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Domingo II de Adviento, ciclo a. en TRIGO DE DIOS

Domingo II de Adviento, ciclo a.

Convertíos al Evangelio, porque el Señor está por llegar. Padre nuestro.

Domingo, 9-12-2007, Domingo II de Adviento del ciclo a.

Edición número 2.

En esta edición de Padre nuestro, encontraréis los siguientes contenidos:

-Celebremos la Eucaristía. Lecturas eucarísticas, oraciones, homilía dominical y lectura después de la Comunión.

Domingo II de Adviento del ciclo a.

Antífona de entrada:

Pueblo de Sión, mira que el Señor va a venir para salvar a todos los hombres y dejar oír la majestad de su voz para alegría de vuestro corazón (CFR.
IS. 30, 19. 30).

Saludo inicial del celebrante:

El Señor, que viene a salvarnos, esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.

Durante el tiempo de Adviento no recitamos el Gloria. Con el gesto de omitir tan bella oración elevamos al cielo nuestro espíritu penitente que espera ansioso que Jesucristo se nos manifieste en sus dos venidas.

Monición de entrada:

El primer Domingo de Adviento, a través de su Liturgia, la Iglesia nos instó a esperar con fe y alegría a recibir al Mesías en sus 2 venidas. Isaías, el Profeta de la esperanza, nos animará, a lo largo del tiempo que nos resta para celebrar la Natividad del Señor, para que hagamos del ejercicio de la caridad, la formación espiritual y la oración, un ciclo de experiencias mediante el cuál, por mediación del aumento de nuestro deseo de ser salvos, nuestro corazón aguarde con inefable júbilo la doble llegada del Redentor de las naciones. Si esperamos la doble manifestación del Señor con el corazón henchido de esperanza, ¿evitaremos el hecho de convertirnos al Evangelio? Cuando nuestro Señor fue bautizado por San Juan Bautista, el Hijo de María, después de vencer la triple tentación en la soledad, empezó a predicar en los términos que siguen: "-El tiempo ha llegado y el Reino de Dios ya está cerca" (MC. 1,
15). Nuestro Señor, antes de ser traicionado por Judas, les dijo a sus discípulos: "El Reino de Dios ya está entre vosotros" (LC. 17, 21).

Oración colecta:

Que nuestras responsabilidades terrenas no nos impidan, Señor, prepararnos a la venida de tu Hijo, y que la sabiduría que viene del cielo, nos disponga a recibirlo y a participar de su propia vida. Por nuestro Señor Jesucristo tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
R. Amén.

Liturgia de la Palabra.

Lecturas eucarísticas precedidas de sus moniciones correspondientes.

Monición de la primera lectura:

Al igual que lo hiciera Isaías en la primera lectura correspondiente al Domingo I de Adviento (IS.
2, 1-5), el autor del Emmanuel nos sigue instando a disponer nuestro corazón a recibir al Mesías en sus 2 venidas. Cuando acontezca la Parusía de Cristo Rey, todos los hombres seremos iguales, de forma que Dios eliminará toda injusticia de la haz de la tierra. Mediante una serie de símbolos, el Profeta nos hace entender que, por la gracia del Espíritu Santo, cuando Cristo venga a visitarnos por segunda vez, el Mesías eliminará nuestros respetos humanos, y, por ello, todos tendremos la misma dignidad de hijos de Dios.

Primera lectura:

Juzgará a los pobres con justicia.

Lectura del libro del Profeta Isaías 11, 1-10.

Aquel día, brotará un renuevo del tronco de Jesé, y de su raíz florecerá un vástago.

Sobre él se posará el espíritu del Señor: espíritu de prudencia y sabiduría, espíritu de consejo y valentía, espíritu de ciencia y temor del Señor. Le inspirará el temor del Señor.

No juzgará por apariencias ni sentenciará sólo de oídas; juzgará a los pobres con justicia, con rectitud a los desamparados.

Herirá al violento con la vara de su boca, y al malvado con el aliento de sus labios.

La justicia será cinturón de sus lomos, y la lealtad, cinturón de sus caderas.

Habitará el lobo con el cordero, la pantera se tumbará con el cabrito, el novillo y el león pacerán juntos: un muchacho pequeño los pastorea.

La vaca pastará con el oso, sus crías se tumbarán juntas; el león comerá paja con el buey. El niño jugará en la hura del áspid, la criatura meterá la mano en el escondrijo de la serpiente.

No harán daño ni estrago por todo mi monte santo: porque está lleno el país de ciencia del Señor, como las aguas colman el mar. Aquel día, la raíz de Jesé se erguirá como enseña de los pueblos: la buscarán los gentiles, y será gloriosa su morada.

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Monición del Salmo responsorial:

Al meditar el Salmo responsorial, haremos un acto de fe inspirándonos en el contenido teológico de la lectura de Isaías que acaba de ser proclamada, así pues, al tener presente la forma en que nuestro Señor se apiadará de quienes sufren por cualquier causa, alabaremos a Dios, en la forma que a continuación oiremos que describió el autor del Salmo 71 en la magistral obra, que fue compuesta para elevar nuestro espíritu a nuestro Criador.

Salmo responsorial:

R. Que en sus días florezca la justicia, y la paz abunde eternamente.

Sal. 71, 1-2. 7-8. 12-13. 17.

Dios mío, confía tu juicio al rey, tu justicia al hijo de reyes, para que rija a tu pueblo con justicia, a tus humildes con rectitud. R.

Que en sus días florezca la justicia y la paz hasta que falte la luna; que domine de mar a mar, del Gran Río al confín de la tierra. R.

Él librará al pobre que clamaba, al afligido que no tenía protector; él se apiadará del pobre y del indigente, y salvará la vida de los pobres. R.

Que su nombre sea eterno, y su fama dure como el sol: que él sea la bendición de todos los pueblos, y lo proclamen dichoso todas las razas de la tierra. R.

