TRIGO DE DIOS
Jueves Santo, ciclo c. en TRIGO DE DIOS
Jueves Santo, ciclo c.
El amor fraternal, la cena del Señor y el sacerdocio.
Padre nuestro
Jueves, 5-04-2007, Jueves Santo.
Edición número 93.
En esta edición de Padre nuestro, encontraréis los siguientes contenidos:
-Celebremos la Eucaristía. Lecturas eucarísticas, oraciones, homilía de la Misa vespertina del Jueves Santo y lectura después de la Comunión.
-Ultimo recordatorio de la campaña de oración ante Jesús Crucificado del viernes santo.
-¿Dónde podemos encontrar materiales para vivir la hora santa?
Celebremos la Eucaristía.
Misa vespertina del Jueves Santo.
Canto de entrada.
EL PUEBLO DE DIOS
1- El pueblo de Dios, a oscuras andaba,
pero alguien al frente, de él caminaba.
El pueblo de Dios, era rico de nada
y sólo esperaba, poder avanzar.
También soy tu pueblo, Señor,
y estoy en camino,
me apoyo en tu mano
pues soy peregrino
2- El pueblo de Dios, también vacilaba,
a veces gustaba, creer en tu amor.
El pueblo de Dios, llorando rezaba,
pedía perdón, y recomenzaba.
También soy tu pueblo, Señor,
y estoy en camino,
si a veces no creo,
perdóname, amigo.
3- El pueblo de Dios, también tuvo hambre,
mas tú le mandaste, el pan celestial.
El pueblo de Dios cantando dio gracias
probó tu amor, amor que no pasa.
También soy tu pueblo, Señor,
y estoy en camino,
me das tu alimento
tu Pan y tu Vino.
4- El pueblo de Dios, de lejos veía,
la tierra querida, que tu amor le dio.
El pueblo de Dios corría y cantaba
y con su trabajo, su amor proclamaba.
También soy tu pueblo, Señor,
y estoy en camino,
luchando en la tierra,
con fe en mi destino.
(Desconozco el autor de esta canción).
Antífona de entrada.
Que nuestro único orgullo sea la cruz de nuestro Señor Jesucristo, porque en él tenemos la salvación, la vida y la resurrección, y por él hemos sido salvados y redimidos (Gál. 6, 14).
Saludo del sacerdote.
La gracia y la paz de parte de dios Padre y de Cristo Jesús, nuestro Salvador, que nos invita a ser perfectos y a vivir en el amor, estén con todos ustedes.
R. Y con tu espíritu.
Monición de entrada.
Al iniciar esta celebración eucarística damos por finalizado el tiempo de Cuaresma, y empezamos a vivir el Triduo preparatorio de la Pascua. Vamos a recordar, en esta primera celebración del Triduo, la institución de los Sacramentos de la Eucaristía y el Orden sacerdotal por nuestro Señor. Hoy conmemoramos el Mandamiento nuevo que nos inculcó nuestro Señor cuando celebró su última cena pascual con sus discípulos, el día de la caridad, el amor fraterno. Vamos a pedirle a Jesús que, a través del episodio del lavatorio de los pies de sus amigos íntimos, veamos en nuestro Señor un modelo de conducta digno de imitar.
Acto penitencial.
Reconozcámonos, pues, pecadores y perdonémonos los unos a los otros desde lo más íntimo de nuestro corazón.
Todos. Yo confieso ante dios todopoderoso y ante ustedes, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión. Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa. Por eso ruego a Santa María, siempre Virgen, a los ángeles, a los santos y a ustedes, hermanos, que intercedan por mí ante Dios, nuestro señor.
V. Tú que conoces nuestros pensamientos: señor, ten piedad.
R. señor, ten piedad.
V. Tú que iluminas las tinieblas de nuestro corazón: Cristo, ten piedad.
R. Cristo, ten piedad.
V. Tú que nos exhortas a una sincera conversión: señor, ten piedad.
R. señor, ten piedad.
V. Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
En el día en que recordamos la institución de la Eucaristía y del Orden de los sacerdotes por nuestro Señor Jesucristo, entonemos o recitemos el Gloria, recordando las conocidas palabras de San Pedro: "También vosotros, como piedras vivas, constituís un templo espiritual y un sacerdocio consagrado, que por medio de Jesucristo ofrece sacrificios espirituales y agradables a Dios" (1 Pe. 2, 5).
