TRIGO DE DIOS
La Sagrada Familia, ciclo c. en TRIGO DE DIOS
La Sagrada Familia, ciclo c.
No podemos dar lo que no tenemos.
Padre nuestro
Domingo, 31-12-2006, Fiesta de la Sagrada Familia, ciclo c
Edición número 79
En esta edición de Padre nuestro, encontraréis los siguientes contenidos:
-Celebremos la Eucaristía. Lecturas eucarísticas, oraciones, homilía y lectura después de la Comunión de la Fiesta de la Sagrada Familia
Celebremos la Eucaristía
Fiesta de la Sagrada Familia, ciclo c
Canto de entrada
Qué alegría
Qué alegría cuando me dijeron
vamos a la casa del Señor,
ya están pisando nuestros pies
tus umbrales Jerusalén.
Jerusalén está fundada,
como ciudad bien compacta,
allá suben las tribus,
las tribus del Señor.
Según las costumbres de Israel
a celebrar el nombre del Señor.
En ella están los tribunales de justicia
en el palacio de David.
Desead la paz a Jerusalén:
Vivan seguros los que te aman,
haya paz dentro de tus muros,
en tus palacios seguridad.
Por mis hermanos y compañeros
voy a decir: la paz contigo,
por la casa del Señor, nuestro Dios,
te deseo todo bien.
Antífona de entrada
Los pastores fueron rápidamente y encontraron a María, a José y al recién nacido acostado en el pesebre (LC. 2, 16).
Saludo del sacerdote
V. Bendigamos a Dios que nos reune en la familia de Jesús, y que su amor de Padre esté constantemente con ustedes.
R. Y con tu espíritu.
Monición de entrada
Sed bienvenidos a la casa de Dios, nuestro Padre común.
Hoy recordamos a la Sagrada Familia compuesta por Jesús, María Santísima y San José. En el día en que vamos a finalizar el año cívico y vamos a hacer muchos propósitos para mejorar nuestra vida, vamos a incluir entre las intenciones de superarnos el hecho de fortalecer nuestras relaciones con nuestros familiares.
Iniciemos esta celebración eucarística pidiéndole a nuestro Padre común que nos ayude a vivir imitando las virtudes características de la Sagrada Familia.
Acto penitencial
V. Al comenzar esta celebración eucarística, pidamos a Dios que nos conceda la conversión de nuestros corazones; así obtendremos la reconciliación y se acrecentará nuestra comunión con Dios y con nuestros hermanos.
V. Señor, ten misericordia de nosotros.
R. Porque hemos pecado contra ti.
V. Muéstranos, Señor, tu misericordia.
R. Y danos tu salvación.
V. Rey de la paz y Santo de Dios: Señor, ten piedad.
R. Señor, ten piedad.
V. Luz que brillas en las tinieblas: Cristo, ten piedad.
R. Cristo, ten piedad.
V. Imagen del hombre nuevo: Señor, ten piedad.
R. Señor, ten piedad.
V. Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
Recitemos el Gloria pidiéndole perdón a nuestro Criador porque hemos incumplido conscientemente los preceptos de su Ley, y elevemos nuestras peticiones al cielo.
Oración colecta
Señor y Padre nuestro, en la Sagrada Familia nos ofreces un verdadero modelo de vida. Haz que en nuestros hogares florezcan sus mismas virtudes y su mismo amor, para que lleguemos a gozar todos juntos de los premios eternos en la casa del cielo. Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
R. Amén.
Liturgia de la Palabra
Lecturas eucarísticas y moniciones que anteceden a las mismas
Monición de la primera lectura
En la primera lectura correspondiente a esta celebración eucarística, se nos incita a fortalecer las relaciones entre padres e hijos y viceversa.
PRIMERA LECTURA
El que teme al Señor honra a sus padres
Lectura del libro del Eclesiástico 3, 2-6. 12-14.
Dios hace al padre más respetable que a los hijos y afirma la autoridad de la madre sobre su prole. El que honra a su padre expía sus pecados, el que respeta a su madre acumula tesoros; el que honra a su padre se alegrará de sus hijos y, cuando rece, será escuchado; el que respeta a su padre tendrá larga vida, al que honra a su madre el Señor lo escucha.
Hijo mío, sé constante en honrar a tu padre, no lo abandones mientras vivas; aunque chochee, ten indulgencia, no lo abochornes mientras vivas. La limosna del padre no se olvidará, será tenida en cuenta para pagar tus pecados.
Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.
Monición del Salmo responsorial
Démosle gracias a nuestro Padre común por permitirnos tener una familia, y hagamos el propósito de vivir unidos a nuestros familiares.
