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La Estructura Perversa* Por Enrique Díaz López. en www.psicosocial.geomundos.com

La Estructura Perversa* Por Enrique Díaz López.

Es por eso que una violación o trasgresión sexual en momentos en que el niño todavía no madura sus procesos biológicos ni psicológicos es algo que va más allá de su comprensión, es algo que ni siquiera tiene nombre literalmente hablando, cae en el pozo profundo de lo no dicho, de lo callado La estructura perversa*

Por Enrique Díaz López.

Todo niño debe ser informado acerca de sus derechos y deberes como tal; de los derechos y deberes de los padres. Deben saber que cuando sean mayores, serán los iguales de los padres y libres con respecto a ellos...
Francoise Dolto. Psicoanalista
La Dificultad de Vivir / Ed. Gedisa

En esta coyuntura que nos da el mes de Abril para reflexionar sobre los niños, salta de manera abrupta el escándalo que se ha venido ventilando acerca de los abusos infantiles perpetrados por sacerdotes de la iglesia católica, un tema jamás agotado y nunca suficientemente esclarecido ni a nivel psicológico, ni social, ni religioso. He estado atento a gran parte de las cosas que se han dicho en los medios de difusión, palabras todas ellas de condena, rechazo, indignación, vergüenza y claro, no podía ser de otra forma.

Esta situación tiene varias aristas, varios enfoques que es necesario tomar en cuenta para tener una noción más clara e integral de lo que representa, de lo que está en juego para que nuestro proceder como sociedad tenga una mayor eficacia y podamos proteger mejor a nuestros infantes no sólo de los pederastas, sino de otros cánceres sociales que atentan contra el desarrollo de nuestra hijos, como la violencia o la enajenación.

Contexto político

Indudablemente se percibe con claridad un factor político detrás de este escándalo; la inminente sucesión Papal dada la minada salud de este último, ha puesto en marcha desde hace tiempo la lucha por el poder en los diferentes sectores de la jerarquía eclesiástica, es sabido que los Legionarios de Cristo se han colocado en la cúpula del poder en Roma y sin duda alguna, otros sectores de la iglesia han desatado una batalla campal tratando de recuperar terreno y de manejar las tendencias que ya se perfilan en cuanto al origen y filiación del siguiente Papa.

En este contexto cobra relevancia de escándalo el asunto de los sacerdotes pederastas, tan es así que grupos conciliadores en Roma han hecho un llamado para tratar estos temas, que no es otra cosa que meter al orden a sus diferentes facciones para no desestabilizar a la iglesia en vísperas de la sucesión de su jerarca, ya que esto los debilitaría aún más frente a un mundo que cada vez cree menos en ellos.

El abuso sexual y la agresión, no son nuevos dentro del gremio religioso, los pederastas tampoco pertenecen exclusivamente a la estirpe sacerdotal, pero ahora su divulgación tiene un trasfondo político al interior de la milenaria institución. Pero vayamos al nódulo de nuestra reflexión:

¿Qué es la paidofilia?

El primer intento serio que se dio por explicar esta conducta se le atribuye a S. Freud, quien abordó desde el incipiente psicoanálisis el problema de las Perversiones, agrupando en ellas a toda manifestación aberrante de la sexualidad, es decir, todo lo que en la moral victoriana de ese tiempo se consideraba una desviación; así, pues, entró en esa clasificación la homosexualidad, el voyeurismo, el exhibicionismo, el masoquismo, el sadismo, el fetichismo, el transexualismo, la zoofilia, la necrofilia, la coprofilia y obviamente la paidofilia.

Se consideraba perversión toda aquello que encontrara satisfacción fuera de la sexualidad genital y madura (sic).

Con el tiempo y con el desarrollo de una nueva moral a la que contribuyeron los avances en el campo de la medicina, la genética, la sociología, la antropología y el mismo psicoanálisis, algunas de estas nociones fueron cambiando, la homosexualidad por ejemplo, era legalmente discriminatoria, en contraste hoy día aunque sigue existiendo cierta marginación, el mundo está más preparado para concebir otro tipo de filiación sexual de manera abierta ya que la homosexualidad siempre ha existido, al menos desde que tenemos registro gráfico y /o escrito de la cultura, de hecho en muchas de ellas se ha visto de manera natural, como en la antigua Grecia o en el mismo seno del imperio romano, solo por citar los más conocidos.

Actualmente contamos con investigaciones teóricas y clínicas que arrojan mayor luz sobre estas cuestiones. Sabemos por ejemplo que existen estructuras psicológicas claramente definidas como la Neurosis y la Psicosis y, en esta misma línea de teorización también se encuentra la Estructura de la Perversión, pero...

¿Qué es una Estructura Psicológica?,

Una Estructura es la modalidad con la que un sujeto asume su sexualidad, sus impulsos agresivos y las características con las que se enfrenta al mundo o con las que decide no enfrentarse a él (como en el caso de la Psicosis). Actualmente sabemos que la Estructura más común es la de la Neurosis, digamos que una persona neurótica es relativamente normal, puede tener sus baches afectivos, depresiones, o algún otro tipo de síntomas neuróticos, pero también sabemos que puede tener potencial para buscar un equilibrio interior que le permita funcionar con relativa tranquilidad y bienestar.

