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Del Trabajo Grupal a la Grupo Terapia Institucional. Por: Francisco Mora Larch en www.psicosocial.geomundos.com

Del Trabajo Grupal a la Grupo Terapia Institucional. Por: Francisco Mora Larch

es en estos momentos que la institución se replantea (como efecto de nuestra labor), en ciertos sectores de funcionamiento, pequeños cambios, cambios parciales derivados de la incidencia de nuestra actividad y práctica institucional desde dentro del Departamento de Psicología, que de tal, podríamos Del Trabajo Grupal a la Grupo Terapia Institucional.

Francisco Mora Larch.


Introducción.

En Febrero de 1984 ingrese a trabajar en el Departamento de Psicología del Consejo Tutelar para Menores del Estado de Morelos, institución penitenciaría de tipo “re-educativo”, para menores infractores cuyas edades fluctúan entre los 6 y los 17 años, edad límite antes de acceder a la adultez.

Mi trabajo consistía en aplicar y evaluar pruebas psicológicas, realizar entrevistas individuales y/ o familiares a los menores que ingresan a la institución y por otra parte, brindar psicoterapia individual. La aceptación de mi ingreso estuvo sujeta a un requisito particular: los psicólogos debían estar o haber estado antes en tratamiento Psicoanalítico o Psicoterapia con la misma orientación, lo que me decía algo acerca de la seriedad del trabajo que se pretendía realizar.

Voy a narrar ahora la experiencia que en mis dos primeros meses de trabajo me vi llevado a afrontar, partiendo siempre de lo que ocurría en un primer momento, en el departamento de Psicología. Me encontré con la siguiente organización: el Departamento contaba con un Jefe (Psicóloga) y una psicóloga de turno que laboraba por las mañanas, horario al cual me incorpore; en el turno de la tarde había también dos psicólogos, un hombre y una mujer, de estos uno tenía la categoría de “Psicólogo de Campo”: su objetivo era realizar un análisis Institucional, interviniendo en los conflictos que aparecían cotidianamente en los diferentes estratos de la jerarquía Institucional. Esta función de uno de los psicólogos era reciente ya que tenía sólo unos meses en la institución.

La otra psicóloga, también de reciente ingreso, duró sólo una o dos semanas, siendo sustituida inmediatamente por otra, tenía la misma función que mi compañera de turno y yo; contábamos con una secretaría que laboraba de nueve a quince horas. Después de mi llegada duró sólo un mes, siendo transferida a otro departamento; la secretaría que la sustituyó se mantuvo en el puesto alrededor de tres semanas, debido a problemas de tiempo y dinero. Huelga decirlo, era una etapa de re-estructuraciones y cambios permanentes, lo que mantenía al departamento en zozobra constante.

El Trabajo de evaluación psicológica de los menores (como los llaman administrativamente) absorbía nuestro tiempo, ya que a las re-estructuraciones que se sufrían, se había agregado una fuerte presión sobre el departamento, expresada en la exigencia administrativa de efectuar un elevado número de evaluaciones, mismas que se tenían que entregar semanalmente para dar paso al tratamiento o evaluación de los casos en los Plenos del Consejo (1).

La demanda fue tal en esas fechas que el trabajo psicoterapéutico fue dejado de lado, lo que ocasionó, por otra parte, una llamada de la Dirección al Departamento de Psicología. Después de este hecho, lo que se hacia necesario eran juntas o reuniones del equipo en su conjunto para hacer frente a la situación; sin embargo, por problemas de horarios y cierta resistencia a convocatorias lanzadas por la jefatura, se postergaron cerca de un mes las reuniones. Después de este lapso, se logro una reunión donde sólo faltó uno de los psicólogos, pero en ese entonces se logró delinear una visión de conjunto de la situación y métodos tentativos de enfrentarla y resolverla. Una semana después, en una segunda reunión y con el mismo quórum, planteamos lo siguiente, cuando al bajar la presión institucional por la demanda de evaluaciones psicológicas, se lograba cubrir en una pequeña parte, la demanda de asistencia psicoterapéutica, mi propuesta fue: “todo mundo es posible de ser agrupado hasta que no se demuestre lo contrario” (2).

Nuestros tanteos se hacían muy tímidamente, pero era una alternativa de estrategia terapéutica de la cual no sabíamos a ciencia cierta sus alcances y sus limitaciones, sin embargo, en la marcha y en sucesivas rectificaciones y aciertos fue tomando forma la estructura de funcionamiento que a nivel de la asistencia y del servicio psicoterapéutico fuimos creando entre todos.

