Documentos en TRIGO DE DIOS

Ocio

Geomundos

TRIGO DE DIOS

Solemnidad de Navidad, ciclo a. en TRIGO DE DIOS

Solemnidad de Navidad, ciclo a.

Jesús es nuestro Salvador. Dinámica catequética. Padre nuestro

Sábado, 25-12-2004, Solemnidad de Navidad

Edición número 7

En esta edición de Padre nuestro encontraréis los siguientes contenidos:
-Sagrarios vivos. Cita de las lecturas eucarísticas, oraciones y homilía dominical.

Sagrarios vivos

Por José Portillo

Solemnidad de Navidad

Antífona de entrada

Un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado. La insignia del poder está sobre sus hombros y se llamará ángel del Gran Consejo (Is. 9, 6).

Saludo inicial del sacerdote

La paz y el amor de Dios, nuestro Padre, que se han manifestado en Cristo, nacido para nuestra salvación, estén con vosotros.
R. Y con tu espíritu.

Iniciemos el tiempo de Navidad rezando el Gloria. Alabemos a Dios y dirijámosle nuestras peticiones en esta Navidad de gracia y salvación..

Monición de entrada

En el día en que celebramos el Nacimiento de Jesús, dispongámonos a adorar al Mesías, al mismo tiempo que celebramos la Eucaristía, consultamos la Palabra del Señor, para disponer nuestro corazón a cumplir su voluntad.

Oración colecta

Dios nuestro, que de modo admirable creaste al hombre a tu imagen y semejanza, y de modo más admirable lo elevaste con el nacimiento de tu Hijo, concédenos participar de la vida divina de aquel que ha querido participar de nuestra humanidad. Por nuestro Señor Jesucristo.

Liturgia de la Palabra

Lecturas:

1. La tierra entera verá la salvación que viene de nuestro Dios (Is. 52, 7-10). Imitemos a Jesús, el mensajero de cuya misión el gran cantor de la esperanza Isaías nos informará esquemáticamente en la primera lectura correspondiente a esta celebración navideña.

2. Toda la tierra ha visto al Salvador (Sal. 97, 1. 2-3 ab. 3 cd-4. 5-6. (R.: 97, 3 c). Alabemos a Dios entonando o recitando un Salmo de acción de gracias, porque su lealtad se ha hecho palpable en nuestra vida.

3. Dios nos ha hablado por medio de su Hijo (Heb. 1, 1-6). En el fragmento de la Carta de San Pablo a los Hebreos que será proclamado a continuación, el Apóstol de las gentes nos hablará brevemente de la dignidad de Jesús.

4. Aleluya, Aleluya: Un día sagrado ha brillado para nosotros. Vengan naciones, y adoren al Señor, porque hoy ha descendido una gran luz sobre la tierra. Dispongámonos a oír el breve relato en que el Apóstol Juan sintetiza la vida y la obra del Mesías.

5. Aquel que es la Palabra se hizo hombre y habitó entre nosotros (Jn. 1, 1-18). Pidámosle a Dios que la luz de Cristo nos abra los ojos para comprender su verdad.

Homilía:

