TRIGO DE DIOS
Domingo XXXIV Ordinario en TRIGO DE DIOS
Domingo XXXIV Ordinario
Jesús es nuestro Rey a pesar de nuestras miserias actuales.
Padre nuestro.
Domingo, 25-11-2007, Domingo XXXIV Ordinario del ciclo c, Solemnidad de Cristo, Rey del Universo.
Edición número 124.
En esta edición de Padre nuestro, encontraréis los siguientes contenidos:
-Celebremos la Eucaristía. Cita de las lecturas eucarísticas, oraciones, homilía dominical y lectura después de la Comunión.
Celebremos la Eucaristía:
Domingo XXXIV Ordinario del ciclo c. Solemnidad de Cristo, Rey del Universo
Antífona de entrada
El Señor promete la paz para su pueblo y sus amigos, y para los que se convierten de corazón (CF. SAL. 84, 9).
Monición de entrada:
Sed bienvenidos a la casa de nuestro Padre y Dios.
Hoy finalizamos el año eclesiástico celebrando la Solemnidad de Cristo, Rey del Universo, así pues, Jesús no es un jefe de Estado político-militar, sino nuestro Maestro, nuestro Guía espiritual, el Confesor al que no le podemos ocultar ningún detalle de nuestra vida, no porque nos espía buscando obsesivamente nuestros defectos para reprocharnos nuestra supuesta maldad, sino porque nos ama.
Comencemos esta última celebración dominical de este año, pidiéndole a nuestro Padre común que nos ayude a aceptarlo sin reservas.
Oración colecta:
Estimula, Padre, la voluntad de tus hijos, para que busquemos con mayor fervor los frutos de la gracia y encontremos la ayuda constante de tu bondad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
R. Amén.
Liturgia de la Palabra:
Cita de las lecturas eucarísticas y moniciones que anteceden a las mismas.
Monición de la primera lectura:
De la misma forma que los israelitas aceptaron a David como Rey, nosotros aceptamos a Jesús como Hijo del Dios de la vida.
Primera lectura:
Ungieron a David como rey de Israel.
Lectura del segundo libro de Samuel 5, 1-3.
En aquellos días, todas las tribus de Israel fueron a Hebrón a ver a David y le dijeron:
- «Hueso tuyo y carne tuya somos; ya hace tiempo, cuando todavía Saúl era nuestro rey, eras tú quien dirigías las entradas y salidas de Israel. Además el Señor te ha prometido: "Tú serás el pastor de mi pueblo Israel, tú serás el jefe de Israel."»
Todos los ancianos de Israel fueron a Hebrón a ver al rey, y el rey David hizo con ellos un pacto en Hebrón, en presencia del Señor, y ellos ungieron a David como rey de Israel.
Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.
Monición del Salmo responsorial:
Oremos imaginando que Dios ha concluido la instauración de su Reino en el mundo, y oremos por nuestra redención y por la salvación de la humanidad. Vivamos este momento de oración como quienes entran en el palacio real en que comenzarán a vivir más allá de sus miserias actuales.
Salmo responsorial:
R. Vamos alegres a la casa del Señor.
Sal 121, 1-2. 4-5.
¡Qué alegría cuando me dijeron: «Vamos a la casa del Señor»! Ya están pisando nuestros pies tus umbrales, Jerusalén. R.
Allá suben las tribus, las tribus del Señor, según la costumbre de Israel, a celebrar el nombre del Señor; en ella están los tribunales de justicia, en el palacio de David. R.
Monición de la segunda lectura:
San Pablo nos recuerda lo que Dios ha hecho por nosotros a través de Cristo, nuestro redentor.
Segunda lectura:
Nos ha trasladado al reino de su Hijo querido.
Lectura de la Carta del apóstol San Pablo a los Colosenses 1, 12-20.
Hermanos:
Damos gracias a Dios Padre, que nos ha hecho capaces de compartir la herencia del pueblo santo en la luz.
Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas, y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido, por cuya sangre hemos recibido la redención, el perdón de los pecados.
Él es imagen de Dios invisible, primogénito de toda criatura; porque por medio de él fueron creadas todas las cosas: celestes y terrestres, visibles e invisibles, Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades; todo fue creado por él y para él.
Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.
El es también la cabeza del cuerpo de la Iglesia.
Él es el principio, el primogénito de entre los muertos, y así es el primero en todo.
Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud.
