TRIGO DE DIOS
Pentecostés, ciclo c. en TRIGO DE DIOS
Pentecostés, ciclo c.
Comentario de JN. 13, 14, 15 y 16.
Padre nuestro.
Domingo, 27-05-2007, Solemnidad de Pentecostés, ciclo c.
Edición número 103.
En esta edición de Padre nuestro, encontraréis los siguientes contenidos:
-Celebremos la Eucaristía. Lecturas eucarísticas, oraciones, homilía dominical y lectura después de la Comunión.
Celebremos la Eucaristía.
Canto de entrada:
ENVÍANOS PADRE
Envíanos, Padre, tu Espíritu Santo,
que nos prometiera tu Hijo el Señor.
1- Que venga a tu Iglesia con sus siete dones
y nos dé el coraje de vivir tu amor.
2- Que nos de su Ciencia, su Sabiduría,
el Entendimiento y el don de oración.
3- Nos traiga el Consejo, la Piedad de hijos,
nos de Fortaleza y el Temor de Dios.
4- Sus lenguas de fuego, repártelas, Padre,
y danos a todos la paz y el amor.
5- Tu Espíritu Santo nos llene de gozo
y sea en nosotros Palabra de Dios.
(Desconozco el autor de esta canción).
Antífona de entrada
El amor de Dios ha sido infundido en nuestros corazones por el Espíritu Santo, que habita en nosotros. Aleluya (ROM. 5, 5; 8, 11).
Saludo del sacerdote:
Que el Espíritu de Jesús resucitado descienda abundantemente sobre nosotros y sobre todo el mundo, y que sus dones nos renueven y estén siempre con ustedes.
R. Y con tu espíritu.
Monición de entrada:
Hoy conmemoramos nuestra recepción del Espíritu Santo. La mejor manera que tenemos de concluir el triunfo de nuestro Señor Jesucristo sobre la miseria humana, consiste en pedirle a nuestro Padre común que nos convierta en criaturas nuevas, en hijos suyos que, por la inspiración del Paráclito o defensor, trabajan y anhelan en su corazón, el deseo de vivir en el Reino de la paz y la justicia.
Acto penitencial:
En el día en que celebramos la victoria de Cristo sobre el pecado y sobre la muerte, reconozcamos que estamos necesitados de la misericordia del Padre para morir al pecado y resucitar a la vida nueva.
Todos. Yo confieso ante dios todopoderoso y ante ustedes, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión. Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa. Por eso ruego a Santa María, siempre Virgen, a los ángeles, a los santos y a ustedes, hermanos, que intercedan por mí ante Dios, nuestro Señor.
V. Tú que resucitaste por obra del Espíritu Santo: Señor, ten piedad.
R. Señor, ten piedad.
V. Tú que nos enviaste el Espíritu vivificador: Cristo, ten piedad.
R. Cristo, ten piedad.
V. Tú que nos devolverás la vida gracias al Espíritu: Señor, ten piedad.
R. Señor, ten piedad.
V. Dios misericordioso tenga piedad de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
En este Domingo de Pascua, entonemos o recitemos el Gloria, porque sabemos que nuestro Padre común nos perdonará nuestras transgresiones en el cumplimiento de su Ley, y que él escuchará las peticiones que, individual y colectivamente, elevaremos al cielo.
Oración colecta
Dios nuestro que por el misterio de Pentecostés santificas a tu Iglesia extendida por todas las naciones, concede al mundo entero los dones del Espíritu Santo y continúa realizando entre los fieles la unidad y el amor de la primitiva Iglesia. Por nuestro Señor Jesucristo tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
R. Amén.
Liturgia de la Palabra:
Lecturas eucarísticas precedidas de sus moniciones correspondientes:
Monición de la primera lectura:
Los Apóstoles de nuestro señor, a partir del momento en que nuestro Salvador fue puesto por Judas a disposición de sus enemigos durante la noche del Jueves Santo, se sentían incapacitados para defender la fe, pero, cuando recibieron el Espíritu Santo, dejaron que el Paráclito cambiara su vida completamente. Si somos conscientes de que recibimos el Espíritu Santo cuando fuimos bautizados, imitemos la actitud de los seguidores más fieles de nuestro Señor, pues ellos defendieron su fe asumiendo todas las consecuencias que ello significó para ellos, una vez supieron y creyeron que Cristo había resucitado de entre los muertos, y no los había desamparado, a pesar de que El había sido ascendido al cielo.
Primera lectura:
Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar.
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 2, 1-11.
Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar. De repente, un ruido del cielo, como de un viento recio, resonó en toda la casa donde se encontraban. Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se repartían, posándose encima de cada uno. Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en lenguas extranjeras, cada uno en la lengua que el Espíritu le sugería.
Se encontraban entonces en Jerusalén judíos devotos de todas las naciones de la tierra. Al oír el ruido, acudieron en masa y quedaron desconcertados, porque cada uno los oía hablar en su propio idioma. Enormemente sorprendidos, preguntaban:
-No son galileos todos esos que están hablando? Entonces, cómo es que cada uno los oímos hablar en nuestra lengua nativa?
Entre nosotros hay partos, medos y elamitas, otros vivimos en Mesopotamia, Judea, Capadocia, en el Ponto y en Asia, en Frigia o en Panfilia, en Egipto o en la zona de Libia que limita con Cirene; algunos somos forasteros de Roma, otros judíos o prosélitos; también hay cretenses y árabes; y cada uno los oímos hablar de las maravillas de Dios en nuestra propia lengua
Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.
Monición del Salmo responsorial:
Glorifiquemos al Señor, pues sus obras son dignas de admiración.
Salmo responsorial:
R. Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.
O bien:
R. Aleluya.
SAL. 103, 1ab. 24ac. 29b-31. 34.
Bendice, alma mía, al Señor:
Dios mío, qué grande eres!
Cuántas Son tus obras, Señor;
la tierra está llena de tus criaturas. R.
Les retiras el aliento,
y expiran y vuelven a ser polvo;
envías tu aliento, y los creas,
y repueblas la faz de la tierra. R.
Gloria a Dios para siempre,
goce el Señor con sus obras.
Que le sea agradable mi poema,
y yo me alegraré con el Señor. R.
Monición de la segunda lectura:
Vivamos unidos a Cristo por medio del Espíritu Santo que nos ayuda a vivir como hermanos para gloria de Dios.
