TRIGO DE DIOS
Domingo III de Adviento, ciclo c. en TRIGO DE DIOS
Domingo III de Adviento, ciclo c.
Tres meditaciones de Adviento. Nuevo texto de Susana Ratero.
Padre nuestro
Domingo, 17-12-2006, Domingo III de Adviento del ciclo c
Edición número 73
En esta edición de Padre nuestro, encontraréis los siguientes contenidos:
-Celebremos la Eucaristía. Lecturas eucarísticas, oraciones, homilía dominical y lectura después de la Comunión.
-Padre nuestro, escucha nuestra oración. Con María, hacia mi propia Navidad. Por Susana Ratero
Celebremos la Eucaristía
Domingo III de Adviento del ciclo c
Canto de entrada
Hola Dios
Hola Dios, estoy aquí.
Gracias te doy por darme la vida.
Hazla nueva todos los días.
Buenos días mi Señor.
Antífona de entrada
Alégrense siempre en el Señor. Vuelvo a insistir, alégrense. El Señor está cerca (FLP. 4, 4-5).
Saludo del sacerdote
V. El Señor, que viene a salvarnos, esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.
Monición de entrada
Sed bienvenidos a la casa de Dios.
Faltan 8 días para que celebremos el Nacimiento de nuestro Señor, así pues, es conveniente que nos preparemos para celebrar la Natividad de nuestro Señor, por consiguiente, en el Evangelio de hoy, encontramos algunas pistas para vivir intensamente la citada celebración, por consiguiente, nuestro Padre común quiere que seamos caritativos con nuestros familiares, amigos y compañeros de trabajo, y que no nos olvidemos de quienes tienen carencias materiales y espirituales.
Iniciemos esta celebración dominical pidiéndole a nuestro Padre común que nos conceda todo lo que le pedimos cuando oramos, para que ello nos ayude a mantener nuestra fe.
Acto penitencial
V. Al comenzar esta celebración eucarística, pidamos a Dios que nos conceda la conversión de nuestros corazones; así obtendremos la reconciliación y se acrecentará nuestra comunión con Dios y con nuestros hermanos.
V. Señor, ten misericordia de nosotros.
R. Porque hemos pecado contra ti.
V. Muéstranos, Señor, tu misericordia.
R. Y danos tu salvación.
V. Tú que viniste al mundo para salvarnos: Señor, ten piedad.
R. Señor, ten piedad.
V. Tú que nos visitas continuamente con la gracia de tu Espíritu: Cristo, ten piedad.
R. Cristo, ten piedad.
V. Tú que vendrás un día a juzgar nuestras obras: Señor, ten piedad.
R. Señor, ten piedad.
V. Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
Durante el tiempo de Adviento no recitamos el Gloria en las celebraciones eucarísticas. Con el gesto de omitir tan bella oración de las celebraciones de la entrega generosa de nuestro Señor a Dios y a nosotros sus prójimos, elevamos al cielo nuestro espíritu penitente que espera ansioso que Jesucristo se nos manifieste en sus dos venidas.
Oración colecta
Estás viendo, Padre, cómo tu pueblo espera la celebración del nacimiento de tu Hijo muy querido, concédenos festejar con entusiasmo su venida y alcanzar el gozo que nos da su salvación. Por el mismo Jesucristo, nuestro Señor, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
R. Amén.
Liturgia de la Palabra
Lecturas eucarísticas y moniciones que las anteceden
Monición de la primera lectura
Sofonías, uno de los 12 Profetas menores, advirtió a sus contemporáneos de la necesidad que tenían de convertirse a Yahveh, con el fin de que él tuviera piedad de ellos.
Primera lectura
El Señor se alegra con júbilo en ti
Lectura de la profecía de Sofonías 3,14-18
Regocíjate, hija de Sión, grita de júbilo, Israel; alégrate de todo corazón, Jerusalén. El Señor ha cancelado tu condena, ha expulsado a tus enemigos. El
Señor será el rey de Israel, en medio de ti, y ya no temerás. Aquel día dirán de Jerusalén: "No temas, Sión, no desfallezcan tus manos. El Señor, tu Dios,
en medio de ti, es un guerrero que salva. El se goza y se complace en ti, te ama y se alegra con júbilo como en día de fiesta."
Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.
Monición del Salmo responsorial
Oremos utilizando un fragmento del primer Isaías para darle las más sinceras gracias a nuestro Padre común por el bien que nos ha hecho.
Salmo responsorial
Is. 12,2-3. 4bcd. 5-6
R. Gritad jubilosos: "Que grande es en medio de ti el santo de Israel."
El Señor es mi Dios y salvador: confiaré y no temeré,
porque mi fuerza y mi poder es el Señor, él fue mi salvación.
Y sacaréis aguas con gozo de las fuentes de la salvación. R.
Dad gracias al Señor, invocad su nombre,
contad a los pueblos sus hazañas,
proclamad que su nombre es excelso.
Tañed para el Señor, que hizo proezas,
anunciadlas a toda la tierra;
gritad jubilosos, habitantes de Sión:
"Que grande es en medio de ti el Santo de Israel." R.
Monición de la segunda lectura
Aunque no sabemos cuándo acontecerá la segunda venida o Parusía de Jesucristo, ello no nos impide el hecho de vivir como buenos cristianos que anhelan la eterna permanencia junto a su Padre y Dios.
Segunda lectura
El Señor está cerca
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 4,4-7
Hermanos: Estad siempre alegres en el Señor; os repito, estad siempre alegres. Que vuestra mesura la conozca todo el mundo. El Señor está cerca. Nada os
preocupe; sino que, en toda ocasión, en la oración y súplica con acción de gracias, vuestras peticiones sean presentadas a Dios. Y la paz de Dios, que
sobre pasa todo juicio, custodiará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.
Palabra de Dios.
R. TE alabamos, Señor.
Aleluya, Aleluya: El amor supremo consiste en dar la vida por los amigos (JN. 15, 13). Aleluya.
Monición del Evangelio
Las instrucciones que se nos dan en el fragmento del Evangelio de San Lucas que escucharemos a continuación, no sólo nos sirven para preparar la celebración de la Navidad, pues nos son provechosas para vivirlas durante todos los días de nuestra vida, ya que nuestra experiencia de Dios, ha de ser una celebración jubilosa, marcada por el amor y la confianza que han de caracterizar nuestras relaciones con el Dios Uno y Trino.
Evangelio
¿Qué hacemos nosotros?
Lectura del santo Evangelio según San Lucas. 3,10-18
R. Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo la gente preguntaba a Juan: "¿Entonces qué hacemos?" El contestó: "El que tenga dos túnicas, que se las reparta con el que no tiene; y
el que tenga comida, haga lo mismo."
