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La Identidad del Psicólogo. Por: Horacio Foladori Aveledo en www.psicosocial.geomundos.com
La Identidad del Psicólogo. Por: Horacio Foladori Aveledo
No pocos psicólogos han creado sus teorías en base al análisis de los llamados errores. Sólo algunos se han dado cuenta de la necesidad de romper con los imperialismos epistemológicos de la disociación sujeto-objeto y plantear la problemática desde otra perspectiva
La Identidad del Psicólogo.
Horacio Foladori.
Vamos a abordar una problemática esencialmente técnica pero que no deja de tener implicaciones metodológicas y teóricas.
Nos estamos refiriendo a las circunstancias de uso del instrumental psicológico: aquello en donde debiera ser conocedor, erudito y diestro operador, y que además señala la especificidad que permite diferenciarlo de todos los otros profesionistas..
Se trata, por tanto, de una práctica técnica que le da un lugar diferente a otros técnicos, constituyéndose por eso en la práctica estructurante de su identidad. Un psicólogo es tal si es capaz de manejarse con ese instrumental, extraer de él el mayor partido posible y de la manera particular que permite registrar lo psicológico.
En los campos de la psicología social, educativa o clínica, el primer contacto con el público se produce a través de una demanda. La demanda apela a algún tipo de participación del psicólogo, solicita su intervención, pide ayuda, asesoramiento, orientación, es decir, requiere ser escuchada.
Lo mismo se trata de un pedido institucional, familiar, individual, grupal, etc., siempre tendremos una demanda planteada por un individuo o por varios (de edad o edades variables) que dicen representarse a sí mismos o a un grupo mayor que a su vez integran, o que nos llaman en nombre de individualidades jurídicas o de sectores de éstas que son las instituciones.
En todos estos casos siempre hay una demanda que a su vez, tiene un contenido –vinculado a un campo específico de la psicología como los ya señalados- problemático referido al ámbito de la salud (clínico), del aprendizaje (educativo) o de relaciones interpersonales grupales (social).
Aceptemos que estos tres campos aparecen definidos desde un accionar, configurando unidades mal delimitadas pero que al menos descriptivamente y desde la demanda, presentan la ventaja de clasificar un poco los observables del pedido. En forma alguna –como podría pensar alguien- tienen que ver con fundamentaciones causales del problema tratado: será tarea especifica del psicólogo el deducir si la demanda está adecuadamente planteada o conforma a su vez la cubierta que pretende tapar otro problema no tan observable directamente. La pregunta ¿qué hay detrás de esta demanda?, debe estar permanentemente presente en la mente del técnico.
Ahora bien, tal demanda requiere –para que pueda ser formulada como tal- un espacio adecuado y un tiempo que le dé sentido de solicitud de ayuda profesional y que le brinde además garantías mínimas en su calidad de problema especifico que no necesariamente debe ser de dominio público. En todo caso, el técnico debe poder garantizar condiciones mínimas de seguridad para mantener el secreto profesional, y para posibilitar un estudio en profundidad del material aportado, según sea necesario.
El instrumento con que cuenta el psicólogo para dar cabida a la demanda es lo que habitualmente se denomina Entrevista Psicológica (abierta). La entrevista configura así, el espacio, es decir, el lugar preferentemente cerrado y el tiempo establecido donde el consultante tiene la seguridad de ser escuchado en los planteos para los que se constituye transmisor.
La entrevista es el primer contacto formal y técnico, donde el psicólogo ocupa su lugar de escucha abierta a lo que el demandante quiera plantear. Se privilegia la Escucha, lo que hace a la especificidad de la práctica del psicólogo y lo diferencia de un encuestador que entrevista pero escucha solamente aquello que le interesa; de un periodista, que escucha solamente lo que le puede interesar como datos a una audiencia; o el caso de la entrevista médica, donde lamentablemente, sólo se escuchan síntomas orgánicos.
