TRIGO DE DIOS
Domingo IV de Cuaresma, ciclo c en TRIGO DE DIOS
Domingo IV de Cuaresma, ciclo c
Utilizamos la curación de un ciego para simbolizar el significado de la conversión al Señor.
Padre nuestro
Domingo, 6-03-2005, Domingo IV de Cuaresma
Edición número 21
En esta edición de Padre nuestro encontraréis los siguientes contenidos:
-Sagrarios vivos. Cita de las lecturas eucarísticas, oraciones y homilía dominical.
-Padre nuestro, escucha nuestra oración. El alimento espiritual. Material para preparar la Eucaristía Vespertina del Jueves Santo.
-Jesús crucificado. Anuncio de la recogida de oraciones enviadas por lectores de Padre nuestro para que todos las leamos y hablemos con nuestro Seño
crucificado el Viernes Santo.
Sagrarios vivos
Domingo IV de Cuaresma
Antífona de entrada
Alégrate, Jerusalén, y todos los que la amáis, reuníos. Regocijaos con ella todos los que participábais de su duelo y quedaréis saciados con la abundancia
de sus consuelos (Cfr. Is. 66, 10-11).
Durante el tiempo de Cuaresma, no rezaremos el Gloria, porque nos sentimos inferiores a Dios, porque la Liturgia nos ofrece muchas ocasiones para pedirle
a Dios perdón por nuestras transgresiones en el cumplimiento de su Ley, y porque se nos insta a elevar nuestras peticiones al cielo desde nuestro interior,
pues nos vamos a proponer encontrar a Dios desde el desierto espiritual desde el que esperamos ser santificados.
Saludo inicial del sacerdote
El Dios de la esperanza, que por la acción del Espíritu Santo nos colma con la alegría y con su paz, permanezca siempre con todos vosotros.
R. Y con tu espíritu.
Monición de entrada
Jesús dijo en cierta ocasión: "Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no caminará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida" (Jn. 8, 12). Si
vislumbramos los acontecimientos que acaecen en nuestra vida y en el medio en que vivimos, podremos constatar que en nosotros y en nuestra sociedad se
cumplen las palabras del primero de los Profetas mayores: "No son mis pensamientos vuestros pensamientos, ni vuestros caminos son mis caminos" (Is. 55,
8). A través de su Liturgia, en la celebración eucarística correspondiente a esteDomingo IV de Cuaresma, nuestra Santa Madre la Iglesia, intentará hacernos
vislumbrar nuestra vida y el curso de la Historia desde la óptica de nuestro Padre y Dios.
Oración colecta
Dios nuestro, que has reconciliado contigo a la humanidad entera por medio de tu Hijo, concede al pueblo cristiano prepararse con fe viva y entrega generosa
a celebrar las fiestas de la Pascua. Por nuestro Señor Jesucristo.
Liturgia de la Palabra
Lecturas:
1. David es ungido como rey de Israel (1 Sam. 16, 1. 6-7. 10-13). En el extracto del primer libro del vidente Samuel que escucharemos a continuación,
constataremos como los criterios divinos son diferentes a los nuestros, de la misma forma que el Domingo I de Cuaresma comprobamos que Dios prefiere el
ejercicio de la misericordia frente a nuestro anhelo de poder, la práctica de la generosidad a la riqueza, y la confianza que los justos tienen en él y
en sí mismos a la buena reputación que se nos puede atribuir en el mundo quizá por equivocación.
2. El Señor es mi pastor, nada me falta (Sal. 22, 1-2. 3 b-4. 5. 6. R.: 1). Oremos mientras escuchamos un extracto del Salmo 22, con la intención de
expresarle a nuestro Padre común nuestra confianza. Dios nos ha preparado la mesa para que celebremos esta Eucaristía y, cuando Cristo Jesús venga en su
Parusía, nos volverá a sentar a su mesa, y gozaremos eternamente de su presencia, más allá de nuestras dificultades temporales.
3. Levántate de entre los muertos y Cristo será tu luz (Ef. 5, 8-14). San Pablo identifica el bien como luz y el mal como tinieblas, y les atribuye el
bien a Dios y el mal a los hombres, por consiguiente, odiando el pecado y amando a los pecadores, en virtud de la justicia divina que amamos, esforcémonos
por adquirir la luz de Dios y vivamos en conformidad con la voluntad de nuestro Padre celestial.
4. Honor y gloria a ti, Señor Jesús. Yo soy la luz del mundo, dice el Señor; el que me sigue tendrá la luz de la vida (Cfr. Jn. 8, 12 b).
5. Fue, se lavó y volvió con vista (Jn. 9, 1-41). A través de la curación del ciego que Jesús llevó a cabo tal como veremos en el Evangelio de hoy, vislumbremos
el proceso de nuestra conversión.
Homilía:
1. Existen varias formas de afrontar y confrontar las circunstancias que nos acaecen a lo largo de nuestra vida, así pues, los hechos por cuya contemplación
muchos se sienten infelices, son para otros las razones sobre las que se fundamenta su alegría, pues han descubierto una forma de vivir que es conocida
por un número de personas muy reducido, que les permite desear alcanzar un estado de perfección mayor, con el fin de sentirse más realizados. Los textos
litúrgicos correspondientes a los Domingos de Cuaresma que estamos meditando están intrínsecamente relacionados unos con otros, así pues, el Domingo I
de este tiempo de oración y penitencia, nos instaban a ver nuestras virtudes y limitaciones, con el fin de recordarnos que podemos ser, según vimos el
Domingo II de este tiempo de ayuno y abstinencia, transfigurados y configurados a imagen y semejanza espiritual de Cristo Jesús, por consiguiente, si los
materialistas fundamentan su felicidad en los pilares del poder, el prestigio y la riqueza, según constatamos el Domingo anterior, la vivencia cristiana
se fundamenta en la gracia divina, y, en la recepción de los Sacramentos por nuestra parte que son administrados por nuestra Santa Madre la Iglesia. En
esta ocasión, vamos a continuar nuestro ascenso espiritual, aprendiendo a contemplar los hechos que nos acaecen desde la óptica de nuestro Padre común.