Monición de la segunda lectura:

San Pablo nos dice en su segunda Carta a los cristianos de Corinto: "Tened un mismo sentir" (2 COR.
11, 13). En el fragmento de la Carta a los Romanos que escucharemos a continuación, basándose en la conversión que Dios desea que se opere en nuestra vida, Pablo de Tarso nos pide que actuemos esforzándonos en imitar a Cristo, de tal forma que tengamos la misma manera de pensar y actuar que impulsó a nuestro
Señor a cumplir la voluntad de Dios durante los días de su existencia mortal. Si somos hijos de Dios, hemos de actuar como hermanos que somos unos de otros. Esta ideología cristiana que profesamos ha de producir frutos salvíficos en nuestra vida.

Segunda lectura:

Cristo salva a todos los hombres.

Lectura de la Carta del Apóstol San Pablo a los Romanos 15, 4-9.

Hermanos:

Todas las antiguas Escrituras se escribieron para enseñanza nuestra, de modo que entre nuestra paciencia y el consuelo que dan las Escrituras mantengamos la esperanza.

Que Dios, fuente de toda paciencia y consuelo, os conceda estar de acuerdo entre vosotros, según Jesucristo, para que unánimes, a una voz, alabéis al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo.

En una palabra, acogeos mutuamente, como Cristo os acogió para gloria de Dios. Quiero decir con esto que Cristo se hizo servidor de los judíos para probar la fidelidad de Dios, cumpliendo las promesas hechas a los patriarcas; y, por otra parte, acoge a los gentiles para que alaben a Dios por su misericordia.
Así, dice la Escritura:

«Te alabaré en medio de los gentiles y cantaré a tu nombre»

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Aleluya, Aleluya: Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos. Todos verán la salvación de Dios.

Monición del evangelio:

A pesar de la forma exagerada de predicar que caracterizaba al Bautista, Dios envió al hijo de Zacarías y de Elisabeth al mundo para que hiciera volver los corazones de los padres a los hijos, y a los rebeldes a la prudencia de los justos, para prepararle al Señor un Reino bien dispuesto (Cf. LC. 1, 17). Para nosotros es muy fácil y tentador esperar que se produzca la manifestación de Jesús sin ocuparnos de actuar como coprotagonistas de la redención de la humanidad. ¿Actuamos en nuestro ambiente familiar y social cumpliendo la Ley de Dios en todo momento y promoviendo nuestros valores cristianos? El Bautista nos va a decir en el Evangelio que será proclamado seguidamente por el sacerdote que nuestro Padre y Dios desea que seamos un fermento evangelizador activo en nuestro entorno social, lámparas individuales que reciben la luz que transmiten de un mismo sol de justicia que, al iluminar a quienes las miran, reciben con más ímpetu el resplandor divino, es decir, su razón de existir.

Evangelio:

Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos.

Lectura del santo Evangelio según San Mateo 3, 1-12.
R. Gloria ti, Señor.

Por aquel tiempo, Juan Bautista se presentó en el desierto de Judea, predicando: -«Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos.» Éste es el que anunció el profeta Isaías, diciendo:

«Una voz grita en el desierto: "Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos."

Juan llevaba un vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre.

Y acudía a él toda la gente de Jerusalén, de Judea y del valle del Jordán; confesaban sus pecados; y él los bautizaba en el Jordán.

Al ver que muchos fariseos y saduceos venían a que los bautizara, les dijo:

-« ¡Camada de víboras!, ¿quién os ha enseñado a escapar del castigo inminente?

Dad el fruto que pide la conversión. Y no os hagáis ilusiones, pensando: "Abraham es nuestro padre", pues os digo que Dios es capaz de sacar hijos de Abraham de estas piedras.

Ya toca el hacha la base de los árboles, y el árbol que no da buen fruto será talado y echado al fuego.

Yo os bautizo con agua para que os convirtáis; pero el que viene detrás de mí puede más que yo, y no merezco ni llevarle las sandalias.

Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego. Él tiene el bieldo en la mano: aventará su parva, reunirá su trigo en el granero y quemará la paja en una hoguera que no se apaga.»

Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.

Homilía:

1. "Todo discípulo es un creyente, pero no todo creyente es un discípulo.
El creyente suele esperar panes y peces. El discípulo es un pescador.
El creyente lucha por crecer. El discípulo por reproducirse.
El creyente se gana. El discípulo se hace.
El creyente gusta del alago. El discípulo del sacrificio vivo.
El creyente entrega parte de sus ganancias y su tiempo. El discípulo entrega su vida.
El creyente puede caer en la rutina. El discípulo es revolucionario.
El creyente busca que le animen. El discípulo procura animar.
El creyente espera que le asignen tarea. El discípulo es solícito en asumir responsabilidades.
El creyente murmura y reclama. El discípulo obedece y se niega a sí mismo.
El creyente suele ser condicionado por las circunstancias. El discípulo aprovecha las circunstancias para ejercer su fe.
El creyente reclama que le visiten. El discípulo visita.
El creyente busca en la Palabra promesas para su vida. El discípulo entrega su vida para cumplir las promesas de la Palabra.
El creyente es yo. El discípulo es ellos.
El creyente se sienta para orar. El discípulo es un hombre de oración.
En el creyente la unión del Espíritu Santo es confirmación y meta. En el discípulo es medio para lograr la meta de ser testigo eficaz a toda criatura.
El creyente vale para sumar. El discípulo para multiplicar.
Los creyentes aumentan la comunidad. Los discípulos aumentan las comunidades.
Los discípulos de la Iglesia primitiva trastornaron el mundo. Los creyentes del siglo XXI están trastornados por el mundo.
Los creyentes esperan milagros. Los discípulos obran milagros.
El creyente es un ahorro. El discípulo es una inversión.
Los creyentes destacan llenando el templo. Los discípulos se hacen para conquistar el mundo.
El creyente hace hábito. El discípulo rompe los moldes.
La meta del creyente es ganar el cielo. La meta del discípulo es ganar almas para el cielo.
El creyente necesita de campañas para animarse. El discípulo vive en campaña porque está animado.
El creyente espera un avivamiento. El discípulo es parte de él.
El creyente agoniza sin morir. El discípulo muere y resucita para dar vida.
El creyente aislado de su congregación se lamenta de no tener ambiente. El discípulo crea ambiente para formar una congregación.
Al creyente se le promete una almohada. Al discípulo una cruz.
El creyente es socio. El discípulo es siervo.
El creyente se enreda con la cizaña. El discípulo supera las escaramuzas del diablo y no se deja confundir.
El creyente es espiga. El discípulo es grano lleno en la espiga.
El creyente es "ojalá". El discípulo es "heme aquí"
El creyente, quizá predica el Evangelio. El discípulo hace discípulos.
El creyente espera recompensa para dar. El discípulo es recompensado cuando da.
El creyente es pastoreado como oveja. El discípulo apacienta los corderos.
El creyente espera que oren por él. El discípulo ora por los demás.
El creyente se congrega para encontrar al Señor. El discípulo trae la presencia del Espíritu Santo.
El creyente espera que le interpreten las Escrituras. El discípulo conoce al Señor y habla de El.
El creyente busca consejos de los demás para tomar una decisión. El discípulo ora a Dios, lee la Palabra y en fe toma una decisión.
El creyente espera que el mundo se perfeccione. El discípulo trabaja por el Reino de Dios porque lo lleva en su corazón (desconozco el autor de esta meditación)
2. El mensaje del Bautista era tajante: "Convertíos -decía-, porque el Reino de Dios está muy cerca" (MT. 3, 3). El bautismo del último Profeta del Antiguo Testamento representaba el significado que lleva implícito el Sacramento del Bautismo, al recibir el cuál, adquirimos el compromiso de convertirnos al mensaje divino. Pensemos que es maravilloso el hecho con respecto a que nuestro Santo Padre desea que participemos en su obra de hacer que su mensaje sea predicado en todas las naciones. Nosotros hemos sido llamados a dar a conocer al Señor en nuestro medio familiar y social, así pues, si nos sirve de algo el conocimiento de Dios que hemos adquirido a través de diversos medios, debemos aceptar el deber de conciencia que nos induce a hacer todo lo posible para que nuestros prójimos no vivan en la ignorancia de que son el objeto directo del amor de nuestro Padre común.
Dios va a venir a salvarnos de la muerte eterna, del dolor, y del efecto que producen en nuestro entorno social y en nosotros nuestras transgresiones en el cumplimiento de la Ley de nuestro Criador, así pues, si queremos dejar de ser creyentes no practicantes para convertirnos en discípulos de Jesucristo, debemos aceptar el hecho de asumir nuestra responsabilidad dimanante de la necesidad que todos tenemos de vivir constantemente en la presencia del Señor.
San Pablo le escribió a su fiel amigo Timoteo: "Doctrina de fe que debe aceptarse sin reservas es que Cristo Jesús vino al mundo a salvar a los pecadores, entre los cuales yo soy el primero. Precisamente por eso, Dios me ha tratado con misericordia y Cristo Jesús ha volcado en mí toda su generosidad, para ejemplo de aquellos que por creer alcanzarán la vida eterna" (1 TIM. 1, 15-16). San Pablo nos dice que, de la misma forma que Cristo lo redimió de los errores que él cometió antes de hacerse cristiano, nosotros también seremos rescatados de nuestras transgresiones de la Ley de Dios. El Apóstol de las gentes les escribió a los cristianos de Efeso unas palabras con las que describe la expansión de la Iglesia de Cristo, el cuerpo místico del que nosotros formamos parte: "Sois piedras de un edificio construido sobre el cimiento de los apóstoles y los profetas. Y Cristo Jesús es en ese edificio la piedra angular. En Cristo queda ensamblado todo el edificio, por El crece hasta convertirse en templo consagrado al Señor, y por El, vosotros también os vais integrando en el edificio que se construye, hasta llegar a ser, por medio del Espíritu, casa en la que habita Dios" (Ef. 2, 20-22). Jesús, según el fiel Apóstol, "se ha convertido en fuente de salvación eterna para todos los que le obedecen" (HEB. 5, 9).
3. ¿Qué pruebas necesitamos para concienciarnos de que nuestro Padre y Dios nos llama a la conversión radical a sus valores divinos? ¿Necesitamos que Dios se nos manifieste? Si tenemos dicha necesidad, ¿por qué no buscamos a nuestro Criador en nuestro interior, en nuestros prójimos, en la creación que es fiel testigo del poder y el amor misericordioso de nuestro Padre común, y en la Biblia, el libro que contiene las promesas que recordamos durante el tiempo de Adviento? Hace varias semanas conocí a una chica a la que el psiquiatra que la atendía, después de hacerle ver que sus problemas eran producidos por la desconfianza y el desprecio con que se trataba a sí misma, le dijo que buscara la ayuda de un psicólogo. El médico le dijo que ella se sentía bien cuando consumía las píldoras que él le recetaba que por cierto sólo contenían vitaminas y algunos productos estimulantes, así pues, al creer que los citados medicamentos le hacían efecto, se sentía mejor, y se sentía muy mal cuando faltaba poco tiempo para volver a ingerir aquellas sustancias que para ella adquirieron una gran importancia. El especialista le dijo que su padecimiento procedía de su imaginación surrealista, y que ella estaba sana, a pesar de que necesitaba aprender a amarse y a aceptarse con sus virtudes y defectos.
A nosotros nos sucede algo parecido cuando intentamos abarcar el misterio de Dios, así pues, al vivir en el imperio de la desconfianza en el que nos valoramos por el valor que les atribuimos a nuestras riquezas y nos olvidamos de la espiritualidad, aunque pudiéramos palpar a Dios con nuestras manos de la misma forma que el Apóstol Tomás metió sus dedos en las heridas de Cristo Resucitado, ¿cómo podríamos creer que es posible alcanzar la cumbre de la perfección?
¿Nos sería fácil amar a todos los hombres, incluyendo a quienes no conocemos y a quienes circunstancialmente tenemos por enemigos, ilimitadamente? ¿Las cicatrices que podemos tener en el corazón consecuentes de las heridas que nos produjeron o nos hicimos en el pasado contribuyen a apartarnos de la idea de imitar a Dios en su forma de darse incondicionalmente a nosotros?
Vamos a concluir esta meditación pidiéndole a nuestro Santo Padre que aumente nuestra fe orando de la misma forma que lo hizo un hombre cuyo hijo estaba poseído por un espíritu mudo cuando el Señor descendió del Tabor junto a Pedro, Juan y Santiago, después de haber vivido el extraordinario acontecimiento de su Transfiguración: "-Yo tengo fe, pero ayúdame a tener más" (MC. 9, 24).

