TRIGO DE DIOS
Domingo XVI ordinario. en TRIGO DE DIOS
Domingo XVI ordinario.
Recordemos lo que hemos hecho por Dios.
Padre nuestro
Domingo, 23-07-2006, Domingo XVI Ordinario del ciclo b
En esta edición de Padre nuestro, encontraréis los siguientes contenidos:
-El boletín Padre nuestro es editado por quincuagésima vez. El autor de este boletín dominical busca colaboradores para ampliar esta edición semanal,
añadiéndole los contenidos que deseéis leer.
-Celebremos la Eucaristía. Cita de las lecturas eucarísticas, oraciones y homilía dominical.
El boletín Padre nuestro es editado por quincuagésima vez
El boletín Padre nuestro fue editado por primera vez el 28-11-2005, día en el que los cristianos comenzamos a celebrar el tiempo de Adviento. Aunque
por causas ajenas a mi voluntad tuve que dejar de editar mis meditaciones semanales, el día del Corpus Christi, inicié nuevamente mi actividad entre vosotros,
así pues, esta es la edición número 50 de Padre nuestro, y he de deciros que me siento muy satisfecho de que nuestro Padre común me permita llegar a vuestros
buzones de correo, y a los grupos de Liturgia y catequesis en que algunos de mis lectores participáis activamente.
Me gustaría encontrar colaboradores para aumentar el número de secciones de este boletín semanal, así pues, quisiera que me escribáis a:
jportillo@trigodios.jazztel.es
y me digáis lo que os gustaría leer en esta edición semanal, de la misma forma que me gustaría que me dijérais si estáis dispuestos a colaborar conmigo,
enviándome vuestros artículos en formato de Word, Aunque actualmente sólo meditamos algunos textos bíblicos en Padre nuestro, me gustaría que este boletín
se ajuste más a vuestras necesidades, ya surjan estas de los grupos de catequesis en los que participáis activamente o de vuestro anhelo de conocer y amar
más al Dios Uno y Trino. Espero que me escribáis para manifestarme lo que opináis con respecto a la información contenida en esta nota, y os doy las gracias
de antemano por vuestras respuestas.
Celebremos la Eucaristía
Domingo XVI del tiempo Ordinario del ciclo b
Antífona de entrada
Señor Dios, tú eres mi auxilio y el único apoyo de mi vida; te ofreceré de corazón un sacrificio y te daré gracias, Señor, porque eres bueno (SAL. 53,
6. 8).
Recitemos el Gloria en esta celebración dominical, pidiéndole a nuestro Padre común perdón por nuestras transgresiones voluntarias en el cumplimiento
de su Ley, y elevemos nuestras peticiones al cielo.
Saludo inicial del sacerdote
El Señor, que dirige nuestros corazones para que amemos a Dios, esté con todos vosotros.
R. Y con tu espíritu.
Monición de entrada
Sed bienvenidos a esta casa de oración, en la que celebraremos la Eucaristía, el encuentro del Dios Trinidad con sus hijos los hombres.
El Domingo de la semana anterior, recordamos nuestra vocación al meditar las lecturas eucarísticas, y, una vez más, nuestro Señor, nos volvió a enviar
a evangelizar el mundo, y a imitar sus obras caritativas. Al finalizar la celebración del día del Señor, nos comprometimos a evangelizar a nuestros familiares,
a nuestros amigos y a nuestros compañeros de trabajo. En el Evangelio de hoy veremos cómo Jesús nos pregunta cuál ha sido nuestra experiencia a lo largo
de nuestros días con respecto al hecho de inculcarles el conocimiento de la Palabra de Dios a nuestros prójimos.
Dispongamos nuevamente nuestro corazón a recibir el pan de la Palabra divina, para que se avive en nosotros el deseo de que nuestro corazón siga siendo
el sagrario en que mora Jesús Resucitado.
Oración colecta
Míranos, Señor, con amor y multiplica en nosotros los dones de tu gracia para que, llenos de fe, esperanza y caridad, permanezcamos siempre fieles en
el cumplimiento de tus mandatos. Por nuestro Señor Jesucristo.
R. Amén.
Liturgia de la Palabra
Cita de las lecturas eucarísticas y moniciones que anteceden a las mismas.
