TRIGO DE DIOS
Domingo de Ramos en la Pasión del Señor, ciclo c en TRIGO DE DIOS
Domingo de Ramos en la Pasión del Señor, ciclo c
Entremos en Jerusalén con nuestro Señor, y dispongámonos a celebrar la Pascua.
Padre nuestro.
Domingo, 2-04-2007, Domingo de Ramos en la Pasión del señor. Ciclo c.
Edición número 92.
En esta edición de Padre nuestro, encontraréis los siguientes contenidos:
-Celebremos la Eucaristía. Lecturas eucarísticas, oraciones, homilía dominical y lectura después de la Comunión.
-El Viernes Santo oraremos ante Jesús Crucificado.
Celebremos la Eucaristía.
Domingo de ramos en la Pasión del Señor. Ciclo c.
Conmemoración de la entrada del señor en Jerusalén.
Procesión.
Se puede comenzar la celebración cantando la siguiente antífona u otro canto adecuado en su defecto.
Antífona: ¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del señor, el Rey de Israel! ¡Hosanna en las alturas! (MT. 21, 9).
Saludo del sacerdote.
En el nombre del Padre del Hijo y del Espíritu santo.
R. Amén.
V. Queridos hermanos, sean bienvenidos a esta celebración y que Cristo, muerto y resucitado por nuestra salvación y la del mundo entero, permanezca ahora y siempre con todos ustedes.
R. Y con tu espíritu.
El sacerdote motiva a los feligreses a participar en la celebración con una monición. La monición que aparece en el Misal es la siguiente:
Queridos hermanos. Después de haber preparado nuestros corazones desde el comienzo de la cuaresma por medio de la penitencia, la oración y las obras de caridad, hoy nos congregamos para iniciar con toda la Iglesia la celebración del misterio pascual de nuestro señor, que fue consumado por su muerte y resurrección, para lo cual debió entrar en la ciudad de Jerusalén.
Por ello, llenos de fe y con gran fervor, recordando esta entrada triunfal, sigamos al señor, y participando de su cruz, lleguemos a tener parte en su resurrección y su vida.
El sacerdote bendice los ramos que portan los feligreses usando a tal efecto una de las dos oraciones siguientes.
Oremos.
Dios todopoderoso y eterno, santifica con tu bendición estos ramos, y haz que siguiendo alegremente a Cristo Rey, podamos llegar con su ayuda a la Jerusalén celestial. Te lo pedimos por el mismo Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.
O bien:
Oremos.
Señor y dios nuestro, aumenta la fe de cuantos esperamos en ti, y escucha nuestras súplicas, para que quienes hoy llevamos estos ramos en honor de Cristo victorioso, unidos a El, te presentemos el fruto de las buenas obras. Por el mismo Jesucristo, nuestro señor.
R. Amén.
Evangelio.
Bendito el que viene en nombre del señor.
Lectura del Santo Evangelio según san Lucas, 19, 28-40).
Jesús, acompañado de sus discípulos, iba camino a Jerusalén.
Cuando se acercó a Betfagé y Betania, al pie del monte llamado de los Olivos, envió a dos de sus discípulos, diciéndoles:
"Vayan al pueblo que está enfrente y, al entrar, encontrarán un asno atado, que nadie ha montado todavía. Desátenlo y tráiganlo; y si alguien les pregunta: "¿Por qué lo desatan?", respondan: "El Señor lo necesita".
Los enviados partieron y encontraron todo como él les había dicho. Cuando desataron el asno, sus dueños les dijeron: "¿Por qué lo desatan?". Y ellos respondieron: "El Señor lo necesita". Luego llevaron el asno adonde estaba Jesús y, poniendo sobre él sus mantos, lo hicieron montar.
Mientras él avanzaba, la gente extendía sus mantos sobre el camino. Cuando Jesús se acercaba a la pendiente del monte de los Olivos, todos los discípulos, llenos de alegría, comenzaron a alabar a Dios en alta voz, por todos los milagros que habían visto. Y decían: "¡Bendito sea el Rey que viene en nombre del Señor! ¡Paz en el cielo y gloria en las alturas!".
Algunos fariseos que se encontraban entre la multitud le dijeron: "Maestro, reprende a tus discípulos". Pero él respondió: "Les aseguro que si ellos callan, gritarán las piedras".
Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, señor Jesús.
Si se cree oportuno, puede pronunciarse una pequeña homilía después del Evangelio. En esta ocasión, los textos litúrgicos en Padre nuestro serán considerados en una sola homilía inmediatamente después de la lectura de la Pasión y muerte de nuestro señor, con el fin de que dicha meditación aparezca en todos los portales y listas de correo en que Padre nuestro es publicado completo o fragmentado.
Invitación a los asistentes a la celebración a vivir la procesión de los ramos.
Queridos hermanos:
Imitemos a la muchedumbre que aclamó a Jesús y caminemos cantando y glorificando a Dios unidos por el vínculo de la paz.
O bien:
Avancemos en paz.
Se puede utilizar otra invitación que inste a los fieles a participar en la procesión.
Se puede responder a la monición elegida:
R. en el nombre de Cristo. Amén.
Se puede entonar el siguiente cántico u otro cántico acorde con la celebración.
Antífona 1.
Los niños hebreos, llevando ramos de olivo, salieron al encuentro del Señor, aclamando: "¡Hosanna en el cielo!"
Esta antífona se puede alternar con los versículos del Salmo 23.
SALMO 23
Del Señor es la tierra y todo lo que hay en ella,
el mundo y todos sus habitantes
porque él la fundó sobre los mares,
él la afirmó sobre las corrientes del océano. R.
¿Quién podrá subir a la Montaña del Señor
y permanecer en su recinto sagrado? R.
El que tiene las manos limpias y puro el corazón;
el que no rinde culto a los ídolos ni jura falsamente:
Él recibirá la bendición del Señor,
la recompensa de Dios, su Salvador. R.
Así son los que buscan al Señor,
los que buscan tu rostro, Dios de Jacob. R.
