TRIGO DE DIOS
Domingo IV de Adviento, ciclo a. en TRIGO DE DIOS
Domingo IV de Adviento, ciclo a.
Seguimos preparándonos para celebrar la Navidad.
Padre nuestro
Domingo, 19-12-2004, Domingo IV de Adviento
Edición número 5
En esta edición de Padre nuestro encontraréis los siguientes contenidos:
-Sagrarios vivos. Cita de las lecturas eucarísticas, oraciones y homilía dominical.
-Padre nuestro, escucha nuestra oración. Padres, catequistas, en nombre de Cristo Jesús, no permitáis que vuestros grupos de niños y adultos se disuelvan durante las vacaciones de Navidad.
-La Navidad en Padre nuestro.
Sagrarios vivos
Por José Portillo
Domingo IV de Adviento
Antífona de entrada:
Destilad, cielos, el rocío, y que las nubes lluevan al justo; que la tierra se abra y haga germinar al salvador (Is. 45, 8).
Saludo inicial del celebrante:
El Señor, que viene a salvarnos, esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.
Durante el tiempo de Adviento no recitamos el Gloria. Con el gesto de omitir tan bella oración elevamos al cielo nuestro espíritu penitente que espera ansioso que Jesucristo se nos manifieste en sus dos venidas.
Monición de entrada:
El Adviento constituye un camino difícil de recorrer para nosotros, de hecho, este periodo litúrgico que finalizaremos el próximo viernes, es semejante a un monte que escalamos, cuya cima es muy difícil de alcanzar. Como el próximo día 24 finaliza este periodo en el que nos estamos esforzando para ser mejores personas cristianas, es conveniente que, durante los próximos días, examinemos nuestra vida, nuestras palabras, nuestra conducta, para ver si se ha operado en nosotros la conversión que San Juan Bautista nos predicó en el Evangelio del pasado día 5, Domingo II de Adviento (Cf. Mt. 3, 1-12).
¿Estamos preparados para recibir a Jesús en su primera venida a nuestro entorno social? ¿Hemos dispuesto nuestro corazón a recibir al Señor en su Parusía aceptando el compromiso diario de perfeccionarnos a lo largo de nuestra vida por la acción santificadora del Espíritu Santo que nos infunde la gracia de Dios?
Dispongámonos a celebrar este encuentro de Dios con los hombres del último Domingo del tiempo de Adviento, y hagamos lo posible por llegar a la Navidad con más fe de la que empezamos a conmemorar la preparación de la Natividad el pasado 28 de noviembre, con más ganas de servir a Dios en nosotros y en nuestros prójimos, con más ganas de vivir, y más ánimo para vencer la tristeza que puede poseer nuestro corazón temporalmente. Para confirmar nuestro deseo de alcanzar tales propósitos, vamos a pedirle a Dios perdón por causa de nuestras debilidades, para que él aumente nuestra fe y nos sintamos ayudados por su divina gracia de modo que así nos sintamos capacitados para lograr lo que nos hemos propuesto.
Oración colecta:
Derrama, Señor, tu gracia sobre nosotros, que hemos conocido por el anuncio del ángel la encarnación de tu Hijo, para que lleguemos, por su pasión y su cruz, a la gloria de la resurrección. Por nuestro Señor Jesucristo.
Liturgia de la Palabra
Lecturas:
1. He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo (Is. 7, 10-14). La Cristología es la ciencia moral que consiste en aplicarle a Jesús todos los anuncios proféticos que fueron hechos en su debido tiempo con respecto a él y a los más trascendentales personajes del Antiguo Testamento. Sírvanos de ejemplo para afianzar esta meditación el Rey David, el cuál es comparado con Jesús, su heredero. David simbolizó al Señor Jesús. La profecía de Isaías que constituye la lectura que será proclamada a continuación nos hace conocer el anuncio del nacimiento virginal de Cristo Jesús después de cumplirse el noveno mes de su encarnación en María Inmaculada.
