TRIGO DE DIOS
Solemnidad de la Anunciación del Señor, ciclo c en TRIGO DE DIOS
Solemnidad de la Anunciación del Señor, ciclo c
Jesús vino al mundo para dar testimonio de la verdad de Dios y de los hombres.
Padre nuestro
Domingo, 25-03-2007, Solemnidad de la Anunciación del Señor.
Edición número 91.
En esta edición de Padre nuestro, encontraréis los siguientes contenidos:
-Celebremos la Eucaristía. Lecturas eucarísticas, oraciones, lectura después de la Comunión y homilía dominical.
Celebremos la Eucaristía.
Solemnidad de la Anunciación del Señor.
Canto de entrada.
VEN SUBE A LA MONTAÑA
Ven, sube a la montaña
a recibir la ley del reino,
Jesús quiere grabarla
sobre tu corazón.
1- Felices los humildes,
su herencia es el Señor;
felices los que lloran
tendrán consolación.
2- Felices los pacientes,
el Cielo poseerán;
los que aman la justicia,
en Dios se saciarán.
3- Felices los sinceros
porque verán a Dios;
los misericordiosos,
porque obtendrán perdón.
4- Felices los que luchan
por construir la paz,
a ellos pertenece
el Reino celestial.
(Desconozco el autor de esta canción).
Antífona de entrada.
el Señor al entrar en el mundo dijo: aquí estoy, para hacer, Dios, tu voluntad (HEB. 10, 5. 7).
Saludo del sacerdote.
La gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, y de Jesucristo, el señor, estén con todos ustedes.
R. Y con tu espíritu.
Monición de entrada.
Sed bienvenidos a la casa de nuestro Padre y Dios.
Al pensar quién es Jesús para nosotros, podemos comprender fácilmente cuál es la causa por la que el Hijo de María vino al mundo. Jesús es nuestro Hermano, el camino que nos conduce a Dios, la verdad que nos librará de las ataduras que nos hacen sufrir, y la vida plena que gozaremos en la presencia de nuestro Padre común, cuando el estime que hemos sido purificados de nuestras imperfecciones.
Iniciemos esta celebración eucarística pidiéndole a nuestro Padre común que nos santifique en su verdad.
Acto penitencial.
Reconozcámonos, pues, pecadores y perdonémonos los unos a los otros desde lo más íntimo de nuestro corazón.
Todos. Yo confieso ante dios todopoderoso y ante ustedes, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión. Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa. Por eso ruego a Santa María, siempre Virgen, a los ángeles, a los santos y a ustedes, hermanos, que intercedan por mí ante Dios, nuestro señor.
V. Tú que eres el camino que conduce al Padre: señor, ten piedad.
R. señor, ten piedad.
V. Tú que eres la verdad que ilumina a los pueblos: Cristo, ten piedad.
R. cristo, ten piedad.
V. Tú que eres la vida que renueva el mundo: señor, ten piedad.
R. Señor, ten piedad.
V. Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
Ensalcemos la Gloria del Señor, agradeciéndole a nuestro padre común su donación en la Persona de su Hijo.
Oración colecta.
Dios todopoderoso, que quisiste que tu Hijo único se hiciera hombre en el seno de la virgen María, concede a quienes lo reconocemos como verdadero Dios y verdadero hombre que podamos participar de su condición divina. Te lo pedimos por el mismo Jesucristo, Hijo tuyo y Señor nuestro, que contigo y el espíritu santo vive y reina en unidad por los siglos de los siglos.
R. Amén.
Liturgia de la Palabra.
Lecturas eucarísticas y moniciones que preceden a las mismas.
Monición de la primera lectura.
En la primera lectura correspondiente a esta celebración eucarística, Isaías, el gran Profeta mesiánico, nos insta a que confiemos en el señor, aunque tengamos motivos para creer que sucumbiremos ante nuestras dificultades.
Primera lectura.
He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emmanuel (IS. 7, 14).
Lectura del libro del Profeta Isaías, 7, 10-14; 8, 10.
Habló también Jehová a Acaz, diciendo: Pide para ti señal de Jehová tu dios, demandándola ya sea de abajo en lo profundo, o de arriba en lo alto. Y respondió Acaz: No pediré, y no tentaré a Jehová. Dijo entonces Isaías: Oíd ahora, casa de David. ¿Os es poco ser molestos a los hombres, sino que también lo seáis a mi Dios? Por tanto, el señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel. Tomad consejo, y será anulado; proferid palabra, y no será firme, porque Dios está con nosotros.
Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.
Monición del Salmo responsorial.
Meditamos sobre la primera lectura orando y escuchando un pasaje del salmo 39 que nos recuerda lo que nuestro señor hizo para cumplir la voluntad de nuestro Padre común. Seamos imitadores de nuestro Hermano y Señor.
Salmo responsorial.
r. Aquí estoy, señor, para hacer tu voluntad.
SAL. 39, 7-8a. 8b-9. 10. 11.
Entonces dije: He aquí, vengo;
en el rollo del libro está escrito de mí;
el hacer tu voluntad, R.
Dios mío, me ha agradado,
y tu ley está en medio de mi corazón.
He anunciado justicia en grande congregación;
he aquí, no refrené mis labios,
Jehová, tu lo sabes. R.
No encubrí tu justicia dentro de mi corazón;
he publicado tu fidelidad y tu salvación;
no oculté tu misericordia y tu verdad en grande asamblea. R.
Jehová, no retengas de mí tus misericordias;
tu misericordia y tu verdad me guarden siempre. R.
Monición de la segunda lectura.
Cristo es el eterno sacerdote que expió los pecados de la humanidad llevando a cabo un único sacrificio.
Segunda lectura.
Aquí vengo yo para hacer tu voluntad.
Lectura de la carta del Apóstol san Pablo a los hebreos, 10, 4-10.
Es imposible, en efecto, que la sangre de toro y machos cabríos quite los pecados. Por eso dice Cristo al entrar en el mundo: Tú, ¡oh Dios! no has querido las ofrendas ni los sacrificios; en su lugar me has formado un cuerpo. No han sido de tu agrado ni los holocaustos ni las víctimas expiatorias. Entonces dije: "aquí vengo yo para hacer tu voluntad. Así está escrito en el libro acerca de mí." en primer lugar, dice que Dios no quiere ni han sido de su agrado las ofrendas, los sacrificios, los holocaustos y las víctimas expiatorias -cosas todas ellas que la Ley manda ofrecer-. Y a continuación añade: aquí vengo yo para hacer tu voluntad, con lo que deroga el antiguo plan y confiere validez al nuevo. Y porque Jesucristo se ha ajustado a la voluntad de Dios ofreciendo su propio cuerpo una vez por todas, nosotros hemos quedado consagrados a Dios.
Palabra de Dios.
R. Te alabamos, señor.
Aleluya, Aleluya: estando desposada María su madre con José, antes que se juntasen, se halló que había concebido del Espíritu Santo (MT. 1, 18). Aleluya.
Monición del Evangelio.
Aceptemos en nuestro corazón el anuncio del Nacimiento de aquel que vino al mundo a morir y a resucitar con el fin de hacernos comprender que necesitamos vivir en la presencia de nuestro Padre y Dios.
Evangelio.
Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús (LC. 1, 30).
Lectura del Santo evangelio según san Lucas.
R. Gloria a ti, Señor.
LC. 1, 26-38.
Al sexto mes el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón que se llamaba José, de la casa de David; y el nombre de la virgen era María. Y entrando el ángel en donde ella estaba, dijo; ¡Salve, muy favorecida! El Señor es contigo; bendita tú entre las mujeres. Mas ella, cuando le vio, se turbó por sus palabras, y pensaba qué salutación sería esta. Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios. Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.
Entonces María dijo al ángel: ¿Cómo será esto? pues no conozco varón. Respondiendo el ángel, le dijo: el Espíritu santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios. Y he aquí tu parienta elisabet, ella también ha concebido hijo en su vejez; y este es el sexto mes para ella, la que llamaban estéril; porque nada hay imposible para Dios.
Entonces María dijo: He aquí la sierva del señor; hágase conmigo conforme a tu palabra. Y el ángel se fue de su presencia.
Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, señor Jesús.
Homilía:
Meditación de la Anunciación del Señor.
