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Domingo II de Cuaresma del ciclo c. en TRIGO DE DIOS

Domingo II de Cuaresma del ciclo c.

Dios le prome´tió a Abraham que le haría padre de sus creyentes, y Jesús se transfiguró en el Tabor ante sus discípulos predilectos. Padre nuestro

Domingo, 4-03-2007, Domingo II de Cuaresma del ciclo c

Edición número 86

En esta edición de Padre nuestro, encontraréis los siguientes contenidos:
-Celebremos la Eucaristía. Lecturas eucarísticas, oraciones, homilía dominical y lectura después de la Comunión.
-Campaña de oración. Oremos ante Jesús Crucificado el próximo Viernes Santo.

Celebremos la Eucaristía

Domingo II de cuaresma del ciclo c

Canto de entrada

Salmo 63

Señor tú eres mi dios a ti te busco.
Mi alma tiene sed de ti.
En pos de ti mi carne desfallece
Cual tierra sedienta sin agua.
Hoy quiero contemplarte en tu santuario
Y admirar tu gloria y poder,
Pues es mejor tu amor que la existencia.
Alabanzas mis labios cantarán.
Y así podré bendecirte mientras viva.
Y levantar mis manos en tu nombre.
En dios solo descansa el alma mía.
De El viene mi salud.
Mi salvación y roca solo es El.
Mi fortaleza no he de vacilar.
Pues es mejor.
(Desconozco el autor de esta canción).

Antífona de entrada

Mi corazón sabe que dijiste: “busquen mi rostro”. Yo busco tu rostro, señor, no lo apartes de mí (CF. SAL. 26, 8-9).

O bien:

Acuérdate, Señor, de tu compasión y de tu amor, porque son eternos: que nuestros enemigos no triunfen sobre nosotros dios de Israel, líbranos de todas nuestras angustias (CF. SAL. 24, 6. 2. 22).

Saludo del sacerdote

El dios de la esperanza, que por la acción del Espíritu santo nos llena con su alegría y con su paz, permanezca siempre con todos ustedes.
R. Y con tu espíritu.

Monición de entrada

Sed bienvenidos a la casa de nuestro Padre y Dios.
San Lucas, en el Evangelio de hoy, nos habla de la Transfiguración de Jesús ante sus Apóstoles predilectos en el monte Tabor. Iniciemos esta celebración manifestándole a nuestro Padre común el deseo que tenemos de ser transfigurados y configurados a imagen y semejanza espiritual del Hijo de María.

Acto penitencial

El señor Jesús, que nos invita a la mesa de la Palabra y de la Eucaristía, nos llama ahora a la conversión. Reconozcamos, pues, que somos pecadores, e invoquemos con confianza la misericordia de Dios.

V. señor, ten misericordia de nosotros.
R. Porque hemos pecado contra ti.
V. Muéstranos, señor, tu misericordia.
R. Y danos tu salvación.

V. Tú que contemplas nuestro gemido y nuestro dolor: señor, ten piedad.
R. señor, ten piedad.
V. Tú que llamas a los afligidos y agobiados: Cristo, ten piedad.
R. Cristo, ten piedad.
V. Tú que conoces nuestra fragilidad: señor, ten piedad.
R. Señor, ten piedad.

V. Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Durante el tiempo de Cuaresma no recitamos ni cantamos el Gloria en las celebraciones eucarísticas, pues nuestro corazón penitente se abstiene de alabar a Dios, considerando que aún no está purificado de sus imperfecciones.

Oración colecta

Padre santo, que nos mandaste escuchar a tu Hijo muy amado, alimenta nuestra fe con su palabra, para que, purificados los ojos del espíritu, podamos gozar de la visión de tu gloria. Te lo pedimos por nuestro señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es dios, por los siglos de los siglos.
R. Amén.

Lecturas eucarísticas

Moniciones de las lecturas eucarísticas y lecturas de hoy

Monición de la primera lectura

Dios le prometió a Abraham que le iba a hacer padre de quienes se basan en su fe, y no en su cumplimiento escrupuloso de la Ley, para acercarse a nuestro Padre común. Pidámosle a nuestro santo Padre que las vicisitudes que hemos de vivir fortalezcan nuestra fe y no nos aparten de nuestro Criador.

