TRIGO DE DIOS
Solemnidad de todos los Santos. Misa común de todos los Santos. Conmemoración de los fieles difunto en TRIGO DE DIOS
Solemnidad de todos los Santos. Misa común de todos los Santos. Conmemoración de los fieles difunto
Se adjunta a estas meditaciones la campaña de oración "Oremos por los que no están con nosotros, del año 2005".
Padre nuestro
Miércoles, 1-11-2006, Solemnidad de todos los Santos
Jueves, 2-11-2006, conmemoración de los fieles difuntos
Edición número 65
En esta edición de Padre nuestro, encontraréis los siguientes contenidos:
-Celebremos la Eucaristía. Cita de las lecturas eucarísticas, oraciones, homilía y lectura después de la Comunión de la Solemnidad de todos los Santos.
-Celebremos la Eucaristía. Cita de las lecturas eucarísticas, oraciones, homilía y lectura después de la Comunión de la Misa botiva de todos los Santos.
-Celebremos la Eucaristía. Cita de las lecturas eucarísticas, oraciones, homilía y lectura después de la Comunión de la conmemoración de los fieles difuntos.
-Campaña de oración. Oremos por los que no están con nosotros.
Celebremos la Eucaristía
Solemnidad de todos los Santos
Antífona de entrada
Alegrémonos todos en el Señor al celebrar esta solemnidad en honor de todos los santos. Los ángeles se regocijan por esta solemnidad y alaban al Hijo de Dios.
Recitemos el Gloria en esta Solemnidad de todos los Santos, pidiéndole a nuestro Padre común perdón por nuestras transgresiones voluntarias en el cumplimiento de su Ley, y elevemos nuestras peticiones al cielo.
Saludo inicial del sacerdote
La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo estén con todos vosotros.
R. Y con tu espíritu.
Monición de entrada
Sed bienvenidos a la casa de nuestro Padre y Dios.
Hoy la Iglesia nos invita a recordar tanto a los seguidores de Jesús cuyas vidas están escritas en el Santoral y a aquellos siervos de nuestro Padre común que, aunque no son conocidos por nosotros, han dedicado, total o parcialmente, su vida, a servir a nuestro Padre común en las personas de sus prójimos los hombres. La Iglesia nos pide que consideremos la posibilidad de ser santos en nuestro estado actual. Según nos dediquemos a servir a nuestro Criador en sus hijos los hombres a través de nuestras oraciones y de nuestras buenas obras, él nos hará santos.
Iniciemos esta gloriosa celebración pidiéndole a nuestro Padre común que nos abra los ojos del corazón y nos ayude a ver su luz maravillosa, para que así podamos aceptar su verdad.
Oración colecta
Dios todopoderoso y eterno, que nos concedes celebrar en una sola fiesta los méritos de todos tus santos; te rogamos que, por las súplicas de tantos intercesores, derrames sobre nosotros la ansiada plenitud de tu misericordia. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
R. Amén.
Liturgia de la Palabra
Cita de las lecturas eucarísticas y moniciones que anteceden a las mismas
1. Estos son los que vienen de la gran tribulación: han lavado y blanqueado sus vestiduras en la sangre del Cordero (AP. 7, 2-4. 9-14). A través del fragmento del libro del Apocalipsis que escucharemos a continuación, podremos recordar que nuestro Padre común nunca ha desamparado a sus fieles hijos, por lo cuál, San Juan, nos recordará la parte de su visión en la que se emocionó al contemplar a la humanidad redimida del error, el dolor, las enfermedades y la muerte.
2. Este es el grupo que viene a tu presencia, Señor (SAL. 23, 1-2. 3-4 a. 5-6. Digámosle a nuestro Padre común que creemos fielmente lo que hemos escuchado en la primera lectura con respecto a la instauración de su Reino en el mundo. Oremos meditando lo que hemos de hacer para agradecerle a nuestro Padre común el bien que nos ha hecho, al oír o entonar el Salmo responsorial.
3. Todo el que tiene esperanza en él se purifica a sí mismo, como él es puro (1 JN. 3, 1-3). Si somos hijos de Dios por voluntad de nuestro Criador, hemos de esperar que él cumpla la promesa de redimirnos al final de los tiempos y actualmente a través de nuestras vivencias ordinarias.
4. Aleluya, Aleluya: Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré -dice el Señor- (MT. 11, 28).
5. Dichosos los limpios de corazón -dice el Señor-, porque ellos verán a Dios (MT. 5, 1-12 a). Nuestro Hermano y Señor llama bienaventurados a quienes defienden la realidad de la existencia del Dios del amor a quien el mundo no ve y constituye el centro de su existencia.
Homilía:
1. Las fiestas religiosas más importantes se contrastan curiosamente con celebraciones paganas que contradicen nuestra fe. Durante toda la noche muchos de nuestros hermanos han celebrado la fiesta de Halloween, un importante principio que hace que muchas personas jóvenes y no tan jóvenes se amparen en las ciencias ocultas quizá buscando la solución a sus problemas en los poderes paracientíficos que les atribuyen a las fuerzas del más allá, que hace unas horas dejaron nuestra tierra para volver a internarse en su dolorosa e insoportable soledad infernal. Yo puedo describir ampliamente las necesidades que tienen los hermanos que se amparan en las ciencias ocultas, así pues, aunque no ejerzo como paracientífico, soy tarotista. Así como se diferencian la noche y el día, se distinguen las celebraciones de Halloween y la Solemnidad de todos los Santos que hoy celebramos.
2. Creo conveniente recordar que los Santos no son seres misteriosos e inaccesibles, pues estos son personas corrientes que, en un determinado momento de su vida, decidieron entregarse al servicio de Dios en las personas de sus prójimos, ora orando, o dedicándose a satisfacer las carencias materiales o espirituales de los hombres. Esta fiesta que estamos celebrando queridos hermanos, nos recuerda que los fantasmas y las brujas de Halloween no tienen nada que ver con aquellas personas que hoy recordamos con tanto afecto al acercarnos a sus tumbas con nuestras flores, lágrimas y oraciones, y que nosotros seremos santos a partir del instante en que decidamos ponernos a disposición de nuestro Padre y Dios para que El haga su voluntad con nuestra vida. Una cosa es decir que estamos en las manos de Dios porque El es más poderoso que nosotros, y otra casuística se da cuando acatamos la voluntad de Dios sustituyendo la resignación por la plena satisfacción que nos confiere nuestra filiación divina. El Apóstol Juan, en la lectura del Apocalipsis que escuchamos hace unos minutos, nos habló de una multitud simbólica que El vio en un sueño o revelación y que no pudo contar. Algunos hermanos nuestros cristianos como los testigos de Jehová, aseguran que las 144000 personas que menciona el Apóstol Juan, serán quienes acompañarán a Jesucristo en su tarea de gobernante de la tierra, pero esta información es falsa, dado que el autor del texto Sagrado excluyó a la tribu de Dan de su listado, para que el número de los seguidores de Jesucristo fuese múltiplo del número 12, que significa la mayor de las perfecciones en el sentido literal de la interpretación de esta palabra. Este hecho nos hace deducir que, cuando nuestro Hermano y Señor venga nuevamente a nuestro encuentro, la muchedumbre de sus seguidores será incontable. Es normal que el número de los redimidos que Juan vio en su revelación fuesen judíos, pues no ignoramos el carácter nacionalista que tenían los Primeros monoteístas de la historia.
3. El ángel que en la revelación de San Juan subía del Naciente les dijo a los ángeles que tenían la misión de herir a los hombres pecadores que no ejecutaran su acción hasta que estuvieran marcados los elegidos del Señor. Esta escena apocalíptica puede inducirnos a considerar que nuestro Padre y Dios tiene ciertas preferencias a la hora de escoger a sus Santos, pero, hermanos, no debemos ignorar que nosotros somos los que autorizamos a Jesucristo para que El, con los Sacramentos y su cruz, nos ayude a vencer la adversidad. Si tenéis fe, debéis sentir cómo arde en vuestro corazón el fuego que Cristo trajo a la tierra. En el Evangelio del médico a quien tanto amó San Pablo podemos leer estas palabras: "He venido a arrojar un fuego sobre la tierra y ¡cuánto desearía que estuviera ya encendido! Con un bautismo tengo que ser bautizado y ¡qué angustiado estoy hasta que se cumpla" (Lc. 12, 49-50) Nuestro Jesús tenía angustia cuando pensaba en su próxima Pasión y en la realidad de su muerte, pero esa realidad no le inducía a dejar la tarea que el Padre le había encomendado. A modo anecdótico, os diré que el ángel oriental viene a significar que las religiones más importantes proceden de Oriente, la parte del mundo desde la cual esperamos que venga la salvación. Jesús nos dice: "La venida del Hijo del hombre será repentina, como un relámpago que ilumina el cielo de oriente a occidente" (MT. 24, 27) Si meditáis el versículo de San Mateo citado detenidamente, podréis constatar cómo a través de las religiones más importantes, la salvación se extenderá de Oriente a Occidente.
4. San Juan se maravilló cuando uno de los cuatro ancianos que aparecen en su Apocalipsis le informó de que Dios ama mucho a los 144000 judíos de los cuales nos habla el Apóstol, pero también los gentiles, los no judíos, ocuparán su lugar en el Reino de Dios, sin que por ello sean tenidos como inferiores a la raza de los primeros monoteístas. Los hijos de Dios son los que se purifican de la adversidad, los que se sostienen gracias a la fuerza de los Sacramentos y la cruz, los que consideran que la Eucaristía, -el Cuerpo y la Sangre del Cordero-, es el alimento mediante el cual su fe no perece. Esta es la alegría que manifestamos llenos de emoción al recitar el Salmo responsorial.
5. ¡,Qué amor tan inmenso el del Padre -nos dice el Apóstol Juan-, que nos proclama y nos hace hijos suyos! Si el mundo nos ignora, es porque no conoce a Dios" (1 Jn. 3, 1) Nosotros estamos tan acostumbrados a decir que Dios es nuestro Padre, estamos tan habituados a vivir bajo el amparo de nuestro Dios, que tenemos el mal hábito de olvidar la grandeza que significa para nosotros el hecho de ser semejantes al Dios que, además de caracterizarse por su ilimitable poder, se nos ha dado a conocer por el ímpetu de su amor misericordioso. En estos días los que no creen en Dios nos atacan, porque dicen que nos escudamos en la resurrección de los muertos, porque nos hace sentir verdadero pavor el hecho de vivir inmersos en la adversidad que atañe a nuestra vida. Consideremos que si los no creyentes hubieran vivido nuestra experiencia de Dios, no dirían ni esta ni otras barbaridades semejantes.
