TRIGO DE DIOS
Boletín navideño. en TRIGO DE DIOS
Boletín navideño.
Misa de la Vigilia de Navidad. Misa de media noche del 24/12. Misa del alba de Navidad.
Padre nuestro
Viernes, 24-12-2004, Nochebuena
Edición número 6
En esta edición de Padre nuestro encontraréis los siguientes contenidos:
-Presentación. Os deseo una feliz Navidad.
-Sagrarios vivos. Eucaristía Vespertina de la vigilia del 24 de diciembre.
-Padre nuestro, escucha nuestra oración. La cena navideña.
-Sagrarios vivos. Misa del Gallo del 24 de diciembre.
-Misa de la aurora.
Presentación.
Os deseo una feliz Navidad.
Queridos hermanos y amigos:
El pasado miércoles cumplí mi tercer año de trabajo por la extensión del conocimiento de la Palabra de Dios en la red de redes. Os agradezco a todos mis lectores el esfuerzo que hacéis al leer mis meditaciones, las consultas que me planteáis, y el apoyo que me manifestáis al demostrarme que siempre estáis conmigo. También os doy las gracias a los moderadores de los foros que me apoyáis incondicionalmente a la hora de promocionar Trigo de Dios, pan de vida, Mensajes de amor, y Padre nuestro, el boletín que empecé a publicar el Domingo I de Adviento, que ha tenido una buena aceptación por vuestra parte.
Con respecto a la presente edición correspondiente al 24 de diciembre, en un principio sólo pensé en preparar junto a vosotros la Misa del Gallo, pero no tardé en constatarme de que muchos de vosotros sois religiosos, y que, por ello, quizá os gustaría compartir otras ideas para preparar todas las celebraciones eucarísticas del día 24, exceptuando la Misa matutina de este día, ya que, la citada celebración corresponde al fin del Adviento, no al inicio de la Navidad.
Os dije en la edición anterior que os iba a enviar un breve folleto para que quienes no asistan a la Eucaristía de medianoche no se sientan perdidos, pero, como esta edición de Padre nuestro es extremadamente extensa con respecto a ediciones anteriores, os recomiendo que consultéis la sección Padre nuestro, escucha nuestra oración de la edición número 2 de este boletín dominical, pues en esa sección encontraréis la información de la Eucaristía. Recordad que podéis hacer la citada consulta en el área de mensajes de:
http://www.egrupos.net/grupo/padrenuestro
o podéis pedírmela a:
jpp123@telefonica.net
si os resulta más cómodo.
Por último, antes de finalizar esta nota inicial que puede servir de presentación o preámbulo de esta edición especial de Padre nuestro, quiero transmitiros a todos mis lectores y amigos mi más efusiva felicitación navideña, deseándoos que le abráis de par en par la puerta de vuestros corazones a Cristo, para que nuestro Hermano y Señor nazca en vosotros.
Psagrarios vivos
Eucaristía Vespertina de la vigilia del 24 de diciembre
Esta Misa se celebra antes o después de que quienes tienen la buena costumbre de rezar la Liturgia de las horas oren las primeras vísperas de la Navidad, entre las 6 y las 8 de la tarde.
Antífona de entrada
Esta noche sabréis que el Señor vendrá a salvarnos y por la mañana contemplaréis su gloria (éx. 16, 6-7).
Saludo inicial del sacerdote
La paz y el amor de Dios, nuestro Padre, que se han manifestado en Cristo, nacido para nuestra salvación, estén con vosotros.
R. Y con tu espíritu.
Iniciemos el tiempo de Navidad rezando el Gloria. Alabemos a Dios y dirijámosle nuestras peticiones en esta Navidad de gracia y salvación.
Monición de entrada
Comenzamos el tiempo de Navidad con la celebración de la Misa Vespertina del 24 de diciembre. Durante las 4 semanas del tiempo de Adviento nos hemos preparado para recibir a Cristo Jesús en sus dos venidas. Faltan escasas horas para que el Hijo de María nazca en nuestros corazones y podamos sentir que tenemos en nuestros brazos al Dios que se hizo hombre porque su compasión al contemplar nuestra debilidad es ilimitada. Esta noche adoraremos con gran gozo a aquel a quien le debemos nuestra vida, nuestra filiación divina, la eternidad que viviremos junto a él cuando venga por segunda vez a exterminar nuestras miserias.
Mientras esperamos la llegada de la media noche para conmemorar el gran acontecimiento de la Natividad de nuestro querido Jesús, vamos a pensar en nuestros defectos, nuestras enfermedades, vamos a considerar las cosas que debemos hacer y no nos sentimos capaces de llevar a cabo por causa de nuestro miedo o la pereza que nos invade, y vamos a pedirle a Dios que nos inste a sentirnos perdonados por él, porque anhelamos alcanzar su perfección divina, y para que no desfallezcamos en nuestra larga lucha por ser cada día mejores personas cristianas.
Oración colecta
Dios nuestro, que cada año revives en nosotros la esperanza gozosa de la salvación, concédenos que, así como ahora acogemos a tu Hijo, llenos de júbilo, como a nuestro redentor, así también cuando venga como juez, podamos recibirlo llenos de confianza. Por nuestro Señor Jesucristo.
Liturgia de la Palabra
Lecturas:
1. El Señor se ha complacido en ti (Is. 62, 1-5). En repetidas ocasiones hemos considerado que el Nacimiento de Jesús simboliza la Parusía o segunda venida de Jesús, el inicio del tiempo en que nuestro Señor exterminará las causas por las que sufrimos actualmente. Isaías, el cantor de la esperanza que ha mantenido nuestra fe viva durante el tiempo de Adviento, nos insta a iniciar el tiempo de Navidad animándonos para que sintamos que es Jesús quien se aplica las palabras que oiremos a continuación en la proclamación de la primera lectura, que, por otra parte, nos animará a celebrar la Misa de la aurora, así pues, al iniciarse el día de mañana, celebraremos gozosamente el nacimiento de Jesús, símbolo de la Parusía del Mesías.
2. Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor (Sal. 88, 5. 16-17. 27 y 29. R.: Cf. 2 a). En el Salmo que será proclamado a continuación, el afianzamiento de la fe del Rey David con respecto a Yahveh, el Dios que lo constituyó en su cargo durante 40 años, significa que nuestro Padre común, afianzó a Jesús, para que nuestro Señor llevara a cabo su misión redentora. Vamos a pedirle a Dios que nos ayude a sentir que nosotros también somos receptores de las promesas con que oraremos en estado de recogimiento profundo mientras escuchamos el extracto del Salmo 88 que será recitado o entonado a continuación.
3. Testimonio de Pablo acerca de Cristo, hijo de David (Hch. 13, 16-17.22-25). Vamos a pedirle a Dios que, al oír el fragmento de los Hechos de los Apóstoles que constituye la segunda lectura de esta celebración eucarística con que iniciamos el tiempo de Navidad, nos inste a meditar sobre todo lo que hemos aprendido durante el tiempo que hemos concluído hoy, para ver si nuestra vida es observada por quienes nos conocen como un testimonio de Cristo Jesús.
4. Aleluya, Aleluya: Mañana será destruída la maldad en la tierra, y reinará sobre nosotros el Salvador del mundo. Mañana no se destruirá únicamente la maldad, pues, la enfermedad y la muerte, también dejarán de tener poder sobre nosotros. Pidámosle a Dios que venga pronto su Reino a nosotros, que empecemos a vivir muy pronto ese mañana que tanto ansiamos experimentar.
5. Dará a luz un hijo y tú le pondrás el nombre de Jesús (Mt. 1, 18-25). Jesús vino al mundo para salvarnos de nuestros pecados, para librarnos de nuestras enfermedades y de la muerte eterna. Nuestro Señor, por sus propias palabras, "ha venido al mundo para salvar lo que estaba perdido" (Mt. 18, 11). Al concluir esta celebración eucarística nos dispondremos a celebrar la tradicional cena de Navidad. Durante el encuentro que vamos a tener con nuestros familiares y amigos, vamos a analizar nuestra vida con la ayuda de nuestros seres queridos, y vamos a intentar localizar nuestros defectos, y cuáles son nuestros deseos más profundos, y los sentimientos que nos impiden alcanzar nuestras metas. Vamos a dar un paso crucial para recibir al Mesías en su Natividad que celebraremos al fin dentro de muy pocas horas. Vamos a hablar con quienes tenemos mucha confianza, tengamos nuestros sentimientos más profundos a flor de piel, para poder celebrar con gran gozo la Navidad, logrando así
ser más felices de lo que somos.
Homilía:
Con el propósito de que podamos comprender lo importante que es para nosotros celebrar la Natividad de nuestro Hermano y Señor Jesús, la Iglesia, en la vigilia de Navidad, nos propone una serie de lecturas para aumentar en nosotros el deseo de que Cristo, además de manifestársenos individual y colectivamente dentro de escasas horas como un niño débil y humilde, nuestro Señor transforme nuestra vida a través de la conversión, con el objeto de que podamos gozar, al final de los tiempos, de una existencia perdurable, sin dolor, sin rencores, sin malos entendidos que dificulten nuestras relaciones, y sin enfermedades que conviertan nuestra vida en una carga pesada.
Muchos de vosotros habéis recorrido grandes distancias para reuniros con vuestros familiares y amigos para conmemorar en su compañía la Solemnidad de la Natividad. Mientras aguardamos la llegada de la primera manifestación de nuestro Señor, recordemos las hermosas palabras del Apóstol: "Os anuncio la palabra de la vida que existe desde siempre. Nosotros la hemos oído y la hemos visto con nuestros propios ojos; la hemos contemplado y la hemos tocado con nuestras propias manos. Porque la vida que estaba junto al Padre se ha hecho visible, y la hemos visto y oído y somos testigos de ella. Ahora os la anunciamos para que juntos participemos en la unión con el Padre y con su Hijo Jesucristo" (1 Jn. 1, 1-3). Fijaos, queridos hermanos y amigos, con qué sencillez nos da a conocer San Juan su testimonio de Jesús. Juan nos dice en el fragmento de su primera Carta lo que se contiene en estos otros versos de su Evangelio: "Cuando todas las cosas comenzaron, ya existía aquel que es la
palabra. Y aquel que es la palabra vivía junto a Dios y era Dios. Junto a Dios vivía cuando todas las cosas comenzaron" (Jn. 1, 1-2). Juan nos dice que, junto a los demás Apóstoles, ha visto a Jesús, le ha oído, ha contemplado a Jesús obrando prodigios que significan la abundancia del Reino de Dios, y que sus manos palparon a aquel que es el Verbo o Palabra de Dios, el fundamento de nuestra vida, según consta en el Evangelio del más amado de los Apóstoles del Señor: "Todo fue hecho por medio de él y nada se hizo sin contar con él" (Jn. 1, 3). Juan vio la manifestación de la vida en Jesús, el cuál exclamó antes de resucitar a su íntimo amigo Lázaro: "-Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y ninguno de los que viven y tienen fe en mí morirán para siempre" (Jn. 11, 25-26). Juan también nos dice en su Evangelio con respecto a Jesús: "Y aquel que es la Palabra se hizo hombre y habitó junto a nosotros; y vimos su gloria, la que le corresponde
como Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad" (Jn. 1, 14).
Concluyamos esta meditación pidiéndole a nuestro Padre y Dios que avive en nosotros el deseo de ser fieles testigos de Jesús.
