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Pensar lo Grupal. Por:Francisco Mora Larch en www.psicosocial.geomundos.com

Pensar lo Grupal. Por:Francisco Mora Larch

Nuestro acercamiento a ese lugar se dio a partir de ir pensando al grupo real como mediación, es decir, el grupo nos ubicaba en una intersección entre lo individual y lo social más amplio PENSAR LO GRUPAL
Reflexiones Desde la Experiencia y la Práctica Grupal.

Francisco Mora Larch


Introducción.

El tema que presento concierne a la reflexión sobre los grupos y cómo han sido pensados desde la óptica de una psicología social de corte analítico. Pero la psicología social se nos presenta de entrada como una disciplina incluyente y siendo así, estas reflexiones deberían contener términos, nociones y conceptos variados cuyos referentes se pueden encontrar en autores tan dispares como S. Freud, Pichón Riviere, Grinberg, Langer y Rodrigué, W.R. Bion, Kurt Lewin, Didier Anzieu, Rene Kaes, etc.

Así, podríamos iniciar y terminar haciendo una crítica de algunas concepciones y proponer una menos heterogénea, que estaría de acuerdo con la epistemología que sustentamos. Pero mi idea no es sólo comentar teorías o desde teorías, y de hecho no puedo hacerlo, mi formación incluye un entrenamiento en Psicoanálisis desde cierta ortodoxia. Pero también, y debido a mi interés por lo social me forme en la técnica de Grupos Operativos de Pichón Riviere.

Quizás fue sólo un título lo que me llamó la atención hace dos décadas: Del Psicoanálisis a la Psicología Social. El texto que resume y sintetiza las concepciones de Pichón, un psiquiatra institucional, como tal, un operador social consciente del compromiso con las problemáticas sociales.

Su formación lo instrumenta, pero de manera limitada para promover los cambios de su entorno, Pichón recurre a los aspectos más creativos de su personalidad y creo que allí habría un paso mítico, simbólico, lo pienso de esta forma: estando abiertas las puertas del consultorio, su nivel de conciencia social reclama el mundo real para poder incidir en los procesos inter-subjetivos más que los intra-subjetivos, en el mundo de las interacciones humanas: Del Psicoanálisis a la Psicología Social, como título, resume opciones, decisiones o renuncias y compromisos del Psicoanalista al Psicoanálisis, en una de sus acepciones: en su acepción de método de tratamiento, que sería el factor de menor trascendencia desde el punto de vista social.

Pero Pichón se siente ya equipado con el bagaje conceptual obtenido desde el Psicoanálisis, cuenta con una teoría del psiquismo que contempla los aspectos conscientes e inconscientes, lo que lo diferencia de cualquier otro autor (salvo Bion, W.) que se acerca al estudio de los grupos, pero también cuenta con el método de investigación de ese psiquismo. Por otro lado, Freud le habría dado pautas teóricas para estudiar los fenómenos grupales y entender las formas básicas del entramado de redes sociales, nos referimos obviamente a Psicología de las Masas y Análisis del Yo.

Creo que con este título Freud pautó el camino de Pichón, aunque este invirtió los términos. En Freud, se hace una crítica de la psicología social al uso, de tipo descriptivo y concluye que para entender los fenómenos de psicología social habría que remitirse al análisis del Yo, que es a lo que se aboca el Psicoanálisis.

Sentadas las bases, Pichón propondrá entonces, partir del Psicoanálisis hasta llegar a una Psicología Social, sin abandonar las enseñanzas freudianas. Freud funda el Psicoanálisis y pasan más de dos décadas para desarrollar este trabajo de Psicología Social. Desde aquí, sólo podemos decir que Tótem y Tabú era el ensayo previo, ya que se significa al Padre como representante de lo social en la familia, y cómo el líder (imaginario) en los grupos.

Para el tema que nos ocupa, podemos empezar por explicitar entonces nuestra ubicación teórica, para saber si la realidad Grupo, puede ser tomada como objeto de estudio y de intervención técnica, es decir, cómo pensamos al fenómeno grupo. Y aquí, pensar es ya una práctica, al indicar que pensamos al grupo, no lo vivimos, lo conceptualizamos, no lo describimos; lo construimos teóricamente, no lo aceptamos como un dato científico.

