Epilepsia una forma de abordarla
Toda una Experiencia... en Epilepsia una forma de abordarla
Toda una Experiencia...
Corría el año de 1989 en el puerto de Acapulco el cual es mundialmente conocido por sus hermosas playas y que se encuentra ubicado ... Por Antonio Jaimes Lechuga
TODA UNA EXPERIENCIA.....
Corría el año de 1989 en el puerto de Acapulco el cual es mundialmente conocido por sus hermosas playas y que se encuentra ubicado en el pacífico mexicano. En ese tiempo yo tenía 10 años, era un niño como cualquiera de su edad sumamente travieso, soy el hijo menor y único varón de tres 3 hijos, mi padre es ginecólogo y mi madre profesora de primaria, a esa edad lo único que importaba era ir al colegio y jugar fútbol, pero todo eso cambió una mañana del mes de Octubre, esa mañana cambió el rumbo de mi vida, quien iba a decir todo lo que significaría para toda una vida ese día, esa mañana al parecer era muy rutinaria…levantarse, bañarse, desayunar e ir al colegio, pero dejo de serlo, yo solía jugar fútbol a todas horas (me encanta) y antes del toque de entrada no fue la excepción, ahí fue cuando empezó todo…jugando fútbol recibí un balonazo en el rostro el cual me hizo perder el conocimiento al momento y por ende caí, al momento de caer mi cabeza se impactó con suelo de concreto y como consecuencia sobrevino una convulsión epiléptica.
Recuerdo como si fuera ayer cuando desperté después de la crisis, todo mundo me miraba y yo no sabía ni que me había sucedido, a mis padres les hablaron por teléfono y llegaron de inmediato a la institución, cuando pregunte que me sucedió me dijeron “tuviste un ataque epiléptico” yo no lo tomé muy en serio, de hecho creía que eso era un simple desmayo y que de ahí no pasaba, de hecho en lugar de estar triste estaba feliz, porque me habían dado el día libre para irme a reposar a mi casa, obviamente tuve que ir con el neurólogo y me mandó a practicarme varios estudios, a la edad de 10 años uno ve la vida como un juego el electroencefalograma me llamaba la atención por tanta raya que tenía, pero lo más divertido para mi fue cuando me practicaron la tomografía, me imaginaba que me iban a meter a una lavadora gigantesca, bueno todo eso fue divertido.
Llegó la hora de la verdad…….en mi segunda consulta el doctor dio su diagnóstico basado en los estudios practicados y fue el siguiente:
“El golpe que sufrió el niño en la cabeza le ha provocado una lesión en el lóbulo temporal izquierdo”. En fin, yo no entendía lo que decía el doctor, solo sabía que a partir de ese momento no podía tomar refresco de cola, café y cuando fuera más grande alcohol, además de no poderme desvelar y tomar el eterno Tegretol. Como eran cosas que no eran importantes en mi vida no me afecto y además a esa edad lo único que un niño quiere es jugar, jugar y seguir jugando.
En un principio el doctor comentó que por el tipo de lesión el tratamiento sería de 3 años en caso de que no se me presentará una nueva crisis, pero eso cambió ya que a la semana volví a presentar otra crisis, fue precisamente en el colegio en ese momento me encontraba a un lado de mi padre, también volvió a presentarse antes del toque de entrada (era música clásica), para mi fue terrible despertar y ver a mi padre cuan triste se encontraba, su mirada era muy triste y de gran impotencia al haber visto a su hijo convulsionar y no poder hacer nada para evitarlo, sus ojos estaban muy rojos y cuando se dio cuenta que había recobrado el conocimiento me abrazo muy fuerte y soltó unas lágrimas, luego llegó mi mamá corriendo y cuando me vio se abalanzó sobre mí, me abrazó y lloró al enterarse que tuve otra crisis, en ese preciso momento fue cuando me di cuenta que la epilepsia no es algo pasajero y de la gravedad que representa, más tarde estuve platicando con mis padres y a su vez me daban palabras de aliento.
Esa misma tarde acudí con mi doctor y extendió el tratamiento a 5 años, lo malo fue lo que yo entendí, yo creía que pasando esos cinco años mi tratamiento terminaría y punto, es decir que si en ese lapso tendría crisis no importaba ya que mis 15 años de edad finalizaba mi tratamiento, pero no fue así.
