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La Epifanía del Señor, ciclo a. en TRIGO DE DIOS

La Epifanía del Señor, ciclo a.

Dios ha amanecido sobre nosotros. Padre nuestro

Jueves, 6-01-2005, Epifanía del Señor

Edición número 11

En esta edición de Padre nuestro encontraréis los siguientes contenidos:
-Sagrarios vivos. Cita de las lecturas eucarísticas, oraciones y homilía dominical.

Sagrarios vivos

La Epifanía del Señor

Antífona de entrada

Mirad que ya viene el Señor de los ejércitos; en su mano están el reino y la potestad y el imperio (Mal. 3, 1; 1 Crón. 19, 12).

Saludo inicial del sacerdote

La paz y el amor de Dios, nuestro Padre, que se han manifestado en Cristo, nacido para nuestra salvación, estén con vosotros.
R. Y con tu espíritu

Cantemos o recitemos con gran devoción el Gloria, pidiéndole a Dios perdón porque hemos transgredido conscientemente el cumplimiento de su Ley, y elevemos nuestras peticiones al cielo.

Monición de entrada

Los Magos de Oriente hicieron un viaje muy largo siguiendo la estrella de la fe que anunciaba el Nacimiento del Mesías. Los citados Magos le ofrecieron al Señor oro, incienso y mirra. ¿Qué le vamos a ofrecer a Jesús en el día en que el unigénito de Dios se nos revela como Dios de todas las naciones por la adoración de los Magos? Jesús fue adorado por gentiles (sabemos que los Magos no eran judíos), así pues, alegrémonos al saber que el Dios de los Patriarcas es Dios y Señor de todas las naciones.

Oración colecta

Señor, Dios nuestro, que por medio de una estrella diste a conocer en este día a todos los pueblos el nacimiento de tu Hijo, concede a los que ya te conocemos por la fe llegar a contemplar, cara a cara, la hermosura de tu inmensa gloria. Por nuestro Señor Jesucristo.

Liturgia de la Palabra

Lecturas:

1. La gloria delSeñor alborea sobre ti (Is. 60, 1-6). En el día en que celebramos la Epifanía del Señor, nos gozamos porque la luz de Cristo resplandece sobre nosotros y el medio en que vivimos. El fragmento del tercer Isaías que será proclamado a continuación, simboliza la instauración del Reino de Dios, el júbilo con que todas las naciones vivirán eternamente en la presencia de su Criador.

2. Que te adoren, Señor, todos los pueblos (Sal. 71, 1-2. 7-8. 10-11. 12-13. R.: Cf. 11). Al meditar el fragmento del Salmo 71 que cantaremos o escucharemos a continuación, tendremos presente la misión del Mesías, pensando en las razones por las que le adoramos, y le agradecemos la misericordia con que nos hace dignos de vivir en su presencia.

3. También los paganos participan de la misma herencia que nosotros (Ef. 3, 2-3. 5-6). San Pablo nos dice que, las revelaciones que el pueblo judío recibió por medio de los Profetas sobre las que meditamos brevemente en el tiempo de Adviento, también nos afectan a nosotros, porque nuestro Dios es Dios de judíos y no judíos.

4. Aleluya, Aleluya: Hemos visto su estrella en el Oriente y hemos venido a adorar al Señor (Mt. 2, 2).

5. Hemos venido de Oriente para adorar al rey de los judíos (Mt. 2, 1-12). Imitemos la fe de los Magos orientales, los cuales emprendieron un largo y difícil viaje para adorar al Mesías. Acerquémonos a María, la estrella de la fe, para que ella nos enseñe a confiar en Jesús, su Hijo amado.