Al hablar así, me doy cuenta de la radicalización de una postura en aras de transmitir lo que hemos integrado como participantes, estudiosos, observadores y fundadores de diversos grupos. En este sentido, la cuestión residiría en saber dónde ubicarnos para observar lo que implica una postura epistemológica, ya que el punto de vista es lo que crea el objeto como un diseño o modelo teórico, en otras palabras, la metodología sustentada es la que sigue los pasos de elaboración teórica corroborada por el trabajo con lo real, y la forma como éste retro-alimenta nuestras formulaciones sobre lo grupal.

Nuestro acercamiento a ese lugar se dio a partir de ir pensando al grupo real como mediación, es decir, el grupo nos ubicaba en una intersección entre lo individual y lo social más amplio. En otros términos, si no hacemos abstracción, por ejemplo, no podemos pensar o entender a un niño, si no es con referencia a una madre....y a un padre; del mismo modo, la cuestión del grupo nos indica que no lo podemos pensar si no es con referencia a los sujetos que lo constituyen y al contexto social del cual surge; traducido en términos de Pichón Riviere, esto hace referencia a las nociones de emergente, verticalidad, horizontalidad y portavoz. No podríamos hablar de grupo en abstracto.

El grupo, así, es una realidad que necesita ser pensada, ¿desde dónde? Como espacio de intermediación entre lo individual y lo social, pareciera que sería necesario articular, parafraseando a Foladori, una teoría del Psiquismo (inconsciente), y una teoría de lo Social. La síntesis realizada se resume en varias historias, una ha sido reseñada por A. Bauleo en varios textos. Otra, puede ser abordada desde el texto de Helmut Dahmer, Libido y Sociedad.

Pero no podríamos dejar de pensar en la forma que el Filósofo y Psicoanalista griego Cornelius Castoriadis intenta entender nuestra época en su texto: La Institución Imaginaria de la Sociedad o en sus ensayos “El campo de lo Histórico Social” o “Psique e Historia”, etc.

Retomando a Bauleo, él se desprende de una línea de pensamiento y acción, de praxis, en cuya base se encuentra Pichón, creador de la técnica de los grupos operativos y con ella funda a la vez las bases de una psicología social operativa, es decir no académica, sino instrumental, que no puede investigar sino actuando, que no puede actuar sin investigar, (es la expresión de la action research de K. Lewin), donde siempre y a decir de Pichón “toda psicología en sentido estricto, es social”.

En la teoría de Pichón se pasa del análisis del conflicto interno, intra-personal, al conflicto familiar, psico-dinámico, ya que la familia es la estructura social básica de toda cultura. Entender la enfermedad individual como un síntoma, emergente de esta estructura, es el paso previo para entender la psicopatología como una psicodinamia que va más allá del individuo, el que puede ser visto o entendido como el portavoz, “emergente” de una estructura que busca el equilibrio a través de la depositación, y después, de la segregación de uno de sus miembros.

No entraremos más allá en los postulados de Pichón Riviere, pero leámoslo desde este planteamiento de G. Bachelard: “Desde que el objeto se presenta como un complejo de relaciones, es necesario aprehenderlo por métodos múltiples” (epistemología convergente, en Pichón R.)

En cierto modo, la idea capital es seguir el movimiento de la cosa real y reproducirla a través de la construcción de un modelo teórico que de cuenta de la cosa, sin ser él mismo más que una duplicación, pero enriquecida, ampliada, universal, que permita dar cuenta como modelo (ideal), de los grupos reales.

Hablaríamos así, en relación a la psicología social de Pichón Riviere, de una ciencia de los grupos, donde llegamos o nos acercamos a lo real por la vía de la abstracción. En este sentido, nuestro modelo, construcción teórica, sería tan universal que estaría abierto a ratificar o rectificar desde la experiencia, desde la praxis, su andamiaje conceptual, enriqueciendo así al mismo modelo que se utiliza como instrumento de trabajo.

¿Qué es el grupo? El Grupo, no es el conjunto de los individuos que lo forman, si es que no es una realidad dada sino construida socialmente o teóricamente, pensada y hecha concepto. Hablar de grupo es hablar de una realidad, su estatus es el de ser una realidad o un fenómeno social, pero no puede ser pensado como “la estructura social”, es un producto, es punto de llegada. Se trata de buscar así, en esta unidad, la síntesis de múltiples determinaciones.

