Chitagá bicentenaria
DE VIACRUCIS en Chitagá bicentenaria
DE VIACRUCIS
Con la venia y autorización expresa de mi querido y admirado hermano Cheo he subido su recién editado libro "De Viacrucis"
CARATULA
Eliseo Villamizar Antolinez
DE VIACRUCIS Y OTROS CUENTOS
PUENTE REAL (CHITAGA)
CORPOCHITAGA 200 AÑOS
TAPA TRACERA
"Sorprende en Eliseo Villamizar su condición innata de narrador, su relato fluye con naturalidad y frescura, sin mayores sobresaltos; el ritmo que acarrean sus frases lo acercan, incluso, a momentos felices. Tal vez este don de contar historias con la fluidez de un torrente de montaña pueda amenazar con cierta falta de rigor, un escape del tema central que puede desequilibrar un tanto la proporción que exigen las partes de la materia tratada; pero algunos de estos riesgos son obviados por el buen uso de la gracia y del humor, la divertida utilización de algunos elementos emparentados con el lenguaje cinematográfico: acotaciones, secuencias, claroscuros, esfumados; y también por el uso del lenguaje vivo de su entorno, que no escamotea presuntuosamente en aras de un sospechoso "buen decir". Consiente de que en literatura no hay aldea que no sea susceptible de acceder a un lugar en el universo, el autor cuenta las pequeñas historias de su tierra natal con desparpajo, sin complejos de inferioridad ni timidez. Los personajes principales se dibujan con precisión y aun los secundarios alcanzan sólida presencia por su fuerza descriptiva, por el acertado uso del detalle."
( Guillermo Maldonado Pérez, Premio Casa de las Américas)
PESTAÑA
EL AUTOR
Nació en Chitagá (N-S), cursó los estudios primarios en Chitagá, bachillerato en el Colegio Carmelitano de Pamplona, Economista en la Universidad nacional de Bogotá y postgrado en la Escuela Superior de Administración Pública "ESAP". Profesor de las Universidades Nacional, Autónoma de Colombia, Jorge Tadeo Lozano, Cooperativa de Colombia durante mas de veinticuatro años. Ha sido representante de los profesores al Consejo Directivo y a la Asamblea General de la Universidad Autónoma de Colombia durante 4 años, miembro del Consejo Académico de la Universidad Cooperativa en 1981.
Ha trabajado en el Fondo Rotatorio del Ministerio de Justicia y en el Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario. Fundador y presidente de la Fundación Arte y Cárcel, organización dedicada a la promoción y desarrollo de las capacidades creativas de los reclusos. Director de la revista literaria Arte y Cárcel y coautor de tres libros de cuentos publicados bajo el titulo "Cuentos desde la Cárcel". Fundador de la Corporación para el Desarrollo Académico y Social "CORPOAUTONOMA" y de La Corporación para el Desarrollo de Chitagá, "CORPOCHITAGA 200 AÑOS"
Ha publicado una serie de cuentos dentro de los cuales se destacan De Regreso y "El Fusil de Queso (1.989), Aurelio (1.990), Pacho Guebo (1.990), Y Nos Vieron Pasar (1.991), El Virus y Fausto (1.992) Nube Rosada (1.993), próximamente publicará la novela El Aguila y Margarita.
ELISEO VILLAMIZAR ANTOLINEZ
DE VIACRUCIS Y OTROS CUENTOS
CORPOCHITAGA 200 AÑOS
Para: Fausto, Ilich Sebastián, Tania Juanita y Camilo Ernesto, raíz y ramas del terruño.
INDICE
1. PRESENTACION
2. PROLOGO
3. DE VIACRUCIS
* La Audición
* Las caídas del Mono Camargo
* Nasario y sus treinta monedas
* El Centurión y sus falsetes
* Poncio el guardameta
* Los traspiés de la Verónica
* El cura Gildardo
* Las películas
4. LA VOZ DEL CONTENTO
* El deportista
* El carpintero
* El músico
* El encuentro
* 30 años atrás
5. ENTRE CAMUFLADOS
CHITAGÁ,
DOS CENTURIAS.
Antes de la creación oficial de Chitagá, el territorio de las hoyas hidrográficas de los ríos Chitagá, Cáraba, Valegrá y Rotambría había sido ocupado parcialmente por grupos indígenas chitareros de la familia Chibcha, desde algunos milenios antes.
Los Chitareros, vocablo relacionado con el sentido de agua corriente y, además, con los recipientes (calabazos) utilizados para transportar el agua y otros líquidos, habían ocupado también el espacio que luego se llamaría el "Valle del Arrayanal", nombre anterior del sitio de Chitagá. Es a partir de los pobladores indígenas, que junto con el evento colonial español, especialmente del siglo XVI, empezó a conformarse lo que hoy podemos entender como Chitagá y ser Chitaguense.
Más allá del nombre administrativo del municipio, nos referimos al sentido de comunidad y de pertenencia a un territorio que se construye lentamente a partir de unos elementos naturales con los que los grupos humanos interactúan para dar forma y función a aquello que podríamos llamar paisaje, terruño, patria chica, la tierra, u otras denominaciones que de una u otra manera nos identifican en el proceso de construcción social del espacio Chitaguense.
- QUÉ CELEBRAMOS ?.
Puesto que la creación oficial (administrativa) de Chitagá ocurrió en el diciembre del año 1804, recordaremos ese acto en diciembre de 2004. Dos centurias después, pero sin olvidar la formación social-territorial de los milenios anteriores a partir de nuestros ancestros chitareros.
Celebramos pues, ese sentido de comunidad, pertenencia y por lo tanto de identidad social que nos liga indisolublemente a Chitagá. Chitagá, allí donde nacimos y /o vivimos, donde está la herencia cultural forjada por nuestros mayores, allí donde radican nuestros primeros recuerdos, allí donde tejimos esos lazos de parentesco, amistad, amor, ilusiones . . .
Y claro, queremos celebrar todo ese tiempo o transcurrir que nos explica lo que somos, nuestros logros y lo que esperamos lograr, tiempo con un sentido mucho más amplio que aquellos doscientos años.
COMPROMISOS.
El compromiso aquí, no es solamente la celebración de los doscientos, es con Chitagá, en su sentido integral.
claro está, para la celebración bicentenaria los Chitaguenses nos estamos movilizando con el propósito de desarrollar actividades varias, tanto las colonias residentes en otras tierras del territorio nacional como los residentes en el territorio municipal mismo.
Para el caso de la obra que aquí se presenta, es obvio y necesario destacar el trabajo organizacional de la colonia residente en Bogotá, con un claro liderazgo de Eliseo Villamizar, quien además se propuso escribir este anecdotario para ofrecerlo a Chitagá.
A la pluma y dedicación de Eliseo Villamizar, o "Cheo" como le conocemos más familiar y coloquialmente, le debemos esta amena y bien organizada colección escrita de vivencias pueblerinas con personajes y situaciones que se entretejen para recordarnos el transcurrir cotidiano en la vida de Chitagá.
En esta obra de Cheo encontramos varios elementos de aquellos que nos identifican con Chitagá. Se destaca una rica toponimia que resalta lugares de grata recordación: desde el monte El Gallo, pasando por los ríos Chitagá y Cáraba, para luego ubicar sus personajes en el páramo, o en la vereda El Alizal, el camino a Pantanitos, sin olvidar, desde luego, algunos hitos internos del casco urbano como nuestro recordado parque, o algunos barrios como La Amapola, El Puerto o El Contento.
Las anécdotas fluyen girando en torno a personajes y situaciones disímiles con las que Cheo recoge esa cotidianeidad soportada a veces en el bienamado chisme, la intriga, la comadrería y la camaradería, los amigotes y sin olvidar, claro está, las adversidades relacionadas con los conflictos sociales y políticos. Excelente comiendo de compilación de algunas vivencias del transcurrir Chitaguense.
Y como compromiso, en medio de la celebración del 2004, no olvidemos el más importante, el de celebrar la alegría de
nacer y vivir en y por Chitagá.
ANTONIO FLOREZ1
PROLOGO
Los relatos de Eliseo Villamizar, reunidos bajo el titulo general de De viacrucis, han venido en buena hora a suplir otro vacío literario regional: los cuentos de Chitagá, la querida comarca Nortesantandereano del autor, que ahora se apresta a celebrar los doscientos años de su fundación: 1804-2004.
Chitagá es una pintoresca población que se encuentra cerca de Pamplona, a orillas de la Carretera Central del Norte, vía que parte desde Bogotá y recorre centenas de kilómetros, hoy todavía sin pavimentar; en el verano los buses y camiones que por allí transitan levantan a su paso inmensas polvaredas, y en el invierno se atascan entre las masas de lodo; a lado y lado de la primitiva calzada se abren escalofriantes abismos, que a primera vista hacen presumir que un vuelco allí asume las características de un verdadero accidente aéreo; díganlo si no los precipicios insondables de las Peñas de Pulido, donde ya se ha hecho vasta la crónica de accidentes, como lo atestiguan las cruces rústicas de camino: casi siempre transportes campesinos, que avanzan sobre el lomo de la cuesta bamboleándose con el exceso de carga y pasajeros, trepidando sus motores y chirriando sus frenos atados con alambres; allí no hay más protección que la que depare la Virgen del Carmen, patrona del transporte y de la mecánica nacional.
(A la entrada de Chitagá, se puede ver el Puente Real, antigua construcción de techo de teja de dos aguas; mucho agua ha visto pasar este puente bajo su sombra; su maderamen de buque inmóvil podría contar la historia de un viaje de doscientos años; toda la historia del poblado; sin duda el puente es una joya del paisaje, el orgullo legitimo de sus habitantes; por allí debió atravesar muchas veces, siendo niño de alpargatas, Ramón González Valencia, el personaje más conspicuo del lugar: general de la guerra de los Mil Días, presidente de Colombia).
Pero esta carretera central, que podría acortar en gran medida la distancia entre el centro del país y la frontera con Venezuela, se ha convertido en una especie de cenicienta de las obras públicas nacionales: desde su construcción, hace más o menos setenta años, ha permanecido en el mismo estado precario, ante la imposibilidad de vencer intereses de otras regiones que se verían excluidas de esa ruta, más expedita a la frontera. En realidad, excluido se encuentra del resto el país de un paisaje singular, grandioso, digno de mejores destinos: la verde campiña de Málaga, la belleza mística del páramo del Almorzadero, las aldeas silenciosas y blancas que aparecen a cada trecho del camino. Todo un país desconocido, misterioso, oculto tras la cordillera oriental, que durante muchos ha sobrevivido azotado sin piedad por una violencia que se ha vuelto endémica.
Para los Chitaguenses, sin embargo, gentes orgullosas y altivas, la Carretera Central del Norte no pasa por su pueblo: allí termina: y también allí comienza; termina para quienes regresan a sus lares, empieza para los que parten, seguramente para siempre. Pero "el mejor camino de regreso es el recuerdo", dice el autor de De viacrucis. Y, ciertamente, el regreso, a través de la memoria, es lei motiv de sus paginas.
Apoyándose en una técnica fragmentada, muy en boga en la narrativa actual, el autor parte de un episodio central ( la representación en vivo de una semana santa - tradición anual de la parroquia -), para abrir las historias de cada uno de los personajes que participan en la celebración teatral. Son adolescentes de la generación de los años sesentas, aislados en aquel apartado medio rural, que abrigan sueños de triunfos y éxitos, para cuya realización implica inevitablemente un día partir - casi siempre hacia la capital -, lo sabemos porque el narrador quiebra la estructura lineal del tiempo y de este modo conocemos de sus vidas posteriores: allí asistimos a la inevitable demolición de muchos de sus sueños de juventud, años pasados entre pequeñas aventuras picarescas, entre monótonas consejas, lances clandestinos de amor o de venganza, siempre alrededor de la mesa de la tienda del pueblo donde bebían ingentes torrentes de licor, mientras adobaban su charla con los últimos chismes ( historias de cuernos, de partidas, de muertes, de amores furtivos) y a falta de mayores novedades no escaseaban fantasiosos relatos inventados sobre la marcha, hasta que los doblara el sueño con la ultima copa de una borrachera infinita, pues al día siguiente la libación continuaría, estimulada por las voces de Miguel Aceves Mejía y José Alfredo Jiménez que entonces lloraban en las 70 revoluciones de los discos de antaño.
Pero quizá la metáfora central de la historia es la filmación, en 16 mm, que el cura párroco promete hacer de la representación para aquel año.
Entonces cada uno de los personajes ya se imagina actor de las pantallas de cine, tal vez en los estudios Churubusco Azteca, si acaso los hados lo permiten. Pasan los años y un grupo de estos, otrora jóvenes, deciden rescatar para la historia del pueblo la película; inician la pesquisa que los lleva por lugares insólitos; sin embargo cada vez que están a punto de echar mano a los rollos, estos se le escapan repentinamente como bajo el efecto de un maleficio burlón. Finalmente, después de múltiples peripecias, recupera la película, pero esta vez un apagón imprevisto les impide ver la anhelada proyección; comprende la broma del tiempo, el signo de un pretérito que se resiste a retornar.
El ultimo relato, Entre camuflados, se sale del corpus descrito anteriormente y aborda la situación actual del pueblo, sumido en los avatares de la guerra presente; aquí el personaje dice una frase que cierra el libro como lapida, y también, quizá, como resuma de la intención mas honda del autor; "el pasado ya no volverá a molestarlo". Ha sido exorcizado.
Sorprende en Eliseo Villamizar su condición innata de narrador, su relato fluye con naturalidad y frescura, sin mayores sobresaltos; el ritmo que acarrean sus frases lo acercan, incluso, a momentos felices. Tal vez este don de contar historias con la fluidez de un torrente de montaña pueda amenazar con cierta falta de rigor, un escape del tema central que puede desequilibrar un tanto la proporción que exigen las partes de la materia tratada; pero algunos de estos riesgos son obviados por el buen uso de la gracia y del humor, la divertida utilización de algunos elementos emparentados con el lenguaje cinematográfico: acotaciones, secuencias, claroscuros, esfumados; y también por el uso del lenguaje vivo de su entorno, que no escamotea presuntuosamente en aras de un sospechoso "buen decir". Consiente de que en literatura no hay aldea que no sea susceptible de acceder a un lugar en el universo, el autor cuenta las pequeñas historias de su tierra natal con desparpajo, sin complejos de inferioridad ni timidez. Los personajes principales se dibujan con precisión y aun los secundarios alcanzan sólida presencia por su fuerza descriptiva, por el acertado uso del detalle. Las acciones se articulan en concordancia con la personalidad que corresponde a cada uno de sus protagonistas. Uno de ellos, quizás el mas logrado - el Mono Camargo, que representa a Jesucristo -, revela con astucia, viveza e hipocresía, mucho de la psicología que caracteriza a aquel retablo adolescente. Llama la atención que Villamizar hace de los curas del poblado, en "esa región con fama de ateos y matacuras"; en este tema elude el clisé maniqueo y reviste a los párrocos de su condición humana, su miseria y su virtud, su mezquindad y a veces su grandeza; de modo original, con conocimiento del asunto, muestra los mecanismos económicos personales que se mueven, inevitablemente, tras los hábitos talares.