Oración colecta.
Dios nuestro, que nos has reunido para celebrar aquella cena en la cual tu Hijo único, antes de entregarse a la muerte, confió a la Iglesia el sacrificio nuevo y eterno, sacramento de su amor, concédenos alcanzar por la participación en este sacramento, la plenitud del amor y de la vida. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del espíritu santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
R. Amén.
Liturgia de la Palabra.
Lecturas eucarísticas y moniciones que preceden a las mismas.
Monición de la primera lectura.
Hoy celebramos a Cristo como "Cordero de Dios que quita el pecado del mundo" (Cf. Jn. 1, 29). El cordero que los judíos cenan en sus celebraciones del Pesaj es símbolo de Jesús, el Cordero de Dios inmaculado que nos redimió muriendo y resucitando.
Primera lectura.
Prescripciones sobre la cena pascual.
Lectura del libro del Exodo, 12, 1-8. 11-14-
En aquellos días, dijo el Señor a Moisés y a Aarón en tierra de Egipto: "Este mes será para vosotros el principal de los meses; será para vosotros el primer mes del año. Decid a toda la asamblea de Israel: "El diez de este mes cada uno procurará un animal para su familia, uno por casa. Si la familia es demasiado pequeña para comérselo, que se junte con el vecino de casa, hasta completar el número de personas; y cada uno comerá su parte hasta terminarlo.
Será un animal sin defecto, macho, de un año, cordero o cabrito. Lo guardaréis hasta el día catorce del mes, y toda la asamblea de Israel lo matará al atardecer.
Tomaréis la sangre y rociaréis las dos jambas y el dintel de la casa donde lo hayáis comido.
Esa noche comeréis la carne, asada a fuego, comeréis panes sin fermentar y verduras amargas. Y lo comeréis así: la cintura ceñida, las sandalias en los pies, un bastón en la mano; y os lo comeréis a toda prisa, porque es la Pascua, el paso del Señor.
Esta noche pasaré por todo el país de Egipto, dando muerte a todos sus primogénitos, de hombres y de animales; y haré justicia de todos los dioses de Egipto.
Yo soy el Señor. Este día será para vosotros memorable, en él celebraréis la fiesta del Señor, ley perpetua para todas las generaciones."
Palabra de Dios.
R. Te alabamos, señor.
Monición del Salmo responsorial.
Al entonar o escuchar el Salmo responsorial, hagamos el propósito de imitar a Jesús Eucaristía, de forma que todos seamos el pan espiritual que nuestros hermanos creyentes y no creyentes necesitan para alcanzar la felicidad.
Salmo responsorial.
R. El cáliz de la bendición es comunión con la sangre de Cristo.
Sal 115, 12-13. 15-16bc. 17-18 R.: CF. 1 Co 10, 16.
¿Cómo pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la copa de la salvación,
invocando su nombre. R.
Mucho le cuesta al Señor
la muerte de sus fieles.
Señor, yo soy tu siervo
hijo de tu esclava;
rompiste mis cadenas. R
Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre, Señor.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo. R.
Monición de la segunda lectura.
¿Cómo pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la copa de la salvación,
invocando su nombre. R.
Mucho le cuesta al Señor
la muerte de sus fieles.
Señor, yo soy tu siervo
hijo de tu esclava;
rompisteis mis cadenas. R
Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre, Señor.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo. R.
Monición de la segunda lectura.
San Pablo nos recuerda el relato de la institución de la Eucaristía, haciendo especial hincapié en que esperemos a que acontezca la segunda venida o Parusía de nuestro Señor, para que él haga todas las cosas nuevas, y le dé pleno sentido a nuestra existencia, más allá del campo de nuestra fe, la virtud que no necesitaremos cuando veamos a Dios cara a cara.
Segunda lectura.
Cada vez que coméis y bebéis, proclamáis la muerte del Señor.
