TRIGO DE DIOS
Domingo XX Ordinario en TRIGO DE DIOS
Domingo XX Ordinario
Signos de contradicción.
Padre nuestro.
Domingo, 19-08-2007, Domingo XX Ordinario del ciclo c.
Edición número 118.
En esta edición de Padre nuestro, encontraréis los siguientes contenidos:
-Celebremos la Eucaristía. Lecturas eucarísticas, oraciones, homilía dominical y lectura después de la Comunión.
Celebremos la Eucaristía.
Canto de entrada:
Vamos al altar de Dios.
Vamos, vamos, vamos,
vamos al altar, al altar de Dios.
En Cristo tenemos nuestra alegría
y nuestra juventud.
La la lara la...
Cristo (3)
nos ofrecerá (2)
su verdad y vida con su palabra.
Cantaremos ya
La la lara la...
Gloria (3)
al Dios del amor (2)
que nos ha reunido en torno a su mesa
para ser nuestro pan.
La la lara la...
(Desconozco el autor de esta canción).
Antífona de entrada:
Señor, protector nuestro, mira y considera el rostro de tu ungido; vale más un día en tus atrios que mil en otra parte (SAL. 83, 10-11).
Saludo del sacerdote:
El señor, que dirige nuestros corazones para que amemos a Dios, esté con todos ustedes.
R. Y con tu espíritu.
Monición de entrada:
Sed bienvenidos a la casa de nuestro Padre común.
Las promesas que nuestro Padre común nos ha hecho a fin de que alcancemos la plenitud de la felicidad son concernientes a la vida eterna, así pues, mientras habitamos en este mundo, tenemos que ser signos de contradicción para nuestros prójimos, dado que tenemos que defender unos valores que se están extinguiendo de nuestro entorno social, los cuales son fundamentales para nosotros.
Acto penitencial:
Al comenzar esta celebración eucarística, pidamos a Dios que nos conceda la conversión de nuestros corazones; así obtendremos la reconciliación y se acrecentará nuestra comunión con Dios y con nuestros hermanos.
Todos: Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante ustedes, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión. Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa. Por eso ruego a santa María, siempre Virgen, a los ángeles, a los santos y a ustedes, hermanos, que intercedan por mí ante Dios, nuestro señor.
V. Tú que eres la plenitud de la verdad y de la gracia: Señor, ten piedad.
R. Señor, ten piedad.
V. Tú que te has hecho pobre para enriquecernos: Cristo, ten piedad.
R. Cristo, ten piedad.
V. Tú que has venido para hacer de nosotros tu pueblo santo: Señor, ten piedad.
R. Señor, ten piedad.
V. Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
Recitemos o entonemos el Gloria pidiéndole perdón a nuestro Padre común porque hemos incumplido la Ley, y elevemos nuestras peticiones al cielo.
Oración colecta:
Señor y Dios nuestro, que preparaste bienes invisibles para los que te aman, infunde en nuestros corazones la ternura de tu amor para que, amándote en todas y sobre todas las cosas, alcancemos tus promesas que superan todo deseo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
R. Amén.
Liturgia de la Palabra.
Lecturas eucarísticas precedidas de sus moniciones correspondientes.
Monición de la primera lectura:
Jeremías sufrió por proclamar un mensaje que era contrario a lo que querían oír los reyes de su tiempo. Los cristianos tenemos que ser fuertes a la hora de defender los valores fundamentales nuestros que se están extinguiendo en nuestro medio.
Primera lectura:
Me engendraste hombre de pleitos para todo el país.
Lectura del libro de Jeremías 38, 4-6. 8-10.
En aquellos días, los príncipes dijeron al rey:
- «Muera ese Jeremías, porque está desmoralizando a los soldados que quedan en la ciudad y a todo el pueblo, con semejantes discursos. Ese hombre no busca
el bien del pueblo, sino su desgracia.»
