TRIGO DE DIOS
Domingo II de Adviento, ciclo c. en TRIGO DE DIOS
Domingo II de Adviento, ciclo c.
Acepta a Jesús en tu corazón.
Padre nuestro
Domingo, 10-12-2006, Domingo II de Adviento del ciclo c
Edición número 72
En esta edición de Padre nuestro, encontraréis los siguientes contenidos:
-Celebremos la Eucaristía. Lecturas eucarísticas, oraciones, homilía dominical y lectura después de la Comunión.
Celebremos la Eucaristía
Domingo II de Adviento del ciclo c
Canto de entrada
Vienen con alegría
Vienen con alegría, Señor
cantando vienen con alegría, Señor,
los que caminan por la vida, Señor,
sembrando tu paz y amor (vis).
Vienen llevando la esperanza
a un mundo cargado de ansiedad,
un mundo que busca y que no alcanza
caminos de amor y de amistad.
Vienen llevando entre sus manos
esfuerzos de hermanos por la paz,
deseos de un mundo más humano
que nacen del bien y la verdad.
Cuando el odio y la violencia
anidan en nuestro corazón,
el mundo sabrá que por herencia
le aguardan tristezas y dolor.
(Desconozco el autor de esta canción).
Antífona de entrada
El Señor vendrá para salvar a las naciones. él hará oír su voz majestuosa y llenará de alegría los corazones de ustedes (CF. IS, 30, 19).
Saludo del sacerdote
V. El Señor, que viene a salvarnos, esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.
Monición de entrada
Sed bienvenidos a la casa de Dios.
Todos necesitamos a Dios, así pues, aunque mucha gente que no cree en nuestro Padre común piensa que quienes más necesitan relacionarse con nuestro Criador son los pobres y enfermos por causa de su situación actual, nuestro Padre común es más importante que cualquier pensamiento de bienestar que pueda embargar nuestra mente. Independientemente de lo alegres o tristes que nos sintamos, nadie podrá amarnos como lo hace nuestro Creador, por consiguiente, necesitamos que nuestra existencia se prolongue más allá del dolor, el pecado, la enfermedad y la muerte.
Iniciemos esta celebración eucarística disponiendo nuestro corazón a acoger la Palabra del Dios que, en este Domingo II del Adviento del año 2006, ha venido a nuestro encuentro, para recordarnos que Jesús está por llegar a nuestro mundo un año más.
Acto penitencial
V. Hermanos:
Para celebrar dignamente estos sagrados misterios, reconozcamos nuestros pecados.
O bien:
V. El Señor Jesús, que nos invita a la mesa de la Palabra y de la Eucaristía, nos llama ahora a la conversión. Reconozcamos, pues, que somos pecadores e invoquemos con esperanza la misericordia de Dios.
Todos. Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante vosotros, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión. Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa. Por eso ruego a Santa María, siempre Virgen, a los ángeles, a los santos y a vosotros, hermanos, que intercedáis por mí ante Dios, nuestro Señor.
V. Tú que nos has prometido que vendrás a este mundo el día de Navidad para que tu sacrificio nos demuestre la grandeza de tu amor para con nosotros: Señor, ten piedad.
R. Señor, ten piedad.
V. Tú que eres la esperanza de los enfermos, los pobres, las viudas y los desamparados: Cristo, ten piedad.
R. Cristo, ten piedad.
V. Tú que vendrás al final de los tiempos a concluir la instauración de tu Reino en nuestros corazones: Señor, ten piedad.
R. Señor, ten piedad.
V. Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
Durante el tiempo de Adviento no recitamos el Gloria en las celebraciones eucarísticas. Con el gesto de omitir tan bella oración de las celebraciones de la entrega generosa de nuestro Señor a Dios y a nosotros sus prójimos, elevamos al cielo nuestro espíritu penitente que espera ansioso que Jesucristo se nos manifieste en sus dos venidas.
Oración colecta
Dios todopoderoso y rico en misericordia, que ninguna de nuestras actividades nos impida acudir al encuentro de tu Hijo, y que guiados por tu sabiduría divina, podamos gozar siempre de su compañía. Te lo pedimos por el mismo Jesucristo, nuestro Señor, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
R. Amén.
Liturgia de la Palabra
Lecturas eucarísticas y moniciones que anteceden a las mismas
Monición de la primera lectura
En la primera lectura correspondiente a la Eucaristía que estamos celebrando, Barucc nos incita a creer que, cuando acontezca la segunda venida o Parusía de Jesús, nuestro Señor eliminará nuestras miserias.
