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Misa de la media noche del 25-12, ciclo c. en TRIGO DE DIOS

Misa de la media noche del 25-12, ciclo c.

El Nacimiento de nuestro Señor. Padre nuestro

Lunes, 25-12-2006, Misa de la noche de Navidad

Edición número 76

En esta edición de Padre nuestro, encontraréis los siguientes contenidos:
-Celebremos la Eucaristía. Lecturas eucarísticas, oraciones, homilía y lectura después de la Comunión de la celebración de la Misa de la noche de Navidad.

Celebremos la Eucaristía

Misa de la noche de Navidad

Canto de entrada

Venid fieles

Venid fieles todos,
entonando himnos;
venid jubilosos,
a Belén venid.
Hoy ha nacido
el Rey de los cielos.
Venid y adoremos,
venid y adoremos,
venid y adoremos
al Hijo de Dios.
Venid fieles todos,
a Belén marchemos,
gozosos, triunfantes
y llenos de amor.
Cristo ha nacido,
Cristo Rey divino.
Un ángel del cielo
llama a los pastores,
que siempre el humilde
cerca está de Dios.
Vamos cantando
himnos de alegría.
Al que es del eterno
esplendor visible,
veréis hecho Niño
en Belén sufrir.
Sufre y llora
por amor al hombre.
A quien por nosotros
yace entre las pajas,
llevemos el fuego
de un ardiente amor.
Todos amemos
al que así nos ama.
(Desconozco el autor de esta canción).

Antífona de entrada

El Señor me ha dicho: "Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy." (SAL. 2, 7).

O bien:

Alegrémonos todos en el Señor, porque ha nacido nuestro Salvador.

Saludo del sacerdote

V. Que la paz de Cristo que supera todo lo que podemos pensar o desear, reine en sus corazones en esta santa noche y permanezca siempre con todos ustedes.
R. Y con tu espíritu.

Monición de entrada

Estimados hermanos y amigos:
A principios del presente mes empezamos a prepararnos a celebrar las dos venidas de nuestro Hermano y Señor al mundo. Con el fin de fortalecer nuestra fe, hemos recibido los Sacramentos de la Penitencia y la Eucaristía, hemos aumentado nuestro tiempo de oración, e incluso hemos intentado hacer más obras buenas en favor de nuestros prójimos los hombres. En esta santa noche de Navidad ha sido recompensado nuestro esfuerzo por preparar nuestro espíritu a celebrar el acontecimiento por cuya existencia nos hemos reunido en la casa de nuestro Padre y Dios. No obstante, como a pesar de que ha finalizado el tiempo de Adviento aún debemos superarnos en muchos aspectos, vamos a comenzar esta celebración eucarística, pidiéndole a nuestro Padre común, que nos ayude a mantenernos fuertes, especialmente cuando seamos atribulados.

Acto penitencial

V. Jesucristo, el justo, intercede por nosotros y nos reconcilia con el Padre. Abramos, pues, nuestro espíritu al arrepentimiento, para acercarnos a la mesa del Señor.

R. Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante ustedes, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión. Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa. Por eso ruego a santa María, siempre Virgen, a los ángeles, a los santos y a ustedes, hermanos, que intercedan por mí ante Dios, nuestro Señor.

V. Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

V. Tú que siendo rico te hiciste pobre: Señor, ten piedad.
R. Señor, ten piedad.
V. Tú que siendo fuerte te hiciste débil: Cristo, ten piedad.
R. Cristo, ten piedad.
V. Tú que siendo grande te hiciste pequeño: Señor, ten piedad.
R. Señor, ten piedad.

Recitemos el Gloria en esta Navidad de gracia y salvación. Celebremos el Nacimiento de nuestro Hermano y Señor pidiéndole perdón a Dios porque hemos transgredido el cumplimiento de su Ley, y elevemos nuestras peticiones al cielo, y no dejemos de creer que nuestro Santo Padre llevará a cabo el cumplimiento de nuestras aspiraciones cuando vivamos en su presencia.

Oración colecta

Señor y Dios nuestro, que iluminaste esta santísima noche con el nacimiento de Cristo, verdadera luz del mundo, concédenos gozar en el cielo del resplandor de su gloria ya que hemos experimentado la claridad de su presencia en la tierra. Te lo pedimos por el mismo Jesucristo, tu Hijo y nuestro Señor, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
R. Amén.