Salmo responsorial
Sal 127, 1-2. 3. 4-5 (R.: cf. 1)
R. Dichosos los que temen al Señor y siguen sus caminos.
Dichoso el que teme al Señor
y sigue sus caminos.
Comerás del fruto de tu trabajo,
serás dichoso, te irá bien. R.
Tu mujer, como parra fecunda,
en medio de tu casa; tus hijos,
como renuevos de olivo,
alrededor de tu mesa. R.
Ésta es la bendición del hombre
que teme al Señor.
Que el Señor te bendiga desde Sión,
que veas la prosperidad de Jerusalén
todos los días de tu vida. R.
Monición de la segunda lectura
San Pablo nos insta a vivir unidos a nuestros familiares, ejercitando los dones y virtudes que hemos recibido del Espíritu Santo, con el fin de fortalecer nuestras relaciones con nuestros seres queridos.
SEGUNDA LECTURA
La vida de familia vivida en el Señor
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 3, 12-21
Hermanos: Como elegidos de Dios, santos y amados, vestíos de la misericordia entrañable, bondad, humildad, dulzura, comprensión. Sobrellevaos mutuamente y perdonaos, cuando alguno tenga quejas contra otro. El Señor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo. Y por encima de todo esto, el amor, que es el ceñidor de la unidad consumada.
Que la paz de Cristo actúe de árbitro en vuestro corazón; a ella habéis sido convocados, en un solo cuerpo. Y sed agradecidos. La palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza; enseñaos unos a otros con toda sabiduría; corregíos mutuamente.
Cantad a Dios, dadle gracias de corazón, con salmos, himnos y cánticos inspirados. Y, todo lo que de palabra o de obra realicéis, sea todo en nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.
Mujeres, vivid bajo la autoridad de vuestros maridos, como conviene en el Señor. Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas. Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, que eso le gusta al Señor. Padres, no exasperéis a vuestros hijos, no sea que pierdan los ánimos.
Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.
Aleluya, Aleluya: Que la paz de Cristo actúe de árbitro en vuestro corazón;
la palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza (Col 3, 15a. 16).
Monición del Evangelio
Muchos padres, aunque se dicen cristianos practicantes, no permiten que sus hijos abracen la vida religiosa, ni que hagan cosas que contradicen su voluntad. Veamos en San José y en María Santísima un ejemplo de los padres que saben acatar las decisiones que sus hijos toman para abrirse camino en su vida.
EVANGELIO
Los padres de Jesús lo encuentran en medio de los maestros
Lectura del santo evangelio según san Lucas 2, 41-52
R. Gloria a ti, Señor.
Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén por las fiestas de Pascua. Cuando Jesús cumplió doce años, subieron a la fiesta según la costumbre y, cuando terminó, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que lo supieran sus padres. Éstos, creyendo que estaba en la caravana, hicieron
una jornada y se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén en su busca.
A los tres días, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas; todos los que le oían quedaban asombrados de su talento y de las respuestas que daba. Al verlo, se quedaron atónitos, y le dijo su madre: "Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Mira que tu padre
y yo te buscábamos angustiados." Él les contestó: " ¿Por qué me buscábais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?" Pero ellos no comprendieron lo que quería decir.
Él bajó con ellos a Nazaret y siguió bajo su autoridad. Su madre conservaba todo esto en su corazón. Y Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres.
Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.
Homilía:
Me amo y amo a mis familiares
El título de esta meditación es muy llamativo. ¿Por qué he antepuesto el amor a nuestras personas al amor que debemos manifestarles a nuestros familiares? Siempre se nos ha dicho que debemos velar por los intereses de nuestros prójimos antes de ocuparnos de satisfacer nuestros problemas, pero no podemos olvidar que nadie puede dar lo que no tiene. Si yo no me amo a mí mismo, no puedo amar a mis prójimos, así pues, al intentar manifestarles mi amor a mis familiares y amigos, ellos sólo verán en mí a alguien a quien quizás no pueden comprender, a no ser que me conozcan lo suficiente como para comprender que le pido peras a un olmo, es decir, que estoy obstinado en dar lo que no tengo. Si yo me ocupo exclusivamente de mí y obvio a mis prójimos tengo que reconocer que soy egoísta, pero si atiendo a mis necesidades al mismo tiempo que me ocupo de hacer felices a los miembros de mi familia, entonces, aquellos a quienes amo, verán en mí a un hijo, a un hermano, a un marido, a un nieto admirable, que es capaz de moverse para alcanzar la felicidad, y de hacer que quienes le rodean hagan lo propio.
