TRIGO DE DIOS
Salido de las aguas. I parte en TRIGO DE DIOS
Salido de las aguas. I parte
Nacimiento, vocación y huida de Moisés de Egipto a Madiam
Salido de las aguas (I parte)
Hubo un tiempo en que los descendientes del último de los tres grandes Patriarcas de Israel se multiplicaron tanto en la tierra de Egipto que Faraón temió que estos invadieran el país obteniendo así el señorío de aquella legendaria tierra. Previendo una situación de desastres inevitables, el Faraón esclavizó a todos los descendientes de Jacob, los cuales trabajaron en la construcción durante 450 años. La fuerza de espíritu del pueblo elegido por Dios para llevar a cabo el designio salvífico del Todopoderoso era grande en el Espíritu Santo, esta fue la causa por la cual los israelitas, ni en las peores condiciones en que podían sobrevivir, dejaban de ser un pueblo numeroso y temido por sus dueños.
Hubo un tiempo en que la máxima autoridad de la tierra hubo de tomar medidas para evitar el excesivo aumento de la población hebrea, fue esta la causa por la cual le ordenó a la partera hebrea que asesinara a todos los judíos varones que nacieran entre los descendientes de Jacob. Aquella mujer anciana, confiando en la gracia de Dios, y arriesgándolo todo para complacer a su Creador, desobedeció a la máxima autoridad egipcia. Cuando Faraón llamó a la anciana hebrea para preguntarle por qué no obedecía su orden, esta habló bajo la inspiración del Paráclito en estos términos: "Las mujeres hebreas son muy saludables, así pues, cuando yo llego a sus casas, me encuentro con que ya han dado a luz" La partera no hablaba inducida por su miedo, Faraón hubo de creer a aquella que hablaba mirándolo a los ojos sinceramente sin pestañear ni ladear la mirada una décima de segundo.
Aquel que había sido designado por los dioses para gobernar a la tierra de Egipto seguía con la resolución de evitar a toda costa que la población hebrea fuera aumentando. Fue en aquel tiempo cuando en el barrio hebreo nació un niño el cual fue amamantado por su madre durante 3 meses, pero llegó el día en que esta no pudo tener a su hijo junto a sí, pues corría el grave riesgo de ser descubierta por las autoridades y de ser denunciada ante el capataz, quien no dudaría un instante en escarmentar a la familia.
Aquella mujer, mi madre, me introdujo en un cesto, el cual fue depositado en las aguas del Nilo, cuyas corrientes, bajo la acción de Dios, me arrastraron providencialmente a la presencia de la hermana de Faraón, quien, con el consentimiento de su hermano, me crió como a un hijo suyo, permitiendo que mi madre hebrea fuera mi nodriza. Yo fui educado según las ciencias que los egipcios conocían en aquellos años, me enseñaron un camino a través del cual yo podía convertirme en un semidueño de la tierra de Egipto, pero jamás podría comprender cual es la razón por la cual nos es necesario lanzarnos al vacío de nuestra duda para que la fe en Dios nos colme de bendiciones en el más pleno estado de recepción de la gracia divina por parte de nuestro Dios Yahveh.
Crecí según estaba establecido que creciera el hijo de Faraón, ignorando cual era la forma en que mis hermanos de raza eran explotados inmisericordemente.
Cuando crecí, cuando me convertí en un respetable príncipe de la tierra de Egipto, hubo un día en que tuve la oportunidad de ver cómo uno de los capataces egipcios maltrataba a un esclavo. No existe lójica alguna que pueda explicar la razón por la cual yo, Moisés, príncipe de Egipto, asesiné a ese capataz, compadeciéndome del esclavo malherido a golpes de látigo. Al día siguiente de que yo cometiera aquel crimen, intenté evitar que dos esclavos no riñeran entre sí, pero uno de ellos me dijo: -Príncipe de Egipto, a pesar de que posees buena parte de las riquezas de esta tierra, no eres nadie importante para tomar decisiones interviniendo en las disputas de los miembros de un pueblo al que perteneces y has traicionado convirtiéndote en enemigo de sus habitantes, así pues, de nada te ha servido asesinar al capataz.
La noticia de aquel crimen era evidente, no tardaría mucho en llegar a oídos de aquel a quien llamé padre, el cual no tardaría en perseguirme para arrebatarme la vida.