Como la Iglesia pretende enseñarnos este Domingo IV de preparación de la Pascua a ver los acaeceres de nuestra vida desde el punto de vista de Dios, San
Juan, en el Evangelio de hoy, nos hace ver la vida a partir de la experiencia que tuvo un ciego que pudo ver gracias al prodigio que realizó en él nuestro
Hermano y Señor Jesús. ¿Por qué nos presenta la Iglesia al ciego del Evangelio de hoy? La vivencia cristiana es completamente diferente a la óptica de
quienes carecen de fe en nuestro Criador, de la misma manera que existe una diferencia radical entre las percepciones de los ciegos y la utilización del
sentido de la vista de quienes pueden ver.
Para comprender el Evangelio de hoy puede sernos muy útil reflexionar brevemente sobre la forma que los ciegos tienen de captar las cosas que les rodean.
Los ciegos pueden tocar las flores, pueden saber la forma que tienen las mismas, pueden percibir su holor y conocer su tamaño, pero están privados de concebir
la belleza de las mismas, que es, precisamente, el primer detalle que captan los ojos de quienes pueden ver. La utilización del tacto no es tan rápida
como la captación visual, así pues, por causa de la citada lentitud de los ciegos a la hora de percibir ciertas sensaciones se les hacen a los mismos desarrollar
una serie de virtudes como la paciencia y la templanza, que no les son tan necesarias como a ellos a quienes pueden ver perfectamente, porque su visión
suple la necesidad de ejercitar las mismas. Los ciegos tienen que realizar un gran esfuerzo para caminar por lugares que les son desconocidos, para aprender
a desenvolverse en el mundo de los que ven perfectamente acomodándose a los recursos que pueden poseer para ello, y, sobre todo, tienen que suplir su carencia
visual utilizando la memoria, por consiguiente, mientras quienes ven por ejemplo pueden ordenar sus habitaciones cambiando muchas cosas de sitio, ellos,
al cambiar unos cuantos centímetros un objeto que siempre colocan en un determinado espacio, pueden encontrarse desorientados.
Lamentablemente la gente tiene la costumbre de apoyar mucho a los ciegos. La buena intención que la gente tiene de ayudarles puede hacerles caer en el
aletargamiento de no querer superarse en muchos aspectos porque se les suple sus carencias, así pues, si la gente les ayuda a cruzar desde una calle a
otra, ¿qué necesidad tienen de ayudarse de sus bastones para ello? Muchos dependen de sus familiares porque ellos cubren todas sus necesidades, de manera
que les convierten en dependientes de sí mismos, que se sienten desgraciados cuando les faltan sus familiares, pues nunca se preocuparon de desarrollar
sus virtudes, porque nunca tuvieron la necesidad de hacerlo, y, cuanto más mayores son en el tiempo en que han de defenderse con escasa ayuda, más torpes
se sienten para confrontar sus problemas. Ojalá todos nos acerquemos a Dios antes de que el dolor embargue nuestro espíritu, las dificultades que padecemos
nos hagan desconfiar hasta de nosotros, e involuntariamente coartemos
las posibilidades que tenemos de ser mejores personas en todos los aspectos en los que podemos crecer.
2. Cuando Jesús y sus Apóstoles vieron al ciego del que San Juan nos habla en el Evangelio de hoy, los Apóstoles quisieron saber si la ceguera del mismo
era el castigo que él merecía por causa de sus pecados o por la supuesta transgresión del cumplimiento de la Ley de Dios que pudieron llevar a cabo sus
antefasados. Ante la carencia de explicaciones científicas convincentes, los judíos creían que los ciegos, los leprosos y los que no tenían descendientes,
eran como muertos, según consta en el Talmud hebreo. Los Hagiógrafos bíblicos siempre les pedían encarecidamente a sus lectores que fueran piadosos con
los ciegos, evitándoles los obstáculos que pudieran hacerles caer al suelo al tropezar con ellos, ya que, dicha caída, hacía más evidente la expresión
del significado de la desgracia que en aquel tiempo simbolizaba la carencia de visión. Ya que la ceguera era una desgracia de las más difíciles de soportar,
los judíos creían que la citada enfermedad sólo podía contraerse
como eminente castigo de Dios. Jesús les respondió a sus Apóstoles: "-Ni sus propios pecados ni los de sus padres tienen la culpa; nació así para que el
poder de Dios resplandezca así" (Jn. 9, 3). Cuando acontezca la Parusía o segunda venida de Jesús, la curación de la ceguera, el cáncer y otras enfermedades,
hará que quienes no creen en nuestro Padre común se conviertan a él. Tal como veremos el próximo Domingo, Dios se valió de la enfermedad y posterior muerte
de Lázaro para que quienes no creían en Jesús como Mesías comprobaran cómo la gloria del Altísimo se manifestó en él: "-Esta enfermedad (de Lázaro) no
terminará en la muerte, sino que tiene como finalidad manifestar la gloria de Dios; por medio de ella resplandecerá la gloria de Dios" (Jn. 11, 4). Es
políticamente incorrecto el hecho de que nos valgamos del sufrimiento ajeno a nosotros para ascender el monte espiritual de nuestra existencia mortal,
pero Dios nos recompensará debidamente a quienes, sin pretenderlo, estamos
siendo utilizados para aumentar la fe o para hacer nacer la esperanza en el corazón de la gente que carece de las citadas virtudes divinas. Nuestra sociedad
