TRIGO DE DIOS
Domingo IV de Cuaresma del ciclo c. en TRIGO DE DIOS
Domingo IV de Cuaresma del ciclo c.
Razones del hijo pródigo y de su hermano para obedecer a su padre. Dios quiere hijos libres que le sirvan sin pretender ser egoístas.
Padre nuestro
Domingo, 18-03-2007, Domingo IV de Cuaresma del ciclo c
Edición número 88
En esta edición de Padre nuestro, encontraréis los siguientes contenidos:
-celebremos la Eucaristía. Lecturas eucarísticas, oraciones, homilía dominical y lectura después de la Comunión.
-Oremos ante Jesús Crucificado el Viernes Santo.
Celebremos la Eucaristía
Domingo IV de cuaresma del ciclo c
Canto de entrada
NUEVA CREACIÓN
Camina Pueblo de Dios.
Camina Pueblo de Dios.
Nueva ley, Nueva Alianza
En la nueva creación.
Camina Pueblo de Dios (bis).
1- Mira allá en el Calvario,
En la roca hay una cruz,
Muerte que engendra vida,
nuevos hombres, nueva luz.
Cristo nos ha salvado
con su muerte y resurrección.
Todas las cosas renacen
en la nueva creación.
2- Cristo toma en su cuerpo
el pecado, la esclavitud,
al destruirlo nos trae
una nueva plenitud.
Pone en paz a los hombres,
a las cosas y al Creador.
Todo renace a la vida
en la nueva creación.
3- Cielo y tierra se abrazan,
nuestra alma halla el perdón.
Vuelven a abrirse los cielos
para el hombre pecador;
Israel peregrino vive
y canta tu redención.
Hay nuevos mundos abiertos
en la nueva creación.
(desconozco el autor de esta canción).
Antífona de entrada
Alégrate, Jerusalén, y congréguense todos los que la aman. Desborden de alegría los que estaban tristes, vengan a saciarnos con su felicidad (CF. IS. 66, 10-11).
Saludo del sacerdote
La gracia y el amor de Jesucristo, que nos llama a la conversión, estén con todos ustedes.
R. Y con tu espíritu.
Monición de entrada
Sed bienvenidos a la casa de nuestro Padre y Dios.
Hoy comenzamos a vivir la cuarta semana de este periodo de conversión y penitencia. En el Evangelio de hoy nos encontraremos con nuestro buen Pastor de almas, pues nuestro Hermano Jesús no se cansa de trabajar para conseguir que todos aceptemos a nuestro Padre común, el protagonista principal de la parábola del hijo pródigo, el Dios que está dispuesto a perdonar nuestras transgresiones en el cumplimiento de su Ley.
Iniciemos esta celebración de la Eucaristía pidiéndole a nuestro Padre común que nos inspire un deseo muy grande de conocerle, de amarle, y de vivir en su presencia.
Acto penitencial
Al comenzar esta celebración eucarística, pidamos a Dios que nos conceda la conversión de nuestros corazones; así obtendremos la reconciliación y se acrecentará nuestra comunión con Dios y con nuestros hermanos.
V. Señor, ten misericordia de nosotros.
R. Porque hemos pecado contra ti.
V. Muéstranos, Señor, tu misericordia.
R. Y danos tu salvación.
V. Tú que perdonas nuestros pecados: Señor, ten piedad.
R. señor, ten piedad.
V. Tú que nos llamas a hacer penitencia: Cristo, ten piedad.
R. Cristo, ten piedad.
V. Tú que confiaste a la Iglesia el signo de tu perdón: Señor, ten piedad.
R. Señor, ten piedad.
V. Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
R. amén.
Durante el tiempo de cuaresma no recitamos ni cantamos el Gloria en las celebraciones eucarísticas, pues nuestro corazón penitente se abstiene de alabar a Dios, considerando que aún no está purificado de sus imperfecciones.
Oración colecta
Dios y padre de Jesucristo, que tan maravillosamente reconcilias a los hombres por medio de tu Hijo: haz que tu pueblo se disponga a celebrar las próximas fiestas pascuales con una fe viva y una entrega generosa. Te lo pedimos por el mismo Jesucristo, tu Hijo y nuestro señor, que es Dios y vive y reina contigo en la unidad del espíritu santo por los siglos de los siglos.