¡Puertas, levanten sus dinteles,
levántense, puertas eternas,
para que entre el Rey de la gloria! R.
¿Y quién es ese Rey de la gloria?
Es el Señor, el fuerte, el poderoso,
el Señor poderoso en los combates. R.
¡Puertas, levanten sus dinteles,
levántense, puertas eternas,
para que entre el Rey de la gloria! R.
¿Y quién es ese Rey de la gloria?
El Rey de la gloria
es el Señor de los ejércitos. R.
antífona 2.
Los niños hebreos extendían sus manos por el camino y aclamaban: ¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del señor!
Esta antífona puede alternarse con los versículos del Salmo 46.
SALMO 46
Aplaudan, todos los pueblos,
aclamen al Señor con gritos de alegría;
porque el Señor, el Altísimo, es temible,
es el soberano de toda la tierra. R.
Él puso a los pueblos bajo nuestro yugo,
y a las naciones bajo nuestros pies;
él eligió para nosotros una herencia,
que es el orgullo de Jacob, su predilecto. R.
El Señor asciende entre aclamaciones,
asciende al sonido de trompetas.
Canten, canten a nuestro Dios,
canten, canten a nuestro Rey: R.
El Señor es el Rey de toda la tierra,
cántenle un hermoso himno.
El Señor reina sobre las naciones,
el Señor se sienta en su trono sagrado. R.
Los nobles de los pueblos se reúnen
con el pueblo del Dios de Abraham:
del Señor son los poderosos de la tierra,
y él se ha elevado inmensamente. R.
Himno a Cristo Rey
Coro:
Gloria, alabanza y honor a ti, Cristo,
nuestro Rey y Redentor,
a quien los niños con júbilo cantaban: ¡Hosanna!
Todos:
Gloria, alabanza y honor a ti, Cristo,
nuestro Rey y Redentor,
a quien los niños con júbilo cantaban: ¡Hosanna!
Coro:
Tú eres el Rey de Israel,
noble descendiente de David,
Rey bendito que vienes en nombre del Señor.
Todos:
Gloria, alabanza...
Coro:
Los ángeles te alaban en el Cielo;
también los hombres y todo el universo.
Todos:
Gloria, alabanza...
Coro:
El pueblo hebreo salió a tu encuentro
con palmas en las manos:
aquí estamos nosotros con himnos,
ofrendas y plegarias.
Todos:
Gloria, alabanza...
Coro:
Ellos te aclamaban cuando ibas a morir,
ahora que reinas nosotros te cantamos.
Todos:
Gloria, alabanza...
Coro:
Ellos te agradaron;
acepta también nuestro homenaje,
Rey bueno, Rey piadoso,
que te complaces en todo lo bueno.
Todos:
Gloria, alabanza...
Al entrar en la Iglesia, se canta el siguiente responsorio u otro canto alusivo a la entrada del señor en Jerusalén.
Responsorio.
V. Al entrar el señor en la ciudad santa, los niños hebreos con palmas en las manos anunciaban la resurrección de la vida, diciendo: ¡Hosanna en el cielo!
R. Al enterarse de que Jesús llegaba a Jerusalén, el pueblo salió a su encuentro y con palmas en las manos. clamaba: ¡Hosanna en el cielo!
Se omiten los ritos iniciales y el Señor ten piedad, y se continúa la celebración con la oración colecta, de la forma acostumbrada.
Cuando se lleva a cabo el rito de la procesión simple, se inicia la celebración con la antífona de entrada, tal como se hace todos los días.
Antífona de entrada.
Seis días antes de la solemnidad de la Pascua cuando el señor entraba a la ciudad de Jerusalén, los niños salieron a su encuentro llevando en sus manos ramos de palmas y aclamaban con toda su voz: ¡Hosanna en las alturas! ¡Bendito, tú, que has venido lleno de misericordia!
¡Hosanna en el cielo! ¡Bendito tú que vienes y nos traes la misericordia de Dios!
¡Puertas, levanten sus dinteles, levántense, puertas eternas, para que entre el Rey de la gloria!
¿Y quién es ese Rey de la gloria?
El rey de la gloria es el señor de los ejércitos.
¡Hosanna en el cielo! ¡Bendito tú que vienes y nos traes la misericordia de Dios! (CF. JN. 12, 1. 12-13; SAL. 23, 9-10).
Monición de entrada.
Nota: Esta monición -u otra similar- sólo se utilizará si se ha utilizado la procesión simple como introducción a la celebración.
Queridos hermanos y amigos:
Sed bienvenidos a la casa de nuestro Padre y Dios.
Hoy comenzamos a vivir la sexta semana de penitencia y oración que concluirá el próximo Jueves santo al comenzar la celebración vespertina del citado día. Hoy también comenzamos a vivir la preparación de la Pascua más radical, pues nos hemos preparado para ello desde el pasado Miércoles de ceniza. A todos vosotros, tanto a quienes habéis seguido las celebraciones eucarísticas dominicales del tiempo de Cuaresma utilizando para ello el boletín Padre nuestro, como a quienes habéis tomado la decisión de utilizar mis meditaciones como guías preparatorias de la Misa o como meras lecturas formativas o de ocio, os deseo que nuestro Padre común os bendiga al revivir los misterios centrales de nuestra fe.
Comencemos esta celebración eucarística pidiéndole a nuestro Padre común que haga nuestro corazón sensible como aquellos niños hebreos que alabaron al Mesías el día en que nuestro señor entró triunfalmente en la ciudad santa.
Acto penitencial.
Jesucristo, el justo, intercede por nosotros y nos reconcilia con el Padre. Abramos, pues, nuestro espíritu al arrepentimiento, para acercarnos a la mesa del Señor.
