrés Vera quien de un chuzón se lleva un buen pedazo de paño, acompañado de miles de maldiciones y comentarios en medio de carcajadas para exhibir sus dientes forrados en oro. Zuñiga es el experto en serruchos a pesar de que su profesión es de albañil y a don Pachito, tienen que despertarlo cuando le corresponde la tacada. Si ustedes quieren tener una buena diversión, asistan una noche de estas y escúchenles la charla.
Si. esto forma parte del paisaje del pueblo, pero también el juego de tahúres del pool, casi siempre son los mismos: Granate, Luis Mantequilla Mogollón, Miguel Guerrero, Chonay, Juan M, Germán Portilla, Chulito, Manuel Domingo, Champión y otros patos. Todos los días lo ve llegar, uno a uno, cumpliéndose la cita a la nueve y media de la mañana, arman el juego y cuando son muchos, lo hacen en la modalidad de fichas. Todos casan sus apuestas en la banda de la mesa, son expertos en el juego y cuando la situación se pone difícil, van "ahorrándose"9 o jugando camonina10 con el mas allegado. Como en todo juego, los jugadores tienen una serie de fetiches que supuestamente les garantizaran la buena suerte o la pava, Granate apenas ve que llega Cucarro, se pone contento, porque es su mara y seguramente garantizará una buena faena, pero si el que llega es Natico, empieza a renegar, a echar indirectas y no vuelve a meter una bola, así se la paguen.
Poncio, en la ultima hora se ha dedicado a escuchar las anécdotas de sus compañeros y a escanciar en su garganta un buen porcentaje de liquido ardiente, sabe que el momento de cancelar la cuenta esta próximo. Algunos roncan su borrachera y los otros dan muestras de beodez avanzada. Mentalmente busca el mejor de los ardides para endosar su deuda al primer parroquiano que de papaya, los mira detenidamente y al observar que la botella de turno esta próxima a extinguirse, solicita una nueva y el cambio de la música, tratando de animar a los ahítos bebedores. Por los parlantes del equipo de sonido, aparece la voz de Yolanda del Río y la canción la Hija de Nadie, que logra la reincorporación momentánea a la francachela. Interiormente se sonríe, pues ya eligió el personaje y libre de esas presiones que lo inhiben, reanuda su participación en la conversación, opina sobre los sucesos que rodearon el bautizo de la imagen del Cristo tallado en madera, que es orgullos del pueblo.
Esa fue una jugada del cura Oyuela a quien le gustaba la plata mas que darle un abrazo a la mama. Recuerdo que la iniciativa la concretó un mes después del memorable temblor de 1957, cuando el pueblo asustado por el movimiento telúrico, sacó en procesión la venerada imagen por las principales calles. Al ver la devoción de la gente, el recogimiento y respeto con que la contemplaban, se le ocurrió la idea magistral de organizar una competencia, para bautizar el santo Cristo. Así pues en la misa de nueve explicó, que para pagar en parte los favores recibidos, debíamos darle un nombre y nos autorizó a todos para que lo propusiéramos. Aparecieron tantos, que terminó organizando una eliminatoria, mediante la cual solo continuaban en competencia, aquellos nombres que reunieran una determinada suma de dinero.
Entusiasmado el cura por el éxito de la competencia, cada domingo, dedicaba una parte de la misa para informar sobre los resultados de la semana, quienes habían sido eliminados y cuantos continuaban. Seria tan bueno el negocio que la famosa competencia se prolongó como cuatro meses, clasificando para la final tres nombres: el Cristo de los pobres, el de la divina confianza y el de la paz.
Con esta nueva situación el pueblo se dividió en tres bandos encabezados por los tres barrios mas importantes y cada grupo de seguidores se dedicó a organizar eventos para poder reunir plata, domingo a domingo hacían bazares, rifas y pescas milagrosas donde las jovencitas se podían dar el lujo de coquetear abiertamente. El dinero acumulado se convirtió en el secreto mejor guardado de la región. Quien dejara filtrar información corría el riesgo de perder.
Por fin llegó el día de la decisión final. Ese domingo los preparativos para el ultimo esfuerzo, fueron espectaculares. Previamente, por sorteo se dividieron el parque, en donde alinearon mesas, ubicaron toldos e instalaron equipos de sonido. Desde muy tempranas horas empezó el desfile de platos típicos en donde se podía encontrar casi toda la cocina regional: mute, pepitoria, el abanico de arepas de toda condición, angú, ajiaco santandereano, polenta, carne oreada y seca, papas enchaquetadas, postres de toda condición, moras silvestres con panela raspada y algunos arriesgados, incluyeron platos internacionales. Todos estaban aprovisionados de abundante cerveza y los altavoces listos para tratar de conquistar la mayor cantidad de clientes. Se sabia que la gente del campo llegaría en una buena cantidad y que vendrían dispuestos a gastar, porque los precios de la papa estaban muy altos.
Cuando dieron el tercero para la misa de nueve, la iglesia no resistía una persona más, hasta el campanario estaba repleto. Previamente las comisiones habían desarrollado actividades proselitistas, la mayoría tenia las estampitas con el nombre de los candidatos pegadas en su ruana. El acto litúrgico transcurrió con un gran nerviosismo y el cura, con perspectiva financiera tan halagüeña, celebró la misa mas corta desde su llegada al pueblo, debía permitir que el publico consumiera todo lo dispuesto en las diferentes ofertas.
Apenas pronunciado el amen, los equipos de sonido empezaron la competencia y los toldos se empezaron a llenar de gente. Eran tantos que la comida se acabó totalmente y los rezagados tuvieron que buscar el restaurante de Chepina para poder almorzar. Después, se prendió la fiesta en donde se empezó a notar que un bando amenazaba con tomar la delantera, pues habían logrado que el ciego y su conjunto se inclinaran por ellos y la música en vivo era una incitación. Aun no habían jugado todas las cartas y quedaba la mas importante estrategia: lograr que los indecisos mas adinerados, rompieran la neutralidad. Pasadas las dos de la tarde corrió el rumor de que Andrés Vera estaba bebiendo en la carpa del señor de la divina confianza con Vicente Camargo. Con los dos pesos pesados a su favor la balanza se empezó a inclinar.
A las tres, empezaron los boletines desde la casa cural, que daban cuenta de un virtual empate. Luego, con cada nuevo anuncio la ventaja aumentaba. Cada cifra que anunciaban para los contrarios era superada por Andrés, quien botella de bavaria en mano y a grito entero, aumentaba la postura apoyado por Vicente quien para no dejarse echar tierra, superaba la oferta. Igual cosa ocurría en las otras partes donde Benigno Camargo, pujaba también. Cuando ya se cerraban las votaciones, don Andrés, casi borracho, anunció que el daría quinientos pesos mas y la subasta terminó con el bautizo del Cristo como de la Divina Confianza.
Se dan cuenta de lo religioso que siempre ha sido este pueblo?, siempre hemos girado en torno al cura, o si no que lo diga Evangelista Solano cuando era alcalde, que se le enfrentó y casi lo linchan. Pero la fama que tenemos de ateos y matacuras sigue casi inmodificada a pesar de lo todo los que hizo Gildardo Builes.
La mención del cura paisa le dio pie a Poncio para iniciar otra recordación sobre la semana santa. Lastima que hoy tengamos que decir, todo tiempo pasado fue mejor, porque las fiestas organizadas mediante dramatizaciones, fue el mas prolífico periodo de los últimos cincuenta años. Daba gusto recibir en vacaciones a todos los estudiantes que regresaban de sus colegios. Las mejores temporadas eran sin lugar a dudas: semana santa y diciembre, esta ultima porque el verano nos acompañaba, día y noche.
Generalmente los visitantes, llegaban para esos días y nosotros organizábamos las actividades en torno a ellos. No se hacia ningún paseo sin que ellos nos acompañaran y tampoco un partido de fútbol sin que Edgar Romero y sus hermanos no estuvieran en la alineación. La alternativa para la semana santa, era la de convertirnos en actores. Yo me había ganado el derecho a ser la primera autoridad civil y militar romana, era el comandante supremo de las huestes y solo obedecía ordenes del emperador. Me trataba de tu a tu con Herodes y miraba por encima del hombro a todos los escribas y fariseos de esa comarca. La celebración por la representación jocosa, fue el mejor acicate para que Poncio le dedicara tiempo a la contadera.
Cuando el cura me asignó el papel, le dije, si se trataba de papeles largos, yo no me comprometo, no sirvo para eso del estudio y el aprendizaje. Al final, después de una lectura de mi libreto y de recortarlo, accedí a ser el gobernador de Israel, con una condición: en mi calidad de jefe máximo, tenia derecho a ciertas libertades. Gildardo aceptó y me dispuse a redondear mi personaje
Mi participación en las presentaciones de la semana santa deben su origen a la vocación de actor de teatro que siempre he tenido. Digan a ver si no, yo he representado muchos personajes con los visitantes ocasionales que hemos tenido, me convertí en amigo inseparable de Miguelito Bautista el de Pamplona y hasta me compre un sombrero idéntico al de él para satisfacer su vanidad, después llegaron los de catastro y no consiguieron mejor amigo, incluso serví de intermediario en muchos de los arreglos que se hicieron. Cuando llegaba un político, yo efusivamente los saludaba y los conducía directamente a los diferentes sitios que debía visitar. Departía con ellos y les alegraba el rato con mi charla de hombre de mundo, pero volviendo al tema, mi experiencia como actor de cine, fue todo un éxito, si ustedes miran las películas de semana santa, encontraran que una buena parte de las tomas, fueron dedicadas a mi personaje.
Cuando supe que la presentación iba a ser filmada, entendí que debía ser mas acucioso en mi vestuario, tenia que ser el mejor de todo el grupo de actores. Así que me fui para el Colegio Provincial de Pamplona y pedí cita con el rector del plantel, le pedí prestado uno de los cascos de la banda de guerra, que son espectaculares, dorados y con penacho igual que los romanos, luego viaje a Cúcuta, donde sabia que estaban exhibiendo una película de Espartaco, con el objeto de detallar la vestimenta. Con esa información me puse en la búsqueda de todos los aditamentos necesarios que mas o menos sabia, podría encontrar donde las tías que viven allí. Solo me faltaba un pequeño detalle, los arneses y la espada. No podía habilitar una machetilla, porque la diferencia era muy notoria, así que desempaque un poco de cajas que desde mucho tiempo estaban abandonadas en el subterráneo de mi casa y para sorpresa mía encontré un espada de la guerra de independencia, con su vaina en perfecto estado, solo faltaba un poco de brillametal y quedaría lista para el gran acontecimiento.
El otro problema a superar eran los libretos, pues Isabelita, les introdujo una serie de cambios que los hacían un poco mas extensos. Ahí si me la puso complicada, porque debía aprendérmelos de memoria, así que me concentre como una semana, mañana y tarde, a la repetidera del parlamento, en el cual lo mas comprensible, era el grito de Ave Cesar, pero al final cumplí con el cometido.
El éxito en los ensayos me llevó a divagar sobre mi futuro como estrella de cine, recuerdo que ya me veía representando los papeles protagonicos en cualquier película mejicana, porque eso de la actuación era bien divertido. Me soñaba, montando un caballo blanco, como el de Antonio Aguilar, enamorando mujeres hermosas a las que conquistaba por medio de canciones, incluso empece a usar sombrero de ala ancha, a raíz de una película norteña. Quería una vida sin complicaciones y sin ataduras, donde los peones trabajaban y estaban prestos a los mínimos deseos de los charros hacendados y estos solo se dedicaban al goce y la bacaneria, serenatiar, beber tequila y mescal, armar peos y utilizar las pistolas cuando la ocasión se presentara.
Pero, volviendo a la semana santa, yo si le puse condiciones claras al cura, ensayábamos en las tardes y luego junto con el grupo de amigos, dedicábamos un buen trecho de tiempo a la celebración. El asunto era muy fácil, bajar las gradas del atrio y ya casi entrábamos en esta cantina. El único que se nos descarriaba era el Mono Camargo, porque extrañamente se había vuelto un anacoreta, un antisocial, solo pensaba en rezar, hacer penitencia y hasta el caminado le había cambiado, se parecía cada día mas a las estampas de santos que veíamos pegadas en las paredes de la sacristía de la iglesia cuando en un descanso de los ensayos, nos escapábamos a robar vino de misa.
La ultima semana santa en vivo todavía se comenta por los sucesos de esa celebración, hay mucho de habladuría sobre ello, algunos hasta llegaron a santificar al Mono y otros le crearon una fama siniestra de haber sido inspirado por el patas, ni tanto que queme al santo, ni tanto que no lo alumbre. Lo cierto es que si fue una situación fuera de lo común.
Ese domingo, mi puesto en la representación estaba en el atrio de la iglesia, donde me habían acomodado un sillón forrado en terciopelo, debía permanecer sentado, con rostro solemne y expresión de autoridad, la verdad, todavía me encontraba bajo los efectos de la ultima pea que nos habíamos empacado en la tienda de doña Gilma y un poco ahíto por el mute y las arepas de maíz pelado. Prevenido, tenia en un bolsillo, perfectamente guardada, media botella de aguardiente y como la procesión se demoraba, cada rato me pegaba mi escapada al baño para beber un trago y así contrarrestar la maluquera, estaba seguro que si no me prendía un poquito, terminaría diciendo el libreto al revés.
Todo parecía normal hasta cuando se escucho en la distancia, una algarabía de los mil demonios, la gente largo carrera hacia la cancha de fútbol, para fisgonear. Yo pense en las tiendas de ese sector donde había visto bastante gente y creí que ya se había formado algún problema con los borrachines llenos zupia, fijo que ya se metieron sus buenas puñaladas. Sin embargo los policías no se daban por enterados y permanecían inmóviles en la puerta del cuartel, aplique el refrán de los chinos: "una pelea, no hay quien la vea, un policía esta que se mea", en eso estaba cuando, ahora si, me llego claro el grito de la multitud, ¡milagro!, ¡milagro!, repetían. Con toda esa alharaca que estaban armando, pense que me habían ganado la partida, seguro que era el Mono Camargo que se había inventado una treta para llamar la atención, fijo que se había dejado caer de su congénere el burro, o, como estaba medio loco, había caído en éxtasis.
Cuando llegaron al frente de la casa cural, los rostros de la gente estaban demudados, rezaban a una sola voz el credo, como si lo hubieran ensayado por mucho tiempo. Sería tan grande la devoción, que hasta me contagie prometiendo algo que para mi era muy difícil de cumplir: dejar de beber aguardiente. Como estaría de convencido en ese momento, que con rabia estrelle la botella contra el suelo y caí en oración.
Solamente salí de ese trance, cuando Isabelita, prudentemente, me recordó la misión en la que estabamos. Ya me correspondía mi parte de actuación, pero, preocupado observé que la cámara no me seguía, estaba el cura concentrado gravando el espectáculo profano de un sinfín de pájaros que danzaban en torno al Mono Camargo quien abría los brazos y ponía cara de estúpido torciendo los ojos.
La envidia me corroía por dentro, al ver que mis esfuerzos parecían infructuosos y que el protagonismo me lo habían birlado. Ya estaba sereno y comprendía que algo raro estaba pasando, la duda me invadió, hasta el punto que deshice la promesa del aguardiente, maldije el momento de apresuramiento, cuando rompí la botella con el licor. Pero la pelea por la figuración hasta ahora comenzaba, sereno, con las cosas claras, enfrenté los parlamentos que me faltaban con toda convicción y mi voz fuerte resonó por los parlantes. Me levanté del sillón y acordándome de la frase de cajón de todos los jefes, majestuosamente les expresa a los escribas, que el problema de ese oportunista lo tenían que resolver ellos, que no me trajeran problemas, sino soluciones y desaparecí en el zaguán de la casa cural.
Realmente estaba emputado por lo sucedido, como era posible que ese cafre me cogiera la delantera, por eso, al ver la actitud de los actores les pegue una vaciada, hasta el centurión llevó del bulto. Me desvestí, metí la ropa en el maletín y para disculparme invite al militar romano a refrescarnos la garganta en el bar de Salazar.
Con los tragos a bordo, deje escapar toda mi desesperación, un rosario de groserías se desgranó de mi boca y abiertamente mostré el cobre de la envidia y la bronca que le tenia al Mono desde que, enfrente de la gente, me había cobrado una deuda de borrachera. La discusión que se desató con motivo de mis conceptos, ha sido de las mas difíciles que me ha tocado enfrentar. La mayoría reconocía que en los acontecimientos existía algo sobrenatural, que habíamos sino elegidos por dios para mostrarnos su magnificencia, que había llegado la hora de quitarnos la fama de matacuras y ateos.
Otros, como Salazar, veían el asunto desde otro punto de vista, hombre, me decían, cuando esto de los pájaros se sepa en otros lugares, nos puede ocurrir como en Coba de Iría o en Piendamó, se puede presentar una avalancha de creyentes y con ellos mejorará el clima de los negocios, se imagina la cantidad de clientes que pueden ingresar a mi negocio?, si tenemos visión podemos tener el año de las vacas gordas, porque si no, los avivatos de Pamplona son los que aprovecharan y hasta una jauría de putas y burdeles tendremos que aguantar.
El sentimiento de derrota se apoderó de mi animo y se fue pronunciando con el correr de la celebración, no fui el protagonista, ni en la película, ni en la vida real. El Mono terminó su obra maquiavélica, cuando, seguido de mujeres y niños, cogió el camino de la loma de la cruz, para colgarse del madero. Me tocó rumiar mi derrota interiormente y hundirme en el alcohol, para tratar de rehacer el maltrecho amor propio.
EPILOGO
La hora del desquite le llegó a Poncio muchos meses después, cuando la espina de la derrota, amenazaba con enquistarse dentro de su corazón, metiéndolo en el túnel sin salida del desprestigio. La situación era de tal proporción que hasta el primer lugar como aguantador de aguardiente estaba en peligro. En el pueblo aparecieron unos jovensuelos que le pulverizaron las marcas, en cantidad y resistencia. Pichirilo y Jirafales se perfilaban como los sucesores y públicamente lo retaban a un enfrentamiento por el cetro, Poncio los evadía con variadas excusas , un día, que el medico le había prohibido beber porque estaba en tratamiento de las amebas, otro, no podía demorarse porque tenia viaje a Cúcuta, después, tenia visita de la Registraduria, luego, tenia partido de fútbol. Los seguidores, viendo que Poncio no quería enfrentarlos, empezaron a llamarlo con el apelativo de "sacaculos". Frente a las ofensas él siempre contestaba, ya llegará la hora de callarles la jeta, no se me desesperen ni se me arruguen, cuando los he defraudado?, en el momento preciso y cuando tenga tiempo suficiente para volver a ese par de habladores una completa mierda, hablamos y despectivamente les sentenciaba: hablen y hablen, desprestígienme, que ya llegará la hora de restregarles el porque no quiero gastar pólvora en gallinazos.
Por esos designios del destino, las cosas le empezaron a mejorar, pues se convirtió en la figura del equipo, en el tapador de penales y otra vez empezó a ser el centro de atracción. Regresó al circulo de habituales donde Noemí y retomó los rituales de preparación para la juega. Fiel a su meta de desprestigiar por todos los medios al Mono Camargo, descubrió algunos indicios que lo podrían conducir a infringirle la derrota mas grande, cuando por casualidad, mientras rezaba unas oraciones, se dio cuenta de las miradas disimuladas que se cruzaban entre la mujer de sus sueños: Graciela y su archienemigo. Con todos los sentidos en alerta, captó el momento en que la joven dejaba caer un papelito en el confesionario y raudamente se apropio de el.
La lectura de la misiva le confirmo sus sospechas y a partir de ese momento se fijo como meta, convertirse en el mejor y asiduo acompañante de Ernesto, el marido de su amada. El plan funcionó como un relojito y en menos que canta un gallo ya era el compañero inseparable del negociante de papa, lo aconsejaba sobre los precios, redactaba los contratos sin cobrarle honorarios, bebían juntos casi todos los días, le contaba sus supuestos romances hasta que lo sintió rendido a su amistad. Luego, muy discretamente, lo fue envenenando en contra del Mono, mira hermano que ese tipo se trae algo con su mujer, fíjese que la carne es débil y de pronto te pueden estar creciendo los cachos, como su mejor amigo le aconsejo, que no deje acercar por su casa ese avivato.
Al principio su empeño fue vano, era como sembrar en el desierto, pues Ernesto creía firmemente en la santidad del Mono y mucho mas en la de Graciela, pero de tanto repetirle la formula, el virus de la duda se fue apoderando de él y empezó a seguirla minuto a minuto. Como sabia la hora en que a Graciela le correspondía la hora diaria de oración, previamente ingresaba a la iglesia para ocultarse en un lugar estratégico desde el cual podía observar todos sus movimientos sin que pudiera descubrirlo y cuando viajaba por las necesidades del negocio, encargaba a Poncio de su vigilancia. Después de algunas semanas, se dio cuenta de la coincidencia que existía entre la salida del mono y la entrada de su mujer, incrementó sus sospechas cuando veía que Graciela se confesaba todos los días, así que le fue aceptando el consejo al nuevo amigo y empezó los preparativos para un viaje a Cúcuta, donde debía permanecer algún tiempo.
Para mayor seguridad escogió la celebración de las fiestas patronales y el viernes le pidió a Graciela que le organizara el maletín con ropa suficiente para estar por fuera por lo menos tres días, el sábado muy temprano se despidió, recomendándole que echara llave a la puerta de la casa y que siempre tuviera la precaución de tener el perro suelto en el solar.
En la puerta de la casa esperó el bus de línea, para darle mayor seguridad y emprendió el viaje que terminó diez cuadras después, cuando argumentando algún olvido descendió del automotor y precavidamente ingresó en la casa de Poncio.
Con el plan en plena ejecución, Poncio salió de su casa después de mediodía, paso por la casa de Graciela donde fue informado del viaje súbito de Ernesto y de que no regresaría hasta pasar las fiestas. Constando que todo marchaba sobre ruedas, puso todos sus sentidos en acecho y pronto descubrió el encuentro de la mujer y el niño mensajero y el de este con el Mono Camargo.