El aporte de lo individual juega su parte, ya que un grupo lo forman personas y sus relaciones son las que “vitalizan” y estructuran al grupo; sin embargo, la estructura individual, ni su suma pueden dar cuenta (explicar) el fenómeno, pero tampoco podemos prescindir de este concepto para llegar a una noción de lo que el grupo es. Al decir estructura, hablamos entonces de un algo más que la suma de los individuos.

Por ejemplo, un grupo existe en función de una tarea, y para ello su forma de organización hace que se dé cierto liderazgo y así, el tipo de líder y la índole de la tarea estructuran la forma de organización grupal; sin embargo, un modelo grupal puede ser pensado como una estructura donde objetivo (social) y liderazgo (psicodinamia) forman parte fundante de ella.

En todo caso, estos son elementos que hacen a la estructura grupal como conjunto de relaciones humanas que están determinadas y sobredeterminadas por otras dos: la estructura social y la estructura psíquica de los sujetos. Al intentar una síntesis de los niveles de lectura Pichón crea el concepto de vínculo, al que define como “una estructura compleja, que incluye un sujeto, un objeto, su mutua interrelación con procesos de comunicación y aprendizaje”. Como se ve, por todos lados aparece esta línea de pensamiento estructural, pero a la vez dinámico.

De ahí, que en la búsqueda de una definición de estructura grupal Bohoslavsky establezca que “ a) es un todo diferente a la suma de partes; b) es algo más que la suma de partes”. Una ‘reducción’ individualista de lectura puede ser observada al producirse el concepto de aparato psíquico grupal desarrollado por R. Kaes, el que hace referencia al aparato psíquico individual desarrollado por Freud en Psicoanálisis.

Una reducción sociológica puede ser pensada desde lo que se conoce como el pequeño grupo, por referencia a ‘el grupo grande’ que sería la estructura social o puede buscarse en los ‘experimentos sociales’ como la Comuna de París en 1871 por los comunistas, o el Falansterio del utopista y reformador social frances Ch. Fourier en 1830-40. Como se ve, llegamos al nivel de lo diverso y como dice Foladori “pensar lo grupal, ¿Acaso es posible sin otros? (...) lo grupal no puede ser pensado (individualmente), creo que el pensar es en esencia grupal... no hay posibilidades de pensamiento aislado de un determinado contexto social”.

Y como síntesis de este pequeño recorrido, llegaríamos al concepto de Pichón Riviere de una ‘epistemología convergente’, ya que el grupo real sigue este movimiento de la influencia social, de lo institucional y de lo psíquico, y en particular desarrolla una particular especificidad. Sin embargo, insistimos en el hecho de que “tanto la investigación científica como la práctica del psicoanálisis grupal son actividades colectivas, de las que deben dar testimonio los escritos que resultan de ellas. No obstante los descubrimientos más innovadores pertenecen a un individuo solo, al que han ayudado un interlocutor o un medio en consonancia con él”.


Cuestiones Provisorias.

1. El grupo insiste, es una realidad que apela al científico social, a una disciplina que estudie la conducta social en términos de estructura dinámica, como proceso.

2. El psicoanalista dudó entre estudiar e intervenir o no en el grupo. Su postura fue: hacer grupo es salir del psicoanálisis, hacer grupo es no hacer psicoanálisis, así que olvidó al grupo; el técnico debe saber que el olvido es efecto de la represión y que lo reprimido tiende a acceder a la conciencia (o en su caso, nos ‘reclama’ desde la realidad social.)

3. Freud indicó en Psicología de las Masas, el nivel de abordaje e intervención cuando se trabaja en grupo, mientras se logra crear un dispositivo que permita la intervención, la que traerá una serie de reformulaciones teóricas desde la práctica; este nivel era fundamentalmente el de los procesos identificatorios de los individuos con el líder y de los individuos entre si, es decir, transferencias centrales y transferencias laterales y en todo caso, el desenmascaramiento del líder como introyecto imaginario que se ubica a nivel del ideal del yo y lo sustituye.

4. El proceso relativamente tardío del trabajo psicoanalítico grupal se refiere a las dificultades teóricas y metodológicas que iban en el sentido de la construcción de un objeto teórico para lo grupal a nivel de lo que era el Inconsciente o el Aparato Psíquico, para explicar el fenómeno humano especifico de cada sujeto particular.