Primera lectura
Dios mostrará su esplendor sobre ti
Lectura del profeta Baruc 5,1-9
Jerusalén, quítate tu ropa de duelo y aflicción, y vístete para siempre el esplendor de la gloria que viene de Dios. Envuélvete en el manto de la justicia que procede de Dios, pon en tu cabeza la diadema de gloria del Eterno. Porque Dios mostrará tu esplendor a todo lo que hay bajo el cielo. Pues tu nombre se llamará de parte de Dios para siempre: <<Paz de la Justicia>> y <<Gloria de la Piedad>>.
Levántate, Jerusalén, sube a la altura, tiende tu vista hacia el Oriente y ve a tus hijos reunidos desde oriente a occidente, a la voz del Santo, alegres del recuerdo de Dios.
Salieron de ti a pie, llevados por enemigos, pero Dios te los devuelve traídos en su gloria, como un trono real. Porque ha ordenado Dios que sean rebajados todo monte elevado y los collados eternos, y colmados los valles hasta allanar la tierra, para que Israel marche en seguro bajo la gloria de Dios. Y hasta las
selvas y todo árbol aromático darán sombra a Israel por orden de Dios. Porque Dios guiará a Israel con alegría a la luz de su gloria, con la misericordia y la justicia que vienen de él.
Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.
Monición del Salmo responsorial
Podemos dividir el Salmo responsorial en dos partes, así pues, en la primera parte de esta hermosa oración, recordamos nuestro estado actual, y, al meditar sobre la segunda parte, podemos constatar cómo es aumentada nuestra fe, pues esperamos que nuestro Señor se nos revele, sin que necesitemos la fe para percatarnos de su presencia entre nosotros.
Salmo responsorial Sal 125,1-2ab.2cd-3.4-5.6.
R. el Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres.
Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,
nos parecía soñar;
la boca se nos llenaba de risas,
la lengua entre cantares. R.
Hasta los gentiles decían:
"El Señor ha estado grande con ellos".
El Señor ha estado grande con nosotros,
y estamos alegres. R.
Que el Señor cambie nuestra suerte
como los torrentes del Negueb.
Los que sembraban con lágrimas,
cosechan entre cantares. R.
Al ir, iban llorando,
llevando la semilla,
al volver, vuelven cantando,
trayendo sus gavillas. R.
Monición de la segunda lectura
El texto paulino que meditaremos a continuación, nos incita a que actuemos como buenos cristianos que esperan que acontezca la Parusía de su Señor y Maestro, así pues, él llevará a cabo nuestras aspiraciones, y nos hará vivir eternamente en la presencia de nuestro Padre común.
Segunda lectura
Manteneos limpios e irreprochables para el día de Cristo
Lectura de la carta del apóstol San Pablo a los Filipenses 1,4-6.8-11
Rogando siempre y en toda mis oraciones con alegría por todos vosotros a causa de la colaboración que habéis prestado al Evangelio, desde el primer día
hasta hoy; firmemente convencido de que, quien inició en vosotros la buena obra, la irá consumando hasta el Día de Cristo Jesús.
Pues testigo me es Dios de cuánto os quiero a todos vosotros en el corazón de Cristo Jesús. Y lo que pido en mi oración es que vuestro amor siga creciendo cada vez más en conocimiento perfecto y todo discernimiento, llenos de los frutos de justicia que vienen por Jesucristo, para la gloria y alabanza de
Dios.
Palabra de Dios.
R. te alabamos, señor.
Aleluya, Aleluya: Cuando el Hijo del hombre venga, ¿encontrará la fe sobre la tierra? (LC. 18, 8). Aleluya.
Monición del Evangelio
Pidámosle a nuestro Padre común que la predicación del Profeta Isaías y el anuncio de San Juan el Bautista acrecienten nuestra fe, y nos alienten a celebrar las dos venidas del Mesías al mundo.