Pacientemente lo siguió durante todo el día, sin que el individuo se delatara, no hacia nada que pudiera indicar la visita a Graciela, y, por el contrario cuando abandonó la feria y penetró en la iglesia, la esperanza estuvo próxima a desaparecer, pues pasaban los minutos y el individuo no salía.
Impaciente contemplo el ocaso y los arabescos que el sol de los venados proyectaba en el telón azul del firmamento, percibió el inicio de la oscuridad, vio pasar a Eustorgio encendiendo el alumbrado publico y nada que salía, dieron el ultimo para la misa de la noche y observó el desfile de personas hacia el recinto sagrado y nada que salía.
La desazón se apoderó de su espíritu y el palpitar de su corazón el anunciaba un paro cardiaco, has que por fin la silueta del odiado se proyectó en la gigantesca puerta, oteando para un lado y otro, después sigilosamente desapareció con dirección a la Amapola. Poncio casi abandona su misión cuando detectó la dirección que había tomado, sin embargo, era tal el odio que tenia acumulado, que al trote supero la distancia y lo fue persiguiendo cautamente. El rostro se le transformó, cuando notó el cambio de dirección, lo siguió por el recoveco que tomaba una calle adyacente a la principal y a punto de estallar de la dicha, lo vio trepar en la pared del solar de la casa de Graciela y desaparecer en el.
No joda ahora si mi venganza esta próxima, este malparido casi nos engaña a todos con su disimulo, disque santo, santa será la condenada que le pone los cachos al marido y a mi, musitaba en un soliloquio, para seguir mascullando una letanía de madrazos, mientras tranquilo se dirigía a celebrar el hallazgo en la tienda preferida.
Era la fecha de las coincidencias, a esa hora estaban sus retadores también en el lugar, Pichirilo con su eterna chaqueta dominguera de cuero negro y Jirafales sonriente, hablando chicuca. Al verlos, Poncio pensó que ese definitivamente si era el día de su suerte, el destino le ponía en bandeja de plata sus dos pájaros y fuera de eso, se los entregaba amarrados y sin posibilidad de movimiento. Los tenia a su disposición, solo faltaba escoger el momento preciso del sacrificio y ponerse a gozar con los estertores de su agonía. Los vería derrotados, humillados y en fuga.
Ellos al verlo, empezaron a mamarle gallo, a decirle que era un sacanaca, un faltón, un cobarde, que ahora se emborrachaba con el olor de una tapa de cerveza, que ya era un viejo guebón. Él, que en el trayecto, ya sabia lo que debía hacer, ni les puso cuidado, no se ofendió en lo mas mínimo, solo les sentenció: prepárense par de pendejos porque les voy a proponer una apuesta que debe empezar, si la aceptan, exactamente dentro de media hora.
Los compinches, que durante todo el día lo estuvieron observando y que lo vieron consumir una tras otra botellas de aguardiente, nuevamente le recordaron la edad, el deterioro del hígado, le dijeron que ya era apenas un gancho y finalmente le sentenciaron con decisión: estamos para la que sea, seguros de su victoria.
Poncio que esperaba la arremetida, solo les dijo: apuesto lo que valga la pea, los dos contra mi a que hoy se desbaratará un mito y ustedes no me aguantarán, pero con una condición, deben esperar que regrese dentro de media hora. Frente a veinte personas pactaron y Poncio salió para su casa, con la promesa de regresar en el tiempo estipulado.
Allí, impaciente estaba Ernesto, esperando sus noticias. Lo enteró de los pormenores y lo hizo prometer que, para cogerlos infraganti, debía acudir a su casa hacia la media noche, cuando no tuvieran ninguna posibilidad de escape. Le recomendó no hacer ninguna barbaridad y salió nuevamente, a emprender la nueva jornada que le restituiría la fama y las posiciones perdidas.
A la media hora, exactamente, penetró donde Noemí y se sentó en la mesa que ya les habían dispuesto. Para esa hora el local era un hervidero, la noticia ya de publico conocimiento había producido la avalancha. La dueña estaba que no se cambiaba por nadie, contaba las ganancias que tendría y para garantizar la seriedad de la apuesta, nombraron como arbitro a Horacito Suarez y Villamizar, quien coincidencialmente, había llegado de la capital esa mañana. Aceptado el encargo, el hombreton con voz ceremoniosa los hizo levantar para el ritual del juramento, repitieron: ¡gota que se quede, maldición que nos caiga! y sirviendo la primera ronda: ¡estiro la mano, doblo el codo, en el nombre de Dios me lo tomo todo!.
Coño de la madre, Poncio estaba sobrado de lote, no solo bebía su copa, sino que recibía de las otras, mientras consultaba continuamente su reloj, esperando la llegada de las noticias. De vez en cuando lanzaba algunas miradas hacia la tarima de orquestas, notando que a cada momento la multitud iba en aumento. Ya eran las once y media de la noche, cuando levantó la voz para que lo escuchara el auditorio sentenciando, estamos próximos a acabar con un mito, con una mentira que se ha armado en el pueblo y yo de ganarles la primera mano a estos escluincles desnutridos y aspaventeros, les pido el favor de estar atentos porque el derrumbe ya esta ad portas.
No había acabado de pronunciar el breve discurso, cuando una gritería se escapó de la multitud que danzaba en la pista, lo van a matar, chillaban las mujeres, lo van a matar respondían los niños. Todos con los ojos pegados en figura blanca y desnuda, que había aparecido por la diagonal del parque.
El Mono corría como anima que lleva el diablo, detrás, Ernesto lo seguía con un filoso cuchillo tres canales que brillaba bajo la luz eléctrica. La orquesta silenció sus notas y la multitud atónita se corrió hacia los extremos, abriendo un túnel compacto por el que pasaron como una exhalación perseguido y perseguidor perdiéndose hacia el camino de Pantanitos.
Ahora si que la expresión de Poncio era total felicidad, levantaba la copa una y otra vez para celebrar y como en las copas solo podía escanciar una parte pequeña de licor, les propuso a sus contrincantes, que si eran arrechos, en vez de copas, les sirvieran a cada uno una botella de aguardiente.
A regañadientes aceptaron, no podían negarsen, después del vituperio publico al que lo habían sometido y a las cinco de la mañana, beodos, vomitados, y a punto de colapsar se rindieron. Poncio, siguió su parranda durante tres días, invitando a quien se apareciese por allí, al fin la cuenta la pagaban los derrotados.
Noemí contó setenta y dos botellas de aguardiente, hizo sus cuentas, anotó en la libreta y le dio paso al acto final de cierre a cargo del arbitro. Horacito pronunció un breve discurso alabando las condiciones del campeón, lo llamó el Atila chitaguense, y recitando La Cagatta, dio por terminado el magno evento.
VI. LOS TRASPIES DE LA VERONICA
Después de muchos años de ausencia, el matrimonio Pereira - Junin, regresa al terruño, impulsado por el fracaso económico y la falta de recursos en que han caído en la capital de la república. Tienen a su disposición la vieja casona de dos pisos que Isabelita heredó de su padre, algunos pedazos de tierra que se salvaron de la debacle y los deseos de recuperarse con el trabajo de la tierra.
La familia ha crecido y de los hijos resaltaba una niña de pelo largo peinado en cola de caballo que con sus aires de capitalina despierta el interés de la muchachada. Don Julio Zipaquirá, cabeza de familia, originario de ese municipio de Cundinamarca, cercano a la capital, tiene el porte del típicos cachaco chapineruno, alto, esbelto, siempre vestido de paño Ingles, con corbata y chaleco de cuyo bolsillo se desprende un reloj con cadena de oro, usa sombrero blanco alon y se destaca en su cara una dentadura blanca, perfecta, envidia de todos los hombres del pueblo. Julio, amante de la tertulias al calor de un buen brandy francés, es recibido por sus antiguos compañeros de farra con entusiasmo, tienen la certeza que los sacara de la cotidianeidad con el relato de los innumerables episodios y peripecias de la vida en la lejana capital.
Isabel, cuando lo conoció era una niña bien, hija de una familia prestante, poseedora de tierras, ganados y con muchos arrendatarios a su servicio. Se enamoró en el momento mismo de su presentación y abandonó su pueblo después del casamiento, a bordo de un desvencijado bus de la flota Ferreira, que cubría la ruta Bogotá - Cúcuta, con destino al centro del país. Por aquel entonces el viaje por la polvorienta y estrecha carretera Central del Norte se convertía en el primer modulo para optar al titulo de la especialización en martirológia, pues los saltos que el vehículo realizaba de bache en bache duraban cerca de 24 horas al final de las cuales, con un resoplido se detenía en el terminal ubicado en la calle sexta, algunos metros abajo de la Avenida Caracas.
Pero no todo era negativo. En el trayecto conoció una sucesión de pueblitos del Sur de Santander, Boyacá y Cundinamarca, que fue sumando en su inventario turístico, a los nombres de Cúcuta y Bucaramanga, regiones a las cuales tuvo la fortuna de viajar, convirtiedose en una de las pocas personas que se daban el lujo de conocer metrópolis tan grandes. La sola mención de un viaje a Bogotá era una empresa difícil de alcanzar por la mayoría los habitantes de la población y aquello generaba expectativas.
Poseedora de un verdadero arsenal de cualidades, un humor fino y a flor de boca, educación superior al promedio, facilidad para componer versos, escribir historias y encarnar los personajes de las comedias del teatro español tan en boga en los años 50. Isabelita, sobresalía no solo por su belleza, cultura y desparpajo, sino porque era cabeza de cuanta actividad recreativa se programara en el pueblo, participaba como jurado en los exámenes finales de las escuelas rurales donde además de comprobar lo aprendido por los estudiantes, deleitaba a la asistencia con algunos poemas de Amado Nervo.
Cantaba en el coro de la iglesia en la misa mayor del domingo, preparaba viandas en los agasajos que se hacían a las personalidades llegadas de Cúcuta y colaboraba cada 27 de diciembre en la elaboración de los pasquines con los festejaban la fiesta de los santos inocentes.
Ahora, con el retorno a su tierra natal, con el animo por el piso, rumiando para dentro el fracaso económico propiciado por los malos negocios y la falta de fortuna de su marido, tiene que enfrentar sus viejas amistades, relacionarse indefectiblemente con ellas, hacer vida social, pero no sabe como emprender tamaño reto, la duda se apodera de su espíritu y vacila si toma el toro por los cachos o no. La situación no da espera, no puede soslayar la realidad de las visitas a las puertas de su casa y decide, fiel a sus principios, contar su nueva realidad, que entre otras, ya conoce todo el municipio.
Su reencuentro ocurre sin muchos traumatismos y en pocos días ya se la ve con un plan de visitas y con el paso de los días la expectativa generalizada que significo su llegada, queda sepultada por la rutina que conduce al olvido, Isabelita se acomoda a las nuevas condiciones de vida y presiona a Julio para que acepte vivir moderadamente, evitar las francachelas y dejar de presumir de una riqueza inexistente, tratando de conservar lo poco que queda en pie de su pasado de holgura.
Pero sus esfuerzos son vanos, Julio pretende que nada ha cambiado y uno tras otro van desapareciendo los animales en el matadero municipal, con destino a la pesa de Don Pacho y el dinero va a parar en las tiendas de Ana Paula y el Nido de Amor. Dígame, si el espiral del despilfarro y el licor junto con nuevos embarazos de Isabelita, no los iba a llevar a quiebra final?, efectivamente, con paso lento, la pobreza fue tocando a su puerta.
La tragicomedia de los hombres es la de tratar de aparentar, tapando el sol con las manos, algo que ya es de publico conocimiento. Julio empezó a preocuparse cuando los amigos trataban de evitarlo, arguyendo miles de compromisos y no tenia con quien emparrandarse. Al principio se sintió desprotegido, sin saber que hacer, sin un norte, pero luego se fue involucrando con Demetrio, Eccipión y la cuerda de bebedores consuetudinarios, quienes iniciaban sus borracheras en la guaraperia de Doña Cándida y la seguían durante semanas enteras. Al cabo del tiempo de sus antiguos compañeros de farra no quedaba ninguno, socialmente la discriminación fue creciendo, al igual que el deterioro de su salud y bien pronto los achaques lo postraron en el lecho. La muerte con su manto gélido lo fue atrapando y Julio acepto que le tomara de la mano y lo condujera irremediablemente hacia la tumba. Nada ni nadie lo pudo sacar de la modorra, ni siquiera el rostro angelical y la voz dulce de su hija menor, que haciendo malabares lograba treparse en el lecho para acariciarle el rostro y susurrarle al oído el inmenso amor que le profesaba, conscientemente decidió que la batalla por la vida era imposible de ganar y su cuerpo fue enflaqueciendo, conviertiendose en vida en un esqueleto. Murió un fin de semana, dejando en la completa ruina a su familia.
Isabel lo lloró, no importaba el trato que en privado le había prodigado durante la mayor parte de su matrimonio, ni los pellizcos subrepticios en el brazo reprimiéndola, cuando en público le decía Isabelita, para que la gente pensara lo comprensivo que era. Hizo un balance de lo poco que quedaba y pago las ceremonias de su entierro que convocó una multitud de personas. Se vistió de negro para guardarle luto y acudió a sus amigos, para que le palanquearan un nombramiento de maestra con el cual poder enfrentar el sustento de la prole.
El decreto del Gobernador llegó finalmente, nombrándola profesora de la escuela rural de Tapurcua, distante 8 kilómetros del poblado por la carretera hacia Pamplona. Fue una liberación, su espíritu encarcelado por tantos años empezó a volar y los niños de la vereda se convirtieron en los directos beneficiarios del cambio. Isabelita dejo que su vocación saliera libremente y empezó a componer versos, canciones, obras de teatro que materializaba con los pequeñuelos. Cada día para ella era un nuevo nacimiento, presentaba nuevos retos y esa sensación de estar haciendo cosas nuevas le rejuveneció el animo y le permitió superar la estrechez económica en que el escaso sueldo de maestra la tenia confinada, no le importaba las murmuraciones, ni las miradas de lastima que sus viejas amigas le prodigaban en sus encuentros. Vendió la vieja casona y tomo en arriendo una nueva vivienda mucho mas pequeña, ajustada a su presupuesto y con el paso de los años logró sacar a todos sus hijos adelante.
Todo parecía normal, igual que siempre ese 27 de diciembre, en la clandestinidad se reunirían para elaborar los carteles del día de los santos inocentes. En su cerebro tenia previsto el contenido de muchos de ellos y de antemano se imaginaba el revuelo que causarían, particularmente el rebautizo de la calle de los perros con el pomposo nombre de avenida Solano y el correspondiente a la puerta de la casa de la señorita Andina, con la mención a su próximo casamiento, por aquello de su frustración al no conseguir consorte en los últimos cuarenta años. La rutina de asistir todos los domingos a la misa mayor y entre semana se dedicaba al goce de enseñar en Tapurcua.
Pero, la llegada de semana santa le tenia preparada una tamaña sorpresa que la llenaría de jubilo y de expectativas: Gildardo en la misa había leído la lista de candidatos que habían sido elegidos para representar personajes bíblicos y su nombre estaba incluido. Cual le correspondería?, sería el de la virgen María, el cura comprendería que su lozanía no era la mas adecuada para dicho personaje, o, la Magdalena, quizás una de las santas mujeres, por aquello de hacer bulto?, pero jamas pudo ni siquiera suponer que le correspondía la Verónica y esa fue la gran sorpresa.
A partir de ese momento de dedico a averiguar en profundidad sobre la vida de ella, donde había nacido, cuales eran sus padres, era casada?, viuda o soltera?, alta o bajita?, cuales eran los colores preferidos?, como peinaba el cabello y pintaba sus ojos?, su calzado era cerrado o prefería las sandalias?, en fin tenia que dedicarse a espulgar la biblioteca municipal, viajar a Pamplona para consultar en el convento de las Clarisas, en el seminario mayor y en el palacio arzobispal. Incluso debía inspeccionar la posibilidad de escribirle a los mas sabios en Roma y en Jerusalén sobre la vida y obra de tan reconocida santa, para poder personificarla de la mejor forma y que la película pudiera competir en cualquier festival de cine europeo.
Su participación en los ensayos cambio parte de su vida, pues la gran mayoría de los actores eran jovencitos que escasamente superaban los 16 años de edad y ella, una persona adulta, era mirada con desconfianzas. La cuestión cambio de un día para otro pues Isabelita se gano el corazón de su colegas, con sus canciones y poemas, sus chistes precisos sobre cualquier situación, sus ocurrencias para elaborar las onces, las bromas para cada participante y el día que no podía asistir a los ensayos por los compromisos previamente adquiridos, el desbarajuste era total, la desgana cundía entre los asistentes e incluso el mono Camargo, salía de su perenne santidad y dejaba escuchar alguna que otra vulgaridad, protestando por la falta de compromiso de algunas personas, la ausencia de ella se notaba, pero a su regreso la situación volvía a la normalidad.
La contribución que Isabel produjo a los libretos de semana santa fue notable, la experiencia acumulada en la escuela se sentía y el cura no dejaba de ensalzarla en todo momento. Sabia que había optado por una excelente elección y que la sapiencia de la veterana actriz elevaba en precisión y calidad los diálogos y la vestimenta de los personajes. Ella era la encargada del maquillaje que con destreza transformaba a las jóvenes poco agraciadas en provocativas egipcias, a los trasnochados romanos en vigorosos soldados y hasta lograba en Nasa, incrementar su fealdad.
Sobre su personaje, fue perfeccionando cada uno de sus pasos, la forma de llevar el lienzo y de colocarlo en el rostro, después de muchos ensayos logró calcular la altura y distancia de la cara del Mono y dedicó largos ratos a observarlo para luego dibujarlo sobre el lienzo. Recorrió el escenario donde debía actuar y la forma como seguir la procesión. Ejercitaba su gastada garganta, haciendo gárgaras de miel de abeja y jugo de limón, o colocándose una piedrita detrás de su lengua, para pronunciar adecuadamente cada una de las palabras que le correspondía recitar dentro de los libretos establecidos. Pero el destino le tenia reservada una sorpresa sobre el sitio en que se desarrollaría su actuación principal. Gildardo a ultima hora decidió que los paisajes debían ser parte principal en el rodaje de su cinta y cambio el trazado con la ubicación de las nuevas escenas. A Isabelita le correspondió actuar en el potrero de la quinta, a donde se llegaba pasando por la toma que conducía el agua hacia la planta eléctrica. Los ingenieros en ciernes, frente al problema de cómo pasar por el lugar, lo solucionaron tendiendo un escalera que serviría de puente.
Finalmente llegó el día del debut, lleno de sorpresas, porque nadie había imaginado una actuación con tanta ave revoloteando, y nuestra Verónica debía cruzar el puente junto con las otras mujeres. Fueron pasando los personajes uno a uno sin ningún inconveniente, pero no calcularon el peso de Isabelita y justamente cuando se encontraba en la mitad del recorrido, la escalera se partió y los 90 kilogramos del personaje se desplomaron en la fría agua. La multitud que asistía a la procesión del viernes santo, rompió el recogimiento y una gigantesca carcajada la acompaño mientras a duras penas salía de la corriente.
EPILOGO
Para la celebración del 31 de diciembre y como parte de la parafernalia para enterrar al año viejo, unos minutos antes de proceder a la quema, generalmente se leen los versos donde se mencionan los acontecimientos mas importantes del año y se le mama gallo a quien se atraviese. Isabelita siempre había sido la autora de la mayoría de ellos y su sorpresa fue tenaz, cuando en la voz del ebrio declamador fueron saliendo los acontecimientos de semana santa.
En la toma de la luz
La Verónica cayo
Con tremendo patatús
Un gran chapuzón se dio
Y dicen las malas lenguas
Que como una campeona
Atravesó aquellas aguas
Con una fuerza leona
Nadó como siete leguas
Mientras sus ropas secaba
Y ese puente reparaba
El lienzo se le mojó
Y a Cristo lo refrescó
Pero al mostrarlo a la gente
La imagen no se pegó
Hay Isabel, Isabel
Cuando te veo empapada
Monto en un viejo corcel
Y me como una empanada
Se con toda la certeza
Que en la próxima ocasión
Construiré de hormigón
Un puente en esa maleza
Para no beber cerveza
Riéndome del caidonon
II. EL CURA GILDARDO
Gildardo se encuentra de pie, detrás de los ventanales de parroquia de San Bernardo, una de las mas ricas de Bogotá, esperando que Dolores lo llame para celebrar la undécima misa del día. Su parroquia tiene la ventaja de estar situada en una zona de funerarias y hospitales, de modo que la clientela es permanente. Del joven cura que llegó sin fortuna al Norte de Santander, no queda ningún rastro, hoy se cuenta entre los clérigos mas ricos de la capital, donde tiene una reputación de conocedor del mundo, bien ganada por los innumerables viajes que ha hecho por los cuatro continentes.
Mientras piensa en las cosas que debe pactar con la gerente del banco donde tiene sus cuentas y las ganancias del ultimo año, recuerda los acontecimientos que rodearon su llegada a Chitagá y se siente como observando una película de la cual es él el protagonista, un espectador mas de su propia historia.
Nadie ha podido conocer el origen del aterrizaje de Gildardo a la arquidiócesis de Nueva Pamplona. La explicación mas lógica y acorde con la indisiocracia colombiana, es sencilla: no existe ningún poblado por pequeño que sea, en donde no haya llegado un paisa y el cura debía ser el que le correspondía a Chitagá.
Dejemos pues ese es misterio para desenredarlo en otra oportunidad. Lo cierto es que Monseñor lo había designado como el conductor espiritual de ese pueblo, conocido por su tradición de liberales, matacuras y repleto de chusmeros.
A Gildardo el frío húmedo de Pamplona le había disparado su problema de sinusitis y frecuentemente tenia que depositar en sus narices, las gotas que le aliviaban su respiración. Paseaba inquieto por los pasillos del palacio arzobispal, esperando la comunicación del nombramiento y percibiendo las miradas extrañas que los habituales le lanzaban disimuladamente en las que intuía una carga de compasión. De rato en rato le llegaban a sus oídos las murmuraciones de los clérigos de menor rango, de las que alcanzaba a distinguir las menciones a la salida del ultimo sacerdote, en medio de la algarabía de una muchedumbre enfurecida y del retumbar del tiroteo con que fue despedido. Mencionaban la maldición que monseñor había proferido al conocer los acontecimientos y las decisiones tajantes de no permitir la visita a esa parroquia maldita, de ningún pastor, hasta que la población no escarmentara y estuviera dispuesta a entrar en el redil con humildad, aceptando las decisiones religiosas sin rechistar y atendiendo al representante del obispo con todos los honores.