Fue en esos avatares, en la búsqueda de cubrir una demanda institucional que hacia a la creación de una nueva estructura departamental y centrando nuestra inquietud de que fuese funcional y operativa, donde nos planteamos la posibilidad de un nuevo servicio, adecuado también a la situación particular y especifica por la que atravesaban los menores, que propuse crear un dispositivo grupal que permitiera estar atentos a la problemática del menor desde que pone un pie en la institución y ver como se ve afectado por su ingreso a la misma; mi propuesta fue crear lo que desde ese momento se conoció como los Grupos de Recepción (GR).

La creación de los GR era una propuesta y respondía, de alguna manera a algo que no había sido tomado en cuenta hasta ahora, que no había sido visualizado. A partir del momento en que el menor era puesto a disposición del Consejo Tutelar, el primer encuentro del psicólogo con aquel demoraba alrededor de 25 días efectivos; este encuentro era casi “fortuito” y residía en realizar una entrevista para llenar una ficha de identificación y hacer la historia clínica; en el mismo día o en los dos o tres días siguientes, se llevaba a cabo una aplicación de pruebas para redondear el estudio psicológico, se cumplía administrativamente, pero ..... ¿y el menor?. Había pasado casi un mes de internamiento y justo para cubrir solamente un requisito o trámite administrativo.










Es sabido el logro que permite una síntesis gráfica en la visión de conjunto. Quería explicar junto a ella, el hecho de que quién integra un grupo, “se sumerge de tal manera en el acontecer grupal, que pierde la visión panorámica y en consecuencia la noción de la secuencia de los acontecimientos y su concatenación”(3). Así que vamos entendiendo el papel que juega el escrito científico (o en su caso el esquema gráfico) y su relación con la experiencia práctica en la cual estamos inmersos; tratamos de no ser absorbidos por la inercia institucional que, apoyando u obstaculizando (aunque de hecho se da el primer caso), va delimitando el campo de la experiencia en el intento de obstruir cualquier toma de conciencia de la situación a transformar y de las repercusiones de la intervención técnica institucional.

Aclaramos la digresión, porque es en estos momentos que la institución se replantea (como efecto de nuestra labor), en ciertos sectores de funcionamiento, pequeños cambios, cambios parciales derivados de la incidencia de nuestra actividad y práctica institucional desde dentro del Departamento de Psicología, que de tal, podríamos decir que ha ido transformándose en su turno matutino en un Departamento de Grupo-Terapia institucional (4).

Algunos de estos cambios refieren a lo que Mathé, A. (5), enumera como reformas penitenciarias a la organización jurídica y penal del tratamiento de reclusos, que datan de 1945 (¡!) en Francia. Las reformas constaban de 13 puntos de los cuales el sexto y séptimo tamizan un tema: se trataba de crear un medio favorable para el tratamiento de los detenidos a los que se les sigue proceso. Se pensaba en un ‘aislamiento celular’, evitar que los recién llegados y en espera de resolución jurídica se ‘mezclaran con el medio penitenciario enfermizo; se pensaba que había que evitar la ‘contaminación’, la ‘perversión de costumbres’, para que el detenido fuese más sensible a la acción reeducadora. En suma, crear una isla en medio del ‘océano penitenciario’, lancha salvavidas que salvase de ser tragado por el mar-océano institucional.

La repercusión de los cambios producidos en el Departamento de Psicología, pudo haber sido analizada desde el enfoque del análisis institucional, pero no había una intervención de ese tipo, el Psicólogo que funcionaba como “institucional” refería a un tipo de trabajo distinto, lo que es cierto es que en la medida en que empezó a moverse “algo” en el susodicho Departamento, esto desato o liberó un cierto número de cambios en otros sectores de la institución. Así, desde una intervención institucional podría haberse tomado el proceso de cambio en Psicología, como un analizador de la Institución Carcelaria.

Poco a poco fuimos clarificando un hecho, al intentar implementar una estrategia de tipo grupal en la institución: la Grupo-terapia, surgió, nació en las instituciones, debido a la demanda creciente existente en ellas y la imposibilidad de cubrir tal demanda con el tratamiento clásico individual, procedimiento que consume gran cantidad de tiempo y por tanto, de recursos económicos; que además obstruye por este hecho la implementación de una administración acorde con los recursos materiales y humanos con los que se pueda contar. Concordamos con Dellarossa al sugerir la “idea de que la grupo-terapia institucional puede ser un revitalizante retorno al ámbito y encuadre originales de la psicoterapia de grupo” (6). Definiremos así a un Departamento de Grupo Terapia Institucional:

Es aquel cuya administración de recursos terapéuticos toma como base el uso de la psicoterapia de grupo y de otras técnicas grupales para cubrir (o abrir) una demanda asistencial y de servicios en el ámbito institucional.