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 11, 23-26
Hermanos: Yo he recibido una tradición, que procede del Señor y que a mi vez os he transmitido: Que el Señor Jesús, en la noche en que iban a entregarlo, tomó pan y, pronunciando la acción de gracias, lo partió y dijo: "Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía."
Lo mismo hizo con el cáliz, después de cenar, diciendo: "Este cáliz es la nueva alianza sellada con mi sangre; haced esto cada vez que lo bebáis, en memoria mía."
Por eso, cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva.
Palabra de Dios.
R. Te alabamos, señor.
Honor y gloria a ti, señor Jesús: Les doy un mandamiento nuevo, dice el señor: que se amen unos a otros, como yo los he amado (JN. 13, 34).
Monición del Evangelio.
Pidámosle a nuestro Padre y Dios que nos haga imitadores de Jesús, pues El nos amó hasta el extremo de morir por nuestra salvación.
Evangelio.
Los amó hasta el extremo.
Lectura del santo evangelio según san Juan 13, 1-15
Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo.
Estaban cenando, ya el diablo le había metido en la cabeza a Judas Iscariote, el de Simón, que lo entregara, y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido.
Llegó a Simón Pedro, y éste le dijo: "Señor, ¿lavarme los pies tú a mí?" Jesús le replicó: "Lo que yo hago tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde." Pedro le dijo: "No me lavarás los pies jamás." Jesús le contestó: "Si no te lavo, no tienes nada que ver conmigo."
Simón Pedro le dijo: "Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza." Jesús le dijo: "Uno que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. También vosotros estáis limpios, aunque no todos." Porque sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: "No todos estáis limpios."
Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo: "¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis el Maestro y el Señor, y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros;
os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis."
Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, señor Jesús.
Homilía:
Meditación para el Jueves Santo del ciclo c.
1. El mandato del amor.
Siempre he oído decir que nadie puede amarnos como nuestras madres, así pues, ellas nos concibieron, nos dieron la vida, nos hicieron conocer el mundo, nos criaron, nos educaron, y, para hacer de nosotros lo que somos actualmente, sacrificaron muchos años que hubieran podido dedicarlos a complacer aquellos deseos a los que renunciaron con tal de servirnos. Cuando yo era niño, le escuché a una mujer unas palabras que memoricé, y no sé cuál es la razón por las que las recuerdo todavía. Dichas palabras son las siguientes:
"cuando yo era niña creía que no podría querer nunca a nadie como quería a mis padres. Cuando conocí a mi marido, pensé que jamás podría amar a ninguna persona como llegué a amar al padre de mis hijos, pero, cuando nacieron mis hijos, comprendí que no podré amar nunca a nadie como los amo a ellos. De mi experiencia concluyo que las personas amamos las novedades que acontecen en nuestra vida".
En cierta forma aquella mujer tenía razón, porque todos amamos a nuestros familiares y amigos y nos aferramos en ciertas ocasiones a una ideología, de manera que nos negamos a cambiar nuestra forma de pensar.
Hoy, Jueves Santo, cuando recitamos o entonamos el Gloria y comenzaron a sonar las campanas indicándonos que comenzábamos a celebrar el santo Triduo pascual, recordamos el mayor ejemplo de amor que ha visto la Historia de la humanidad. Dios concibió desde la eternidad la idea de crear un mundo en el que sus hijos los hombres lo amaran, lo sirvieran en sus prójimos y le obedecieran. Como nosotros somos imperfectos y por ello estamos incapacitados para cumplir la Ley de nuestro criador, Jesús vino al mundo para sacrificarse por nosotros, con el fin de demostrarnos que Dios nos quiere como somos, aunque ello no significa que hemos de renunciar a perfeccionarnos al ejercitar los dones y virtudes que hemos recibido del Espíritu Santo.
