TRIGO DE DIOS
Corpus Cristi, ciclo c. en TRIGO DE DIOS
Corpus Cristi, ciclo c.
Jesús alimenta a 5000 personas.
Padre nuestro.
Jueves, 7-06-2007 o Domingo, 10-06-2007, Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de nuestro Señor Jesucristo, ciclo c.
Edición número 105.
En esta edición de Padre nuestro, encontraréis los siguientes contenidos:
-Celebremos la Eucaristía. Lecturas eucarísticas, oraciones, homilía dominical y lectura después de la Comunión.
Celebremos la Eucaristía.
Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de nuestro Señor Jesucristo, ciclo c.
Canto de entrada:
Acción de gracias.
Gracias Señor, gracias te doy
gracias Jesús por este amor.
A donde voy, ahí estás tú,
tú eres mi sol, tú eres mi luz.
Todo lo que tengo, todo lo que soy
a ti te lo debo, a ti te lo doy.
Toda mi esperanza, la tengo puesta en ti,
te doy mi alabanza, mi canto, mi sufrir.
Con Espíritu Santo el mundo cambiará.
Tendrás hombres santos, libres de verdad,
por ti Jesús, por ti Señor Jesús.
(Desconozco el autor de esta canción).
Antífona de entrada
Alimentó a su pueblo con lo mejor del trigo y lo sació con miel sacada de la roca (SAL. 80, 17).
Saludo inicial del sacerdote:
La gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, y de Jesucristo, el Señor, estén con todos ustedes.
R. Y con tu espíritu.
Monición de entrada:
Jesús dijo en su oración sacerdotal: "Yo les he dado a ellos la gloria que tú me diste a mí, de manera que sean uno, como lo somos nosotros" (JN. 17, 22). Unámonos a Jesús en su Pasión, muerte y Resurrección, para que así seamos un pan eucarístico en el amor de nuestro Señor, de forma que, al estar injertados en Cristo, nos convirtamos en el alimento espiritual que le dará a la humanidad la vida eterna.
Acto penitencial:
Al comenzar esta celebración eucarística, pidamos a Dios que nos conceda la conversión de nuestros corazones; así obtendremos la reconciliación y se acrecentará nuestra comunión con Dios y con nuestros hermanos.
V. Señor, ten misericordia de nosotros.
R. Porque hemos pecado contra ti.
V. Muéstranos, Señor, tu misericordia.
R. Y danos tu salvación.
V. Por nuestra falta de fe: Señor, ten piedad.
R. Señor, ten piedad.
V. Por nuestra falta de esperanza: Cristo, ten piedad.
R. Cristo, ten piedad.
V. Por nuestra falta de amor: Señor, ten piedad.
R. Señor, ten piedad.
V. Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
Oración colecta
Señor nuestro Jesucristo, que en este sacramento admirable nos dejaste el memorial de tu pasión, concédenos venerar de tal modo los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que experimentemos constantemente en nosotros el fruto de tu redención. Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo y eres Dios, por los siglos de los siglos.
R. Amén.
Liturgia de la Palabra:
Lecturas eucarísticas y moniciones que preceden a las mismas.
Monición de la primera lectura:
A continuación oiremos un fragmento del Génesis que prefiguró en su tiempo el Sacramento de la Eucaristía.
Primera lectura:
Sacó pan y vino.
Lectura del libro del Génesis 14, 18-20.
En aquellos días, Melquisedec, rey de Salén, sacerdote del Dios altísimo, sacó pan y vino y bendijo a Abrán, diciendo:
- «Bendito sea Abrán por el Dios altísimo, creador de cielo y tierra; bendito sea el Dios altísimo, que te ha entregado tus enemigos.»
Y Abrán le dio un décimo de cada cosa.
Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.
Monición del Salmo responsorial:
Jesucristo es el sacerdote eterno que ha redimido a la humanidad.
Salmo responsorial:
R. Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec.
SAL. 109, 1. 2. 3. 4.
Oráculo del Señor a mi Señor:
«Siéntate a mi derecha,
y haré de tus enemigos
estrado de tus pies.» R.
Desde Sión extenderá el Señor
el poder de tu cetro:
somete en la batalla a tus enemigos. R.
«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,
entre esplendores sagrados;
yo mismo te engendré, como rocío,
antes de la aurora. » R.
El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
«Tú eres sacerdote eterno,
según el rito de Melquisedec.» R.
