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Domingo V ordinario en TRIGO DE DIOS

Domingo V ordinario

Sois la sal y la luz del mundo. Seguimos preparando la Cuaresma. Padre nuestro

Domingo, 6-02-2005, Domingo V ordinario

Edición número 16

En esta edición de Padre nuestro encontraréis los siguientes contenidos:
-Cpuntualización con respecto a un error que cometió el editor en la exhortación de despedida de la Eucaristía del Domingo IV ordinario, correspondiente a la edición número 15 de este boletín.
-Sagrarios vivos. Cita de las lecturas eucarísticas, oraciones y homilía dominical.
-Padre nuestro, escucha nuestra oración. Señor, ¿qué quieres de nosotros?

Cpuntualización con respecto a un error que cometió el editor en la exhortación de despedida de la Eucaristía del Domingo IV ordinario, correspondiente a la edición número 15 de este boletín.

En la anterior edición de Padre nuestro os dije que el tiempo de Cuaresma comenzaría el miércoles 6 de febrero, pero, hoy, 6 de febrero, es Domingo, así pues, después de pediros perdón por el fallo tan tonto que he tenido, os digo, -y esta vez no me equivoco-, que, el próximo día 9, miércoles, iniciaremos el último tiempo de penitencia del año litúrgico. Os reitero mi petición de perdón, esperando no haberos causado muchas molestias.

Sagrarios vivos

Domingo V ordinario

Antífona de entrada

Entremos y adoremos de rodillas al Señor, creador nuestro, porque él es nuestro Dios (Sal. 94, 6-7).

Saludo inicial del sacerdote

El Dios de la esperanza, que por la acción del Espíritu Santo nos colma con la alegría y con su paz, permanezca siempre con todos vosotros.
R. Y con tu espíritu.

Cantemos o recitemos con gran devoción el Gloria, pidiéndole a Dios perdón porque hemos transgredido conscientemente el cumplimiento de su Ley, y elevemos nuestras peticiones al cielo.

Monición de entrada

La Iglesia, a través de la Liturgia de hoy, nos dice que, nosotros, somos la sal y la luz del mundo. Esto implica que, desde la óptica de Dios, nuestras preocupaciones por sí mismas son estériles, ya que el hecho de preocuparnos no solventa nuestras carencias, así pues, nuestros problemas no tienen más importancia que la que nosotros les concedamos. Esta óptica tan novedosa y antiquísima al mismo tiempo, nos insta a mirar hacia el futuro, pues, por nuestra fe, si somos colaboradores de Dios al ejecutar su designio divino, podremos constatar que seremos librados de la adversidad que actualmente nos agobia.

Oración colecta

Señor, que tu amor incansable cuide y proteja siempre a estos hijos tuyos, que han puesto en tu gracia toda su esperanza. Por nuestro Señor Jesucristo.

Liturgia de la Palabra

Lecturas:

1. Entonces surgirá tu luz como la aurora (Is. 58, 7-10). A pesar de la gran belleza que caracteriza el fragmento del Profeta Isaías que vamos a meditar a continuación, el extracto del tercer Isaías puede parecernos muy atrevido, ya que nos recrimina la pereza con que retrasamos nuestras actividades y la resolución de nuestros problemas, al mismo tiempo que nos reprocha nuestra carencia de caridad para con nosotros, nuestros prójimos y quienes no tienen dones materiales y espirituales. A través de su Profeta, nuestro Padre común, nos dice que el culto que le ofrecemos es estéril, de nada nos sirven los ayunos cuaresmales ni la asistencia a la Eucaristía dominical, si no nos apiadamos de quienes necesitan del ejercicio de los dones y virtudes que el Espíritu Santo nos ha concedido. ¿Cómo queremos relacionarnos con Dios si rechazamos a nuestros prójimos? San Juan nos dice: "El que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor" (1 Jn. 4, 8). Más adelante, el Apóstol nos
interpela: "Si alguno viene diciendo: "Yo amo a Dios", pero al mismo tiempo odia a su hermano, es un mentiroso. ¿Cómo puede amar a Dios, a quien no ve, si no es capaz de amar al hermano, a quien ve¿" (1 Jn. 4, 20). Esto sucede así porque Dios creó al hombre a su imagen y semejanza "Cf. Gén. 2, 28). Con respecto al ayuno que Dios quiere que practiquemos, podemos leer en el Evangelio: "Yo no quiero que me ofrezcáis sacrificios, sino que seáis compasivos" (Mt. 9, 13).

2. El justo brilla en las tinieblas como una luz (Sal. 111, 4-5. 6-7. 8 a y 9. R.: 4 a). Oremos comprometiéndonos a cumplir la voluntad de Dios, pues queremos ser la imagen del justo por excelencia de quien habla el Salmista en su gozosa oración.