Preocupado por lo que lo esperaba, abordó a una vieja monjita con cara de ratón a quien le había descubierto el acento paisa y cuya función en el palacio era la de atender directamente al arzobispo, con la intención de averiguar la historia de la parroquia a la cual en pocas horas debía llegar. Acentuando su entonación y utilizando el sentimiento de solidaridad regional, le fue preguntando el pueblo de origen, declaró la superioridad racial de los montañeros, enalteció los frijoles y la carne de marrano y terminó su concierto culinario con una taza de chocolate con arepas sin sal. Después aseveró que la única región de creyentes era su Antioquia grande, donde desde pequeño se aprendía a respetar a los clérigos, a saludarlos quitándose el sombrero y a entrar a la iglesia con todos el recogimiento. La monja emocionada le comento que era montañera y durante un tiempo interminable le relato su entrada al convento, sus viajes por parajes inhóspitos, su dedicación al señor y al final, al enterarse de la parroquia a donde Gildardo había sido designado, se persignó y lo fue instruyendo en lo que según ella, seria la desgracia para el paisano.
No he ido nunca a ese pueblo, pero lo que conozco no son sino malas referencias, imagínese padre, ese pueblo solo tiene un sacerdote cuando debía ser prolífico en hombres dedicados al culto como en nuestra tierra, casi todos sus habitantes son liberales y de lo mas agresivos, hasta comunistas dicen que son. Se de dos sacerdotes que tuvieron la triste experiencia de dirigir el rebaño descarriado y ninguno de los dos quisiera volver por esas tierras. La experiencia del padre González ha sido muy extensa y la del padre Oyuela es la mas reciente. Le sugiero que converse con ellos.
Gildardo quedó impresionado por lo que entre líneas alcanzó a descubrir de la conversación sostenida con la anciana, decidió realizar las averiguaciones sobre el paradero de los dos sacerdotes mencionados y se comunico con el primero de ellos, concertando una cita para la misma tarde.
Cuando llegó a la casa fue recibido por una sirvienta joven de cuerpo esplendoroso a quien siguió encantado con el contoneo de su preciosa figura y quien lo condujo hasta la oficina del cura González. Apenas entró sintió que era materia de observación por parte del hombre encorvado e instintivamente comparó su ropaje con el del anfitrión, descubriendo que la fortuna había sido prolífica con el anciano que lucia una sotana fabricada en paño Ingles, confeccionada por el mejor sastre de la localidad de cuyas mangas surgían unas manos huesudas donde resaltaban el fino reloj de oro y en sus dedos algunas sortijas que destellaban cuando la luz del sol penetraba por la gruesa ventana colonial y como telón de fondo el mobiliario ostentoso que denotaba la opulencia reinante en la morada.
Después de los saludos de rigor, el veterano religioso abordó el asunto comentándole su experiencia en cabeza de esa grey por mas de 5 años. Claro, le dijo, eran otras épocas pues el gobierno estaba en poder de los conservadores y existía una orientación justa para todos nosotros. Cuando yo llegue, aun no existía el alcantarillado y el agua la tomaban los habitantes de las cunetas de las calles. La mayoría de las casa, tenían piso de tierra y se autoabastecian de todos los alimentos, recuerdo que el café llegaba de Chucarima y teníamos que tostarlo y molerlo, la panela de Tapurcua y en las pocas tiendas se conseguían algunos otros productos. La gente adinerada acostumbraba a guardar sus morrocotas en vasijas de barro que enterraban en los sitios mas inimaginables. En cuestiones de fe, aunque liberales, aceptaban las orientaciones religiosas y demostraban una gran piedad, para conseguir los recursos de la iglesia solo había que indicar las actividades y espontáneamente participaban, sin embargo le puedo decir que no quedaban excedentes importantes y debía uno ejercitar la imaginación.
Pero no todo era color de rosa, porque esa tradición que impuso el liberalismo anticlerical se podía palpar en las personalidades que tenían alguna ilustración ya que circulaban en la clandestinidad libros prohibidos que se encontraban dentro del índice11. Se de buena fuente que Vargas Vila era de consumo popular y hasta los pequeños tenían acceso a literatura prohibida, pues en la preparación para la primera comunión, algunos me manifestaron que habían leído la Odisea de Homero y La Madre de Gorky. Uno en particular llamó mi atención porque se rumoraba que le llegaban libros de la Argentina, tenia suscripción de la revista Semana e impresos gnósticos, odiaba a los curas, nunca se confesaba y encarnaba la rebeldía contra el creador. Por supuesto era una fruta podrida que había necesidad de erradicar.
Yo, a través del púlpito en la misa del domingo emprendí una campaña contra ese ateo, con la colaboración del directorio conservador y la facción turbayista de los liberales, logramos gestionar que lo echaran del empleo publico que tenia. Pero el tipo jamas se arrodilló, porque además de liberal era gaitanista, mas peligroso aun y para ofendernos y demostrar su línea política, fue capas de ponerle a su perro el nombre de cachiporro.
Durante el tiempo que estuve de párroco, solo en una ocasión me preocupe realmente por mi seguridad a raíz de la caída del General Rojas Pinilla. Cuando se supo la noticia, de todos los recovecos del pueblo salieron a las calles, organizando una manifestación, con bandera tricolor a la cabeza y vitoreando la caída de Pérez Jiménez en Venezuela y Batista en Cuba.
Estaban desde los miembros de las congregaciones religiosas, hasta quienes nunca asistían a los oficios religiosos. La abanderada era doña Ana Hilda quien encabezaba la movilización entonando el himno nacional, claro su hermano el abogado tenia una tendencia izquierdista. Cuando pasaron por enfrente de la casa cural, creí que arremeterían contra mi, pero no, la marcha continuó su camino deteniéndose frente a la casa de Benigno Mogollón, donde, desde el balcón los dirigentes pronunciaron discursos contra nuestro partido conservador, después me enteré que festejaron en la Hacienda, hasta altas horas de la noche.
La segunda visita la hizo al padre Oyuela, a quien según los comentarios, lo habían sacado a balazo limpio y que gracias a la ayuda de Dios salió del pueblo absolutamente ileso. Residía al igual que el anterior en una de las inmensas casonas coloniales de la ciudad. La entrada fue franqueada por una anciana sirvienta, quien le indico el camino hacia donde reposaba de la cena el sacerdote. Gildardo encontró mas de una diferencia entre los dos entrevistados y se acentúo dicha percepción cuando Oyuela le fue asegurando que no creyera en las maledicencias de la gente de ese pueblo de ateos que lo acusaban de enriquecimiento a costa de los millones de pesos producto de un centenar de bazares y otra serie de actividades financieras. Gildardo como buen paisa concluyó que le esperaba un porvenir sin desasosiegos económicos y se preparó para desarrollar una labor que produjera buenos dividendos en todos los sentidos.
Conocidos los pormenores de sus predecesores, con el nombramiento y las bendiciones del pastor en el bolsillo, se dedico a conseguir vehículo para su pequeño trasteo y mas tarde con Dolores su sacristán, a bordo del "Buey" nombre del camión de don Benigno y conducido por Armando, se dirigió por Chapinero y la Cortada con destino a Chitagá.
Mientras el camión avanzaba de hueco en hueco por la carretera, Gildardo hacia un inventario mental de los precipicios por los que pasaba y a regañadientes tenia que aceptar que ni siquiera en su natal Antioquia, había observado una carretera con tantos y profundos despeñaderos. El nombre de los sitios se iba sucediendo como un rosario y la historia que desgajaba el conductor del como se habían echado a botes unos cuantos creyentes y para mas señas todos conservadores. La alusión partidista le apareció como una insinuación de las desventuras que encontraría en el poblado y creyó ver en los ojos de Armando una muestra de festejo al narrar los sucesos.
Gildardo que escuchaba pacientemente los comentarios del chofer y que intuía que poco o nada le podía sonsacar, era uno de los mas parcos en cuanto a meterse en la vida de sus paisanos, el cura se daba sus mañas para sonsacarle información y cuando fue ganando la confianza de su contertulio a bocajarro le espetó la averiguación sobre Vicente Camargo (nombre informado por Oyuela, de quien encabezaba la asonada que lo saco del pueblo), pronto conoció todos los antecedentes con pelos y señales, pues el susodicho era uno de los hombres mas ricos del pueblo y del que mas anécdotas se narraban en los corrillos de chismes. Fueron tres horas y media de labores de inteligencia y cuando el carro enfilo la curva del Arpero, para entrar al casco municipal, ya conocía una buena parte de la historia de la gente.
El ruido del motor alertó a la población que ya sabia de la llegada del sacerdote del cual no se tenían antecedentes y sobre el que recaían toda suerte de desconfianzas. Algunos decían que venia a cerrar definitivamente la iglesia y a trasmitir la maldición del arzobispo, otros, mas imaginativos, que solamente permanecería los días necesarios para empacar la custodia y los pocos bienes que había dejado en su huida el cura Oyuela y los menos, actuando mas racionalmente, que él se quedaría y que tenían que recibirlo. Lo cierto es que vieron pasar el camión por el barrio El Puerto y finalmente escucharon el resoplido y el frenazo, cuando se estacionó frente a la casa cural. Observaron como Armando le ayudaba a bajar los pocos trebejos y a don Gumersindo subir por el parque apresuradamente, con los llaveros de la iglesia. Después el silencio y la expectativa reinaron sobre los parroquianos.
La fría recepción que le dio el pueblo, fue una reconfirmación de los relatos recibidos, todo indicaba que su recién empezada labor seria un completo fracaso. La preocupación y el desencanto empezaron a aprisionarlo. Hasta el presente su vida como sacerdote no había sido una colección de triunfos, apenas había tenido un desempeño mediocre, pues fuera del habitual respeto que le prodigaban sus fieles cuando era párroco del pueblito antioqueño enclavado en la cordillera occidental, jamas pudo concitar entusiasmo alguno. Tal vez porque nadie es profeta en su tierra, o, porque sabían de su origen modesto y le cobraban que de pobre pasara a personaje destacado. Lo cierto es que salió de allí con las mismas pertenencias que llegó, igual de arrastrado y cuando un buen amigo y colega le insinuó solicitar el traslado para otra jurisdicción eclesiástica, no vaciló en hacerlo, esperando que la esquiva suerte le cambiara.
Ahora Gildardo, maldiciendo su destino y haciendo de tripas corazón, le ordena al joven con cara de idiota que lo contempla, tocar las campanas llamando al rosario de las seis, abre la puerta de la iglesia a medio construir y se dirige al interior de la casona a esperar impaciente la llegada del publico, sin hacerse muchas expectativas. Mientras tanto la señorita Dolores, su sacristán, desempolva los hábitos, prepara todo lo necesario para la celebración litúrgica, con la firme convicción de que no aparecerán mas de las tres personas que ya se han acercado. Da un paseo por la iglesia y descubre un viejo órgano, lo destapa y siente el impulso de desgranar algunas notas. La música se desprende del aparato con una nostalgia inigualable y a cada nuevo acorde se añade uno mas, hasta que la melodía traspasa los muros de la construcción y se desparrama por todo el poblado. Concentrada, no se da cuenta de la gente que empieza a tomar asiento en las naves de la iglesia, tampoco del recogimiento que se desprende de la multitud, solo, con los ojos cerrados, se extasía en las variaciones del bambuco montañero que habla de una ruana y un viejo hidalgo.
Escucha como entre nieblas el tercero y el sonido la regresa a la realidad. Se levanta y sorprendida observa la romería de personas entrando al lugar, ya llenaron las bancas y la contemplan fijamente, como si estuvieran hipnotizadas. Insegura, ruborizada como una niña cogida en falta, dirige los pasos a la sacristía, donde el sacerdote con una cara de desesperanza, pasa las hojas manuscritas del libro donde se sientan las partidas de bautismo, tratando de buscar una explicación a la extraña situación.
Dolores, alegre por el giro que ha tomado la situación, Consciente guarda silencio sobre los que acaba de ver, para que el sacerdote se sorprenda positivamente. Le coloca los hábitos para la ceremonia, pensando que la sorpresa lo sacará del influjo negativo en el que se encuentra por el recibimiento que le han prodigado.
Gildardo ensimismado en sus pensamientos, no se ha enterado de nada, no ha escuchado el sonido de la música ni de las campanas y cuando Dolores, con la vestimenta lista lo llama, siente un sobresalto. Como un autómata se levanta, dejando que la mujer le coloque los aditamentos. Se persigna y sale de la sacristía, traspasa el dintel de la puerta que comunica con la iglesia, esperando encontrar el lugar vacío. Su rostro se transfigura al observar el gentío que se levanta como un solo hombre, abriendo una calle de honor para que pueda llegar hasta el altar. El ruido y la luz mortecina de algunos bombillos, le dan un marco espectral a las dos naves en que esta dividida la construcción y al millar de personas que la llenan por todos los rincones, levanta la vista y observa como el campanario también esta repleto y se prepara para la ceremonia.
Inicia la celebración y escucha el murmullo ensordecedor de las avemarías. Uno tras otro va pasando los misterios y al final lentamente recorre los centímetros que lo apartan del púlpito, asciende los escalones de madera y a sus anchas contempla la cantidad de gente que se agolpa en el recinto y que lo mira con rostro inexpresivo. Carraspea, preparando la garganta, deja desgranar el saludo de bienvenida, las recomendaciones del Arzobispo, los planes para la parroquia. No creo en los decires de la gente interesada en que en este importante pueblo no tenga presencia un representante de Dios, les prometo que mientras viva, jamas los abandonare en manos de Satanás, se de la fama inmerecida que ustedes se han ganado, pero también de la decisión irrefutable de las almas que desean la presencia de la iglesia y finaliza su discurso con una oración de bendición para todos los presentes.
Al salir de la iglesia los rostros han cambiado de actitud, las palabras del religioso los ha impacto y todos sienten que el camino del cielo nuevamente esta abierto, habilitado para transitarlo, el momento es propicio para continuar el viaje. No han escuchado las maldiciones, ni frases de excomunión que les habían prometido y en cambio, las promesas de reconciliación están a la orden del día.
Gildardo esa noche, evalúo su primer contacto con la comunidad, tiene un sentimiento positivo sobre la masiva presencia en la iglesia, se siente reconfortado, con gran entusiasmo sobre el porvenir, pero en el aire sigue flotando la expresión adusta de los rostros al inicio de la ceremonia y este aspecto sumado al desconocimiento de la idiosincrasia de los santandereanos, no le permite sentirse tranquilo. Por eso deja que su mente divague hacia el pasado e inseguro, piensa en la familia lejana a quien tiene que contribuir para sacarla de la pobreza, de sus sobrinos que esperan ayuda, en las penalidades por las que tienen que atravesar. Ruega al señor que su situación financiera entre en franca mejoría y que los vientos de prosperidad por fin toquen a su puerta y solo vuelve a la realidad cuando Dolores le informa la presencia de algunos visitantes que desean saludarlo. Bueno, por lo menos ya llega alguna gente a presentarme el saludo y sale a recibirlos. La sorpresa casi lo hace caer, cuando ve la cola interminable de personas que esperan para hablar con el y solicito va haciéndolos ingresar uno por uno.
El tiempo pasa presuroso y cuando el viejo reloj de péndulo hace sonar las once campanadas, despide al ultimo visitante. Contempla el lugar repleto de presentes, gallinas, piscos, ovejas y costales repletos de productos agrícolas. El éxito de su llegada no podía ser mejor, apenas en el primer día y tiene suficientes alimentos en la alacena para enfrentar por lo menos un mes sin ninguna preocupación. Detalla la lista de los compromisos para celebrar misas, visitar enfermos, escuelas, organizar bautizos y primeras comuniones, mal contadas representan una importante suma de dinero.
Cansado por el trajín del día, concilia el sueño en el mismo momento en que toca su cabeza la almohada y con cara de satisfacción, con cara de angelito, sueña en el futuro promisorio, en el carro que lo ilusiona, en los viajes a Europa y se ve transformado en un clérigo lleno de fortuna, rodeado de personas que lo alaban y atienden, prestas a satisfacer sus mínimos deseos, como si fuera el genio de la lampara maravillosa. Satisfecho siente que por fin ha encontrado la guaca que lo sacará de pobre, el sendero que lo conducirá a la tierra bíblica de la miel y la leche.
Despierta con un millar de ideas en su cabeza que espera poder desarrollar en su primer día, sale a conocer el pueblo y departir con sus habitantes, la mañana es propicia, el sol tiende su luz sobre todo el panorama, esplendoroso, radiante, lo acompaña durante todo el recorrido. Saludos aquí y allá, invitaciones permanentes de las personas que lo acogen sin cortapisas. Siente el calor y la sencillez de los pueblerinos que se entregan sin esperar nada a cambio. Interiormente se hace un juramento: les responderá con buenas cosas, será un buen cura y un buen confidente.
Las hojas del almanaque van desapareciendo y con ellas se incrementa el conocimiento de su grey. Gildardo ha visitado las veredas de su parroquia desde Bartaqui, hasta la Copa y en cada lugar ha bautizado niños y celebrado misas y rosarios, su táctica ha funcionado perfectamente, la gente se le acerca como la abeja al panal. Con el paso de los meses, se ha ganado el respeto y se ha metido en el corazón de los fieles, jamas ha dejado entrever sus simpatías políticas y en sus sermones el llamado a la reconciliación, siempre tiene un lugar de privilegio. La gente empieza a notar la diferencia con sus antecesores, la sencillez de su trato, su simpatía, la forma de hablar y pronto la comunidad lo cuenta como uno mas de los suyos.
Con la llegada de la Navidad, reúne los personajes mas importantes del pueblo, los ilustra de los proyectos y les solicita la aprobación. Desde su llegada ha visto, los buenos resultados que le ha dado la táctica de contar con la aprobación de los mas ricos, significa asegurar el éxito de cada empresa. Les informa que organizará un concurso de arboles de Navidad, costumbre, que existe en todo el mundo y que cada casa debe colocar en su ventana, luego introduce la costumbre paisa de celebrar el día de las velitas, vísperas del ocho de diciembre.
Luego reúne los jóvenes a quienes vende la idea de recuperar los aguinaldos, organizando equipos para que sea un evento de gran envergadura, obteniendo pleno respaldo y pone a disposición de la comunidad el equipo de la casa cural para que la música se vuelva a escuchar por los parlantes de la iglesia, que enciende apenas pasa el rezo del rosario. Reorganiza la congregación de las hijas de María y los nazarenos, incorporando por igual a sexos, edades e ideas políticas.
Con la juventud en el bolsillo, se propone celebrar en vivo la semana santa y se da sus mañas para ir descubriendo los talentos actorales de los habitantes. Sabe que Poncio y Centurión deben participar, porque detrás de ellos llegarán otros muchos, dada su fama de bebedores, cantantes y aduladores de mujeres.
Dentro de las mujeres ha hecho también su elección. Rosalbina debe encarnar a la Magdalena por sus atributos: cuerpo curvilíneo y abundantes senos. La Virgen María debe ser para Socorrito, por su belleza angelical. El resto del reparto será fácil conseguirlo, pero tiene problemas con los papeles de Jesús y Judas Iscariote, pues no encuentra las personas que encajen perfectamente.
La noticia de la representación rápidamente se expande por el lugar y el éxito de la convocatoria es total. Todos ofrecen su colaboración, entre otras cosas, porque así pueden acercarse a la sobrina del cura, joven hermosa, poseedora de unos extraordinarios ojos color miel, y a la que todos querían cantarle el bambuco de titulo Antioqueñita, o por tener, como pretexto los ensayos, para los encuentros entre enamorados.
Después de una búsqueda infructuosa, el cura se decidió por el parquero municipal de nombre Jesús y de apodo Nasario para representar a Jesucristo y para el papel de Iscariote por el bobo Tirso, única persona que logró convencer.
El éxito fue total, de todas las veredas llegaron centenares de personas a presenciar la semana santa y los actores se portaron con lujo de detalles, salvo los personajes principales, porque Nasario y Tirso no pudieron aprenderse el pequeño libreto que les había asignado. Las bolsas de la limosna jamas estuvieron tan llenas y los compromisos de misas y responsos crecieron como la espuma. Gildardo ya ni siquiera recordaba que lo habían designado como párroco de un pueblo en las fronteras del infierno, donde pululaban los ateos y en cambio, con la prosperidad económica ya tenia un flamante Woswagen ultimo modelo, ensamblado en Brasil.
La presencia del cura empezó por cambiar la percepción que se tenia del pueblo, la fama de las celebraciones y la devoción de los feligreses, traspaso la frontera y cuando Gildardo llegaba el día miércoles en la mañana a presentar los informes a monseñor, los curas de otros pueblos lo miraban con ojos llenos de envidia, a cuantos de ellos les ofrecieron esa parroquia y cuantos desdeñaron esa oportunidad. La riqueza adquirida se le notaba a la legua, carro nuevo, sotanas en paño ingles, calzado Corona, reloj Suizo enchapado en oro, cuenta corriente en la Caja Agraria y los proyectos de viajes a Europa demostraban que era un excelente administrador de almas y de recursos.
Además tenia una mina de oro por explotar concluyendo las obras de construcción de la iglesia que su antecesor Oyuela había dejado apenas iniciada y que había producido su salida por la desconfianza generalizada en el manejo de los recursos. Ahora Gildardo sabia a ciencia cierta las razones de su expulsión e incluso realizó gestiones para la devolución de los equipos de amplificación y del proyector de películas que en su huida había "inconscientemente" sumado a sus pertenencias.
No podía estar de acuerdo con la destrucción del templo colonial, construido cuando Chitagá era apenas un apéndice de la parroquia de Silos, pero a lo hecho pecho, la tarea presente no tenia espera, debía diseñar una estrategia para terminarlo. El primer paso, reunir la gente, explicar el proyecto, comprometerla en el desarrollo del plan, el segundo dar a cada persona, barrio, vereda, responsabilidades en la organización de festejos y bazares.
