TRIGO DE DIOS
La Asunción de María, ciclo b. en TRIGO DE DIOS
La Asunción de María, ciclo b.
Nuestra Madre fue asunta al cielo. Aprendiendo de la admirable Asunción de María, por Susana Ratero.
Padre nuestro
Martes, 15-08-2006, Solemnidad de la Asunción de la Virgen, ciclo b
Edición número 55
En esta edición de Padre nuestro, encontraréis los siguientes contenidos:
-Celebremos la Eucaristía. Cita de las lecturas eucarísticas, oraciones, homilía dominical y lectura después de la Comunión.
-Padre nuestro, escucha nuestra oración. Con María, aprendiendo de su admirable Asunción. Por Susana Ratero
Celebremos la Eucaristía
Solemnidad de la Asunción de la Virgen, ciclo b
Antífona de entrada
Apareció en el cielo un gran signo: una mujer revestida del sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas en su cabeza (CF. AP. 12, 1).
O bien:
Alegrémonos todos en el Señor, al celebrar esta solemnidad en honor de la Santísima Virgen María. Los ángeles se regocijan por su Asunción y alaban al
Hijo de Dios.
Recitemos el Gloria en esta celebración de la Virgen Santísima, pidiéndole a nuestro Padre común perdón por nuestras transgresiones voluntarias en el
cumplimiento de su Ley, y elevemos nuestras peticiones al cielo.
Saludo inicial del sacerdote
La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo estén con todos vosotros.
R. Y con tu espíritu.
Monición de entrada
Sed bienvenidos a la casa del Señor, en el día en que celebramos el triunfo de nuestra Santa Madre. Por nuestra fe sabemos que María Santísima no experimentó
la corrupción de la muerte, así pues, ella está con Jesús en el cielo en cuerpo y alma, e intercede por nosotros, sus hijos, mientras que aguarda la llegada
del glorioso día en que, al igual que ella, seamos trascendidos a la dignidad divina a la que hemos sido destinados por nuestro Padre común.
Comencemos esta celebración pidiéndole a nuestro Padre común que el triunfo de nuestra Santa Madre con respecto a su humana debilidad, sea para nosotros
un estímulo constante que nos inste a no perder la fe ni la esperanza que ha de caracterizarnos, especialmente en el tiempo en que hemos de vivir circunstancias
adversas. Pidámosle también a nuestra Santa Madre que siga siendo el eterno refugio de los enfermos, los minusválidos, quienes viven aislados, y de los
que tienen la triste sensación de que son pecadores imperdonables.
Oración colecta
Dios todopoderoso y eterno, que has elevado en cuerpo y alma a los cielos a la inmaculada Virgen María, Madre de tu Hijo, concédenos que aspirando siempre
a los bienes celestiales merezcamos ser asociados a su gloria. Por Jesucristo, Hijo tuyo y Señor nuestro, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu
Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.
R. Amén.
Liturgia de la Palabra
Cita de las lecturas eucarísticas y moniciones que anteceden a las mismas
1. Apareció una mujer revestida del sol, con la luna por pedestal (AP. 11, 19 a; 12, 1-6 a). En la lectura que escucharemos a continuación, podremos
ver a María Santísima como figura de la Iglesia, así pues, ella es, junto a Cristo Jesús, la Corredentora de la humanidad, porque nuestra Santa Madre quiso
ser Madre del Rey de reyes teniendo en cuenta que la citada decisión podía costarles la vida a ella y a su Hijo, pero aquél riesgo había de ser vivido
por quien sabía que Dios no merece la pena, sino la vida.
2. De pie a tu derecha está la Reina (SAL. 44, 10 b-12. 15 b16). Oremos pensando en la acogida que nuestra Santa Madre tuvo cuando llegó a la presencia
del Dios Trinidad, y pensemos en la forma que seremos acogidos también nosotros por nuestro Padre común, cuando concluya el tiempo en que hemos de demostrarle
a nuestro Criador nuestro amor y fidelidad, en el servicio de nuestros prójimos los hombres.
3. Cristo resucitó de entre los muertos, el primero de todos (1 COR. 15, 20-27 a). De la misma forma que por causa del pecado de origen cometido por
Adán y Eva se dice que entró la muerte en el mundo, por causa de la Resurrección de Jesús y de la intercesión de María por nosotros, algún día viviremos
en la presencia de Dios, libres de las miserias que actualmente nos hacen sufrir.