Pensamos que la respuesta adecuada a la demanda de psicoterapia institucional sólo podrá cubrirse en el campo de nuestra institución (el Consejo para Menores) sobre la siguiente base:

1. Mantener un encuadre rígido de terapia grupal de tiempo limitado.
2. Un adecuado manejo terapéutico en el uso del grupo abierto.
3. La elasticidad en la derivación terapéutica (el uso de terapias combinadas).

Veamos el siguiente diagrama, el logro de este es el de ubicarnos en el lugar de intervención, de tomar distancia al permitirnos pensar, desligados de la experiencia misma; la imagen visual permite transmitir más fielmente la situación que la argumentación que ahora pudiésemos utilizar, ya que el esquema nos devuelve la imagen de lo que hasta aquí hemos sido capaces de crear, entregándonos una totalidad instantánea.























E squema 2. Diagrama. Er. Entrevista de Recepción; GR. Grupo de Recepción; G1. Grupo de Adolescentes Drogadictos; G2. Grupo de Adolescentes Infractores; G3. Grupo de Niños; G4. Grupo de Reincidentes; GF. Grupo Familiar.



El Grupo de Recepción.

“Sería conveniente ...que el terapeuta no participase sólo en la etapa del diagnóstico, sino que lo hiciese en todas las etapas y momentos diferentes del tratamiento del delincuente, así como durante toda su estancia penitenciaria” (7).

Mathé, A.


Vamos a remitirnos al gráfico, en él, nuestro grupo se ubica en una zona intermedia entre un grupo terapéutico propiamente dicho y una entrevista psicológica (entrevistas de recepción), que nos permite realizar un mínimo plan terapéutico de emergencia: el menor es derivado al GR, o continuando con las entrevistas individuales (de Recepción), se mantiene en observación continua. De esto último se desprende una primera función: el GR nos permite, al igual que la entrevista tener en observación continua al menor y desde ahí, hacer una primera evaluación de su evolución futura; nos preguntamos ahora, ¿hasta dónde es factible que los futuros estudios psicológicos, con la utilización de pruebas psicológicas y psicométricas den paso a un estudio evaluativo que tome como base la observación de la evolución del menor en la experiencia grupal (o en su caso, las entrevistas psicológicas subsecuentes)?

No afirmamos con esto la eliminación absoluta de los instrumentos antes mencionados sino su utilización jerarquizada, ya que hasta ahora son la base misma de los ‘estudios psicológicos’ de los menores, son ‘llave de paso’ antes de la experiencia terapéutica propiamente dicha y como tales, cumplen (mantienen) una función determinada en la estructura actual, que no es distinta a la anterior; en segundo lugar, el Grupo de Recepción es un receptáculo (8) donde se deposita, o mejor, donde se aloja a (casi) cualquier individuo que llega a la institución no importando el tipo de problemática que presente (infracción administrativa, robo, robo con violencia, lesiones, crimen, drogadicción, vagancia, etc..), en la jerga institucional al que ‘cae’ por alguna razón en esta institución.

Para mi era muy importante la ubicación del grupo en la institución, porque de ello dependía el poder visualizar cierto tipo de procesos. Habría que analizar, antes de que ocurra o en ese mismo momento del acontecer, el proceso de imbricación del sujeto a la cadena (malla, red) institucional, proceso que en cierto sentido podría definir como de ‘sujetación’ a la ley institucional por los variados caminos de las vías ideológicas de sumisión al reglamento explícito, pero sobre todo a las normas implícitas en las que se juega muchas veces la existencia de los recluidos, sujetos del encierro.

De aquí, la múltiple equivalencia de la institución carcelaria y la manicomial, océanos devoradores de seres humanos, alienados en sus desviaciones de la norma social, explícita en un caso, implícita en el otro; de esta ‘sujetación’ a la ley institucional dice Dellarossa: “las estructuras y las relaciones entre las personas y los subgrupos que componen un ámbito institucional son utilizados inconscientemente por sus integrantes (o prospectos) para proyectar en ellos sus conflictos internos” (9), pero la característica que asume el proceso en aquellas instituciones, su tenacidad y viscosidad incomparable, nos ‘habla’ desde su silencio, de los procesos más arcaicos, de naturaleza psicótica que subyacen en el submundo de alineación de la institución carcelaria (y de otras instituciones).

Presentaremos a continuación algunas viñetas clínicas del trabajo de grupo terapia institucional, que fueron extraídas como fragmentos de los procesos que se suceden en la atención psicoterapéutica a los menores. Se ilustran algunas de las problemáticas esenciales que enfrentan los muchachos en una situación de urgencia, como lo es la pérdida de libertad, sobre todo para alguien que nunca había pisado alguna vez la cárcel.