Villamizar, en las ultimas partes de su libro parece evolucionar vertiginosamente en su escritura; esta vez, en La voz del Contento, consigue una atmósfera difusa, irreal, para narrar una historia que de otro modo resultaría una anécdota banal, intrascendente. Son muchas, en fin, las posibilidades para señalar en este libro; quizá la mas notable sea su aporte al enriquecimiento de las letras regionales, y el haber conseguido que Chitagá, después de doscientos años, tenga en De viacrucis su novela; gracias a la voluntad de su escritura, su pueblo, sus gentes, han ingresado a la existencia que trasciende en la ficción. El lector de cualquier ámbito, aunque nunca halla caminado por aquellas calles empinadas, ni jamas haya penetrado en sus casas que a la distancia parecen abandonadas, herméticas, imposibles, puede decir ahora, después de leer el libro, que alguna vez estuvo allí, y lo conoce.
GUILLERMO MALDONADO PEREZ2
DE VIACRUCIS Y OTROS CUENTOS
I. LA AUDICION
Gildardo Builes, el cura paisa de Chitagá, pueblo Nortesantandereano enclavado en las estribaciones del páramo del Almorzadero, se encuentra ensimismado, tratando de resolver que personas deben encarnar las figuras bíblicas en la celebración de la próxima semana santa. Para él es muy importante que los dramatizados salgan muy bien, pues por primera vez utilizará la cámara filmadora de 16 milímetros adquirida en su ultimo viaje a Italia y aplicará los conocimientos recibidos sobre su manejo. En ello se juega parte del prestigio adquirido dentro de los clérigos de la arquidiócesis de la Nueva Pamplona, que han visto, como las innovaciones introducidas en la parroquia, llevan mas y mas creyentes a la iglesia en esa región con fama de ateos y matacuras.
Tiene ya una experiencia en eso de la celebrar en vivo la muerte de Jesucristo y sabe que en esta ocasión deberá hilar un poco mas delgado para que el acontecimiento sea un total éxito. Se sonríe de pensar en la cara que pondrán sus colegas cuando los invite a la premier y les exhiba la película, clara demostración de su dedicación y del proceso de concientización de los feligreses, que sin duda se materializará, en las multitudes que acompañarán una por una las procesiones en actitud de religioso recogimiento que la lente de la cámara registrará.
Ya decidió quienes deben encarnar a Jesucristo y a Judas Iscariote, pues tanto el Mono Camargo, como Nasario, se han ganado el derecho a hacerlo, en parte, por sus características físicas y porque son actores naturales. El primero encaja perfectamente dentro de la idea popularmente reconocida de Jesús: hombre blanco de ojos claros, nariz aguileña; el segundo pequeño, rechoncho, con las cicatrices que la sarna le ha dejado en la piel, mirada huidiza que genera desconfianza y además coincidente en eso de vender a sus benefactores, pues es vox populi que la fortuna de que dispone, la adquirió con la practica del cajoneo en los negocios de doña Felipa. La milicia romana y Poncio Pilatos, ya están asignados: el comandante en jefe se lo ha ganado Centurión, joven garboso y de porte militar, famoso en el lugar por sus lances musicales y su fortuna con las mujeres. A Pilatos lo representará el guardameta del equipo de fútbol, pues es el único que puede exhibir, una frondosa barba y una figura gruesa que le ha generado el apodo del "Gordo". El problema que tienen los dos actores, es su inclinación al aguardiente, que puede interrumpir las sesiones de ensayo, pero a la larga, con ellos no hay que ser muy exigentes, pues el libreto es definitivamente muy corto, Centurión solo debe hacer acto de presencia, participará solo con una frase que va a repetir en dos ocasiones: "ave Cesar" y con el futbolista el asunto es mas complicado, porque aparecerá en varias escenas y su libreto es mas largo, pero después de 3 años de repetirlo, imposible que no se lo sepa de memoria.
Lo trasnochan los otros personajes principales sobre los cuales poco ha podido avanzar. No ha encontrado un bello muchacho de modales suaves para entregarle el papel de San Juan, el apóstol preferido de Jesús. tampoco ha podido reemplazar la Magdalena, que en los últimos años ha sido todo un acontecimiento al ser interpretada por Rosalbina, mujer voluptuosa que enardece el espíritu con los movimientos de su cuerpo y cuyas características físicas despierta pasiones por doquier. Bueno, en este caso la solución esta, en enfocarla lo menos posible para que pase desapercibida. Pero, si le hubiera gustado ver los ojos morbosos de los colegas, recorriendo ese cuerpo torneado y verlos detenerse en la contemplación de sus exuberantes senos, para mamarles gallo por las manifestaciones de impudor y falta de santidad.
Pocos días antes de la celebración tomó la decisión. Citó todos los candidatos a la casa cural para hacer la ultima prueba, el casting diríamos ahora, les observó el desempeño, evaluó sus capacidades histriónicas, desecho a Heriberto por el empecinamiento del joven en aparecer vestido de charro mejicano y pronunciar sus parlamentos con entonación azteca, a Carecuca por su incapacidad memoristica pues después de 10 días no había logrado aprenderse un párrafo de cinco reglones y a Jesús Macabeo, porque no le perdonaba las embarradas cuando le dio la responsabilidad de representar a Cristo. Luego distribuyó los papeles, dejando expresamente para el final el encargo que tenia reservado para ella y dirigiéndose a Doña Isabel, quien lo miraba inquisidoramente, averiguando el porque de su presencia, le comunicó que seria la Verónica y que la requería por su experiencia comprobada en organización de obras dramáticas en los centros literarios, actos de examen final en la escuela de Tapurcua y por su gran creatividad, en la redacción de los parlamentos.
Terminando la reunión, fijó las horas de ensayo, recordándoles el cumplimiento estricto, la disciplina y puntualidad, les encargo la búsqueda de la utileria necesaria, la confección de los trajes y les prometio una fiesta de celebración si la semana santa se convertía en un éxito completo.
II. LAS CAIDAS DEL MONO CAMARGO
El Mono se siente tranquilo, considera que el personaje es de él. Bien duro le ha tocado trabajar para asegurarlo en esos dos años largos de permanente disimulo y de vida clandestina. Tiene la certeza que el cura no puede echar por la borda sus representaciones, cuando cargado con una verdadera y pesada cruz de madera de eucalipto al hombro, corona de tallos de mora silvestre con espinas incluidas en su frente, aterrizando en el pavimento cuando aparecían las estaciones, gotas de sangre en su frente, moretones en sus rodillas, dándole realismo a la actuación, para vender la idea de un hombre que sufre en pos de su salvación. No se los podían desconocer.
Todos sus actos del pasado han estado dirigidos a mostrar una careta de santidad. Administra óptimamente la fama que le han construido las beatas y personas del pueblo y para incrementarla, astutamente se ha rodeando de una aureola de pureza y dedicación al señor, por eso en aplicación de ese bien trazado plan, desaparece por periodos de tiempo prolongados de la vista de los habitantes del pueblo. Cuando parte, lo hace precisamente al termino de la reunión periódica de las Hijas de María y sabiendo que todas ellas se dirigen en grupo hacia la tienda de Alfonso Pedraza a consumir las delicias azucaradas que allí se ofrecen. El cargado de un costal, donde sobresale la imagen de María Magdalena y un lazo de fique delgado, lleno de nudos con residuos de sangre coagulada (obviamente con un propósito), descalzo, una mueca de humildad en su rostro, arrastrando cansinamente los pies, pasa frente a ellas y se despide con toda suerte de oraciones y amenes.
Toma el camino de la Amapola, en medio de los comentarios de la multitud, sobre el nuevo periodo de penitencia y flagelaciones para pedir perdón a Dios por todos los pecados de la humanidad, lentamente desfila por frente al colegio nacional, perdiéndose rumbo a los tanques del acueducto, por el camino serpenteante de Morro Negro.
Cuando esta totalmente seguro de que ninguna mirada lo sigue, descansa el costal en el piso, busca dentro de el los zapatos y los calza, transporta hacia una cueva, la enorme cruz de madera y el lazo ensangrentado, luego extrae una botella (que para los observadores era de agua bendita) y bebe de ella largos sorbos de aguardiente, esperando la llegada de su amante Graciela la beata mas joven de las hijas de María, con la cual comparte el licor y los corceles del sexo en crecimiento, cabalgando desenfrenadamente hasta el amanecer, cuando el concierto de gallos parloteando a todo pulmón, les anuncia la llegada de la luz matutina y el momento de la separación.
Con la salida del astro rey, listas ya sus pertenencias, continua su camino hacia la finca de sus padres, dispuesto a descansar de su ardua jornada, esperando recuperar las fuerzas perdidas en su encuentro amoroso.
El descanso lo fortifica, lo llena de ánimos y al amanecer del cuarto día, aun en plena oscuridad, cargando sobre sus hombros cuidadosamente las trampas, se adentra sigilosamente en la espesura del Monte del Gallo, donde las esparce por todos los rincones. Luego, se tiende sobre la mullida alfombra de musgo, enciende un cigarrillo, escancia un buen chorro de aguardiente en la totumita atada a su cuello herencia de las ultimas fiestas patronales de Cácota y pacientemente espera que vayan cayendo los copetones y lo sarnicalos.
Cuando calcula, a partir de la posición del sol, que son las ocho de la mañana, saca de la vieja mochila un pedazo de arepa de pelao y un trozo de carne oreada, mordiéndola nerviosamente acompañadola de largos sorbos de guarapo. Consumido el desayuno, se tiende nuevamente sobre el musgo esperando la llegada de la modorra producida por la sensación de llenura y por los efectos del alcohol penetrando en su corriente sanguínea. A ratos la somnolencia se ve alterada por el ruido de alas de un nuevo animalito en lucha por escapar de la trampa enmallada.
Cerca ya del mediodía, revisa las trampas, saca de ellas los copetones y sarnicalos, los mete en una bolsa, suelta el resto de especies que han caído y con ellos al hombro, desciende por los peñascos hacia el pequeño valle donde esta la casa.
Con cara de satisfacción, penetra en el patio, abre la boca del saco y suelta la bandada de pájaros aterrorizados, que en su atolondramiento chocan contra las paredes enmalladas una y otra vez, hasta que cansados se posan en las ramas de los duraznos llenos de frutas. Ese es el momento elegido, para sacar el alimento y los miles de insectos capturados que esparce por encima de su ruana, permaneciendo inmóvil, esperando que la tentación de la comida venza el miedo natural que le tienen los pájaros silvestres. Con el paso del tiempo su táctica se ve recompensada pues las avecillas temerosas se acercan y terminan por posarse en sus hombros consumiendo el banquete, sin importarles la presencia del humano.
Días después los animales no solo se acercan, sino que a su llegada, desatan una fiesta celebrando su presencia y semanas mas tarde no solo lo festejan sino que lo siguen, revoloteando a su alrededor, a la cocina, al ordeño de las vacas paridas, al cultivo de papa y en las noches no buscan las ramas de los arboles, sino que descansan en las repisas y la cama de su dormitorio.
Ha preparado su plan concienzudamente, no ha ahorrado ningún detalle, ya sabe que el momento para emprender la segunda fase de su estrategia, se ha cumplido y dando rienda suelta a su creatividad, se pone en la tarea de construir los muñecos de sombrero y ruana dotados de movimiento, instala los altavoces que le simularan el murmullo de una multitud, siempre con las aves revoloteando a su alrededor.
Todo a punto, enciende la pequeña planta eléctrica y conecta los mecanismos de los rústicos robots y altavoces. El horror que se desata entre las aves cuando el movimiento y los nuevos y extraños sonidos se esparcen por el lugar, es inimaginable. Espantadas, enloquecidas, surcan el aire en todas direcciones chocando entre si, algunas caen al piso y se revuelcan como estuvieran a punto de morir, las otras, tratan de buscar una salida que las libere de ese infierno.
El penetra en la inmensa jaula y se mantiene inmóvil, estático, en todo su centro y poco a poco la algarabía va disminuyendo, hasta que las aves empiezan a danzar nuevamente a su alrededor. Durante una semana les repite el proceso cada dos horas hasta que se acostumbran, ya les ha condicionado su instinto: ratos de silencio y maremagnun de hombres mecánicos y estridencia de gritos.
Solo altera su rutina cuando Graciela coloca el signo convenido, que indica que el esposo a partido hacia Cúcuta a negociar la cosecha de papa con alguno de los comerciantes del mercado de la sexta, entonces se baña, perfuma y sale a cumplir la cita de pasión.
Los días pasan y se acerca la semana santa y con ella la demostración. Siente que ha cumplido con parte importante de su cometido, tiene que incorporarse a la vida pueblerina y abandonar el retiro. Graciela ya le ha comentado, en el ultimo encuentro, la citación a los aspirantes para el fin de ese mes y se prepara para su reincorporación a la vida social.
Tiene un luenga barba con destellos cobrizos, pues no se afeita hace ya tres meses, su cabellera larga le cae sobre los hombros, aumentando el parecido con la imagen del Señor de los Caídos que reposa en el centro de la iglesia conocido en la provincia por milagroso, ha perfeccionado sus ademanes y al caminar da la impresión de que estuviera levitando.
El día señalado, a eso de las 9 de la mañana, emprende el descenso por el camino de herradura hacia el poblado. Empequeñeciendo los ojos trata de identificar los lugares y escasamente distingue la cancha de fútbol y el campanario de la iglesia. La hora de llegada, como todo en su vida reciente, esta calculada para producir el máximo impacto, debe coincidir con la salida de los estudiantes, de los miembros de la congregación de nazarenos e hijas de María a almorzar.
Al llegar a la cueva donde quedaron los elementos, se dedica durante un momento a acomodarlos en el costal de fique, luego se baña en el riachuelo de aguas cristalinas y frías, para aparecer con el aura resplandeciente, se maquilla rostro y cuerpo para que se noten los moretones y las gotas de sangre en su frente. Se coloca la camisa límpidamente blanca, dos tallas mas grande y con los flecos volando por encima del también blanco pantalón lleno de salpicaduras de barro en la parte baja, a pesar del verano calcinante que no cede.
