TRIGO DE DIOS
Santísima Trinidad, ciclo c. en TRIGO DE DIOS
Santísima Trinidad, ciclo c.
El Hijo de Dios.
Padre nuestro.
Domingo, 3-06-2007, Solemnidad de la Santísima Trinidad, ciclo c.
Edición número 104.
En esta edición de Padre nuestro, encontraréis los siguientes contenidos:
-Celebremos la Eucaristía. Lecturas eucarísticas, oraciones, homilía dominical y lectura después de la Comunión.
Celebremos la Eucaristía.
Solemnidad de la Santísima Trinidad, ciclo c.
Canto de entrada:
Venimos hoy a tu altar.
venimos hoy a tu altar
a cantarte Señor,
pues tú eres la alegría de nuestro corazón (vis),
tú hiciste los cielos.
Los llenas de estrellas,
de luz y color.
Tú pintaste la aurora.
Hiciste las nubes.
Las puestas del sol.
Tú creaste la risa,
la paz y la dicha,
la felicidad.
Tú, al darnos la vida,
nos das las riquezas,
tu eterna amistad.
Tú nos diste a tu Madre,
nos diste tu Cuerpo,
tu Sangre en manjar.
Tú nos diste esperanza,
la fe y nos hiciste
capaces de amar.
(Desconozco el autor de esta canción).
Antífona de entrada
Bendito sea Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, porque nos ha mostrado un amor inmenso. Aleluya.
Saludo inicial del sacerdote:
La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo estén con todos ustedes.
R. Y con tu espíritu.
Monición de entrada:
El Domingo anterior recibimos el Espíritu Santo en nuestros corazones en la celebración de Pentecostés. Ya conocemos al Padre, al Hijo y al Espíritu, así pues, pidámosle a la Trinidad Beatísima que se cumplan en nosotros las siguientes palabras de Jesús: "-El que me ama de verdad, se mantendrá fiel a mi mensaje; mi Padre le amará, y mi Padre y yo vendremos a él y viviremos en él" (JN. 14, 23).
Acto penitencial:
Jesucristo, el justo, intercede por nosotros y nos reconcilia con el Padre. Abramos, pues, nuestro espíritu al arrepentimiento, para acercarnos a la mesa del Señor.
V. Señor, ten misericordia de nosotros.
R. Porque hemos pecado contra ti.
V. Muéstranos, Señor, tu misericordia.
R. Y danos tu salvación.
V. Tú que has sido enviado a sanar los corazones afligidos: Señor, ten piedad.
R. Señor, ten piedad.
V. Tú que has venido a llamar a los pecadores: Cristo, ten piedad.
R. Cristo, ten piedad.
V. Tú que estás sentado a la derecha del Padre: Señor, ten piedad.
R. Señor, ten piedad.
V. Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
Oración colecta
Dios Padre, que al enviar al mundo al Verbo de verdad y al Espíritu de santidad, revelaste a los hombres tu misterio admirable, concédenos que al profesar la fe verdadera, reconozcamos la gloria de la eterna Trinidad y adoremos la unidad de su majestad omnipotente. Por nuestro Señor Jesucristo tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
R. Amén.
Liturgia de la Palabra:
Lecturas eucarísticas precedidas de sus moniciones correspondientes:
Monición de la primera lectura:
La Santísima Trinidad siempre se nos ha manifestado con su gran sabiduría.
Primera lectura:
Antes de comenzar la tierra, la sabiduría fue engendrada.
Lectura del libro de los Proverbios 8, 22-31.
Así dice la sabiduría de Dios:
«El Señor me estableció al principio de sus tareas, al comienzo de sus obras antiquísimas.
En un tiempo remotísimo fui formada, antes de comenzar la tierra.
Antes de los abismos fui engendrada, antes de los manantiales de las aguas.
Todavía no estaban aplomados los montes, antes de las montañas fui engendrada.
No había hecho aún la tierra y la hierba, ni los primeros terrones del orbe.