Primera lectura

Dios hace alianza con Abraham, el creyente

Lectura del libro del Génesis 15, 5-12. 17-18

En aquellos días, Dios sacó afuera a Abrahán y le dijo: Mira al cielo; cuenta las estrellas, si puedes. Y añadió: Así será tu descendencia. Abrahán creyó al Señor, y se le contó en su haber. El Señor le dijo: Yo soy el Señor, que te sacó de Ur de los Caldeos para darte en posesión esta tierra. El replicó:
Señor Dios, cómo sabré yo que voy a poseerla. Respondió el Señor: Tráeme una ternera de tres años, una cabra de tres años, un carnero de tres años, una tórtola y un pichón.
Abrahán los trajo y los cortó por el medio, colocando cada mitad frente a la otra, pero no descuartizó las aves. Los buitres bajaban a los cadáveres, y Abrahán los espantaba. Cuando iba a ponerse el sol, un sueño profundo invadió a Abrahán, y un terror intenso y oscuro cayó sobre él. El sol se puso, y
vino la oscuridad; una humareda de horno y una antorcha ardiendo pasaban entre los miembros descuartizados.
Aquel día el Señor hizo alianza con Abrahán en estos términos: A tus descendientes les daré esta tierra, desde el río de Egipto al Gran Río Eufrates.

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Monición del Salmo responsorial

Manifestémosle nuestra fe al dios que es nuestra luz y nuestra salvación, y la defensa de nuestra vida.

Salmo responsorial

SAL. 26, 1. 7-8a. 8b-9. 13-14-

R. El señor es mi luz y mi salvación.

El Señor es mi luz y mi salvación, a quién temeré?
El Señor es la defensa de mi vida, quién me hará temblar? R.

Escúchame, Señor, que te llamo;
ten piedad, respóndeme.
Oigo en mi corazón: Buscad mi rostro. R.

Tu rostro buscaré, Señor,
no me escondas tu rostro.
No rechaces con ira a tu siervo,
que tú eres mi auxilio. R.

Espero gozar de la dicha del Señor
en el país de la vida.
Espera en el Señor, sé valiente,
ten ánimo, espera en el Señor. R.

Monición de la segunda lectura

San Pablo nos pide que actuemos con la pretensión de ser transfigurados y configurados a imagen espiritual de Cristo.

Segunda lectura

Cristo nos transformará, según el modelo de su cuerpo glorioso.

Lectura de la Carta del Apóstol San Pablo a los Filipenses, 3, 17. 4, 1.

Seguid mi ejemplo, hermanos, y fijaos en los que andan según el modelo que tenéis en nosotros. Porque, como os decía muchas veces, y ahora lo repito con lágrimas en los ojos, hay muchos que andan como enemigos de la cruz de Cristo: su paradero la perdición; su Dios, el vientre; su gloria, su vergüenza.
Sólo aspiran a cosas terrenas.
Nosotros, por el contrario, somos ciudadanos del cielo, de donde aguardamos un Salvador: el Señor Jesucristo. El transformará nuestro cuerpo humilde, según el modelo de su cuerpo glorioso, con esa energía que posee para sometérselo todo. Así, pues, hermanos míos queridos y añorados, mi alegría y mi corona,
manteneos así, en el Señor, queridos.

Palabra de Dios. Palabra de Dios.
R. Te alabamos, señor.

Honor y gloria a ti, señor Jesús: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia (MT. 3, 17).

Monición del Evangelio

Jesús se transfiguró en el monte Tabor con el fin de fortalecerse para afrontar su Pasión y muerte y para que nosotros no perdamos nuestra fe en la Trinidad Beatísima cuando seamos atribulados.

Evangelio

En el esplendor de la nube se oyó la voz del Padre: Este es mi Hijo, el amado; escuchadlo.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas, 9, 28b-36).
R. Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, Jesús cogió a Pedro, a Juan y a Santiago y subió a lo alto de la montaña, para orar. Y, mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió, sus vestidos brillaban de blanco. De repente, dos hombres conversaban con él: eran Moisés y Elías, que, aparecieron con gloria, hablaban de su muerte,
que iba a consumar en Jerusalén.
Pedro y sus compañeros se caían del sueño; y, espabilándose, vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con él. Mientras éstos se alejaban, dijo Pedro a Jesús: Maestro, que bien se está aquí. Haremos tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías. No sabía lo que decía.
Todavía estaba hablando, cuando llegó una nube que los cubrió. Se asustaron al entrar en la nube. Una voz desde la nube decía: Este es mi Hijo, el escogido, escuchadle.
Cuando sonó la voz, se encontró Jesús solo. Ellos guardaron silencio y, por el momento, no contaron a nadie nada de lo que habían visto.