Estimados hermanos y amigos:
Hoy faltan nueve meses para que celebremos la Natividad de nuestro señor Jesucristo. Este año esta celebración coincide con el Domingo V de Cuaresma, así pues, el hecho de recordar el anuncio del Nacimiento de nuestro señor en el tiempo en que nos preparamos a celebrar la Pasión, la muerte y la Resurrección del Mesías, nos ayuda a revivir la vida y la obra del Hijo de María.
El pasado lunes celebramos a San José, y por ello vimos los acontecimientos relacionados con el Nacimiento de nuestro Señor desde el punto de vista del Patrón de la Iglesia universal. En esta ocasión, meditaremos parte del pasaje lucano de la anunciación desde el punto de vista de nuestra señora.
Los Santos Joaquín y José acordaron la unión matrimonial del carpintero nazaretano con la futura Madre del Mesías. A diferencia de las mujeres de muchos países actuales, nuestra Santa Madre carecía de libertad para tomar las decisiones necesarias para dirigir su vida, por lo que antes de contraer matrimonio con san José estaba bajo la tutela de su padre, y, después de casarse, vivía bajo las órdenes del citado descendiente de la dinastía davídica.
Cuando santa María vivió el pasaje de la Anunciación debía tener entre quince y diecisiete años. Probablemente ella no conocía al hombre con que su padre la había prometido en matrimonio, y no es de extrañar el hecho de que tuviera miedo de emprender una vida con un hombre que no sabía cómo la iba a tratar ni si podría complacer todos los deseos del mismo. Desde su juventud, nuestra señor a hubo de convertirse en maestra de oración para vivir las pruebas que habían de hacer de ella una Santa admirable para los fieles católicos de todos los tiempos.
San Lucas nos dice que el ángel Gabriel fue enviado a Nazaret para anunciarle a María santísima la buena nueva de su maternidad cuando se cumplieron seis meses de la concepción de San Juan el bautista. San Lucas resalta en su relato la virginidad de María, pues le era necesario hacer que Teófilo, -el destinatario de sus dos obras-, comprendiera que nuestro Señor nació de una doncella. El Nacimiento de nuestro señor de las entrañas de una doncella es la razón por la cuál asociamos la virginidad con la pureza del alma.
San Gabriel le dijo a la futura Madre de Jesús: Dios te salve, María. Llena eres de gracia. El señor es (está) contigo. Con esa bella salutación angélica comenzamos la oración más conocida con la que nos dirigimos a nuestra santa Madre para alabarla y para pedirle que interceda ante nuestro Padre común por nosotros. No sabemos si cuando san Gabriel entró en el lugar en que estaba nuestra celestial Mediadora ella estaba orando, o si estaba llevando a cabo sus actividades domésticas, pero el caso es que ella se detuvo en la presencia de Gabriel para conocer el mensaje que el ángel le comunicó, como si hubiera estado dispuesta de antemano para cumplir la voluntad de Dios. María no tuvo inconveniente en arriesgar su vida para cumplir la voluntad de nuestro Padre común. Nuestra Señora no sabía si José iba a tomar la decisión de lapidarla al creer que ella había cometido adulterio contra él, pero el caso es que la Madre del Mesías decidió fiarse de dios costárale lo que le costara cumplir la voluntad de nuestro criador. Actualmente mucha gente se casa con el consuelo de que si sus relaciones no son tan perfectas como desea, se puede divorciar e iniciar una nueva vida. María se entregó a José porque no tenía otra alternativa que cumplir la voluntad de su padre y de su futuro marido, pero ella decidió amar al padre adoptivo de su Hijo. En la actualidad, si quienes tienen problemas matrimoniales dialogaran con sus cónyuges, se evitarían muchos problemas a ellos y a sus hijos -si los tienen- antes de concebir la ruptura de sus relaciones. Siempre que hablo con gente divorciada legalmente o separada de su pareja se me dice que las rupturas de sus relaciones son muy dolorosas y problemáticas.
