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Domingo I de Cuaresma del ciclo a. en TRIGO DE DIOS

Domingo I de Cuaresma del ciclo a.

Meditación de las tentaciones que Jesús vivió en el desierto desde el punto de vista de San Mateo. Padre nuestro

Domingo, 13-02-2005, Domingo I de Cuaresma

Edición número 18

En esta edición de Padre nuestro encontraréis los siguientes contenidos:

-Sagrarios vivos. Cita de las lecturas eucarísticas, oraciones y homilía dominical.

-Padre nuestro, escucha nuestra oración. Mi Señor fue tentado en el desierto.

Sagrarios vivos

Domingo I de Cuaresma

Antífona de entrada

Me invocará y yo lo escucharé; lo libraré y lo glorificaré; prolongaré los días de su vida (Sal. 90, 15-16).

Durante el tiempo de Cuaresma, no rezaremos el Gloria, porque nos sentimos inferiores a Dios, porque la Liturgia nos ofrece muchas ocasiones para
pedirle a Dios perdón por nuestras transgresiones en el cumplimiento de su Ley, y porque se nos insta a elevar nuestras peticiones al cielo desde nuestro
interior, pues nos vamos a proponer encontrar a Dios desde el desierto espiritual desde el que esperamos ser santificados.

Saludo inicial del sacerdote

El Dios de la esperanza, que por la acción del Espíritu Santo nos colma con la alegría y con su paz, permanezca siempre con todos vosotros.

R. Y con tu espíritu.

Monición de entrada

Durante el tiempo de Cuaresma, revisaremos nuestra vida, con el fin de comprobar si el sentido de nuestra existencia consiste en cumplir la voluntad
de Dios, así pues, en el Evangelio de hoy, el tentador le ofrece a Jesús la oportunidad de que haga del poder, el prestigio y el dinero la razón de su
existencia, pero, nuestro Señor rechazará esa oferta aparentemente generosa, porque él sabe que la sabiduría de Dios trasciende nuestro conocimiento. Para
completar el estudio del Evangelio de hoy, amparándonos en el Salmo 51, y en dos fragmentos de San Pablo y Moisés respectivamente, repasaremos gráficamente
la historia de la desobediencia del hombre, en la que "se ha hecho visible la bondad de Dios" (Tito, 2, 11).

Oración colecta

Concédenos, Dios todopoderoso, que las prácticas anuales propias de la Cuaresma nos ayuden a progresar en el conocimiento de Cristo y a llevar una vida
más cristiana. Por nuestro Señor Jesucristo.

Liturgia de la Palabra

Lecturas:

1. Creación y pecado de nuestros primeros padres (Gén. 2, 7-9; 3, 1-7). Dios creó a nuestros primeros padres, y los dotó con dones preternaturales, para
que no sucumbieran ante la enfermedad y el pecado. Adán y Eva eran felices, pero, habiendo sido creados para alcanzar la máxima glorificación, se expusieron
a asumir la muerte, al conocer el mal, con el fin de ser iguales a Dios. A diferencia de Adán y Eva, nosotros no fuimos dotados preternaturalmente, pero
queremos ser purificados al superar la adversidad que atañe a nuestra vida, porque anhelamos la santidad, pues, al igual que nuestros primeros antecesores,
también queremos ser como nuestro Criador.

2. Misericordia, Señor, hemos pecado (Sal. 50, 3-4. 5-6 a. 12-13. 14 y 17. R.: Cf. 3 a). Durante los años que hemos vivido, hemos transgredido el cumplimiento
de la Ley de Dios, unas veces sin quererlo, pero, otras veces, hemos pecado sabiendo que hemos hecho lo que nuestro Padre común detesta. Al hacer el propósito
de reparar el daño que hemos hecho, vamos a pedirle a nuestro Señor que renueve nuestro espíritu, para que algún día podamos parecernos a Jesús.

3. El don de Dios supera con mucho al delito (Rom. 5, 12-19). Dios es justo, y, su amor, supera a su justicia, esta certeza, es, pues, la que nos asegura
el perdón de nuestras transgresiones en el cumplimiento de la Ley de Dios. San Juan escribió en su Evangelio unas palabras, a la luz de las cuales, podemos
interpretar el texto de San Pablo que escucharemos seguidamente: "Tanto amó Dios al mundo, que no dudó en entregarle a su Hijo único, para que todo el
que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna" (Jn. 3, 16). Adán pecó, y todos hemos pecado. Adán murió, y todos moriremos. Cristo resucitó, y,
por ello, todos resucitaremos cuando acontezca la Parusía o segunda venida de Jesús.

4. Honor y gloria a ti, Señor Jesús. No sólo de pan vive el hombre, sino también de toda palabra que sale de la boca de Dios (mt. 4, 4). En el Evangelio
de hoy, San Mateo nos narra brevemente el episodio de las tentaciones de Jesús, un relato en el que el demonio le dice al Mesías que viva como si no creyera
en nuestro Padre común, pero, Jesús, rechazará la existencia de su vida sin fe y por ende sin sentido, pues no quiere prescindir de las raíces espirituales
que, al no ser entendidas por sus adversarios religioso-políticos, más tarde, le conducirán a la muerte.

