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Nueva dinámica. Vamos a Jerusalén en TRIGO DE DIOS

Nueva dinámica. Vamos a Jerusalén

Nueva conversación entre Jesús y el tentador No será el amor de la belleza quien salve al mundo, sino la belleza del amor.
(Esta frase es del autor de Crimen y castigo)

Hermanos, ¡vamos a Jerusalén!

Imaginaos el panorama, los Apóstoles discutían entre sí para averiguar cual de ellos habría de ser el sucesor de Jesús con el propósito de ser aclamados al hacer milagros gracias a los cuales podrían ser admirados por el remanente del pueblo de Dios (Mc. 9, 34). Pedro podía argumentar a su favor la confianza que Jesús había depositado en El para constituirlo en símbolo de la roca sobre la cual en un futuro se edificaría la Iglesia Católica. La madre de Juan y Santiago, le pidió al Mesías que hiciera que sus dos hijos se sentaran junto a El en el Reino, el uno a su izquierda y el otro a su derecha (Mt. 20, 21) Todos los Apóstoles querían, de alguna forma, ser considerados como los más importantes del Colegio Apostólico. ¿Qué nos dicen estos hechos tan singulares y actuales a nosotros? Queremos ser trabajadores destacados en nuestro medio social, nos gusta trabajar más para nosotros que para nuestros superiores, nos sentimos arropados por nuestro prestigio y nuestros bienes materiales, nos gusta que la gente nos alabe nuestros logros, lo que nos hace marcar la diferencia con respecto a los más pobres o ignorantes, e incluso nos gusta hacer sufrir a quienes creemos que nos odian o nos envidian. ¿Cómo podremos disponernos a acompañar a Jesús en su última peregrinación con el corazón lleno de vanos sentimientos?
Vamos a preparar nuestra peregrinación interna meditando un nuevo diálogo entre Jesús y el demonio, que espero nos sirva para prepararnos para meditar mejor los Misterios que conmemoraremos durante la Semana Santa. El diálogo es ficticio.