se rige por la óptica del Marketing, así pues, todos valemos el trabajo que somos capaces de realizar en el menor tiempo posible, el poder, la riqueza
y el prestigio de que gozamos, pero, desde el punto de vista de Dios, como todos hemos nacido y se nos ha encomendado una misión determinada por nuestro
Padre común, todas las circunstancias que vivimos tienen un significado concreto, gracias al cuál, toda forma de vida es útil en la realización del designio
salvífico y divino de nuestro Padre celestial. "Los que hacéis que Yahveh recuerde (vuestro dolor) -escribió Isaías-, no guardéis silencio. No le dejéis
descansar, hasta que hestablezca, hasta que trueque a Jerusalén en alabanza en la tierra" (Is. 62, 6-7). Quienes sufren porque desconocen la causa de su
padecimiento pueden interrogar a Dios con el fin de que nuestro
Padre común resuelva todas sus dudas, pues, cuando Cristo Jesús concluya la instauración del Reino de Dios entre nosotros, ellos experimentarán el consuelo
divino, según consta en el Apocalipsis de San Juan: "-He ahí que Dios ha montado su tienda de campaña entre los hombres. Habitará con ellos, ellos serán
su pueblo y él será el Dios - con -ellos. Enjugará las lágrimas de sus ojos, y ya no habrá más muerte, ni luto, ni llanto, ni dolor. Es todo un mundo viejo
el que pasó" (Apoc. 21, 3-4). Debemos creer en Jesús, pues él le dijo al autor del Apocalipsis con respecto a su futura manifestación universal: "Estoy
a punto de llegar" (Apoc. 22, 20). No sabemos cuándo acontecerá la Parusía de nuestro Hermano, pero sabemos que él concluirá nuestra redención.
3. Jesús les dijo a sus Apóstoles: "Mientras es de día debemos realizar lo que nos ha encomendado el que me envió (Dios Padre); cuando llega la noche,
nadie puede trabajar. Mientras estoy en el mundo, yo soy la luz del mundo" (Jn. 9, 4-5). Jesús tenía la costumbre de hablarles a sus seguidores en lenguaje
figurativo para despertar en ellos el interés de comprender el misterio de Dios. Según consta en la Escritura, no todos estamos preparados para comprender
el designio salvífico de nuestro Padre celestial, así pues, lo único que Dios requiere de nosotros para poder inculcarnos su sabiduría increada, es que
seamos humildes. San Mateo escribió las siguientes palabras del Rabbi: "Por eso les hablo por medio de parábolas. Porque, aunque miran, no ven, y aunque
escuchan, no oyen ni entienden. En ellos se cumple lo que dijo el profeta Isaías: De oído oiréis, y no entenderéis; y viendo veréis, y no percibiréis"
(Mt. 13, 13-14).
Mientras haya luz en el mundo, es decir, mientras estemos a tiempo para convertirnos al mensaje de salvación, debemos aprovechar la ocasión de hacerlo,
así pues, no debemos esperar a ser ancianos para temer la llegada de la muerte, ni a que nuestra mente se embote por causa de la acumulación de problemas
que nos hagan infelices por ser incapaces de resolverlos para acercarnos a nuestro Padre común. No utilicemos al Señor como el remedio de nuestro dolor,
así pues, aunque él nos curará nuestras dolencias, es bueno que nos acerquemos a él por amor, sin tener en cuenta nuestras necesidades, pues, si le amamos,
él solventará nuestras carencias como premio a nuestro amor para con él.
4. Jesús hizo lodo con tierra y saliva y lo impuso sobre los ojos del ciego. Era necesario que aquel hombre hiciera acopio de su fe para ser sanado,
así pues, el gesto de lavarse los ojos en el estanque del enviado (traducción de Siloé), significaba su aprobación del milagro que Jesús empezó a operar
en él cuando le huntó el citado lodo en los ojos. El lodo significa nuestra imperfección, según consta en los Salmos: "él (Dios) conoce nuestra masa, se
acuerda de que somos barro" (Sal. 103, 14). Entiéndase el citado versículo de los Salmos a la luz de este otro versículo del Génesis: "Entonces Jehová
Dios formó al hombre del polvo de la tierra" (Gén. 2, 7).
5. En cada ocasión que Jesús hacía un milagro la gente reaccionaba de una forma diferente, así pues, unos se mostraban escépticos ante las evidencias
que significaban las obras que nuestro Señor llevaba a cabo, otros creían en Jesús, y otros decían que el Hijo de María estaba poseído por Satanás, lo
cuál explicaba el hecho de que él llevara a cabo las obras luciferinas con las que engañaba a sus víctimas. Muchos de los conocidos del ciego del Evangelio
de hoy se admiraban al ver que el que había pedido limosna durante un determinado número de años podía ver, pero otros se resistían a creer aquel hecho
porque ellos no creían que existían los prodigios divinos, o porque creían que el ciego había fingido carecer de visión durante toda su vida, o que aquel
otro hombre se parecía al invidente que ellos conocían. Todos estos puntos de vista reflejan la forma en que nosotros reaccionamos en cada ocasión que
de alguna manera aceptamos o negamos las evidencias de las obras que nuestro Señor lleva a cabo en nuestra vida y en el medio en que vivimos, así pues,
mientras que muchos consideramos que Dios se manifiesta en nuestra vida en cada instante de nuestra existencia por ejemplo concediéndonos el aire que necesitamos
para respirar, son muchos los que creen que en ello no se vislumbra la poderosa mano de Dios, porque nosotros estamos capacitados para hacer eso por nuestros
propios medios.