Viñetas Clínicas.

Este es un Grupo de Recepción que funciona una vez por semana, en horario de 1:00 a 2:30 p.m. antes de la comida del mediodía.

Protocolo de la sesión del miércoles 4 de Abril.
El grupo está coordinado por dos psicólogos (un hombre y una mujer), la psicóloga funge como observadora no participante, llevando un registro de lo que sucede durante la sesión.
Asisten cuatro adolescentes, cuyas edades fluctúan entre los 14 y 17 años, dos hombres y dos mujeres, ellos son: Rocio, Mercedes, Sergio e Ignacio.

Fragmento dela Sesión 2.
Tema: Una Indicación Transferencial.

R. Tenemos problemas con los guardias, maltratan a los muchachos.
S. Es distinto aquí que allá afuera.
M. Estamos bien aquí, si no es por el problema que tengo con mis compañeras (internas)
S. Hubo un problema con las botas que se perdieron y se involucraron a cuatro, a todos se les castigó.
Ps. Aquí también hay cuatro personas de entre ustedes, que vienen con nosotros, quizá piensen que al pedirles venir aquí a hablar de cómo se sienten, ante nosotros, sea para ustedes como un reconocimiento de sus culpas ante otros, y esto puedan sentirlo como un castigo.....


Fragmento de la sesión
3. Tema: La Pérdida, la Ansiedad depresiva y el Miedo al Ataque.

En el transcurso de la semana, Sergio salió en libertad y se integró al grupo Felipe, de 16 años.

F. Estuve en la Peni, me sentí muy triste porque no veía ni un árbol, ni una casa.
R. ¿Qué sientes estando aquí?
F. Estoy bien, estoy rodeado de amigos. Silencio.
R a F. Pregunta todo lo que quieras.
F. ¿Qué opinas del trabajo de aquí? (a I.)
i. Todos los trabajos son buenos, no es cansado nada.... lo que no me gusta es estar encerrado.
F. Yo como que estoy aquí por un mal entendido (todos ‘sabemos’ por qué está F, ahí).
Psi. ¿Qué fue lo que sucedió?
I: Agarraste el carro de tu patrón, ¿por cuánto tiempo?
F. Por siete horas, me fui a Guerrero. Silencio.
Psi. Quizás al pensar en el asunto de F. y su tristeza piensan también en los problemas que han tenido cada uno...

F. ¿Tu qué opinas?..... como que la culpa es mía por no haberlo pensado.
I: F., ¿Qué piensas de tu error?
F. Con todo lo que hago aquí estoy pagando lo que hice.
Psi. ¿Qué creen que haga falta aquí para estar mejor?
I: Aquí tengo todo, pero allá afuera vas al centro y al cine con tu novia....(se ve muy emocionado, con ganas de llorar).
Psi. Es difícil estar encerrado, sin poder salir, seguramente han de extrañar cosas y sentirse muy mal.....
R. Quiero a mi familia...
Psi. Sí, pero quizás se pregunten que es lo que tienen ustedes mismos, dentro y fuera de aquí.... y aún dentro de sí mismos.... Silencio....
R. Están muy callados.
F a R. ¿qué te gustaría estar haciendo ahorita?
R. Yo me estaría preparando para ir a la secundaria, y aquí, pues en la cocina (la sesión termina)...




Fragmento de la Sesión 24 Grupo de Recepción Abierto. Octubre.
Tema: Realidad, Negación de la Realidad y Defensa maniaca.

Asisten cuatro adolescentes: Jesús, Heriberto, Alberto y Rafael.

J. Apenas entré y ya quiero salir. Pienso ya no hacerlo (asaltar)..... pero quien sabe, porque luego lo hace uno por necesidad. Yo antes trabajaba con mis abuelitos, nunca tuve el apoyo de unos padres fijos, por eso son las consecuencias. Y luego, mi abuelo no me habla, se enojó. Silencio (Jesús se ve consternado). Se mantiene el silencio.
Psi. ¿cómo se sienten, con lo que les acaba de compartir Jesús?
H. Pero... a veces nos damos cuenta que el enojo no es para siempre....
J. Yo trabajaba.... se que en la segunda vez que te agarran, te dan tus telmanazos (sic)(golpes). Es la primera vez que me agarran en mi vida y esas son las consecuencias, de los telmanazos te tiran en el suelo, yo sentí feo, pero no sentí miedo, lo sentí más por mi familia....
Psi. Entonces...Si ya hiciste algo ...¿te pueden golpear para que pagues tu delito?
J. Pues sí, porque no se tientan la mano.

