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El norte de Vietnam. Día 3: en Vietnam en moto

El norte de Vietnam. Día 3:

3er DÍA:
Bueno, había llegado a Dien Bien Phu y la tarde del día anterior la había dedicado a hacer algo de turismo. Mi idea inicial para esa jornada era tomármela de descanso y hacer un poco el “guiri” visitando los emplazamientos de la famosa batalla contra los franceses, que además este año es el 50 aniversario. Visité el museo de la batalla, donde explicaban todos los movimientos de esas jornadas, se exponían las banderas francesas y armas, fotos y uniformes. En el exterior del edificio se conservan algunos carros de combate franceses, artillería y un amasijo de hierros unido por cables de acero del que, dicen, son los retos de un avión abatido. El museo en sí no es gran cosa, justo enfrente hay un cementerio donde están enterrados con honores algunos de los soldados que los vietnamitas mandaron al matadero en esa batalla, bueno de hecho los mismos vietnamitas dicen que muchas de esas tumbas están vacías y solo se identifican a los oficiales, en las otras simplemente se puede leer “héroe” con una estrella amarilla sobre fondo rojo (la bandera de Vietnam). Ho Chi Minh se jactaba de no perder ni un solo tanque en la guerra contra los franceses, básicamente por que no tenían ni uno y simplemente ganaban las batallas por una superioridad apabullante en el numero de soldados, que atacaban en masa a pecho descubierto.
Después de esas visitas Me fui a ver el bunker en el que los franceses firmaron la rendición, que se conserva tal cual estaba ese mismo día, los restos del bunker donde el comandante de artillería Pirot se suicidó (no es más que un gran cráter cubierto de maleza) los restos que aún se adivinan entre la maleza de las trincheras francesas y algún tanque que aun se ha dejado en medio del campo en el punto donde la batalla fue más encarnizada. La verdad es que no fue algo muy excitante, en una sola mañana ya lo había visto todo y si quería hacer algo esa tarde tan solo me faltaba por ver los emplazamientos de la artillería del Vietminh en las colinas que rodean Dien Bien Phu. Pero como las visitas de la mañana a los restos de la guerra tampoco me habían entusiasmado decidí largarme sin comer nada hacia mi siguiente parada, Lai Chau.
Justo antes de salir desde el hotel en el que me alojé llegaron un grupo de tres franceses en moto, que venían desde Sapa, uno de los puntos más al norte de Vietnam hacia el que tenía intención de ir. Saludos cordiales y preguntas de rigor sobre la ruta que hemos dejado atrás cada uno de nosotros. Para mi las noticias que me dieron fueron buenas, pero no las que les di yo a ellos. Según me comentaron las carreteras hasta Sapa eran bastante buenas (siempre sabiendo que hablamos de carreteras de montaña sin carriles definidos y llenas de animales) y los paisajes absolutamente espectaculares. La verdad es que me costaba imaginarme unos paisajes mejores que los que ya había visto hasta entonces, pero como comprobé después tenían toda la razón.