5. No sucedió lo mismo con el grupo, éste siendo pensado incluso como una unidad tenía un marcado tinte social. El gran (y osado) paso era aplicarle instrumentos teórico-metodológicos provenientes de una psicología ‘individual’ para dar cuente de él.


La experiencia de Bion resultó singular: tomando a un grupo amplio como objeto, le resulta difícil emplear la terminología psicoanalítica al uso (Freud) y crea nuevas nociones para explicar el fenómeno grupal que se desarrollaba ante sus ojos, quizás haya algunas razones en esto:

1. No se trataba de investigar sino de curar;
2. Como buen psicoanalista, Bion no prejuzga, escucha, su teoría deriva de un apego a los hechos observados, tratando de entender lo que ocurre; este ‘tratando de entender’ hace referencia a una teoría en acción (una referencia a los conceptos derivados del estudio del psiquismo temprano en la corriente de Melanie Klein).
3. Parece ser que la experiencia en grupos lleva al individuo a producir en compañía de otros un material no accesible sino a conceptos derivados del estudio de psicóticos o de niños muy pequeños.
4. Es difícil, casi imposible, concebir al grupo si no es con referencia al individuo y a la sociedad, a no ser que se utilice una abstracción que carezca de significado. Algunos de los nuevos conceptos desarrollados por Bion en su texto son: Grupo de Trabajo; Mentalidad Grupal; Supuestos básicos: de apareamiento, de dependencia y de lucha y fuga.


El Grupo Como Instrumento

Ubicamos al grupo como la unidad mínima de intervención, en particular, si no queremos vernos envueltos y empantanados en una práctica asistencial que se consume en sí misma, y podamos trascender hacia la prevención de la patología social o la promoción de la salud mental. La importancia que revisten los grupos para los seres humanos, es porque son el espacio potencial del cambio o de la estereotipia, de la ratificación o rectificación, de lo que afectiva y racionalmente hace el hombre. El grupo es construcción humana por excelencia. La construcción por excelencia de un grupo, es un ser humano socializado, apto para la convivencia humana.

Hacemos el distingo de entrada entre el hecho y el concepto de grupo, entre ambos hay una relación mediada por el trabajo del pensamiento sobre lo que representa para todos lo que es un grupo: un conjunto de seres humanos con una tarea común y unidos en un tiempo y espacio histórico-social.

Los grupos son formas de expresión de procesos humanos objetivamente verificables, pero no necesariamente medibles o cuantificables; también son instrumentos de acción, es decir, el individuo piensa al grupo para realizar acciones que transformen y dominen la realidad tanto natural como social, objetivación de dominio singular en la especie humana por la eficacia específica que ha desarrollado.

La gente se reúne al encontrar en el grupo representaciones particulares que testimonian identidad de percepción en la satisfacción de necesidades comunes a otros, la necesidad exige el vínculo con el otro, el vínculo es comunicación, intercambio. De ahí que el grupo es también el lugar de la palabra y el lenguaje, del pensamiento y de la acción. Como matriz humana, el grupo se funda en la Ley de la cultura; en el límite, la prohibición es la que estructura lo infrahumano amorfo de la necesidad animal (instinto sexual, agresividad), y lo imaginario de una subjetividad aún no mediada por un tercero, código o ley.

Del conflicto entre ‘necesidades comunitarias’ y prohibiciones necesarias (para la convivencia social), surge el deseo, nudo de confluencia, porque sobre este gira la vida humana; hablar de deseo es hablar de conflicto humano-social que se tiñe de los sentimientos y de las emociones mas diversos que serán sometidas o normadas al control de las instituciones culturales.


El Grupo y el Sentido de lo Humano.

Pero el grupo protege y es riel de comunicación, al usarse como instrumento técnico, permite captar el sentido del acontecer humano siguiendo la vía de la influencia grupal en el individuo, o de la eficacia simbólica del individuo sobre el grupo, la que marca roles y estatus, formas de acción y reacción, la posibilidad de acceder a estímulos diversos y responder a ellos según moldes o troquelados culturales. Diríamos que el grupo permite la observación objetiva del hecho humano social.