Mis padres decidieron tener otra opinión médica y comprendo su decisión porqué lo único que deseaban era volver a ver a su hijo sano, acudimos con un Neuropediatra, él me receto el Depakene y en lugar de mejorar se empeoraron, en pocas palabras, el Neuropediatra fue un fracaso y se decidió regresar con el primer doctor y seguir con el Tegretol.
En el lapso de los primeros cinco años de tratamiento presente alrededor de 3 y 4 crisis por año, las causas fueron diversas pero existieron dos principales, una era porque yo era un niño que cuando se ponía muy nervioso se me presentaba una crisis y la otra causa fueron los videojuegos (el famoso Nintendo), en esta última sabía que jugar mucho tiempo me hacía daño, pero mi imprudencia se llegó a imponer en más de una ocasión. Durante todo ese tiempo realmente no me importaba tener una crisis, quizá porque nunca le había dado la importancia que merece un caso como estos, y realmente me arrepiento. Mi abuelo materno (q.e.p.d.) era un tipazo, siempre se encontraba al tanto de mi situación, de hecho al saber que mis crisis aún no eran controladas me concertó una cita ni más ni menos con el Dr. Manuel Velasco Suárez (q.e.p.d.) quien fue el padre de la neurología en México, simplemente era una eminencia.
La etapa más difícil y más dura se presento a finales del año de 1994 cuando tenía 15 años de edad, se combinaron varios factores para que llegara a ese grado, primero se presentaron un par de crisis en un tiempo muy corto, a partir de la segunda mis ánimos se encontraban por los suelos, en esas fechas en mi familia se presentaron una serie de problemas internos, esto aunado a que me encontraba en una edad determinante en la vida de las personas, realmente me sentía solo sin apoyo, mi vida la tenía vacía no le encontraba sentido alguno, en pocas palabras…sentía lástima por mí mismo y me pasaba reprochándole a la vida por no tener una “vida normal”, incluso llegué a pensar en el suicidio. El sentir de una vida vacía duró algunos meses y se incremento ese sentir cuando a principios de 1995 presenté mis primeras crisis parciales. Todo esta situación llegó a su punto más alto una mañana del mes de Enero, de nuevo el escenario fue el colegio, en ese momento me encontraba acompañado de una de mis hermanas ya que estudiamos en el mismo colegio, estaba bajando las grandes escaleras del colegio con ella cuando de repente presenté una crisis parcial la cual provocó que cayera de ellas, la escena fue para olvidar, el impacto más duró lo recibió mi barbilla, fue tan duro que me provocó triple fractura en el maxilar además de presentar una fuerte hemorragia en mis oídos y nariz, parecía una película de terror, pero lamentablemente era la realidad. El dolor que sentía no era por el golpe sino por ver a mi hermana llorar y sufriendo por mí, todo se fue calmando cuando llegó la ambulancia y me traslado al hospital.
Definitivamente mi vida se puede dividir antes y después de este accidente, y sin duda alguna fue el parte aguas de mi vida, a partir de ese día me di cuenta que tan importante era para mi familia, ese accidente me quitó la venda de los ojos, la cual me impedía ver por la frustración que sentía. El amor y el apoyo que demostró mi familia fueron fabulosos e inolvidables, siempre estuvieron conmigo y nunca me dejaron caer.
Un día a mi abuelo materno le platicaron acerca de un buen neurólogo y sin perder tiempo consiguió los datos de él y más tarde acudí con él a verlo en la Ciudad de México. Él revisó mis estudios practicados los cuales eran resonancia magnética, tomografía, electroencefalograma y niveles séricos, dio su diagnóstico y me dijo que mi tratamiento no había sido el adecuado por lo que él me recetó a parte del Tegretol, el Epamin y meses más tarde el Lamictal y el resultado fue un éxito rotundo, él logro conmigo lo que nadie antes pudo hacer a lo largo de cinco años y medio, simplemente me controlo mis crisis y él es el Dr. Juan Alberto Nader Kawachi.