Con una sonrisa en la cara empiezo a hacer camino hasta Lai Chau, no recuerdo exactamente los kms, pero debían ser unos 160 o 180 más o menos. Salí de DBP hacia las 12:30 y calculé llegar antes de la puesta del Sol (sobre las 19/19:30) pensando en las paraditas para hacer fotos o tomar algo en cualquier aldea. Enseguida los paisajes se vuelven de película, con terrazas de arrozales subiéndose hacia las montañas, selva y algunas pequeñas montañitas, bien definidas, pero diminutas en medio de los valles (algo parecido a las que se veían en la serie “dragon ball” no sé si la conocéis) por la carretera me encuentro con más niños, pero esta vez en los sitios más extraños que se te puedan ocurrir, montados en los árboles que, a veces, dan algo de sombra a las carreteras, encima de rocas que dibujan unas formas muy caprichosas, dentro de las cunetas enfangadas de las carreteras... De hecho me paré un momento a hacer unas fotos del paisaje y empecé a oír el típico “hello!!” de los niños, pero no sabía de donde venía y era de unos niños bañándose en una charca al lado de unos arrozales (de eso tengo una foto colgada en el blog) que cuando vieron que les hacía una foto salieron corriendo hacia donde me encontraba para verla y que les hiciera más. Con ellos llegó su abuelo montado en bicicleta, que estaba en la choza de al lado de la charca. Risas, preguntas reaparto de chicles y a seguir mi camino. Después de eso me puse a escuchar música, montando en moto (si ya sé que no debería, pero es que me apetecía mucho), en el discman. Que mejor que Jimi Hendrix, mientras paseas por Nam, no? Little Wing, castles made of sand, Foxy Lady, all along the watchtower, Hey Joe…Bueno, ya os hacéis una idea a lo que me refiero, no? Así estaba yo, más feliz que un ocho, cuando me entró la reserva en la moto. Mierda!! Con toda la historia de los franceses y los paisajes no había repostado antes de salir de DBP. Bueno, en Quong’s (donde alquilé la moto en Hanoi) me dijeron que tenía unos 10/15 kms de reserva, además justo en ese momento estaba descendiendo por la ladera de una montaña hacia un valle, por lo que cogí el embrague y dejé caer la moto por su propia inercia para ahorrar algo de gasolina. Al llegar abajo, la carretera enseguida volvía a empinarse para volver a subir, por lo que solté embragué y empecé a dar gas, pero para mi sorpresa la moto se paró. No quedaba gasolina. Apenas había recorrido un km. o dos y con el embrague apretado, esa moto no diferenciaba entre la posición “abierto” y “reserva” del grifo, creo que tan solo funcionaba el agujero de reserva. Pues Vaya, parado entre dos subidas, sin poder arrastrar la moto hacia ninguna parte, bien justo había 25 metros de carretera llana entre la bajada que estaba haciendo antes y la subida que tenía enfrente. Por suerte tenía una botella de agua conmigo, además aun estaba algo fresquita de la nevera del hotel en DBP y le había echado un sobre de Tang, los polvos esos para hacer una especie de lo que ahora es el “Sunny” de naranja (es muy importante el llevar agua contigo siempre) y algo de comida. Me puse a la sombra de un árbol a la espera de que pasase alguien para socorrerme, eso era lo único que podía hacer. Pasó una moto que no se paró, pero al cabo de cinco minutos pasaron tres motos de jóvenes vietnamitas que enseguida se pararon, les expliqué mi problema y se ofrecieron a ayudarme. Vaciamos la botella de agua y todos me dieron un poco de su gasolina de sus motos (sin aceite, por cierto. Eran unos Scooters que hay por Vietnam 4T) hasta llenar los 2 L de la botella. Mientras estábamos en eso, pasó cagando leches un occidental sobre una Minsk (era el primero que veía en ruta en tres días) que se lo estaba pasando en grande con las curvitas de esas montañas y al cabo de poco pasaron dos más que se detuvieron preguntando:
- Are you ok? Do you need help?- Agradecí su interés pero les dije que ya me estaban ayudando los chavales vietnamitas.
Después de sudar más, si cabe, para arrancar la moto con el pedal de arranque los chavales me acompañaron hasta una choza al lado de la carretera donde me vendieron dos litros más de gasolina (también sin aceite) Por cierto el precio de la gasolina en Vietnam está sobre los 68000 dong (unas 68 ptas) la de 90 octanos y 70000 (unas 70) la de 92. Después uno de los chavales me acompañó hasta su choza donde me dijo que me podría dar algo más de gasolina. Una vez más pudé comprobar lo hospitalarios que son esta gente. Solo llegar me invitaron a tomar el té. Mientras me presentaban a toda la familia. Estuvimos hablando sobre mil cosas (esta vez fue fácil, ya que el padre del chaval que me ayudó era profesor de inglés en la escuela de Lai Chau) tradiciones, como cultivan el arroz, las diferentes étnias que habitan en las montañas, los preciosos vestidos que usan las mujeres, como los tiñen con diferentes extractos de plantas y minerales... Todo esto mientras veía que un anciano, sentado junto a mi, estaba fumando de una extraña pipa alargada, que desprendía un olor algo dulzón. Pregunté que era lo que estaba fumando y después de unas cuantas risas me dijeron que era opio. Me preguntaron si quería un poco, pero me disculpé diciendo que tenía que conducir y no quería caerme dormido encima de la moto. En esas montañas se cultiva bastante opio. Me dijeron que es de las pocas maneras que pueden ingresar algo de dinero, porque el cultivo del arroz, el te y el maíz les deja muy pocos beneficios, ya que el precio de venta viene fijado por el gobierno, quien se queda además con una parte importante de la cosecha. Me enseñaron sus plantaciones de amapolas, la verdad es que la plantación en sí es muy bonita, si no sabes lo que estás viendo se parecería bastante a un paisaje de los de Heidi, pero aquí el abuelo lleva un colocón del quince!!! No me atreví a hacer ninguna foto, ni tan siquiera se lo pregunté. Me pareció que sería una falta de respeto hacia ellos fotografiar su “secreto” Sobretodo después de enseñárselo a un absoluto desconocido al que acababan de salvar el culo en la carretera. No hay que olvidar que aunque esas plantaciones sean más o menos comunes en esas montañas, no dejan de ser absolutamente ilegales. No se puede decir nada a esta gente, ellos simplemente tratan de sobrevivir en medio de unas montañas, que aunque son preciosas, no hacen que sea nada fácil vivir en ellas. Al cabo de un buen rato me despedí de tan acogedora familia, después de quedar en mandarles las fotos que había hecho en su casa y seguí mi camino. Realmente ya estaba bastante cerca de Lai Chau. En la primera gasolinera que encontré, rellené el deposito y puse una desmesurada cantidad de aceite para compensar los litros de gasolina pura y dura que había puesto antes. Ya en Lai Chau busqué un hotel donde dormir y... Sorpresa!! En ese mismo hotel me encontré con los occidentales que había visto antes en la carretera. Seb: inglés, el chico que me preguntó si todo estaba ok. George: Usa, el otro que iba con él. Rob: austriaco, el que iba delante cagando leches. Me tomé una cervecita con ellos, estuvimos hablando un rato y quedamos para ir a cenar esa noche, después de tomarme una reconfortante duchita. Esa noche cenamos juntos en el hotel de Lai Chau, que era precioso, una típica casa de madera sobre pilotes en medio de la selva. Estuvimos hablando de la ruta que hacía cada uno. Seb y Rob se habían encontrado en Laos recorriendo el país en moto y siguieron juntos hacia el norte de Vietnam, a George se lo encontraron en el camino desde Hanoi y ahora yo me había encontrado con ellos. Seguíamos una ruta marcada prácticamente idéntica, habíamos alquilado las motos en el mismo sitio en Hanoi (Quong’s) y explicábamos experiencias similares en los días que llevábamos en la carretera. Así que decicí unirme a ellos en lo que me quedaba de viaje por el norte, o hasta que cada uno decidiese tirar por un camino diferente, sin ningún compromiso.
Creado por hailwood | 0 comentarios | 06/10/04 12:15

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