4. Aleluya, Aleluya: ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor! (LC. 1, 45). Aleluya.
5. El todopoderoso ha hecho grandes cosas en mí (LC. 1, 39-56). Cuando nuestra Santa Madre fue a visitar a su parienta Elisabeth y constató que la madre
de San Juan Bautista la estaba esperando, cantó con gran belleza las misericordias del Dios que nos salva del pecado, el dolor, la enfermedad y la muerte,
y que enriquece espiritualmente a los pobres, aunque también empobrece a los ricos con respecto a sus bienes materiales, para que le busquen a tientas,
y acepten su divina salvación.
Homilía:
1. "Este es el día en que actuó el Señor -leemos en el libro de los Salmos- a festejarlo y a celebrarlo" (SAL. 118, 24). Este es el día en que detenemos
nuestra actividad frenética o dejamos las actividades características de nuestro tiempo de vacaciones para recordar la grandeza de nuestra santísima Madre.
El autor del Salmo responsorial nos presenta a nuestra Señora como la Reina del universo, la mujer ante la cuál se nos permite contemplar a nuestro Padre
y Dios.
2. Son muchas las alabanzas que podemos pronunciar para recordar las virtudes y bondades de nuestra santa Madre, pero, dado el carácter breve de esta
meditación, es conveniente que pasemos a reflexionar sobre las lecturas correspondientes a la Eucaristía que estamos celebrando.
En el texto del Apocalipsis con que empezamos a celebrar la llamada Liturgia de la Palabra, -la parte de la Eucaristía en la cuál se proclama la Palabra
de Dios ante los fieles religiosos y laicos-, se nos resume la historia de la Iglesia Católica que está íntimamente relacionada con la vida de María de
Nazaret y la existencia mortal del Hijo de Dios y el hombre. Cuando San Juan nos habló de la escenificación en la cuál contempló el Arca de la Alianza
que Dios selló con su pueblo en el Sinaí, aquél que contempló la revelación divina, nos describió cómo la naturaleza saludó a su Creador a través de la
constante agitación de los elementos de la misma. Este hecho nos recuerda aquellas ocasiones en las cuales sentimos una emoción incontrolable al pensar
en las abundantes misericordias de nuestro Padre y Dios.
San Juan nos describió a María de Nazaret, la Madre de los fieles cristianos, como la mujer que tenía ceñido un traje muy especial, el sol. Cuán grande
es la luz que vemos en la vida de nuestra Santa Madre para que el Apóstol más amado del Señor nos la haya descrito como una muestra palpable de la luz
indeficiente que es nuestro Padre y Dios. Nuestra Señora tenía sus pies posados sobre la luna, fijaos qué muestra de grandeza. Las 12 coronas de estrellas
que lucía nuestra Señora hacían referencia a las 12 tribus de Israel y a todo el orbe cristiano. Fijaos que San Juan nos presentó a María Santísima a punto
de dar a luz a su Hijo el llamado el Santo de los santos de Dios. Este hecho nos pone de relieve nuestras dificultades, nuestra cobardía y la pereza que
en ciertas ocasiones nos impide hacer lo que debemos acabar para ser felices. San Juan nos dice que los dolores del parto de nuestra Madre celestial eran
angustiosos, y fijaos qué dramática era aquella situación, así pues, la
Madre de la Iglesia no sólo sufría por sus dolores, sino porque el diablo aguardaba el alumbramiento de Jesús y la extensión de su obra la Iglesia para
asesinar al bebé, exterminando así de un único y efectivo golpe todas las posibilidades existentes para que se llevara a cabo el cumplimiento del designio
salvífico de nuestro Padre celestial. ¿Os habéis sentido acorralados en alguna circunstancia de vuestra vida?
Para no hacer muy extensa esta meditación, creo que no es conveniente dedicarnos a considerar los símbolos que acompañaban al dragón, así pues, bástenos
saber que todos esos signos incluyendo el rojo intenso del color de la bestia, están enfocados a reconducir a los feligreses de la Iglesia de todos los
tiempos por el camino del mal.