6. Los fariseos, bajo la dirección de los doctores o intérpretes de la Ley de Moisés y de Israel, instruían al pueblo en el conocimiento de los preceptos
divinos. Esos instructores se confundieron cuando el gran coprotagonista del Evangelio que estamos meditando les contó cómo Jesús le curó de su ceguera,
así pues, mientras unos condenaban la actuación del Mesías en día de precepto, otros discutían si aquel milagro había de ser considerado como una actuación
divina o satánica, porque el citado acto no fue realizado en un día laboral. En cierta ocasión en que Jesús le curó a un hombre su mano atrofiada, el Maestro
se encaró con los fariseos en los siguientes términos: "¿Está permitido el día festivo hacer el bien o el mal? ¿Salvar una vida o destruirla? Ellos callaron"
(Mc. 3, 4). Los fariseos guardaron silencio porque, si reconocían que en día de reposo era lícito el hecho de realizar curaciones, contradecían su disposición
legal que obligaba a los creyentes a no realizar curaciones en sábado, pero, si decían que no se debía curar a los enfermos en Shabbat, habían de afrontar
la reprobación del pueblo sediento de evidencias que le concienciaran de que Dios no se había olvidado de sus creyentes. Jesús no tenía la pretensión de
hacer que sus enemigos se vieran bloqueados ante semejante dilema, pues él quería conseguir que ellos entendieran su forma de pensar y proceder, y, por
ello, cumplieran la voluntad de nuestro Criador.
7. Los fariseos interrogaron al que había sido ciego con respecto a su naciente fe en Jesús con la intención de coaccionarlo para que odiara al Hijo
de María. Para hacer de su presión un acto lo suficientemente eficaz como para herir el espíritu de aquel hombre de forma que rechazara icpulsivamente
al que tenía por profeta en virtud del milagro que operó en él, interrogaron a sus padres, sin pensar que ellos, por miedo a ser expulsados de la sinagoga,
se desentendieron de responder con respecto a la curación de su hijo, alegando que él era adulto, y que por ello debía saber lo que le había sucedido.
¡Qué terrible es la tibieza¡.
8. Es impresionante la confesión que el que había sido ciego hizo ante Jesús cuando los fariseos le expulsaron de la Sinagoga por decir que Jesús había
sido enviado por Dios al mundo, alegando que nuestro Criador no escucha a los pecadores, es decir, que el todopoderoso no se manifiesta por medio de quienes
practican el mal con plena consciencia de que su forma de llevar a cabo sus obras es improcedente a los ojos de nuestro Padre común.
Oración de los fieles
V. Oremos, hermanos y hermanas, al Señor, que no desea la muerte del pecador, sino que se convierta y viva, y pidámosle que tenga misericordia de su
pueblo penitente: Respondemos a cada petición: Señor, ten piedad.
1. Para que Dios aumente la fe y fortalezca la voluntad de los que se preparan a recibir en estos días cuaresmales el sacramento de la penitencia y les
conceda un verdadero arrepentimiento de sus culpas, roguemos al Señor.
2. Para que el Señor abra la inteligencia y el corazón de los incrédulos, de manera que lleguen al conocimiento de la verdad y en la fe encuentren aquel
descanso que tanto desea su corazón, roguemos al Señor.
3. Para que Dios conceda su ayuda a los enfermos, a los pobres, a los que se sienten tentados y a todos aquellos que con su sufrimiento participan de
la cruz de Cristo, roguemos al Señor.
4. Para que todos nosotros perseveremos en el esfuerzo cuaresmal y lleguemos, purificados e iluminados, a las fiestas de Pascua que se acercan, roguemos
al Señor.
5. Añadir nuevas peticiones.
V. Dios nuestro, Padre de la luz, que conoces hasta lo más recóndito de nuestro corazón; no permitas que nos domine el poder de las tinieblas, antes
bien, abre nuestros ojos a la luz del Espíritu para que podamos ver a aquel que has enviado para iluminar al mundo y creamos únicamente en Jesucristo,
tu Hijo y Señor nuestro. Que vive y reina por los siglos de los siglos.
Liturgia eucarística
Oración sobre las ofrendas
Te presentamos, Señor, llenos de alegría, estas ofrendas para el sacrificio y pedimos tu ayuda para celebrarlo con fe sincera y ofrecerlo dignamente
por la salvación del mundo. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Prefacio
V. El Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.
V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.
V. En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
Porque Cristo nuestro Señor se dignó hacerse hombre para conducir al género humano, peregrino en tinieblas, al esplendor de la fe y a los que nacieron
esclavos del pecado, los hizo renacer por el bautismo y los transformó en hijos adoptivos del Padre. Por eso, Señor, todas tus criaturas en el cielo y
en la tierra te adoran cantando un cántico nuevo, y también nosotros, con los ángeles, te aclamamos por siempre diciendo: Santo, Santo, Santo...
Antífona de la Comunión
El Señor me puso lodo sobre los ojos. Yo fui a lavarme (Cfr. Jn. 9, 11).