Al internarme durante 40 días en el desierto, me despojé de todo aquello que poseía, Yahveh empezaba a desnudarme de mi vestimenta mundana para revestirme de su Santo Espíritu. El calor del desierto es agotador, pero el frío nocturno entumece los huesos y produce heridas en la piel. Mi peregrinar por el desierto no se asemejaba en nada a la vida en el palacio de la familia que sacrifiqué por proteger la vida de un esclavo a quien no sé si habrá asesinado otro capataz desconsiderado. Mi madre egipcia me dijo hace varios años que soy un gran príncipe, que lo único que me falta aprender es hacerme respetar sin por ello estimar más vida que la de mis semejantes de palacio y mi propia existencia, muy a pesar de los mandamientos prescritos en el libro de los muertos.
Los días se sucedían, no soportaba las alucinaciones que padecía, la sed me producía asfixia y me faltaban fuerzas para buscar mi destino incierto. Estaba confundido, de hecho, llegué a pensar que debí fingir que no me percataba de la situación que estaba viviendo el esclavo, pero...
¡Al fin vi cierto día un pozo a lo lejos! Unos pastores estaban forzando a tres niñas para que estas les dejaran abrevar sus rebaños, pero ellas también tenían ovejas y el agua podía ser escasa cuando se habían sumido en una disputa.
Tomé cartas en el asunto, pues no me gustaba ver cómo las pobres niñas recibían todos los palos, y, además esta drástica situación me recordaba a aquellos hermanos de mi raza que me dejé en la tierra de Egipto. El padre de las niñas se llama Jetró, es un sacerdote madianita que organizó una fiesta en su pobreza y mayor riqueza para proclamar la grandeza de un acto mío que para mí es insignificante.
Me costó acostumbrarme al estilo de la ruda vida de los pastores, pero entre esta gente existe un halo de sencillez que me resulta fascinante y me hace olvidar otras cosas que en otro tiempo eran fundamentales para mi vida y ahora no son más que vanidades. Sí, me gusta la vida de pastor, por ello me casé con Séfora, la hija mayor de Jetró.
Pasaron varios años, tuve dos hijos, pastoreé los rebaños de mi suegro, ¡fui feliz! El contacto con la naturaleza me ha ayudado a valorar el silencio que faltaba en mi vida para ordenar las ideas sin que el orden de las actuaciones de mi vida estuviese previsto por una autoridad superior al mando de mi voluntad. Hay entre esta gente algo que en un principio me extrañó, cree en un Dios que no tiene nombre, le llaman Saddai, el sólo Santo, dicen que son descendientes de Ismael el árabe, y tienen un monte sacro al cual no subirían ni para adquirir la mayor riqueza del mundo. Esta gente cree en el Dios que carece de nombre, pero hablan de El con miedo. Yo conozco las ciencias egipcias, este Dios no está entre los dioses ejipcios, por eso pensé que debía subir al monte sacro para descubrir esa leyenda legendaria que tanto me llamaba la atención.
Cuando intentaba subir a la cima del monte, la curiosidad me impulsaba a caminar más rápido. Vi una cueva en la cima del monte del Dios sin nombre. ¡Qué templo más pobre para un Dios tan importante y para tan buen profesional en la tarea de infundir miedo!
Decidí entrar en la cueva. Vi una zarza ardiendo. Pensé: ¡Qué raro! ¡La zarza no es consumida por la pequeña llama que la envuelve! ¡Jamás había visto un prodigio tan raro y extraño!
-Moisés, Moisés
Oí una voz que me llamaba. No sabía si la voz que escuchaba provenía de la zarza ardiente, de la parte más profunda de la cueva, del cielo o de cualquier otra parte.
-Moisés, Moisés.
La sensación que sentí era semejante al temor o al miedo.
-¿Quién me llama? Respondí:
-Aquí estoy, Señor.
Mi interlocutor era el Dios en quien creen mis hermanos de raza y los madianitas. Me dijo que tenía presente el clamor de aquellos que eran maltratados injustamente en la tierra de Egipto, y que me había designado a mí para que yo fuera su intermediario ante Faraón para avolir la esclavitud en el país en que viví bajo el amparo del señor del día de la noche y de mi amada madre Lidia. Yo no he intervenido nunca en los asuntos competentes a aquel a quien he llamado padre durante todos los años de mi vida, lo único que he hecho siempre es adquirir formación y participar en los actos más trascendentales de la corte faraónica, por eso me sentía impotente para contradecir a la más alta autoridad del país.