Respondió el rey Sedecías:
- «Ahí lo tenéis, en vuestro poder: el rey no puede nada contra vosotros. »
Ellos cogieron a Jeremías y lo arrojaron en el aljibe de Malquías, príncipe real, en el patio de la guardia, descolgándolo con sogas. En el aljibe no había agua, sino lodo, y Jeremías se hundió en el lodo.
Ebedmelek salió del palacio y habló al rey:
- «Mi rey y señor, esos hombres han tratado inicuamente al profeta Jeremías, arrojándolo al aljibe, donde morirá de hambre, porque no queda pan en la ciudad.
Entonces el rey ordenó a Ebedmelek, el cusita:
- «Torna tres hombres a tu mando, y sacad al profeta Jeremías del aljibe, antes de que muera.»
Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.
Monición del Salmo responsorial:
Oremos en nuestras dificultades, y Dios se apresurará a socorrernos.
Salmo responsorial:
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Sal 39, 2. 3: 4. 18.
Yo esperaba con ansia al Señor; él se inclinó y escuchó mi grito. R.
Me levantó de la fosa fatal, de la charca fangosa; afianzó mis pies sobre roca, y aseguró mis pasos. R.
Me puso en la boca un cántico nuevo, un himno a nuestro Dios. Muchos, al verlo, quedaron sobrecogidos y confiaron en el Señor. R.
Yo soy pobre y desgraciado, pero el Señor se cuida de mí; tú eres mi auxilio y mi liberación: Dios mío, no tardes. R.
Monición de la segunda lectura:
San Pablo nos anima para que, a ejemplo de Jesucristo, vivamos cumpliendo la Ley.
Segunda lectura:
Corramos en la carrera que nos toca, sin retirarnos.
Lectura de la carta a los Hebreos 12, 1-4.
Hermanos:
Una nube ingente de testigos nos rodea: por tanto, quitémonos lo que nos estorba y el pecado que nos ata, y corramos en la carrera que nos toca, sin retirarnos, fijos los ojos en el que inició y completa nuestra fe: Jesús, que, renunciando al gozo inmediato, soportó la cruz, despreciando la ignominia, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios.
Recordad al que soportó la oposición de los pecadores, y no os canséis ni perdáis el ánimo. Todavía no habéis llegado a la sangre en vuestra pelea contra el pecado.
Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.
Aleluya, Aleluya: Mis ovejas escuchan mi voz -dice el Señor-, y yo las conozco, y ellas me siguen (JN. 10, 27). Aleluya.
Monición del Evangelio:
Nuestro Señor, aunque predicó el Evangelio del amor de Dios para con nosotros, vino al mundo a distanciarnos a los creyentes de quienes rechazan la buena nueva de la salvación.
Evangelio:
No he venido a traer paz, sino división.
Lectura del Santo Evangelio según San Lucas, 12, 49-53.
R. Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
- «He venido a prender fuego en el mundo, ¡y ojalá estuviera ya ardiendo! Tengo que pasar por un bautismo, ¡y qué angustia hasta que se cumpla!
¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz? No, sino división.
En adelante, una familia de cinco estará dividida: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra. »
Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.
Homilía:
Signos de contradicción.
