TRIGO DE DIOS
Domingo I de Cuaresma del ciclo c en TRIGO DE DIOS
Domingo I de Cuaresma del ciclo c
Comentamos las tentaciones de Jesús en el desierto desde la óptica de San Lucas.
Padre nuestro
Domingo, 25-02-2007, Domingo I de cuaresma del ciclo c
Edición número 85
En esta edición de Padre nuestro, encontraréis los siguientes contenidos:
-celebremos la Eucaristía. Lecturas eucarísticas, oraciones, homilía dominical y lectura después de la Comunión.
Celebremos la Eucaristía
Domingo I de Cuaresma del ciclo c
Canto de entrada
Amarte sólo a Ti
Amarte sólo a Ti, señor, amarte sólo a Ti, Señor,
Amarte sólo a Ti, Señor, y no mirar atrás.
Seguir tu caminar, señor, seguir sin desmayar, señor,
Postrado ante tu altar, y no mirar.
(Desconozco el autor de esta canción).
Antífona de entrada
Me invocará, y yo le responderé. Estaré con él en el peligro, lo defenderé y lo glorificaré; le haré gozar de una larga vida (CF. SAL. 90, 15-16).
Saludo del sacerdote
V. La gracia y el amor de Jesucristo, que nos llama a la conversión, estén con todos ustedes.
R. Y con tu espíritu.
Monición de entrada
Sed bienvenidos a la casa de Dios.
Ya estamos viviendo intensamente el tiempo de Cuaresma, es decir, el tiempo litúrgico en que nos preparamos a celebrar la Pasión, la muerte y la Resurrección de Jesús. Durante las seis semanas que preceden a la Semana de Pasión nos preparamos a celebrar los misterios centrales de nuestra fe haciendo penitencia y orando mucho porque somos débiles y anhelamos que se cumplan en nosotros las siguientes palabras de nuestro señor: “Vosotros tenéis que ser perfectos, como es perfecto vuestro Padre que está en los cielos” (MT. 5, 48).
Iniciemos esta celebración eucarística pidiéndole a nuestro Padre común que nos ayude a comprender su forma de proceder, pues en este tiempo nos cuestionamos aquellas circunstancias relativas a nuestra existencia las cuales no pueden ser explicitadas basándonos en nuestros conocimientos para intentar descifrar el misterioso significado de las mismas.
Acto penitencial
V. Reconozcámonos, pues, pecadores y perdonémonos los unos a los otros desde lo más íntimo de nuestro corazón.
Todos. Yo confieso ante dios todopoderoso y ante ustedes, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión. Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa. Por eso ruego a Santa María, siempre Virgen, a los ángeles, a los santos y a ustedes, hermanos, que intercedan por mí ante Dios, nuestro señor.
V. Tú que fuiste tentado por el espíritu del mal: Señor, ten piedad.
R. Señor, ten piedad.
V. Tú que venciste la tentación con la Palabra de Dios: Cristo, ten piedad.
R. Cristo, ten piedad.
V. Tú que nos llamas a compartir tu victoria: señor, ten piedad.
R. señor, ten piedad.
Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
Durante el tiempo de Cuaresma no recitamos ni cantamos el Gloria en las celebraciones eucarísticas, pues nuestro corazón penitente se abstiene de alabar a Dios, considerando que aún no está purificado de sus imperfecciones.
Oración colecta
Dios todopoderoso, concédenos que, gracias a la práctica anual de la Cuaresma, progresemos en el misterio del conocimiento de Cristo y vivamos en conformidad con El, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
R. Amén.
Liturgia de la palabra
Moniciones de las lecturas eucarísticas y lecturas de hoy
Monición de la primera lectura
La profesión de fe que escucharemos a continuación nos insta a depositar nuestra confianza en nuestro Padre y Dios.
Primera lectura
Profesión de fe del pueblo elegido
Lectura del libro del Deuteronomio 26, 1-2. 4-10
Moisés habló al pueblo diciendo:
Cuando entres en la tierra que el Señor, tu Dios, te da en herencia, cuando tomes posesión de ella y te establezcas allí, recogerás las primicias de todos los frutos que extraigas de la tierra que te da el Señor, tu Dios, las pondrás en una canasta, y las llevarás al lugar elegido por el Señor, tu Dios, para
constituirlo morada de su Nombre.
