Documentos en TRIGO DE DIOS

Ocio

Geomundos

TRIGO DE DIOS

Domingo XIII ordinario. en TRIGO DE DIOS

Domingo XIII ordinario.

La radicalidad del Evangelio. Padre nuestro

Domingo, 26-05-2005, Domingo XIII Ordinario

Edición número 44

En esta edición de Padre nuestro encontraréis los siguientes contenidos:
-Sagrarios vivos. Cita de las lecturas eucarísticas, oraciones y homilía dominical.

Sagrarios vivos

Domingo XIII Ordinario

Antífona de entrada

Pueblos todos, aplaudid; aclamad al Señor con gritos de júbilo (Sal. 46, 2).

Recitemos el Gloria en esta celebración dominical, pidiéndole a nuestro Padre común perdón por nuestras transgresiones voluntarias en el cumplimiento de su Ley, y elevemos nuestras peticiones al cielo.

Saludo inicial del sacerdote

El Dios de la esperanza, que por la acción del Espíritu Santo nos colma con la alegría y con su paz, permanezca siempre con todos vosotros.
R. Y con tu espíritu.

Monición de entrada

El Evangelio que oiremos hoy contiene una enseñanza muy radical, así pues, nuestro Señor desea que le amemos más que a ninguna persona y que a nuestras posesiones. El Dios celoso del Antiguo Testamento se tornó en un hombre humilde que nos pidió que le amáramos, porque él es nuestra dicha.

Oración colecta

Padre de bondad, que por medio de tu gracia nos has hecho hijos de la luz, concédenos vivir fuera de las tinieblas del error y permanecer siempre en el esplendor de la verdad. Por nuestro Señor Jesucristo.

Liturgia de la Palabra

Lecturas:

1. Este es un hombre de Dios (II Rey. 4, 8-11. 14-16). En Eliseo, el sucesor de Elías, vemos a un siervo de Yahveh, que quiso premiar la bondad de la mujer que tuvo a bien el hecho de acogerlo en su casa en muchas ocasiones. Los religiosos y laicos que trabajamos para nuestro Padre común, nos comprometemos a ser dones divinos, y, nuestra misión, consiste en esforzarnos para ser felices, y en servir a nuestros prójimos, con el fin de que ellos compartan nuestra dicha.

2. Cantaré eternamente las misericordias del Señor (Sal. 88, 2-3. 16-17. 18-19. R.: 2 a). Oremos agradeciéndole al Señor todas las buenas obras con que nos ha bendecido.

3. El bautismo nos sepultó con Cristo para que llevemos una vida nueva (Rom. 6, 3-4. 8-11). Los que hemos nacido del bautismo comprendemos la radicalidad del Evangelio de hoy, así pues, Jesús es nuestra plenitud. Nosotros sabemos que para ser cristianos tenemos que confesar que Dios es nuestro Padre, pero esta confesión ha de hacerse con buenos pensamientos, obras y palabras, por consiguiente, he aquí la radicalidad de la dificultad que puede alejarnos de nuestro Padre común. A través del bautismo hemos muerto con Cristo y resucitaremos con él. Esta realidad no es simbólica. Nos estamos dejando transformar por Dios a la imagen y semejanza de nuestro Creador.

4. Aleluya, Aleluya: Ustedes son linaje escogido, sacerdocio real, nación consagrada a Dios, para que proclamen las obras maravillosas de aquel que los llamó desde las tinieblas a su luz admirable (I P. 2, 9). San Pedro nos insta a que creamos que somos el pueblo de Dios.

5. El que no toma su cruz, no es digno de mí. Quien los recibe a ustedes, me recibe a mí (Mt. 10, 37-42). ¿Estamos dispuestos a servir a nuestro Padre común?