2. Va a entrar el Señor, él es el Rey de la gloria (Sal. 23, 1-2. 3-4 a. 5-6. R.: Cf. 7 c y 10 b). Nos gozamos del anuncio profético que hemos oído durante la proclamación de la primera lectura entonando o recitando un fragmento del Salmo 23, con el doble objetivo de agradecerle a Dios la misericordia que ha derramado sobre nosotros, e intentar concienciarnos que es de bien nacidos el ser agradecidos, lo cuál se traduce en la pureza y las obras de santidad que han de colmar nuestra vivencia cristiana, sobre todo en estos días en que nos preparamos para recibir al Mesías en su doble advenimiento.
3. Jesucristo, nuestro Señor, Hijo de Dios, nació del linaje de David (Rom. 1, 1-7). En el extracto de la Carta a los cristianos de Roma que constituye la segunda lectura correspondiente a la Eucaristía del Domingo IV de Adviento, Pablo de Tarso, el Apóstol de quienes eran discípulos de Jesús y no eran judíos (gentiles), nos exhorta a que imitemos su ejemplo de evangelizador nato. Recordemos que, antes de convertirse a la Buena Nueva del Reino de Dios, nuestro Santo era fariseo, y se dedicaba a perseguir a los miembros de la primitiva Iglesia de Jerusalén, pero Cristo cambió su forma de proceder cuando él se dirigía a Damasco con la intención de encarcelar y torturar a los propagadores de nuestra fe actual. Imitemos a Pablo dejando que Dios influya en nuestra vida y nos transforme de manera que podamos cumplir fielmente su voluntad sin torcernos un ápice del sendero que él nos ha marcado.
4. Aleluya, Aleluya. He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán el nombre de Emmanuel, que quiere decir Dios con nosotros (Mt. 1, 23). Dispongamos nuestro corazón a oír el relato del nacimiento de Jesús que podemos encontrar en el capítulo 1 del Evangelio del Apóstol San Mateo. Pidámosle a Dios que la meditación del Evangelio de hoy se convierta en una luminaria viva que encienda nuestro corazón, y nos haga arder en nuestro pecho el deseo de celebrar la Natividad de nuestro querido Jesús.
5. Jesús nació de María, desposada con José, hijo de David (Mt. 1, 18-24). Recordemos el relato de la Anunciación, la misteriosa visita del Arcángel San Gabriel a María Inmaculada, aquel sí que cambió el curso de nuestra Historia cuando brotó de los labios de María con la pureza y sencillez que anhelamos con todo nuestro corazón, nuestra mente, nuestra fuerza y nuestro deseo de ser santos. Recordemos también las dudas de José, el viaje forzado de María a los montes de Judea para esconderse de sus enemigos en la casa de los padres de San Juan Bautista. Con estos recuerdos extraídos de los Evangelios de las celebraciones de Adviento que hemos vivido intensamente, escuchemos atentamente el relato de la Natividad de Jesús, que San Mateo nos narra resumidamente en su Evangelio.
