TRIGO DE DIOS
Misa del alba del 25-12, ciclo c. en TRIGO DE DIOS
Misa del alba del 25-12, ciclo c.
La Navidad significa la instauración del Reino de Dios en nuestros corazones.
Padre nuestro
Lunes, 25-12-2006, Misa de la aurora de Navidad del ciclo c
Edición número 77
En esta edición de Padre nuestro, encontraréis los siguientes contenidos:
-Celebremos la Eucaristía. Lecturas eucarísticas, oraciones, homilía y lectura después de la Comunión de la Misa de la aurora de Navidad.
Celebremos la Eucaristía
Misa de la aurora de Navidad
Canto de entrada
En Belén
En Belén nace un niño, con misión de salvador,
rostro de ángel, corazón de amor.
Jesús nació, de alegría llenó, nuestro corazón.
Vino al mundo el Redentor,
con su luz llenó de paz la humanidad.
Con su luz llenó de paz,
con su luz llenó de paz, a la humanidad.
(Desconozco el autor de esta canción).
Antífona de entrada
Hoy brillará la luz sobre nosotros porque nos ha nacido el Señor; y será llamado el admirable, Dios, Príncipe de la paz, Padre del tiempo futuro, y su reino no tendrá fin (CF. IS. 9, 2. 6; LC. 1, 33).
Saludo del sacerdote
V. Que el Señor les haga crecer en el amor, fortalezca sus corazones en la santidad, los haga irreprochables delante de Dios, nuestro Padre, en este día de la Navidad del Señor Jesús, y que su gracia esté siempre con ustedes.
R. Y con tu espíritu.
Monición de entrada
Sed bienvenidos a la casa de nuestro Padre y Dios.
A partir de la media noche iniciamos la celebración del Nacimiento de nuestro Hermano y Señor. Esta celebración se llevará a cabo durante un octavario, así pues, si nuestro Señor no hubiera venido a nuestro encuentro, él no podría habernos redimido, cumpliendo la voluntad de nuestro Padre común. El día de Navidad significa que Cristo, nuestra esperanza de vivir en la presencia de Dios eternamente, nos ha concedido la fe con que hemos de afrontar nuestras dificultades.
Iniciemos esta celebración eucarística, pidiéndole a nuestro Padre común que aumente en nuestros corazones la fe, la esperanza y la caridad.
Acto penitencial
V. Al comenzar esta celebración eucarística, pidamos a Dios que nos conceda la conversión de nuestros corazones; así obtendremos la reconciliación y se acrecentará nuestra comunión con Dios y con nuestros hermanos.
V. Señor, ten misericordia de nosotros.
R. Porque hemos pecado contra ti.
V. Muéstranos, Señor, tu misericordia.
R. Y danos tu salvación.
V. Hijo de Dios, que, nacido de María, te hiciste nuestro hermano: Señor, ten piedad.
R. Señor, ten piedad.
V. Hijo del hombre, que conoces y comprendes nuestra debilidad: Cristo, ten piedad.
R. Cristo, ten piedad.
V. Hijo primogénito del Padre, que haces de nosotros una sola familia: Señor, ten piedad.
R. Señor, ten piedad.
V. Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
Iniciemos este día de Navidad recitando el Gloria. Pidámosle perdón a nuestro Padre común porque hemos transgredido conscientemente el cumplimiento de los Mandamientos de su Ley, y elevemos nuestras súplicas al cielo.
Oración colecta
Dios todopoderoso y eterno: Una nueva luz nos envuelve en tu Verbo hecho carne. Te pedimos que resplandezca en nuestras obras ya que brilla por la fe en nuestro espíritu. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
R. Amén.
Liturgia de la Palabra
Lecturas eucarísticas y moniciones que preceden a las mismas
Monición de la primera lectura
Hoy es el día en que se han cumplido todas las profecías del Antiguo Testamento relacionadas con la Natividad de nuestro Hermano y Señor.
Primera lectura
Mira que viene tu salvación
Lectura del profeta Isaías 62, 11-12
Mirad que Dios hace oír hasta los confines de la tierra: "Decid a la hija de Sión: Mira que viene tu salvación; mira, su salario le acompaña, y su paga le precede. Se les llamará "Pueblo Santo", "Rescatados de Yahveh"; y a ti se te llamará "Buscada", "Ciudad no Abandonada".
Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.
Monición del salmo responsorial
Alabemos al Señor, porque nuestro Dios es poderoso.
Salmo responsorial
SAL. 96, 1 y 6. 11-12
R. Hoy brillará una luz sobre nosotros, porque nos ha nacido el Señor
Yahveh reina; regocíjese la tierra,
alégrense las muchas costas. R.
Los cielos anunciaron su justicia,
y todos los pueblos vieron su gloria. R.
Luz está sembrada para el justo,
y alegría para los rectos de corazón.
Alegraos, justos, en Yahveh,
y alabad la memoria de su santidad. R.
Monición de la segunda lectura
Dios nos ha hecho sus hijos en virtud de la gracia que nos ha concedido y por el Sacramento del Bautismo.
Segunda lectura
Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a Tito, 3, 4-7
Pero ahora se han hecho patentes la bondad y el inmenso amor que Dios, nuestro Salvador, tiene a los hombres. él nos ha salvado, no en virtud de nuestras buenas obras, sino por puro amor; y lo ha hecho a través del agua, que nos hace nacer de nuevo y nos renueva bajo la acción del Espíritu Santo que Dios ha derramado sobre nosotros con abundancia por medio de nuestro Salvador Jesucristo. Restablecidos así por la gracia de Dios en su amistad, hemos sido constituidos herederos de la vida eterna que estamos esperando.
Aleluya, Aleluya: Cuando dé a luz a su Hijo, tú le pondrás por nombre "Jesús", porque él salvará a su pueblo de sus pecados (MT. 1, 21). Aleluya.
Monición del Evangelio
Imitemos a los pastores que fueron a la cueva de Belén a adorar al Mesías, así pues, cuando salgamos de esta casa de oración, vamos a compartir nuestra fe con nuestros prójimos.
Evangelio
Los pastores dieron a conocer lo que se les había dicho acerca del niño
Lectura del Santo Evangelio según San Lucas, 2, 15-20
R. Gloria a ti, Señor.
Y sucedió que cuando los ángeles, dejándoles, se fueron al cielo, los pastores se decían unos a otros: "Vayamos, pues, hasta Belén y veamos lo que ha sucedido y el Señor nos ha manifestado." Y fueron a toda prisa, y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, dieron a conocer lo que les habían dicho acerca de aquel niño; y todos los que lo oyeron se maravillaban de lo que los pastores les decían. María, por su parte, guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón. Los pastores se volvieron glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto, conforme a lo que se les había dicho.
Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.
Homilía:
Alabemos a Cristo, nuestro Hermano y Señor
Todos los católicos, independientemente de nuestro estado social, hemos celebrado durante la noche el Nacimiento de nuestro Hermano y Señor Jesús. Durante la primera parte del tiempo de Adviento preparamos nuestro corazón a recibir a Cristo en su Parusía, así pues, el alba del día 25 de diciembre, significa la instauración del Reino de Dios entre nosotros, pues hoy ha amanecido sobre nosotros el Sol de justicia del que Zacarías habló el día en que fue circuncidado San Juan el Bautista: "Y tú, niño, serás llamado profeta del Altísimo, pues irás delante del Señor para preparar sus caminos y dar a su pueblo conocimiento de salvación por el perdón de sus pecados, por las entrañas de misericordia de nuestro Dios, que harán que nos visite una Luz de la altura, a fin de iluminar a los que habitan en tinieblas y sombras de muerte y guiar nuestros pasos por el camino de la paz."" (LC. 1, 76-79).