Oración de los fieles
V. La simbología característica de nuestra espiritualidad nos enseña que el atardecer de cada día significa nuestra preparación para entregarle nuestro espíritu a Dios cuando acontezca nuestra muerte, el fin de una vida de miserias para nacer al día siguiente que significa la instauración del Reino de Dios, la celebración de la última Cena de Jesús con sus discípulos, el recuerdo de la Pasión durante la noche, que significa la muerte, el descanso, y, la preparación del nuevo día, en que Dios exterminará nuestro dolor. Cuando concluya esta celebración habrá anochecido, nos habremos sumido en las celebraciones navideñas dejando atrás el tiempo de Adviento, y, durante la noche, el Sol de justicia, paz, armonía y caridad, vendrá a nuestro encuentro, para que mañana amanezcamos en el Reino que tanto anhelamos. Respondemos a cada petición: Jesús, enciende nuestro corazón con tus palabras y obras para que vivamos por ti, en ti y para ti.
1. Por Juan Pablo II, para que no le falte la fuerza y la constancia que tanto necesita para seguir conduciendo a la Iglesia hacia el Reino en medio de su penoso dolor.
2. Por los religiosos que te han consagrado su tiempo total o parcialmente, para que sean iluminados por la luz de Cristo Jesús en la celebración de la Natividad de tu Hijo, para que así puedan guiar a la Iglesia peregrina a tu presencia.
3. Por los laicos comprometidos con la Evangelización activa, para que el desconocimiento de nuestra fe que padece el mundo no los haga indiferentes ante la necesidad de amor que domina a nuestra sociedad, para que prediquen y trabajen por la instauración de tu Reino sin miedo a quedar en ridículo ante quienes ignoran nuestra verdad común.
4. Por los católicos no practicantes que se unirán a nosotros para celebrar la Misa del Gallo, para que no se separen de la Iglesia, pues deseamos que afloren en ellos sus recuerdos y que, al revivir los propósitos que nunca pudieron llevar a cabo, consigan lograr la perfección.
5. Por los enfermos, por sus familiares, los voluntarios que los cuidan y el personal sanitario que los atiende, para que en todos ellos ilumine la luz de Cristo para que no pierdan la esperanza y se avive en ellos la fe.
6. Por quienes perderán la vida, por nuestros hermanos que viven sus últimos instantes, para que sean acogidos por ti Padre Santo en tu Reino, y para que sus seres queridos vivan esperando su retorno glorioso.
7. Para que los estudiantes y trabajadores vean en la Natividad de Jesús una interminable sucesión de motivos por los que seguir trabajando en la construcción de una sociedad ideológica cristiana, en la que imperen el amor y la justicia como modos de vida indispensables.
8. Por quienes carecen de trabajo, para que el Nacimiento de Jesús y los sufrimientos de la Sagrada Familia los animen a no desfallecer en su búsqueda del bienestar económico que necesitan, y para que encuentren un trabajo en el que se puedan desarrollar profesional, social y personalmente.
9. Por los hombres y mujeres que viven consagrados a sus actividades domésticas, para que hagan de sus hogares iglesias domésticas en los que Cristo Jesús sea el cabeza de familia.
10. Por los catecúmenos, quienes forman a los religiosos y sacerdotes y por quienes escuchan sus enseñanzas, para que todos ellos se afiancen en su fe y aprendan la verdad de Jesús, pues así aprenderán a ser libres instrumentos de la Evangelización activa (Cf. Jn. 8, 32).
11. Por nuestra comunidad parroquial, pornuestra Diócesis, y por la Iglesia mundial, para que nunca dejemos de esforzarnos individual y colectivamente a la hora de imitar a nuestro Señor con nuestras palabras y obras.
12. Añadir nuevas peticiones.
V. Padre nuestro de la vida, escucha nuestras oraciones y, ya que esperamos con una inmensa alegría el Nacimiento de tu Hijo y nuestro Hermano Jesús, concédenos lo que te acabamos de pedir. Por nuestro Señor Jesucristo.
Liturgia eucarística
Oración sobre las ofrendas
Concédenos, Señor, iniciar la celebración de las fiestas de la Navidad con un fervor digno del misterio que es el principio de la redención. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Prefacio
V. El Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.
V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.
V. En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno. Porque gracias al misterio de la Palabra hecha carne, la luz de tu gloria brilló ante nuestros ojos con nuevo resplandor, para que, conociendo a Dios visiblemente, él nos lleve al amor de lo invisible. Por eso, con los ángeles y los arcángeles y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria: Santo, Santo, Santo...
Antífona de la Comunión
Se manifestará la gloria del Señor y todo el mundo verá la salvación que viene de nuestro Dios (Is. 40, 5).
Oración después de la Comunión
Concédenos, Señor, sacar nuevas fuerzas de esta celebración anual del nacimiento de tu Hijo, que se ha hecho nuestro alimento y bebida en este Sacramento de salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Bendición solemne de Navidad
V. Que Dios, cuya infinita bondad disipó las tinieblas del mundo con la encarnación de su Hijo e iluminó esta noche, con su nacimiento glorioso, aleje de vosotros las tinieblas del pecado y alumbre vuestros corazones con el esplendor de las virtudes.
R. Amén.
V. Que llene vuestros corazones de su alegría y os haga mensajeros del Evangelio el mismo que encomendó a sus ángeles anunciar a los pastores el gran gozo del nacimiento del Salvador.
R. Amén.
V. Y que os colme de su paz y de buena voluntad y os conceda participar un día de la Iglesia celeste, aquel que, por la Encarnación de su Hijo, unió la tierra con el cielo.
R. Amén.
V. Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros.