5. El ayuno y las tentaciones de Jesús (Mt. 4, 1-11). Antes de comenzar su Ministerio público, Jesús se retirará al desierto para relacionarse íntimamente
con Dios, aunque quizá sin saber que ello le hará conocer las entrañas del hombre, para buscar un camino idóneo para que, después de recorrerlo, nos encontremos
con nuestro Padre común.

Homilía:

1. Podemos ver el episodio del pecado original como un relato en el que el hombre desobedeció a Dios, pero también podemos verlo de una forma más positiva.
Dios creó un huerto paradisíaco en el que Adán y Eva no trabajaban por necesidad, sino por placer. Aparentemente ellos sólo tenían que desear que acabara
el tiempo que Dios les había impuesto para que se probaran su fidelidad a él ante ellos mismos, dado que, el Creador, sabía lo que sucedería con ellos
y con nosotros. Adán y Eva, sin pasar por el conocimiento del mal, el dolor, la enfermedad y la muerte, podrían haber alcanzado la suma perfección divina,
pero, obedeciendo a nuestra impaciencia natural, ellos quisieron conocer el misterio del árbol del conocimiento del bien y del mal, a pesar de que ello
significaba que habrían de ser vulnerables, pues serían víctimas del padecimiento y la muerte. Personalmente pienso que este episodio puede ser comparable
a la vivencia de un estudiante al que se le dice: no estudies, y

te evitarás muchos dolores de cabeza. El estudiante hace caso omiso de ese aviso y sigue estudiando, porque, a pesar del sacrificio que ello lleva impreso,
es consciente de que, al concluir su ciclo formativo, podrá optar a un puesto de trabajo que le aportará beneficios económicos y una gran satisfacción
al contribuir el mismo a su realización personal. Pienso que vivimos en una sociedad en la que tenemos una fuerte tendencia a proteger a nuestros seres
queridos, por consiguiente, los padres que les conceden todos sus deseos a sus descendientes, hacen de los mismos grandes egoístas, incapaces de sensibilizarse
con el dolor y las carencias de sus prójimos. Adán y Eva debieron aprender una gran lección a partir de aquella experiencia, así pues, a pesar de que fueron
expulsados del Paraíso hasta que fueron purificados por la experiencia que tanto anhelaban, él pensó que Eva era la madre de la vida, tuvieron hijos, e
intentaron ser felices, a la luz del cumplimiento de la

voluntad de Dios.

2. "Cuanto más creció el pecado (en el mundo, en nuestra vida), más abundante fue la gracia de Dios" (Rom. 5, 20). La Cuaresma se caracteriza por los
sacrificios que todos podemos llevar a cabo en un determinado momento para alcanzar el perdón de Dios. Muchos de nuestros hermanos, vivirán algunas procesiones
de Semana Santa, caminando descalzos, con sus cirios encendidos, pidiéndoles a Jesús y a María que les quiten algunas enfermedades graves a sus prójimos,
y, para que se les conceda su petición, se ofrecen voluntariamente para que las citadas enfermedades caigan sobre ellos. Yo quisiera deciros que no hagáis
esto sin ánimo de ofenderos, porque, nuestro Padre común, dispone de dádivas para tener una buena salud él mismo, y puede sanar a nuestros prójimos, y
puede curarnos a nosotros cuando lo estime oportuno, por tanto, en vez de ofrecernos como víctimas para sufrir enfermedades que en el caso de afectarnos
sólo nos harían sufrir, vamos a hacer que sobreabunde la

abundancia divina donde abunda la miseria humana, ejercitando los dones y virtudes que hemos recibido delEspíritu Santo. Me ha venido otra vez a la mente
el proteccionismo excesivo con que muchos padres tratan a sus hijos, porque, estoy pensando en la grandeza del amor de Dios, que, al amarnos más de lo
que jamás nos han amado y de lo que nos amarán en el futuro, es capaz de dejar que recibamos todos los golpes que necesitamos recibir para ser purificados,
con tal de no coartar el uso que hacemos de nuestra libertad. Hace tiempo conocí a una persona que protestaba constantemente porque no se sentía valorada
por sus compañeros de trabajo, de los que siempre decía que la trataban injustamente, siendo ella cuidadosa y muy puntual para satisfacer las necesidades
que ellos tenían. No sé cuál era la actitud de los compañeros de trabajo de la mujer de la que os estoy hablando, pero estoy seguro de que ella, recibiendo
o sin recibir manifestaciones de aprecio de sus compañeros, era

incapaz de enumerar diez de las virtudes que tenía.

3. San Mateo nos dice en su Evangelio que, cuando Jesús fue bautizado, "fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo" (Mt.
4, 1). Antes de comenzar su Ministerio público, Jesús quiso relacionarse estrechamente con Dios, para someterse a la voluntad de nuestro Padre común. El
Espíritu Santo premió el deseo de Jesús de crecer espiritualmente, así pues, a través del duro episodio de las tentaciones, Jesús aprendió a compadecerse
de nosotros, según las palabras del Apóstol: "En cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados" (Heb. 2, 18).
Al adquirir la experiencia del conocimiento del poder, el prestigio y la riqueza, y al conocer el sufrimiento, Jesús puede compadecerse de nuestra fragilidad,
porque él mismo experimentó nuestra debilidad. Pablo nos sigue instruyendo: "No tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades,
sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza"

(Heb. 4, 15). En su empeño de demostrar la fragilidad del Mesías, el autor de la Carta a los Hebreos les transmitió a sus lectores el siguiente mensaje:
"Cristo, en los días de su carne (vida), ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa
de su temor reverente. Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia; y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación
para todos los que le obedecen; y fue declarado por Dios sumo sacerdote según el orden de Melquisedec (Heb. 5, 7-10).