La justicia es una virtud que nos permite hacer que todos tengamos los bienes que nos corresponden. "Yo confesaré la justicia del Señor tañendo en honor del Señor Altísimo" (SAL. 7, 18). Alabemos al Señor ejercitando los dones y virtudes que hemos recibido por la inspiración del Espíritu Santo que habita en nuestros corazones. "Mirad, el Señor reina eternamente. Tiene establecido un tribunal para juzgar: juzga el orbe con justicia y rige las naciones con rectitud. El Señor es refugio del oprimido, su refugio en los momentos de peligro. Confiarán en ti (Señor) los que tienen trato contigo, porque tú no abandonas a los que te buscan, Señor" (SAL. 9, 8-11). Los oprimidos a los que se refiere el Salmista son quienes confían en nuestro Padre común en los días en que son afligidos. Nuestro Padre común es un Juez justo que, al mismo tiempo que reprende a los injustos aunque en ciertas ocasiones creemos que ello no es cierto porque los criterios con que él nos juzga son diferentes
a nuestra forma de proceder a la hora de emitir juicios, sabe escuchar las oraciones de quienes intentan confiar en él, aunque se sientan acorralados por sus problemas. Un ejemplo de fe muy digno de tener en cuenta para nosotros es el Profeta Jeremías, pues él tuvo muchos problemas por atreverse a predecir que Israel sería absorbido por Babilonia por causa de las transgresiones en el cumplimiento de la Ley divina de sus habitantes. Jeremías oraba en estos términos: "Tú lo sabes. Yahveh, acuérdate de mí, visítame y véngame de mis perseguidores. No dejes que por alargarse tu ira sea yo arrebatado. Sábelo: he soportado por ti el oprobio. Se presentaban tus palabras, y yo las devoraba; era tu palabra para mí un gozo y alegría de corazón, porque se me llamaba por tu nombre Yahveh, Dios sebaot" (JER. 15, 15-16).
Otro ejemplo de fe digno a tener en cuenta es San Pablo. "Finalmente, como si de un hijo nacido a destiempo se tratara, se me apareció también a mí (Cristo Resucitado), que soy el más pequeño entre los apóstoles y que no merezco el nombre de apóstol, por cuanto perseguí a la Iglesia de Dios" Pero la gracia divina ha hecho de mí esto que soy; una gracia que no se ha malogrado en cuanto que a mí toca. Al contrario, me he afanado más que todos los otros (apóstoles); Bueno, no yo, la gracia de Dios que actúa en mí" (1 COR. 15, 8-10). "A nadie damos ocasión alguna de tropiezo, para que no se haga mofa del ministerio, antes bien, nos recomendamos en todo como ministros de Dios: con mucha constancia en tribulaciones, en necesidades, angustias; en azotes, cárceles, sediciones; en fatigas, desvelos, ayunos; en pureza, ciencia, paciencia, bondad; en el Espíritu Santo, en caridad sincera, en la palabra de verdad, en el poder de Dios; mediante las armas de la justicia: las de la
derecha y las de la izquierda; en gloria e ignominia, en calumnia y buena fama; tenidos por impostores, siendo veraces; como desconocidos, aunque bien conocidos; como quienes están a la muerte, pero vivos; como castigados, aunque no condenados a muerte; como tristes, pero siempre alegres; como pobres, aunque enriquecemos a muchos (gracias a las riquezas espirituales que hemos recibido de Dios); como quienes nada tienen, aunque todo lo poseemos" (2 COR. 6, 3-10).
Fue tanto el amor que Pablo de Tarso sintió por Cristo, que llegó a escribirles a sus lectores de Galacia las siguientes palabras: "Ya no soy yo quien vive; es Cristo quien vive en mí. Mi vida en este mundo consiste en creer en el Hijo de Dios, que me amó y entregó su vida por mí" (GáL. 2, 20). En algunas ocasiones en que he comentado el citado versículo de la Epístola que San Pablo les dirigió a los cristianos pertenecientes a la comunidad que él mismo fundó en Galacia, me han hecho la siguiente pregunta: ¿No crees que San Pablo actuaba como un fanático? A pesar de que durante algún tiempo el citado evangelizador persiguió a los cristianos de la primitiva Iglesia de Jerusalén, él le dedicó muchos años a la evangelización después de que aconteciera su conversión al Evangelio. Nuestro Santo creyó durante mucho tiempo que Cristo estaba por concluir la instauración del Reino de Dios en el mundo en cualquier momento, por consiguiente, esta creencia debió infundirle un gran amor
por aquél de cuya crucificción llegó a sentirse culpable.
La última vez que Pablo fue encarcelado por causa de sus convicciones religiosas, le escribió a su fiel amigo el obispo Timoteo: "Mi vida es como una ofrenda. Ha de ser inmolada: ya llega la hora de la muerte. He corrido con valor, he corrido hasta llegar a la meta, he conservado la fe. Sólo me queda recibir la corona de salvación que el Señor, justo juez, me entregará el día del juicio. Y no sólo a mí, sino a todos los que hayan esperado su venida gloriosa con amor" (2 TIM. 4, 6-8).