Cuando suena la campana anunciándole a la muchachada la salida del colegio y atropelladamente, en tumulto, buscan la gigantesca puerta del garaje, ya llega a la esquina del centro educativo y se los encuentra de sopetón. La cabeza inclinada en signo de sumisión, los ojos perdidos en la distancia, el andar lento, demasiado lento y las palabras soltadas al aire, inconexas, sobre el sonido de trompetas, ángeles, hecatombes finales y el regreso resplandeciente del hijo del hombre, recitando los hechos de los apóstoles y produciendo sobrecogimiento en la masa que juguetonamente se encuentra.
La sola figura llama la atención de los adolescentes que rodean al inmutable personaje y lo van acompañando en su entrada triunfal. El se sonríe de las coincidencias de la vida, cuando le llega a su cerebro la idea del único detalle faltante: los ramos tendidos a sus pies en señal de tributo y que en la multitud este su propia Magdalena. En procesión se va acercando al parque, a cada paso que da, se le van agregando mas y mas imberbes, hasta que se convierte en una muchedumbre girando a su alrededor, luego salen las hijas de María y aparece su Graciela que al verlo en tal actitud, no puede contener la sonrisa que por el disimulo mas parece una mueca. Sin detenerse, de rodillas, sube los escalones que lo separan de la iglesia y penetra en ella, seguido por la multitud, llega hasta el altar mayor y ora inclinado, después se dirige hasta su casa y desaparece en el largo zaguán.
La noticia de su llegada es el acontecimiento mas importante de ese día, de boca en boca, prontamente llega a los oídos de Gildardo, quien se siente tranquilizado porque el principal actor se ha hecho presente, y, sin profundizar en los intríngulis del asunto, ve con buenos ojos las expectativas que se han propagado en los fieles, concluyendo que esa semana santa será un completo éxito.
El viernes de dolores se deja ver por entre los riscos de las lejanas montañas, con el astro rey saliendo tímidamente. Parece que en su ascenso, por el camino cuesta arriba desde Chucarima, hubiera agotado su resplandor y que al llegar a la cima, apareciendo por el Monte del Gallo, a eso de las nueve de la mañana, recobrara la respiración, lanzando con fuerza sus rayos, para golpear los blancos rostros de los hombres enruanados, que no encuentran otra forma de evadir el sofoco, sino colgándolas de los hombros.
Del barrio el Contento le llega el sonido del bocinazo del bus del loco Julio, anunciando la pronta partida para Cácota a las fiestas tradicionales de la Virgen de los Dolores, donde la gente campirana tendrá unas horas de solaz y diversión. Los observa por el resquicio de la ventana y se lamenta por no poder salir a abordar el vehículo con toda la patota y, como dándose contentillo, murmura que la hora de su desquite esta próxima. Tarde, cuando ya a las luces del día se las engulle la noche, nuevamente la estridente sirena del vehículo le anuncia el regreso.
El sábado, es día de preparativos para los actores de semana santa, cada uno busca y acomoda los ropajes e indumentaria, el Mono lava el burro blanco y lo llena de aromas, tijeras en mano se arregla la barba, saca del baúl de madera la túnica nívea y se tiende en el canapé de la sala a escuchar las canciones de José Alfredo Jiménez y Antonio Aguilar. Acompañado de una botella de aguardiente, departe con sus mas cercanos compinches hasta muy entrada la madrugada, no le preocupa el guayabo y tiene toda la razón. Ya ha cimentado su reputación.
Llega el domingo de ramos, día de debut, hora de definiciones y de resultados exitosos. Toma el ajado maletín de cuero en sus manos donde están sus vestiduras, mientras entrega a sus fieles compinches la inmensa bolsa de plástico, enumerándoles cada una de las instrucciones. llega a la casa cural, donde Gildardo los ha citado para las ultimas recomendaciones que va repitiendo una y otra vez, deteniéndose solo para colocar las gotas en su nariz, cuando la congestionate sinusitis que lo aqueja, no lo deja pronunciar palabra.
El, con un guayabo en pleno furor, trata de concentrarse en las recomendaciones del cura pero no lo logra, al fin y al cabo, conoce de memoria su papel y las palabras de ultima hora no tiene ninguna importancia, su plan maduro esta próximo a concretarse.
Son las nueve de la mañana, la gente se agolpa en las calles por donde pasará la procesión. Han llegado de todos los rincones del Municipio, enruanados y con los ramos de palma fuertemente sostenidos. Optan en su distribución, de acuerdo a sus preferencias; frente a la casa de Olegario están los de la Copa, mas allá, donde Martina los del Roble, en el Contento los de Presidente, Piedras y Samaria y en el parque los de la Honda, Chucarima y Tapurcua. Sumados son unos tres mil, todos unidos por el fervor religioso y la novedad de la semana actuada, cuya fama ya traspaso las fronteras, esperan impacientes su inicio.
El rumor rápidamente se desperdiga en la multitud: ya se dio la seña para el comienzo de la semana y el desfile empieza por la entrada de Pantanitos con la algarabía de las señoras de multicolores túnicas y mas atrás el Mono ataviado a la usanza judía de la época, montado sobre el burro blanco, acompañado de los apóstoles, avanza lentamente hacia el parque en medio de las aclamaciones de la multitud, el gesto de su cara es extraño como si un acontecimiento inesperado pudiera ocurrir, sus ojos no están entrecerrados y su cabeza se mantiene recta, en actitud retadora.
Algunos se empiezan a preocuparse por el abrupto cambio producido en él, pero los sucesos vertiginosos no les da tiempo para interiorizarlos, súbitamente resuenan las exclamaciones de admiración en el gentío y se dejan escuchar sonoramente los gritos de milagro, milagro, que recorre las calles del pueblo y que generan una desbandada para observar tan extraordinario acontecimiento.
Impávido, calculadamente escogido el instante preciso para el acto cumbre de su personaje, cuando la concentración de personas era la mas grande posible, dio la señal a sus compinches para que abrieran la bolsa blanca y de ella, como de un avispero golpeado con una rama, salieron las aves desordenadamente se desperdigaron por el aire, para luego dirigirse a su objetivo.
Se ve rodeado de una nube de copetones y sarnicalos que revolotean a su alrededor y que lo acompañan por doquier, en todas las apariciones, hasta su muerte ese trágico viernes santo, cuando sin consultarle al cura, cargado con la cruz de eucalipto, ascendió hasta la loma de la cruz, para crucificarse, precisamente a las tres y treinta de la tarde, cuando sonaban las descargas de pólvora preparadas por el herrero Pedraza y temblaban los velos que ocultaban la trastienda del altar mayor.
EPILOGO
Muchos años después lo volví a ver en Cúcuta atendiendo una bomba de gasolina, lo invite a departir y con el pasar de las cervezas, sus carcajadas resonaron al recordar los acontecimientos: Aunque Gildardo nunca le perdonó lo de la crucifixión en la Loma de la Cruz, el Mono fue santificado por el populacho que solamente se podía explicar lo de los pájaros, como una señal divina. Durante mucho tiempo recibió de los campesinos tributos y con ellos la solicitud de favores, que por efecto de la fe, terminaron produciendo "sanaciones" extraordinarias, la fama de hacedor de milagros disparó su popularidad hasta los confines de Venezuela de donde llegaban romerías completas, unos a donde él, otros a donde Nato el echador de rezos contra toda enfermedad. El dinero llegó como ríos y la cuenta corriente en la Caja Agraria, creció como nunca jamas lo hubiera imaginado. Pero, lo bueno dura muy poco, y, los tiempos de las vacas gordas terminaron, cuando se descubrió la relación furtiva sostenida con Graciela.
Aquel día se le apareció con un mundo conspirando en contra suya. Los hechos y signos no eran por cierto los mas halagüeños y unos tras otros se fueron sucediendo. Aun en el lecho y cuando apenas abría los ojos, un malestar profundo lo recibió, con los hilillos de luz que se filtraban por las rendijas de la ventana, a él, que los guayabos lo dejaban intacto, la resaca de muy madre y señor mío le sacudió todo su cuerpo, se levanto moviéndose torpemente, bajó de la cama sin la rutina precavida de poner primero el pie derecho en el suelo, al hacerlo sintió que algo le rozaba levemente la nuca, pero el dolor de cabeza que le trasformaba el cerebro en una caja de herramientas en desorden, no lo dejo prestar atención. Siguió con destino al baño y casi se desploma cuando un gato negro, pasó despavorido por entre sus piernas, renació el leve roce en su nuca. Abrió la llave del agua caliente y un chorro gélido lo empapo por completo hasta el punto de infarto. No encontró la crema dental, el jabón, ni el papel higiénico y por tercera vez la sensación que lo venia persiguiendo se hizo presente. Se miró al espejo y vio la grieta que lo atravesaba de lado a lado, como una premonición.
Vestido, hurgó entre los bolsillos de su saco, tratando de encontrar en ese laberinto, las llaves de la casa, y, al sacarlas, descubrió la desaparición de la patica de conejo, su amuleto contra todas las desgracias. Eran muchos los signos desfavorables que habían aparecido, unos tras otros, muchas las complicaciones, no era normal lo que le estaba ocurriendo y con clarividencia total intuyó el negro porvenir que como una nube de mosquitos lo acompañaría en ese día.
Salió demacrado de su casa y cuando apenas asomaba a la esquina del parque, un pequeño mensajero deposito en su mano un trozo de papel. Precavido, miro para todas las direcciones, cerciorándose que nadie estuviera cerca. Lo desplegó frente a sus ojos y descubrió la letra ordenada y simétrica de Graciela. En ella, fuera de los reglamentarios juramentos de amor eterno, le decía que la hora esperada había llegado, pues Ernesto su marido había partido hacia Cúcuta a adelantar unos negocios. Para sus adentros pensó: no todo esta tan mal, definitivamente me ha cambiado la suerte y se preparo para la noche de pasión. Por la tarde se dio una vuelta por la feria, aceptó algunas invitaciones y finalmente, en el momento de mayor confluencia de publico entró a la iglesia para, desarrollando las artes del fingimiento, caer en estasis ante la presencia de la virgen del Carmen.
Tensionado por el esfuerzo, saludo a las hijas de María, intercambio unas breves palabras con el seminarista llegado de Pamplona y se perdió en la oscuridad de la noche, sigilosamente, hacia la casa de su amante Graciela. Salto la tapia y por entre los arboles de durazno llegó finalmente a los brazos amorosos que lo recibieron con pasión.
Los años de relación no habían logrado enfriar las apetencias y Graciela lo esperaba con una ropa interior diminuta de color rojo intenso, los amantes retozaron durante varias hora, combinado el sexo, el alcohol y la música de Diomedes Díaz. Confiados, no lograron distinguir el sonido de la puerta que se abrió, ni los pasos por el extenso corredor, solo lo descubrieron, cuando el rostro de Ernesto les desgajo una mirada primero de asombro y luego de profunda rabia.
Lo que siguió fue de película, solo la velocidad y destreza adquirida en sus viajes al Monte del Gallo, salvaron al Mono del cornudo marido, que cuchillo en mano lo persiguió inmisericordemente por la casa y luego cuando el ofensor logró ganar la calle, lo siguió implacable hasta que la policía logró detenerlo. El Mono pulverizando marcas, en plena carrera y totalmente desnudo, atravesó el parque, se monto en la tarima donde una orquesta de Bucaramanga hacia las delicias de miles de personas que danzaban a su ritmo, en plenas fiestas de agosto y luego se perdió en la oscuridad de la noche. Algunas personas el día siguiente narraban que a la hora precisa de la escapada, un aleteo se sintió estremecedor y el cántico de las aves se dejo escuchar por breves momentos.
III. NASARIO Y SUS TREINTA MONEDAS
Ya, el cura Builes cuando montó el proyecto de la semana santa en vivo, automáticamente sabia, que Judas Iscariote lo tenia que representar Nasario. La figura del hombrecillo de cuerpo pequeño, rechoncho y mirada huidiza, era la reencarnación de la traición y con solo mirarlo producía la sensación de estar tocando la piel de un reptil. No existía ningún otro tan similar, a la figura despreciable del vendedor de Cristo.
Para convencerlo hizo acopio de todas sus argucias, pues ni siquiera Nasario, quien interiormente tenia gran admiración por Iscariote, se aventuraba a tal escarnio. Una a una, de la manga de su sotana, fue sacando las cartas marcadas que le asegurarían ganar esa partida. Lo fue llevando por el camino del perdón de dios para todos los pecadores, argumentó de la fortuna de Iscariote al ser uno de los apóstoles, y demostró como Pedro a pesar de la traición, de la negación, llegó a ser el príncipe de la iglesia. Le enrrostró la historia de la Magdalena que había pasado la vida transitando por bares y antros de perdición, ejerciendo la profesión mas vieja del mundo y había recibido con creces el perdón. Divagó sobre la persecución de los emperadores romanos, el incendio de Roma y los fieros leones. Le contó la historia del hereje Lutero y hasta le mencionó el origen del Opus Dei. Recordó la predica del Obispo Builes en la época de la violencia del 48 y como los conservadores habían empezado por cuotas, a ganarse la entrada al reino de los cielos. Le hablo de lo divino y lo humano, del infierno y el limbo, de Nerón y Atila, lo paso por la muralla China y los jardines colgantes de Babilonia, hasta que recibió la señal de aceptación de Nasario.
Esa noche, mientras daba vueltas en la cama tratando de conciliar el sueño, sintiendo el frío penetrante que se colaba por entre las rendijas del techo, Nasario caviló sobre su conversación con el sacerdote y fueron apareciendo las coincidencias de su vida con la de Iscariote, sonriente, entendió el porque de su empatía. Los dos habían vagado por las calles pidiendo limosna con raídos vestidos llenos de remiendos de variados colores, los dos portaron olores de largos meses sin acudir al baño espantando hasta las moscas. Eran incomprendidos por la sociedad que se empeñaba en considerar anormal la inclinación a hacer el mal, los llamaban envidiosos porque solo se preocupaban por sus propios asuntos y, cuando sus semejantes triunfaban, de una vez argumentaban miles de peros, en fin, coincidían en remar contra de la furia de la corriente.
Durante horas se soslasó en los miles de detalles de aquella reunión, hasta que el sueño lo sorprendió ya de madrugada, y, el inconsciente lo llevó al rato a escuchar una música extraña, desconocida, con un titulo de algo así como Juanito Alimaña, luego fue engullido por un remolino de estrellas fulgurantes, jardines majestuosos e inmensos tesoros de piedras preciosas, que lo encarnó en Iscariote.