A pesar de que el demonio esperaba delante de la mujer para devorar a su Hijo en cuanto este naciera, el bebé fue puesto a salvo por Dios y su Madre
huyó al desierto. Satanás no pudo vencer a Jesús evitando la Pasión, muerte y Posterior Resurrección de nuestro Señor. Tanto María como la Iglesia naciente,
vivieron pruebas muy difíciles, así pues, el sufrimiento que marcó la vida de nuestra Madre, es equiparable al martirio de todos aquellos que decidieron
renunciar a su vida por Jesús y el Evangelio en las persecuciones religiosas que aún no han concluido en el siglo XXI.
Pensemos que Dios amparó a Jesús en su dolor, pero no libró a su Hijo de la muerte. Dios no a evitado el fallecimiento de los mártires cuyos relatos
llenan las páginas de nuestros santorales, pero nos mantiene en el desierto de nuestra vida para que le sigamos buscando a tientas, así pues, nuestro Padre
común no nos da una existencia fácil y vacía, pues él nos ayuda cuando las dádivas que le pedimos contribuyen a nuestra santificación y a la salud de nuestros
prójimos.
Dios alimentó a su Iglesia en el desierto con el Sacramento de la Eucaristía. ¿A qué esperamos para vencer en conformidad con nuestras posibilidades
de alcanzar la felicidad los obstáculos que nos hacen sufrir? Jesús derrotó a nuestros demonios personales, por consiguiente, si confiamos en nuestro Hermano,
¿por qué albergamos rencores en nuestro corazón? ¿Por qué somos cobardes cuando pensamos que alguien puede criticarnos porque somos cristianos?
3. San Pablo, en el extracto de su primera Carta a los Corintios correspondiente a la Eucaristía que estamos celebrando, a continuación de la recitación
del Salmo responsorial, nos recuerda que Dios nos ha destinado a la inmortalidad, el gran triunfo que la Tradición de la Iglesia afirma que ya está disfrutando
nuestra Madre. Dentro de unos minutos, al rezar el Credo, manifestaremos que Cristo Resucitado está sentado a la derecha de Dios Padre, así pues, si pensamos
en la Resurrección de Jesús, podemos creer que él está vivo porque tiene poder para vencer a la muerte, pero, si pensamos que María Santísima está viva
junto a su Hijo amado, tenemos más razones para creer que nosotros también venceremos a la muerte, cuando Cristo Rey venga nuevamente a nuestro encuentro,
como el más humilde de todos sus discípulos.
4. El Mangnificat es la oración por excelencia de nuestra Señora. Esta oración se llama así porque comienza en griego con la palabra "Magnificat", (bendice,
engrandece sobremanera), mi alma al Señor. El Magnificat es la exposición del programa de vida cristiana que nos expone San Pablo en 1 COR. 13, 1-8, visto
desde una óptica diferente, pero no menos concreta y cierta.
Démosle gracias a Dios por habernos dado una Madre tan Santa, humilde y bondadosa.
Oración
María, llena de gracia, haznos sentir el gozo con que recibiste la noticia de tu divina Maternidad.
María, llena de gracia, llénanos el corazón de esperanza cuando nos acechen las dudas y temores, y fortalécenos como cuando confiaste en nuestro Padre
celestial, para que San José no te lapidara, acusándote de haber cometido supuestamente adulterio contra él.
María, llena de gracia, transmítenos el resplandor de tu alma, la emoción que sentiste, cuando el Creador nació de las entrañas de su criatura.
María, llena de gracia, ayúdanos a no sucumbir ante la afilada espada de la que te habló Simeón, con que tu corazón fue traspasado en el Calvario.
María, llena de gracia, ayúdanos a no sucumbir ante las incertidumbres de la persecución, la huida a Egipto, el Ministerio en que la vida de nuestro
Jesús peligraba día a día...
María, llena de gracia, ¿cómo se puede sentir, consentir y rechazar a modo de impulsos difícilmente controlados los sentimientos que nos corroen el alma
en ciertas ocasiones?
María, llena de gracia, ¿cómo se puede perdonar a los hombres, cuando el verdadero Amor muere crucificado?
María, llena de gracia, incúlcanos la fe en el Resucitado.
María, llena de gracia, llévanos contigo al cielo. ¡Ayúdanos a ser glorificados¡. Amén.
(José Portillo Pérez, adaptaciones de las meditaciónes del 15-08-2002, y del 15-08-2003, edición n.o 2 de El Día del Señor).