En el mundo en que los hombres matan para conseguir alcanzar poder, dinero y prestigio, parece absurda la historia de el Hijo de dios que se hizo hombre, y se dejó asesinar, siendo inmortal, por amor a su Padre celestial, y a sus hermanos los hombres. Cuando pensamos cuál fue la razón por la que nuestro señor quiso ser mortal como lo somos nosotros, no entendemos por qué causa renunció nuestro señor temporalmente a su vida, si nuestra existencia es nuestro más preciado don, y no lo queremos perder, porque si no estamos vivos, carecemos del amor de las personas que amamos y del goce de nuestros bienes. Tal como vimos el I Domingo del recién concluido tiempo de Cuaresma, cuando Satanás le dijo a Jesús que convirtiera una piedra en pan para alimentarse en el desierto, el señor le dijo: "No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra de Dios" (LC. 4, 4).
San Juan nos dice en el Evangelio de hoy: "Antes de la fiesta de la pascua, sabiendo Jesús que su hora había llegado para que pasase de este mundo al Padre, como había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin" (JN. 13, 1). San Juan nos dice que Jesús sabía que había llegado el tiempo en que El tenía que separarse de sus familiares y amigos queridos para ascender al cielo, pero también nos dice que nuestro señor amó a quienes le rodeaban hasta el fin, indicándonos que El era consciente de que, para ser elevado al cielo, tenía que morir, con el fin de que nosotros comprendiéramos que somos el objeto directo del amor de nuestro Padre común.
"Y cuando cenaban, como el diablo ya había puesto en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, que le entregase (a sus enemigos), sabiendo Jesús que el Padre le había dado todas las cosas en las manos, y que había salido de dios, y a Dios iba, se levantó de la cena, y se quitó su manto, y tomando una toalla, se la ciñó" (JN. 13, 2-4). Jesús es Hijo de dios, así pues, El sabía que tenía el mismo derecho que Dios tiene sobre sus criaturas, pero ello no le impidió ceñirse una toalla, echar agua en una jofaina y lavar los pies de sus discípulos, tal como en aquel tiempo hacían los esclavos con sus señores. En el Evangelio de San Juan leemos las siguientes palabras de nuestro señor: "vosotros me llamáis Maestro y señor, y tenéis razón, porque efectivamente lo soy" (JN. 13, 13). Jesús fue el Maestro de sus seguidores, los cuales, a cambio de recibir su instrucción espiritual, tenían el deber de servirlo como si fueran sus siervos. Teniendo en cuenta esta realidad, ¿por qué se humilló el Mesías ante quienes tenían la obligación de servirlo? ¿Tenía aquel extraño hecho de nuestro Señor algún significado simbólico? San Lucas escribió en su Evangelio: "Porque, ¿cuál es mayor, el que se sienta a la mesa, o el que sirve? ¿No es el que se sienta a la mesa? Mas yo estoy entre vosotros como el que sirve" (LC. 22, 27).
"Luego puso agua en un lebrillo, y comenzó a lavar los pies de los discípulos, y a enjugarlos con la toalla con que estaba ceñido. Entonces vino a Simón Pedro; y Pedro le dijo: señor, ¿tú me lavas los pies? Respondió Jesús y le dijo: Lo que yo hago, tú no lo comprendes ahora; mas lo entenderás después" (JN. 13, 5-7). Jesús le dijo a Pedro que él estaba incapacitado para comprender que Jesús había venido al mundo a morir por él y por todas las personas de todos los tiempos. Pedro no podía imaginar que el gesto de que el Mesías le lavara los pies significaba que El tenía que dejarse redimir por el hijo de María.
"Pedro le dijo: No me lavarás los pies jamás. Jesús le respondió: si no te lavare, no tendrás parte conmigo. Le dijo Simón Pedro: señor, no sólo mis pies, sino también las manos y la cabeza" (JN. 13, 8-9). Pedro pensaba de sí mismo que era tan pecador y que por ello él era tan insignificante que no podía permitir que el Hijo de Dios le sirviera como si él fuese su amo. Jesús le dijo a su impulsivo amigo que sus seguidores no tienen ningún mérito al cumplir escrupulosamente la Ley de Dios, pues, si los mismos quieren ser salvos, lo único que tienen que hacer es dejarse redimir por el Hijo de Dios. Fijaos que existen muchas religiones cuyos devotos adoran a dioses muy exigentes, pero nuestro Padre común, a diferencia de dichas deidades, sabiendo que no podemos verle, viene a nuestro encuentro, y nos pide que nos dejemos salvar por Jesús.