El psicólogo debe poder escuchar Todo, sin selección temática y sin intervenciones inductoras, por dos motivos:
1. Porque desde la perspectiva del técnico solamente una escucha suficientemente amplia, sin censuras ni caminos previamente fijados es capaz de proporcionar el mapa de problemas, conflictos, elementos y del grado de interrelación y dependencia que tienen unos con otros, es decir, proporcionar las bases hipotéticas de la magnitud y raíces del abanico de determinaciones que se abren al plantear la demanda.
2. Porque desde la perspectiva del consultante, el psicólogo conforma el lugar social donde hay que decir Todo, y donde es posible esperar un compromiso del técnico en ese sentido, de escucharlo todo. No existe otra persona, otro profesional o técnico en la organización social que sea capaz de escucharlo todo, sin juicios, valoraciones y rechazos. La confesión, que tiene el enorme mérito de privilegiar también la escucha, resulta finalmente condenatoria, culpígena y peor aún, reproduciendo un modelo relacional paternalista, que lejos de posibilitar la independencia del sujeto, fomenta su sometimiento.
3. Finalmente, porque la escucha apela al habla, a la necesidad de explicar, comunicar, verbalizar, conversar, es decir, contarlo de una manera propia a otro colocado en ese lugar privilegiado. El hablarlo es también el escucharlo por parte del propio demandante, es el tomar conciencia de lo que está diciendo, de la hilación de sus ideas, de sus obstáculos, de las dificultades de su discurso.
No solamente es poner el problema afuera, lo que permite por vez primera mirarlo como una cosa diferente, con adecuada distancia sino también pensarlo, analizarlo, desmenuzarlo. La palabra además, como representante de la cosa, se convierte en un símbolo, lo que permite un cambio de registro al mundo de la cultura, el mundo compartible.
Muchas veces es posible observar que el propio demandante va encontrando rumbos en su hablar solo; se va dando cuenta de detalles, de coincidencias, de olvidos, que le aproximan luz a su problema, que le plantean alternativas para enfrentar la crisis institucional, o la problemática familiar, o que le muestran caminos frente a las dificultades de aprendizaje de su hijo, o lo encauzan hacia hipótesis acerca de la raíz de sus problemas personales.
En todos los campos de la psicología , la Entrevista es el instrumento indicado para que el psicólogo comience a operar a través de su primer momento: la escucha. No es posible pensar en un psicólogo que no pueda manejar este instrumento, que no sepa conducirse en entrevistas abiertas, que no pueda escuchar (que es también escucharse, como veremos), que recurra a interrogatorios, tests, ejercicios, etc., en su primer contacto con su demandante.
La identidad del psicólogo lo da, como se explicó, el manejo tan amplio y particular que hace de la Entrevista, pero a su vez con objetivos tan definidos.
Habitualmente se critica a la entrevista abiertas destacando su falta de sistematicidad, su caoticidad, su imprecisión, su subjetivismo, etc. Ya hemos señalado lo absurdo de las críticas positivistas a la psicología, de la represión a la que se ve sometida ésta por parte de supuestos lugares universales del saber y de las ideologías cientificistas, tecnocráticas y de la política del no compromiso que llevan implícitas.
No abundare en ello, pero sí en un matiz que me interesa rescatar. Además, dichas críticas suponen que la entrevista abierta es más difícil que un cuestionario cerrado, que no es posible manejar todas las variables que se presentan, que no se pueden encontrar los datos que se necesitan, etc.. Tales planteos además de ser falsos en esencia suponen que el psicólogo es un técnico –no un profesionista- y que además, es débil mental ya que no puede contar con la capacidad suficiente para ser sistemático, organizado, preciso y objetivo.
Lo peor del caso resulta cuando uno ve que los propios psicólogos sostienen semejantes opiniones anuladoras de su propia profesión y de su identidad laboral. En los casos señalados el psicólogo siempre está al servicio del demandante, lo que no evita que pueda tener que redefinir la demanda en casos en los cuales el interesado sea finalmente otro. En las instituciones o frente a problemas de aprendizaje en niños o en el tratamiento de psicóticos, la demanda viene a través de una segunda persona, con la cual hay que deslindar el grado de participación frente a la ayuda solicitada.