Liturgia de la Palabra

Lecturas eucarísticas y moniciones que preceden a las mismas

Monición de la primera lectura

Todos los cristianos católicos y no católicos que estamos celebrando la Navidad, hemos podido percatarnos de que, esta noche, el mundo en que vivimos, ha sido iluminado por la luz indeficiente de Dios, a pesar de que ello sólo ha sucedido simbólicamente. Celebremos el Nacimiento de nuestro Redentor.

Un hijo se nos ha dado

Primera lectura

Lectura del libro de Isaías 9, 1-6

El pueblo que caminaba en las tinieblas ha visto una gran luz; sobre los que habitaban en el país de la oscuridad ha brillado una luz. Tú has multiplicado la alegría, has acrecentado el gozo; ellos se regocijan en tu presencia, como se goza en la cosecha, como cuando reina la alegría por el reparto del botín. Porque el yugo que pesaba sobre él, la barra sobre su espalda y el palo de su carcelero, todo eso lo has destrozado como en el día de Madián. Porque las botas usadas en la refriega y las túnicas manchadas de sangre, serán presa de las llamas, pasto del fuego. Porque un niño nos ha nacido, un hijo nos ha sido dado. La soberanía reposa sobre sus hombros y se le da por nombre: «Consejero maravilloso, Dios fuerte, Padre para siempre, Príncipe de la paz». Su soberanía será grande, y habrá una paz sin fin para el trono de David y para su reino; él lo establecerá y lo sostendrá por el derecho y la justicia, desde ahora y para siempre. El celo del Señor de los ejércitos hará todo esto.

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Monición del Salmo responsorial

Alegrémonos en esta celebración de la Natividad de nuestro Hermano y Señor. Digámosles a nuestros prójimos que Jesús ha venido al mundo para hacerles plenamente felices.

Salmo responsorial

Salmo 95, 1-3. 11-13

R. Hoy nos ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor.

Canten al Señor un canto nuevo,

cante al Señor toda la tierra;

canten al Señor, bendigan su Nombre. R.

Día tras día, proclamen su victoria,

anuncien su gloria entre las naciones,

y sus maravillas entre los pueblos. R.

Alégrese el cielo y exulte la tierra,

resuene el mar y todo lo que hay en él;

regocíjese el campo con todos sus frutos,

griten de gozo los árboles del bosque. R.

Griten de gozo delante del Señor,

Porque Él viene a gobernar la tierra:

El gobernará al mundo con Justicia,

y a los pueblos con su verdad. R.

Monición de la segunda lectura

La presencia de Jesús hizo en el mundo que nuestro Padre común llenara de gracia nuestros corazones, así pues, recordemos brevemente, a través de las palabras de San Pablo, nuestra redención.

Segunda lectura

La gracia de Dios se ha manifestado para todos los hombres

Lectura de la carta del Apóstol san Pablo a Tito 2, 11-14

La gracia de Dios, que es fuente de salvación para todos los hombres, se ha manifestado. Ella nos enseña a rechazar la impiedad y los deseos mundanos, para
vivir en la vida presente con sobriedad, justicia y piedad, mientras aguardamos la feliz esperanza y la Manifestación de la gloria de nuestro gran Dios
y Salvador, Cristo Jesús. Él se entregó por nosotros, a fin de librarnos de toda iniquidad, purificarnos y crear para sí un Pueblo elegido y lleno de celo
en la práctica del bien.

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Aleluya, Aleluya: "Os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo Señor" (LC. 2, 11).

Monición del Evangelio

Escuchemos atentamente el relato de la Natividad de nuestro Señor, y acompañemos a Santa María, a San José y a los pastores que adoraron al Hijo del carpintero de Belén en el establo en que nació nuestro querido Jesús.

EVANGELIO

Hoy les ha nacido un Salvador

Lectura del santo Evangelio según San Lucas 2, 1-14
R. Gloria a ti, Señor.

Apareció un decreto del emperador Augusto, ordenando que se realizara un censo en todo el mundo. Este primer censo tuvo lugar cuando Quirino gobernaba la
Siria. y cada uno iba a inscribirse a su ciudad de origen.