La demostración por la vivencia envía a la reflexión del propio quehacer (primero imitación, luego identificación), del desempeño de un rol vivido pero no pensado, lo que permite la toma de conciencia o el surgimiento de un ‘yo crítico’ de los sujetos en situación por la vía de la introspección alimentada por la visión a ‘distancia’ del propio accionar. Lo que hace por otra parte el grupo, es comprometer al individuo a realizar un análisis de sus propios sentimientos, acciones, ideologías, costumbres, en la contradicción permanente de la diversidad en la unidad, en el surgimiento de la visión de un yo desgarrado por el conflicto, que cobra sentido en un contexto de mediación social.

Son los vínculos establecidos a ese interior como estructura relacional, los que identificados, dan sentido humano a cada sensación física, a cada acto o palabra, originando los procesos de subjetivación, liberando al hombre a la vez de la carga histórica (y real) que le tiene predestinado determinado monto de sufrimiento o dolor, goce o placer, cuando no la misma aniquilación física y / o mental.

Encontramos de nuevo el sentido del sin-sentido de determinada experiencia humana, de cada forma de ser, de cada gusto o disgusto con la propia existencia. Lo que hace el grupo entonces es socializar o re-humanizar cada dimensión de la existencia, lo individual no es sino una suma sintetizada en la particularidad de una vida que le da estilo a lo aportado por cada elemento humano del contexto donde el hombre es. ¿qué es el hombre? Desde aquí, una subjetividad que se hace a sí misma en el intercambio humano y se rehace en cada espacio socio-afectivo.

La implicación fenomenológico-existencial de este ser en situación lo sujeta, lo ata, a un compromiso interno-externo. Se vive en grupo para que el grupo viva en las existencias-experiencias individuales, aún en la necesidad de vivir ‘solo’ con uno mismo en la experiencia más banal. Esto es ya historia interiorizada, la que se actualizará en los modelos de organización del grupo en función del contexto social más amplio.

La socialización que produce el grupo, estructura al sujeto en un proceso de engarzamiento con la realidad natural y social, esta función tiene como fin la integración paulatina al medio, resolviendo así las contradicciones al interior del individuo que esta integración supone, amenazas del exterior que quedan de este modo neutralizadas, o va incluyendo elementos sociales que encaminan al sujeto a la expansión de su despliegue social.

Si el grupo es función social, no está solo para transmitir las diversas visiones del mundo humano desde la ideología, sino también para ofrecer puntos de vista alternativos que son procesados en los dispositivos de metabolización del “nivel mental” de cada grupo.

Si hay un cambio en los puntos de vista del sujeto, esto por lo regular no ocurre sino en la experiencia del encuentro con otros significativos (o los que van por esa vía, al compartir una experiencia, pretexto de identificaciones imaginarias que hacen actuar a los sujetos de manera efectiva), compañeros de viaje en un proceso que recurre a las vivencias y al manejo de los afectos e ideas con una importante carga emocional, lo que va creando poco a poco, modelos de accionar individuales e incluso grupales.

Cuando decimos esto, estamos aceptando que tanto el grupo ata, crea inercia y repetición como también que el grupo es el lugar de la ruptura de las estereotipias de interpretación y de acción en el mundo social.


El Grupo Como Red Social.

De este modo, el grupo puede ser visto como un permanente proceso de re-estructuraciones donde, sin abandonar las estructuras de base, estas son recreadas en cada nueva experiencia que posibilita las vías del intercambio con los otros, pero con la implicación de un contacto que va más allá de compartir un discurso vacío (ya que el grupo exige), o el de accionar paralelamente en una tarea que nos junta pero no nos reúne, negación de los lazos humanos más profundos que siempre llevan al compromiso con el prójimo-próximo.

Es claro que esos lazos humanos más profundos no tienen otro modelo tan original como los lazos familiares, matrices estos y modelos de vínculos y estructuras relacionales de cada individuo, que se re-actualizan en cada nuevo intento de estructuración o de fundación de un grupo donde deberán ponerse a prueba para una valoración social.

De ahí que toda intervención que implique la instauración o fundación de grupos, conlleva siempre re-actualización de la historia individual, cuestionamiento del ser en el aquí y ahora, momento de corte en un proceso que cobra vigencia social, un sujeto que es en la medida en que deje de ser lo que era, para un antes que está desfasado del panorama en el que ahora se incluye; exigencia de cambio o de aceptación de una realidad distinta, que requerirá de cada uno respuestas no contabilizadas hasta ahora en su repertorio, aprendizaje en sí, aprendizaje de una nueva tarea, de un nuevo estatus, de un nuevo rol que deberá cobrar sentido en la toma de conciencia del por qué y del para qué de su actividad, de una tarea compartida por los otros, que sin pensarlo, viven parecido proceso: esto es aprendizaje de una nueva modalidad relacional con los otros, aceptando también su ‘saber’ y su ignorancia con respecto a su estar ahí, en un mundo compartido para crear juntos un proyecto que los trascienda en su condición humana.