Vinieron también a bautizarse unos publicanos y le preguntaron: "¿Maestro, qué hacemos nosotros?" El les contestó: "No exijáis mas de lo establecido." Unos militares le preguntaron: "¿Qué hacemos nosotros?" El les contestó: "No hagáis extorsión ni os aprovechéis de nadie, sino contentaos con la paga."
El pueblo estaba en expectación, y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías; él tomó la palabra y dijo a todos: "Yo os bautizo con agua; pero viene
uno que puede más que yo, y no merezco desatarle la correa de sus sandalias. El os bautizará con el Espíritu Santo y fuego; tiene en la mano el bieldo
para aventar su parva y reunir su trigo en el granero y quemar la paja en una hoguera que no se apaga." Añadiendo otras muchas cosas, exhortaba al pueblo
y le anunciaba el Evangelio.
Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.
Homilía:
La misión de san Juan el Bautista.
"Vino un hombre, enviado por Dios, llamado Juan. Vino como testigo, para dar testimonio de la luz, a fin de que creyeran por medio de él. No era él la luz, sino testigo de la luz" (Jn. 1, 6-8) San Juan Apóstol y Evangelista, nos presenta al Bautista como testigo o mártir de la luz. ¿Qué significaba para el último de los Profetas ser testigo de la luz divina? El ángel que le anunció a Zacarías el nacimiento de su hijo, se expresó en estos términos: "A muchos de los hijos de Israel, les convertirá al Señor su Dios, e irá delante de él con el poder y el espíritu de Elías, para hacer volver los corazones de los padres a los hijos, y a los rebeldes a la prudencia de los justos, para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto" (Lc. 1, 16-18) Cuando el sacerdote Zacarías recuperó la voz, definió la futura misión de su hijo recién nacido en estos términos: "Y tú, niño, serás llamado profeta del Altísimo, pues irás delante del Señor para preparar sus caminos" (Lc. 1, 76)
El nacimiento de nuestro Profeta fue muy prodigioso, así pues, siendo Isabel y Zacarías muy mayores, cuando la gente decía que la Madre del Profeta era maldita de Dios por cuanto no había podido dar a luz nunca, el Bautista fue concebido por mandato expreso de la Palabra de Dios y la santificadora acción del Espíritu Santo. Nosotros no sabemos qué les llamó más la atención a los judíos, la concepción milagrosa de San Juan, o la curación de Zacarías, quien perdió la voz al no creer las palabras del ángel que le anunció su paternidad en el Templo de Jerusalén.
En los años de su juventud, el Bautista se separó de sus padres, y empezó a formar parte de una comunidad de esenios, los cuales se caracterizaban porque vivían en el desierto, y apenas se comunicaban con quienes no seguían su estilo de vida. Si durante su niñez el Profeta fue preparado por sus padres estrictamente para servir al Señor, al adoptar una nueva forma de vida, fue tan impactante la vida de los esenios para el que había de preparar el camino del Señor, que este se convirtió en precursor de desdichas. Aún en nuestros días hay personas que siguen diciendo que el demonio, el mundo y la carne son nuestros infernales enemigos, pero, en el fondo de sus corazones, sin apreciar los avances de las ciencias relacionadas con el estudio del pensamiento, estos hermanos nuestros se mortifican para adorar a Dios.
Cuando el Profeta consideró que estaba formado espiritualmente para predicar, se retiró de su comunidad contemplativa, y empezó a predicar, haciendo que la gente lo buscara, pues, siendo esenio, no podía mezclarse con los que eran del mundo, para evitar contagiarse con los vicios que formaban parte de la actitud de esas personas. San Marcos nos describe la forma de vestir del Bautista en su Evangelio en estos términos: "Juan iba vestido de pelo de camello, llevaba un cinturón de cuero y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre" (Mc. 1, 6)
Juan gritaba en el desierto de Judea: "Convertíos, porque el reino de Dios está muy cerca" (Mt. 3, 2) En aquel tiempo los judíos vivían padeciendo los efectos de la dominación romana y de su rebeldía nacionalista. En el año 63 antes de Cristo, el Emperador romano profanó el Templo de Jerusalén asesinando a todos los sacerdotes que protegían la parte más sagrada del recinto religioso, el Sancta-Sanctorum en la cual estaba contenida el arca de la Alianza, con la intención de adueñarse del conocido tesoro de los israelitas. Para conseguir su propósito, muchos sacerdotes cayeron bajo el poder de las espadas romanas. La sorpresa del Emperador fue mayúscula cuando este descubrió que el tesoro de los judíos sólo eran los libros que componen la Ley mosaica. A partir de aquel hecho, la supervivencia de los judíos fue una batalla muy difícil, dado que estos no les permitían a los romanos que instalaran imágenes paganas de dioses ni de emperadores en el Templo. En el año en que nació Jesús, Tiberio César estaba haciendo un censo de los habitantes del Imperio para cobrar un tributo que sumió a muchos contemporáneos del Señor en el más profundo estado de miseria. Para cobrar los impuestos, Roma se valía de judíos que, a parte de cobrarles a sus hermanos de raza lo que Roma les pedía, se quedaban para enriquecerse con una buena parte de la hacienda de los más desfavorecidos. Muchos judíos vivían con la esperanza de que un Mesías político-militar acabara con aquel estado de frustración nacional, pero, los más fervorosos siervos de Yahvéh, se alegraron profundamente cuando oyeron la voz firme de Juan, el Profeta que anunciaba la llegada del Reino de Dios.
Cuando los fariseos y los saduceos supieron que la gente se dejaba bautizar por Juan, se interesaron por oír la enseñanza del Profeta, por si a caso el mensaje que este predicaba era peligroso para quienes vivían una situación delicada, pues, si querían mantener su privilegiada situación económica, debían ser amigos del pueblo de Dios y de Roma. El Bautista, para no perder la costumbre de hablar con su exagerado tono de esenio, al ver a los colaboradores de Roma que contribuían con los conquistadores a la hora de hacer desgraciados a los más desprotegidos, gritó apasionadamente: "¡Hijos de vívora! ¿quién os ha avisado para que huyáis del inminente castigo¿" (Mt. 3, 7) Todos los habitantes del país, exceptuando a los zelotes o sicarios, respetaban profundamente a los fariseos y a los saduceos, ¿qué querría decir Juan al proferir semejante amenaza? Por si los oyentes del Profeta tenían alguna duda con respecto a la causa por la cual El se había expresado en estos términos, el hijo de Zacarías añadió: "Demostrad con hechos vuestra conversión y no os hagáis ilusiones pensando que sois descendientes de Abraham. Porque Dios puede hacer que de estas piedras le broten descendientes a Abraham. Ya está el hacha preparada para cortar de raíz los árboles, y todo árbol que no dé buen fruto será cortado y echado al fuego" (Mt. 3, 8-10) Los oyentes de Juan, pudieron entender claramente que el nuevo predicador hablaba contra ellos, así pues, tuvieron que tomar la resolución de cerrarle la boca al Bautista, antes de que este decidiera que era otro falso mesías de los que ellos en las últimas décadas habían asesinado entre 4 y 6 docenas aproximadamente.
