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TRIGO DE DIOS

Domingo XXI ordinario. en TRIGO DE DIOS

Domingo XXI ordinario.

Castigos purificadores que nos ayudan a mantenernos firmes en la vivencia de nuestra fe. Padre nuestro

Domingo, 27-08-2006, Domingo XXI del tiempo Ordinario, ciclo b

En esta edición de Padre nuestro, encontraréis los siguientes contenidos:

-Celebremos la Eucaristía. Cita de las lecturas eucarísticas, oraciones, homilía dominical y lectura después de la Comunión.

Celebremos la Eucaristía

Domingo XXI del tiempo Ordinario, ciclo b

Antífona de entrada

Inclina tu oído, Señor, respóndeme. Salva a tu servidor que en tí confía; ten piedad de mí, Señor, que te invoco todo el día (CF. SAL. 85, 1-3).

Recitemos el Gloria en esta celebración dominical, pidiéndole a nuestro Padre común perdón por nuestras transgresiones voluntarias en el cumplimiento
de su Ley, y elevemos nuestras peticiones al cielo.

Saludo inicial del sacerdote

La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo estén con todos vosotros.

R. Y con tu espíritu.

Monición de entrada

Sed bienvenidos a la casa de nuestro Padre y Dios.

Hoy concluimos la meditación del capítulo 6 del Evangelio de San Juan que comenzamos el Domingo XVII del tiempo Ordinario. Al igual que les sucedió a
muchos discípulos de Jesús que renegaron de nuestro Maestro porque no comprendieron la exposición de la doctrina eucarística que les hizo nuestro Señor,
a nosotros también se nos da la opción de aceptar o de rechazar al Mesías. Ojalá nosotros, a imitación de San Pedro, tomemos la firme decisión de no separarnos
del Hijo de María, porque, nuestra vida sin Jesús, carece de sentido.

Oración colecta

Señor Dios, que unes a tus fieles en una sola voluntad; concédenos amar lo que nos mandas y esperar lo que nos prometes, para que en medio de la inestabilidad
de este mundo, esté firme nuestro corazón donde se encuentra la verdadera alegría. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la
unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.

R. Amén.

Liturgia de la Palabra

Cita de las lecturas eucarísticas y moniciones que anteceden a las mismas

1. Nosotros serviremos al Señor, porque él es nuestro Dios (JOS. 24, 1-2. 15-17. 18). Meditemos sobre las causas por las que hemos de servir al Señor.

2. Gustad y ved qué bueno es el Señor (SAL. 33, 2-3. 16-17. 18-19. 20-21). Démosle gracias al Dios Trinidad por causa del bien que nos ha hecho, e intentemos
comprender que él nos ama, a pesar de que existen interrogantes cuya respuesta escapa a nuestro humano entendimiento.

3. Es éste un gran misterio: y yo lo refiero a Cristo y a la Iglesia (EF. 5, 21-32). San Pablo compara nuestra vivencia familiar con nuestra experiencia
de hijos de la Iglesia, familiares de Dios.

4. Aleluya, Aleluya: El pan del que yo os hablo ha bajado del cielo -dice el Señor-, para que quien lo coma no muera (JN. 6, 50). Aleluya.

5. Señor, ¿a quién iríamos? Tus palabras son palabras que dan vida eterna (JN. 6, 60-69). Optemos por ser seguidores de Jesús nuestro Salvador, y no
neguemos al Dios Uno y Trino como lo hacen quienes carecen de fe.

Homilía:

La idolatría y nuestra participación en las asambleas litúrgicas. Jesús les dijo en el Templo de Jerusalén a sus oyentes con respecto a los fariseos:
"Así que vosotros debéis hacer y guardar lo que os digan; pero no imitéis su conducta, porque ellos mismos no hacen lo que enseñan" (MT. 23, 3). Ojalá
no nos suceda esto a los cristianos, especialmente a quienes predicamos el Evangelio. En el éxodo leemos con respecto a la peregrinación de los hebreos:
"Y Jehová iba delante de ellos de día en una columna de nube para guiarlos por el camino, y de noche en una columna de fuego para alumbrarles, a fin de
que anduviesen de día y de noche. Nunca se apartó de delante del pueblo la columna de nubes de día, ni de noche la columna de fuego" (éX. 13, 21-22). Más
adelante, el autor del segundo libro de la Biblia escribió: "Entonces los hijos de Israel entraron por en medio del mar, en seco, teniendo las aguas como
muro a su derecha y a su izquierda. Y siguiéndolos los egipcios, entraron tras