¿Por qué el grupo? No hacemos sino resaltar lo que de uno u otro modo muchos han indicado, el aprendizaje no es sino aprendizaje social, de una realidad humana siempre cambiante.

El Grupo “propone” siempre estructuras de relaciones a las que cada sujeto responderá desde su historia y desde el momento actual, condición y posibilidad, dos elementos de un proceso que en el orden de lo humano remite al triángulo edípico, juego del deseo y de la ley, del sujeto, del objeto y de la prohibición. No será sino en el ajuste del aquí y ahora grupal que el referente interno familiar, “tratará” de saldar sus cuentas en el espacio donde encuentre inscripción, aún imaginaria (y en verdad los grupos existen en función de eso).

Ésta entonces no es sino historia concisa de situaciones triangulares sucesivas que se superponen y obligan al desanudamiento de lo polifacético humano (el Magma de significaciones a un nivel reducido, del que habla C. Castoriadis) para hallar, o mejor producir conciencia del condicionante de las situaciones (re)vividas: lo extraño-ajeno-familiar, el rostro de un imaginario hecho acto (no acción).

Pero el desanudamiento, al develar lo latente grupal, lo enfrenta a la conformación de una realidad diferente, reconociendo también en su presencia, la existencia de un registro de la condición humana hasta ahora no “tocado”, por el valor de “objeto tabú” que se le concede (la realidad del deseo inconsciente, descentrado de la conciencia, de la voluntad, de la inteligencia, aún la emocional).

Si hay un fenómeno que sea útil para reconocer la heterogeneidad, la alteridad y la diferencia que involucra el término Magma de significaciones, es el espacio grupal. Si llevamos al extremo la noción de Magma de significaciones, de Castoriadis, haremos referencia al término Magma: a lo que da origen este cúmulo de elementos que son generativos de una actividad, en este caso la volcánica.

El Magma es la fuente, es el material que trabaja desde lo subterráneo y provoca una serie de procesos hacia la superficie y el afuera. Nos recuerda la Relación inconsciente - consciente de Freud, pero también nos remite a Klein, el Volcán como un Pecho generativo y alimentador, lleno de un magma de significaciones, primer objeto (parcial, por cierto), con el que tiene contacto el infante, primer objeto de deseo humano, objeto de las proyecciones más variadas, relación de una tribu arcaica (un grupo), con sus dioses más temidos y a la vez, venerados.

Así, el magma generativo de una actividad puede ser representado por el grupo, por la sociedad humana, que se vuelve constructora de su propio destino, lo que implicaría la reducción de algunos factores de lo imaginario por el control consciente a través de la acción real, de la praxis humana.

Esta desfantasmización o destabuización lleva a un ensanchamiento del yo crítico del sujeto, que intenta responder a la realidad, la que exige otro tipo de respuestas a las intentadas, nuevos discursos, cambios de esquema de la concepción del mundo e incluso de sí mismo y sobre todo, de su cuerpo (modificación y transformación del ecro en Pichón Riviere, conformación de un nuevo ecro como actividad productora de subjetividad).

La reestructuración de lo individual lleva así a la transformación de la organización relacional grupal, al introducir serias modificaciones en las pautas de comportamiento que imperaban hasta ese entonces; y así, una modificación de uno de los elementos o de varios, modifica toda la estructura. Si como dice Anzieu, uno va al grupo como va al sueño, mueve el deseo, ese movimiento tendencial inexpresivo, mudo.

Más uno espera resistencia y por lo regular la encuentra, pero en una contradicción al interior del sujeto, al no hacer el distingo entre grupo e institución; o la encuentra en ciertas configuraciones grupales que son muy indicadas para resistir a cualquier influencia de la realidad externa (algunas sectas religiosas son modelo de este fenómeno). Una intervención técnica llevaría irremediablemente a analizar la problemática y la dimensión del poder y de su ejercicio.