Monición de la segunda lectura:
A continuación San Pablo nos narra la institución de la Eucaristía.
Segunda lectura:
Cada vez que coméis y bebéis, proclamáis la muerte del señor.
Lectura de la primera Carta del Apóstol San Pablo a los Corintios, 11, 23-26.
Hermanos:
Yo he recibido una tradición, que procede del Señor y que a mi vez os he transmitido:
Que el Señor Jesús, en la noche en que iban a entregarlo, tomó un pan y, pronunciando la acción de gracias, lo partió y dijo:
- «Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía.»
Lo mismo hizo con el cáliz, después de cenar, diciendo:
- «Este cáliz es la nueva alianza sellada con mi sangre; haced esto cada vez que lo bebáis, en memoria mía.»
Por eso, cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva.
Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.
Aleluya, Aleluya: Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo -dice el señor-; el que coma de este pan vivirá para siempre (JN. 6, 51). Aleluya.
Monición del Evangelio:
Seamos junto a nuestro Señor el pan compartido que ha de reavivar la fe de la humanidad.
Evangelio:
Comieron todos y se saciaron.
Lectura del Santo Evangelio según San Lucas, 9, 11b-17.
R. Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, Jesús se puso a hablar al gentío del reino de Dios y curó a los que lo necesitaban.
Caía la tarde, y los Doce se le acercaron a decirle:
- «Despide a la gente; que vayan a las aldeas y cortijos de alrededor a buscar alojamiento y comida, porque aquí estamos en descampado.»
Él les contestó:
- «Dadles vosotros de comer.»
Ellos replicaron:
- «No tenemos más que cinco panes y dos peces; a no ser que vayamos a comprar de comer para todo este gentío.»
Porque eran unos cinco mil hombres.
Jesús dijo a sus discípulos:
- «Decidles que se echen en grupos de unos cincuenta.»
Lo hicieron así, y todos se echaron.
Él, tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición sobre ellos, los partió y se los dio a los discípulos para que se los sirvieran a la gente. Comieron todos y se saciaron, y cogieron las sobras: doce cestos.
Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.
Homilía:
Estimados hermanos y amigos:
Por tercera vez consecutiva vamos a meditar la multiplicación de los siete panes y los dos peces con que nuestro Señor alimentó a 5000 personas, sin contar a las mujeres ni a los niños que había entre aquella multitud, así pues, el año 2005 meditamos brevemente el capítulo seis del Evangelio de San Juan, el año pasado meditamos el relato correspondiente al Evangelio de hoy según San Juan, y vamos a culminar las celebraciones del Corpus Christi meditando el citado relato según los Evangelios Sinópticos.
Los Evangelistas Sinópticos sitúan el relato que vamos a meditar después de que aconteciera la muerte de San Juan el Bautista. Dado que el citado Profeta era miembro de la familia de nuestro Señor, y dado también el caso de que el hijo de Elisabeth era Profeta como también lo era nuestro señor, podemos comprender perfectamente que su fallecimiento afectó en gran manera al Hijo de María. San Marcos escribió en su Evangelio: "Entonces los apóstoles se juntaron con Jesús, y le contaron todo lo que habían hecho, y lo que habían enseñado" (MC. 6, 30). Los Apóstoles se unieron a nuestro Señor después de llevar un tiempo cumpliendo la misión que El les encomendó de evangelizar a sus hermanos de raza. En algunos de mis escritos me gusta referir una anécdota que me sucedió cuando era catequista de niños de primera Comunión. Hubo un día en el que les pedí a un grupo de niños que me hicieran todas las preguntas que quisieran con respecto a la Catequesis, y, como en aquél tiempo se emitían con mucha frecuencia debates televisivos en los que se dejaban en evidencia a los sanadores y a los religiosos dado que la mayoría de los participantes en los mismos no creían en los milagros y tenían que ridiculizar a quienes aceptaban la existencia de los mismos, una niña bastante avanzada en sus estudios y por tanto muy inteligente me dijo: ¿Te ofendes si te hago una pregunta? Yo sabía que aquella niña no creía en Dios porque sus padres carecían de fe, así pues, no dudé en contestarle: Tú sabes que nosotros confiamos el uno en el otro para hablar de todo. Aquella niña me preguntó: ¿Por qué trabajas para Dios? Después de guardar silencio durante un momento, aquella niña prosiguió diciéndome: La gente normalmente ayuda a quien le ayuda, pero parece que, en tu caso, no recibes ninguna ayuda. Tú pasas muchas horas trabajando para Dios, y, en vez de estar muy protegido por El, te ves ciego y sólo, y encima defendiendo unas creencias que a veces tengo la impresión de que no las acepta ni el cura. Los Apóstoles de nuestro Señor comenzaron a cumplir la misión que Jesús les encomendó con mucha ilusión, pero debieron recibir un golpe enorme cuando supieron que el Bautista había sido asesinado por denunciar la relación ilegal que mantenían Herodes y su cuñada Herodías. Sabemos que Jesús advirtió a sus seguidores de las persecuciones que ellos habían de sufrir por causa de la predicación del Evangelio, pero, aún así, la muerte de los compañeros de misión, siempre es muy dolorosa. Ciertamente los seguidores de Jesús y el Bautista no seguían la misma ideología, pero compartían la misión de trabajar para nuestro Padre común. A veces ni nosotros, los que trabajamos por la extensión del Reino de Dios, podemos explicarnos cuál es la razón de la que nuestro Criador se vale para permitir que sus hijos sean perseguidos, especialmente cuando somos nosotros los que sufrimos algún revés con tal de no renunciar a la vivencia de nuestra fe.