Y por él quiso reconciliar consigo todos los seres: los del cielo y los de la tierra, haciendo la paz por la sangre de su cruz.
Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.
Aleluya, Aleluya: bendito el que viene en nombre del Señor. Bendito el reino que llega, el de nuestro Padre David (MC. 11, 9b-10a). Aleluya.
Monición del Evangelio:
Pidámosle a Dios que nos haga firmes en la fe que profesamos.
Evangelio:
Señor, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino.
Lectura del santo evangelio según san Lucas 23, 35-43.
R. gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, las autoridades hacían muecas a Jesús, diciendo:
- «A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el Elegido.»
Se burlaban de él también los soldados, ofreciéndole vinagre y diciendo:
«Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo.»
Había encima un letrero en escritura griega, latina y hebrea: «Éste es el rey de los judíos.»
Uno de los malhechores crucificados lo insultaba, diciendo:
-«¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros.»
Pero el otro lo increpaba:
-«¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en el mismo suplicio? Y lo nuestro es justo, porque recibimos el pago de lo que hicimos; en cambio, éste no ha faltado en nada. »
Y decía:
«Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino.»
Jesús le respondió:
«Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso.»
Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.
Homilía:
El Rey crucificado.
Estimados hermanos y amigos:
En el Evangelio de hoy, leemos: “En aquel tiempo, las autoridades hacían muecas a Jesús, diciendo: -”A otros ha salvado, que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el elegido” (LC. 23, 35). Si Jesús sació a los hambrientos, calmó la sed de los sedientos, sanó a los enfermos y resucitó a varias personas de entre los muertos, ¿por qué no se salvó a Sí mismo cuando llegó el tiempo en que fue maltratado y crucificado? Esta cuestión que en su tiempo fue utilizada por los enemigos de nuestro Señor para burlarse de la humillación del Hijo de María, sigue siendo utilizada en nuestro tiempo por muchos que desprecian nuestra fe con los mismos fines que lo hicieron las autoridades de Palestina el primer viernes Santo, y sirve para debilitar la fe de algunos de nuestros hermanos que no conocen bien ni a Dios ni a la Iglesia que fue fundada por nuestro Señor. Estoy convencido de que vivimos en un tiempo en el que nuestras convicciones religiosas están siendo puestas a prueba diariamente. Corremos un gran peligro de actuar contra la voluntad de Dios en cualquier momento de nuestra vida. Según avanza el tiempo, los adolescentes cada ciertos años van teniendo relaciones sexuales siendo más jóvenes, el aborto se sigue legalizando en algunos países, la eutanasia es vista como muerte digna en vez de ser contemplada como huida del cumplimiento de la voluntad de Dios de la misma forma que el predicador de los ninivitas intentó escapar de la presencia de Yahveh, en algunas ocasiones salen al mercado películas, libros o canciones que suscitan dudas con respecto a nuestra fe en quienes desconocen la misma e incluso en algunos de nuestros hermanos, etcétera.
Parece lógico el hecho de que Jesús no se salvara a Sí mismo porque, al verse malherido y desangrándose, reconoció su derrota como Mesías. Los romanos tenían la costumbre de mantener encerrados varios días a los que iban a ser crucificados para que los mismos meditaran con respecto a las causas por las que se les privaba de la existencia y para que se lamentaran por causa de las pérdidas que ello supondría para ellos, pero Jesús fue un juguete manipulado por los romanos y por los judíos, así pues, Pilato le mandó azotar y posteriormente le condenó a morir para contentar a los sanedritas que deseaban su muerte, y los fariseos y los saduceos se esforzaron en conseguir que nuestro Señor fuera crucificado, con el fin de seguir manteniendo su status social.
Aprovechándose de mi ceguera, muchos adultos e incluso niños me han preguntado: ¿Cómo explicas el hecho de que Dios abandone a alguien que trabaja para él? En un principio, yo les decía a esas personas que no les quería instruir en el conocimiento de Dios para ser recompensado de ninguna forma, pero ellos me decían que, si Dios existe, no es posible que me dejara caminar tropezando con muchos obstáculos. Esas personas aún no saben que para mí esperar lo que aún no tengo significa que tengo lo que aún espero, aunque aún no vivo como si Jesús hubiera venido a nuestro encuentro en su Parusía.