Las conductas del individuo en el grupo son pautas institucionalizadas, sancionadas socialmente, y así, está agarrado a los moldes normalizadores con poco margen para el ejercicio de algunos valores pregonados por la sociedad “abierta” de estos tiempos: la libertad, la creatividad, la autonomía, la responsabilidad y la participación.

Los grupos operativos de Pichón Riviere asumen explícitamente la cuestión de asumir y superar la contradicción entre el discurso y la actuación, ya que se originan desde el trabajo y la tarea, como promotores de un cambio social planificado, comprometido con la acción y contra estos moldes que impiden todo cambio real.

Esto requiere un trabajo de análisis, que lo brinda el espacio grupal, espacio amenazado siempre por su inestabilidad, por su evanescencia, por el mito de la familia como grupo y del grupo como una gran familia, mito, porque entre ambos términos no existe sino contradicción permanente.


Redes Sociales y Sentido de lo Humano.

Si la separación afectiva, requisito indispensable en la constitución de cada sujeto, no se da sino en y con la institución familiar, esto significa que toda pérdida, como una separación lleva a la soledad (separación necesaria, fundamental, para lograr la reconexión deseada humanamente); estar a solas con el mundo, destino infranqueable del hombre, sea como nacimiento o como muerte; entre ambos extremos, las experiencias reactivadoras del “estar sólo” envían a la puesta en movimiento de las ansiedades más tempranas y sus fantasías concomitantes: como ejemplo, la angustia de abandono (clave en el suicida), y las fantasías de des-estructuración vividas como angustia inconcebible (Winnicott), aparecen en el individuo como desgarramiento del cuerpo o de caer en un vacío sin fondo, donde se da la posibilidad de la muerte física y /o mental.

Hablamos aquí de las vivencias experimentadas por los miembros de un grupo y de los alcances que un grupo tiene como contención de lo que ahí se vive. La realidad cobra de este modo su cuota simbólica en el devenir de la existencia humana, hecha imágenes y sensaciones, vuelta a la existencia de la carne, a lo amorfo de un cuerpo fusionado con el mundo; des-construcción de la realidad psíquica siempre de otro, desvanecida, ilusoria, escapista al torrente del proceso cultural del grupo.

El trabajo de intervención del Psicólogo Social Analítico no debería sino apuntar a un proceso de construcción y / o reconstrucción e incluso de restitución de los elementos no elaborados o no asimilados por los dispositivos virtuales en su funcionamiento que juegan en el proceso: el aparato psíquico de los sujetos o las diversas dimensiones de la experiencia societaria (familia restringida o ampliada, guardería, kinder, escuela básica, clubs, instituciones religiosas, instituciones de salud de los diversos gobiernos etc).

Las vivencias-sensaciones y los mitos terroríficos se humanizan en la circularidad espiralada de la palabra grupal. Se instala un proceso de simbolización que da humanidad o sentido a una realidad que se imponía a priori como un saber indecible.

De esta forma, cada situación vuelta fantasmal por el pasaje del dentro hacia fuera, jugará siempre como disparadora de un proceso que trascenderá los limites de una individualidad que socializa su conflicto al compartir y hacer re-sonar las matrices comunes de los procesos más evolucionados y por ello más diversos, de un universo que ha sido pensado y por eso es tal. Concepción diacrónica, utopista, acorde con la evolución del fenómeno humano, asentada en los valores de una cultura instrumentada para combatir las disociaciones entre el decir y el hacer, entre lo formal y lo real: sensibilidad, participación, imaginación, apertura, convivencia, tolerancia, respeto a la diferencia y sobre todo congruencia.

Aquí, la fuerza de la Dihké, la fuerza sustentadora de la vida social, encarnada o hecha presente en cada miembro del grupo humano vuelto límite, será la potencia que organizará los fundamentos de una vida o existencia puramente animal o de una subjetividad envuelta en los pliegues de lo ilusorio, negación de la realidad específicamente humana.

Por ello, si apuntamos a este nivel de intervención como técnicos de lo humano, tomemos conciencia de la implicación ética que reviste, fundamento mismo de esa intervención, ya que como factor de mediación existencial, se cumple una función de acceso a un mundo simbólico, arrogándonos en ese desliz la representación de lo social, que muchas veces determina, sin desearse, destinos-voluntades de individuos o grupos humanos.


Bibliografía Básica.

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Creado por larch | 0 comentarios | 16/07/05 19:02

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