José, que pertenecía a la familia de David, salió de Nazaret, ciudad de Galilea, y se dirigió a Belén de Judea, la ciudad de David, para inscribirse con
María, su esposa, que estaba embarazada.

Mientras se encontraban en Belén, le llegó el tiempo de ser madre; y María dio a luz a su Hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre,
porque donde se alojaban no había lugar para ellos. ,

En esa región acampaban unos pastores, que vigilaban por turno sus rebaños durante la noche. De pronto, se les apareció el Ángel del Señor y la gloria del
Señor los envolvió con su luz. Ellos sintieron un gran temor, pero el Ángel les dijo: «No teman, porque les traigo una buena noticia, una gran alegría
para todo el pueblo: Hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor. Y esto les servirá de señal: encontrarán a un niño
recién nacido envuelto en pañales y acostado en un pesebre». Y junto con el Ángel, apareció de pronto una multitud del ejército celestial, que alababa
a Dios, diciendo:

«¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz a los hombres amados por Él!»

Palabra del Señor.
R. gloria a ti, señor Jesús.

Homilía:

Celebremos la Navidad

1. ¿Por qué celebramos la Navidad?

Cuanto más mayores somos, más cortos se nos hacen los años que vivimos. Si recordamos la Navidad del año anterior, quizá tenemos la sensación de que el intervalo de tiempo transcurrido entre la Natividad del Señor del año pasado y la celebración que estamos viviendo en esta ocasión es relativamente corto. Todos los años recordamos el episodio evangélico del Nacimiento de nuestro Hermano y Señor durante la Misa de la noche de Navidad, así pues, todos conocemos la vivencia de San José y de nuestra Señora cuando no encontraban un lugar en Belén donde ser acogidos para que la Madre del Mesías diera a luz a su Hijo, quizá pensamos en la carencia de solidaridad que caracterizaba a los habitantes de Belén ya que ellos no se compadecieron de los pobres peregrinos que estaban tan necesitados de un hogar en el que se les recibiera con el amor del que carecían para aliviar el sufrimiento que debió producirles el Nacimiento de su Hijo en una lamentable situación de miseria absoluta.
Quienes tenemos la costumbre de celebrar la Navidad junto a nuestros familiares y amigos quizá sin tener en cuenta la celebración religiosa que nos ocupa, quienes pasarán esta noche mucho tiempo escuchando la radio o viendo la TV para evitar pensar en sus problemas, quienes no reconocen su necesidad de Dios, y quienes tienen carencias materiales y espirituales, hemos de preguntarnos: ¿Cuál es el verdadero sentido de la Navidad? ¿Qué significado tiene el relato de la Natividad de Jesús para nosotros? ¿Qué significado le aporta Jesús de Nazaret a nuestra vida?
La Navidad es un tiempo muy difícil para quienes sufrimos, así pues, mientras que lloremos la pérdida de nuestros familiares y amigos queridos, mientras no aceptemos las injusticias que se llevan a cabo en nuestra sociedad diariamente, mientras que seamos conscientes de que cada vez que muere un niño no nato quienes le arrancan la vida atentan contra el Niño de Belén, y mientras sintamos que nuestra alma tiene heridas incurables bajo nuestra óptica, tendremos miles de razones para celebrar la Navidad.
La Natividad de nuestro Hermano y Señor nos incita a acoger la esperanza que significa tan magna celebración que estamos viviendo esta santa noche. Todos tenemos problemas. En ciertas ocasiones muchos de los problemas que tenemos nos los causan nuestros familiares, nuestros amigos o nuestros compañeros de trabajo, pero hemos de reconocer que también nosotros, en muchas ocasiones, provocamos las dificultades que se arraigan en nuestra vida y nos hacen sufrir. Nosotros no sólo debemos celebrar la Navidad para agradecerle a nuestro Padre común el hecho de que ha sido misericordioso con nosotros, pues también debemos tener en cuenta que nuestro Criador está con nosotros, aunque no le veamos, quizá porque nuestra fe es muy débil, o quizá porque nos dejamos ahogar por las dificultades que marcan nuestra existencia.
Sé que durante la noche os haréis regalos unos a otros, así pues, tenéis a bien el hecho de celebrar el cumpleaños del Rey del amor, demostrándoos unos a otros lo mucho que os amáis, pero, más allá del dinero que os habéis gastado en adquirir los productos que os váis a regalar entre vosotros, no juzguéis los regalos que daréis ni los dones que recibiréis por el dinero que habéis invertido vosotros y vuestros prójimos para conseguir los mismos, no caigáis en la visión materialista que nos incita a juzgar a quienes amamos por lo que tienen, en vez de hacer lo propio por lo que son.
Cantad villancicos, entonad canciones de amor, disfrutad pensando en vuestros recuerdos dulces y consolaos al recordar vuestras vivencias amargas, felicitaos, abrazaos... No olvidéis al invitado principal de vuestra celebración. Abridle vuestro corazón al Niño de Belén que sólo cuenta con vuestro afecto para poder sobrevivir en vuestros corazones. Michael Ende, en su Historia interminable, nos demuestra que nos morimos lentamente al obviar la realización de nuestras más anheladas aspiraciones, así pues, no frustremos el designio salvífico de Dios que, un año más, está siendo llevado a cabo por el Hijo de María, pues él ha venido a nuestro encuentro para librarnos del mal en todas sus formas, para que no nos afecten las enfermedades cuando vivamos en su Reino, y para romper los lazos de la muerte.
Quiero pediros que habléis entre vosotros, que juguéis con vuestros niños, y que escuchéis a vuestros padres y abuelos, así pues, aunque ellos os cuenten las mismas anécdotas infinidad de veces, acordaos del tiempo en que ellos no sabían lo que hacer para evitaros el llanto, cuando estábais enfermos, cuando os peleábais con vuestros hermanos y amigos, y en otras muchas ocasiones. Yo os deseo que vuestra Navidad se convierta en la fiesta de la comunicación de vuestro gozo cristiano y de la alegría de que estáis vivos y por ello tenéis la oportunidad de seguir progresando a los niveles material y espiritual.