Salió de la bruma caminando por Palestina, entre estiércol de cabra y los pedruscos del desierto. Observó su haraposa vestimenta y el turbante que lo protegía de la arremetida de la arena; tenia cinco años y ya empezaba a ser un perseguido sin razón. Se sintió sorprendido socorriendo un corderillo, que por costumbre quería seguir a su madre, él, con la intención de compartir su experiencia de vagamundo, se tomó el trabajo de abrirle los ojos para facilitarle su vida futura, le murmuró al oído las reglas de la independencia: tomar sus propias decisiones y emprender su camino, pero... el terco animal no le hizo caso y persistiendo en su ayuda, le atravesó su cuerpo, le torció una pierna, lo apedreó, se interpuso entre el y la madre, utilizó todas las tretas conocidas. Pero, la estrella que desde nacido lo perseguía, brotó en la figura de su padre quien garrote en mano, le acomodó una de las primeras zurras. Vaya suerte, se dijo, y repitió: eso me pasa por ser calabaza.
Otro día, sin quererlo, escuchó la encomienda que le hacían a Juan el Bautista, muchacho mayor que él, de llevarle la comida a quienes cuidaban el rebaño de ovejas y cabras en el lejano monte, en su mente pura, surgió un plan para evitar el abuso que con el infante estaban cometiendo, corriendo, se le acerco metiéndole una zancadilla, para detenerlo y convencerlo, con tan mala fortuna que las ollas de barro terminaron esparcidas en pedazos por el pedregal, y claro, igual que siempre, termino golpeado y convertido en el malo del paseo.
No podía explicarse el desprecio que sentían por él, el porque todos le sacaban el cuerpo, lo eludían, si siempre estaba buscando ayudar a sus congéneres para que no se aprovecharan de ellos. Lo que para la humanidad era malo, para él era bueno, siempre en reversa y siempre salía lacrado. Por eso decidió que lo imperativo era su propio bienestar y enfiló todas las acciones para su propio beneficio, se volvió un tramposo, pedigüeño, tracalero, cochino, desfachatado, un coño de madre.
Adquirió fama en galilea como el viviente mas perverso de la comarca y cuando llegaba a cualquier aldea, desaparecían como por encanto, humanos, fieras salvajes, animales domésticos, las plantas adormecían sus hojas, los pájaros dejaban de trinar y el sol ordenaba a las nubes cubrirlo para que su luz radiante se convirtiera en penumbra, los ríos y quebradas dejaban de entonar sus sonidos y hasta los mas pérfidos maleantes corrían despavoridos.
En una de sus muchas caminatas, se acercó al lago Tiberiades con el propósito de bañarse y refrescar su garganta con algunos sorbos del cristalino liquido. Pero una serie de sucesos extraordinarios se presentaron, trastornando su rutinaria vida. Estaba acostumbrado a caminar en la sempiterna penumbra, por todos los lugares y, ahora, ese hecho se interrumpía bruscamente.
Sus ojos recibieron el impacto de los rayos del sol, golpeándolos implacable; el silencio quedó hecho añicos, pues resonaba como un cañón, el trinar de las aves, el mugidos del ganado y el balar de las ovejas ensordeciendo sus oídos.
Extrañamente, la multitud de personas que se agolpaban alrededor de ese flaco y desgarbado personaje, hipnotizadas, pendientes de sus mas leves movimientos, ni siquiera lo voltearon a mirar, no huyeron al sentirlo y el rítmico golpear de las rizadas olas contra el borde, lo acompaño en el descenso por el pequeño camino que conducía desde lo alto de la loma hasta el lago.
Dubitativo, sin saber que hacer frente a las cosas raras que ocurrían; se dedico a contemplar el rostro del predicador y esa fue su perdición, porque cuanto mas lo contemplaba, mas lo atraía la fuerza que irradiaban de sus palabras. No entendía en absoluto la argumentación, su cerebro solo se había acostumbrado a divagar entre una o dos ideas y las construcciones metafísica lo embotaban, le hacían retumbar las neuronas, lo alelaban y aprisionaban, pero no podía desprenderse de ese laso invisible. La magia del predicador había producido su efecto y a partir del momento fue convirtiéndose en el mas radical seguidor, en el perro fiel y abnegado, casi en el confidente mas cercano.
Nasa en diminutivo, despertó con un enredijo en su cabeza, la combinación de personajes en su interior, sus múltiples conflictos y contradicciones, tratando cada uno de dominar al otro y de imponer sus condiciones, le fueron dando el aspecto de un iluminado. Siempre lucia febril e inquieto, con sus correcorres permanentes: de la esquina a la panadería de doña Felipa, al Puerto frente a la puerta de la casa de Pacho cuba, de allí, hasta donde el tuerto Genaro, haciendo una estación donde José mosco, luego en pleno trote, a la Tenería donde los Amados y vuelta al centro del parque.
Tal actitud origino el comentario de Alfonso Pedraza, hombre que se preciaba de conocer a los hombres, que Nasa era un maníaco depresivo, posiblemente onanista y lo mas seguro boyerista, mejor dicho aseguró, tiene síntomas de locura. El dictamen al pasar de boca en boca, desató una ola de desconfianza hasta el punto que las madres asustaban a los hijos inquietos, con la amenaza de entregárselos a Nasa.
Nasario permanecía horas enteras en plena contemplación, traslucido, con aspecto de alienígena, su piel transparente, brillando y produciendo destellos que se disparaban en el aire; y, cuando la picazón en la piel lo obligaba a rascarse, las costras danzaban en su viaje hacia el piso, como un caleidoscopio.
Siguiendo el dictamen de Pedraza, otros mas, elucubraron sobre otras disimiles teorías y al final, en consenso, el diagnostico fue unánime: es un caso perdido. Algún recién llegado se aventuró a decir, que el culpable era Baldomero, que a él le constaba como lo había iniciado en los ritos de la magia blanca, otros, mas radicales, que en los de la magia negra.
Por esos días, como enviado por Dios, llegó un predicador que recorría el mundo descalzo, vestido con costales, en permanente penitencia, anunciando el fin del planeta, era la oportunidad que estaban esperando y en concilio decidieron hacerle la recomendación para que tuviera en cuenta a Nasario en sus oraciones y sirviera de emisario frente al altísimo.
Las nuevas situaciones le transformaron el destino, paso de ser discriminado a ser sujeto de lastima, ahora, las almas caritativas lo alimentaban, lo vestían, le recetaban pomadas y aguas de yerbas, pagaban las consulta del medico que de ocasión, había aterrizado por equivocación en el pueblo, un viernes en la noche.
De emisario del diablo lo encarnaron en el buen ladrón perdonado en la cruz, en la figura del arrepentimiento, y, dejaron de tomarlo por loco; su aspecto lo convirtió en un candidato a la santidad y, llovieron las ayudas. Al poco tiempo lucia sano, bien vestido, prospero. Consiguió trabajo en la panadería de doña Felipa, transportando las petacas repletas de pan de agua y mojicones y sin haber superado el periodo de prueba, recibió la confianza al convertirse en el vendedor estrella de la casa principal.
Con el paso del tiempo no la podía ocultar la abundancia, disponía en sus bolsillos de fajos de billetes. Fácilmente prestaba a interés del 5, sumas importantes de dinero; no hacia mandados y se molestaba cuando alguna persona le insinuaba tal actividad. Perdió las costras de la sarna pero no las cicatrices y se vistió de paño como las personas mas encumbradas del poblado. Decidió que no podía depender exclusivamente de su salario y de los intereses del dinero y entró al mercado de los juegos de azar. Tramitó los permisos en la alcaldía y apareció un domingo con su juego de cacha3, que instaló frente al monumento del Libertador en el parque principal.
Una de las cosas que hace a una persona importante en cualquier sociedad, es la riqueza y Nasario ya se podía dar el lujo de que lo reconocieran por lo holgado de su vida, por eso a nadie le extrañó que con la expansión de los negocios de su protectora fuera ascendido a administrador de la primera sucursal, con personal de vendedores a cargo.
Mientras el progreso económico se hacia evidente, en su interior se desencadenaba una lucha a muerte entre la formación recibida, los agradecimientos por los muchos favores y la personalidad del Iscariote traidor. Era una batalla de la cual se conocía perfectamente el final, pues los rasgos se hicieron evidentes. Nasa se dio a la tarea de golpear los perros con una vara de cañaguate, que le encargo a Pedro Ratón, personaje famoso por los múltiples trabajos; su lado oscuro se estremecía, cuando las monedas tintineaban en la gaveta y la tentación le hacia brillar los ojos, lo inquietaba. Solo pasaba el desespero, cuando un buen porcentaje quedaba depositado en su bolsillo.
Con el paso de los días el hurto de monedas dio paso al de billetes de banco, sin saberlo, se convirtió en un experto para falsear la contabilidad del negocio cuando tenia que rendir cuentas, incluso, se podía recibir de contador público juramentado por la practica de la doble contabilidad.
El pan de cada día eran los argumentos de nuevas inversiones que significaban erogaciones mayores de dinero, las perdidas por daño de los productos llenaron los informes, los hurtos de los perros que penetraban el establecimiento, las deudas de personas inexistentes, en fin, toda una colección de triquiñuelas.
Mes tras mes, incrementaba el dinero que subrepticiamente sacaba del negocio, la sucursal se fue desvaneciendo, los escaparates vacíos, pero los pedidos de panes y colaciones en vez de disminuir aumentaban, mientras que un nuevo argumento se fue abriendo paso: los clientes empezaron a desaparecer.
La noticia de estas irregularidades le llegó por fin a oídos de la dueña del negocio, cuando se preparaba a celebrar la fiesta de la Virgen del Perpetuo Socorro, pero poca atención le presto. Primero estaba el asunto de la salvación de su alma y de cumplirle los compromisos a Gildardo, luego los problemas terrenales. Así que la noticia solo saco de sus labios alguno pequeños comentarios, sobre las habladurías y la envidia que carcome a la gente, y, nada mas, pues su atención, se centró en la necesidad de contratar la Banda de Chinácota, conseguir las flores para el altar, la pólvora para la alborada y los miles de detalles, que harían de esa fiesta la mas recordada de todas y que la acercaría unos peldaños mas a la gloria del señor.
Todas la circunstancias eran benéficas para Nasa. La suerte, esquiva en casi toda su vida lo acompañaba, el dinero fluía del supermercado a sus bolsillo y lucia un recién comprado vestido de paño de color negro y una corbata azul, una talla mas grande, pues le descolgaban mangas y hombreras por encima de sus manos y brazos. Las personas lo saludaban en la calle diciéndole don Nasa y averiguándole por sus familiares, incluso algunos se acercaban a solicitarle consejos financieros y él, haciendo el favor, se detenía dedicándoles algunos minutos, mostrando la mejor manera de aumentar sus ingresos. Solo le faltaban dos detalles para su realización total: una tienda propia y una mujer que lo acompañara.
Pasadas las fiestas de agosto, decidió que ya era hora de la completa independencia, ya no soportaba la creciente vigilancia que los hijos de su benefactora ejercían sobre la sucursal que administraba; y de otra parte, ya se le estaban agotando todas las tretas y artimañas para justificar las perdidas.
Los días anteriores había tenido que acudir al baúl de la improvisación, para salir airoso frente a la persecución de los familiares y de los empleados adictos a ellos, incluso se jugo la ultima carta, pagándoles algunas monedas a los pilluelos del poblado, para que llevarán sus perros a comer las sobras del pan que había venido acumulando juiciosamente desde hacia meses, pues conocía que doña Felipa, harta ya de tantos comentarios, se disponía a hacerle una visita de auditoria.
Cuando ella llego, encontró una avalancha de perros que furiosamente se disputaban el gran banquete y solo quedaban algunas sobras y a Nasa furioso atacando la jauría con la vara de cañaguate, repartiendo leño a diestra y siniestra logrando que los canes se dispersaran en todas las direcciones y vociferando contra los empleados por ese descuido imperdonable, los amenaza con descontarle de los sueldos, el valor de todo el pan perdido a lo largo del ultimo mes.
Al notar que la patrona lo estaba viendo, arrecio sus ataque, se desplazó de derecha a izquierda, vara en mano, increpándolos y haciéndolos responsables por todas las perdidas y para terminar su pantomima, como si la viera en ese momento, termino su representación con la renuncia irrevocable frente a la dueña, porque él no podía responder por la pereza y la falta de compromiso de los demás. La confusión en la escena fue total, los empleados se defendían y lo acusaban de robo, el les devolvía las acusaciones, hasta llegaron a encararlo pero la mirada severa de la matrona los dejo inmóviles. Todo pasó y al final después de valorar inventarios y deudas cerraron el negocio por perdida total.
Feliz y radiante, Nasa salió ileso del impase. Ahora a dedicar el tiempo para actividades mas rentables. Era dueño de un nada despreciable capital y su proyecto se materializó muy pronto, cuando instaló la tienda de sus sueños.
El local escogido, estaba situado en plena calle real, en una casa de pisos, signo de prosperidad de los propietarios, una familia conservadora, que contaba entre sus haberes con el único cura nacido en el poblado. La casa deshabitada después de la muerte del jefe de familia, tenia todas las condiciones que posibilitaban su prosperidad: un amplio local otrora almacén de paños, escaparate de madera hasta el techo, vitrinas a lo ancho, dos puertas de ingreso y amplia zona para los compradores.
Nasa que tenia ya elaborada la estrategia, la arrendó y pronto vio el sueño convertido en realidad. Adquirió en Pamplona, de contado, amplio surtido de licores, galletería y demás elementos novedosos, fiel a su sentido de la gratitud y con ella a flor de piel, había decidido montarle competencia a su benefactora, surtió el pan y las colaciones desde Pamplona, para no verse en la obligación de explicar el origen de su dinero.
La novedad impactó el mercado y una buena cantidad de clientes se acercaron para adquirir los bienes que se exhibían en la estantería y en los mostradores. Vinos de todas las clases, champañas, brandy, aguardiente, ron, cerveza, gaseosas Hipinto y cola la Favorita, kumis y masato. Por el lado de las colaciones pandeyucas, almojabanas, pasteles de gloria, mantecada y toda suerte de panecillos (cemas, mojicones, pandeagua, pan tostado).
Don Nasa, así le decían ahora, completó su negocio, colocando en una esquina de la tienda la cacha y unas cuantas mesas, donde los compradores podían degustar el surtido. Para que hablar, el hombrecillo se la jugaba toda en la ardua competencia.
Todo caminaba sobre ruedas, las ganancias aumentaban y la clientela también, engordó unos cuantos kilos y se compro un inmenso anillo de oro que lucia sobre su mano derecha. Se mando enchapar unos cuantos dientes en oro y solicitó el ingreso a la congregación de los nazarenos, quienes lo recibieron gustosos. Pero aun no se materializaba su segundo deseo, todavía tenían que pasar muchos días hasta que el destino esquivo le diera esa oportunidad y escogiera el momento preciso para cumplirlo.