Comienza el principio del final

Jesús. -Padre, ha pasado mucho tiempo desde que me retiré al desierto para orar durante 40 días con sus respectivas 40 noches. Cuando comencé aquel Ministerio que tú me encomendaste, sentí latir en mi pecho un corazón ardiente lleno de esperanza. Padre mío, Padre Santo, cuando la gente no comprendía aquellas palabras que el Espíritu me inspiraba, cuando algún hombre me insultaba, yo me sentía glorificado, me llenaba de orgullo el hecho de jugarme la vida para cumplir tu voluntad, pero, ahora, Padre mío, cuando comienza el principio del final, en el justo momento en el que empiezo a creer que estos años de predicación no han servido para nada, me obsesiona la posibilidad de morir inútilmente. Padre mío, tú sabes que no me retiene el miedo al dolor de las espinas y los clavos, tú sabes que no me tientan los azotes, las burlas, el escarnio, sólo me obsesiona el hecho de que no veo en ninguna persona algún rasgo que me confirme que mi constante peregrinar y mi predicación no han sido inútiles.
Cuando comencé a predicar tenía la sensación de que estaba capacitado para trocar los defectos del mundo en virtudes, ahora, Padre mío, Padre Santo, casi estoy plenamente convencido de que el mundo es más fuerte que yo.
Es de noche, los míos duermen, y tú y yo, Padre mío, estamos solos... ¡Tengo miedo a no soportar el dolor...!
Satanás. -Jesús de Nazaret, varón justo por excelencia de Galilea, varón clarividente de los designios de tu Padre y Dios, ¿qué ha sido del recuerdo de las citas de las Escrituras que tanto te reconfortaba en tus primeras tribulaciones? ¿Te acuerdas de aquellas ocasiones en que los judíos querían apedrearte y escapaste milagrosamente porque no era la hora de tu muerte? (Jn. 8, 59)
Jesús de Nazaret, vástago del tronco de Jesé profetizado por Isaías el vidente, ¿no se dice en el libro de los Salmos que la diestra de Dios es poderosa? Yo no veo a tu Padre protegiéndote, más bien, Jesús, tu Dios no es tan paternal como tu crees, el Dios de los Ejércitos te está utilizando para divertir a quienes aman los espectáculos.
Jesús. -Satanás, mi Dios nunca me ha desamparado en mis tribulaciones. Mi Padre nunca me ha olvidado. Reconozco que la mayoría de mis oyentes no han aceptado la realidad del Evangelio, pero este hecho no significa que Dios no se acuerde de mí. Mi Padre y yo pensamos que era conveniente que yo viniera a Israel para morir para que mis hermanos los hombres no perdieran la fe y la voluntad ante lo que ellos erroneamente llaman adversidad. Si Dios me socorre e impide mi muerte, los hombres no tendrán una prueba que justifique su necesidad de enfrentarse a las dificultades y crecer espiritualmente.
Satanás. -Todo eso que argumentas suena muy bien, estás dispuesto a morir crucificado para que los hombres sean conscientes de que merece la pena vivir luchando contra la adversidad. Jesús de Nazaret, iluso de Galilea, hay en ti dos personalidades muy opuestas entre sí, tú tienes la facultad de ver las cosas desde dos ángulos o puntos de vista diferentes porque tienes una doble naturaleza, esto te hace olvidar que los hombres no tienen nada de Dios, que no pueden ver más allá de sus narices.
Jesús. -Yo soy Dios y Hombre, y la Escritura llama dioses a quienes escuchan la Palabra del Padre (Jn. 10, 35). Los hombres no son buenos ni malos, ellos hacen lo que ven que los demás hacen, son imágenes de un personaje original que se identifica con todos cuyo origen es de antaño. Quienes escuchan el Evangelio que yo predico, mis hermanos adquieren la capacidad de ver las cosas como deben observarlas desde la óptica divina, para que no desfallezcan buscando su felicidad. Cuando amanezca iniciaré mi última peregrinación a Jerusalén, tú no podrás impedir que se cumplan en mí los designios salvíficos que mi Padre y yo hemos dispuesto para que mis hermanos no sucumban ante las diversas pruebas que han de vivir.
Satanás. Vuelvo a retirarme, Jesús de Nazaret, pero insisto en que voy a ser tu más fiel compañía en tu estúpido martirio, por consiguiente, haré lo imposible para hacerte reaccionar para que busques tu propia felicidad y dejes que los demás se santifiquen por sus propios medios. Yo estaré en tu cruz, Jesús, no olvides que soy esos sentimientos de tu ego a los cuales no puedes olvidar. No creas que soy la encarnación de tu egoísmo, soy lo que nadie es capaz de dar a cambio de tu vida, Profeta de los más desfavorecidos (Lc. 18, 31-34)
Satanás. Jesús de Nazaret, Profeta del Dios Altísimo, no creas que los anuncios que harás de tu Pasión y muerte estarán ocultos por Dios a tus Apóstoles, simplemente, sé sensato, y piensa que ellos no pueden comprender la razón por la cual el más poderoso de todos los hombres se humilla sin estar loco.
Jesús. -Satanás, aléjate de mí, porque los míos, a su debido tiempo, comprenderán las razones de mi martirio y Resurrección. Yo, Jesús de Nazaret, no el Profeta, sino el humilde enviado o Mesías de Dios, resucitaré, y volveré a ser Hombre-Dios muy a pesar de mi sufrimiento, y te digo que mis heridas seguirán impresas en mi cuerpo hasta que el último de mis hermanos de todos los tiempos deje de sufrir y de cometer errores.

Dios. -Jesús, Hijo mío, no pienses que tu esfuerzo y sacrificio no servirán para nada. Los hombres triunfarán porque tú vas a triunfar sobre el pecado, la muerte, la enfermedad y el error. Los hombres tendrán una existencia fácil si triunfan sobre tu triunfo. Es fácil ser hombre para quienes sufren y se retractan de sus errores comiendo el pan de la hermandad y bebiendo el nuevo vino de la alegría. Tú puedes hacer lo que los dos nos hemos propuesto. ¿Crees que será fácil para mí ver cómo tus berdugos te azotan despiadadamente? ¿Crees que será fácil para mí resistir la comunión de Judas? ¿Crees que podré permanecer impasible ante las espinas y clavos que te quitarán la vida? ¿Crees que podré resistirme sin recoger tu sangre derramada para hacer de ella miles de millones de criaturas nuevas? Jesús de Nazaret, Hijo amado de tu Padre y Dios, supongamos que un sólo hombre acepta la realidad de nuestro Evangelio y tu sacrificio, en tal caso, nuestro esfuerzo y dolor serían
recompensados por el amor de nuestro hijo, pero tú, Hijo amado, me traerás a todos los hombres de todos los tiempos para que ellos mismos, con nuestra ayuda y su esfuerzo, superen sus dificultades y encuentren la felicidad que tanto ansían. Ten ánimo, Hijo amado, ya falta menos para que todos nos encontremos en este cielo terreno.

Creado por trigodedios | 0 comentarios | 05/01/07 23:19

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