V. señor, ten misericordia de nosotros.
R. Porque hemos pecado contra ti.
V. Muéstranos, señor, tu misericordia.
R. Y danos tu salvación.
V. Tú que has puesto la salvación del género humano en el árbol de la cruz: señor, ten piedad.
R. señor, ten piedad.
V. Tú que padeciste por nosotros para que siguiéramos tus huellas: Cristo, ten piedad.
R. cristo, ten piedad.
V. Tú que, cargado con nuestros pecados, subiste al leño para que, muertos al pecado, viviéramos en la justicia: señor, ten piedad.
R. señor, ten piedad.
V. Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
En esta celebración litúrgica no cantamos ni recitamos el Gloria, porque nuestro corazón penitente aún no ha sido perfeccionado, y espera la llegada de la Pascua para celebrar su futura redención.
Oración colecta.
Dios todopoderoso y eterno, tú quisiste que nuestro Salvador se hiciera hombre y muriera en la cruz para darnos un ejemplo de humildad a imitar. Concédenos la gracia de tener siempre presente las enseñanzas de su Pasión, para poder participar un día de la gloriosa resurrección. Por nuestro señor Jesucristo, tu Hijo que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu santo, y es Dios por los siglos de los siglos.
R. Amén.
Liturgia de la Palabra.
Moniciones precedentes a las lecturas de hoy y lecturas eucarísticas.
Monición de la primera lectura.
Jesús, -el Siervo de Dios-, soportó su Pasión, por amor a dios, y a sus hermanos los hombres. La primera lectura y el evangelio correspondientes a la Eucaristía que estamos celebrando, constituyen un relato de la Pasión y muerte de nuestro Hermano y señor, mientras que la segunda lectura, es una breve explicación o justificación del anonadamiento del Hijo de María, encaminado hacia su glorificación, que celebraremos durante el tiempo de Pascua. En el relato de Isaías que será leído a continuación, se nos informa de que el dolor de Jesús sirvió simbólicamente para confortar a los enfermos, y para consolar a los pobres y a los solitarios. En el siguiente texto que escucharemos a continuación, también se nos dice que nuestro Hermano soportó los malos tratos que le fueron infringidos, porque El estaba plenamente convencido de que Dios no le iba a desamparar, lo cual justifica su plena obediencia, hasta sucumbir bajo el peso de las cadenas de la muerte. Escuchemos, pues, la primera lectura de hoy.
Primera lectura.
No me tapé el rostro ante los ultrajes, sabiendo que no quedaría defraudado.
Lectura del libro del Profeta Isaías, 50, 4-7.
Mi Señor me ha dado una lengua de iniciado,
para saber decir al abatido una palabra de aliento.
Cada mañana me espabila el oído, para que escuche como los iniciados.
El Señor me abrió el oído.
Y yo no resistí ni me eché atrás:
ofrecí la espalda a los que me apaleaban,
las mejillas a los que mesaban mi barba;
no me tapé el rostro ante ultrajes ni salivazos.
El Señor me ayuda, por eso no sentía los ultrajes;
por eso endurecí el rostro como pedernal,
sabiendo que no quedaría defraudado.
Palabra de Dios.
R. Te alabamos, señor.
Monición del salmo responsorial.
Al escuchar o entonar el salmo responsorial correspondiente a esta celebración eucarística, podremos constatar cómo nuestro Hermano y señor se hizo semejante a nosotros en la vivencia del sufrimiento. En la primera parte del Salmo responsorial con que oraremos a continuación, vemos cómo el Siervo de Yahveh es despreciado por sus asesinos y por las autoridades de Palestina. En la segunda parte de esta oración, encontramos un anuncio de que nuestro señor, al vencer a la muerte, se comprometió a evangelizar al mundo a través de sus más fieles seguidores, entre los cuales podemos encontrarnos nosotros, si hemos decidido amar a dios asumiendo las consecuencias que ello implica en una sociedad en la que nuestra fe no está de moda.
Salmo responsorial.
R. Dios mío, Dios mío, ¡por qué me has abandonado?
SAL. 21, 8-9. 17-18a. 19-20. 23-24).
Al verme, se burlan de mi,
hacen visajes, menean la cabeza:
«Acudió al Señor, que lo ponga a salvo;
que lo libre, si tanto lo quiere. » R.
Me acorrala una jauría de mastines,
me cerca una banda de malhechores;
me taladran las manos y los pies,
puedo contar mis huesos. R.
Se reparten mi ropa,
echan a suertes mi túnica.
Pero tú, Señor, no te quedes lejos;
fuerza mía, ven corriendo a ayudarme. R.
Contaré tu fama a mis hermanos,
en medio de la asamblea te alabaré.
Fieles del Señor, alabadlo;
linaje de Jacob, glorificadlo;
temedlo, linaje de Israel. R.
Monición de la segunda lectura.
En el fragmento de la Carta a los cristianos de Filipos que fue escrita por san Pablo que será leído seguidamente, el Apóstol de los gentiles nos explicará cómo Dios glorificó a Cristo por causa de su entrega generosa a su Pasión y muerte.
Segunda lectura.
Se rebajó, por eso Dios lo levantó sobre todo.
Lectura de la Carta del Apóstol San Pablo a los Filipenses, 2, 6-11.
Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios;
al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos.
Y así, actuando como un hombre cual quiera- y se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz.
Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»;
de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo,
y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.
Palabra de Dios.
R. te alabamos, señor.
Honor y gloria a ti, señor Jesús. Cristo, por nosotros, se sometió a la muerte, y una muerte de cruz. Por eso dios le levantó sobre todo y le concedió el "Nombre-sobre-todo-nombre" (FLP. 2, 9).
Monición del Evangelio.
Al meditar la Pasión de nuestro señor, comparémonos con los personajes que aparecen en la misma, haciendo un buen examen de conciencia, para ver con cuál de los citados protagonistas del siguiente relato evangélico nos identificamos.
Evangelio.
He deseado enormemente comer esta comida con vosotros antes de padecer.
Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 22, 14-23, 56.
R. Gloria a ti, señor.
C. Llegada la hora, se sentó Jesús con sus discípulos y les dijo:
- «He deseado enormemente comer esta comida pascual con vosotros, antes de padecer, porque os digo que ya no la volveré a comer, hasta que se cumpla en el reino de Dios.»