Oración de los fieles:

V. Salgamos al encuentro del Señor, que se acerca a nosotros con designios de paz y presentémosle confiados nuestra plegaria.

A cada petición respondemos: Ven, Señor, no tardes.

V. Para que la Iglesia viva alegre sin inquietarse por nada y, llena de esperanza, crea que el Señor está cerca de ella, roguemos al Señor.

V. Para que nuestra comunidad con la ayuda de Dios, goce de seguridad, de alegría y de paz, roguemos al Señor.

V. Para que el Señor, con su venida, conforte los corazones abatidos y fortalezca las rodillas que se doblan, roguemos al Señor.

V. Para que nuestra fe crea firmemente en los dones que Dios nos promete y, ayudados por la gracia divina, nos dispongamos a recibir los auxilios que El nos envía, roguemos al Señor.

V. Añadir nuevas peticiones.

V. Escucha, Dios todopoderoso y eterno nuestras oraciones; suscita en nosotros el deseo de una verdadera conversión, para que, renovados por el Espíritu Santo, hagamos presente en toda relación humana aquella justicia y aquella paz que la encarnación de tu Hijo hizo florecer en nuestra tierra. Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.

Liturgia eucarística.

Oración sobre las ofrendas:

Que te sean agradables, Señor, nuestras humildes ofrendas y oraciones y que tu misericordia supla la extrema pobreza de nuestros méritos. Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.

Prefacio.

V. El Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.
V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.

V. En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo nuestro Señor. El cuál, al venir por vez primera en la humildad de nuestra carne, realizó el plan de redención trazado desde antiguo y nos abrió el camino de la salvación, para que cuando venga de nuevo, en la majestad de su gloria, revelando así la plenitud de su obra, podamos recibir los bienes prometidos que ahora, en vigilante espera, confiamos alcanzar. Por eso, con los ángeles y los arcángeles y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria:

Santo, Santo, Santo...

Antífona de la Comunión:

Levántate, Jerusalén, sube a lo alto, para que contemples la alegría que te viene de Dios (Bar. 5, 5; 4, 36).

Lectura después de la Comunión:

Oraciones

Oración al Niño Jesús

Te suplico, Señor, que envíes al que has de enviar, Ven, Señor Jesús, y no tardes; cielos ábranse y dejen que baje su rocío. Divino Niño Jesús, ven a nacer en mi corazón para desterrar de él al pecado y colocar tus virtudes.
Amén.

Recopilación José Gálvez Krüger
Studia Limensia

Adviento, tiempo de esperanza

Adviento,
tiempo de esperanza,
en el seno de María
crece el fermento
de un mundo nuevo,
el hijo del Dios vivo
que llega a compartir
con nosotros.
Nace Emanuel,
Dios-con-nosotros,
hecho niño,
pobre,
pequeño y necesitado.
María nos enseña el camino
para hacer nacer a Jesús
en nuestro tiempo:
confianza,
entrega,
fidelidad,
coraje,
y mucha fe en el Dios de la Vida.
Tiempo de espera,
de atención y cuidados,
de respeto y contemplación. Señor,
hay mucho dolor en nuestro tiempo,
hay sufrimiento e injusticia,
ayúdanos a sembrar
semillas de esperanza.

Descúbrenos la alegría
de la paciente espera,
activa y fecunda,
comprometida por la vida
de los que nos rodean.
Enséñanos a hacer crecer
la esperanza de algo nuevo,
anímanos a entregar nuestras vidas
para la construcción del Reino. Es tiempo de espera, Señor,
pero también es tiempo de donación
y compromiso efectivo.

Contágianos la fe sencilla de María,
que dio su vida
para alumbrar el Reino
y hacer nacer la esperanza
en medio de su pueblo.

Salmo de San Francisco de Asís para el tiempo
del Adviento del Señorr ¿Hasta cuándo, Señor,
me olvidarás por siempre?
¿Hasta cuándo apartarás tu rostro de mí?
¿Hasta cuándo tendré congojas en mi alma,
dolor en mi corazón cada día?
¿Hasta cuándo triunfará mi enemigo sobre mí?
Mira y escúchame, Señor, Dios mío.
Ilumina mis ojos para que nunca
me duerma en la muerte,
para que nunca diga mi enemigo:
He prevalecido contra él.
Los que me atribulan se alegrarían si yo cayera;
pero yo he esperado en tu misericordia.
Mi corazón exultará en tu salvación;
cantaré al Señor que me colmó de bienes,
y salmodiaré al nombre del Señor altísimo.