R. Amén.
Lecturas eucarísticas
Moniciones que preceden a las lecturas de la Misa y lecturas de hoy
Monición de la primera lectura
La primera lectura correspondiente al encuentro con nuestro Padre común que estamos celebrando es un fragmento de la primera celebración de la Pascua que vivieron los judíos cuando concluyó su peregrinación por el desierto. Durante los cuarenta años que fueron probados a fin de que fortalecieran su fe y su esperanza, los miembros del pueblo de Dios fueron premiados por su fe y castigados por su rebeldía, pero ellos, gracias a su amor y a su obediencia a nuestro Padre común, celebraron la Pascua, para agradecerle a Yahveh el hecho de haberles concedido la tierra prometida.
Cuando concluya la cuaresma celebraremos la Pascua, así pues, es conveniente que nuestro corazón esté purificado para ese tiempo, de la misma forma que hemos de ser inmaculados cuando acontezca la segunda venida de nuestro señor para concluir nuestra salvación.
PRIMERA LECTURA
El pueblo de Dios celebra la Pascua, después de entrar en la tierra prometida
Lectura del libro de Josué 5, 9a. 10-12
En aquellos días, el Señor dijo a Josué: <Hoy os he despojado del oprobio de Egipto.>Los israelitas acamparon en Guilgal y celebraron la Pascua al atardecer
del día catorce del mes, en la estepa de Jericó.
El día siguiente a la Pascua, ese mismo día, comieron del fruto de la tierra: panes ázimos y espigas fritas. Cuando comenzaron a comer del fruto de la tierra, cesó el maná. Los israelitas ya no tuvieron maná, sino que aquel año comieron de la cosecha de la tierra de Canaán.
Palabra de Dios.
R. Te alabamos, señor.
Monición del Salmo responsorial
Invoquemos a nuestro Padre y Dios. Alabemos a nuestro criador y démosle gracias por habernos hecho hijos suyos.
Salmo responsorial
R. Gustad y ved qué bueno es el señor
SAL. 33, 2-3. 4-5. 6-7).
Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza esta siempre en mi boca;
mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren. R
Proclamad conmigo la grandeza del Señor,
ensalcemos juntos su nombre.
Yo consulté al Señor, y me respondió"
me libró de todas mis ansias.
Contempladlo, y quedareis radiantes,
vuestro rostro no se avergonzará.
Si el afligido invoca al Señor,
el lo escucha y lo salva de sus angustias. R.
Monición de la segunda lectura
Dios permitió que su Hijo fuera crucificado para que nosotros comprendiéramos que El nos ama. Dios quiso que su hijo padeciera para pagar su culpa con respecto a nuestras imperfecciones, aunque ello nos sirva para ser purificados y para comprender la forma en que nuestro Padre común se acerca a nosotros para salvarnos.
Segunda lectura
Dios nos reconcilió consigo por medio de Cristo.
Lectura de la segunda Carta del Apóstol San Pablo a los Corintios, 5, 17-21
Hermanos:
El que es de Cristo es una criatura nueva. Lo antiguo ha pasado, lo nuevo ha comenzado. Todo esto viene de Dios, que por medio de Cristo nos ha reconciliado consigo
y nos encargó el ministerio de reconciliación. Es decir, Dios mismo estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo, sin pedirle cuentas de sus pecados, y a nosotros nos ha confiado la palabra de la reconciliación. Por eso, nosotros actuamos como enviados de Cristo, y es Como si Dios mismo os exhortara
por nuestro medio.
En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios. Al que no había pecado Dios lo hizo expiación por nuestro pecado, para que nosotros, unidos a él, recibamos la justificación de Dios.
Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.
Honor y gloria a ti, señor Jesús: Me pondré en camino adonde está mi padre y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti (LC. 15, 18).
Monición del Evangelio
Examinémonos para recibir el Sacramento de la Penitencia para que así podamos celebrar la Pascua de nuestro señor con el corazón purificado de nuestras imperfecciones. Pensemos si caminamos como ovejas perdidas, aunque nuestro buen Pastor siempre está con nosotros, aunque unas veces no le obedecemos y otras veces no podemos escuchar su voz. Pensemos si somos como el hijo pródigo, independientemente de que veamos al mismo como irreflexivo e impulsivo o como resentido. Pensemos en no servir a dios por el interés que movió al hermano del hijo pródigo a servir a su padre.
EVANGELIO
Este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido (CF. LC. 15, 32).
Lectura del santo evangelio según san Lucas 15,1-3. 11-32.
En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos: Ése acoge a los pecadores y come con ellos. Jesús les dijo esta parábola:
"Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte que me toca de la fortuna. El padre les repartió los bienes. No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, emigró a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente.
Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad. Fue entonces y tanto le insistió a un habitante de aquel país que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. Le entraban ganas de llenarse el estómago de las algarrobas que comían los cerdos; y nadie le
daba de comer. Recapacitando entonces, se dijo: "Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros."