El sacerdote tomará la canasta que tú le entregues, la depositará ante el altar, y tú pronunciarás estas palabras en presencia del Señor, tu Dios:
«Mi padre era un arameo errante que bajó a Egipto y se refugió allí con unos pocos hombres, pero luego se convirtió en una nación grande, fuerte y numerosa.
Los egipcios nos maltrataron, nos oprimieron y nos impusieron una dura servidumbre. Entonces pedimos auxilio al Señor, el Dios de nuestros padres, y Él escuchó nuestra voz. Él vio nuestra miseria, nuestro cansancio y nuestra opresión, y nos hizo salir de Egipto con el poder de su mano y la fuerza de su
brazo, en medio de un gran terror, de signos y prodigios. El nos trajo a este lugar y nos dio esta tierra que mana leche y miel.
Por eso ofrezco ahora las primicias de los frutos del suelo que tú, Señor, me diste».
Tu depositarás las primicias ante el Señor, tu Dios, y te postrarás delante de Él.
Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.
Monición del salmo responsorial
Cuando sufrimos le pedimos ayuda a nuestro Padre común. Dios escucha nuestras oraciones y acude en nuestra ayuda.
Salmo responsorial
R. En el peligro, Señor, estás conmigo
SAL. 90, 1-2. 10-15.
Tú que vives al amparo del Altísimo
y resides a la sombra del Todopoderoso,
di al Señor: «Mi refugio y mi baluarte,
mi Dios, en quien confío». R.
No te alcanzará ningún mal,
ninguna plaga se acercará a tu carpa,
porque Él te encomendó a sus ángeles
para que te cuiden en todos tus caminos. R.
Ellos te llevarán en sus manos
para que no tropieces contra ninguna piedra;
caminarás sobre leones y víboras,
pisotearás cachorros de león y serpientes. R.
«Él se entregó a mí, por eso, Yo lo libraré;
lo protegeré, porque conoce mi Nombre;
me invocará, y Yo le responderé.
Estaré con él en el peligro,
lo defenderé y lo glorificaré». R.
Monición de la segunda lectura
Proclamemos nuestra fe ante nuestros prójimos y vivamos según nuestra ideología cristiana.
Segunda lectura
Profesión de fe del creyente en cristo
Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Romanos, 10, 5-13
Hermanos:
Moisés escribe acerca de la justicia que proviene de la Ley: «El hombre que la practique, vivirá por ella». En cambio, la justicia que proviene de la fe habla así: «No digas en tu corazón: ¿quién subirá al cielo?», esto es, para hacer descender a Cristo. O bien: «¿quién descenderá al Abismo?», esto es, para hacer subir a Cristo de entre los muertos. Pero ¿qué es lo que dice acerca de la justicia de la fe? «La palabra está cerca de ti, en tu boca y en tu corazón», es decir, la palabra de la fe que nosotros predicamos. Porque si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor y crees en tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos, serás salvado. Con el corazón se cree para alcanzar la justicia, y con la boca se confiesa para obtener la salvación.
Así lo afirma la Escritura: «El que cree en Él, no quedará confundido».
Porque no hay distinción entre judíos y los que no lo son: todos tienen el mismo Señor, que colma de bienes a quienes lo invocan. Ya que «todo el que invoque el nombre del Señor se salvará».
Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.
Honor y gloria a ti, señor Jesús. Padre, señor del cielo y de la tierra, te doy gracias porque has ocultado todo esto a los sabios y entendidos y se lo has revelado a los sencillos -dice el señor (MT. 11, 25). Aleluya.
Monición del Evangelio
No cedamos a la tentación de vivir olvidándonos de los dones espirituales con que nuestro Padre común nos ha dotado para que alcancemos la plenitud de la felicidad.
Evangelio
Jesús fue conducido por el Espíritu al desierto, donde fue tentado
Lectura del Santo Evangelio según San Lucas, 4, 1-13
R. Gloria a ti, señor
Jesús, lleno del Espíritu Santo, regresó de las orillas del Jordán y fue conducido por el Espíritu al desierto, donde fue tentado por el demonio durante cuarenta días. No comió nada durante esos días, y al cabo de ellos tuvo hambre. El demonio le dijo entonces: «Si Tú eres Hijo de Dios, manda a esta piedra
que se convierta en pan». Pero Jesús le respondió: «Dice la Escritura:
El hombre no vive solamente de pan».