Palabra de Dios.
R. Gloria a ti, señor Jesús.

Homilía:

La fe de Abraham y la Transfiguración de Jesús

1. La promesa divina.

El Domingo anterior recordamos las tentaciones de nuestro señor, y vimos que nuestra fe no es aceptada en nuestro entorno porque las creencias del mundo difieren de la predicación que nuestro señor hizo del Evangelio en su tiempo. En esta ocasión vamos a tener en cuenta el Evangelio del Domingo anterior en nuestra meditación, dado que los textos que meditaremos en esta celebración eucarística, de alguna forma, están vinculados a la significación de las lecturas cuya interpretación meditamos el Domingo siguiente al Miércoles de ceniza.
Abram y Sara eran de edad avanzada y no tenían hijos, por lo que sus bienes habrían de ser heredados cuando Abram falleciera por su esclavo Eliezer el damasceno. Abram podría decir que no se sentía desdichado porque dios lo había bendecido, pero estaba muy triste porque no tenía hijos.
Dios le dijo a Abraham: "Mira ahora los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar. Y le dijo: Así será tu descendencia" (GN. 15, 5). Imaginemos que dios le dice a un enfermo incurable que le va a restablecer la salud, y el mismo considera que ello no es posible, porque siempre ha vivido con la enfermedad que le acompañará hasta que concluya su existencia mortal. Abram era muy mayor, estaba seguro de que él no podía tener hijos porque nunca pudo tenerlos, y, en esa circunstancia en que su fe había de ser probada para ser fortalecida, dios le dijo que sería incapaz de contar su descendencia. San pablo escribió: "Esperando en Dios cuando parecía cerrado todo camino a la esperanza, creyó Abraham que llegaría a convertirse en padre de pueblos numerosos, según lo que dios le había prometido: Tal será tu descendencia" (ROM. 4, 18). San Pablo les escribió a sus lectores hebreos: "Por lo cual también, de uno, y ese ya casi muerto, salieron como las estrellas del cielo en multitud, y como la arena innumerable que está a la orilla del mar" (HEB. 11, 12).
"Y (Abraham) creyó a Jehová, y le fue contado por justicia" (GN. 15, 6). Sería muy grato para nuestro Padre común el hecho de que nosotros creyéramos en El hasta el punto de ver que nuestro sufrimiento se alivia cuando nos encontramos ante situaciones que no podemos resolver por nuestros propios medios, por lo cual lo único que podemos hacer en esos casos es confiar en nuestro Padre común, dado que si sucede lo contrario a lo que nosotros deseamos, lo que ocurra será lo que nuestro Criador estime más conveniente, tanto para nosotros como para nuestros prójimos. En la Profecía de Isaías encontramos el siguiente texto: "Pero tú, Israel, siervo mío eres; tú, Jacob, a quien yo escogí, descendencia de Abraham mi amigo. Porque te tomé de los confines de la tierra, y de tierras lejanas te llamé, y te dije: Mi siervo eres tú; te escogí, y no te deseché. No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia" (IS. 41, 8-10).
Es importante que nos percatemos de que dios le hizo una promesa a Abram que no se cumplió instantáneamente. No podemos pretender que nuestro criador solvente nuestros problemas en el mismo instante en que le pedimos ayuda, ya que el sabe en qué momento ha de acudir en nuestro auxilio.
Al orar con el Salmo responsorial de la Eucaristía que estamos celebrando, le demostramos a nuestro Padre común nuestra fe, dado que le aceptamos como nuestra luz y nuestra salvación, como el Padre que nos amó hasta llegar al extremo de permitir el sacrificio cruento de su Hijo predilecto, como el Dios capacitado para librarnos del sufrimiento que atañe a nuestra vida, y como la vida eterna que esperamos compartir con nuestros hermanos de fe viviendo en la presencia de nuestro Padre común. El señor es nuestra luz y nuestra salvación, El nos da los dones y virtudes que necesitamos para vivir intachablemente en su presencia, así pues, estas son las causas por las que podemos afirmar que nuestro Criador es la defensa de nuestra vida, por lo que sabemos que las tribulaciones que hallamos de padecer no nos harán perder la fe en El. Cuando le suplicamos a dios que escuche nuestras oraciones, cuando le pedimos a nuestro Criador que nos ayude a resolver nuestros problemas, El nos dice que busquemos su rostro, es decir, que le busquemos en nuestro interior, en nuestros prójimos, en nuestras vivencias ordinarias, en la naturaleza, en la Biblia, en la predicación de los religiosos y catequistas de nuestra Santa Iglesia, y en los Sacramentos, pues El no está lejos de nosotros. Nosotros vivimos buscando el rostro del señor. Esperamos gozar la dicha eterna viviendo en la presencia de nuestro Padre común, pues El ya establecido su morada entre nosotros, es decir, El nos ha llamado a formar parte activa de la Iglesia peregrina que espera ser santificada, y se prepara ardientemente para encontrarse en la presencia de nuestro Padre común de la misma manera que se prepara cualquier novia que ansía ser feliz junto al hombre al que ama para celebrar su enlace conyugal.

