Tomaset: su historia
¿Pesadilla... o realidad? en Tomaset: su historia
¿Pesadilla... o realidad?
Un mal rato lo pasa cualquiera
»Mis dientes castañeteaban presos de un temblor incontrolable, algo inusual en mí, algo que nunca me había sucedido antes, algo, en suma, que me tenía totalmente paralizado y "acojonaíto".
¿Y por qué había llegado a esa desesperante situación? Me hacía esta pregunta una y otra vez sin llegar nunca a una respuesta satisfactoria. Mis pensamientos estaban congelados, mis ideas brillaban por su ausencia, en realidad todo mi ser se hallaba en un estado casi catatónico y no respondía a estímulo alguno.
Me daba cuenta de que las órdenes que mi cerebro enviaba a mis miembros se quedaban en puros impulsos eléctricos perdidos por el camino. Mis brazos no se movían, los dedos de las manos se sentían incapaces de realizar el más mínimo movimiento, los pies, las piernas, ¡¡¡todo!!! Todo se encontraba bajo un inexplicable manto de insensibilidad que estaba empezando a volverme loco.
Finalmente y como último recurso parece que mi cerebro fue capaz de pensar en algo lógico, consiguió esgrimir uno de nuestros queridos mecanismos de defensa y se formuló la siguiente pregunta: “¿Estaré dormido?” Inmediatamente, en cuestión de nanosegundos desperté de esa especie de pesadilla. Pesadilla que no era tanto cuando pienso en lo que me encontré al abrir los ojos.
Me había quedado dormido en la hamaca del salón, un domingo por la mañana, puesto que la noche anterior me había atacado un inmisericorde insomnio que me tuvo dando vueltas en la cama, viendo pasar todas las horas en el reloj, sin ser capaz de encontrar la punta del hilo que me llevaría a deshacer la madeja que ocultaba el deseado tálamo que deberían ofrecerme los adorables brazos de Morfeo.
Pero Morfeo, ¡oh, Morfeo! Me dejó abandonado a mi suerte, perdido en las brumas de un cruel duermevela que nunca llegó a cuajar y que acabó con mis ya escasas ganas de seguir intentando conciliar el sueño. Ésa fue la causa primera de la situación en la que me encontraba ahora, me había despertado el frío que reinaba en la estancia.
Al levantarme con la batalla perdida contra el pertinaz insomnio se me ocurrió encender el fuego de la chimenea, que había dejado preparado el día anterior pero que no llegué a usar.
Con un mechero prendí el papel de periódico hábilmente colocado debajo de las finas varitas de madera que a su vez tenían encima otras más gruesas, con lo que las acariciadoras lenguas comenzaron a asomar entre los troncos.
El fuego es muy agradecido si lo sabes controlar. Te muestra su lado más amable que es el calor pero es un calor que toma vida propia en las formas que adoptan sus llamas, en el crujir de la madera cuando va cediendo terreno y rindiéndose a su poder.
Es casi hipnótico, es compañía susurrante en la más absoluta soledad. Puedes quedarte horas contemplándolo, admirando sus sugerentes llamas, te habla casi al oído con sus “cracs, crics...”
Y en esa placentera situación fue cuando el venerado dios Morfeo se dignó visitarme y quedarse conmigo por un tiempo... quizá demasiado largo porque el fuego se extinguió mientras yo dormía y de ser un sueño reparador pasó a convertirse en congelador.
Permítaseme en este punto retomar la palabra “pesadilla”, que acababa de abandonar y que reencontraba en la cruel realidad: el castañeteo de dientes no formaba parte del mal sueño. Realmente estaba temblando de pies a cabeza. Los dolores punzantes que sentía en ésta resultaban insoportables y los mareos que los acompañaban me estaban provocando unas náuseas dignas de la más soberana de las cogorzas.
Me levanté a duras penas, las piernas me flaqueaban, los escalofríos se adueñaban de mi cuerpo y no alcanzaba a pensar con la suficiente claridad como para encontrar una solución a tantos malestares que parecían haberse reunido en multiconferencia.
Recorrí como pude la distancia que me separaba de la cocina y, cual enfermo atacado de Parkinson, afronté la ardua tarea de prepararme un café con leche que suponía sería el remedio para tanto frío, seguido de algún analgésico que calmara la pachanga que se había montado dentro de mi cerebro.
Levanté la persiana de la ventana y contemplé con sorpresa que nuestro astro rey ya estaba tomando altura. Sus incipientes rayos se colaron en la estancia envolviendo mi cuerpo y aliviando mis temblores.
Creado por tomaset | 0 comentarios | 01/08/04 12:57
Comentarios
Más en Mundo Ocio
Servicios Recomendados
¡Atención, jugadores! Los juegos online de Geomundos se actualizan constantemente, y también te los puedes descargar a tu PC para jugar offline.
¿Conoces el chat con perfiles?
Ahora puedes ver la cara de con quién hablas, agregarlos a tu agenda y enviarles mensajes incluso cuando no están conectados.
¿Conoces los puntos Geomundos? Gana puntos por jugar, hacer encuestas, registrarte, comprar online... ¡Y canjéalos por cualquiera de los más de 100 regalos disponibles!
¿Tienes algo que contar? Publica tus textos, fotos, enlaces… Es fácil y divertido. ¡Disfruta viendo subir tu contador de visitas!
¿Qué pasa en el mundo ahora mismo? Consulta los titulares de los principales medios de comunicación de un vistazo.
¡Consíguelo gratis!
Juegos gratis en tu móvilDescárgate ahora, totalmente gratis, los mejores juegos para tu teléfono...
Gana regalos por jugar, hacer encuestas, registrarte en portales y con tus compras online...