Cuando terminemos esta obra será una basílica que admiraran propios y extraños, el orgullo de nuestra comunidad y para su inauguración de seguro tendremos la presencia del Papa y todos los obispos de Colombia, les prometio.
Su jugada funcionó como un relojito, las finanzas crecieron y con ellas su participación, realizó centenares de festejos, reorganizo la fiestas tradicionales de la Virgen del Perpetuo Socorro, construyó la plaza de toros en el solar de la iglesia y se convirtió en socio de dicha empresa. Convocó los choferes para que celebraran las fiestas de la Virgen del Carmen, en un pueblo donde la máxima aspiración de la juventud se centraba en dos posiciones, chofer de camión y maestro de escuela, las fiestas fueron un acontecimiento y los ingresos superaron las expectativas.
Les vendió la idea a los ricos del pueblo y pronto los mas importantes se hicieron cargo de las variadas celebraciones. El viejo Vicente Camargo responsable directo de la expulsión de Oyuela, se comprometió a contribuir con la celebración de la festividad de San Isidro y bien que lo hizo, doña Felipa a las fiestas del Perpetuo Socorro y hasta don Alfonso Bautista le ofreció algunas exhibiciones gratis de las películas mejicanas mas exitosas en beneficio del templo.
Parecía que nada interrumpiría la tranquilidad de Gildardo, pero de pronto empezaron a aparecer algunos personajes que le quitaron el sueño, habían llegado al pueblo los evangélicos que le montaron competencia y abrieron su propia iglesia en la casa de Martina Montañés. Al principio creyó que el asunto seria pasajero y celebraba las payasadas de los borrachos del pueblo que terminaban sus rascas dando testimonios en dichas reuniones, luego trato de enfrentarlos por el púlpito para que la ciudadanía no permitiera la presencia de los representantes de la herejía y el infierno y, finalmente instruyó a la congregación de nazarenos y a las hijas de María, para que le sirvieran de grupo de choque. Vano empeño, porque las sectas siguieron prosperando y mas personas acudían a sus cultos. Por primera vez mordía el polvo de la derrota.
Como buen paisa que era, había cimentado una fortuna y se le conocía por su fama de buen negociante. En todas las ocasiones que enfrento problemas con los socios temporales de negocios, siempre salió triunfante, quedándose con la parte de león. Pero hasta el mas sabio tiene que equivocarse una vez en la vida, los altos intereses lo tentaron e incurrió en la actividad del agiotista, le prestó una suma muy importante a un negociante que tenia fama de ser una abeja para las oportunidades y que movía grandes cantidades de efectivo. Gildardo rumio el negocio durante sus buenos días, analizó los pro y los contra, sopeso la rentabilidad de los papeles de renta fija que tenia suscritos con la sucursal del Banco de Bogotá en Pamplona y al final decidió materializar la operación.
Vencido el termino para recibir el capital y los intereses, preocupado por la ausencia del deudor, indagó sobre sus actividades. El hombre tenia todo hipotecado: la casa, el camión, el negocio y hacia ya un tiempo que no se aparecía por el pueblo. No valieron amenazas ni ruegos, tampoco la promesa de excomunión. Tiempo después ya convencido de lo imposible, guardo la letra de cambio en un portafolio y dio el dinero por perdido. Se juro así mismo que jamas volvería a convertirse en una financiera, así le ofrecieran lo divino y lo humano.
Siguió celebrando semanas santas y Navidades en vivo. Recibió felicitaciones como cazador de nuevos talentos, por las actuaciones del Mono Camargo y Nasario. Su película produjo gran revuelo en la arquidiócesis, hasta el punto que muchos colegas adquirieron cámaras de cine para repetir el experimento.
Nunca terminó la construcción del templo a pesar de los centenares de bazares y las ayudas que políticos en campaña le prometieron y cumplieron, siempre se presentaba un nuevo aplazamiento, un nuevo problema, los materiales subieron con la inflación y cada vez anunciaba la necesidad de nuevos recursos y de nuevas actividades, hasta que la gente se fue cansando y fueron cada vez menos los que apoyaban sus propuestas.
Los evangélicos crecieron tan vertiginosamente, que instalaron cuatro iglesias en los puntos cardinales del poblado, una por cada secta: los cuadrangulares en la Amapola; los Testigos de Jehová, en el barrio del Carmen; los Adventistas en el Puerto y los Amigos de Dios en el Contento. Los campos se poblaron de predicadores que reclutaban cada día nuevos adeptos y la iglesia empezó a tener menos asistentes.
Sentía que su misión en esa parroquia estaba cumplida, poco a nada hacia para cambiar las nuevas condiciones y la rutina se apoderó de su espíritu. Ya ni siquiera se tomaba la molestia de visitar las veredas y la riqueza y la molicie lo convirtieron en burócrata religioso que era respetado por haber rescatado una parte de la iglesia del demonio. Necesitaba un cambio y le llegó con su traslado para una nueva parroquia, donde quizás, retomaría fuerzas e impulso para continuar con su labor. Al leer la misiva del Arzobispo, donde le comunicaba que sus servicios eran requeridos por una nueva grey y le enumeraba los éxitos obtenidos, Gildardo recompuso su amor propio, perdido en la batalla contra los protestantes, tomó un segundo aire y empezó a investigar sobre el nuevo pueblo de destino.
Las averiguaciones iniciales le mostraban que su nueva ubicación era campo abonado para el incremento de su fortuna y la pasión por el dinero resurgió le produjo el resurgimiento del entusiasmo. Mientras preparaba su trasteo, se enteró de los tramites que hacia la comunidad solicitando la anulación de su traslado. La recolección de firmas, le confirmaron la audiencia que aun tenia en el Municipio, pero, en secreto viajó a Pamplona, para decirle al superior que no diera marcha atrás, que no accediera al ruego de los vecinos.
Llegó el día de la despedida y con el las lagrimas de desconsuelo de los habitantes, que le dieron el adiós de la misma forma como lo habían recibido. Centenares de personas lo vitorearon en su salida y las donaciones y regalos obligaron a Gildardo a contratar un camión para cargar los regalos. Una comisión encabezada por el alcalde y el juez se sumó a la caravana, acompañándolo hasta el nuevo poblado.
EPILOGO
Corre el año de 1996 y Gildardo, cabeza de la prospera parroquia de San Bernardo ubicada en pleno centro de Bogotá, esta sentado en su elegante oficina, analizando unos documentos financieros. Indeciso, con la alternativa de optar por invertir en títulos del tesoro o adquirir en el mercado negro algunos miles dólares. Sabe que no puede seguir teniendo en la caja fuerte empotrada en la pared de la oficina, tan fuerte suma de dinero. Sonriente por la decisión que ha tomado, le viene a la memoria el nacimiento de su bien cimentada fortuna y como si con el pensamiento trajera parte de esa tierra, Dolores entra y le comunica que hay unos jóvenes de Chitagá que quieren saludarlo. Le ordena que los haga seguir y prepare abundantes viandas para agasajarlos.
Son cuatro y todos tienen pinta de estudiantes. Los va reconociendo y en la medida que lo logra les recuerda anécdotas cuando eran sus alumnos en el Colegio Nacional. A quien rápidamente reconoce y mas efusivamente saluda es a Trino, porque fue el monaguillo de su confianza. Le comenta que el único con vocación para el sacerdocio era el, pues fuera de algunos pequeños hurtos de vino, seguramente aconsejado por los otros sinvergüenzas, no le conocía pecado alguno. En la comodidad de los sillones y conversando amenamente hacen un inventario de la población, saltan de familia en familia en un verdadero censo.
Pregunta por la suerte de Nasario, Poncio, Centurión, incluso por Ceferina y su hijo Custodio, averigua por las novedades y en voz queda les pide información sobre la entrada de la guerrilla y los cambios que se han producido con motivo de dicha presencia. Anfitrión y visitantes han degustado las generosas viandas y se aprestan para encender un cigarrillo al calor de un tinto bien cargado, como en los viejos tiempos.
Ha estado esperando el momento preciso para hacer esa pregunta que le ronda la cabeza desde que supo de los visitantes, sin embargo decide no mostrar la impaciencia y le solicita a Trino que le cuente porque no se fue para el seminario.
El muchacho, quien no propiamente se distingue por su falta de locuacidad, al ver la oportunidad se explaya en la exposición de su historia. Pues padre, la verdad sea que yo si estaba interesado en ingresar al seminario, sentía el llamado del señor para servirlo, a usted le consta mi religiosidad y devoción, yo era el único que podía contestar sin detenerme todo el ritual de la misa y en semana santa era el primero en someterme a la expiación de los pecados haciendo penitencia. Mi nono Jacinto me sentaba en sus piernas, me confesaba la esperanza de tener en su familia un sacerdote, ya que el nieto mayor no me complació, usted mijito será el que cumpla este deseo, con el cual moriré contento. Y yo le prometía ingresar al seminario, apenas terminara cuarto de bachillerato, pero se me atravesaron en el camino unas cuantas tentaciones. La primera, en forma de mujer, me puso la trampa y terminé pecando al perder mi virginidad. Lo que son los amigos y los malos consejos, poco a poco me fueron convenciendo de acudir donde la Turra, al principio me negaba con todas las fuerzas, pero, cuando dijeron que seguramente era marica, ante tamaña ofensa asalte la cocina de la casa y con dos panelas y media libra de chocolate, me dirigí a la cita que mis compinches habían pactado. Me gusto tanto el asunto que al final no paraba en la casa ningún huevito de gallina. La segunda, el mal de todo pueblo pequeño y el principal del nuestro: la bebida. Con esos dos pecados, no podía ni siquiera nombrar el seminario en mi casa, porque mi mama inmediatamente, se negaba rotundamente, pues según ella solo los puros podían aspirar a servir a dios, ella se persignaba varias veces frente a dicha posibilidad, para luego encerrarse en su cuarto, donde lloraba largamente. De verdad, yo si sentía una inclinación muy grande por el sacerdocio desde que lo acompañaba en las celebraciones de los actos religiosos, pero no todo se puede alcanzar en la vida y ante la oposición de mi mama, termine por convertirme en un jugador de pool, en bebedor de cerveza, desjuiciado y cuando coroné el bachillerato, a la Universidad donde estoy en tercer semestre.
Trino notó el interés del cura y remilgoso fue aplazando el tema; Gildardo no podía imaginar lo aventajado que le había salido el alumno, recorrido en tantas plazas, experto en lances y con una labia que convencía a todo el mundo, olió esa oportunidad e ideo en milésimas de segundo un plan para sacarle un buenos partido. La estrategia consistía en convencer al sagaz clérigo de que podía confiar en él, en sus posibilidades como hombre de negocios, cumplidor de la palabra y conciliador de intereses encontrados. Por eso lo fue llevando hacia sus terrenos para demostrarle el respaldo financiero que tenia, abordándolo por el lado débil, le contó su vida en Venezuela, responsable de una de las cavas que utilizaban los primos ricos de San Antonio del Tachira para vender productos hasta en el Estado Guarico; le narro los negocios en maderas y maíz que montó en Saravena y lo remató con las perspectivas, apenas terminara la carrera montando una empresa que produciría una excelente ganancia sin mucho esfuerzo.
Para un perro otro perro, pensaba el cura, al ver la forma como le plateaba las cosas; con este si puedo tener esperanzas de recuperar el dinero que le preste a Aniceto, y, sin pensarlo mas, empezó la averiguación sobre el paradero del deudor. A... que avión es el cura, piensa Trino, sabia que en cualquier momento se pondría a sacarme información, pero esto le va a costar, y, en voz alta, efectivamente él se comunica constantemente conmigo, ha recuperado parte de los bienes embargados y ahora tiene mucha mas plata que antes. La cara de satisfacción delató al sacerdote, quien como si no quisiera la cosa, le fue planteando la posibilidad de servirle de intermediario. Le reconozco una comisión si recupera la plata, incluso si Aniceto acepta, dígale que no le cobró los intereses, usted maneja el asunto y si ve la posibilidad rebájele una buena suma, mejor dicho negocie con él. Claro, piensa que me voy a ilusionar con los intereses, con esta pelades en la que ando, no voy a perder la oportunidad y en voz alta, pues padre lo que me propone es bien interesante, lo primero que tengo que hacer es comunicarme con él, eso puede ser dentro de un mes que venga con el camión a Bogotá, yo se mas o menos en que fecha y le caigo al Hotel Cordobés, se que tiene mucha pena con usted y las condiciones que le platea serán bien recibidas. Pero será seguro eso de la venida?, no será mejor tratar de hablar con él primero?, quien quita que de una traiga la plata?, y para si mismo, así me toque darle un adelanto a este avispado. Pues el problema es que no tenemos de donde llamar por teléfono, o si no lo haría de una vez, claro esta que en el momento no tengo la libreta de las direcciones y para si, este cura ya cayó, hay que dejarlo que se coma un poco mas el cebo, no sea que se me corra en este negocio. Que quiere que hagamos Trino?. Pues lo que usted estime conveniente padre, y en sus pensamientos, ahora me adelantara algo.
Nueva invitación a tinto, nuevo cigarrillo, mientras que Gildardo sopesa el valor de la comisión por el cobró y el anticipo para Trino. Le parece que el muchacho es serio y que puede confiar en él, pero como mas sabe el diablo por viejo que por diablo y que la fuerte suma de dinero adeudada no la va a recuperar de una sola vez, divide la comisión en cuotas y le adelanta un anticipo de mil pesos, prometiéndole que apenas reciba el pago tendrá una recompensa mayor.
El avispado intermediario lo ve sacar de la cartera el dinero y los ojos le brillan amenazando delatarlo, se los restriega, arguyendo que un mugre se le ha depositado en ellos, mientras piensa que hace años no ve tanto dinero junto, coño, con este billete se me acabó por largo tiempo los días de hambre. Han pasado tres horas de charla amena y los visitantes sienten que ya empiezan a hacer estorbo pues Dolores disimuladamente colocó la escoba detrás de la puerta. Se levantan y se despiden, prometiendo un pronto regreso.
Con el billete en el bolsillo y cara de felicidad que no podían ocultar, se dirigieron a la tienda de José, donde brindaron por los nuevos recursos y evaluaron la acción emprendida. Trino, le dijeron, definitivamente te has ganado el sobrenombre de trinomentiras, que majestuosidad en la faena, que disimulo y vaya forma de ir atrayendo a la víctima, hombre y como levantó la espada para entrar a matar, te damos las dos orejas y el rabo y le encimamos dos vueltas al ruedo y salida en hombros de la plaza. Fue una borrachera memorable, canastas enteras de cerveza, chuleticas de cerdo con papa criolla y a terminar la borrachera en el Extasis un bar de la 18 sur con Caracas.
Dicen que los paisas son las mas carretudos que existen, que son unas águilas para los negocios, pero que un toche tumbe a un cura y fuera de cura, paisa, eso solo se ve una vez en la vida. Los amigos duraron hasta altas horas de la noche y muchos años después de muerto, todavía espera el cura en la tumba, que Trino le cumpla la promesa.
VIII. LAS PELICULAS
El pueblo se apresta a celebrar el bicentenario de su fundación. Se organizan reuniones preparatorias para discutir las estrategias, programación de eventos y especialmente resaltar los acontecimientos históricos, la figura de Bolívar como autor del trazado de las calles, la de los fundadores que donaron el terreno, el soldado Cosme Conde, compañero inseparable del libertador y Ramón González Valencia, presidente de la república nacido en la casa de Puente Real.
De la lluvia de ideas, aparece una que va tomando importancia por lo histórico del testimonio fílmico: es necesario ubicar las películas del padre Gildardo para incorporarlas a los archivos del municipio, pues consignan un cambio importante en las costumbres y marca un rompimiento en la cultura popular. La decisión unánime fue la dejar en manos de la colonia de Bogotá la misión de recuperarlas.
Los cabeza de colonia citaron a reunión en la tienda que uno de los paisanos tenia en Santa Isabel. Preferían el sitio porque les permitía intercambiar las ideas al calor de unos tragos, revivir colectivamente los recuerdos casi borrados por la selva de cemento que poco a poco los había venido engullendo, transformándoles las costumbres, cambiando incluso los vocablos propios y recibir las noticias recientes, la muerte de algún poblador, las celebraciones, la construcción de un nuevo puente y el desarrollo de las condiciones de orden público. En dichos encuentros, se sentían a gusto solicitando una canasta de cerveza en vez del consabido petaco y mordisqueando de vez en cuando un buen pedazo de lechosa o degustando un dulce de higo.
Es cosa sabida, que si hay algo que acentúa el sentido de pertenencia y la añoranza, es el estar lejos del lugar de origen. Esa particularidad es la que distingue al provinciano del citadino; el provinciano goza consumiendo los alimentos típicos, expresándose en los modismos del lugar de origen; echando las historias de sus coterráneos, chismografiando sobre los acontecimientos del lejano rincón que les aprisiona el alma y tratando de trabajar para que el terruño abandonado progrese.
La hora de la cita, es también la oportunidad para el abrazo, la fraternidad y la espera genera expectativas sobre la asistencia a la misma. Cada vez que llega uno nuevo es ocasión para repetir la pedida de cerveza o aguardiente y cuando por fin completan el quórum para deliberar, analizan primero los aspectos mas incitantes: la organización de las próximas fiestas patronales y la preparación del bicentenario. Una hora mas tarde, ya han llegado todos, es el momento de abordar los temas, trazar estrategias y recordar los ausentes: no se acuerdan de Luis Anseno y Hermancito en la junta directiva de los 175 años?, que berracos pa beber y para trabajar, esa celebración si fue una monstruosidad, tres días metidos en la batahola. Pero ahora a lo que nos ocupa la presente reunión, debemos ubicar las películas que en semana santa gravaba el cura Gildardo; las necesitan para armar el museo del pueblo, como documento histórico. Debemos nombrar una persona para que se encargue de esas averiguaciones, tiene que ser una persona dinámica, que tenga algunos dotes de investigador porque según los comentarios, pueden estar en poder de la señorita Dolores y no conocemos su paradero. Después de mucho discutir, por unanimidad eligieron a Horacio Suarez y Villamizar el mas dicharachero de los presentes.
Una nueva ronda y el discurso de aceptación de Horacito quien para terminar, deleita a los asistentes con una pieza poética que declama con pericia, cambios de modulación de la voz en cada estrofa y movimiento del rostro y manos que la hacen mas dramática.
No sabia Horacio en que misión se había metido, ni las peripecias que tendría que pasar para hacerse con ellas. No podía imaginar siquiera los sufrimientos y las angustias que se le vendrían encima en los dos meses siguientes de peregrinación por el país, pues las películas parecían conocer sus intenciones y huían despavoridas cuando se acercaba demasiado percatándose de dejarle pistas en forma de adivinanzas que le estrujaban el cerebro, cuando veía el tiempo correr sin poder descifrarlas.
En acción estudió las alternativas para lograr ubicarlas, la lógica le decía que la iglesia de San Bernardo tenia que ser el primer lugar a visitar. Presuroso enfilo sus pasos hacia el lugar, tenia que comunicarse con alguien de la casa cural y cuando estaba timbrando lo abordó el celador de turno. El hombre uniformado no tenia ni idea de quien era Dolores y de lo dicho, lo único que servia eran algunos datos inconexos cobre el compañero de trabajo que llevaba unos cuantos años en ese cargo; la conclusión que saco Horacio fue que el celador cuando entregaba su turno, visitaba una casa de dudosa reputación, porque algunas veces lo veía charlar con las mujeres que allí trabajaban.
Como seria la casa de mala muerte?, seguramente estaba cerca, pues conocían las mujeres; por eso empezó a recorrer las calles adyacentes y al cabo de un rato, la intuición le recomendó que penetrara en una de ellas. Se llegaba al sitio traspasando un inmenso pasadizo oscuro, tan oscuro que a ratos debía uno pegarse a la pared para poder avanzar; el olor penetrante que se desprendía por todo el lugar era una mezcla de esencias nauseabundas: un fuerte olor a orines y a una sobaquina fermentada de por lo menos quince días; a ratos descubría el brillo de los ojos de los roedores que al sentir la presencia huían despavoridos. Al pasar la puerta el panorama no era nada prometedor: una serie de mesas desvencijadas que se alineaban alrededor de una especie de tribuna en forma circular donde se meneaban los cuerpos flácidos de las meretrices que imitaban los movimientos de una sptriptisera profesional bajo los acordes de la música carranguera y mas allá, en otra habitación, un poco mas iluminada, las mismas mesas, pero en peor estado, unos juegos de rana y una que otra fufurufa. Allí estaba el celador de la iglesia de San Bernardo gastando su sueldo mensual con las veteranas, sus amigas de muchos años y a quienes permitía su ingreso a la iglesia por la puerta de la servidumbre, cuando querían asistir a misa sin que nadie las descubriera.
Pedro, así se llamaba el celador, originario de Caldas, Boyacá, era un tipo ladino y escurridizo que apenas se enteró del interés por Dolores que manifestaba el visitante, ideo un plan para bebérselo escabuyendose por entre las rendijas, cuando Horacio pretendía concretarlo para que le diera razón sobre el paradero de la ayudante de Gildardo. Su merced, yo como que soy malo para echar memoria, además esa señora me trataba muy mal y siempre me aventaba con el finado cura, con pretextos de que me bebía el vino de consagrar, cuando yo ni siquiera asomaba la jeta por la sacristía, eso era una cantaleta permanente y siempre me daba mala espina esa persecución en contra mía; pero con este sedonon ya se me seco el garguero de tanto hablar.
Horacio comprendió que tanto remilgue lo que buscaba era una cerveza; pidió una tanda, porque esta historia y sin liquido no la podía aguantar y el hombrecillo nuevamente retomó el hilo de la narración afirmando que el cura debía tener mucha plata, pues la cantidad de trebejos que había depositados en el desván eran impresionantes y como quien no quiere la cosa, dejo en el aire el comentario de haber visto unas latas redondas como de las que sirven para guardar las películas. La mención al objeto de su búsqueda era indicativo, pues hasta el momento solo había averiguado por Dolores y el celador mencionaba lo de las películas, dejando en el aire la idea de que sabia cual era el interés que Horacio demostraba.