R. Amén.
V. Podéis ir en paz.
R. Demos gracias a Dios.
Exhortación de despedida
Después de recibir a Jesús en el Sacramento de la Eucaristía, vamos a reunirnos con los nuestros para estimularnos a recibir al Mesías esforzándonos por superar nuestra imperfección.
Padre nuestro, escucha nuestra oración
La cena navideña
Es lícito el hecho de que invirtamos dinero para celebrar la Navidad. Podemos comprar comida, ropa y adornos para festejar las diversas fiestas que caracterizan el tiempo litúrgico que hoy empezamos a vivir, siempre que no prescindamos de lo necesario para solventar las carencias de nuestros prójimos, nuestras necesidades, y de que también nos acordemos de quienes no tienen nada. El hecho de festejar la Navidad no se contradice con la fiesta religiosa del Nacimiento de Jesús, por consiguiente, el encuentro con nuestros familiares puede ayudarnos a concluir este tiempo litúrgico con más fe, esperanza y caridad.
Todos los años, al acercarse la celebración de la noche buena, aparecen, en muchos medios de prensa, artículos escritos por sicólogos, en los que se les dan instrucciones a los lectores de los mismos, para que ellos puedan celebrar la Navidad en armonía con sus familiares. Una lectora me ha dicho que le hace gracia ver cómo en algunos periódicos se editan esos artículos, pero, en el reino del silencio en que vivimos, ¿confiamos plenamente en nuestros familiares para manifestarles nuestros sentimientos? ¿Les ocultamos a nuestros íntimos los motivos que nos hacen sufrir por miedo a que ellos no nos comprendan? ¿Nos coarta el hecho de llevar mucho tiempo sin encontrarnos con algunos de nuestros familiares para decirles lo que pensamos abiertamente? ¿Existen razones lo suficientemente fuertes como para perturbar nuestras relaciones con ellos? ¿Cómo podremos comunicarnos con quienes amamos sin fracasar en nuestro intento de celebrar la noche buena apaciblemente? Madre Teresa de
Calcuta dijo: "La primera necesidad, es comunicarse". Dejemos que la luz de Cristo invada nuestros corazones para que así podamos expresar nuestros sentimientos más profundos durante la cena navideña.
Seamos independientes a la hora de expresar nuestros sentimientos, recordando que no podemos agradar a todo el mundo al mismo tiempo, así pues, a unos les gusta más que seamos rebeldes y contestatarios, mientras que otros nos prefieren callados y sumisos.
Seamos espontáneos a la hora de decir lo que se nos pasa por la mente. La gente espontanea tiene mucho éxito en sus relaciones, pues se le ama por su sencillez de expresión y comportamiento.
Seamos optimistas. ¿Cómo vamos a perder la oportunidad de cenar con quienes amamos si entre todos hemos preparado una gran celebración, para encerrarnos en nuestro caparazón, si sabemos que la soledad, a pesar de lo necesaria que es para quienes somos cristianos, puede convertirse en una gran enemiga, cuando nuestros sentimientos han de ser aclarados, para que no nos sintamos infelices?
Mostrémonos dispuestos para entablar conversaciones abiertas y claras, siendo receptivos con las alegrías y problemas de nuestros prójimos. Esta noche será necesario que riamos con los que van a reír y que lloremos con los que sentirán la necesidad de llorar, aunque esto último no se puede hacer siempre, ya que, los problemas, han de ser solucionados, pero, esta noche, es especial...
Teniendo en cuenta el motivo religioso que dará lugar a nuestro encuentro familiar, podemos orar antes de cenar, antes de asistir a la Misa de medianoche, cantar villancicos ante el árbol de Navidad, la representación del nacimiento, y llevar a cabo otros actos cultuales que podéis improvisar sobre la marcha, con el fin de acrecentar vuestra espiritualidad.
Misa del Gallo
Antífona de entrada
Alegrémonos todos en el Señor, porque nuestro Salvador ha nacido en el mundo. Del cielo ha descendido hoy para nosotros la paz verdadera.
Saludo inicial del sacerdote
La paz y el amor de Dios, nuestro Padre, que se han manifestado en Cristo, nacido para nuestra salvación, estén con vosotros.
R. Y con tu espíritu.
Iniciemos el tiempo de Navidad rezando el Gloria. Alabemos a Dios y dirijámosle nuestras peticiones en esta Navidad de gracia y salvación.
Monición de entrada
Sed bienvenidos a esta casa de oración. Celebremos con gran gozo la Natividad de aquel que dijo en estado de recogimiento profundo las siguientes palabras cuando nuestro Padre común le encomendó su misión redentora: ""Aquí vengo yo para hacer tu voluntad"" (Heb. 10, 7). Dispongamos nuestro corazón durante la celebración de estos misterios santos para hacer nuestras las citadas palabras de nuestro Hermano, poniendo nuestra vida a disposición de nuestro Dios, para que podamos vivir con el objeto de cumplir puntualmente la voluntad del Dios Trinidad.
Oración colecta
Dios nuestro, que hiciste resplandecer esta noche santísima con el nacimiento de Cristo, verdadera luz del mundo, concédenos que, iluminados en la tierra por la luz de este misterio, podamos también disfrutar de la gloria de tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios. Por los siglos de los siglos.
Liturgia de la Palabra
Lecturas:
1. Un hijo nos ha nacido (Is. 9, 1-3. 5-6). Al oír la primera lectura correspondiente a esta Eucaristía, concienciémonos del significado que la misión redentora de nuestro querido Jesús tiene en nuestra vida. La manifestación del Hijo de María ha cambiado el significado de nuestra vida, así pues, cuando estábamos tristes y desamparados contemplando nuestro dolor, el Dios de la misericordia, nos envió a su Hijo único, para que hiciera de nosotros una Iglesia universal de profetas, sacerdotes y reyes, consagrados a él.