Segunda lectura:
Hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo.
Lectura de la primera Carta del Apóstol San pablo a los Corintios, 12, 3b-7. 12-13.
Hermanos:
Nadie puede decir: Jesús es Señor, si no es bajo la acción del Espíritu Santo.
Hay diversidad de dones, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de ministerios, pero un mismo Señor; y hay diversidad de funciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos. En cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común.
Porque, lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo.
Todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu.
Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.
Secuencia:
Ven, Espíritu divino,
manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre;
don, en tus dones espléndido;
luz que penetra las almas;
fuente del mayor consuelo.
Ven, dulce huésped del alma,
descanso de nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo,
brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lágrimas
y reconforta en los duelos.
Entra hasta el fondo del alma,
divina luz, y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre,
si tú le faltas por dentro;
mira el poder del pecado,
cuando no envías tu aliento.
Riega la tierra en sequía,
sana el corazón enfermo,
lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo,
doma el espíritu indómito,
guía al que tuerce el sendero.
Reparte tus siete dones,
según la fe de tus siervos;
por tu bondad y tu gracia,
dale al esfuerzo su mérito;
salva al que busca salvarse
y danos tu gozo eterno.
Aleluya, Aleluya: ven, Espíritu Santo, y llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos la llama de tu amor. Aleluya.
Monición del Evangelio:
Jesús nos envía el Espíritu Santo para que vivamos como fieles hijos de Dios.
Evangelio:
Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo. Recibid el Espíritu Santo.
Lectura del Santo Evangelio según San Juan, 20, 19-23.
R. Gloria a ti, Señor.
Al anochecer de aquel día, el día primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: "Paz a vosotros".
Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor.
Jesús repitió:
Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo. Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo:
Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.
Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.
Homilía:
Comentario de los capítulos 13, 14, 15, y 16 del Evangelio de San Juan.
Estimados hermanos y amigos:
Al celebrar nuestra recepción del Espíritu Santo, es conveniente que meditemos los capítulos del Evangelio de San Juan en que nuestro Señor adoctrinó a sus más fieles seguidores para que evangelizaran al mundo al mismo tiempo que se esforzaban por mantener su fe, ya que tenían que hacerles frente a grandes persecuciones.
1. Jesús lava los pies de sus discípulos.
"Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que su hora había llegado para que pasase de este mundo al Padre, como había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin" (JN. 13, 1). Escasas horas antes de que nuestro Señor iniciara la vivencia de su Pasión, el Hijo de María quiso reunirse por última vez con sus amigos íntimos, con el fin de despedirse de ellos, y con la intención de seguir preparándolos para que ellos iniciaran su labor de evangelizadores tanto de judíos como de paganos, una vez recibieran el Espíritu Santo en Pentecostés, es decir, cincuenta días después de que aconteciera su Resurrección. Jesús sabía perfectamente que lo primero que tenía que hacer para formar convenientemente a sus Apóstoles en el conocimiento de la verdad y en la vivencia del amor de Dios para con sus hijos, era enseñarles a servirse entre sí y a servir a sus prójimos los hombres, independientemente de que los mismos fueran judíos o paganos.
"Y cuando cenaban, como el diablo ya había puesto en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, que le entregase, sabiendo Jesús que el Padre le había dado todas las cosas en las manos, y que había salido de Dios, y a Dios iba, se levantó de la cena, y se quitó su manto, y tomando una toalla, se la ciñó" (JN. 13, 2-4). San Juan justifica la traición de Judas diciendo que el diablo había entrado en su corazón para manipular su voluntad. Con respecto a la citada traición existen dos hipótesis, así pues, mientras que hay quienes creen que el citado Apóstol de nuestro Señor era zelote o sicario y que accedió a vender a Jesús como si nuestro Señor fuera un esclavo con el fin de presionar a Jesús para que se defendiera utilizando su poder a tal efecto sin dejarse asesinar ya que El nunca predicó a favor del ejercicio de la violencia, también hay quienes creen que el hijo de Simón Iscariote era allegado a los fariseos, lo cuál lo obligó a traicionar al Mesías, ya que la doctrina del Hijo del carpintero nazaretano no era compatible con la ideología de quienes mantuvieron la fe de los judíos a partir de el incendio de Jerusalén acaecido en el año setenta, en el que los zelotes que estaban dentro de la ciudad murieron, con tal de no ver impasibles las injusticias de que eran víctimas los más humildes de sus hermanos de raza.
El cuarto Evangelista, antes de narrarnos el lavatorio de los pies, nos recuerda que Dios puso todas las cosas en las manos de nuestro Señor, indicándonos que Jesús no fue asesinado contra su voluntad, pues el Mesías dijo en cierta ocasión: "El Padre me ama porque yo entrego mi vida, aunque la recuperaré de nuevo. Nadie tiene poder para quitármela; soy yo quien libremente la doy. Tengo poder para darla y para volver a recuperarla; y ésta es la misión que debo cumplir por encargo de mi Padre" (JN. 10, 17-18).
"Luego puso agua en un lebrillo, y comenzó a lavar los pies de los discípulos, y a enjugarlos con la toalla con que estaba ceñido. Entonces vino a Simón Pedro; y Pedro le dijo: Señor, ¿tú me lavas los pies? Respondió Jesús y le dijo: Lo que yo hago, tú no lo comprendes ahora; mas lo entenderás después. Pedro le dijo: No me lavarás los pies jamás. Jesús le respondió: Si no te lavare, no tendrás parte conmigo. Le dijo Simón Pedro: Señor, no sólo mis pies, sino también las manos y la cabeza" (JN. 13, 5-9). San Pedro no quería que Jesús le lavara los pies tal como los esclavos hacían con sus amos en aquel tiempo, dado que él se consideraba demasiado pecador como para dejarse servir por el Hijo de Dios. San Pedro no había aprendido aún en aquel tiempo que nosotros no podemos salvarnos por nuestro poder, pues para ello no sólo nos es necesario aceptar que Jesús murió por causa de nuestra salvación, sino que también nos es necesario ser alimentados con el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de nuestro Señor. Hace varios años conocí a un padre de familia que había tenido problemas muy serios en el pasado ya que no evitó sucumbir bajo cierto vicio, que, en vez de superar sus errores, lo único que hacía era meditar sobre sus imperfecciones diciendo de sí mismo que era un pecador. Si aquel hombre se hubiera dejado redimir por Jesús y le hubiera pedido al Espíritu Santo que le inspirara palabras y obras de amor y se hubiera atrevido a darse la oportunidad de empezar a vivir de nuevo, se hubiera evitado el sufrimiento estéril de meditar con respecto a los errores que cometió en el pasado de una forma obsesiva y carente de utilidad, dado que lo único que conseguía era sufrir por sufrir. A este respecto, os copio una parábola que recibo por e-mail muchas veces desde diferentes listas de correo, dado que la misma tiene un significado que no debemos olvidar.
