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Domingo XII ordinario. en TRIGO DE DIOS

Domingo XII ordinario.

La fe y las dificultades de nuestra vida. Padre nuestro

Domingo, 25-06-2006, Domingo XII del tiempo ordinario

Edición número 46

En esta edición de Padre nuestro, encontraréis los siguientes contenidos:
-Formas de contactar con el autor de este boletín.
-Celebremos la Eucaristía. Cita de las lecturas eucarísticas, oraciones y homilía dominical.

Formas de contactar con el autor de este boletín

Os doy las gracias sinceramente a quienes os habéis puesto en contacto conmigo para darme la bienvenida a los diversos medios en que se publica Padre nuestro.
La semana anterior os dije que podíais contactar conmigo escribiéndome a la dirección electrónica:
amigosdetrigodedioshotmail.com
A partir de la recepción de esta edición de Padre nuestro, cuando deseéis contactar conmigo, escribidme a:
jportillotrigodios.jazztel.es
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de Skype para que podáis hablar conmigo quienes queráis plantearme alguna cuestión. A la hora de llamarme, no utilicéis el chat escrito, pues sólo puedo trabajar en ese medio utilizando el servicio de voz que ofrece el citado programa.
No olvidéis que estoy a vuestra disposición, esperando recibir vuestras dudas, sugerencias y críticas constructivas, y que me haréis un gran favor si les recomendáis a vuestros contactos que lean este boletín.

Celebremos la Eucaristía

Domingo XII Ordinario

Antífona de entrada

Firmeza es el Señor para su pueblo, defensa y salvación para sus fieles. Sálvanos, Señor, vela sobre nosotros y guíanos siempre (SAL. 27, 8-9).

Recitemos en Gloria en esta celebración dominical, pidiéndole a nuestro Padre común perdón por nuestras transgresiones voluntarias en el cumplimiento de su Ley, y elevemos nuestras peticiones al cielo.

Saludo inicial del sacerdote

El Dios de la esperanza, que por la acción del Espíritu Santo nos colma con la alegría y con su paz, permanezca siempre con todos vosotros.
R. Y con tu espíritu.

Monición de entrada

San Mateo redactó en su Evangelio las siguientes palabras del Mesías: "Todo aquel que escucha mis palabras y obra en consecuencia, puede compararse a un hombre sensato que construyó su casa sobre un cimiento de roca viva. Vinieron las lluvias, se desbordaron los ríos y los vientos soplaron violentamente contra la casa; pero no cayó, porque estaba construida sobre un cimiento de roca viva" (MT. 7, 24-25). A lo largo de nuestra vida podemos ver cómo fallecen nuestros familiares y amigos queridos, podemos perder nuestro trabajo, podemos sentir el más profundo desprecio por parte de quienes amamos, pero, si creemos en el Dios Uno y Trino, se cumplirán en nosotros las palabras del Salmista: "Si mi padre y mi madre me abandonan, el Señor me recogerá" (SAL. 27, 10).

Oración colecta

Padre misericordioso, tu que nunca dejas de tu mano a quienes has hecho arraigar en tu amistad, concédenos vivir siempre movidos por tu amor y un filial temor de ofenderte. Por nuestro Señor Jesucristo.

Liturgia de la Palabra

Lecturas:

1. Nuestro Dios es poderoso. (Job. 38, 1. 8-11). En la lectura del libro de Job que oiremos a continuación, el Santo de los santos nos demostrará que él es el único Ser que tiene potestad para dirigir el universo. Nosotros sabemos que Dios nos ama, es esta la causa por la que no hemos de sentirnos desamparados por nuestro Padre común cuando seamos atribulados.

2. Dad gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterno su amor (SAL. 106, 23-26. 28-31). Si en la primera lectura y en el Evangelio correspondientes a esta celebración eucarística la Iglesia nos demuestra que nuestro Padre común es poderoso y que su amor nos alienta en los días en que somos atribulados, el Salmo que entonaremos o será recitado a continuación, nos hace contemplar los acontecimientos difíciles que hemos vivido a lo largo de nuestra vida, en los que hemos visto cómo Dios ha estado con nosotros, ora enseñándonos a tolerar las frustraciones que nos han hecho sufrir, ora demostrándonos su poder haciéndonos felices al ayudarnos a superar nuestros problemas.