Corría el mes de junio y como siempre una llovizna pertinaz mojaba inclemente las calles empedradas y los andenes construidos en ladrillos de barro cocido se cubrían con una lama verde oscura. Era un domingo gris y frío, la cortinilla de agua que completaba cinco días seguidos, espantaba hasta los mozuelos juguetones de las calle y el local rebosaba de campesinos enruanados que solicitaban mas y mas cerveza, entre la algarabía y los juepuercas. Nasario no daba abasto para atender la concurrencia, hacer las cuentas y afinar el ojo por si acaso algún cliente atrevido se pensaba escapar. Sus escasos metro y medio y su redondo cuerpo apenas se notaban en medio de la multitud que, con el licor empezaba a envalentonarse. Los gritos y alegatos iban subiendo de tono y ya algunos atrevidos, empezaban a lanzar injurias, haciendo amagues de sacar los filosos cuchillos que tenían en sus pretinas, con el licor corriendo por sus venas la tendencia violenta se volvió incontenible y la gresca no dio espera. Las botellas lanzadas giraban en el aire y el brillo de las hojas metálicas buscaban atravesaban la carne, las imprecaciones completaban la sinfonía desenfrenada y Nasario no podía hacer nada, nadie le prestaba atención y optó por colocarse en lo mas alto de la estantería, para escapar de la furia de quienes se enfrentaban en batalla campal.
De pronto, una mujer alta, acuerpada, vestida de negro, a quien algunos llamaban María, ingresó al local y sin mediar palabra, de unos cuantos empellones, saco parte de los conflictivos parroquianos, increpando a los demás quienes agacharon la cabeza y aceptaron los dictados de ella, el zafarrancho había terminado, pero en el corazón de Nasa la huella imborrable de aquella figura había sido tallada con estiletes. Desde ese instante solo vivió para perseguir su recuerdo.
Le cambio nuevamente la vida y en las mañanas se lo veía penetrar en la iglesia, con destino al nicho donde estaba la virgen de las Parritas. Arrodillado, permanecía largas horas contemplando el retablo y murmurando en voz queda la repetida petición y las promesas que pagaría si le concedían el deseo. Virgen, vos que escogiste la morada de esa familia de solteronas para quedarte en ella, vos que cual flor en crecimiento, fuiste apareciendo lentamente en el lienzo, te ruego postrado que me des la gloria de conocer a María, la fortachona María, que se metió en mi corazón e hizo su nido en el. Si tengo la fortuna de ser merecedor de tus bendiciones, me volveré honrado, jamas estafare a la gente, nunca perseguiré los perros ni los golpeare con la vara de cañaguate, es mas, la echare a la lumbre del fogón para que se convierta en cenizas. Hazlo por tu hijo unigénito, dame la oportunidad de verla nuevamente, de conocer de donde es, de acercarme, de hablarle, así y solo así, podré descansar de esta desazón que me persigue y que me espanta el sueño.
Fueron muchos meses de ruegos y oraciones, mucho el cambio que se produjo en Nasario, muchas las veces donde en su interior se libró la batalla entre devolver o no las vueltas a los mozalbetes que tenían por misión comprar el pan del desayuno, llegó hasta el extremo de prometer devolver los dineros robados a doña Felipa y por fin fueron oídos sus ruegos.
Ella apareció vestida nuevamente de negro en la celebración del aguinaldo del Contento, la divisó bajándose del bus del chueco Isidro, que hacia la línea con Bucaramanga. Venia acompañada de los conflictivos enruanados con los que charlaba animadamente y a los que de vez en vez les propinaba algunos empujones. Al pasar por la tienda, alcanzó a escuchar un retazo de la conversación, se referían a la fama que ese aguinaldo había adquirido en Babega y con un esfuerzo sobrehumano concluyo que su amada era de esa población. Como el grupo paso sin detenerse, Nasario decidió que en aquel momento lo principal era poder acercarse a María y entablar conversación, así que resuelto cerró por primera vez su negocio y les siguió los pasos, con el trotecito corto que lo caracterizaba. Que iban de jolgorio, se les notaba a la legua; bien pronto lo comprobó al verlos desaparecer por la puerta de la cantina de los "papapicha", él los imitó y como quien no quiere la cosa, fingió fisgonear los preparativos que en el camión de Julio Vicente adelantaban los vecinos al mando del popular Campanilla, líder del barrio, tratando de armar una carroza, mientras de reojo se regodeaba observando la mujer de sus sueños. En mas de una ocasión intentó acercarse pero en igual cantidad de ocasiones se arrepintió, sabia que no podía dejar pasar esa oportunidad, pero igual, la timidez y el miedo lo tenían como si estuviera jugando a los aguinaldos en la modalidad de estatua. Tal vez lo mejor sería ayudar la voluntad con unos cuantos tragos, pero tenia claro que debía impresionar, pues el refrán popular le señalaba el camino "el que pega primero pega dos veces", así que levantando la voz solicitó: media de brandy, pero no del veneco sino del francés.
Por primera vez, notó el interés que despertaba en la mujerona y ese detalle lo reafirmó en su propósito. Empacó uno tras otro los tragos de licor y por sus venas y arterias, como una autopista, fluyo una sensación de bienestar y de seguridad que nuca había tenido, por eso, en el máximo del atrevimiento, pidió una ronda para los forasteros y otras mas, sin detenerse a pensar en el crecimiento de la cuenta, definitivamente era otra persona.
A pesar de su tendencia a ser malo, jamas se había distinguido por el consumo de alcohol, por el contrario, en esa materia era un puritano, tal vez porque Iscariote le había cogido fobia al viejo Noé, por eso de estar haciéndose el santurrón, cuando en realidad era un borracho empedernido, al cual hasta sus propios hijos le mamaban gallo. Pero ese día, bendecia a Bacus y a Noé, por la sustancia descubierta, que le permitía acercarse a la María de su corazón.
Como intuyendo su futuro, María miraba continuamente al pequeño hombrecillo. Al principio con un dejo de compasión, mas luego, con cierto aprecio y finalmente con mucho detenimiento, descubriendo las "cualidades" que lo adornaban, lo buen mozo que era, las pequeñas arrugas que le cubrían el rostro y los brazos descubiertos, los ojos de lechón en trance que a ella le parecían mas brillantes que toda una constelación, el fajo de billetes que de rato en rato Nasario mostraba y los comentarios que otros borrachines hacían sobre su situación económica holgada. En el cerebro de la mujer se entrelazaron dos aspectos: el efecto embellecedor con que el licor cubría los ojos y el interés malsano de asegurarse un futuro lleno de abundancia.
Sin vacilar dio el paso decisivo y abordo al hombrecillo. Lo saludó, le agradeció las invitaciones, le dejo ver sus enormes senos con un movimiento rápido de su ruana agachando su cuerpo, le rozo la cara con el pezón derecho y distraídamente simulando un paso en falso, le tomo la entrepierna y subió su mano hasta tocar insinuante las partes, que la falsa moral, denomina nobles.
Nasa, a pesar de los tragos no fue capas de dar el siguiente paso frente a tamaña insinuación, solo alcanzo a balbucear algunas palabras de las que solo se entendió, al cabo de dos horas y en una beodez total, la hora y sitio de la cita.
El noviazgo fue breve, en muy pocos días tenían planeada la fecha del matrimonio, que se convirtió en el acontecimiento del año. Nasario logró que le prestaran la casa de don Crisanto para celebrar el acontecimiento, contrató la elaboración de la comida, donde el plato fuerte debía ser la gallina criolla. Para amenizar la fiesta, un conjunto vallenato de Pamplona y elaboró la lista de invitados encabezados por el cura, el alcalde y los principales del poblado.
Para el acontecimiento adquirió un flux negro con chaleco, adornó su solapa con un ramito de siemprevivas y a María, como obsequio de bodas la vistió con un traje de novia blanco, que adquirió en una tienda de segundas en el mercado de la Sexta en la capital del Departamento.
La entrada del sitio de reunión estaba precedida por un recepcionista que exigía la tarjeta de invitación y muy pronto la mesa dispuesta, se fue llenando de regalos. El conjunto a la moda con los acordes de los sabanales de Calixto Ochoa hizo las delicias de los asistentes que bailaron hasta las cinco de la mañana.
Ahora Nasario esta de pie en el patio de la casa cural, esperando que Isabel lo maquille, se siente inquieto por el turbante que le han construido en su cabeza y por el gigante arete dorado que pende de su oreja derecha. Tiene en su mano izquierda la bolsa de cuero que fabrico con gran empeño donde tintinean las 30 monedas que le han suministrado con la inscripción de un nombre desconocido y una inmensa mano que soporta el mundo y las cuales constato una por una. Sospecha del resto de los actores y los mide con el mismo rasero, no son mas que una manada de aprovechados que a hurtadillas se consumen el vino de consagrar o que llevan en los odres no el agua cristalina, sino licor. Esta seguro de su papel, pues ensayó con el posta de su casa el beso que tiene que darle a Jesús, la carrera para esconderse de los soldados romanos y el como colgarse en la palmera del parque, cuando así se lo indiquen.
Sospecha del Mono, pues entre malandrines se conocen sus gustos, sus tretas, por eso, dedico días y noches en su seguimiento, hasta que lo pescó dando un paso en falso. Ahora tenía claro parte del juego y lo conservó como un as que sacaría en el momento preciso. Nadie mas en el pueblo sabia de los amores clandestinos que sostenía con la joven integrante de las hijas de María.
Pero, cuando en la procesión se produjo el acontecimiento de los pájaros, empezó en secreto a rezarle al Mono Camargo para que acrecentara su fortuna, le diera suerte con las mujeres y le permitiera jugar con ventaja en todas las contiendas.
EPILOGO
La profunda fe depositada en los milagros que producía el Mono, lo llevaron a incursionar en nuevas actividades financiera; se dedicó a prestar plata a intereses exorbitantes y a incrementar los precios de los productos de panadería, aprovechando que la competencia había quebrado. Pero su santo no le concedió los beneficios y el negocio de Nasario paso de la prosperidad a la quiebra. Al cabo de los años termino en un cuartucho del barrio que lo vio nacer. En la estantería apenas se dejaban ver algunas botellas cubiertas de polvo y en el mostrador un viejo mueble de cristal, con un bombillo cubierto de excremento de moscas, que contiene empanadas trasnochadas de mico de alverja, algunas morcillas en descomposición y papas chorreadas; a su derecha un frasco de ají, del cual escapa un fuerte olor de vinagre en descomposición y una bandeja llena de cucas enmohecidas que ni siquiera el perro hambriento se atreve a consumir.
IV. EL CENTURION Y SUS FALSETES
Fiel a su vocación, Centurión se encuentra en la puerta de la cárcel de Ubate de donde es director, tarareando una de las canciones de su ídolo Miguel Aceves Mejía y, mientras espera la llegada del director de las prisiones, rememora las reuniones con su compañero de andanzas el Jicaro, admirador de Antonio Aguilar, con quien alternaba la cantada en las interminables borracheras.
Tiene a su cargo el establecimiento ubicado en pleno parque municipal, 10 guardianes mañosos y corruptos y 60 presos, la mayoría campesinos. Cuando le llegó el nombramiento, gestionado por su mecenas, no tenia idea alguna de el trabajo a desempeñar, pero, el, era un hombre resuelto que sabia enfrentar los mas duros retos y, sin vacilación había aceptado, con el propósito de aprender haciendo y bien que lo ha conseguido, pues a punta de sesiones de canto tiene a los detenidos en su bolsillo.
Nervioso, ensaya mentalmente la forma de subir la voz para imitar el falsete, y, la letra de la melodía se despliega verso tras verso, tratando de encontrar las notas mas altas y de llevar su esfuerzo al máximo: Por la lejana montaña va cabalgando un jinete, vaga sólito en el mundo..., repite, esperando que la comitiva irrumpa por la calle central.
Conoce de oídas, los gustos del director de prisiones, un viejo oficial retirado de la policía y ha instruido durante una semana a los guardianes en la rutina de formación, saludo, rendición del "parte". también ha encargado en el mejor restaurante de Ubate, el ágape, donde ha incluido lo mejor de lo mejor de los platos de la región y unas cuantas botella de escocés.
Por la importancia de la visita ha advertido a las autoridades municipales, quienes están también alerta por la llegada del personaje, por eso, cuando mira hacia el balcón del Palacio Municipal, divisa al alcalde, quien haciéndole señas le indica que se acerque, para ultimar los últimos detalles de la recepción. Centurión dudando entre permanecer vigilante o acceder a la petición del burgomaestre, por ese titubeo, no se da cuenta de la caravana de carros que súbitamente aparece frente al establecimiento, de los cuales descienden los altos directivos, quienes proceden a golpear violentamente la vieja gruesa puerta construida en madera.
Por fin los identifica y presuroso trata de proceder a los saludos de rigor, pero ya el asistente, un hombre barrigón, ha descargado por lo menos una docena de golpes en la pesada puerta, y, el viejo policía entrado en cólera, vocifera enfurecido al punto que cuando Centurión logra que lo escuchen, solo recibe calificativos de inepto, ineficiente, bueno para nada y toda suerte de apelativos que terminan con la amenaza de destitución fulminante.
De ahí en adelante solo escucha reparos sobre la administración de la cárcel. Como es posible que no exista un jardín?, le espeta el superior, y él, tratando de explicarle que es imposible construirlo sobre el pavimento, ya que no existe un espacio donde sembrar siquiera una pequeña mata, y luego, sobre el desaseo de la carpintería, los uniformes descoloridos de la guardia, la falta de marcialidad, la inexistencia de armamento, la falta de pintura en las paredes de ladrillo y Centurión, explicando que a los guardianes hace 5 años que no los dotan de vestimenta, que cuando trabajan la madera salen residuos, que solamente existen esos fusiles de la segunda guerra mundial y que las paredes de ladrillo no necesitan pintura.
Después, la cantaleta continua en el ágape cuando le dice que no esta acostumbrado a comer fritanga, que nunca mas le ofrezca licor de tan baja calidad, en definitiva, que esa ofensa se paga con destitución fulminante. Ebrio le dicta a su obeso ayudante, la resolución de insubsistencia y le ordena a Centurión su presentación a tempranas horas en su despacho de Bogotá, para decidir de una vez por todas su situación. Luego aborda el Mercedes Benz que como una estampida, desaparece en la distancia.
Centurión jamas ha recibido humillación tan grande e injustificada, él, que ha invertido todo el sueldo del mes, en banquete y agasajo, para impresionar al superior y obtiene esa recompensa?, definitivamente debe hablar con su mecenas, antes de acercarse al despacho del jefe.