Se puso en camino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y, echando a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo. Su hijo le dijo: "Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo. Pero el padre dijo a sus criados: "Sacad en
seguida el mejor traje y vestidlo; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido , y lo hemos encontrado. Y empezaron el banquete.
Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y el baile, y llamando a uno de los mozos, le preguntó qué pasaba.
Este le contestó: "Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud." El se indignó y se negaba a entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo. Y el replicó a su padre: "Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mi nunca
me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado.
El padre le dijo: Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado."
Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, señor Jesús.
Homilía:
Los dos hijos del Rey
No sé si habréis tenido la oportunidad de vivir alguna circunstancia tan desagradable como constructiva al mismo tiempo de la cuál hayáis aprendido que en ciertas ocasiones, las personas de quienes esperamos más demostraciones de afecto son las que más nos desamparan, mientras que aquellos de quienes esperamos más muestras de rechazo, son los que más se acercan a nosotros para tendernos una mano, para ayudarnos en lo que necesitemos y para hacernos comprender que realmente nos aman, aunque no hayan tenido la oportunidad de demostrárnoslo en el pasado con obras, pues con actos de buena fe se demuestra el amor, no con palabras que se lleva el viento. Hoy meditamos la parábola del hijo pródigo. Jesús nos habla de un hombre que tenía dos hijos. Este hombre amaba a sus dos descendientes, pero su hijo pequeño estaba caracterizado por una rebeldía incontrolable que le hacía tener muchos problemas con su padre y con su hermano. Mientras que el hijo mayor obedecía ciegamente a su progenitor, el hijo menor parecía más egoísta que su hermano, dado que aparentemente sólo pensaba en "vivir a tope". No sabemos si el joven que parecía irreflexivo tomó la decisión de alejarse de su familia porque pensaba que su padre amaba más a su hermano que a él, y por ello le era inútil servir a un padre que se mostraba reacio a valorar lo que él era capaz de hacer para demostrarle que le amaba, o si simplemente el protagonista de esta historia era uno de tantos jóvenes que sólo piensan en divertirse. Jesús no nos dice en su parábola cuál de los dos hijos era más amado por su padre. Es importante destacar este hecho, dado que los celos entre hermanos, que suelen manifestarse cuando los niños son muy pequeños, pueden herir gravemente a las familias de las que son miembros los afectados por dicha enfermedad.
Como el hijo menor del hacendado de la parábola de Jesús decidió alejarse de sus familiares, cierto día le dijo a su padre: "Dame la parte de los bienes que me corresponden" (LC. 15, 12). El padre les repartió sus bienes a sus dos hijos, y vio con alegría cómo su hijo mayor seguía con él como si dependiera de su padre, y vio con tristeza cómo su hijo menor desapareció de su presencia.
Como el hacendado de esta parábola no es otro que nuestro querido Padre celestial, podemos pensar que el hijo menor se fue a vivir lejos de su padre a un lugar en el que se entregó a todo tipo de placeres, hasta que gastó toda la fortuna que había heredado de su padre rápidamente. Cuando llegó el tiempo del hambre al territorio en que vivía el hijo pródigo, este no podía alimentarse ni con las algarrobas que eran mantenidos los cerdos del hacendado para el que trabajaba. Hay ocasiones en las que tanto los hijos como los padres cometemos errores simplemente porque somos humanos. En ciertas circunstancias los padres no comprenden que sus hijos no pueden ni deben hacer siempre su voluntad, aunque los hijos no pueden comprender que sus padres no pueden comprender sus pensamientos porque vivieron en su juventud en una época diferente a nuestro tiempo actual, por lo que tienen una mentalidad distinta a la forma en que ellos enfocan su pensamiento.
Aquél que por error se alejó de dios decidió pedirle clemencia al todopoderoso cuando pensó que no podía vivir por sus propios medios, porque sin Dios no podemos hacer nada. El hijo que tuvo muchos desacuerdos con su padre decidió darse la oportunidad de volver a la presencia de su antecesor, aquél hombre que no se sintió traicionado por el más joven de sus hijos ni se enorgulleció extremadamente de su hijo mayor -menosmal que no lo hizo-, y decidió darle a su padre la oportunidad de abrirle su corazón, aunque no pudiera abrirle completamente la mente. El pensaba que su padre nunca le perdonaría sus desavenencias, pero, de todas formas, nada perdía con intentar verle antes de perderlo para siempre...