Luego el demonio lo llevó a un lugar más alto, le mostró en un instante todos los reinos de la tierra y le dijo:-«Te daré todo este poder y el esplendor de estos reinos, porque me han sido entregados, y yo los doy a quien quiero. Si Tú te postras delante de mí, todo eso te pertenecerá». Pero Jesús le respondió:
«Está escrito: Adorarás al Señor, tu Dios, y a Él solo rendirás culto».
Después el demonio lo condujo a Jerusalén, lo puso en la parte más alta del Templo y le dijo: «Si Tú eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo, porque está escrito:
Él dará órdenes a sus ángeles para que ellos te cuiden. Y también:
Ellos te llevarán en sus manos para que tu pie no tropiece con ninguna piedra».
Pero Jesús le respondió: «Está escrito: No tentarás al Señor, tu Dios».
Una vez agotadas todas las formas de tentación, el demonio se alejó de Él, hasta el momento oportuno.
Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.
Homilía:
La conversión y las tentaciones que nos impiden ser discípulos de Jesús
1. Sigue a Jesús cuando sientas que El te llama
Existen dos razones fundamentales por las que nuestro Padre no es aceptado por muchos de nuestros prójimos. La primera de las citadas razones consiste en que no podemos ver a nuestro Padre común, ya que El carece de cuerpo físico. La segunda razón conssiste en que nuestras creencias son muy diferentes a las ideas en que creen muchos de nuestros hermanos los hombres. Independientemente de la ideología que nos caracterice, necesitamos vivir según las creencias que aceptamos. En el Evangelio de san Lucas encontramos el siguiente texto:
"Mientras iban caminando, uno le dijo (a Jesús): "te seguiré adonde quiera que vayas." Jesús le dijo: "Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza."" (LC. 9, 57-58). Quizá nosotros, después de vivir unos ejercicios espirituales o de recibir algún sacramento nos hemos sentido llenos de emoción para decirle a Jesús que seremos sus discípulos hasta que concluya nuestra vida, pero, quizá al confrontar nuestra religiosidad con la vivencia de las circunstancias que no podemos ni debemos eludir, nos encontramos con que nuestra fe, que en un principio parecía inquebrantable, se debilita rápidamente. Jesús le dijo a aquél que le dijo que le seguiría adonde El fuera que el Hijo de María sólo tenía el cielo por techo, y la tierra que pisaba como lugar de reposo y de trabajo. Quizá podemos pensar que Jesús vivió como un profeta, y, por tanto, no tenía que cubrir las necesidades que constituyen nuestras mayores preocupaciones hasta que no nos percatamos de que las podemos cubrir. Es cierto que Jesús, a diferencia de la mayoría de sus prójimos, renunció a la posibilidad de constituir una familia, pero no podemos pensar que esa renuncia le hizo feliz, así pues, si el vino al mundo para servir a dios en sus prójimos, no hemos de olvidar que la soledad y la carencia del afecto que sólo podemos recibir los laicos en nuestros hogares debieron hacerle mucho daño. Jesús renunció al hecho de ser feliz en el seno de una familia por amor a dios y a sus hermanos los hombres. Quienes no somos religiosos, a pesar de que tenemos que cubrir nuestras carencias a nivel material, no hemos de olvidar que hemos sido llamados a vivir en la presencia de nuestro Padre común, y, por este hecho, al recibir el Sacramento del Bautismo, además de convertirnos en hijos de nuestro Criador, nos comprometimos a servir a nuestro Creador en nuestros prójimos los hombres.
"A otro dijo (Jesús): "Sígueme." El respondió: "Déjame ir primero a enterrar a mi padre." Le respondió: "deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el Reino de Dios."" (LC. 9, 59-60). Yo pienso que Jesús no le hubiera impedido a ninguno de sus futuros seguidores que hubiera sepultado a su padre antes de convertirse en su apóstol o en su discípulo. El hecho de convertirnos al evangelio nos incita a cambiar nuestras creencias, con el fin de que podamos aceptar plenamente la fe que profesa, en este caso, la Iglesia Católica. Si no aprovechamos el momento -o las múltiples ocasiones- en que Jesús nos invita a convertirnos en sus seguidores para aprender a vivir en la presencia de dios, jamás podremos ser cristianos, dado que nosotros no tenemos el poder de decidir cuál es el tiempo más apropiado de nuestra vida para creer en Dios. No nos reportará ningún beneficio el hecho de renunciar a la fe que podemos profesar en nuestra juventud para aceptar la misma en la ancianidad, con el fin de no reconocer el miedo que puede producirnos el hecho de perder la vida en cualquier momento. La Iglesia nos ofrece muchas posibilidades para que aprendamos a recorrer el camino de nuestra santificación, así pues, de la misma manera que los niños aprenden a caminar cuando son muy pequeños, la Iglesia quiere enseñarnos a que aprendamos a vivir en la presencia de nuestro Padre común. Tenemos a mucha gente dispuesta a evangelizarnos, ya sea en los templos en que celebramos la eucaristía, o en Internet, si no nos es posible trasladarnos desde templos que, tal como es el caso del más cercano a mi vivienda, están prácticamente abandonados a otros más activos, en el sentido de que la actividad cristiana en los mismos es prácticamente nula.