6. "Ahora -nos sigue informando el Apóstol y Evangelista Juan-, queridos míos, somos hijos de Dios, aunque todavía no se ha manifestado lo que hemos de ser. Pero sabemos que el día en que se manifieste seremos semejantes a El, porque le veremos tal cual es" (1 Jn. 3, 2) Juan nos insta a que no perdamos la esperanza de ser transformados y configurados por Cristo a imagen y semejanza de nuestro Señor, por consiguiente, hemos de tener presente que, los textos del Evangelista que estamos meditando, sirvieron de luz y consuelo para los cristianos del primer siglo de historia de nuestra Iglesia, que empezaron a formar parte de la ola de mártires que siguieron el ejemplo de Jesús de Nazaret, con tal de no abnegar de su queridísima fe universalista. En virtud de nuestras consideraciones, San Juan nos dice en la segunda lectura correspondiente a esta Eucaristía que estamos celebrando: "Esta esperanza que hemos puesto en El es la que nos urge a ser cada día más perfectos, como El es Perfecto" (1 Jn). 3, 3) ¡Cómo recordaba y amaba San Juan las palabras de Jesús! ¡Mirad las palabras que nos transmite San Mateo en su Evangelio! ¿No os recuerdan estas palabras el tono exigente y amable del Maestro? "Vosotros tenéis que ser perfectos, como es perfecto vuestro Padre que está en los cielos" (MT. 5, 48)
7. Aprovechando la ocasión que el marco en el que se encuadran las lecturas de hoy me propician, creo que debemos de olvidar las técnicas mercadotécnicas que tan sutilmente hemos adoptado para guardar nuestras apariencias, y que hemos de llevarles menos flores a nuestros difuntos al cementerio, de igual manera que debemos luchar por los enfermos mientras que están vivos, ya que no sirve de nada el hecho de aparentar que los amamos cuando están muertos y la gente no tiene por qué alardear de nuestra hipócrita santidad. Permitidme terminar esta homilía leyéndoos un extracto de un libro que estoy escribiendo, unos ejercicios espirituales, pues está muy relacionado con el Evangelio con el que pondremos fin a nuestro comentario de los textos litúrgicos de hoy.
8. (Simulemos ser los testigos presenciales del sermón de la montaña pronunciado por Jesús. Quien represente a Jesús será interpelado por los miembros del grupo, e intentará resolver estas u otras posibles situaciones que se le planteen)
Para que nuestro encuentro no sea muy monótono, vamos a cambiar la impartición de charlas por una escenificación teatral. Imaginemos que estamos en el monte en que el Señor pronunció su conocido sermón de la montaña que nos narra San Mateo en los capítulos 5, 6 y 7 de su obra. Todos los que deseéis, podéis interrumpir a quien representará a Jesús en su discurso, para que os explique el significado de las palabras mesiánicas. Esta representación debe tener un toque de originalidad consistente en que algunos de vosotros simularéis ser contemporáneos de Jesús, y otros os expresaréis como hombres y mujeres del siglo XXI. Pidámosle a Dios que en nuestro rol podamos vislumbrar algunos aspectos del mensaje que Jesús desea transmitirnos.
Comencemos la representación. Imaginemos que nuestro grupo está compuesto por varios cientos de personas que se extienden por el monte. Jesús aparece en la cima del monte, y, según es interrogado por sus oyentes, va descendiendo hacia el valle, y vuelve a subir a lo alto de la montaña. Algunos asistentes ríen, en otros se vislumbran gestos de desesperación y cansancio, otros miran fijamente a Jesús, bien impacientes por ver qué dirá el maestro, bien por escuchar una historia nueva, o con la intención de escuchar palabras tan poderosas como para transformar sus heridas en paz y sosiego. Entremezclemos, a tal propósito, varios pasajes evangélicos, para hacer de esta representación un acto completo cargado de ideas para meditar.
Jesús. "Felices los de espíritu sencillo, porque suyo es el reino de los cielos" (MT. 5, 3)
Interviene un judío pobre: -¿En qué te basas para justificar la supuesta felicidad de los pobres? Yo tenía una granja, los romanos me han quitado recientemente todas mis pertenencias porque no puedo pagar el tributo. Mi hijo iba a heredar mis bienes, ahora, tanto él como yo, no tenemos nada.
Interviene otro contemporáneo de Jesús: -Hace 6 meses que mi mujer se encuentra en un campo destinado a cementerio de leprosos. Yo la veo todos los días un momento, no puedo hacer nada por ella. No dispongo de medios para sobrevivir ni para llevar a mi mujer a algún lugar en el que no se sienta como un animal impuro. ¿Por qué alabas las virtudes de la pobreza?
Jesús. "Esto os digo: No andéis ocupados pensando qué vais a comer o qué vais a beber para poder vivir, o con qué ropa vais a cubrir vuestro cuerpo. ¿Es que no vale la vida más que la comida, y el cuerpo más que la ropa? Mirad los pájaros: no siembran, ni cosechan, ni guardan en almacenes, y, sin embargo, vuestro Padre que está en el cielo los alimenta. ¡Pues vosotros, valéis mucho más que los pájaros! (MT. 6, 25-26)
-¿Pretendes hacernos creer que Dios está pendiente de solventar todas las carencias que atormentan a los pobres? Supongo que responderás a mi pregunta argumentando que Dios se vale de nosotros para satisfacer las necesidades de los más desfavorecidos de nuestra sociedad, así pues, ¿qué estás tú dispuesto a sacrificar para ayudar a quienes no poseen nada en esta vida?
Jesús. "¿Quién de vosotros, que quiere edificar una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, y ver si tiene para acabarla? No sea que, habiendo puesto los cimientos y no pudiendo terminar, todos los que lo vean se pongan a burlarse de él, diciendo: "Este comenzó a edificar y no pudo acabar." (LC. 14, 28-29) Yo he venido al mundo para entregar mi vida y mi trabajo al servicio de los pobres, pero vosotros, según vuestras posibilidades, debéis acordaros de quienes sufren. No podéis dar todo lo que tenéis para beneficiar a los pobres, así pues, si obtenéis mayores ganancias, podréis repartir más abundantemente y mantener vuestra posición social.
Interviene un hombre joven: "Maestro, di a mi hermano que reparta la herencia conmigo" (LC. 12, 13)
Jesús. "¡Hombre! ¿Quién me ha constituido juez o repartidor entre vosotros? ... Mirad y guardaos de toda codicia, porque, aun en la abundancia, la vida de uno no está asegurada por sus bienes" (LC. 12, 14-15) Yo no puedo obligar a tu hermano a que reparta la herencia contigo, pero, por tu propia paz, intenta no guardarle rencor a tu hermano, así pues, si albergas en tu corazón odio contra él, no podrás hacerle daño, pero llenarás tu vida de amargura. Con respecto a tu hermano, si se niega a repartir la herencia contigo, el día de su muerte, sentirá que se le ha escapado de las manos el mayor gozo de la vida, que consiste en amar y ser amado.
Hombre joven. -Señor, yo necesito la parte de la herencia que me corresponde. Tus palabras me parecen acertadas, pero al oírte no se solventa mi carencia económica.
Jesús. No puedo hacer nada al respecto, así pues, confía en Dios, pues, si el Padre alimenta a los pájaros, ¿cómo te abandonará a ti, que eres más importante que todos los pájaros? ¿Por qué piensas tanto en el futuro y no vives el presente? "No os inquietéis, pues, por el día de mañana, que el día de mañana ya traerá sus inquietudes. ¡Cada día tiene bastante con sus propios problemas! (MT. 6, 34)
Jesús. "Felices los que están tristes, porque Dios mismo en este mundo los consolará" (MT. 5, 4) "¡Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os daré descanso! ¡Poned mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy sencillo y humilde de corazón! Así encontraréis descanso para vuestro espíritu, porque mi yugo es fácil de llevar, y mi carga ligera" (MT. 11, 28-30) "El que no lleve su cruz y venga en pos de mí, no puede ser mi discípulo" (LC. 14, 27) Según un viejo adagio chino, las cosas que se reciben adapta la forma del recipiente que las contiene, así pues, si no podéis soportar que os barran, os borren del recuerdo de quienes amáis, si no soportáis que os anulen de vuestra familia, si no aceptáis la idea de ser aniquilados si os fuera preciso padecer por alguna causa, si os horroriza la idea de que os reduzcan a la nada y os sepulten en el olvido, nunca podréis cambiar vuestra débil conducta para adoptar convicciones realistas que os faciliten la Existencia. ¡Qué pobreza es la del hombre que va por la vida con los ojos abiertos para mirar sin poder ver! Los irlandeses dicen: Que tengas suficiente felicidad para mantenerte dulce, suficientes problemas para mantenerte fuerte, suficientes penas para mantenerte humano, suficientes esperanzas para mantenerte feliz, suficientes fracasos para mantenerte humilde, suficientes éxitos para mantenerte ansioso, suficientes amigos para darte consuelo, suficiente fortuna para cubrir tus necesidades, suficiente entusiasmo para mirar hacia adelante, suficiente fe para desterrar las depresiones, suficiente determinación para hacer... que hoy sea mejor que ayer. Según un dicho japonés, cuando una flor nace, el universo entero se hace primavera. Haced que la esperanza haga de vuestra vida una eterna primavera. Sé que los problemas requieren de soluciones con cierto carácter de urgencia, pero, si albergáis la esperanza en vuestro corazón, veréis cómo podéis encontrar la felicidad al Ver cómo se solventan algunos problemas, y cómo sois capaces de buscar la felicidad al aguantar la adversidad que no podáis remediar, comprobaréis cómo os sentís mejor desde el instante en que decidáis afrontar la vida con una fuerza insuperable. Aprovechad los momentos difíciles de vuestra vida para aumentar vuestra madurez.
-Señor, yo soy cojo. ¿Se debe mi enfermedad a los pecados que mis antepasados o yo hemos cometido?
Jesús. "-Ni sus propios pecados ni los de sus padres tienen la culpa; nació así para que el poder de Dios resplandezca en él" (Jn. 9, 3) Si la enfermedad fuera un castigo para los pecadores, la adversidad no podría ser vista como un camino de superación personal. Ofrécele a Dios tu dolor, esfuérzate por aumentar tus virtudes, verás que tu sufrimiento te aporta beneficios espirituales muy importantes. Es cierto que los ciegos necesitan ver y los cojos tienen necesidad de caminar para poder valerse por sí mismos en este mundo, pero bienaventurados son quienes suplen según sus posibilidades las carencias de su cuerpo físico con los dones y virtudes que reciben del Espíritu Santo de Dios.
-No puedo soportar la ausencia de mi hijo, él ha muerto y mi vida ha dejado de tener sentido.