2. Hoy nos ha nacido el Salvador, el Mesías, el Señor (Sal. 95, 1-2 a. 2 b-3. 11-12. 13. R.: Lc. 2, 11). Oremos con gran gozo en esta celebración del nacimiento del Señor, alabando a Dios, que nos ha manifestado su amor, enviándonos a su Hijo.
3. La gracia de Dios se ha manifestado a todos los hombres (Tito, 2, 11-14). San Pablo, en la segunda lectura de esta celebración navideña, nos hablará brevemente de la misión redentora de Jesús, pues, para agradecerle al Señor el bien que nos ha hecho, vamos a comprometernos a vivir cumpliendo puntualmente la voluntad de nuestro Padre común.
4. Aleluya, Aleluya: Les anuncio una gran alegría: Hoy nos ha nacido el Salvador, que es Cristo, el Señor (Lc. 2, 11). Dispongámonos a oír el relato del nacimiento de nuestro Señor con gran júbilo. Pidámosle a Dios que el anuncio con que el ángel se dirigió a los pastores nos estimule para ponernos en camino para dar a conocer al Dios Trinidad.
5. Hoy nos ha nacido el Salvador (Lc. 2, 1-14). Hoy nos ha nacido el Salvador, el que nos redimirá del daño que nos hemos hecho con plena consciencia a nosotros, a nuestros prójimos y a nuestro Padre común. Hoy ha nacido aquel que nos librará del cautiverio de nuestras enfermedades, y romperá las cadenas de la muerte. Hoy ha bajado del cielo aquel que volverá a encontrarse con el Padre, el día de la Ascensión, llevando consigo a su pueblo peregrino. Escuchemos con atención el comienzo de nuestra redención versionado por el Evangelista de la misericordia.
Homilía:
1. En el Salmo 13 encontramos las siguientes palabras: "Atiende y respóndeme, Señor, Dios mío; sigue dando luz a mis ojos; líbrame del sueño de la muerte; ... Pues yo confío en tu lealtad, mi corazón se alegra con tu salvación y cantaré al Señor por el bien que me ha hecho" (Sal. 13, 4. 6). Las palabras del Salmista son muy acertadas para que podamos agradecerle a nuestro Padre y Dios todo el bien que nos ha hecho al permitir que su Hijo haya venido a encontrarse con nosotros en esta noche santa.
Señor, ¿por qué te has compadecido de nuestra debilidad? El Señor nos responde henchido de amor en la Persona de Jesús: "Tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy" (Sal. 2, 7). Vamos a pedirle a nuestro Padre común que, por el Nacimiento de nuestro Hermano y la acción del Espíritu Santo en nosotros, nuestro Dios nos engendre hoy a la vida de santidad que deseamos alcanzar. San Pablo nos dice a propósito de esta meditación: "Que la paz de Cristo reine en vuestros corazones; a ella os ha llamado Dios para formar un solo cuerpo" (Col. 3, 15).
2. Acompañemos a los pastores en estado de contemplación a la cueva de Belén en la que nació nuestro Señor. Compartamos con José, María y aquellos que confiaron en los ángeles nuestros problemas y sus inquietudes. Gocémonos todos juntos porque la Natividad del Mesías simboliza un día cuya llegada todos ansiamos. Isaías nos dice en su Profecía: "Fortaleced las manos débiles" (Is. 35, 3). Aguardemos la llegada del nuevo día prestándoles nuestras manos a quienes carecen de fuerza en las suyas. Que nuestras manos sean el vínculo que nos unan con quienes se sienten desamparados, para que todos juntos podamos ofrendarle nuestra vida a nuestro Padre común dentro de unos minutos, cuando le ofrezcamos el pan y el vino a nuestro Señor, para que todos nos convirtamos en el sacrificio eucarístico que redimirá a la humanidad librándola del aislamiento en que se ha sumido nuestra sociedad.
Isaías también nos dice en su Profecía: "Afianzad las rodillas vacilantes" (35, 3). Seamos en Cristo Jesús una sola persona que "lleva en el corazón la Ley de su Dios y sus pasos no vacilan" (Sal. 37, 31). Vamos a pedirle a Dios que nos dé un corazón sensible y flexible para comprender a nuestros prójimos, y unos brazos fuertes para que podamos sostener a quienes no tienen fuerza en sus piernas para permanecer erguidos mirando al cielo. Esforcémonos para caminar con firmeza al encuentro de quienes se sienten oprimidos, para que, al resolver sus problemas, se manifieste en nosotros el poder del Espíritu Santo.
3. San Pablo les escribió a los cristianos de Filipos: "Portaos, en fin, como lo hizo Jesucristo. A pesar de su condición divina, Cristo Jesús no quiso hacer de ello ostentación. Se despojó de su grandeza, tomó la condición de siervo y se hizo semejante a los humanos" (Flp. 2, 5-7). Para que los cristianos procedentes del Judaísmo pudieran aceptar la humanidad de Jesús frente a su creencia de que quienes contemplaban a Dios quedaban fulminados instantáneamente, nuestro Apóstol escribió: "¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él? ¿Qué es el ser humano para que te preocupes por él? Apenas inferior a los ángeles le hiciste; de gloria y honor le coronaste; todo lo sometiste a su poder. Y si Dios se lo ha sometido todo, quiere decir que nada queda fuera de su dominio" (Heb. 2, 6-8).
San Pablo nos insta a creer que, Jesús, a pesar de su rango divino, no desestimó la posibilidad de encarnarse en María y nacer como uno más de entre nosotros para redimirnos. Nuestro Apóstol, al comenzar su Carta a los Hebreos, escribió también: "Ahora, llegada la etapa final (de la Historia de la Salvación Universal), nos ha hablado (Dios) por medio de su Hijo, a quien constituyó heredero de todas las cosas y por quien trajo el universo a la existencia" (Heb. 1, 2). La grandeza del Mesías inspiró a San Pablo a expresarse en los siguientes términos en su Carta a los Colosenses: "Cristo es la imagen del Dios invisible, el primogénito de todo lo creado" (Col. 1, 15).