C. Y, tomando una copa, pronunció la acción -de gracias y dijo:
- «Tomad esto, repartidlo entre vosotros; porque os digo que no beberé desde ahora del fruto de la vid, hasta que venga el reino de Dios. »
C. Y, tomando pan, pronunció la acción de gracias, lo partió y se lo dio, diciendo:
-«Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros; haced esto en memoria mía.»
C. Después de cenar, hizo lo mismo con la copa, diciendo:
- «Esta copa es la nueva alianza, sellada con mi sangre, que se derrama por vosotros.»
- «Pero mirad: la mano del que me entrega está con la mía en la mesa. Porque el Hijo del hombre se va, según lo establecido; pero, hai ¿ay de ése que lo entrega! »
C. Ellos empezaron a preguntarse unos a otros quién de ellos podía ser el que iba a hacer eso.
C. Los discípulos se pusieron a disputar sobre quién de ellos debía ser tenido como el primero. Jesús les dijo:
-«Los reyes de las naciones las dominan, y los que ejercen la autoridad se hacen llamar bienhechores. Vosotros no hagáis así, sino que el primero
entre vosotros pórtese como el menor, y el que gobierne, como el que sirve.
Porque, ¿quién es más, el que está en la mesa o el que sirve? ¿Verdad que el que está en la mesa? Pues yo estoy en medio de vosotros como el que sirve.
Vosotros sois los que habéis perseverado conmigo en mis pruebas, y yo os transmito el reino como me lo transmitió mi Padre a mí: comeréis y beberéis a mi mesa en mi reino, y os sentaréis en tronos para regir a las doce tribus de Israel.»
C. Y añadió:
- «Simón, Simón, mira que Satanás os ha reclamado para cribaros como trigo. Pero yo he pedido por ti, para que tu fe no se apague. Y tú, cuando te
recobres, da firmeza a tus hermanos.»
C. Él le contestó:
S. -«Señor, contigo estoy dispuesto a ir incluso a la cárcel y a la muerte.»
C. Jesús le replicó:
- «Te digo, Pedro, que no cantará hoy el gallo antes que tres veces hayas negado conocerme.»
C. Y dijo a todos:
- «Cuando os envié sin bolsa, ni alforja, ni sandalias, ¿os faltó algo?»
C. Contestaron:
S. - «Nada.»
C. Él añadió:
- «Pero ahora, el que tenga bolsa que la coja, y lo mismo la al forja; y el que no tiene espada, que venda su manto y compre una. Porque os aseguro
que tiene que cumplirse en mí lo que está escrito: "Fue contado con los malhechores." Lo que se refiere a mi toca a su fin.»
C. Ellos dijeron:
S. - «Señor, aquí hay dos espadas. »
C. Él les contestó:
- «Basta.»
C. Y salió Jesús, como de costumbre, al monte de los Olivos, y lo siguieron los discípulos. Al llegar al sitio, les dijo:
- «Orad, para no caer en la tentación.»
C. Él se arrancó de ellos, alejándose como a un tiro de piedra y, arrodillado, oraba, diciendo:
- «Padre, si quieres, aparta de mi ese cáliz; pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya.»
C. Y se le apareció un ángel del cielo, que lo animaba. En medio de su angustia, oraba con más insistencia. Y le bajaba hasta el suelo un sudor como
de gotas de sangre. Y, levantándose de la oración, fue hacia sus discípulos, los encontró dormidos por la pena, y les dijo:
- «¿Por qué dormís? Levantaos y orad, para no caer en la tentación.»
C. Todavía estaba hablando, cuando aparece gente; y los guiaba el llamado Judas, uno de los Doce. Y se acercó a besar a Jesús.
Jesús le dijo:
- «Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del hombre?»
C. Al darse cuenta los que estaban con él de lo que iba a pasar, dijeron:
S. - «Señor, ¿herimos con la espada?»
C. Y uno de ellos hirió al criado del sumo sacerdote y le cortó la oreja derecha.
Jesús intervino, diciendo:
- «Dejadlo, basta.»
C. Y, tocándole la oreja, lo curó. Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los oficiales del templo, y a los ancianos que habían venido contra él:
- «¿Habéis salido con espadas y palos, como a caza de un bandido? A diario estaba en el templo con vosotros, y no me echasteis mano. Pero ésta es
vuestra hora: la del poder de las tinieblas.»
C. Ellos lo prendieron, se lo llevaron y lo hicieron entrar en casa del sumo sacerdote. Pedro lo seguía desde lejos. Ellos encendieron fuego en medio
del patio, se sentaron alrededor, y Pedro se sentó entre ellos.
Al verlo una criada sentado junto a la lumbre, se lo quedó mirando y dij o:
S. - «También éste estaba con él. »
C . Pero él lo negó, diciendo:
S. - «No lo conozco, mujer.»
C. Poco después lo vio otro y le dijo:
S. - «Tú también eres uno de ellos.»
C. Pedro replicó:
S. - «Hombre, no lo soy.»
C. Pasada cosa de una hora, otro insistía:
S. - «Sin duda, también éste estaba con él, porque es galileo.»
C. Pedro contestó:
S. - «Hombre, no sé de qué me hablas.»
C. Y, estaba todavía hablando, cuando cantó un gallo. El Señor, volviéndose, le echó una mirada a Pedro, y Pedro se acordó de la palabra que el Señor le había dicho: «Antes de que cante hoy el gallo, me negarás tres veces.» Y, saliendo afuera, lloró amargamente.
C. Y los hombres que sujetaban a Jesús se burlaban de él, dándole golpes.
Y, tapándole la cara, le preguntaban:
S. - «Haz de profeta; ¿quién te ha pegado?»
C. Y proferían contra él otros muchos insultos.
C. Cuando se hizo de día, se reunió el senado del pueblo, o sea, sumos sacerdotes y escribas, y, haciéndole comparecer ante su Sanedrín, le dijeron:
S. - «Si tú eres el Mesías, dínoslo.»
C. Él les contestó:
- «Si os lo digo, no lo vais a creer; y si os pregunto, no me vais a responder.
