TRIGO DE DIOS
Santa María, ciclo a. en TRIGO DE DIOS
Santa María, ciclo a.
Un desafío apasionante.
Padre nuestro
Sábado, 1-01-2005, Solemnidad de Santa María, Madre de Dios. Jornada Mundial de Oración por la Paz. Presentación de Jesús en el Templo.
Edición número 9
En esta edición de Padre nuestro encontraréis los siguientes contenidos:
-Sagrarios vivos. Cita de las lecturas eucarísticas, oraciones y homilía dominical.
-Padre nuestro, escucha nuestra oración. Oremos para preparar la celebración de la entrada del año 2005.
Sagrarios vivos
Solemnidad de Santa María, Madre de Dios. Jornada Mundial de Oración por la Paz. Presentación de Jesús en el Templo.
Antífona de entrada
Hoy brillará una luz sobre nosotros porque nos ha nacido el Señor; y se le llamará Admirable, Dios, Príncipe de Paz, Padre del mundo futuro, y su Reino no tendrá fin (Is. 9, 2. 6; Lc. 1, 33).
Saludo inicial del sacerdote
La paz y el amor de Dios, nuestro Padre, que se han manifestado en Cristo, nacido para nuestra salvación, estén con vosotros.
R. Y con tu espíritu
Cantemos o recitemos con gran devoción el Gloria, pidiéndole a Dios perdón porque hemos transgredido conscientemente el cumplimiento de su Ley, y elevemos nuestras peticiones al cielo.
Monición de entrada
Nuestro Padre común nos da hoy la oportunidad de empezar a vivir un nuevo año de gracia y salvación. Vamos a pedirle a nuestro Señor que nos aumente la fe, porque vamos a hacer el firme propósito de vivir como verdaderos discípulos de Jesús, levantando a los débiles que encontremos en nuestro camino, instruyendo a quienes quieran conocer la Palabra de Dios, y haciendo muchas obras de misericordia, ejercitando los dones y virtudes que hemos recibido del Espíritu Santo. Como será muy difícil el hecho de que llevemos este compromiso adelante, vamos a fijar nuestros ojos en María, y vamos a pedirle que ore por nosotros, para que así nos sintamos más dispuestos a hacer la voluntad de nuestro Criador.
Oración colecta
Señor Dios, que por la fecunda virginidad de María diste al género humano el don de la salvación eterna, concédenos sentir la intercesión de aquella por quien recibimos al autor de la vida, Jesucristo, Señor nuestro, que vive y reina contigo.
Liturgia de la Palabra
Lecturas:
1. Invocarán mi nombre sobre los hijos de Israel y yo los bendeciré (Núm. 6, 22-27). Al comenzar un nuevo año en el día en que finalizamos la octava de Navidad, constatamos que debemos empezar a llevar a cabo todos los compromisos que hemos adquirido a lo largo de nuestra vida, y que hemos olvidado, quizá por pereza, desinterés, o un miedo irracional que nos impide llevarlos a cabo. Dispongámonos a cumplir la voluntad de nuestro Padre y Dios puntualmente, al mismo tiempo que, al oír la primera lectura correspondiente a esta primera celebración eucarística del año 2005, recibimos la bendición de nuestro Padre común.
2. Ten piedad de nosotros, Señor, y bendícenos (Sal. 66, 2-3. 5. 6 y 8. R.: 2 a). Al meditar el fragmento del Salmo 66 que será leído a continuación, le diremos a nuestro Padre común, en actitud profunda de recogimiento interior, que nuestro corazón está dispuesto a recibir sus innumerables bendiciones, porque anhelamos cumplir su voluntad.
3. Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer (Gál. 4, 4-7). En la segunda lectura de hoy, San Pablo nos dice que Dios no nos ama porque cumplimos escrupulosamente sus mandamientos, sino porque Jesús se ha hecho hombre, y ha elevado nuestra naturaleza a la excelsitud de su dignidad.
4. Aleluya, Aleluya: En distintas ocasiones y de muchas maneras, habló Dios en el pasado a nuestros padres por boca de los profetas. Ahora, en estos tiempos, nos ha hablado por medio de su Hijo (Heb. 1, 1-2). Jesús es el Verbo o Palabra de Dios hecha hombre. Gracias a esta realidad, nos es fácil creer en Dios, porque, al conocer la Palabra de nuestro Padre común, podemos acatar su voluntad, y alcanzar la más alta cumbre de la santidad.