Tiempo de Adviento

Tiempo de Adviento,
Tiempo de espera.
Dios que se acerca,
Dios que ya llega.
Esperanza del pueblo,
la vida nueva.
El Reino nace,
don y tarea.
Te cantamos Padre bueno
a la esperanza.
Con María, ayúdanos Señor,
a vivir generosos en la entrega,
a ofrecer nuestra vida como ella,
a escuchar tu Palabra en todo tiempo,
a practicar sin descanso el Evangelio,
ayúdanos a vivir solidarios con los que sufren,
con quienes hoy como ayer
en Belén no tienen lugar. Te cantamos Padre Bueno
a la esperanza.
Con los pastores de Belén,
ayúdanos señor
a vivir la Vigilia de tu Reino,
a correr presurosos a tu encuentro,
a descubrir tu Rostro en medio del pueblo,
a no quedarnos "dormidos" en la construcción del mundo nuevo. Te cantamos Padre Bueno
a la esperanza.
Con los ángeles de Belén,
ayúdanos Señor,
a cantar al mundo entero tu Presencia,
¡ Dios-está-con-nosotros !
Construyamos la paz entre los hombres,
Edifiquemos la Justicia entre los pueblos. Te cantamos Padre Bueno
a la esperanza.
Con Jesús niño-Dios,
ayudanos Señor,
a abrigar la esperanza que nace en cada Adviento,
a escuchar los clamores de tu pueblo,
a regar con nuestras vidas
la semilla de tu Reino,
a ser Mensajeros de tu Amor,
a construir comunidades de servicio y oración. Navidad, fiesta del hombre.
Navidad, fiesta de Dios.
Queremos ser tus Testigos,
danos la fuerza Señor.
Marcelo A. Murúa
De el libro "Ver la vida con la mirada del Evangelio", 2da. edición, Ed. San Pablo.

Desde el pesebre
Desde el pesebre de Navidad
nace una esperanza nueva.
En la sonrisa de un Dios que es niño
se asoma, frágil, la luz del Reino.
Un niño Dios
que necesita cuidados, caricias, atención.
Una esperanza nueva
que crecerá con el esfuerzo de todos. Una madre atenta,
dispuesta para lo que Dios pide,
que no vacila en decir sí
y entregar la vida entera. La Madre,
del Señor y Madre nuestra.
María de Nazareth,
camino que conduce al Padre. Dios que nace en un pesebre,
olvidado, a la intemperie.
Recordándonos su presencia
entre los pobres que sufren. Navidad,
el signo de un Dios que se hace pobre
para llamar al Reino
desde los olvidados del mundo.¡Alégrense: pastores,
campesinos, obreros de todo tiempo!
Llegó la Buena Noticia,
que empiece la Fiesta, en medio del pueblo. La liberación esperada
ha dejado de ser sueño.
Empezó a ser realidad
la semilla del mundo nuevo. Cantemos con alegría,
unamos voces y manos.
Vamos a ver al Dios vivo,
festejemos su nacimiento. Desde el pesebre de navidad,
un grito surge, de aliento,
Dios está con nosotros,
marchemos hacia su encuentro. El Dios que nace es un niño
necesitado y pequeño,
que requiere nuestra entrega
para hacer crecer el Reino. Navidad, como María,
contemplar desde el silencio,
el misterio de Dios hombre,
que nos convoca a cambiar,
a vivir para los otros,
a construir en el mundo
el inmenso sacramento
de la presencia de Dios
que nos contagia su aliento. Un Dios que llega a los hombres
que se hace hermano nuestro.

María de la Esperanza

María de Nazareth
madre de nuestro Señor,
compañera de nuestras marchas,
ven a visitarnos,
quedate con nosotros.
Te necesitamos, madre buena,
vivimos tiempos difíciles,
atravesamos bajones,
tenemos caídas,
nos agarra la flojera
nos inmoviliza la apatía,
nos da rabia la solidez de la injusticia. María,
virgen de la Esperanza.
Contagianos tu fuerza,
acercanos el Espíritu
que llena tu vida.
Ayudanos a vivir con alegría,
a pesar de las pruebas y las cruces
que encontramos en el seguimiento
de tu hijo.
Que no nos desaliente
la lentitud de los cambios,
que las espinas de la vida
no nos ahoguen la semilla del Evangelio.
Que no perdamos la utopía,
madre buena,
de creer que es posible otro mundo
y otra sociedad.
Que no bajemos los brazos
en la lucha por la justicia
y en la práctica de la solidaridad.
Que no se enturbie nuestra mirada,
al punto que no veamos la luz del Señor
que nos acompaña siempre,
que camina a nuestro lado,
que nos sostiene en los momentos duros. María,
vos creiste y te jugaste la vida.
Y no te fue fácil
También pasaste tiempos de incertidumbre,
de no entender las cosas que pasaban,
de sufrimiento y soledad.
Y saliste adelante,
con buen ánimo y entrega.
Nos enseñaste con tu ejemplo
que para dar vida hay que entregar la vida,
todos los días,
en las buenas,
y en las malas,
y en las más o menos. Siendo una muchacha,
estando comprometida,
corriste el riesgo de decir sí
al plan de Dios.
Confiaste en El
y el sueño de Dios se hizo realidad. Madre,
en nuestros días Dios sigue soñando.
Su Reino de hermanos
está muy lejos de ser realidad.
Y nos pide,
como a vos en Nazareth,
que demos lo mejor de nosotros
para ayudarlo a realizar su Proyecto.
María,
¡cómo cuesta decirle sí al Señor!
Cómo cuesta decir sí más allá de las palabras,
decir sí con los hechos, con actitudes, con gestos...
...¡con la vida!Enseñanos a esperar en el Señor,
a confiar en su palabra,
a dejarnos guiar por su Espíritu,
a llenarnos de su buen humor y alegría.
Enseñanos a escuchar su voz,
en la realidad de todos los días,
en el sufrimiento de tantos,
en las ansías de liberación y cambio,
en la sed de justicia de las mayorías. Enseñanos a orar
para no perder la Esperanza
y para darle raíces sólidas.
Enseñanos a orar
para discernir donde poner los esfuerzos
y descubrir nuestro lugar y misión.
Enseñanos a orar
para no desalentarnos
en las dificultades y contratiempos. María,
camina cerca nuestro,
acompañanos madre buena,
fortalece nuestra esperanza
para que sea el motor de nuestra entrega
el pozo donde beber para seguir,
el refugio donde descansar y retomnar fuerzas.
Anuda nuestra esperanza
al proyecto del Padre.
Danos firmeza y hasta tosudez
para seguir adelante.
Llena nuestros corazones
de la esperanza que libera
para vivir el amor solidario. Lo que se espera
se consigue con esfuerzo,
con trabajo y con la vida.
Nos confiamos en tus manos
para que nos hagas fuertes en la fe
comprometidos en la solidaridad
y firmes, muy firmes,
en la Esperanza del Reino.