Con el fin de averiguar si Juan se proclamaba mesías a sí mismo, los saduceos le enviaron una comisión de sacerdotes y levitas para que lo interrogaran, pues, la sinceridad y nobleza del testimonio del Profeta, había influído sobre el pueblo de manera que muchos llegaron a creer que Juan era el enviado de Dios que ellos habían esperado durante muchos siglos. El testimonio de Juan fue tajante: "-Yo no soy el mesías" (Jn. 1, 19) El público y los seguidores del Profeta se asombraron al oír aquellas palabras. ¿Cómo podía ser Juan un simple Profeta que se expresaba con tanta claridad? ¿Por qué no era Juan el Mesías? Si el Bautista no era el Mesías, ¿por qué se exponía ante quienes tenían poder para segar su vida?
Los enviados de los saduceos no desistían de su intento de hacer que Juan cayera en la trampa que le querían tender. Ellos le preguntaban al hijo de Isabel: -¿Eres Elías, Isaías, Jeremías...? ¿Quién eres? ¿Qué dices de ti y de tu actitud? Como Juan no decía de sí mismo que era un antiguo Profeta encarnado, volvieron a preguntarle: -Si no eres ninguno de nuestros Profetas del pasado y tampoco eres el Mesías, ¿eres el Profeta que harás el trabajo del Mesías? Juan dijo: -No lo soy. Los saduceos, desesperados, preguntaron nuevamente: -¿Por qué no dices abiertamente que eres un nuevo mesías? Quienes nos han enviado a interrogarte, nos han dicho que te pidamos que seas tan claro al definirte como al intentar amedrentarnos con tus amenazas respecto de nuestra futura condenación, así pues, requerimos una respuesta tuya que sea concisa. Juan exclamó: -Yo soy aquel de quien dice Isaías en su Emmanuel que allanará los caminos del Señor. Yo he venido al mundo para allanar los montes de la soberbia humana para disponerle al Señor un pueblo que escuche su Palabra. Los saduceos no necesitaban interrogar más a Juan, pues ya podían acusarle de mentir a la gente haciéndose pasar por uno de los personajes bíblicos más relevantes, como lo era Elías, según podemos leer en la Profecía de Malaquías, quien anunció la encarnación del citado Profeta en la persona de San Juan Bautista.
Algunos de los comisionados para interrogar a Juan eran fariseos. Sabemos que los fariseos se diferenciaban de los saduceos en su apego a la espiritualidad. Los fariseos siguieron acosando a Juan: -Si tú no eres ni el Mesías ni un Profeta relevante, ¿qué créditos tienes para incitar al pueblo a ser bautizado por ti? Juan exclamó: -Yo sólo bautizo con agua, pero en medio de vosotros hay uno a quien ni siquiera conocéis que vino después que yo pero es más grande que yo, El será quien os bautizará con agua y Espíritu Santo.
Los comisionados quedaron perplejos ante la respuesta de Juan, ¿qué sentido tenía que uno de los Profetas del pasado fuese reencarnado para anunciar la venida de otro nuevo Profeta? En el caso de que el personaje vaticinado por Juan fuese el Mesías político-militar tan esperado, ¿no podría el enviado de Yahveh promocionarse por sus propios medios prescindiendo de un personaje tan fanático como molesto? El anuncio del Bautista había sido profetizado en las Sagradas Escrituras, pero la alta sociedad de Israel, no supo conocer al Precursor del Mesías.
Juan repetía todos los días las mismas palabras: Que los ladrones devuelvan lo que roban, que los que tienen bienes repartan la mitad de sus posesiones con los pobres, que los que tienen ropa la repartan con quienes no tienen... Estando el Profeta cierto día anunciando la Palabra de Dios a su modo, oyó una voz que lo dejó perplejo: -Bautista, ¡bautízame! Se trataba de Jesús, aquel de quien el Espíritu Santo le dijo a Juan: "Yo te haré saber quien es el que bautiza con agua y Espíritu Santo cuando El se acerque a ti, porque el Espíritu bajará y permanecerá sobre El" (Jn. 1, 33)
Fueron muchos los que se asombraron al ver cómo los dos primos se disputaban el honor de ser bautizados el uno por el otro. Juan decía: -Bautízame tú, yo no tengo valor ante ti". Jesús decía: "Bautízame tú, no me prives del valor de sentirme sumido en la miseria para valorar y amar más la Divinidad de Dios". Como Juan era reacio a bautizar a Jesús, el Señor exclamó: "Juan, hazme el favor de cumplir las Escrituras y bautízame, dame la dicha de recibir tu bautismo". Juan no pudo oponerse al razonamiento del Señor, y accedió por fin a bautizar al Mesías. Es fácil imaginar la contradicción que Juan tuvo que soportar al tener que decirle a Jesús: "Yo te bautizo para que te conviertas al Señor arrepintiéndote de todos los pecados que hayas cometido en tu vida pasada".
Este es el testimonio que el Bautista dio de su experiencia al bautizar a Jesús: "Este es el cordero de Dios que quita el pecado del mundo... He visto como el Espíritu bajaba del cielo como una paloma y permanecía sobre él... Puesto que lo he visto, testifico que éste es el Hijo de Dios" (Jn. 1. 29. 32. 34).
2. ¿Por qué oramos durante el tiempo de Adviento?
El Adviento es para nosotros los cristianos católicos semejante al inicio del año cívico. En este tiempo que comenzamos a celebrar hace dos semanas renovamos nuestra fe adquiriendo nuevamente nuestro compromiso bautismal de vivir cerca de nuestro Señor. Con esta intención, al iniciar los estudiantes su trabajo anual,
la Iglesia, utilizando actos rituales sencillos y con un amplio significado teológico, intenta concienciar a sus catequistas de la necesidad que todos tenemos de conocer la Palabra de Dios, para predisponerlos a atender a los niños de primera Comunión, a los adolescentes que trabajan en grupos de perseverancia, a los que se preparan arduamente para confirmarse, a quienes se forman llenos de ilusión para recibir el Sacramento del Matrimonio, a los ancianos que
se sienten ignorados por sus seres queridos, etcétera.