5. Encontraron a María, a José y al niño. Al cumplirse los ocho días, le pusieron por nombre Jesús (Lc. 2, 16-21).
Homilía:
1. Al iniciar un nuevo año, vamos a comprometernos a a hacer todo lo posible, para que la fe, la esperanza y la caridad, constituyan el fundamento de nuestra existencia. Digámosle a nuestro Señor que, más que una inmensa cantidad de bienes materiales, necesitamos constancia, alegría, fuerza y paciencia para sobrevivir a las vicisitudes a las que tenemos que enfrentarnos. Si cualquier día hemos de circular por una carretera llena de nieve con nuestro behículo y no disponemos de cadenas para conducir con mayor seguridad, no tendremos más remedio que conducir con gran cuidado y serenidad, para poder llegar a nuestro destino sin sucumbir ante el riesgo que podemos correr si nos acaece un grave accidente. Quizá, si no tenemos cadenas para emprender nuestro viaje por la citada carretera, podemos encontrar un camino alternativo, pero, al no encontrar ese camino, hay que seguir circulando con normalidad. A lo largo de nuestra vida puede sucedernos que podemos evitar algunos
problemas, pero seguramente todos tenemos dificultades ineludibles a las que tenemos que enfrentarnos para no quedarnos paralizados ante la inminencia de los posibles fracasos que pueden hacernos sufrir, o enseñarnos a abrir los ojos, haciéndonos ejercitar los dones y virtudes que hemos recibido del Espíritu Santo.
-En este año que ha comenzado hoy, vamos a cumplir nuestros sueños, impulsados por la fe que tenemos en nuestro Padre común. Dios siempre está dispuesto a escuchar nuestras oraciones, así pues, él es nuestro confidente, el amigo en quien podemos confiar plenamente porque, aunque nos reprenderá cuando transgredamos conscientemente el cumplimiento de su Ley, sabremos que no nos traicionará jamás, pues sus reprensiones siempre tendrán la finalidad de hacernos recorrer el camino de la salvación. Confiémosle a Dios nuestros problemas, los temores y las preocupaciones que hemos anidado en nuestra alma.
-Propongámonos conocer los motivos fundamentales de nuestra vida, nuestro origen, el fin con que hemos sido creados, qué nos sucederá cuando dejemos este mundo para encontrarnos con nuestro Padre común, y todos los acontecimientos relacionados con nuestros familiares, amigos, y, compañeros de trabajo. Tengamos en cuenta que nuestros seres queridos no recordarán nunca lo que les dijimos o les hicimos en un determinado momento, pero jamás olvidarán cómo les hicimos sentir en el pasado, especialmente si les causamos heridas sabiendo que les íbamos a mortificar. Al conocer los motivos fundamentales de nuestra vida, por el deseo constante que tenemos de alcanzar la más alta cumbre de la felicidad, intentaremos satisfacer esos motivos, según el alcance real de nuestras posibilidades. Nuestra misión de personas cristianas consiste en curar heridas, sanar rencores, y hacer que ,los resentimientos confesados se tornen en sentimientos de amor, más allá de las confusiones o
cualesquiera otras circunstancias que los originaron.
-Es muy importante que cuidemos nuestra salud física, porque, la misma, es la raíz de nuestra salud mental. Si no nos cuidamos, si no somos sanos, ¿cómo podremos crecer espiritualmente? Si no crecemos espiritualmente, ¿cómo podremos cumplir la voluntad de Dios, consistente en salvarnos a nosotros y a nuestros prójimos?
-Para que nuestra vida cristiana produzca frutos a través del ejercicio de los dones y virtudes que hemos recibido por obra y gracia del Espíritu Santo, es muy importante que nos concedamos el tiempo que necesitamos para descansar. Si no descansamos, nos percataremos de que nuestras actividades llevadas a cabo con la intención de producir frutos salvíficos, pueden convertirse en actos cansinos inducidos al fracaso por la carencia de la serenidad que todos necesitamos para evaluar los acontecimientos que atañen a nuestra vida y a nuestro medio social.
-Cuando tengamos un problema, intentaremos analizarlo con serenidad, buscando su causa original, intentando solventarlo, afrontándolo y confrontándolo. Las mentes obstruidas por problemas difíciles de sobrellevar son incapaces de lograr todos sus propósitos si no vencen la animadversión a la que sobreviven.
-Vamos a aprender a esforzarnos para que, nuestro día a día y el curso de nuestra vida, transcurran según el plan que elaboremos para ello, inspirados por el fiel y constante cumplimiento de la voluntad de Dios.
-Aprenderemos a valorar nuestros dones y virtudes de una forma realista, intentando no restarnos el valor personal cuando fracasemos, y sin dejarnos arrastrar por nuestra imaginación, pues no debemos creer que somos sobrenaturales, ni que tenemos virtudes que nos hacen superiores a las personas que nos rodean.