El buen padre era feliz porque tenía a su hijo mayor consigo, pero pasaba muchas horas mirando al horizonte, sin perder la esperanza de poder abrazar a su hijo menor nuevamente. Cuando el joven buscó a su padre nuevamente, este le recibió con los brazos abiertos, y le hizo un gran banquete, aunque no le había permitido a su hijo mayor hacer una fiesta con sus amigos íntimos. Aquél hombre era duro, pero actuaba en beneficio de sus hijos. El buen padre se llevó una gran sorpresa cuando su hijo mayor regresó de trabajar en el campo y descubrió que había vuelto su hermano, pues temió que su padre le concediera más dádivas en detrimento de su fortuna. El buen padre descubrió que su hijo mayor no le servía por amor, sino por egoísmo. El había pensado que su hijo mayor había sido feliz trabajando mano a mano con él, pero su primogénito había vivido únicamente estudiando la forma de desprestigiar a su hermano ante su padre para hacerse amo de toda la fortuna familiar. El hijo mayor no tenía motivos para quejarse porque su padre le cedió su parte de la herencia en el reparto que hizo inicialmente, pero aquél ingrato avaro quería quedarse hasta con la parte que su antecesor se reservó para vivir hasta el final de sus días. Al final de la historia, resultó que el hijo pródigo fue más honesto que su hermano, porque reconoció que a dios no se le sirve con la ambición de salvar el alma ni por miedo al infierno, sino por amor, y después de reconocer que sin El no podemos hacer nada.
El tiempo de Cuaresma es especial para que las prácticas penitenciales nos ayuden a identificarnos con el hijo pródigo o con su hermano egoísta. Si hemos cometido errores y nos hemos arrepentido del mal que hemos hecho y hemos decidido volver a vivir en la presencia de dios y servir a nuestro criador en nuestros hermanos los hombres, en ese caso nos parecemos al hijo pródigo. Si por el contrario decimos que nunca hemos matado a nadie, que colaboramos en muchos proyectos para erradicar el hambre, que tenemos el cielo ganado, que ojalá todo el mundo fuera como nosotros, y que nuestra conciencia está tranquila porque nos merecemos el cielo porque hemos sobornado a Dios haciendo el bien. En ese caso nos parecemos al hijo mayor del padre del que Jesús nos habla en su segunda parábola del Evangelio de hoy.
Hace unos días recibí un correo electrónico que me hizo reflexionar mucho antes de contestarlo. Se me preguntaba cuál es la causa por la que pensamos que el pecado es tan importante como para que pensemos tanto en ello en los tiempos de Adviento y Cuaresma. Si nos lo proponemos firmemente podremos vivir sin pecar. El pecado nos incapacita para ser felices porque nos impide amarnos y respetarnos, rompe nuestros vínculos de unión con nuestros prójimos y nos aleja del dios que nos quiere salvar porque nos impide desear escuchar su Palabra y vivir en su presencia. Independientemente de que dividamos los pecados en veniales y mortales, personalmente pienso que constituyen incumplimientos del quinto Mandamiento de la Ley de dios el asesinato y el maltrato psicológico.
Concluyamos esta meditación pensando en el examen de conciencia que estamos haciendo para confesarnos y celebrar la Pascua purificados.
Oración de los fieles
V. Oremos, hermanos y hermanas, al Señor, que no desea la muerte del pecador, sino que se convierta y viva, y pidámosle que tenga misericordia de su pueblo penitente:
Respondemos a cada petición: Señor, ten piedad.
V. Para que Dios aumente la fe y fortalezca la voluntad de los que se preparan a recibir en estos días cuaresmales el sacramento de la penitencia y les conceda un verdadero arrepentimiento de sus culpas, roguemos al Señor.
V. Para que el Señor abra la inteligencia y el corazón de los incrédulos, de manera que lleguen al conocimiento de la verdad y en la fe encuentren aquel descanso que tanto desea su corazón, roguemos al Señor.
V. Para que Dios conceda su ayuda a los enfermos, a los pobres, a los que se sienten tentados y a todos aquellos que con su sufrimiento participan de la cruz de Cristo, roguemos al Señor.
V. Para que todos nosotros perseveremos en el esfuerzo cuaresmal y lleguemos, purificados e iluminados, a las fiestas de Pascua que se acercan, roguemos al Señor.
V. Añadir nuevas peticiones.
V. Dios nuestro, Padre de la luz, que conoces hasta lo más recóndito de nuestro corazón; no permitas que nos domine el poder de las tinieblas, antes bien, abre nuestros ojos a la luz del Espíritu para que podamos ver a aquel que has enviado para iluminar al mundo y creamos únicamente en Jesucristo, tu Hijo y Señor nuestro. Que vive y reina por los siglos de los siglos.
