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Domingo XXIII ordinario. en TRIGO DE DIOS

Domingo XXIII ordinario.

La esperanza y los milagros. Padre nuestro

Domingo, 10-09-2006, Domingo XXIII del tiempo Ordinario, ciclo b

En esta edición de Padre nuestro, encontraréis los siguientes contenidos:
-Celebremos la Eucaristía. Cita de las lecturas eucarísticas, oraciones, homilía dominical y lectura después de la Comunión.
-Padre nuestro, escucha nuestra oración. Carta de la beata Madre Tránsito a una mujer de hoy. Por Susana Ratero.

Celebremos la Eucaristía

Domingo XXIII del tiempo Ordinario, ciclo b

Antífona de entrada

Tú eres justo, Señor, y tus juicios son rectos; trátame conforme a tu bondad (SAL. 118, 137. 124).

Recitemos el Gloria en esta celebración dominical, pidiéndole a nuestro Padre común perdón por nuestras transgresiones voluntarias en el cumplimiento de su Ley, y elevemos nuestras peticiones al cielo.

Saludo inicial del sacerdote

La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo estén con todos vosotros.
R. Y con tu espíritu.

Monición de entrada

Sed bienvenidos a la casa de nuestro Padre común.
Hoy, la Iglesia, a través de las lecturas correspondientes a la celebración eucarística que estamos iniciando, nos recuerda que Dios no ha abandonado a quienes carecen de un techo bajo el que vivir, que nuestro Padre del cielo y la tierra tiene presentes a quienes tienen problemas económicos, que nuestro Criador no ha desamparado a los enfermos, ni a las viudas, ni a los ancianos, ni a quienes se sienten abandonados por Dios y por sus prójimos.
Pidámosle a nuestro Padre común que aumente nuestra fe, para que le dejemos hacer milagros en nuestra vida.

Oración colecta

Señor Dios, que te has dignado redimirnos y has querido hacernos hijos tuyos, míranos siempre con amor de Padre y haz que cuantos creemos en Cristo, tu Hijo, alcancemos la libertad verdadera y la herencia eterna. Te lo pedimos por el mismo Jesucristo, nuestro Señor, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
R. Amén.

Liturgia de la Palabra

Cita de las lecturas eucarísticas y moniciones que anteceden a las mismas

1. Los oídos del sordo se abrirán, la lengua del mudo cantará (IS. 35, 4-7). Cuando el Reino de Dios sea instituido plenamente entre nosotros, la gloria de Dios se nos manifestará plenamente, y nuestras miserias serán extirpadas de nuestra vida.

2. Alaba alma mía al Señor (SAL. 145, 7. 8-9. 9 b c-10). Alabemos al Señor, pues él nos librará del sufrimiento que nos impide ser plenamente felices.

3. ¿Acaso no ha elegido Dios a los pobres como herederos del Reino? (ST. 2, 1-5). No valoremos a nuestros prójimos por causa de su riqueza, sino ateniéndonos a su conducta.

4. Aleluya, Aleluya: Señor, yo no soy digno de que entres en mi casa. Pero una sola palabra tuya bastará para que mi asistente se cure (MT. 8, 8).

5. Hace oír a los sordos y hablar a los mudos (MC. 7, 31-37). Cuando podamos creer que Jesús hace milagros en nuestra vida, procuraremos amar a nuestro Hermano mayor, no por causa del bien que nos hace, sino porque él es uno más entre nosotros.

Homilía:

1. Dios nos librará de nuestras miserias cuando concluya la instauración de su Reino entre nosotros. "Armaos de valor y no os dejéis vencer por el cansancio" (HEB. 12, 12). El valor es una cualidad anímica que nos mueve a actuar resueltamente solventando los problemas que hemos de afrontar y confrontar durante nuestra vida. A pesar de que Jesús les dijo a los oyentes del sermón del monte: "Vosotros tenéis que ser perfectos, como es perfecto vuestro Padre que está en los cielos" (MT. 5, 48), nosotros somos frágiles, así pues, somos propensos a desanimarnos cuando perdemos un buen trabajo, cuando nos distanciamos de algún amigo al que amamos mucho, cuando se debilitan nuestras relaciones interpersonales, cuando vemos fallecer a nuestros seres queridos, y en muchas otras ocasiones. Muchas veces interrogamos a Dios cuando sufrimos acaeceres adversos a nuestra voluntad, unas veces impulsados por nuestro desconocimiento de la Palabra de nuestro Creador, y en otras ocasiones
rendidos por la impotencia que nos caracteriza cuando no podemos evitar la vivencia de acontecimientos desagradables, diciéndole: Señor, ¿por qué permites que seamos afligidos? Isaías nos dice en la primera lectura correspondiente a la Eucaristía que estamos celebrando: "Fortaleced las manos cansadas, afirmad las rodillas endebles" (IS. 35, 33). Antes de iniciar mi actividad de vendedor de cupones de la ONCE, tuve la oportunidad de ayudar a desenvolverse a una chica sordociega en el centro en que cursaba sus estudios. Las manos de mi amiga no estaban cansadas, pero carecían de la soltura que necesitaban para hacer muchas cosas. Me costó un gran esfuerzo el hecho de conseguir que mi amiga bajara las escaleras de su centro de estudios cogiéndose a la pared y apoyándose en su bastón evitando así el miedo a caerse. Quizá alguien desee preguntarme: ¿Qué tiene que ver esa historia con mis deficiencias económicas o con los problemas que están debilitando mi relación con mi cónyuge?
Aunque no todos estamos capacitados para solventar nuestras deficiencias porque somos humanos e imperfectos, no podemos dudar con respecto al hecho de que, si queremos vivir en el Reino de nuestro Padre común, no debemos olvidar que él no quiere que vivamos inspirados por la feroz competencia que se ha establecido en nuestra sociedad, la cuál nos obliga a pasar por encima de quienes son más débiles que nosotros para que así podamos adquirir una posición social mejor que la que tenemos actualmente. Si el hecho de servir a nuestros prójimos los hombres no nos solventa nuestros problemas, hemos de reconocer que ello nos enseña a darle gracias a Dios por lo que somos y por las dádivas materiales y espirituales que él nos ha concedido, así pues, si no ayudamos a nuestros prójimos a superar la adversidad que atañe a su vida, quizá nos suceda que no valoraremos la importancia de poder utilizar nuestros ojos, quizá no apreciemos el hecho de poder caminar sin ser ayudados por nadie,
quizá podemos dejar de valorar la libertad que tenemos quienes podemos utilizar nuestras manos, pues ello nos evita la dependencia con respecto a los demás.
"Decid a los de corazón apocado: Esforzaos, no temáis; he aquí que vuestro Dios viene con retribución, con pago; Dios mismo vendrá, y os salvará" (IS. 35, 4). Decidles a quienes carecen de esperanza que no se dejen desanimar por sus carencias, pues Dios vendrá a nuestro encuentro cuando lo crea oportuno, y nos concederá su felicidad eterna, después de que nos haya ayudado a vencer nuestra imperfección.
"Entonces los ojos de los ciegos serán abiertos, y los oídos de los sordos se abrirán" (IS. 35, 5). Cuando nuestro Señor se le haya revelado a la humanidad y todos conozcamos a Dios por su medio, se abrirán los ojos de nuestro entendimiento, y nuestros oídos se abrirán para recibir la buena noticia de nuestra salvación. "Entonces el cojo saltará como un ciervo, y cantará la lengua del mudo; porque aguas serán cabadas en el desierto, y torrentes en la soledad" (IS. 35, 6). Cuando San Juan Bautista envió a unos discípulos suyos desde la cárcel para que interrogaran a Jesús con respecto a su mesianismo y se hicieran discípulos del Hijo de María, nuestro Maestro les dijo: "Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios de su enfermedad, los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia el mensaje de salvación" (MT. 11, 5). Recordemos el texto del Emmanuel de Isaías que utilizó nuestro Señor para darse a conocer a los nazaretanos como el Mesías
esperado por su pueblo: "El Espíritu del Señor Yahveh está sobre mí, por cuanto que me ha ungido Yahveh. A anunciar la buena nueva a los pobres me ha enviado, a vendar los corazones rotos; a pregonar a los cautivos la liberación, y a los reclusos la libertad" (IS. 61, 1). Al final de los tiempos los cojos saltarán como ciervos, y los mudos cantarán las alabanzas divinas. Dios acabará con nuestra sequedad espiritual. "El lugar seco se convertirá en estanque, y el sequedal en manaderos de agua; en la morada de chacales, en su guarida, será lugar de cañas y juncos" (IS. 35, 7).
En el versículo 137 del Salmo 118 leemos: "Señor, tú eres justo, tus mandamientos son rectos" (SAL. 118, 137). Llamamos justicia, a la constante y perpetua voluntad que tenemos de hacer que todos tengamos lo que nos corresponde. Nuestro Padre común es justo, pero ello no le impide impartirnos su justicia desde la óptica del amor. El hecho de que nuestro Criador vincule la justicia al amor, no significa que él es muy permisivo con nosotros, por consiguiente, sabemos que en esta nuestra vida, recogemos el fruto de las semillas que sembramos. "Trata con misericordia a tu siervo, enséñale tus leyes" (SAL. 118, 124). Le pedimos a nuestro Padre común que nos trate misericordiosamente, que nos abra su corazón, pero que no sea permisivo con nuestras inclinaciones a desobedecerle, sino que nos enseñe sus mandatos, y nos inste a cumplirlos puntualmente.
2. Los milagros. La palabra milagro proviene del latín mirari, y significa admirarse de. Los milagros son hechos que trascienden los poderes humanos y las fuerzas de la naturaleza, los cuales sólo les pueden ser atribuidos a Dios en el caso de las religiones, y a las fuerzas sobrenaturales, las cuales son promovidas por los ocultistas. Los cristianos creemos que los milagros poseen un valor evidente, es decir, son las pruebas de que nuestro Padre común actúa en el mundo. La aplicación del método histórico-crítico ha hecho que muchos de nuestros hermanos sostengan firmemente la creencia de que los milagros de Jesús y de sus santos fueron escritos para exponer enseñanzas religiosas, no con la intención de recopilar evidencias históricas demostrativas del poder de Dios.
En cada ocasión que leamos un milagro de Jesús, intentaremos amar más al autor de la obra divina que a la obra por sí misma, pues no debemos herir al Espíritu Santo de Dios.
Concluyamos esta meditación dirigiéndonos a nuestra Santa Madre, a la Reina de nuestros corazones. Pidámosle a nuestra Señora que siga intercediendo por nosotros, hasta que nuestro corazón se abra como una puerta de par en par, y acojamos al Dios Uno y Trino. Amén.