Homilía

El bautismo de sangre. Jesús le preguntó al joven rico que no quiso hacerse discípulo suyo por causa de sus riquezas: "-¿Por qué me preguntas acerca de lo bueno? Bueno solamente es Dios. Si quieres entrar en la vida (eterna), cumple sus mandamientos" (Mt. 19, 17). Recordemos aquella ocasión en la que un intérprete de la Ley de Moisés le preguntó a Jesús: "-Maestro, ¿cuál es el mandamiento más importante de la Ley? él le contestó: -Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu inteligencia. Este es el primer mandamiento y el más importante. Pero hay un segundo mandamiento que es parecido a este: Amarás a tu prójimo como a ti mismo" (Mt. 22, 36-39). Si tenemos en cuenta los versículos bíblicos que hemos meditado, podremos comprender la radicalidad del mensaje del Evangelio de hoy. "El que quiere a su padre o a su madre más que a mí -dice Jesús-, no es digno de mí. El que quiere a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí. Y el que no
esté dispuesto a tomar su cruz para seguirme, tampoco es digno de mí" (Mt. 10, 37-38). Jesús es nuestra dicha. Jesús nos dice: "Yo soy la vid verdadera y mi Padre es el viñador. El Padre poda todos mis sarmientos improductivos y limpia los sarmientos que dan fruto para que produzcan todavía más. Vosotros ya estáis limpios, gracias al mensaje que os he comunicado. Permaneced unidos a mí, como yo lo estoy a vosotros. Ningún sarmiento puede producir fruto por sí mismo sin estar unido a la vid; lo mismo os ocurrirá a vosotros si no estáis unidos a mí. Yo soy la vid; vosotros, los sarmientos. El que permanece unido a mí, como yo estoy unido a él, produce mucho fruto, porque separados de mí nada podéis hacer" (Jn. 15, 1-5). Jesús es la viva imagen del Padre: "Cristo es la imagen del Dios invisible" (Col. 1, 15). Si Jesús es la imagen de Dios, la aceptación de su Palabra, significa para nosotros nuestra realización como personas cristianas y la constatación del desarrollo de la vida
divina en nuestro interior. Desde esta perspectiva, si consideramos que Jesús es amor, no ha de extrañarnos que él desee que le amemos más que a nadie y más que a nuestras pertenencias, porque esta es la única forma que tenemos de alcanzar la felicidad.
Los Apóstoles empezaron a seguir a Jesús alentados por las palabras mesiánicas: "El tiempo ya llegado y el reino de Dios ya está cerca" (Mc. 1, 15). Quizá ellos no esperaban vivir esta realidad: "No creáis que he venido a traer la paz al mundo. ¡No he venido a traer paz, sino guerra! Porque he venido a causar discordia, a poner al hijo en contra de su padre, a la hija en contra de su madre y a la nuera en contra de su suegra; de suerte que los enemigos de cada uno serán sus propios familiares" (Mt. 10, 34-36). Siempre que emprendemos una actividad lo hacemos con la esperanza de obtener un logro que nos ayude a esforzarnos para que podamos conseguir lo que deseemos, pero Jesús sabía que él y sus seguidores iban a morir por extender el Evangelio entre quienes no aceptaban su doctrina. Jesús y muchos de sus seguidores han sido bautizados con el derramamiento de su sangre, porque han sido capaces de morir defendiendo su ideal de vida. Ellos no han intentado que nadie les tenga
lástima para llamar la atención de la gente. Jesús y sus seguidores han luchado para extender su forma de pensar y su modo de actuar entre sus oyentes. San Pablo nos cuenta su testimonio de cristiano perseguido por la causa de Jesús: "En Damasco, el etnarca del rey Aretas tenía puesta guardia en la ciudad de los damascenos con el fin de prenderme. Por una ventana y en una espuerta fui descolgado muro abajo. Así escapé de sus manos" (2 Cor. 11, 32-33). "A nadie damos ocasión alguna de tropiezo, para que no se haga mofa del ministerio, antes bien, nos recomendamos en todo como ministros de Dios: con mucha constancia en tribulaciones, en necesidades, angustias; en azotes, cárceles, sediciones; en fatigas, desvelos, ayunos; en pureza, ciencia, paciencia, bondad; en el Espíritu Santo, en caridad sincera, en la palabra de verdad, en el poder de Dios; mediante las armas de la justicia: las de la derecha y las de la izquierda; en gloria e ignominia, en calumnia y en buena fama;
tenidos por impostores, siendo veraces; como desconocidos, aunque bien conocidos; como quienes están a la muerte, pero vivos; como castigados, aunque no condenados a muerte; como tristes, pero siempre alegres; como a pobres, aunque enriquecemos a muchos; como quienes nada tienen, aunque todo lo poseemos. ¡Corintios¡, os hemos hablado con toda franqueza; nuestro corazón se ha abierto de par en par. no está cerrado nuestro corazón para vosotros; los vuestros sí que lo están para nosotros" (2 Cor. 6, 3-12).
Concluyamos esta meditación pidiéndole a nuestro Padre común que nos fortalezca para que seamos discípulos intachables de Cristo Jesús.