Oración después de la Comunión
Dios nuestro, luz que alumbra a todo hombre que viene a este mundo, ilumina nuestros corazones con el resplandor de tu gracia, para que nuestros pensamientos
te sean agradables y te amemos con toda sinceridad. Por nuestro Señor Jesucristo.
Bendición solemne de Cuaresma
V. Dios, Padre misericordioso, os conceda a todos vosotros, como al hijo pródigo, el gozo de volver a la casa paterna.
R. Amén.
V. Cristo, modelo de oración y de vida, os guíe a la auténtica conversión del corazón, a través del camino de la Cuaresma.
R. Amén.
V. El Espíritu de sabiduría y de fortaleza os sostenga en la lucha contra el maligno, para que podáis celebrar con Cristo la victoria pascual.
R. Amén.
V. Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros.
R. Amén.
V. Podéis ir en paz.
R. Demos gracias a Dios.
Exhortación de despedida
Después de recibir a Jesús en la Eucaristía, volvamos a realizar nuestras actividades ordinarias, comprometiéndonos a aumentar nuestro tiempo de oración,
con el fin de prefarar la celebración de la Pasión, muerte y Resurrección de nuestro Señor.
Padre nuestro, escucha nuestra oración
El alimento espiritual
La tarde del Jueves Santo
Queridísimos hermanos y amigos:
La Semana Santa comienza el Domingo de Ramos en la Pasión del Señor con la procesión litúrgica de los ramos de olivo, hojas de laurel, u hojas de palmeras
o dátiles. Los días más fuertes de oración y meditación de la Palabra de Dios de la citada semana son: el Domingo de Ramos, la tarde-noche del Jueves al
Viernes Santo, y el llamado santo Triduo pascual, los últimos tres días de la semana, durante los cuales finaliza la Cuaresma y comienza el tiempo de Pascua
cuya duración es de cuarenta días. Los días comprendidos entre el Lunes y el Miércoles Santo, están consagrados a la prefaración de la conmemoración del
santo Triduo y el inicio del tiempo de Pascua.
Las celebraciones correspondientes al santo Triduo pascual comienzan en la tarde del Jueves Santo con la conmemoración de la última Cena de nuestro Hermano
y Señor Jesús con los Apóstoles. A pesar de que la citada celebración no es preceptual, pienso que la Eucaristía de la tarde del Jueves Santo es una de
las celebraciones más trascendentales del año litúrgico, ya que en tan solemne ocasión recordamos la institución del día del amor fraterno, y de los Sacramentos
de la Eucaristía y el Orden de los sacerdotes. En la citada celebración también se conmemora el nuevo Mandamiento del servicio mutuo o recíproco al leer
y meditar la lectura del lavatorio de los pies y el Mandamiento nuevo de Jesús (Jn. 13, 1-10. 34-35).
En lavatorio de los pies es recordado en algunas iglesias, ya que el celebrante principal lava los pies de doce de sus feligreses, los cuáles suelen
ser colaboradores de las parroquias o, si se da el caso, los doce Apóstoles que el día siguiente actuarán en la representación de la Pasión de Jesús. El
citado relato evangélico nos insta a servir a nuestros prójimos aunque estos no premien nuestro amor y caridad para con ellos, así pues, para llevar a
cabo el cumplimiento de la voluntad de Dios sin ceder a la tentación de la pereza, debemos dejarnos inspirar por el Espíritu Santo. No seamos como Pedro,
el Apóstol que se creía indigno de recibir las dádivas de su Rabbi, ya que Jesús es la vid, y nosotros somos los sarmientos que sin él somos improductivos
(Jn. 15, 1-5).
Aún falta mucho tiempo para celebrar el día del amor fraterno, pero, de igual forma que debemos conocer los textos que en esa ocasión meditaremos para
estar preparados para empezar la celebración de la Pascua con gran fervor, también es muy recomendable que ese día nos acordemos de la gran obra que Cáritas
está llevando a cabo con las personas más necesitadas. Vamos a intentar contribuir para que el Jueves Santo los más desfavorecidos puedan tener un poco
de comida y un hogar digno.
La hora santa
A las nueve de la noche del Jueves Santo, es conveniente que hayan concluido las celebraciones eucarísticas, para disponernos a conmemorar la hora durante
la cuál Jesús oró en el Cenáculo y se dirijió al huerto de Getsemaní. En Trigo de Dios nos haremos eco de cómo Jesús y sus Apóstoles vivieron esa hora
amarga una vez hayamos preparado la celebración de la citada Misa de la víspera del Triduo, que concluirá con la bajada de Jesús Eucaristía del Sagrario
al monumento que se le preparará en un lugar bastante visible, dándonos a conocer que Dios bajó de su trono para morir como el más miserable y desgraciado
de los hombres.
El pan de Dios
"Jesús entonces se dio cuenta de que pretendían llevárselo para hacerle rey, y se retiró de nuevo a la colina él solo (Jn. 6, 15).
"La verdad es que me buscáis no por los milagros que habéis visto, sino porque comísteis pan hasta saciaros" (Jn. 6, 26).
Es loable el hecho de que todos nos percatemos de que no podemos hacer nada sin Jesús, así pues, sin nuestro Hermano somos incapaces de satisfacer nuestras
carencias y las deficiencias de nuestros prójimos (Jn. 15, 1-5).