1. Antes de ser traicionado por Judas, Jesús oró en el huerto de José de Arimatea. Jesús sabía que iba a padecer mucho durante las horas sucesivas. El Profeta Isaías nos dice al describirnos la Pasión de nuestro Señor: "Ofrecí mis espaldas a los que me golpeaban, mis mejillas a los que mesaban mi barba. Mi rostro no hurté a los insultos y salivazos. Pues que Yahveh habría de ayudarme para que no fuese insultado, por eso puse mi cara como el pedernal, a sabiendas de que no quedaría avergonzado... Creció como un retoño delante de él, como raíz de tierra árida. No tenía apariencia ni presencia; (le vimos) y no tenía aspecto que pudiésemos estimar. Despreciable y desecho de hombres, varón de dolores y sabedor de dolencias, como uno ante quien se oculta el rostro, despreciable, y no le tuvimos en cuenta. ¡Y con todo eran nuestras dolencias las que él llevaba y nuestros dolores los que soportaba! Nosotros le tuvimos por azotado, herido de Dios y humillado. él ha sido herido por
nuestras rebeldías, molido por nuestras culpas. él soportó el castigo que nos trae la paz, y con sus cardenales hemos sido curados" (Is. 50, 6-7. 53, 2-5). Cuando Jesús en su oración en el huerto de Getsemaní alcanzó el punto culminante de su agonía y su dolor parecía convertirse en sequedad espiritual, nuestro Señor le dijo al Padre tres veces: "Padre, si quieres, aparta de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya" (Lc. 22, 42). Al iniciar la celebración de la octava de Navidad, vamos a pedirle a nuestro Padre común que nos ayude a disponernos para hacer su voluntad. Todos tenemos una misión que llevar a cabo durante los días de nuestra existencia. "Pedimos a Dios que os llene del conocimiento de su voluntad, que os haga profundamente sabios y os conceda la prudencia del Espíritu" (Col. 1, 9).
Oremos con el Salmista: "Cuántas maravillas has hecho, Señor, Dios mío; cuántos planes en favor nuestro: nadie se te puede comparar. Intento decirlas y contarlas, pero superan todo número. Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, y, en cambio, me abriste el oído; no pides holocaustos ni sacrificios expiatorios, entonces yo digo: "Aquí estoy", porque está escrito en el libro que cumpla tu voluntad. Dios mío, lo quiero, llevo tu ley en las entrañas. He proclamado que eres justo ante la gran asamblea, no he cerrado los labios; Señor, tú lo sabes. No me he guardado en el pecho tu defensa, he contado tu fidelidad y tu salvación, no he negado tu lealtad i fidelidad ante la gran asamblea. Tú, Señor, no me cierras tus entrañas, que tu lealtad y fidelidad me guarden siempre" (Sal. 40, 6-12).
2. Después de invocar a Dios, meditemos el principio del texto correspondiente a la primera lectura. "¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae buenas nuevas, que anuncia salvación, que dice a Sión: ¡Ya reina tu Dios¡¡" (Is. 52, 7). San Lucas nos describe gráficamente la misión del Mesías, diciéndonos que Jesús allanará los montes de la soberbia humana, y elevará a los humildes, convertirá los valles en colinas elevadas. "Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas; todo barranco será rellenado, todo monte y colina será rebajado, lo tortuoso se hará recto y las asperezas serán caminos llanos" (Lc. 3, 4-5). ¿Cuál es la causa por la que el Profeta nos dice que el mensajero de Dios camina a través de los montes? Unámonos al Señor en el cumplimiento de su misión. Pidámosle a nuestro Padre común que nos ayude a aplicarnos el anuncio profético. Recorramos junto a nuestro Señor el mundo, porque él "anuncia la paz" (Is. 52, 7).
Recordemos el cántico con que los ángeles les anunciaron a los pastores el misterioso Nacimiento del Emmanuel: "Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres en quienes él se complace" (Lc. 2, 14). Habitualmente, cuando Juan Pablo II nos dirige su tradicional felicitación navideña a los cristianos españoles, pronuncia las siguientes palabras: "Que la paz de Cristo reine en vuestros corazones" (Cf. Col. 3, 15). Pidámosle a nuestro Padre común que la luz del Espíritu Santo nos ilumine para que podamos transmitirles a quienes nos rodean su paz divina. Unámonos todos en oración para que el Espíritu nos conceda su paz para que el mundo se libre de las miserias causadas por la ausencia del don celestial sobre el que estamos meditando.
Isaías nos dice también que el Mesías "trae buenas nuevas" (Is. 52, 7). Las buenas noticias mesiánicas las hemos meditado detenidamente durante el tiempo de Adviento, por eso, si queremos que el mundo irradie la paz de Cristo, hemos de convertirnos en los portadores de las buenas nuevas que Cristo Jesús predicó en su tiempo en Palestina, para que los valores cristianos que han transformado nuestra vida, no se extingan cuando le entreguemos nuestro espíritu a Dios. Démosle una respuesta positiva al amargo y esperanzador interrogante de Jesús: "Cuando el Hijo del hombre venga, ¿encontrará la fe sobre la tierra¿" (Lc. 18, 8). Jesús, cuando vuelvas en tu Parusía, te percatarás de que tu fe universal no se ha extinguido de la tierra, porque, los predicadores de tu Iglesia, jamás se cansarán de transmitir tus buenas nuevas, porque tu pueblo, lleno de esperanza, y consciente de la misión que tú le encomendaste, siempre se mostrará dispuesto a sacrificar su vida, esforzándose para
que nuestro Padre común tenga más hijos.
Isaías nos dice que el Mesías "anuncia salvación" (Is. 52, 7). Ante estas palabras tan trascendentales, me vienen a la memoria las palabras del Salmista: "Yo confío en tu lealtad, mi corazón se alegra con tu salvación y cantaré al Señor por el bien que me ha hecho" (Sal. 13, 6). Una de las formas que tenemos de agradecerle al Señor nuestra salvación consiste en celebrar activamente la Eucaristía, para que podamos seguir salvando almas, así pues, el Salmista nos insta a orar en los siguientes términos: "El Señor tiene en sus manos mi copa con mi suerte y mi lote" (Sal. 16, 5).
Concluyamos esta meditación pidiéndole a nuestro Padre y Dios que nos afiance en nuestra fe, para que no nos falte la fuerza para vivir cumpliendo su voluntad puntualmente, para que ni la incomprensión ni la ingratitud de quienes intentemos salvar y no nos comprendan, nos hagan desistir de nuestro empeño.