Se podría decir que más que escuchar a personas, el psicólogo lo hace a situaciones presentadas a través de personas. Ahora bien, hay casos en los que el interés de la demanda no coincide (es más, es contrario) a la del sujeto escuchado. Cuando se realiza, por ejemplo, selección de personal, la demanda principal proviene de la empresa y se canaliza en un pedido que plantea elegir al mejor sujeto para la plaza vacante.
Los aspirantes a la misma no plantean realmente demanda alguna, no les queda otro remedio; si desean trabajar hay que someterse coercitivamente a todas las pruebas que el psicólogo determine, con el agravante de que los resultados serán en la mayoría de los casos negativos para el aspirante: sólo uno de diez, veinte o cincuenta aspirantes logrará ocupar finalmente la plaza, ¿cuál fue la ayuda que el psicólogo le prestó a aquel rechazado?.
Polémico problema que re-plantea en todo su vigor la circunstancia de un técnico que ha hipotecado su libertad profesional, vendiéndose al servicio de aquel que puede comprarlo. Todo un problema ético que pone sobre el tapete el interrogante de, ¿al servicio de quién trabaja el psicólogo?. Y si bien el caso ejemplificado puede resultar uno de los más claros, en otras prácticas algo más distantes de la problemática social aparece de igual modo implícito frente a cualquier intervención técnica.
Así, la tan manida discusión sobre el objetivo de los procesos psicoterapéuticos (en qué medida no adaptan al sujeto a una sociedad determinada) o sobre la necesidad de mejorar el grado de aprendizaje escolar (cuando las instituciones educativas fungen como aparatos ideológicos dl estado), o sobre las vicisitudes de un análisis institucional (¿romper o reforzar la institución tratada?), no dejan lugar a dudas acerca de la complejísima interrelación entre un operar técnico desde la psicología y las implicancias políticas que dicho operar podría acarrear.
Y retornamos así a lo ya planteado como problemática de congruencia, con nuestra inserción latinoamericana y con el proyecto de construcción de una Patria Grande con valores propios y libre de todo dominio, sobretodo norteño. Dicho de toro modo, todo accionar debe ser permanentemente criticado y discutido en sus repercusiones macro sociales so pena de caer en las consabidas políticas del apoliticismo que ya sabemos quien favorece.
Y si esto puede ser válido para todas las profesiones (cosa que en muchos casos no se plantea) resulta imprescindible en psicología, ya que se trabaja con seres humanos en sus condiciones cotidianas.. Que no surjan los omnipotentes con definiciones “revolucionarias” desde la psicología, ni tampoco los despistados para los que la técnica es una cosa y la política otra. Por eso, se trata de una problemática de articulación que debe ser incluida y analizada.
Cada profesionista aprende a utilizar un instrumento particular que lo convierte en técnico de una teoría sobre las dete4rminaciones del objeto de estudio y de una metodología, que posibilita enfocar esa realidad desde lugares congruentes con la visión que se tiene de dicho objeto. La técnica, por tanto, no puede existir aisladamente, tiene su sentido en la concepción del objeto y de sus relaciones así como sobre su enfoque.
Pero la técnica se operativiza a través de instrumentos, palancas, resortes, correas de transmisión que dan sentido a la acción transformadora sobre el objeto. Así, la especificidad del instrumento hace también el arte de manejarlo: los instrumentos quirúrgicos en manos de un habilidoso médico permiten superar las etapas críticas de múltiples enfermedades y mantener al sujeto con vida. En este caso, el principal instrumento es una particular habilidad manual que se vehiculiza hacia fuera del cirujano, hacia el paciente.
En psicología los instrumentos también abundan, las pruebas psicométricas y los psico-diagnósticos posibilitan obtener mapas de la problemática individual de sujetos, evaluar sus dificultades de aprendizaje, precisar el tiempo de vínculos interpersonales deteriorados, etc.. Pero ello queda en la etapa diagnóstica, previa a todo intento transformador, al igual que los Rayos X o los análisis clínicos.
