TRIGO DE DIOS
Asunción María, ciclo c. en TRIGO DE DIOS
Asunción María, ciclo c.
Esperamos alcanzar la plenitud de la felicidad.
Padre nuestro.
Miércoles, 15-08-2007, Solemnidad de la Asunción de la virgen María, ciclo c.
Edición número 116.
En esta edición de Padre nuestro, encontraréis los siguientes contenidos:
-celebremos la Eucaristía. Lecturas eucarísticas, oraciones, homilía dominical y lectura después de la Comunión.
-Nota del editor de Padre nuestro.
Celebremos la Eucaristía.
Solemnidad de la Asunción de la virgen María, ciclo c.
Misa Vespertina de la Vigilia (antes o después de las primeras vísperas de esta Solemnidad).
Antífona de entrada:
SE han dicho cosas gloriosas de ti, María; hoy eres elevada sobre los coros de los ángeles y triunfas con cristo para siempre.
Saludo del sacerdote:
Ver la Misa del día.
Acto penitencial:
Ver la Misa del día.
Oración colecta:
Por haberte complacido, Padre, en la humildad de la Virgen María, has querido elevarla a la dignidad de Madre de tu Hijo y la has coronado de gloria sin igual; concédenos por su intercesión que quienes hemos sido salvados por el misterio de tu redención, seamos en ti glorificados. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.
R. Amén.
Oración sobre las ofrendas:
Recibe, Padre, este sacrificio de reconciliación y alabanza que celebramos en la fiesta de la Asunción de la Madre de Dios; concede que obtengamos el perdón y permanezcamos en continua acción de gracias. Por Jesucristo, nuestro señor.
R. Amén.
Prefacio:
Ver la Misa del día.
Antífona de la Comunión:
Feliz la virgen María que llevó en su seno al Hijo del Padre eterno (CF. LC. 11, 27).
Oración después de la Comunión:
Después de participar de la mesa celestial, imploramos, Señor, de tu misericordia, que cuantos celebramos la fiesta de la Asunción de la virgen María, Madre de tu Hijo, vivamos siempre libres de todos los males. Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.
Misa del día.
Canto de entrada:
IGLESIA PEREGRINA
1- Todos unidos formando un solo cuerpo
un pueblo que en la Pascua nació
miembros de Cristo en sangre redimidos,
Iglesia peregrina de Dios.
2-Vive en nosotros la fuerza del Espíritu
que el Hijo desde el Padre envió,
El nos impulsa, nos guía y alimenta,
Iglesia peregrina de Dios.
Somos en la tierra
semilla de otro Reino,
somos testimonio de amor.
Paz para las guerras,
y luz entre las sombras,
Iglesia peregrina de Dios.
3- Rugen tormentas y aveces nuestra barca,
parece que ha perdido el timón.
Miras con miedo, no tienes confianza,
Iglesia peregrina de Dios.
4- Una esperanza nos llena de alegría
presencia que el Señor prometió.
Vamos cantando, el viene con nosotros
Iglesia peregrina de Dios.
5- Todos nacidos en un solo Bautismo,
unidos en la misma comunión,
todos viviendo en una misma casa,
Iglesia peregrina de Dios.
6- Todos prendidos en una misma suerte,
ligados a la misma salvación.
Somos un cuerpo y Cristo es la cabeza,
Iglesia peregrina de Dios.
(Desconozco el autor de esta canción).
Antífona de entrada:
Apareció en el cielo un gran signo: una mujer revestida del sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas en su cabeza (CF. AP. 12, 1).
O bien:
Alegrémonos todos en el señor, al celebrar esta solemnidad en honor de la Santísima Virgen María. Los ángeles se regocijan por su asunción y alaban al Hijo de Dios.
Saludo del sacerdote:
La gracia de nuestro señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo estén con todos ustedes.
R. Y con tu espíritu.
Monición de entrada:
Sed bienvenidos a la casa de nuestro Padre y Dios.