R. amén.
Liturgia eucarística
Canto del Ofertorio
CONVOCADOS AL PIE DEL MONTE SANTO
1- Convocados al pie del monte santo
nos unimos, Señor, en tu presencia,
como forman un solo pan maduro
las espigas dispersas por el valle.
¡Aleluya, aleluya!
El Señor ha reunido a sus hijos.
2- Aportamos, Señor, al Sacrificio
nuestras mentes, afectos y quereres,
tuyos son desde ahora y para siempre,
en tus manos ponemos nuestra vida.
3- Te pedimos, Señor, por Jesucristo,
nos concedas que esta santa Misa
sea el umbral del convite de tu Reino,
del convite que dura para siempre.
(desconozco el autor de esta canción).
Oración sobre las ofrendas
Te presentamos, Señor, llenos de alegría, estas ofrendas para el sacrificio y pedimos tu ayuda para celebrarlo con fe sincera y ofrecerlo dignamente por la salvación del mundo. Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.
Prefacio de cuaresma II
La penitencia de espíritu
V. el señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.
V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el señor.
V. demos gracias al señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.
V. En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, señor, Padre Santo, dios todopoderoso y eterno. Porque misericordiosamente estableciste este tiempo especial de gracia para que tus hijos busquen de nuevo la pureza del corazón y así, libres de todo afecto desordenado, de tal manera se apliquen a las realidades transitorias, que más bien pongan su corazón en las que duran para siempre. Por eso, con los ángeles y los arcángeles y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria:
Santo, santo, Santo…
Antífona de la Comunión
ES justo que haya fiesta y alegría, porque tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado (LC. 15, 32).
Canto de la Comunión
ANTE TI, SEÑOR
Ante Ti, Señor (bis)
mi alma levantaré (bis) (BIS)
OH, MI DIOS (BIS)
CONFÍO EN TI (BIS)
YO TE ALABO, SEÑOR,
YO TE ADORO, SEÑOR,
OH, MI DIOS. (BIS)
Guíame, Señor (bis)
y guarda mi alma (bis) (BIS)
Líbrame, Señor (bis)
de todo peligro (bis) (BIS)
Dame un corazón (bis)
que pueda adorarte (bis) (BIS)
(desconozco el autor de esta canción).
Lectura después de la Comunión
Leer en casa el capítulo 9 del Evangelio de san Juan.
Oración después de la Comunión
Tú iluminas, Padre, a todo hombre que viene a este mundo; por eso te pedimos que alumbres nuestros corazones con el esplendor de tu gracia, para que nuestros pensamientos sean dignos de ti y aprendamos a amarte de todo corazón. Por Jesucristo, nuestro señor.
R. Amén.
Oración sobre el pueblo
Protege, señor, a quienes te suplican. Sostén a los débiles y vivifica siempre con tu luz a quienes caminan en las sombras de la muerte. Con tu clemencia, apártalos de todo mal y hazlos llegar a la plenitud de tus bienes. Por Cristo, nuestro señor.
R. Amén.
Bendición solemne de Cuaresma
V. Dios, Padre misericordioso, os conceda a todos vosotros, como al hijo pródigo, el gozo de volver a la casa paterna.
R. Amén.
V. Cristo, modelo de oración y de vida, os guíe a la auténtica conversión del corazón, a través del camino de la Cuaresma.
R. Amén.
V. El Espíritu de sabiduría y de fortaleza os sostenga en la lucha contra el maligno, para que podáis celebrar con Cristo la victoria pascual.
R. Amén.
V. Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros.
R. Amén.
V. Podéis ir en paz.
R. Demos gracias a Dios.
Canto final
Adiós, Reina del cielo
Adiós Reina del cielo, Madre del salvador
Adiós, oh Madre mía, adiós, adiós, adiós.
De tu divino rostro me alejo con pesar;
Permíteme que vuelva tus plantas a besar.
Adiós, reina del cielo, Madre del salvador,
Dulce prenda adorada, de mi sincero amor.
De tu divino rostro la belleza al dejar,
Permíteme que vuelva tus plantas a besar.
A dejarte, oh María, no acierta el corazón:
Te lo entrego, Señora, dame tu bendición.
Adiós hija del Padre; Madre del Hijo, adiós;
Del Espíritu Santo, oh casta esposa adiós.
Adiós del cielo encanto, mi delicia y mi amor,
Adiós, oh Madre mía, adiós, adiós, adiós.
(Desconozco el autor de esta canción).
Oremos ante Jesús Crucificado el Viernes Santo
Enviad vuestras oraciones y las de quienes no tienen internet a:
Joseportilloperez@telefonica.net
Antes de las 22 horas del Jueves Santo (hora española).
Creado por trigodedios | 0 comentarios | 22/03/07 22:00
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