Homilía:

1. Dios ha amanecido sobre nosotros en este día de la Epifanía o manifestación de nuestro Señor Jesucristo a quienes estamos dispuestos a aceptar su Palabra como verdad suprema y nos hemos comprometido a cumplir la voluntad de nuestro Padre común. Isaías nos dice en la primera lectura que Dios es todopoderoso, nuestra fuerza salvadora, la luz que nos guía en medio de las tinieblas en que vivimos cuando no sabemos vencer nuestras dificultades o cuando carecemos de la fuerza que necesitamos para afrontar y confrontar todos los aspectos de la vida que nos hacen sufrir. Quienes no creen en Dios viven en tinieblas, no porque son pecadores, sino porque están privados de la gran alegría que significa para nosotros la seguridad plena de que no estamos solos ante nuestras dificultades. Quienes aprendimos a tener fe siendo adolescentes o adultos, sabemos que la vida que rechaza la luz de Dios está llena de incertidumbres. Dios es nuestro Salvador, y su poder es infinito. En la primera
lectura, el Profeta nos hace entender que Dios irradiará su luz a la humanidad desde Jerusalén, y que todas las naciones le adorarán en la ciudad tres veces santa, según los cultos judío, cristiano y árabe. Pensemos, queridos hermanos y amigos, que nuestro Hermano y Señor Jesús, nos redimió a escasos kilómetros de Jerusalén. "No cabe que un profeta (él) perezca fuera de Jerusalén" (Lc. 13, 33). El día en que acontezca la segunda venida o Parusía de Jesús, todos los habitantes del mundo iremos a la ciudad santa, portando nuestros tesoros espirituales, así pues, nuestro Señor nos juzgará, limpiándonos de nuestras imperfecciones e impurezas.
2. El Salmo que meditamos hace varios minutos constituye una alabanza a Dios que se le puede aplicar a Cristo, nuestro Rey, quien, en actitud suplicante, le pidió al Padre que lo facultara para llevar a cabo la misión que él le encomendó sin fracasar. La súplica sobre la que meditamos en el citado Salmo era confiada, así pues, no estaba marcada por la desesperación ni la carencia de fe, sino por el vivo deseo de un Jesús joven, carente de experiencias vitales, dispuesto para que el Espíritu Santo le amoldara al cumplimiento de la voluntad de nuestro Padre común, con gran sabiduría, y sin admitir ninguna vacilación. Cristo es el Rey cabal y perfecto que necesitamos, de hecho, sólo él nos puede salvar.
3. Cuando los Magos llegaron a Jerusalén preguntando por el Rey de los judíos, ni siquiera los más instruidos en el conocimiento del Verbo divino, pensaron que se les interrogaba sobre la Natividad del Mesías, así pues, los citados Magos fueron conducidos al palacio de Herodes. Para bochorno de Jerusalén y para gloria de los Magos gentiles, el pueblo que tantas revelaciones de Dios había recibido, dormía aletargado por la difícil situación de subyugación con respecto a Roma, el terrorismo interno y la manipulación religiosa que padecía. No podemos culpar a todos los habitantes de Jerusalén por carecer de fe, pero, cuando los Magos visitaron el palacio de Herodes, Yahveh debió sentirse descorazonado al pensar que su pueblo le ignoraba, a pesar de las múltiples formas que se le había manifestado en el pasado. LosMagos les señalaron a los israelitas el camino para encontrar al Mesías. Recuerdo el día en que los Príncipes de Asturias celebraron su enlace conyugal. Millones de
personas estuvimos pendientes a aquel trascendental evento que sin duda alguna ha marcado la Historia de mi país. Nuestra fe es pequeña, porque aún no hemos tomado la decisión de caminar, mirando al cielo, con los pies muy firmes sobre la tierra, buscando la estrella de la fe. ¿Por qué no descansamos durante el día y caminamos afectados por el abrazo de las tinieblas buscando la estrella que ha de darle a nuestra vida un sentido nuevo caracterizado por la eternidad?