Jesús. Has vivido muchos años sin tu hijo, reconozco que lo echas de menos, pero esa realidad no ha de anular tu vida, así pues, Pablo dice hablando de mí: "Precisamente por haber sido puesto a prueba El mismo y haber soportado el sufrimiento, puede ahora ayudar a quienes se debaten en medio de la prueba" (Heb. 2, 18) Yo puedo ayudaros a aguantar vuestro dolor porque sé lo que es sucumbir bajo una pesada cruz. Pablo decía: "De toda suerte de pruebas puedo salir airoso, porque Cristo me da las fuerzas" (Flp. 4, 13) "Su poder glorioso os dotará de una fortaleza a toda prueba, para que seáis dechado de constancia y paciencia, y para que, llenos de alegría, deis gracias al Padre, que os ha juzgado dignos de compartir la herencia de su pueblo en el reino de la luz" (Col. 1, 11-12) "Pero Dios, que nos ama, nos hace salir victoriosos de todas estas pruebas" (ROM. 8, 37) "Hasta ahora, ninguna prueba os ha sobrevenido que no pueda considerarse humanamente soportable. Por lo demás, Dios es fiel y no permitirá que seáis puestos a prueba más allá de vuestras fuerzas; al contrario, junto con la prueba os proporcionará también la manera de superarla con éxito" (1 Cor. 10, 13
Jesús. "Felices los humildes, porque Dios les dará la tierra para que la posean" (MT. 5, 5)
Joven cristiano rebelde de nuestro tiempo. -Jesús, no podemos permanecer desperdiciando nuestra vida esperando que Dios haga caer del cielo la solución de nuestras dificultades. Yo soy joven, si quiero conseguir algo, tendré que luchar incansablemente para alcanzar mi propósito.
Jesús. Isaías nos dice: "Los ojos altivos del hombre serán abajados, se humillará la altanería humana, y será exaltado Yahveh solo en aquel día" (Is. 2, 11) "-Os aseguro que, si no cambiáis de conducta y volvéis a ser como niños, no entraréis en el reino de Dios. El más importante en el reino de Dios es aquel que se humilla a sí mismo y es capaz de volverse como este niño" (MT. 18, 3-4) "El que pretenda ser superior a los demás, será humillado; Pero el que a sí mismo se humille, ese será ensalzado" (MT. 23, 12) "Os aseguro que todo lo que hayáis hecho en favor del más humilde de mis hermanos, a mí me lo habéis hecho." (MT. 25, 40) Pablo nos dice en su Carta a los Gálatas: "El Espíritu produce amor, alegría, paz, tolerancia, amabilidad, bondad, lealtad, humildad y dominio de sí mismo" (Gál. 5, 22-23) La humildad no debe ser confundida con la indiferencia ante los acontecimientos de nuestra vida, así pues, os estoy hablando de un camino de superación personal y comunitario.
Jesús. "Felices los que anhelan que triunfe lo que es justo y bueno, porque su deseo será cumplido" (MT. 5, 6) Felices son aquellos que se esfuerzan para hacer que sus sueños se conviertan en realidad. Es cierto que no podéis exterminar el poder de la enfermedad y la muerte, pero vosotros tenéis la posibilidad de construir un reino de amor y paz en vuestro ambiente, la posibilidad de alentaros en la adversidad unos a otros, y muchas formas de considerar la manera en que las desgracias caen sobre vosotros. Pensad que el sueño estancado que no se atreve a despertar, a hacerse realidad palpable, nunca aprenderá a fascinar.
-Señor Jesús, ¿cuando podremos ver el Reino de Dios consolidado? ¿Cuándo venceremos definitivamente la enfermedad, el error, los sentimientos superfluos y la muerte?
Jesús. "El Reino de Dios ya está entre vosotros" (LC. 17, 21) Vosotros sois la sal y la luz del mundo (Cf. MT. 5, 13-14) Para Dios no hay nada imposible, a vosotros sólo os falta aprender a amaros a vosotros y a vuestros prójimos para que podáis aprender que el Espíritu Santo está en vosotros.
Jesús. "Felices los misericordiosos, porque Dios tendrá misericordia de ellos" (MT. 5, 7) Si hacéis alguna obra buena en favor de vuestros prójimos, no actuéis pensando en el favor que deseáis recibir de Dios a cambio de vuestro sacrificio. No sobornéis a Dios, pues El sabe lo que os conviene, y os dará lo que necesitéis por añadidura (Cf. LC. 12, 31) Vosotros sed misericordiosos, no os canséis de ser artícifes de la donación.
Jesús. "Felices los que tienen limpia la conciencia, porque ellos verán a Dios" (MT. 5, 8) Los hombres que no deforman su conciencia contradiciendo los principios de su fe y su religiosidad, hacen acopio de su gran voluntad. Doy cuanto tengo -dice el generoso- Doy cuanto valgo -dice el abnegado- Doy cuanto soy -dice el héroe- Me doy a mí mismo -dice el Santo- (Unamuno)
Jesús. "Felices los que trabajan en favor de la paz, porque Dios los llamará hijos suyos" (MT. 5, 9) ¿Por qué os retiráis de los ruidos del mundo para encontrar la paz? Fuera del mundo no existe la paz, así pues, donde no hay ningún tipo de ruido, persiste el silencio, y, donde el silencio jamás es interrumpido, reina la muerte. No creáis que la paz se haya en los sitios tranquilos, así pues, la paz interior consiste en la confianza que tenemos en nosotros cuando creemos que Dios nos ha hecho capaces de superar la acritud de nuestra vida. Según palabras de Albert Einstein, "en medio de la dificultad subyace la oportunidad" No os canséis de amar a aquellos por cuya dureza parecen ser intolerables, porque esas personas son las más necesitadas de amor, así pues, esos hermanos nuestros están tan solos, que no son capaces de mostrar su necesidad de cariño. Acostaos todos los días rezando, levantaos todas las mañanas cantando, ¡veréis qué días de felicidad os esperan!
Jesús. "Felices los que sufren persecución por ser justos y buenos, porque suyo es el reino de Dios. Felices vosotros cuando os insulten y os persigan y cuando falsamente digan de vosotros toda clase de infamias sólo porque sois mis discípulos. ¡Alegraos entonces! ¡Estad contentos, porque en el cielo os espera una gran recompensa! ¡Así también fueron perseguidos los profetas que vivieron antes que vosotros" (MT. 5, 10-12. Cf. 2 Cor. 4, 1-13)
Chico joven. -Señor, me da vergüenza ir a Misa porque mis amigos se ríen de mí. Me he confesado varias veces para que el Padre me perdone, pero cada día mis dudas son mayores. ¿Qué debo hacer para solucionar mi problema?
Jesús. Para quienes desconocen el Evangelio es muy fácil hablar sobre lo que ignoran y destacar los puntos negativos de la Sagrada Escritura y la historia de la Iglesia, pero, a pesar de que los mencionados episodios han de ser tenidos en cuenta, muchas de las personas que nos critican ignoran que hablar sin pleno conocimiento de estos temas requiere de cierta prudencia y dominio. No pretendo ignorar las inadecuadas actuaciones de muchos creyentes de diversas iglesias y congregaciones, pero, los que sois creyentes en Dios, no podéis permitir que los relatos que pertenecen al pasado, imposibiliten al mundo para que los hombres se beneficien del contenido de la fe divina. En cuanto a ti, ya conoces el Evangelio, no creas que voy a alegar mis argumentos a favor de tu conversión para que te asfixien tus dudas. Sabes que yo siempre te estaré esperando. Escucha los consejos de los demás independientemente de que estos sean creyentes o no crean en Dios, pero, a la hora de tomar Decisiones importantes, acuérdate de las firmes convicciones que has debido adoptar según has ido madurando a lo largo de tu vida, pues no es bueno que te conviertas en un pobre fracasado al dejarte manipular por la opinión de la gente que te rodea.
Oración de los fieles
Los cristianos deseamos que en nosotros se cumplan las siguientes palabras de nuestro Padre común: "Sed santos, porque soy santo" (1 PE. 1, 16). A nosotros, por causa de nuestra imperfección, nos es imposible alcanzar la santidad, pero no hemos de olvidar estas otras palabras bíblicas: "Ninguna cosa es imposible para Dios" (LC. 1, 37). Respondemos a cada petición: Padre nuestro de la vida, ayúdanos a ser santos, porque tú eres Santo.
1. Para que los religiosos y laicos de tu Iglesia deseemos alcanzar la santidad a partir de nuestra fe y de nuestro estado actual de emigrantes en este valle de lágrimas. Oremos.
2. Te pedimos que nos ayudes a estar dispuestos a ser testigos fieles de Jesucristo por medio de la fe, la esperanza y la caridad que hemos recibido por causa de tu amor. Oremos.
3. Oremos para que quienes viven según el espíritu de las bienaventuranzas se sientan hijos de Dios, a pesar de los sufrimientos que hayan de vivir por causa del cumplimiento de la misión que les ha sido encomendada. Oremos.
4. Te pedimos por los enfermos, para que vivan su estado actual con la certeza de que su dolor no es inútil. Oremos.
5. Por quienes dejarán este mundo próximamente para vivir en tu presencia, y por quienes llorarán porque sus familiares y amigos queridos ya no estarán con ellos, para que, a través del dolor que caracterizará dichas separaciones, hagas nacer la fe en el corazón de quienes habrán de reencontrarse en la Jerusalén celestial. Oremos.
6. Por nuestros familiares y amigos queridos que ya no están con nosotros, para que, por causa del amor que nos manifestaron realizando las actividades que les fueron encomendadas, ayan obtenido el mérito de vivir en tu presencia, y que, por causa de esa experiencia tan maravillosa, aumentes nuestra fe en nuestro futuro encuentro sin ocaso contigo y con quienes echamos de menos. Oremos.
V. Escucha, Padre Santo, la oración de tu Iglesia que, en el día en que recordamos a tus fieles y santos hijos, nos hemos congregado ante tu altar, para celebrar tu entrega generosa a quienes sentimos que no merecemos tan magno don celestial por causa de nuestra imperfección, y, ya que te has dignado hacerte el encontradizo con nosotros, concédenos lo que te pedimos, mientras aguardamos el pleno establecimiento de tu Reino entre nosotros. Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.
Liturgia eucarística
Oración sobre las ofrendas
Padre del cielo, acepta el sacrificio de alabanza que vamos a ofrecerte al celebrar hoy la fiesta de todos aquellos que ya gozan de tu vida inmortal; y concédenos experimentar siempre su protección y su ayuda en nuestro camino hacia ti. Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.
Prefacio
La gloria de la Iglesia, nuestra Madre
V. El Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.
V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.