Oraciones de Adviento

Los que soñáis y esperáis la buena nueva,abrid las puertas al Niño,que está muy cerca;El Señor cerca está; Él viene con la paz. El Señor cerca está; Él trae la verdad.

ORACIONES DE LA MAÑANA (ADVIENTO)

Todas estas plegarias han sido extraídas de "Himnos de la Liturgia de las Horas" de la Iglesia Católica.
Ahora que estamos en el Adviento, este precioso tiempo litúrgico que nos prepara para la venida del Señor, sería interesante que empezaras el día con alguna de estas lindas oraciones. Luego... no olvides ducharte como siempre y desayunar!

I
De luz nueva se viste la tierra,
porque el sol que del cielo ha venido
en el seno feliz de la Virgen
de su carne se ha revestido. El amor hizo nuevas las cosas,
el Espíritu ha descendido
y la sombra del que es poderoso
en la Virgen su luz ha encendido. Ya la tierra reclama su fruto
y de bodas se anuncia la alegría,
el Señor que en los cielos moraba
se hizo carne en la Virgen María. Gloria a Dios, el Señor poderoso,
a su Hijo y Espíritu Santo,
que en su gracia y su amor nos bendijo
y a su reino nos ha destinado. Amén

II
Preparemos los caminos
ya se acerca el Salvador
y salgamos, peregrinos,
al encuentro del Señor. Ven, Señor, a libertarnos,
ven, tu pueblo a redimir;
purifica nuestras vidas
y no tardes en venir. El rocío de los cielos
sobre el mundo va a caer,
el Mesías prometido,
hecho niño, va a nacer. De los montes la dulzura,
de los ríos leche y miel,
de la noche será aurora
la venida de Emmanuel. Te esperamos anhelantes
ya sabemos que vendrás;
deseamos ver tu rostro
y que vengas a reinar. Consolaos y alegraos,
desterrados de Sión,
que ya viene, ya está cerca,
él es nuestra salvación.

III
Ya muy cercano, Emmanuel,
hoy te presiente Israel,
que en triste exilio vive ahora
y redención de ti implora. Ven ya, del cielo resplandor,
Sabiduría del Señor,
pues con tu luz, que el mundo ansía,
nos llegará nueva alegría. Llegando estás, Dios y Señor,
del Sinaí legislador,
que la ley santa promulgaste
y tu poder allí mostraste. Ven, vara santa de Jesé,
contigo el pueblo a lo que fue
volver espera, pues aún gime
bajo el cruel yugo que lo oprime. Ven, llave de David, que al fin
el cielo abriste al hombre ruin
que hoy puede andar, libre su vía,
con la esperanza del gran día. Aurora tú eres que, al nacer,
nos trae nuevo amanecer,
y, con tu luz, viva esperanza
el corazón del hombre alcanza. Rey de la gloria, tu poder
al enemigo ha de vencer,
y, al ayudar nuestra flaqueza,
se manifiesta tu grandeza. Amén.

IV
Cielos, lloved vuestra justicia!
Ábrete, tierra!
Haz germinar al Salvador!Oh Señor, Pastor de la casa de Israel
que conduces a tu pueblo,
ven a rescatarnos por el poder de tu brazo.
Ven pronto, Señor. Ven, Salvador!Oh Sabiduría, salida de la boca del Padre,
anunciada por profetas,
ven a enseñarnos el camino de la salvación.
Ven pronto, Señor. Ven, Salvador!Hijo de David, estandarte de los pueblos y los reyes,
a quien clama el mundo entero,
ven a libertarnos, Señor, no tardes ya.
Ven pronto, Señor. Ven, Salvador!Llave de David y cetro de la casa de Israel,
tú que reinas sobre el mundo,
ven a libertar a los que en tinieblas te esperan.
Ven pronto, Señor. Ven Salvador!Oh sol naciente, esplendor de la luz eterna
y sol de justicia,
ven a iluminar a los que yacen en sombras de muerte.
Ven pronto, Señor. Ven Salvador!Rey de las naciones y piedra angular de la Iglesia,
tú que unes a los pueblos,
ven a libertar a los hombres que has creado.
Ven pronto, Señor. Ven Salvador!Oh Emmanuel,
nuestro rey, Salvador de las naciones,
esperanza de los pueblos,
ven a libertarnos, Señor, no tardes ya.
Ven pronto, Señor. Ven Salvador!

V
María, Virgen del Adviento,
esperanza nuestra,
de Jesús la aurora,
del cielo la puerta. Madre de los hombres,
de la mar estrella,
llévanos a Cristo,
danos sus promesas. Eres, Virgen Madre,
la de gracia llena,
del Señor la esclava,
del mundo la reina. Alza nuestros ojos
hacia tu belleza,
guía nuestros pasos
a la vida eterna.