En ese momento todos hablan de los maltratos de que fueron objeto por parte de la policía al ser detenidos.
Psi. ¿Cómo se sienten, después de hablar y compartir la experiencia de estos abusos?
J. No se para que pueda servirnos esto... ¿a poco nos pueden quitar los golpes?.... ¿en qué forma nos van a ayudar ustedes?
A: Yo pienso que para desahogarnos nos sirve..... o quizás para ver que la pelea con los abuelos, no es definitiva, o para si fue un error, para no cometerlo.... Silencio
A: (de nuevo) Pero entonces, ustedes (los terapeutas) nos pueden ayudar a que se reconcilien con nosotros.
H: Es un error estar tomado pero hay que pagarlo; hay un error, pero luego nos achacan muchas cosas y ya estás en la Peni....
Psi. ¿Se cometería una injusticia con ustedes?
Varios: Sí, nada más por un Gansito (pastelito), te meten....
H: Tantos que roban, yo que no robé....... aquí estoy.....

J: ¿Qué es más delito?, ¿la droga o el robo?.
A: Yo digo que la droga. J: -Yo digo que el robo.
H: Yo no se qué onda con mi consejero y mi trabajadora social, nadie me ha aconsejado....
Psi. Parece que de pronto, no supiéramos que cosas son delitos o delitos graves, o no. Quizás esperarían que nosotros aclarásemos sus dudas, buscando que les diésemos un consejo, en vez de escuchar lo que les ha estado pasando. De todas formas: ¿ustedes los han buscado para hablar con ellos? , ¿saben quién es su consejero? Silencio...

J: No se si me avienten más tiempo por el robo o la droga (con enojo).
Psi. El estar encerrados, puede producir mucha frustración, desesperación y coraje....
A: Sí, coraje y tristeza.
Psi. Coraje ...¿con quién, hacia qué?
A: Consigo mismo....
R: Yo si tengo mucho coraje, porque los policías nos agarran nomás porque sí, o por sospechosos...
J: Yo no tengo coraje con nadie.
Psi. ¿Ni contigo mismo?
J. Tengo arrepentimiento..... yo tengo novia.... H. Yo también tengo.
Psi. ¿Cómo creen que se sientan ellas o qué piensen de la situación que ustedes están viviendo ahora?
R: No me interesa lo que piensen, pues a cada uno le tocan siete, hay muchas viejas (mujeres).
Psi. ¿Cuántas tienes?
R: Una allá, otra acá, las mujeres nos traicionan, en verdad no lo tomo mucho en cuenta lo de la chava.
H: Yo siento pena por mi familia, porque salí en el periódico....
R: Yo también salí en el periódico. A: Yo, en foto....


Después de presentar el material, quisiera agregar algunas reflexiones extraídas de la experiencia general. El planteo del GR tiene un sustrato motivacional: era necesario, decíamos al alegar en la necesidad de la creación del grupo, que el menor que ingresa a la institución sea atendido de inmediato por el psicólogo de turno y se le brinde un espacio en el cual pueda ‘elaborar’ la situación crítica (10) por la que atraviesa, la que consta de:

1. La privación repentina de la libertad
2. Una situación traumática por la tortura policíaca a la que muchas veces es sometido (experiencia que atraviesa el 80 de los menores que llegan al Consejo de Menores).
3. El conflicto que provoca el adecuarse a la nueva situación: la institución ‘devoradora y terrorífica’ con sus leyes y reglamentos, su violencia real (física) y simbólica (no menos real) .

Pensábamos que era preciso que los muchachos allí derivados, tuvieran un espacio de intercambios y de discusión que les permitiese hacer una recapitulación de los hechos (en un sentido histórico inmediato, al menos), que los llevaron a cometer un delito, fuese cual fuese, y evitar que este se tiñera de una visión a-histórica, desconectada y desarticulada de todo un entramado personal y social, por tanto, un hecho culpogeno puro, debido a su propia ‘pureza’ fenomenológica.

Por otra parte, y acto seguido, debían rescatarse de esa pesada carga de culpabilidad que podría aplastarles en su condición humana: maltratada y humillada, rebelde, pero sumisa también, por la necesidad de un castigo que podría provenir desde el centro de su ser. Pensamos en ese entonces, que para poder reconciliarse con otros, debido a la culpa manejada, inmensa en muchos casos, primero tendrían quizás que reconciliarse consigo mismos, porque ellos, ante sí mismos y ante otros (su familia, su novia, sus amigos, etc), habían fallado.