¿Por qué no aceptó Jesús el desafío que las autoridades de Palestina le hicieron para que bajara de la Cruz? ¿No hubiera significado ese hecho que su poder es ilimitado, y por ello nuestro Señor hubiera sido creído por sus adversarios y por ello los mismos también le hubieran venerado como al Mesías de Dios? Si nuestro señor hubiera bajado de la cruz, no sería la esperanza de los que sufren, porque no hubiera sido capaz de redimir a los que sufren con la esperanza de vivir en la presencia de nuestro Padre común. Si Jesús no se hubiera dejado crucificar, sus adversarios le habrían acogido, pero no por amor como lo hemos hecho los enfermos, sino por causa de su poder. Muchos padres han sufrido cuando sus hijos han estado enfermos y, cuando sus descendientes han crecido, y los mismos se han alejado de ellos, siguen pensando que no les importaría sufrir nuevamente con tal de estar junto a sus hijos en el caso de que ellos contraigan una nueva enfermedad. El mundo nos tiende muchas trampas y nosotros tenemos que estar preparados para vencerlas con la ayuda del Espíritu Santo. ¿SE ven en los cines películas que debilitan la fe de nuestros hermanos los que tienen un escaso conocimiento del Evangelio? Tenemos que “ponernos las pilas” como decíamos en los años de mi adolescencia en mi tierra y contra argumentar las ideas de quienes quieren acabar con nuestra fe.
Los soldados y uno de los ladrones crucificados junto a nuestro señor insistían en que Jesús descendiera de la cruz, unos burlándose de Jesús, y Gestas, diciendo: Tu prestigio ha durado poco tiempo. “La postura de Gestas es muy frecuente en nuestro mundo, así pues, mientras que muchos de nuestros hermanos carecen de la fuerza que necesitan para sobrevivir a las vicisitudes que les son comunes, no faltan quienes, animados por su deseo de alcanzar sus propósitos a costa de lo que sea y de quien sea preciso aplastar, carecen de moral y de principios éticos. Jesús fue clavado entre malhechores en cumplimiento de una antigua profecía, así pues, sus enemigos concibieron esa forma de burlarse de El. Por su parte, gestas se burlaba de Jesús como si, al iniciar ese trance agónico, quisiera hacer que el Hijo del carpintero desechara el rastro de la fe que le caracterizaba cuando le faltaban escasas horas para entregarle su espíritu al Padre eterno. Dimas, el otro malhechor, hizo un examen de conciencia muy preciso, reconociéndose digno del castigo que acabaría con su vida para purgar sus acciones ilícitas, y temiendo la llegada de su hora final, pues duro había de ser el castigo que Dios eligió para que le fuera aplicado a su Hijo, el cuál había de compensar la culpabilidad divina en su empeño de no coartar el dolor de los hombres, si ello significa reducir el uso de la libertad de ellos mismos o el derecho de decidir sobre sus enfermos letales de los familiares de ellos que les cuidan temiéndose lo peor” (Padre nuestro, Ed. N.o 27, viernes Santo, ciclo a).
Al comienzo de la Historia de la Salvación, un hombre, Adán, introdujo el pecado en el mundo y, al final del ciclo c de la Liturgia Católica, Jesús le abre las puertas del cielo al buen Dimas, el ladrón arrepentido, así pues, de la misma manera que los milagros que nuestro señor hizo en su primera venida significan la abundancia de dones con que nuestro Padre común premiará a sus hijos después de haberlos salvado, la salvación de Dimas, significa que nosotros también viviremos en la presencia de nuestro Padre común.
El próximo Domingo iniciaremos el principio, no sólo del año litúrgico, sino de otros tres ciclos litúrgicos (a, b y c), durante los cuales intentaremos seguir fortaleciendo nuestra fe. Llegados a este punto, os doy las gracias a quienes me habéis leído todas las semanas o de vez en cuando, y os pido que oréis para que yo pueda seguir con vosotros todas las semanas.
Oración de los fieles
En el día en que vamos a concluir este ciclo litúrgico, vamos a darle las más sinceras gracias a nuestro Padre común, por los logros que hemos alcanzado a nivel personal y comunitario, por los bienes que ha conseguido la sociedad en que vivimos, y por los dones que nuestro Padre común le ha concedido a la Iglesia. Como aún no ha concluido el proceso de nuestra conversión y el mundo aún no ha aceptado a nuestro Padre común, oremos para que nuestro Dios se manifieste a quienes no le han aceptado, para que pronto llegue el día en que todos habitemos en el Reino del amor y la felicidad.
Respondemos a cada petición: Padre nuestro de la vida, haz que venga a nosotros tu Reino de amor y de paz.