Oración de los fieles

En el Evangelio de hoy hemos visto un claro ejemplo de que nuestro Señor extirpará la adversidad que atañe a nuestra vida de nuestro corazón cuando haya concluido el tiempo de nuestra purificación. Respondemos a cada petición: Señor, fortalece nuestra fe.

1. Te pedimos por el Papa Benedicto XVI, para que siga realizando la gran labor de pastorear a la Iglesia peregrina que tú le has encomendado. Oremos.
2. Te pedimos por todos los pastores que cuidan de tu Iglesia. Acuérdate, Señor, de nuestro Obispo N. y de sus colaboradores religiosos y laicos, con el fin de que en nuestra Diócesis sigamos trabajando para hacer que nuestros prójimos se acerquen a ti. Oremos.
3. Te pedimos por los enfermos, para que comprendan que tú eres la salud de su cuerpo y la salvación de su alma. También te pedimos por sus familiares, el personal sanitario y los voluntarios que les cuidan, para que ellos actúen impulsados por tu amor. Oremos.
4. Te pedimos por quienes carecen de dádivas materiales y espirituales, para que comprendan y nos transmitan la gran verdad con respecto a que tú lo eres todo para nosotros. Oremos.
5. Te pedimos por nuestros jóvenes, para que aprendan a aceptarte, amarte y respetarte, y no se dejen arrastrar por los vicios que les privan de realizarse personalmente y de ser felices. Oremos.
6. Te pedimos por nuestros dirigentes políticos, para que realicen su trabajo con sabiduría e inspirados en tu divina justicia. Oremos.
7. Añadir nuevas peticiones.

V. Escucha la oración de quienes te necesitamos porque te amamos y no podemos hacer nada si vivimos lejos de ti, pues Jesús es la vid, y nosotros los sarmientos que, separados de la vid original, somos infructíferos. Te lo pedimos por el mismo Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.

Liturgia eucarística

Oración sobre las ofrendas

Padre bueno, fuente de la paz y el amor sincero, concédenos glorificarte por estas ofrendas y unirnos fielmente a ti por la participación en esta Eucaristía. Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.