3. El que está en Cristo, es una nueva creación (2 COR. 5, 14-17). San Pablo nos dice que no conocemos a Cristo por sus rasgos físicos, sino por sus dones y virtudes. El santo Apóstol nos insta a que no apreciemos a nadie según las apariencias, sino basándonos en el amor con que todos cumplimos los mandamientos divinos.

4. Aleluya, Aleluya: (Escoger un versículo bíblico en el que sea exaltada la excelsitud de Dios).

5. ¿Dónde está vuestra fe? (MC. 4, 35-41). Jesús nos dice: "Tened fe en Dios... Por eso os digo que todo lo que pidáis en oración, lo obtendréis, si tenéis fe en que vais a recibirlo" (MC. 11, 22. 24).

Homilía:

Durante la noche tenemos la oportunidad de meditar la Palabra de Dios, aprovechando el silencio que caracteriza las horas en que permanecemos sin realizar ningún trabajo en nuestros lugares de residencia, en la playa, en el campo, o en cualquier lugar en el que seamos capaces de elevar nuestra alma al cielo. De la misma forma que cuando nos sentimos felices fluyen en nuestro interior sentimientos agradables, cuando sufrimos por cualquier causa, cuando nos sentimos cargados de ansiedad, nuestro espíritu es invadido por pensamientos que nos causan malestar. El Evangelio correspondiente a la Eucaristía que estamos celebrando acaeció una noche en la que nuestro Señor quiso instruir a sus discípulos aprovechando el hecho de que estaban solos. San Marcos escribió en su obra: "A solas, (Jesús) se lo explicaba todo a sus discípulos" (MC. 4, 34).
Hace varios años uno de mis lectores me contó un suceso que le acaeció que puede ayudarnos a comprender el Evangelio que estamos meditando. El amigo del que os hablo es ciego y, en cierta ocasión, fue a la playa con su mujer, y nadó durante un rato utilizando una colchoneta. Mi amigo oyó a su mujer que le llamaba desde muy lejos, por lo que supuso que estaba muy lejos de la orilla, y, como no es muy buen nadador, decidió intentar salir del mar abandonando su colchoneta. él empezó a nadar y, como sus movimientos eran muy lentos, constató que los minutos transcurrían y no podía salir del mar. Mi amigo pensó que no podía ponerse nervioso, pues sabía que por esa causa podía pasarlo muy mal. él nadaba muy despacio para no cansarse, pues, siendo consciente de que nadaba con mucha dificultad, no quería sentirse excesivamente cansado. De pronto, mi amigo empezó a escuchar a alguien que se le acercaba rápidamente. Tal como supuso, era su mujer, así pues, ella le ayudó a salir del
mar. La fuerza de nuestra voluntad determina el hecho de que nos sintamos acorralados ante la visión de nuestros problemas o nos anima a superar nuestras dificultades en conformidad con las posibilidades que tenemos para ello.
Mientras que los discípulos de Jesús estaban aterrorizados pensando que les era prácticamente imposible salir del lago, Jesús dormía tranquilamente. Sabemos que nuestro Señor se aplicaba las palabras del autor de los Salmos: "El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién me hará temblar¿" (SAL. 27, 1). El sueño de Jesús es comparable al silencio de Dios, así pues, ¿quién no ha tenido en alguna ocasión el pensamiento de que nuestro Padre común no escucha sus oraciones? Muchos hemos tenido a familiares y a amigos enfermos por cuya curación o mejoría hemos orado muchas veces, y, sin embargo, hemos visto fallecer a nuestros seres queridos. Recordemos que Juan Pablo II inició su Pontificado diciendo las siguientes palabras de nuestro Señor: "No tengáis miedo" (MT. 10, 31). Cuando no superamos las dificultades que caracterizan nuestra existencia y no perdemos la fe, podemos constatar que el Señor nos fortalece para superar pruebas
más relevantes que las que vencimos cuando circunstancialmente fuimos atribulados en el pasado, así pues, esta es la causa por la que el Hijo de Dios y María nos pregunta en el Evangelio de hoy: "¿Dónde está vuestra fe¿" (MC. 4, 40).
Meditemos las siguientes preguntas:
¿Sabemos que si creemos en Dios él nos fortalecerá para que superemos las dificultades que caracterizan nuestra existencia?
¿Sabemos que por mediación de la fe podemos sentir que nuestro Padre común no nos desampara, y por ello podemos aumentar nuestra estima personal según resolvemos muchos de nuestros problemas?
¿Cuales son las causas de las que se origina nuestro miedo?
¿A qué esperamos para demostrarnos nuestra fe viviendo bajo los impulsos del Espíritu Santo?
¿Quién puede ayudarnos a vencer nuestro miedo?
¿A partir de qué evidencia extraemos la conclusión de que nuestros sentimientos de impotencia y tristeza proceden de nuestros problemas, y no de la forma que tenemos de afrontar y confrontar los mismos?
¿Sabemos tolerar las frustraciones?
¿Qué podemos perder si intentamos superar nuestras dificultades?
San Pablo nos dice: "En fin, cuanto hagáis o digáis, hacedlo en nombre de Jesús, el Señor, dando gracias a Dios Padre por medio de él" (COL. 3, 17).
Hace algún tiempo recibí un e-mail en el que se explica una de las causas que más pueden hacernos sufrir a lo largo de nuestra vida. Os envío el citado texto.