ellos hasta la mitad del mar, toda la caballería de Faraón, sus carros y su gente de a caballo. Aconteció a la vigilia de la mañana, que Jehová miró el
campamento de los egipcios desde la columna de fuego y nube, y trastornó el campamento de los egipcios, y quitó las ruedas de sus carros, y los trastornó
gravemente. Entonces los egipcios dijeron: Huyamos de delante de Israel, porque Jehová pelea por ellos contra los egipcios. Y Jehová dijo a Moisés: Extiende
tu mano sobre el mar, para que las aguas vuelvan sobre los egipcios, sobre sus carros, y sobre su caballería. Entonces Moisés extendió su mano sobre el
mar, y cuando amanecía, el mar se volvió en toda su fuerza, y los egipcios al huir se encontraban con el mar; y Jehová derribó a los egipcios en medio
del mar. Y volvieron las aguas, y cubrieron los carros y la caballería, y todo el ejército de Faraón que había entrado tras ellos en el mar; no quedó de
ellos ni uno. Y los hijos de Israel fueron por en medio del mar, en seco, teniendo las aguas por muro a su derecha y a su izquierda" (éX. 14, 22-29). San
Pablo les escribió a los cristianos de Corinto las siguientes palabras: "No debéis olvidar, hermanos, que todos nuestros antepasados caminaron por el desierto
al amparo de aquella nube, y atravesaron el mar Rojo" (1 COR. 10, 1). De la misma forma que Dios se les manifestó a los hebreos concediéndoles la libertad
y sosteniéndolos durante los 40 años que se prolongó su peregrinación a través del desierto, nuestro Padre común también se nos manifiesta, a través de
la recepción de los Sacramentos, sus predicadores, la Biblia, los acontecimientos que caracterizan nuestra vida ordinaria, y el dolor de los pobres, los
enfermos y la difícil vivencia de quienes viven aislados.

San Pablo nos sigue diciendo: "Todos fueron bautizados como seguidores de Moisés cuando aconteció lo de la nube y lo del mar" (1 COR. 10, 2). ¿Constatamos
que nuestro Padre común aumenta nuestra fe en cada ocasión que tenemos una experiencia por cuya vivencia sufrimos?

San Pablo nos dice: "Todos comieron el mismo alimento prefigurativo" (1 COR. 10, 3). Moisés escribió en el segundo volumen de la Biblia: "Así comieron
los hijos de Israel maná cuarenta años, hasta que llegaron a tierra habitada; maná comieron hasta que llegaron a los límites de la tierra de Canaán" (éX.
16, 35).

"Todos bebieron la misma bebida prefigurativa -les escribió el Apóstol de las gentes a los cristianos de Corinto-, pues bebieron de la roca prefigurativa
que los acompañaba. Esa roca representaba a Cristo" (1 COR. 10, 4). Cuando yo trabajaba como catequista instruyendo en el conocimiento de nuestra fe a
un grupo de niños de perseverancia, uno de ellos me preguntó con respecto a la meditación que nos ocupa: Si Jesús vino al mundo muchos siglos después de
que aconteciera la liberación de los hebreos de la esclavitud, ¿por qué dice San Pablo que nuestro Señor se les manifestaba a los futuros habitantes de
la Tierra prometida espiritualmente? No olvidemos que Jesús es la Palabra mediante la cuál nuestro Padre común creó el mundo, así pues, bajo esta óptica,
nos es fácil deducir que Jesús es el Señor de la Historia. En el éxodo leemos: "Y Jehová dijo a Moisés: Pasa delante del pueblo (que los hebreos vean que
actúas en nombre de Dios), y toma contigo de los ancianos de Israel

(por el respeto que se les tenía a los representantes religiosos del pueblo, los hebreos habían de tener un nuevo motivo para creer que Moisés iba a realizar
un prodigio inspirado por Yahveh); y toma también en tu mano tu vara con que golpeaste el río (la vara con que Moisés hizo tantos prodigios en Egipto),
y ve. He aquí que yo estaré delante de ti allí sobre la peña en Horeb; y golpearás la peña, y saldrán de ella aguas, y beberá el pueblo. Y Moisés lo hizo
así en presencia de los ancianos de Israel" (éX. 17, 5-6). El autor del Pentateuco escribió en el libro de los números: "Entonces alzó Moisés su mano y
golpeó la peña con su vara dos veces; y salieron muchas aguas, y bebió la congregación, y sus bestias" (NúM. 20, 11). Dios sació el hambre y la sed de
su pueblo en el desierto, y nos alimenta a nosotros espiritualmente en cada ocasión que celebramos la Eucaristía.