Al día siguiente se presenta, de acuerdo a la orden recibida, en la dirección de prisiones, y, para sorpresa suya, las puertas se abren con facilidad, las frases amables dispensadas por las mujeres hermosas que trabajan como recepcionistas y quienes comunican de su presencia en el despacho. Inmediatamente es recibido y cuando entra a la oficina del director, lo ve sentado en el extremo de una mesa gigantesca. Va preparado para mandarlo al carajo, es cierto que necesita el empleo pero no a tan alto precio, por eso la sorpresa es mayúscula cuando el viejo policía, se levanta del sillón y lo saluda con un fuerte abrazo. Lo invita a departir un café, le habla de las preocupaciones del cargo, de la reciente fuga de un barón de la droga centroamericano y mas de una confidencia de las que solo se hacen a los amigos y finalmente se disculpa de su comportamiento.
Se despide con una sonrisa de oreja a oreja, sabe que sus quejas han sido escuchadas, que su mecenas interpuso sus buenos oficios y con la frente en alto franquea la puerta de salida, pensando que en este país cada cual recibe su merecido. Ensimismado en sus pensamientos tropieza violentamente con el guardia que custodia la oficina y por el porte del hombre lo relaciona inmediatamente con un centurión romano, transportándose a las celebraciones de semana santa de su pueblo.
El cura lo contactó desde la primera representación, seguramente fue referenciado por su fama de bohemio y porque prestó servicio militar a comienzos de los años 60 en la zona de operación del Tolima contra los famosos bandoleros Sangre Negra y Desquite. El clérigo tal vez observó, en una de las visitas familiares, los albunes donde aparece en uniforme de gala, o quizás por su fama de galán y el éxito con el sexo femenino, lo había movido para su contratación.
De pronto hasta escucharía la historia de amor prohibido de la cual fue protagonista, cuando de serenata en serenata, al mas claro estilo mejicano, pretendió ganar el amor de Roberta.
Al recordar el episodio, Centurión no deja de sentir una profunda nostalgia, pues en esa época y por vacaciones escolares, ella llegaba a alegrarle el frío ambiente del pueblo. Sabían que sus amores estaban prohibidos y que la familia la enclaustraba detrás de la ventana de su cuarto, en el segundo piso de la casa situada en plena calle real, tratando de evitar que entre los dos jóvenes existiera la mínima posibilidad de comunicación. Creían que de esta forma evitarían que la atracción que sentían, se convirtiera en amor y que éste, los llevará a buscar el escape para acceder al matrimonio clandestino en cualquiera de los pueblos cercanos.
Soportó impávido todas las amenazas que el hermano mayor de su pretendida le prodigaba, cuando en gavilla con los marraneros lo atalayaban en el parque, o, en la esquina menos prevista, abordándolo con groserías y exhibiendo armas corto punzantes o revólveres de fisto. No protestó cuando por los canales del chismorreo popular, le llegó la descalificación por no tener fortuna. Siempre estuvo dispuesto a persistir en el intento y a buscar las mas variadas formas para los encuentros clandestinos con la amada. Llegó hasta a organizar su propia gavilla con los coreanos, muchachos exilados por la violencia de su pueblo natal y que tuvieron que salir de sus orígenes cuando el manto de la noche los perseguía con una muerte segura por el simple hecho de manifestar sus inclinaciones por el color rojo.
Se valió de los buenos servicios de Catapilo quien le sirvió de correo, pues todos los días recogía las masaguas en la casa del su amada y las transportaba a las cocheras que los padres de Roberta tenían en una finca cercana, manteniendo un contacto permanente.
Centurión recuerda como si lo estuviera viviendo en el instante, los acontecimientos que rodearon la decisión de dejar de persistir en esa relación y al hacerlo siente un hormigueo en el dedo anular.
Fue un sábado por la noche del mes de diciembre, la música que salía del altavoz del teatro anunciando la proximidad de la hora de ingreso para ver la ultima película de Pedro Infante, sonaba estridentemente. El, oculto en los arboles del parque, esperaba impaciente, el paso del hermano mayor, quien como todos los sábados, se dirigía a la sala de cine. Previamente por intermedio de Catapilo, había concertado la hora de la cita. Roberta, sabia que sus padres, a esa hora, estarían recogidos en su alcoba y que, desde la ventana, podrían hablar, jurarse nuevamente amor eterno y deleitarse, así fuera en la distancia, con la presencia y la fuerza de la mirada.
Efectivamente muy a las ocho de la noche, pasó el cuñado con sus eternos escoltas, rumbo al teatro. Centurión calculó el tiempo que demorarían en ingresar al recinto y emocionado se dirigió al encuentro. Ella, lo esperaba nerviosa, recostada sobre la puerta de la ventana de la sala, fisgoneando la calle por entre las rendijas, sobresaltándose cuando una sombra se recostaba contra la calle empedrada, el corazón a punto de salirse del pecho y, las manos sudorosas por efectos de la tensión que generaba incurrir en un hecho prohibido por su familia. Le parecía que habían transcurrido horas enteras, cuando escucho la señal convenida y la silueta familiar se descubrió contra el fondo de la semioscuridad que proyectaba el pequeño bombillo del poste del frente.
Las manos de la pareja se entrelazaron y casi en el delirio, sus bocas se fundieron en un tierno y apasionado beso, luego, se miraron en silencio por un largo rato, para después en un torrente embravecido de palabras, declarar su amor y reiterar el compromiso de estar unidos para siempre. Centurión, con la tentación de entonar una de las canciones preferidas del charro mejicano especializado en huapangos, como la mejor forma para expresar lo que en su alocado corazón sucedía y, ella, suplicando que no lo hiciera, que entendía lo que sentía pues igual le ocurría. La sangre corría vertiginosa por el cuerpo de los dos y el deseo natural trataba de desbordarse, pero, tenían la certeza de la necesidad de reprimirlo, porque ella debía que llegar pura e intacta al matrimonio.
Embelesados, dejaron que el entorno desapareciera, olvidaron las precauciones tomadas y el instinto vigilante dio paso a la mas grande despreocupación por la vigilante asechanza. Bajaron la guardia, hasta el punto de no importarles los sonidos que desde las otras casas se sentían, cuando abrían las ventanas para espiarlos, o, cuando algún transeúnte desprevenido, pasaba ante ellos.
En su arrobamiento, no se percataron del tropel de cuerpos que avanzaban, ni escucharon los sonidos del calzado sobre el empedrado, solamente tomaron conciencia, cuando un torrente de furia, expresado en palabras, detonó en la calle con enardecida furia. Era el cuñado y su gavilla, pretendiendo echarle mano a su ruana de lana virgen.
Centurión, con agilidad felina, se revolvió, encaró los oponentes y con un esguince de su cuerpo, rápidamente los evadió. Emprendiendo una veloz carrera, dobló por la calle de Cuatro Esquinas; buscando el refugio cómplice de las sombras del callejón de Caño Sucio, para poder salir, por la vía del cementerio, seguro que su excelente estado físico le permitiría tomar la delantera y refugiarse en algún lugar seguro.
Mientras despavorido trotaba, se preguntaba que había ocurrido para que se enteraran del encuentro furtivo, quien los había delatado y las deducciones no le permitían identificar al entrometido. Cuando creyó que sus perseguidores estaban confundidos detuvo la carrera y con tranquilidad se encamino hacia su casa. No logró intuir que el grupo dividido, trataba de cerrarle las salidas y que los golpes de los zapatos contra el empedrado eran menos que antes. La mala suerte lo seguía, de sopetón se encontró con los perseguidores y en el atortole emprendió carrera para desandar lo recorrido. Solo se dio cuenta de su equivocación, cuando de la profunda oscuridad, surgió el hermano de Roberta. Como una prolongación de su mano aparecía una pistola y en milésimas de segundo identificó un párrafo de una canción: "pistola en mano se le echaron en montón" y se sintió como el Juan Churrasqueado.
Le apuntaron con un pequeño revolver negro como la misma noche, mientras los demás lo rodearon, impidiéndole cualquier posibilidad de escape. Centurión, sopesó la situación, buscando alguna alternativa para salir airoso del percance, raudo trato de aprisionarle la mano al oponente con la intención de desarmarlo, pero, infortunadamente, el disparo resonó como un trueno. Le alcanzó a ver el rostro al cuñado y lo vio demudado, atónito, confundido y asustado.
Sintiendo una leve punzada se miró la mano, notando que un liquido caliente brotaba de ella, atolondrado, la levantó para observarla, y en la semioscuridad descubrió que el dedo anular había desaparecido.
Lo que siguió fue un pandemonio, en un instante se vio rodeado por una multitud que gritaba, algunos le palpaban el pecho, buscando una posible herida al ver la camisa manchada de sangre, otros, con mas lucidez, lo condujeron hacia la tienda de los Angaritas y lo obligaron a embutirse medio litro de aguardiente, para calmar el dolor, tal cual ocurría en las películas mejicanas.
La noticia se esparció por todo el pueblo y de todos los rincones surgió una turba de fisgones que siguieron a Centurión en su paseo hacia la casa de Juanita, la única enfermera de toda la región. Beodo, por efecto del licor absorbido, al pasar por la casa de su pretendida, entonó una nueva ranchera que recreaba la muerte de un hombre por el amor de una mujer, reiterándole que solo la presencia de la parca seria lo único que podría separarlos.
El recuerdo de ese episodio le lleva a enarbolar una sonrisa, cuando piensa en los avatares de la vida, en los imponderables del destino en su origen y desenlace. Pocos días después, mientras convalecía de la amputación del dedo por efectos del "disparo", fue visitado por Catapilo quien le narró los acontecimientos previos al fatal desenlace: No fue mi culpa le dijo, yo he sido siempre leal y fiel, pero la noche de los acontecimientos y gracias al dinero que me diste para la boleta, estaba en cine, en la banca donde estaba tu cuñado y los marraneros departiendo, no habían apagado aun la luz cuando algunos rezagados tomaron también asiento y empezaron a conversar sobre el encuentro del par de enamorados en la calle real. No bien escucharon el chisme, tus ofensores se percataron de mi presencia, me atarzanaron con una navaja, para que les dijera la verdad. Yo sintiendo el filo del metal en mi barriga y asustado por la enfurecida reacción, no tuve otra alternativa que contarles lo de la cita. Ellos jurando venganzas y maldiciones salieron intempestivamente de la sala y el resto ya lo sabes.
El final del episodio fue sencillo: los policías al escuchar el estampido del disparo, velozmente se dirigieron al sitio de los acontecimientos y atraparon al agresor, quien consternado había quedado inmóvil en el sitio de los insucesos, le decomisaron el arma "homicida" y lo condujeron hacia los calabozos del palacio municipal; luego procedieron a llenar los informes, que al día siguiente, el juez costeño tenia en su despacho, junto con la prueba reina que lo inculpaba, en el, una recomendación de procedimiento: hacer un guantelete y cotejar las huellas dactilares de la pistola con las del agresor. Al final del informe y en mayúsculas le insinuaban a la autoridad judicial, que esa era prueba suficiente para condenarlo por intento de asesinato agravado, premeditado y por asociación para delinquir.
El Juez encontró informe, prueba y recomendación. Atendió a los padres del detenido, quienes le solicitaron su libertad, les prometió completa imparcialidad y pronta decisión, después, llamo los peritos para que emitieran los conceptos de rigor, quienes al salir del despacho, planearon sus tareas, establecieron los pasos a seguir para presentar el informe que el señor Juez les pedía y con la bolsa, en donde estaba guardada la prueba reina, en su poder, se prepararon para hacer el diagnostico.
Exigieron la presencia de algunos agentes de la policía para que les sirvieran de testigos, porque, como el reo era hijo de familia influyente, no los acusarán mas tarde de desaparecer los elementos que lo implicaban en tan horrendo crimen.
Cuando desempacaron el arma casi homicida, no se pudieron contener y estallaron en sonoras carcajadas que se escucharon, por su intensidad, hasta en el centro del parque. Los uniformados se miraban perplejos e incómodos, cuando los peritos elegidos, les informaron que el instrumento del crimen era un juguete con un proyectil de salva, el cual podían adquirir libremente los niños de la escuela. Poco después el inculpado quedó en libertad y el alcalde emitió un decreto prohibiendo la venta y porte de pistolas de juguete.
Mirándose la mano, rememora la mala suerte que el destino le tenia programada aquella noche de sábado, un poco antes de terminar la película en el teatro de don Alfonso Bautista y el final de sus amoríos con Roberta.
Su pensamiento regresa a los acontecimientos del día y ve al director de prisiones que presuroso le repite las excusas. Sabe que debe llamar a su mecenas, para agradecerle los buenos oficios, concertar una cita para llevarle los quesos que ha traído desde Ubate, charlar sobre los últimos acontecimientos de Chitagá y responder por las averiguaciones sobre la hacienda "Chorro Colorado".
Luego, insistentemente reaparece la figura del centurión, que lo meten a la fuerza en las representaciones de semana santa. Con nitidez, se ve en el espejo del pasado, preparando cuidadosamente el atuendo de su personaje, sabe que tiene que recurrir al guardarropa familiar, inspeccionar los inventarios del colegio, construir el casco y yelmo, conseguir el correaje y las banderas, adecuar el arma, escoger la cabalgadura y prepararse para las horas posteriores del ensayo, cuando en compañía de el eterno portero de la selección municipal de fútbol, se dediquen a consumir ingentes cantidades de aguardiente.
La ventaja que tiene con respecto al resto de actores principales, es que no requiere aprenderse libreto alguno. Su actuación es toda acción, golpear con el látigo, empujar multitudes, colocarle la corona de espinas al Mono Camargo, montar a caballo y eso si, demostrar una marcialidad mayor que la de los guardias del palacio real en Londres.
Ahora, como las escenas quedarán registradas en cinta cinematográfica, sabe que debe esmerarse en todos los aspectos: vestuario llamativo con los colores de los patricios romanos (blanco y rojo), casco dorado refulgente ante la luz solar, yelmo plateado brillante, botas hasta la pantorrilla y falda plisada terminando en la rodilla. La cabalgadura tiene que ser espectacular: de color blanco, las crines del cuello trenzadas y cepillado constante, para que la piel se note reluciente.
Ese jueves santo todo ocurría dentro de la normalidad. El elenco se encontraba en la salida del camino de Pantanitos, esperando el inicio de la celebración. Centurión y el resto de militares romanos, preparados en el solar de la casa cural para el desfile en el parque, cuando la multitud llegara. Los caballos nerviosos se encabritaban por segundos y los jinetes tenían que tirar de las riendas para controlarlos. Atento a la señal de salida, alcanzó a percibir la algarabía de la multitud que ensordeció el ambiente. Debe ser, penso, la curiosidad de observar la cámara de cine y se concentró en la rutina que debía realizar. Al rato, reflexionando se dijo, la novedad no es tanta como para atrasar la programación.