-Tengamos una relación lo más positiva posible con nuestro entorno laboral y de ocio. A muchos no nos gusta el trabajo que realizamos, pero ello no significa que nos vamos a dejar invadir por el estrés y el agobio, pues sabemos que hemos nacido para luchar para alcanzar la felicidad que anhelamos, en conformidad con las posibilidades que tenemos de lograr nuestra ansiada meta.
-El buen humor nos ayudará a soportar nuestras enfermedades, y a sobrellevar los momentos de intensas preocupaciones, y los malos entendidos que probablemente nos surgirán con alguno de nuestros familiares, amigos, o compañeros de trabajo.
2. La mejor forma de comenzar el año 2005, consiste en que afrontemos nuestra vida de una forma muy positiva, para que quienes nos rodean sean contagiados por nuestros buenos sentimientos.
-Somos mejores de lo que pensamos. ¿De qué nos sirve el hecho de recriminarnos nuestros defectos? ¿Para qué nos sirve el hecho de considerarnos inútiles por causa de nuestros fracasos? ¡Los fracasos son excusas perfectas para comenzar de nuevo a luchar por lo que queremos al canzar de la misma forma que las aves Fénix surgen de sus cenizas¡.
-No temamos a los cambios personales. Aceptemos la vida como una sucesión de cambios. Si siempre tuviéramos la misma forma de ser no podríamos mejorar nuestra personalidad. Aceptemos los fracasos como posibilidades de alcanzar elevadas cumbres espirituales.
-Evitemos compadecernos de nosotros mismos. Quienes intentan hacer que sus prójimos sientan lástima por ellos se convierten en cargas insufribles, por lo que logran el efecto contrario a sus deseos, que consiste en que han de vivir aislados porque, el hecho de evitarlos, se convierte en la evitación de dolores de cabeza estériles.
-Evitaremos el hecho de impresionar a nuestros prójimos con engaños. Todos somos lo que somos y como somos, a partir de este razonamiento, conformémonos tal como estamos, o, mejor aún, superémonos, no inventando cuentos para que la gente nos admire, pues la gente inteligente conoce a los cojos cuando les ven tumbados.
-No viviremos estancados en la vivencia de nuestros recuerdos del pasado independientemente de que los mismos sean buenos o adversos. No retrasaremos nuestra superación pensando que Dios o alguno de nuestros seres queridos nos solucionarán los problemas en el futuro evitando todas las ocasiones que nos impiden seguir avanzando en nuestro camino de perfección.
-Aceptemos y comprendamos a los demás sin provocar su rechazo. Obviamente todas las personas que nos rodean no pueden adaptarse a nuestros gustos, así pues, adaptémonos a quienes son próximos a nosotros, recordando que Dios nos ha llamado a vivir siendo pacificadores.
-Siempre seremos nosotros mismos, rechazando las posibilidades de ser una especie de fotocopias de quienes admiramos. Nuestro ídolo favorito no será un deportista, ni un cantante, ni un político, ni un líder religioso, sino el apasionante y desafiante cumplimiento de la voluntad de Dios. (Entiéndase que el cumplimiento de la voluntad de Dios es un desafío apasionante si lo vemos con ganas de vivir y un buen sentido del humor, que nos ayudará a soportar la adversidad).
-No viviremos estresados y agobiando a quienes amamos anticipando los problemas que tememos, pues muchos de ellos nos vendrán por sí mismos. ¿Imaginais lo que sufriría una madre al pensar en la adolescencia de su hijo al acabar de traerlo al mundo? ¿No se podría pensar que ese prematuro presagio de desgracias es absurdo? Es justificable el hecho de que muchos adolescentes de carácter débil se sonrojen ante quienes les atraen físicamente, pero, los adultos, no podemos sufrir esa paralización de nuestra capacidad decisiva y expresiva.
-Aceptaremos lo que no podemos cambiar. No he podido evitar sonreír al pensar lo que sería de mi vida si no pudiera aceptar que soy ciego, e intentara disimular que mi visión es perfecta.
-Vamos a conocer nuestros sentimientos. Antes de afrontar y confrontar nuestros problemas, examinaremos los sentimientos que se originan en nuestro corazón con respecto a los mismos, pues, sabiendo que los hechos que nos suceden sólo tienen la importancia que nosotros les atribuimos, podremos ver la luz, sin caer en el pozo del agobio.