Dado que Jesús y sus compañeros sufrieron mucho por causa de la muerte de san Juan el Bautista, San Marcos escribió en su Evangelio: "El (Jesús) les dijo: venid vosotros aparte a un lugar desierto, y descansad un poco. Porque eran muchos los que iban y venían, de manera que ni aun tenían tiempo para comer" (MC. 6, 31). Jesús les dijo a sus compañeros que le siguieran a un lugar desierto para descansar, pero aquél descanso al que nuestro señor les invitaba no estaba relacionado con unas vacaciones, pues se trataba de vivir junto a ellos unos ejercicios espirituales, con el fin de resolver las dudas de fe que la muerte del Bautista y sus experiencias desagradables hubieran creado en ellos, con el fin de que se fortalecieran, y de que siguieran predicando la Palabra de Dios. Al meditar este Evangelio, no hemos de pasar por alto la necesidad que tenemos de descansar, de comunicarnos con nuestros familiares y amigos, y de no abusar de la vivencia excesiva de nuestra ambición.
"Y se fueron solos en una barca a un lugar desierto. Pero muchos los vieron ir, y le reconocieron; y muchos fueron allá a pie desde las ciudades, y llegaron antes que ellos, y se juntaron a él" (MC. 6, 32-33).
Me ha llamado la atención el hecho de que muchos componentes de la multitud que fueron alimentados por nuestro Señor conocieron al Mesías. Pienso que hoy tenemos una nueva y maravillosa oportunidad de examinar nuestra fe, con el propósito de considerar la posibilidad de aumentar nuestra dedicación y la cantidad de servicios con que trabajamos para nuestro Criador sirviendo a nuestros prójimos los hombres. Hoy tenemos la oportunidad de pensar si hemos aprovechado las oportunidades en que nuestro señor se ha acercado a nosotros para preguntarnos si queremos ser sus seguidores, independientemente de que le sirvamos como laicos o como religiosos consagrados al servicio de la Santísima Trinidad.
"Y salió Jesús y vió una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas que no tenían pastor; y comenzó a enseñarles muchas cosas" (MC. 6, 34). Paradójicamente, aunque vivimos en una sociedad en que hemos avanzado mucho a la hora de facilitar el uso y el alcance de las formas de comunicarnos de que disponemos, somos presas fáciles del aislamiento. La gran mayoría de los trabajadores no disponemos del tiempo que necesitamos para relacionarnos con nuestros familiares, amigos y compañeros de trabajo, de la misma manera que también carecemos del tiempo que nos es necesario para satisfacer nuestros quehaceres convenientemente. Muchos niños y jóvenes pasan demasiado tiempo frente a la TV y el ordenador, de manera que no se relacionan con mucha gente fuera de sus hogares. Recuerdo que hace algún tiempo uno de mis lectores me escribió diciéndome que, a pesar de que había estudiado durante tres años en una Universidad en la que también estudiaba su prometida, no conoció a su novia en el citado centro de estudios, sino chateando. Nuestros mayores también son víctimas del aislamiento, pues necesitan más calor humano del que reciben, que les tengamos paciencia aunque nos cuenten las mismas anécdotas muchas veces, y, sobre todo, necesitan sentir que nos son útiles, aunque no ejercen ningún trabajo.