Desde ahora, el Hijo del hombre estará sentado a la derecha de Dios todopoderoso.»
C. Dijeron todos:
S. - «Entonces, ¿tú eres el Hijo de Dios?»
C. Él les contestó:
- «Vosotros lo decís, yo lo soy.»
C. Ellos dijeron:
S. - «¿Qué necesidad tenemos ya de testimonios? Nosotros mismos lo hemos oído de su boca.»
C. Se levantó toda la asamblea, y llevaron a Jesús a presencia de Pilato.
C. Y se pusieron a acusarlo, diciendo:
S. - «Hemos comprobado que éste anda amotinando a nuestra nación, y oponiéndose a que se paguen tributos al César, y diciendo que él es el Mesías rey.»
C. Pilato preguntó a Jesús:
S. - «¿Eres tú el rey de los judíos?»
C. Él le contestó:
- «Tú lo dices. »
C. Pilato dijo a los sumos sacerdotes y a la gente:
S. - «No encuentro ninguna culpa en este hombre.»
C. Ellos insistían con más fuerza, diciendo:
S. - «Solivianta al pueblo enseñando por toda Judea, desde Galilea hasta aquí. »
C. Pilato, al oírlo, preguntó si era galileo; y, al enterarse que era de la jurisdicción de Herodes, se lo remitió. Herodes estaba precisamente en Jerusalén
por aquellos días.
C. Herodes, al ver a Jesús, se puso muy contento; pues hacía bastante tiempo que quería verlo, porque oía hablar de él y esperaba verle hacer algún
milagro. Le hizo un interrogatorio bastante largo; pero él no le contestó ni palabra.
Estaban allí los sumos sacerdotes y los escribas acusándolo con ahínco.
Herodes, con su escolta, lo trató con desprecio y se burló de él; y, poniéndole una vestidura blanca, se lo remitió a Pilato. Aquel mismo día se hicieron
amigos Herodes y Pilato, porque antes se llevaban muy mal.
C. Pilato, convocando a los sumos sacerdotes, a las autoridades y al pueblo, les dijo:
S. - «Me habéis traído a este hombre, alegando que alborota al pueblo; y resulta que yo lo he interrogado delante de vosotros, y no he encontrado en
este hombre ninguna de las culpas que le imputáis; ni Herodes tampoco, porque nos lo ha remitido: ya veis que nada digno de muerte se le ha probado. Así que le daré un escarmiento y lo soltaré. »
C. Por la fiesta tenía que soltarles a uno. Ellos vociferaron en masa, diciendo:
S. - «¡Fuera ése! Suéltanos a Barrabás.»
C. A éste lo habían metido en la cárcel por una revuelta acaecida en la ciudad y un homicidio.
Pilato volvió a dirigirles la palabra con intención de soltar a Jesús. Pero ellos seguían gritando:
S. - «¡Crucifícalo, crucifícalo!»
C. Él les dijo por tercera vez:
S. - «Pues, ¿qué mal ha hecho éste? No he encontrado en él ningún delito que merezca la muerte. Así es que le daré un escarmiento y lo soltaré. »
C. Ellos se le echaban encima, pidiendo a gritos que lo crucificara; e iba creciendo el griterío.
Pilato decidió que se cumpliera su petición: soltó al que le pedían (al que había metido en la cárcel por revuelta y homicidio), y a Jesús se lo entregó
a su arbitrio.
C. Mientras lo conducían, echaron mano de un cierto Simón de Cirene, que volvía del campo, y le cargaron la cruz, para que la llevase detrás de Jesús.
Lo seguía un gran gentío del pueblo, y de mujeres que se daban golpes y lanzaban lamentos por él.
Jesús se volvió hacia ellas y les dijo:
- «Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, llorad por vosotras y por vuestros hijos, porque mirad que llegará el día en que dirán: "Dichosas las estériles
y los vientres que no han dado a luz y los pechos que no han criado." Entonces empezarán a decirles a los montes: "Desplomaos sobre nosotros", y a las
colinas: "Sepultadnos"; porque, si así tratan al leño verde, ¿qué pasará con el seco?»
C. conducían también otros malhechores para ajusticiarlos con él.
C. Y, cuando llegaron al lugar llamado «La Calavera», lo crucificaron allí, a él y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda. Jesús
decía:
- «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.»
C. Y se repartieron sus ropas, echándolas a suerte.
C. El pueblo estaba mirando.
Las autoridades le hacían muecas, diciendo:
S. - «A otros ha salvado; que se salve a si mismo, si él es el Mesías de Dios, el Elegido.»
C. Se burlaban de él también los soldados, ofreciéndole vinagre y diciendo:
S. - «Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo.»
C. Había encima un letrero en escritura griega, latina y hebrea: «Éste es el rey de los judíos.»
C. Uno de los malhechores crucificados lo insultaba, diciendo:
S. - «¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros.»
C. Pero el otro le increpaba:
S. - «¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en el mismo suplicio?
Y lo nuestro es justo, porque recibimos el pago de lo que hicimos; en cambio, éste no ha faltado en nada.»
C. Y decía:
S. - «Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino.»
C. Jesús le respondió:
- «Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el paraiso.»
C. Era ya eso de mediodía, y vinieron las tinieblas sobre toda la región, hasta la media tarde; porque se oscureció el sol. El velo del templo se rasgó
por medio. Y Jesús, clamando con voz potente, dijo:
- «Padre, a tus manos- encomiendo mi espíritu.
C. Y, dicho esto, expiró.
Todos se arrodillan, y se hace una pausa
C. El centurión, al ver lo que pasaba, daba gloria a Dios, diciendo:!,-"
S. - «Realmente, este hombre era justo.»
C. Toda la muchedumbre que había acudido a este espectáculo, biendo visto lo que ocurría, se volvía dándose golpes de pecho.