4. San Mateo nos dice en el Evangelio de hoy que, "después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, (Jesús) tuvo hambre" (Mt. 4, 2). Desde un
punto de vista estrictamente espiritual, si pensamos que Jesús fue dotado por Dios con dones especiales, podemos creer que el Hijo de María ayunó durante
cuarenta días y cuarenta noches, pero, si nuestro Señor era un hombre semejante a nosotros, debemos creer que se alimentó a base de hierbas. Jesús se retiró
del mundo como lo han hecho muchos religiosos de diversas confesiones a lo largo de la Historia para encontrarse con la Suma Divinidad. Recuerdo que hace
varios años hice unos ejercicios espirituales para jóvenes en los que lo pasé muy mal, porque, al ni siquiera contar con una Biblia en Braille, y al estar
todos mis compañeros en actitud silente, yo no podía soportar aquella quietud. Tres días tardé en encontrar la paz. Jesús debió sufrir mucho sin alimentarse
debidamente, recordando la reciente muerte de José, la

soledad de María, las miserias del mundo, la política romana basada en la tortura y las crucifixiones masivas, el terrorismo de los zelotes, la hipocresía
de la clase religiosa gobernante en Palestina en aquel tiempo... Jesús oraba para que el Dios que permanecía en silencio le resolviera sus dudas, pero
él cada día estaba más débil, y, quizá tenía la sensación de que Dios lo abandonaba más, como si lo estuviera preparando para ser martirizado tres años
después.

5. En el libro del Deuteronomio se encuentra el siguiente texto que puede ser aplicado a los años que hemos vivido y a nuestra experiencia vital, por
consiguiente, Dios nos dice: "Cuidaréis de poner por obra todo mandamiento que yo os ordeno hoy, para que viváis, y seáis multiplicados, y entréis y poseáis
la tierra que Jehová prometió con juramento a vuestros padres. Y te acordarás de todo el camino por donde te ha traído Jehová tu Dios estos cuarenta años
en el desierto, para afligirte (purificarte), para probarte, para saber lo que había en tu corazón, si habías de guardar o no sus mandamientos. Y te afligió,
y te hizo tener hambre, y te sustentó con maná (la Eucaristía), comida que no conocías tú, ni tus padres la habían conocido, para hacerte saber que no
sólo de pan vivirá el hombre, más de todo lo que sale de la boca de Jehová vivirá el hombre" (Deut. 8, 1-3). San Mateo nos dice que, estando Jesús en el
desierto, "vino a él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de

Dios, di que estas piedras se conviertan en pan. él respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la
boca de Dios" (Mt. 4, 3-4). ¿Qué significa esta tentación con que Satanás intentó apartar a Jesús de su propósito divino? El mundo necesita pruebas que
evidencien la existencia de Dios. Todos tenemos esas pruebas, así pues, nuestro Padre común nos alimenta, nos cuida, nos da el aire que necesitamos para
respirar, y otras muchas dádivas que no valoramos. Si seguimos meditando el texto del Deuteronomio con que iniciamos la meditación de la primera tentación
que sufrió nuestro Señor Jesucristo, podemos encontrar las siguientes palabras: A lo largo de tu vida, "tu vestido nunca se envejeció sobre ti, ni el pie
se te ha hinchado en estos cuarenta años" (Deut. 8, 4). El mundo está lleno de pobres, enfermos y afligidos, y, nosotros, en vez de saciar a los hambrientos,
sanar a los enfermos y consolar a los afligidos, queremos que Dios

nos haga todo el trabajo que nosotros podemos hacer con los medios que nuestro Padre común nos ha dotado. Todos podemos hacer milagros en conformidad con
nuestra fe, y necesitamos que Dios haga lo que nosotros no podemos hacer, pero nos gusta mucho la vida regalada. Cada día son más los jóvenes que abandonan
sus estudios, y, en vez de buscar trabajo, se dedican a vivir a expensas de sus padres, sin preocuparse de la situación económica de ellos, pensando únicamente
en divertirse. Dios no nos concederá nunca una vida fácil, porque, el hecho de purificarnos, requiere de nosotros el esfuerzo de superar la adversidad,
con la eficaz ayuda de Dios, así pues, esta es, precisamente, la razón por la que Dios permanece en silencio ante el hambre, las enfermedades, y las demás
manifestaciones de la miseria. Si Dios nos diera todo lo que necesitamos, y no tuviéramos que aprender a luchar para superar nuestras carencias, no tardaría
mucho tiempo en llegar el día en que seríamos caprichosos