2. El Nacimiento de Jesús

"Sucedió que por aquellos días salió un edicto de César Augusto ordenando que se empadronase todo el mundo. Este primer empadronamiento tuvo lugar siendo gobernador de Siria Cirino. Iban todos a empadronarse, cada uno a su ciudad" (LC. 2, 1-3). Augusto hizo un censo con todos los habitantes del Imperio con el fin de cobrarles a los mismos un impuesto con el que cubrir gastos públicos como la realización de obras. Los judíos se empadronaron en las ciudades de las cuales provenía su linaje. "Subió también José desde Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por ser él de la casa y familia de David, para empadronarse con María, su esposa, que estaba encinta. Y sucedió que, mientras ellos estaban allí, se le cumplieron los días del alumbramiento, y dio a luz a su hijo primogénito, le envolvió en pañales y le acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en el alojamiento" (LC. 2, 4-7).
A pesar de que a lo largo de la Historia muchos pintores se han esforzado mucho para hacernos creer que San José era muy anciano con el fin de justificar la virginidad de Santa María, no sabemos cuál era la edad del actual Patrón de la Iglesia Universal cuando aconteció el Nacimiento de nuestro Hermano y Señor. María estaba comprometida con José en matrimonio cuando San Gabriel le dijo de parte de Dios que nuestro Santo Padre la había elegido para que fuera la Esposa del Espíritu Santo y la Madre de su Hijo. A pesar de que José tenía la capacitación legal para lapidar a su prometida por haberle sido infiel, el futuro padre adoptivo de Jesús quiso separarse de María secretamente. María era mujer, no podía tomar decisiones por sí misma al respecto de lo que había de hacer, así pues, ella sólo podía orar y pedirle clemencia a Dios, pues, si ella moría, no podría cumplir la misión que aceptó gustosamente.
No sabemos si cuando la Sagrada Familia comenzó el viaje a Belén para empadronarse José había aceptado plenamente la paternidad de Jesús, pues, aunque un ángel le dijo en sueños que su esposa no le había sido infiel, él sólo podía demostrar que Jesús no era el compendio de su unión con la mujer que amaba. Cuando José y María llegaron a Belén para empadronarse, descubrieron que la citada aldea estaba llena de gente, por lo que no pudieron encontrar alojamiento en la posada. María estaba a punto de dar a luz, y José no sabía dónde podía refugiarla. No olvidemos que el 75 de los habitantes del mundo viven en la misma situación que nació nuestro Señor, desprovistos de bienes materiales.
"Había en la misma comarca unos pastores, que dormían al raso y vigilaban por turno durante la noche su rebaño. Se les presentó el ángel del Señor, y la gloria del Señor los envolvió en su luz; y se llenaron de temor" (LC. 2, 8-9). Sabemos que en el tiempo en que vivió nuestro Señor los pastores no tenían buena reputación, dado que su estado de pobreza absoluta les obligaba a robar para sobrevivir. Ellos tuvieron miedo cuando fueron envueltos por la gloria de Dios, así pues, aunque hacían lo que estaba terminantemente prohibido por la Ley para sobrevivir, se sentían pecadores, y consideraban que la justicia de Dios habría de exterminarlos, si veían al todopoderoso. Es muy significativo el hecho de que Dios se les manifestara a aquellos pastores por mediación de sus ángeles en vez de comunicarles el Nacimiento de su Hijo a los componentes de la alta sociedad de Palestina. Desde que nuestro Señor nació, aún sin poder hablar, y cuando sólo necesitaba muchas manifestaciones de amor, congregó ante el pesebre en que reposaba a los suyos, a los pobres, a los que no tienen nada más que su vida y, aunque no sabían cuándo iban a perder tan preciado don del cielo, tenían el coraje que les era necesario para enfrentar la adversidad característica de su existencia.