Al recordar la Anunciación de nuestro señor en el tiempo de Cuaresma, nos hacemos la siguiente pregunta: ¿Cuál es la razón por la que nuestro Señor vino al mundo? esta misma pregunta nos la hicimos en el tiempo de Adviento, es decir, en las semanas precedentes al tiempo de Navidad, y también meditamos sobre la citada cuestión cuando celebramos el Nacimiento del Hijo del carpintero de Belén, y, quienes predicamos el Evangelio, la meditamos mucho. En el Evangelio de san Juan se nos responde esta pregunta a través de las palabras del Mesías: "Le dijo entonces Pilato: Luego, ¿eres tú rey? respondió Jesús: Tú dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio a la verdad. Todo aquel que es de la verdad, oye mi voz" (JN. 18, 37). Jesús es el Rey de quienes tienen a la Trinidad Beatísima como su mayor riqueza. Jesús es el Rey de los pobres, los humildes, los enfermos y los desamparados. Jesús vino al mundo para dar testimonio de la verdad, pero, ¿cuál es la verdad por la que nuestro señor perdió la vida? ¿Existe una verdad lo suficientemente poderosa como para que muchos de nuestros Santos se hayan jugado la vida por poseerla y conocerla? san Juan escribió en su Evangelio: "... "Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres" (JN. 8, 31-32). ¿Existe alguna verdad que pueda hacernos libres más allá de nuestra existencia? San Juan escribió las siguientes palabras de Jesús en su Evangelio: "Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí" (JN. 14, 6). Nuestro señor dice de Sí mismo que el es el camino que nos lleva a Dios, la verdad que nos hará libres de nuestras ataduras y nos hará gozar de la vida que El mismo nos concederá cuando acontezca su segunda venida. Quienes quieran saber cómo pueden ser liberados por la verdad de Dios y de sus hijos los hombres, deben leer atentamente el siguiente fragmento del cuarto evangelio: "Si me amáis, guardad mis mandamientos. Y yo rogaré al padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir (porque desconoce la verdad y si la conoce no quiere o no puede aceptarla), porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros" (JN. 14, 15-17). "Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino hablará todo lo que oyere (al Padre y al hijo), y os hará saber las cosas que habrán de venir" (JN. 16, 13).
Jesús amó mucho el cumplimiento de la voluntad de Dios, su verdad. En su oración sacerdotal, es decir, cuando nuestro señor oró en el Cenáculo antes de dirigirse al Huerto de los Olivos, le hizo al Padre la siguiente petición con respecto a sus íntimos amigos: "santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad" (JN. 17, 17). Jesús vino al mundo para dar testimonio de que todo el que oye su verdad vivirá eternamente.
Concluyamos esta breve meditación pidiéndole a nuestra Santísima Madre que siga intercediendo por nosotros ante nuestro Padre común, para que El siga fortaleciendo la voluntad de quienes queremos ser santificados en su verdad. En los días en que concluiremos la preparación de la celebración de los misterios centrales de nuestra fe, acerquémonos a nuestra Corredentora, pues ella no dejará desamparados a quienes, por los méritos obtenidos por la Pasión, la muerte y la resurrección de nuestro Hermano Jesús, viviremos algún día en la presencia de nuestro Padre común, sin que precisemos de la fe para creer que nuestro Criador existe. Amén.
Oración de los fieles.
Oremos por nosotros, por nuestros familiares y amigos, por la Iglesia y por nuestra sociedad, así pues, en el día en que recordamos la causa por la que nuestro Señor vino al mundo, es conveniente que los católicos le pidamos a nuestro Padre común que aumente nuestra fe, y que nos ayude a evangelizar a quienes no quieren o no pueden creer en El.
Respondemos a cada petición: Padre santo, escucha nuestras oraciones y ten piedad de nosotros.
V. Por el Papa Benedicto, por los religiosos que te han consagrado su vida total y/o parcialmente y por los laicos que trabajan en tu viña, para que el mundo comprenda que te necesita por mediación del trabajo constante y de la oración perseverante de tus hijos. Roguemos al señor.
V. Por los niños y adultos que se preparan a recibir los Sacramentos de nuestra Santa Madre la Iglesia, para que la vivencia de los misterios centrales de nuestra fe y la recepción de los citados Sacramentos hagan de ellos cristianos comprometidos con la Evangelización. Roguemos al Señor.
V. Por la Iglesia peregrina que se acoge a su Santa Madre en el tiempo en que nuestra fe parece extinguirse en nuestra sociedad, para que los pecadores, los enfermos, los desamparados y todos los que sufren por cualquier causa sean consolados al refugiarse en nuestra Señora. Roguemos al Señor.