Amarrado desde niño
Un día un niño vio como un elefante del circo, después de la función, era amarrado con una cadena a una pequeña estaca clavada en el suelo. Se asombró de que tan corpulento animal no fuera capaz de liberarse de aquella pequeña estaca, y que de hecho no hiciera el mas mínimo esfuerzo por conseguirlo. Decidió preguntarle al hombre del circo, que le respondió: "Es muy sencillo, desde pequeño ha estado amarrado a una estaca como esa, y como entonces no era capaz de liberarse, ahora no sabe que esa estaca es muy poca cosa para él. Lo único que recuerda es que no podía escaparse y por eso ni siquiera lo intenta".
No podemos vivir siempre considerando los errores que cometimos en el pasado, pues ello nos hace infelices y nos obliga a perder el tiempo de que disponemos para superarnos. Cuando yo tenía cinco años algunos niños de mi pueblo me decían cegato (soy ciego), y yo lloraba, no porque no podía ver, sino porque me sentía despreciado por ellos. A partir de aquella anécdota, no tardé muchos años en aprender que la ceguera sólo es una enfermedad incómoda, lo cuál me hizo diferenciar el desprecio de aquellos niños del significado de mi enfermedad.
"Jesús le dijo: El que está lavado, no necesita sino lavarse los pies, pues está todo limpio; y vosotros limpios estáis, aunque no todos. Porque sabía quién le iba a entregar; por eso dijo: No estáis limpios todos. Así que, después que les hubo lavado los pies, tomó su manto, volvió a la mesa, y les dijo: ¿Sabéis lo que os he hecho? Vosotros me llamáis Maestro, y Señor; y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros. Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis" (JN. 13, 10-15). "Porque, ¿cuál es mayor, el que se sienta a la mesa, o el que sirve? ¿No es el que se sienta a la mesa? Mas yo (que soy más importante que vosotros porque soy el Unigénito de Dios( estoy entre vosotros como el que sirve" (LC. 22, 27). Jesús le dijo a San Pedro que el que está purificado de sus pecados sólo necesita tener el cuerpo limpio y vivir entre sus prójimos cumpliendo los Mandamientos. Los cristianos hemos sido llamados a desear la pureza del Dios Uno y Trino.
"DE cierto, de cierto os digo: El siervo no es mayor que su señor, ni el enviado es mayor que el que le envió" (JN. 13, 16. CF. MT. 10, 24). "El discípulo no es superior a su maestro; mas todo el que fuere perfeccionado, será como su maestro" (LC. 6, 40). "Acordaos de la palabra que yo os he dicho: El siervo no es mayor que su señor. Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán; si han guardado mi palabra, también guardarán la vuestra" (JN. 15, 20).
"Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis si las hiciereis. No hablo de todos vosotros; yo sé a quienes he elegido; mas para que se cumpla la Escritura: El que come pan conmigo, levantó contra mí su calcañal (SAL. 41, 9), desde ahora os lo digo antes que suceda, para que cuando suceda, creáis que yo soy (Yahveh). De cierto, de cierto os digo: El que recibe al que yo enviare, me recibe a mí; y el que me recibe a mí, recibe al que me envió (al Padre)" (JN. 13, 17-20). "El que a vosotros recibe, a mí me recibe; y el que me recibe a mí, recibe al que me envió" (MT. 10, 40). "El que reciba en mi nombre a un niño (un creyente humilde), me recibe a mí; y el que me recibe a mí, no me recibe a mí sino al que me envió" (MC. 9, 37). "Cualquiera que reciba a este niño en mi nombre, a mí me recibe; y cualquiera que me recibe a mí, recibe al que me envió; porque el que es más pequeño entre todos vosotros, ése es el más grande" (LC. 9, 48). "El que a vosotros oye, a mí me oye; y el que a vosotros desecha, a mí me desecha; y el que me desecha a mí, desecha al que me envió" (LC. 10, 16). Nosotros no somos más importantes que nuestro Maestro, así pues, si Jesús padeció a causa de la predicación del Evangelio, sus discípulos correremos la misma suerte que El corrió, así pues, no nos hace falta ser crucificados para constatar nuestro padecimiento del rechazo del Evangelio que constatamos en nuestro entorno familiar y social. Obviamente nuestro Señor sabe que todos no estamos capacitados para servir a nuestro Padre común en nuestros prójimos porque somos imperfectos, pero San Marcos escribió en su relato de la vocación de los Apóstoles: "Después subió al monte, y llamó así a los que él quiso; y vinieron a él" (MC. 3, 13). Jesús no nos ha elegido porque somos tan perfectos como lo es nuestro Padre común para evitar el hecho de cometer errores, sino porque El ha querido darnos la oportunidad de conocer a Dios y de aceptarlo en nuestros corazones.
2. Jesús anuncia la traición de Judas.
"Habiendo dicho Jesús esto, se conmovió en espíritu, y declaró y dijo: DE cierto, de cierto os digo, que uno de vosotros me va a entregar. Entonces los discípulos se miraban unos a otros, dudando de quién hablaba" (JN. 13, 21-22). Los Apóstoles se quedaron atónitos ante la claridad con que Jesús les habló anunciándoles su Pasión y muerte, y, en vez de buscar en sí mismos la causa del malestar que afligía al Hijo de María, prefirieron escrutar a sus compañeros, pues todos -exceptuando a Judas-, estaban muy seguros de que ellos no iban a traicionar al Hijo del carpintero descendiente de David. Al recordar el relato del pecado de origen, constatamos que Adán culpó a Eva por haberlo inducido a desobedecer la orden de Dios de no comer del fruto prohibido, al mismo tiempo que Eva culpó a la serpiente de haberla convencido de que contradijera a nuestro Criador. Aunque nosotros somos los únicos responsables de nuestros actos, mientras que no reconozcamos que somos imperfectos y insistamos en cargar el peso del mal del mundo sobre nuestros prójimos los hombres y no vivamos como pecadores humildes que reconocen su mal y desean sentirse perdonados por nuestro Padre común, no podremos vivir en paz con nosotros, ni con nuestros prójimos, ni con el que conoce el interior de nuestro corazón.