Pablo murió por su amor a Cristo porque tenía fe. "La bondad de Dios os ha salvado, en efecto, mediante la fe. Y eso no es algo que provenga de vosotros; es un don de Dios" (EF. 2, 8). "Y nosotros, por nuestra parte, podemos acercarnos a Dios libre y confiadamente mediante la fe" (EF. 3, 12). "Que Cristo habite, por medio de la fe, en el centro de vuestra vida; que el amor os sirva de cimiento y de raíz" (EF. 3, 17).
San Pedro escribió: "Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que, por su inmenso amor y mediante la resurrección de Jesucristo, nos ha hecho renacer a una vida de esperanza, a una herencia incorruptible, inmaculada e imperecedera. Una herencia reservada en los cielos para vosotros, a quienes el poder de Dios asegura, mediante la fe, la salvación que ha de revelarse en el momento final" (1 PE. 1, 3-5). "La fuente de todo bien está en Dios, que os ha llamado a compartir con Cristo su gloria eterna. Y Dios mismo, después de estos padecimientos os restablecerá, os confirmará, os restablecerá y os colocará sobre una base inconmovible" (1 PE. 5, 10).
San Pedro también nos dice que, si esperamos que Dios cumpla sus promesas, hemos de vivir como quienes tienen fe en nuestro Padre común: "Estad, pues, listos para la acción; que nada os seduzca (que nadie os haga dudar de vuestras convicciones); poned toda vuestra esperanza en el don que os trae la revelación de Jesucristo" (1 PE. 1, 13). "Cristo, presente en la mente de Dios desde antes de la creación del mundo, se ha manifestado para vuestro bien en el momento cumbre de la historia. Gracias a él, creéis en Dios, que le resucitó triunfante de la muerte y le llenó de gloria. Así, vuestra fe y vuestra esperanza descansan en Dios" (1 PE. 1, 20-21).
Oración de los fieles
V. Oremos por nosotros, por la Iglesia, y por quienes no aceptan a nuestro Padre y Dios.
Respondemos a cada petición: Hágase tu voluntad, Señor.
V. Para que los estudiantes y los trabajadores vean en la Natividad de Jesús una interminable sucesión de motivos por los que seguir trabajando en la construcción de una sociedad ideológica cristiana, en la que imperen el amor y la justicia como modos de vida indispensables. Oremos.
V. Por quienes carecen de trabajo, para que el Nacimiento de Jesús y los sufrimientos de la Sagrada Familia los animen a no desfallecer en su búsqueda del bienestar económico que necesitan, y para que encuentren un trabajo en el que se puedan desarrollar profesional, social y personalmente. Oremos.
V. Por los hombres y las mujeres que viven consagrados a sus actividades domésticas, para que hagan de sus hogares iglesias domésticas en los que Cristo Jesús sea el cabeza de familia. Oremos.
V. Por los catecúmenos, por quienes se preparan a ser religiosos, por los catequistas y los formadores de los sacerdotes del futuro, para que todos ellos se afiancen en su fe y amen la verdad de Jesús, pues así sabrán ser libres instrumentos de la Evangelización activa (CF. JN. 8, 32). Oremos.
V. Por nuestra comunidad parroquial, por nuestra Diócesis, y por la Iglesia en general, para que nunca dejemos de esforzarnos a los niveles individual y colectivo a la hora de imitar a nuestro Señor con nuestras palabras y obras. Oremos.
V. Te pedimos por el establecimiento de la paz en nuestros corazones y en el mundo. Oremos.
V. Escucha, Padre Santo, las oraciones de tus hijos congregados ante tu altar, y, ya que hoy nos gozamos al celebrar el Nacimiento de tu Unigénito, concédenos lo que te pedimos en nuestras oraciones, pues sabemos que sin ti no podemos hacer nada. Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.
Liturgia eucarística
Canto del Ofertorio
El Señor Dios nos amó
El Señor Dios nos amó como a nadie amó jamás,
él nos guía como estrellas cuando no existe la luz.
él nos da todo su amor mientras la fracción de pan,
es el pan de la unidad el pan de Dios.
Es mi cuerpo, tomad y comer.
Esta es mi sangre, tomad y beber,
pues yo soy la vida, yo soy el amor,
oh, Señor condúcenos hasta tu amor.