"también otro le dijo (a Jesús): "TE seguiré, señor; pero déjame antes despedirme de los de mi casa." Le dijo Jesús: "Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás es apto para el reino de dios."" (LC. 9, 61-62). Yo no puedo decirle a Jesús: espera que concluya el tiempo en que he de trabajar para mantener mi hogar y mi matrimonio, pues, cuando no tenga nada que hacer, te serviré, así pues, si es cierto que obtengo dinero porque realizo mi trabajo, no puedo negarme a trabajar para nuestro señor, aunque no pueda hacerlo todo el tiempo que quisiera servirlo en quienes me escuchan hablarles de El o tienen paciencia para leer mis meditaciones semanales. Si queréis que un trabajo sea bien hecho, confiádselo a una persona que tenga muchas ocupaciones, pues sólo quienes no tienen un segundo libre son capaces de hacer bien lo que quieren.
2. Las tentaciones de Jesús y de sus seguidores
Para comprender las tentaciones que Jesús vivió en el desierto, hemos de comprender cuál era la situación de la vida de nuestro Señor en aquél tiempo. Jesús tenía unos 30 años cuando fue bautizado por San Juan el Bautista. Nuestro señor vivió hasta aquél tiempo sujeto a san José, el cuál falleció durante los años de la adolescencia de nuestro señor, y a María Santísima. Nuestra celestial Mediadora cuidó de Jesús hasta que el Niño de belén cumplió cinco años. A partir de aquél tiempo, María le encomendó la educación de su Hijo a su marido, ya que los hombres debían educar a sus hijos a partir de aquella edad, y las mujeres a sus hijas. Teniendo en cuenta este dato, no nos es difícil imaginar el gran dolor que nuestro Señor debió sufrir cuando vivió la gran pérdida de su padre adoptivo. Seguramente aquél acontecimiento hizo que Jesús profundizara en sus estudios religiosos, ya que El debió plantearse todas las cuestiones relativas a nuestra existencia y a la quietud que observamos en Dios cuando sufrimos y necesitamos que El se nos manifieste liberándonos del peso que puede hacernos perder la fe.
María y José sabían que Jesús nació para cumplir la voluntad de dios, pero ignoraban si nuestro señor había de vivir como un nazareo, o si llevaría a cabo su misión en el taller de José, aunque esta segunda opción podría resultarles muy difícil de aceptar. Como ambos ignoraban lo que Jesús iba a hacer para sobrevivir y para servir a nuestro Criador, tomaron la decisión de que su Hijo aprendiera el oficio de José, así pues, la agilidad con la que nuestro Hermano aprendió a trabajar con sus manos, debió servirle para liberar su espíritu de las ataduras que pensamos que constituyen el sentido de nuestra existencia, así pues, de la misma manera que quienes trabajan con sus manos son libres al no depender de nadie, los hijos de Dios son almas libres, hombres y mujeres que tienen su esperanza puesta más allá de la posibilidad de vivir aferrados a sus muchos o escasos bienes caducos.
Cuando Jesús supo que San Juan estaba bautizando a sus oyentes, tomó la decisión de hacerse bautizar por el hijo de Zacarías, así pues, quizá María le instó a buscar al hijo de su parienta, con el fin de que lo enhcaminara a conocer la vida proféticca, por si Dios quería que su Hijo se dedicara exclusivamente a predicar su Palabra.
Jesús sabía que para él el bautismo era el comienzo de una misión que no podría abandonar después de haberla comenzado a vivir. Jesús, a pesar de que lo más probable era que ignorase lo que le iba a suceder en el futuro, se hizo bautizar por San Juan, como si una fuerza lo empujara desde su interior a vivir en la presencia de dios, una fuerza que, al mismo tiempo que le instaba a servir a dios, le hacía feliz.