2. Queremos ser la imagen del Dios vivo.

El evangelio correspondiente a esta celebración litúrgica contiene la expresión de nuestra fe, así pues, de la misma forma que Jesús se transfiguró ante sus Apóstoles predilectos, nosotros esperamos ser transfigurados y configurados a imagen y semejanza espiritual de nuestro Hermano y señor. Sabemos que no está en nuestras manos el hecho de adoptar cuerpos con las propiedades que tenía el Cuerpo de nuestro señor Resucitado que podía traspasar paredes y no era vulnerable a la enfermedad ni a la muerte, pero podemos prepararnos haciendo obras de caridad, con el fin de que Dios nos haga aptos para que vivamos en su Reino.
Jesús, antes de transfigurarse, oró, se comunicó con nuestro Padre común, recibió la aprobación divina de que su fe le bastaba para ser transfigurado. Hace varios años algunos lectores de diversas listas de correo católicas llevamos a cabo una campaña de oración para que el abogado Juan Carlos González Leiva de cuba obtuviera la libertad, pues fue encarcelado gritando viva Cristo Rey junto a algunos periodistas independientes, los cuales fueron acusados de actuar inadecuadamente en un hospital. Mientras más intensificábamos nuestras oraciones para que el citado fundador de una organización de derechos humanos y otra de ciegos fuera excarcelado, según algunos medios de comunicación cubanos, el citado abogado ciego sufría malos tratos más alarmantes. Juan Carlos Leiva le hizo escribir a su mujer una carta en la que afirmaba que si moría no sería por haberse suicidado, sino por haber sido asesinado. Cuando parecía que dios no escuchaba nuestros ruegos y la situación del citado invidente cubano era más insostenible, Juan Carlos obtuvo la libertad condicional. Este no fue el final de sus problemas, pero al menos pudo volver a vivir junto a Marisa Calderín, su mujer, y el resto de sus familiares. Ojalá nosotros podamos decir que dios escucha nuestras oraciones porque nos ama, pero también que nuestro Padre se digna ayudarnos por causa de nuestra fe. Ojalá nuestra fe llegue a ser tan grande como lo es la de aquella mujer que le arrancó un milagro a su Hijo durante la celebración de una boda en Caná de Galilea, y les dijo a los camareros unas palabras que nos son muy útiles a quienes vivimos en lugares en los que se extingue nuestra fe universal: "Haced todo lo que El os diga" (JN. 2, 5).
Jesús habló en el monte Tabor con Moisés, el siervo de Yahveh que les dio la Ley a los hebreos, y con Elías, el Profeta que logró que dios llevara a cabo diversos prodigios por causa de la grandeza de su fe. Los tres testigos mencionados por el autor del Apocalipsis hablaron de la Pasión y la muerte de nuestro señor que tuvieron lugar aproximadamente un año después de que Jesús se transfigurara ante sus amigos predilectos.
Pedro y sus compañeros estaban rendidos por causa del cansancio que les producía el hecho de trabajar sirviendo a Jesús durante un periodo de tiempo muy largo que no les permitía tener ningún descanso, ya que durante las horas que la luz bañaba la tierra servían a Dios en sus hermanos los hombres, y, durante las noches, eran instruidos por el Hijo de María en el conocimiento de la Palabra de dios. Ellos se negaban a entender que Jesús inició su Ministerio glorioso para acabar crucificado, dado que no es normal que nadie empiece a llevar a cabo una gran labor, sabiendo que sólo se va a ganar enemigos, y que nadie le va a reconocer su trabajo. Pedro le dijo a Jesús que para ellos sería muy grato el hecho de vivir en aquel monte, pero él ignoraba que no podía vivir los años que le quedaran contemplando aquella visión, dado que ello habría de servirle para desempeñar la misión que Dios le encomendó. Muchos cristianos hemos tenido una sensación de paz tan grande al vivir unos ejercicios espirituales que, al finalizar los mismos, hemos sentido la necesidad de comunicarles nuestra fe a nuestros prójimos, y, al no estar preparados para ello, hemos visto cómo se debilitaba nuestra convicción religiosa rápidamente, al no saber responder a las preguntas que nos planteaban quienes veían alarmados que nos habían "metido" en una secta sin que nos percatáramos de ello. Cuando Jesús le dio a entender a Pedro que no debía de preocuparse por causa de su traición, le dijo las siguientes palabras: "De cierto, de cierto te digo: cuando eras más joven, te ceñías, e ibas a donde querías; mas cuando ya seas viejo, extenderás tus manos, y te ceñirá otro, y te llevará a donde no quieras" (JN. 21, 18). Jesús le dijo a Pedro que él tenía que saldar la deuda que tenía con su Maestro muriendo crucificado bocabajo, según la tradición porque no se consideraba digno de morir mirando al cielo como le sucedió al Mesías, y, según la Historia, porque quienes se proclamaban reyes debían morir con la sensación de que les partían el cuerpo en varios trozos, ya que Pedro era el sucesor de un Rey que había sido crucificado anteriormente. Jesús no murió como Pedro porque Pilato y el Sanedrín se favorecieron mutuamente, Pilato asesinando a un personaje que les resultaba molesto a las autoridades judías de Palestina, y los sanedritas consintiendo que Jesús muriera como un esclavo o un ladrón, no como un falso rey, a pesar de que en su cruz colgaba un letrero en el que se leía: Este es Jesús, el Rey de los judíos. Las autoridades de Palestina querían que se leyeran las siguientes palabras en el citado cartel: Este dijo: Yo soy el rey de los judíos, pero Pilato no les hizo el favor de complacerlos la segunda vez, ya que no había sido capaz de ser más fuerte que los sanedritas, cuando los mismos le presionaron para que no le concediera la libertad a Jesús después de condenarlo a ser flagelado, para hacerles entender que un hombre que tenía escasas posibilidades de sobrevivir no podía pretender ser Rey.
Concluyamos esta meditación pensando en quién es Jesús para nosotros.