El Señor Dios nos amó como a nadie amó jamás,
sus paisanos le creían hijo de un trabajador,
como todos él también gana el pan con su sudor,
y conoce la fatiga y el dolor.
Oración sobre las ofrendas
Que estas ofrendas, Señor, sean dignas del misterio de la Navidad que hoy celebramos. Y así como te manifiestas en la humanidad de tu Hijo, también nos comuniques tu gracia en estos dones de la tierra. Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.
Prefacio de Navidad I
Cristo, la luz del mundo
V. El Señor esté con ustedes.
R. Y con tu espíritu.
V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.
V. Realmente es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno. Porque gracias al misterio de la Palabra hecha carne, la luz de tu gloria brilló ante nuestros ojos con nuevo resplandor, para que, conociendo a Dios visiblemente él nos lleve al amor de lo invisible. Por eso con los ángeles y los arcángeles y con todos los coros celestiales, cantamos un himno a tu gloria diciendo sin cesar:
Santo, Santo, Santo...
Antífona de Comunión
¡Alégrate, hija de Sión, canta de gozo, hija de Jerusalén¡; mira, ya llega tu Rey, el Santo, el Salvador del mundo (CF. ZAC. 9, 9).
Canto de Comunión
Siempre es Navidad
Navidad es esperanza,
Navidad es alegría,
Navidad es el camino
que recorres cada día.
Navidad es cercanía,
Navidad es comprensión,
Navidad es el camino
que recorres sin pasión.
Lectura después de la Comunión
Entonad los aires
con voz celestial:
"Dios niño ha nacido
pobre en un portal"
Le anuncia el ángel
la nueva al pastor,
que niño ha nacido
nuestro Salvador.
Adoran pastores
en sombras al sol,
que niño ha nacido
de una Virgen, Dios.
Haciéndose hombre,
al hombre salvó.
Un niño ha nacido
ha nacido Dios.
(Liturgia de las horas).
Oración después de la Comunión
Señor Dios, tú nos has reunido para celebrar con alegría el nacimiento de tu Hijo: concede a tu Iglesia conocer con fe plena la profundidad de este misterio, y amarlo aún más intensamente. Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.
Bendición solemne de Navidad
V. El Señor de infinita bondad que por la encarnación de su Hijo disipó las tinieblas del mundo y por su glorioso nacimiento iluminó este santísimo día disipe en ustedes las tinieblas del pecado e ilumine sus corazones con el esplendor de las virtudes.
R. Amén.
V. él, que por medio del ángel quiso anunciar a los pastores el gran gozo del nacimiento del Salvador, colme con su alegría los corazones de ustedes y los transforme en mensajeros de su Evangelio.
R. Amén.
V. él, que por la encarnación de su hijo unió lo terreno con lo celestial les conceda la abundancia de su amor y de su paz, y los haga partícipes de la Iglesia celestial.
R. Amén.
V. Y que la bendición de Dios todopoderoso, del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.
R. Amén.
V. Pueden ir en paz.
R. Demos gracias al Señor.
Exhortación de despedida
Jesús ha nacido en nuestros corazones. No tenemos ningún motivo que nos impida alcanzar la felicidad. Salgamos de esta casa de oración dispuestos a solventar nuestras carencias en conformidad con las posibilidades que tenemos para alcanzar nuestro objetivo, porque Dios está con nosotros.
Os deseo un feliz día de la Natividad de nuestro Hermano y Señor.
Canto final
Santa María de la Esperanza
Santa María de la Esperanza,
mantén el ritmo
de nuestra espera.
Nos diste al esperado de los tiempos,
mil veces prometido en los profetas.
Y nosotros de nuevo deseamos
que vuelva a repetirnos sus promesas.
Brillaste como aurora del gran día,
plantaba Dios su tienda
en nuestro suelo.
Y nosotros soñamos con su vuelta,
queremos la llegada de su Reino.
Viviste con la cruz de la esperanza,
tensando en el amor la larga espera.
Y nosotros buscamos con los hombres
el nuevo amanecer de nuestra tierra.
Esperaste cuando todos vacilaban,
el triunfo de Jesús sobre la muerte.
Y nosotros esperamos que su vida
anime nuestro mundo para siempre.
Creado por trigodedios | 0 comentarios | 18/04/07 23:07
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