"El ángel les dijo: "No temáis, pues os anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo: os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es el Cristo Señor; y esto os servirá de señal: encontraréis a un niño envuelto en pañales acostado en un pesebre."" (LC. 2, 10-12). ¿Consideramos a Jesús como el Salvador del que la voz angelical les habló a los pastores en la noche en que nació nuestro Hermano y Señor? Dios no quiso que los pastores contemplaran una gran señal que acreditara lo que les fue dicho antes de que vieran a su Hijo, así pues, él les manifestó que habrían de ver a un niño envuelto en pañales, una criatura tan pobre que ni siquiera podría ser aceptada como el Hijo del Dios de los Ejércitos, un niño tan parecido a ellos en su estado de marginación que, aunque jamás cometió delito alguno, fue crucificado cuando llegó el tiempo de nuestra redención, así pues, a pesar de que era libre, se le vendió por 30 denarios, aproximadamente 18,030 euros, así pues, se le privó de su dignidad de hombre libre para poder justificar su muerte.
"Y de pronto se juntó con el ángel una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo: "Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres en quienes él se complace"." (LC, 2, 13-14).

3. Se ha cumplido la profecía de Isaías

He aquí, pues, el anuncio de Isaías: "El pueblo que caminaba en la noche divisó una luz grande" (IS. 9, 1-2). Nos hemos congregado ante el altar del Señor porque hemos divisado una misteriosa luz que ha iluminado los ojos de nuestro espíritu, ha transformado nuestra existencia mortal y nos ha dado la vida sobrenatural. Desde el momento en que Jesús se encarnó en las entrañas de Santa María, dio Dios por cumplido su designio salvífico. Jesús ha vuelto a nacer en nuestros corazones para recordarnos que la luz de la vida se encuentra detrás del velo formado por una trama de dificultades que hemos de solventar bajo la inspiración del Espíritu Santo, el cuál nos ayudará a encontrar la felicidad que tanto anhelamos.
"El yugo que soportaban, y la vara sobre sus espaldas, -el látigo de su capataz-, tú los quiebras como en el día de Madiam" (IS. 9, 3). Estos versículos del Emmanuel del Profeta Isaías nos recuerdan la obra que Cristo llevó a cabo para enseñarnos a no perder la fe y la esperanza en los días del dolor. Quizá no todos podéis comprender mis palabras, pero los que estáis viviendo circunstancias que pueden parecer adversas, sabéis muy bien lo que os quiero transmitir, porque habéis tenido la dichosa oportunidad de vivirlo en vuestra piel y en vuestra alma. No alabo el dolor, pero es muy honroso el hecho de encontrarnos con Dios en el desierto de nuestra vida.
"Un hijo se nos ha dado" (IS. 9, 5). Jesús se autodenominaba "Hijo del hombre" (CF. MT. 8, 20). El camino que Jesús recorrió desde el portal de Belén hasta su Ascensión constituye para nosotros la más eficiente prueba de lo que son capaces de llevar a cabo quienes se confían en las manos de nuestro Padre y Dios.
La celebración de la Natividad de Jesús no ha de incitarnos a bajar la guardia con respecto al hecho de perfeccionarnos espiritualmente ni ha de hacernos olvidar el hecho de esperar la llegada del día en que acontezca la Parusía o segunda venida de Cristo Rey a nuestro encuentro, pues este ha de ser un motivo que avive nuestra dedicación a Dios y a nuestros prójimos los hombres.