Por fin recibieron la señal de salida y se dirigieron hacia el encuentro de la procesión y ahora si, admirados, se explicaron la demora al ver la nube de pájaros revoloteando alrededor del Mono Camargo. La inusual situación encabritó las cabalgaduras que trataron de buscar las salidas y en la estampida, mas de uno fueron pisoteados o empujados bruscamente, lo cual terminó por completar el marco de confusión de ese domingo de Ramos.
El jueves santo, fiel a la tradición, Centurión se encontró con los amigos, muy a las diez de la mañana en la tienda de doña Gilma. En esa fecha la celebración profana debía ser con vino dulce, bebida de la cual se había aprovisionado copiosamente la propietaria del negocio. En la estantería podían escoger de una amplia gama de marcas y orígenes: los había de uva como el cinzano y sansón, de naranja oroviejo y otra serie de menjurjes.
El grupo fue escanciando "copa tras copa, botella tras botella" como en la canción, la conversación variada abordó los últimos chismes sobre los pecados de las damas, el fútbol, el ultimo gol de Walter Sosa con el Cúcuta Deportivo y finalmente devino sobre los pájaros del Mono Camargo. Algunos creían que los acontecimientos eran sobrenaturales, otros consideraban que la bendición para el pueblo era producto de la presencia del cura y Centurión, siempre prevenido, dejaba insinuar la duda, pues le parecía extraño, que el Mono con lo dañado y mujeriego, fuera el instrumento elegido por Dios, para manifestarse con el extraordinario hecho.
A las doce del día, después de despellejar a la mitad del pueblo, se levantaron de la mesa, ebrios de vino y se dispusieron a cumplir con la otra tradición del jueves santo: los siete potajes4.
Centurión llegó a su casa en donde le esperaba el suculento banquete. La familia se había esmerado en la preparación de las viandas y toda la mañana la utilizaron en el correcorre de su preparación. Tenían sobre la mesa del comedor carnes variadas, ensaladas, mute, angú5, consomé con galletas de soda, dulces de higo, zapira, durazno, vaso de vino y sorbete de moras silvestres. Los siete potajes se habían convertido como en trece. Con almuerzo tan abundante, desapareció la borrachera, por eso cuando nuevamente se encontró con sus compinches, pudieron reanudar la tarea momentáneamente aplazada y a las tres de la tarde, mas prendidos que arbolito de Navidad, se dirigieron a la casa cural para incorporarse al elenco y continuar con la representación.
Su actuación fue éxito total. La admiración por el corcel y su ropaje de centurión romano le atrajo mas admiradoras y mas motivos para dar serenatas en las frías noches, cuando de huapango en huapango, al calor del licor y las exclamaciones de cocula, se decidió a ingresar al colegio del pueblo.
EPILOGO
Al año siguiente Centurión, ingresó al primer año de en la Normal de Varones y el hecho fue todo un acontecimiento. Los imberbes adolescentes, lo miraban como a un ser extraterrestre, era mucho mayor que ellos y la fama que lo precedía lo hacia objeto de múltiples y disimiles consultas, desde como entrarle a una muchacha, hasta la indagación de cómo subir los falsetes sin temor a perder las cuerdas bucales, se podía predicar de él el titulo de la canción de José Alfredo: El Rey, porque efectivamente lo era en esas circunstancias.
Per no solamente impactó a sus compañeros sino también a los profesores; uno de los cuales lo admiraba hasta la plena adoración, este era el profesor de español a quien apodaban "Lógica", por su manía de repetir la palabra continuamente, un hombrecillo tímido y apocado, de baja estatura, voz gangosa y gruesos lentes de miope, originario del altiplano cundiboyacense, quien veía en Centurión la personificación del hombre de mundo, maestro en las lides de la conquista del sexo opuesto, audaz y arrojado y quien permanentemente lo consultaba sobre el que hacer frente al método que debía utilizar para conquistar a la mujer que lo desvelaba. De alumno se convertía en maestro y esa situación le daba grandes ventajas que se materializaban en las notas mensuales de la materia.
Donde no tenia esas ventajas era en el curso de matemáticas, la materia era su mayor dolor de cabeza, desde que llegó al colegio siempre había notado la mirada fría que desprendían los ojos del maestro, era algo así como una advertencia sobre la imposibilidad de aplicar con él la misma medicina que le suministraba al de español. Se soñaba haciendo reglas de tres, dividiendo quebrados y aterrorizado se despertaba bañado en sudor cuando en el delirio aparecía el maestro botando fuego por lo ojos, entregando los parciales calificados con color rojo y siempre con unos números grandes y reteñidos que se repetían monótonamente: cero ocho; en esos momentos, esperaba que el suelo se abriera y que la tierra lo engullera, por eso empezó a implementar la táctica de copiarse del Turco Camargo, un compañero de los aventajados y aprovechando la cortedad de vista del maestro, empezó a subir las notas; pero, el problema seguía presentándose cuando lo sacaba al tablero para resolver los problemas, porque él, el duro, el mas experimentado de los miembros del colegio, balbuceaba, se atortolaba y no daba pie con bola, en esos momentos le daban ganas de llorar como un chiquilluelo.
Había pasado la mitad del año cuando llegaron unos practicante de la Normal de Pamplona, eran alumnos de ultimo año y su presencia produjo grandes transformaciones por lo novedoso de sus métodos de enseñanza. Dentro de ellos se notaba particularmente un practicante que se ganó el corazón de los jóvenes del curso de Centurión. Basado en las motivaciones que producía en los sentidos de los imberbes la relación de la teoría con la practica; les leía novelas de Julio Verne, con tal entusiasmo y maestría, que se transportaban al lugar de los acontecimientos y formaban parte espiritual de los sucesos allí narrados; la hora de clase la esperaban con ansiedad y el desencanto hacia presa del salón cuando decidía aplazar para nueva oportunidad la lectura, era igualitico que las radionovelas, cuando estaba a punto de resolverse uno de los múltiples problemas, aparecía el fin del capitulo y anunciaba su continuación en un próximo día. Pero no solo les aportó el interés por la lectura; también lo hizo de manera practica con la percepción de la música. El Nobel maestro, fue capaz de desarrollarles el oído y las posibilidades de recrear la mente, escuchando música clásica; cuando en un viejo tocadiscos colocaba los acetatos de Vivaldi o cualquier otro compositor, apasionadamente, en palabras les iba indicando el enorme parecido entre los acordes y el sonido de las quebradas, o el susurro del viento al rozar las hojas de los robles y arrayanes, el batir de las alas de los sarnicalos y copetones, el estallido de los truenos y la luminosidad de los rayos en noches de tormenta. Hasta Centurión se metió en la corriente y estuvo presto a sumarle a sus gustos por la música mejicana, algún sabor de violines, violas, violonchelos, los sonidos armoniosos de los cornos y el grácil acorde de los oboes que cantaban tiernamente las gracias por la existencia del amor, o los sonoros y penetrantes estallidos de los trombones, imitando las guerras del infierno.
Al ser de los mayores formó parte del equipo de fútbol junto con los Parada y los Gómez, estudiantes cucutillanos que llegaron becados a la Normal; Centurión tenia facilidades para dicha practica y se ganó la titular en la defensa del equipo del colegio. El maestro de cooperativismo, un cucuteño que le encantaba el fútbol y que tenia especiales dotes para manejar el medio campo, era el entrenador de los muchachos. Cada vez que Centurión bartoleaba el balón le gritaba Pamplona, por la fama de los jugadores de dicha localidad en levantar el esférico a patadas y su negación para acariciarlo, posibilitando la creación de jugadas que según él, convertían ese deporte en la antesala del cielo. La complicidad de profesor y alumno fue completa, pues fuera de tener empatía con el fútbol, Centurión se había ido convirtiendo en el receptor de las confidencias, lo aconsejaba sobre como debía acercarse a la chica que le atormentaba los sueños y le servia de correo para concertar las citas amorosas, al poco tiempo adquirió una bella ruana de lana de oveja y en la población se empezó a rumorar la pronta boda del maestro y la bella lugareña. El profe había caído en una de las trampas que la población le tendía a los extraños: quien adquiría la prenda para defenderse del viento frío y penetrante que el páramo del Almorzadero le enviaba a los residentes y al hacerlo, terminaba siendo parte indisoluble del poblado, miembro casi natural del mismo, pues no podía escapar a la celada matrimonial. Dos meses después celebraron las nupcias y Centurión fue el invitado de honor, no lo nombraron padrino de matrimonio porque no era bien visto que fuese un estudiante menor, pero el reconocimiento publico lo hizo el cura Concho en las palabras que dirigió a los consortes después de leído el evangelio, donde le expreso la gratitud de la Familia por ser el cupido de aquella unión matrimonial.
Ahora, cada vez que se encuentra con Marco Tulio, uno de los pocos compañeros de curso que aun habitan en el lugar, la memoria se le refresca con las imágenes de aquellos años de estudiante, cuando no se tenían los compromisos y las limitantes de una vida de responsabilidades. Se mira al espejo y el pelo blanco, tan blanco como el del desaparecido abogado Humberto Montañés y los golpes en su cuerpo producto de una caída en la ultima visita a Cornejo, donde casi deja su existencia en este mundo, le muestran la realidad llena de cosas buenas, tan buenas como sus años de matrimonio, sus hijos profesionales que enfrentan por si mismos los desafíos de sus propias responsabilidades, algunas veces se convierte en el abuelo bonachón meciendo los nietos que lo llenan de ternura y que otras veces lo aterrizan inconscientemente, señalándole que los años pasaron volando y que ya no se es joven, pero, a pesar de eso sigue entonando huapangos y produciendo falsetes, repitiendo las letras de su cantor preferido: Miguel Aceves Mejía, en las contadas ocasiones en que junto a su compañero inseparable de bohemias "Jicaro" liban una que otra copa de licor.
V. PONCIO EL GUARDAMETA
Poncio se prepara para iniciar su habitual jornada de juerga, meticulosamente desarrolla el ritual de preparación para enfrentar el "trabajo" con todas las ventajas y nuevamente confirmar, que él, es, el campeón, el hombre que mas aguanta el consumo de aguardiente en toda la región. Toma asiento en la mesa del comedor, donde esta servido un abundante almuerzo, compuesto por carnes grasosas y abundante porción de papas y lo consume, frunciendo el ceño con deleite. Saca de la alacena el frasco con aceite de oliva y escancia medio vaso del liquido, bebiendo lentamente, sin que su rostro indique repulsión alguna. Luego se coloca la chaqueta de jean azul que alisa maquinalmente, mientras mira el brillo de sus botas vaqueras, peina la barba oscura que cubre su barbilla, se coloca el sombrero tejano y sale de su casa.
Llega al Palacio Municipal aguzando la vista, distingue las personas que se encuentran en la cantina de Noemí. Comprueba que su grupo de amigos departen animadamente y feliz se dirige hacia el lugar caminado despreocupadamente, como quien no quiere la cosa, haciéndose el caregallina, esperando que alguno de ellos lo llame a gritos. Pero sus amigos que han observado sus movimientos, bromean sobre su supuesta indiferencia y organizan rápidamente un plan: hay que castigarlo, dejemos que pase y cuando este doblando la esquina, lo llamamos. Arrecho, por la jugada que le han hecho, les responde con la misma moneda y continua su camino indiferente a la invitación; pero, la canción que se desprende del lugar en la voz de Vicente Fernández, le hacen titubear y arrepentido desanda el camino, penetrando donde Noemí.
El jolgorio por la broma y la continuación de la mamadera de gallo, lo convierten en el momentáneo centro de atracción, Poncio, le dicen, usted no fue capaz de resistir la tentación, pudo mas el espíritu de sinvergüenza que el falso pudor y, premiándolo, le sirven un trago doble de aguardiente que desaparece al instante en su garganta. El, automáticamente escancia el siguiente, para alcanzarlos y al final opta por beber a pico de botella, consumiendo en su totalidad el licor que aun queda en ella.
Puesto a tono con sus compañeros de francachela, la conversación aborda múltiples aspectos, primero el chismorreo del momento donde se explayan en comentarios sobre la reciente fuga de la niña con el profesor del colegio, luego, se meten a determinar cuantas veces en el mes, el profesor Castro ha ido a visitar a Paloma, mujer de carnes prietas y disipada en el amor, después, el escándalo de la ultima borrachera del alcalde Marcos Castro y la historia de los muchachos enlocados, que en una noche de parranda, se echaron al hombro el Jeep del farmaceuta del pueblo, econdiedoselo en el potrero del molino.
Tres horas mas tarde, han pasado por todas las familias y espulgado los acontecimientos del lugar, ya casaron a los fugados, incluso le pusieron nombre al niño de la recién embarazada, repararon el Jeep y santificaron a Marcos Castro.
Cuando la conversación declina y los chismes frescos se agotan, a Poncio se le ocurre rememorar los días de escuela. Interiormente se cuestiona su tendencia masoquista, pues, precisamente el lado fuerte de su personalidad nunca fue el estudio. A duras penas llegó a primero de bachillerato, repitiendo cada año de primaria por lo menos una vez, su dolor de cabeza siempre fueron todas las materias, excepto educación física.
Definitivamente lo mío era la buena vida, jugar a policías y ladrones, la lleva, el runcho, cristálas, botones y en los recreos largos, organizar los equipos para jugar al bate6 con un palo y una pelota de caucho. Pero cuando me llamaban a presentar las tareas o a recitar una lección, el asunto se ponía color de hormiga, me tocaba preparar la mano y aguantar los golpes que la maestra descargaba en ella. Era la vieja practica de "la letra con sangre entra", la verdad sea dicha es que la educación no era para mi, pues a pesar de los esfuerzos y de repetir y repetir la lectura, siempre terminaba con un enrredijo en mi cabeza y no daba pie con bola al momento de dar la lección, por eso nunca pase de primero de bachillerato y a la larga con o sin estudio, he podido trabajar hasta con el Estado. Escuchen claramente, lo que vale en este país es la palanca que se tenga y no cuanto sabes, fíjense, mis primos congresistas logran cualquier cosa. Remata la intervención dirigiéndose a Noemi, a quien ordena el segundo litro de Extra.