Prefacio común III

Alabanza a Dios por la creación y la redención del hombre

V. El Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.
V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.
V. En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno. Pues por medio de tu amado Hijo, eres el creador del género humano, y también el autor bondadoso de la nueva creación. Por eso, con razón te sirven todas las criaturas, con justicia te alaban todos los redimidos, y unánimes te bendicen tus santos. Con ellos, también nosotros, a una con los ángeles, cantamos tu gloria gozosos diciendo: Santo, Santo, Santo...

Antífona de la Comunión

Como la sierva sedienta busca las corrientes de agua, así mi alma suspira por ti, mi Dios. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios viviente (CF. SAL. 41, 2-3).

O bien:

Dice el Señor: yo soy la luz del mundo. El que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida (JN. 8, 12).

Lectura después de la Comunión

Letanía a Jesús Crucificado para alcanzar la paciencia en las aflicciones

Desconozco el autor de esta oración

-Cuando juzguéis oportuno someterme a la prueba de la tribulación,

-Cuando me vea agobiado por todas partes de apuros y contrariedades,

-Cuando me falte lo que más necesito,

-Cuando tenga que sufrir las inclemencias del tiempo, el rigor de las estaciones,

-Cuando sienta arder en mis miembros el fuego de la fiebre,

-Cuando me vea sumido en la enfermedad,

-Cuando deseare en vano para mis ojos desvelados un sueño reparador,

-Cuando el mal seque y consuma lentamente mi carne y mis huesos,

-Cuando vengan a llamar a mi puerta las aflicciones de cualquier clase que sean,

-Cuando interiores desolaciones tengan oscurecido y como nublado mi espíritu,

-Cuando me vea en peligro de ser vencido por la tentación,

-Cuando me vea precisado a reprimir la vivacidad de mi carácter,

-Cuando por excesivo abatimiento se me haga enojosa la vida,

-Cuando me vea hecho carga pesada para mi mismo y para los demás,

-Cuando no halle en torno de mí más que motivos de tristeza,

-Cuando me sienta impotente para todo bien,

-Cuando a pesar de mis esfuerzos, vuelva a caer en las mismas faltas,

-Cuando la sequedad interior parezca extinguir en mi todo fervoroso deseo,

-Cuando mil pensamientos importunos vengan a distraerme en la oración,

-Si permitís que sufra contradicciones,

-Si permitís que tenga que luchar con genios difíciles,

-Si permitís que me humillen,

-Si permitís que me contristen,

-Si permitís que me abandonen mis amigos,

-Si permitís que sea víctima de la injusticia.

-Si permitís que me persiga la calumnia,

-Si permitís que me vuelvan mal por bien,

-Si permitís que me hieran con insultantes palabras,

Dadme paciencia, crucificado Señor.

ORACIÓN

¡Oh Dios mío, que habéis dispuesto se salven vuestros escogidos por medio de los sufrimientos y de la Cruz! Ayudadme a soportar los míos con el espíritu
de paciencia y resignación de que nos ha dejado Vuestro unigénito Hijo Jesucristo tan grandes ejemplos, y haced que en todas nuestras aflicciones, ya del alma, ya del cuerpo, repitamos con fe y sumisión las tiernas palabras que os dirigió él en medio de su dolorosa agonía. Padre mío, no se haga mi voluntad,
sino la vuestra!" Amen.

Oración después de la Comunión

Ya que nos nutres y animas con tu palabra y el sacramento celestial, concédenos, Señor, que estos dones de tu Hijo nos hagan participar siempre de su vida divina. Por el mismo Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.

Exhortación de despedida

Después de recibir a Jesús en la Eucaristía, iniciemos nuestra actividad ordinaria, pidiéndole a nuestro Padre común que nos ayude a hacer el gran milagro de que nosotros y nuestros familiares, amigos, compañeros de trabajo e incluso quienes aún no conocemos, lo aceptemos sin reservas.

Padre nuestro, escucha nuestra oración

Carta de la beata Madre Tránsito a una mujer de hoy

Por susana Ratero

Carta de la Beata Madre Tránsito a una mujer de hoy:

Mi querida amiga:

Esta carta es para vos, que tenés una foto mía en tu bolso, en tu mesita de luz o pegada con cintex en la humilde pared de tu
cocina.