"... ¿Sabéis lo que os he hecho? vosotros me llamáis Maestro, y Señor; y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros. Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis" (JN. 13, 12-16). Jesús nos pide que sirvamos a nuestros prójimos de la misma manera que El nos sirvió hasta el punto de sacrificarse para redimirnos.
2. La eucaristía.
Todos los domingos y demás días de guardar -o de precepto- asistimos a la celebración de la eucaristía. Quizá conocemos las partes en que se divide la celebración de la Misa, dado que todos los festivos eclesiásticos celebramos el encuentro de Dios con sus hijos los hombres, ora porque deseamos encontrarnos con nuestro Señor, ora por salvar nuestras almas de las llamas del infierno, o quizá como les sucede a muchos católicos no practicantes, por obligación, pues desean que sus hijos reciban a nuestro señor eucaristizado para hacer una fiesta. No debemos pasar por alto el hecho de que si el Nacimiento de nuestro señor fue muy llamativo para nosotros porque El descendió de su rango hasta hacerse hombre, el Sacramento de la Eucaristía significa que nuestro Señor se deja sacrificar y resucita en cada ocasión que celebramos el encuentro de dios con sus hijos. Jesús murió una sola vez para redimirnos, pero su sacrificio se actualiza en cada ocasión que celebramos la eucaristía, porque El sabe que a nosotros nos cuesta un gran esfuerzo aceptarlo plenamente y dejarnos llevar a la presencia de nuestro Padre común por El.
En las celebraciones de la eucaristía le pedimos perdón a Dios porque, aunque sólo pecan quienes desobedecen a nuestro Padre común conscientemente, por causa de nuestra fragilidad, no siempre hacemos todas las cosas como quisiéramos hacerlas. Cuando confesamos nuestras transgresiones en el cumplimiento de la Ley aunque sea públicamente, tenemos la sensación de que nuestro Padre celestial nos acoge en su presencia, nos da la oportunidad de seguir superándonos ejercitando sus dones y virtudes, y nos instruye en la interpretación de su Palabra, para que no volvamos a cometer en el futuro las equivocaciones que caracterizaron parte de nuestro pasado.
Cuando celebramos el encuentro de Dios con los hombres, se nos da a conocer la Palabra de nuestro padre común, pues sólo si cumplimos su voluntad, creeremos que somos sus hijos amados, por los que El permitió que Jesús fuera crucificado entre los ladrones Dimas y Gestas, lo cuál significa que nuestro señor estuvo en el mundo tan indefenso como lo estamos nosotros, de forma que no podemos acusar a dios de que es muy exigente porque desconoce el dolor y la incertidumbre que asolan la vida de muchos de nuestros hermanos.
Al meditar sobre este Sacramento, no hemos de olvidarnos de los ministros que han sido capacitados para actualizar el sacrificio de nuestro Señor. Agradezcámosles a los ministros de Cristo lo que el hecho de haberse consagrado a nuestro Padre común para servir a las almas que les han sido encomendadas por la Iglesia significa, a fin de que las mismas conozcan a Dios y obtengan la salvación de nuestro Padre común. Quiero tener un recuerdo especial para aquellos sacerdotes que trabajan en parroquias pequeñas cuyo número de feligreses es muy reducido porque donde ellos trabajan para nuestro Criador nuestra fe no es aceptada. Recuerdo el caso de un sacerdote que, después de evangelizar a sus feligreses durante más de treinta años, fue repudiado por los asistentes a una celebración eucarística en la que él expuso el significado de la parábola del buen pastor, pues la gente de aquél pueblo afirmaba que su sacerdote les había llamado borregos. Hablemos con nuestros pastores de almas. Vamos a trabajar conjuntamente con los hombres que viven consagrados a obtenernos la redención de nuestra imperfección.
3. La cena del señor.
San Pablo escribió en su primera carta a los Corintios: "Porque yo recibí del señor lo que también os he enseñado: Que el Señor Jesús, la noche que fue entregado (por Judas a sus enemigos), tomó pan; y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí. Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebiereis, en memoria de mí. Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del señor anunciáis hasta que él venga" (1 COR. 11, 23-26). Al celebrar la eucaristía, anunciamos la Pasión, la muerte y la resurrección de nuestro señor.
