Tomaset: su historia
¿Quienes somos? ¿Por qué estamos aquí? ¿Caprichito del DESTINO? en Tomaset: su historia
¿Quienes somos? ¿Por qué estamos aquí? ¿Caprichito del DESTINO?
Me pongo trascendente al principio y termino... no sé cómo
¿Alguien se ha preguntado alguna vez el por qué de su existencia? ¿Qué hace aquí? Yo sí.
A renglón seguido y sin solución de continuidad ha llegado uno de los conceptos que tengo aprendidos —igual que todos, claro— y que más se relacionan con esa pregunta: la palabra “DESTINO” y como no quiero pecar de pedante dando la impresión de que conozco todos los términos de nuestro rico léxico, me he dirigido en busca de ayuda a nuestro diccionario de la R.A.E. donde he encontrado, entre otras muchas, las siguientes acepciones que mejor se adaptan al tema que me ocupa, a saber:
DESTINO
m. Hado, divinidad o voluntad divina que regula de una manera fatal todos los acontecimientos. || Encadenamiento de los sucesos considerado como necesario y fatal. || Circunstancia a que una persona o cosa ha de llegar inevitablemente. || Entre los ocultistas, fuerza ciega e ineluctable, componente necesario de la providencia divina y de la relativa libertad del hombre.
Estas acepciones me señalan a su vez otra palabra que aparece reiterada: “FATAL”
FATAL
(del lat. fatalis)
adj. Perteneciente o relativo al hado o sino. || Determinado por el hado, inevitable. || Desgraciado, infeliz. || Malo. || Que trae malas consecuencias
y no es que me quiera desviar de mi tema principal pero es más que curioso que siempre tengamos asociada la palabra citada a algo malo porque, sin dejar de ser eso cierto según las siguientes definiciones, también podemos fijarnos en la primera, que nos retrotrae a sinónimos de “DESTINO” —término con que comenzaba mi primera incursión por los significados de las palabras clave— y que no necesariamente implica maldiciones, desgracias o mala fortuna.
Fijémonos pues en la primera acepción de la palabra “DESTINO”. Leámosla detenidamente e interioricemos su significado.
Sigamos con la segunda y tercera acepción, muy parecidas entre ellas a mi modo de ver, que hablan de una predestinación. ¿Cuántas veces no habremos oído aquello de “...es que le tocaba”, “...no era para este mundo”, “...lo llevaba escrito en la frente”, etc... y todo ¿por qué? Sencillamente porque era un hecho inesperado para nosotros, inconcebible de buenas a primeras. Nuestra explicación para ello es siempre acudir a una de esas frases hechas.
Como ejemplo se me ocurre una tragedia acontecida en la familia de mi mujer, hace ya muchos años: un primo hermano de tan sólo 18 años se mató en un accidente de tráfico. Las circunstancias de tal hecho estaban rodeadas de casualidades que no podían explicarse y que, por esa misma razón, nos hacían pensar en que era algo que “tenía que pasar”, o bien algo más drástico como aquello de “...es un castigo de Dios” aludiendo una vez más a frases similares en su significado a las anteriormente citadas.
A la vista del somero análisis realizado y en contra de las impresiones que pueden inspirar tales definiciones, en mi humilde opinión NO EXISTE NADA que explique el desarrollo de unos hechos de una forma determinada y no de otra. Por ello no podemos escudarnos en la idea de que “tenía que ocurrir” y esgrimirla como efecto de una causa divina. El DESTINO-HADO-SINO y demás analogías son palabras cuyo significado en el diccionario es, una vez más, el reflejo de la ignorancia, del temor a lo desconocido, de la necesidad de encontrar explicación a todo, por más incoherente y absurda que pueda llegar a ser.
De todos es sabido —y quien no lo sepa se puede enterar aquí — de cómo surgió el poder de las religiones, de cómo aprovecharon ese temor a lo inexplicable para someter desde los siervos más humildes hasta los señores más poderosos, amenazando con el castigo divino, el poder de Alá, la bajada a los infiernos, por citar algunas frasecitas típicas que amedrentaban a cualquier guerrero por más bravo y aguerrido que se mostrara en batalla.
Todo gira alrededor de un mismo eje y de vez en cuando me llega la inspiración para pensar en todo el daño que ha llegado a producir la religión; concepto que, como sentimiento abstracto que se genera en nuestra mente, está imbuido de todo tipo de falsedades alimentadas por seres humanos desde que en el albor de los tiempos llegaron a la conclusión de que eran superiores a sus semejantes y podían dominarlos infundiéndoles miedos y temores a ciertas intangibilidades —predicaban— que no por más incomprensibles, inalcanzables e inatacables dejaban de ser peligrosas para todo aquél que no siguiese determinadas normas establecidas, no por esos mismos seres divinos y etéreos (como querían hacerles creer) sino por estos otros, mucho más humanos y tangibles.
No puedo negar —y me alegro por ello— que tanto como cal también ha dado arena, es decir, nos movemos en un término medio en el que no hay blanco y negro: todo es gris en diferentes tonalidades y deberemos ser justos pensando que también la religión ha dado personas sabias y que, influenciadas en mayor o menor grado por el pretendido credo de buenaventura predicado en las escrituras cristianas, islámicas, judías, hindúes, etc... (fíjense vuesas mercedes que utilizo el término “religión” en general, y no aludo a hombres o mujeres sino a personas) han hecho bueno aquello de que “hay rosas al final de las espinas”.