Evangelio
Todos verán la salvación de Dios
Lectura del santo Evangelio según San Lucas 3,1-6
R. Gloria a ti, señor.
En el año quince del imperio de Tiberio César, siendo Poncio Pilato procurador de Judea, y Herodes tetrarca de Galilea; Filipo, su hermano, tetrarca de
Iturea y de Traconítida, y Lisanias tetrarca de Abilene; en el pontificado de Anás y Caifás, fue dirigida la palabra de Dios a Juan, hijo de Zacarías,
en el desierto. Y se fue por toda la región del Jordán proclamando un bautismo de conversión para perdón de los pecados, como está escrito en el libro
de los oráculos del profeta Isaías: Voz que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas; todo barranco será rellenado, todo
monte y colina será rebajado, lo tortuoso se hará recto y las asperezas serán caminos llanos. Y todos verán la salvación de Dios.
Palabra del Señor
R. gloria a ti, señor Jesús.
Homilía
Cuando ruego por vosotros -les escribió San Pablo a los cristianos de la comunidad eclesiástica de Filipos-, lo hago lleno de alegría" (Flp. 1, 4) Hoy empezamos a celebrar la segunda semana del tiempo de Adviento, así pues, sólo faltan 15 días para que el Señor Jesús nazca en nuestros corazones. Las palabras del Apóstol Pablo con las cuales hemos empezado esta meditación, nos recuerdan que el tiempo litúrgico que estamos conmemorando, es para nosotros un periodo de penitencia, esperanza y oración. No existe mejor forma de contribuir con Dios a nuestra purificación que orar, y no existen mejores oraciones que las obras que hacemos en favor nuestro y de nuestros hermanos los hombres. El Adviento es semejante a una carrera durante la que hay que superar una serie de obstáculos para alcanzar la meta, es decir, hasta llegar a la Navidad después de haber superado un estado anímico que nos parecía insalvable, o después de haber logrado un propósito, algo que nos parecía Imposible de obtener. Dios viene a nuestro mundo, a nuestro ambiente, a nuestra vida. ¿Cómo recibiremos este año a Jesús? No existe mejor manera de recibir a nuestro Hermano en su Natividad que seguir al pie de la letra las recomendaciones que San Pablo nos hace en la segunda lectura de la Eucaristía que estamos celebrando.
El Apóstol nos dice: "No en vano os habéis afanado conmigo en la difusión del mensaje de salvación desde el primer día hasta hoy" (Flp. 1, 5) ¿Constituye la Palabra de Dios un mensaje útil para los hombres del siglo XXI? ¿Es alentador para nosotros el Evangelio frente al rechazo de las utopías por parte de quienes se admiran ante los avances científicos? El autor de los Salmos nos dice con respecto a los interrogantes que nos estamos planteando: "Me consumo ansiando tu salvación y espero en tu palabra" (Sal. 119, 81) ¿Qué dádivas esperamos recibir de la Palabra de Dios? ¿Por qué esperamos día y noche a que venga a nosotros Jesús, el "Sol de justicia"? (Lc. 1, 78) Siempre hemos sido víctimas de la enfermedad, el dolor, el error y la muerte. En Navidad conmemoraremos la primera venida de Jesús, un acontecimiento que simboliza la Parusía del Señor, el día en que seremos librados de los enemigos que nos acechan. Gracias a la fe que Dios nos ha concedido, aunque aún vivimos en este valle de lágrimas, de alguna manera, estamos siendo vivificados por los dones y virtudes que hemos recibido de nuestro Padre y Dios. Por nuestra fe sabemos que sólo esperamos de Dios que El sea uno más entre nosotros, porque sólo nos queda esperar que la vida sobrenatural de nuestra alma espiritual, abarque también a nuestro cuerpo mortal. Bajo esta óptica, la muerte es para nosotros una tentación que resulta difícil de rechazar, aunque no por ello debemos de abandonar nuestra actividad diaria, pues, cuanto más purificados seamos, más pleno será nuestro gozo con respecto a la vida que nos espera en el Reino de Dios. San Pablo les escribió a los cristianos de Filipos en estos términos: "Sé que, gracias a vuestras oraciones y a la ayuda del Espíritu de Jesucristo, todo contribuirá a mi salvación. Así lo espero ardientemente, seguro de no quedar defraudado y de que en todo momento, tanto si estoy vivo como si estoy muerto, Cristo manifestará su gloria en mi persona. Porque
Cristo es la razón de mi vida, y la muerte, por tanto, me resulta una ganancia. Pero ¿y si mi vida en este mundo fuese todavía provechosa? Verdaderamente no sé qué elegir" (Flp. 1, 19-22) San Pablo deseaba morir antes que vivir, pero quería quedarse en el mundo, para servir a Dios en sus prójimos los hombres.