Al ver desaparecer mis crisis con el tiempo, se fueron borrando de mi mente aquellos días de sufrimiento y de tristeza que pasaba junto con mi familia debido a las crisis que presentaba, ya ahora todo era felicidad, esto elevó mi autoestima y poco a poco me fui sintiendo seguro de mí mismo y lo mejor es que se lo transmitía a mi familia y ellos lo percibían, ya salía con mis amigos los fines de semana y también iba a bailar por las noches. Poco a poco me empecé a dar cuenta que podía hacer todo lo que me proponía y lo lograba y el amor no fue la excepción.
Pasaban los años y no presentaba crisis, me sentía también tan pleno, desde entonces mi actitud hacia la vida ha sido muy positiva porque al fin puede ser “yo mismo”, hacer lo que quería y se me diera la gana hacer pero siempre teniendo presente mi tratamiento, Todo ese ánimo fue creciendo porque me metí a hacer ejercicio en el gimnasio hasta lograr una buena figura, sin duda alguna la epilepsia no es una barrera para tener una vida plena.
Después de más de 6 y medio años sin crisis presenté dos a principios del 2002 debido a una descompensación en la sangre de uno de los medicamentos que tomé, cuando desperté después de las crisis y me enteré lo que me había sucedido sentí que el mundo se me venía encima y que todo lo que había logrado se había ido por el caño, me tuve que practicar un electroencefalograma por orden de mi medico para ver como a que grado afectaron mi tratamiento, yo siempre tuve fe de que todo iba a salir bien y al leer los resultados y checar el electro junto con el medico la respuesta fue: “No se encontró nada anormal en el estudio practicado”, “lo sabía, lo sabía” fue mi primera expresión.
A lo largo de 13 años de tratamiento he vivido muchas cosas, he tocado fondo y supe levantarme para después tocar el cielo, la epilepsia no pudo más que yo, la clave aquí es aprender a vivir con ella y no verla como una enfermedad sino como una forma de vivir. Mil veces me hice la pregunta ¿Porqué a mi?, ¿A qué vine a este mundo?, ¿Qué he hecho mal para merecer esto?, etc., y nunca encontraba alguna respuesta, ahora después de haber vivido muchas cosas con epilepsia, he encontrado las respuestas…
…He aprendido a vivir con la epilepsia y verla como una forma de vida, como lo comenté anteriormente, estoy consciente de que soy un persona que esta el tratamiento por la misma, pero eso es todo, la epilepsia no significa discapacidad y puedo valerme por mí mismo no hay nada ni nadie que lo impida, así como existen millones de gentes que la padecen, hay millones de gentes que se han rehabilitado exitosamente al grado de que se controlan y en muchísimas casos han desaparecido las crisis, por eso siempre tengo presente que la epilepsia se cura y que su proceso es lento pero efectivo. Vine a este mundo a ser feliz, yo soy de la idea que las cosas pasan por algo y la epilepsia me ha ayudado a madurar y aprender de los momentos difíciles para ser una mejor persona, aún me falta mucho porque en esta vida nunca se termina de aprender, pero estamos en el camino adecuado y lucharemos para seguir en él.
Hoy en día gozo de buena salud, soy Lic. en Economía, tengo un buen trabajo (radico en la Ciudad de México), una pareja que me ama y yo a ella, soy feliz al tener mi familia con buena salud y ser tío de una niña y dos bebés, unos padres y hermanas que amo y siempre estaré agradecido con mi madre, esa gran mujer que nunca me dejó solo y se partió el alma no solo por mí sino también por mis hermanas.
Mucha gente cree que por padecer epilepsia tendrá un eterno impedimento para lograr sus metas y objetivos, pero eso es una gran farsa, todo depende de la actitud de la persona, nunca hay que sentirse perdedor sino todo lo contrario….UN TRIUNFADOR ya que es la imagen demuestras a toda la gente.
El haber compartido mi experiencia ha sido una enorme satisfacción y el mensaje que dejo es muy claro…..”LA EPILEPSIA ES DIFICIL, PERO NO ES UNA BARRERA PARA COMERTE EL MUNDO A PEDAZOS”.
JOSÉ ANTONIO JAIMES LECHUGA.
antoniovan@epilepticoslibres.com
Creado por galvarini | 0 comentarios | 01/08/04 11:52
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