San Pablo nos dice a propósito de quienes reciben a nuestro señor sin estar purificados: "DE manera que el que comiere este pan o bebiere esta copa del señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del señor" (1 COR. 11, 27). Si Jesús murió por los pecadores, entendemos perfectamente el hecho de que sean culpados de la muerte de nuestro señor quienes le reciben sin haber sido purificados de sus transgresiones voluntarias en el cumplimiento de la Ley.
En otro lugar, San Pablo escribió: "La copa de bendición que bendecimos, ¿no es la comunión de la sangre de Cristo? el pan que partimos, ¿no es la comunión del cuerpo de Cristo? Siendo uno solo el pan, nosotros, con ser muchos, somos un cuerpo (el Cuerpo Místico de Cristo); pues todos participamos de aquel mismo pan. Mirad a Israel según la carne (el punto de vista de los hombres); los que comen de los sacrificios, ¿no son partícipes del altar?" (1 COR. 10, 16-18). San Pablo nos ha dicho que, si recibimos a Jesús Sacramentado, somos miembros del cuerpo Místico de nuestro señor, lo cuál significa que, en cada ocasión que celebramos la Eucaristía, nos sacrificamos espiritualmente, ora para crecer espiritualmente, ora para mejorar nuestro servicio a Dios en nuestros prójimos los hombres.
Vivamos intensamente la celebración del santo Triduo pascual, y pidámosle a nuestra Santa Madre, que, ya que ella conoce el sufrimiento de los hombres, no deje de interceder ante nuestro Padre común por los más desvalidos de nuestra sociedad. Amén.
Lavatorio de los pies
Jesús lavó los pies de sus discípulos cuando celebró con ellos su última Cena para enseñarles a servirse mutua y recíprocamente. El sacerdote, recordando este hecho, lavará los pies de doce de sus feligreses, los cuales, si se da el caso, serán los Apóstoles que mañana participarán de la celebración escénica de la Pasión del Señor.
Mientras que el celebrante lava los pies de los citados feligreses, se entona algún canto apropiado, como lo son las siguientes antífonas:
Antífona 1. El Señor se levantó de la mesa, echó agua en un recipiente y se puso a lavar los pies de sus discípulos para darles ejemplo (Cfr. Jn. 13, 4. 5. 15).
Antífona 2. R. Señor, ¿pretendes tú a mí lavarme los pies Jesús le respondió:
V. Si no te lavo los pies, no tendrás nada que ver conmigo.
V. Fue Jesús hacia Simón Pedro y este le dijo:
R. Lo que yo estoy haciendo, tú no lo entiendes ahora.
R. Señor, ¿pretendes tú a mí lavarme los pies¿... (Jn. 13, 6. 7. 8).
Antífona 3. Si yo, que soy el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, ¡con cuánta mayor razón vosotros debéis lavaros los pies unos a otros! (Jn. 13, 14).
Antífona 4. R. En esto reconocerán todos que sois mis discípulos: en que os améis los unos a los otros.
V. Jesús dice a sus discípulos.
Antífona 5. Este nuevo mandamiento os doy: que os améis los unos a los otros, como yo os he amado, dice el Señor (Jn. 13, 34).
Antífona 6. R. Que permanezcan en vosotros la fe, la esperanza y el amor; pero la mayor de estas tres virtudes es el amor.
V. Ahora tenemos la fe, la esperanza y el amor; pero la mayor de estas tres virtudes es el amor. Que permanezcan... (1 Cor. 13, 13).
En esta celebración se omite la oración del Credo
Oración de los fieles
V. En el día en que celebramos la institución de la Eucaristía, la institución del sacerdocio, y la fraternidad del amor, elevemos nuestras peticiones al cielo, con la plena certeza de que nuestro Padre común escuchará nuestras oraciones, y que por ello nos concederá lo que convenga a nuestra salvación:
Respondemos a cada petición: Padre nuestro de la vida, infúndenos tu amor misericordioso para que te imitemos a la hora de servir a nuestros prójimos.