3. Les he anunciado a Cristo crucificado (1 Cor. 2, 1-5). En el fragmento de la primera Carta a los Corintios que será leído seguidamente, San Pablo nos dice que nuestros conocimientos espirituales superan a nuestros conocimientos humanos, de tal manera que, Cristo crucificado y Resucitado, es el centro de nuestra vida, pues "en él vivimos, nos movemos y existimos" (Hch. 17, 28), es decir, vivimos por Cristo, con él y en él, nos movemos cumpliendo su voluntad, y existimos porque él lo quiere.

4. Aleluya, Aleluya: Yo soy la luz del mundo, dice el Señor; el que me sigue tendrá la luz de la vida (Jn. 8, 12 b). En el Evangelio de hoy, Jesús nos dice que somos la sal y la luz de una gran ciudad que es el mundo, una sociedad de la que todos somos miembros. Preparémonos para meditar el Evangelio pensando que seremos sal, luz y miembros de la ciudad del mundo, si nos proponemos imitar al Hijo de María.

5. Ustedes son la luz del mundo (Mt. 5, 13-16). Según dijo Jesús, hagamos las obras que hizo nuestro Señor, para que, a través de nuestros hechos y de nuestro testimonio cristiano, nuestros prójimos se sientan inmersos en la realidad de la existencia de nuestro Padre común.

Homilía:

1. El próximo martes interrumpiremos la conmemoración de las ferias de la semana V ordinaria de este año para comenzar el miércoles el tiempo de Cuaresma. Al igual que el Adviento, las semanas que preceden al Triduo de Pascua y a la Pascua, nos evocan nuestra conversión. Jesús, en el Evangelio de hoy, nos dice que, al estar íntimamente vinculados con Dios, somos el centro del universo. Esta realidad tan atractiva, significa una gran responsabilidad para nosotros, pues nos hace constatar que nuestro Padre común nos ha dotado de una libertad, que debemos aprovechar convenientemente, para crecer como personas cristianas, como gente de este mundo, a pesar de que somos peregrinos que caminamos hacia un mundo nuevo, que nos estamos creando, con nuestras obras, palabras, y, oraciones. Nuestro origen humano es indiscutible, pero, al comparar nuestra fragilidad con la omnipotencia de Dios, David le preguntó a nuestro Criador: "¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, y el
hijo del hombre, para que lo visites¿" (Sal. 8, 4). Estamos tan acostumbrados a tener a Dios como a un Padre olvidado, y estamos tan sumidos en el progreso material de la sociedad en que vivimos, que, con la excepción de que suframos carencias temporales o que enfermemos gravemente, no nos acordamos de nuestra debilidad, no porque nuestra fe suple nuestros defectos, sino porque no nos sentimos necesitados de Dios. Vivimos en un mundo que se está pluralizando, y, la Filosofía y la Psicología, al no poder estar dirigidas a instruirnos en una creencia generalizada, están siendo utilizadas para fomentar el amor que debemos sentir por nosotros mismos, por lo que, lamentablemente, en la sociedad cuyo afán competitivo es ilimitado, nos estamos olvidando de nuestros prójimos los hombres. Jesús nos dice que somos la sal y la luz de la gran ciudad del mundo, pero no somos felices, porque, no podemos darle savor y luminosidad a nuestra vida, si vivimos aislados, paradójicamente, en una
sociedad que dispone de muchos medios para comunicarnos con nuestros prójimos.
2. Somos muchos los católicos que nos hemos acostumbrado a asistir a la celebración de la Eucaristía semanal de los Domingos, pero, lamentablemente, no todos conocemos a Jesús. A pesar de que el pasado Domingo meditamos las Bienaventuranzas, estoy completamente seguro de que, muchos católicos no saben en qué capítulo de San Mateo o de San Lucas se encuentran las citadas máximas de nuestro Maestro. ¿Qué diría Jesús si volviera hoy en su Parusía y viera que la Eucaristía sólo es un acto rutinario para nosotros? ¿Por qué somos cristianos si no sabemos lo que Dios quiere de nosotros? Un cristiano que no conoce sus creencias es semejante a un científico que desconoce su trabajo.
3. Paralelamente a nuestros ciclos formativos, es muy importante que ejercitemos los dones y virtudes que recibimos del Espíritu Santo, participando, por ejemplo, en diversas actividades que se pueden programar en nuestras comunidades físicas yo virtuales. Pueden constituirse grupos de oración para rezar el Santo Rosario una vez a la semana, se pueden crear grupos de Catequesis o de Liturgia, se pueden crear asociaciones para recabar fondos económicos para realizar actividades en países subdesarrollados, etcétera. Yo he sido catequista de niños, adolescentes y adultos, y, desde hace más de tres años, evangelizo a través de la red, y me dedico a escuchar a quienes se sienten tristes, a través de la cuenta de Msn Mesenjer:
amigosdetrigodedios@hotmail.com
y os puedo asegurar que Dios me ha dado frutos como para superar miles de veces las buenas obras que yo he realizado. Estas actividades nos instan a olvidar el egoísmo, y nos enseñan a amarnos a nosotros, a nuestros prójimos, y, a nuestro Padre común.
4. La formación y la acción cristianas carecen de sentido si no se basan en la oración, de la misma forma que, las Bienaventuranzas, carecen de sentido, al no ser explicadas por el sermón del monte. Orar es hablar con Dios como lo hacemos con quienes se sientan con nosotros en nuestro hogar, una experiencia inolvidable e inexplicable, que sólo puede ser comprendida, por quienes la viven.