Todos los días 1 de enero nos marcamos una serie de metas a conseguir, pero, a pesar de ello, nosotros hemos adquirido una serie de costumbres que no deben transformarse, pues, si modificamos los citados hábitos, nuestra vida puede dejar de tener sentido en cierta forma. Sírvanos como ejemplo ilustrativo
para comprender esta meditación el crecimiento de las rupturas matrimoniales causado en muchas ocasiones por la inexistencia del diálogo entre los cónyuges. De la misma forma que los matrimonios se disuelven si los cónyuges no se expresan sus sentimientos constantemente y las relaciones entre padres e hijos
se debilitan si éstos no dialogan con mucha frecuencia, nuestra fe se extingue de nuestros corazones si no oramos o hablamos con nuestro Padre y Dios.
Una de las razones por la que no podemos comunicarnos con Dios consiste en que, basándonos en nuestros conocimientos mercadotécnicos, nos negamos a comprender la forma de vida que Jesús nos propone en los Evangelios. ¿Cómo podemos ser sencillos como los lirios en un mundo tan sofisticado como el nuestro? Nuestro entorno adopta cada día un aspecto parecido a los componentes de un entorno de programación informático cifrado en los caracteres de un lenguaje ininteligible.
El autor de los Salmos se cuestionaba con mucha frecuencia: "¿Por qué se amotinan las naciones y los pueblos planean fracasos? Se alían los reyes del mundo, los príncipes conspiran contra el Señor y su Mesías" (Sal. 2, 1-2). La soledad a la que nos enfrentamos muchos cristianos practicantes es una de las causas
por las que la mayoría de los miembros de la Iglesia somos cada día más partidarios de reunirnos en grupos de Liturgia, meditación y oración, en comunidades físicas yo virtuales, pues, el autismo a que
nos enfrentamos en muchas ocasiones, puede servirnos para abnegar de nuestra fe. Todos conocemos casos de políticos que cambian de ideología con cierta frecuencia, pero, cuando un cristiano reniega de su fe y ha vivido en contacto con realidades espirituales superiores a muchos de los actos y acontecimientos
que caracterizan nuestra existencia mortal, tiene que admitir que le falta un motivo que le dé a su vida el carácter sobrenatural o imperecedero que únicamente
puede gozar al abrazar nuestra fe. Por su parte, Pablo de Tarso, les escribió a los cristianos de Roma la causa fundamental que explica nuestra carencia de fe: "¿Cómo van a invocar a aquel en quien no creen? ¿Y cómo van a creer en El si no han oído su mensaje? ¿Y cómo van a oír su mensaje que no ha sido
proclamado? Y, finalmente, ¿cómo va a proclamarse ese mensaje, si no existen los mensajeros?" (Rom. 10, 14-15). El texto de Pablo que estamos meditando puede ayudarnos a concienciarnos con respecto a la necesidad que
tenemos de conocer y predicar la Palabra de Dios a tiempo y destiempo.
¿Qué tenemos que hacer para adquirir el conocimiento de la Palabra de Dios? Para ello lo que tenemos que hacer es leer la Palabra de Dios contenida en la Biblia, atender a la instrucción de la Iglesia, y, finalmente, extraer enseñanzas morales de las circunstancias que vivimos diariamente, así pues, quienes
están acostumbrados a comunicarse con Dios frecuentemente, tienen la experiencia de que nuestro Padre común les habla a través de sus vivencias ordinarias, por simples que los citados acaeceres sean a los ojos de ellos.
El mensaje de Dios ha sido difundido por los judíos y los cristianos durante muchos siglos, pero, si no hemos sabido llegar al corazón de todos los hombres, no hemos de considerar que ellos son pecadores, sino que debemos buscar la forma apropiada para hacer que nuestros prójimos confíen en nuestro Criador.
Aunque el tiempo que le dedicamos a la oración depende del ímpetu con que respondemos a nuestra vocación, es conveniente que nos ejercitemos hablando con nuestro Padre y Dios frecuentemente, así pues, además de pedirle por nuestras necesidades y las carencias de nuestros prójimos, es bueno que nos acostumbremos
a contarle a nuestro Padre y Dios todo lo que hacemos, de la misma forma que hacemos lo propio con aquellos de nuestros familiares y amigos en quienes confiamos plenamente.
Durante los días de esta primera semana de Adviento vamos a adquirir el compromiso de aumentar nuestro tiempo de oración gradualmente. Para lograr nuestro objetivo, vamos a rezar el Padre nuestro una vez todos los días lentamente, meditando el significado teológico de todas las frases que componen la citada
oración que Jesús nos enseñó.
(Padre nuestro, n.o 1.).
3. Todos necesitamos a Dios.
Todos conocemos la forma en que el pecado entró en el mundo. Adán y Eva desobedecieron a Dios, pues comieron del fruto del árbol del conocimiento de la ciencia del bien y del mal. Adán y Eva no necesitaban vivir la experiencia del sufrimiento ni de la muerte, porque nuestro Padre común les dijo que, si esperaban a que finalizara el tiempo que él fijó para que le demostraran que lo amaban viviendo en su presencia en el Edén, les llevaría al cielo, pero, Adán y Eva, se enfrentaron a lo que desconocían y temían, con tal de llegar a ser iguales a nuestro Criador. A partir de este relato que se encuentra en el capítulo 3 del primer volumen de la Biblia, los hombres de todos los tiempos, hemos vivido alejados de Dios. ¿Cuál es la causa de esta separación?
"Tenía mi amado (Dios) una viña en una ladera fértil -nos dice Isaías en su Emmanuel-. La había cercado y despedregado y plantado de vides escogidas; había edificado en medio de ella una torre, y hecho también en ella un lagar; y esperaba que diese uvas, y dio uvas silvestres" (IS. 5, 1-2). Nuestro Padre celestial creó un mundo semiperfecto para que nosotros le adoráramos, y viviéramos como hermanos. Dios cercó y despedregó su viña, es decir, dotó a Adán y a Eva con una serie de dones y virtudes, como la inmortalidad de su alma, y la imposibilidad de ceder a las enfermedades y de morir, a este respecto, podemos entender el hecho de que nuestro Padre común plantara vides escogidas en su viña. Dios edificó en medio de su viña una torre y un lagar, es decir, nuestro Santo Padre estableció su morada en nuestros corazones, quiso vivir entre nosotros, para que le convirtiéramos en el centro de nuestra existencia. Dios esperaba que su viña diese uvas, pero sólo dio uvas agraces.
¿Qué sucedió para que no se llevara a cabo el propósito inicial de nuestro Padre común de salvarnos sin que conociéramos las miserias que nos afectan a todos de alguna manera?