Media hora exactamente llevaba parloteando el boyaco y no le había sacado la mas información; se habían tomado media docena de cervezas y el hombrecito parecía un desierto, absorbía el liquido con tal velocidad que apenas se sentía el gorgoteo y ya desaparecía como por encanto. Preocupado por la forma en que el dinero recibido para gastos disminuía y sintiendo la intención del tipo, de exprimirlo, sopeso la situación y para su interior se dijo: ya esta a punto de cantar, así que nada de nervios. Efectivamente el alcohol al distribuirse por la corriente sanguínea de Pedro empezó a producir algunos frutos, la lengua se volvió mas locuaz y miraba insistentemente el juego de rana, pensando que podía continuar goteriando al improvisado investigador, terminó por proponerle que jugaran la cerveza.
Horacio lo miró detenidamente, mientras sopesaba los pro y los contras de aceptarle el reto. Sabia que podía ser una buena alternativa para ahorrar, pero, y si el tipo era muy buen jugador?, bueno a la larga podía retirarse cuando sintiera que no le podía ganar y, contraatacando, fijo los puntos a disputar, numero de pedidas, disminución de puntos por blanqueada y como jugaban un monto de puntos no valía moñona. El celador aceptó las condiciones y empezó la partida; primera argolla y rana grande; segunda y rana pequeña; las restantes y ningún punto; era una ventaja grande la que le había tomado a Horacio; pero este conocía sus posibilidades y desarrolló su propia táctica; fue lanzando de a dos argollas, quedando unos cuantos puntos por debajo; su interés se centraba en lograr su misión y descubrir algunos indicios sobre la suerte de las cintas; tenia certeza que solo cuando aumentara el volumen de alcohol en el cuerpo del hombre, terminaría soltando la lengua. Fue una partida de toma y dame y al final el boyaco solo perdió por un punto.
Si hay algo que produzca mas berraquera en este juego es perder en esas condiciones; uno termina por enceguecerse y busca el desquite a como de lugar; por eso inició una nueva partida. Horacio sabia que debía perder, para alargar el tiempo y buscar la posibilidad de aprovechar los momentos de locuacidad y así lo hizo. Hasta el momento se había ahorrado una pedida y el individuo se notaba mas febril, exaltado. De ahí en adelante, con destreza le fue ganando una tras otra las partidas, rana grande, rana chiquita, gancho y puntuación en los huecos de mas valor, mientras que el oponente enceguecido y con la moral por el suelo, solo maldecía su mala suerte, mientras mas jugaba mejor le iba. Por momentos perdía el norte, olvidaba la misión que lo tenia allí enfrentándose con el sujeto, pero rápidamente retomaba el rumbo y dejaba caer en el ambiente las reflexiones sobre como pagan los adinerados a sus sirvientes, tantos años de aguantarse al cura y Dolores ni siquiera una liquidación del seguros social había conseguido y fuera de eso, para completar, solo le dejaron el mugre, lo de botar a la basura, las películas por las cuales ni siquiera le darían un peso, tratando por todos los medios que nuevamente el hombrecillo hiciera memoria sobre el destino de las mismas, pero, nada, él no daba muestras de querer abordar el asunto. Preocupado por el rumbo de los acontecimientos, nuevamente cambio de táctica y disminuyo su producción, dejando que le tomara ventaja en el nuevo chico y cuando la cuenta estaba bastante abultada le propuso de frente que estaba dispuesto a pagar americanamente, siempre y cuando le relatara el destino de las películas.
Vio a Pedro sopesar la propuesta, cuando contaba la cantidad de botellas vacías que reposaban en la desvencijada mesa y apenas alcanzó a visualizar que la respuesta era positiva, cuando ya estaba respondiéndole: Don, le dijo, apenas murió el cura, aparecieron algunos familiares y se dedicaron a empacar todas las cosas de valor; yo les ayude todo el tiempo, esperando que me dieran una buena propina; revolvimos de cabo a rabo la casa cural, desempacando cajas y baúles, en la medida que observaban los objetos, me iban diciendo que debía empacar nuevamente y que depositaba en el desván, como premio por mi colaboración, incluso permitieron que escogiera algunas de las cosas que desechaban, la verdad sea dicha eran pocas. Saque, muestre y escoja, una y otra vez iban desfilando las cajas repletas de artículos, y luego empaque y guarde los mismos, toda la mañana y parte de la tarde. Recuerdo con claridad cuando aparecieron las latas redondas, incluso cuando se abrió una de ellas desparramándose la cinta por el corredor, pues se les vio en la cara las muestras de fastidio y la orden que me dieron, para que de una vez las tirara a la basura. No se porque, pero en vez de hacerlo, nuevamente las enrolle, las metí en una caja de cartón de color rojo y las deposité en el rincón mas apartado de la pieza. Al final de la tarde, cuando me dieron la oportunidad de escoger algo de ese rimero de basura que habían dejado, me advirtieron que al día siguiente vendría la señorita Dolores, para escoger algunos cachivaches. Efectivamente ella llegó como a las seis de la mañana y se dedicó a revisar lo que habían dejado, mascullando que le daban lo que no servia para nada.
Bueno, por lo menos ya sabia que estaban en poder de Dolores, supuso; ahora a buscar la dirección donde ella vivía, recuperarlas y asunto concluido; así que al día siguiente salió de su casa muy temprano y en bus urbano enfiló hacia el barrio veraguas; identificó la dirección y llamó a la puerta de una vieja casa de inquilinato. Recordaba con precisión las facciones de la mujer, su cabello ensortijado, su nariz pronunciada y torcida que le daba esa entonación nasal a las canciones que en las misas entonaba un poco destempladas y su estatura, que escasamente sobrepasaba el metro con cincuenta; pero la persona que abrió la puerta era totalmente desconocida, caminaba totalmente agachada, como si soportara el todo el peso del mundo, su cabello grisáceo y desordenado apenas dejaba ver un rostro donde la mueca de desilusión le daba un marco espectral. La mujer a duras penas levanto su cabeza y una voz apagada salió de su garganta inquiriendo al visitante: que necesita su merced, en que le puedo servir; se veía a leguas que en el pasado había recibido una buena educación y que a pesar de las desdichas presentes, seguramente en su vida había tenido mejores momentos. Cuando Horacio averiguo por Dolores, un pequeño destello se dejo ver en las pupilas que se resguardaban detrás de los gruesos lentes. Lo miró detenidamente, seguramente tratando de descubrir en el cerebro el porque las facciones del hombeton le parecían familiares, pero sin lograr ubicar el lugar le respondió: señor yo soy la persona que usted busca, para que me necesita y de donde me ha conocido. Horacio la miro fijamente, la identificación plena se apareció instantáneamente, le dijo quien era, donde se habían relacionado y todas las demás cosas que se dicen las personas que nuevamente se encuentran después de muchos años de no versen. Ella a su vez, mostró en su cara una sonrisa que mas era una mueca de angustia y fue averiguando por aquellos rostros difusos en su memoria. Debes entender que ya casi son treinta años los que han pasado desde que salí de Chitagá y que allí deje muy buenos amigos de los cuales me interesa saber. No sea toche, el asunto se me esta complicando y con tan poca disponibilidad de tiempo, me tocó bailar con la mas fea y narrarle la historia del pueblo, penso para si Horacio, y, dotándose de toda la paciencia del mundo le fue contestando una por una las preguntas; al final había recordado 25 muertos y cientos de emigrados. Casi siempre terminaba con: señorita Dolores, pero si don Jacinto murió a los seis meses después de que el padre Builes saliera trasladado, o, Pacho Peña presintiendo la muerte solicitó un Cristo en los últimos instantes de su vida. Después de tres horas, por fin le dejo un campito para preguntarle por las películas y sin darle ninguna posibilidad de desviar la conversación le disparo a bocajarro: ¿se acuerda de las películas que filmaba el padre Builes?, le explico el encargo que le habían hecho y por fin obtuvo una respuesta; si, el celador, entre otras cosas un mal cristiano, vive detrás de las prostitutas, una persona de mirada morbosa como la serpiente; yo no quise hacerme cargo de ellas y seguramente las enviaron para la parroquia de la Vega en Cachira, pues después regresé a la casa cural de San Bernardo y me contaron que el nuevo cura había ordenado enviar en encomienda todos los trebejos que aun quedaban en el desván.
Horacio se despidió rápidamente, prometiéndole a la solterona que regresaría, mientras trataba de ordenar sus pensamientos y organizar un nuevo plan de acción. Cuando llegó a su casa una hora mas tarde, ya sabia que debía hacer. Por eso se sentó frente a su computador y redactó una misiva al cura de dicha parroquia solicitando información. Los días pasaban sin obtener respuesta y el como un hombre responsable empezó a preocuparse. Optó por conseguir un directorio telefónico del Norte de Santander y llamó, pero, no podía comunicarse, el teléfono al otro extremo de la línea estaba muerto, lo intentó repetidamente pero siempre un pitido intolerable que penetraba sus oídos lo recibía. Ante esa situación organizó viaje hasta el distante poblado y una noche dominguera, abordo el bus de Copetran con destino a Bucaramanga, primera estación de su viaje, era consciente que en dicha ciudad tenia que hacer las averiguaciones pertinentes sobre la hora de salida de los buces de línea, costo de los pasajes y recibir algún tipo de orientación sobre el pueblito.
El trayecto de Bogotá a Bucaramanga fue totalmente accidentado, uno tras otro se fueron presentando los percances, primero se pincharon tres llantas, luego se encendieron algunas luces en el tablero de controles causando alarma en la tripulación, después, cuando el vehículo enfilo la subida de Pescadero, se esparció un olor a cables quemados, pero las alteraciones desaparecieron tan rápidamente como habían surgido y coronando la subida a los Curos, el ayudante sufrió espasmos estoNasales y extrañamente vomito una babaza verdeoscura que interrumpió el viaje por media hora, finalmente llegó a las goteras de la ciudad, cuando apenas clareaba la mañana santandereana y presenciaron un espectáculo pocas veces visto al retornar la oscuridad por el paso de centenares de miles de hormigas culonas que taparon el sol tempranero y que luego se disolvieron en el aire.
En el taxi que lo condujo a la avenida Quebrada Seca, Horacio recordó sus días mozos cuando llegó a estudiar contabilidad en uno de los mas prestigiosos centros de comercio de la capital santandereana, y, en la evocación apareció nítidamente la figura voluptuosa y tierna de la mujer que le produjo las primeras ansias. Yolima era su nombre, una jovencita de apenas 17 años, cabello rubio, ojos grandes y profundos de un raro color café que cada vez que lo miraba, lo dejaba lelo, boquiabierto y a quien convidaba en los recreos a consumir pasteles y sorbetes en la cafetería del colegio. "La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida", reflexionó y se preguntó por enésima vez en los últimos años, el porque había terminado estudiando administración de empresas, cuando su verdadera vocación era la contaduría.
Cuando llegó a la zona de los graneros en la calle 36 y averiguo por los buces de la flota Cachira, se enteró que la hora de salida era hacia las tres de la tarde; por eso se dedico a vagar por los alrededores del parque Centenario, haciendo tiempo, hasta que nuevamente abordó el destartalado carro lleno de cachivaches y de olores a sobaquina que se alborotaba con el paso de los minutos y el sofocante calor. Por fin el conductor encendió el motor y enfilo hacia la salida con una lentitud desesperante; él penso, de acuerdo a las informaciones obtenidas que llegaría hacia las 7 de la noche; pero no contaba con los nuevos tropiezos que la suerte le tenia preparados en el trayecto.
Al fin, después de la ultima curva de la carretera divisó la torre de la iglesia, en el claroscuro que proyectaban los reflectores del parquecito a las ocho de la noche; la plaza aparecía desierta, no se observaba persona alguna por las calles y las casas con sus puertas cerradas simulaban fantasmas estáticos en la oscuridad de la noche. Se bajo del bus y lentamente, para lograr flexibilidad en sus extremidades entumidas, se dirigió al amplio portal de la casa cural; golpeo tímidamente la madera y en el silencio sepulcral del lugar, el eco del sonido producido por sus nudillos en la recia madera recorrió las paredes y se estrelló en el altar mayor de la iglesia. Esperó un par de minutos, hasta que una voz le contestó con un ¿quien es?, ¿qué necesita? Y como si hubiera comprendido los motivos de tan intempestiva aparición, los goznes oxidados rechinaron y por entre la pequeña rendija que dejaba la puerta al abrirse apareció un rostro arrugado y deforme, que mas tarde dio paso a la figura corpulenta de un individuo de dos metros de estatura, que portaba en su mano un inmenso machete. El sobresalto de Horacio fue espectacular, con una flexibilidad que creía perdida hacia mucho tiempo, retrocedió de un salto felino que lo alejó varios metros del recién aparecido, el corazón latiendo aceleradamente por el susto, parecía que fuera a salírsele del pecho e instintivamente trató de retenerlo presionándolo con sus manos y con voz entrecortada apresuradamente le fue diciendo el porque de su llamado y que él era una persona de bien, muy creyente y seguidor de la virgen del Carmen. Con esas explicaciones, el hombre armado bajo el machete y ahora si con toda la calma del mundo le explicó que el anciano sacerdote de la parroquia había viajado y que solo hasta después de mediodía llegaría en el bus de línea; sin embargo dejó entrever que el nunca había visto las latas de película, pero que sin embargo no le creyera de a mucho, pues recientemente se había reintegrado a sus labores de sacristán, pues lo habían obligado a salir del pueblo a partir de las amenazas de los grupos armados que asolaban la región; lo mejor es dotarse de paciencia y esperar al señor cura. Luego lo acompañó a la única pensión del pueblo, donde lo recomendó como un paisano de Chitagá que venia a visitar al presbítero.
Tantas coincidencias en contra de su misión hicieron reflexionar a Horacio, quien interiormente se preguntaba que tendrían para desaparecer cuando ya estaba casi seguro de encontrarlas?, serian inteligentes o tendrían dotes de adivinación para descubrir sus pasos?. Contaba ovejas unas tras otras tratando de conciliar el sueño, rascándose de vez en cuando los animalillos que poblaban su cama lo picaban y viendo pasar lentamente el segundero en el iluminado tambor de su reloj, lo sorprendieron los cánticos de la multitud de gallos anunciando el nuevo día. Se levantó cuando las campanas de la iglesia anunciaron las seis de la mañana, dejó que el fuerte chorro de agua helada le golpeara fuertemente su cuerpo hasta entumecerlo y luego de afeitarse, vestido ya, bajo por la carcomida escalera hasta la sala que servia de comedor, donde doña María, así se llamaba la dueña de la pensión, lo esperaba con una tasa humeante de café negro y le averiguaba por las razones que lo habían traído hasta tan lejos. Pacientemente Horacio le fue contando el encargo que las autoridades de Chitagá le habían hecho y el parloteo de la locuaz señora lo acompañó durante una buena parte de la mañana; luego salió a recorrer el pueblo, observando que los parroquianos lo acompañaban con sus miradas, como si adivinaran el motivo de la presencia del extraño. Por la tarde se aventuró a la tienda de don Evaristo y bebió una tras otra una docena de cervezas, conversando, como si siempre hubiera vivido allí, con las personas que poco a poco fueron integrándose al grupo. Casi había perdido la noción del tiempo y olvidado el trabajo que lo había llevado allí, cuando uno de sus compañeros ocasionales de farra le informó que el sacerdote había llegado, que lo mejor que podía hacer era de una vez visitarlo, para salir de dudas y continuar con la grata conversación, pues con su forma de ser y sus gracejos, lo sentían como uno mas de la gallada.
Obedeciendo la insinuación se acercó a la casa cural, que ahora a la luz del día le parecía aun mas espectral. A su llamado a la puerta acudió el ya conocido hombreton que ahora podía observar a sus anchas y descubrir que era aun mas grande; lo hicieron pasar al despacho y en una breve conversación, fue informado que las películas efectivamente fueron enviadas, pero que, al no ser de interés de nadie del poblado, las habían remitido nuevamente a la parroquia de San Bernardo en Bogotá, hacia apenas dos días. Bueno, por lo menos cuando regrese ya las tendrá en su poder el nuevo cura, y seguro que les prestara mucha atención por las recientes averiguaciones y la recomendación que les hizo en la ultima visita. Ahora a gozar con los nuevos amigos, a consumir las cervecitas, para que con la embriaguez, pudiera esa noche conciliar el sueño y salir nuevamente para Bucaramanga a las cinco de la mañana. Efectivamente el regreso lo hizo sin ninguna dificultad; por el contrario encontró todas las facilidades y al día siguiente reposaba en el lecho de su casa en Ciudad Jardín.
Al hacer las cuentas de sus gastos descubrió que los recursos que pusieron a su disposición se gastaron totalmente y que tenia saldo en rojo; todo sea por mi pueblito, musitó en voz alta y a pie, para hacer ejercicio, camino las 15 cuadras que lo separaban de la parroquia de San Bernardo.
Asistió a la misa, donde oro devotamente, pidiéndole a todos los santos ayuda para cumplir su misión y cuando se acercaba a comulgar, sintió que el sacerdote lo reconocía y le decía con el gesto que el asunto estaba solucionado; efectivamente antes de terminar la ceremonia se le acerco un monaguillo y le comento que lo esperaban en la casa cural. Pero dígame, respondió y se dejo conducir por el impúber a la presencia del cura quien al verlo lo saludo efusivamente y sin dejar que pronunciara palabra le comentó el envió en encomienda a nombre del cura párroco de Chitaraque. Otra vez, le estaban jugando una mala pasada, se burlaban de él, lo descontrolaban y decidido a renunciar a su misión le explicó al bienintencionado sacerdote que no era para el cura de Chitaraque, Boyacá, sino para el de Chitagá en el Norte de Santander.
Cansado, aburrido y vencido, reunió la Colonia, les comentó las peripecias del asunto, rindió cuentas hasta del ultimo centavo y presentó renuncia irrevocable al encargo. Todos lo entendieron, pues se notaba a leguas que ese compromiso lo había hecho perder mas de 10 kilogramos de peso. En su reemplazo nombraron a Elmer Gruñón, abogado experimentado y audaz, quien escribió un largo memorial al cura del pueblo boyacense y un mes después las películas intactas reposaban en la alcaldía del pueblo.
Horacio, como todos los años, viajó para las fiestas de agosto y fue recibido con festejo por los amigos que conocedores de las aventuras que había sorteado en la recuperación de las cintas, lo invitaron para que las viera. Montaron el proyector de 16 milímetros, oscurecieron el despacho de la alcaldía, mientras le informaban que sus esfuerzos no habían sido vanos pues estaban en muy buenas condiciones e iniciaron la proyección de las mismas; pero ¡oh! sorpresa, la maquina se trabo, luego se fue la luz y finalmente, cuando todo parecía imposible, apareció el rostro del bobo Olegario coronado por su eterno sombrero, sonriente, mostrando sus encías desdentadas y un largo moco verde colgando de su nariz, como si se estuviera burlando.
LA VOZ DEL CONTENTO
Los tres tienen un común denominador que los une irremediablemente como el pegamento mas sólido, si se puede decir son una suerte de siameses unidos por una circunstancia paranormal. Por eso, a pesar de las transformaciones que los años han producido en ellos: el paso de adolescente a hombre, los cambios físicos y mentales, los rostros surcados por las primeras arrugas y el cabello con las primeras canas. A pesar de la distancia, barrera física que los separaba, de las forma de ver la vida escogidas o aceptadas sumisamente. De los caminos que los han llevado a diferenciarse, pues cada cual ha escogido su lugar en el universo. Siempre concluyen en los mismos enredos. Esa comunidad de espíritu los sigue manteniendo cerca, sintonizados por el cordón umbilical invisible que en algunos instantes de sus vidas, como si hubieran nacido a la misma hora, del mismo vientre y con rasgos idénticos, se manifiesta inoportunamente. Por eso el deportista enardecido, el carpintero amante de los tangos y el músico compositor de torbellinos, sufren de percepciones extrasensoriales, telepáticas, que nunca tienen explicación y que siempre los catapultaban hacia el pasado, a la misma querencia, a los mismos acontecimientos.
Por eso, ese día de diciembre, lo escogió el destino para enviarles un mensaje cifrado e irresistible. El diablillo inquieto y juguetón se introdujo en sus vidas trastocándoles la programación, obligándolos a desarrollar comportamientos inusuales, llenándolos de alucinaciones. Los tres se vieron forzados a coincidir en sus recuerdos y revivir el mismo momento que consideraban sepultado para siempre.
1. EL DEPORTISTA
Sale presuroso del Instituto Piloto, contempla distraídamente el cerro de la cruz de donde se desprende serpenteando el camino de los Garabatos y siente que transita por el, cuesta arriba, hacia la cima, jadeando por el hipotético esfuerzo. Al alcanzar la cúspide, deja que sus ojos se deleiten en la contemplación del panorama y que recorran el hueco que la naturaleza construyó en la cordillera, para que allí se depositara la ciudad de Pamplona y la neblina que en las tardes la cubre. Observa los tanques del acueducto municipal y siente la frialdad de las aguas, el ovalo perfecto de la pista de patinaje, la finca de Carlos su hermano, el colegio Provincial, el parque y la catedral reconstruida, el humilladero, su amado Piloto y finalmente, el tajo de la "Cortada" en la carretera central del norte donde la cinta sin pavimentar lo absorbe por completo, embarcándolo en el mágico medio de transporte que es el recuerdo.
La combinación de tiempos en su memoria le produce una extraña sonrisa. Pensativo se mira en el espejo de los años y entre la difusa niebla percibe conscientemente los cambios ocurridos. Ahora en cada una de las hebras plateadas de su cabello están esculpidas, una a una las experiencias vividas, las buenas y las malas. Y ellas inclementes se agrupan girando tercamente sobre el mismo eje. Esa extraña coincidencia le marca siempre la misma dirección, a pesar de los esfuerzos que conscientemente se propone, jamas las puede dejar de lado, pues ellas, regresan, como el vicio para los adictos, estacionándose en su cerebro con las eternas figuras invariables del sol radiante de diciembre, el cielo de un azul intenso, el hilo de agua del riachuelo que se desprende cristalino de la parte alta de la montaña donde nace en la laguna del Tambor, para bajar inocente hacia la laguna del Salado donde plácidamente descansa del esfuerzo, como si quisieran tomar aire y luego desaforadamente emprende veloz carrera desparramándose por la pendiente del páramo del Almorzadero, bañando las tierras del valle de los arrayanes y recibiendo en el trayecto quebradas y pequeños ríos, creciendo a cada momento, para al final terminar convertido, muchos kilómetros después, en el imponente río Arauca allá en la inmensidad del Llano.