"Y uno de sus discípulos, al cual Jesús amaba, estaba recostado al lado de Jesús. A éste, hizo señas Simón Pedro, para que preguntase quién era aquel de quien hablaba. El entonces, recostado cerca del pecho de Jesús, le dijo: Señor, ¿quién es? Respondió Jesús: A quien yo diere el pan mojado, aquél es. Y mojando el pan, lo dio a Judas Iscariote hijo de Simón. Y después del bocado, Satanás entró en él. Entonces Jesús le dijo: Lo que vas a hacer, hazlo más pronto. Pero ninguno de los que estaban a la mesa entendió por qué le dijo esto. Porque algunos pensaban, puesto que Judas tenía la bolsa, que Jesús le decía: Compra lo que necesitamos para la fiesta; o que diese algo a los pobres. Cuando él, pues, hubo tomado el bocado, luego salió; y era ya de noche" (JN. 13, 23-30). Aunque Pedro deseaba saber cuál de sus compañeros iba a traicionar a nuestro Señor, nuestro Señor debió sufrir mucho al tener que decirle al menor de sus seguidores cuál de sus compañeros iba a venderlo al precio que se vendían los esclavos, así pues, nuestro señor buscó la forma más delicada de darles a conocer a sus compañeros las intenciones de Judas, a pesar de que ellos no comprendieron lo que su compañero deseaba hacer con el Hijo de María. Ojalá confiáramos nosotros tanto en nuestro Señor como lo hizo San Juan hasta el punto de recostar la cabeza en el pecho del Hijo de María cuando la aflicción le hizo sufrir inmensamente.
3. El nuevo mandamiento.
"Entonces, cuando hubo salido, dijo Jesús: Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, Dios también le glorificará en sí mismo, y en seguida le glorificará. Hijitos, aún estaré con vosotros un poco. Me buscaréis; pero como dije a los judíos, así os digo ahora a vosotros: A donde yo voy, vosotros no podéis ir" (JN. 13, 31-33). "Entonces Jesús dijo: Todavía un poco de tiempo estaré con vosotros, e iré al que me envió. Me buscaréis, y no me hallaréis; y a donde yo estaré, vosotros no podréis venir. Entonces los judíos dijeron entre sí: ¿Adónde se irá éste, que no le hallemos? ¿SE irá a los dispersos entre los griegos, y enseñará a los griegos? ¿Qué significa esto que dijo: Me buscaréis, y no me hallaréis; y a donde yo estaré, vosotros no podréis venir?" (JN. 7, 33-36). Jesús les anunció a sus Apóstoles que El iba a ser glorificado después de vivir su Pasión, y que Dios sería glorificado por nosotros, en el momento en que aceptáramos el hecho de que El murió para redimirnos porque Dios existe verdaderamente. Jesús les dijo a los judíos que se acercaran a El mientras que durara su permanencia entre ellos, porque llegaría el día en que ellos quisieran escuchar el Evangelio predicado por El, pero ya sería tarde para ver cumplido su deseo, porque la permanencia de nuestro señor entre ellos era limitada. Ojalá no desaprovechemos nosotros las ocasiones en que nuestro señor se nos acerca para que lo acojamos en nuestros corazones, ya que quienes viven en estado de pecado, viven en tinieblas. "Entonces Jesús les dijo: Aún por un poco está la luz entre vosotros; andad entre tanto que tenéis luz, para que no os sorprendan las tinieblas; porque el que anda en tinieblas, no sabe a dónde va. Entre tanto que tenéis la luz, creed en la luz, para que seáis hijos de luz" (JN. 12, 35-36).
"Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros" (JN. 13, 34-35. CF. JN. 15, 12 y 17. 1 JN. 3, 23. 2 JN. 5).
4. Jesús anuncia la negación de Pedro.
"Le dijo Simón Pedro: Señor, ¿a dónde vas? Jesús le respondió: A donde yo voy, no me puedes seguir ahora; mas me seguirás después. Le dijo Pedro: Señor, ¿por qué no te puedo seguir ahora? Mi vida pondré por ti. Jesús le respondió: ¿Tu vida pondrás por mí? De cierto, de cierto te digo: No cantará el gallo, sin que me hallas negado tres veces" (JN. 13, 36-38). Jesús le dijo a Pedro que en aquella ocasión no podía morir por El y que tampoco podría ser ascendido al cielo en el día de Pentecostés, pero que podría seguirlo el día en que murió por el mero hecho de ser cristiano, lo cuál sería para él el acceso al Reino de Dios.
5. Jesús, el camino al Padre.
"No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis. Y sabéis a dónde voy, y sabéis el camino" (JN. 14, 1-4). Jesús les dijo a sus seguidores que no permitieran que la turbación se apoderara de ellos cuando El fuera entregado por Judas a sus enemigos, dado que su muerte no impediría la realización del designio salvífico de Dios, ya que El resucitaría al tercer día de su crucificción. El mensaje que estamos meditando también fue válido para los Apóstoles de nuestro señor el día en que Jesús fue ascendido al cielo, ya que ellos volvieron a quedarse solos por segunda vez, hasta que recibieron el Espíritu Santo el día de Pentecostés. Las palabras que constituyen el inicio del capítulo catorce del cuarto Evangelio fueron válidas para los cristianos que sacrificaron su vida con tal de no renegar de Dios, y también son válidas para quienes vivimos nuestra fe en un mundo en que la creencia en Dios no está de moda, dado que sólo creemos en las realidades cuya existencia podemos demostrar a nivel científico.
Jesús les dijo a sus Apóstoles que confiaran en Dios durante las horas que El fue atribulado y durante las persecuciones que ellos tenían que afrontar, de la misma manera que nos pide a nosotros que también confiemos en Dios y en El, ya que también vivimos situaciones difíciles.
