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Vía gozos en TRIGO DE DIOS

Vía gozos

Preparamos la Pascua recordando los misterios gozosos Vía Gozos

Cuando rezamos el Vía Crucis, contemplamos a Jesús en su Pasión, Dios se hace igual a nosotros haciendo acopio de nuestra debilidad y padecimiento. Cuando rezamos las catorce estaciones del Vía Gozos, Dios nos hace semejantes a El, ya que nos permite vivir sus misterios gozosos, no sólo durante el tiempo de Pascua, sino, durante todo el año litúrgico.

Abreviaturas:

C. Celebrante.
A. Asamblea.

C. Señor, ábreme los labios.
A. Y mi boca proclamará tu alabanza.
C. Gloria al Padre, al Hijo, y al Espíritu Santo.
A. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Primera estación.

La Resurrección

C. Amanece el Domingo de Resurrección. La muerte ha sido vencida desde su misma entraña. El sepulcro está vacío. "No busquéis entre los muertos al que está vivo".
Señor, no ceses de otorgarnos tu gracia, para que tu vida sobrenatural siga siendo manifestada en nuestras almas.

Antífona. Adorámoste, Cristo, y te bendecimos, porque por tu Resurrección, coronaste al mundo con la eterna vida de la gracia.

Padre nuestro, Avemaría, Gloria.

Segunda estación

Jesús se manifiesta a María Magdalena

C. ¿Quién ha robado el cuerpo de mi Señor? Se cierran los ojos de los ciegos, los tullidos caen al suelo, los leprosos quedan sumidos en un terrible estado de desesperación...
Dime hortelano, ¿has sido tú quien ha robado su cuerpo? Dime, buen hombre, ¿dónde lo has puesto?
A. ¡María!
C. Maestro, aunque asciendas al cielo, con mi oración y mis obras, siempre te tendré presente en este suelo.

Antífona. Adorámoste, Cristo, y te bendecimos, porque por tu Resurrección, coronaste al mundo con la eterna vida de la gracia.

Padre nuestro, Avemaría, Gloria.

Tercera estación

Camino de Emaús

C. ¡Cuántas veces nos hemos cuestionado la realidad del martirio de los justos! ¡Cuánto sufrieron Job, el siervo de Dios, los Profetas y nuestro Señor!
A. No seáis incrédulos, interpretad correctamente las Escrituras.
C. El fuego de Dios arde en nuestro corazón transformando nuestro miedo y nuestras dudas en fe y esperanza. El sacrificio de nuestro Señor se renovará en su Iglesia hasta que la humanidad se deje redimir.

Antífona. Adorámoste, Cristo, y te bendecimos, porque por tu Resurrección, coronaste al mundo con la eterna vida de la gracia.

Padre nuestro, Avemaría, Gloria.

Cuarta estación

Jesús se aparece a los Diez

C. Nuestra lucha se convirtió en un mar de miedos y dudas.
A. ¡Paz a vosotros! ¡Recibid el Espíritu Santo!
C. Señor, gracias por establecer el camino sacramental de la Penitencia, que me permite vivir la Cuaresma, para gozar la plenitud de la Pascua eterna.

Antífona. Adorámoste, Cristo, y te bendecimos, porque por tu Resurrección, coronaste al mundo con la eterna vida de la gracia.

Padre nuestro, Avemaría, Gloria.

Quinta estación

Tomás

C. Hasta que no meta las manos en las heridas del Señor, no creeré que ha resucitado. Hemos fracasado junto al Maestro.
A. Mete las manos en mis heridas, mete tu mano en mi corazón herido, y, querido amigo, para los más desfavorecidos, sé un pan compartido.
C. ¡Señor y Dios mío!
A. ¡Bienaventurados quienes sin tocar ni ver han creído!

Antífona. Adorámoste, Cristo, y te bendecimos, porque por tu Resurrección, coronaste al mundo con la eterna vida de la gracia.

Padre nuestro, Avemaría, Gloria.

Sexta estación

El Día del Señor

C. El Domingo de Resurrección es un día lleno de pasión, miedo, controversias, fe, y, gloria. La razón por la cual todos los Domingos conmemoramos los principales misterios de nuestra fe, es la de mantenernos unidos a nuestro Señor, porque, a veces, sin percatarnos de ello, nos dejamos arrastrar por todo lo que nos aleja de nuestro Señor.
A. Si siempre estuviéramos unidos a nuestro Hermano, no tendríamos necesidad de establecer periodos litúrgicos para aumentar la intensidad de nuestra oración.

Antífona. Adorámoste, Cristo, y te bendecimos, porque por tu Resurrección, coronaste al mundo con la eterna vida de la gracia.

Padre nuestro, Avemaría, Gloria.