-¿Qué le diré a Faraón para que me crea? ¿Cómo podrán creer los hebreos que soy el enviado de Dios?
Ante mis preguntas, el Dios de los descendientes de los grandes Patriarcas de Israel me entregó un cetro, me ordenó que lo dejara caer al suelo, y al instante el símbolo de la autoridad se transformó en serpiente, este prodigio se asemeja mucho al poder que en Egipto se les atribuye a los sacerdotes. El Dios desconocido para los ejipcios me ordenó que cogiera la serpiente por la cola, para que esta volviera a ser un cetro. Dios me dijo que utilizara esta señal ante el Rey de Egipto para convencerlo de su poder, a pesar de que el Faraón no creería esta señal del Dios a quien adoran los hebreos aun en los días de la desesperanza. Con respecto a los hebreos, Dios me dijo que les dijera que El es el Creador de Abraham, Isaac y Jacob.
Las respuestas de Dios no aclararon mis dudas, pues yo no había experimentado el poder de este extraño Ser mitológico para poder actuar en su nombre. El Señor me ordenó que introdujera mi mano en mi pecho, y, con sorpresa, vi mi mano diestra cubierta de lepra. Se me cortó la respiración al contemplar cómo se me desprendía la carne de la mano. Nunca he sentido tanto miedo e impotencia en mi vida como me sucedió en aquella ocasión. Dios me dijo que volviera a meter la mano en mi pecho por dentro de mis ropas, y, de esta forma, quedé restablecido de la mortal enfermedad.
Tras contemplar y vivir aquel milagro, sólo sé que me seguía sintiendo incompetente para llevar a cabo la misión que Dios me había encomendado. Soy tímido, nunca he intervenido en asuntos de política y, para colmo, hasta soy tartamudo. Dios me dijo que mi hermano Aarón hablaría por mí, que no tuviera miedo porque El estaría conmigo. Intenté convencer a Dios para que designara a otro profeta más diestro que yo para llevar a cabo su propósito, pero Dios gritó con una profunda convicción:
-¿Quién creó el cielo y la tierra? ¿Quién sostiene el universo? ¿Quién hizo a los cojos, mancos y ciegos? ¿Quién es el Señor de la vida?
No tenía escapatoria, tenía que aceptar la voluntad de Dios. Me sentí capacitado para hacer lo que Dios quería que yo hiciera.
Con el símbolo del poder divino en la mano, salí de la cueva. Sentí que la brisa me acariciaba como nunca lo había hecho. Descendí lentamente del monte con el corazón henchido de felicidad. Los míos, esos que tanto me aman, se mostraban preocupados por mi tardanza, y me hicieron constatar que había perdido la noción del tiempo al encontrarme con el Dios de los hebreos.
Me reuní con Séfora, mis hijos y Jetró, les narré mi experiencia, y ellos intentaron creerme, pero se entristecieron enormemente al saber que tenía que volver al país en que podía ser condenado a morir. Yo maté a un capataz egipcio para evitar la muerte de un esclavo hebreo, pero en aquel tiempo tenía un plan de vida excelente, tenía mujer e hijos... Tenía que llevar a cabo el cumplimiento de la voluntad del Dios que me había llamado a servirle en mis hermanos de raza.
(Continuará)
Creado por trigodedios | 0 comentarios | 05/01/07 22:50
Comentarios
Más en Mundo Ocio
Servicios Recomendados
¡Atención, jugadores! Los juegos online de Geomundos se actualizan constantemente, y también te los puedes descargar a tu PC para jugar offline.
¿Conoces el chat con perfiles?
Ahora puedes ver la cara de con quién hablas, agregarlos a tu agenda y enviarles mensajes incluso cuando no están conectados.
¿Conoces los puntos Geomundos? Gana puntos por jugar, hacer encuestas, registrarte, comprar online... ¡Y canjéalos por cualquiera de los más de 100 regalos disponibles!
¿Tienes algo que contar? Publica tus textos, fotos, enlaces… Es fácil y divertido. ¡Disfruta viendo subir tu contador de visitas!
¿Qué pasa en el mundo ahora mismo? Consulta los titulares de los principales medios de comunicación de un vistazo.
¡Consíguelo gratis!
Juegos gratis en tu móvilDescárgate ahora, totalmente gratis, los mejores juegos para tu teléfono...
Gana regalos por jugar, hacer encuestas, registrarte en portales y con tus compras online...