V. En verdad, es justo y necesario glorificarte siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro. Porque hoy nos permites honrar a la ciudad santa, la Jerusalén celestial, que es nuestra madre, donde una multitud de hermanos nuestros ya te alaba eternamente. Nosotros, avanzando en la fe, nos encaminamos con entusiasmo hacia ella, y nos alegramos al celebrar hoy la gloria de los mejores hijos de la Iglesia; en ellos encontramos al mismo tiempo ejemplo y ayuda para nuestra fragilidad. Por eso, unidos a ellos y a todos los ángeles, te glorificamos unánimemente y te alabamos con nuestras voces, cantando: Santo, Santo, Santo...
Antífona de la Comunión
Felices los que tienen el corazón puro porque verán a Dios Felices los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios. Felices los que son perseguidos por practicar la justicia, porque a ellos les pertenece el Reino de los cielos (MT. 5, 8-10).
Lectura después de la Comunión
Gracias, Jesús mío
Gracias, ¡Jesús mío! Oh Jesús acabo de recibiros en esta santa Comunión. Bien es verdad que no puedo veros con mis ojos, pero creo firmemente en vuestra
divina presencia. Soy vuestro Tabernáculo. Ya no aparecéis bajo la forma de pan, os habéis ocultado en mi cuerpo. Habéis dejado la lamparilla del sagrario
para buscar las llamas de amor de mi corazón. Abandonasteis el silencio del copón, para escuchar las dulces palabras de mi alma extasiada de amor a Vos.
Oh Jesús, decidme, ¿no os sentís un tanto desilusionado? En lugar de un corazón ardiente de amor, ¡halláis tan solo una muy débil llamita de afecto! Lo
único que puedo deciros, oh Jesús, es: Gracias, mil gracias os doy, ¡oh amado Jesús mío!
Qué bueno eres, ¡oh mi Jesús! Si tuviese que tratar con hombres tendría que usar palabras para expresarles mis sentimientos y afectos porque ellos no entienden
el lenguaje del corazón. Mas, Vos oh Jesús mío, conocéis mi corazón mucho mejor que yo. Veis muy bien, cuán feliz me siento de haberos recibido. Sabéis
que me faltan palabras para expresaros mi gratitud.
Recoged, oh Jesús mío, todos mis sentimientos y encerradlos todos en la llaga de vuestro dulcísimo Corazón. ¡Os doy gracias, oh buen Jesús! Soy tan feliz,
en este momento! Mirad, si halláis algo de bueno o hermoso en mi alma, es para Vos. Si acaso encontráis un poquito de buena voluntad, deseos de santificación,
una virtud, algún sacrificio, una oculta lágrima de arrepentimiento, mirad, todo es vuestro, aceptadlo en prueba de gratitud.
Os doy gracias, ¡oh buen Jesús! Toda mi gratitud se encierra en estas palabras. Antes creía que tenía tanto que deciros y ahora no acierto pronunciar palabra.
Pero, Vos, oh Jesús, no esperáis de mi hermosas palabras y profundos pensamientos. Solo queréis que os ofrezca como digno regalo todas las facultades de
mi alma, todos los afectos de mi corazón. ¡Os doy gracias, oh Señor, y os amo, oh mi buen Jesús!
¡Gracias, oh Jesús! ¡Cuán feliz me siento! Ayer he cometido muchas faltas. Cómo me oprimían el corazón. Me parecía que estabais triste, ¡oh buen Jesús!
No pude hallar completa paz Pero esta mañana, desde que habéis entrado en mi alma, todo ha cambiado como por encanto. Una dulce paz ha entrado en mi alma.
Cuánto os agradezco, ¡oh dulcísimo Corazón de Jesús!
¡Oh dulce Huésped de mi alma! os habéis dado todo entero a mí, he aquí, que yo me entrego todo entero y sin reserva, a Vos. Me habéis dado vuestra alma
santísima, y yo os doy la mía, aunque pobre y llena de defectos. Puede que aún me queden varios años de vida. Si os place acortar el tiempo de mi destierro,
lo acepto gustoso de vuestra mano paternal. Aún gozo de buena salud, disponed de ella según vuestro divino beneplácito y para vuestra mayor gloria. Es
verdad, soy pobre; pero Vos, divino Rey de amor, aceptáis gustoso nuestros pobres presentes, siempre que vengan de un corazón humilde y agradecido. Pues
bien lo poco de bueno que yo tenga; todo cuanto posea en bienes espirituales y materiales os lo ofrezco gozoso y sin reserva alguna.
Debo marcharme ahora, oh mi amado Jesús. Dejo vuestro sagrario porque me llamáis a otra parte. ¡Adiós, Jesús! ¡Hasta mañana! Volveré con un corazón más
sediento de amor a Vos. Y vos, Señor, me daréis otra vez aquella paz inefable, preludio de la eterna bienaventuranza del cielo.
Una palabra todavía, amado de mi alma. Por el amor inmenso que os hace prisionero de mi alma, concededme la gracia que la comunión de mañana sea más fervorosa
que la de hoy. Dadme esta gracia cada día de nuevo. Así seré más santo cada día, más perfecto y os amaré con más ardor. Abrid vuestros tesoros y adornad
mi alma con la hermosura de la vuestra. ¡Gracias, oh buen Jesús!
Alabanzas y adoración, amor y gratitud sean dadas, en todo momento y en todos los Tabernáculos del mundo, al Sagrado Corazón de Jesús, hasta la consumación
de los siglos. Así sea.
¡Bendito sea el Sacratísimo Corazón eucarístico de Jesús! ¡ Corazón de Jesús en Vos confío! Jesús, manso y humilde de Corazón, haced mi corazón semejante
al vuestro.
(Desconozco el autor de esta oración).
Oración después de la Comunión
Dios nuestro, fuente única de toda santidad y admirable en todos tus santos, haz que este sacramento nos encienda en el fuego de tu amor y nos prepare para pasar de esta mesa de peregrinos a la fiesta eterna de tu Reino. Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.
Bendición solemne de la Solemnidad de todos los Santos
V. Que Dios, gloria y felicidad de los santos, cuya solemnidad os ha concedido celebrar hoy, os bendiga con una bendición perpetua.
R. Amén.
V. Que por la intercesión de los santos os veáis libres de todo mal y perseveréis, alentados por el ejemplo de su vida, entregados al servicio de Dios y de vuestros hermanos.
R. Amén.
V. Que lleguéis a poseer los gozos de la patria celestial en unión de todos los santos, entre los cuales la Iglesia se alegra de ver a sus hijos en una paz sempiterna.
R. Amén.
V. Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros.
R. amén.
V. Podéis ir en paz.
R. Demos gracias a Dios.
Exhortación de despedida
Después de recibir a Jesús en la celebración eucarística correspondiente a esta Solemnidad de todos los Santos, volvamos a emprender la realización de nuestras actividades ordinarias, con la intención de hacer realidad nuestro deseo de imitar a los fieles hijos de nuestro Padre común que viven en la presencia de nuestro Criador. No perdamos la esperanza de reencontrarnos con nuestros seres queridos que ya no están con nosotros.
Misa botiva de todos los Santos
Antífona de entrada
Aquellos que siguieron las huellas de Cristo se alegran en el cielo, por eso, los santos se gozan con él eternamente.
Recitemos el Gloria en esta Solemnidad de todos los Santos, pidiéndole a nuestro Padre común perdón por nuestras transgresiones voluntarias en el cumplimiento de su Ley, y elevemos nuestras peticiones al cielo.
Saludo inicial del sacerdote
La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo estén con todos vosotros.
R. Y con tu espíritu.
Monición de entrada
(Ver la monición de entrada de la Misa de la Solemnidad de todos los Santos).
Oración colecta
Por intercesión de tus santos, a quienes diste diversas vocaciones en la tierra, pero una misma recompensa en el cielo, concédenos, Señor, tú que eres la fuente de la santidad, que nos santifiquemos en nuestra propia vocación. Por nuestro Señor Jesucristo.
R. Amén.
Liturgia de la Palabra
(Ver las lecturas de la Eucaristía de la Solemnidad de todos los Santos. A continuación, os copio un segundo texto homilético para este día).
Homilía:
1. Celebramos hoy a los más conocidos Santos de nuestra Iglesia Católica y a muchos de nuestros hermanos que, a través de los últimos veinte siglos se han
consagrado a Dios entregándose exclusivamente a la vivencia religiosa o constituyendo familias cristianas ejemplares. La primera lectura correspondiente
a la Eucaristía que estamos celebrando nos insta a recordar a los Mártires, los que renunciaron a su vida por amor y obediencia a Dios. Hoy también celebramos
la Santidad de Dios, así pues, en la primera Epístola del Apóstol Pedro encontramos las siguientes palabras: "Así lo dice la Escritura: sed santos porque
soy santo" (1 Pe. 1, 16). San Pedro justifica las anteriores palabras usando a tal efecto los siguientes términos: "Vosotros sois "raza elegida, sacerdocio
real, nación consagrada, pueblo de su posesión", destinados a cantar las grandezas del Dios que os llamó de las tinieblas a su luz maravillosa" (2 Pe.
2, 9). Las palabras del Apóstol y Hagiógrafo Pedro son de vital importancia para nosotros, pues nos instan a considerar que Dios desea que nosotros alcancemos
la santidad de la misma forma que lo han hecho quienes gozan ya del descanso eterno, mientras esperan la manifestación gloriosa de Cristo Rey que acontecerá
al final de los tiempos.
Con respecto al hecho de que Dios nos insta constantemente a abrazar la santidad, San Pablo les escribió a los Efesios unas palabras maravillosas: "Alabemos
a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que por medio de Cristo nos ha bendecido con toda suerte de bienes espirituales y celestiales. él nos ha elegido
en la persona de Cristo antes de traer el mundo a la existencia, para que nos mantengamos sin mancha (pecado) ante sus ojos, como corresponde a consagrados
a él. Amorosamente él nos ha destinado de antemano, y por pura iniciativa de su benevolencia, a ser adoptados como hijos suyos mediante Jesucristo... Y
vosotros también, los que habéis oído el mensaje de la verdad y habéis acogido con fe el anuncio feliz de vuestra salvación, al haber sido injertados (vinculados espiritualmente) en Cristo, habéis sido sellados (marcados como elegidos) con el Espíritu Santo prometido" (Ef. 1, 3-5. 13).
2. ¿Qué necesitamos hacer para alcanzar la santidad? El autor de los Salmos responde con palabras muy sencillas de entender esta pregunta: "Levantaré mis
manos hacia ti recitando tus mandatos" (Sal. 119, 48). El Salmista se preguntaba en sus ratos de meditación: "-¿Quién puede subir al monte del Señor¿,
¿quién puede estar en el recinto sacro? -El de manos inocentes y puro corazón" (Sal. 24, 23-24). En la segunda lectura correspondiente a la Eucaristía
que estamos celebrando, el autor del Apocalipsis nos hace entender que, si deseamos ser santos, tenemos que ser testigos espirituales de Cristo Resucitado.