1. Reuniré el resto de mis ovejas y les pondré pastores (JER. 23, 1-6). Quizá podemos pensar que las recriminaciones que aparecen contra los pastores
de almas en el extracto de la profecía de Jeremías sólo están dirigidas a los sacerdotes, ya que ellos son los pastores acreditados por la Iglesia para
difundir la doctrina católica, pero, de alguna forma, todos los cristianos, además de tener el deber de conciencia de vivir en conformidad con los Mandamientos
de la Ley de Dios, con el propósito de agradecerle a nuestro Padre común el bien que nos ha hecho, no hemos de olvidar la responsabilidad que nos atañe
a la hora de predicarles el Evangelio a nuestros prójimos los hombres, así pues, cuando proclamemos la Palabra de Dios, intentemos dar a conocer a nuestro
Padre común, teniendo cuidado de no querer aparentar que somos mejores cristianos de lo que somos en nuestra vida ordinaria.
2. El Señor es mi pastor, nada me falta (SAL. 22, 1-3 a. 3 b-4. 5. 6. (R. 1)). El Señor es nuestro buen Pastor que cuida de nosotros, nos fortalece en
el tiempo en que somos atribulados, nos hace felices cuando aceptamos el hecho de vivir en su presencia, y, mientras aguardamos la segunda venida o Parusía
de Jesús y la conclusión del establecimiento del Reino mesiánico en el mundo, el Hijo de María nos sigue preparando la mesa para que celebremos la Eucaristía,
al mismo tiempo que nos invita que nos unamos a él, el pan que se parte y se comparte para el pueblo de los redimidos.
3. él es nuestra paz y ha hecho de dos (pueblos) una sola cosa (EF. 2, 13-18). Si en el pasado nuestro Padre común se les reveló a los judíos, desde
que Jesús les envió el Espíritu Santo a sus Apóstoles, nuestro Criador es Padre de toda la humanidad.
4. Aleluya, Aleluya:
5. Andaban como ovejas sin pastor (MC. 6, 30-34). A pesar de que vivimos sumidos en muchas actividades o encerrados en nuestro interior, nos es fácil
encontrar a hermanos nuestros que sufren por diversas causas, así pues, digámosles a esas ovejas sin pastor que nuestro Padre común es misericordioso,
y que desea que le den la oportunidad de hacer que se sientan redimidas.
Homilía:
1. Recuerda lo que has hecho por Dios. En el Evangelio de hoy leemos: "Los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús y le comunicaron todo lo que habían
hecho y enseñado" (MC. 6, 30). Tal como indica el título del primer punto de esta meditación, nuestro Señor, en esta ocasión, nos invita a que recordemos
lo que hemos hecho para servir al Dios Uno y Trino en nuestros prójimos los hombres, así pues, el versículo de la obra del intérprete de San Pedro en Roma
que estamos recordando, me hace pensar en el tiempo en que empecé a leer la Biblia con la intención de descubrir la causa por la que la gente cree en Dios,
ignorando que yo, al culminar la lectura del volumen bíblico de San Marcos, además de empezar a creer en nuestro Padre común, iba a tener el deseo de convertirme
en evangelizador. En aquél tiempo yo tenía 12 años. Cuando tenía 19 años, empecé a trabajar como catequista de niños de primera Comunión, ignorando que
acabaría haciendo, por un espacio de unos 3 años, otros
trabajos en mi parroquia, como animador de cantos, lector de la Palabra, y catequista de adultos. En la primavera del año 2000, cuando tenía 23 años, suspendí
mis actividades parroquiales por 2 causas: La primera de las citadas causas consistía en que tenía el presentimiento de que mi actividad parroquial era
infructífera, y anhelaba disponer de un medio de comunicación para llegar a todos los católicos de lengua hispana del mundo. La otra causa consistía en
que trabajaba muchas horas, y carecía de tiempo para descansar y seguir trabajando tal como lo había hecho en los años anteriores en la parroquia de San
José de Nazaret (Cajiz, Málaga, España), cubriendo las necesidades de niños y adultos, lo cuál constituye un trabajo muy difícil de llevar a cabo.
Todos tenemos una serie de fechas muy importantes que recordar. Para mí fueron muy importantes los días en que viví el Cursillo de Cristiandad número
507 de la Archidiócesis de Málaga y Melilla, así pues, en aquéllos días aprendí que Cristo cuenta conmigo. No menos importantes son los días en los que
inicié mi actividad parroquial en Cajiz, la noche del 23 de diciembre del año 2001, cuando el webmaster de la página Trigo de Dios, pan de vida, me telefoneó
diciéndome que, mi primer libro, estaba siendo publicado al fin en la red de redes, para que todos los católicos de lengua hispana pudieran leerlo gratuitamente.
2 Meses después empecé a trabajar en diversas listas de correo y, a pesar de que he tenido que pasar mucho tiempo lejos de vosotros por causas ajenas a
mi voluntad, sólo puedo deciros que no he hecho nada al trabajar para nuestro Padre común, si tengo en cuenta la felicidad que me causa la posibilidad
que él me da de vivir en su presencia y la alegría que me
produce el hecho de poder enviaros mis boletines semanales a vuestras casillas de correo electrónico.