¿Cuál es la causa por la que nosotros asistimos a la Eucaristía dominical? ¿Por qué, cómo y cuándo rezamos? ¿Por qué nos acercamos a Jesús? ¿Nos acercamos
a nuestro Hermano porque le amamos? ¿Nos acercamos al Señor para que él nos solucione nuestros propios problemas y satisfaga las carencias que nos son
ajenas? ¿Nos acercamos a Jesús porque él ha multiplicado el pan y buscamos más el alimento material que nuestra saciedad espiritual?
¿Cómo reaccionaron los que buscaban a Jesús maravillados de su poder pensando que él podía aliviarlos del trabajo y el sufrimiento? "Maestro, ¿cuándo
llegaste aquí¿" (Jn. 6, 25). Nosotros solemos decir: Perdóname, Señor, porque no me di cuenta de que mis prójimos sufrían, no me percaté de que tengo muy
cerca de mí a personas que tienen carencias de toda índole... ¡Cómo nos gusta escondernos detrás de los muros de la pereza y la cobardía:. ¿Por qué no
hablamos en estos términos: Señor, ayúdame a convertirme a ti, quiero ser un instrumento útil en tus manos, quiero hacer lo que tú me digas que debo hacer...
Nos hemos encerrado en un triple entorno familiar, laboral y social. En este triple entorno tenemos millones de oportunidades de ser misioneros. Si queremos
ser felices independientemente de si deseamos o no aceptar la misión que Jesús nos ha encomendado, debemos tener en cuenta las siguientes palabras de Jesús:
"Ojalá no os preocupase tanto el alimento transitorio y os esforzáseis por conseguir el duradero, el que da vida eterna. Este es el alimento que os dará
el Hijo del hombre, a quien Dios Padre ha acreditado con el sello de su autoridad" (Jn. 6, 27).
¿Cómo podemos conseguir ese alimento espiritual del cuál nos habla Jesús asistiendo a la Eucaristía dominical sin faltar al Templo para no incumplir
la Ley del pecado que puede ser modificada indistintamente según las circunstancias que la determinen? Veamos lo que nos dice San Mateo al resfecto del
interrogante que nos estamos planteando: "Las Escrituras dicen: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra pronunciada por Dios" (Mt. 4, 4).
"Mi gracia te basta" (2 Cor. 4, 9) para trabajar para conseguir el pan que alimenta el cuerpo, el pan de la Palabra de Dios que alimenta el espíritu, y
el pan de la Eucaristía que te da la vida o Bienaventuranza eterna.
¿Tenemos que hacer algo para chantajear a Dios para que nuestro Padre nos conceda el alimento del Espíritu? ¡No¡. ¡Dios es todo gratuidad, pero es de
bien nacidos el ser agradecidos! (Jn. 6, 26-29).
(Jn. 6, 34-35). Jesús es nuestro alimento espiritual, la fuerza que necesitamos para vivir, el ímpetu que nos es necesario para vencer dificultades,
la empatía que hace posible que nos entendamos con nuestros prójimos y cumplamos la voluntad de Dios. Hermanos, Jesús es el todo de todos los que creemos
en él.
Homilía del Jueves Santo del 2004, publicada por José Portillo Pérez en la edición número 39 de Escucha mi voz
1. De la misma forma que nuestro Santo Padre y Dios designó a Moisés para que librara a sus hermanos de la raza hebrea de la esclavitud a la que los
sometieron los ejipcios durante 450 años, nuestro Padre común quiso que su Hijo muriera crucificado para ayudarnos a confrontar las enfermedades y los
errores que cometemos, y para concedernos la vida eterna después de santificarnos previamente haciéndonos inmunes al sufrimiento. Dios puede curar todas
nuestras enfermedades, pero, antes de restablecernos la salud, nuestro Santo Padre procurará ayudarnos a confrontar nuestro estado actual a través de la
vivencia de los acontecimientos que constituyen nuestra vida ordinaria. De la misma manera que el ángel exterminador atravesó el país de Egipto en la primera
noche de Pascua segando la vida de los primogénitos de los hombres y los animales, nosotros actualmente estamos sometidos a una serie de circunstancias
que paradójicamente pueden contribuir a herirnos o a convertirnos en grandes cristianos posibilitados para darle a nuestra vida un sentido muy especial.
2. Considero que la Iglesia debería preceptualizar la Eucaristía Vespertina del Jueves Santo porque hoy conmemoramos la institución del Orden de los
sacerdotes y la Eucaristía. Ante Dios todos somos iguales, pero pienso que la Iglesia no sería lo que es si entre nosotros no hubiera personas que se hubieran
consagrado exclusivamente a Dios. Por su amor, por su oración y la gran cantidad de horas que dedican a su trabajo, los sacerdotes y los demás religiosos
consagrados se han convertido en el alma de la Iglesia, y nosotros debemos darles las gracias por el gran esfuerzo que han llevado a cabo para darnos a
conocer la Palabra de Dios sin exijirnos nada a cambio de hacernos partícipes de su sabiduría elemental.