Homilía:
1. Todos los años, a través de los diferentes ciclos litúrgicos que conmemoramos los episodios más relevantes de la vida de Jesús, recordamos prácticamente los mismos pasajes evangélicos que se adhieren a nuestra pretensión de hacer que el mayor número de personas posible, a través de explicaciones sencillas y profundas, conozca las verdades fundamentales de nuestra fe cristiana y católica. Desgraciadamente, por causa de nuestra carencia de fe, podemos caer en una rutina incómoda, al leer, todos los años, los mismos textos, en las mismas fechas. Si nos sucede esto, ello indica que aún no hemos avanzado apenas en nuestro camino de conversión aunque le hayamos pedido ayuda a Dios, pues una cosa es orar con una fe superficial para que nuestro Padre común nos inculque sus verdades, y otra cosa, muy diferente, es informarnos, a través de la Biblia, el Catecismo de la Iglesia, las Encíclicas papales, los textos que conservamos de los Padres de la Iglesia, y otros documentos de
un valor incalculable, del mensaje que el Señor desea transmitirnos, y la forma según la cuál el Dios Trinidad desea que enfoquemos nuestra vida al cumplimiento de su voluntad. Cuando yo ejercía como catequista de niños y adultos, les decía a quienes se acercaban a mí que leyeran la Palabra de Dios escenificando en sus mentes todo lo que podían entresacar de los textos sagrados, algo así como si estuvieran viendo una película en vez de encontrarse leyendo un libro. Cometemos un gran error si leemos el Evangelio como si este fuera una serie de artículos de prensa, pues es necesario que leamos con gran interés y ansias de aprender los pensamientos que Dios nos sugiere en cada ocasión que leemos atentamente su Palabra. El próximo día 27 celebraremos la fiesta de San Juan Apóstol y Evangelista. Sería un gesto maravilloso por nuestra parte el hecho de proponernos, durante las próximas fiestas, leer algunos episodios evangélicos, al menos los 2 primeros capítulos de los Evangelios
de San Mateo y San Lucas, y, en el caso de que nos surjan dudas, podemos escribirles pidiéndoles ayuda a los moderadores de las comunidades cybernéticas a las que pertenecemos, o podemos servirnos también de nuestros catequistas, religiosos y sacerdotes, pues todos nosotros vivimos consagrados a Dios, según la vocación que el Espíritu Santo ha creído más conveniente infundirnos en el corazón en atención a nuestra salvación.
2. El Evangelio de hoy está contenido entre los versículos 18 y 24 del capítulo 1 del Evangelio de San Mateo. San Mateo no perseguía a los cristianos como lo hacía Pablo de Tarso, pero él era recaudador de impuestos, trabajaba para los romanos, y, por ello, quizá era ladrón, y les exigía a los pobres más dinero del que le pedían las autoridades, para amasarse una fortuna respetable. La vida del citado Apóstol cambió bruscamente cuando Jesús, manifestándole su afecto, le pidió que le siguiera, sin ni siquiera haberse cuestionado el hecho de que Mateo era un desconocido para él, por consiguiente, muchos tenemos la experiencia de que no podemos fiarnos ni de muchos de nuestros conocidos. Al Apóstol Mateo o Leví, le bastó la manifestación del afecto que necesitaba por parte del Mesías, para dejar que el Señor transformara su vida. ¿Somos fieles discípulos de Cristo Jesús? ¿Qué circunstancias nos apartan del seguimiento de nuestro querido Señor? ¿Qué podemos hacer para aumentar
nuestra fe y motivarnos más a cumplir la voluntad de nuestro Padre común al ser fieles seguidores de nuestro Maestro?
3. En el Evangelio de hoy, Mateo nos dice que María le había sido prometida en matrimonio a José, un artesano descendiente de la dinastía davídica, por su padre Joaquín. Según leímos en el Evangelio de la Inmaculada Concepción de María (Cf. Lc. 1, 26-38), la joven nazaretana concibió a Jesús por obra y gracia del Espíritu Santo, gracias a su libre aceptación del cumplimiento consciente de la voluntad de aquel que la eligió para que fuera su Madre. En Israel había muchas chicas mejor preparadas en el campo de la espiritualidad para concebir al enviado de Dios en sus entrañas, así pues, ¿cómo podría José creer que un ángel había hecho posible que el Mesías fuera engendrado en el seno virginal de su prometida? A él le era más fácil creer que su futura mujer le había sido infiel. José consultó lo que le había sucedido con un anciano sacerdote, el cuál le dijo que, para extirpar el adulterio de las mujeres de Israel, la Ley mosaica le obligaba a enterrar a su prometida hasta el
cuello, después de haber convocado a todos los vecinos de Nazaret para que la apedrearan, siendo él el primero que tenía que tirarle una piedra al corazón para acortar su sufrimiento. María era una chica diferente a las demás. Ella no era rebelde, y muchos hombres envidiaban la sumisión con que ella obedecía y sufría cuando no estaba de acuerdo con las decisiones que tomaban su padre y su marido. ¿Cómo podía José concebir el supuesto adulterio de su futura mujer? Por otra parte, ¿por qué había escogido Dios a una chica que apenas tenía recursos para vivir para que en ella se encarnara su enviado? ¿Por qué no hizo Dios que su Mesías naciera entre quienes eran considerados puros por causa de sus múltiples riquezas? Según vimos en el Evangelio del Domingo III de Adviento (Cf. Lc. 1, 39-56), Joaquín y José tomaron la decisión de enviar a María a casa de Zacarías y de Elisabeth, mientras que José pensaba lo que iba a hacer con ella, pues, aunque quería evitar los rumores de quienes
conocían los hechos relacionados con su angustia, amaba a María demasiado como para deshacerse de ella. En un momento de desesperación, el carpintero tomó la decisión de alejarse de su prometida secretamente, para que sus convecinos fueran olvidando su compromiso matrimonial.