"Cuando ya era muy avanzada la hora, sus discípulos se acercaron a él, diciendo: El lugar es desierto, y la hora ya muy avanzada. Despídelos para que vayan a los campos y aldeas de alrededor, y compren pan, pues no tienen qué comer. Respondiendo él, les dijo: Dadles vosotros de comer. Ellos le dijeron: ¿Que vayamos y compremos pan por doscientos denarios, y les demos de comer? El les dijo: ¿Cuantos panes tenéis? Id y vedlo. Y al saberlo, dijeron: Cinco, y dos peces" (MC. 6, 35-38). Todo lo que puedo decir con respecto al Evangelio de hoy está contenido en las meditaciones del Corpus Christi que publiqué en los años anteriores, pero me gustaría concluir esta meditación haciendo hincapié en el hecho de que Jesús contó con los panes y los peces que le fueron entregados para multiplicarlos y así saciar a la multitud de sus seguidores. Aunque creamos que nuestro trabajo no tiene importancia para el Señor, no debemos olvidarnos de que Dios cuenta con nosotros para evangelizar al mundo. Quienes me conocéis desde hace varios años sabéis que cuando hablo de que somos los instrumentos de que Dios se vale para predicar el Evangelio os recuerdo mis comienzos en la red como predicador, en un tiempo en que mis conocimientos de informática eran muy escasos, y mis publicaciones sólo eran leídas por un buen amigo que encontré en un foro católico y por mí. En aquel tiempo yo escribía mucho, aunque a veces no podía evitar el hecho de pensar que mi trabajo en la red no valía la pena, ya que mis textos no eran muy leídos, pero, a pesar de la tentación de abandonar lo que hacía por el Señor, El me ayudaba a seguir escribiendo. La semana pasada vi que mi weblog ya ha superado los 17000 visitantes desde que lo creé, y que las citadas visitas aumentan aproximadamente en unas 1000 por semana, aunque se disparan en los días solemnes que son muy amados por nosotros, como lo son los días del Santo Triduo pascual.
Yo sé lo que significa el hecho de trabajar como predicador en una parroquia pequeña inculcándoles nuestra fe a varios grupos de niños que después de abandonar el templo son convencidos por sus padres de que no deben abrazar nuestra fe. Yo sé lo que es sentir la soledad y la incomprensión que nos han caracterizado a muchos predicadores, ya sea porque no hemos sabido llegar a nuestros oyentes o lectores, o porque los mismos nos han rechazado a nosotros al no aceptar nuestra fe, porque no han sido capaces de valorarnos como personas aunque ello no les obligue a aceptar nuestro ideal cristiano. En el peor de los casos en que no seamos comprendidos como cristianos, es importante que no olvidemos que somos importantes para el Dios que trabaja incesantemente para que todos le aceptemos, incluyendo a quienes rechazan nuestras creencias.
Oración de los fieles
V. Antes de disponer la mesa santa, donde el Señor hará nuevamente presente su tránsito pascual que salva a todos los humanos, elevemos, hermanos y hermanas, nuestras súplicas a Dios Padre con la plena confianza de ser escuchados:
Respondemos a cada petición: Escúchanos, Padre.
V. Para que los obispos y presbíteros, cuando presidan la celebración eucarística, vivan tan plenamente identificados con el Señor que el pueblo vea en ellos la imagen viva de Cristo, que preside a quienes se han reunido en su nombre, roguemos al Señor.
V. Para que pronto llegue el día en que todos los cristianos celebremos la Eucaristía en la unidad de una sola Iglesia, y todos los humanos, de un extremo al otro del mundo, ofrezcan el sacrificio del Cuerpo y la Sangre de Cristo, roguemos al Señor.
V. Para que los fieles que se encuentran a las puertas de la muerte, dejen este mundo llenos de paz y de confianza en las promesas del Señor; y fortalecidos con el Cuerpo de Cristo, lleguen al reino de la felicidad y de la vida, roguemos al Señor.
V. Para que el Señor fortalezca constantemente nuestra fe y acreciente nuestro amor, a fin de que adoremos siempre en espíritu y verdad a Cristo, realmente presente en el admirable sacramento de la Eucaristía, roguemos al Señor.