"Ahora, pues, vecinos de Jerusalén y varones de Judá, juzgad ahora entre mí y mi viña. ¿Qué más se podría hacer a mi viña, que yo no haya hecho en ella? ¿Cómo, esperando yo que diese uvas, ha dado uvas silvestres¿" (IS. 5, 3-4). ¿Cometió nuestro Padre común algún error al crearnos? ¿Es Dios culpable de la comisión de los pecados con que los hombres marcan su vida? Podemos decir con toda certeza que Dios es culpable de que mucha gente peque porque él nos ha creado libres para que decidamos lo que hemos de hacer en cada momento de nuestra vida, pero, ¿podemos decir que los pecadores hacen el mal porque Dios quiere que ello suceda? Un ejemplo ilustrativo de esta meditación es la traición de Judas, así pues, si el hijo de Iscariote no hubiera vendido a Jesús como si su Maestro hubiera sido su esclavo, ¿cómo hubiera podido llevarse a cabo nuestra redención? Quizá pensamos que si Dios hablara como lo hacemos nosotros podríamos comprender lo que quiere que hagamos, pero ello no es cierto, dado que tenemos una gran tendencia a ignorar los consejos que nos dan nuestros familiares y amigos más cercanos, las personas en quienes más confiamos.
"Os mostraré, pues, ahora lo que haré yo a mi viña: Le quitaré su vallado, y será consumida; aportillaré su cerca, y será hollada. Haré que quede desierta; no será podada ni cavada, y crecerán el cardo y los espinos; y aun a las nubes mandaré que no derramen lluvia sobre ella" (IS. 5, 5-6). ¿Hemos de interpretar los dos últimos versículos del primer Isaías que estamos meditando como la constatación de que hemos sido abandonados por Dios por causa de nuestras transgresiones del cumplimiento de su Ley? Los creadores de la Terapia Cognitiva de la Depresión, antes de aplicarles a sus clientes técnicas cognitivas yo conductuales para ayudarles a superar sus depresiones, les explicaban a los mismos el fundamento teórico de dichas técnicas terapéuticas, con el fin de que ellos pudieran someter los pensamientos que coartaban sus sentimientos a una prueba de realidad. Dios no nos ha abandonado, pero, si él nos explica las razones por las que hemos de esforzarnos para vivir en su presencia y le ignoramos, lo único que puede hacer para impedir que cometamos graves errores, es privarnos de la libertad que nos concedió inicialmente.
Hoy empezamos a vivir la tercera semana del tiempo de Adviento, así pues, sólo faltan ocho días para que celebremos la primera venida de nuestro Hermano y Señor a nuestro encuentro. Hoy hemos de preguntarnos: ¿Necesitamos a Dios? Si respondemos a la pregunta anterior afirmativamente, hemos de preguntarnos: ¿Qué quiere Dios de nosotros? Si nuestro Criador no quisiera nada de nosotros, es obvio que no se nos hubiera revelado. En el Evangelio de San Juan encontramos las siguientes palabras de Jesús: "-Lo que Dios espera de vosotros es que creáis en su enviado" (JN. 6, 29). Si Dios quiere que creamos en Jesús, vamos a intentar aumentar nuestra fe durante los días que faltan para que celebremos el tiempo de Navidad. Ahora bien, ¿de qué forma vamos a preparar la celebración del cumpleaños de nuestro querido Hermano? ¿Qué podemos hacer para que Dios se sienta acogido en nuestros corazones? Por una parte, debemos preparar la celebración de la Navidad a nivel material, es decir, hemos de cenar con nuestros familiares y amigos la noche en la que celebraremos la Natividad del Hijo de María, podemos demostrarles a nuestros seres queridos que les amamos haciéndoles algunos regalos, debemos asistir a la celebración de la Eucaristía de la media noche de Navidad, etcétera. Nuestro Señor quiere que vivamos una Navidad cargada de emociones positivas, pero este hecho no ha de hacernos olvidar el texto lucano: "-El que tenga dos túnicas, que las reparta con el que no tiene; el que tenga para comer, que haga lo mismo" (LC. 3, 11). Si Jesús vendrá a nuestro encuentro durante el tiempo de Navidad, nosotros, durante las fiestas que se avecinan, vamos a ir al encuentro de nuestros familiares, amigos y compañeros de trabajo. No vamos a privarnos de ir a algunos centros comerciales para comprar las cosas que necesitamos para celebrar la Navidad ni de ver la TV, pero sería muy constructivo el hecho de que les dediquemos bastante tiempo a nuestros niños, pues ellos
necesitan que juguemos con ellos, y que conozcamos sus problemas. Vamos a dedicarles tiempo a nuestros padres y a nuestros abuelos, vamos a hacer que ellos se sientan amados, que vean que, aunque pasamos mucho tiempo lejos de ellos por causa de nuestro trabajo, no les olvidamos.
Concluyamos esta meditación pidiéndole a nuestra Santa Madre que nos ayude a sensibilizarnos de nuestros prójimos, pues ella, a pesar de que estaba en estado de gestación, no desestimó la posibilidad de servir a la madre de San Juan Bautista, ya que la mujer de Zacarías dio a luz a su hijo en una edad bastante avanzada.
Oración de los fieles
"Hijos de Dios, aclamad al Señor; aclamad la gloria y el poder del Señor; aclamad la gloria del Señor, postraos ante el Señor en el atrio sagrado" (SAL. 29, 1-2). Oremos: Pidámosle a nuestro Padre común que despierte su poder, que concluya la instauración de su Reino entre nosotros, y que finalice el proceso de nuestra salvación.
Respondemos a cada petición: Padre nuestro de la vida, sálvanos, porque confiamos en ti.
V. Por los indolentes y por los que sufren por cualquier causa, para que los primeros se percaten de que sus prójimos necesitan que ellos se sensibilicen de quienes sufren, para que unos sean felices al vivir el espíritu de la caridad, y los otros alcancen la felicidad al sentirse amados por sus familiares y amigos. Oremos.
V. Te pedimos que estabilices la paz en el mundo, y que, impulsados por tu Espíritu Santo, nos esforcemos en repartir las riquezas de la tierra con justicia y equidad. Oremos.
V. Te pedimos que te nos manifiestes consolando a los enfermos y haciendo que los pobres y los desamparados no pierdan la esperanza de vivir en un mundo mejor. Oremos.
V. Te rogamos que nos permitas vivir de forma que las preocupaciones de la vida no nos hagan perder la fe que te profesamos. Oremos.