Oraciones de la noche (Adviento)

Si tienes tiempo para estar tumbado en tu sofá mirando en tu televisor programas como "Cronicas Marcianas " (Tele 5) ... también lo tendrás para rezar plegarias
tan interesantes como estas antes de ir a la cama a descansar. Ánimo.

I
Jesucristo, Palabra del Padre,
luz eterna de todo creyente:
ven y escucha la súplica ardiente,
ven, Señor, porque ya se hace tarde. Cuando el mundo dormía en tinieblas,
en tu amor tú quisiste ayudarlo
y trajiste, viniendo a la tierra,
esa vida que puede salvarlo. Ya madura la historia en promesas,
sólo anhela tu propio regreso;
si el silencio madura la espera,
el amor no soporta el silencio. Con María, la Iglesia te aguarda
con anhelos de esposa y madre,
y reúne a sus hijos en vela,
para juntos poder esperarte. Cuando vengas, Señor, en tu gloria,
que podamos salir a tu encuentro
y a tu lado vivamos por siempre,
dando gracias al Padre en el reino. Amén.

II
Mirad las estrellas fulgentes brillar,
sus luces anuncian que Dios ahí está,
la noche en silencio, la noche en su paz,
murmura esperanzas cumpliéndose ya. Los ángeles santos, que vienen y van,
preparan caminos por donde vendrá
el Hijo del Padre, el Verbo eternal,
al mundo del hombre en carne mortal. Abrid vuestras puertas, ciudades de paz,
que el rey de la gloria ya pronto vendrá;
abrid corazones, hermanos, cantad
que vuestra esperanza cumplida será. Los justos sabían que el hambre de Dios
vendría a colmarla el Dios del Amor,
su Vida en su vida, su Amor en su amor
serían un día su gracia y su don. Ven pronto, Mesías, ven pronto, Señor,
los hombres hermanos esperan tu voz,
tu luz, tu mirada, tu vida, tu amor.
Ven pronto, Mesías, sé Dios Salvador. Amén.

III
Alegría de nieve
por los caminos.
Todo espera la gracia
del Bien nacido. En desgracia los hombres,
dura la tierra.
Cuanta más nieve cae,
más cielo cerca. La tierra tan dormida
ya se despierta.
Y hasta el hombre más muerto
se despereza. Ya los montes se allanan
y las colinas,
y el corazón del hombre
vuelve a la vida. Amén.

IV
Ven, ven, Señor, no tardes.
Ven, ven, que te esperamos.
Ven, ven, Señor, no tardes,
ven pronto, Señor.
El mundo muere de frío,
el alma perdió el calor,
los hombres no son hermanos,
el mundo no tiene amor.
Envuelto en sombría noche,
el mundo, sin paz, no ve;
buscando va una esperanza,
buscando, Señor, tu fe.
Al mundo le falta vida,
al mundo le falta luz,
al mundo le falta el cielo,
al mundo le faltas tú.

V
La pena que la tierra soportaba,
a causa del pecado, se ha trocado
en el canto que brota jubiloso,
en labios de María pronunciado.
El sí de las promesas ha llegado,
la alianza se cumple, poderosa,
el Verbo eterno baja de los cielos,
con nuestra débil carne se desposa.
Oh misterio que sólo la fe alcanza!,
María es nuevo templo de la gloria,
rocío matinal, nube que pasa,
luz nueva en su presencia misteriosa.
A Dios sea la gloria eternamente,
y al Hijo suyo amado, Jesucristo,
el que quiso nacer para vosotros
para darnos su Espíritu divino. Amén.

El adviento con María

Reflexión de inicio para cada día
Cristo continúa viviendo en la Palabra, en los Sacramentos, en cada hombre, en cada acontecimiento, en el amor de los hermanos, Él nos conducirá a la casa del Padre, donde María nos ha precedido en gloria. Con ella cantamos nuestro himno de bendición y de alabanza a Dios diciendo: "Ven, Señor Jesús!".

Madre del Adviento, Virgen de la esperanza, tú eres hija de tu Hijo, sierva de tu Señor, madre del Salvador Altísimo. El que habitaba en los cielos hha visto el esplendor de tu belleza y se ha complacido en prepararse en la tierra una digna y purísima morada. Alcánzanos de Él la sobreabundancia de la gracia,
para que permanezcamos en esta vida fieles a su servicio, y después del paso de esta vida lleguemos a estar junto al que de ti ha nacido, Jesucristo, Señor nuestro, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

Luego meditar:

Primera semana de Adviento

Lectura bíblica: El ángel del Señor dijo a José: "José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte contigo a María, tu mujer, porque la criatura que lleva en su seno viene del Espíritu Santo" (Mt 1,20)

Meditación: La Virgen María fue preservada de toda mancha de pecado original. De ella, Virgen Purísima, ha venido Jesús.

A continuación lees la frase bíblica que corresponde al día de esta primera semana de Adviento:

Domingo: Desbordo de gozo con el Señor y me alegro con mi Dios (Is 61,10)

Lunes: Me ha vestido un traje de gala y me ha envuelto en un manto de triunfo (Is 61,10)

Martes: Como el suelo hecha sus brotes, así el Señor hará brotar la justicia (Is 61,11)

Miércoles: Serás corona preciosa en la mano del Señor, y diadema real en la palma de tu Dios (Is 62,3)

Jueves: Ya no te llamarán abandonada, porque el Señor te prefiere a ti (Is 62,4)

Viernes: La alegría que encuentra el marido con su esposa, la encontrará tu Dios contigo (Is 62,5)

Sábado: Bendito sea Dios, que nos ha bendecido desde el cielo con toda bendición del Espíritu (Ef 1,3)

Oración Final: Oh Padre, que en la Virgen María has preparado una digna morada para tu Hijo, concédenos tu Espíritu, que nos mueva a acercarnos a ti con santidad de vida. Amén.