En esta Solemnidad de la Sagrada Familia yo quisiera plantearos la siguiente pregunta: A pesar de que tanto nosotros como nuestros familiares hemos recibido el Sacramento del Bautismo, ¿actuamos como verdaderos cristianos en nuestro medio social? Yo no pretendo ocultar en ningún momento la gran labor que llevan a cabo los religiosos que viven consagrados total o parcialmente a nuestro Padre común, así pues, también admiro el trabajo que los laicos están haciendo, unos para extender el conocimiento del Evangelio, y otros para socorrer a quienes tienen carencias materiales y espirituales, pero yo, en mi entorno, sólo veo a unos cuántos sacerdotes rechazados por sus feligreses, y a un montón de cristianos, de los cuales unos cuántos asisten a la celebración de la Misa dominical, y, la gran mayoría, sólo asisten al templo, cuando van a algún bautiso, a alguna boda, o a alguna primera comunión, o al entierro de sus familiares y allegados. Es cierto que todos nos acordamos de Dios cuando tenemos necesidades de cualquier tipo, pero nos cuesta un gran esfuerzo profesar nuestra fe. Sé que quienes predicamos el Evangelio debemos luchar mucho para convencer a nuestros prójimos para que acepten nuestra fe, pues, lejos de Dios, ya sabemos lo que sucede en nuestra sociedad todos los días.
Cada día veo a más madres que consienten mucho a sus hijos pequeños concediéndoles todos sus deseos. Esos niños, conforme van creciendo, creen que tienen el derecho de tener a sus madres como esclavas. Muchas de esas madres tienen un problema ssicológico muy grave, que consiste en que necesitan que se les haga sentir que se les ama continuamente, para poder sentirse felices. No debemos creer que somos muy buenos si nos hacemos siervos de nuestros prójimos, pues, buscando que se nos ame al hacer el bien, lo único que conseguiremos es pecar de egoísmo sin querer aceptar esta realidad, al mismo tiempo que aquellos a quienes servimos se aprovecharán de nosotros para conseguir todo lo que desean. Recordemos que en todo entorno familiar el amor ha de estar caracterizado por el respeto y la reciprocidad mutua en la concesión de dádivas.
A todos nos gustaría mucho que los adolescentes vieran en sus padres a sus mejores amigos, y no a gente que hace lo imposible para frustrar todo lo que ellos quieren hacer. Quienes sois padres, no intentéis sobreproteger a vuestros hijos, así pues, aunque os duela verles sufrir un poco, debéis dejarles que saquen conclusiones de sus experiencias, para que no cometan muchas veces los errores que les hacen sufrir. Habladles a vuestros hijos de la sexualidad, pero no lo hagáis como si dicho tema fuera algo prohibido, no vaya a suceder que se dejen arrastrar por la morbosidad y por lo excitante que puede resultar el hacer cosas que sólo están reservadas para los mayores. Advertidles a vuestros hijos lo que les puede suceder si consumen alcohol yo drogas, y tened valor para decidles que, si cometen algún error, tendrán que asumir las consecuencias de ello, y que os tendrán a vosotros para ayudarles a superar sus dificultades. Si vuestros hijos son captados por una secta, no les digáis directamente que sus nuevos amigos tienen malas intenciones para con ellos, pues más os valdrá entrar en su mundo para librarlos de las ataduras que les impongan, de la misma manera que Jesús venció a la muerte desde la entraña de la misma.
Los niños y los adolescentes no son los únicos miembros de muchas familias que tienen problemas, así pues, son muchas las parejas que sufren la necesidad de comunicarse entre sí en un mundo que curiosamente dispone de muchos medios para que puedan expresarse sus sentimientos. Si existen rupturas de las relaciones matrimoniales, ello no es debido a la ineficacia del Sacramento del Matrimonio porque el mismo es un rito celebrativo que significa lo que es en sí mismo el matrimonio, sino a que no se le pueden atribuir las responsabilidades que supone el mantenimiento de la relación a un sólo cónyuge.
Desgraciadamente muchos padres piensan que no han de preocuparse de la educación de sus hijos, ya que ellos hacen bastante con ganarles el pan con que les alimentan diariamente y con satisfacer las carencias de su prole.
Muchos ancianos se sienten desamparados por sus hijos y por sus nietos. Mientras que los jóvenes y los de edad media nos movemos a velocidad de vértigo en una sociedad que nos obliga a correr con todas nuestras fuerzas para que podamos alcanzar buenos puestos como si fuéramos deportistas, nuestros mayores, aunque intentan comprendernos, se sienten tristes y olvidados por nosotros.
Me gustaría poder escribir una meditación que os ayudara a solucionar todos vuestros problemas, pero, como ello no está a mi alcance, os voy a sugerir una serie de conductas que podéis llevar a cabo para intentar mejorar vuestra relación con vosotros mismos y con vuestros familiares.