San Juan Bautista dio su solemne testimonio del Bautismo de Jesús: "-He visto que el Espíritu bajaba del cielo como una paloma y permanecía sobre él. Ni yo mismo sabía quien era, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: "Aquel sobre quien veas que baja el Espíritu y permanece sobre él, ese es quien ha de bautizar con Espíritu Santo." Y, puesto que lo he visto, testifico que éste es el Hijo de Dios" (Jn. 1, 32-34).
Años después, cuando los amigos y enemigos de Jesús se cuestionaban la autoridad con que Jesús obraba prodigios admirables, en el preciso instante en que el Señor interrogó a sus discípulos con respecto a Sí mismo, Pedro, inspirado por el Espíritu Santo, le respondió con su acostumbrado deje de firmeza: "-¡Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo¡-" (Mt. 16, 16). Tiempo atrás, cuando Jesús extinguió una tempestad una tenebrosa noche en el lago de Genesaret, sus seguidores exclamaron al unísono: "¡Verdaderamente, tú eres el Hijo de Dios¡" (Mt. 14, 33).
¿Qué ocurrió en los años en que Jesús predicó el Evangelio e hizo prodigios admirables? ¿Supieron quienes vieron a Jesús hacer las obras de Dios aprovechar aquellas ocasiones para pedirle al Señor que les enseñara a recorrer la vía de la santificación? El Evangelista Juan responde la pregunta que nos hemos planteado: "Vino a los suyos, y los suyos no le recibieron" (Jn. 1, 11). ¿Por qué no recibimos a Jesús? ¿Creemos que Jesús no es el Mesías que necesitamos porque no se adapta a todas las exigencias que nos impone la sociedad en que vivimos inmersos? San Juan nos dice con respecto a esta reflexión: "Tanto amó Dios al mundo, que no dudó en entregarle a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna" (Jn. 3, 16).
¿Para qué vino Jesús al mundo? Jesús dijo al iniciar la Redención universal: ""Aquí vengo yo para hacer tu voluntad"" (Heb. 10, 7). Esta es la causa por la que nuestro Señor decía de Sí mismo: "Soy el buen pastor. El buen pastor se desvive por las ovejas" (Jn. 10, 11). El Apóstol también nos habla de la misión de Jesús, por consiguiente, parte del plan divino que tenía que ser ejecutado por el Mesías, consistía en que Jesús nos instruyera en el conocimiento de la verdad de Dios, así pues, el Evangelista nos transmite una célebre meditación del Hijo de María: "Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres" (Jn. 8, 32). ¿Por qué quiere Dios darnos a conocer su verdad? ¿Qué quiere Dios de nosotros? San Juan nos sigue ilustrando: "-Lo que Dios espera de vosotros es que creáis en su enviado" (Jn. 6, 29). Jesús no sólo vino al mundo para darnos a conocer la verdad de Dios, sino para manifestársenos como camino y vida que nos inspiran esa verdad. Jesús dijo durante la
celebración de su última Cena con sus discípulos: "-Yo soy el camino, la verdad y la vida" (Jn. 14, 6). Más tarde, en su oración sacerdotal, a propósito de nuestra permanencia junto a Dios, Jesús le dijo al Padre: "La vida eterna consiste en que te reconozcan a ti como único Dios verdadero, y a Jesucristo como tu enviado" (Jn. 17, 3). Al anonadarnos considerando estas meditaciones, no hacemos más que repetir las palabras con que el Apóstol incrédulo se convenció de que Jesús había resucitado de la muerte: "¡Señor mío y Dios mío¡" (Jn. 20, 28).
4. Durante el tiempo de Adviento muchos de nuestros hermanos han recibido el Sacramento de la Penitencia para confirmarse en su preparación de la Natividad de Jesús, pues ellos han querido afianzarse en sentirse perdonados por Dios, así pues, parte de esa verdad sobre la que estamos meditando, consiste en que le pidamos a nuestro Padre común perdón por causa de nuestras transgresiones en el cumplimiento de su Ley, para que así podamos dejarle actuar en nosotros, pues él quiere que nosotros mismos nos perdonemos nuestras faltas. A pesar de que para que una confesión se considere bien hecha necesita 5 requisitos previos a la misma por parte del penitente y la predisposición necesaria del ministro ordinario del Sacramento, ¿recordáis cuál es el sentimiento que Jesús quiere que tengamos en el corazón para que así podamos ser alcanzados por la Redención universal? San Lucas, el pintor de las virtudes de María, el conocido Evangelista de la misericordia, escribió en su segunda
obra, con respecto a la causa por la que Jesús perdonó a la mujer adúltera: "Quedan perdonados sus muchos pecados, porque ha mostrado mucho amor" (Lc. 7, 47). He querido hacer hincapié en este cuarto párrafo de mi humilde meditación, porque sé que, entre mis lectores, hay algunos hermanos que han cometido fallos muy graves, sus errores han costado vidas, pero, después de expiar sus culpas entre rejas y de incorporarse a su actividad diaria, deben evitar su rencor con respecto a sí mismos, para que Cristo Jesús pueda impulsarlos a sentirse redimidos. El Día de Navidad simboliza la llegada del Reino de Dios, así pues, vamos a pedirle a nuestro Criador que, durante esta noche santa, todos los que no se perdonan sus faltas, se dejen redimir por Jesús, cambien su rencor con respecto a sí mismos por alegría, y amanezcan con el corazón limpio de resquicios de culpabilidad y dolor, así pues, la culpabilidad ha de servirnos para correjirnos, no para amargarnos mientras vivimos,
impidiéndole a Cristo Jesús que nos haga sentirnos redimidos de los errores que cometimos en el pasado.