-Seremos honestos con nosotros. Podemos engañar a nuestros prójimos, pero no podemos mentirle a Dios, ni, por supuesto, a nosotros.
-Llorar nos conforta paz, serenidad y sosiego. No alberguemos en la cabezota la absurda idea de que los hombres no lloran, porque, los corazones de piedra que no expulsan sus sentimientos buenos y malos como sale el agua de las esponjas, se convierten en monumentos construidos para homenajear la absurda cerrazón y el estéril aislamiento.
-No permitiremos que la culpabilidad nos atormente jamás. Si nos hemos equivocado procuraremos corregir nuestros errores según las posibilidades que tengamos para ello, pero, la culpabilidad, más que un instrumento de tortura inútil, es un sentimiento que, bien utilizado, nos permite desandar caminos tortuosos, construir lo que destruimos en el pasado, y corregir nuestra vida desordenada.
-Se nos permite lamentarnos un poquito, pero no debemos exagerar nuestros problemas. Si exageramos nuestras preocupaciones nos aislaremos, procurando el efecto contrario a nuestra absurda pretensión de convertirnos en unos crucificados mentales de los que sus prójimos rehuyen porque saben que sus cruces no existen.
-Aprenderemos lecciones positivas de los errores que cometimos en el pasado. El pecado no está enraizado en nuestra maldad siempre, así pues, muchos de nuestros fallos han sido originados por nuestro desconocimiento de Dios, nuestros prójimos y nosotros. Al aprender las lecciones positivas de nuestros errores, los olvidaremos, para que no se conviertan en espadas que nos priven de ser felices.
-No somos responsables de todo lo malo que sucede en el mundo. Si Dios consiente que no seamos perfectísimamente perfectos, ¿será porque quiere que seamos santificados para aprender a valorar los bienes que nos está dando según nos va perfeccionando a través de nuestras vivencias buenas y adversas?
-Nuestras decepciones no alterarán nuestros planes.
-Las cosas malas nos suceden a todos, independientemente de que seamos buenos o malos. No quiero que nadie me vuelva a escribir diciéndome: "No sé por qué se me ha muerto mi familiar con lo bueno que era...". Los malos no llevan a cabo todas sus acciones inspirándolas en su maldad, y, por la existencia de ellos, es conveniente que los buenos condimenten la receta de su inocencia con un poco de destreza para ponerle sal a su existencia.
-En nuestra vida tendrá más valor la evolución que la revolución. Imaginad lo que le sucedería a un ateo que, después de pasar toda su vida maldiciendo a Dios, se convirtiera en un fanático defensor de nuestras verdades. Si la conversión del mismo es lenta, sus conocidos le aceptarán, según la medida de su tolerancia y respeto.
-Cuando necesitemos ayuda, la pediremos. En esos momentos se verá si se ha grabado en nuestra mente que es tan importante dar como recibir.
-Cumpliremos nuestras obligaciones puntualmente. Al hacer esto, nuestros conocidos nos estimarán, a menos que no nos aprecien, y sientan animadversión contra nosotros.
-Víctor Hugo escribió: "El futuro tiene muchos nombres. Para los débiles es lo inalcanzable. Para los temerosos, lo desconocido. Para los valientes es la oportunidad".
Oración de los fieles
V. Levantemos, hermanos, nuestra voz suplicante al Señor y, por la poderosa intercesión de la Madre de su Hijo, imploremos la misericordia divina en favor de todos los hombres. Respondemos a cada intención: Escúchanos, Padre.
1. Para que los fieles, a imitación de María, mediten y conserven en su corazón y anuncien con celo lo que han oído del Hijo de Dios, roguemos al Señor.
2. Para que los hombres de todas las razas y pueblos descubran que tienen un único Dios, Padre de todos, y nunca se comporten como enemigos unos de otros, roguemos al Señor.
3. Para que llegue a la presencia del Señor el lamento de los que sufren a causa de las guerras, y pronto puedan experimentar el retorno de la paz a sus hogares y naciones, roguemos al Señor.
4. Para que los que hoy nos hemos reunido para dedicar al Señor las primicias de este año nuevo, vivamos en paz todos sus días y podamos ver con salud y alegría su fin, roguemos al Señor.
5. Añadir nuevas intenciones.
V. Tu trono, Dios nuestro, permanece para siempre y tus años no se acaban; escucha, pues, nuestras súplicas y bendice el año que hoy comenzamos: que nuestro trabajo cotidiano nos dé el pan de cada día, y nuestras almas encuentren también el alimento necesario para avanzar en el camino del bien y en la contemplación fiel de tu palabra. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Liturgia eucarística
Oración sobre las ofrendas
Señor, tú que eres el origen de todos los bienes y quien los lleva a su pleno desarrollo, concede a quienes celebramos en la Virgen María, Madre de Dios, las primicias de nuestra redención, alcanzar la plenitud de sus frutos. Por Jesucristo, nuestro Señor
Prefacio
V. El Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.
V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.