Segunda semana de Adviento

Lectura bíblica: No temas, María, porque has encontrado gracia delante de Dios. Concebirás y darás a luz un hijo y le pondrás de nombre Jesús. (Lc 1,36).

Meditación: Todo el mundo, la creación eterna, está atenta. Está a la espera de la respuesta de María. De su resolución depende el consuelo de los pobres, la redención de todos. También, hoy, Dios espera de nosotros para continuar la redención de la humanidad.

A continuación lees la frase bíblica que corresponde al día de esta segunda semana de Adviento:

Domingo: Señor, mi corazón no es ambicioso ni mis ojos soberbios. (Sal 130)
Lunes: No pretendo grandezas que superen mi capacidad (Sal 130)
Martes: Acallo y modero mis deseos como un niño en brazos de su madre (Sal 130)
Miércoles: Dichosos los que viven en tu casa, alabándote siempre (Sal 89)
Jueves: Dichosos los que encuentran en ti su fuerza y la esperanza de su corazón (Sal 89)
Viernes: Señor, escucha mi súplica, mira el rostro de tu ungido (Sal 83)
Sábado: Bendito eres, Señor, enséñame tus leyes (Sal 188)
Oración final: Oh Dios, que por el anuncio del ángel has querido que el Verbo se hiciese hombre en el seno virginal de la hija de Sión, ayúdanos a acoger en nuestro corazón tu palabra de vida. Amén.

Tercera semana de Adviento

Lectura Bíblica: En aquellos días, María se puso en camino a un pueblo de Judea, a casa de Zacarías e Isabel (Lc 1,39)

Meditación: En casa de Isabel pronto se hacen sentir los efectos de la visita de María y de la presencia del Señor. María comprobó el signo del ángel, ya que su prima Isabel fue llena del Espíritu Santo y concibió a Juan el Bautista.
A continuación lees la frase bíblica que corresponde al día de esta tercera semana de Adviento.

Domingo: Alégrate, hija de Sión; festéjalo exultante, hija de Jerusalén (Sof 3,14)

Lunes: No temas, Jerusalén, el Señor tu Dios es dentro de ti un soldado victorioso (Sof 3,16)

Martes: El Señor se alegra contigo renovando su amor, se llena de júbilo por ti, como en día de fiesta (Sof 3,17-18)

Miércoles: Él es mi Dios y Salvador: confiaré y no temeré (Is 12,2)
J
ueves: Mi fuerza y mi poder es el Señor, él fue mi Salvación (Is 12,2)

Viernes: Sacaréis agua con gozo de las fuentes de la salvación. Dad gracias al Señor, invocad su nombre (Is 12, 3-4)

Sábado: Cantad al Señor, que hizo proezas, anunciadlas a toda la tierra (Is 12,5)

Oración final: Señor, haz que nos sintamos bienaventurados porque hemos creído en tu amor. Amén.

Cuarta y última semana de Adviento

Lectura bíblica: cuando se cumplió el plazo, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, para que recibiéramos la condición de hijos (Gál 4,4-6)

Meditación: Dios se ha hecho como nosotros. De modo admirable ha asumido un cuerpo en el vientre de María. Ella es el templo en quien Cristo se ha hecho sacerdote en favor de los hombres. María nos ha dado al Emmanuel: Dios-con-nosotros.
A continuación lees la frase bíblica que corresponde al día de esta cuarta semana de Adviento.

Domingo: Fuiste tú, Señor, quien me sacó del vientre, me tenías confiado en los pechos de mi madre (Sal 21)

Lunes: Desde el seno pasé a tus manos, desde el vientre materno tú eres mi Dios (Sal 21)

Martes: Hablaré de ti a mis hermanos, en medio de la asamblea te alabaré (Sal 21)

Miércoles: Mi corazón se regocija por el Señor, mi poder se exalta por Dios (1 Sam 2,1)

Jueves: ¡Oíd, que llega mi amado saltando por los montes! (Cant 2,8)

Viernes: ¡Levántate, amada mía, hermosa mía, ven! (Cant 2,10)

Sábado: Amanece un día santo para nosotros, hoy una luz espléndida desciende sobre la tierra. Feliz Navidad.

Oración final: Estás viendo, Señor, cómo tu pueblo espera en fe la fiesta del nacimiento de tu Hijo; concédenos recibirlo en fe como María, que lo acogió antes en su corazón que en su vientre. Amén. Esta plegaria de "Adviento con María" está basada en el libro "Celebraciones y Plegarias Marianas" de Andrés
Pardo.
(Oraciones extraídas de aciprensa).

Oración después de la Comunión:

Como fruto de nuestra participación de vida eterna, enséñanos, Señor, a no sobrevalorar las cosas terrenales y a estimar las del cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.

Bendición solemne de Adviento:

V. Que Dios omnipotente y misericordioso os santifique con la celebración de este Adviento y os llene de sus bendiciones, ya que creéis que Cristo vino al mundo y esperáis su retorno glorioso.
R. Amén.
V. Que durante toda la vida os conceda permanecer firmes en la fe, alegres en la esperanza y eficaces en la caridad.
R. Amén.
V. Que os enriquezca con los premios eternos cuando venga de nuevo en la majestad de su gloria aquel de cuya encarnación, llenos de fe, os alegráis ahora.
R. Amén.
V. Y la bendición de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros.
R. Amén.
V. Podéis ir en paz.
R. Demos gracias al Señor.

Exhortación de despedida:

Después de recibir al Señor en la Eucaristía, nos disponemos a volver a nuestros quehaceres diarios adquiriendo el compromiso de esforzarnos por aumentar nuestra fe, y transmitirles, al mismo tiempo, nuestros conocimientos a nuestros familiares y amigos, para que ellos sean copartícipes de nuestra felicidad.

Creado por trigodedios | 0 comentarios | 03/12/07 16:38

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