Jesús nos dice que en el Reino de Dios hay moradas para todos los creyentes. Esta realidad ha de avivar nuestra fe, y ha de hacerlo especialmente si se da el caso de que sufrimos por alguna causa.
"Le dijo Tomás: señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber el camino? Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí" (JN. 14, 5-6). Al igual que los enemigos de nuestro Salvador, Tomás no comprendió que Jesús estaba formando a sus Apóstoles espiritualmente para que ellos comprendieran que El sería ascendido al cielo cuarenta días después de que aconteciera su Resurrección, según recordamos el Domingo de la semana anterior. Jesús le dijo a Tomás que El es el camino que nos conduce al Padre, -el Profeta que nos instruye en el conocimiento de Dios y de su Ley-, la verdad que nos hace libres, y la vida eterna que anhelamos.
"Si me conocieseis, también a mi Padre conoceríais. Y desde ahora le conocéis, y le habéis visto" (JN. 14, 7). Jesús le dijo a Tomás y a sus compañeros que si ellos hubieran conocido profundamente la doctrina que El les predicó, no hubieran tenido dificultad alguna en conocer a Dios, ya que el Hijo de María dijo en cierta ocasión: "El Padre y yo somos uno" (JN. 10, 30). Jesús les dijo a sus Apóstoles que ellos conocían a Dios y habían visto a nuestro Padre común, dado que el Padre y el Hijo viven en íntima unión gracias al Espíritu Santo.
"Felipe le dijo: Señor, muéstranos el Padre, y nos basta. Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre (el Padre no es humano, por lo que carece de cuerpo físico); ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre? ¿No crees que yo soy (estoy, vivo) en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras (yo soy su intermediario). Creedme que yo soy en el Padre, y el Padre en mí; de otra manera, (si no podéis creer en mí) creedme por las mismas obras (que he hecho)" (JN. 14, 8:11). Dado que no podemos ver a Dios, Jesús tenía que hacer hincapié en la idea de que El y el Padre junto al Paráclito (Defensor) son un sólo Dios.
"De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre" (JN. 14, 12). Las palabras que estamos meditando son un reto que debe ser aceptado por nosotros, así pues, si estamos incapacitados para hacer milagros porque Dios nos ha creado imperfectos, (significa este hecho que carecemos de fe en nuestro Criador? Esta realidad necesitamos interpretarla correctamente siempre que debemos pedirle a Dios que aumente nuestra fe en El, porque jamás deberemos creer que se ha operado en nosotros la conversión definitiva.
"Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo" (JN. 14, 13). Jesús nos concederá todo lo que le pidamos a Dios en su nombre para que ello nos ayude a creer en la Trinidad beatísima y por ello alabemos a nuestro Santo Padre. Llegados a este punto, es bueno que recordemos que Dios sólo nos concede las dádivas que nos conviene recibir en orden a nuestra salvación cuando llega el tiempo oportuno de que los citados dones no nos alejen de El.
"Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré" (JN. 14, 14).
6. La promesa del Espíritu Santo.
"Si me amáis, guardad mis mandamientos. Y yo rogaré al Padre, y os dará otro consolador (de vuestra aflicción), para que esté con vosotros para siempre (ya que yo no estaré con vosotros físicamente porque seré ascendido al cielo): el Espíritu de (la) verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis (le aceptáis), porque mora con vosotros, y estará en vosotros" (JN. 14, 15-17). Nosotros no podemos ver al Espíritu Santo tal como les sucede a quienes no profesan nuestra fe, pero, a diferencia de ellos, nosotros sentimos su presencia en nuestros corazones, si sentimos que somos felices por ser lo que somos a pesar de que tenemos dificultades que superar, y de que aún no hemos superado nuestra imperfección.
"No os dejaré huérfanos (no os abandonaré); vendré a vosotros. Todavía un poco, y el mundo no me verá más; pero vosotros me veréis (resucitado y en vuestros corazones después de mi Ascensión al cielo); porque yo vivo, vosotros también viviréis (si yo venzo a la muerte, vosotros también viviréis mi triunfo, cuando aceptéis el Evangelio, y resucitéis de la muerte). En aquel día (cuando acontezca la segunda venida de Jesús) vosotros conoceréis (comprobaréis) que yo estoy (vivo espiritualmente) en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros" (JN. 14, 18-20). San Pablo les escribió a los Tesalonicenses: “Hermanos, no queremos que ignoréis la suerte de aquellos que ya han muerto. Así no estaréis tristes, como los que carecen de esperanza. Nosotros creemos que Jesús ha muerto y ha resucitado; pues, igualmente, Dios ha de llevarse consigo a quienes han muerto unidos a Jesús (espiritualmente). Apoyados en la palabra del Señor, os aseguramos que nosotros los que estamos ahora vivos, los que quedamos en la tierra, cuando el Señor venga y se revele no tendremos preferencia sobre los que ya murieron. Porque el Señor mismo bajará del cielo tras la voz de mando, cuando suene el clamor del arcángel y se escuche la trompeta de Dios. Entonces resucitarán los que murieron unidos a Cristo. Después, nosotros, los que aún quedemos vivos, seremos arrebatados, junto con ellos, a las nubes, y saldremos por los aires al encuentro del Señor. De este modo viviremos siempre con el Señor. Alentaos, pues, unos a otros con esta enseñanza" (1 TES. 4, 13-18). San Pablo llegó a creer que el Reino de Dios iba a ser instaurado en su tiempo, así pues, esta es la causa por la que habló de que quienes estaban vivos en aquel tiempo, serían juzgados como quienes habían perdido la vida, cuando aconteciera la Parusía de nuestro Señor.
"El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él" (JN. 14, 21). He de interrumpir nuevamente la copia del texto bíblico para explicarles a quienes puedan leer esta meditación y no sean creyentes que los cristianos creemos que Dios se nos revela, a través de los textos bíblicos, los escritos de los Padres de la Iglesia, la predicación de las almas inspiradas por el Espíritu Santo y las circunstancias que marcan nuestra vida ordinaria.
"Le dijo Judas (No el Iscariote: Señor, ¿cómo es que te manifestarás a nosotros, y no al mundo? Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él. El que no me ama, no guarda mis palabras; y la palabra que habéis oído no es mía, sino del Padre que me envió. Os he dicho estas cosas estando con vosotros" (JN. 14, 23-25). Dios no puede revelársele a quien no está dispuesto a escuchar su Palabra.
"Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho. La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo. Habéis oído que yo os he dicho: Voy, y vengo a vosotros. Si me amarais, os habríais regocijado, porque he dicho que voy al Padre (Jesús quería que sus Apóstoles se gozaran esperando la recepción del Paráclito, dado que la tristeza los consumía a la espera de la muerte de su Rabbi); porque el Padre mayor es que yo (y yo vuelvo a El una vez concluido el cumplimiento de la misión que El me encomendó). Y ahora os lo he dicho antes que suceda, para que cuando suceda, creáis. No hablaré ya mucho con vosotros; porque viene el príncipe de este mundo (tengo que dejarme vencer por el mal), y él nada tiene en mí (de mí). Mas para que el mundo conozca que amo al Padre, y como el Padre me mandó, así hago. Levantaos, vamos de aquí" (JN. 14, 26-31). Jesús nos dice que el espíritu Santo nos enseñará todas las cosas. Para aceptar esta realidad, hemos de recordar nuestra vocación, y los momentos en que hemos tenido la sensación de que Dios se nos ha revelado. Si nunca nos ha sucedido algo maravilloso a lo que no le hemos encontrado una explicación científica, o si no hemos tenido la sensación de que Dios se ha comunicado con nosotros de alguna forma, no podremos aceptar el hecho de que el Espíritu Santo nos recordará las enseñanzas de Jesús, cuando ello nos sea necesario.
La paz que Jesús nos da es diferente de la paz que nos da el mundo, porque no está condicionada, y porque es eterna, al menos que la rechacemos.
7. Jesús, la vid verdadera.
"Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto. Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado. Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer. El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho. En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos. Como el Padre me ha amado, así yo también os he amado; permaneced en mi amor. Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor. Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido. Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos (no es lo mismo morir por un familiar muy querido que por un amigo). Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os las he dado a conocer. No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé. Esto os mando: Que os améis unos a otros" (JN. 15, 1:17). Dado que Jesús se iba a separar de sus Apóstoles, si ellos querían permanecer unidos, habían de vivir en Jesús espiritualmente, y tenían que hacer del amor la principal norma de su vida.
Jesús nos dice que separados de El no podemos crecer espiritualmente. Un ejemplo de que las palabras de nuestro señor que estamos meditando son verdaderas es San Pedro, así pues, cuando el primer Papa de la Iglesia quiso crecer por sus propios medios lo único que consiguió fue traicionar a Jesús, al dejarse arrastrar por su miedo, en vez de dejarse conducir por los impulsos del Espíritu Santo. Cuando Pedro aprendió que no podía crecer espiritualmente si no se dejaba servir por nuestro señor, fue capaz de morir por la predicación del Evangelio.
Jesús no cesa de insistir con respecto al hecho de que nos amemos unos a otros, pues el amor debe ser el vínculo que debe unirnos entre nosotros y a nuestro Criador.
8. El mundo os aborrecerá.
"Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me ha aborrecido antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece" (JN. 15, 18-19). Si quienes nos ven vivir como cristianos no nos comprenden, y algunos de ellos llegan a despreciarnos por causa de la fe que profesamos, ya sea porque creen que la misma es una incoherencia, o porque nos llegan a odiar por causa de nuestra ideología, hemos de recordar que Jesús fue despreciado por lo mismo antes de que ello nos sucediera a nosotros, no por la conocida frase "mal de muchos, consuelo de tontos", sino porque la experiencia de nuestro Maestro a la hora de ser perseguido, tiene que fortalecernos para que no dejemos de evangelizar al mundo con nuestras palabras y obras de caridad.
"Acordaos de la palabra que yo os he dicho: El siervo no es mayor que su señor. Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán; si han guardado mi palabra, también guardarán la vuestra. Mas todo esto os harán por causa de mi nombre, porque no conocen al que me ha enviado. Si yo no hubiera venido, ni les hubiera hablado, no tendrían pecado (el desconocedor de la Palabra de Dios no debe ser acusado como pecador plenamente consciente de su incumplimiento de la Ley); pero ahora no tienen excusa por su pecado. El que me aborrece a mí, también a mi Padre aborrece (con estas palabras, Jesús testificó con respecto a su adhesión a nuestro Padre común). Si yo no hubiese hecho entre ellos obras que ningún otro ha hecho, no tendrían pecado; pero ahora han visto y aborrecido a mí y a mi Padre. Pero esto es para que se cumpla la palabra que está escrita en su ley: Sin causa me aborrecieron (SAL. 35, 19 y 69, 4) (JN. 15, 20-25).
Si Jesús fue perseguido por causa del Evangelio, muchos de nosotros correremos la misma suerte que El corrió, y, si nuestro Señor fue aceptado por quienes creyeron en El y en su mensaje de salvación, nosotros correremos la misma suerte entre quienes crean nuestra ideología.
"Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí. Y vosotros daréis testimonio también, porque habéis estado conmigo desde el principio. Estas cosas os he hablado, para que no tengáis tropiezo (para que no os sorprendan cuando sucedan). Os expulsarán de las sinagogas; y aun viene la hora cuando cualquiera que os mate, pensará que rinde servicio (culto) a Dios. Y harán esto porque no conocen al Padre ni a mí. Mas os he dicho estas cosas, para que cuando llegue la hora, os acordéis de que ya os lo había dicho" (JN. 15, 26-16, 4).
9. La obra del Espíritu Santo.
"Esto no os lo dije al principio, porque yo estaba con vosotros. Pero ahora voy al que me envió; y ninguno de vosotros me pregunta: ¿A dónde vas? Antes, porque os he dicho estas cosas, tristeza ha llenado vuestro corazón. Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros (porque yo haría su trabajo); mas si me fuere, os lo enviaré. Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. De pecado, por cuanto no creen en mí; de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más; y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado. Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar. Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber. Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso dije que tomará de lo mío, y os lo hará saber" (JN. 16, 4-15).