Oración de los fieles

V. Oremos, hermanos y hermanas, al Padre del Unigénito, al Hijo del Dios eterno y al Espíritu, fuente de todo bien. Respondemos a cada petición: Hágase tu voluntad, Señor.

1. Para la Iglesia inmaculada del Dios verdadero extendida por todo el mundo, pidamos la plena riqueza del amor de Dios, roguemos al Señor.
2. Para los que gobiernan los pueblos y tienen en su mano el destino de los seres humanos, pidamos el espíritu de justicia y el deseo de servir con dedicación a sus súbditos, roguemos al Señor.
3. Por los débiles que se ven oprimidos y por los justos que sufren persecución, oremos a Jesús, el Salvador, roguemos al Señor.
4. Para nosotros mismos, pidamos al Señor un temor filial, un amor ferviente, una vida feliz y una santa muerte, roguemos alSeñor.
5. Añadir nuevas intenciones.

V. Dios nuestro, que en la necedad de la cruz has manifestado como tu sabiduría está por encima de la prudencia del mundo; escucha nuestras oraciones y haz que comprendamos el verdadero espíritu del Evangelio, para que, fervorosos en la fe y fuertes en la caridad, nos convirtamos en luz del mundo y sal de la tierra. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Liturgia eucarística

Oración sobre las ofrendas

Señor, Dios nuestro, tú que nos has dado este pan y este vino para reparar nuestras fuerzas, conviértelos para nosotros en Sacramento de vida eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio

V. El Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.
V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.
V. En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno. Porque reconocemos como obra de tu poder admirable no solamente haber socorrido nuestra débil naturaleza con la fuerza de tu divinidad, sino haber provisto el remedio en la misma debilidad humana, y allí donde estuvo nuestra ruina haber hecho nuestra salvación, por medio de Jesucristo, Señor nuestro. Por él, adoran tu grandeza los ángeles que se alegran eternamente en tu presencia. Permítenos asociarnos a sus voces, cantando alegremente: Santo, Santo, Santo...

Antífona de la Comunión

Demos gracias al Señor por su misericordia, por las maravillas que hace por su pueblo; porque da de beber al que tiene sed y les da de comer a los hambrientos (Sal. 106, 8-9).

Oración después de la Comunión

Señor, tú que has querido hacernos participar de un mismo pan y de un mismo cáliz, concédenos vivir de tal manera unidos en Cristo, que nuestro trabajo sea eficaz para la salvación del mundo. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Bendición solemne del Domingo V ordinario

V. Que Dios omnipotente aleje de vosotros toda adversidad y os conceda la abundancia de sus bendiciones.
R. Amén.
V. Que os haga atentos y dóciles a su palabra para que lleguéis a poseer los goces sempiternos.
R. Amén.
V. Que comprendiendo lo que es bueno y recto, avancéis siempre por el camino de los mandamientos y lleguéis a ser coherederos de los santos.
R. Amén.
V. Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros.
R. Amén.
V. Podéis ir en paz.
R. Demos gracias a Dios.

Exhortación de despedida

Después de recibir a Jesús en la Eucaristía, pidámosle a nuestro Padre y Dios que, a imagen de Jesús, nos haga sal y luz del mundo, y que, durante el tiempo de Cuaresma que comenzaremos a vivir a partir del próximo miércoles, acreciente nuestra fe, a través de nuestras vivencias, la formación, la acción y la oración.

Padre nuestro, escucha nuestra oración

Señor, ¿qué quieres de nosotros?