y desagradecidos para con él, porque no valoraríamos, ni su misericordia, ni el sufrimiento que nos ha costado nuestra purificación. Probad a educar a un
niño concediéndole todos sus deseos, evitadle el hecho de veros sufriendo y cansados por causa de sus carencias, y veréis cómo os explota, sin la intención
de abusar de vosotros, pues adquirirá el hábito de utilizaros a su antojo. Los seres humanos tenemos una fuerte tendencia a buscar el placer inmediato,
porque hemos sido creados para alcanzar la suma perfección, pero no por ello hemos de olvidarnos de vivir cumpliendo la voluntad de Dios constantemente.
Ciertamente la vida difícil de los cristianos es dura, pero, cuando flaqueen nuestras relaciones con nuestros cónyuges, nuestros hijos, o con otros seres
queridos, cuando tengamos carencias y nos sintamos débiles, diremos con el Salmista en estado de recogimiento interior: "Guárdame como a la niña de tus
ojos" (Sal. 17, 8), y Dios siempre estará con nosotros, apoyándonos en

todas las actividades que emprendamos, aunque el pesimismo arraigado en nuestro corazón no nos permita percatarnos de ello.

Satanás le propuso a Jesús que se convirtiera en nuestro ídolo al satisfacer nuestras carencias y caprichos. ¿Por qué hizo el Señor caso omiso a las
palabras del tentador? ¿Ignoraba Jesús que nos pondríamos a su servicio si él nos diera instantaneamente todo lo que le pidiéramos? Jesús le dijo al demonio
que el materialismo no nos hará tan felices como la espiritualidad, así pues, nuestras posesiones pueden contribuir a que seamos felices, pero, la filiación
divina, la vida de la gracia, es nuestro gran tesoro. ¿Cómo podemos comparar la posesión de todas las riquezas del mundo con el alimento espiritual de
la Palabra de Dios? ¿Quién puede mostrarnos más amor que Jesús Eucaristía? Jesús sabía que si nos concedía nuestros caprichos no lo querríamos a él, sino
a sus dádivas, y él quiere que le amemos a él, no porque es poderoso, ni porque le necesitamos, sino porque el Hijo de María, es nuestro Hermano, nuestro
amigo, nuestro todo. Padres, ¿amáis a vuestros hijos porque son

altos, guapos e inteligentes, o porque son vuestros descendientes?

6. Dios tranquiliza a quienes creen en él independientemente de las tribulaciones que los mismos padezcan, así pues, en la Biblia leemos: "A sus ángeles
mandará acerca de ti, que te guarden en todos tus caminos. En las manos te llevarán, para que tu pie no tropiece en piedra" (Sal. 91, 11-12). Dios quiere
hacernos comprender que nos tiene asidos de su mano diestra y no permitirá que tropecemos, esto es, si tenemos fe en él, nuestro Padre actuará en nosotros
sin coartar el uso de la libertad que él mismo nos ha concedido. Si tenemos fe en Dios cuando estemos enfermos, cuando no tengamos adonde ir, él proveerá
nuestras necesidades, porque nos tiene asidos, y no nos desamparará. A veces tenemos la tentación de poner a prueba a nuestro Padre común diciendo: Si
tú existieras, no permitirías que murieran tantos niños indefensos en el tercer mundo. Algunos utilizan pretextos semejantes al que estamos considerando
porque sufren crisis de fe, pero, otros, utilizan estas cuestiones

para blasfemar abiertamente, sin respetarnos a quienes nos resistimos a dejar de creer en Dios, así pues, en el Deuteronomio leemos: "No tentaréis a Jehová
vuestro Dios" (Deut. 6, 16). ¿Somos capaces de probar a nuestros cónyuges y a nuestros hijos? Si hacemos esto, somos muy desconfiados, y, debemos confiar
en Dios, más que en quienes más amamos, porque nadie nos ama como lo hace nuestro Padre celestial.

Consideremos la segunda tentación con que el diablo atacó a Jesús. Como Jesús sostenía que la espiritualidad es más importante que el materialismo, el
demonio, con la intención de desmentirlo haciendo que la gente le siguiera, utilizó las Escrituras, con la intención de hacer que Cristo diera un espectáculo
soberbio, para convertirse en el hombre más famoso de toda la Historia, por causa de su poder, fama y riqueza. "Entonces el diablo le llevó a la santa
ciudad (Jerusalén), y le puso sobre el pináculo del templo, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate abajo; porque escrito está: A sus ángeles mandará acerca
de ti, y, en sus manos te sostendrán, para que no tropieces con tu pie en piedra. Jesús le dijo: Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios" (Mt.
4, 5-7). Hace varios días, uno de mis amigos, testigo de Jehová, me sometió a consideración, diciéndome: Antiguamente Dios se les manifestaba a los hombres,
pero, en nuestro tiempo, nadie habla con Dios. ¿Por qué

crees tú que sucede eso? Yo, antes de contestarle a mi amigo, pensé un breve instante, y exclamé: No podemos decir que la Biblia no se había imprimido en
aquel tiempo, puesto que ahora que existe, es utilizada para adornar muebles. Yo creo que la gente no habla con Dios porque, aunque todos sabemos hablar
mucho, no tenemos la capacidad de escuchar a nadie, y menos al Dios que no podemos ver ni tocar. Cuando alguien se atreve a afirmar que Dios existe, se
le responde: ¿De verdad? Pues, ¡que haga un milagro ahora mismo¡. En estas circunstancias nuestro Padre guarda silencio, porque no le sirve de nada manifestárseles
a quienes no son humildes para reconocer los milagros que él opera en nuestra vida diariamente, y que no reconocemos porque se repiten muchísimas veces,
y porque no sabemos valorar lo que tenemos. Si yo en vez de tener listas de correo dedicadas a la evangelización distribuyera fotografías y videos pornográficos,
tendría muchos más lectores de los que tengo. Si no