4. Siempre que nos acaece algún hecho que nos bloquea mentalmente o nos obliga a elegir entre dos opciones diferentes, antes de proporcionarnos el remedio de esos problemas, Dios permanece en silencio, hasta que prueba la profundidad con que sus virtudes se hacen constar en nuestra forma de proceder. Esto fue precisamente lo que le sucedió a José, cuando decidió no responsabilizarse de María, atendiendo más a su orgullo varonil que se sentía traicionado que a la amargura de María, que, sabiendo sobradamente que no le había sido infiel a su marido, no sabía cuál era la forma de abrirle los ojos al futuro Patrón de la Iglesia Universal. Cuando Dios comprobó la bondad y la fe de José, hizo que un ángel, a través de un sueño, le revelara que el Hijo de María había sido engendrado en ella por el Espíritu Santo, lo cuál le confirmaba la fidelidad de ella, por lo que él empezó a olvidarse de su orgullo herido, y empezó a aceptar a María, haciendo que el amor superara a su
soberbia.
5. José aceptó a María y curó su herida con el paso del tiempo. Es importante que le prestemos atención a la misión que Dios le impuso a Jesús, pues, según el Evangelista, el Mesías vino al mundo para salvarnos de nuestros pecados, los actos que cometemos deliberadamente aun sabiendo el daño que les causamos a nuestras víctimas. Jesús también vino a curarnos de nuestras enfermedades a través de la ciencia y por su propia mano cuando venga nuevamente a nuestro encuentro el día de su segunda venida. El día de la Parusía del Señor, Jesús también nos librará de la muerte eterna. Cuando resucitemos el día de la Parusía de Cristo, no moriremos más.
Vamos a concluir esta meditación pidiéndole a nuestro Padre común que los ejemplos de Isaías, San Juan Bautista, Elisabeth, Zacarías, María, José, Mateo, y Pablo, nos sirvan para aumentar nuestra fe, de forma que nos sintamos evocados a profundizar en nuestros conocimientos de las verdades divinas.
Oración de los fieles
V. Pidamos, hermanos y hermanas, el auxilio del Señor, para que, apiadado del pobre y del oprimido, venga a salvar al mundo de sus males. Respondemos a cada petición o intención: Ven, Señor, a liberarnos.
1. Para que todos los fieles se dispongan a recibir a Cristo como lo recibió María, y, como ella, conserven y mediten sus palabras en su corazón, roguemos al Señor.
2. Para que aquellos hermanos nuestros que han abandonado las prácticas cristianas, pero acudirán a la Iglesia en las próximas fiestas de Navidad, descubran la buena noticia del Evangelio, no como un rayo fugaz en la noche, sino como luz permanente que ilumina y alegra toda la vida, roguemos al Señor.