Quienes deseamos imitar las virtudes de nuestra Santa Madre, nos hemos reunido ante el altar del Señor, con el fin de celebrar la Asunción de quien nos entregó a su Hijo para que Jesús nos redimiera, y, después de ser ascendida al cielo, sigue intercediendo por nosotros, a la espera de que nuestro Padre y Dios, concluya la instauración de su Reino entre nosotros.
Iniciemos esta celebración eucarística pidiéndole a nuestro Padre común que haga nuestra fe semejante a la fe de quien confió en El cuando su vida estuvo en manos de José, y él decidió repudiarla secretamente.
Acto penitencial:
El Señor Jesús, que nos invita a la mesa de la Palabra y de la Eucaristía, nos llama ahora a la conversión. Reconozcamos, pues, que somos pecadores e invoquemos con esperanza la misericordia de Dios.
V. señor, ten misericordia de nosotros.
R. Porque hemos pecado contra ti.
V. Muéstranos, señor, tu misericordia.
R. Y danos tu salvación.
V. Tú que nos libraste del pecado y de la muerte: Señor, ten piedad.
R. Señor, ten piedad.
V. Tú que nos reconciliaste con el Padre y con nuestros hermanos: Cristo, ten piedad.
R. Cristo, ten piedad.
V. Tú que nos resucitarás y nos glorificarás contigo: Señor, ten piedad.
R. Señor, ten piedad.
V. Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
Recitemos o entonemos el Gloria pidiéndole a Dios perdón por causa de nuestros pecados, y elevemos confiadamente nuestras peticiones al cielo.
Oración colecta:
Dios todopoderoso y eterno, que has elevado en cuerpo y alma a los cielos a la inmaculada virgen María, Madre de tu Hijo, concédenos que aspirando siempre a los bienes celestiales merezcamos ser asociados a su gloria. Por Jesucristo, Hijo tuyo y Señor nuestro, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.
R. Amén.
Liturgia de la Palabra.
Lecturas eucarísticas y moniciones precedentes a las mismas.
Monición de la primera lectura:
De la misma forma que Jesús fue un signo de contradicción para quienes no lo aceptaron en su tiempo, la Iglesia sigue esforzándose para salvar almas. No permitamos que ninguna causa nos aleje de nuestro Padre y Dios.
Primera lectura:
Una mujer vestida de sol, la luna por pedestal.
Lectura del libro del Apocalipsis 11, 19; 12, 1-6. 10.
Y se abrió el Santuario de Dios en el cielo, y apareció el arca de su alianza en el Santuario, y se produjeron relámpagos, y fragor, y truenos, y temblor de tierra y fuerte granizada.
Una gran señal apareció en el cielo: una Mujer, vestida del sol, con la luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza; está encinta, y grita con los dolores de parto y con el tormento de dar a luz. Y apareció otra señal en el cielo: Un gran Dragón rojo, con siete cabezas y diez cuernos, y sobre sus cabezas siete diademas. Su cola arrastra la tercera parte de las estrellas del cielo y las precipitó sobre la tierra. El Dragón se detuvo delante de la Mujer que iba a dar a luz, para devorar a su Hijo en cuanto lo diera a luz. La Mujer dio a luz a un Hijo varón, el que ha de regir todas las naciones con cetro de hierro; y su hijo fue arrebatado hasta Dios y hasta su trono. Y la mujer huyó al desierto, donde tiene un lugar preparado por Dios para ser allí alimentada doscientos sesenta días.
Oí entonces una fuerte voz que decía en el cielo: "Ahora ya ha llegado la salvación, el poder y el reinado de nuestro Dios y la potestad de su Cristo, porque ha sido arrojado el acusador de nuestros hermanos, el que nos acusaba día y noche delante de nuestro Dios."
Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.
Monición del Salmo responsorial:
Oremos pensando que seremos ascendidos al cielo junto a la Trinidad beatísima, nuestra Santa Madre y quienes han abandonado este mundo antes que nosotros para vivir en la presencia de nuestro Padre común más allá de las miserias que caracterizan nuestra vida.
Salmo responsorial:
R. De pie a tu derecha está la reina enjoyada con oro de Ofir.
Sal 44, 10. 11-12. 16.