podéis creerme, iros a Msn Groups, a Yahoo Groups, a Egrupos, a Elistas, o a otro servidor de listas de correo, y comparad el número de suscriptores de
listas religiosas, con el número de usuarios de servicios pornográficos. Con mis conocimientos de Tarot y Numerología podría ganarme la vida muy bien a
través de la red, pero prefiero trabajar gratuitamente para aquel que lo tiene todo. Yo edité un libro para ayudar a Cáritas o a Manos Unidas porque pensé
que de esa forma podía servir a Dios, pero no pude venderlo, y, la web principal de Trigo de Dios por la que pagué mucho dinero está muy mal hecha porque
no sé Html, así pues, parece que Dios no quiere mi dinero, pues, me prefiere a mí, por eso, hermanos, trabajo para él, porque me ama como soy.

7. Como Jesús no quiso que la gente le siguiera facilitándoles la vida, ni quiso llamar la atención de los habitantes de Jerusalén dando un espectáculo
inolvidable, Satanás se jugó su última carta, y atacó a Jesús violentamente. ¿Podría Jesús resistirse al poder que conceden los dioses mundanos? ¿Podría
Jesús resistirse al dios dinero? ¿Podría Jesús rehusar del dios sexo? ¿Podría Jesús renunciar al dios droga? ¿Podría Jesús renunciar al dios que le instaba
a someterse a la fuerza a los débiles para explotarlos sin consideración? Satanás, aquel a quien los testigos de Jehová llaman el creador de este sistema
de cosas, le cedía a Jesús su dominio sobre los hombres, con tal de conseguir que el Mesías renegara de Dios un momento a lo largo de la eternidad. El
demonio sabía que Miguel y sus ángeles le derrotaron gritando la grandeza de Dios, pero él quería volver al infierno anotándose el triunfo de, en su afán
de dividir a Dios y a los hombres, conseguir que el Criador de los

hombres renegara de Sí mismo. ¿Conocéis a alguna persona que sea capaz de cometer cualquier fechoría por dinero? ¿Quién podría tener la fuerza moral suficiente
para renunciar a unos dioses tan prometedores de dádivas excelentes y placenteras, aunque las mismas, a largo plazo, sean la perdición de los hombres?
Veamos, pues, el texto sagrado: "Otra vez le llevó el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, y le dijo:
Todo esto te daré, si postrado me adorares. Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás"
(Mt. 4, 8-10).

8. San Mateo nos sigue diciendo en el Evangelio de hoy: "El diablo entonces le dejó; y he aquí vinieron ángeles y le servían" (Mt. 4, 11). ¿Tenemos la
tentación de creer que nuestra fe es plena? ¿Creemos que nadie conoce mejor la profesión que ejercemos que nosotros? Seamos humildes, no vaya a ser que
la presunción nos aparte del cumplimiento de la voluntad de nuestro Padre común.

Oración de los fieles

V. Intercedamos, amados hermanos y hermanas, ante la divina clemencia, implorando la misericordia divina en favor de todos los humanos y suplicando el
perdón para cuantos hemos pecado: Respondemos a cada petición: Te rogamos, Señor, óyenos.

1. Para que, en este tiempo de Cuaresma, Dios conceda a todos los fieles la fuerza necesaria para luchar contra el mal, convertirse de su mala conducta
y retornar al camino del bien, roguemos al Señor.

2. Para que, quienes abundan en bienes, sepan moderar el uso de sus propias riquezas en provecho de los necesitados, y no vivan absortos en los bienes
de este mundo, roguemos al Señor.

3. Para que, quienes se han alejado de la Iglesia, a causa de nuestros escándalos o de nuestra tibieza, se reincorporen a la familia de Dios, y a nosotros
el Señor nos perdone el pecado de escándalo, roguemos al Señor.

4. Para que, nuestros corazones lleguen a ser, por medio de la penitencia cuaresmal, aquella tierra fecunda en la que la palabra de Dios produce fruto
del ciento por uno, roguemos al Señor.

5. Añadir nuevas peticiones.

V. Dios nuestro, que conoces la fragilidad de la naturaleza humana herida por el pecado de Adán; escucha las oraciones de tu pueblo y concédele iniciar
el camino cuaresmal con la fuerza de tu palabra, para que venza las tentaciones del maligno y llegue gozoso a las fiestas pascuales. Por Jesucristo, nuestro
Señor.

Liturgia eucarística

Oración sobre las ofrendas

Te pedimos, Señor, que estos dones que vamos a ofrecerte, nos dispongan convenientemente para el santo tiempo de la Cuaresma, que estamos iniciando.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio

V. El Señor esté con vosotros.

R. Y con tu espíritu.

V. Levantemos el corazón.

R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

R. Es justo y necesario.

V. En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
Porque Cristo nuestro Señor, al abstenerse durante cuarenta días de tomar alimento, inauguró la práctica de nuestra penitencia cuaresmal y, al rechazar
las tentaciones del enemigo, nos enseñó a sofocar la fuerza del pecado; de este modo, celebrando con sinceridad el misterio de esta Pascua, podremos pasar
un día a la Pascua que no acaba. Por eso, con los ángeles y santos te cantamos el himno de alabanza, diciendo sin cesar: Santo, Santo, Santo...