Cuando colocaba los cielos, allí estaba yo; cuando trazaba la bóveda sobre la faz del abismo; cuando sujetaba el cielo en la altura, y fijaba las fuentes abismales.
Cuando ponía un límite al mar, cuyas aguas no traspasan su mandato; cuando asentaba los cimientos de la tierra, yo estaba junto a él, como aprendiz, yo era su encanto cotidiano, todo el tiempo jugaba en su presencia: jugaba con la bola de la tierra, gozaba con los hijos de los hombres.
Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.
Monición del Salmo responsorial:
Alabemos al Dios que se ha dignado ensalzar al hombre desde su pequeñez hasta su divinidad.
Salmo responsorial:
R. Señor, dueño nuestro, ¡qué admirable es tu nombre en toda la tierra!.
Sal 8, 4-5. 6-7a. 7b-9.
Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que has creado, ¿qué es el hombre, para que te acuerdes de él, el ser humano, para darle poder? R.
Lo hiciste poco inferior a los ángeles, lo coronaste de gloria y dignidad, le diste el mando sobre las obras de tus manos. R.
Todo lo sometiste bajo sus pies: rebaños de ovejas y toros, y hasta las bestias del campo, las aves del cielo, los peces del mar, que trazan sendas por el mar. R.
Monición de la segunda lectura:
La gracia de Dios permanece en nuestros corazones.
Segunda lectura:
A Dios, por medio de Cristo, en el amor derramado por el Espíritu.
Lectura de la Carta del Apóstol San Pablo a los Romanos, 5, 1-5.
Hermanos:
Ya que hemos recibido la justificación por la fe, estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo.
Por él hemos obtenido con la fe el acceso a esta gracia en que estamos; y nos gloriamos, apoyados en la esperanza de alcanzar la gloria de Dios.
Más aún, hasta nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce constancia, la constancia, virtud probada, la virtud, esperanza, y la esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado.
Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.
Aleluya, Aleluya: Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo, al Dios que es, que era y que viene (AP. 1, 8). Aleluya.
Monición del Evangelio:
Jesús es semejante a Dios porque nuestro Señor es el primogénito de nuestro Creador. El Espíritu Santo hace las veces de nuestro señor entre nosotros.
Evangelio:
Todo lo que tiene el Padre es mío; el Espíritu tomará de lo mío y os lo anunciará.
Lectura del Santo Evangelio según San Juan.
R. Gloria a ti, Señor.
San Juan, 16, 12-15.
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora; cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena.
Pues lo que hable no será suyo: hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir.
Él me glorificará, porque recibirá de mí lo que os irá comunicando.
Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso os he dicho que tomará de lo mío y os lo anunciará.»
Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.
Homilía:
El Hijo de Dios.
Estimados hermanos y amigos:
Una semana después de recordar nuestra recepción del Espíritu Santo, celebramos el día de Dios. En esta ocasión vamos a centrar nuestra meditación sobre el Hijo de Dios, dado que el Domingo anterior concluimos la celebración de la Pascua, el tiempo durante el que hemos meditado muchas veces con respecto al triunfo de Jesús sobre la muerte y por tanto sobre las miserias características de nuestras vidas.
A pesar de que los autores de la Biblia no definen el Misterio de la Santísima Trinidad, nosotros creemos que tanto el Padre, el Hijo como el Espíritu, son un sólo Dios. Una prueba de esta realidad la encontramos en la conclusión del Evangelio de San Mateo: "Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo" (MT. 28, 19:20).
Nosotros creemos que nuestro Señor vino al mundo según escribió San Juan en su Evangelio: "En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho (porque nuestro señor es la Palabra de Dios hecha carne); pero el mundo no le conoció (aceptó). A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios" (JN. 1, 10-13).
Nuestro Señor ha visto a Dios, dado que El mismo es el Unigénito de Dios. "A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer" (JN. 1, 18).
El Apóstol Natanael, al comprobar cómo Jesús supo de su conocimiento de las Escrituras (estar sentado debajo de la higuera significa estar estudiando y meditando las Escrituras), no dudó en decirle a Jesús: "Rabí (Maestro), tú eres el Hijo de Dios; tú eres el Rey de Israel" (JN. 1, 49).