Comentario de la Carta de San Pablo a los Colosenses, 3, 1-4, 6
Actuad como dignos hijos de Dios
"¡Habéis resucitado con Cristo! Orientad, pues, vuestra vida hacia el cielo, donde está Cristo sentado al lado de Dios, en el lugar de honor" (COL. 3, 1). "Oráculo del Señor a mi Señor: "Siéntate a mi derecha, que voy a hacer de tus enemigos estrado de tus pies."" (SAL. 110, 1). San Pablo nos dice que Jesús ha resucitado de entre los muertos, por lo cuál hemos de poner nuestros ojos en el Reino de Dios, pues todos anhelamos el estado de felicidad eterna que conocemos como cielo. Si consideramos que el cielo es un estado de felicidad y no un lugar, podemos creer las siguientes palabras de Jesús que San Lucas recopiló en su segunda obra: "El Reino de Dios ya está entre vosotros" (LC. 17, 21). Si el Reino de Dios ya está entre nosotros, no nos cabe duda de que hemos de actuar como verdaderos hijos de Dios en cada instante de nuestra vida.
"Poned el corazón en las realidades celestiales y no en las de la tierra" (COL. 3, 2). ¿Pretendió San Pablo que los cristianos pertenecientes a la comunidad que él fundó en Colosas se olvidaran de sus actividades terrenas para que vivieran únicamente anhelando el establecimiento del Reino de Dios en el mundo? Yo respeto sinceramente a los religiosos contemplativos y a los laicos que viven únicamente para orar por la salvación del mundo, pero yo, después de haber vivido varios años dedicado a la oración del Señor, he comprendido que las palabras se las lleva el viento, y que, para que perduren en nuestros recuerdos (Dios no olvida las oraciones de sus hijos), nos es necesario actuar en favor nuestro y de nuestros prójimos, como si de ello dependiera la conclusión de la instauración del Reinado de nuestro Padre común en nuestros corazones. Comprendo que hemos de tener la esperanza y los ojos en el cielo, pero no hemos de olvidar que aún tenemos los pies firmes sobre la
tierra, por lo cuál no podemos descuidar nuestras responsabilidades. ¿Qué sería de los niños pequeños si sus padres no se cuidaran de ellos y únicamente pensaran en orar?
"Muertos al mundo, vuestra vida está escondida con Cristo en Dios" (COL. 3, 3). San Pablo nos dice que estamos muertos para el mundo, esto es, que nuestra forma de vida se diferencia de la manera en que enfocan su existencia quienes no conocen nuestra fe o, conociendo nuestras creencias, no pueden o no quieren aceptarlas. Jesús le dijo a nuestro Padre común en su oración sacerdotal con respecto a sus fieles seguidores: "Padre justo, el mundo no te ha conocido; pero yo te conozco, y todos estos han llegado a conocer que tú me has enviado" (JN. 17, 25).
"Cuando Cristo, vida vuestra, se manifieste (en su segunda venida o Parusía), también vosotros apareceréis, junto a él, llenos de gloria" (COL. 3, 4). El Apóstol de las gentes nos exhorta para que nos mantengamos firmes en la profesión de nuestra fe, para que así nuestro corazón esté preparado a recibir a Cristo Rey en su segunda venida.
"Destruid lo mucho de mundano que hay en vosotros: la lujuria, la impureza, las pasiones desenfrenadas, los malos deseos y la avaricia, que es una especie de idolatría. Esto es lo que enciende la ira de Dios sobre quienes se niegan a obedecerle, y lo que en otro tiempo constituyó vuestra norma de conducta y de vida" (COL. 3, 5-7). San Pablo nos pide que renunciemos a todas las posibilidades de transgredir el cumplimiento de la Ley de Dios que se nos presenten, diciéndonos que el pecado hace que Dios haga que se encienda su ira sobre nosotros. Yo sinceramente he de deciros que Dios no puede actuar sobre nosotros basándose en criterios meramente humanos, ya que ello haría de él un ser tan imperfecto como lo somos nosotros, pero, aún creyendo que Dios no castigará a los pecadores, hemos de evitar incumplir la Ley del Altísimo, pues ello nos ayudará a vivir en un entorno familiar y social de amor y justicia.