Si le pedimos a Dios que fortalezca nuestra fe y nos formamos convenientemente para cumplir puntualmente la voluntad de nuestro Santo Padre, se cumplirán
en nosotros las hermosas y esperanzadoras palabras del libro de los Salmos: "Una cosa pido al Señor y es lo que busco: habitar en la casa del Señor toda
mi vida, contemplar la belleza del Señor examinando su templo" (Sal. 27, 4). Anhelando los dones y las virtudes divinos, pidiéndole a nuestro Padre común
nos conceda tan magnos regalos con nuestras oraciones verbales, con nuestros actos de oración mentales y con nuestras obras, y ejercitándonos para lograr
tal fin, nos disponemos a meditar el Evangelio correspondiente a la Eucaristía que estamos celebrando.
3. Las Bienaventuranzas de los Evangelios del Apóstol Mateo y del fiel amigo y compañero de viaje, aventuras y desventuras de San Pablo Lucas, y el texto
del himno al amor que el predicador de los gentiles redactó en el capítulo 13 de su primera Carta a los Corintios, constituyen nuestro programa de vida
cristiana. El camino de las Bienaventuranzas es esperanzador, pero si nos disponemos a adquirir la experiencia de los Santos sin haber probado nuestra
fe y nuestra voluntad, puede estar lleno de trampas. Quienes no quieran vivir estando dispuestos a servir a Dios desde su estado actual, es decir, desde
su óptica de profesar su fe, no podrán recorrer el camino de la santidad sin fracasar en su empeño.
3.1. "-Felices los de espíritu sencillo -nos dice Jesús en la primera de las Bienaventuranzas-, porque suyo es el reino de Dios" (Mt. 5, 3). San Lucas nos
habla de esta Bienaventuranza en los siguientes términos: "Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el reino de Dios" (Lc. 6, 20). ¿De qué pobres
nos habla Jesús en la Bienaventuranza que estamos meditando? Si Jesús nos adoctrina sobre la suerte que correrán quienes carecen de dádivas materiales,
¿cómo puede explicarse el sufrimiento que a lo largo de la Historia ha caído sobre los más marginados de todos los tiempos como una plaga mortal? Jesús
nos está hablando de quienes se han dejado llenar el corazón por la sencillez de Dios. Las frases paralelas de los Santos Mateo y Lucas que estamos meditando
nos hacen golpearnos de frente con la ideología consumista, según la cuál, como todos tenemos el valor correspondiente a los bienes que poseemos, la pobreza
es una desgracia que atenta contra la dignidad humana.
¿Habéis constatado cómo quienes venden flores para que las llevemos a las tumbas de nuestros seres queridos nos venden sus productos a un precio más elevado
que lo hacen el resto de los meses del año? así pues, Poner flores en las tumbas de nuestros seres queridos significa que nos acordamos de ellos ya que
los seguimos amando aunque no estén con nosotros, pero, el hecho de no llevar flores al cementerio como no hace la mayoría de la gente, significa que no
nos interesa acordarnos de nuestros difuntos, lo cuál no dice nada bueno con respecto a la imagen de mucha gente que desgraciadamente depende de lo que
quienes les conoce piense de sí mismos. Naturalmente, esto tiene su precio, que los vendedores de flores saben cobrarnos, ya que las flores naturales no
pueden ser adquiridas con antelación a la conmemoración de los fieles difuntos para que no se nos marchiten.
La mayor riqueza de los cristianos es Dios, y, por consiguiente, según nos dedicamos a cumplir puntualmente la voluntad de nuestro Padre común, todos sabemos
cuál es nuestra apariencia, porque no necesitamos que nadie realce nuestra autoestima hablando de una buena imagen que quizá no tenemos. Los cristianos
no somos el reflejo del espejo en el que se mira el mundo, así pues, más que la apariencia, nuestros buenos hechos, constituyen el gozo que Dios nos ha
dado, la inmensa alegría que nadie podrá quitarnos ni aunque se dé el caso de que nos arranquen la vida.
3.2. "Felices los que en este mundo están tristes -nos dice nuestro Señor-, porque Dios mismo los consolará" (Mt. 5, 4). "Bienaventurados los que lloráis
ahora, porque reiréis" (Lc. 6, 21 B). Esta Bienaventuranza fue pronunciada por Jesús porque él recordaba constantemente a los enfermos, las viudas, los
huérfanos, los leprosos... Jesús no ignoraba el eterno lamento de quienes se acercaban a él implorándole sus gracias, porque él era la única esperanza
que ellos tenían, ora para comer un poco, ora para que el Maestro les ayudara a ser sanados de sus enfermedades. El próximo día 23 del presente mes cumpliré
35 meses trabajando por la difusión del Evangelio a través de la red, y, durante este tiempo, he descubierto que muchos de nuestros hermanos se amparan
en la religión porque padecen una presión espiritual que no saben describir. Cuando empezaron a sufrir sus familiares y amigos se volcaron sobre ellos,
pero, como nadie les comprendía, optaron por vivir aislados, al mismo tiempo que los suyos se alejaron de ellos con la impotencia de quienes piensan que
los tales son perezosos que no desean solventar sus problemas. Hoy Jesús les dice a quienes sufren por cualquier causa que Dios mismo les consolará cuando
Jesús concluya la instauración de su Reino al final de los tiempos, y que, por haber sufrido tanto, cuando descubran que sus problemas son solucionados
por ellos mismos con la ayuda de Dios, podrán reir sin forzarse sin ganas para ello, porque alcanzarán la dicha divina.
3.3. "Felices los humildes, porque Dios les dará la tierra para que la posean" (Mt. 5, 3). Pienso que todos debemos esforzarnos para alcanzar las metas
que más nos ilusionan, pero, ya que somos cristianos, debemos ser humildes y pedirle a Dios que nos ayude a conseguir lo que deseamos. Jesús nos dice por
medio de San Mateo que los humildes heredarán la tierra, porque los tales no antepondrán ninguno de sus deseos a su experiencia personal y comunitaria
de Dios, nuestro Santo Padre, la fuente de todos los dones y virtudes espirituales y temporales.
3.4. "Felices los que anhelan que triunfe lo que es justo y bueno, porque su deseo será cumplido" (Mt. 5, 6). Me gusta ironizar un poco cuando acaecen ciertas
circunstancias porque ello me ayuda a ver la parte positiva de lo que erróneamente llamamos adversidad. En algunas ocasiones, cuando se comete un atentado
en cualquier parte del mundo, o cuando sucede un desastre natural cuyas consecuencias son muy duras de padecer, me encuentro con gente que dice suspirando
aliviada: "Dios quiera que eso no lo suframos nosotros". Jesús nos pide que seamos proactivos y que nos comprometamos a solidarizarnos y posteriormente
amarnos unos a otros, para que así constituyamos una gran cadena y podamos darnos la mano cuando nos sucede lo que no queremos que nos acontezca en cualquier
parte del mundo. Cuando yo era catequista de niños les preguntaba a los pequeños: "¿Qué deseáis más que nada en el mundo¿". Los niños, deseando no tener
obstáculos que retrasaran su recepción de la primera Comunión para celebrar una gran fiesta, me respondían con su característico deje andaluz mecánicamente
y agobiados porque querían irse a jugar: "Que haiga pá". Quizá los adultos en muchas ocasiones actuamos de la misma forma que los niños que catequicé hace
varios años, pues no deseamos comprometernos a trabajar por los más necesitados como verdaderos cristianos. Además de trabajar por nuestros prójimos los
hombres, también debemos abogar por nuestro bienestar sin olvidar que Dios quiere que seamos santos. ¿Por qué nos ha elegido Dios a nosotros? ¿No existe
en el mundo gente más preparada que nosotros para trabajar testificando que Cristo ha resucitado de entre los muertos? Dios no quiere que seamos perfectos
porque eso no nos es posible, pero sí desea que estemos siempre dispuestos a trabajar por la extensión de su Reino. A Dios no le incumbe tanto el hecho
de que hagamos las cosas bien hechas como le interesa por causa de nuestra felicidad que nunca estemos paralizados viendo cómo la vida siempre sigue igual y nosotros envejecemos sin cambiar nosotros y sin mejorar el mundo en que vivimos.
3-5. "Felices los misericordiosos, porque Dios tendrá misericordia de ellos" (Mt. 5, 7). El Salmista afirmó en su tiempo: "Dichoso el que se apiada y presta
y administra rectamente sus asuntos" (Sal. 112, 5). El Salmista nos dice que somos dichosos si compartimos nuestras posesiones con quienes carecen de dones
materiales, si somos piadosos con ellos, y si administramos nuestros asuntos con equidad y justicia. Etimológicamente la palabra misericordia equivale
a dar nuestro corazón a los demás, lo cuál se traduce en ponernos a disposición de nuestros hermanos los hombres, independientemente de que los tales crean
en Dios, para que juntos podamos solventar sus carencias.
3-6. "Felices los que tienen limpia la conciencia -afirma rotundamente Jesús-, porque ellos verán a Dios" (Mt. 5, 8). Jesús decía: "Dejad que los niños
se acerquen a mí y no se lo impidáis, porque el reino de los cielos es de los que son como ellos" (Mc. 10, 14). Jesús desea que nuestra conciencia sea
un espejo a través del cuál pueda verse la luz divina. Por consiguiente, en virtud de ello, el Salmista escribió: "Dichoso el hombre a quien el Señor no
le apunta el delito y cuya conciencia no queda turbia" (Sal. 32, 2). Nuestro Jesús desea que seamos como los niños, que expresemos nuestros sentimientos
con la misma espontaneidad que ellos dicen lo que sienten sin segundas intenciones. Como somos imperfectos y no podemos evitar los malos entendidos que
nos causan nuestros prójimos y en muchas ocasiones provocamos nosotros, San Pablo escribió: "Aunque alguna vez tengáis que enojaros, no permitáis que vuestro
enojo se convierta en pecado, ni que os dure más allá de la puesta del sol" (Ef. 4, 26).
3-7. "Felices los que trabajan en favor de la paz, porque Dios los llamará hijos suyos" (Mt. 5, 9). Vamos a manifestarle a nuestro Padre y Dios el deseo
que tenemos con respecto al establecimiento de la paz mundial. Evitemos olvidar que, antes de luchar por el establecimiento de la paz mundial, hemos de
obtener la paz interior que tanto necesitamos para pacificar al mundo después de que el Espíritu Santo nos conceda tan apreciado don celestial. San Pablo
les escribió a los cristianos de Colosas: "Que la paz de Cristo reine en vuestra vida; ha ella os ha llamado Dios para formar un solo cuerpo. Sed agradecidos"
(Col. 3, 15).