10. La tristeza se convertirá en gozo.
"Todavía un poco, y no me veréis; y de nuevo un poco, y me veréis; porque yo voy al Padre. Entonces se dijeron algunos de sus discípulos unos a otros: ¿qué es esto que nos dice: Todavía un poco y no me veréis; y de nuevo un poco, y me veréis; y, porque yo voy al Padre? decían, pues: ¿Qué quiere decir con: todavía un poco? No entendemos lo que habla. Jesús conoció que querían preguntarle, y les dijo: ¿Preguntáis entre vosotros acerca de esto que dije: todavía un poco y no me veréis, y de nuevo un poco y me veréis? de cierto, de cierto os digo, que vosotros lloraréis y lamentaréis, y el mundo se alegrará; pero aunque vosotros estéis tristes, vuestra tristeza se convertirá en gozo. La mujer cuando da a luz, tiene dolor, porque ha llegado su hora; pero después que ha dado a luz un niño, ya no se acuerda de la angustia, por el gozo de que haya nacido un hombre en el mundo. También vosotros ahora tenéis tristeza; pero os volveré a ver, y se gozará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestro gozo. En aquel día no me preguntaréis nada. De cierto, de cierto os digo, que todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os lo dará. Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido" (JN. 16, 16-24).
11. Yo he vencido al mundo.
"Estas cosas os he hablado en alegorías; la hora viene cuando ya no os hablaré por alegorías, sino que claramente os anunciaré acerca del Padre. En aquel día (cuando Cristo venga nuevamente a nuestro encuentro) pediréis en mi nombre; y no os digo que yo rogaré al Padre por vosotros, pues el Padre mismo os ama, porque vosotros me habéis amado, y habéis creído que yo salí de Dios. Salí del Padre, y he venido al mundo; otra vez dejo el mundo, y voy al Padre. Le dijeron sus discípulos: He aquí ahora hablas claramente, y ninguna alegoría dices. Ahora entendemos que sabes todas las cosas, y no necesitas que nadie te pregunte; por esto creemos que has salido de Dios. Jesús les respondió: ¿Ahora creéis? He aquí la hora viene, y ha venido ya, en que seréis esparcidos cada uno por su lado, y me dejaréis solo; mas no estoy solo, porque el Padre está conmigo. Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo" (JN. 16, 25-33).
Oración de los fieles:
V. En este santísimo día que terminamos las fiestas pascuales, oremos, hermanos y hermanas, al Padre por mediación de su Hijo Jesucristo, que nos envía el Espíritu Santo para confirmar y acrecentar la renovación pascual de su Iglesia:
Respondemos a cada petición: Te rogamos, Señor, óyenos.
V. Por la santa Iglesia de Dios: para que, llena de los dones del Espíritu, sea congregada en la unidad, roguemos al Señor.
V. Por nuestro santo Padre el Papa, nuestros obispos y por todos los sacerdotes: para que les conceda en abundancia el Espíritu de sabiduría y santidad, roguemos al Señor.
V. Por todos los que trabajan por la paz y la concordia entre los pueblos: para que logre reunir a los seres humanos en el amor, roguemos al Señor.
V. Por los que son víctimas de la debilidad humana, de los extravíos de su propio espíritu o de los errores del mundo: para que el Espíritu del Señor los lleve por las sendas del bien y de la verdad, roguemos al Señor.
V. Por el pueblo de Dios aquí reunido, por los fieles de nuestra comunidad y de nuestra diócesis: para que la fuerza del Espíritu nos haga crecer a todos en la fe y en la unidad, roguemos al Señor.
V. Por nuestras comunidades virtuales: para que el Espíritu Santo les conceda sabiduría a los moderadores y participantes de las mismas, para que aumente el número de los que entre nosotros dan la cara por Cristo en todos los campos en que trabajan, y para que aumente el número de hermanos y miembros de las mismas, roguemos al Señor.
V. Añadir nuevas peticiones.
V. Dios todopoderoso y eterno, que has derramado tu Espíritu sobre los seres humanos; escucha las oraciones de tu Iglesia para que, los pueblos dispersos por la división de las lenguas, lleguen finalmente a la unidad en la confesión de tu nombre. Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.
Liturgia eucarística:
Canción del Ofertorio:
SE COMO EL GRANO DE TRIGO
Se como el grano de trigo que cae
en tierra y desaparece
y aunque te duela la muerte de hoy
mira la espiga que crece.
1- Un trigal será mi Iglesia
que guardará mis entregas
fecundadas en la sangre de Aquel
que dio su vida por Ella.
2- Ciudad nueva del amor
donde vivirá el pueblo
que en los brazos de su Dueño nació
sostenida en un madero.
3- Yo mi vida he de entregar
para aumentar la cosecha
que el Sembrador al final buscará
y llegará a ser eterna.
4- Y un día al Padre volveré
a descubrir el secreto
de la pequeña semilla que fiel
cobró su herencia en el cielo.
(Desconozco el autor de esta canción).
Oración sobre las ofrendas
Señor, que el Espíritu Santo nos haga comprender mejor, según la promesa de tu Hijo, el misterio de este sacrificio y toda la profundidad del Evangelio. Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.
Prefacio de Pentecostés:
V. Que el Señor esté con ustedes.
R. Y con tu espíritu.
V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.
V. En verdad es justo y necesario que todas las criaturas, en el cielo y en la tierra, se unan en tu alabanza, Dios todopoderoso y eterno, por Jesucristo, tu Hijo, Señor del universo. El mismo, habiendo entrado una vez para siempre en el santuario del cielo, ahora intercede por nosotros, como mediador que asegura la perpetua efusión del Espíritu. Pastor y obispo de nuestras almas, nos invita a la plegaria unánime, a ejemplo de María y los Apóstoles, en la espera de un nuevo Pentecostés. Por este misterio de santificación y de amor, unidos a los ángeles y a los santos, cantamos sin cesar el himno de tu gloria:
Santo, Santo, Santo...
Antífona de la Comunión
Todos quedaron llenos del Espíritu Santo, y proclamaban las maravillas de Dios. Aleluya (HCH. 2, 4 y 11).
Canto de la Comunión:
HOY TU ESPÍRITU SEÑOR
Hoy tu Espíritu Señor
nos congrega en la unidad,
nos da fuerza para andar
renovados en tu amor.
1- Santo Espíritu de Dios,
de la paz y de la luz,
que nos das a conocer
el misterio de Jesús.
Ven al fin a saciar
nuestra sed de paz.
2- Este mundo en su dolor
clama ardiendo de ansiedad
que tu Espíritu de amor
lo conduzca a la verdad.