Hijas de reyes salen a tu encuentro,
de pie a tu derecha está la reina,
enjoyada con oro de Ofir R.
Escucha, hija, mira: inclina el oído,
olvida tu pueblo y la casa paterna;
prendado está el rey a tu belleza:
póstrate ante él, que él es tu Señor. R.
Las traen entre alegría y algazara,
van entrando en el palacio real. R.
Monición de la segunda lectura:
Cristo nos resucitará y concluirá nuestra redención al final de los tiempos, de la misma forma que ha elevado a nuestra Santa Madre a la presencia de nuestro Padre común.
Segunda lectura:
Primero Cristo, como primicia; después todos los que son de Cristo.
Lectura de la primera Carta del Apóstol San Pablo a los Corintios. 15, 20-27.
¡Pero no! Cristo resucitó de entre los muertos como primicias de los que durmieron. Porque, habiendo venido por un hombre la muerte, también por un hombre viene la resurrección de los muertos. Pues del mismo modo que en Adán mueren todos, así también revivirán en Cristo. Pero cada cual en su rango: Cristo como primicias; luego los de Cristo en su Venida. Luego, el fin, cuando entregue a Dios Padre el Reino, después de haber destruido todo Principado, Dominación y Potestad. Porque debe él reinar hasta que ponga a todos sus enemigos bajo sus pies. El último enemigo en ser destruido será la Muerte. Porque ha sometido todas las cosas bajo sus pies. Mas cuando diga que "todo está sometido", es evidente que se excluye a Aquel que ha sometido a él todas las cosas.
Palabra de Dios.
R. TE alabamos, Señor.
Aleluya, Aleluya: Bienaventurada la que creyó, porque se cumplirá lo que le fue dicho de parte del señor (LC. 1, 45). Aleluya.
Monición del Evangelio:
Dios hace cosas grandes en favor de quienes creen en El sin reservas.
Evangelio:
El Poderoso ha hecho obras grandes por mí; enaltece a los humildes.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas. 1, 39-56.
R. Gloria a ti, Señor.
En aquellos días, se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena de Espíritu Santo; y exclamando con gran voz, dijo:
"Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; ¿y de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!
Y dijo María:
"Engrandece mi alma al Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi salvador porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava, por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada, porque ha hecho en mi favor maravillas el Poderoso, Santo es su nombre y su misericordia alcanza de generación en generación a los que le temen.
Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los que son soberbios en su propio corazón. Derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes.
A los hambrientos colmó de bienes y despidió a los ricos sin nada.
Acogió a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia
-como lo había anunciado a nuestros padres- en favor de Abraham y de su linaje por los siglos."
María permaneció con ella unos tres meses, y se volvió a su casa.
Palabra del señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.
Homilía:
María alcanzó lo que esperamos por la vivencia de nuestra fe.
Estimados hermanos y amigos:
Una vez más nos hemos reunido ante el altar de nuestro Señor para recordar la Asunción de nuestra Santa Madre al cielo. Nosotros creemos que la Madre de Jesús no permanece en el sepulcro en que debió ser depositado su cadáver, aunque históricamente sabemos que la Madre de la Iglesia perdió la vida tres años después de que aconteciera la muerte de Jesús en Jerusalén o en Efeso. Aunque este hecho no aparece en la Biblia, nos ofrece la oportunidad de meditar sobre aquello que esperamos alcanzar por la vivencia de nuestra fe cristiana y católica. Podemos llevar a cabo esta meditación perfectamente ateniéndonos a la primera lectura correspondiente a esta celebración litúrgica, ya que la misma es un breve resumen del inicio de la Iglesia, y una síntesis de la vida de nuestra Mediadora celestial.