Oración de los fieles
Nuestra Santa Madre no sólo es figura de la Iglesia triunfante, pues en su vida también se vislumbran nuestras experiencias buenas y adversas a nuestra
voluntad, las cuales son necesarias para que anhelemos el hecho de alcanzar la salvación divina. Cuando nuestra Señora fue ascendida al cielo, fue coronada
como una diosa, en virtud de las palabras de Jesús: "La Ley llama dioses a aquellos a quienes fue dirigido el mensaje de Dios" (CF. JN. 10, 35). Imploremos
la misericordia de nuestro Padre común, y pidámosle a nuestra Santa Madre que siga intercediendo por la Iglesia, por nuestro mundo y por nosotros, hasta
que concluya la instauración del Reino del amor entre nosotros. Respondemos a cada petición: Por la intercesión de María Santísima, Señor, escucha nuestra
oración.
1. Para los miembros de tu Iglesia te pedimos que no nos falten la fe y la voluntad que nos son necesarias para vivir como dignos hijos tuyos cumpliendo
tu voluntad, pues es nuestro deseo evangelizar al mundo. Oremos.
2. Te pedimos, Santo Padre, que escuches la oración de los enfermos que saben que en María Santísima encuentran refugio, consuelo, y a una Madre que
intercede por ellos ante un Padre al que, como niños que no se relacionan con su protector porque él trabaja mucho y apenas le ven, no se atreven a pedirle
que les conceda la curación que anhelan. Oremos.
3. Para que quienes se sienten pecadores imperdonables y encuentran en María Santísima refugio y consuelo no se sientan impotentes viendo su culpabilidad,
y aprendan que muchas veces podemos corregir nuestros errores, y que, cuando es tarde para corregir nuestras equivocaciones, siempre podemos hacer algo
para reparar el mal que hacemos. Oremos.
4. Enséñales a quienes han sido encarcelados que la verdadera libertad no se retiene tras unos barrotes, pues la misma es fruto del ejercicio de los
dones y virtudes que recibimos de tu Santo Espíritu. Oremos.
5. Ayuda a quienes comienzan o finalizan sus vacaciones a llegar felizmente a sus lugares de destino. Oremos.
6. Te pedimos que nuestros gobernantes actúen inspirados por tu Santo Espíritu, y doten a quienes gobiernan de los recursos que necesitan para desarrollarse
a los niveles personal y colectivo en su entorno social. Oremos.
7. Añadir nuevas peticiones.
V. Por intercesión de María, Padre Santo, escucha las oraciones de quienes nos hemos reunido en torno a tu altar, para contemplar a la Madre de Jesús
en su gloria, y para celebrar el Sacramento de tu entrega generosa a nosotros, quienes, contemplando tu amor y tu poder, no podemos evitar el hecho de
sentir que somos muy pobres. Fortalécenos cuando recibamos a tu Hijo en esta celebración eucarística para que vivamos como verdaderos hijos tuyos. Por
Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.
Liturgia eucarística
Oración sobre las ofrendas
Dios nuestro, llegue hasta tu presencia, nuestra humilde oblación, y por la intercesión de la Santísima Virgen María elevada al cielo, haz que nuestros
corazones se inflamen en tu amor y vivamos siempre orientados hacia ti. Te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.
Prefacio
La gloria de María elevada al cielo
V. El Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.
V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.
V. En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno,
por Cristo, Señor nuestro. Porque hoy ha sido llevada al cielo la Virgen Madre de Dios, anticipo e imagen de la perfección que alcanzará tu Iglesia, garantía
de consuelo y la esperanza para tu pueblo que peregrina en la tierra. Tú no quisiste que ella sufriera la corrupción del sepulcro, ya que había engendrado
en su seno al autor de la vida, Jesucristo, Hijo tuyo y Señor nuestro. Por eso, unidos a los coros de los ángeles, te alabamos llenos de alegría: Santo,
Santo, Santo...
Antífona de la Comunión
Todas las generaciones me llamarán feliz, porque el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas (lC. 1, 48-49).
Lectura después de la Comunión
Salve Reina de misericordia, Señora del mundo, Reina del cielo, Virgen de las vírgenes, Sancta Sánctorum, luz de los ciegos, gloria de los justos, perdón
de los pecadores, reparación de los desesperados, fortaleza de los lánguidos, salud del orbe, espejo de toda pureza. Haga tu piedad que el mundo conozca
y experimente aquella gracia que tú hallaste ante el Señor, obteniendo con tus santos ruegos perdón para los pecadores, medicina para los enfermos, fortaleza
para los pusilánimes, consuelo para los afligidos, auxilio para los que peligran.