¿Debemos gloriarnos por causa de nuestra forma de servir a nuestro Criador en nuestros prójimos? San Lucas nos dice en su Evangelio: "Regresaron los
72 (evangelizadores que Jesús designó para que le prepararan a sus oyentes para recibir su predicación) alegres, diciendo: "Señor, hasta los demonios se
nos someten en tu nombre." ... "pero no os alegréis de que los espíritus se os sometan, alegraos de que vuestros nombres estén escritos en los cielos""
(LC. 10, 17. 20). La causa principal por la que hemos de trabajar sirviendo a nuestro Padre común es el amor con que hemos de agradecerle nuestra redención
al Creador del universo. A mí no me sirve de nada orar diciéndole a nuestro Padre común que paso muchas horas sentado delante de mi ordenador leyendo su
Palabra y escribiendo mis boletines semanales para enviároslos y chateando con quienes desean darme a conocer las causas por las que sufren, pues, si actúo
de esa forma, seré tan orgulloso como el fariseo de la parábola
lucana que le dio gracias a Dios porque él no era tan malvado como el publicano que oraba sintiéndose indigno de ser perdonado por Dios. Si amamos a Dios
y a nuestros prójimos, y sabemos que sirviendo a nuestro Padre común en sus hijos nos servimos también a nosotros, no habremos de atemorizarnos al leer
las siguientes palabras que el citado médico escribió en su segunda obra: ""Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo"" (LC. 10, 18). Mientras que
los 72 estaban fascinados porque habían vencido a algunos espíritus satánicos, Jesús les decía que no bajaran la guardia, porque aún les quedaban muchos
obstáculos que superar a lo largo de su existencia mortal.
2. El descanso del alma. Jesús "les dijo (a sus apóstoles): --Venid aparte conmigo. Vamos a descansar un poco en algún lugar tranquilo. Porque eran tantos
los que le seguían a todas partes que no les quedaba ni tiempo para comer" (MC. 6, 31). Jesús y sus compañeros vivían exclusivamente para difundir la buena
noticia de la salvación. Ellos necesitaban descansar para posteriormente seguir realizando su trabajo con un mayor deseo de servir a nuestro Creador y
con más ánimo. A pesar de la necesidad de reposo que tenían Jesús y sus seguidores, el Hijo de María necesitaba buscar lugares en que la gente no interrumpiera
el adoctrinamiento de los Apóstoles por su parte, dado que, cuando él ascendiera al cielo, ellos tendrían que fundar la primitiva comunidad de creyentes
de Jerusalén después de recibir al Espíritu Santo en sus corazones y seguir llevando a cabo ladifusión de la Iglesia a lo largo del Imperio romano.
Una vez más, cuando Jesús y sus seguidores llegaron al lugar que habían elegido para descansar, se encontraron con que una gran multitud se les había
anticipado, y les esperaban, para escuchar la Palabra de Dios predicada por el Rabbi, y para vivir la experiencia de los prodigios divinos que realizaba
nuestro Señor en favor del pueblo de Dios.
¿Por qué interrumpió nuestro Señor su descanso y el reposo de sus compañeros para atender a la multitud que le esperaba? "Cuando Jesús bajó de la barca,
al ver toda aquella gente reunida, se compadeció de ellos, porque parecían ovejas sin pastor" (MC. 6, 34). Jesús es nuestro Buen Pastor, así pues, San
Juan, el más amado de los Apóstoles de nuestro Señor, escribió en su Evangelio las siguientes palabras del Hijo del carpintero: "Yo he venido para que
todos tengan vida, y la tengan abundante. Yo soy el buen pastor. El buen pastor se desvive por las ovejas; ... Yo soy el buen pastor. Como el Padre me
conoce a mí y yo conozco al Padre, así conozco a mis ovejas y ellas me conocen a mí. Y doy mi vida por mis ovejas" (JN. 10, 10 b-11. 14-15). Antes de finalizar
esta meditación, vamos a meditar brevemente el Salmo 23 (22).
"El Señor es mi pastor: nada me falta" (SAL. 23, 1). El Señor cuida de nosotros, así pues, él cubre en cada momento de nuestra existencia nuestras necesidades
básicas, aunque no nos percatamos de ello, porque vivimos ocupados pensando en nuestras carencias y en las metas que nos gustaría alcanzar. San Mateo escribió
en su Evangelio: "... pues él hace que el sol salga sobre malos y buenos y envía la lluvia sobre justos e injustos" (MT. 5, 45). Independientemente de
que nuestra conducta sea considerada buena o adversa por nuestro Padre común, él nos bendice siempre, con el fin de que deseemos vivir en su presencia.