Oración de los fieles

V. Oremos, hermanos y hermanas, al Padre de la misericordia, árbitro de nuestros actos, y Dios que escudriña el fondo de nuestros corazones; y, con espíritu contrito, pidámosle que escuche la oración de su pueblo penitente:

Respondemos a cada intención o petición: Escúchanos, Señor.

V. Para que Dios conceda a sus fieles vivir estos días de Cuaresma con verdadero espíritu de penitencia, y prepararse a celebrar con fruto el Sacramento del perdón, roguemos al Señor.

V. Para que quienes se han apartado del camino del bien y han muerto a causa del pecado, escuchen en estos días de Cuaresma la voz del Hijo de Dios y vivan, roguemos al Señor.

V. Para que Dios inspire sentimientos de caridad a los que tienen riquezas y multiplique los bienes de la tierra en bien de todos, roguemos al Señor.

V. Para que la penitencia cuaresmal aleje de nosotros el amor desordenado a los bienes visibles, y sane nuestra aridez espiritual con el deseo de los bienes del cielo, roguemos al Señor.

V. Añadir nuevas peticiones.

V. Dios nuestro, que llamaste a la fe a nuestros padres de Israel, y nos has concedido ser iluminados con la luz del Evangelio, escucha nuestras oraciones y abre nuestros oídos, para que escuchando siempre la voz de tu Hijo y aceptando en nuestra vida el misterio de la cruz, podamos alcanzar la gloria de tu Reino. Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.

Liturgia eucarística

Canto del Ofertorio

Toma mi vida

Esto que te doy es vino y pan señor,
Esto que te doy es mi trabajo,
Es mi corazón, mi alma,
Es mi cuerpo y mi razón,
El esfuerzo de mi caminar. Esto que te doy mi vida es, Señor,
Es mi amor, también es mi dolor,
Es la ilusión, mis sueños,
Es mi gozo y mi llorar,
Es mi canto y mi oración.
Toma mi vida, ponla en tu corazón,
Dame tu mano y llévame,
Cambia mi pan en tu carne
Y mi vino en tu sangre
Y a mí señor renuévame, límpiame y sálvame.
Esto que te doy no sólo yo señor,
Esta voz también es de mi hermano,
Es la unión, la paz, el orden,
La armonía y felicidad,
Es un canto en comunidad.
(Mario André Tapia Flores).