San Pablo nos dice: "Estoy seguro de que Dios, que ha comenzado entre vosotros una labor tan excelente, irá dándole cima en espera del día de Cristo Jesús" (Flp. 1, 6) Dios quiera que se cumplan en nosotros las palabras que Pablo de Tarso decía con respecto a sí mismo: "Mi vida en este mundo consiste en creer en el Hijo de Dios, que me amó y entregó su vida por mí" (Gál. 2, 20) Si vivimos para nuestros familiares, satisfacemos nuestras carencias, y somos útiles para nuestra Iglesia y la sociedad mediante nuestras obras y oraciones, podemos aplicarnos las siguientes palabras de Pablo: "Ya no soy yo quien vive, es Cristo quien vive en mí" (Gál. 2, 20), es Cristo quien nos ha transfigurado y configurado a imagen suya, para que llevemos a cabo su obra de salvación. Al principio de la Carta a los Hebreos encontramos las siguientes palabras: "Dios habló en otro tiempo a nuestros antepasados por medio de los profetas, y lo hizo en distintas ocasiones y de múltiples maneras. Ahora, Llegada la etapa final, nos ha hablado por medio de su Hijo, a quien constituyó heredero de todas las cosas y por quien trajo el universo a la existencia" (Heb. 1, 1-2) Dios nos habló a través de Jesús, así pues, después de que nuestro Señor fuera ascendido al cielo, y de que el Espíritu Santo vino a llenar nuestra existencia en Pentecostés, ¿por qué no somos nosotros los nuevos transmisores de la Palabra de Dios para que el mundo vea la luz?
2. San Juan Bautista es uno de los más grandes predicadores del tiempo de Adviento, así pues, Dios le nombró Precursor de Jesús, para que fuera delante del Mesías preparándole el camino, disponiendo el corazón de sus contemporáneos para que se convirtieran al Evangelio. Juan predicaba en el desierto un "bautismo de conversión para perdón de los pecados" (Lc. 3, 3) La mejor penitencia que podemos hacer en estos días, consiste en que preparemos a quienes nos rodean para que Jesús nazca este año en el corazón de toda la humanidad. Jesús no sólo vale la pena, vale la vida, y nosotros, si le hemos entregado nuestra vida al Señor de manera que es El quien vive en nosotros, por nosotros y para nosotros, debemos preparar a la sociedad para que acepte al Señor que está por venir. Sólo faltan 15 días para que conmemoremos el Nacimiento de Jesús, así pues, corramos dignamente salvando obstáculos propios y ajenos, porque el Señor está por nacer, y es necesario que hayamos recorrido una
Parte del camino de nuestra purificación el día de Navidad.
3. En el tiempo de Adviento conmemoramos las dos venidas de Jesús a visitarnos. Teniendo en cuenta el hecho de que los ciclos litúrgicos culminan incitándonos a esperar el acontecimiento de la Parusía del Señor, durante las próximas semanas, pienso que debemos centrarnos en la preparación de la Navidad. El término natividad se traduce como nacimiento, así pues, la Navidad es el nacimiento de Jesús en Belén de Judea.
4. Las más grandes personalidades del Antiguo Testamento recibieron la revelación de Dios con respecto a que el Mesías vendría a visitarnos para "buscar y salvar lo que estaba perdido" (Lc. 19, 10) Nosotros sabemos que Jesús, a través de su Pasión, muerte y resurrección, rompió las cadenas por cuya errónea visión no podemos ser felices. Dios Padre le entregó al Señor un mundo de ovejas perdidas y lo facultó para que reuniera su rebaño, así pues, una vez que Jesús concluyó el trabajo que le fue encomendado, sólo le queda esperar, según palabras del Salmista, sentado a la diestra del Padre, que este ponga a sus enemigos (el pecado, el error, la enfermedad y la muerte), por estrado de sus pies (Sal. 110, 1)
5. El próximo 25 de diciembre no celebraremos solamente el Nacimiento de Jesús, pues celebraremos el hecho de que Dios se hizo Hombre, no un hombre cualquiera, sino aquel que había de ser considerado el más despreciable de todos los más marginados de todos los tiempos. Al recordar la Encarnación del Verbo o Palabra de Dios, recordaremos también el inicio del cumplimiento del plan salvífico de Dios por parte de nuestro Jesús. Un año más, el 25 de diciembre, Jesucristo nacerá en nuestros corazones murmurando una oración: "Aquí vengo yo para hacer tu voluntad" (Heb. 10, 7) "Cese la maldad de los culpables y apoya al inocente, tú que sondeas corazón y entrañas, Dios justo" (Sal. 7, 10) "Te daré gracias con sincero corazón cuando aprenda tus justos mandamientos; Quiero guardar tus leyes exactamente, no me abandones" (Sal. 119, 7-8) "Fuiste tú quien me sacó del vientre, me tenías confiado en los pechos de mi madre, desde el seno pasé a tus manos, desde el vientre materno tú eres mi Dios" (Sal. 22, 10-11)