En su acción decididamente transformadora, el psicólogo utiliza como principal “instrumento”, su propio mundo interno, su sentir, la conciencia e lo que le acontece a él cuando escucha la palabra del demandante. Este primer registro permite pasar a un segundo: intervenir en la situación para transformar el objeto de trabajo. Sin lo primero no es posible lo segundo: abundaremos en esta instancia.
La resonancia en el técnico del discurso del demandante plantea una serie de cuestiones de complejo análisis.
a) ¿Cuál es el grado de objetividad que se da en esa relación?, ¿Es posible hablar de una intervención más o menos objetiva, o por el contrario todo queda librado a un arte personal que escapa a todo intento de esquematización?.
b) Es posible enseñar a escuchar esta resonancia, ya que se trata de una doble escucha, la del demandante que se plantea a través de una palabra y la de esta especie de “eco” que proviene de la propia vida afectiva y que deberá ser descodificada y pensada en la situación.
Se plantea así el problema de la enseñanza y de la formación del psicólogo –si es ésta posible-, y de la didáctica particular que deberá emplearse para formar técnicos más que para informarlos.
c) ¿Cuál es el estatuto teórico de esta resonancia y cuál será su especificidad en los diversos campos de trabajo, social, educativo y clínico, si es que existen diferencias?. Si bien es cierto que en todas las profesiones el ser humano es el principal instrumento, surgen diferencias sobre el sector de este ser humano que es puesto en juego. Ya se trata de la habilidad manual, del manejo del cuerpo, del pensamiento y sentir, de la vida emocional, de la capacidad de darse cuenta de lo que a uno mismo le sucede en dicha situación, y la habilidad para poner en palabras de manera operativa, tales transformaciones internas.
Esta escucha interna es capaz de privilegiar a partir de indicios, aspectos del discurso del otro marcados ya por singular importancia, si bien es una escucha amplia y abarcativa de todo, también lo es de indicios que deberán ser reconocidos. Así, la importancia de los errores, omisiones y demás, resultan más significativos para la comprensión total de la situación que los aciertos.
No pocos psicólogos han creado sus teorías en base al análisis de los llamados errores. Sólo algunos se han dado cuenta de la necesidad de romper con los imperialismos epistemológicos de la disociación sujeto-objeto y plantear la problemática desde otra perspectiva en la que se pierde la posibilidad de discriminar precisamente lo objetivo pero se gana en posibilidades de modificación de la situación.
No solamente el psicólogo modifica al objeto observable en el acto mismo de la observación, sino que también lo modifica porque a su vez el técnico se modifica por la presencia del demandante. No es posible por tanto, hablar de sincronía y diacronía y privilegiar alguna de ellas; según los puntos de vista estructuralistas, los procesos de modificación hay que estudiarlos en su devenir, sin poder detener el proceso y sin existir la alternativa de observarlos “desee afuera”.
El psicólogo siempre está adentro y debe poder pensar allí adentro, acerca de las estrategias requeridas para asegurar la continuidad del mismo así como las diversas instancias de transformación.
La dificultad mayor es en el plano de la formación y del aprendizaje por cuanto la vivencia del proceso oficia como rito de iniciación por un lado, y como instancia de permeabilización de su capacidad de auto-escucha. La psicología no es algo que se pueda aprender de afuera, observándola y recibiendo clases y conferencias sobre lo que hay que hacer.
Es imprescindible vivirla, so pena de no entender absolutamente nada cuando se está metido en una situación particular. Todo el trabajo académico resulta por demás accesorio si no se brinda además la alternativa de vivenciar y analizar tales procesos e instrumentos para manejarlos.
Fuente. Rev. La Nave de los Locos. No. 6, Morelia, Invierno 1983-1984, pp38-43.
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Creado por larch | 0 comentarios | 23/11/05 18:42
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