San Juan escribió en el último volumen de la Biblia: "Y el templo de Dios fue abierto en el cielo, y el arca de su pacto se veía en el templo. Y hubo relámpagos, voces, un terremoto y grande granizo" (AP. 11, 19). "Entonces hubo relámpagos y voces y truenos, y un gran temblor de tierra, un terremoto tan grande, cual no lo hubo jamás desde que los hombres han estado sobre la tierra" (AP. 16, 18). Aunque los versículos del Apocalipsis que estamos meditando parecen anunciar la desolación de la tierra, hemos de constatar que los mismos anuncian un cambio del mundo orientado al hecho de que al fin se haga la voluntad de nuestro criador, así pues, los elementos de la naturaleza, al aparecer en el cielo los signos que anunciaban la llegada del Mesías al mundo, saludaron a aquel que es la Palabra de Dios. A muchos de vosotros os ha sucedido lo mismo que a mí, es decir, habéis abrazado nuestra fe universal, porque, la vivencia de vuestras dificultades, os ha conducido a la presencia de nuestro Padre común. Ya que por nuestra mentalidad no aceptamos a nuestro Padre común, El buscará la forma de aprovechar nuestras dificultades para que nos acerquemos a El, cuando nuestro Padre común, a través de sus manifestaciones, nos demuestre que El existe verdaderamente, al ayudarnos a vencer las dificultades características de nuestra vida.
"Apareció en el cielo una gran señal: una mujer vestida del sol, con la luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas (en representación de las doce tribus de Israel y de los Doce Apóstoles). Y estando encinta, clamaba con dolores de parto, en la angustia del alumbramiento" (AP. 12, 1-2). Miqueas escribió en su Profecía: "Duélete y gime, hija de Sión, como mujer que está de parto; porque ahora saldrás de la ciudad y morarás en el campo, y llegarás hasta Babilonia; allí serás librada, allí te redimirá Jehová de la mano de tus enemigos" (Miqueas, 4, 10). De alguna forma, a través de los textos que estamos meditando, Dios nos dice que seamos conscientes de nuestras limitaciones y de su amor para con nosotros, porque El solventará nuestras carencias y nos redimirá del dolor que atañe a nuestra vida.
"También apareció otra señal en el cielo: he aquí un gran dragón escarlata, que tenía siete cabezas y diez cuernos, y en sus cabezas siete diademas; y su cola arrastraba la tercera parte de las estrellas del cielo(un tercio de los ángeles se revelaron contra Dios y se unieron a Luz-Bel), y las arrojó sobre la tierra (para que impidieran que los hombres se salvaran al creer en su Creador). Y el dragón se paró frente a la mujer que estaba para dar a luz, a fin de devorar a su hijo tan pronto como naciese" (AP. 12, 3-4). Satanás se reveló contra Dios y quiso arrebatarle el poder absoluto a nuestro criador, así pues, este es el hecho por el que arrastró a un tercio de los ángeles para que se revelaran contra Dios. Por su parte, San Miguel, al gritar alabando el poder de Dios, derrotó al demonio y a sus seguidores. Satanás, viendo que no podía enfrentarse a Yahveh abiertamente, empezó a trabajar seriamente con el fin de hacer que los hombres se alejaran de Dios, para que la Trinidad Beatísima comprobara que no le había servido de nada el hecho de redimir a la humanidad, ya que el hombre preferiría vivir sin Dios. Observemos que el demonio (el dragón) se paró delante de María esperando pacientemente a que Jesús naciera con el fin de exterminarlo antes de que creciera y se hiciera poderoso en términos espirituales, así pues, si él exterminaba al Hijo del carpintero, acabaría con la gran institución que Jesús constituyó varias décadas después por mediación de sus Apóstoles, con lo cuál conseguiría hacer que Dios fracasara en su intento de salvar a los hombres. Esta batalla entre las dos potencias representativas del bien y del mal parece absurda, pero no lo es en absoluto, ya que refleja nuestra discordia con Dios, pues nosotros pretendemos conocer lo que no debemos conocer porque aún no ha llegado el tiempo oportuno para ello, y seguimos revelándonos contra nuestro Padre común, lo cuál nos impide ser plenamente felices.
María dio a luz a un varón que representa nuestra doble esperanza de alcanzar la plenitud de la felicidad y el hecho de vivir en la presencia de Dios.