Antífona de la Comunión

El Señor te cubrirá con su protección, bajo sus alas encontrarás refugio (Sal. 90, 4).

Oración después de la Comunión

Que este pan celestial alimente, Señor, en nosotros la fe, aumente la esperanza, refuerce la caridad, y nos enseñe a sentir hambre de Cristo, que es
el pan vivo y verdadero, y a vivir de toda palabra que proceda de tu boca. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Bendición solemne de Cuaresma

V. Dios, Padre misericordioso, os conceda a todos vosotros, como al hijo pródigo, el gozo de volver a la casa paterna.

R. Amén.

V. Cristo, modelo de oración y de vida, os guíe a la auténtica conversión del corazón, a través del camino de la Cuaresma.

R. Amén.

V. El Espíritu de sabiduría y de fortaleza os sostenga en la lucha contra el maligno, para que podáis celebrar con Cristo la victoria pascual.

R. Amén.

V. Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros.

R. Amén.

V. Podéis ir en paz.

R. Demos gracias a Dios.

Exhortación de despedida

Después de recibir a Jesús en la Eucaristía, volvamos a la realización de nuestras actividades ordinarias, proponiéndonos amarnos a nosotros, a nuestros
prójimos y a nuestro Dios, más que al poder, a la fama y a las riquezas, así pues, si circunstancialmente yo muriera, la Once me sustituiría por otro trabajador,
pero, en el corazón de mi mujer y todos los que me aman, se produciría un dolor que sólo podría sanar la esperanza de la resurrección universal. Hermanos,
que el hedonismo no nos ciegue, para que podamos vivir de Cristo, en Cristo y para Cristo.

Padre nuestro, escucha nuestra oración

Mi Señor fue tentado en el desierto

Esta dinámica que publiqué el pasado año 2003, debe ser leída por 2 lectores, con el fin de hacer que sus oyentes comprendan las tentaciones a las que
Jesús fue puesto a prueba por el demonio.

Jesús. -Padre mío, estimo que he vivido pocos años para contemplar los trágicos sucesos que acontecen en esta bendita tierra. En el corazón de los dirigentes
judíos cada día se extingue más la voz de los Patriarcas, Moisés, Elías y los Profetas. Moisés peregrinó durante cuarenta días a través del desierto para
huir de la muerte, posteriormente condujo al pueblo liberado de la esclavitud durante cuarenta días al Sinaí, el pueblo caminó durante cuarenta años a
través del desierto, pues tú no quisiste entregarle la tierra prometida, para que destruyera totalmente el becerro de oro, que hacía las veces del dios
del pueblo. Elías también caminó durante cuarenta días a través del desierto para no ser alcanzado por la maldad de la reina Jezabel... Yo, Padre Santo,
te ofrezco mi cuarentena de meditación, para que me digas qué es lo que deseas de mí exactamente.

Padre mío, me tortura mi debilidad, sé que como hombre no tengo más realidad que la muerte, mi certidumbre más verdadera... José murió hace mucho tiempo,
te pedí que me lo devolvieras, y no me lo diste... Aún me siento desvalido sin su protección paternal. Mis manos trabajan la madera, pero mis obras jamás
alcanzarán el perfeccionamiento de las obras de aquel Santo a quien le concediste mi paternidad. María vuelve a meditar en la soledad de su corazón, yo
soy torturado por el hambre, la sed y el cansancio y tú, Padre, tal como haces siempre, callas y miras desde el cielo. No he venido al desierto para pedirte
que castigues a los romanos ni a los judíos, pues he venido a encontrarme contigo, deseo desnudar mi alma, enseñarte mi debilidad para que, en mi pequeñez,
se muestre todo tu poder, gloria y majestad. Sé que soy tu Hijo, tú me lo has dicho a través de las Sagradas Escrituras, y por medio de las manifestaciones
privadas en que me has hablado. Ahora, Padre, necesito

palparte, como la más pura y cierta de mis realidades de Dios y hombre.

Satanás. -Jesús de Nazaret, estás cansado y hambriento. Debes tener sed. ¡Se te ve muy débil para ser tan poderoso...!

Jesús. -¿Quién eres? Déjate ver.

Satanás. -Soy esa parte de tu yo a la que tú deseas ignorar. Soy la encarnación de tus sentimientos palpables, tu sed, tu hambre, tu dolor, tu agobio,
tu estrés, tu necesidad de volver al mundo y de vivir como lo que eres, un hombre, no como un ser de leyenda fantástica. ¿Hasta cuándo crees que vivirás
comiendo hierbas?

Jesús. -¿Qué quieres de mí?

Satanás. -Como Dios guarda silencio cuando tienes necesidad de saber qué es lo que has de hacer con tu vida exactamente, he decidido ser tu guía espiritual.
Sé que no quieres seguirme, pero tendré paciencia contigo, y te mostraré tu realidad, la miseria de los hombres, la razón por la cuál Dios no permite que
seas más que un iluso... ¿Me equivoco al pensar que tienes hambre? ¡Sabes que tengo razón¡.