"En verdes praderas me hace recostar, me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas; (SAL. 23, 2-3). Cuando somos atribulados, nuestro Padre
común nos concede la oportunidad de descansar, con el fin de que, después de ordenar nuestros pensamientos, seamos capaces de solventar los problemas que
nos ocasionamos nosotros, pues, de esa forma, no veremos como cargas muy pesadas las dificultades que nos causan algunos de nuestros familiares, nuestros
amigos o nuestros compañeros de trabajo. Aprovechemos nuestros tiempos de descanso, las celebraciones de los Sacramentos y las reuniones formativas a las
que asistimos, para fortalecer nuestra fe, a través de la meditación de la Palabra de nuestro Padre celestial.
El Señor "me guía por el sendero justo haciendo honor a su nombre" (SAL. 23, 3). En algunas ocasiones hemos de tomar decisiones muy difíciles, dado que
nos encontramos en encrucijadas de las que únicamente podemos elegir un sólo camino para recorrerlo. Ante las dudas que podemos tener a la hora de tomar
las citadas decisiones, hemos de confiar en nuestro Padre común, pues él, por mediación de la inspiración del Paráclito, nos conducirá por el sendero de
la justicia, la paz, la caridad, la fe y la lealtad. A este respecto, podemos leer en el libro de los Salmos: "Fui joven, ya soy viejo: nunca he visto
a un justo abandonado ni a su linaje mendigando el pan" (SAL. 37, 25).
"Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo porque tú vas conmigo, tu vara y tu callado me sosiegan" (SAL. 23, 4). Aunque tengamos muchos problemas,
aunque andemos apretados económicamente y aún en el caso de que todo nos salga mal, el Señor está con nosotros. El Salmista nos hace entender que, si escogemos
caminos incorrectos, el Señor nos sosiega con su callado de pastor. En el Apocalipsis de San Juan leemos: "Yo reprendo y castigo a los que amo. Esfuérzate,
pues, y cambia de conducta" (AP. 3, 19).
"Me preparas una mesa frente a los enemigos (me alimentas con la Eucaristía para que haga frente a mis dificultades con el corazón henchido de ti), me
unges la cabeza con perfume (tu gracia me asegura el éxito en mis trabajos porque confío en ti), mi copa rebosa (mi corazón está henchido de tus dones
y virtudes). Tu bondad y lealtad me siguen, toda la vida, y habitaré en la casa del Señor, por años sin término (habitaré en tu presencia, Señor, eternamente)
(SAL. 23, 5-6). Jesús nos prepara la mesa y se nos ofrece nuevamente como sacrificio y don celestial, dispuesto a hacer que vivamos eternamente en su presencia.
Concluyamos esta meditación agradeciéndole a nuestro Buen Pastor el bien que nos ha hecho, y recordemos a María Santísima, la Divina Pastora que, en
atención a su amor para con su querido Hijo, participa activamente en la obra de nuestra redención. Gracias, Santa Madre, por entregarnos a Jesús, muy
a pesar de nuestra incomprensión para con él.
Oración de los fieles
V. Vivimos en un mundo en el que cada día deseamos sentirnos más asegurados, así pues, hablamos de "mi casa", "mi dinero", "mi trabajo", "mi coche",
"mi familia", y otras tantas cosas que consideramos nuestras, a pesar de que, cuanto más deseamos afianzar nuestras pertenencias, estamos más vacíos de
Dios, pues no sabemos lo que realmente conviene a nuestra alma. San Pablo escribió: "Somos débiles, pero el Espíritu viene en nuestra ayuda. No sabemos
lo que nos conviene pedir, pero el Espíritu intercede por nosotros con gemidos inexpresables" (ROM. 8, 26). Oremos para que el Espíritu Santo nos enseñe
a pedirle a nuestro Padre común lo que nos conviene con respecto a la salud de nuestra alma. Respondemos a cada petición: Padre nuestro, escucha nuestra
oración.
1. Para que el Papa Benedicto XVI sea un buen pastor para los cristianos católicos, y para que las ovejas que carecen de pastor encuentren en él a un
fiel imitador de Cristo. Oremos.
2. Para que la Iglesia sea consciente de las necesidades del mundo, y todos sus hijos, religiosos y laicos, nos propongamos exterminar las miserias humanas
de sobre la faz de la tierra, en conformidad con nuestras posibilidades de favorecer a nuestros hermanos carentes de dádivas materiales y espirituales.