Estas palabras son para vos, que me mirás entre lágrimas porque sentís que ya no sos niña, que la vida se te abalanza y a tu
alrededor todo parece una selva...o quizás sintás que tu matrimonio peligra, o tu hijo tiene triste el alma, o tu mamá está grande y demasiado sola y te
cruzás la ciudad para verla (porque tu casa es chica y no te la podés traer con vos).

El otro día me decías “¡Ay Madre, que difícil se me está poniendo la vida!”. Yo me senté a tu lado, te abracé sin que lo notaras
e intenté decirte muchas cosas... pero no me escuchabas, pues tenías demasiado lastimada el alma.

Por eso quise escribirte... para que tengás este pedacito de mi corazón a tu alcance cuando la soledad te inunde... cuando tengás
más preguntas que respuestas... cuando tus pasos ya no atinen caminos...

Quiero contarte lo que fui aprendiendo en medio de dolores y alegrías, errores y aciertos, sueños y desilusiones. No importa
si yo escribía a la luz de una vela y vos mandás correo electrónico, o si yo caminaba de San Vicente al centro y vos vas en ómnibus. Ésos, amiga, sólo
son detalles técnicos...

Verás, la Virgen Santísima ha tejido para mí una canastilla nueva. En ella voy recogiendo tus dudas, tu soledad, tus angustias
y alegrías y, cada día, se la presento a María y ella me la devuelve tornada en gracia y ternura para tu alma.

Pero esos regalos sólo puedo entregártelos si tenés abierta la puerta de tu corazón (recordá, sólo se abre por dentro).. Quizás
vos te preguntés: “¿Cómo hago para mantener abierta esa puerta? Si el viento helado de la soledad o las tormentas del dolor y la angustia la cierran de
un portazo, muchas veces a mi pesar”.

Te propongo que caminemos, dentro de tu corazón, desde San Vicente hasta la plaza San Martín. En tan largo trayecto, te iré
contando que lo primero que debés hacer al despertar es decirle a Nuestro Señor:”Solo a Vos os amo”, y con este pensamiento se te quitará toda pereza.
Si sos puntual en la observancia de tus deberes, y ofrecés tus esfuerzos a la Virgen, ella te ha de alcanzar toda la gracia que necesitás y las virtudes
que te faltan. Durante el día, hablá mucho con el Señor en la oración. Cuando salís al patio a tender la ropa, tomate un minuto, elevá tus ojos al cielo
y agradecé que tengás ropa para tender... en el mundo hay pobres que no la tienen ni para ponérsela.

En esta Cuaresma, recordá el gesto de Jesús al lavar los pies. Vos podés hacerlo de muchas maneras: Perdonando a quien te
ha lastimado, sonriendo a esa vecina que resulta tan molesta, visitando a esa abuela del barrio que “esta bien” pero siente que el día tiene demasiadas
horas. Te prevengo que tu orgullo se alzará a los gritos. No lo escuchés. Solo imitá a Jesús que nos dio ejemplo de tanta humildad.

Recuerdo que acostumbraba a refugiarme, todos los días, en la llaga de su Santísimo Costado y de allí sacaba las fuerzas que
necesitaba yo, pobrísima criatura suya.

Pedíle a Jesús la gracia de saber aprovechar tantos y tan diversos medios de que se vale para conducirte a El, con seguridad.
Pedíle que te dé a conocer el verdadero espíritu con que debés conducirte en todo y su santo amor sea el móvil de todas tus acciones. Mirá, nos vamos acercando
a la plaza... He querido mostrarte muchos caminos, que van directo a la puerta de tu corazón... Cuando sintás que ya no tenés fuerzas, que la vida te pasa
por encima, continuá caminando hija, recordá que detrás de la puerta te espera una canastilla repleta de gracia y ternura, que María te ha mandado a través
de esta amiga que tanto te quiere y te bendice de corazón

María del Tránsito Cabanillas de Jesús Sacramentado.

(las palabras en cursiva corresponden a textos adaptados de cartas de M. Tránsito)

María Susana Ratero

susanaratero@yahoo.com.ar

NOTA de la autora: Esta carta ha nacido en mi corazón y en mi imaginación por el amor que siento por ella.
Creado por trigodedios | 0 comentarios | 16/04/07 21:02

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