Aunque los evangelios Sinópticos no concuerdan con el evangelio de san Juan, los Evangelios más parecidos entre sí nos informan de que Jesús, después de que aconteciera el episodio de su bautismo, se retiró al desierto a meditar y a orar, para ver qué era exactamente lo que dios quería de El. Quienes no creen en la fuerza de la oración deben tener una gran dificultad para comprender la razón por la que Jesús se retiró a meditar al desierto, al considerar que nuestro Señor vino al mundo a consolar a quienes sufren por cualquier causa. Jesús sirvió a dios aprendiendo a vivir tal como lo hacemos nosotros. Jesús sirvió a dios en el silencio de su oración y en la obediencia a sus padres. Jesús sirvió a dios cumpliendo los preceptos religiosos caracterícticos del Judaísmo. Jesús sirvió a dios preparándose a hacer con su vida lo que dios le pidiera que hiciera, costárale lo que le costara obedecer a nuestro criador.
Jesús es Dios y hombre, así pues, ya que nació y vivió como un hombre, tuvo que enfrentarse a las tentaciones que caracterizan nuestra existencia mortal. Si nuestro señor no hubiera sido pobre, hubiera podido conseguir que el Evangelio hubiera sido aceptado por quienes planearon su crucificción, pero los enemigos del Hijo de María no hubieran aceptado la realidad de dios por amor a nuestro Padre común, sino por tener a Jesús de su parte. Si Jesús hubiera sido un personaje muy querido de su tiempo, no hubiera tenido grandes dificultades para dar a conocer la Palabra de dios, pero su mensaje no hubiera sido acogido por sus seguidores con amor e ilusión, pues nuestro señor hubiera sido aceptado por causa de su fama, así pues, en tal caso, el Hijo de María no hubiera sido amado por el hecho de ser nuestro Hermano, sino en virtud de los milagros que hacía. Jesús venció las tentaciones del diablo para que nosotros pudiéramos comprender que nos es necesario vencer muchas dificultades con el fin de que podamos alcanzar grandes metas.
San Marcos sintetiza muy brevemente el pasaje de las tentaciones del desierto: "Después el Espíritu impulsó a Jesús a ir al desierto donde Satanás le puso a prueba durante cuarenta días. Vivía entre animales salvajes y era atendido por los ángeles" (MC. 1, 12-13). San Juan Marcos no nos explica en qué consistieron las tentaciones a las que nuestro señor se enfrentó en el desierto, pero los Evangelistas San Mateo y san Lucas se ocuparon de describirnos el citado pasaje bíblico, el cuál fue la última etapa de la preparación de Jesús, antes que el Mesías iniciara su Ministerio público.
Los Evangelistas San Mateo y san Lucas nos describen la primera de las tres tentaciones a las que Jesús venció: "Entonces el diablo le dijo: "si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan."" (LC. 4, 3). Antes de exponernos el primer intento que el diablo hizo para intentar impedir que Jesús llevara a cabo nuestra redención, san Lucas escribió en su segunda obra: "Jesús, lleno de Espíritu santo, se volvió del Jordán, y era conducido por el Espíritu en el desierto, durante cuarenta días, tentado por el diablo. No comió nada en aquellos días, y, al cabo de ellos, tuvo hambre" (LC. 4, 1-2). El autor del citado texto nos dice que Jesús fue lleno del Espíritu santo cuando fue bautizado en el Jordán. También se nos dice en el Evangelio de san Lucas que Jesús era conducido por el Espíritu de dios, es decir, nuestro Maestro actuaba dejándose impulsar por el Paráclito para cumplir la voluntad de nuestro Padre común. Jesús sufrió las tentaciones del diablo y ayunó durante cuarenta días con sus respectivas noches. Es obvio pensar que nuestro Señor tuvo que alimentarse de hiervas para sobrevivir, pues ninguna persona puede vivir durante tanto tiempo sin alimentarse. Independientemente de la forma en que interpretemos el ayuno intenso que llevó a cabo nuestro señor en el desierto, no nos cabe duda de la sensación de debilidad que debió adueñarse de El en aquél tiempo. El tentador sabía que en aquel estado en que estaba nuestro señor hubiera podido convencer a mucha gente para que renunciara de su fe, ya que no todos podemos comprender el silencio que guarda dios cuando necesitamos escuchar su voz para impedir que se extingan nuestras creencias religiosas de nuestro corazón, pero nuestro señor no se dejó vencer fácilmente.