Ante el estamento social de los grandes personajes que aparecen en el Evangelio de hoy, Jesús aparece marcado por la debilidad, la ignorancia, el desprecio y la persecución. ¿Cómo puede explicarse el hecho de que Herodes emprendiera una persecución contra un niño indefenso? ¿Qué sentido tuvo la matanza de los niños de Belén menores de dos años que llevaron a cabo los componentes de una centuria? ¿Cómo pudo ver Herodes a un adversario en medio de la miseria en que aquel tiempo vivía la Sagrada Familia? Herodes asesinó impasiblemente a los niños de Belén, sin que ninguno de ellos fuera la víctima que más deseaba ejecutar.
Con cuánta naturalidad preguntaron los Magos en Jerusalén por el Rey de los judíos, y con qué miedo se les informó con respecto a la Profecía de Miqueas, el cuál afirmó en su tiempo que el enviado de Dios nacería en la pequeña ciudad de Belén de la región de Judea. ¿Qué les decimos nosotros a quienes nos preguntan si tenemos fe? ¿Somos capaces de vencer la pereza que nos impide asistir a las celebraciones eucarísticas? ¿Somos conscientes de que al no celebrar la Eucaristía rechazamos el hecho de recibir a nuestro Señor en la Comunión? ¿Es nuestra desestimación del Señor lo suficientemente considerable como para rechazar a Jesús? ¿Cumplimos la voluntad de Dios? ¿Nos amparamos en un continuo ciclo de formación, acción y oración para vivir en conformidad con el cumplimiento de la voluntad de nuestro Padre y Dios?
Los Magos no intuyeron la pretensión con que Herodes les envió a informarse del lugar exacto en que estaba la Sagrada Familia. El Espíritu Santo quiso que los Magos regresaran a su tierra tomando un atajo por el río Jordán, para evitar su improcedente encuentro con Herodes, el cuál, al verse burlado, montó en cólera, y ordenó el cruel asesinato de los niños de Belén.
4. A pesar de que hoy muchos niños han amanecido rodeados de regalos, no debemos olvidar que, la mayoría de los niños del mundo, están padeciendo circunstancias difíciles. El día de los Reyes Magos es un cúmulo de esperanza e ilusión que es mantenido por los regalos y el cariño que los niños reciben de parte de quienes les aman, sus queridos familiares, los cuáles, se hacen pasar por los Magos de Oriente, pues la magia y el sacrificio de no delatar a quienes invierten su dinero, hacen de este día un recuerdo enntrañable para los pequeños. Tengamos un recuerdo solidario en virtud de ofrecerles nuestra ayuda a los niños que pasan hambre, a los sin techo, y, si nos es posible, regalémosle un juguete a un niño pobre, para que sean muchos los niños que, al menos un día a lo largo de su vida, puedan derramar lágrimas de alegría, y puedan quedarse bloqueados instantáneamente al recibir un don que quizá creen que no merecen, bien por su pobreza, o por pertenecer a una clase social
inferior.
5. Hablando de regalos, sus Majestades de Oriente también tuvieron el detalle de ofrendarle a Jesús unas dádivas que le prepararon. No sabemos cuántos eran los Magos, pero creemos que son tres, en consideración de los regalos que le hicieron al Mesías. A estos tres astrólogos los llamamos Melchor, Gaspar y Baltasar. A Melchor le atribuimos los lingotes de oro que le dio a Jesús, con lo cuál quiso afirmar que Jesús es el Hombre más poderoso y prestigioso de todos los tiempos. El segundo Mago, Gaspar, le ofrendó a Jesús incienso, la ofrenda que sólo se les hace a los dioses, afirmando la Deidad del Hijo de María. Baltasar, el negro más querido por los niños, envuelto en un halo de misterio, le ofrendó a Jesús un poco de mirra, la sustancia con que embalsamaban en aquel tiempo a quienes fallecían, indicando que, por su muerte y Resurrección, nuestro Señor habría de llevar a cabo su misión redentora.