V. Por el Papa Benedicto XVI y todos los religiosos y laicos que se esfuerzan para conseguir que el mundo te conozca por su medio, para que consigan pronto que el mundo te acepte, a pesar de que no podemos verte. Oremos.
V. Por quienes tienen carencias materiales y espirituales, para que sus dificultades les sirvan de puente para vivir en tu presencia. Oremos.
V. Para que los cristianos hagamos de los medios de comunicación que estén a nuestro alcance medios adecuados para predicar el Evangelio. Oremos.
V. Oremos por los formadores de los religiosos y laicos de la Iglesia del futuro, y por los niños y adultos que han iniciado recientemente un nuevo periodo formativo, para que aumentes su fe, y afiances la Iglesia, hasta que Cristo vuelva a nuestro encuentro. Oremos.
V. Te pedimos por los dirigentes político-militares del mundo, para que actúen siguiendo el ejemplo que les dejó el Rey de la paz. Oremos.
V. Por quienes nunca quieren acompañarnos a este templo para celebrar tu encuentro con nosotros, para que nos concedas la dicha de abrir los ojos de su entendimiento, para que puedan aceptarte. Oremos.
V. Escucha, Padre Santo, la oración de quienes te damos las gracias por habernos concedido vivir un nuevo año de gracia junto a ti. Aumenta nuestra fe para que nuestro corazón se disponga a recibir al Rey que vendrá a concluir la instauración de tu Reino en el mundo cuando menos lo esperemos. Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.
Liturgia eucarística.
Oración sobre las ofrendas:
Recibe con bondad, Dios nuestro, los dones sagrados que mandaste consagrar a tu nombre; que ellos nos hagan gratos a tus ojos y nos concedan la obediencia a tus mandamientos. Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.
Prefacio común V.
Proclamación del misterio de Cristo.
V. El Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.
V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.
V. En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Dios, Padre santo, por Cristo nuestro señor. Cuya muerte celebramos unidos en caridad, cuya resurrección proclamamos con viva fe, y cuyo advenimiento glorioso aguardamos con firmísima esperanza. Por eso, con todos los ángeles y santos, te alabamos, proclamando sin cesar:
Santo, Santo, Santo...
Antífona de la Comunión:
Alaben al Señor todas las naciones, porque es inquebrantable su amor por nosotros (SAL. 116, 1-2).
O bien:
Dice el Señor: yo estaré siempre con ustedes, hasta el fin del mundo (MT. 28, 20).
Lectura después de la Comunión
Jesús es dulzura y amor.
¡Oh Salvador mío, fuente inagotable de dulzura y de bondad! No piense yo más que en Vos. Cuando al mismo tiempo que a Vos se ama cualquiera otra cosa, ya no se os ama, ¡oh Dios mío!, con verdadero amor. ¡ Oh amor lleno de dulzura, dulzura llena de amor, amor exento de penas y seguido de infinidad de placeres; amor tan puro y tan sincero que subsiste en todos los siglos; amor cuyo ardor no hay cosa que pueda apagar ni entibiar! ¡ Jesús, mi adorable Salvador, cuyas bondades, cuyas dulzuras son incomparables, caridad tan perfecta como que sois nada menos que mi Dios! Véame yo abrasado en vuestras divinas llamas, de suerte que no sienta ya más que aquellos torrentes de dulzuras, de placeres, de delicias y de alegría, pero de una alegría enteramente justa, enteramente casta, pura, santa y seguida de aquella perfecta paz que solamente en Vos se encuentra. Sea yo abrasado en las llamas de aquel amor, ¡oh Dios mío!, con todo el afecto de mi corazón y de mi alma. No quiero, bien mío, no quiero en lo sucesivo más amor que el vuestro. Amén.
(Oración de San Agustín).
Oración después de la Comunión:
Padre del cielo, ya que nos haces participar de tus sagrados misterios, concédenos que nunca nos apartemos de ti. Te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.
Exhortación de despedida:
Después de recibir a Jesús en la Eucaristía, emprendamos nuevamente nuestras actividades ordinarias, y optemos por vivir un nuevo año de gracia junto a nuestro Señor, así pues, a partir del próximo Domingo, iniciaremos nuevamente la preparación de las dos venidas de nuestro Hermano al mundo.
Os deseo un feliz día del Señor.
Creado por trigodedios | 0 comentarios | 21/11/07 23:18
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