Satanás le dijo a Jesús que dejara de orar el tiempo que necesitaba para convertir una piedra en pan y alimentarse. En cierta forma, podemos creer que el seductor aconsejaba a Jesús intentando impedir que el Mesías no se enfermara en aquel estado, pues sabemos que los ayunos que se prolongan demasiado pueden debilitar extremadamente a quienes los practican. Si Jesús hubiera cedido a la pretensión del diablo se hubiera alimentado, pero nos hubiera dado a entender que podemos y debemos hacer lo que queramos, aunque ello signifique que podemos hacer todo lo que nuestro Padre común define como ilícito en la exposición de su Ley. Jesús podría granjearse nuestra amistad si nos concediera todo lo que le pedimos en nuestras oraciones, pero ese hecho indica que nuestro corazón no le aceptaría por amor, sino por egoísmo. Existen circunstancias en las que nos es más provechoso sacrificarnos que optar por conseguir lo que nos es necesario para evitarnos dolores y molestias.
A pesar de los sacrificios que debemos hacer para favorecer a nuestros prójimos e incluso para beneficiarnos a nosotros, no hemos de olvidar que necesitamos dinero y bienes materiales para vivir. Esto lo sabemos bien quienes conocemos la pobreza y la impotencia que caracteriza a quienes carecen de los medios necesarios para solventar sus carencias y para ayudar a sus familiares. Por otra parte, a pesar de que nos es necesario conseguir bienes materiales, y a pesar de que el amor sólo es un sentimiento, es importante que no nos afanemos únicamente para ganar dinero, dado que el amor y la compañía de quienes amamos nos ayudan a ser felices. Jesús le dijo al tentador para justificar su rechazo de la primera tentación: ""está escrito: No sólo de pan vive el hombre."" (LC. 4, 4). Al leer el citado versículo del Evangelio de San Lucas, nos preguntamos: ¿En qué sentido nos dice San Lucas que debemos vivir teniendo en cuenta algo a lo que le hemos de dar más importancia que al hecho de tener un hogar y de poder cubrir nuestras carencias? Si no sólo de `pan vive el hombre, ¿de qué otra cosa podemos alimentarnos para no perder la vida? San Mateo escribió en su Evangelio: "-Las escrituras dicen: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra pronunciada por Dios" (MT. 4, 4). Si el pan nos es necesario para mantenernos vivos, la Palabra de dios nos es imprescindible para vivificar nuestro espíritu.
A pesar de lo expuesto en esta meditación, ¿por qué se negó Jesús a comer un poco de pan en el desierto? ¿No hubiera podido Jesús encontrar otra manera menos drástica de explicarnos que debemos aprender a ser fuertes cuando no podamos evadir el sufrimiento que no le hubiera supuesto un sacrificio? Jesús vivió como nosotros, como un hombre, así pues, el tenía que sacrificarse para enseñarnos el valor de la renuncia. Hace algún tiempo me contaron una anécdota muy simpática. Una mujer le dijo a su hija de cinco años que no debía mentir una tarde mientras que la pequeña merendaba. Minutos después sonó el teléfono, y la niña le preguntó a su madre: ¿Atiendo el teléfono? La buena señora le contestó: -Si es Ana la que está llamando, dile que no estoy en casa. Si Jesús consideró oportuno el hecho de privarse de los alimentos que necesitaba para vivir y se dedicó a fortalecer su espíritu por medio de la oración y de la meditación, ello indica que El es nuestro ejemplo a seguir en todo lo que hacemos durante los años que se prolonga nuestra vida.
Existe una disparidad en la exposición de las tentaciones que vivió Jesús en los textos bíblicos que exponen detalladamente esta vivencia de nuestro señor, así pues, San Lucas expone en segundo lugar la tentación que San Mateo expone en tercer lugar. Nosotros vamos a meditar el Evangelio de las tentaciones de Jesús siguiendo la narración que san Lucas nos hace de las mismas.