¿Por qué caíste? – ‘ Es la primera vez que caigo’, -y el grupo está ahí para recibirlo; en la caída el grupo le hace cancha, le da un lugar en él, lo recibe ‘en su seno’. En este sentido, concibo al GR como un Grupo ‘Madre’, y como en otro lugar menciono, no aludo a tanto a la madre real sino a la función madre: “La función materna no es nada más que un cuerpo [ni continente ni esférico], orgánico y erógeno a la vez. Asegura concretamente la yuxtaposición de las funciones contradictorias: debe ser plenamente esa superficie que es el cuerpo; dicho de otro modo, es preciso en suma, que la Madre sea mucho más la tierra que sostiene sin fallar que el mar que engloba y traga [espacio marino] (11). No pretendo que la metáfora sea exacta ni completa, veamos:

El Grupo de Recepción cumple la función madre –que es más la madre que sostiene sin fallar (superficie y fondo macizo en conjunto, no arena movediza-, y es menos Mar, que engloba y traga; se define por una dominancia, es más aquello que esto, pero los dos. Se me ocurre ahora contextualizar la descripción completando con algunos elementos de S. Leclaire: según él, la madre es la que logra asegurar la justa dosificación, la partida doble de tierra que sostiene y mar que engloba, “cuerpo orgánico y erógeno a la vez”. Nuestro GR trata de ser entonces más una superficie, esa tierra que sostiene sin fallar, que mar que engloba y traga, es decir, representa menos a la institución carcelaria de la cual emerge (aunque en ella se apuntale en su existencia) y a la que ingresa el menor (espacio marino); así se cumplen las dos funciones. La institución es ese mar al que se cae, ese espacio marino que engloba y traga y del cual el cuerpo, si logra flotar o re-flotar, sale Mar-cado (12). En este derrotero caemos en la cuenta del Grupo Boca, aduana (retén) y a la vez representante de la institución que traga.


El Grupo Boca. La Institución como Cuerpo Terrorífico Materno.

Llamo la atención sobre un hecho ya señalado por Anzieu, acerca de la fantasmática oral de los grupos, esto me remite al artículo de Anzieu: El Grupo es una Boca (13), creo que será útil recurrir a él para pensar una distinción: Institución ≠Grupo. En tal escrito, Anzieu postula textualmente que “El grupo es una Boca, verdad alimentaria y elemental”; se constata de un modelo oral del grupo que funciona inconscientemente en los participantes: el grupo se maneja como una hidra con múltiples cabezas, cada una con una boca que devora succionando. La pulsión sádico oral puede expresarse por el silencio y no por las palabras; aquel que habla, por abrir la boca está manifestando a los otros, dominados por esta representación, que está dispuesto a comerlos, es necesario defenderse entonces de estas proyecciones no hablando, porque hablar significa aceptar en él, el deseo de devorar oralmente.

Me parece también, que la frase popular de que ‘el pez por la boca muere’ cobra todo su valor también, y en particular aquí, donde es preferible callar para no ser ‘pescado’ por las redes del poder institucional que sólo espera la ‘confesión de la culpa’ para poder ejercer su castigo, que de este modo reforzaría todo el aparato penitenciario.

El mismo Freud nos hablaba ya muy tempranamente del poder que las palabras ejercían, es decir, con la boca se podía levantar o destruir al otro: “mediante palabras puede un hombre hacer dichoso a otro o empujarlo a la desesperación.... despiertan sentimientos y son el medio universal con que los hombres se influyen unos a otros” (14).

Así que, lo que se dice puede ser devorado, cortado, destruido o despedazado por los otros, por eso mejor no hablar; se dramatiza muy claramente el dicho anterior, y como no había de ser así, si estamos sobre una boca – océano, así que el hablar de los otros será vivido solamente como una tentación, la de devorar es apalabra salida de sus bocas; eventualmente lo único que queda es escapar ante la disyuntiva de destruir o ser destruido (tragado).

Si desde la Psicología Social la Institución puede ser pensada como un ‘grupo’, podríamos decir que es así, porque la misma es un Grupo – Boca, con todas las características enumeradas más arriba. Todos los procesos descritos por Anzieu para el Grupo Boca son necesarios e imprescindibles para entender lo que pasa en muchas de las instituciones sociales.

Asimismo, Bleger veía también , implícitamente, a la institución como una boca que necesita nutrirse: “la institución es el medio por el cual los seres humanos se pueden enriquecer o empobrecer y vaciarse como seres humanos” (15). Vaciarse.... es la expresión utilizada por M. Klein para describir el objetivo de la pulsión oral agresiva en su correlato: el pecho materno (16). La institución es una boca que chupa, vacía y empobrece, la institución no come, traga, es una devoradora de seres humanos.... las metáforas se repiten hasta el infinito.