Se siente como una pequeña hoja que al desprenderse de un arbusto de páramo, da giros en el aire y se deposita en la corriente del riachuelo quien lo recibe amorosa y lo lleva dando volteretas, entre los pedruscos y los espejos que ocasionalmente forman las aguas congeladas en los remansos, para, siempre, definidamente siempre, terminar reflejando en sus pensamientos las cosas mas amadas: su pueblo, colocado delicadamente sobre la pendiente, en el infinito de los cerros de la cordillera oriental, la frondosidad del bosque nativo del monte del "Gallo", donde picarescamente los pájaros multicolores con sus parejas, baten las alas y hacen interminablemente el amor.
Allí aprovechando el sortilegio de trinos que transportados por el viento helado, vuelan loma abajo, lentamente hacia los humanos. Trepa en la escala de notas trasladándose en el lomo de aquella preciosa sinfonía que aletarga y sosiega, hacia el plano inclinado en el cual sobresale apuntando hacia el cielo el campanario de la iglesia.
Una vez allí, siente bajo la planta de sus pies la caricia arrobadora de la tierra y empieza a caminar atontado, sonámbulo, como un autómata, sin prestar atención a los habituales que charlan en el parque, ni escuchar las notas arrabaleras de la canción de moda, ni percibir los gritos destemplados que el negro Manzanero le lanza desde el vano de la puerta de la tienda de Salazar.
2. EL CARPINTERO
Camina desenfadado expresando en el rítmico movimiento su forma de concebir el mundo. Le preocupa por el momento, llegar al paradero del "por puestos" y dirigirse hacia su casa, en las estribaciones de los cerros que rodean la caribeña ciudad de Caracas, donde se aglomera la colonia colombiana desde cuando Venezuela era la tierra de promisión. Lleva ya casi diez años de haber abandonado su tierra e intencionalmente ha perdido la entonación original de su voz y los dichos santandereanos del dígame y el toche, para dejar bailar en el aire su nuevo dejo y las nuevas expresiones, hasta parece uno mas con las eternas camisas guayabera.
Pocas veces le llegan a su memoria los recuerdos, porque se ha prometido borrarlos de la mente. Si los trajera, significaría filosofar acerca de los compromisos incumplidos y la irresponsabilidad de padre. Ese problema esta lejos de su forma de ser. No es el ideario de su comportamiento.
Una vez en el "por puestos", distraídamente observa la ciudad que va pasando mientras el vehículo se come literalmente la cinta asfáltica. Con las ventanas del automóvil abiertas pues el calor del sol de medio día se acentúa con cada minuto que pasa el piso de la vía reverbera produciendo una distorsión en la visión dando la impresión de que los zapatos se hunden al caminar, como los dientes de un niño en la verde gelatina. Piensa en lo que hará, con los Bolívares recibidos por el trabajo de reparación de los electrodomésticos que hace unos momentos acaba de entregar al cliente, y se sonríe cuando descubre que existe una perfecta simbiosis entre dinero, Mariela y goce.
Mentalmente arma el libreto de la disculpa perfecta para abandonar la casa donde convive con su mujer de ahora. Después de ensayar unas cuantas se queda por lo precisa y convincente. Ensaya el tono de voz para que parezca que el abandonarla le produce una jartera total y la expresión de la cara que logre dar la idea del inmenso aburrimiento que le produce atravesar la ciudad para atender la solicitud que en la mañana le hiciera su mejor cliente, pues ocurrió un corto circuito que le incendio de toda la quinta. La sonrisa que se deja entrever confirma lo que su mente analiza. Definitivamente su vocación de siempre tenia que ver con las tablas, pero no las que trabajaba el padre, sino con las del teatro. Si la academia lo viera de inmediato le darían un Oscar como el mejor actor protagonista. Que culpa si soy excelente y una enciclopedia de este tipo de situaciones.
Los planes que mentalmente lleva desaparecen para dar paso a los nuevos, sin embargo sigue con esa extraña sensación que le ha venido rondando su cabeza desde cuando en la mañana despertó y cuyo origen no ha podido descubrir. Mentalmente repasa lo sucedido en las ultimas semanas, tratando de identificar el origen y termina vencido por el esfuerzo, manotea imaginariamente para apartarla y mira la avenida repleta de los vehículos de las doce y veinte de la tarde por la que lentamente transita el colectivo.
De paradero en paradero, ocupa el tiempo en observara por la ventanilla, la colección de mujeres rebosantes de pasión que la magia del trópico ha colocado para alegrarle la vida al transeúnte. Las observa detenidamente midiendo el volumen de sus bustos, extasiándose con el contoneo de sus bien formadas caderas, mentalmente las desviste, les mira cada uno de los lunares y hasta se fija que una trigueña tiene unos hoyuelos preciosos al comienzo de su trasero, luego les va colocando una por una las vaporosas prendas tocándoles imperceptiblemente la piel, encantado de que ninguna de ellas reaccione violentamente a la inspección.
El auto nuevamente en movimiento, lo hace reaccionar y de reojo cree reconocer un rostro del pasado, voltea su cabeza para no perderse la identificación y con horror e inconfundiblemente descubre de quien se trata. Este echo que ocurre en una fracción de segundo, como si hubiera recibido un baldado de agua que lo empapa con un torrente de recuerdos y que se le vienen encima con los rostros de sus pequeños y numerosos hijos abandonados. Un reato de conciencia lo golpea al pensar que voluntariamente no ha vuelto a saber nada de ellos, ni de su mujer que intuye, trabaja de sol a sol para sacarlos adelante. Tal acontecimiento lo dispara a la rivera de la quebrada de "La Viuda" y lo sumerge en la corriente gélida del riachuelo, escuchando las imprecaciones de Manzanero, al cual ve conduciendo un viejo buey con destino al matadero municipal.
3. EL MUSICO
Ha invertido dos meses, tres días y cinco horas, en la construcción del pesebre más grande del pueblo y sonríe satisfecho cuando por fin logra conectar la ultima instalación de bombillos navideños. La corriente eléctrica al hacer contacto, ilumina, el castillo que ha fabricado conforme al boceto que en el pasado descubrió en uno de los viejos libros de historia universal, la casa quinta de sus sueños, pintada en tonos fuertes que espera llevar a la realidad cuando tenga el dinero suficiente, la caverna en roca donde resalta el lecho preparado para el nacimiento de Jesús, las ovejas que en el prado verde pastan pacientemente, en fin todo el universo de Belén en cuatro metros cuadrados, limitado por una cerca de madera de color blanco.
En su cerebro el plan para hacer conocer su creación, los ojos brillantes cuando establece el tour para los visitantes. Ya se siente conduciéndolos, sabe que apenas suene el toc, toc, en la puerta, pacientemente abrirá, los recibirá con un saludo previamente elaborado, los conducirá escaleras arriba a la observación de la maravilla, describirá una por una las partes del pesebre, los abordará con preguntas acerca de las construcciones, tales como: sabe usted cuanto material utilice?, que maderas?, numero de bombillos?, bajará mediante un perfecto mecanismo, al niño Jesús que reposará en el lecho, alumbrado por el pequeño reflector que le da una apariencia resplandeciente, para que el visitante quede anonadado. Después de las variadas disertaciones los llevará al estudio en donde con paciencia les explicará el funcionamiento de la mesa de trabajo y describirá los ciento veinte usos de la misma, les descubrirá la gaveta donde, en caso de urgencia, depositará el ultimo escrito supersecreto. Luego mostrará las partituras de la ultima pieza escrita, que le llevó exactamente dos semanas de dedicación absoluta. Bajará las escaleras y los guiará por el jardín, descubriendo el monumento en concreto al requinto, gruta construida con incrustaciones de miles de pequeñas piedrezuelas de río y al final, los hará firmar el libro de visitantes, agradecerá la visita, les dirá: con ustedes son tantos cientos de personas las que han venido a contemplar mi pesebre. Pesebre que por cierto quedará gravado para la posteridad, gracias a la cámara de vídeo manipulada por Ildefonso Solano.
Se frota las manos agradecido con la vida por haberle permitido ese goce, pero nuevamente le llega esa rasquiña de ser visto por algunos ojos indiscretos, incomodo voltea mirar a todos los lados sin descubrir a nadie y termina buscando en las piezas al posible intruso, sus pasos lo llevan hacia aquel viejo mueble de madera rústica, maquinalmente abre su tapa y termina sacando del fondo los objetos que dan rienda suelta a sus recuerdos. Dos horas después como un robot sale de su casa produciendo alarma en su madre que no puede creer que su hijo haya roto la promesa de no salir de su casa, que cinco años atrás había jurado. Mientras camina de lejos le llega la voz destemplada de Manzanero invitando a no se sabe quien a tomar el guarapo matutino en donde doña Cándida.
4. EL ENCUENTRO
Una niebla transparente de tres metros cubre el espectralmente el poblado y da la impresión de que se encuentra flotando entre las nubes a kilómetros de tierra firme. Las personas, que se dirigen a diversos lugares, caminan sin rozar la superficie de las calles que aparecen sucesivamente empedradas, llenas de cascajo, pavimentadas en una transformación instantánea.
Algunos rostros casi se pueden identificar, a pesar de la transparencia de sus facciones que se confunde con los colores de las paredes de las casas. En una esquina del parque están Pacho Peña y Benigno Mogollón comentando sobre la derrota del ejercito liberal en la batalla de Puente Real, cuando el conservador logró pasar el río y arrasar hasta con los cimientos de Chitagá y luego la debacle de Palo Negro. Un poco mas allá, entrando en la iglesia, caminan los curas Suarez y Gutiérrez, con sus sotanas negras, cual aves de rapiña, discutiendo el contenido del discurso que en el púlpito deben pronunciar en la misa dominguera de las nueve a los asistentes, coincidiendo en la diatriba contra los descreídos gaitanistas o mejor comunistas. Unas cuadras al norte, corre el bobo Cascute persiguiendo a la Turra con intensiones libidinosas, mientras El Mosco y el tuerto Genaro no pueden ocultar la risa que el acontecimiento les produce. Y entrando la casa consistorial, Sánchez, el cura chueco y maldadoso ha encontrado por fin el momento propicio para la venganza, alistándose para presentar en el juzgado la denuncia por robo y profanación de tumbas originada en la incursión que algún profesor izquierdista con sus alumnos realizó al cementerio el ultimo sábado.
Los tiempos y los personajes extrañamente se entrecruzan y no es raro ver a Hermancito Solano jugando billar con don Jacinto Parra o a los fundadores del poblado conduciendo el viejo camión de nombre el buey, mientras que Ramón González Valencia dedica su tiempo a elevar cometa con el dentista Hector Mantilla.
Y en ese escenario trastocado se encuentran el deportista, el carpintero y el músico, precisamente en la misma esquina de la casa de Cesar "El Toro". Todos llegan disparados por sus recuerdos y sin ocultar el asombro que el acontecimiento les produce, se miran unos a otros, incrédulos, expectantes, ven como sus figuras se desdoblan lentamente transformándose en un proceso regresivo en los jóvenes imberbes que a la una y cuarenta y cinco de la tarde se dirigen para asistir a la clase de Geografía que el profesor Cortés les dictará en el Colegio nacional y las ven, allí, reposando resplandecientes.
5. 30 AÑOS ATRÁS
Los misteriosos aparatos surgieron de la nada, aparecieron, así de sencillo, aparecieron, sin que nadie los hubiera transportado, sin dueño, estaban ahí, abandonados. Ninguno de los vecinos del lugar escucho en aquella mañana, ruido alguno que delatará la presencia de personas, animales o vehículos o explicara porque estaban allí. Ellos se quedaron estacionados en el anden de la casa de don Cesar el "El Toro", recostados contra la pared como si fueran recipientes de basura esperando que el camión recolector los transportara hasta el botadero en el precipicio el Volador en la carretera de Babega, sitio desde el cual se observa el río Valegrá como una pequeña cintilla de plata.
Aparentemente lo único inusual era su extraño origen, porque de resto nada, eran unas cajas normales, con algunos elementos que solamente se destacaban cuando se las miraba con detalle. Pero, cuando los curiosos se les acercaban, una fuerza mágica se desprendía de ellas atrayendo automáticamente el interés y la necesidad de observarlas mas detenidamente sin que ninguna fuerza humana pudiera evitarlo.
Eran unas cajas negras, que a los ojos de los legos y poco interesados, aparecían un tanto corroídas por el uso, llenas de grietas, sucias y descoloridas, comunes y corrientes. Tenían la particularidad de que solo atraían aquellos que llenaban unos requisitos, por eso cuando aparecieron los tres jóvenes imberbes, el hechizo se hizo mucho mas intenso. Fulguraban cual luces espectrales y encantadoras, incitadoras, llamándolos, persiguiéndolos, metiéndose ladronamente en sus cabezas, embrujándolos para que no pensaran sino en ellas, dibujando con el poder casi infinito, su historia en los cerebros, contándoles su procedencia de los bosques de la tierra de la fascinación perdida y de los vetustos arboles inquietos que sirvieron para su construcción.
Ellos (el carpintero, el músico y el deportista), caminan por la calle con destino al colegio, conversan sobre la noticia del día originada en la balacera que se desató en el parque principal cuando se encontraron frente a frente Luis Moco y Samuel, integrantes de familias enemigas que han jurado venganza desde la década del cincuenta y por cuya vendeta ha corrido mucha sangre. Pasan por frente a la casa de doña Ana Hilda recitando en coro del "adiós" acostumbrado y cuando están ya volteando la esquina de la calle real, las divisan. Mueven la cabeza para tratar de despedir aquellos elementos que se les han pegado como anguilas, y con la vista puesta en el monte de los gallos, tratan de seguir su camino con paso apresurado en dirección a la Amapola. Pero a su pesar voltean la mirada y con asombro descubren que ellas los siguen despegadas del suelo, flotando tenues, con millones de imanes que en una maraña de cordones aprisionan sus espacios deteniendo su avance, fijándolos a ellas, y obligados sucumben al encanto sin sombra de inquietud.
Fijan ahora si, toda su atención en ellas, vencidos los temores iniciales y el sentimiento de culpa por la decisión de no asistir a la primera clase de la tarde, se olvidan de las chicas del colegio femenino que los esperan para el acostumbrado paseo por el parque y los besos furtivos tras la línea de pinos perfectamente cortados. En ese instante, solo en sus corazones existe espacio para aquellas cajas que ya son irremediablemente parte de sus carnes y sin las cuales la vida no tendría sentido.
El sentimiento que les han producido es similar al primer enamoramiento, se extasían en su contemplación, apenas rozan sus superficie igual que si estuvieran tímidamente tocándole la mano a la muchacha objeto de amor, las miran con los ojos entrecerrados, palpan la superficie de la madera en una extraña mezcla de ansia y ternura descubriendo lentamente uno a uno los aditamentos que los componen: primero los botones cual pétalos de rosa que apenas empiezan a surgir, luego el dial de color verde fosforescente, después los cables negros verdes y rojos, el cordón que como una serpiente sirve para conectarlas, en fin comprenden sin haber conocido jamas, el funcionamiento y misterios de los pequeños tubos luminosos y del centenar de aditamentos que el interior de ellas contienen.
Cual niños con un nuevo juguete se entregan a ellas, abandonan sus deberes escolares y trasladan a sus nuevas amadas en brazos, al pequeño nido de amor en el cuarto oscuro del primer piso de la casa de don Antonio Moreno, en el barrio el Contento, quien también embrujado por ellas accedió a que las depositaran allí.
Tres días después del primer encuentro, un extraño anillo en aureola se deposita en sus cabezas asemejándolos a los cuadros e imágenes que cubiertos por el polvo, reposaban en la iglesia parroquial. El intenso brillo cual tubo de neón, deja flotar una estela de partículas centelleantes, como una cola de vestido de novia adinerada, rodeándolos de un halo. Este extraño hecho da pie a los comentarios de las beatas pueblerinas, que para salir de la rutina, dan rienda suelta a su imaginación febril y desencadena una veneración reverencial hacia ellos.
Ajenos, concentrados en su regocijada actividad, los tres discuten los pormenores para lanzar su nueva tarea, elaboran planes, consiguen vituallas, adquieren miel de abeja y bultos de panela negra. Se los ve haciendo constantemente gargarismos, entran y salen apresuradamente del cuarto, siempre vigilantes para impedir el ingreso de extraños y curiosos.
El raro proceder muchachos produce las mas variadas reacciones. Primero los profesores del Colegio Nacional quienes inquietos, preocupados, ven que los muchachos estrella, dinámicos, los que siempre plantean iniciativas y participan en los centros literarios, acumulan crecientemente continuas inasistencias a clase, e incumplen a los deberes escolares. Luego, las novias olvidadas que no entienden del desamor repentino y que extrañan los momentos de pasión solapada, los paseos por el parque y los besos furtivos. Mas tarde los padres preocupados porque sus hijos no han solicitado el dinero cotidiano para sus gastos en la cooperativa del colegio y abandonan la casa sin pedir el permiso de rigor. Doña Cefera que no recibe la visita en las noches, disminuyendo sus ingresos. Los tíos, primos, amigos, al final todos murmuran, argumentan maleficios, enfermedades, insomnio, cada uno aumentando un poco mas a las informaciones obtenidas, hasta que aquella cascada convierte el acontecimiento en un una madeja de la lana enredada imposible de organizar.
La preocupación general se desata involucrando a toda la región, las personas se arremolina en corrillos por todos los rincones, discuten apasionadamente los raros sucesos, algunos extremistas llegan a concluir que ese acontecimiento es el comienzo del fin del mundo y en esa confusión de pareceres deciden consultar al venerable párroco, quien rebusca en los anaqueles de la sacristía, los manuales para hacer exorcismos, al alcalde y al juez que releen los códigos tratando de encontrar alguna conducta punible para imponer el peso de la ley. El asunto, por su trascendencia logra unificar a las autoridades civiles y religiosas que desde mucho tiempo atrás han estado en saperoco. Analizan el problema y desesperados, sin ninguna solución, deciden compartir con los visitantes la preocupación que los ronda y hasta los intelectuales pueblerinos (en grupo de gnósticos que se reúnen clandestinamente) recomiendan auscultar la opinión de los patriarcas y ancianos del poblado en busca de consejo.
Como una Babilonia surgen comentarios, versiones, explicaciones, algunos dicen que días atrás los habían vieron pasar, en la oscuridad, cerca de medianoche, por la carretera, con destino a la Vereda de Piedras y juran que a las doce en punto desaparecieron tras los arboles de la entrada en la lúgubre casa de la bruja de Piedras, seguramente impulsados por influencias del averno, saliendo transformados, portando en sus manos extrañas hierbas para hacer pócimas, con los ojos hirviendo como si un encanto maléfico los hubiera poseído. Otros se arriesgan a señalar que la misma noche los tres se habían encontrado con Baldomero, quien de repente recuperó el sentido (perdido cuando estudiaba incansable los libros de magia negra) y que seguramente les había lanzado una maldición. Y hasta la presidenta de las hijas de María asegura que los ha visto conversar con el caminante barbado, vestido de costales que llegó a predicar el domingo anterior, la inminente llegada de Cristo.
Mientras en la población crece la efervescencia, las consejas y múltiples versiones, ellos ni siquiera advierten que los miran de forma sospechosa, enrarecida, ni notan que sus pasos están bajo vigilancia permanente. Su rutina ha cambiado tan bruscamente que ni siquiera les llamaba la atención su pasada por enfrente de la pesa de Pacho Peña, para eludir jocosamente el golpe del chuco o el manoton, la prendida y los doce tirones a sus pequeñas huevas cuando caen en su poder. Se los ve en una actividad desenfrenada trasteando discos L.P. de 70 revoluciones y cuando se dirigen a las personas solo lo hacen para solicitar el préstamo de música de todo tipo, o tocadiscos. Por ratos reposan dedicados a la elaboración de sospechosas anotaciones en los cuadernos, antes dedicados para copiar las clases de historia del profesor Pacho Garra. Su presentación personal es desaliñada, caminan zigzagueantes, despeinados, con la misma ropa de toda la semana, en ocasiones ojerosos y con los ojos desorbitados apenas si se dan cuenta que las sombras de la noche aparecen o que el gallo de pelea del chueco Isidro, canta anunciado la llegada del nuevo día.
Es demasiado tiempo con la misma actitud y no se intuye cambio alguno, por eso preocupados y angustiados, los padres empiezan a intercambiar opiniones, tratando de buscarle alternativas al grave problema familiar. Organizan la asociación de padres atortolados y dedican muchos días a las reunirse y consumen mucha viandas en las onces para calmar la angustia. La economía familiar se resiente pues se han concentrado tanto en el problema que han olvidado sus actividades normales, no hay leche en el mercado pues han dejado mamar las vacas, los cultivos de papa se llenaron de malezas y los camiones permanecen estacionados alrededor del parque. Son tantas las propuestas que en consenso al final concluyen en la necesidad de buscar la asesoría profesional de Nato, hombre cuya fama se conoce hasta en los confines de Venezuela como experto en homeopatía, magia negra, blanca, rezos, curación de los mas inesperados males y amansador de locos.
Natico que había permanecido ajeno a la socialización de los comentarios y chismes, los escucho con sumo cuidado, averiguo la historia familiar y les fijo la hora en que atendería cada caso. Procedió de inmediato a consultar los libros secretos que guardaba cuidadosamente en el viejo baúl de madera, para refrescar la memoria e identificar los síntomas, preparando el estudio de los muchachos que tenían al pueblo sumido en ese mar de consejas. Sabia de sus capacidades y confiaba que, con el tratamiento y componentes adecuados, podía construir la pócima que los sacaría del trance en que estaban y expulsar los espíritus innobles que se habían apoderado de la voluntad de los muchachos.