"Llevándole a una altura (el demonio a Jesús) le mostró en un instante todos los reinos de la tierra; y le dijo el diablo: "te daré todo el poder y la gloria de estos reinos, porque a mí me ha sido entregada, y se la doy a quien quiero. Si, pues, me adoras, toda será tuya."" (LC. 4, 5-7). Jesús sabía que el demonio intentaba persuadirlo con el fin de que El renegara de dios con el fin de obtener aquello por lo que los hombres se matan entre sí, es decir, el poder. Por mucho dinero que pueda tener una persona, si la misma no es poderosa, vivirá a merced de quienes deseen explotarla. Satanás dijo de sí mismo que era el dueño de la tierra porque el corazón transgresor de la Ley de dios de los hombres le rinde culto con mucha frecuencia. Satanás fue muy astuto al hablarle a Jesús en aquella ocasión, así pues, ya que cuando nuestro señor fue atacado por primera vez se negó a satisfacer nuestras carencias, el demonio decidió dotarlo con todo su poder, ora para que nos salvara, ora para que nos explotara a placer, o ya fuera para que solventara nuestras carencias cuando lo creyera oportuno. Jesús sabía que no era lo mismo ser aceptado por nosotros por causa de nuestra fe que ser acogido en nuestros corazones por causa de su poder. Es cierto que nosotros deseamos ser temerosos de Dios, pero el citado temor no es un sinónimo del miedo, sino un respeto reverencial.
"Jesús le respondió: "Está escrito: Adorarás al señor tu dios y sólo a el darás culto."" (LC. 4, 8). Jesús le dijo al tentador que El prefería adorar a Dios antes que ser poderoso. Jesús valoraba más los bienes materiales que los bienes caducos que podía adquirir.
Finalmente, el demonio subió a Jesús a la torre más alta del templo de Jerusalén, y le dijo que saltara, con la intención de que diera un gran espectáculo, así pues, ya que nuestro señor no quería satisfacer nuestras carencias para que aprendiéramos a valorar los dones que recibimos de Dios, Satanás quiso que la gente que viera a Jesús caer del Templo sin hacerse daño acudiera a El, con la intención de que nuestro Señor se regocijara al ver que la gente le buscaba por causa de su prestigio. Esto no sólo implicaba que nosotros amáramos a Jesús por su poder y no porque es nuestro Hermano, pues Satanás quería que Jesús pusiera a prueba el amor de dios, así pues, si nuestro señor saltaba del alero del Templo, si Dios lo amaba, tendría que enviar a sus ángeles, con el fin de que el Mesías no muriera en su intento desesperado de alcanzar la fama rápidamente.
Concluyamos esta meditación pidiéndole a nuestra santa Madre que ore por nosotros, para que no nos falte la fe que necesitamos para actuar como verdaderos hijos de Dios, en un mundo en que nuestros valores se están extinguiendo.
Oración de los fieles
V. Intercedamos, amados hermanos y hermanas, ante la divina clemencia, implorando la misericordia divina en favor de todos los humanos y suplicando el perdón para cuantos hemos pecado:
Respondemos a cada petición: Te rogamos, Señor, óyenos.
V. Para que, en este tiempo de Cuaresma, Dios conceda a todos los fieles la fuerza necesaria para luchar contra el mal, convertirse de su mala conducta y retornar al camino del bien, roguemos al Señor.
V. Para que, quienes abundan en bienes, sepan moderar el uso de sus propias riquezas en provecho de los necesitados, y no vivan absortos en los bienes de este mundo, roguemos al Señor.
V. Para que, quienes se han alejado de la Iglesia, a causa de nuestros escándalos o de nuestra tibieza, se reincorporen a la familia de Dios, y a nosotros el Señor nos perdone el pecado de escándalo, roguemos al Señor.
V. Para que, nuestros corazones lleguen a ser, por medio de la penitencia cuaresmal, aquella tierra fecunda en la que la palabra de Dios produce fruto del ciento por uno, roguemos al Señor.
V. Añadir nuevas peticiones.
V. Dios nuestro, que conoces la fragilidad de la naturaleza humana herida por el pecado de Adán; escucha las oraciones de tu pueblo y concédele iniciar el camino cuaresmal con la fuerza de tu palabra, para que venza las tentaciones del maligno y llegue gozoso a las fiestas pascuales. Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.
Liturgia eucarística
Canto del Ofertorio
Te ofrecemos Señor
TE OFRECEMOS SEÑOR
ESTE PAN Y ESTE VINO
QUE EN TU CUERPO Y TU SANGRE
QUEDARAN CONVERTIDOS (2)
Todos juntos Señor
te ofrecemos la vida
la ilusión de vivir
nuestro amor y alegría.
Hoy te consagramos
nuestra fe y nuestro canto
el dolor, el llanto
nuestra unión como hermanos.
Tu eres pan de vida
y bebida de salvación
es un gran milagro
¡Bendito seas Señor!