5. No quiero concluir esta meditación sin dirigirme a quienes padecéis enfermedades difíciles de sobrellevar, a quienes sufrís por la reciente pérdida de alguno de vuestros seres queridos, o quizá sufrís por causa de vuestras percepciones. Jesús se aplicó las siguientes palabras del Profeta: "El Señor Yahveh me ha dado lengua de discípulo, para que haga saber al cansado una palabra alentadora" (Is. 50, 4). Esa palabra alentadora profética nos la transmite San Mateo en su obra: "¡Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados -dijo el Maestro un día en el que predicaba para instruir a sus oyentes-, y yo os daré descanso! ¡Poned mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy sencillo y humilde de corazón! Así encontraréis descanso para vuestro espíritu, porque mi yugo es fácil de llevar, y mi carga ligera" (Mt. 11, 28-30). Cristo Jesús comprende perfectamente vuestro dolor, porque él, queridos hermanos y amigos, murió para enseñarnos a vencer los obstáculos que forman
parte de nuestra vida, así pues, Isaías vaticinó con respecto a la Pasión del Señor: "él ha sido herido por nuestras rebeldías, molido por nuestras culpas. él soportó el castigo que nos trae la paz, y con sus cardenales hemos sido curados" (Is. 53, 5). San Pablo les escribió a los cristianos de la comunidad de Colosas: "La realidad está en Cristo" (Col. 2, 17). La realidad en la que nosotros creemos consiste en que Dios se ha apiadado de nosotros, y, durante esta noche que significa la instauración del Reino de Dios entre nosotros, nos estamos preparando, como si el tiempo de Adviento se prolongara hasta el final de nuestra vida, para encontrarnos con el Dios Trinidad, más allá de lo que erróneamente denominamos adversidad, pues, las dificultades que vivamos a lo largo de nuestra vida, nos prepararán para recibir a Cristo Jesús en su segunda venida, pues él nos santificará por la acción del Espíritu Santo, si sabemos esperarlo con el corazón lleno de júbilo.
Oración de los fieles
V. Hagamos nuestras las palabras que constituyeron la oración que el anciano Simeón elevó al cielo el día en que Jesús fue circuncidado: "Ahora, Señor, puedes, según tu palabra, dejar que tu siervo se vaya (muera) en paz; porque han visto mis ojos tu salvación, la que has preparado a la vista de todos los pueblos, luz para iluminar a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel" (Lc. 2, 29-32). Al amparo de la divina Providencia, agradezcámosle al Señor el hecho de habérsenos manifestado. Respondemos a cada petición: Gracias, Señor, porque te nos has manifestado para salvarnos.
1. Por el Santo Padre, los Obispos, los sacerdotes y relijiosos, que se han consagrado a ti.
2. Por los laicos comprometidos con las diversas actividades pastorales que se llevan a cabo en la Iglesia universal y en nuestra parroquia.
3. Para que nuestros hermanos que perdieron la fe en el pasado vuelvan a creer en ti.
4. Por cuantos hemos venido a celebrar tu Nacimiento y por quienes no quisieron acompañarnos en esta celebración de la Eucaristía.
5. Por los enfermos, especialmente por quienes te entregarán su espíritu próximamente.
6. Para que quienes han fallecido vivan eternamente en tu presencia.
7. Para que nuestra vivencia del ejemplo de Jesús nos prepare a morir santamente para habitar en tu Reino eternamente.
8. Añadir nuevas peticiones.
V. Concédenos, Santo Padre, lo que te hemos pedido porque nuestra fe nos ha instado a confiar en ti. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Liturgia eucarística
Oración sobre las ofrendas
Acepta, Señor, las ofrendas que te presentamos esta noche de Navidad, a fin de que, al recibirlas nosotros convertidas en el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, nos transformes en él, en quien nuestra naturaleza está unida a la tuya. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Prefacio
Véase el Prefacio de la Eucaristía vespertina de la Vigilia.
Antífona de la Comunión
El Verbo se hizo hombre y hemos visto su gloria (Jn. 1, 14).
Oración después de la Comunión
Tú, Señor, que nos has concedido el gozo de celebrar esta noche el nacimiento de tu Hijo, ayúdanos a vivir según su ejemplo para llegar a compartir algún día con él la gloria de su Reino. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Bendición solemne de Navidad
Véase la bendición solemne de la Eucaristía Vespertina de la Vigilia.
Exhortación de despedida
Después de recibir a Jesús en la Eucaristía, sigamos celebrando esta noche el Nacimiento de Jesús. Que esta celebración religiosa nos conciencie con respecto a la necesidad que tienen nuestros prójimos de sentirse amados por nuestro Padre común. Comuniquémosles a nuestros seres queridos nuestro conocimiento de las verdades de nuestra fe, para que ellos puedan unirse a nosotros para celebrar esta Solemnidad.
Misa de la aurora
Antífona de entrada
Hoy brillará una luz sobre nosotros, porque nos ha nacido el Señor; se le llamará Admirable, Dios, Príncipe de la paz, Padre del mundo futuro, y su Reino no tendrá fin (Cfr. Is. 9, 2, 6; Lc. 1, 33).
Saludo inicial del sacerdote
La paz y el amor de Dios, nuestro Padre, que se han manifestado en Cristo, nacido para nuestra salvación, estén con vosotros.
R. Y con tu espíritu.
Iniciemos el tiempo de Navidad rezando el Gloria. Alabemos a Dios y dirijámosle nuestras peticiones en esta Navidad de gracia y salvación.
Oración colecta
Señor, Dios todopoderoso, que has querido iluminarnos con la luz nueva de tu Verbo hecho carne, concédenos que nuestras obras concuerden siempre con la fe que ha iluminado nuestro espíritu. Por nuestro Señor Jesucristo.