"Y, a pesar de todo, la mayor parte de ellos no agradó a Dios, y fueron por eso aniquilados en el desierto" (1 COR. 10, 5). Moisés escribió en su obra
las palabras con que Jehová se dirigió a los hebreos mayores de 20 años en una de las muchas ocasiones en que ellos desconfiaron de él: "Diles: Vivo yo
(juro por mí), dice Jehová, que según habéis hablado a mis oídos, así haré yo con vosotros. En este desierto caerán vuestros cuerpos; todo el número de
los que fueron contados de entre vosotros, de veinte años arriba, los cuales han murmurado contra mí. Vosotros a la verdad no entraréis en la tierra, por
la cual alcé mi mano y juré que os haría habitar en ella; exceptuando a Caleb hijo de Jefone, y a Josué hijo de Nun" (NúM. 14, 28-30). San Pablo explica
esta situación en su Epístola a los Hebreos: "¿Quienes fueron -debemos preguntarnos- los que, habiendo escuchado la voz del Señor, se revelaron? ¿No fueron,
acaso, los que habían salido de Egipto guiados por Moisés? Y ¿contra

quienes se indignó Dios a lo largo de aquellos cuarenta años? Está claro que contra quienes pecaron; allí, en el desierto, quedaron tendidos sus cadáveres.
Y ¿a quienes, sino a los rebeldes, aseguró Dios con juramento que no entrarían en su descanso? Vemos aquí con toda claridad que no pudieron entrar por
falta de fe" (HEB. 3, 16-19). Yo pienso: Si Dios es sumamente perfecto y nos ama, ¿por qué nos castiga cuando transgredimos su Ley? A quienes me dicen
que Dios nunca nos castiga, les recuerdo las siguientes palabras del Apocalipsis: "Yo reprendo y castigo a los que amo. Esfuérzate, pues, y cambia de conducta"
(AP. 3, 19). ¿Nos castigará Dios porque únicamente a través de la vivencia del dolor somos capaces de abrirle nuestro corazón y de cumplir su Ley? Recordemos
que los castigos divinos no son multas que se nos imponen, sino oportunidades que se nos conceden para que seamos mejores personas cristianas. Este tipo
de castigos sólo nos pueden ser aplicados por Dios, ya que él

es el único que conoce nuestros sentimientos.

"Todo aquello sucedió para servirnos de ejemplo a nosotros (ya que nos enriquecemos con esas experiencias para evitar sucumbir ante la posibilidad de
pecar); para que no corramos tras el mal, como ellos corrieron" (1 COR. 10, 6). Antes de que Dios saciara el hambre de su pueblo alimentándolo con codornices,
sucedió el siguiente hecho: "Y la gente extranjera que se mezcló con ellos tuvo un vivo deseo, y los hijos de Israel también volvieron a llorar y dijeron:
¡Quién nos diera a comer carne¡" (NúM. 11, 4). No tiene sentido el hecho de que quienes celebramos la Eucaristía devotamente transgredamos constantemente
el cumplimiento de la Ley de Dios.

San Pablo nos advierte "para que no os deis a la idolatría, como se dieron algunos de ellos, según dice la Escritura: Se sentó el pueblo a comer y a
beber (el pueblo antepuso la vivencia de sus vicios a la realización de su fe), y se levantó luego a divertirse" (1 COR. 10, 7. CF. éX. 32, 6). ¿Creemos
en el poder, el prestigio, la consecución del dinero que tanto ama el mundo? ¿Hemos cambiado la adoración del Dios verdadero para vivir para ambicionar
la posesión de los dioses perecederos?