6. A pesar de que la posición social de José no era mala, Dios quiso que su Hijo naciera siendo pobre. José y María no pudieron festejar el Nacimiento de Jesús durante una semana según tenían los judíos por costumbre, así pues, Dios quería celebrar aquella fiesta a su manera. Jesús nació en un tiempo en el que no había guerra en ningún país. No podemos decir que en aquel tiempo la paz mundial era absoluta, pero sí podemos decir que no había guerra en ningún país cuando nació el Señor. Jesús, en la primera Nochebuena, se rodeó de sus pobres, pastores tan miserables que quizá tuvieron que robar en más de una ocasión para poder sobrevivir, hombres de corazón joven que corrieron al portal de Belén salmodiando intuitivamente en los siguientes términos: "¿Cómo podrá un joven proceder limpiamente? Cumpliendo tus palabras; te busco de todo corazón, no consientas que me desvíe de tus mandamientos" (Sal. 119, 9-10) Quizá alguno de nosotros se quedará sin asistir a la Misa de la Vigilia de la Natividad del Señor, quizá comeremos y beberemos para festejar la Nochebuena, sin caer en el detalle de pensar que muchos de los que leerán este texto pueden tener problemas con la Justicia de su país de residencia, o quizá que alguno de nuestros hermanos tiene problemas sicológicos que le impiden ser feliz... ¡No podemos celebrar la Navidad pasivamente! Tenemos que asemejarnos a Jesús, el Hombre que estaba facultado para cautivar a mucha gente. ¿Qué le dijo Jesucristo a Mateo el publicano para que este abandonara su trabajo de recaudador de impuestos? "Vente conmigo" (Mc. 2, 14) ¿Por qué no les decimos a quienes viven en nuestro hogar que los invitamos a conocer a Jesucristo? ¿Por qué no salimos a la calle para decirles a quienes nos quieran escuchar que "el Reino de Dios ya está entre nosotros" (Lc. 17, 21) y que "en casa de mi Padre hay lugar para todos" (Jn. 14, 2)?
Oración de los fieles
"Restablecidos, pues, en la amistad divina por medio de la fe, Jesucristo nuestro Señor nos mantiene en paz con Dios. Cristo mismo ha sido quien nos ha instalado, mediante la fe, en esta situación de gracia en que vivimos y nos hace poner nuestra honra en la esperanza de participar en la gloria de Dios. Es más, hasta las dificultades nos llenan de alegría, porque sabemos que en la dificultad se forja la entereza del hombre, y un hombre así merece la aprobación de Dios, y la aprobación de Dios es fuente de esperanza. Una esperanza que no decepciona porque, al darnos el Espíritu Santo, Dios nos ha inundado de su amor el corazón" (ROM. 5, 1-5). Démosle a nuestro Padre común las más sinceras gracias por aumentar nuestra fe en él en el tiempo en que preparamos la celebración de las dos venidas de nuestro Hermano y Señor Jesús a redimirnos y a concluir la instauración de su Reino de amor y de paz entre nosotros.
Respondemos a cada petición: Ven a nuestro encuentro, Señor Jesús.
V. Jesús le dijo a San Pedro: "Por eso te digo que tú eres Pedro (piedra), y sobre esta piedra voy a edificar mi Iglesia, y el poder del sepulcro no la vencerá. Yo te daré las llaves del Reino de Dios: lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos" (MT. 16, 18-19). Manifiéstate en el Papa Benedicto XVI, -el sucesor de San Pedro-, para que el Obispo de Roma lleve a cabo el trabajo que le ha sido encomendado, en conformidad con tu voluntad. Oremos.
V. Jesús nos dijo por mediación de San Juan: "Os dejo la paz, mi propia paz. Una paz que no es la que el mundo da. No estéis angustiados, no tengáis miedo" (JN. 14, 27). Concédenos la paz que necesitamos, sé el consuelo de los que sufren, y ayúdanos a realizar nuestras aspiraciones sin que el miedo al fracaso coarte la consecución de la felicidad que ansiamos. Oremos.