"Ahora es preciso que renunciéis a todo eso: a la ira, el rencor, la malquerencia, la calumnia y la grosería. No andéis engañándoos unos a otros. Despojaos de la vieja y pecadora condición humana" (COL. 3, 8-9). "Dad lugar a la renovación espiritual de vuestra mente y vestíos del hombre nuevo, creado a imagen de Dios para una vida verdaderamente recta y santa" (EF. 4, 23-24). "Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra" (GN. 1, 26). El versículo del Génesis que estamos meditando nos indica que nuestro Padre común nos dotó con el poder que necesitamos para dominar el mundo, así pues, hemos de ejercitar nuestros dones y virtudes para hacer la voluntad de nuestro Padre común. "Y convertíos en hombres nuevos, hombres que van renovándose a imagen de su Creador, en busca de un conocimiento cada vez más profundo" (COL. 3, 10). Es preciso que se opere en nosotros la conversión total, así pues, por grande que creamos que pueda ser nuestra fe, no es conveniente que pensemos que no podemos creer en Dios más de lo que le aceptamos actualmente, pues ello nos impediría amar más a nuestro Santo Padre en un futuro quizás no muy lejano.
"Ya no hay fronteras de raza, religión, cultura o posición social, sino que Cristo es todo en todos" (COL. 3, 11). La Carta a los Colosenses fue escrita en un tiempo en el que los judíos discriminaban a los extranjeros, ya que en aquél tiempo vivían bajo el dominio de Roma, recordaban la invasión de su país por varias naciones en el pasado, no olvidaban la esclavitud de sus padres en Egipto, y tenían el privilegio de que Yahveh se les había revelado a ellos antes de darse a conocer a los perros (los hermanos de raza de Jesús llamaban perros a los paganos). San Pablo les dijo a sus lectores de Colosas que nuestro Padre común es el Dios de la humanidad, por la que para él, independientemente de la raza a la que pertenezcamos y de la ideología que profesemos, todos somos iguales. Ojalá nos sirva el texto paulino que estamos meditando para acabar con las diferencias que nos separan de nuestros hermanos cristianos no católicos, y nos ayude a unirnos a quienes profesan creencias diferentes a las nuestras.
"Sois elegidos de Dios; él os ha consagrado y os ha dado su amor. Sed, pues, profundamente compasivos, benignos, pacientes y comprensivos. Soportaos mutuamente, y así como el Señor os perdonó, también vosotros, si alguno tiene quejas contra otro" (COL. 3, 12-13). "Yo, prisionero por amor al Señor, os exhorto a que llevéis una vida en consonancia con el llamamiento (vocación) que habéis recibido. Sed humildes, amables, comprensivos. Soportaos unos a otros con amor. No ahorréis esfuerzos para consolidar, con ataduras de paz, la unidad, que es fruto del Espíritu. Uno solo es el cuerpo (la materia es diferente a la espiritualidad) y uno solo es el Espíritu, como una es la esperanza a la que habéis sido llamados. Sólo hay un Señor, sólo una fe, sólo un bautismo. Sólo un Dios, que es Padre de todos, que a todos domina, por medio de todos actúa y en todos vive" (EF. 4, 1-6).
"Y, por encima de todo, practicad el amor, que es la cumbre de la perfección. Que la paz de Cristo reine en vuestra vida; a ella os ha llamado Dios para formar un solo cuerpo. Sed agradecidos. El mensaje de Cristo llene con toda su riqueza vuestros corazones, y sed de veras maestros y consejeros los unos de los otros. Con un corazón profundamente agradecido, cantad a Dios salmos, himnos y canciones inspiradas. En fin, cuanto hagáis o digáis, hacedlo en nombre de Jesús, el Señor, dando gracias a Dios Padre por medio de él" (COL. 3, 14-17).
Deberes sociales concernientes a la vida de los cristianos
Nuestro pensamiento cristiano se ha modernizado en muchos países dando lugar a formas de pensar muy diversas, así pues, cuando San Pablo les dice a las mujeres que se sometan a sus maridos, podemos entender esa sumisión como una entrega total al cumplimiento de la voluntad de los mismos, o como una entrega parcial, que corresponde tanto a los hombres como a las mujeres, dado que las relaciones matrimoniales han de ser vividas y armonizadas por ambos cónyuges.
"Esposas, respetad la autoridad de vuestros maridos; tal es vuestro deber como cristianas" (COL. 3, 18). "Las mujeres respeten a sus maridos, como si del Señor se tratase. Porque el marido es cabeza de la mujer, como Cristo es cabeza y Salvador del cuerpo que es la Iglesia. Si, pues, la Iglesia es dócil a Cristo, séanlo también, y sin reserva alguna las mujeres a sus maridos" (EF. 5, 22-24). "También vosotras, mujeres, sed respetuosas con vuestros maridos, para que vuestra conducta intachable y recatada, basada en hechos y no en palabras, conquiste incluso a los más reacios al mensaje de salvación" (1 PE. 3, 1). No podemos juzgar los textos que estamos meditando desde el punto de vista del feminismo precisamente, por consiguiente, hemos de tener en cuenta que los mismos fueron redactados en un tiempo en el que las mujeres no eran libres ni para expresar sus opiniones, dado que habían de vivir bajo la autoridad de sus padres si eran solteras, o sometidas a sus maridos si estaban casadas. Aun en el caso de las mujeres que estuvieran divorciadas, ellas tenían que someterse a la voluntad de sus padres (no de sus madres), en el caso de que los mismos vivieran.