3-8. "Felices los que sufren persecución por ser justos y buenos -nos dice nuestro querido Rabbi-, porque suyo es el reino de Dios. Felices vosotros cuando
os insulten y cuando os persigan y cuando falsamente digan de vosotros toda clase de infamia sólo porque sois mis discípulos. ¡Alegraos entonces! ¡Estad
contentos, porque en el cielo os espera una gran recompensa! ¡Así también fueron perseguidos los profetas que vivieron antes que vosotros! (Mt. 5, 10-12).
¿Por qué nos anima Jesús a resistir todas las contrariedades a las que tenemos que sobrevivir los cristianos practicantes para no perder la fe que sustenta
nuestra espiritualidad? Nuestro Señor nos dice que, de la misma forma que el Espíritu Santo fortaleció a los Profetas del pasado, nosotros también recibiremos
el aliento divino necesario para afrontar las persecuciones que nos puedan sobrevenir a lo largo de nuestra vida. San Lucas le oyó predicar a San Pablo
las siguientes palabras de Jesús: "Bienaventurados seréis cuando los hombres os odien, cuando os expulsen, os injurien y proscriban vuestro nombre como
malo, por causa del Hijo del hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo, que vuestra recompensa será grande en el cielo. Pues de ese modo trataban sus padres
a los profetas" (Lc. 6, 22-23). Jesús podría evitarnos todas las pequeñas y grandes contrariedades que los cristianos practicantes sufrimos gustosamente
para que la voz de Dios no se extinga en el mundo materialista. Es cierto que Jesús podría conseguir muchos más frutos de los que nosotros producimos, pero él quiere que nosotros seamos perfeccionados al trabajar para que quienes deseen unirse a nosotros sientan que son miembros del Reino de nuestro Padre
y Dios.
4. En contraposición a las Bienaventuranzas, San Lucas escribió en su Evangelio una serie de lamentos que caracterizan a quienes evitan recorrer el camino
de las Bienaventuranzas, así pues, el compañero de viaje de San Pablo nos dice las siguientes palabras: "Pero ¡ay de vosotros, los ricos¡, porque habéis
recibido vuestro consuelo. ¡Ay de vosotros, los que ahora estáis hartos¡, porque tendréis hambre. ¡Hay de los que reís ahora¡, porque tendréis aflicción
y llanto. ¡Hay cuando todos los hombres hablen bien de vosotros¡, porque de ese modo trataban sus padres a los falsos profetas" (Lc. 6, 24-26). ¿Odia Jesús
a quienes tienen una buena posición social? ¿Desprecia nuestro Señor a los ricos? ¿Qué tiene Jesús contra quienes no tienen carencias materiales? Lo que
nuestro Señor pretende decirnos con sus famosos ayes es que, si lo único que nos preocupa es la consecución de bienes materiales, y nos olvidamos de amar
a nuestros prójimos, llegará el día en que no podremos trabajar o quizá sucumbamos bajo los efectos de alguna enfermedad, y, cuando ocurra ese hecho que
erróneamente tacharemos como desagradable, nos percataremos de que nuestra hartura se trocará por hambre, nuestra risa se convertirá en llanto, y, todo
el dinero que derrochamos en vanidades, se convertirá en una soledad que quizá será incurable.
5. El extracto del texto del Apocalipsis de San Juan fortalece la esperanza de quienes sabemos que el dolor que podamos sufrir a lo largo de nuestra vida
no es vano. La escena correspondiente a la primera lectura de hoy es de gran belleza, así pues, Dios sella con su Espíritu a quienes se dejan ayudar por
él, y se nos ofrece una escenificación realmente bella del cielo en el que todos habitaremos cuando nuestro Padre y Dios lo estime oportuno. Vamos a finalizar
esta meditación reflexionando sobre las esperanzadoras palabras que están contenidas en el último libro de la Biblia: "Enjugará las lágrimas de sus ojos,
y ya no habrá más muerte, ni luto, ni llanto, ni dolor. Es todo un mundo viejo el que pasó" (Apoc. 21, 4).
Oración de los fieles
(Ver la oración de los fieles de la Misa de la Solemnidad de todos los Santos).
Liturgia eucarística
Oración sobre las ofrendas
Dígnate, Señor, aceptar las ofrendas que te presentamos en honor de todos tus santos y concédenos sentir que interceden por nuestra salvación, cuantos, sin duda alguna ya gozan de tu gloria. Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.
Prefacio de los Santos II
Acción de los Santos en la Iglesia
V. El Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.
V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V. . Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.
V. En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo nuestro Señor. Porque con la vida de tus santos, enriqueces a tu Iglesia con formas siempre nuevas de admirable santidad, y nos das pruebas indudables de tu amor por nosotros; y también, porque su ejemplo nos impulsa y su intercesión nos ayuda a colaborar en el misterio de la salvación. Por eso, ahora nosotros, llenos de alegría, te aclamamos con los ángeles y santos, diciendo: Santo, Santo, Santo...
Antífona de la Comunión
(Ver la Antífona de la Comunión de la Misa de la Solemnidad de todos los Santos).
Lectura después de la Comunión
Te Deum a la Santísima Trinidad
A Ti, oh Dios, te alabamos; a Ti, Señor, te reconocemos. A Ti, Eterno Padre, te venera toda la creación. Los ángeles todos, los cielos y todas las potestades te honran. Los querubines y los serafines te cantan sin cesar: Santo, Santo, Santo, es el Señor Dios del universo. Los cielos y la tierra están llenos de la majestad de tu gloria. A Ti te ensalza el glorioso coro de los Apóstoles, a Ti te ensalza la multitud admirable de los Profetas, a Ti te ensalza el blanco ejército de los Mártires. A Ti la Iglesia Santa extendida por toda la tierra, te proclama: Padre de inmensa majestad, Hijo único y verdadero, digno de adoración, Espíritu Santo Paráclito (Defensor). Tú eres el Rey de la gloria, Cristo. Tú eres el Hijo único del Padre. Tú, para liberar al hombre, aceptaste la condición humana, sin desdeñar el seno de la Virgen. Tú, rotas las cadenas de la muerte abriste a los creyentes el Reino del Cielo. Tú te sientas a la derecha de Dios en la gloria del Padre. Creemos que un día as de venir como Juez. Te rogamos, pues, que vengas en ayuda de tus siervos, a quienes redimiste con tu preciosa Sangre. Haz que en la gloria eterna nos asociemos a tus santos. Salva a tu pueblo, Señor, y bendice tu heredad. Sé su Pastor y ensálzalo eternamente. Día tras día te bendecimos, y alabamos tu nombre para siempre, por eternidad de eternidades. Dígnate, Señor, en este día guardarnos del pecado. Ten piedad de nosotros, Señor, ten piedad de nosotros. Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de Ti. En Ti, Señor, confié, no me vea defraudado para siempre.
V. Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres.
R. Y digno de alabanza, y glorioso por los siglos.
V. Bendigamos al Padre, y al Hijo con el Espíritu Santo.
R. Alabémosle y ensalcémosle sobre todas las cosas por los siglos.
V. Bendito eres Señor en lo más alto del cielo.
R. . Y digno de alabanza, y glorioso y ensalzado por todos los siglos.
V. Bendice, alma mía, al Señor.
R. Y nunca olvides sus muchos beneficios.
V. Señor, escucha mi oración.
R. Y llegue a Ti mi clamor.
V. El Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.
V. Oremos:
Oh Dios, cuya misericordia es infinita e inagotable la bondad, damos gracias a tu divina Majestad, por los bienes que hemos recibido, implorando siempre tu clemencia, para que no abandonando a aquellos a quienes concedes lo que te piden, los dispongas para recibir las recompensas eternas.
Oh Dios, que has instruido los corazones de los fieles con la luz del Espíritu Santo, concédenos según el mismo Espíritu conocer las cosas rectas y gozar siempre de sus divinos consuelos.
Oh Dios, que no permites sea afligido en demasía cualquiera que en Ti espera, sino que atiendes piadoso a nuestras súplicas te damos gracias por haber aceptado nuestras peticiones y votos, suplicándote piadosísimamente que merezcamos vernos libres de toda adversidad. Por nuestro Señor Jesucristo...
R. amén.
(Himno atribuido a Nicetas de Remesiana y a San Ambrosio de Milán).
Oración después de la Comunión
Dios nuestro, que con un mismo pan nos alimentas y con una misma esperanza nos sostienes, fortalécenos con tu gracia, para que todos, formando con tus santos un mismo cuerpo y un mismo espíritu en Cristo, con él resucitemos a la gloria él, que vive y reina por los siglos de los siglos.
R. Amén.
Bendición conclusiva y exhortación de despedida
(Ver la Misa de la Solemnidad de todos los Santos).
Conmemoración de los fieles difuntos
De las diferentes Misas a elegir para este día, escojo la segunda del Misal, ya que es la que más se adapta a la campaña de oración que estamos llevando a cabo.
Antífona de entrada
Señor, dales el descanso eterno y brille para ellos la luz que no tiene fin (CF. 4 ESD. 2, 34.ce).
Saludo inicial del sacerdote
La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo estén con todos vosotros.
R. Y con tu espíritu.
Monición de entrada
Sed bienvenidos a la casa de nuestro Padre y Dios.
El júbilo de la Solemnidad de todos los Santos que celebramos ayer, se contrasta hoy con la conmemoración agridulce de los fieles difuntos del Señor, que murieron esperando que llegue el día en que nuestro Señor les restablezca la vida. A pesar de nuestra creencia en la resurrección de los muertos, no podemos negar que esta conmemoración es agridulce para quienes recordamos a los que no están con nosotros de forma corporal, pues, aunque creemos que su amor vive en nosotros, les echamos de menos, pues ellos compartieron muchas de sus vivencias con nosotros, y hoy, aunque nos hemos acostumbrado a su pérdida, nos sentimos melancólicos, pero, este sentimiento de tristeza ha de ser iluminado por la esperanza cristiana, pues sabemos que Dios cumplirá la promesa de hacer que nos reencontremos con nuestros familiares y amigos que ya no están con nosotros, y nos llevará a vivir en su presencia.
Vamos a comenzar esta celebración pidiéndole a Dios que nos inculque su sabiduría increada, para que nuestra tristeza no nos haga perder la fe.
Oración colecta
Padre bueno, gloria de los fieles y vida de los justos, que nos redimiste por la muerte y resurrección de tu Hijo, ten piedad de nuestros hermanos difuntos, y conduce a la alegría de la felicidad eterna a quienes creyeron en el misterio de nuestra resurrección. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.