Todos sus conocidos se mantenían a distancia, y lo mismo las mujeres que lo habían seguido desde Galilea y que estaban mirando.
C - Un hombre llamado José, que era senador, hombre bueno y honrado (que no había votado a favor de la decisión y del crimen de que era natural de Arimatea, pueblo de Judea, y que aguardaba el reino de Dios, acudió a Pilato a pedirle el cuerpo de Jesús. Y, bajándolo, lo envolvió en una sábana y lo colocó en un sepulcro excavado en la roca, donde no habían puesto a nadie todavía.
Era el día de la Preparación y rayaba el sábado. Las mujeres que lo habían acompañado desde Galilea fueron detrás a examinar el sepulcro y cómo colocaban su cuerpo. A la vuelta, prepararon aromas y ungüentos. Y el sábado guardaron reposo, conforme al mandamiento.
Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, señor Jesús.
Homilía:
estimados hermanos y amigos que os disponéis a celebrar la Pasión, la muerte y la resurrección de nuestro Señor después de haberos preparado para ello intensamente durante las cinco semanas anteriores, hermanos y amigos que os unís a nosotros sin haber vivido intensamente la Cuaresma pero deseáis llenar vuestro espíritu con la vivencia de la celebración de los misterios centrales de nuestra fe universal, os agradezco el esfuerzo que hacéis al leer esta meditación, por lo cuál espero que mi humilde y confiado trabajo os ayude a crecer en términos espirituales.
1. La enseñanza del pollino indómito.
Quienes seguís mis textos dominicales desde que comencé mi andadura en la red en la web principal de Trigo de Dios en la Navidad del año 2001, sabéis que, algunos años, al celebrar el Domingo de Ramos en la Pasión del señor, me gusta dedicar parte de mi reflexión al burro de Betfagé que nuestro señor utilizó para entrar en la ciudad santa. Aquél pollino nunca había sido montado, pero, sin embargo, fue muy dócil cuando Jesús lo montó. Los burros son muy nobles y muy tercos. A muchos nos ha servido el pasaje que estamos recordando para compararse al pollino sobre el que Jesús montó, pues han pasado de la rebeldía de la incredulidad a la aceptación de los misterios centrales de nuestra fe.
San Lucas nos dice en el Evangelio de la procesión de los ramos con que iniciamos esta celebración: "... iba delante subiendo a Jerusalén" (LC. 19, 28). Jesús partió desde Betania a Jerusalén, y nuestro señor era seguido por nuestra Santa Madre y por sus amigos íntimos Lázaro a quien el resucitó de entre los muertos (JN. 11, 1-45), Marta, la hermana de Lázaro que aprendió del Mesías que la espiritualidad es más importante que el materialismo (LC. 10, 38-42), María de Magdala, aquella a la que Jesús le extrajo siete demonios (MC. 16, 9), y los Apóstoles, aquellos a los que no eligió por sus cualidades pastorales para que fueran sus seguidores, sino "porque el quiso" (CF. MC. 3, 13). Entre nosotros hay religiosos y laicos muy bien formados para predicar el Evangelio. Yo, cuando pienso dónde he llegado gracias a la ayuda de hermanos y amigos que disponen de medios de comunicación católicos muy conocidos y también gracias a los patrocinadores de mis websytes, aún me cuesta creer que más de 1700 hermanos y amigos reciben mis meditaciones semanalmente en sus casillas de correo, y que desconozco el número de los lectores de los portales que leen mis meditaciones todas las semanas. Yo empecé a trabajar para el señor con miedo al fracaso de ser un desconocido en la red, pero inicié mi trabajo pidiéndole a Jesús que caminara delante de mí, con el fin de que yo fuera capaz de proclamar fielmente su Evangelio. Hoy he leído con una gran satisfacción en el Evangelio anteriormente citado que Jesús caminaba delante de los suyos a Jerusalén, la ciudad en la que había de ser inmolado para redimirnos, así pues, yo quiero ser uno de los mensajeros que no se cansan de decirle al mundo que Jesús sigue muriendo y resucitando por nosotros en cada ocasión que celebramos la Eucaristía. Yo quiero que Jesús siga caminando delante de mí para hacer lo que tengo que hacer bien hecho y para poder seros útil a quienes recibís mis meditaciones semanales.
"Y aconteció que llegando cerca de Betfagé y de Betania, al monte que se llama de los Olibos, envió dos de sus discípulos, diciendo: Id a la aldea de enfrente, y al entrar en ella hallaréis un pollino atado, en el cual ningún hombre ha montado jamás; desatadlo, y traedlo" (LC. 19, 29-30). Recuerdo que hace varios años, antes de comenzar a evangelizar a través de la red de redes, tuve un compañero que me ayudaba en la impartición de catequesis infantil que les temía mucho a algunas madres de los niños a los que él adoctrinaba que eran muy rebeldes, y le hacían la vida imposible planteándole preguntas que él no podía resolver. En ciertas circunstancias los más rebeldes a aceptar nuestra fe son los que más fácilmente aceptan nuestra doctrina cristiana. Jesús apuesta firmemente a través de sus predicadores por quienes rebaten nuestros argumentos diariamente, pues en el Evangelio correspondiente a la procesión de los ramos leemos: "Y si alguien os preguntare: ¡Por qué lo desatáis? Le responderéis así: Porque el señor lo necesita" (LC. 19, 31). Al leer las Confesiones de San Agustín, nos percatamos de que todos los esfuerzos que hizo el Obispo de Hipona por no aceptar la predicación de Santa Mónica, acabaron convirtiéndose en esfuerzos para cumplir a rajatabla la voluntad de nuestro Criador.