Sabemos que somos hijos de Dios, que nacimos al ser bautizados, y que aspiramos a alcanzar la santidad, por lo que intentamos vivir en estado de gracia. También sabemos que tanto los autores bíblicos como los grandes predicadores de la Iglesia no cesan de animarnos para que no perdamos de vista las promesas de nuestro Padre común, pues albergamos en nuestros corazones la esperanza de vivir en la presencia de nuestro Criador. Sabemos que la promesa de nuestra redención no se refiere a esta vida, sino a la vida que sucederá a nuestra muerte, así pues, con respecto a nuestra vida mortal, no creemos en Dios con la pretensión de alcanzar la plenitud de la felicidad dado que ello es imposible para nosotros, sino para ser corregidos de nuestros defectos. Si queremos ser redimidos por el Señor, tenemos que ser signos de contradicción para nuestros prójimos los que no aceptan al Dios Uno y Trino, pues, como es de bien nacidos el ser agradecidos, tenemos que cumplir la Ley de Dios, los Mandamientos por cuyo cumplimiento nos demostramos que aspiramos a alcanzar la perfección divina. Sabemos que no es fácil para nosotros el hecho de ser signos de contradicción, pues no somos bien vistos cuando afirmamos que el aborto es un crimen nefando, cuando decimos que no se han de tener relaciones sexuales sin amor, y otras tantas verdades que son de gran importancia para nosotros. Los siguientes versículos del Apocalipsis de San Juan me han hecho meditar mucho sobre la interpretación de los mismos: "... TE damos gracias, Señor Dios todopoderoso, el que eres y que eras y que has de venir, porque has tomado tu gran poder, y has reinado. Y se airaron las naciones, y tu ira ha venido, y el tiempo de juzgar a los muertos, y de dar el galardón a tus siervos los profetas, a los santos, y a los que temen tu nombre, a los pequeños y a los grandes, y de destruir a los que destruyen la tierra" (AP. 11, 17-18). Si bien hemos de ser tolerantes con quienes no comparten nuestras creencias, no hemos de olvidar que tenemos el deber de esforzarnos para que quienes incumplen la Ley de Dios sepan que están bajo la ley del pecado, así pues, si ellos nos comprenden aceptarán la salvación divina, pero, si no aceptan nuestra predicación, no será culpa nuestra el hecho de que sigan cometiendo los mismos errores.
En el EVangelio de hoy Jesús nos habla de un bautismo que El vino a traer sobre la tierra, un Sacramento que, si bien hace de nosotros verdaderos hijos de Dios, por ello no nos libra de vivir las dificultades que atañen a nuestra existencia. En el Evangelio de San Mateo leemos: "Vinieron los fariseos y los saduceos para tentarle, y le pidieron que les mostrase señal del cielo. Mas él respondiendo, les dijo: Cuando anochece, decís: buen tiempo; porque el cielo tiene arreboles. Y por la mañana: Hoy habrá tempestad; porque tiene arreboles el cielo nublado. ¡Hipócritas! que sabéis distinguir el aspecto del cielo, ¡mas las señales de los tiempos no podéis! La generación mala y adúltera demanda señal; pero señal no le será dada, sino la señal del profeta Jonás. Y dejándolos, se fue" (MT. 16, 1-4). Conocemos perfectamente las señales del tiempo, pero no queremos ver las señales que nos demuestran que nuestro Padre común está entre nosotros. Es cierto que no podemos ver a Dios cara a cara, pero también es cierto que El vive en nosotros, en nuestros prójimos -especialmente en los que sufren por cualquier causa-, y que Jesús nos espera en el altar de cualquier Iglesia en la que queramos encontrarnos con El para orar o para meditar las Escrituras en el silencio y la quietud de la casa de nuestro Criador.
Yo soy vendedor de lotería y, como llevo más de ocho años ejerciendo el citado trabajo en la calle, todos los días me encuentro con gente que se queja de padecer un gran aislamiento, hombres y mujeres que no distinguen los beneficios de la soledad -porque nuestro mundo es muy ruidoso- del padecimiento que significa para cualquier persona el aislamiento. En la Navidad del año 2005 conocí a una mujer que empezó a comprarme lotería prácticamente todos los días porque encontró en mí a un amigo que comprendía su soledad y su dolor. El día seis de enero del presente año empecé a disfrutar de un periodo vacacional de un mes y, cuando me incorporé a mi trabajo, mis superiores me enviaron a trabajar a otro pueblo, con lo que mi punto de venta fue cubierto por uno de mis compañeros. Hace pocos días me dirigía hacia la entidad bancaria en la que liquido la lotería que vendo diariamente y una mano acarició suavemente mi mano derecha, y yo dejé de caminar y miré a la mujer que me miraba con los ojos llenos de lágrimas. Mi buena amiga del pasado, la mujer que había encontrado en mí a un amigo a pesar de la diferencia de edad que tenemos la cual podría obstaculizar nuestra amistad, me pidió que volviera a mi antiguo punto de venta, y me dijo que me había estado buscando prácticamente todos los días desde que abandoné mi lugar de trabajo, y que me había echado mucho de menos, porque yo era para ella como un hijo. Yo estoy acostumbrado a que la gente se acuerde de mí únicamente cuando necesita consuelo. Este hecho me emocionó, porque, la mujer que me había buscado infructíferamente durante siete meses largos aún seguía recordándome. Los cristianos deberíamos ser un signo de contradicción en el mundo en que los débiles viven desamparados, solventando sus carencias, y sacándolos del aislamiento que padecen.