V. Te pedimos que el trabajo que llevamos a cabo los evangelizadores de internet sea conocido y aceptado por mucha gente, para que nuestros trabajos sean inspirados por tu Espíritu Santo a quienes los escribimos, con el fin de que todos podamos producir el anhelado fruto de aumentar el número de tus fieles, para que todos juntos podamos cantar tus alabanzas. Oremos.
V. Te pedimos por nuestros familiares y amigos que partieron de este mundo a tu presencia, para que vivan eternamente en tu Reino. También te pedimos por quienes recordamos a nuestros seres queridos que ya no están entre nosotros, para que, al desear vivir en tu Reino junto a ti y a nuestros familiares queridos, avives en nuestro corazón el deseo de recibir a Jesús en sus dos venidas. Oremos.
V. Dios misericordioso, que enviaste a tu Hijo al mundo para que nos instruyera en tus caminos, andáramos por tus sendas y todas las naciones se reunieran en la montaña santa de tu Reino; escucha nuestra oración y despierta en nosotros un deseo tan vivo de tu venida, que avanzando por la senda de tus mandatos, lleguemos a contemplar en su gloria al que ha de venir, Jesucristo nuestro Señor, él que vive y reina por los siglos de los siglos.
R. Amén.
(Desconozco el autor de esta oración).
Liturgia eucarística
Canto del ofertorio
Señor te ofrecemos
Señor te ofrecemos el vino y el pan,
la tristeza y el gozo,
la alegría de amar.
Los buenos deseos, las ansias de verdad,
nuestras voces que cantan a la libertad.
Señor te ofrecemos las ganas de luchar,
el susurro del viento que invita a soñar.
Acepta en tus manos todo nuestro amor,
haznos uno contigo, gracias Señor.
Oración sobre las ofrendas
Ayúdanos, Padre, a ofrecerte este sacrificio como expresión de nuestra propia entrega, para que así cumplamos debidamente lo que tú mismo nos mandaste celebrar y obtengamos la plenitud de la salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.
Prefacio III de Adviento
Cristo, Señor y Juez de la historia
V. El Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.
V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.
V. En verdad es justo darte gracias, es nuestro deber cantar en tu honor himnos de bendición y de alabanza, Padre todopoderoso, principio y fin de todo lo creado. Tú nos has ocultado el día y la hora en que Cristo, tu Hijo, Señor y juez de la historia, aparecerá, revestido de poder y de gloria sobre las nubes del cielo. En aquel día terrible y glorioso pasará la figura de este mundo y nacerán los cielos nuevos y la tierra nueva. El mismo Señor que se nos mostrará entonces lleno de gloria viene ahora a nuestro encuentro en cada hombre y en cada acontecimiento, para que lo recibamos en la fe y por el amor demos testimonio de la espera dichosa de su reino. Por eso, mientras aguardamos su última venida, unidos a los ángeles y a los santos, cantamos el himno de tu gloria:
Santo, Santo, Santo...
Antífona de la Comunión
Digan a los que están desalentados: "Sean fuertes, no teman: ¡él mismo viene a salvarlos¡" (CF. IS. 35, 4).
Canto de Comunión
Padre, vuelvo a ti
Querido Padre, cansado vuelvo a ti.
Haz que conozca el don de tu amistad.
Vivir por siempre el gozo del perdón,
y en tu presencia tu fiesta celebrar.
Pongo en tus manos
mis culpas, oh Señor.
Estoy seguro de que eres siempre fiel.
Dame la fuerza para poder andar,
buscando en todo hacer tu voluntad.
Padre, yo busco tu amor;
Padre, vuelvo a ti.
Mira que tu hijo soy.
Padre, vuelvo a ti (vis).
Lo reconozco, a veces olvidé
que eres mi Padre y que a mi lado estás,
que soy tu hijo y me aceptas como soy;
sólo me pides: vive en sinceridad.
Quiero sentirte cercano a mí, Señor.
Oír tu voz que me habla al corazón.
Sentirme libre desde tu libertad,
ser signo vivo de la fraternidad.
Lectura después de la Comunión
Oración a la Virgen del Adviento
María, Virgen del Adviento,
esperanza nuestra,
de Jesús la aurora,
del cielo la puerta.
Madre de los hombres,
de la mar estrella,
llévanos a Cristo,
danos sus promesas.
Eres, Virgen Madre,
la de gracia llena,
del Señor la esclava,
del mundo la reina.
Alza nuestros ojos
hacia tu belleza,
guía nuestros pasos
a la vida eterna.
Amén.
(Desconozco el autor de esta oración).
Oración después de la Comunión
Señor y Dios nuestro, imploramos tu clemencia para que la fuerza de este alimento divino, liberándonos de todo pecado, nos prepare a las fiestas que ya se acercan. Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.
Bendición solemne de Adviento
V. Que Dios omnipotente y misericordioso os santifique con la celebración de este Adviento y os llene de sus bendiciones, ya que creéis que Cristo vino al mundo y esperáis su retorno glorioso.
R. Amén.
V. Que durante toda la vida os conceda permanecer firmes en la fe, alegres en la esperanza y eficaces en la caridad.
R. Amén.
V. Que os enriquezca con los premios eternos cuando venga de nuevo en la majestad de su gloria aquel de cuya encarnación, llenos de fe, os alegráis ahora.
R. Amén.
V. Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros.
R. Amén.
V. Podéis ir en paz.
R. Demos gracias a Dios.
Exhortación de despedida
Después de recibir a Jesús en la Eucaristía, sigamos realizando nuestras actividades ordinarias, salgamos de este templo con el corazón dispuesto a comunicarles nuestro gozo a nuestros prójimos, pues queremos que ellos también se sientan amados por nuestro Padre común.
Os deseo un feliz día del Señor.
Canto final
Santa María de la Esperanza
Santa María de la Esperanza,
mantén el ritmo
de nuestra espera.
Nos diste al esperado de los tiempos,
mil veces prometido en los profetas.
Y nosotros de nuevo deseamos
que vuelva a repetirnos sus promesas.
Brillaste como aurora del gran día,
plantaba Dios su tienda
en nuestro suelo.
Y nosotros soñamos con su vuelta,
queremos la llegada de su Reino.
Viviste con la cruz de la esperanza,
tensando en el amor la larga espera.
Y nosotros buscamos con los hombres
el nuevo amanecer de nuestra tierra.
Esperaste cuando todos vacilaban,
el triunfo de Jesús sobre la muerte.
Y nosotros esperamos que su vida
anime nuestro mundo para siempre.
Padre nuestro, escucha nuestra oración
Con María, hacia mi propia Navidad
Faltan pocos días para la Navidad aquí en mi ciudad. Ya has salido, junto a José, camino de Belén, Señora mía...