Si Jesús venció a la muerte, por nuestra fe sabemos que María de Nazaret no descansa en ningún sepulcro. La Iglesia a afirma que sufren la muerte quienes han vivido bajo el dominio del pecado, pero, como nuestra Señora vivió de una manera intachable, la Iglesia no concibe el hecho de que la Madre de Jesús fuera sometida a la corrupción de su cuerpo, ya que la muerte es uno de los últimos pasos que hemos de dar, a través del camino de nuestra purificación, para poder encontrarnos con Dios y ver a nuestro Padre común cara a cara, después de que hayamos sido perfeccionados. Si María de Nazaret venció a la muerte, nosotros también resucitaremos de la muerte y alcanzaremos la plenitud de la felicidad en la presencia de nuestro Padre común.
"Pero si se predica de Cristo que resucitó de los muertos -escribió San Pablo en su primera Carta a los Corintios-, ¿cómo dicen algunos entre vosotros que no hay resurrección de muertos? Porque si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó. Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe. Y somos hallados falsos testigos de Dios; porque hemos testificado de Dios que él resucitó a Cristo, al cual no resucitó, si en verdad los muertos no resucitan. Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó; y si cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados (porque si cristo nos redimió al morir, fue necesario que El resucitara, para que pudiéramos compartir con El la herencia eterna). Entonces también los que durmieron (con la esperanza de resucitar puesta) en cristo perecieron. Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, somos los más dignos de conmiseración de todos los hombres. Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron (murieron con la esperanza de vencer a la muerte) es hecho. Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos. Porque así como en Adán todos mueren, también en cristo todos serán vivificados" (1 COR. 15, 12-22).
Oración de los fieles:
Oremos confiadamente en el día en que recordamos la glorificación de nuestra Santa Madre.
Respondemos a cada petición: Por la intercesión de María, escúchanos, Señor.
V. María le dijo al Arcángel Gabriel cuando éste le anunció su Maternidad divina: "He aquí la sierva del señor; hágase conmigo conforme a tu palabra" (CF. LC. 1, 38). Te pedimos por el Papa Benedicto y por todos los religiosos y laicos de tu Iglesia, para que vivamos cumpliendo tu voluntad. Oremos.
V. San Lucas escribió en su Evangelio: "Al sexto mes el Ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón que se llamaba José, de la casa de David; y el nombre de la virgen era María" (LC. 1, 26-27). Oremos por los novios y por quienes se han vinculado en santo matrimonio, para que los primeros aprendan a defender los valores familiares y los segundos vivan según nuestra fe, amándose, respetándose, y formando familias cristianas ejemplares. Oremos.
V. San Gabriel le dijo a nuestra Señora: "Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús" (LC. 1, 31). Te pedimos que tu Iglesia siga trabajando incesantemente para que el nombre de Jesús siga siendo signo de esperanza para los hombres y mujeres de buena voluntad. Oremos.
V. "María guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón" (LC. 2, 19). Te pedimos que nos hagas maestros de oración tan perfectos y humildes como la mujer que escogiste para que fuera Madre de tu Hijo y esposa del Espíritu santo. Oremos.
V. En cierta ocasión, una mujer le dijo a Jesús: "bienaventurado el vientre que te trajo, y los senos que mamaste" (LC. 11, 27). Enséñanos a ser tan humildes como la mujer que en vez de alegrarse oyendo cómo su hijo la ensalzaba sobremanera, se glorió de que se cumplía el designio divino de nuestra redención, cuando su Hijo le dijo a la mujer que lo alabó emocionada: "Antes bienaventurados los que oyen la palabra de Dios, y la guardan" (LC. 11, 28). Oremos.
V. Danos un corazón misericordioso para que acompañemos a los que sufren por cualquier causa, de la misma manera que María permaneció junto a la cruz de Jesús. Oremos.
V. Añadir nuevas peticiones.
V. En el día que celebramos la Asunción de nuestra Santa Madre al cielo, escucha nuestras súplicas, y, ya que María es consuelo de pecadores, Madre amante de los enfermos, asilo de quienes no tienen absolutamente nada y compañía de los solitarios, ayúdanos a vivir en tu presencia a quienes tenemos la dicha de tener tan buena y santa intercesora. Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.