V. Para el Papa Benedicto XVI, enfermo entre los enfermos, te pedimos la fortaleza que necesita para superar la prueba a la que está siendo sometido, que se sienta amado por los hijos de la Iglesia peregrina, para los que te pedimos que nuestro Pontícife siempre esté dispuesto a servir. Roguemos al Señor.
V. Por los religiosos que trabajan en el mundo te pedimos, Santo Padre, que la oración sea para ellos un camino de encuentro con la Trinidad Beatísima, y que nunca les falte el apoyo y afecto de los laicos, para que no sucumban ante la adversidad que puede afectarles en su intento constante de servir a sus hermanos los hombres. Roguemos al Señor.
V. Por los religiosos que, privándose de la vivencia en el mundo, se han entregado al ministerio de la oración, con la intención de contribuir a salvar al mundo con sus rodillas y con su alma humillada y glorificada al mismo tiempo. Roguemos al Señor.
V. Para los laicos, pedimos que fomenten las actividades pastorales en los lugares en que las mismas no se llevan a cabo, que redoblen su esfuerzo en todos los campos en que se desenvuelven, y que vivan en perfecta comunión con los religiosos. Roguemos al Señor.
V. Para los catecúmenos que se preparan intensamente para recibir los Sacramentos de la Penitencia, el Bautismo, la Eucaristía y la Confirmación, y para quienes se preparan a recibir el Orden de los sacerdotes y el Matrimonio, pedimos la fuerza, ilusión y amor que necesitan para alcanzar las metas que se puedan proponer a lo largo de su vida. Roguemos al Señor.
V. Para los enfermos, especialmente para aquellos que experimentan la agonía, pedimos que a quienes de ellos les sea posible, sus familiares, el personal sanitario y los voluntarios que les atienden, que vean en esas situaciones dolorosas al Jesús que muere en los enfermos, para resucitarles triunfantes de la muerte al final de los tiempos. Roguemos al Señor.
V. Para quienes hemos asistido a esta celebración y para quienes no han podido o no han querido acompañarnos, pedimos las virtudes que necesitamos para vivir en un entorno fraternal, que nos haga experimentar que somos los miembros del Reino de Dios.
Roguemos al Señor.
V. Escucha, Señor, la oración de tu pueblo que se ha congregado ante tu Altar, ansioso de recibir el influjo del Espíritu Santo, el Defensor que Jesús tu Hijo nos enviará en Pentecostés, para que nos llene el corazón con tus virtudes divinas, y, antes de alcanzar la plena glorificación, no permitas, Padre nuestro, que perdamos la fe al vivir los problemas de nuestra vida, al ser copartícipes de la Pasión y muerte de Cristo, pues anhelamos resucitar triunfantes junto a nuestro Hermano y Señor. Te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.
Liturgia eucarística.
Canto del Ofertorio.
Ant. Donde hay caridad y amor allí está nuestro Dios.
1. Nos congregó en la unidad el amor de Cristo.
Alegrémonos y regocijémonos en él.
2. Temamos y amemos al Dios vivo.
Amémonos sinceramente de corazón
al estar todos juntos en la unidad.
3. Evitemos toda discusión
y en medio de nosotros, Cristo Dios.
4. Déjanos ver con tus santos
tu rostro glorioso, Cristo Dios.
5. Alegría inmensa y dichosa
por los siglos de los siglos. Amén.
Oración sobre las ofrendas.
Concédenos, Señor, participar dignamente en esta Eucaristía, porque cada vez que celebramos el memorial de la muerte de tu Hijo, se realiza la obra de nuestra redención. Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.
Prefacio.
El Sacrificio y el Sacramento de Cristo.
V. El Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.
V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.
V. En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo nuestro Señor. El cual, verdadero y eterno sacerdote, al instituir el sacrificio perdurable, se ofreció a ti como víctima salvadora, y nos mandó que lo ofreciéramos como memorial suyo. En efecto, cuando comemos su Carne, inmolada por nosotros, quedamos fortalecidos; y cuando bebemos su Sangre, derramada por nosotros, quedamos limpios de nuestros pecados. Por eso, con los ángeles y los arcángeles y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria:
Santo, Santo, Santo...