Preparaste amorosamente la ropita del pequeño, llevas todo lo que imaginas podrás necesitar. José organizó la logística del viaje, por donde ir, cuando
parar, cuando llegar… cada uno en lo suyo, pero juntos. En el aire se respira “aroma de parto”. ¡Cómo quisiera acompañarte, Señora mía, en ésta, la más
hermosa y decisiva peregrinación de la historia! ¡Cómo quisiera haber sido tan sólo uno de los perros que seguían al asno en su camino!...
- Si tanto lo deseas, hija querida ¿Por qué entonces, no vienes con nosotros? …Vamos Susana... sin tanto preámbulo ¿Vienes?
Tu voz clara, tu mirada serena, tu perfume indescriptible, le preguntan a mi pobre alma aturdida por las cosas del mundo. Tantas veces te he olvidado,
Señora, tantas veces te he dejado esperando y, aún así, tu amor de madre me invita a caminar hacia Belén.
- ¡Claro que sí, Madre querida!- te contesta mi voz en un hilo… quisiera llorar, reír... no sé… opto por seguirte.
Anochece. Nazaret ha quedado atrás. Se han detenido a descansar un poco. José junta un poco de leña para hacer fuego. Tú estás sentada tratando de cocinar
algo… justo se cruza un animal del campo (no sé bien lo que era, si fuera Argentina sería seguro una liebre), José lo atrapa.
- El Señor nos mandó una buena cena, hermosa mía- te dice el esposo cuando llega con su trofeo de caza.
- Él nos provee siempre, esposo mío, sabe nuestras necesidades, pero por sobre todo, nos provee el alma con fuerza de su amor.
Te recuestas un rato, estás cansada. Yo te observo a pocos pasos… José va por más leña... Miras el cielo... Le hablas a tu bebé:
- “Mira amor, desde aquella estrella grande, que brilla, Papá nos mira... ¿La ves?... bueno, bueno, tranquilo, no saltes así.- te ríes, una lágrima te
acaricia la mejilla y se pierde en el viento de la noche - Amor, falta poco para llegar. ¿Qué haremos cuando sea tu tiempo? ¿Dónde nacerás? Seguro Papá
ya tiene todo preparado, yo no pregunto, soy su esclava, voy donde me mande. ¿Sabes amor? Ser su esclava no es como las esclavitudes del mundo, que ahogan
y atan, ser su esclava es como tener alas... como... soñar sin límites. Ser su esclava es llenarse de paz, no temer, caminar confiada, saber que todo
camino es trazado por sus manos, que toda circunstancia es Camino hacia el Padre. Duerme ahora, hijo mío querido ¿Sabes? Estoy impaciente por verte, por
besarte, por abrazarte… pero ya habrá tiempo, ahora, hijo, ahora es tiempo de caminar...
José vuelve con más leña, prepara la cena, y te sirve una abundante y rica porción. El olor de la carne asada trepa el aire... comen alegres, riendo
con recuerdos del pasado, soñando con el día del nacimiento…
De pronto, les sobresalta un ruido…
- Quédate aquí quieta, veré lo que es...
Teme José a los asaltantes que podían haberse escondido entre las sombras ¿Qué podrían llevarles? Nada, pues nada tienen. El mayor de los tesoros estaba
escondido en el seno purísimo de María.
- No temas, querida, es sólo un animal vagabundo. Duerme, duerme ahora, hermosa mía, que el viaje aún no termina, y el día de mañana será largo.
Te recuestas, Señora mía, cerca del fuego, José te cubre delicadamente con una manta. Te quedas dormida. Él te mira con ternura infinita. ¿Qué pensamientos
estarán cruzando por su mente y su corazón en estos momentos? No quiero yo moverme, pues temo me vea José.
-¿Te piensas quedar toda la noche tras una piedra? – el esposo voltea hacia mí y me mira con una mirada llena de paz, aunque no exenta de cierta preocupación.
- Yo… lo siento, no quería molestar… es que…
- Lo sé ¿Olvidas que me cuenta todo? Ella te invitó a venir con nosotros en este viaje del 2003
- ¿Qué dices José? ¿Cómo del 2003? ¿No es éste una especie de sueño donde yo los acompaño en un viaje realizado hace más de 2000 años?
- Pues no, querida mía. Cada año, María y yo volvemos a viajar a Belén. Cada año es como si Cristo volviera a nacer. Sólo que su nacimiento no es físico…
Jesús quiere nacer en el corazón de cada uno.
- Pero… no entiendo… hay mucha gente buena en el mundo, religiosos, sacerdotes, laicos, que también quisieran acompañarlos… ¿Cómo, entonces, viajan tan
solos?
- Porque éste, mi querida, es TU viaje hacia Belén, nadie puede hacerlo por ti. Éste es tu camino para dejar que Jesús nazca en tu alma. Éste es el viaje
que debes hacer, a través de las montañas de tu corazón, debes cruzar los ríos de tu orgullo, que, aunque torrentosos, pueden cruzarse si te acompañamos.
Debes soportar los vientos de la soledad y la tristeza. Debes enfrentarlos y vencerlos por amor a Jesús. ¿Comprendes ahora? .
Me quedo sin palabras. José es un hombre sabio, me explica lo que sucede con la sencillez de los grandes hombres. Estoy en el desierto de mi corazón,
cuando amanezca… ¡Oh Dios! Cuando amanezca se mostrarán todos los valles, quebradas y torrentosos ríos de mi alma… ¡Qué vergüenza!. Mi corazón está tan
lleno de pecados, que… no sé… quisiera salir corriendo pero ¿Adónde?. Ni siquiera hallaré un lugar donde esconder mi rostro...
- ¿Por qué quieres esconderte?- preguntas, María querida, despertando de tu reparador descanso.
- Es que José me ha explicado… y temo que, al amanecer, no te guste lo que veas, Señora…
- ¿Y que se supone que veré?
- Mi corazón, que no es como yo quisiera, que hace el mal que no quiere y no hace el bien que desea, mi torpe corazón, tan lleno de culpas y olvidos
para contigo.
- Creo, hija mía, que no comprendes la verdadera dimensión del amor que Jesús tiene por ti- y colocas tu pequeña mano sobre el vientre abultado -Jesús
estaba esperando a que tú desearas realizar este viaje, Jesús está esperando que tú te arrepientas de tus errores, pues Él es manantial de misericordia,
Jesús espera que tú quieras recibirlo en tu alma. Para ello, busca el sacramento de la Reconciliación. Allí, verás cómo el paisaje de tu corazón se transforma,
como los ríos se vuelven calmos, las quebradas se transforman en fértiles valles y el desierto de tu corazón se llena del perfume de su Amor. Jesús te
llama, hija, te llama siempre. Desde su lastimado corazón, parte su pedido hasta el tuyo. El llamado es de Él, la decisión, tuya… indefectiblemente tuya…
Ahora descansa, el día de mañana será largo.