Por ti tengamos acceso fácil a tu Hijo, oh bendita y llena de gracia, madre de la vida y de nuestra salud, para que por ti nos reciba el que por ti se
nos dio. Excuse ante tus ojos tu pureza las culpas de nuestra naturaleza corrompida: obténganos tu humildad tan grata a Dios el perdón de nuestra vanidad.
Encubra tu inagotable caridad la muchedumbre de nuestros pecados: y tu gloriosa fecundidad nos conceda abundancia de merecimientos.
Oh Señora nuestra, Mediadora nuestra, y Abogada nuestra: reconcílianos con tu Hijo, recomiéndanos a tu Hijo, preséntanos a tu Hijo.
Haz, oh Bienaventurada, por la gracia que hallaste ante el Señor, por las prerrogativas que mereciste y por la misericordia que engendraste, que Jesucristo
tu Hijo y Señor nuestro, bendito por siempre y sobre todas las cosas, así como por tu medio se dignó hacerse participante de nuestra debilidad y miserias,
así nos haga participantes también por tu intercesión de su gloria y felicidad.
(San Bernardo).
Oración después de la Comunión
Hemos recibido, Señor, el sacramento de la salvación; te pedimos que por la intercesión de la Santísima Virgen María elevada al cielo, alcancemos la
gloria de la resurrección. Por Jesucristo, nuestro Señor.
r. Amén.
Bendición solemne de las celebraciones de la Santísima Virgen
V. Que Dios, cuya providencia amorosa quiso redimir al género humano por medio del Hijo Santísimo de la Virgen María, os colme de sus bendiciones.
R. Amén.
V. Que experimentéis siempre la protección de la Virgen, por quien habéis recibido al autor de la vida.
R. Amén.
V. Que a todos los que os habéis reunido hoy para celebrar con devoción esta fiesta de María, el Señor os conceda los goces espirituales y los premios
del cielo.
R. . Amén.
V. Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros.
R. Amén.
V. Podéis ir en paz.
R. Demos gracias al Señor.
Exhortación de despedida
Después de recibir a nuestro Señor en la Eucaristía y de venerar a nuestra Santa Madre del cielo, volvamos a realizar nuestras actividades ordinarias,
y hagamos el propósito de actuar en nombre del Dios Trinidad, así pues, aunque todos nuestros pensamientos, nuestras obras y nuestras palabras no sean
perfectos, nuestra divina Mediadora intercederá ante nuestro Criador por nosotros, con el fin de que seamos santos, porque Dios es Santo (CF. 1 PE. 1,
16).
Padre nuestro, escucha nuestra oración
Con María, aprendiendo de su admirable Asunción
Por Susana Ratero
CON MARÍA, APRENDIENDO DE SU ADMIRABLE ASUNCIÓN
Toda tu vida, María Santísima, es para tus hijos enseñanza y camino. Al meditar sobre tus días, tus pasos, palabras, silencios y gestos de amor, hallamos
respuesta a nuestro dolor, nuestras dudas, tristeza o soledad. Desde tu ejemplo y compañía aprendemos a caminar, en el alma, los senderos de tu Hijo.
Y no sólo es tu vida la que nos enseña, Madre, sino también los hermosos regalos con que el Padre, enternecido de amor por tu gracia y fidelidad, te
ha adornado.
Uno de esos regalos es tu Admirable Asunción. ¡Ay, Madre, cuánto me gustaría pedirte que me dejaras caminar cerca de ti en ese último día! Sí, ese último
día tuyo entre nosotros en que el sol te habrá besado con más fuerza y las flores se deshicieron en perfumes para acompañarte... ¡Y los pájaros!!! Seguro
se habrán alborotado en los árboles cercanos, acomodándose en los mejores sitios para deleitarte con sus gorjeos...
Madre, el más pequeño de los pajarillos es más digno que yo de hacerte compañía. Pero aún así, desde mi nada, mi alma se atreve a soñar que te despide
en un mediodía pleno de perfumes y trinos.
- Hija, aunque me acompañases y despidieses, como tú dices, de poco te serviría si no intentas meditar el significado de este regalo de amor de Dios
en tu propia vida.
-¿Cómo se hace eso Señora?