Oración de los fieles

Oremos confiadamente pensando que Dios exterminará los estados que erróneamente llamamos adversos cuando lo crea conveniente, y que su silencio nos ayudará a tener más fe. Respondemos a cada intención: Padre nuestro, ayúdanos a hacer tu voluntad.

1. Por Juan Pablo II, para que siga siendo para nosotros un misionero ejemplar.
2. Por los sacerdotes, por todos los religiosos y religiosas, para que siempre cuenten con el apoyo de los laicos.
3. Para que cada día aumente el número de seglares dispuestos a decirle sí a Dios.
4. Por quienes no aceptan nuestras verdades fundamentales, para que el Espíritu Santo les abra los ojos del corazón y se conviertan a nuestro Dios Trinidad.
5. Por los enfermos, para que su fe no se debilite por causa de sus padecimientos.
6. Por los familiares de los enfermos, los voluntarios que los cuidan y el personal sanitario que los atiende, para que en todos ellos se manifieste la fuerza salvadora de Dios, y actúen llenos de la paz divina.
7. Añadir nuevas peticiones.

V. Padre nuestro, atiende las súplicas que te dirigimos en el día en que iluminaste el mundo con tu luz indeficiente. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Liturgia eucarística

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, en la fiesta solemne de la Navidad, esta ofrenda que nos reconcilia contigo de un modo perfecto y que encierra en sí la plenitud del culto que los hombres podemos tributarte. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio

V. El Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.
V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.
V. En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno. Porque gracias al misterio de la Palabra hecha carne, la luz de tu gloria brilló ante nuestros ojos con nuevo resplandor, para que, conociendo a Dios visiblemente, él nos lleve al amor de lo invisible. Por eso, con los ángeles y los arcángeles y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria: Santo, Santo, Santo...

Antífona de la Comunión

Sobre toda la superficie de la tierra se ha contemplado la salvación que viene de nuestro Dios (Sal. 97, 3).

Oración después de la Comunión

Concédenos, Dios misericordioso, que el Salvador del mundo, que hoy nos ha nacido para comunicarnos su vida divina, nos dé también el don de su inmortalidad. El cuál vive y reina por los siglos de los siglos.

Bendición solemne de Navidad

V. Que Dios, cuya infinita bondad disipó las tinieblas del mundo con la encarnación de su Hijo e iluminó este día, con su nacimiento glorioso, aleje de vosotros las tinieblas del pecado y alumbre vuestros corazones con el esplendor de las virtudes.
R. Amén.
V. Que llene vuestros corazones de su alegría y os haga mensajeros del Evangelio el mismo que encomendó a sus ángeles anunciar a los pastores el gran gozo del nacimiento del Salvador.
R. Amén.
V. Y que os colme de su paz y de buena voluntad y os conceda participar un día de la Iglesia celeste, aquel que, por la Encarnación de su Hijo, unió la tierra con el cielo.
R. Amén.
V. Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros.
R. Amén.
V. Podéis ir en paz.
R. Demos gracias a Dios.