Séptima estación

La conversión de San Pablo

C. Para mí la vida siempre consistió en cumplir más de 600 ritos, que, casi siempre, resultaban carentes de significación teológica. Cristo me ha tirado del caballo de mi soberbia. Señor, ábreme los ojos del corazón, que el aguijón del pecado, el dolor y la muerte me agujeree el corazón, para así poder demostrarte que nada me alejará de la contemplación de tu Santo rostro, y de la evangelización activa de judíos y paganos.

Antífona. Adorámoste, Cristo, y te bendecimos, porque por tu Resurrección, coronaste al mundo con la eterna vida de la gracia.

Padre nuestro, Avemaría, Gloria.

Octava estación

Pedro, Príncipe de los Apóstoles

C. "Pedro, ¿me amas más que estos¿" Señor, si me haces tales preguntas, me harás sufrir recordando mi nefanda y cobarde traición, y aumentarás mi fe, porque, con la confianza puesta en ti, jamás volveré a fallarte. ¡Permíteme hacer por los hombres lo que mi cobardía no me dejó hacer por ti!

Antífona. Adorámoste, Cristo, y te bendecimos, porque por tu Resurrección, coronaste al mundo con la eterna vida de la gracia.

Padre nuestro, Avemaría, Gloria.

Novena estación

María de Nazaret

C. María de la Anunciación, María de la Visitación, María, corazón traspasado por siete puñales, María oradora que medita los misterios en torno a nuestra fe milenaria, María en el monte Calvario, María Madre del dolor, María Madre de la más inmisericorde y santa Soledad, María de la Resurrección de la fe, la esperanza y la caridad, María asunta al cielo, María, Reina de la paz, el amor, y, el Universo...

Antífona. Adorámoste, Cristo, y te bendecimos, porque por tu Resurrección, coronaste al mundo con la eterna vida de la gracia.

Padre nuestro, Avemaría, Gloria.

Décima estación

Portadores de amor y paz

C. Al contemplar el Vía Crucis y el Vía Gozos, no estamos viendo una película. Si la Pasión, muerte y Resurrección de Jesús, producen frutos en nosotros, ¿podremos callar el amor de Dios, sangre de nuestras venas, corazón que late en nuestro corazón, razón de nuestro vivir, morir y nacer a la vida eterna?

Antífona. Adorámoste, Cristo, y te bendecimos, porque por tu Resurrección, coronaste al mundo con la eterna vida de la gracia.

Padre nuestro, Avemaría, Gloria.

Undécima estación

Prodigios

C. Jesús decía que nuestra fe puede mover montañas. En nosotros han de cumplirse las palabras de Isaías, tenemos que allanar los montes, hacer que los ciegos vean, los sordos escuchen, los cojos salten como ciervos... No somos médicos, pero transmitimos las consecuencias inmediatas de la posesión de la fe.

Antífona. Adorámoste, Cristo, y te bendecimos, porque por tu Resurrección, coronaste al mundo con la eterna vida de la gracia.

Padre nuestro, Avemaría, Gloria.

Duodécima estación

Esperad al Espíritu Santo

C. Acabada la instrucción de los Once, Jesús tenía que ascender al cielo, para volver el día de su Parusía. Jesús no nos dejará sólos, porque sabe que, con nuestra sola fuerza, no se puede instituir un Reino en medio de la miseria. Gracias al Espíritu Santo, aunque Jesús está en el cielo, nuestras manos, son las manos del Cristo viviente, y, nuestra voz, es voz de Dios.

Antífona. Adorámoste, Cristo, y te bendecimos, porque por tu Resurrección, coronaste al mundo con la eterna vida de la gracia.

Padre nuestro, Avemaría, Gloria.

Decimotercera estación

Jesús asciende al cielo

C. No volveremos a verte hasta que traspasemos definitivamente la puerta estrecha. Jesús, tú no puedes irte, te necesitamos, te queremos, Hermano Sacramentado, no en el altar de nuestro orgullo, sino en el templo de nuestra debilidad, que ha de ser trocado en fortaleza y Santidad, por la acción del Espíritu Santo.

Antífona. Adorámoste, Cristo, y te bendecimos, porque por tu Resurrección, coronaste al mundo con la eterna vida de la gracia.

Padre nuestro, Avemaría, Gloria.

Decimocuarta estación

¡Recibid el Espíritu Santo!

C. Es fácil vivir sobre los frutos de tu Pasión y muerte. Una nueva fuerza, un nuevo ímpetu nos invade. En tu nombre, Señor, predicamos, sanamos, hablamos lenguas, inspirados por el Espíritu de Aquel que es Camino, Verdad, y, Vida. Amén.

Antífona. Adorámoste, Cristo, y te bendecimos, porque por tu Resurrección, coronaste al mundo con la eterna vida de la gracia.

Padre nuestro, Avemaría, Gloria.

Fin del Vía Gozos

Que Dios os bendiga en esta vida pascual de gracia y salvación.
Creado por trigodedios | 0 comentarios | 02/01/07 23:28

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