Jesús. -Sí, tengo hambre. ¿Qué pretendes, Satanás?

Satanás. -¿De qué os sirve a ti o a Dios tu actual estado de demencia? No te voy a pedir que renuncies a la amistad de Dios, pues sólo quiero que comas
un poco de pan. Como supongo que no quieres irte del desierto para buscar tu sustento, porque te has propuesto rezar durante cuarenta días, se me ocurre
que podrías hacer que esas piedras que tienes a tu izquierda, se conviertan en panes. Mi pretensión, en esta ocasión, consiste en que medites más y mejor
las nonadas de tu Dios con el estómago lleno.

Jesús. -Satanás, no es el estómago lo que tengo que llenarme, tengo que alimentar mi espíritu, porque, la miseria en que vivo, me ha sumido en cierto
estado de confusión...

Satanás. -Muy bien, mira a los hombres, mira a esos niños que lloran porque se mueren por causa de su desnutrición, mira a esas mujeres que abortan porque
no tienen medios económicos para cuidar a sus hijos... Jesús de Nazaret, mira a quienes son poderosos, y matan a otros para jactarse de su poder. ¡Mira
cómo mueren los enfermos que no tienen a quienes avalen sus últimos segundos de vida¡. No me negarás que, en tan dramáticas circunstancias, la muerte remedia
el sufrimiento de los hombres, hijos de Yahveh.

Satanás. -Jesús de Nazaret, iluso de Galilea, parece que el esplendor de los reinados de David y Salomón ya no existe en tu tierra, Yahveh ha perdido
la costumbre de manifestarse a sus siervos, ahora, Dios goza jactándose de vuestra miserable condición de perfectos inútiles.

Jesús. -Satanás, la miseria de los hombres y la ambición humana, sólo son excusas del vacío espiritual, que ellos tienen e ignoran. El hombre que sólo
se ocupa de nutrir su cuerpo, se comporta como un animal irracional, aunque no le haga daño a nadie, pues se hiere a sí mismo, no obstante, quienes nutren
su espíritu, quienes saben que el hombre necesita más de la Palabra de Dios que del pan físico, esos son los que alcanzan la sabiduría que los hace felices,
aun en el estado de la enfermedad más dolorosa a la que puedan sobrevivir.

Satanás. -¡Bravo, Jesús¡. ¡Vonitas palabras¡. ¡Se ve que el ojo derecho de Dios se ha aprendido bien la lección teórica al estudiar las Escrituras¡.
¿Quieres tener una inolvidable experiencia mística? Pues, mira, iluso, te voy a convertir en un místico digno de ser mencionado en una leyenda de espiritualidad
y ficción. Muchacho, nos vamos al pináculo del Templo de la ciudad santa. Sí, Jesús, la ciudad tres veces santa, porque, en el futuro, serán los miembros
de tres religiones o confesiones diferentes, los que vendrán a adorar a Dios.

Jesús. -No me importa que existan diferentes creencias en el mundo, pues deseo que todos los hombres crean en el Dios que ha de caracterizar su espiritualidad
al final de los tiempos.

Satanás. -Jesús, estás en la torre más alta del Templo. Salta, pues, para que se cumpla el Salmo que afirma que los ángeles sostendrán al Hijo preferido
de Dios, para que sus divinos pies no se destrocen al ser golpeados contra las piedras del edificio. Por cierto, si al caer te mataras, ¿desaparecerían
tu cuerpo y tu alma¿... Anda, Jesús, danos un buen espectáculo, hazte famoso ante los que esperan ahí abajo, ansiosos de ver un buen espectáculo que llame
su atención, y los distraiga para que no piensen en sus innumerables dificultades. ¿Crees que la gente hace famosas a las autoridades? No, Jesús, quienes
desean ser poderosos, luchan incansablemente, hasta alcanzar su propósito. Si quieres hablar de Dios, saciar a los hambrientos y sanar a los enfermos,
salta, date a conocer, hazte mundialmente famoso.

Jesús. -Satanás, el mensaje con que Dios me ha enviado al mundo, tiene más fuerza para que la gente venga a mí, que el espectáculo de saltar desde esta
torre y llegar vivo al suelo. Además, es absurdo que yo quiera probar el poder de Dios, porque creo firmemente en mi Padre, así pues, anteponer la duda
a la fe, es un acto de increencia.

Satanás. -Jesús, ¿cómo deberían imponerse los dirigentes judíos el cargo que ejercen para alcanzar el respeto que se les debe?

Jesús. -Practicando la verdadera justicia de Dios, y siendo misericordiosos con los más desfavorecidos.

Satanás. -¿Qué ocurre si los romanos no aceptan esa doctrina?

Jesús. -Los romanos podrán ser nuestros dueños independientemente de si nosotros creemos o no creemos en Dios, pero ellos sólo podrán ejercer su dominio
sobre nuestros cuerpos, jamás podrán dominar nuestro espíritu libre.

Satanás. -Mira, Jesús, voy a transportarte a un monte, desde el cuál verás la gloria y el esplendor del mundo. Mira, todo esto será tuyo, si te arrodillas
una sola vez ante mí. Podrás tener riquezas para curar a tus enfermos y saciar a tus hambrientos, podrás evitar la comisión de injusticias, podrás salvar
vidas, pues, para ello, sólo tienes que arrodillarte un segundo ante mí. Serás el dueño de los hombres, los enseñarás a marse entre sí si eso es lo que
te place hacer con ellos...