3. Para que las fiestas del nacimiento del Señor alejen las tinieblas de quienes viven sumergidos en dudas e incertidumbres, y colme los deseos de quienes se sienten descorazonados y tristes, roguemos al Señor.
4. Para que el nacimiento de Cristo nos ayude a renunciar a los deseos mundanos que son contrarios a nuestra fe universal, y a vivir sobria y honradamente esperando la aparición definitiva de Cristo, roguemos al Señor.
5. Añadir nuevas peticiones.
V. Señor Dios, que has mostrado tu gratitud y la fuerza de tu amor eligiendo las entrañas purísimas de María para revestir de carne mortal a tu Hijo; escucha nuestras plegarias y haz que nosotros también sepamos acoger y engendrar espiritualmente tu Verbo, escuchando tu palabra y obedeciendo en la fe. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Liturgia eucarística
Oración sobre las ofrendas:
Que el mismo Espíritu que cubrió con su sombra y fecundó con su poder el seno de la Virgen María, santifique, Señor, estas ofrendas que hemos depositado sobre tu altar. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Prefacio
V. El Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.
V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.
V. En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo nuestro Señor. A quien todos los profetas anunciaron y la Virgen esperó con inefable amor de madre; Juan lo proclamó ya próximo y lo señaló después entre los hombres. él es quien nos concede ahora prepararnos con alegría al misterio de su nacimiento, para encontrarnos así cuando llegue, velando en oración y cantando su alabanza. Por eso, con los ángeles y los arcángeles y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria. Santo, Santo, Santo...
Antífona de la Comunión:
He aquí que la Virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel que quiere decir Dios con nosotros (Is. 7, 14).
Oración después de la Comunión:
Tú que nos has dado en este Sacramento la prenda de nuestra salvación, concédenos, Padre todopoderoso, prepararnos cada día con mayor fervor para celebrar dignamente el nacimiento de tu Hijo, que vive y reina por los siglos de los siglos.
Bendición solemne de Adviento:
V. Que Dios omnipotente y misericordioso os santifique con la celebración de este Adviento y os llene de sus bendiciones, ya que creéis que Cristo vino al mundo y esperáis su retorno glorioso.
R. Amén.
V. Que durante toda la vida os conceda permanecer firmes en la fe, alegres en la esperanza y eficaces en la caridad.
R. Amén.
V. Que os enriquezca con los premios eternos cuando venga de nuevo en la majestad de su gloria aquel de cuya encarnación, llenos de fe, os alegráis ahora.
R. Amén.
V. Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo, y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros.
R. Amén.
V. Podéis ir en paz.
R. Demos gracias al Señor.
Exhortación de despedida:
Durante las tres últimas semanas nos hemos esforzado para recibir a Jesús en sus dos venidas. Faltan cinco días para que conmemoremos la Natividad del Señor, un acontecimiento trascendental de nuestra fe que nos recordará la primera venida de Cristo y significará la Parusía de nuestro Señor que acontecerá al final de los tiempos.
Después de recibir a Jesús en la Eucaristía, dispongámonos a salir del templo haciendo el compromiso de aumentar nuestra preparación y la formación de quienes nos rodean, para que todos juntos podamos gloriarnos al celebrar el Nacimiento de Jesús, que tendrá lugar a las 12 de la noche del próximo día 25, por lo cuál nos reuniremos en esta casa de oración para celebrar la Eucaristía y agradecerle al Señor su amor.
Padre nuestro, escucha nuestra oración
Padres, catequistas, en nombre de Cristo Jesús, no permitáis que vuestros grupos de niños y adultos se disuelvan durante las vacaciones de Navidad.