Ven al fin a reinar;
cambia al mundo ya.
3- Ni la carga de la cruz
nuestras fuerzas rendirá
la alegría que Tu das
nadie nos la ha de quitar.
Ven al fin a cantar
en mi voz: Amén.
(desconozco el autor de esta canción).
Lectura después de la Comunión:
"¿No saben que sus cuerpos son templos del Espíritu Santo que habita en ustedes y que han recibido de Dios? Por lo tanto, ustedes no se pertenecen, si no
que han sido comprados, ¡Y a que precio! Glorifiquen entonces a Dios en sus cuerpos" (1 Co 6, 19-20).
ESPIRITU SANTO,
Señor de mi alma y de mi cuerpo:
El apóstol Pablo dice a sus discípulos
que nuestros cuerpos son tu templo.
¿Por qué lo dice?
¿No será para que tomemos conciencia
de nuestra dignidad
ante la devaluación que hacemos
de nuestros cuerpos
de nuestra sensibilidad,
de nuestros afectos manifestados?
¿No será para que tomemos conciencia
de que no nos pertenecemos
-como el mismo lo dice,
si no que hemos sido comprados
por el Padre,
al precio de la sangre de tu hijo?
¿No será para que tomemos conciencia
de que, desde nuestro bautismo,
somos tan miembros de Cristo
como una rama lo es del tronco principal?
Tú, Espíritu Santo de Dios,
Estás en lucha permanente
contra "la carne",
tal como el Hijo, luz del mundo,
está en guerra a muerte contra
"el mundo" y "las tinieblas".
Esa "carne" constituye el cono de sombras
Que frena tu mano y le impide
plasmar en nuestras caras
el rostro de Jesús,
único rostro que será reconocido
por el Padre.
Los excesos de la carne son, en realidad,
frenos a tu obra.
Y, además, son atentados
contra nosotros mismos,
pues hemos nacido para la pureza,
para el ojo limpio que nos permite
ver al mundo como bueno
y así ser llamados hijos de Dios.
La sensibilidad es cosa buena
y obra de nuestro padre.
La sensualidad es el abuso
de la sensibilidad
y la quiebra de su real vocación.
Queremos que tú nos animes,
que nos des un alma nueva
de modo que el libertinaje,
la impureza y la fornicación
no estén en nuestro hogar
pues quiere ser tu casa.
Queremos ser como niños
en orden a la malicia,
para que tú nos conviertas
en adultos, según tu sabiduría.
Queremos que así como
el cuerpo y el alma
alaban a Dios en la oración,
también almas y cuerpos
alaben a Dios en la conducta diaria,
de modo que mostrándonos al mundo
reconozca el rostro de Jesús
el forjado por tu acción...
(Tomado del libro: 36 oraciones con el Espíritu Santo. Héctor Muñoz, Editorial San Pablo).
(Oración extraída de:
http://www,iple.ort/pentecostes/orac ion.html - 13, -
).
Oración después de la Comunión
Señor, tú que nos concedes participar de la vida divina por medio de tus sacramentos, conserva en nosotros el don de tu amor y la presencia viva del Espíritu Santo, para que esta comunión nos ayude a obtener nuestra salvación eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.
Bendición solemne de Pentecostés
V. Que Dios, Padre de las luces, que en este día iluminó la mente de los discípulos con la luz del Espíritu Santo, os alegre con su bendición y os llene siempre con los dones de su Espíritu.
R. Amén.
V. Que el mismo fuego divino que de manera admirable descendió sobre los Apóstoles, purifique vuestros corazones de todo pecado y los ilumine con su claridad.
R. Amén.
V. Que el mismo Espíritu que unió todas las lenguas en una sola confesión de fe, os conceda perseverar en ella y llegar, así, a ver plenamente lo que ahora esperáis.
R. Amén.
V. Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros.
R. Amén.
V. Podéis ir en paz. Aleluya, Aleluya.
R. Demos gracias al Señor. Aleluya, Aleluya.
Exhortación de despedida:
Al concluir la última celebración del tiempo de Pascua, dispongámonos a dejar que el Espíritu Santo evangelice al mundo por nuestro medio, y no permitamos que nuestras actividades ordinarias nos alejen de nuestro Señor durante el tiempo ordinario.
Canto final:
OH SEÑOR, ENVÍA TU ESPÍRITU
Oh Señor, envía tu Espíritu
que renueve la faz de la tierra.
1- Oh Señor, que mi alma te bendiga.
Oh Dios tu eres grande
vestido de esplendor y de belleza.
2- Sobre el agua construyes tus moradas,
oh Dios en las alturas
y en las alas del viento tu caminas.
3- Es el viento quien lleva tus mensajes,
oh Dios por los espacios;
y tienes un esclavo en el fuego.
4- Asentaste la tierra firmemente,
oh Dios en sus cimientos,
y no temblará por los siglos.
5- La cubriste del manto del abismo,
oh Dios, y allá en las cumbres
tu voz congregó a las aguas.
6- Les fijaste durísimas fronteras, oh dios, y nunca más podrán
extenderse por la tierra.
7- Y las fuentes, Señor, por ti brotaron,
oh Dios, en las montañas
y en medio de valles se deslizan.
8- Junto a ellas las aves de los cielos, oh Dios, van a morar
y alzan su canto tras las ramas.
9- Con los frutos que vienen de la tierra,
oh Dios, nos alimentas;
Tú haces germinar el pan nuestro.
10- Para darnos el ritmo de los tiempos,
oh Dios, nació la luna,
y el sol conoce su ocaso.
11- Extendiste las sombras por la tierra,
oh Dios, y fue de noche,
la hora de las fieras de la selva.
12- Los leones que rugen tras su presa,
oh Dios, en las tinieblas
reclaman de Ti su alimento.
13- Sale el sol, todos ellos se retiran,
oh Dios, a sus refugios;
y empiezan los hombres sus tareas.
14- Todos ellos esperan de tu amor,
oh Dios, el alimento;
Tú abres las manos y los sacias.
15- Les envías el Soplo de tu boca,
oh Dios, y son creados;
renuevas la faz de la tierra.
16- Gloria a Dios que creó estas maravillas.
Gloria al Señor, cantemos todos
al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
(Desconozco el autor de esta canción).
Creado por trigodedios | 0 comentarios | 25/05/07 23:53
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