R. Amén.
Liturgia de la Palabra
Cita de las lecturas eucarísticas y moniciones que anteceden a las mismas
1. Bueno es esperar en silencio la salvación del Señor (LAM. 3, 17-26). Cuando recordamos a nuestros familiares y amigos queridos que no están con nosotros, pensamos en lo felices que fuimos por el hecho de amarles y de dejarnos amar por ellos, pero no podemos evitar el hecho de tener presente el dolor que muchos de ellos sufrieron antes de separarse de nosotros para precedernos en su llegada al Reino de Dios, más allá de las miserias que caracterizan nuestra vida. En el fragmento de las Lamentaciones de Jeremías que escucharemos a continuación, el segundo de los Profetas mayores, nos anima a que confiemos en Dios, pues, por su misericordia entrañable, él nos fortalece cuando nos sentimos debilitados.
2. Estén atentos tus oídos a la voz de mi súplica (SAL. 129). En el tiempo en que somos afligidos, le pedimos a nuestro Padre común que tenga misericordia de nosotros.
3. Injertados en Cristo y partícipes de su muerte, hemos de compartir también su resurrección (ROM. 6, 3-9). Si a través de la primera lectura y del Salmo responsorial hemos contemplado los acontecimientos por cuya contemplación nos sentimos impotentes, la segunda lectura y el Evangelio, nos instan a aumentar nuestra fe, aunque ello sea difícil para quienes, necesitando ver la gloria de Dios, se ven rodeados por sus dificultades. Según San Pablo, nos es necesario morir, para poder resucitar a la vida de la gracia.
4. Yo soy el camino, y la verdad, y la vida (JN. 14, 1-6). Después de su Resurrección, nuestro Señor fue ascendido al cielo, para interceder ante nuestro Padre común por nosotros, así pues, esperamos que llegue el día en que él vendrá a nuestro encuentro -si es que se puede decir que no está entre nosotros quien es más parte nuestra que nosotros mismos-, para concedernos la vida eterna.
Homilía:
1. El júbilo de la Solemnidad de todos los Santos se contrasta con la Conmemoración de todos los Fieles Difuntos. Nuestra Santa Madre Iglesia ha establecido que, todos los años, el día 2 de noviembre, -el llamado mes del Reino-, todos los católicos oremos por la salvación de nuestros difuntos. Según la fe que profesa la Iglesia, está establecido que, según nuestra fe y nuestras acciones, después de que acontezca nuestra muerte, se nos premie con la eterna permanencia en el cielo, o se nos castigue con las penas temporales de las llamas del purgatorio, o se nos condene eternamente en el infierno. Desde Trigo de Dios os incito a que compartáis mi creencia con respecto a que el purgatorio y el infierno lo vivimos en el tiempo en que somos atribulados en esta vida. La muerte es un misterio inaccesible para nosotros, sólo sabemos por nuestra fe que, en el momento en que nuestro corazón deje de latir, se nos desgarrará el alma del cuerpo, y se elevará a la presencia de Nuestro Padre y Dios, esperando a que Cristo venga por segunda vez a nuestra tierra, para que resucite nuestro cuerpo uniéndolo a nuestra alma nuevamente, dotándonos del apreciado don de la inmortalidad. Jesús, siendo Dios, resucitó y no quiso abandonar su tabernáculo humano, el Señor no quiso dejar de ser Hombre, lo cual no significó que renegara de su Ser y su naturaleza divinos. La Conmemoración de todos los Fieles Difuntos nos insta a recordar que todos podemos ser Santos, y que la permanencia en el Reino de Dios no depende de nuestras aptitudes, sino del gran amor con que Dios se ha compadecido de nuestra fragilidad. Hoy recordamos con un halo de tristeza a nuestros seres queridos que tienen la dicha de ver a Jesús y a María Santísima cara a cara. No debemos creer que nuestra tristeza coarta nuestra fe, pues la melancolía es un claro indicio de amor y de esperanza.
2. Vamos a pedirle a nuestro Padre y Dios que la meditación de las lecturas correspondientes a la Eucaristía que estamos celebrando nos ayude a desear que nuestro Señor venga a nuestro encuentro muy a pesar de las calamidades que están precediendo a la Parusía de nuestro Jesús. A pesar de que la gran mayoría de las calamidades apocalípticas sólo son escenificaciones teatrales que describen el sufrimiento de los hombres de todos los tiempos, debemos reconocer en nuestro dolor la cercanía del día en que Jesús venga nuevamente a nuestro encuentro. El Evangelista Lucas nos dice con respecto a la segunda venida de Jesús: "De verdad os digo que hay algunos, entre los aquí presentes, que no verán el Reino de Dios" (LC. 9, 27) No pretendo decir con estas palabras evangélicas que Jesús está al venir a nuestro encuentro, pues el Autor Sagrado nos dice: "En cuanto el día y la hora, nadie sabe nada, ni los ángeles del cielo ni el Hijo. Solamente el Padre lo sabe" (MT. 24, 36)
3. En la Biblia no se satisface nuestra curiosidad con respecto al Reino de Dios, así pues, ignoramos cuando vendrá Jesús a nuestro encuentro, y otros muchos detalles que podrían ayudarnos a imaginarnos lo que será de nuestra vida eterna. No obstante, el autor del Apocalipsis nos dice que la Ciudad Santa, la nueva Jerusalén redimida, medirá 12000 estadios (Apoc. 21, 16) Esta y otras medidas nos ayudan a imaginarnos la grandeza del Reino de Dios, un Reino en el que no existirá discriminación de ningún tipo.
Oración de los fieles
Somos hijos de Dios, y, por ello, no podemos permitir que se debilite nuestra fe en quien nos dice en cada ocasión que nos entristecemos: "¡Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os daré descanso¡" (MT. 11, 28), así pues, Jesús nos dice en el Evangelio de hoy: "No estéis inquietos ni angustiados. Confiad en Dios, y confiad también en mí" (JN. 14, 1). Después de recordar las promesas con que nuestro Padre común quiere que comprendamos que el Reino de Dios está entre nosotros (CF. LC. 17, 21), oremos, pidiéndole a nuestro Señor que culmine la instauración de su Reino, y que nuestra fe no sucumba ante las dificultades que hemos de vivir, hasta que partamos de este mundo a la presencia de nuestro Padre común. Respondemos a cada petición: Padre nuestro de la vida, concédenos la salvación.
1. Te pedimos, Padre nuestro de la vida, que los religiosos y laicos de tu Iglesia sepan transmitirle su esperanza cristiana al mundo que vive sin Dios, inmerso en la pobreza o en las redes del consumismo excesivo. Oremos.
2. Te pedimos especialmente en esta conmemoración por nuestros familiares y amigos que partieron de este mundo a tu presencia, pues queremos creer que los has acogido y son felices junto a ti, a pesar de que esperan que sus almas vuelvan a unirse a sus cuerpos nuevamente al final de los tiempos. Oremos.
3. Te pedimos que el mundo comprenda que la muerte nos el fin de nuestra vida, sino la transformación de nuestra existencia. Oremos.
4. Te pedimos por los enfermos, por sus familiares, por el personal sanitario y por los voluntarios que les atienden, para que, en la debilidad de unos y en la solidaridad de otros, todos tengamos constancia de que tu poder se manifiesta en nuestra debilidad y en nuestra caridad. Oremos.
5. Ten compasión de quienes lloramos la pérdida de nuestros familiares y amigos queridos, y concédenos la paz, pues no nos resignamos a sentirnos solos, pues esperamos que cumplas la promesa de salvarnos. Oremos.
6. Por los participantes en la campaña de oración "Oremos por los que no están con nosotros", porque, a pesar de que muchos no comprenden la razón por la que tienen fe, han dado la cara por sus familiares y amigos difuntos, por sus amigos que carecen de internet, por Dios y por ellos mismos, pues el mundo debe notar que esperamos que nos colmes de felicidad el corazón. Oremos.
V. En el día agridulce en que recordamos a los fieles difuntos, y a aquellos que fallecieron careciendo de fe, te pedimos que les acojas a todos en tu Reino, pues esperamos que te nos manifiestes a todos al final de los tiempos, y que ello nos baste para aceptarte sin reservas. Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.
Liturgia eucarística
Oración sobre las ofrendas
Dios de poder y de misericordia, te pedimos que en virtud de este sacrificio absuelvas con la sangre de Cristo los pecados de nuestros hermanos difuntos, y ya que los lavaste en las aguas del bautismo, no dejes de purificarlos con la misericordia de tu amor. Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.
Prefacio de Difuntos III
Cristo, vida y resurrección de los hombres
V. El Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.
V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.
V. En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo nuestro Señor. Porque él es la salvación del mundo, la vida de los hombres y la resurrección de los muertos. Por él, los ángeles, que gozan de tu presencia, eternamente te adoran; permítenos unirnos a sus voces, cantando jubilosos tu alabanza: Santo, Santo, Santo...
Antífona de la Comunión
Brille, Señor, sobre ellos la luz eterna, en compañía de tus santos, porque tú eres piadoso. Concédeles el descanso eterno y brille para ellos la luz que no tiene fin, en compañía de tus santos, porque tú eres piadoso (CF. 4 ESD. 2, 25. 34).
Lectura después de la Comunión
Leer 1 TES. 4, 13-18.
Oración después de la Comunión
Hemos recibido, Padre, el sacramento de tu Hijo único, que se inmoló por nosotros y resucitó glorioso; te pedimos humildemente que nuestros hermanos difuntos, purificados por estos misterios pascuales, se alegren con la gracia de la futura resurrección. Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.
Bendición solemne
V. Que Dios, nuestro Padre, que con amor inefable creó al hombre y en la resurrección de Cristo otorgó a los creyentes la esperanza de resucitar, os conceda su bendición y su consuelo.
R. Amén.
V. Que a quienes vivimos todavía, nos otorgue el perdón de nuestros pecados, y a todos los difuntos les conceda el lugar de la luz y de la paz.
R. Amén.
V. Y que a todos nos conceda vivir eternamente felices con Cristo resucitado.
R. Amén.
V. Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros.
R. Amén.
V. Podéis ir en paz.
R. Demos gracias a Dios.
Exhortación de despedida
Después de recibir a Jesús en la Eucaristía en esta conmemoración de los fieles difuntos y después de habernos alentado al recordar las promesas divinas cuyo cumplimiento habrá de hacernos plenamente felices junto a quienes no están con nosotros, iniciemos nuevamente la realización de nuestras actividades ordinarias, con los ojos puestos en el cielo, y con los pies firmes en este suelo. Que las miserias que hayamos de vivir y el cumplimiento de nuestros deberes hagan de nosotros dignos hijos de nuestro Padre común. Amén.
Campaña de oración
Oremos por los que no están con nosotros
En el año 2004 llevé a cabo la primera edición de esta campaña de oración por quienes ya no están entre nosotros, y, dada la escasa participación de la gran mayoría de quienes reciben textos de la red en las listas de correo a las que pertenecen, puedo deciros que oramos por varias decenas de difuntos. El año pasado no pude repetir esta campaña de oración porque me encontraba en una situación económica tan grave que no podía costearme la conexión a internet.