Con las citas establecidas los padres impusieron su rígida disciplina. A la fuerza y con la ayuda de la policía los sacaron del cuarto y los concentraron en las casas sin permitirles ninguna comunicación, esperando el momento de conducirlos ante Nato. El primero en ser llevado a empellones fue el músico, el tocador de requinto. Vieron subir el grupo muchos ojos escondidos tras las ventanas entrecerradas sin perder el mínimo detalle, notaron el manoteo, los alegatos y se dieron cuenta de que a regañadientes el muchacho al final aceptaba la orden paterna. Observaron el pálido rostro en donde fosforecían unos ojos inquietos que iluminaban el numero incontado de pecas que se desparramaban irrespetuosamente por su nariz y pómulos. Mas el deportista, un poco más alterado, terco como una mula, se resistía e incluso los curiosos alcanzaron a escuchar algunos gritos de rebeldía, pero al final cedió, murmurando algunas frases sobre el Cúcuta Deportivo se perdieron en el interior de la casa de Nato y por ultimo, el carpintero, el contador de historias fabulosas, de pelo lacio, rostro redondo y moreno, gordito y bajo, con su caminar desenfadado quien al contrario de sus antecesores se notaba alegre, incluso escucharon las risotadas al perderse en la esquina de los Buitrago camino al consultorio del brujo.
Los sucesos ocurridos y las disimiles reacciones de los protagonistas dejaron mas confusa a la clientela que no perdía la pista mas diminuta, poco a poco se fue concentrando una multitud en las casas aledañas a la ruta seguida por padres e hijos. Con las mas variadas excusas, pretendiendo ocultar la curiosidad, fueron llegando a esperar pacientemente el desenlace de esa larga jornada y su solución. Los anfitriones siguiendo la costumbre de agasajar los visitantes, prepararon las viandas, asaron las arepas de maíz pelao, pusieron a hervir el chocolate, pero, oh sorpresa, los preparativos se interrumpieron, cuando los encargados de la vigilancia anunciaron que ya estaban saliendo y extrañamente los vieron bajar de la casa de Nato con rostros inescrutables, el ceño fruncido y con prisa, mucha prisa, pasaron ante su vista. La actitud asumida, y el propósito identificado claramente de evadir a todas las personas que se acercaron, puso en ascuas a la población. No tenían ni idea de lo ocurrido en el consultorio, desconocían el ceremonial adelantado, no percibían tan siquiera una mínima pista y el secreto que a leguas, se suponía ocultaban, se convirtió en el combustible mas potente para desatar el chismorreo general. El asunto tenia que ser muy grave o la receta muy complicada, porque ni padres ni medico, permitían tan solo una pregunta.
Algunos de los curiosos no pudieron aguantar y se abalanzaron sobre los padres indagando, obligándolos a confesar los pormenores de la consulta, pero encontraron una resistencia feroz. El recóndito secreto no pudo ser conocido, generando el aumento de la curiosidad que como el río en invierno, se fue desbordando.
A la par, otro extraño y terrible acontecimiento rondaba secretamente el poblado, se desparramaba por la calle real, tomaba simultáneamente el camino de Chucarima y Tane, al norte, de Quicuyes al sur, del Alisal al occidente y subía hacia el páramo de Morro Negro, por el oriente.
El único medio que tenia la población para conocer la situación del país estaba fallando, solamente producía ruidos extraños. Tras de Cotudo con paperas como el refrán, estaban los residentes, por la cadena de hechos inexplicados que venían acaeciendo y ahora se sumaba el embrujo maléfico sobre los aparatos de radio.
No recibían señal alguna, ni siquiera el de Clodoaldo que captaba nítidamente la voz de la Habana, podía sintonizar Caracol o Radio Santafe, no podían escuchar las noticias, ni la cabalgata deportiva de guíllete, tampoco conocer el desenlace del último capitulo de Kaliman, se quedarían con la espinita de la duda, al no conocer si la protagonista de la novela El Derecho de Nacer, había quedado embarazada.
Todo se resistía, menos que el único medio de diversión feneciera de forma tan extraña y eso terminó por producir la hecatombe general. La gente se volvió en extremo irritable y las reyertas se multiplicaron, amenazando superar la oferta de panteones en el cementerio.
La situación se volvió insostenible, pues hasta la policía participaba en los enfrentamientos. Por eso y para enfrentar la anarquía, fueron organizadas a la carrera, comisiones de alto nivel para que hablaran en Cúcuta con el Gobernador y pidieran audiencias con el arzobispo de Pamplona. Buscaron los políticos para que consultaran la Dirección Nacional del Partido Liberal, pidieran cita a Carlos Lleras y al Presidente de la República.
Todo estaba preparado para que las comisiones emprendieran su viaje y adelantaran sus agendas. Habían logrado impactar a las autoridades departamentales que aplazaron algunas inauguraciones y posturas de primer ladrillo, para poder resolver el problema de esa comarca. Monseñor, quien tenia programadas confirmaciones en la provincia de Ocaña, las suspendió al conocer la magnitud del problema y aprovechando un llamado de Roma, solicitó la ayuda de los expertos en diagnosticar la presencia del demonio en los humanos. El escándalo desbordó la frontera nacional y llegó a ser tema de la reunión de países no alineados.
Pero ese día, muy a las ocho de la mañana, cuando todos trataban de sintonizar las emisoras para escuchar el resultado de la convención del partido, una voz, al principio vacilante y lejanamente familiar, lanzó como una bomba la frase que sobrecogió en un sortilegio infinito a la comunidad: un "buenos días" se escuchó, y luego, nuevamente la combinación de ruidos molestos que exhalaban los receptores, un poco mas tarde reapareció con la presentación de "le habla la Voz del Contento, con ustedes el carpintero, el músico y el deportista sus locutores de confianza".
La bomba había estallado y todos comprendieron los secretos, los ceños fruncidos, el confinamiento de padres y medico. De repente lo que confundieron con un sentimiento de preocupación, cuando averiguaron inquisidoramente por el resultado de la consulta donde Nato, y la actitud cómplice del curandero cuando eludía las respuestas, que casi a la fuerza le querían sacar, no era otra cosa que una sorpresa bien guardada.
Llamaron las comisiones de notables, rompieron en mil pedazos las cartas de consulta a los grandes potentados, nuevas llamadas por teléfono a la dirección conservadora para eliminar las inquietudes de quienes habían sido desconocidos en la conformación de la comitiva por ser absoluta minoría política.
Ahora la moda presente en el ambiente, era la Voz del Contento, todos la escuchaban y no les parecía extraño que los nobeles empresarios de la radio colombiana realizaran pruebas de alcance, ni se preocupaban cuando Carecuca el asistente de los muchachos, radio al oído, tomaba la carretera a Bogotá, deteniéndose en Bucaramanguita, sitio en el cual se perdía la señal, exactamente a dos kilómetros setecientos veinticinco metros de distancia, y se reían del resultado de la prueba, pues Carecuca una vez determinado el alcance, penetró en la primera tienda del camino para calmar su intolerable sed, pago del consumo de guarapo con el transistor, disminuyendo la dotación en equipo de la empresa radial.
La armonía que reinaba en el grupo se fue deteriorando y con el paso del tiempo, comenzaron los problemas en el equipo encargado de la administración y operación de la emisora. La disparidad de conceptos entre ellos por la programación fue en ascenso. El músico quería todos los programas en directo acompañado por su requinto; el carpintero le gustaba la emisión de horas completas de tango y los programas deportivos eran la ilusión del restante, que entrevistaba a los jugadores del equipo de fútbol del Contento y recontaba lo que había escuchado la noche anterior en Radio Santafé, sobre las grandes proezas de los deportistas colombianos destacados a nivel mundial; aunque para estar al tanto, tuviera que ir hasta Burgua a caballo con su radio transistor. Solamente se ponían de acuerdo cuando destacaban el aguinaldo del barrio.
El conflicto se volvió insuperable, cada uno de los integrantes optó por la estrategia de llegar primero a posesionarse de los equipos y no era raro el enfrentamiento por las llaves de la oficina. La cuestión se resolvió, cuando en el forcejeo, sobre quien dirigía la emisora, el músico y el deportista se aliaron e impusieron la mayoría, produciendo la división y la salida del carpintero con parte del equipo para la nueva sede, en la carpintería de su padre.
Para la audiencia había pasado la novedad de la emisora local, cansados buscaban afanosamente en el dial, nuevas alternativas, con la sorpresa que en todas las frecuencias solo se recibían dos señales defectuosas, en las que simultáneamente escuchaban los tangos, el requinto y los gritos de gol.
El mal genio se convirtió en la enfermedad de moda, en una epidemia y los usuarios de tanto mover los botones de los radios, buscando otras posibilidades, terminaron por arruinarlos. En el pueblo pronto aparecieron montones de aparatos inservibles, que se depositaron inicialmente en el atrio de la iglesia, cubrieron los solares, las calles, coparon la torre de la iglesia, quedando solamente visible la antena de la radio de la policía.
Los habitantes en peligro de morir por asfixia buscaron la altura de la loma de la cruz, estableciendo campamentos que se convirtieron en fuente de enfermedades, los mas miedosos migraron hacia otras latitudes y los que permanecieron, aterrados, nuevamente organizaron las comisiones de alto nivel para informar los acontecimientos recientes al gobernador, el arzobispo, discutieron sobre la necesidad de hablar con el Directorio Liberal, con el Dr. Horacio Mogollón Representante a la Cámara, con Lleras Restrepo y Alfonso López, mientras por su parte la minoría redactaba cartas a Laureano Gómez pidiéndole consejo.
Pero como siempre ha ocurrido en el país, pasaron los días sin recibir respuestas a las inquietudes y necesidades, la economía municipal se desplomo y la pobreza campeo por todo el territorio, meses después murieron los mas débiles, los niños de Caño Sucio y los ancianos sin medios de vida, en panorama era francamente desolador y una mancha marrón cubrió el paisaje.
Al cabo de los años, llegaron los investigadores del gobierno departamental que se instalaron en el campamento de Villa Carmen, los vecinos recolectaron los últimos recursos y les organizaron agasajos y tras largas jornadas de estudio del fenómeno, de francachelas concluyeron su labor con el cierre de las dos emisoras y la decisión de sepultar las negras cajas ajadas con grietas pronunciadas.
La noticia del hecho corrió como nunca se había visto y centenares de radiotecnicos, viendo una oportunidad se dirigieron al poblado, trabajando incansables, día y noche, hasta que el ultimo aparato pudo ser utilizado, luego como nuevos ricos, contrataron camiones que salieron repletos de billetes, joyas, gallinas y centenares de bultos de unas hermosas papas.
Y los muchachos: el músico, el carpintero y el deportista, con la cabeza baja y sentimientos de dolor, acompañaron a sus amadas a la ultima morada, mientras que los pobladores, viendo pasar el cortejo fúnebre, tenían la certeza que las cajas se convertían en un ojo gigante que les restregaba su sonrisa maliciosa, burlándose de su infame destino.
ENTRE CAMUFLADOS
Soy James, mis padres me colocaron el nombre en honor al héroe del espionaje mundial que ha recreado la serie de películas de acción mas vistas en el planeta; pudieron llamarme Wiston como Churchil o Carlos como el mas grande jugador de fútbol en la historia de Colombia, pero no, ellos decidieron que tal vez yo podría convertirme en un espía mítico que al igual que el personaje viajara por el mundo deshaciendo entuertos. En este instante estoy listo a realizar la parada militar mas importante de mi vida y mientras comienza la ceremonia donde me reconocen como miembro del ejercito de reserva, dejo divagar la mente que se dirige hacia los senos exuberantes de la socorrana Diosmira, las caderas despampanantes de Mercedes, el rostro angelical de Andrea y las largas piernas perfectas de Amada, si las uniera en una sola seria la mujer jamas imaginada, sonrío con satisfacción de la ocurrencia y revivo los espectaculares momentos que he vivido con ellas.
Siento el cuerpo endurecido y fuerte, producto de la instrucción militar, la preparación física de alto rendimiento, el orden cerrado, el esfuerzo para atravesar ríos, escalar montañas y realizar escaramuzas militares del entrenamiento contraguerrillero. Hoy con el rostro oculto bajo una capa de pintura en franjas verdes y negras que me hacen aparecer como un extraterrestre, con ojos centelleantes e inquietos de mamador de gallo, sonrisa de oreja a oreja y mi manera particular de celebrar con sonoras carcajadas las ocurrencias de los compañeros, me muestran como un hombre decidido, feliz, lleno de vitalidad y frescura. Parezco un Rambo criollo con la boina verde oliva coronando mi cabeza rapada y mi pecho atravesado por cintas de proyectiles de fusil, mientras allá en la tribuna cómodamente sentados, mis familiares y amigos cercanos con cara de felicidad charlan sobre los últimos acontecimientos ocurridos en el lejano pueblo o comentan los chismes frescos de la colonia residente en la capital de la República.
Tengo plena certeza que el acto en el que participo es la culminación de un proceso de cambio iniciado unos 8 años antes, cuando a las volandas me sacaron del pueblo a la fuerza, para evitar que me comprometiera mas radicalmente con una organización subversiva cuando apenas estaba terminando el bachillerato en el colegio de mi pueblo en Norte de Santander, perdido en el mapa de Colombia, abandonado a su suerte por el gobierno nacional. Se acerca el momento y espero la voz de mando del oficial, hoy estoy seguro que por fin voy a darle cristiana sepultura al mi pasado que me llena de intranquilidad.
Atendiendo las ordenes, marcho rítmicamente levantando el brazo derecho hasta el frente de mi rostro, llevo en mi hombro izquierdo el fusil galil coronado por un puñal negro que apunta desafiante hacia el espacio, sostenido por una mano enfundada en un guante rabiosamente blanco; avanzo sincronizadamente dando grandes zancadas, a cada paso el golpe de mis botas contra el pavimento dejan escuchar el tam, tam, tam, que se repite monótonamente y mi mente actuando independientemente del cuerpo empieza a cavarle a ese pasado una fosa en el cementerio de la desilusión; pica en mano golpea la tierra profundizando el hueco, mete los recuerdos en la caja de recia madera, clava firmemente la tapa y la introduce en la fosa, luego le echa tierra, la apisona fuertemente para que no se puedan escapar, sin embargo el asunto no es nada fácil, ellos se evaden como el humo cuando se queman las raíces de los arboles y revolotean en mi cabeza obligándome a contemplar otra ceremonia militar, que a diferencia de la presente no está acompañada por los aires marciales de una banda de músicos ni tiene publico que la admire.
Veo la escena, ahí, frente a mis ojos, la vivo como si sucediera paralelamente, pierdo el paso de la marcha, intento borrarla pero instintivamente combino los dos acontecimientos, produzco una simbiosis y como un autómata retomo el paso y marcho perfectamente, mientras mi mente se deleita con el recuerdo materializado. Es una mañana de enero, el cielo despejado es de un azul tan intenso que no permite la mínima mancha de nubes; corre el aire gélido del verano paramuno que agita las ramas de los arrayanes y golpea con fuerza la casa de bareque expresamente construida en una pequeña hondonada para resguardarla de los embates de las corrientes que se esparcen desde el Picacho y avanzan por la planicie de Berlín hasta las laderas de Pachacual. El helaje intenso produce el castañeo instintivo de los dientes del grupo de personas reunidas alrededor del fogón de la cocina quienes esperan expectantes el inicio de la reunión. Fijo mi mirada en una esquina de la casa donde cómodamente sentado en un viejo taburete de cuero recostado contra la pared, se encuentra adormilado el comandante guerrillero, diviso en su pretina una pistola nueve milímetros y a su lado, colgando, una sub ametralladora ingram al alcance de su mano. Se que en las afueras, distribuidos estratégicamente están diez combatientes oteando las montañas circundantes tratando de traspasar las innumerables lomas que conforman el agreste paisaje andino.
Ahí esta Gregorio el comandante, hombre de uno sesenta de estatura, tiene su cabeza cubierta por un sombrero de fieltro que apenas deja ver su pronunciada nariz aguileña, treinta años de edad parte de los cuales los ha pasado en la lucha armada, se despierta por fin, estira brazos y piernas espantando la modorra y se levanta del asiento; mira con atención a los presentes y con voz gruesa da inicio a la reunión. Primero una apretada síntesis de los propósitos y objetivos de la organización, después recuerda el aporte de los mártires, Camilo Torres Restrepo, el Che Guevara y una decena mas de muertos en combate, diserta sobre la entrega a la causa y finalmente les informa que la dirección de la organización aceptó el ingreso de los muchachos que sentados en la cocina escuchan con recogimiento y silencio sepulcral. Compañeros, estamos aquí para recibir estos nuevos combatientes por la libertad y el socialismo, ya pasaron el periodo de prueba, demostraron sus capacidades y ahora tienen que decidir si se quedan como milicianos o se incorpora definitivamente a la organización; tienen la formación teórico-militar y saben que el camino es largo, duro, lleno de sacrificios, tendrán que anteponer los intereses colectivos a los individuales, nuestra lucha es por una patria mas justa. Los dos jóvenes elegidos nos rebullimos inquietos en los taburetes, nos miramos y resueltamente contestamos al unísono que estamos listos para entregarnos completamente a la causa. Gregorio avanza unos pasos y nos abraza emocionado, luego nos entrega uniformes, presillas, fusil y proveedores, dos granadas de fragmentación y nos insta a incorporarnos al pequeño destacamento que se encuentra formado en la pequeña planicie donde el frío viento del páramo golpea inmisericorde.
Con el Tigre parecemos niños estrenando juguete, acaricio el fusil como si fuera Gavilán, me detengo en la contemplación del mecanismo y luego presurosos me coloco las prendas militares, calzo las botas de cuero, tercio el fusil y me incorporo a la formación, esperando la voz de mando del comandante para el desfile, la presentación de armas y el juramento de lealtad al pueblo y a la revolución. La ceremonia transcurre tan rápidamente que ni me entero cuando termina; luego abordo un campero con la misión de patrullar por las trochas campestres, ejercer presencia efectiva y adoctrinar pobladores. Ya en otras ocasiones, como milicianos, he desarrollado este tipo de acompañamiento, pero hoy es diferente, somos soldados con responsabilidades directas, tendremos que resolver algunos problemas y repartir justicia, somos autoridad, por eso nos sentimos importantes y el peso del fusil nos da mas seguridad.
En plena marcha, cada vez que encontramos caminantes noto que nos saludan con respeto, pero percibo una suerte de terror en los parroquianos quienes tratan de despedirse con prisa. Otros nos detienen para plantearnos los conflictos por agua, cercas y los arreglos del camino, no extraño que una mujer nos solicite ayuda para hacer que el marido abandone la amante y responda por la alimentación de los hijos; a cada uno le prometemos que haremos las averiguaciones pertinentes y que el comandante los citará para solucionarles el problema. Reanudamos el viaje y el campero se come las curvas de la carretera veredal en medio de los tumbos que producen los desniveles del camino. La tranquilidad reinante hace que los cinco ocupantes conversemos animadamente sobre la ceremonia y las fiestas del pueblo en el mes de febrero; concluimos que en esa fecha hay que cerrar el trafico por ahí a las seis de la tarde para no tener sorpresas desagradables y poder disfrutar de las noches de fiesta levantando alguna que otra peladita de las que llegan por centenares; eso si, nada de uniforme, estaremos de civil.
El conductor, un pelado de Tona que recién ha aprendido a conducir, sale de una curva pronunciada haciendo corcovear el vehículo y enfrenta una empinada cuesta que no es capaz de coronar; se atortola y deja descolgar el carro que se va contra la peña mientras los pasajeros observamos el precipicio aterrorizados. No joda, grito sin poderme contener, frene esta mierda porque nos vamos de culo por el barranco y no nos salva nadie, pise el freno que nos matamos y acto seguido lo quito del volante, acelero poniendo la doble transmisión y enfrento nuevamente la pendiente; el motor del carro resuella violentamente y lento pero seguro sube hasta llegar al rellano. Estamos en lo mas alto de la trocha y desde allí observamos el paisaje montañoso que como dunas gigantes se esparce hasta que el ojo humano no puede distinguirlo, abajo el transcurrir de las aguas del río Cárava en un pequeño hilo de plata que salta entre las rocas, corriendo vertiginoso en la búsqueda del Chitagá para entregársele como un enamorado. El panorama de esplendorosa belleza produce sortilegio, nos inmoviliza en sagrado recogimiento y absortos lo contemplamos por largo tiempo.
Pero la razón se impone pues debemos proseguir con el recorrido, enciendo el motor y en movimiento intento bajar por la culebrilla de sendero asegurándome con el freno de mano para por si acaso cualquier eventualidad, estoy bajando pero bruscamente me detengo cuando diviso una columna del ejercito que trepa como hormigas por entre los peñascos. Están tan cerca que les alcanzo a ver el brillo de los ojos, el susto es igual para todos y empiezan a sonar los disparos, que cosa tan arrecha compadre eso de tener la muerte delante de uno y la confusión se apodera de todos, algunos tratan de bajarse y manipular los fusiles para colocarlos en posición, otros se apañuscan contra la puerta, pero yo convertido en el comandante momentáneo me doy cuenta de su superioridad numérica y doy apresuradamente reverso en el estrecho camino chocando contra la peña, por un momento parece que el carro se volteara hasta que al fin lo enderezo y bajo desandando el camino a una velocidad suicida. Cada curva que encaro es un atentado a la estabilidad del carro, brotan los hijueputazos y la adrenalina se esparce por la corriente sanguínea; por el espejo retrovisor veo los rostros de mis compañeros que reflejan la tensión del momento y el culillo reina por doquier. El tonero se acurruca en el piso sollozando, el Tigre en el atortole deja escapar el fusil que se escabulle por debajo del asiento trasero y yo el mas sereno de todos, como todo un campeón de rally voy llevándolos por la vía que ahora me parece mucho mas angosta. El campero va de tumbo en tumbo golpeándose una y otra vez contra el talud, escucho como se desgarra la lamina metálica y siento la agitada respiración de los pasajeros que suena como si estuviera conectada a altavoces.