El llanto del desierto

"En cuanto llegó a Marrakech, el misionero decidió que todas las mañanas daría un paseo por el desierto que comenzaba tras los límites de la ciudad.
En su primera caminata, vio a un hombre estirado sobre la arena, con la mano acariciando el suelo y el oído pegado a tierra.
"Es un loco", pensó.
Pero la escena se repitió todos los días, por lo que, pasado un mes, intrigado por aquella conducta extraña, resolvió dirigirse a él. Con mucha dificultad, ya que aún no hablaba árabe con fluidez, se arrodilló a su lado y le preguntó:
-¿Qué es lo que usted está haciendo¿.
-Hago compañía al desierto, y lo consuelo por su soledad y sus lágrimas.
-No sabía que el desierto fuese capaz de llorar.
-Llora todos los días, porque sueña con volverse útil para el hombre y transformarse en un inmenso jardín, donde se puedan cultivar las flores y toda clase de plantas y cereales.
-Pues dígale al desierto que él cumple bien su misión -comentó el misionero. -Cada vez que camino por aquí, comprendo mejor la verdadera dimensión del ser humano, pues su espacio abierto me permite ver lo pequeños que somos ante Dios.
Cuando contemplo sus arenas, imagino a los millones de personas en el mundo que fueron criadas iguales, aunque no siempre el mundo sea justo con todas.
Sus montañas me ayudan a meditar. Al ver el sol naciendo en el horizonte, mi alma se llena de alegría, y me aproxima al Creador.
El misionero dejó al hombre y volvió a sus quehaceres diarios. Cual no fue su sorpresa al encontrarlo a la mañana siguiente en el mismo lugar y en la misma posición.
-¿Ya transmitió al desierto todo lo que le dije? -preguntó.
El hombre asintió con un movimiento de cabeza.
-¿Y aún así continúa llorando?
-Puedo escuchar cada uno de sus sollozos. Ahora él llora porque pasó miles de años pensando que era completamente inútil, desperdició todo ese tiempo blasfemando contra Dios y su destino.
-Pues explíquele que, a pesar de que el ser humano tiene una vida mucho más corta, también pasa muchos de sus días pensando que es inútil. Rara vez descubre la razón de su destino, y casi siempre considera que Dios ha sido injusto con él. Cuando llega el momento en que, finalmente, algún acontecimiento le demuestra por qué y para qué ha nacido, considera que es demasiado tarde para cambiar de vida, y continúa sufriendo. Y, al igual que el desierto, se culpa por el tiempo que perdió.
-No sé si el desierto me escuchará -dijo el hombre- él ya está acostumbrado al dolor, y no consigue ver las cosas de otra manera.
-Entonces vamos a hacer lo que yo siempre hago cuando siento que las personas han perdido la esperanza. Vamos a rezar.
Ambos se arrodillaron y rezaron; uno se giró en dirección a la Meca porque era musulmán, el otro juntó las manos en plegaria porque era católico. Cada uno rezó a su Dios, que siempre fue el mismo Dios, aunque las personas insistieran en llamarlo con nombres diferentes.
Al día siguiente, cuando el misionero retornó de su caminata matinal, el hombre ya no estaba allí. En el lugar donde acostumbraba a abrazar la arena, el suelo parecía mojado, ya que había nacido una pequeña fuente. En los meses subsiguientes, esta fuente creció y los habitantes de la ciudad construyeron un pozo en torno a ella.
Los beduinos llaman al lugar "Pozo de las Lágrimas del Desierto". Dicen que todo aquel que beba su agua conseguirá transformar el motivo de su sufrimiento en la razón de su alegría, y terminará encontrando su verdadero destino (Paulo Coelho).