V. Por quienes no creen en ti, para que la comprensión de la Anunciación del Nacimiento de tu Hijo y señor nuestro les ayude a aceptar la verdad que no pueden o no quieren aceptar. Roguemos al Señor.
V. Por quienes partirán próximamente a tu presencia y por quienes se separaron de nosotros para ser salvos de las miserias características de nuestra vida, para que estén gozando la belleza de vivir en tu presencia, una realidad que va más allá de nuestra imaginación y que no puede ser abarcada por nuestra mente. Roguemos al Señor.
V. escucha, Señor, las oraciones de quienes nos hemos reunido ante tu altar para recordar la razón por la que quisiste redimirnos desde la eternidad, y haznos vivir la experiencia de la conversión desde la aceptación del Evangelio de aquel que es el camino que nos conduce a tu presencia, la verdad que nos santifica y la vida que viviremos en tu presencia cuando tú estimes que hemos sido purificados de nuestras imperfecciones. Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.
Liturgia eucarística.
Canto del Ofertorio.
Comienza el sacrificio
sublime del altar.
Cantemos al que pronto
su Sangre nos va a dar.
La hostia está dispuesta
y el cáliz redentor
ya se alza sobre el ara.
¡Cantemos al Señor!
Por este sacrificio
que es obra de tu amor,
la fe de nuestros padres
consérvanos, Señor.
(Desconozco el autor de esta canción).
Oración sobre las ofrendas.
Dígnate aceptar, señor, los dones de tu Iglesia, y ya que ella reconoce su origen en la encarnación de tu Hijo, llénala de alegría al celebrar estos misterios. Por Jesucristo, nuestro señor.
R. Amén.
Prefacio.
El misterio de la encarnación.
V. El Señor esté con ustedes.
R. Y con tu espíritu.
V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.
V. Realmente es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro. Porque la Virgen María, recibió con fe el anuncio celestial de que, por obra del Espíritu Santo, El iba a nacer entre nosotros para nuestra salvación, y con amor de madre, lo llevó en sus purísimas entrañas. Así se cumplieron las promesas hechas al pueblo de Israel y se vio ampliamente colmada la esperanza de la humanidad. Por El, los coros celestiales celebran tu gloria unidos en común alegría. Permítenos asociarnos a sus voces, cantando humildemente tu alabanza: Santo, santo, santo...
Antífona de la Comunión.
Una virgen concebirá y dará a luz un Hijo, y le pondrá por nombre: Emanuel, dios con nosotros (IS. 7, 14).
Canto de la Comunión.
OH SANTÍSIMA
1- ¡Oh Santísima, oh Purísima!,
dulce Virgen María,
Madre amada, Inmaculada,
ora, ora por nosotros.
2- Salve límpida Rosa Mística,
dulce Madre del Redentor;
llena de gracia, nuestra esperanza,
ora, ora por nosotros.
3- Los arcángeles y los ángeles
"Dios te salve” te cantan.
También los hombres cantan tu nombre;
ora, ora por nosotros.
(Desconozco el autor de esta canción).
Lectura después de la Comunión.
LC. 1, 39-80.
Oración después de la Comunión.
Confirma, Padre, en nosotros la verdadera fe, mediante los sacramentos que hemos recibido, para que quienes confesamos al Hijo de la Virgen santa como Dios y como hombre verdadero, podamos llegar a la alegría eterna por el poder de su resurrección. Te lo pedimos por el mismo Jesucristo, nuestro señor.
R. Amén.
Exhortación final.
Después de recibir a Jesús en la Eucaristía, sigamos llevando a cabo nuestras actividades ordinarias, y dispongamos nuestro corazón a celebrar los misterios centrales de nuestra fe, pues el próximo Domingo comienza la Semana Santa o de Pasión.
Canto final.
EN MEDIO DE LOS PUEBLOS
1- En medio de los pueblos, columna de verdad,
la santa Iglesia se alza cual mística ciudad.
¡ Oh Cristo sálvanos! ¡Señor, defiéndenos!
Devuelve a la humanidad tu paz y la unidad
2- Su Jefe y Rey es Cristo, su ley la unidad,
su código divino la mutua caridad.
3- La Iglesia es el misterio viviente de Jesús,
en ella recibimos su vida, fuerza y luz.
(Desconozco el autor de esta canción).
Creado por trigodedios | 0 comentarios | 25/03/07 16:18
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