Y aquí estamos. En este mundo caótico, cada vez más insensibilizado a las desgracias ajenas por aquello de la globalización de la información. Estamos tan acostumbrados a ver gente que se mata por tantos motivos... creencias religiosas (¡mira tú por dónde!), celos, envidias, avaricias, ansias de poder, que nos hemos inmunizado contra todo. Nuestro subconsciente ha creado una especie de capa impermeable que impide que nos volvamos locos pensando en las miserias que asolan todos los rincones de este mundo. Es una simple cuestión de acción y reacción.
Pero no todo es tan negro. A la vez que ocurre eso en nuestro día a día, también observo otras cosas que me llenan de optimismo. No todo es destrucción y caos. También los seres humanos que habitan este planeta son capaces de construir y organizar eventos como el que acaba de finalizar: las Olimpiadas.
Dejando aparte el hecho de que ya le tocara por ser la inspiradora original, podemos pensar que detrás de un evento de tal magnitud se esconde el afán de una ciudad, de una nación si me apuran, por modernizar sus infraestructuras y abrirse al mundo aprovechando el empuje que arrastra dicho acontecimiento.
En este mundo somos capaces de lo mejor y de lo peor. Qué triste es que siempre surja con más fuerza el morbo que llevamos dentro y que nos inclina a fijarnos en todo lo negativo, en todo lo que es sinónimo de destrucción. Bien pensado, parece que todo se rige por la teoría de la entropía. Es más sencillo y rápido destruir que construir, segar una vida que engendrarla, ¿o no?
Siempre he dicho que tenemos la televisión que nos merecemos y me estoy refiriendo a la BASURA que desparrama esa caja tonta en un gran porcentaje de su tiempo de emisión.
Y ¿por qué no emiten programas más educativos y formativos? Es la pregunta del millón. Sencillamente eso no tiene audiencia. La gran mayoría del personal está más pendiente de los famosos de turno que nos meten por los ojos. Han encontrado la gallina de los huevos de oro. Es una pescadilla que se muerde la cola. No sabemos si fue primero el huevo o la gallina pero, por comenzar por algún sitio, podríamos especular sobre lo que se plantearon las cadenas televisivas al encontrarse en competencia. Obviamente la audiencia.
La audiencia es el caballo de batalla de estas empresas y todo programa está regido por ella. Si se mantiene en niveles tolerables sobrevive, si baja por debajo de ellos muere, no hay más.
Vuelvo a lo de la pescadilla. Tuvieron que averiguar qué le interesaba al/la españolit@ de a pie y comenzaron a estrujarse las meninges para inventar programas de todo tipo, concursos, series de producción propia, y todo lo que les valiera para mantener al espectador pegado a la pantalla de forma que, junto con esos programas, se tragara la ingente cantidad de publicidad de los intermedios, publicidad que, al fin y al cabo, es la que viene a financiar y sanear la economía de estas empresas.
El/la españolit@ de a pie estaba contento con lo que hasta entonces ofrecían sus cadenas de toda la vida: TVE1 y TVE2 pero claro, estaremos de acuerdo en que no había probado nada más. Es como aquél que no ha salido de su casa y piensa que no hay más menús que los que ha comido allí.
Lo cierto es que comenzó la batalla por la audiencia. Para ganar cuota se inventaron verdaderos bodrios de programa, pensemos que había que pulsar el gusto de l@s españolit@s, había que saber qué les daba más morbo: si un reportaje del National Geographic u otro sobre accidentes y demás hechos siniestros e insólitos. Los animalitos tenían la batalla perdida. Ganó la segunda opción.
Nunca sabremos si la audiencia responde más a programas de morbo porque es lo que mayormente se le ha proporcionado o porque ese morbo tiene más poder sobre las personas —que componen esa audiencia— que cualquier otro género de programa.
Lo que sí sabemos es que en los últimos años ha ido creciendo en progresión exponencial el interés de la audiencia por el famoseo. En realidad ha habido una “colaboración y especial interés” por parte de las cadenas en promocionar este tipo de programas y actualmente es una verdadera barbaridad la cantidad de horas que acaparan.
Y es muy triste, hay que decirlo. Es realmente triste que la sociedad actual —y entiéndase que siempre hablo en general pero sin dejar de comprender que “audiencia = personas”— se haya decantado por estos gustos. No soy quién para juzgar lo que le gusta a la mayoría pero sí puedo colegir que poco beneficio sacamos de ello. En todo caso, habrá que ser consecuentes y pensar que viendo este tipo de programas, donde muchos actuantes se denigran hasta la saciedad (es un verdadero circo), las personas se olvidan de sus propias miserias, o bien se consuelan pensando que hasta los famosos tienen problemas. A mí me da por pensar que hasta en estos programas hay un guión prefabricado que incluye las broncas que vemos, tanto que se llenan la boca con el tema de los supuestos montajes que realizan los famosos.
En fin, no sé las razones finales que mueven al personal que se pasa el día pegado al televisor empapándose de los últimos chismes que hayan surgido. La vida habrá dejado de ofrecerles (o ellos habrán dejado de encontrar) mejores estímulos para llenar sus horas de ocio.
No puedo por menos que sonreír cuando pienso cómo iniciaba esta disertación. Nada menos que pretendía analizar las claves de la palabra “DESTINO” pero, lejos de ello, me he dejado llevar por el torrente de las ideas que iban surgiendo al paso de cada párrafo y he llegado hasta esto.
Razón llevaba aquél que decía que “los temas que van surgiendo en una conversación —en este caso más bien monólogo— son como las cerezas: se enredan unas con otras”
Creado por tomaset | 0 comentarios | 30/08/04 23:16
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