Durante las dos últimas semanas, hemos meditado brevemente sobre la conversión de nuestra alma y la confianza que hemos de tener en Dios. Buscando en Google alguna información para complementar esta meditación con la que pretendo que todos recordemos que nuestro Padre común jamás nos defraudará, he he encontrado un fragmento de Trigo de Dios, pan de vida, el libro con que empecé a predicar en la red, que contiene las palabras con que dejé a la gente para la que trabajé en una parroquia pequeña, en la que Dios me sometió al más absurdo de los fracasos, para fortalecer mi fe. Nuestro Padre del cielo sabe que tuve a 37 niños a mi cargo para instruirlos en la doctrina de la Iglesia, y que, durante 3 años, viví exclusivamente para predicar en aquel pequeño templo. Dejé de trabajar allí porque, en vez de conseguir conversiones de almas para el Señor, aquella gente iba a acabar conmigo, así pues, hasta el sacerdote se esforzaba por no bostezar durante las celebraciones
eucarísticas. Cuando dejé de trabajar en el templo, algunos empezaron a decir que encontré una mujer, que había descubierto la sexualidad frente a la castidad que había predicado, y otras cosas absurdas, pero les dije a aquellos feligreses: "Tengo cuanto necesito para ser feliz, porque soy hijo de mi Dios, no obstante, poseo un tesoro, cuyo valor es idcalculable. Jamás la riqueza le otorgó tanta felicidad a un loco, como lo soy yo. ¡Cuántas veces me han aconsejado que no tenga fe! Por consiguiente, quienes me tachan de loco, que no se limiten a hacerlo por mi enfermedad visual, pues, deben hacerlo también, porque, -ante Dios y sus hijos los hombres-, me confieso hijo y predicador del Altísimo, porque me limito a darles a conocer, -a ustedes, hermanos en la fe del Señor Jesús-, lo que el Señor Dios, me ha hecho saber. Yo no soy fanático. Pero, si he de ser discriminado, viviré, dicha situación, lleno de alegría. Llámenme loco, si ese es su deseo, quienes no me comprenden, para
que yo pueda comprender y ayudar, con más medios, a aquellos enfermos mentales, que, -al ser tachados de locos-, han sido, injustamente sepultados, en la tumba del olvido. No respetar la forma de ser de quienes hacen el bien, es consecuencia del ínfimo conocimiento de la cultura, de quienes hacen lo ya dicho. Por consiguiente, muchos de los que proclamamos el Evangelio de salvación, hemos sido tratados, -en múltiples ocasiones-, como bichos raros. Otros, nos han llamado, inútiles, subnormales... Llámenme quienes me quieran discriminar lo que se les ocurra, -no se avergüence jamás nadie de alabarme, con palabras que muchos creen ser insultos. Quizá, -algún día-, he de completar, -en mi cuerpo y espíritu-, cuanto me resta padecer, de la Pasión de mi Señor Jesucristo, gracias a dichas personas" (José Portillo Pérez, Trigo de Dios, pan de vida, El mundo necesita locos amantes). En ti confiaba, Señor, y no me defraudaste (Cf. Sal. 22, 6).
Hace varios años, un día en que yo estaba ejerciendo mi trabajo, le oí el siguiente comentario a una de mis clientas, que estaba hablando con una psicóloga de una parroquia cercana: "Yo no sé por qué Dios es tan duro conmigo. Yo no quiero ser como Santa Teresa, simplemente, quiero tener una vida normal". Nunca he sabido lo que le sucedía exactamente aquella mujer, pero, probablemente, se preocupaba demasiado, concediéndoles más importancia a sus problemas, de la que tenían en realidad los mismos. Yo conozco a muchos ancianos que se pasan la vida esperando el día de su muerte, no se distraen con nada, y viven aislados, y, otros, en cambio, a pesar de su edad y las enfermedades que padecen, son más hiperactivos que muchos jóvenes. Ana y Josefa perdieron a sus hijos en un accidente de tráfico. Ana vive para adorar el recuerdo de su hijo, pero, Josefa, sin embargo, es consciente de que el hecho de llorar no le va a devolver a su hija, y procura andar ocupada en mil tareas, para
evitar una tristeza que, según pasa el tiempo, se va disipando, pues, mientras espera la venida del Salvador, no se resigna al haber perdido a su hija, pues sabe que podrá volver a abrazar a Natalia. Es curioso que, una misma situación, afecte a dos personas diferentes, según con el ánimo que sea afrontada la citada circunstancia.
¿Debemos confiar en Dios y predicar el Evangelio a tiempo y destiempo? ¿Es beneficioso para nosotros no perder la fe cuando somos atribulados? San Pablo responde afirmativamente a nuestras preguntas: "He aquí que, según dice la Escritura: Lo que jamás vio ojo alguno, lo que ningún oído oyó, lo que no imaginó la mente de hombre alguno respecto a lo que Dios preparó para aquellos que le aman, eso es lo que Dios nos ha revelado por medio del Espíritu. Pues el Espíritu todo lo sondea, incluso lo más profundo del mismo ser de Dios" (1 Cor. 2, 9-10).
Creado por trigodedios | 0 comentarios | 12/04/07 23:00

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