Comprendemos el hecho de que muchas madres sean capaces de sufrir mucho por sus hijos, pero, sin embargo, llamamos fanatismo al hecho de padecer por causa de nuestras creencias con tal de no negar la existencia de Dios, dado que no podemos demostrar científicamente la existencia de nuestro creador. Independientemente de nuestro conocimiento de la fe de la Iglesia, todos sabemos que, no sólo Jesús, sino que, muchos de los personajes que aparecen en los dos testamentos en que se divide la Biblia y muchos de los Santos de la Iglesia han sido asesinados, porque han vivido siendo signos de contradicción para sus prójimos, y porque a todos nos cuesta un gran esfuerzo cambiar nuestras creencias por otra ideología, aunque la misma sea mejor que nuestra forma de ver la vida.
San Pablo nos dice en uno de sus textos:
"Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros, que estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos; llevando en el cuerpo siempre por todas partes la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestros cuerpos. Porque nosotros que vivimos, siempre estamos entregados a muerte por causa de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal. DE manera que la muerte actúa en nosotros, y en vosotros la vida. Pero teniendo el mismo espíritu de fe, conforme a lo que está escrito: Creí, por lo cual hablé, nosotros también creemos, por lo cual también hablamos, sabiendo que el que resucitó al Señor Jesús, a nosotros también nos resucitará con Jesús, y nos presentará juntamente con vosotros. Porque todas estas cosas padecemos por amor a vosotros, para que abundando la gracia por medio de muchos, la acción de gracias sobreabunde para gloria de Dios. Por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día. Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria; no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas" (2 COR. 4, 7-18).
Nuestra intención en el mundo ha de ser servir a Dios en nosotros -que somos sus hijos- y en nuestros prójimos. No actuemos con dobles intenciones, de la misma manera que lo hicieron quienes condenaron a nuestro Señor argumentando que asesinaban a Jesús porque El decía de sí mismo que era hijo de Dios, cuando en realidad le arrancaron la vida al Hijo de María, porque el Mesías expulsó a los vendedores del templo, para hacerles comprender a sus hermanos de raza que la Iglesia debe ser una morada de Dios dedicada a la oración, al estudio, al servicio de los hombres y a la proclamación de la Palabra de Dios.
Oración de los fieles:
Elevemos nuestro espíritu al cielo, agradezcámosle a nuestro Padre común el bien que nos ha hecho, y oremos por nuestras necesidades y por las carencias de nuestros prójimos los hombres.
Respondemos a cada petición: Padre nuestro, escucha nuestra oración.
V. Para que los religiosos y laicos de tu Iglesia cumplan la misión de evangelizar al mundo a pesar de las dificultades a las que tengan que enfrentarse. Oremos.
V. Oremos por el establecimiento de la paz en nuestros corazones y en el mundo. Oremos.
V. Por los damnificados por causa del terremoto de Perú, para que los consueles en su dolor y sean socorridos por tus hijos de buena voluntad, para que en el amor de ellos al pueblo peruano se manifieste tu misericordia. Oremos.
V. Por quienes retornan en este día a sus hogares, para que lleguen a sus destinos sin sufrir percances en la carretera y con sus corazones rebosantes de fe. Oremos.