V. Jesús les dijo a los Santos hermanos Juan y Santiago: "... beberéis de mi copa de amargura..." (CF. MT. 20, 23). Te pedimos por los religiosos y laicos de tu Iglesia, para que deseemos vivir imitando a Jesús, nuestro más alto modelo de santidad. Oremos.
V. Jesús nos dijo por mediación de San Mateo: (¡Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os daré descanso¡" (MT. 11, 28). Manifiéstate a los pobres, a los enfermos y a los desamparados, para que, al solventar sus carencias, podamos aceptarte sin reservas, al constatar, nuevamente, que nos amas. Oremos.
V. Jesús nos dijo por mediación de San Marcos: "Dejad que los niños vengan a mí y no se lo impidáis, porque el reino de Dios es de los que son como ellos" (MC. 10, 14). Te pedimos por la formación espiritual de nuestros niños, los religiosos y laicos del futuro, y también te pedimos por nosotros, para que te acojamos en nuestro corazón con el amor que los niños les manifiestan a sus padres. Oremos.
V. Te pedimos, Padre nuestro, que nuestro corazón no se aleje de ti al preparar la celebración de la Navidad, pues nuestra fe es más trascendental para nosotros que las celebraciones materiales. Oremos.
V. En el día en que nos hemos reunido ante tu altar para celebrar la entrega generosa de Jesús para redimirnos y para aumentar nuestra fe y nuestra esperanza, te pedimos que escuches nuestras oraciones, pues anhelamos el hecho de vivir en tu presencia. Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.
Liturgia eucarística
Canto del Ofertorio
Una espiga
Una espiga dorada por el sol, el racimo que corta el viñador, se convierten ahora el pan y vino de amor, en el cuerpo y la sangre del Señor.
Comulgamos la misma comunión, somos trigo del mismo sembrador, un molino la vida nos tritura con dolor, en el cuerpo y la sangre del Señor.
Como granos que han hecho el mismo pan, como notas que tejen un cantar, como gotas de agua que se funden en el mar los cristianos un cuerpo formarán.
En la mesa de Dios se sentarán, como hijos su pan comulgarán, una misma esperanza caminando cantarán en la vida como hermanos se amarán.
(Desconozco el autor de esta canción).
Oración sobre las ofrendas
Te pedimos, Padre, que te sean agradables nuestras humildes oraciones y ofrendas, y ya que carecemos de méritos propios, acude bondadoso en nuestra ayuda. Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.
Prefacio de Adviento III
Cristo, Señor y Juez de la historia
V. El Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.
V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.
V. En verdad es justo darte gracias, es nuestro deber cantar en tu honor himnos de bendición y de alabanza, Padre todopoderoso, principio y fin de todo lo creado. Tú nos has ocultado el día y la hora en que Cristo, tu Hijo, Señor y juez de la historia, aparecerá, revestido de poder y de gloria sobre las nubes del cielo. En aquel día terrible y glorioso pasará la figura de este mundo y nacerán los cielos nuevos y la tierra nueva. El mismo Señor que se nos mostrará entonces lleno de gloria viene ahora a nuestro encuentro en cada hombre y en cada acontecimiento, para que lo recibamos en la fe y por el amor demos testimonio de la espera dichosa de su reino. Por eso, mientras aguardamos su última venida, unidos a los ángeles y a los santos, cantamos el himno de tu gloria:
Santo, Santo, Santo...
Antífona de la Comunión
Levántate, Jerusalén, sube a lo alto, y contempla la alegría que te viene de Dios (BAR. 5, 5; 4, 36).
Canto de Comunión
Ven Señor
Ven Señor, quiero platicarte hoy,
de ese gran momento que llegó.
Tu amor, que mi vida transformó
en un canto y una oración.
Toda esa alegría que me dio tu encuentro,
quiero transmitirla hoy Señor,
quiero darle paz a todos mis hermanos,
quiero darle a ellos libertad.
Hoy mi Dios, sólo pido voluntad,
pues contigo quiero continuar,
y aumentar toda la humildad y fe
tratando tu palabra extender.
Toda esa alegría...
(Desconozco el autor de esta canción).
Lectura después de la Comunión
La Reina del cielo a su hija querida María de la Santa Faz
1 Yo buscando estoy a un niño
que a mi Jesús se parezca,
a mi único Cordero (1),
para esconder a los dos
en una misma cunita.