Para mí Jesús es sacerdote entregado y laico afanado en cumplir la voluntad de nuestro Padre y Dios al mismo tiempo. San Juan nos cuenta en el Evangelio
de hoy parte de los sucesos que acontecieron en la última Cena de Jesús con sus discípulos antes de que Judas traicionara a nuestro Señor en el huerto
de los Olivos. El Apóstol nos dice: "Era la víspera de Pascua. Jesús sabía que le había llegado la hora de dejar este mundo para ir al Padre. Y él, que
había amado siempre a los suyos que estaban en el mundo, llevó su amor hasta el fin (Jn. 13, 1). Nuestro Jesús no llevó su amor solamente hasta el extremo
de dejarse crucificar para enseñarnos que el dolor es soportable con voluntad, constancia y fortaleza, así pues, Jesús se sigue dejando asesinar para resucitar
y hacerse comulgar por nosotros en cada ocasión que celebramos la Eucaristía. Yo no soy fanático, pero no sé cómo quienes aceptan esta verdad sin admitir
dudas al respecto son capaces de asistir a la Eucaristía negándose a abrirle su corazón a nuestro Hermano mayor que nos ama generosamente sin que el egoísmo
abarque su corazón. Jesús no nos pide nada a pesar de que podemos beneficiar a nuestros prójimos para agradecerle su amor, pero él se nos da sin tapujos
en cada ocasión que celebramos el Sacramento del amor y la unidad. Cuando celebramos la Eucaristía Jesús no nos da una parte de su tiempo, el Señor no
nos da unas monedas para cumplir con Dios alardeando de farisea misericordia, él se nos da en cuerpo y alma, él da su vida por mí, por ti (señalar a algunas
personas)... Jesús muere y resucita por nosotros en cada ocasión que celebramos la Eucaristía.
3. ¿Qué podemos hacer nosotros para agradecerle a nuestro Señor el don de la Eucaristía? San Juan responde esta pregunta enseñándonos las siguientes
palabras de Jesús: "Os doy un mandamiento nuevo: Amaos unos a otros; como yo os he amado, así también amaos los unos a los otros. Vuestro amor mutuo será
el distintivo por el que todo el mundo os reconocerá como discípulos míos" (Jn. 13, 34-35). Hoy celebramos el Mandamiento nuevo que hemos recibido de Jesús.
Los Mandamientos del Decálogo se resumen perfectamente en la vivencia y aplicación de este mandato del Señor, si consideramos a Dios como nuestro prójimo
principal. Jesús nos dice que nos amemos como él nos ha amado porque el amor mutuo es el distintivo que ha de identificarnos para que los que no creen
en Dios nos conozcan. Creo que deberíamos examinar nuestro corazón para ver si el amor mutuo es el distintivo que hace que los cristianos marquemos la
diferencia en una sociedad que cada día se caracteriza más por la imposición de unos valores que contribuyen a convertirnos en personas solitarias incapaces
de imitar a Jesús de Nazaret en su entrega personal a Dios y a nosotros.
Jesús les lavó los pies a sus discípulos para enseñarnos a estar dispuestos a satisfacer nuestras necesidades y las carencias de nuestros familiares,
amigos, compañeros de trabajo y otros que conocemos. En aquel tiempo los siervos o esclavos les lavaban los pies a sus señores humillándose ante los mismos.
Jesús les lavó los pies a sus amigos sin sentirse humillado, pensando en el gran amor que les estaba dispensando. Con su voluntad inquebrantable, nuestro
Señor se eucaristizó por primera vez para que sus compañeros de peregrinación le comulgaran. Recordad, hermanos, que en cada ocasión que celebremos la
Eucaristía Cristo morirá por nosotros porque nuestra vida se consume lentamente, pero es importante que Cristo resucite para nosotros en cada ocasión que
muere porque Dios nos ha llamado a su presencia y quiere que seamos santos.
4. ¿Quienes pueden celebrar la Eucaristía? Dios nos ama a todos pero, como es de bien nacidos el ser agradecidos, el Salmista responde la pregunta que
nos hemos hecho en estos términos (Cf. Sal. 15). A nosotros no nos es fácil actuar como perfectos hijos de Dios, es esta la causa por la que nuestro Señor
Jesús desea que nos preparemos para recibirle en la Eucaristía. Jesús conoce nuestra debilidad, por eso en cierta ocasión pronunció las siguientes palabras:
"Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí, jamás tendrá hambre; el que cree en mí, jamás tendrá sed" (Jn. 6, 35). Jesús nos acaba de decir que si le
comulgamos al celebrar la Eucaristía podremos vencer nuestra adversidad al permitirle que nos purifique según la fe que le manifestemos. El Espíritu Santo
no puede convertirnos en santos perfectos si nosotros no le permitimos que actúe en nuestra vida. Jesús Eucaristía no es un alimento mágico que nos impide
tener dificultades, sino el alimento vital que nos ayuda a superar nuestro dolor si tenemos fe en él. Jesús Eucaristía es un don tan grande e inefable
para nosotros que nuestro Señor nos invita a que seamos un pan especial para nuestros prójimos, un alimento espiritual que ayude a nuestros seres queridos
a crecer espiritualmente. Cuando el niño San Tarsicio fue sorprendido por unos niños paganos con la Eucaristía entre sus ropas porque él quería que Jesús
Sacramentado consolara a los cristianos presos lo apalearon hasta asesinarlo, pero Jesús Eucaristía no fue herido, pues un soldado cristiano que no pudo
evitar el fallecimiento del joven santo pudo salvar a Jesús, por consiguiente, él tuvo el privilegio que ni siquiera le fue concedido a nuestra Santa Madre
el primer Viernes Santo de impedir la muerte de nuestro Señor. Nosotros no sabemos cómo se eucaristiza nuestro Señor, pero por esto no ignoramos que las
especies sacramentales se transubstancian en Jesús.