"Maridos, amad a vuestras mujeres y nunca las tratéis con aspereza" (COL. 3, 10). "Vosotros, los maridos, amad a vuestras mujeres, como Cristo amó a la Iglesia. Por ella entregó su vida a fin de consagrarla a Dios, purificándola por medio del agua y por la palabra. Se preparó así una Iglesia radiante, sin mancha (pecado), ni arruga, ni nada semejante; una Iglesia santa e inmaculada. Este es el modelo según el cual los maridos deben amar a sus mujeres, como cuerpos suyos que son. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama. Pues nadie ha odiado jamás a su propio cuerpo; todo lo contrario, lo cuida y alimenta. Es lo que hace Cristo con su Iglesia, que es su cuerpo, del cual todos nosotros somos miembros vivos" (EF. 5, 25-30). "En cuanto a vosotros, maridos, llevad adelante vuestra convivencia matrimonial en un clima de respeto y comprensión. Tened en cuenta que la mujer es un ser más delicado (que vosotros) y que habéis de heredar junto con ellas el don de la vida (eterna).
Tendréis así asegurado el éxito de vuestras oraciones" (1 PE. 3, 7).
"De vosotros, hijos, el Señor espera que obedezcáis puntualmente a vuestros padres" (COL. 3, 20). "Vosotros, los hijos, como creyentes que sois, obedeced puntualmente a vuestros padres" (EF. 6, 1). Todos conocemos el cuarto Mandamiento de la Ley de Dios, pero es discutible el punto hasta el que hemos de obedecer a nuestros padres. Es cierto que muchos padres quieren que sus hijos alcancen la plenitud de la felicidad, de la misma forma que otros son egoístas, y otros no tienen la sabiduría que necesitan para encaminar a sus hijos por el camino que han de recorrer para realizarse personalmente. He de ser justo y reconocer que no todos los hijos pueden, deben o quieren obedecer a sus progenitores asumiendo todas las consecuencias que ello implica.
"Por vuestra parte, padres, educad con tacto a vuestros hijos, para que no se desalienten" (COL. 3, 21). "Y vosotros, los padres, no hagáis de vuestros hijos unos resentidos, sino educadlos, instruidlos y corregidlos como lo haría el Señor" (EF. 6, 4).
"Esclavos, acatad en todo momento con respeto las órdenes de los amos temporales (Dios es nuestro Patrón eterno). No en plan adulador o como alguien que se siente vigilado, sino con la nobleza de los que temen al Señor" (COL. 3, 22). Aunque la esclavitud ya no existe en muchos países, en la actualidad se habla mucho del acoso psicológico que sufren muchos trabajadores. Desgraciadamente son muchos los empresarios que tienen la creencia de que sus trabajadores serán más productivos si se sienten amenazados con perder su trabajo que si tuvieran la sensación de que su esfuerzo les merecería la pena porque les produciría la sensación de tener la vida resuelta. Es cierto que muchos trabajadores se dirigen a sus superiores con miedo o con cierta astucia porque se sienten estrechamente vigilados en todo momento, pero también es cierto que muchos de ellos se dedican a espiar a sus compañeros para mantener informados a sus jefes de los defectos de los mismos. Lo curioso a este respecto es que quienes espían a sus suvordinados o a sus compañeros viven estresados porque siempre quieren más cosas de las que consiguen, y, quienes no pueden o no quieren salir de las trampas que se les tienden, sufren porque su situación puede ser tan dramática como para que deseen suicidarse. Dios creó el trabajo como un medio de santificación, pero ello no siempre es factible en nuestra sociedad.
"Poned el corazón en lo que hagáis, como si lo dedicáseis al Señor y no a los hombres" (COL. 3, 23). No todos los trabajadores tenemos la suerte de desempeñar la actividad que nos gusta, pero ello no significa que hemos de dejarnos vencer por el desánimo, pues es bueno que le agradezcamos a nuestro Padre común la posibilidad que tenemos de vivir en un planeta en el que la mayoría de los habitantes del mismo viven bajo el umbral de la miseria.