Oración de los fieles

V. Oremos por las necesidades de la Iglesia, por nuestras carencias, y para que quienes no creen en nuestro Padre común acepten su necesidad de él. Oremos por nuestros prójimos los hombres y por nosotros mientras contemplamos a la Sagrada Familia en el portal de Belén.

Respondemos a cada petición: Padre nuestro de la vida, gracias por darnos a Jesús.

V. Por el Papa Benedicto XVI, por todos los obispos y religiosos del mundo, por todos los miembros de la Iglesia, para que esta celebración estimule la fe de quienes nos dedicamos a difundir el Evangelio del amor. Oremos.

V. Por los pobres, los depresivos, y por todos los enfermos, para que Dios les ayude a comprender a través de esta celebración que en el Reino del amor que es instaurado en sus corazones todos tenemos nuestro lugar, y que el amor divino y humano es más importante para ti que lo son para nosotros las consecuencias atribuibles a nuestros fracasos, a la inculpación dura y por ello injustificada, y nuestra torpeza. Oremos.

V. Por los materialistas que no le conceden importancia al acontecimiento tan trascendental que estamos conmemorando, para que tú, Padre Santo, les toques el corazón y les hagas comprender que las cosas del alma son más importantes que los bienes materiales. Oremos.

V. Para que nuestros seres queridos que no se encuentran entre nosotros sigan intercediendo ante ti para que no sigamos sumidos en el dolor que nos atañe, el pecado que hiere nuestra alma mortalmente, el error y la muerte. Oremos.

V. Oremos para que se resuelvan nuestras rencillas a nivel familiar y social, pues deseamos se disipen todos nuestros problemas Oremos.

V. Para que toda la humanidad celebre muy pronto esta eterna fiesta en el Reino del amor. Oremos.

V. Oh Dios misericordioso, te agradecemos profundamente el hecho de que te hayas dignado venir al mundo con el fin de sumirte en nuestra debilidad para ensalzarnos en tu gloria. Ayúdanos a aumentar el número de tus hijos que han de congregarse ante tu altar, a la espera de que concluyas la instauración de tu Reino en nuestros corazones. Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.

Liturgia eucarística

Canto del Ofertorio

Alma misionera

Señor, toma mi alma nueva antes de que la espera desgaste años en mí. Estoy dispuesto a lo que quieras, no importa lo que sea tú llévame a servir. Llévame donde los hombres necesiten tus palabras, necesiten mis ganas de vivir. Donde falte la esperanza, donde falta la alegría, simplemente por no saber de ti. Te doy mi corazón sincero para gritar sin miedo tu grandeza Señor. Tendré mis manos sin cansancio, tu historia entre mis labios y fuerza en la oración. Llévame... y así, en marcha iré cantando, por calles predicando lo bello que es tu amor. Señor, tengo alma misionera condúceme a la tierra que tenga sed de Dios.
(Desconozco el autor de esta canción).

Oración sobre las ofrendas

En esta noche de fiesta recibe, Padre, nuestras ofrendas, y por este sagrado intercambio de dones concédenos participar de la divinidad de aquél que unió a ti nuestra humanidad, Jesucristo, que vive y reina por los siglos de los siglos.
R. Amén.