V. En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno. Y alabar, bendecir y proclamar tu gloria en la Maternidad de Santa María, siempre virgen: al venerar a Santa María, siempre virgen, porque ella concibió a tu único Hijo por obra del Espíritu Santo y sin perder la gloria de su virginidad, hizo brillar sobre el mundo la luz eterna, Jesucristo nuestro Señor. Por él, los ángeles y los arcángeles y todos los coros celestiales, celebran tu gloria, unidos en común alegría. Permítenos asociarnos a sus voces, cantando humildemente tu alabanza: Santo, Santo, Santo...
Antífona de la Comunión
Jesucristo es el mismo ayer, hoy y y por todos los siglos (Heb. 13, 8).
Oración después de la Comunión
Señor, que estos Sacramentos celestiales que hemos recibido con alegría, sean fuente de vida eterna para nosotros, que nos gloriamos de proclamar a la siempre Virgen María como Madre de tu Hijo y Madre de la Iglesia. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Bendición solemne del primer día del año
V. Que Dios, fuente y origen de toda bendición, os conceda su gracia, os bendiga copiosamente y os guarde, sanos y salvos, durante todo este año.
R. Amén.
V. Que os conserve íntegros en la fe, inconmobibles en la esperanza y perseverantes hasta el fin, con santa paciencia, en la caridad.
R. Amén.
V. Que disponga en su paz vuestros días y ocupaciones, escuche siempre vuestra oración y os lleve felizmente a la vida eterna.
R. Amén.
V. Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros.
R. Amén.
V. Podéis ir en paz.
R. Demos gracias a Dios.
Exhortación de despedida
Después de recibir a Jesús en la Eucaristía en la celebración de la fiesta de Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra, salgamos del templo con la intención de cumplir todos los propósitos que nos hemos propuesto alcanzar este año, y durante todos los días de nuestra vida.
Padre nuestro, escucha nuestra oración
Oremos para preparar la celebración de la entrada del año 2005
Señor, Dios dueño del tiempo y de la eternidad, tuyo es el hoy y el mañana, el pasado y el futuro. Al terminar este año quiero darte gracias por todo aquello que recibí de ti, gracias por la vida y el amor, por las flores, el aire y el sol, por la alegría y el dolor, por cuanto fue posible y por lo que no pudo ser. Te ofrezco cuanto hice este año, el trabajo que pude realizar y las cosas que pasaron por mis manos y lo que con ellas pude construir. Te presento a las personas que a lo largo de estos meses amé, las amistades nuevas y los antiguos amores, los más cercanos a mí y los que están más lejos, los que me dieron su mano y aquellos a los que pude ayudar, con los que compartí la vida, el trabajo, el dolor y la alegría pero también, Señor hoy quiero pedirte perdón, perdón por el tiempo perdido, por el dinero mal gastado, por la palabra inútil y el amor desperdiciado. Perdón por las obras vacías y por el trabajo mal hecho, y perdón por vivir sin entusiasmo. También por la
oración que poco a poco fui aplazando y que hasta ahora vengo a presentarte. Por todos mis olvidos, descuidos y silencios nuevamente te pido perdón. Pronto iniciaremos un nuevo año y detengo mi vida ante el nuevo calendario aún sin estrenar y te presento estos días sólo tú sabes si llegaré a vivirlos. Hoy te pido para mí y los míos la paz y la alegría, la fuerza y la prudencia, la claridad y la sabiduría. Quiero vivir cada día con optimismo y bondad llevando a todas partes un corazón lleno de comprensión y paz. Cierra tú mis oídos a toda falsedad y mis labios a palabras mentirosas, egoístas, mordaces o hirientes. Abre en cambio mi ser a todo lo que es bueno, que mi espíritu se llene sólo de bendiciones, y las derrame a mi paso. Cólmame de bondad y de alegría para que cuantos conviven conmigo o se acerquen a mí encuentren en mi vida un poquito de ti. Danos un año feliz y enséñanos a repartir felicidad Amén.
(Oración anónima enviada por una lectora también anónima, cuya vida está llegando a su fin y principio de eternidad. ¡Oremos por quienes atraviesan esa situación¡).
¡Feliz año 2005¡.
Creado por trigodedios | 0 comentarios | 17/04/07 23:40
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