V. Añadir nuevas peticiones.
V. Dios nuestro, siempre fiel a tus promesas, que alimentas a tu pueblo con amor, escucha nuestras oraciones y acrecienta en nosotros el deseo de saciarnos de ti, fuente de todo bien; y haz que, fortalecidos con el sacramento del Cuerpo y la Sangre de Cristo, avancemos por la senda de nuestra vida hasta llegar a la asamblea de los santos, y allí participemos eternamente en el banquete de tus elegidos. Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.
Liturgia eucarística:
Canto del Ofertorio:
Tú pones lo demás.
Un día de bodas el vino faltó
imposible poderlo comprar
qué bello milagro hiciste Señor
con el agua de aquel manantial.
Colmaste hasta el borde del vino mejor
las tinajas que pude llenar
yo puse mi esfuerzo, yo puse mi afán
tú pusiste Jesús lo demás.
Es muy poco lo que puedo dar,
mi trabajo es el agua que quiero ofrecer
y mi esfuerzo un pedazo de pan.
Es muy poco Señor lo que vengo a traer,
es muy poco lo que puedo dar,
en tus manos divinas lo vengo a poner,
tú ya pones Jesús lo demás.
La gente con hambre sentada esperó
en el prado que baja hasta el mar
con cuanto tenía a ti se acercó
un muchacho que quiso ayudar.
Tu mano en su frente feliz descansó
en sus ojos tu dulce mirar,
él puso sus peces, él puso su pan
tú pusiste Jesús lo demás.
(Desconozco el autor de esta canción).
Oración sobre las ofrendas
Señor, concede a tu Iglesia los dones de la unidad y de la paz, simbolizados en las ofrendas sacramentales que te presentamos. Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.
Prefacio
V. El Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.
V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.
V. En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo nuestro Señor. El cual, en la última cena con los Apóstoles, se ofreció a ti como cordero sin mancha, para perpetuar su pasión salvadora. Y tú le aceptaste como sacrificio de alabanza perfecta. Con este sacramento, alimentas y santificas a tus fieles para que, a los hombres que habitan un mismo mundo, una misma fe los ilumine y los una un mismo amor. Así pues, nos acercamos a tu mesa para que, penetrados por la gracia de este admirable misterio, nos transformes en imagen de tu Hijo. Por eso, Señor, todas tus creaturas, en el cielo y en la tierra te adoran cantando un cántico nuevo; y también nosotros, con los ángeles, te aclamamos por siempre, diciendo:
Santo, Santo, Santo...
Antífona de la Comunión
El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí y yo en él, dice el Señor (JN. 6, 56).
Canto de la Comunión:
DESEO DE DIOS
Mi boca te cantará jubilosa,
Tú eres un festín para mi.
1- Oh Dios, Tú eres mi Dios yo te busco,
mi alma tiene sed de Ti.
2- ¡Lo mismo que la tierra sin agua
mi ser entero tiende a Ti!
3- Señor, yo quiero ir a tu Templo
or ver tu Gloria, tu Poder!
4- Tú amor vale más que la vida,
mis labios cantarán sin fin.
5- Mis manos se alzarán a tu Nombre,
mi vida cantará tu Amor.
6- De noche viene a mí tu recuerdo
y va mi pensamiento a Ti.
7- ¡Mi alma está aferrada a tu Diestra,
mi Alcázar eres Tú, Señor!
8- Debajo de tus alas anido
y tengo mi Refugio en Ti.
9- ¡Honor y Gloria a Dios, por los siglos,
al Padre, al Hijo, al Santo Amor!
(Desconozco el autor de esta canción).
Lectura después de la Comunión:
Leer cualquiera de los relatos eucarísticos de los Evangelios sinópticos.
Canto de despedida:
ES MI PADRE
1- Es mi Padre quien os da verdadero Pan del cielo,
el que coma de este Pan vivirá eternamente.
Yo soy este Pan de vida que ha bajado desde el cielo
Creemos señor, en tu Palabra:
Tú eres el Pan que da la vida.
2- Todo aquel que venga a Mi no padecerá más hambre,
todo aquel que crea en mi no padecerá más sed:
es mi Carne la comida y es mi Sangre la bebida.
3- El que come de este Pan mora en mi y Yo en él,
el que bebe de esta copa tiene ya la Vida eterna;
Yo lo resucitaré en el día del Señor.
(Desconozco el autor de esta canción).
Creado por trigodedios | 0 comentarios | 07/06/07 23:28
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