Liturgia de la Palabra
Lecturas:
Gracias, hermano y amigo PedroAntonio Donoso Brant, por contribuir a facilitar mi humilde aportación a la Evangelización activa en la red, al aportarme la información que te pedido. Visiten Caminando con Jesús (el link está al final de este texto) para leer los escritos de Pedro Antonio.
1. Ahí viene el Salvador. Esta buena noticia debe llegar hasta el último rincón de la tierra. Es un grito jubiloso para animar a los tristes y sacar de su desesperanza a los cansados. Navidad es la fiesta que anuncia a cada hombre y a cada mujer que Dios ya está en medio de nosotros, ya ha venido para hacernos su pueblo, para realizar con nosotros su Alianza de amor (Is. 62, 11-12).
2. Hoy brillará una luz sobre nosotros, porque nos ha nacido el Señor. ¡Aleluya! Gocémonos en la presencia del Señor entonando o recitando un Salmo, en cuyos versículos se sintetizan brevemente las obras que el Señor ha llevado a cabo en nuestro beneficio (Sal. 96, 1 y 6. 11-12.
3. Navidad es la expresión de la misericordia de Dios él viene a nosotros no porque lo merezcamos, sino porque en su amor, llevado al extremo, ha querido derramar toda su gracia sobre nosotros. Al enviar a su Hijo en nuestra condición humana ha hecho que toda la humanidad participe de su salvación. Así fuimos constituidos herederos de su vida (Tito, 3, 4-7).
4. Aleluya, Aleluya: ¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz a los hombres amados por él! (Lc. 2, 11).
5. Hoy nos ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor. Los pastores hacen oír la buena noticia que han recibido. En primer lugar, comentándola entre ellos, repitiéndosela unos a otros. Una alegría semejante no es para guardársela, sino para compartirla. Se confirma lo anunciado por el profeta. La buena noticia llega a resonar hasta los confines de la tierra y desde todos los rincones de la tierra se eleva la alabanza a Dios (Lc. 2, 15-20).
Homilía:
Querido Jesús:
Cuando empieza a amanecer el primer día en que el resplandor de tu luz iluminará el mundo que nuestro querido Padre común creó para que nosotros aceptáramos ser santificados por el Espíritu Santo, quiero darte las gracias por haber venido a nuestro encuentro. Esta celebración es muy especial para mí porque, el pasado día 23, cumplí mi tercer año de evangelizador en la red. Quiero pedirte que me sigas ayudando a predicar tu Palabra, así pues, te pido que me fortalezcas para que el cansancio y el desánimo no me alejen de tu presencia.
Quiero pedirte muy especialmente por todos mis lectores, por aquellos a quienes conozco, y por aquellos a quienes no he tenido aún la oportunidad de saludarlos. Quiero pedirte por quienes me han manifestado sus inquietudes, y por aquellos otros que, aunque nunca me escriben, sé que me leen, y de alguna manera estoy contento porque nunca me dicen nada con respecto a lo que escribo, pues sé que, muchos de los que me escriben, sólo se acuerdan de mí cuando se sienten tristes y saben que yo les estoy esperando al otro lado del monitor, para compartir sus inquietudes en el anonimato.
Fortalece, querido Jesús, a quienes se han arrepentido de los pecados que han cometido, y enséñales a perdonarse a sí mismos. Diles que lo importante no es que se enfrenten a sus dificultades resolviendo todos sus problemas ferfectamente. Diles que, para quienes somos imperfectos, es más importante la constancia que la perfección, dado que, esta última, no podremos disfrutarla, hasta que nos dejemos redimir por ti.
No quiero pedirte que soluciones los problemas de los pobres, que acojas a los niños sin hogar, sino que nos ayudes a ser los instrumentos mediante los que se lleven a cabo todos los planes de Dios.
Ayúdanos a ser buenos seguidores tuyos, y, con respecto a la difusión del trabajo que realizo en la red, que se haga tu voluntad, aunque en ciertas ocasiones tus deseos no se igualen a los míos.
Gracias, Señor, por estar siempre con nosotros.
Oración de los fieles
Véanse las peticiones de la Misa del Gallo.
Liturgia eucarística
Oración sobre las ofrendas
Que estas ofrendas, Padre, sean signo del misterio de Navidad que celebramos; y así como tu Hijo al hacerse hombre resplandece al mismo tiempo como Dios, así también estos dones de la tierra nos comuniquen tus dones divinos. Por Jesucristo nuestro Señor.
Prefacio
Véase el Prefacio de la Eucaristía Vespertina de la Vigilia
Antífona de la Comunión
Alégrate, hija de Sión, canta de gozo, hija de Jerusalén; mira que tu rey viene hacia ti: él es el Santo y el Salvador del mundo (Zac. 9, 9).
Oración después de la Comunión
Al celebrar con alegría el nacimiento de tu Hijo, concédenos, Señor y Padre nuestro, conocer con fe profunda este misterio y vivirlo plenamente. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Bendición solemne de Navidad:
Véase la bendición solemne de la Eucaristía Vespertina de la Vigilia.
Exhortación de despedida
Después de recibir a Jesús en la Eucaristía, dispongámonos a vivir un día de Navidad inolvidable. Reunamos a nuestros seres queridos ante la representación del Nacimiento que tenemos en casa o en el templo para meditar el misterio que estamos celebrando. Visitemos a los presos, a quienes se sienten solos, a los pobres, y, a los enfermos hospitalizados. Hagamos que, en este día que vamos a empezar a vivir, la bondad de Dios se haga visible por nuestra mediación.
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Que Dios os ilumine con la luz de Cristo en este día de gozo y salvación.
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Creado por trigodedios | 0 comentarios | 17/04/07 23:33
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