A pesar de que debemos ser conscientes de nuestras limitaciones, no debemos subestimarnos. Hace varios años vi una serie infantil una de cuyas escenas memoricé porque me llamó mucho la atención. La pequeña Pipi calzas largas estaba sola en la villa en que vivía con su burro y su mono. Durante la noche del 24 de diciembre, sus amigos fueron a felicitarle la Navidad, y a llevarle algunos regalos. La protagonista de la serie se alegró mucho de que le regalaran una trompeta. Uno de sus amigos le preguntó: -Pipi, ¿sabes tocar la trompeta? La niña le respondió alegremente: -No lo sé, aún no lo he intentado".
Concluyamos esta meditación pensando que Dios estará siempre con nosotros, compartiendo nuestra alegría y fortaleciéndonos cuando seamos atribulados.

Peticiones

En el Evangelio de hoy vemos a Jesús dormido en una barca, y a sus amigos intentando sobrevivir a una tempestad. Si tenemos fe, independientemente de las dificultades que tengamos que superar, nunca fracasaremos en el intento de alcanzar nuestro objetivo, pues nunca olvidaremos que el Dios Uno y Trino siempre estará con nosotros. Respondemos a cada petición: Señor, escucha nuestra oración y ten piedad de nosotros.

1. Para el Papa Benedicto XVI, te pedimos que tu sabiduría y tu poder le ayuden a gobernar fielmente a la Iglesia.
2. Para los religiosos te pedimos que sean perseverantes a la hora de orar, y que los hagas capaces de ganar a las almas que les han sido encomendadas para que las mismas deseen vivir en tu presencia.
3. Para los laicos te pedimos que deseen vivir los valores que Jesús predicó incansablemente durante los años que se prolongó su Ministerio público.
4. Para los enfermos te pedimos la mejoría yo la curación total de sus enfermedades.
5. Para quienes fallecerán próximamente te pedimos que les conduzcas a vivir en tu Reino y les hagas partícipes de tu gloria.
6. Añadir nuevas peticiones.

V. Tú que manifestaste tu poder creando el universo y te nos diste a conocer y nos propusiste ser tus discípulos yo apóstoles cuando viniste a nuestro encuentro, escucha la oración de tus hijos, pues seguimos esperando la plena instauración de tu Reino, mientras celebramos el Domingo, día del Señor. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Liturgia eucarística

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, este sacrificio de reconciliación y alabanza que vamos a ofrecerte, a fin de que purifique nuestros corazones y podamos corresponder a tu amor con nuestro amor. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio

El día del Señor

V. El Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.
V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.
V. En verdad es justo bendecirte y darte gracias, Padre santo, fuente de la verdad y de la vida, porque nos has convocado en tu casa en este día de fiesta. Hoy, tu familia, reunida en la escucha de tu Palabra, y en la comunión del pan único y partido, celebra el memorial del Señor resucitado, mientras espera el domingo sin ocaso en el que la humanidad entera entrará en tu descanso. Entonces contemplaremos tu rostro y alabaremos por siempre tu misericordia. Con esta gozosa esperanza, y unidos a los ángeles y a los santos, cantamos unánimes el himno de tu gloria: Santo, Santo, Santo...

Antífona de la Comunión

Los ojos de todos los hombres te miran, Señor, llenos de esperanza, y tú das a cada uno su alimento (SAL. 144, 15).

O bien:

Yo soy el Buen Pastor y doy la vida por mis ovejas, dice el Señor (JN. 14, 11. 15).

Oración después de la Comunión

Señor, tú que nos has renovado con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, concédenos que la participación en esta Eucaristía nos ayude a obtener la plenitud de la redención. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Exhortación de despedida

Después de recibir a nuestro Señor Jesús en la celebración de la Eucaristía, volvamos a realizar nuestras actividades ordinarias, porque el Dios Uno y Trino es nuestro compañero de peregrinación.
Creado por trigodedios | 0 comentarios | 14/04/07 00:02

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