"Sabed que el Señor os dará, al fin y al cabo, la herencia eterna como premio y que sois esclavos de Cristo, el Señor. En cuanto al malvado, Dios le dará lo merecido sin favoritismo alguno" (COL. 3, 24-25). "Y recordad que el Señor recompensará a cada uno según el bien que haya hecho, sin distinguir entre amo y esclavo" (EF. 6, 8).
"Amos, conceded de buen grado a los esclavos cuanto sea justo y conveniente, sabiendo que también vosotros tenéis un amo en el cielo" (COL. 4, 1). "Por vuestra parte, amos, tratad a vuestros servidores de igual manera. Prescindid de amenazas y tened en cuenta que tanto vosotros como ellos pertenecéis a un mismo amo, que está en los cielos y no entiende nada de favoritismos" (EF. 6, 9).
"Entregaos a la oración con espíritu vigilante y corazón agradecido. Y de paso rogad a Dios por mí, para que me facilite la tarea de anunciar el plan secreto de Dios realizado en Cristo, por el cual me encuentro ahora encarcelado. Esa es mi obligación; darlo a conocer convenientemente. Aprovechad bien las oportunidades que tengáis de portaros sabiamente con los no cristianos. Y en vuestra conversación sed siempre amenos, simpáticos y ecuánimes" (COL. 4, 2-6).
Finalicemos esta meditación orando por la gran familia que es la Iglesia de la que todos formamos parte, y por nuestras familias. Quienes sois padres, pedidle a San José que os transmita sus dones y virtudes. Pedidle, madres, a nuestra mediadora celestial, que os ayude a imitar vuestros dones y virtudes, y, ya que todos somos hijos, vivamos imitando a Jesús de Nazaret.
Oración de los fieles
V. En el día en que celebramos la fiesta de la Sagrada Familia, oremos por nosotros, por nuestra familia carnal, por la familia cristiana, y por la familia mundial.
Respondemos a cada petición: Padre nuestro, escucha nuestra oración.
V. Por Benedicto XVI, los Obispos y todos los religiosos, para que Dios haga de ellos una familia ejemplar unida, que resista todas las dificultades que sufre la Iglesia, con el firme propósito de alcanzar la santidad. Oremos.
V. Por los seglares, por quienes tienen la misión de transmitir la Palabra de Dios en el medio que se desarrolla su vida, para que su testimonio sea un motivo que aumente el número de los que creen en Dios, y aguardan, gozosamente, la plena instauración del Reino de Dios. Oremos.
V. Por los ancianos, para que no se sientan solos, y para que nuestro corazón se vuelva sensible a sus necesidades. Oremos.
V. Por los discapacitados, para que, unidos a ellos, caminemos todos en la misma dirección, con los ojos fijos en la misma meta. Oremos.
V. Para que el Señor, que quiso participar de la vida de familia en el hogar de María y José, mantenga en paz a todas las familias cristianas. Oremos.
V. Para que los novios sientan la presencia de Dios en la vivencia de su amor mutuo y se preparen santamente para su matrimonio. Oremos.
V. Para que Dios ilumine y consuele a las familias desunidas, a los esposos que han de vivir separados por causa del trabajo, a los hijos de los divorciados, a los hogares sin hijos y a los que lloran la muerte de sus familiares. Oremos.
V. Para que nos esforcemos por vivir en paz y armonía con nuestros familiares y los miembros de nuestra comunidad, superando con bondad, comprensión y caridad fraterna nuestras mutuas desavenencias. Oremos.
V. Añadir nuevas peticiones.
V. SeñorDios nuestro, que has querido que tu Hijo, engendrado antes de todos los siglos, fuera miembro de una familia humana, escucha nuestras súplicas y haz que los padres y madres de familia participen de la fecundidad de tu amor, y que sus hijos crezcan en sabiduría, entendimiento y gracia ante ti y
ante los hombres. Haz que todos seamos la imagen viva de la Sagrada Familia de Nazaret. Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.
Liturgia eucarística
Canto del Ofertorio
Señor te ofrecemos
Señor te ofrecemos el vino y el pan,
la tristeza y el gozo,
la alegría de amar.
Los buenos deseos, las ansias de verdad,
nuestras voces que cantan a la libertad.
Señor te ofrecemos las ganas de luchar,
el susurro del viento que invita a soñar.
Acepta en tus manos todo nuestro amor,
haznos uno contigo, gracias Señor.
Oración sobre las ofrendas
Te ofrecemos, Padre, el sacrificio de la reconciliación, y por la intercesión de la Virgen María y de San José te pedimos que construyas a nuestras familias sobre el fundamento de tu gracia y de tu paz. Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.
Prefacio de Navidad I
Cristo, la luz del mundo
V. El Señor esté con ustedes.
R. Y con tu espíritu.
V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.