Liturgia eucarística:
Canto del Ofertorio:
LOS FRUTOS DE LA TIERRA
1- Elegiste, Señor, para quedarte
frutos simples surgidos de la tierra,
pan y vino sembrados por el hombre
y que pueden estar en cualquier mesa.
¡ Que sepamos, Señor, ser tu pan bueno
nacido de la espiga verdadera!
2- Hoy trayendo espigas y racimos
nos llegamos, Señor, hasta tu mesa
para unir a la ofrenda de tu Hijo
el gozo y el dolor de la cosecha.
¡Que sepamos, Señor, ser vino bueno
y apagar en el mundo la tristeza!
(Desconozco el autor de esta canción).
Oración sobre las ofrendas:
Dios nuestro, llegue hasta tu presencia, nuestra humilde oblación, y por la intercesión de la santísima Virgen María elevada al cielo, haz que nuestros corazones se inflamen en tu amor y vivamos siempre orientados hacia ti. TE lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.
Prefacio:
La gloria de María elevada al cielo.
V. El Señor esté con ustedes.
R. Y con tu espíritu.
V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V. Demos gracias al señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.
V. Realmente es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro. Porque hoy ha sido llevada al cielo la Virgen Madre de Dios, anticipo e imagen de la perfección que alcanzará tu Iglesia, garantía de consuelo y de esperanza para tu pueblo que peregrina en la tierra. Tú no quisiste que ella sufriera la corrupción del sepulcro, ya que había engendrado en su seno al autor de la vida, Jesucristo, Hijo tuyo y Señor nuestro. Por eso, unidos a los coros de los ángeles, te alabamos llenos de alegría:
Santo, Santo, Santo...
Antífona de la Comunión:
Todas las generaciones me llamarán feliz, porque el todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas (LC. 1, 48-49).
Canto de la Comunión:
¡OH MARÍA!
1- ¡Oh María, Madre mía!,
oh consuelo del mortal,
amparadme y guiadme
a la patria celestial! (bis).
2- Con el ángel de María,
las grandezas celebrad,
transportados de alegría
sus finezas publicad (bis).
3- Quien a tí ferviente clama
halla alivio en el pesar
pues tu nombre luz derrama
gozo y bálsamo sin par (bis).
4- Pues te llamo con fe viva,
muestra, oh Madre, tu bondad
a mi vuelve compasiva,
esos ojos de piedad.
(Desconozco el autor de esta canción).
Lectura después de la Comunión:
LC. 1, 26-38.
Oración después de la Comunión:
Hemos recibido, Señor, el sacramento de la salvación; te pedimos que por la intercesión de la santísima virgen María elevada al cielo, alcancemos la gloria de la resurrección. Por Jesucristo, nuestro señor.
R. Amén.
Exhortación de despedida:
Salgamos de este templo dispuestos a consolar a quienes sufren dándoles a conocer la Palabra de Dios, por la intercesión de María.
Canto final:
AL CORAZÓN BENIGNO
1- Al Corazón benigno de María
ven sin tardar, oh pobre pecador;
en su bondad aquel que se confía,
perdón y paz alcanza del Señor.
¡Santa María, Madre de Dios,
en este día ruega por nos!
¡Santa María, Madre de Dios,
en este día ruega por nos! (bis).
2- Tu Corazón, espejo de pureza
no lo empañó la culpa original.
Dios te colmó de gracia y de belleza
para salvar la triste humanidad.
3- Tu Corazón es arca de la Alianza
donde habitó el Verbo Redentor.
Todo el que a Ti acude con confianza
encontrará la gracia del Señor.
(Desconozco el autor de esta canción).
Nota del editor de Padre nuestro:
El Domingo anterior no os envié la edición correspondiente de Padre nuestro por causa de un problema de salud del que gracias a Dios hoy por hoy me siento mejor. Os ruego disculpéis las molestias que os haya podido causar.
Creado por trigodedios | 0 comentarios | 14/08/07 00:29
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