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Vuelve la moda Jackie en Argumentaria
Vuelve la moda Jackie
"Ya tengo 62 años, y hace más de 30 que estoy en la mira del público", le dijo Jacqueline Kennedy Onassis a uno de sus amigos en 1991. "
"Ya tengo 62 años, y hace más de 30 que estoy en la mira del público", le dijo Jacqueline Kennedy Onassis a uno de sus amigos en 1991. "No puedo creer que todavía haya alguien que se preocupe por mí o a quien le interese lo que yo haga". ¡Qué equivocada estaba! .
Cuando entró en la vida pública de Estados Unidos apenas tenía 31 años y era la primera dama más joven en lo que iba del siglo XX. Sólo vivió en la Casa Blanca de 1961 a 1963, pero siguió siendo objeto de admiración, e incluso de obsesión, hasta el día de su muerte.
Parte de la fascinación con Jackie se debió al momento: la televisión surgió como medio de información masivo en el preciso instante en que ella, John F. Kennedy y sus hermosos hijos se convertían en la primera familia. El mundo entero podía verlos por televisión, le encantaba lo que veía y quería verlos de nuevo. Más tarde, después de los asesinatos de John y Robert Kennedy, ella fue el foco del dolor de una nación.
Pero Jackie era más que una cara bonita en la pantalla chica o la reina de un trágico cuento de hadas. Como supermamá moderna, les dio a Caroline y a John una crianza que les permitió convertirse en adultos ejemplares y evitar los baches en los que cayeron muchos de sus primos. Simultáneamente con el surgimiento del feminismo, empezó a trabajar como editora de libros. Se llevaba su almuerzo al trabajo en una bolsa de papel de estraza y ocupaba una oficina sin ventanas, en tanto se ganaba con su esfuerzo un puesto más alto en la casa editora. Nunca dejó de darle una oportunidad al amor: se casó con Aristóteles Onassis y, después de la muerte de él, tuvo una relación tranquila con el financiero Maurice Templesman.
Jackie Kennedy fue la Primera Dama de EE.UU. más estilosa de todos los tiempos. Su encanto revolucionó la Casa Blanca y encandiló a los norteamericanos. Su forma de vestir, clásica y recatada, pero con algún toque de modernidad, está ahora de plena actualidad.
Siento como si me hubiera convertido en un objeto de propiedad pública", se quejó la primera dama a un conocido a principios de 1961. Durante la campaña presidencial del año anterior, la prensa y el público prestaron una enorme atención a la joven señora Kennedy. Y con razón: hasta donde era posible recordar, ninguna de las esposas de los candidatos había sido tan bella. Todas las mujeres estadounidenses querían parecerse a Jackie.
En sus anuncios, las tiendas de departamentos empezaron a usar modelos y dibujos que se parecían a Jackie. Una revista de cine ofrecía consejos sobre "Cómo volverse la Jackie Kennedy de su ciudad", con recomendaciones para copiarle la imagen. Y la persona objeto de toda esta atención observaba con desconcierto. "¿Qué tiene que ver mi peinado con la capacidad de mi marido para servir a su país?", preguntaba.
El escrutinio se volvió tan intenso que Jackie comprendió que necesitaba la ayuda de un profesional. Acudió al diseñador de modas neoyorquino Oleg Cassini, viejo amigo suyo. Jackie le escribió: "Me niego a permitir que el gobierno de John se vea inundado de notas de moda de naturaleza sensacionalista, o a volverme la María Antonieta de los 60". Cassini recordó sus primeros encuentros con la señora Kennedy, cuando decidieron lo que ella se pondría para la toma de posesión de su esposo.
Por la mañana del viernes 22 de noviembre de 1963, Jackie se vistió con un traje de Chanel en las habitaciones que compartía con el Presidente en el Hotel Texas de Fort Worth. Más tarde la señora Kennedy les contó a unos amigos que su marido había elegido el atuendo.
Unas horas después, el traje de lana color de rosa se había vuelto parte de la historia. La señora Kennedy se lo dejó puesto durante la ceremonia en la que Lyndon Johnson prestó juramento como Presidente, en el largo y triste vuelo de regreso a Washington, y finalmente durante su regreso a la Casa Blanca.
Jackie poseía un gran estilo para combinar la elegancia con la discreción, vestía prendas que ayudaban a disimular sus defectos: solía usar guantes porque tenía las manos grandes y los dedos manchados por el tabaco. Pero esta elegancia, no se limitaba al mundo de la moda, sino que se extendía a todos los terrenos, así cabe destacar su papel como defensora del arte, la música, la pintura y el cine.