(desconozco el autor de esta canción).
Oración sobre las ofrendas
Te pedimos, Señor, que estos dones que vamos a ofrecerte, nos dispongan convenientemente para el santo tiempo de la Cuaresma, que estamos iniciando. Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.
Prefacio
Las tentaciones del señor.
V. el señor esté con ustedes.
R. Y con tu espíritu.
V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el señor.
V. demos gracias al Señor, nuestro dios.
R. Es justo y necesario.
V. Realmente es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, señor, Padre santo, dios todopoderoso y eterno, por Cristo, señor nuestro. El mismo al abstenerse de alimentos terrenos durante cuarenta días, consagró con su ayuno nuestra práctica cuaresmal, y al rechazar las tentaciones del demonio nos enseñó a superar las fuerzas del pecado; de este modo, celebrando con sinceridad el misterio de esta Pascua, podremos pasar un día a la Pascua que no acaba. Por eso, unidos a los coros de los ángeles, cantamos un himno a tu gloria, diciendo sin cesar:
Santo, Santo, Santo…
Antífona de la Comunión
No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios (MT. 4, 4).
O bien:
El Señor te cubrirá con sus plumas, y hallarás un refugio bajo sus alas (CF. SAL. 90, 4).
Canto de la Comunión
El amor es nuestro canto
El amor es la palabra limpia, que hace vivir, Es el fruto de la tierra buena y es sufrir. Es decirle al hermano pobre; solo no estás. No dejes que pase tu tiempo sin más.
El amor es nuestro canto
a la vida que se da.
Y que espera un amanecer
en la verdad. (Bis)
El amor es el regalo eterno que nos da Dios. Es tener el corazón abierto y es perdón. Es la fe y la esperanza cierta del más allá. No dejes que pase tu tiempo sin más.
El amor es un camino largo y sin final. Es la luz que inunda sombras en la oscuridad. Es la vida que nos brinda un tiempo de oportunidad. No dejes que pase tu tiempo sin más.
(desconozco el autor de esta canción).
Lectura después de la Comunión
Leer MT. 11, 25-30
Oración después de la Comunión
Que este pan celestial alimente, Señor, en nosotros la fe, aumente la esperanza, refuerce la caridad, y nos enseñe a sentir hambre de Cristo, que es el pan vivo y verdadero, y a vivir de toda palabra que proceda de tu boca. Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.
Oración sobre el pueblo
Concede, señor, una copiosa bendición sobre tu pueblo, para que su esperanza crezca en la tribulación, la virtud se afirme en la te´ntación, y alcance así la redención eterna. Por Cristo, nuestro señor.
R. Amén.
Bendición solemne de Cuaresma
V. Dios, Padre misericordioso, os conceda a todos vosotros, como al hijo pródigo, el gozo de volver a la casa paterna.
R. Amén.
V. Cristo, modelo de oración y de vida, os guíe a la auténtica conversión del corazón, a través del camino de la Cuaresma.
R. Amén.
V. El Espíritu de sabiduría y de fortaleza os sostenga en la lucha contra el maligno, para que podáis celebrar con Cristo la victoria pascual.
R. Amén.
V. Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros.
R. Amén.
V. Podéis ir en paz.
R. Demos gracias a Dios.
Exhortación final
Después de recibir a Jesús en la Eucaristía, continuemos llevando a cabo la realización de nuestras actividades ordinarias, y propongámonos hacer un buen examen de conciencia, con el fin de recibir el Sacramento de la Penitencia, para que nuestro corazón esté purificado para celebrar los misterios trascendentales de nuestra fe.
Canto final
Canto final
Madre, óyeme, mi plegaria es un grito en la noche.
Madre, mírame, en la noche de mi juventud.
Madre, sálvame, mil peligros acechan mi vida.
Madre, lléname, de esperanza, de amor y de fé.
Madre, guíame, en las sombras no encuentro el camino.
Madre, llévame, que a tu lado feliz cantaré.
La, la, la ....
Madre, una flor, una flor con espinas es bella.
Madre, un amor, un amor que ha empezado a nacer.
Madre, sonreir, sonreir aunque llore en el alma.
Madre, construir, caminar aunque vuelva a caer.
Madre, sólo soy el anhelo y la carne que luchan.
Madre, tuyo soy, en tus manos me vengo a poner.
La, la, la…
(desconozco el autor de esta canción).
Creado por trigodedios | 0 comentarios | 22/03/07 21:29
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