Jesús le dijo a Nicodemo con respecto a su procedencia divina: "Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo; el Hijo del hombre, que está en el cielo" (JN. 3, 13).
El cuarto Evangelista describe fielmente la misión del Hijo de Dios en el mundo: "Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna" (JN. 3, 16).
San Juan el Bautista dijo con respecto a Jesús: "El Padre ama al Hijo, y todas las cosas ha entregado en su mano" (JN. 3, 35). "Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre -dice Jesús-; y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar" (MT. 11, 27).
Jesús nos habla en el Evangelio de San Juan sobre su autoridad: "DE cierto, de cierto os digo: No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente. Porque el Padre ama al Hijo, y le muestra todas las cosas que él hace; y mayores obras que estas le mostrará, de modo que vosotros os maravilléis. Porque como el Padre levanta a los muertos, y les da vida, así también el Hijo a los que quiere da vida. Porque el Padre a nadie juzga, sino que todo el juicio dio al Hijo, para que todos honren al Hijo como honran al Padre que le envió. De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida. De cierto, de cierto os digo: Viene la hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oyeren vivirán. Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así también ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo; y también le dio autoridad de hacer juicio, por cuanto es el Hijo del hombre. No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación" (JN. 5, 19-29).
Jesús nos transmite un mensaje trascendental para que seamos salvos al vivir nuestra fe: "Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del hombre os dará; porque a éste señaló Dios el Padre" (JN. 6, 27).
Jesús sintetiza su misión: "Todo lo que el Padre me da (todas las almas que confían en mí), vendrá a mí; y al que a mí viene, no le hecho fuera. Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió. Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero. Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero" (JN. 6, 37-40).
"Les dijo, pues, Jesús (a los judíos): Cuando hayáis levantado al Hijo del hombre, entonces conoceréis que yo soy, y que nada hago por mí mismo, sino que según me enseñó el Padre, así hablo. Porque el que me envió, conmigo está; no me ha dejado solo el Padre, porque yo hago siempre lo que le agrada" (JN. 8, 28-29). Jesús les dijo a sus oyentes que ellos no podrían aceptarlo como Mesías hasta que El fuera crucificado. A través de la Pasión, la muerte y la Resurrección de nuestro Señor, nosotros tenemos un gran motivo para creer en Aquel que lo sacrificó todo con tal de obedecer a nuestro Criador.
Oración de los fieles
V. Oremos, hermanos y hermanas, a Dios, Padre entrañable, que por Jesucristo nos ha revelado su amor y que escucha complacido los gemidos inefables con que el Espíritu intercede por nosotros:
Respondemos a cada intención: Te rogamos, Señor, óyenos.
V. Para que Dios Padre, creador todopoderoso del universo, lleve el mundo a su plenitud y haga nacer aquel cielo nuevo y aquella tierra nueva que nos ha prometido, en la que la humanidad entera encontrará la felicidad y podrá contemplar su rostro glorioso, roguemos al Señor.
V. Para que el Hijo Unigénito de Dios, que se hizo hombre para desposarnos con la Iglesia, infunda en ella un amor semejante al suyo, como corresponde a su condición de esposa amada, roguemos al Señor.
V. Para que el Espíritu del Señor, que enriquece al mundo con sus dones, sea padre para los pobres, consuelo para los tristes, salud para los enfermos y fuerza para los decaídos, roguemos al Señor.
V. Para que los que conocemos el misterio de la vida íntima de Dios, uno en tres personas, tengamos celo para anunciarlo a quienes lo desconocen, a fin de que también ellos encuentren gozo y descanso en Dios, que se nos ha revelado como Padre, Hijo y Espíritu Santo, roguemos al Señor.