2. El gozo se convertirá en tristeza, y la tristeza se convertirá en gozo.
Hoy hemos acudido a celebrar la Eucaristía portando ramas de olivo, hojas de laurel o ramas de palmera en nuestras manos para celebrar la entrada triunfal de nuestro señor en Jerusalén. En cierta forma podemos decir que esta celebración es alegre, porque, con nuestros cantos y nuestras oraciones silenciosas que brotan de nuestro interior, estamos aceptando a Jesús como Hermano, como guía espiritual y como Rey, pero, al mismo tiempo, esta celebración es triste, porque supone el inicio de los últimos días de vida de Jesús entre sus contemporáneos. Para comprender la razón por la cuál nuestro gozo se convertirá en tristeza y viceversa, hemos de saber que nuestro señor fue asesinado por muchas causas, de entre las cuales no era la más fuerte el hecho de que el dijo que es el Hijo de Dios, sino el temor que los fariseos y los saduceos tenían de que nuestro Señor hubiera sido proclamado rey por los marginados de Palestina, no porque ello hubiera significado que Pilato y Herodes hubieran entendido que habrían de castigar mortalmente a la que sin duda alguna era la colonia más rebelde del Imperio, sino porque ellos deseaban seguir manteniendo el liderazgo espiritual de su país. Los miembros de ambas tendencias religiosas eran contrarios entre sí, pero se pusieron de acuerdo para eliminar a Jesús porque, dado que tenían que ser al mismo tiempo amigos de las autoridades romanas y pacificadores del pueblo, ello les situaba en una situación bastante delicada.
Jesús les dijo a sus Apóstoles durante la celebración de la última cena: "de cierto, de cierto os digo, que vosotros lloraréis y lamentaréis, y el mundo (vuestros perseguidores) se alegrará; pero aunque vosotros estéis tristes, vuestra tristeza se convertirá en gozo. La mujer cuando da a luz, tiene dolor, porque ha llegado su hora; pero después que ha dado a luz un niño, ya no se acuerda de la angustia, por el gozo de que haya nacido un hombre en el mundo. También vosotros ahora tenéis tristeza; pero os volveré a ver, y se gozará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestro gozo. En aquel día no me preguntaréis nada. De cierto, de cierto os digo, que todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os lo dará. Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido." (JN. 16, 20-24).
3. El Jueves Santo.
Aunque el Jueves Santo no es un día preceptual, es importante que asistamos a la celebración vespertina, en la cuál recordaremos la institución de los Sacramentos de la eucaristía y el Orden de los sacerdotes. Cristo, el sacerdote eterno, nos dará el Mandamiento nuevo que no deroga la Ley, pero nos hace comprender que el amor es más importante que la aplicación de la justicia por sí misma.
Muchos de nuestros hermanos vivirán toda la semana o algunos de los días de estas celebraciones periodos vacacionales, así pues, les recomiendo a los citados hermanos que no dejen de asistir al templo más cercano a su lugar de residencia para celebrar los misterios más relevantes de nuestra fe católica.
Durante la noche del Jueves Santo celebraremos una hora de oración, durante la cuál reflexionaremos sobre la eucaristía, y recordaremos los hechos que acaecieron durante la noche que Jesús pasó en manos de sus enemigos.
El día en que celebraremos el amor fraterno es el primer día del Triduo pascual, así pues, es conveniente que nos hayamos confesado para iniciar la celebración de la cincuentena de nuestra redención limpios de toda mácula. No le tengamos miedo a la posibilidad de no ser absueltos de nuestros pecados ni pensemos que nuestro confesor va a divulgar nuestros secretos, pues lo más importante que debemos hacer al respecto de las excusas que tenemos para no recibir el sacramento de la Penitencia, es pensar en que debemos sentirnos perdonados por dios, por nuestros prójimos y nosotros mismos.
4. El viernes Santo.
Son varias las prácticas habituales entre los católicos el día en que celebramos la Pasión de nuestro señor, la celebración más importante del día en que no celebramos la Eucaristía, porque Jesús muere a manos de sus enemigos, luego, al estar muerto, no puede transubstanciarse. Aunque Jesús ha resucitado de entre los muertos, el viernes Santo no celebramos la Eucaristía para recordar su muerte.
En muchos lugares, a las doce del medio día, -la hora en que Jesús fue crucificado-, se pronunciará el llamado Sermón de las Siete Palabras, es decir, una meditación exhaustiva de las siete frases que nuestro Señor pronunció en la cruz antes de expirar.
A las tres de la tarde, -la hora en que falleció el Mesías-, se celebra la Pasión del señor, la celebración más importante del día.
Transcurrida la celebración de la Pasión del Señor, se rezan el Vía crucis y el vía Matrix.
5. el Sábado Santo o de Gloria.
Cuando concluyen las celebraciones del viernes Santo, se inicia la vivencia de un silencio, un tiempo de oración y meditación que se interrumpirá en la media noche del Domingo de Resurrección, el momento en que comenzaremos a celebrar la preparación de la resurrección de nuestro Señor, que viviremos intensamente en la celebración eucarística del próximo domingo de resurrección.
Quiero pediros que leáis los Evangelios, y que, si os es posible, veáis en estos días películas de la vida de nuestro señor, pues es importante que todos comprendamos el bien que Jesús hizo por nosotros al morir y resucitar para redimirnos.
Oración de los fieles.
V. Imploremos, hermanos y hermanas, a Jesús, el Sumo Sacerdote de la fe que profesamos, que en la cruz presentó, con lágrimas en los ojos, oraciones y súplicas al Padre, y oremos también nosotros por todos los hombres:
Respondemos a cada intención: Escúchanos, Señor.
V. Para que el Señor, que en la cruz excusó a los ignorantes y pidió perdón por ellos, tenga piedad de los fieles que han caído en el pecado, les dé valor para recurrir al sacramento de la penitencia y les conceda el gozo del perdón y de la paz, roguemos al Señor.
V. Para que la sangre de Jesús, que habla más favorablemente que la de Abel, reconcilie con Dios a los que aún están lejos a causa de la ignorancia, la indiferencia, la maldad o las propias pasiones, roguemos al Señor.
V. Para que el Señor, que en la cruz experimentó la amargura de sentirse triste y abandonado, se apiade de los enfermos, los afligidos y los oprimidos y les envíe a su ángel para que los conforte, roguemos al Señor.