Desgraciadamente la Navidad se ha convertido en una sucesión de fiestas paganas muy tentadoras que pueden incitarnos con una facilidad extrema a olvidarnos de los motivos religiosos que celebraremos a partir del día 25 hasta el Domingo siguiente a la Epifanía del Señor. Siempre que disfrutamos de un periodo vacacional intentamos salir de la rutina que envuelve nuestra vida, pero ello no significa que hemos de dejar de relacionarnos con el Señor. Dios no deja de cuidarnos nunca, es esta la causa por la que nosotros, para agradecerle todo lo que ha hecho en nuestro beneficio, tenemos que seguir instruyéndonos en el conocimiento de su Palabra, y dándole el culto de latría o adoración que sólo a él se le debe rendir.
Sería de gran provecho para todos nosotros el hecho de intentar adaptar las lecturas características de la Navidad convirtiéndolas en escenificaciones teatrales para que los niños las lean en un lenguaje sencillo y claro, para que ellos empiecen a sentir que Dios está con ellos, y que, por lo tanto, la virtud de la religión no nos atañe únicamente a los adultos.
Os ruego a quienes viviréis periodos vacacionales durante la Navidad que, en los lugares en que estéis, celebréis la Eucaristía. Intentad averiguar los horarios destinados a rendirle culto a Dios de las iglesias más cercanas a vuestras residencias. Servíos, para ello, de las hojas dominicales que publican muchas Diócesis y parroquias, y del directorio mundial de horarios de Misas que podéis consultar en:
http://www.misas.org
Celebremos el Nacimiento del Emmanuel sin olvidar la fe, la esperanza y la caridad que nuestra Santa Madre Iglesia nos ha inculcado durante la celebración del Adviento.
La Navidad en Padre nuestro
Estos son los boletines que publicaré en la web de Padre nuestro con motivo de las celebraciones navideñas:
Todas las ediciones, con la ayuda de Dios, serán publicadas en la web de Padre nuestro
http://www.egrupos.net/grupo/padrenuestro
con suficiente antelación para que os sirváis de las mismas los catequistas que las utilizáis para inculcarles a los niños y a los adultos que constituyen vuestros grupos de meditación la Palabra para que podáis preparar vuestras charlas y oraciones con el tiempo que necesitéis para ello. Estas ediciones serán publicadas en los foros que promocionan Padre nuestro aproximadamente dos días antes de cada conmemoración.
-Edición número 6. Esta edición estará dedicada a la conmemoración de la cena navideña y a la Misa del Gallo. Soy consciente de que a la Eucaristía de la media noche del 25 de diciembre asistirán muchos hermanos nuestros que han dejado de ser católicos practicantes, así pues, para que ellos se adapten con facilidad a la celebración, os facilitaré una guía para que ellos participen activamente en la Misa, como si asistieran a la celebración de la Eucaristía diariamente.
-Edición número 7. En esta edición podréis encontrar información sobre la Eucaristía del día de Navidad, en la que recordaremos la vida y la obra redentora de nuestro Señor.
Edición número 8. Esta edición nos servirá para preparar la Eucaristía del día 26, pues, en esa ocasión, celebraremos a la Sagrada Familia, intentando que los miembros de la primera Iglesia doméstica nos sirvan de ejemplo a quienes somos peregrinos y caminamos hacia un Reino que aún no ha sido instituido plenamente.
-Edición número 9. En esta edición encontraremos pistas para celebrar la primera Eucaristía del año 2005, en la que tendremos presente a Santa María, Madre de Dios, la celebración de la paz mundial, la circuncisión del Mesías, su ofrecimiento o consagración a Dios, y otros motivos.
Edición número 10. En esta edición nos prepararemos a celebrar la Eucaristía del Domingo II de Navidad.
-Edición número 11. En esta edición encontraremos pistas para celebrar la Epifanía del Señor.
-Edición número 12. En esta edición concluiremos la celebración de la Navidad, celebrando el bautismo de Jesús.
Como comprenderéis, sería muy agradable para mí que me ayudéis a confeccionar los siguientes boletines de Padre nuestro, enviándome vuestras aportaciones en formato de Word a:
jpp123@telefonica.net
Creado por trigodedios | 0 comentarios | 17/04/07 20:59
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