Exhortación de despedida

Después de recibir a Jesús en la Eucaristía, sigamos celebrando el Nacimiento de Jesús, meditando sobre este misterio, inculcándoles, también, nuestros conocimientos, a nuestros familiares y amigos.

Padre nuestro, escucha nuestra oración

Jesús es nuestro Salvador

Por María Dolores Meléndez y José Portillo

Presentación. -Nos encontramos junto a la Sagrada Familia en la gruta de Belén en la que nació Jesús. Frente a la perspectiva materialista, la Sagrada Familia, es para nosotros un ejemplo de entrega al cumplimiento de la voluntad de Dios, según las palabras del Antiguo Testamento: "No son mis pensamientos vuestros pensamientos, ni vuestros caminos son mis caminos" (Is. 55, 8). Junto a la Sagrada Familia hay varios pastores que les acompañan, pues fueron al portal de Belén para verificar el anuncio que se les hizo por medio de los ángeles con respecto al Nacimiento del Salvador.
El ambiente que respiramos es de gran paz y quietud. Todos miramos al pequeño Jesús entusiasmados mientras que él duerme apaciblemente. Mientras contemplamos al Mesías, entrevistaremos a María, a José, y a Daniel, uno de los pastores que les acompañan.
P. -María, ¿recibiste con alegría a Jesús en su concepción? ¿Hubieras preferido esperar más tiempo para ser madre?
María. -La concepción de Jesús fue muy especial, porque, José, no es el padre de mi Hijo. Yo supe que estaba embarazada porque Gabriel, un arcángel cuyo nombre significa fuerza de Dios, en nombre de nuestro Criador, me ofreció la posibilidad de ser la Madre del Hijo de Dios. Yo acepté lo que Dios me pidió porque deseo fervientemente que mi pueblo sea redimido. He tenido a mi Hijo en el tiempo que Dios ha creído oportuno para que acontezca su Nacimiento, y, si he dado a luz en los días de mi juventud, ello me ayudará más a ser una Madre fuerte para servir a mi Hijo y aferrarme al cumplimiento de la voluntad de Dios.
P. -¿Qué sentimientos alberga el corazón de una chica humilde de 17 años cuando acepta la responsabilidad de ser la Madre de Dios?
María. -La mayoría de las mujeres no nos sentimos realizadas hasta que somos madres. Yo recibí con una gran alegría la concepción de Jesús en mis entrañas, pero no puedo negar que sufrí mucho al pensar que tanto mi vida como la de mi Hijo estaban en manos de José. Según nuestra Ley, José debiera haberme lapidado para extirpar el adulterio de las mujeres nazaretanas que cometan esa transgresión de los mandatos de Dios y de Israel. Mientras José decidía lo que había de hacer conmigo, me envió a vivir una temporada junto a mi parienta Elisabeth, para que la gente se olvidara de nuestra relación.
P. -A pesar del miedo que te ha causado la incertidumbre que has vivido y del esfuerzo enorme que sin duda has tenido que hacer para que José confíe en ti, ¿estarías dispuesta a vivir los nueve meses anteriores?
María. -Yo haría cualquier cosa por mi Hijo y por hacer la voluntad de Dios. El dolor que me ha traspasado el alma y el miedo de perder la vida no son nada en comparación con la satisfacción que embarga mi alma desde que abracé a mi pequeño Jesús cuando al fin pude contemplarlo por primera vez.
P. -¿Qué te gustaría que haga Jesús cuando sea mayor?
María. -Estamos impacientes porque circuncidaremos a nuestro Jesús la próxima semana. A partir del acto de presentación de Jesús ante Dios y de los ritos concernientes a mi purificación, le pediremos a Dios que haga de nuestro Hijo el instrumento mediante el que se haga su voluntad. En cierta forma nos inquieta el futuro de nuestro Hijo porque pensamos que su vida puede desarrollarse de una forma diferente a la existencia de cualquier hombre, porque nos consta que Dios lo ha enviado al mundo para que lleve a cabo la misión que él le ha encomendado, por consiguiente, esa misión constituye la razón por la que Dios nos ha cedido a nuestro Hijo como padres.