Oración sobre las ofrendas

Te pedimos, Padre, que este sacrificio borre nuestros pecados y santifique el cuerpo y el alma de tus fieles para poder celebrar dignamente las fiestas pascuales. Por Jesucristo, nuestro señor.
R. Amén.

Prefacio

La transfiguración del señor

V. el señor esté con ustedes.
R. Y con tu espíritu.
V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el señor.
V. demos gracias al señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.

V. Realmente es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, señor nuestro. El mismo, después de anunciar su muerte a los discípulos les reveló el esplendor de su gloria en la montaña santa, para dar testimonio, de acuerdo con la Ley y los Profetas, que la Pasión es el camino a la Resurrección. Por eso, con todos los coros celestiales te aclamamos en la tierra, cantando sin cesar:
Santo, Santo, santo…

Antífona de la Comunión

Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta mi predilección: escúchenlo (MT. 17, 5).

Canto de la Comunión

JUNTO A LA CRUZ

1- Junto a la Cruz de su Hijo
la Madre llorando se ve,
el dolor la ha crucificado
el amor la tiene de pie.

Quédate de pie,
de pie junto a Jesús,
que tu Hijo sigue en la Cruz.

2- Cruz del lecho de los enfermos
de los niños sin un hogar,
Cruz del extranjero en su patria
del que sufre en soledad.

3- Cruz de la injusticia y miseria
de los marginados de hoy,
Cruz de tantas falsas promesas
y de la desesperación.

4- Cruz del abandono de amigos
del olvido y la traición,
Cruz de la amenaza y del miedo
la tortura y la prisión.

5- Cruz de los que sin esperanza
sufren sin saber para que,
Cruz de los enfermos del alma
de los que perdieron la fe.
(desconozco el autor de esta canción).

Lectura después de la comunión

Aunque la lectura que les recomiendo en esta ocasión no puede hacerse inmediatamente después de la comunión, sí les recomiendo que la hagan pausadamente en casa, ya que nos puede ayudar a preparar la celebración de la Pascua. Lean la primera carta de San Pedro.

Oración después de la Comunión

Te damos gracias, señor, porque al participar de esta Eucaristía nos concedes ya desde este mundo gozar de los bienes del cielo. Por Jesucristo, nuestro señor.
R. Amén.

Oración sobre el pueblo

Bendice, señor, a tus fieles y protégelos constantemente; haz que se adhieran de tal modo al Evangelio de tu Hijo que puedan anhelar continuamente, y alcanzar al final, aquella gloria con la que se mostró a los Apóstoles. Por el mismo Cristo, nuestro señor.
R. Amén.

Bendición solemne de Cuaresma

V. Dios, Padre misericordioso, os conceda a todos vosotros, como al hijo pródigo, el gozo de volver a la casa paterna.
R. Amén.
V. Cristo, modelo de oración y de vida, os guíe a la auténtica conversión del corazón, a través del camino de la Cuaresma.
R. Amén.
V. El Espíritu de sabiduría y de fortaleza os sostenga en la lucha contra el maligno, para que podáis celebrar con Cristo la victoria pascual.
R. Amén.
V. Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros.
R. Amén.
V. Podéis ir en paz.
R. Demos gracias a Dios.

Campaña de oración

Oremos ante Jesús Crucificado el próximo Viernes Santo

Queridos hermanos y amigos:
El próximo Viernes Santo elevaremos nuestras plegarias al cielo todos los lectores de Padre nuestro para agradecerle a Jesús nuestra redención y para pedirle lo que queremos para nosotros y para nuestros prójimos.
Recordad:
1- Enviad vuestras peticiones a:
t
2- El plazo de envío de vuestras oraciones finalizará el Jueves santo a las 22 horas (hora española).
3- Vuestras oraciones serán publicadas el Viernes santo en todas las listas de correo en que se publica Padre nuestro. Podéis recoger las peticiones de quienes no tienen posibilidad de conectarse a internet.
4- Recordad que por causa del espacio que el citado texto ocupará en las listas de correo en que será publicado serán rechazadas automáticamente las oraciones que me sean enviadas el viernes santo, dado que muchos participan en las campañas de oración que llevamos a cabo demasiado tarde como para que sus oraciones sean enviadas a todos vosotros, ya que si os las envío individualmente puedo colapsar vuestros buzones de correo.
Espero contar con vuestra participación.

Creado por trigodedios | 0 comentarios | 22/03/07 21:52

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