La mención de los primos, le da materia para una nueva conversación. Todos ustedes saben quienes era ellos?, pues los dueños de este pueblo, desde Chucarima hasta donde la vista se pierde en las lomas circundantes, miles de hectáreas y miles de agregados, en sus tierras se producía desde caña de azúcar, café, hasta fraylejon. Doctores, en una época en que la mayoría solo llegaba a tener unos tres años de primaria, dirigentes políticos y congresistas, ellos mandaban electoralmente, cuando los votos de Chitagá ponían un representante a la cámara, en el Norte de Santander. Los mas ricos de la región y quienes montaban los mejores caballos, lo que ellos decidían se hacia en este pueblo, nada mas cuando ellos se metieron en el MRL, aquí ganaron las elecciones. Ni una hoja se movía sin que ellos lo autorizaran, a las buenas o a las malas. Cuando alguien se les rebelaba, lo metían en cintura a punta de fuete y si eran muy arrechitos, pues a punta de plomo. Esos si que eran unos machos berracos, mas berracos que los de Guaca, unos hombretones de uno noventa que de un coñaso, derribaban un toro.
Precisamente, el deporte en este pueblo se lo debemos, como tantas otras cosas, a ellos. Organizaban los equipos de baloncesto y todo el pueblo asistía a los partidos en el colegio nacional, que por aquella época se llamaba escuela vocacional agrícola. Tal vez por herencia, nuestra familia se interesó siempre por el deporte, hemos sido los impulsores número uno de ellos y como una muestra, cuando quieran los llevo a que contemplen los trofeos que ha ganado el pueblo, tenemos de fútbol y baloncesto, camisetas, pantalonetas y medias al por mayor.
En este punto de la disertación, Poncio se ve interrumpido por uno de los compañeros de farra, que manoteando lo contradice. Mano, yo no puedo estar de acuerdo como usted en la forma que nos hecha la historia del pueblo, las cosas no son como usted las pinta, a ver, dígame si no es cierto, que este pueblo a lo largo de los mas de ciento cincuenta años no ha sido poblado por migrantes de Silos y de Pamplona?, saben porque hay tanto Villamizar?, conocen la historia de ese apellido?. Pues bien yo voy a empezar por contarles el origen del apellido mas extendido en la provincia, el departamento e incluso del Tachira en Venezuela.
Como bien lo escribe Eduardo Angel Mogollón, miembro de la academia Colombiana de Historia, "la palabra "MIZAR" es de origen árabe que en astronomía dio nombre a una estrella notable en la constelación de la Osa Mayor. De ella se tomó la denominación para un lugar el cual con el tiempo vino a tener categoría de pueblo y después se le otorgó el título de "villa", dando como resultado la denominación de la "Villa de Mizar", toponímico este que apocopado dio como resultado la palabra VILLAMIZAR, villa tal cuya ubicación la encontramos en España en la Provincia de León, a unos sesenta Kilómetros al Occidente de la ciudad de León, entre Villamartín de Don Sancho y Villacintor, zona donde curiosamente casi todos los pueblos comienzan su nombre por la palabra "Villa", y en efecto tuvieron y tienen ese carácter jurídico administrativo.
La palabra MIZAR, en árabe significa Velo, es decir tela translúcida. El velo con que se cubren el rostro las mujeres árabes, y que a través del cual se ven los objeto difuminados.También significa la capa de los caballeros. Se le dio el nombre Mizar a una estrella de la Osa Mayor, recurriendo al significado árabe de la palabra Mizar, por ser una estrella que aparecía velada, difuminada, y que muy posteriormente los astrónomos descubrieron que no era una estrella solitaria sino dos estrellas, una superpuesta a la otra, de lo cual venía su aspecto difuminado o velado.
El apellido Villamizar lo encontramos fuertemente asentado en América en una extensa área que comprende los actuales territorios de los dos Santanderes en la República de Colombia, y los actuales estados Táchira y Mérida en la República de Venezuela, pudiéndose pensar que es tal ves de los apellidos más extendidos en las escalas social y geográfica referidas. Explica esto último el hecho de que los VILLAMIZAR tuvieron desde la temprana colonia una gran importancia como encomenderos, diezmeros, cabildantes, testaferros del poder peninsular, clérigos, leguleyos, esclavistas y por esto mismo sus esclavos en el referido periodo llevaban ellos y también sus descendientes el apellido de sus amos, así como los indígenas el de sus encomenderos y patronos, amén de las consecuencias naturales del mestizaje, prueba de ello la encontramos en los antiguos archivos eclesiásticos y de protocolos. En conclusión en dicha zona, por la izquierda o por la derecha, antes o ahora, todos o casi todos son VILLAMIZAR a la postre, por decir lo menos.
Fray Pedro de Aguado en el Libro Undécimo, Capítulo Décimo Séptimo de su obra "Recopilación Historial" nos refiere que el tercer corregidor de ella nombrado por el Presidente de la Real Audiencia de Santafé de Bogotá Don Andrés Díaz Venero de Leyva "Proveyó por corregidor de este pueblo (Mérida) y de la Villa de San Cristóbal a BERNARDINO DE VILLAMIZAR, al cual los vecinos de este pueblo no quisieron recibir ni admitir en el cargo, pareciéndoles que se les había hecho agravio y ofensa en darles por corregidor a este soldado, que además de ser muy mal acondicionado, había cobrado mala fama por haber vivido ociosamente en el Reino""7.
A este punto de la disertación, Poncio lo interrumpe preguntando sobre cuales son las cosas que contradicen su versión?, el ahora conferencista, lo mira con lastima, se sirve un largo trago y lo bebe. Luego limpiándose la conmisura de los labios con el canto de la mano, reinicia la disertación: empecemos pues por su argumento mas sólido, el latifundio. La historia nos dice que Santander fue una tierra donde el latifundio y las costumbres serviles tuvieron poca importancia, porque aquí llegaron españoles pobres y tuvieron que dedicarse a trabajar directamente la tierra y las artesanías. Precisamente los comuneros era una tropa de pequeños cultivadores de tabaco y otros productos.
Está el disertante tratando de meterlos en la argumentación, cuando Poncio, aburrido ya por tanta teoría, coge la botella y se la bebe completamente, después lo interrumpe bruscamente, diciéndole, hombre si no pasamos de primero, como quiere, que ahora, después de viejos, aprendamos esas cosas?, mejor les sigo contando cosas mas interesantes.
Y acto seguido le quitó la palabra. Se acuerdan cuando llegó el fútbol al pueblo?, quienes lo trajeron?, donde jugaba la gente?, cual fue la primera cancha de fútbol?, quienes eran los integrantes de la selección municipal?, que se hizo para construir la nueva?, quien dirigió los trabajos?. Pues hermanos, este pecho les puede responder todos los interrogantes, porque yo formé parte de todos estos acontecimientos y conocí a los otros actores.
La mayoría de quienes departían esos tragos, descansaron con la interrupción y hasta el historiador, bromeando, pidió una nueva botella mientras les decía: claro, mucho lo toche, tratando de culturizar esta manada de analfabetas, eso es como el titulo de la película: misión imposible, y finalizó solicitándole a Poncio que les contara sobre esos sucesos.
Buena por la botella cansón, pero ahora si les voy a contar cosas interesantes parranda de pingos; pues el fútbol llegó por intermedio de los jóvenes que por los años cincuenta estudiaban en Bucaramanga y en Pamplona; ellos trajeron los primeros balones de cuero y como no existía un lugar para su practica, escogían unos potreros en la hacienda Villa Carmen. Al principio eran unos cuantos, pero después la afición se fue incrementando hasta conseguir la conformación de dos equipos, en otras ocasiones, porque el potrero no era muy propicio, nos íbamos de paseo hasta las Plazas donde la extensión era mas grande, plana y cubierta de mejor pasto. Realmente la gran afición por el deporte se encontraba en el baloncesto y el bolo criollo8, porque para el caso del primero, existían una cancha para practicarlo y en el segundo, en casi todas las tiendas de camino, se encontraba una disponible.
Por los años sesenta, el gusto por el fútbol se masifico porque fundaron la Normal Rural de Varones, a la cual llegaron estudiantes becados hasta del Cauca, pero teníamos un inconveniente: no había balones disponibles y la persona que tenia uno debía ser incluido en el equipo, así fuera un tronco. Afortunadamente, en la parte baja de la cuadra de la eucaliptera, existía un lugar, que aunque pequeño, permitía que lo jugáramos en equipos de 8 personas. La mayoría de goles se hacían de arco a arco y las porterías eran dos piedras grandes. Mientras tanto, en la parte alta de esa cuadra, se empezaron a aserrar los arboles y quedó finalmente un potrero amplio, cuyo propietario era don Trino García, persona muy rica que tenia almacenes en Bogotá. No me acuerdo si con autorización o no del propietario, pocos meses después, las maquinas que construían la carretera a Babega, empezaron trabajos y al cabo de un tiempo, teníamos una cancha mas grande, con cascajo.
Para esta época, se jugaban algunos campeonatos: los del colegio y el de diciembre, entre los tres barrios mas importantes del pueblo. Esto me hace recordar que en la selección del pueblo estaban todos los de mi familia: mis tíos, primos, hermanos, que sumados, hacíamos un equipo con sus suplentes, los otros eran de varias familias. En las fiestas de agosto y como parte del programa, siempre invitábamos a algún pueblo vecino: Toledo, Labateca, Cerrito o Málaga y el partido se amenizaba con la banda de Chinacota. Hasta para eso servia el deporte en aquellas épocas.
Cansado de su disgreción, sirve una nueva tanda de tragos, le pide a Noemi un nuevo disco de José Alfredo Jiménez y la conversación deviene por nuevos temas. A esa altura, ya mas de uno esta borracho y al grupo se le han sumado nuevos integrantes, que animan la velada. La conversación se dispersa en muchos temas, al principio se ocuparon de los chusmeros en la violencia, que se movían como pez en el agua, por toda la cordillera y especialmente en el páramo del Almorzadero,
Después alguien narra la historia del alcalde, que en una noche de licor, en la tienda de doña Paula, a eso de las dos de la mañana, acompañado con 5 amigos, con hambre y sin posibilidad de conseguir comida, decidió llamar a Víctor Gata, hombre que había pagado cana por ser experto en el hurto de gallinas, para que los proveyera de algunas gordas aves de corto vuelo, y, Víctor, sin vacilar, se había comprometido, con la condición de que en esa ocasión, si era acusado, el alcalde anulara todo el juicio. Lograda la promesa, pocos minutos después, llegó con tres gallinotas que doña Paula sacrificó, para elaborar el sancocho que consumieron con deleite. A la mañana siguiente, cuando la dueña del negocio fue al solar a recoger los huevos, descubrió que había cocinado sus propias gallinas. Las risotadas y el alborozo, fueron el mejor premio para el cuentero, y hasta Noemí, persignándose, estalló en carcajadas.
Todavía llorando de la risa, intervino uno nuevo, ambientando la anécdota de la Turra, mujer de diminuta estatura, que desvirgo a mas de la mitad de todos los hombres del pueblo. Cuando La Turra vivía por el camino de Villanueva, alguna vez yo pasaba por enfrente del rancho, en las rutinarias labores de pesca, cuando escuche una conversación que me llamó la atención. Cautamente me fui deslizando por la cerca de piedra acercándome los que mas pude y cuando ya estaba acomodado, levante mi cabeza para descubrir quien era el interlocutor de la Turra. La escena que contemple me produjo tal risa que casi me delato, con el pañuelo me tape la boca para evitar las carcajadas y luego si, totalmente a cubierto, pase mi mirada por ese paisaje. En el centro del patio estaba Pedrito, espulgando unos cueros de oveja, con cada pulga que encontraba, le recordaba a la mujer que se aproximaba la hora del sexo y con cada nueva, que espichaba entre sus uñas, le sacaba en cara el cambio en las reglas de juego, mira, le decía, yo cumplí con traerle las dos panelas que pactamos, pero usted me tiene aquí, todo emparolado, matando pulgas, no hay derecho y la mujer le respondía, Pedrito, que prefieres, matar las pulgas antes de, o, estar rascándote el culo, después de. Y dirigiéndose a Poncio, lo espetó. Acaso usted no paso por donde ella pagándole en especie con lo que se robaba en la alacena de la casa?.
Otra canción de Cornelio Reina, Noemí, pidieron a una y otra de aguardiente. Al oír dicha solicitud, nuevamente Poncio se anima, se levanta y llega hasta la puerta de la calle, fisgonea un segundo y regresa observando que a esa altura de la tarde, algunos han doblado la cabeza y dormitan contra el mostrador.
Llevan cinco horas seguidas de beba y media docena de botellas en sus cuerpos, sin embargo permanecen algunos absolutamente enteros que con la llegada del refuerzo de morcilla y pasteles, quedan como nuevos. Poncio solícito despierta a los dormilones, uno por uno, para que con unos buenos pedazos recuperen las fuerzas. El por su parte se deleita con la rellena, mientras comenta: como dice doña Paula, aunque el marrano sea blanco siempre la morcilla es negra.
Recuperados en parte por la comilona, renacen las historias. Custodio, impaciente desde hace, rato relata algún suceso que vivió de niño. Ahora tenemos muchas posibilidades de pasar ratos agradables, pero antes, cuando nuestros padres estaban en la edad propicia, eran muy las pocas posibilidades de diversión, así que, don David Solano, se inventó "el desfilito", una formula para mamar gallo y poner contenta la gente. Generalmente ocurría cuando desarrollaban una reunión como esta, y el brandy empezaba a hacerles efecto, a cualquiera se le ocurría que era la mejor hora para hacer el desfilito, entonces, con el primer chino que pasara por la calle, mandaban a comprar en la tienda de Clodovaldo, unas pacas de papel, de esas que antes usaban para llevar el pan. Como las pacas eran grandes, les abrían unos huecos para los ojos y se la colocaban en la cabeza, luego se volteaban los sacos al revés y arremangaban los pantalones, adquirían voladores y empezaban el desfile por toda la calle real, prendiendo voladores y armando tal algarabía, que lograban con la payasada, que los vecinos salieran de sus casas y que las beatas se santiguaran a su paso, luego retornaban al lugar de reunión a comentar el suceso y las reacciones de la gente.
Una nueva ronda y otra descripción. Ustedes no se han pasado en las noches, por el billar de don Eli?, no se han sentado en la banca de madera a contemplar las partidas que allí juegan Natico, Luis Zuñiga, Andrés Vera y don Pacho?, generalmente discuten casi media hora para ver como queda repartido el chico y siempre se van los mismos, luego desarrollan el ritual de echarle tiza blanca a los tacos, para que pierdan la humedad, llaman a don Elí a quien le insinúan que le cambie los casquillos pues están muy desgastados y empieza la partida. La carambola de salida nunca la hacen y de ahí en adelante cada grupo se vuelve experto en cartilla. Cuando le toca a Natico, todo el resto de jugadores busca resguardo detrás de las columnas, porque al tacar, mueve el taco en todas las direcciones y puede uno recibir un buen golpe, luego con el cuerpo y taco, va siguiendo la dirección de las bolas, bufando de un modo terrible y cuando se detienen, ya la pieza ha quedado a oscuras, pues