2 Los ángeles de la patria
envidiarían tal suerte (2);
mas yo te la doy a ti:
María, este niño Dios
tu Dios y esposo será.
3 Te escojo para que seas
de mi Jesús hermanita.
¿Deseas acompañarle?
¡Posarás en mi regazo!
4 Te esconderá bajo el manto
que cubre al Rey de los cielos.
Para tus ojos, mi Hijo
será ya brillante estrella.
5 Para que mi manto pueda
cubrirte junto a Jesús,
tienes que ser pequeñita,
con virtudes infantiles (4).
6 Quiero que en tu frente brillen
la dulzura y la pureza.
Mas sobre todo te doy
por virtud la sencillez.
7 El Dios Uno en Tres personas,
que el ángel temblando adora,
quiere que sólo le des
por nombre «Flor de los campos».
8 Como blanca margarita
que vive mirando al cielo,
tú has de ser la flor sencilla
del Niño de navidad.
9 El mundo desconocía (5)
los encantos de este Rey
que se desterró del cielo (6).
Muchas veces tú verás
cómo en sus dulces ojitos
las lágrimas brillan ya.
10 Tendrás que olvidar tus penas
para alegrar a mi Niño,
bendecir con alegría
los nobles lazos que te atan
y cantar muy suavemente...
11 El Dios todopoderoso
que calma a al mar rugiente,
tomando rasgos de niño
se ha hecho débil y pequeño.
12 El Verbo, que es la palabra,
Palabra eterna del Padre,
que por ti aquí se destierra,
mi dulce Cordero, que es
también tu pequeño hermano,
¡oh, niña, no te hablará!
13 El silencio es la primera
prenda del amor callado.
Comprendiendo su lenguaje,
deberás siempre imitarle.
14 Y si alguna vez se duerme,
cerca de él descansarás.
Su corazón vela siempre
y te servirá de apoyo
para poder descansar.
15 No te inquiete la labor
que has de cumplir cada día;
tu solo quehacer, María,
en la vida es el amor.
16 Puedes decir a quien diga
que tus obras no se ven:
«amo mucho, y en la vida
el amor es mi quehacer».
17 Jesús hará tu corona (7)
si sólo buscas su amor.
Un día te hará reinar
si le das tu corazón.
18 Tras la noche de esta vida
verás su dulce mirada,
y a aquella cumbre de arriba
volará tu alma veloz...
(Santa Teresita de Lisieux).
Oración después de la Comunión
Saciados con el alimento espiritual, te rogamos, Padre, que por la participación de este santo misterio, nos enseñes a valorar sabiamente las cosas terrenas con el corazón puesto en las celestiales. Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.
Bendición solemne de Adviento
V. Que Dios omnipotente y misericordioso os santifique con la celebración de este Adviento y os llene de sus bendiciones, ya que creéis que Cristo vino al mundo y esperáis su retorno glorioso.
R. Amén.
V. Que durante toda la vida os conceda permanecer firmes en la fe, alegres en la esperanza y eficaces en la caridad.
R. Amén.
V. Que os enriquezca con los premios eternos cuando venga de nuevo en la majestad de su gloria aquel de cuya encarnación, llenos de fe, os alegráis ahora.
R. Amén.
V. Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros.
R. Amén.
V. Podéis ir en paz.
R. Demos gracias a Dios.
Exhortación de despedida
Después de recibir a Jesús en la Eucaristía, volvamos a iniciar la realización de nuestras actividades ordinarias, y hagamos el propósito de dirigir las celebraciones navideñas materiales a fortalecer nuestra espiritualidad.
Canto final
Maestra de la fe
Fuente de paz y de fidelidad,
Virgen María.
Dios se fijó en ti por tu humildad,
Virgen María. Elegida del Señor,
siempre dócil a su voz, en el amor.
Hágase, Señor,
en mí tu voluntad.
Hágase en mí, según tu palabra.
Con María unimos nuestras voces al cantar:
Hágase Señor,
tu voluntad en mí.
Hágase, Señor, tu voluntad.
Llena de amor, de luz y sencillez,
Virgen María.
Guía mis pies, maestra de la fe,
Virgen María. Cambia nuestro corazón,
por tu fiel intercesión, ante el Señor.
Creado por trigodedios | 0 comentarios | 17/04/07 21:12
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