P. -José, ¿cómo reaccionaste al saber que la mujer que te había sido prometida por su padre en matrimonio estaba embarazada? ¿Qué pensaste hacer con vuestra relación cuando supiste que María daría a luz un Hijo que no era el compendio de vuestro amor carnal?
José. -Durante algún tiempo me sentí traicionado. A pesar de que conozco muchos textos de las Escrituras, lo último que habría pensado es que Dios había elegido a una joven humilde para convertirla en la Madre de su enviado. Me siento triste al pensar que decidí desacerme de María incumpliendo el precepto legal de lapidarla, pero, aún así, le doy gracias a Yahveh, porque estoy seguro de que fue él quien me impulsó a aceptar a mi mujer, y a querer a Jesús como si él fuera mi hijo carnal. Mi sufrimiento reciente me ha enseñado que los padres no queremos a nuestros hijos porque los concebimos, sino porque, al pensar en ellos antes de que nazcan, y al tenerlos en nuestros brazos y al irlos formando como personas creyentes en Dios, hacemos de ellos partes esenciales de nuestras personas.
P. -¿Qué misión llevará a cabo Jesús cuando sea mayor?
José. -No sé de qué forma se desarrollará la vida de nuestro Hijo, pues él ha venido al mundo para llevar a cabo la misión que le ha sido encomendada por nuestro Criador. Mientras que Dios mantenga a Jesús a nuestro lado, lo educaremos, aprenderá las Escrituras, se instruirá leyendo libros de las materias que él desee, y le enseñaré mi oficio de carpintero. Haremos que nuestro Hijo sea una persona que actúe bajo el impulso inspirador del Espíritu de Dios. Si Dios decide que Jesús se separe de nosotros para emprender su camino, entonces, sólo el Espíritu de Dios, marcará el camino que tenga que seguir.
P. -¿Por qué estáis en esta gruta?
José. -Ayer intentamos hospedarnos en la posada, pero en aquel lugar no había sitio para nosotros. El posadero nos envió a esta gruta, y aquí nació Jesús durante la noche. Espero encontrar trabajo muy pronto para poder alquilar una casa, pues queremos irnos de aquí lo más pronto posible. Nos gustaría establecernos en Belén definitivamente, pues mi linaje procede de este pueblo.
P. -Daniel, ¿por qué has venido a esta gruta?
Daniel. -He venido porque así nos fue dicho por los ángeles que nos anunciaron el Nacimiento del Salvador. Los pastores tenemos mala reputación en Palestina, porque, nuestra humilde condición, nos obliga a obtener parte de lo que necesitamos por medios ilícitos. Al contemplar a Jesús me siento confundido. José nos ha dicho que este Niño ha nacido para redimirnos de nuestros pecados, pero no puedo evitar pensar que aún faltan muchos años para que este pequeño pueda hacer algo por su pueblo, especialmente por quienes vivimos desamparados. Yo soy mayor y moriré sin ver cómo la mano de Dios libra a su pueblo de la adversidad, pero no dejo de creer que Jesús cumplirá puntualmente la misión que le ha sido encomendada por nuestro Dios.
Creado por trigodedios | 0 comentarios | 17/04/07 23:35

Ir a secciones de documentos

Ir a Navidad

Comentarios

Servicios Recomendados

Juegos gratis online

¡Atención, jugadores! Los juegos online de Geomundos se actualizan constantemente, y también te los puedes descargar a tu PC para jugar offline.

¿Conoces el chat con perfiles?

Ahora puedes ver la cara de con quién hablas, agregarlos a tu agenda y enviarles mensajes incluso cuando no están conectados.

Gana regalos directos

¿Conoces los puntos Geomundos? Gana puntos por jugar, hacer encuestas, registrarte, comprar online... ¡Y canjéalos por cualquiera de los más de 100 regalos disponibles!

Crea tu propia comunidad

¿Tienes algo que contar? Publica tus textos, fotos, enlaces… Es fácil y divertido. ¡Disfruta viendo subir tu contador de visitas!

Titulares de prensa

¿Qué pasa en el mundo ahora mismo? Consulta los titulares de los principales medios de comunicación de un vistazo.

¡Consíguelo gratis!

Chatcam Conceptronics¡Una webcam que incluye micrófono, leds para chatear incluso cuando hay poca...

Gana regalos por jugar, hacer encuestas, registrarte en portales y con tus compras online...

Acceso al Club

Recomendados