Desde hace varias semanas vengo promocionando la edición de "Oremos por los que no están con nosotros" de este año, aunque me habéis enviado los datos muy a última hora, por lo cuál, quienes me hayan enviado sus datos desde el día 30 de octubre en adelante, han quedado fuera de esta campaña, porque este boletín es muy largo, y no puedo enviároslo en cada ocasión que alguien desee orar por sus familiares y amigos queridos.
Quiero daros las gracias a los participantes en esta campaña, y a los moderadores de Red de Catequistas, a mis compañeros moderadores de Dios existe, Trigo de Dios y Padre nuestro, por haberme ayudado, un año más, a difundir esta red de oración.
He aquí las cartas que me han enviado nuestros hermanos colaboradores de esta segunda edición de "Oremos por quienes no están con nosotros".
Rosa Luisa ávila nos dice:
"Gracias por orar por ellos.
Margarita Uliarte
Pastora Molina
Elsa Samar
Luis Cabrera
Pedro Cabrera
Rosa Soria
Andrés Uliarte
Máximo Uliarte
Luisa Córdoba
Juan Andrés ávila
Héctor ávila
Aldo ávila
óscar ávila
Mercedes de ávila
Rosario de Uliarte
Juan y Marcelino ávila
Ernestina Córdoba
Paco Paz
Roque Rodríguez (Uruguay)
Difuntos familia Rodríguez (Uruguay)
Difuntos familia Rapa (Buenos Aires).
Difuntos familia Sanz (Buenos Aires)".
María Stella Romero de Colombia, nos dice:
"Orad por:
Julio Rafael Romero A. -mi padre
Josefa Ma. de la Osa -mi abuela
Alicia Gamboa de la Osa -mi madrina
Carlos Romero de la Osa -primo
Antonio de la Osa Gamarra -primo
Jesús Campo -amigo
Rosmery Barrios Mercado -amiga
Fiorella Sabatino -amiga
Hernando Urquijo -amigo
Dana Manco -amiga
Datos de una amiga que no tiene internet
Nombre: Jazmín Parra Duarte
País: Colombia
Orad por:
Javier Parra Duarte -hermano
Muchas gracias.
Dios los bendiga".
Mariana de Argentina nos pide que oremos por:
"Flia. Rustici
Flia. Gamundi
Flia. Juaristi.
Flia. Wirsch
ángela Rustici
Juan Gamundi
Gerardo Wirsch
Nicodemo (hermano de 4 meses que no llegó a nacer)
Flia. Collos
Flia. Berneri
Mauro Lambia
Gracias infinitas gracias por este servicio.
Un saludo en Cristo... Mariana".
Mariana nos envía el siguiente texto de Santa Teresa:
"Nada te turbe, nada te espante. Todo se pasa. Dios no se muda. La paciencia todo lo alcanza. Quien a Dios tiene, nada le falta. Sólo Dios basta".
Domingo Martín nos pide oración por quienes esperemos que sigan estando con él durante mucho tiempo.
"Estimado señor Portillo, mi más sincero saludo y buenas intenciones para usted y los suyos. Agradecido de antemano por la gigante labor que efectúa mediante su esfuerzo espiritual y por lo que estoy seguro Dios le recompensará abundantemente.
Nombres y apellidos:
Marianela Josefina Araujo Hurtado (Salud y curación de rodillas)
Carmen Ernima Belisario (Salud y curación de dolor de hombro y corazón)
Benito Hurato (salud, curación de parásitos)
Domingo Adelanes Martínez Ramos (salud general)
Manuel Rosales (salud)
Froilán Barrios (salud)
Jorge Atramiz (salud)
Luis Laguado (salud)
Enrique Tejera Paris (Salud)
Venezuela y los todos sus habitantes (salud y mucha paz)
Lugar: Caracas Venezuela
Que Dios los bendiga".
Lucina Alicia DíazdelaVega y Escárcega nos pide que oremos por:
Jorge DíazDeLaVega Del Rivero, mi padre.
Rita Canto de Escárcega, mi abuela materna
Adalberto Escárcega García, mi abuelo materno
Heraclio DíazDeLaVega Jiménez, mi abuelo paterno
Yolanda López de Escárcega, mi tía.
Mis amigos:
Alejandro Arreola
Alberto Bravo
Teresa Suárez
Teresa Velázquez
Guillermo Campos
Ma. Elena Campos Bernal
Mis compañeros:
Sara Cuervo
Julieta Prats.
María Alba".
Alicia concluye su carta deseándome bendiciones divinas, lo cuál se lo agradezco porque lo necesito.
Ligia Escobar Lafuente, además de dirigirme unas palabras muy bellas, nos pide oración por sus familiares:
"Jorge augusto Escobar Camargo
Emilia Isabel Lafuente de Escobar
Amelia Camargo de Escobar
Ana Regina Camargo de Escobar
Regina Escobar Camargo
Arturo Escobar Camargo
Raúl Escobar Camargo
Efraín Castro Vengoechea
Mercedes Castro Fornaris".
Ligia nos escribe desde Barranquilla (Colombia).
María Mercedes Peralta Baldivia de Lima (Perú), nos pide oración por sus familiares:
Miguel Filomeno
María Santos
Enrique
Luis Miguel
Elena Victoria
Antonieta Victoria
Gustavo Tabien".
Nuestra amiga de Lima nos pide:
"Tal vez podrían orar por la salud de mi esposo Mario Edgar que debe ser operado de un tumor en el cerebro y por la de mi tía Elide Amparo.
Muchas gracias".
Como decimos los andaluces, oraremos por ellos "de mil amores".
Elsa Rodríguez de Sillero de San Juan (Argentina), nos pide oración por:
"Lorenza Aguilar de Rodríguez
Germán Rodríguez
José Sillero
Inés Domínguez de Sillero
María Josefa Mota de Sillero
Marcial Aguilar
Araceli Moran de Aguilar
Atilio Cabrera
Irma Ramona Vera de Cabrera
José Rodríguez
Dolores álvarez de Rodríguez
Noelfa Molina
Eloísa Figueroa
María Esther de Gutiérrez
Pbro. Jorge Quiroga Germano
Alfredo Montilla
Tito Montilla
Por las almas del purgatorio
Que Dios bendiga vuestra obra tan hermosa".
Elsa, en un segundo e-mail, también nos pide que oremos por:
"Micaela de la Rosa
José Domínguez
Francisca Castilla de Sillero
Anastacio Sillero
Nelida Mota
José Fernández
Rafael Mota
Miguel Mota
Carlos Romeu
Herman Jiménez
Juan Cano Martín
Fernando Sánchez
Ema Caceres
Nelli Lucena
Rafael Lucena
María Sillero de Lucena
Cristóbal Domínguez
Antonio Domínguez
Julio Gálvez".
En un tercer e-mail, mi querida colaboradora Elsa (no la puedo llamar de otra manera), nos dice:
"Mi nombre Rosa Teresa de Pantano (San Juan Argentina. Gracias por esta obra de misericordia. Mis familiares son:
Jerónimo Pantano
Concepción de Pantano
Agustín Pantano
Miguel Costa
Luisa Pons de Costa
Salvador Costa
Alberto López
Raquelita Amarfil
Jerónimo Pantano
Luis Pantano
José Costa
Elba Lameda de Costa
María de Costa
PBRO. Nazareno Sinigaglia
PBRO. Mariano Gianelli
Pedro Becerra
Victor Garrido
Victor Monfort
Josefa de Monfort
Las almas del purgatorio".
Elsa nos ha hecho un cuarto envío.
"Que Dios bendiga tan hermosa obra de misericordia, mi nombre es Elba Etelvina Mollina de Montaña San Juan Argentina.
Mis familiares por los que pido oración son:
Ana María Rojas de Navas
Carlos Navas
Juana Isabel Molina
Estela Marta Muñoz
María Cristina Solar
Osbaldo Muñoz
Santos Matus
Luz de Matus
Pedro Pablo Montaña
Edgar Duilio Montaña
Griselda Mansur
María Domínguez
Isabel Domínguez
Josefa Domínguez
Antonio Sillero
Juan Sillero
Luis Sillero
Carmen Aguilar
Ramón Aguilar
Mercedes Aguilar
Simona Aguilar
Rocier Cortéz
Antonio Cortéz
Manuel Lahoz
Juan Lahoz
Ignacio Montilla
José Montilla
Carmela Montilla
Eduardo González
Las almas del purgatorio.
Muchísimas gracias".
De más está decir que le agradezco a Elsa el esfuerzo que ha hecho por unirse a esta campaña, de la misma forma que lo hizo cuando aconteció el inolvidable atentado terrorista en varias estaciones de metro de Madrid. Gracias, querida amiga, por estar junto a mí.
"Me llamo María Julia A. Bazán, soy argentina pero hace 25 años que vivo en SP, Brasil.
Por quiero que coloquen en sus intenciones a mi padre Eduardo Félix Aguirre; a mis suegros Marta M. C. Josefina Besares de Bazán y Héctor Federico Bazán; y a mis abuelos Julia Giudice de Aguirre, Eduardo Félix Aguirre; abuela Bicha y e abuelo de Sagastizábal.
Muchísimas gracias¡¡¡".
Isela nos pide que oremos por ella y por su hija Prisca de 18 años, pues tienen problemas que no deseo transmitiros porque considero que son de naturaleza íntima, de esos que sólo entienden quienes los padecen.
Por último, Graciela de Argentina, nos pide oración por sus familiares:
Amín
Rosa
Elther
Andrés
Amín
Apes.
Os deseo que nuestro Padre común.
cumpla todos vuestros deseos.
Creado por trigodedios | 0 comentarios | 16/04/07 21:18
Comentarios
Más en Mundo Ocio
Servicios Recomendados
¡Atención, jugadores! Los juegos online de Geomundos se actualizan constantemente, y también te los puedes descargar a tu PC para jugar offline.
¿Conoces el chat con perfiles?
Ahora puedes ver la cara de con quién hablas, agregarlos a tu agenda y enviarles mensajes incluso cuando no están conectados.
¿Conoces los puntos Geomundos? Gana puntos por jugar, hacer encuestas, registrarte, comprar online... ¡Y canjéalos por cualquiera de los más de 100 regalos disponibles!
¿Tienes algo que contar? Publica tus textos, fotos, enlaces… Es fácil y divertido. ¡Disfruta viendo subir tu contador de visitas!
¿Qué pasa en el mundo ahora mismo? Consulta los titulares de los principales medios de comunicación de un vistazo.
¡Consíguelo gratis!
30 MeeTokens para personalizar tu Windows Live MessengerMeeZone te propone la manera más divertida de personalizar tu Windows Live...
Gana regalos por jugar, hacer encuestas, registrarte en portales y con tus compras online...