- Intentaré explicarte. Desde el día de la Asunción pude ser más plenamente madre de todos, fuera ya de los límites del tiempo. Y no solamente Madre
para que me llames en los problemas temporales que te inquietan sino, por sobre todo, Madre para acompañarte en el camino hacia mi Hijo. Madre para que
comprendas que, a cada instante, Dios te está dando oportunidades para que le descubras, para que te venzas en aquellos defectos que más opacan tu corazón.
Quiero que un día todos estén aquí, en la gloria de Dios Padre. Poder abrazarlos y decirles cuanto les he amado, cuanto les amo.
- ¿Podré, entonces, abrazarte un día, María?
- Querida, eso no depende de mí, sino de ti. Yo puedo ayudarte y, de hecho, lo hago. Por ejemplo, te he dado a ti, a todos, el Santo Escapulario del
Carmen. Pero por sí mismo no puede salvarte. Eres tú la que debe conservarse, el mayor tiempo posible, en estado de gracia. Mi Hijo les ha dejado el Sacramento
de la Reconciliación y se ha quedado con ustedes en la Eucaristía. Los medios están, hija. Pero, si los aprovechas o no, si los valoras o no, ésa es ya
tu propia decisión. El camino es tuyo ¿comprendes? Nadie puede recorrerlo por ti. Y el camino es interior. Es más difícil para ti llegar a descubrir las
profundidades de tu corazón que trepar una montaña para llegar a un santuario. Y muchas veces eliges la montaña ¡Y no te bastaría toda la cordillera si
no te decidieras a conocerte a ti misma y cambiar de ti lo que te aleja de mi Hijo! ¿Puedes comprender?
- Ay Madrecita... cuánto debo caminar, aún, hacia los desconocidos paisajes de mi corazón.
- Debes saber que allí encontrarás cosas hermosas, como por ejemplo los dones que el Espíritu Santo te ha dado en el Santo Bautismo y aún no has utilizado.
¡Úsalos antes de que te sean quitados! También hallarás vanidades, egoísmos y rencores ¡Arráncalos antes de que te ahoguen! Entonces hija, estarás caminando
hacia el corazón de Jesús. Hacia mi corazón. Ambos te esperamos al final del camino. Sé que no será tarea fácil, que algunas veces tendrás pequeñas victorias
y otras sentirás que no puedes avanzar ni un paso. No te angusties hija, tú sólo mantén el deseo de caminar hacia Jesús, que Él te irá proveyendo los medios.
Eres libre, hija. Nadie puede impedirte recorrer este camino. Aunque estés lisiada y postrada en una cama puedes realizar, dentro de ti, excursiones que
no lograría el mejor de los alpinistas.
- Voy comprendiendo, Madre, voy comprendiendo... poco a poco. No me es fácil, pero sé que estás allí, detrás de cada alegría y de cada dolor.... Se que
tu Asunción es "una anticipación de la resurrección de los demás cristianos"(*). Y, al imaginarte en ese día pleno de trinos, flores y sol sereno, hallo
las fuerzas para caminar según tus consejos.
Madre, debo ahora comenzar a armar la mochila para la peregrinación a mi interior. Para ello, consultaré con los que puedan aconsejarme. Hablare con
mi sacerdote, le pediré su consejo y guía. Seguro me recomendará buenos libros que serán como carteles luminosos en medio de la noche señalando el camino.
Además, no debo olvidar la mejor de las brújulas. El Santo Rosario.
- Ve, hija, ve. No tengas miedo. Alimenta tu alma con la Santa Eucaristía, y alivia tu carga con la Confesión. Sé que será éste el mejor de tus viajes.
Es hora de partir. Te abrazo con el alma y me sonríes.
- Feliz fiesta de la Asunción, Madre querida.
- Feliz viaje, hija mía.
(*)Catecismo de la Iglesia Católica
María Susana Ratero
susanaratero@yahoo.com.ar
NOTA de la autora: "Estos relatos sobre María Santísima han nacido en mi corazón y en mi imaginación por el amor que siento por ella, basados en lo que
he leído. Pero no debe pensarse que estos relatos sean consecuencia de revelaciones o visiones o nada que se le parezca. El mismo relato habla de "Cerrar
los ojos y verla" o expresiones parecidas que aluden exclusivamente a mi imaginación, sin intervención sobrenatural alguna."
Creado por trigodedios | 0 comentarios | 14/04/07 23:42
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