Nuestro Grupo de Recepción es también un Grupo Boca, como tal, constituye en realidad una puerta o abertura, no al exterior sino al interior, a la realidad interna institucional. ¿Dónde asienta la distinción de la que hablábamos? Llevando al extremo la metáfora del GB, el GR sería más un órgano que recibe el ‘objeto’, lo ‘palpa’, ‘lo prueba’; fantasmáticamente, representa una zona erógena o más exactamente una parte especifica de una erogeneidad de tipo oral.

El sujeto (objeto) no es recibido para ser incorporado ni mucho menos, tampoco es triturado, cortado, destruido o marcado, antes bien, la función del grupo será la de brindarle un ambiente que lo ‘aclimate’ a un interior (pero que a la vez lo protege de este; como una burbuja de la cual se puede entrar o salir), en vistas de la posibilidad de acceder a él sin ninguna ‘preparación’. En este sentido, la metáfora funcional parece acertada, el grupo es un órgano interno activo, acogedor (pero a la vez amenazante) y sin embargo, ambiguo porque ¿a qué se va al grupo si no es a prepararse a una posible ‘deglusión’, cuyo destino es el cuerpo institucional?.


Grupo de Recepción, ¿Quimera o Realidad?.

El grupo, lugar de evocación y de elaboración de las ansiedades despertadas y también desbordadas por una de las experiencias más duras de la vida: “Uno nace para ser libre, decía un menor en el grupo, y está aquí encerrado sin hacer nada, sólo pensamos en el después, en lo que haremos afuera”.

En ese momento no nos quedaba todavía muy clara la función del grupo; dejando de lado la ayuda que pudiese ofrecer en un futuro a nivel diagnóstico a los psicólogos, volvemos sobre algo que nos inquieta desde hace tiempo: la eficacia del grupo. Tomemos en cuenta también que el GR funcionaba una vez por semana, así que el menor tenía si bien le iba, una experiencia de grupo de cuatro sesiones de una hora y media de duración, y no era posible, por lo menos entonces, aumentar las frecuencias, los internos requerían atención nuestra, quizás mucho más que menores que no era seguro permanecieran en la institución.

Quisiera terminar haciendo un recuento de estas pocas reflexiones sobre el GR; al iniciar el escrito hice historia de nuestro ingreso al Departamento de Psicología y de las vicisitudes que nos acompañaron en las primeras semanas de labor; quiero decir que es esta y no otra la historia del origen del Grupo de Recepción, propongo entonces: ¿hasta dónde la concepción del grupo se encuentra en función de la situación particular a la que se ingresa a laborar en la institución?. El Grupo de Recepción, ¿hasta dónde responde a una necesidad real o sólo es una quimera?

Otra inquietud más, es el interés en la estrategia planteada por Bleger, donde a lo que se debe dar prioridad es a un trabajo de psicohigiene y / o psicoprofilaxis, es decir, adelantarnos a las situaciones promoviendo niveles propicios de salud mental o previniendo conflictos psicológicos que hagan mella en el sujeto. A nuestro parecer, el GR es factible de cumplir alguna de estas funciones en la situación de crisis aguda que representa la pérdida de libertad y las situaciones traumáticas a ella ligadas, ya que como grupo de experiencia (17), promueve una adaptación activa a la institución a la cual el individuo ha venido a insertarse por una u otra razón; pero también, con sus limitaciones de frecuencia y duración previene un probable conflicto psicológico que puede tomar tintes severos en caso de no ser atendido a su debido tiempo.

Sin embargo, si la quimera la podemos entender como un delirio, una creación imaginaria tomada como realidad, rescatamos con Freud el aspecto positivo de éste, ya que todo delirio –y en esto Freud es claro- es un proceso restitutivo, tiene un valor positivo como intento de curación (aunque fallido). Sin adentrarnos en lo psicopatológico, quisiera seguir en esta última línea a Rodrigué (18); para él, el delirio puede ser visto como un proyecto (19), es necesario entonces elaborarlo, darle una racionalidad. Sin analizar los riesgos que conlleva esto, diremos con Rodrigué que “todo delirio tiende a crear las condiciones de su existencia”(20). Agregaría, consciente o inconscientemente, la primera ha tratado de ser mi opción.

Notas.