6. El próximo Domingo, con la celebración del Bautismo del Señor, -la segunda Epifanía de Jesús-, concluiremos el tiempo de Navidad, e iniciaremos el primer ciclo del tiempo ordinario, que será interrumpido por el inicio de la Cuaresma, y, después de la celebración de la Ascensión del Señor y Pentecostés, se prolongará hasta la Solemnidad de Cristo Rey, para volver a comenzar un nuevo periodo de Adviento.
Todos recordamos las enseñanzas de la Iglesia con respecto al tiempo de Adviento porque aún tenemos muy presentes los textos litúrgicos que meditamos durante las cuatro semanas que precedieron a la Natividad de Jesús. La meditación de las Profecías del Antiguo Testamento nos hizo copartícipes de la historia de la revelación de Dios a los hombres en la presencia de María, reflexionando sobre el dolor de nuestra Madre común, la maestra que ayuda a quienes padecen a vivir las circunstancias difíciles a las que se enfrentan cada día.
El tiempo de Navidad comienza con la celebración de las Vísperas de Navidad y la Natividad de Jesús, y se prolonga hasta el Bautismo del Señor, que se celebra el Domingo siguiente a la Epifanía o manifestación de Jesucristo. En este tiempo nos estamos concienciando de que el Verbo de Dios se ha hecho hombre, y se ha puesto a nuestro servicio para redimirnos, para cumplir la voluntad de Dios.
En sus dos ciclos, el tiempo ordinario es una sucesión de 34 semanas, durante las cuales, como peregrinos que recorren el mundo buscando la fuente que extinga su sed, meditaremos rápida y eficazmente la Palabra de Dios, pues no deseamos que nuestra fe se debilite en el tiempo en que viviremos escasas celebraciones.
La Cuaresma es un periodo de 40 días que finaliza el Jueves Santo, y es sucedido por el Santo Triduo de Pascua, los tres días en que meditamos la Pasión, muerte y Resurrección de Cristo, para celebrar el más jubiloso de todos los acontecimientos históricos durante 50 días. La Cuaresma es tiempo de conversión y penitencia, tiempo de desandar los caminos inciertos, tiempo de reconstruir lo que hemos destruido, y tiempo en que debemos mejorar como personas cristianas.
La Semana Santa es el periodo en que finaliza la Cuaresma y comenzamos la Pascua. Durante la citada semana meditamos los misterios centrales de nuestra fe: la institución de la Eucaristía, el Sacerdocio y la Penitencia, y la Pasión, muerte y Resurrección del Señor.
La Pascua se prolonga durante los 50 días siguientes al Domingo de Pascua o Resurrección. En ese tiempo nos esforzamos por seguir perfeccionándonos como si no hubiera finalizado la Cuaresma, con la alegría de saber que Jesús nos espera en el cielo y de que el Espíritu Santo nos guía en nuestro camino, según recordamos en las celebraciones de la Ascensión y Pentecostés, antes de iniciar el segundo ciclo ordinario, celebrando a la Santísima Trinidad, el Corpus Christi, y los Sagrados Corazones de Jesús y María.
El tiempo ordinario concluirá con la Solemnidad de Cristo Rey, para que comprendamos que el Señor concluyó la obra que el Padre le encomendó, y que él desea que nos dejemos santificar, para concluir la instauración del Reino de nuestro Padre común.
Queridos hermanos y amigos que no tenéis la costumbre de celebrar la Eucaristía dominical pero que habéis compartido la alegría de las fiestas navideñas con nosotros, os invito a no alejaros de la Iglesia, y me pongo a vuestra disposición, para fortalecer vuestra fe.
Pidámosles a Dios y María Santísima, antes de finalizar esta meditación, que la luz de Cristo irradie sobre nuestra vida, el ambiente en que nos perfeccionamos, la Iglesia, nuestros hermanos cristianos de otras confesiones, y los no creyentes.