V. Añadir nuevas peticiones.
V. Padre fiel y misericordioso, que enviaste al mundo a tu Hijo Unigénito y quisiste que tu Espíritu fuera para nosotros principio de vida, constructor de unidad y fuente de amor; escucha nuestras oraciones, fortalece nuestra fe e inspíranos sentimientos de paz y esperanza para que, reunidos en la comunión de tu Iglesia, bendigamos siempre tu nombre glorioso y santo. Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.
Liturgia eucarística:
Canto del Ofertorio:
Te ofrecemos Señor nuestra juventud.
Te ofrecemos Señor
nuestra juventud (vis),
ofrecemos todos juntos
nuestras vidas al Señor,
los trabajos, los dolores,
la alegría y el amor.
Vino y pan hoy te ofrecemos
pronto se convertirán
en su cuerpo y en su sangre,
fuente de alegría y paz.
(Desconozco el autor de esta canción).
Oración sobre las ofrendas
Por la invocación de tu nombre, santifica, Señor, estos dones que te presentamos y transfórmanos por ello en una continua oblación a ti. Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.
Prefacio:
El misterio de la Santísima Trinidad.
V. El Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.
V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.
V. En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno. Que con tu único Hijo y el Espíritu Santo, eres un solo Dios, un solo Señor, no en la singularidad de una sola persona, sino en la trinidad de una sola substancia. Y lo que creemos de tu gloria, porque tú lo revelaste, eso mismo lo afirmamos de tu Hijo y también del Espíritu Santo, sin diferencia ni distinción. De modo que al proclamar nuestra fe en la verdadera y eterna divinidad, adoramos a tres personas distintas, en la unidad de un solo ser e iguales en su majestad. A quien alaban los ángeles y los arcángeles, y todos los coros celestiales, que no cesan de aclamarte con una sola voz:
Santo, Santo, Santo...
Antífona de la Comunión
Porque sois hijos de Dios, Dios infundió en vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, que clama: Padre (GAL. 4, 6).
Canto de la Comunión:
HOY TU ESPÍRITU SEÑOR
Hoy tu Espíritu Señor
nos congrega en la unidad,
nos da fuerza para andar
renovados en tu amor.
1- Santo Espíritu de Dios,
de la paz y de la luz,
que nos das a conocer
el misterio de Jesús.
Ven al fin a saciar
nuestra sed de paz.
2- Este mundo en su dolor
clama ardiendo de ansiedad
que tu Espíritu de amor
lo conduzca a la verdad.
Ven al fin a reinar;
cambia al mundo ya.
3- Ni la carga de la cruz
nuestras fuerzas rendirá
la alegría que Tu das
nadie nos la ha de quitar.
Ven al fin a cantar
en mi voz: Amén.
(Desconozco el autor de esta canción).
Lectura después de la Comunión:
Oración de humildad y de confianza a la Santísima Trinidad
Santísima y adorable Trinidad, heme aquí postrado delante de Ti para rendir homenaje a tu divina Majestad. Te consagro en estos momentos de oración, todas
mis palabras, todos mis pensamientos, todas mis resoluciones. No soy digno, Dios mío, de recibir nuevas luces ni nuevas ayudas por el mal uso que he hecho
de tus dones. Sin embargo, acudo a ti con entera confianza, como a Padre bueno y misericordioso, y te ruego por los méritos de Jesucristo, mi Salvador,
y por la intercesión de la Virgen Maria, mi Madre, y de todos mis santos patronos, que quieras otorgarme la gracia de buscarte con humildad, sinceridad
y absoluta generosidad. Amén.
(Oración extraída de:
http://www.churchforum.org
).
Oración después de la Comunión
Que la recepción de este sacramento y nuestra profesión de fe en la trinidad santa y eterna, y en su unidad indivisible, nos aprovechen, Señor, Dios nuestro, para la salvación del cuerpo y el alma. Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.
Exhortación de despedida
Después de recibir a Jesús en la Eucaristía, volvamos a realizar nuestras actividades ordinarias, y comprometámonos, al mismo tiempo, a comunicarles nuestra fe a nuestros familiares, amigos y compañeros de trabajo.
Creado por trigodedios | 0 comentarios | 01/06/07 22:57
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