San Pablo nos advierte "para que no nos entreguemos a la lujuria, como se entregaron algunos de ellos, por lo que perecieron veintitrés mil en un solo
dia" (1 COR. 10, 8). A continuación os expongo un fragmento del relato del que nos habla San Pablo en el texto bíblico que estamos meditando, pero, antes
de abrir el libro de los Números por el capítulo 25, os cito alguna información con respecto a Baal. Entre los pueblos semíticos primitivos, recibían el
nombre de baales, una serie de dioses locales, protectores de la fertilidad de la tierra y de los animales domésticos. A modo anecdótico os digo que Belzebú
significa señor de las moscas, y fue uno de los nombres con que se denominó a Satanás, dado que la citada deidad beneficiaba con su supuesto poder a los
filisteos. Los hebreos aceptaron la adoración baalista de los agricultores cananeos. Las diferentes formas de denominar a los muchos baales existentes
nos hace pensar que todos ellos no procedían de una deidad principal.

"Moraba Israel en Sitim; y el pueblo empezó a fornicar con las hijas de Moab, las cuales invitaban al pueblo a los sacrificios de sus dioses; y el pueblo
comió, y se inclinó a sus dioses. Así acudió el pueblo a Baal-peor y el furor de Jehová se encendió contra Israel. Y Jehová dijo a Moisés: Toma a todos
los príncipes del pueblo, y ahórcalos ante Jehová delante del sol (a la vista del pueblo), y el ardor de la ira de Jehová se apartará de Israel. Entonces
Moisés dijo a los jueces de Israel: Matad cada uno a aquellos de los vuestros que se han juntado con Baal-peor..." (CF. NúM. 25, 1-18).

"Ni pongamos tampoco a prueba la paciencia del Señor, como algunos de ellos hicieron, y murieron mordidos por serpientes" (1 COR. 10, 9). "Y habló el
pueblo contra Dios y contra Moisés: ¿Por qué nos hiciste subir de Egipto para que muramos en este desierto? Pues no hay pan ni agua, y nuestra alma tiene
fastidio de este pan tan liviano (el maná). Y Jehová envió entre el pueblo serpientes ardientes, que mordían al pueblo; y murió mucho pueblo de Israel"
(NúM. 21, 5-6).

"Ni nos quejemos de Dios, como se quejaron algunos de ellos, y el ángel de la muerte los exterminó" (1 COR. 10, 10. Vé. NúM. 16, 41-49).

"A ellos les sucedieron estas cosas como ejemplo, y se han escrito para escarmiento de quienes vivimos ya en estos tiempos definitivos. Así que, si alguno
presume de mantenerse firme, esté alerta, no sea que caiga. Hasta ahora, ninguna prueba os ha sobrevenido que no pueda considerarse humanamente soportable.
Por lo demás, Dios es fiel y no permitirá que seáis puestos a prueba más allá de vuestras fuerzas; al contrario, junto con la prueba os proporcionará también
la manera de superarla con éxito. Evitad, por tanto, queridos hermanos, el culto a los ídolos" (1 COR. 10, 11-14).

Os he comentado los citados versículos bíblicos porque, en este último Domingo de las 4 semanas que la Iglesia nos ha instado a que meditemos sobre el
Sacramento de la Eucaristía, podemos constatar que Jesús fue abandonado por muchos de sus discípulos, que creían que el Señor quería morir, para que ellos
se lo comieran literalmente. Como no podemos ser cristianos a medias, hoy tenemos la ocasión de decidir si somos de Dios o si somos del mundo.

Oración de los fieles

Nuestro Hermano y Señor nos dice en el Evangelio de hoy: "Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan
que yo voy a dar es mi carne. La doy para que el mundo tenga vida" (JN. 6, 51). Pidámosle a nuestro Señor que aumente nuestra fe en el Sacramento que estamos
celebrando, pues no queremos celebrar nuestro encuentro con Dios marcados por la rutina, sino por la fe divina que nos es necesaria para que Jesús pueda
realizar sus prodigios en nuestra vida. Respondemos a cada petición: Padre nuestro de la vida, alimenta nuestra fe.

1. Te pedimos por el Papa Benedicto XVI, por todos los Obispos del mundo, por todos los religiosos y fieles laicos de tu Iglesia, para que tu Espíritu
Santo nos guíe por la senda de la santidad, con el fin de que no dejemos de vivir en tu presencia. Oremos.