¿Por qué comulgamos? ¿Qué importancia tiene el hecho de comulgar con cierta frecuencia? Jesús decía: "Yo soy el pan de la vida" (Jn. 6, 48). Si creemos
que Jesús es nuestro manjar espiritual no debemos asistir a la celebración de la Eucaristía con una expresión de tedio dibujada en nuestro rostro. Esta
meditación me hace recordar los años en que ayudé a un ex sacerdote de la parroquia de San José de Nazaret de Cajiz (Málaga) proclamando las lecturas eucarísticas
y la gente me decía: "La Misa es un aburrimiento, el cura siempre dice lo mismo...". Quienes se aburren al asistir a la Eucaristía no sienten que Jesús
vive en ellos cuando comulgan. Yo asisto a la Eucaristía y estoy impaciente por recibir a mi Jesús en mi corazón porque él es mi Dios, mi todo, por consiguiente,
San Pablo les escribió a los Gálatas: "Ya no soy yo quien vive, es Cristo quien vive en mí. Mi vida en este mundo consiste en creer en el Hijo de Dios,
que me amó y entregó su vida por mí" (Gál. 2, 20).
Si según constato que mi fe es aumentada por Dios puedo comprobar que Jesús vive en mí porque él se ha manifestado en mi vida, amaré a mis prójimos mediante
la ejecución de obras y pronunciando palabras de gran profundidad espiritual porque los buenos cristianos no podemos decirle no a la voluntad de Dios que
se cumple en nosotros porque así lo queremos. ¡Mirad qué palabras tan vonitas nos transmitió San Juan¡: "Obras son amores y no buenas razones" (1 Jn. 3,
18). San Juan nos dice verdades como puños. "El que ama es hijo de Dios y conoce a Dios (1 Jn. 4, 7). "Nosotros hemos visto y testificamos que el Padre
ha enviado a su Hijo para salvar al mundo" (1 Jn. 4, 14). "Amemos nosotros a Dios porque él nos amó primero" (1 Jn. 4, 19).
5. Jesús se eucaristizó después de lavarles los pies a sus discípulos para que ellos aprendieran el don del ejercicio del servicio recíproco sin reservas.
San Juan nos dice en el Evangelio de hoy que Pedro no quería que Jesús le lavara los pies para hacer constar su indignidad, pero Jesús le contestó que
nosotros debemos dejarnos ayudar por él para no inutilizar su sacrificio en la cruz. Si nuestro Señor murió por nosotros y para nosotros, lo menos que
podemos hacer es creer en nuestro hermano mayor aunque no podamos comprender plenamente sus palabras y su forma de actuar. Quizá nos cuesta un gran esfuerzo
comprender cómo nuestro Señor podía vivir épocas de gran carestía, nos cuesta creer que él prescindía de dinero, es increíble constatar cómo él desechaba
esas seguridades y respetos humanos sin las que nuestra vida material carece de sentido, pero no por ello debemos olvidar que Jesús se jugó su ser por
nosotros aquel Viernes Santo cuando confió en que la bondad humana es más fuerte que nuestros miedos, depresiones, errores, cobardías y pecados.
6. Cuando finalicemos esta celebración Jesús no se quedará en el Sagrario, así pues, nuestro Señor será expuesto en el monumento que a tal efecto le
hemos preparado para que podamos acompañar a Juan, Santiago y Pedro cuando velen en Getsemaní mientras que Jesús orará a solas con Dios con los ojos llenos
de lágrimas y sudando grandes gotas de sangre. ¿Permitiremos que Jesús viva su agonía sin que le manifestemos nuestro amor? ¿Permitiremos que nuestro Señor
se encuentre sólo cuando hable con el Padre? ¿Permitiremos que nuestros prójimos se sientan incomprendidos cuando no entendamos su forma de expresarse
o su modo de proceder? Asistid a la agonía del Señor en el huerto de los Olivos, acompañad a Jesús en el principio de su Pasión según nos invita la Iglesia
que hagamos en la celebración de la hora santa que tendrá lugar esta noche en nuestra iglesia a las... (hora de la celebración).
Jesús crucificado
El próximo Viernes Santo llevaremos a cabo una campaña de oración ante Jesús crucificado. Los participantes del citado evento deberán enviarme las oraciones
que recitarían ante nuestro Señor crucificado a:
jpp123@telefonica.net
en el cuerpo de un e-mail o en formato de word para que yo las pueda insertar en la edición de Padre nuestro correspondiente a la celebración de la Pasión
del Señor. Podéis enviarme a la citada dirección todas las dudas que tengáis al respecto de la citada campaña, con el fin de fomentar vuestra participación
en la misma.
Creado por trigodedios | 0 comentarios | 26/03/07 03:21
Comentarios
Más en Mundo Ocio
Servicios Recomendados
¡Atención, jugadores! Los juegos online de Geomundos se actualizan constantemente, y también te los puedes descargar a tu PC para jugar offline.
¿Conoces el chat con perfiles?
Ahora puedes ver la cara de con quién hablas, agregarlos a tu agenda y enviarles mensajes incluso cuando no están conectados.
¿Conoces los puntos Geomundos? Gana puntos por jugar, hacer encuestas, registrarte, comprar online... ¡Y canjéalos por cualquiera de los más de 100 regalos disponibles!
¿Tienes algo que contar? Publica tus textos, fotos, enlaces… Es fácil y divertido. ¡Disfruta viendo subir tu contador de visitas!
¿Qué pasa en el mundo ahora mismo? Consulta los titulares de los principales medios de comunicación de un vistazo.
¡Consíguelo gratis!
Chatcam Conceptronics¡Una webcam que incluye micrófono, leds para chatear incluso cuando hay poca...
Gana regalos por jugar, hacer encuestas, registrarte en portales y con tus compras online...