Me recuesto cerca del fuego. No puedo dormir, mas bien no puedo dejar de llorar. Tanto me amas Jesús mío, que haces todo esto por mí, por cada ser humano,
por todos, por todos. José me cubre con una manta… por fin me duermo.
Amanece. Tu esposo ha preparado un poco de pan para comer antes de reiniciar el viaje. Pan… me tiemblan las manos, lo recibo agradecida. Tiene el sabor
del pan de la mesa de mi casa, el sabor conocido de las pequeñas cosas de mi vida.
Nos ponemos en camino, hay viento, cuesta avanzar, José y yo caminamos, María viaja sobre el animal que parece muy feliz de transportar tan preciado equipaje.
Hay demasiado viento, la arena casi nos ciega, apenas si podemos conservar el rumbo.
- ¡Debemos detenernos!- le grito a José.
- ¡Aquí no, avanzaremos hasta esas rocas y buscaremos refugio!
- ¡No lo lograremos, casi no se ve nada!
- Déjate guiar, conozco el terreno, no temas, llegaremos ¿Ves? Igual actúas en las tormentas de tu alma, en lugar de dejarte guiar por Jesús, acampas
en cualquier parte de tu dolor y te tapa la arena de la desesperación.
Llegamos por fin a las rocas, que ofrecían buen refugio. La tormenta pasó. José propone seguir el viaje. María está realmente agotada pero calla, sabe
que no puede quedarse a la mitad del camino, ahora debe seguir, no hay regreso.
Anochece. Se pone frío. A lo lejos se divisa una fogata, José nos deja en buen resguardo y se acerca a ver si son confiables. Regresa emocionado.
- ¡Es Pablo, mi primo y unas familias más! Ellos también deben registrarse en Belén. Dicen que la ciudad esta atestada de gente. Eso me preocupa, pero
ya veremos al llegar, ahora vamos, nos invitaron a compartir la cena.
José avanza con el animal. María prefiere caminar un poco. Le ofrezco mi brazo, y se apoya.
- ¿Ves hija? Muchas veces Dios nos pone buenos amigos, buenos consejeros en el camino, la decisión es nuestra, o quedarnos en la oscuridad de nuestra
propia noche o arriesgarnos a avanzar un poco hacia aquellos que nos pueden ayudar.
La familia de José se muestra amable. María tiene una sonrisa encantadora y una voz tan exquisita que todos quedan muy admirados de ella y no dejan de
felicitar a José por tan bella esposa.
Al amanecer seguimos caminando, José se despide de su familia, ya que ellos se quedarán en el campamento por unos días esperando a otros parientes.
Belén se dibuja nítido en el horizonte. La gente va y viene a causa del censo. Vamos llegando, cuando María le dice a José.
- Esposo mío, ya es tiempo… el niño nacerá pronto…
- Ayúdame a encontrar un sitio para el nacimiento- me pide José- recuerda que debe ser digno de Él, no por el lujo sino por la sencillez, el amor, la
generosidad y la predisposición para recibirlo
- Pero ¿Dónde encuentro ese sitio, José?
- No lo sé, recuerda que estamos en tu corazón, tú lo conoces, al menos, deberías. Busca en tu corazón un lugar donde María pueda dar a luz.
El lugar que José me solicitaba debía estar libre de las espinas de mi egoísmo, protegido y al reparo de los vientos de mi ira, sin grietas, para que
no le inundase la lluvia fría de mi falta de fe.
José me pide ese lugar... antes de ponerme a buscar haré caso del consejo de María, buscaré el sacramento de la Reconciliación.
María me despide…
- Aquí estaremos esperando, hija querida, ve y encuentra ese lugar para Jesús. Dale esa alegría a mi Corazón Inmaculado, busca, hija, busca… estoy segura
que ese lugar existe, pero debes encontrarlo por ti misma Recuerda, nadie puede hacer esa búsqueda por ti. Vamos, que Jesús espera…
Abrazo a mi Madre querida con todas mis fuerzas, beso sus hermosas manos. Abrazo a José, quien besa mi frente y murmura…
- Confío en ti, sé que volverás, sé que no nos dejarás en espera. No te distraigas en el camino, no te distraigas, por fuerte que sea la tentación. Busca,
hija, que el que busca encuentra.
- Gracias, gracias- y mi voz es un susurro ahogado por el llanto.
Los dejo, cada tanto giro el rostro para verlos, aún están donde les dejé, en un recodo del camino… debo encontrar el mejor lugar dentro de mi corazón.
Queda poco tiempo. Debo encontrar ese lugar y venir por ellos para guiarlos...
Sé que lo hallaré, no será fácil, deberé limpiarlo, asearlo y acondicionarlo. Llenarlo de amor y de fe. Pediré al Padre incremente mi fe… haré oración,
seguiré los caminos del Adviento…
-------------------
Dios jamás defrauda a los que en él depositan sus mejores sueños. Recuerdo que desde setiembre vengo pensando cómo hacer de ésta una Navidad especial...
Dios me escuchó, María me escuchó, me invitó a caminar hacia Belén, nos invita a todos, no la dejemos sola, esperando, en un recodo del camino...
María Susana Ratero
susanaratero@yahoo.com.ar
mariasusanaratero.autorcatolico.org
NOTA DE LA AUTORA "Estos relatos sobre María Santísima han nacido en mi corazón y en mi imaginación por el amor que siento por ella, basados en lo que he
leído. Pero no debe pensarse que estos relatos sean consecuencia de revelaciones o visiones o nada que se le parezca. El mismo relato habla de "Cerrar
los ojos y verla" o expresiones parecidas que aluden exclusivamente a mi imaginación, sin intervención sobrenatural alguna."
José Portillo Pérez <jportillo@trigodios.jazztel.es> escribió:
Principio de cita
Querida amiga:
Mi pc hace un ruido muy raro, por lo que, antes de llevarlo a reparar, si dios me lo permite, quiero editar todos mis textos de Adviento y Navidad, así
pues, si quieres que te publique algunos textos relacionados con esas ocasiones, te ruego que me los envíes lo antes posible a:
joseportilloperez@telefonica.net
discúlpame por la prisa que tengo en hacer estos trabajos, pero mi computadora está un poco estropeada.
saludos.
Visita mi websyte:
http://www.egrupos.net/grupo/padrenuest ro
Final de cita
Bajo el manto de María
la su de María
Creado por trigodedios | 0 comentarios | 17/04/07 21:15
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