1. Nos referimos a ‘La Sala’, compuesta de 4 miembros, el Presidente y 3 consejeros: un abogado; un médico y un Profesor. Se reúnen en sesión ordinaria una vez por semana y es el espacio donde se ventilan las diligencias pertinentes a cada caso. Ahí asisten: el menor, los encargados de éste y demás personas que deben ser ‘examinadas’, para dictar después del procedimiento, la resolución acordada.
2. Lema derivado de uno de Kalina, E. Y Raskovsky, A. en “Indicaciones y normas técnicas para las psicoterapias grupales de tiempo limitado en adolescentes”. Cuadernos de la ASSAPIA , No. 2, Kargieman, Bs. As. 1971. P. 99; debemos ver en este lema no un slogan, sino la elección de un modelo de estrategia terapéutica ensayada por nosotros en otros ámbitos de trabajo. Puedo mencionar que, aunque no surgió de un estudio exhaustivo de la institución, tal respuesta es emergente de una visión de conjunto y de las necesidades organizativas de un Departamento de Psicología Institucional.
3. Dellarossa, A. Grupos de Reflexión. Edit. Piados, Buenos Aires. 1979. Pag. 131.
4. Nos planteamos lo siguiente: no es que no se pueda hacer psicoterapia individual, en los hechos se la hace y se la seguirá haciendo; la elección por lo grupal es un problema de operatividad y no es necesario insistir sobre una ‘devaluación’ del servicio que se brinda; no es algo de menor valor, es una experiencia distinta, que aporta una eficacia también distinta y esto porque a decir de Caparrós “a la par que se descubría la incapacidad de aplicar ‘industrialmente’ las técnicas clásicas, se ha ido descubriendo que el ser humano produce siendo grupo un material inaccesible al análisis individual e inaccesible a sus métodos”; Caparrós, Nicolas. De la Psicoterapia individual a la Psicoterapia de Grupo; Clínica y Análisis Grupal, No. 4, Mayo Jun de 1977. P. 35.
5. Mathé, A.G. Psicoterapia en Prisión. Editorial Villamar, Madrid 1978.
6. Dellarossa, A. OP CIT. P. 39.
7. Mathe, A. G. Op cit. P. 131.
8. Tomo la siguiente definición del mismo: Cavidad susceptible de contener cualquier sustancia; Enciclopedia Básica Danae, Barcelona, 1973.
9. Dellarossa, A. Op cit. P. 78.
10. Recordemos que en la enumeración de las situaciones de ‘crisis’ por las que atraviesa eventualmente un ser humano, realizada por Bleger, no está contemplada la situación de pérdida de la libertad (o de encierro forzado). Indicamos también que hablamos de los menores que ‘caen’ por primera vez. Véase Bleger, J, Psicohigiene y Psicología Institucional. Piados, Bs. As. 1966. P. 40.
11. Leclaire, S. Para una Teoría del Complejo de Edipo. Ed. Nueva Visión, Bs. As. 1978, p. 33.
12. Insistiremos un poco en la práctica del tatuaje sistemática y organizada que ejerce el grupo de internos en el Consejo de Menores; ésta se da eminentemente a través de la tinta y el alfiler, la expresión típica es el lunar verde en la cara (esto impide su ocultación).
13. Anzieu, D. El grupo es una Boca; en ‘El Grupo y el Inconsciente’, ed. Biblioteca Nueva, Madrid, 1978. p. 97.
14. Freud, S. Primera Conferencia, en Conferencias de Introducción al psicoanálisis; obras Completas, Amorrortu edits. Tomo XV Bs. As. 1978. p. 15.
15. Bleger, J. Op cit. Pp 83-84.
16. Klein, M. Algunas Conclusiones Teóricas Sobre la Vida Emocional del Lactante, en Desarrollos en Psicoanálisis, Buenos Aires, 1962. p. 178 y ss.
17. Lo llamo así porque en el grupo se habla de una experiencia particular, aunque el tema no es privativo.
18. Rodrigué, E. La Lección de Ondina. Ed. Fundamentos, Madrid, 1980.
19. Me refiero a esto: “No despreciemos, dice Freud, los pequeños síntomas; quizás a partir de ellos logremos ponernos en la pista de algo grande..(...) a menudo no sabemos a donde dirigir el paso siguiente. En el trabajo científico es más promisorio el abordaje de lo que se tiene directamente frente a sí y ofrece un camino para su investigación. Si se lo hace bien en profundidad, sin supuestos ni expectativas previas y su se tiene suerte, es posible a consecuencia de la concatenación que une todo con todo, también lo pequeño con lo grande, que incluso... un trabajo tan falto de pretensiones de acceso al estudio de los grandes problemas”, Freud, S. Op cit. Pp 24-25.
20. Rodrigué, E. Op cit. P. 222.


Cuernavaca, Mor. 1984.

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Creado por larch | 0 comentarios | 15/07/05 21:04

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