V. Padre Santo, mientras permanecemos esperando la plena instauración de tu Reino entre nosotros, fortalece nuestra fe, a fin de que podamos servirte como fieles hijos tuyos, ya que nuestros prójimos necesitan que tu misericordia se les manifieste por nuestro medio. Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.
Liturgia eucarística:
Canto del Ofertorio:
CONVOCADOS AL PIE DEL MONTE SANTO
1- Convocados al pie del monte santo
nos unimos, Señor, en tu presencia,
como forman un solo pan maduro
las espigas dispersas por el valle.
¡Aleluya, aleluya!
El Señor ha reunido a sus hijos.
2- Aportamos, Señor, al Sacrificio
nuestras mentes, afectos y quereres,
tuyos son desde ahora y para siempre,
en tus manos ponemos nuestra vida.
3- Te pedimos, Señor, por Jesucristo,
nos concedas que esta santa Misa
sea el umbral del convite de tu Reino,
del convite que dura para siempre.
(Desconozco el autor de esta canción).
Oración sobre las ofrendas:
Por estos dones, Padre, se realiza un glorioso intercambio; acéptalos para que al ofrecerte lo que nos diste merezcamos recibirte a ti mismo. Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.
Prefacio dominical II.
El magisterio de la salvación.
V. El Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.
V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.
V. En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo nuestro Señor. El cual, compadecido del extravío de los hombres, quiso nacer de la Virgen; sufriendo la cruz, nos libró de eterna muerte y resucitando, nos dio vida eterna. Por eso, con los ángeles y los arcángeles y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria:
Santo, Santo, Santo...
Antífona de la Comunión:
En el Señor se encuentra la misericordia y la redención en abundancia (SAL. 129, 7).
O bien:
Dice el Señor: yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente (JN. 6, 51).
Canto de la Comunión:
SEÑOR, MI PASTOR
Señor, mi pastor eres Tú,
nada podrá faltar, donde me guiarás.
1- Al fresco de tus pastos
me has hecho descansar,
allí en tus limpias aguas
mi sed has de calmar.
2- En este valle oscuro
no temo ya el dolor
pues cerca de tu casa
refuerzo mi vigor.
3- La mesa me preparas
y el vino del festín
mi copa desbordante
embriágame sin fin.
4- Tu aceite vivifica
mi frente con su unción,
encuentro la abundancia
viviendo en tu mansión.
5- Tú trazas mi sendero
que va hacia tu heredad,
así mejor conozco
tu gloria y tu bondad.
6- Tu luz, tu paz, tu gracia
doquier me seguirán
un día a tu morada
feliz me llevarán.
(Desconozco el autor de esta canción).
Lectura después de la Comunión:
Leer MT. 25, 31-46.
Oración después de la Comunión:
Después de haber recibido a Jesucristo en estos sacramentos, imploramos humildemente tu clemencia, Padre, y ya que hemos sido conformados a su imagen en la tierra concédenos llegar a ser sus coherederos en el cielo. Te lo pedimos por el mismo Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.
Exhortación de despedida:
Después de recibir a Jesús en la Eucaristía, iniciemos nuevamente la realización de nuestras actividades ordinarias, y defendamos nuestros valores, mientras aguardamos la plena instauración del Reino de Dios entre nosotros.
Canto final:
SEÑOR, EN TU IGLESIA
1- Señor, en tu Iglesia,
tus hijos viven en torno a Ti;
Tú mismo los has reunido en tu amor,
Señor, en tu Iglesia.
2- Señor, en tu Iglesia,
un mismo baño nos engendró
y nos alimentas con un mismo Pan,
Señor, en tu Iglesia,
3- Señor, en tu Iglesia,
comimos todos el sacro Pan;
aumenta en nosotros tu caridad,
Señor, en tu Iglesia.
(Desconozco el autor de esta canción).
Creado por trigodedios | 0 comentarios | 18/08/07 00:46
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