V. Realmente es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno. Porque gracias al misterio de la Palabra hecha carne, la luz de tu gloria brilló ante nuestros ojos con nuevo resplandor, para que, conociendo a Dios visiblemente él nos lleve al amor de lo invisible. Por eso con los ángeles y los arcángeles y con todos los coros celestiales, cantamos un himno a tu gloria diciendo sin cesar:
Santo, Santo, Santo...
Antífona de Comunión
Nuestro Dios apareció en la tierra y vivió entre los hombres (BAR. 3, 8).
Canto de Comunión
El día es hoy, la hora ya, pronto Jesús por mi vida pasarás. Sé que tu amor es fuerte, quiero trepar y verte. Ven a mi casa, a mi hogar, que hace tiempo guardo un lugar y llevo dentro tantos deseos de conversar. Ven a mi casa, a mi hogar, y así se va a iluminar ese rincón oscuro y cerrado abre de par en par y será tuyo lo que es mío, tuyo mi hogar. Ya sé por qué, estoy aquí, quiero guardar, tus ojos dentro de mí. Porque miraste hondo y lo comprendiste todo. Ven a mi casa... Al que me amó sin despreciar, y me buscó y me vino a visitar; le devolvió a mis manos un latido de hermano. Ven a mi casa...
Lectura después de la Comunión
Señor, Dios nuestro, tú nos has elegido para ser tus santos y tus predilectos. Revístenos de sentimientos de misericordia, de bondad, de humildad, de dulzura, de paciencia. Ayúdanos a sobrellevar los unos a los otros cuando tenemos algún motivo de queja, lo mismo que tú, Señor, nos has perdonado. Sobre todo, danos esa caridad, que es el vínculo de perfección. Que la paz de Cristo brille en nuestros corazones. Esa paz que debe reinar en la unidad de tu cuerpo místico. Que todo cuanto hagamos, en palabras o en obras, sean en nombre del Señor Jesús, por quien sean dadas gracias a ti, Dios Padre y Señor nuestro. Amén.
(De:
http://www.churchforum.org
).
Oración después de la Comunión
Padre bueno, alimentados con estos divinos sacramentos, concédenos imitar constantemente los ejemplos de la Sagrada Familia, para que, después de las pruebas de esta vida, podamos gozar siempre de su compañía en el cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.
Bendición solemne de Navidad
V. El Señor de infinita bondad que por la encarnación de su Hijo disipó las tinieblas del mundo y por su glorioso nacimiento iluminó este santísimo día disipe en ustedes las tinieblas del pecado e ilumine sus corazones con el esplendor de las virtudes.
R. Amén.
V. él, que por medio del ángel quiso anunciar a los pastores el gran gozo del nacimiento del Salvador, colme con su alegría los corazones de ustedes y los transforme en mensajeros de su Evangelio.
R. Amén.
V. él, que por la encarnación de su hijo unió lo terreno con lo celestial les conceda la abundancia de su amor y de su paz, y los haga partícipes de la Iglesia celestial.
R. Amén.
V. Y que la bendición de Dios todopoderoso, del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.
R. Amén.
V. Pueden ir en paz.
R. Demos gracias al Señor.
Exhortación de despedida
Después de recibir a Jesús en esta Eucaristía, volvamos a realizar nuestras actividades ordinarias, teniendo en cuenta que hemos sido llamados a vivir en el seno de la gran familia de los hijos de Dios.
Canto final
Santa María de la Esperanza
Santa María de la Esperanza,
mantén el ritmo
de nuestra espera.
Nos diste al esperado de los tiempos,
mil veces prometido en los profetas.
Y nosotros de nuevo deseamos
que vuelva a repetirnos sus promesas.
Brillaste como aurora del gran día,
plantaba Dios su tienda
en nuestro suelo.
Y nosotros soñamos con su vuelta,
queremos la llegada de su Reino.
Viviste con la cruz de la esperanza,
tensando en el amor la larga espera.
Y nosotros buscamos con los hombres
el nuevo amanecer de nuestra tierra.
Esperaste cuando todos vacilaban,
el triunfo de Jesús sobre la muerte.
Y nosotros esperamos que su vida
anime nuestro mundo para siempre.
Disculpadme por la repetición de algunos cantos que estoy haciendo en algunas ediciones de Padre nuestro, pero ello es debido a los problemas que he tenido con mi conexión a Internet. Intentaré solucionar mis problemas informáticos pronto, para enviaros cantos diferentes.
Desconozco los autores de los cantos que aparecen en esta edición de Padre nuestro.
Creado por trigodedios | 0 comentarios | 19/04/07 23:26
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