Antífona de la Comunión
Este es mi Cuerpo, que se da por vosotros. Este cáliz es la nueva alianza establecida por mi Sangre; cuantas veces lo bebiereis, hacedlo en memoria mía, dice el Señor (1 Cor. 11, 24-25).
Canto de la Comunión.
SI YO NO TENGO AMOR
Si yo no tengo amor
yo nada soy, Señor(Bis).
1- El amor es compasivo,
el amor es servicial,
el amor no tiene envidia,
el amor no busca el mal.
2- El amor nunca se irrita,
el amor no es descortés,
el amor no es egoísta,
el amor nunca es doblez.
3- El amor disculpa todo,
el amor es caridad,
no se alegra en la injusticia,
sólo goza en la verdad.
4- El amor soporta todo,
el amor todo lo cree,
el amor todo lo espera,
el amor es siempre fiel.
5- Nuestra fe y nuestra esperanza
junto a Dios terminarán,
el amor es algo eterno,
nunca, nunca pasará.
(Desconozco el autor de esta canción).
Lectura después de la Comunión.
Los capítulos 13, 14, 15, 16 y 17 del cuarto Evangelio pueden servirnos como preparación de la Pascua y como texto sobre el que preparar la hora santa.
Oración después de la Comunión.
Señor, tú que nos permites disfrutar en esta vida de la Cena instituida por tu Hijo, concédenos participar también del banquete celestial en tu Reino. Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.
Traslación del Santísimo Sacramento
Durante la procesión del Altar a la capilla que deberá estar situada en un lugar bastante visible, se entonarán cantos eucarísticos apropiados.
Ejemplo de canto para la traslación del santísimo Sacramento.
VAYAMOS A LA MESA
Vayamos a la mesa
del Padre Celestial,
que allí Jesús ofrece
el Pan de eternidad.
1- Señor hoy tu visita
queremos recibir
y renovar las vidas
uniéndonos a Ti.
2- Tú vienes a nosotros,
amigo de verdad,
que nada nos separe
Señor de tu amistad.
3- Tú solo eres camino
que nos conduce a Dios.
Revélanos al Padre
y muéstranos su amor.
4- La santa eucaristía
renueva tu Pasión
por ella nuestra vida
se asocia a tu dolor.
5- Señor, hoy nos congrega
la mesa de tu altar;
nos una para siempre
la gloria celestial.
(Desconozco el autor de esta canción).
Ultimo recordatorio de la campaña de oración ante Jesús Crucificado del viernes santo.
Os recuerdo que el plazo de recogida de oraciones concluirá a las 22 horas (hora española). Podéis enviar vuestras oraciones a:
Joseportilloperez@telefonica.net
¿Dónde podemos encontrar materiales para vivir la hora santa?
Visitad mi weblog:
http://www.geomundos.com/ocio/trigod edios
Tenéis recursos en la sección de Cuaresma, en las meditaciones del ciclo a.
Creado por trigodedios | 0 comentarios | 27/03/07 21:46
Comentarios
Más en Mundo Ocio
Servicios Recomendados
¡Atención, jugadores! Los juegos online de Geomundos se actualizan constantemente, y también te los puedes descargar a tu PC para jugar offline.
¿Conoces el chat con perfiles?
Ahora puedes ver la cara de con quién hablas, agregarlos a tu agenda y enviarles mensajes incluso cuando no están conectados.
¿Conoces los puntos Geomundos? Gana puntos por jugar, hacer encuestas, registrarte, comprar online... ¡Y canjéalos por cualquiera de los más de 100 regalos disponibles!
¿Tienes algo que contar? Publica tus textos, fotos, enlaces… Es fácil y divertido. ¡Disfruta viendo subir tu contador de visitas!
¿Qué pasa en el mundo ahora mismo? Consulta los titulares de los principales medios de comunicación de un vistazo.
¡Consíguelo gratis!
Chatcam Conceptronics¡Una webcam que incluye micrófono, leds para chatear incluso cuando hay poca...
Gana regalos por jugar, hacer encuestas, registrarte en portales y con tus compras online...