Oración de los fieles

V. Presentamos, hermanos, hermanas, nuestras oraciones al Señor, en este día santo en que Dios ha manifestado su poder a las naciones, la salvación a los pueblos y a nosotros la luz radiante de su gloria. A cada petición respondemos: Te rogamos, Señor, ilumínanos.

1. Por la santa Iglesia de Dios: para que ilumine a los hombres con la luz que resplandece en el rostro de Cristo, disipe las tinieblas de los que viven en el error y dé ánimo a los fieles, para que, con valentía, hagan brillar la luz del Evangelio ante todas las naciones, roguemos al Señor.
2. Por las Iglesias que acaban de nacer en los diversos pueblos: para que su juventud y vigor sean levadura de vida para todas las comunidades cristianas, roguemos al Señor.
3. Por los pueblos que aún no han sido iluminados por el Evangelio y por aquellos que, habiendo conocido a Cristo, han abandonado el camino de la verdad: para que confiesen a Cristo como Señor y le adoren como a Dios verdadero, roguemos al Señor.
4. Por nosotros, que hemos sido llamados de las tinieblas a la luz admirable de Cristo: para que nos afiancemos en la fe verdadera y sigamos con fidelidad las enseñanzas del Evangelio, roguemos al Señor.
5. Añadir más peticiones.

V. Escucha nuestras oraciones, Dios todopoderoso y eterno, y haz que los que hemos conocido y adorado a tu Hijo, Rey y Señor de todos los pueblos, vivamos siempre como hijos de la luz y nos esforcemos para iluminar con la luz de Cristo a todos los pueblos y naciones. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Liturgia eucarística

Oración sobre las ofrendas

Mira, Señor, los dones de tu Iglesia que no consisten ya en oro, incienso y mirra, sino en tu mismo Hijo, Jesucristo, que bajo las apariencias de pan y de vino, va a ofrecerse en sacrificio y a dársenos en alimento, y que vive y reina por los siglos de los siglos.

Prefacio

V. El Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.
V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.
V. En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno. Porque has revelado en Cristo, para luz de los pueblos, el verdadero misterio de nuestra salvación; pues al manifestarse Cristo en nuestra carne mortal nos hiciste partícipes de la gloria de su inmortalidad. Por eso, con los ángeles y los arcángeles y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria: Santo, Santo, Santo...

Antífona de la Comunión

Hemos visto su estrella en el Oriente y venimos con regalos a adorar al Señor (Cfr. Mt. 2, 2).

Oración después de la Comunión

Que tu luz, Señor, nos guíe y nos acompañe siempre: para que comprendamos cada día más este Sacramento en el que hemos participado y podamos recibirlo con mayor amor. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Bendición solemne de la Epifanía

V. Que Dios, cuya misericordia os llamó de las tinieblas a su luz admirable, derrame su bendición sobre vosotros y fortalezca vuestro corazón en la fe, la esperanza y la caridad.
R. Amén.
V. Y puesto que seguís confiadamente a Cristo, que hoy se manifestó al mundo, como una luz que brilla en las tinieblas, que os haga también a vosotros ser luz para vuestros hermanos.
R. Amén.
V. Para que así, cuando termine vuestra peregrinación terrena, os encontréis con Cristo, el Señor, luz de luz, a quien los magos buscaron guiados por la estrella y, llenos de gozo, lograron encontrar.
R. Amén.
V. Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros.
R. Amén.
V. Podéis ir en paz.
R. Demos gracias a Dios.

Exhortación de despedida

Después de recibir a Jesús en la Eucaristía, dispongámonos a meditar sobre todo lo que hemos aprendido durante el Adviento y la Navidad, y, posteriormente, hagamos un examen de conciencia, con la finalidad de comprobar si nuestro corazón está más dispuesto a cumplir la voluntad de Dios sin vacilar.
Creado por trigodedios | 0 comentarios | 17/04/07 23:47

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