El 20 de enero de 1961, para la inauguración de su papel como primera dama, Jacqueline Kennedy siguió el astuto consejo del diseñador francés Oleg Cassini, y apareció en la ceremonia de investidura de su marido, el presidente John F., con un chaquetón melton de lana greige, con sombrero redondo al tono y un cuello alzado de marta cibelina a juego con un manguito de piel.
En la jornada invernal, en medio de los dignatarios y políticos con trajes oscuros y las mujeres con atuendos de colores vivos, el tono neutral del modelo de Jackie se destacó para siempre en las imágenes filmadas y televisadas. Y es que las faldas cortas, la ropa amplia y los sombreros pequeños que, todavía en la actualidad se recuerdan como la "moda Jackie", fueron la impronta personal de Cassini.
Su misión era deslumbrar, abrir los ojos de quienes la miraban, seducir a millones. Y esta chica de prosapia, educada a la francesa, lo hacía con mucho gusto y cierta teatralidad. Muchas veces, elegía lo que se ponía para entonar con el contexto. "Su estilo no era la vanidad, sino una forma de vivir, no simplemente adornándose sino expresando su visión de la belleza en el mundo", observó una vez Richard Martin, quien fue curador del Costume Institute del Museo Metropolitano.
Por ejemplo, para el gran baile de la inauguración del gobierno demócrata, Jacqueline lució una capa de seda color crema, que ella diseñó junto a Bergord Goodman. Su objetivo era dar una imagen etérea y romántica. También diseñó el vestido de chiffon que llevó a la fiesta, que era del mismo color de la capa. Sin embargo, prefería usar la ropa que otros hacían para ella, principalmente, el franco-americano Oleg Cassini, quien era el coordinador oficial de su vestuario.
Cassini la entendía a la perfección. Por ejemplo, cuando Jacqueline tuvo que realizar una gira por América latina, donde su esposo trataba de promocionar la Alianza para el Progreso, ella quería lucir luminosa como un sol. Y él le diseñó trajes y vestidos claros, radiantes. A ella le encantaban el fucsia, el rosa, el salmón, los verdes claros. Casi nunca usaba estampados. El negro, sólo cuando lo merecía la ocasión.
No sólo una gran vidriera
En 1962, cuando fue a visitar al papa Juan XXIII, Jacqueline se hizo diseñar un vestido largo negro, inspirado en un retrato español del siglo XVII. Para realzar el dramatismo, se puso una mantilla negra.
En cambio, cuando Francia le prestó el cuadro de la Mona Lisa a la National Gallery —todo un evento—, ella lució un vestido con estilo imperial, para reforzar una imagen acorde con la ocasión. Obviamente, de nuevo deslumbró.
Oleg inspiró gran parte de su trabajo en esa alta costura francesa que tanto amaba Jacqueline a pesar de estar obligada a promocionar el "hecho en EEUU". Según recordaba "Le Figaro", su hermana, Lee Radziwill le llevaba los modelos auténticos y Cassini "se ocupaba de los trajes protocolarios y, sobre todo, de copiar los modelos franceses de Karl Lagerfeld para Patou, Hubert de Givenchy o Chanel, que ella no podía portar directamente".
Todo lo cual no impidió que algunos grandes modistos franceses como Hubert de Givenchy diseñasen para Jacqueline numerosas creaciones, entre otras las que le acompañaron en 1961 durante su visita oficial a Francia, en la que cautivó al General De Gaulle.
Jackeline Kennedy también sirvió de inspiración a diseñadores que van desde Valentino hasta Emilio Pucci con su fresca belleza, facciones perfectas y una sonrisa de un millón de dólares.
En 1966 Jackie Kennedy apareció en minifalda y con ello el símbolo de la mujer americana daba paso a la avalancha de mujeres que, aglomeradas en los almacenes, escogían la "mini" que se ajustara a sus medidas. Jackie Kennedy llevaba el bolso para colgar del hombro que ahora se conoce como el bolso "Jackie O".
Sobra decir que Jackie Kennedy ha sido uno de los personajes más imitados del siglo XX. Su estilo y su elegancia marcó una época y, cómo no, también su peinado.
Así su media melena llena de volumen, sobrepeinada, clásica y estilosa, siempre fue sinónimo de buen gusto y distinción y fue uno de los looks más imitados por las americanas de los años 60. Ningún mechón se descolocaba de su lugar, incluso cuando la mujer del presidente optaba por el estilo más informal. Un look digno de una primera dama.
CÓMO IMITAR SU ESTILO HOY:
con gafas enormes de montura negra, zapatos de punta cuadrada y manoletinas, pantalones Capri, chaquetas cortas, twin-sets, pendientes enormes de perlas...
Enlaces:
Vuelve la moda Jackie
mipassado.com
Creado por sibylla | 0 comentarios | 27/08/06 00:41
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