Oremos.
3. Para que nos comprometamos a realizar actividades en nuestra Diócesis y en las iglesias en las que habitualmente celebramos la Eucaristía, con el
fin de aumentar nuestra fe y el amor a nuestro Padre común de quienes viven en nuestro entorno. Oremos.
4. Para que los gobernantes de nuestra nación lleven a cabo el trabajo que les ha sido encomendado con el corazón henchido de tus dones y virtudes. Oremos.
5. Para que quienes viajan lleguen felizmente a sus lugares de destino. Oremos.
6. Para que quienes disfrutan sus periodos vacacionales recuerden que siempre les amas y no cesen de celebrar la Eucaristía ni de asistir a reuniones
formativas. Oremos.
7. Añadir nuevas peticiones.
V. En el día en el que recordamos el bien que nos has hecho y las actividades que hemos llevado a cabo bajo la inspiración de tu Espíritu Santo, te pedimos,
Santo Padre, que no ceses de enviar a religiosos y a laicos a tu viña, que no se cansen de predicar tu Palabra ni de hacer tus obras, para que el mundo
desee conocerte y amarte, y por ello se convierta a ti por la mediación de tus siervos y santos. Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.
Liturgia eucarística
Oración sobre las ofrendas
Dios nuestro, que con la muerte de tu Hijo llevaste a término y perfección los sacrificios de la antigua alianza, acepta y bendice estos dones, como
aceptaste y bendijiste los de Abel, para que lo que cada uno te ofrece, sea de provecho para la salvación de todos. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Prefacio común VIII
Jesús, buen samaritano
V. El Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.
V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.
V. En verdad es justo darte gracias, deber nuestro alabarte, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, en todos los momentos y circunstancias de la vida,
en la salud y en la enfermedad, en el sufrimiento y en el gozo, por tu siervo, Jesús, nuestro Redentor. Porque él en su vida terrena, pasó haciendo el
bien y curando a los oprimidos por el mal. También hoy, como buen samaritano, se acerca a todo hombre que sufre en su cuerpo o en su espíritu, y cura sus
heridas con el aceite del consuelo y el vino de la esperanza. Por este don de tu gracia, incluso cuando nos vemos sumergidos en la noche del dolor, vislumbramos
la luz pascual en tu Hijo, muerto y resucitado. Por eso, unidos a los ángeles y a los santos, cantamos a una voz el himno de tu gloria: Santo, Santo, Santo...
Antífona de la Comunión
Para perpetuar su amor, el Señor nos ha dejado el memorial de sus prodigios, y ha dado a sus amigos el signo de un banquete que les recuerde para siempre
su alianza (SAL. 110, 4-5).
O bien:
Mirad que estoy a la puerta y llamo, dice el Señor: si alguno oye mi voz y me abre, entraré en su casa y cenaré con él, y él conmigo (AP. 3, 20).
Oración después de la Comunión
Señor, tú que nos has concedido participar en esta Eucaristía, míranos con bondad y ayúdanos a vencer nuestra fragilidad humana para poder vivir como
hijos tuyos. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Exhortación de despedida
En esta celebración de Dios con los hombres hemos recordado el trabajo que hemos realizado para servir a nuestro Padre común en nuestros prójimos, y,
por ello, vamos a pedirle al Dios Uno y Trino, que aumente nuestra fe, para que nunca nos cansemos de vivir en su presencia.
Creado por trigodedios | 0 comentarios | 14/04/07 00:12
Comentarios
Más en Mundo Ocio
Servicios Recomendados
¡Atención, jugadores! Los juegos online de Geomundos se actualizan constantemente, y también te los puedes descargar a tu PC para jugar offline.
¿Conoces el chat con perfiles?
Ahora puedes ver la cara de con quién hablas, agregarlos a tu agenda y enviarles mensajes incluso cuando no están conectados.
¿Conoces los puntos Geomundos? Gana puntos por jugar, hacer encuestas, registrarte, comprar online... ¡Y canjéalos por cualquiera de los más de 100 regalos disponibles!
¿Tienes algo que contar? Publica tus textos, fotos, enlaces… Es fácil y divertido. ¡Disfruta viendo subir tu contador de visitas!
¿Qué pasa en el mundo ahora mismo? Consulta los titulares de los principales medios de comunicación de un vistazo.
¡Consíguelo gratis!
Fantástico pack de impresora portátil, cámara fotográfica y 40 hojas para tus fotosLa impresora portátil de este fantástico pack podremos transportarla de un lugar...
Gana regalos por jugar, hacer encuestas, registrarte en portales y con tus compras online...