Por fin llego a la carretera principal esparciendo una nube de polvo, incremento la velocidad y las llantas chirrean en las curvas lanzando pedruscos como misiles que golpean contra las rocas de la orilla aumentado el pánico pues pensamos que son balas rebotando; pero, la razón nuevamente se impone y me doy cuenta que detrás nuestro no aparecen los perseguidores y disminuyo la velocidad, nos miramos unos a otros notando que las camisas camufladas están juagadas en sudor. Yo reacciono positivamente y atiendo lo que mi cerebro me esta insinuando, me digo: calma hombre ya desapareció el peligro, baje la velocidad, escoge la primera desviación y metete en una nueva trocha. Obedezco y la angosta cinta pardusca nos engulle dándonos la tranquilidad de no ser detectados, ruedo unos kilómetros y detengo la marcha, bajo del auto y observo los estragos que la huida ha producido en la carrocería.
Todos nos miramos atortolados hasta que por fin damos rienda suelta a nuestro estado de animo gritándole al monte obscenidades: hijueputas, malparidos, juepuercas, coño e madres, maricas, guebones casi nos cogen. La montaña se come los sonidos y solo se ve alguna reacción cuando algunas aves bruscamente se desprenden de los arbustos y desaparecen en el horizonte. Luego llega la reflexión, la calma, aplicamos las enseñanzas recibidas y organizamos una avanzada para inspeccionar la seguridad del lugar, encargo a uno del grupo para que vestido de civil trate de indagar la dirección que tomo la columna del ejercito y disgrego al resto en posición de emboscada por las lomas ocultándose entre los matorrales atentos a cualquier movimiento inesperado. El tiempo transcurre lentamente en zozobra como una eternidad, hasta que escuchamos el santo y seña del compañero comisionado para las labores de inteligencia quien informa que logramos el objetivo de despistar al enemigo pero que existen mas comisiones del ejercito en la zona. Tranquilizados descendemos de los peñascos y abordamos el vehículo que nos conduce al abrigo seguro del páramo, donde recibimos como una bendición el impacto de las corrientes heladas seña de que el peligro ha pasado, porque jamas el enemigo se ha aventurado a seguirnos al agreste e inhóspito lugar.
Horas mas tarde cuando el comandante regresa de una correría le informamos la novedad y nos ordena asumir las personalidades de civil e incorporarnos a la comunidad, nos disgregamos, tomando rumbos diferentes, previa la felicitación para mi por la reacción y la responsabilidad demostrada frente a la situación, por mi capacidad de decisión, yo, hombre no me cambio por nadie y exhibo la sonrisa de oreja a oreja me siento halagado y respondo que solo he cumplido con un deber revolucionario de preservar la vida de los combatientes y solo atacar al enemigo cuando tenga absoluta superioridad numérica y militar, como lo mandan los cánones de la guerra de guerrillas.
Ajena a las situaciones por los que atraviesa la vida de James, Juliette, su madre apenas acaba de apearse del Toyota en el cual realizó el viaje de su finca al pueblo, se encuentra encartada con unos costales de fique cargados con productos de la tierra y no encuentra la forma de poder transportarlos hasta la casa de su madre, mira para todos los lados con la esperanza de encontrar una cara familiar que le colabore pero a esa hora la calle está desierta; por fin ve doblando la esquina a su comadre Cupertina, que en un trote corto se le acerca moviendo las manos como aspas, ademan que le indican que trae alguna noticia urgente para comunicarle - carajo, seguro que viene a contarme algo sobre Alejandro, fijo ya está bebiendo el sinvergüenza, apuesto que en vez de coger camino para la finca del páramo, se escabulló para el pueblo y como lo conozco tanto debe estar armando jaleo en alguna cantina - la comadre coge parte de los costales y mientras caminan le averigua por la familia y con especial insistencia por James el hijo que próximamente se graduará de bachiller, ella siente un sobresalto y se le viene a la cabeza que de pronto el muchacho inquieto ha hecho alguna pilatuna, mínimo tiene embarazada a Teresita la hija de la comadre con la cual lo ha visto salir en los últimos días y empieza mentalmente a buscarle una salida, caramba, se dice, la herencia no se puede ocultar, estos hombres no pueden tener el pipí quieto. Pero su acompañante con una voz compasiva aborda el comentario: comadre lo que le tengo que decir va a producirle mucha tristeza y preocupación, imagínese que esta mañana estaba yo por los lados de la Copa, mas arriba de la finca de don Eustorgio visitando a mi prima María, cuando vi el carro de los muchachos, si el de los compas, iban como unos cinco uniformados y con armas, usted sabe que yo siempre trato de evitar el contacto con esa gente, pero sin querer mire con curiosidad a ver cual de ellos conocía y quedé de una sola pieza cuando alcance a divisar a James de uniforme y con un fusil, comadrita me da la impresión que se metió a la guerrilla; tan buen muchacho y tan amigo de mi hija; por eso me dije que le debía avisar y sin pensarlo dos veces salí a la carretera a coger carro para su casa, menos mal que me la encontré pues me ahorró el viaje hasta las Delicias.
Juliette queda como si le hubieran echado un baldado de agua helada, lívida, siente que el aire no llega a los pulmones y que se va a desmayar, tambaleante busca el anden próximo y cae inerte sobre el, reacciona cuando Cupertina le alcanza un vaso con agua y las lagrimas ruedan por sus mejillas, solloza inconteniblemente repitiendo entrecortada que eso no puede sucederle a ella y al cabo de un rato cuando se ha producido la catarsis regresa la calma. Es una mujer de carácter a quien en la vida le ha tocado enfrentar situaciones difíciles, echada palante que aborda los problemas mas complicados con entereza y si toca emberracarse y encarar a cualquiera, no tiene reato en acudir a cualquier medio incluso a las armas para sortear los problemas. Ahora sopesa el asunto y decide regresar a su casa, definir la situación con Alejandro y tomar los correctivos que sean necesarios. A las volandas mete los puchos en la tienda vecina, los recomienda al dueño y emprende el viaje de regreso en el mismo vehículo que la ha traído; el chofer nota de inmediato su prisa y en menos que canta un gallo ya esta estacionando al frente de la casa, baja presurosa perdiéndose tras la puerta de la vivienda.
Mi madre me sorprende sentado en la mesa del comedor, engullendo vorazmente las abundantes viandas que están frente a mi, me echa los brazos al cuello y estalla en llanto. Extrañado por esa manifestación me levanto y correspondo a la caricia notando el estado emocional de mi vieja, no sospecho el origen de esas manifestaciones y la preocupación se apodera de mi animo; abrazados fuertemente y en silencio transcurren los minutos en una comunión perfecta, luego mas calmada me pregunta: mijo que locura esta haciendo?, usted esperanza mía el mas querido de mis hijos la niña de mis ojos como se le ha ocurrido cometer esta equivocación?, usted de guerrillero?, mire que se tirará la vida; reflexionemos y busquémosle una salida, aun estamos a tiempo, todos sabemos que el paso que acaba de dar es muy peligroso y debe estar consciente que jamas le he dicho nada, ni me he entrometido en sus decisiones, pero esta pasándose de castaño a oscuro, lo que me contaron de usted hoy me va a matar, recapacite mijo y no me haga sufrir tanto. Yo conmovido y sintiendo el dolor de mi madre escabullo la mirada, guardo silencio esperando que el estallido emocional pase para explicarle con calma lo equivocada que está y que la entrega a la causa ha sido la mejor decisión que en mi vida he tomado, convencido creo que con unos cuantos argumentos podré tranquilizarla, pero ella de pronto decide que hay que enterar mi papá. No se mueve de aquí hasta que no llegue Alejandro me ordena y llama a mi hermano menor a quien le encomienda la misión.
La tarde expira con destellos rojizos que aparecen por detrás de la loma cercana produciendo un efecto cobrizo en las hojas de los arrayanes, los rayos del sol pierden luminosidad a cada momento y el intenso frío impone su reinado sobre la comarca. El aire puro de la montaña conduce el canto de las lechuzas y el batir de sus alas cuando persiguen a un pequeño roedor que trata de huir despavorido y tras la cerca de piedra a unos veinte metros se alcanza a observar un fara que moviendo su larga cola pretende meterse en el corral de las gallinas y a Gavilán que corre ladrando con el propósito de perseguir al depredador. En la distancia, hacia el norte ya empiezan a encendersen las luces del poblado que proyectan hacia el cielo la sensación de unas brazas ardientes y en la carretera vecina rugen los motores de las tractomulas que opacan el murmullo del río que fluye mansamente allá en la pequeña vega. La llegada de las sombras se ve alterada por la tormenta eléctrica que a intervalos ilumina nítidamente la región mientras que de lejos llega el sonido del trueno, como si del parque del pueblo estuviesen lanzando los morteros de fiesta. La naturaleza en su comportamiento normal produce el hechizo de la vida y en las casas de los campesinos la lumbre del fogón se convierte en un motivo para rememorar los cuentos de la llorona o el caballo sin cabeza, produciendo esa tibieza en el ambiente que nuevamente revive la lucha del lugar para neutralizar las intenciones de los mensajeros del páramo intentando aterir a los humanos.
En la casa de Juliette, aparentemente todo es normal, de vez en cuando alguna cabeza se asoma a través de la ventana a otear la ahora impenetrable oscuridad esperando ver aparecer en la curva de la carretera veredal que pasa por todo el frente de la edificación la figura de Alejandro, sin embargo no se escucha dentro de los sonidos nocturnos el golpe de las herraduras del caballo anunciando su llegada. La impaciencia porque las decisiones no pueden esperar, hace presa de la dueña de casa quien nuevamente hace conjeturas sobre las causas de la demora, no se fue para el pueblo pero seguro que se metió en la guaraperia de Sinforosa y ya debe estar mas de medio; ahora que Pedrito no lo encuentre y en esta negrura de noche... Como respondiendo a sus pensamientos llega un caballo a pleno galope deteniéndose en la puerta y de el descienden padre e hijo ingresando apresurados al aposento.
Sudoroso, mi papá intuye que algo raro sucede en la familia y tomado el toro por los cachos exige las explicaciones del urgente llamado, mi mamá con palabras entrecortadas hace un pormenorizado relato de los acontecimientos que lo llenan inicialmente de asombro y luego de cólera. Alterado hace el ademan de quitarse la correa de cuero para golpearme, pero mi madre se interpone, sentenciando que esa no es la solución y que no se haga el bravo porque no hay mas alcahuete que él. Agacha la cabeza reconociendo que su mujer lo conoce muy bien y dejando la pose de hombre rudo se desploma por el impacto y cobija con sus brazos mis hombros.
No puede expresar con palabras el dolor que siente y se limita a prolongar el abrazo por un largo rato, aparta mi rostro y me contempla con ojos de desesperación e impotencia, pero entre nosotros nace un nuevo lazo de energía que nos entrelaza mentalmente y con las miradas nos explicamos las razones, los argumentos, las dos formas de ver la vida y el futuro. Mi madre nos observa sin sospechar lo extraordinario del hecho y luego con decisión, en voz alta nos define los pasos a seguir. Se va para Bogotá a donde los familiares y es una sentencia inapelable que hace cumplir en el instante. Me hace la maleta y ante mis intentos de salir de la casa, me encierra con candado en el deposito de papa.
Encerrado en la bodega, libro una lucha intensa en mi interior, la contradicción entre el convencimiento de justa posición y el cariño por mi padres, en la semioscuridad del cuarto doy pasos de un lado al otro, me frota las manos, decido posturas que un segundo después desecho; al final puede mas el calor filial que los dictados de mi conciencia y acepto el mandato materno y en compañía de mi padre me dirijo a la carretera a esperar el bus de línea que asoma por la cuesta con la columna de humo saliendo por el exosto elevado.
Con el ronroneo del motor veo pasar uno tras otro los pueblos, Aratoca y el cañón del Chicamocha iluminado por las descargas eléctricas que incrementan su majestuosidad, El Socorro con su carga de historia de rebeldía me lleva a José Antonio Galán y los Comuneros, levantados, con los machetes en las manos enfrentando el poder colonial y en mi interior renacen los dos polos en lucha que me hacen rebullirse en el asiento, miro de reojo a mi padre que dormita e intento bajarme del vehículo pero inmediatamente abandono la idea, me convierto en un siete pareceres y los "me bajo no me bajo" los repito constantemente hasta que bien entrada la madrugada vencido por el cansancio y las emociones del día se me cierran los ojos y me introduce en un sueño poblado de pesadillas.
Despierto cuando el sol tímidamente aparece por detrás de las montañas y el automotor se come las ultimas rectas de la sabana internándose en la ciudad, la selva de cemento pasa lentamente, observo el panorama desconocido y los miles de peatones que presurosos se mueven en las aceras, cavilo sobre el brusco cambio de mi vida y añoro con fuerza las montañas verdes y los caminos veredales, el guarapo de doña Filomena, los paseos con Teresa y el tañer de las campanas de la iglesia llamando a misa. Regreso a la realidad cuando media hora mas tarde el automotor estaciona en el terminal y tras los cristales de las ventanas descubro el rostro preocupado de mis familiares que me abrazan silenciosamente como si estuvieran dándome un pésame; no hemos cruzado palabra pero se nota a la legua las miradas de lastima que me lanzan y me rebullo inquieto en el asiento trasero del automóvil lujoso, me siente como cuando me sorprendían de pequeño tirándole piedra a las gallinas o intentando que la mansa Jalea levantara sus remos delanteros para imitar al llanero solitario, o cuando orine dentro del pupitre del compañero mas menso de la clase y fui sorprendido por la maestra; pienso nuevamente en el pueblo y el recuerdo se interrumpe cuando abren la puerta del garaje de una elegante casa en el norte de la ciudad.
En la intimidad, el aguacero de reproches y reclamos no se hacen esperar, la tía se sienta frente a mi y con decisión le va describiendo la concepción que domina sus actos; James, creo que mi mamá te ha contado la historia de nuestra familia, que siempre allá y aquí hemos pertenecido a los mas destacado socialmente, decidíamos el destino del pueblo y en está ciudad nos hemos rodeado de gente como nosotros con tradición y riqueza; creo mijo que has echado una mancha al honor familiar, nos has expuesto y hasta hemos perdido parte de nuestra respetabilidad. Creo que no estas consciente de lo complicado de tus actuaciones, no ves la pena que embarga a tu pobre madre y el estado actual en que se encuentra?, mire, no ha podido dormir desde el momento en que conoció la noticia de tu incorporación a las filas guerrilleras.
Yo hago un ultimo esfuerzo intentando explicarles y explicarse a mi mismo la decisión, aunque no tengo plena conciencia pretendo apuntalar mi posición política, respondo y explico los porque de mis decisiones, sin embargo detrás de esa aparente certeza ellos alcanzan a intuir la existencia de un mar de inseguridades y sobre ellas construyen la estrategia para hacerme desistir. No es una cuestión sencilla, pero soy un joven, casi un niño y conmigo todo es posible.
Que berracos, me cogieron por el lado flaco y desarrollaron la táctica de mostrarme las bondades de vivir en ciudad. Encargaron del asunto a mis primos a quienes les encanto la idea y con buen billete en el bolsillo se sacrificaron paseándome por las discoteca del norte de la ciudad en compañía de unas nenas preciosas. Casi me vuelvo un noctambulo y mi lista de teléfonos creció continuamente, al poco tiempo ya no me acordaba muy claramente del origen de mis decisiones anteriores, por el contrario me fui ganando un prestigio de tipo divertido dentro del circulo de amistades gracias a mis dotes como declamador de poemas y contador de historias inverosímiles. Después dieron el segundo paso, me consiguieron empleo gracias a sus amistades me convertí en un vendedor de ilusiones con éxito arrollador porque para que, soy un entrador de miedo muy pronto se destaque ganando comisiones a granel que me permitieron disponer de ingresos suficientes para tener una vida mas que holgada. La magia de la metrópoli me aprisionó y diluyó el voluntarismo que primaba en mi concepción de los compromisos con el pueblo, con los desprotegidos de la fortuna; ahora me parecía normal lo que antes era un despreciable comportamiento pequeñoburgués, lo confieso sin reato alguno.
Con dinero, bien vestido, buena presencia, las conquistas femeninas se sucedieron mas frecuentemente, la ciudad eliminó la carga de tabúes que traía de la provincia sobre el sexo, la moral, la virginidad y todas las limitantes que una sociedad pueblerina establece para las mujeres y me di cuenta que la liberación sexual se respiraba por las calles y oficinas, que era muy fácil acostarse con las clientes y compañeras de trabajo. Mi roce social es ininterrumpido y el goce de la vida mundana me cautivó de tal forma que dos meses después estoy plenamente convencido que jamas volveré a la vida que duró apenas unas horas.
Aquí todo está solucionado pues en mi mente ya las decisiones se tomaron, tiene mas reverso una moto que echar para atrás, pero en el pueblo la situación es otra; el comandante Gregorio sabiendo que modestia aparte, ha perdido una prospecto muy valioso, constantemente presiona a mi familia para que le informen mi dirección e, les dice que en la organización es un delito desertar y que la pena para esas acciones es el fusilamiento, sin embargo en cada visita va dejando al descubierto el afecto que siente por mi y la amistad que fuimos construyendo cuando lo acompañaba en sus desplazamientos por el territorio de influencia. Para mis padres la llegada del hombre a su casa deja de ser una pesadilla.
Las cosechas de trigo y papa que en los campos se convierte en la mejor forma de medir el paso del tiempo, se suceden unas tras otras y los problemas financieros de los créditos con la Caja Agraria y los precios cambiantes de los productos concentran toda su atención hasta el punto que olvidan los peligros que entraña mi regreso y cuando se enteran del traslado del comandante Gregorio, apenas si se acuerdan de la zozobra que vivieron. Llegan nuevos responsables y pronto los conocen; porque en los sitios de influencia, la comunidad quiera o no, termina relacionada con los "muchachos"; quien se puede negar a recibirlos?, quien les hace un desplante?, quien puede ignorarlos?; pero será esta una forma de colaboración?, si el estado jamas se hace presente para solucionar las controversias y la justicia ya no se imparte en los juzgados?.
Sin embargo Gregorio se da sus mañas y logra conocer donde vivo en Bogotá y con ocasión de un encuentro clandestino citado por la organización en la capital me llama por teléfono y pactamos un encuentro. Nos abrazamos gustosos de vernos nuevamente, al calor de los tragos departimos, recordamos los viejos compañeros, lamentamos la muerte de alguno de ellos y luego me solicita explicaciones sobre el abandono, la deserción, me recuerda las condiciones de líder, las peripecias del encuentro nacional campesino y bien entrada la noche nos despedimos con un abrazo y la amistad fortalecida. No se produjo el juicio revolucionario, no fui declarado desertor ni ordenado mi ajusticiamiento; primó el culto a la amistad.
Bruscamente los recuerdos desaparecen y me veo en plena ceremonia de juramento de bandera, el Coronel efectivo coloca ante mi cuerpo el fusil, estiro los brazos sujetándolo fuertemente, repito la oración a la patria, veo desfilar los campos anegados de sangre que brota como una fuente inagotable del cuerpo de los trabajadores, observo los pueblos destruidos por las bombas de los sectores en conflicto, a las madres en lo alto de la cordillera despidiendo los féretros de sus hijos muertos en una caravana que desaparece en el horizonte y siento una profunda congoja en el corazón. Me pregunto cuando terminará la guerra y cuando renacerá la vida para millones de hombres, cuando saldarán la deuda con los desprotegidos; sonrío aceptando que todavía siento el dolor de pueblo pero igualmente entiendo que desfiguraron la lucha y que esta ya no es por un futuro feliz, por eso al mirar con el rabillo del ojo de mis pensamientos, veo el pasado, la tumba, el cuerpo de mi añoranza inerme, al sepulturero que laborioso prepara la mezcla de concreto, el momento en que carretillada tras carretillada lo deposita en el profundo hoyo, escucho los sonidos cuando se solidifica y alcanzo a distinguir un leve movimiento de lo etéreo tratando de escurrirse, pero ineluctablemente lo veo inmovilizado cuando el concreto se convierte en una capa dura e impenetrable. Contesto en voz alta el juramento, escucho el himno del soldado y desfilo con la tropa, para presentar las armas: el pasado ya no volverá a molestarme.
1 Chitaguense, sobresaliente académico de la Universidad Nacional de Colombia
2 Escritor y pintor pamplones Ganador del Premio Casa de las Américas y de varios concursos a nivel nacional e internacional
3 La cacha es una imitación artesanal de la ruleta, se juega con una bola de acero que se deja caer por un canal, la casa gana cuando el apostador saca un numero menor.
4 Es una tradición santandereana, originada en la Colonia, que el jueves santo, en todas las casas de familias, sin importar su condición, se reúnan en torno de la mesa presidida por el padre, para degustar el almuerzo que debe tener 7 platos diferentes. En realidad el número de platos es mayor.
5 Plato cuya base es harina de maíz y al cual le incorporan otros elementos como el chicharrón de cerdo.
6 El béisbol era muy común en los municipios del Norte de Santander, hasta comienzos de la década del 60 del siglo XX, cuando el fútbol se generalizó. Seguramente la afición nos llegó desde Venezuela y Cúcuta, por esas formas de comunicación que existían en los años 50.
7 Angel Mogollón Eduardo, Los Villamizar
8 El juego de bolo santandereano tiene unas reglas básicas: 1) cancha que en promedio tiene entre 20 y 30 metros de largo; 2) tres palos de .5 mts de alto; 3) bola de madera o de aluminio de diverso diámetro y peso; 4) 4 mts de zona de juego valida para anotar palos; y 5) tablón de fondo de un metro de alto, por cuatro de ancho. El juego consiste en, tomando la bola correspondiente y por el aire, entrar en la zona de juego, donde están parados en fila de frente los tres palos. Gana el que mas rápidamente complete la cantidad de palos que han pactado en el juego. Según cada región los palos se colocan a diferente distancia y/o son mas altos.
9 Ocurre cuando los jugadores garantizan, que en caso de ganar, cancelaran la apuesta para el siguiente turno a su ahorrado.
10 Así se denomina la trampa que resulta de dejarle ex profeso al jugador que le sigue en la tacada, las bolas en posibilidad grande de ser metidas en la paca.
11 Lista de libros prohibidos por la iglesia que comúnmente repartían en todas las regiones, dentro de ellas estaba un extensa gama de filósofos y las novelas de Vargas Vila.
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Creado por perico200 | 0 comentarios | 23/12/04 02:46
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