Oración de los fieles

V. Pidamos, hermanos, al Señor que escuche nuestras oraciones, para que podamos alegrarnos al recibir su ayuda: Respondemos a cada petición: Escúchanos, Señor.

1. Por los ministros de la Iglesia que han consagrado su vida al Señor y por todos los pueblos que adoran al Dios verdadero, roguemos al Señor.
2. Para que el tiempo sea bueno y todos podamos gozar de una naturaleza limpia en la bella sucesión de las diversas estaciones, roguemos al Dios que con sabiduría gobierna el mundo, roguemos al Señor.
3. Encomendémonos mutuamente al Señor, pongamos nuestras existencias en sus manos y oremos con confianza al autor y guardián de todo lo que tenemos y poseemos.
4. Roguémosle al Señor por el crecimiento de nuestras comunidades físicas y virtuales.
5. Añadir nuevas peticiones.

V. Escucha, Padre santo, Dios todopoderoso, las oraciones de tu pueblo e infunde en nosotros la sabiduría y la fuerza del Espíritu Santo; para que, unidos a Cristo, sigamos el camino de la cruz dispuestos a perder nuestra vida, para manifestar al mundo nuestra esperanza en el Reino que nos tienes preparado. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Liturgia eucarística

Oración sobre las ofrendas

Concédenos, Señor, que por participar dignamente en esta Eucaristía por medio de la cual tú te dignas hacernos partícipes de los frutos de la redención. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio

V. El Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.
V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.
V. En verdad es justo bendecirte y darte gracias, Padre santo, fuente de la verdad y de la vida, porque nos has convocado en tu casa en este día de fiesta. Hoy, tu familia, reunida en la escucha de tu Palabra, y en la comunión del pan único y partido, celebra el memorial del Señor resucitado, mientras espera el domingo sin ocaso en el que la humanidad entera entrará en tu descanso. Entonces contemplaremos tu rostro alabaremos por siempre tu misericordia. Con esta gozosa esperanza, y unidos a los ángeles y a los santos, cantamos unánimes el himno de tu gloria: Santo, Santo, Santo...

Antífona de la Comunión

Padre, te ruego por ellos, para que sean uno en nosotros, a fin de que el mundo crea que tú me has enviado, dice el Señor (Jn. 17, 20-21).

Oración después de la Comunión

Que el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, que hemos ofrecido en sacrificio y recibido en comunión, sean para nosotros principio de vida nueva, a fin de que, unidos a ti por el amor, demos frutos que permanezcan para siempre. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Exhortación de despedida

Después de recibir a Jesús en la Eucaristía, volvamos a realizar nuestras actividades ordinarias, comprometiéndonos a vivir cumpliendo la voluntad de Dios.
Creado por trigodedios | 0 comentarios | 12/04/07 23:59

Ir a secciones de documentos

Ir a T. ordinario a.

Comentarios

Servicios Recomendados

Juegos gratis online

¡Atención, jugadores! Los juegos online de Geomundos se actualizan constantemente, y también te los puedes descargar a tu PC para jugar offline.

Gana regalos directos

¿Conoces los puntos Geomundos? Gana puntos por jugar, hacer encuestas, registrarte, comprar online... ¡Y canjéalos por cualquiera de los más de 100 regalos disponibles!

¿Conoces el chat con perfiles?

Ahora puedes ver la cara de con quién hablas, agregarlos a tu agenda y enviarles mensajes incluso cuando no están conectados.

Titulares de prensa

¿Qué pasa en el mundo ahora mismo? Consulta los titulares de los principales medios de comunicación de un vistazo.

Buscador de ofertas

¿Tienes que hacer un regalo? ¿Buscas el mejor precio? Nuestro comparador de ofertas te dirá dónde puedes comprar lo que buscas al precio que quieres.

¡Consíguelo gratis!

Pack+ de PrizeeConsigue ya tu Pack+ de Prizee para jugar un montón de partidas gratis a tus...

Gana regalos por jugar, hacer encuestas, registrarte en portales y con tus compras online...

Acceso al Club

Recomendados