V. Para que el Señor, que recibió en su reino al ladrón arrepentido, se apiade de nosotros, nos dé sentimientos de contrición y nos admita, después de la muerte, en su paraíso, roguemos al Señor.
V. Añadir nuevas peticiones.
V. Dios todopoderoso y eterno, que enviaste a tu Hijo al mundo, para que, con su pasión, destruyese el pecado y la muerte y, con su resurrección, nos devolviese la vida y la felicidad, escucha las oraciones de tu pueblo y haz que podamos gozar de los frutos de la cruz gloriosa de Jesucristo. El, que vive y reina por los siglos de los siglos.
R. Amén.
Liturgia eucarística.
Canto del Ofertorio.
EN LA PATENA
1- En la patena queremos, Señor,
vida y trabajo poner,
nuestros esfuerzos, pequeña oblación,
todos unidos en fe.
Nazca con fuerza en el corazón,
una esperanza al saber.
Saber que vendrás, saber que estarás
partiendo a los pobres tu pan.
2- Por los que llevan clavado el dolor,
por los que luchan sin fe,
por los que viven muriendo, Señor,
por los que no ven tu luz,
suba en el Cáliz la humilde oración,
suba un anhelo de amor.
(Desconozco el autor de esta canción).
Oración sobre las ofrendas.
Que la pasión de tu Hijo, actualizada en este santo sacrificio que vamos a ofrecerte, nos alcance, Señor, de tu misericordia, el perdón que no podemos merecer por nuestras obras. Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. amén.
Prefacio.
V. El Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.
V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.
V. En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo nuestro Señor. El cual siendo inocente, se dignó padecer por los pecadores y fue injustamente condenado por salvar a los culpables; con su muerte borró nuestros delitos y, resucitando conquistó nuestra justificación. Por eso, te alabamos con todos los ángeles y te aclamamos con voces de júbilo, diciendo:
Santo, Santo, Santo...
Antífona de la Comunión.
Padre mío, si este cáliz no puede pasar sin que yo lo beba, hágase tu voluntad (MT. 26, 42).
Canto de la Comunión.
ANUNCIAREMOS TU REINO
Anunciaremos tu Reino, Señor,
tu Reino, Señor, tu Reino.
1- Reino de paz y justicia,
Reino de vida y verdad.
Tu Reino, Señor, tu Reino.
2- Reino de amor y de gracia,
Reino que habita en nosotros.
Tu Reino, Señor, tu Reino.
3- Reino que sufre violencia,
Reino que no es de este mundo
Tu Reino, Señor, tu Reino.
4- Reino que ya ha comenzado,
Reino que no tendrá fin.
Tu Reino, Señor, tu Reino.
Anunciaremos tu Reino, Señor,
tu Reino, Señor, tu Reino.
(Desconozco el autor de esta canción).
Lectura después de la Comunión.
IS. 52, 13-53, 12).
Oración después de la comunión.
Tú que nos has alimentado con esta Eucaristía, y por medio de la muerte de tu Hijo nos das la esperanza de alcanzar lo que la fe nos promete, concédenos, Señor, llegar, por medio de su resurrección, a la meta de nuestras esperanzas. Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.
Oración sobre el pueblo.
Pon tu mirada, Señor, sobre esta familia tuya por la cual nuestro señor Jesucristo no dudó en entregarse a sus verdugos y sufrir el martirio de la cruz. El que vive y reina por los siglos de los siglos.
R. Amén.
Bendición solemne de la Pasión del Señor
V. Que Dios, Padre de misericordia, que en la pasión de su Hijo os ha dado ejemplo de amor, os conceda, por vuestro servicio a Dios y a los hombres, el don inefable de su bendición.
R. Amén.
V. Que Cristo, por cuya muerte temporal confiáis libraros de la eterna, os obtenga una vida inmortal.
R. Amén.
V. Que imitando su ejemplo de humildad, participéis un día de su gloriosa resurrección.
R. Amén
V. Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros.
R. Amén.
V. Podéis ir en paz.
R. Demos gracias al Señor.
Exhortación de despedida.
Después de recibir a Jesús en la eucaristía, iniciemos nuevamente la realización de nuestras actividades ordinarias, y comprometámonos a acercarnos a Jesús y a hablarles a nuestros prójimos de nuestro Redentor, con el fin de que ellos compartan y comuniquen nuestro gozo pascual al mismo tiempo.
Que Dios os bendiga.
Canto final.
CORAZÓN EL MÁS PURO Y MÁS SANTO
1- Corazón el más puro y más santo.
Corazón de mi dulce Jesús.
Tú eres siempre mi dicha y encanto,
Tú eres siempre mi paz y mi luz.
2- Ser quisiste mi fiel compañero,
en el valle de llanto y dolor,
ser mi hermano, mi amigo sincero,
el más puro ideal de mi amor.
3- Desde el Santo Sagrario do moras,
me bendices doquiera me voy,
y me dices yo soy el que adoras;
nada temas contigo estoy.
4- Desde el cielo a las almas desciendes,
y en las almas tu cielo colocas,
y del pobre mortal que te invoca;
no desoyes su humilde oración.
5- Cariñoso consuelo del triste,
del mortal, desdichado, esperanza
del que sufre total bienandanza;
del que llora dichosa mansión.
6- Yo te busco Jesús y te llamo,
yo no quiero volver a pecar,
no me dejes, Señor yo te amo;
no permitas te vuelva a olvidar.
(Desconozco el autor de esta canción).
El viernes Santo oraremos ante Jesús Crucificado.
El próximo Jueves santo, a las 22 horas (hora española), finaliza el plazo de recogida de oraciones en el correo:
Joseportilloperez@telefonica.net
Recuerda que Jesús tiene una cita contigo y tú la tienes con el el viernes santo en una edición especial de Padre nuestro, que tendrás en tu lista de correo.
Creado por trigodedios | 0 comentarios | 25/03/07 16:22
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