Prefacio de Navidad III

El intercambio en la Encarnación del Verbo

V. El Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.
V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.
V. En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, nuestro Señor. Por él hoy resplandece ante el mundo el maravilloso intercambio de nuestra salvación; pues al revestirse tu Hijo de nuestra frágil condición no solamente dignificó nuestra naturaleza para siempre, sino que por esta unión admirable nos hizo partícipes de su eternidad. Por eso, Padre, unidos a los coros de los ángeles, te alabamos llenos de alegría:
Santo, Santo, Santo...

Antífona de Comunión

La Palabra se hizo carne y nosotros hemos visto su gloria (JN. 1, 14).

Canto de Comunión

El camino que lleva a Belén
baja hasta el valle que la nieve cubrió.
Los pastorcillos quieren ver a su Rey,
le traen regalos
en su humilde zurrón. Ropopompón, ropopompón.
¡Ha nacido en un portal de Belén
el Niño Dios!
Yo quisiera poner a tus pies,
algún presente que te agrade Señor,
mas tú ya sabes que soy pobre también
y no poseo más que un viejo tambor. Ropopompón, ropopompón.
En tu honor frente al portal tocaré
con mi tambor.
El camino que lleva a Belén
yo voy marcando con mi viejo tambor.
Nada hay mejor que te pueda ofrecer,
su ronco acento es un canto de amor. Ropopompón, ropopompón.
Cuando Dios me vio tocando ante él,
me sonrió.

Lectura después de la Comunión

Oración al Niño de Belén

Dulce Niño de Belén, haz que penetremos con toda el alma en este profundo misterio de la Navidad. Pon en el corazón de los hombres esa paz que buscan, a veces con tanta violencia, y que tú sólo puedes dar. Ayúdales a conocerse mejor y a vivir fraternalmente como hijos del mismo Padre.
Descúbreles también tu hermosura, tu santidad y tu pureza. Despierta en su corazón el amor y la gratitud a tu infinita bondad. únelos en tu caridad. Y danos a todos tu celeste paz. Amén.
(Juan XXIII).

Oración después de la Comunión

Señor y Padre nuestro, llenos de alegría hemos celebrado el nacimiento de nuestro Redentor. Concédenos la gracia de una vida santa, y llegar así a la perfecta comunión con Cristo, que vive y reina por los siglos de los siglos.
R. Amén.

Bendición solemne de Navidad

V. El Señor de infinita bondad que por la encarnación de su Hijo disipó las tinieblas del mundo y por su glorioso nacimiento iluminó este santísimo día disipe en ustedes las tinieblas del pecado e ilumine sus corazones con el esplendor de las virtudes.
R. Amén.
V. él, que por medio del ángel quiso anunciar a los pastores el gran gozo del nacimiento del Salvador, colme con su alegría los corazones de ustedes y los transforme en mensajeros de su Evangelio.
R. Amén.
V. él, que por la encarnación de su Hijo unió lo terreno con lo celestial les conceda la abundancia de su paz y de su amor, y los haga partícipes de la Iglesia celestial.
R. Amén.
V. Y que la bendición de Dios todopoderoso, del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.
R. Amén.
V. Pueden ir en paz.
R. Demos gracias al Señor.

Exhortación de despedida

Después de recibir a Jesús en la Eucaristía, salgamos de este templo, y sigamos celebrando el glorioso nacimiento del Hijo de María. Pidámosle a nuestro Señor que, el gozo que sentimos al celebrar su Nacimiento, se multiplique en nuestros corazones, el día en que acontezca su Parusía.
Os deseo una feliz Natividad de nuestro querido Hermano y Señor.

Canto final

Joven mujer esperanza de la humanidad, eres deseo de amor y plena libertad. El Dios lejano está cerca de ti, Palabra y silencio, anuncio de novedad. Ave María, Ave María. Dios te ha elegido cual Madre llena de belleza y con su sombra te cubrirá su gran amor; al Dios que llega, tu carne le darás, y el Hombre nuevo, de ti nacerá. Ave María... Yo soy tu esclava, que se haga en mí tu voluntad, libre mi ser, entero para ti será. Ahora la espera está llena de Dios, el Hombre nuevo, de ti ya nació. Ave María...
Creado por trigodedios | 0 comentarios | 18/04/07 23:04

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