La sexualidad en una persona normal tiene un poco de todo, un poco de todas las perversiones, pero ciertamente encuentra su satisfacción con otro, un otro con características de madurez similar y sobre todo, en un tipo de relación que no sea destructiva o que atente contra la integridad física y psicológica de cualquiera de los implicados, en ese sentido cada pareja establece las coordenadas de su normalidad en su propia intimidad.

El renglón de la Paidofilia se inserta de lleno en la Estructura Perversa, descrita como un impulso erótico o libidinal dirigido hacia un infante, esta tendencia resulta de difícil control para el Perverso que por otro lado puede tener una vida aparentemente normal, ser inteligente, culto, artista, buen padre, etc. estos atributos en nada menguan el deseo o la pulsión libidinosa, ya que esta carga de energía proviene de un desarrollo sexual anclado en última instancia en estados narcisistas muy arcaicos que han tomado en su desarrollo un camino diferente al que recorre la sexualidad normal que conocemos.

Es por eso que la Perversión es prácticamente imposible de modificar por métodos psicoterapéuticos (incluyendo el Psicoanálisis) que cuando mucho podría aspirar -dependiendo de las características del sujeto perverso-, a mantener limitadas sus tendencias.


Los efectos del abuso.

El daño provocado por un adulto que abusa de un niño es inconmensurable, dado que el infante atraviesa justamente por el ordenamiento de su identidad psico-sexual, y en ello se van muchas cosas implicadas como la identificación con el padre o en el caso de la niña con la madre -estamos hablando de infantes entre los 5 y los 10 años de vida por ubicar algún registro cronológico-, es en este período donde la confianza en los adultos es determinante para la formación del niño, ya que los mayores representan en ese momento la ley, el orden, la seguridad, la tranquilidad y también una noción del poder, que sería el mayor referente para la consolidación en la subjetividad del niño; el Otro, el gran Otro, el incuestionable y todopoderoso Padre.

Es por eso que una violación o trasgresión sexual en momentos en que el niño todavía no madura sus procesos biológicos ni psicológicos es algo que va más allá de su comprensión, es algo que ni siquiera tiene nombre literalmente hablando, cae en el pozo profundo de lo no dicho, de lo callado, la sola posibilidad de nombrarlo significa un desafío al referente del Padre todopoderoso y omnipotente que hace y deshace las vidas de todos, es Diosito mismo a quien se le va a inculpar, con todo el terror y la angustia de que éste nos destruya y nos aniquile.


El silencio cómplice.

Todas estas fantasías prevalecen de alguna forma en la vida adulta, como un rezago en el fondo de nuestro inconsciente, es por eso que es tan difícil para el adulto darle su exacta dimensión, su nombre y sobre todo, asumir las consecuencias de la denuncia. Recordemos que la mayoría de los abusos sexuales se dan precisamente con los adultos de mayor cercanía a los niños, inclusive con el mismo padre.

Cómo asumir por ejemplo que el propio hermano de uno de los progenitores ha abusado de su sobrino..., es una realidad terrible por las repercusiones sicológicas y sociales que envuelven a la misma familia, al mismo barrio, al mismo pueblo.

Cómo explicar que el sacerdote a quien le confiarían algunos su propia vida sea capaz de semejante acto... Es una verdad estremecedora, la mayoría de las veces no se escuchan esos gritos silenciosos de los niños, quizá es mejor pensar que todo fue producto de una aberrante fantasía o pesadilla, hay que olvidar, no lo nombres, no lo digas, el tiempo hará olvidar todo.

El niño abusado sexualmente no volverá a ser el mismo, algo se derrumbó de manera aniquilante en su interior, su sexualidad estará indeleblemente marcada para toda su vida y con ello su afecto, su capacidad de dar y recibir amor, ligada a las peores pesadillas de terror su alma no se asomará más con la confianza de una sonrisa plena.

Han estropeado su vida antes de que pudiera florecer, han desgarrado su cuerpo sin que él mismo sepa por qué. De alguna manera han mutilado su alma.


¿Qué podemos hacer como sociedad, como padres de familia?

Sin duda ponerle nombre a las cosas; en primer lugar perder el miedo a hablar de sexo con los niños, hacerles saber que a todo lo que atañe a la sexualidad se puede llamar por su nombre, si no enseñamos a nuestros hijos a hablar de estas cosas creerán que son malas y que no se deben decir, de esta forma se nos escapará cualquier referencia que pueda indicarnos que nuestros hijos corren algún peligro.

Poner atención en el entorno que rodea a los niños, no obviar cualquier precaución, cerciorarnos a dónde van, sin que seamos persecutorios, solamente estar atentos sin llegar a ser desconfiados. Y sobre todo, cuando sepamos ciertamente de algún caso de abuso no sólo sexual sino de agresión física o psicológica, denunciar de inmediato no importa las consecuencias que esto tenga ni quienes estén implicados.

No existirá jamás ninguna investidura ni motivo que justifique la violación del derecho de nuestros niños a crecer felices.

* Publicado en la sección “Vida” del periódico “El Norte”, de Monterrey, México.

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Creado por larch | 0 comentarios | 27/08/05 18:15

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