2. Por nosotros, para que nos ayudes a cumplir nuestros propósitos, para que fortalezcas nuestra fe, y nos sigas inspirando tus dones y virtudes con
el fin de que vivamos como dignos hijos tuyos que se proponen hacer que el mundo crea en ti, por mediación de su predicación y de sus vivencias caracterizadas
por la santidad. Oremos.

3. Por los enfermos, para que comprendan que su dolor y su paciencia son para los hijos de la Iglesia un estímulo que nos ayuda a no desanimarnos en
la realización de nuestras actividades ordinarias. Oremos.

4. Por los dirigentes de nuestra nación, para que realicen su trabajo inspirados por la justicia y el amor. Oremos.

5. Por quienes viajan, para que lleguen felizmente a sus lugares de destino, e inicien sus actividades ordinarias con el corazón rebosante de ánimo.
Oremos.

6. Por quienes carecen de dádivas materiales y espirituales, para que comprendan que el hecho de vivir en tu presencia es el don más inefable que puedes
concedernos. Oremos.

7. Añadir nuevas peticiones.

V. Padre nuestro de la vida, al manifestarte a los personajes cuyas vivencias se narran en la Biblia, y al hacerte conocer por los grandes santos de
tu Iglesia, nos hiciste comprender que siempre estás con nosotros, y que podemos confiar en ti. Ayuda a los pobres para que no pierdan la esperanza en
su difícil situación; consuela a los enfermos en su dolor y su impotencia; ayúdanos a crear un mundo inspirado en tu capacidad de darte a nosotros sin
reservas, pero haz que nosotros seamos los cimientos del Reino cuyo establecimiento pleno anhelamos. Te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

(Oraciones extraídas de la edición n.o 56 de Padre nuestro).

Liturgia eucarística

Oración sobre las ofrendas

Por el único sacrificio de Cristo, tu Hijo único, has adquirido para ti, Padre, un pueblo de hijos; concédenos bondadosamente los dones de la unidad
y de la paz en tu Iglesia. Te lo pedimos por el mismo Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

Prefacio dominical III

Nuestra salvación por el Hijo de Dios hecho hombre

V. El Señor esté con vosotros.

R. Y con tu espíritu.

V. Levantemos el corazón.

R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

R. Es justo y necesario.

V. En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
Porque manifestaste admirablemente tu poder no sólo al socorrer nuestra débil naturaleza con la fuerza de tu divinidad, sino al prever el remedio en la
misma debilidad humana, y así de lo que fue causa de nuestra ruina hiciste el principio de nuestra salvación, por Cristo, nuestro Señor. Por él, los ángeles
cantan con júbilo eterno y nosotros nos unimos a sus voces, cantando humildemente tu alabanza: Santo, Santo, Santo...

Antífona de la Comunión

Señor, la tierra se sacia con el fruto de tus obras: el pan que sale de la tierra y el vino que alegra el corazón del hombre (CF. SAL. 103, 13-15).

O bien:

Dice el Señor: el que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna y yo lo resucitaré en el último día (JN. 6, 55).

Lectura preparatoria de la Comunión

Oración de súplica a San José

San José, tu que tuviste la suerte -regalo de Dios- de no sólo ver y oír al Dios a quién muchos reyes quisieron ver y no vieron, oír y no oyeron; sino
que además pudiste también abrazarlo, besarlo, vestirlo y custodiarlo.

V. Ruega por nosotros, bienaventurado José.

R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo.

Dios nuestro, te pedimos que, así como José mereció tratar y llevar en sus brazos a Jesús con cariño, hagas que también nosotros lo arropemos con el mismo
cariño en nuestro corazón cuando dentro de un rato, recibamos su Cuerpo y Sangre. Amén.

(Desconozco el autor de esta oración).

Oración después de la Comunión

Padre del cielo, te pedimos que lleves a plenitud en nosotros la obra de tu misericordia, y cuídanos tanto que podamos agradarte en todo. Por Jesucristo,
nuestro Señor.

R. Amén.

Exhortación de despedida

Después de recibir a Jesús en la Eucaristía, volvamos a realizar nuestras actividades ordinarias, con la intención de consagrarle nuestros pensamientos,
nuestras obras y nuestros actos, al Dios Uno y Trino.
Creado por trigodedios | 0 comentarios | 14/04/07 23:49

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