Jesús. -Satanás, yo puedo predicar la Palabra de Dios, pero jamás podré manipular la libertad de los hombres. Si yo coacciono a los hombres y les quito
lo que ha de ayudarles a purificarse, jamás adquirirán el conocimiento que les es necesario tener para valorar los dones divinos y humanos. El hombre no
puede distinguir el amor, la necesidad y la carencia, hasta que no pasa por el crisol del sufrimiento. Sólo a Dios adorarás, y sólo a él le tributarás
el culto debido, afirma Moisés. Así pues, Satanás, aléjate de mí, no intentes ser la piedra de tropiezo que me impida recorrer las sendas de Dios.

Satanás. -Por esta vez me retiro, Jesús, pero, no creas que me as vencido. Te repito que soy tu parte sensible y emocional de tu yo, crees que soy una
pesadilla, que estás dormido, pero, el poder, la fama y la riqueza, son tres deseos, tres necesidades que te acompañarán, aún entre los tormentos de tu
propia crucificción. Todavía no has experimentado la miseria de los hombres, pero, cuando tu cuerpo esté cubierto de heridas, cuando te desangres y te
asfixies, y cuando las moscas parezcan alfileres que se clavan en tu cuerpo, y, cuando los clavos que augurarán el fin de tu martirio fijándote a la cruz
y derrames tu existencia gota a gota, entonces seré yo quien tendré que hacer que reflexiones sobre tu patética situación, porque Dios no puede obligarte
a morir, si tú dices que no quieres ser crucificado hasta el fin de tu agonía, apurando el absurdo cáliz que tu Padre te ofreceráa a su debido tiempo.
Nazareno, no te pido que reniegues de Dios, sólo te suplico que no te humilles ante el inútil dolor del Calvario.

Jesús. -Satanás, en mi cruz habrá más amor que dolor, más fe que incredulidad, y más esperanza que miedo, tres virtudes que tú desconoces, pues no puedes
ver más allá del egoísmo de los hombres. Mi Madre estará conmigo en mi agonía...

Satanás. -¿Tu madre? ¿Te refieres a esa mujer que algún día irá a buscarte junto a tus hermanos y dirá que estás loco porque arriesgas tu vida contradiciendo
la religión que han inventado las autoridades de Israel? Jesús, la gente no te ama a ti, sólo quiere tus milagros, quiere encontrar a la oveja perdida
para someterla a sus caprichos. Los hombres no viven para encarnar en sus propias personas las palabras que tú empezarás a predicar dentro de pocos días.
No sé cómo has sido capaz de sumirte en un inexplicable letargo que no es propio de los hombres inteligentes como tú. ¿No te das cuenta de que la gente
sólo se acercará a ti cuando tenga la necesidad de que cubras sus necesidades, y, una vez les hayas llenado el estómago, te darán la espalda? Jesús de
Nazaret, escucha una última cosa que te voy a decir antes de retirarme para ver cómo tú mismo te condenas a la más absurda e insignificante forma de morir.
Cuando transcurran un par de años, les dirás a quienes finjan ser tus seguidores, que no pretendan echarles los objetos santos a los cerdos, para que los
mismos no se revuelvan contra ellos. Estoy viendo a una gran multitud de tus enfermos curados y de tus hambrientos saciados, pidiendo tu crucificción,
gritando con toda su fuerza. Intenta aprender a aplicarte tus propias palabras, pues, tu vida, si estás conmigo, es más valiosa que la existencia de todos
esos pobrecillos, que viven en la muerte de su ignorancia, su falta de poder, y su ciego placer de comerse todas las frutas prohibidas que estén a su alcance.

Jesús. -Déjame, Satanás, no intentes confundir sutilmente los sentimientos de los hombres. Los hombres, mis hermanos, sólo desean lo que conocen, sólo
pueden tocar lo que es tangible, de hecho, yo he venido para hacerles sentir la presencia de Dios en sus corazones. La mente de los hombres no es retorcida,
ellos sólo conocen lo que ven en su entorno, muchos de ellos no han tenido la oportunidad de pedirle a Dios que les ayude a salir del error, porque se
entregan a él libremente, y aceptan la pervivencia del mismo en su vida. Desde la creación del mundo, este ha sido siempre el propósito de Dios, y no intentes
decirme que Yahveh ha permanecido callado o mudo durante muchos milenios, porque tú sabes mejor que yo, que puedo rebatir tus argumentos con gran facilidad.
Ahora, Satanás, vete, déjame en actitud de adoración.

Satanás. -Muy bien, Jesús, me voy, pero, durante tu Ministerio público, y, en las horas del tormento final, mi presencia junto a ti, será más palpable
que el amor de Dios, pues, mientras que él te abandonará a tu suerte, y a la falta de compasión de los hombres, yo estaré aprovechando tu inútil o absurdo
dolor, para hacerte reflexionar.

(Mt. 4, 1-11).

La adaptación del texto de San Mateo es un relato del escritor católico José Portillo Pérez.
Creado por trigodedios | 0 comentarios | 22/03/07 22:41

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